lunes, 23 de septiembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 21

6 WARRIORS

El plan de Wai.


El grupo de soldados que llevaban presa a Xin, encabezado por Wai, llegó ante el doble portón del cuartel general. Los dos soldados que siempre permanecían vigilando la entrada, que iban cambiando por turnos, identificaron de inmediato al soldado de mayor rango que ellos y les dejaron paso para que llevaran a la cautiva. Xin no podía ni mirar; sentía que se le iban las fuerzas a medida que escuchaba los goznes de las puertas abriéndose para llevarla al interior… Creía que se desmayaría en cualquier momento. Pero fue obligada, una vez más, a continuar avanzando…
Los pasos de Wai y el resto de los soldados, resonaban al aproximarse al patio central. También llegaban hasta el patio exterior, donde se encontraba Feng, apoyada de espaldas y con un pie en una columna… Le llegó el estruendo de los pasos marciales y se giró para observar…
No podía creer lo que veía. Se irguió para ver mejor.
-¡Eh, mira! Ya le traen una amiguita al General para que se lo pase bien esta noche…- Decía, con sorna, uno de los soldados que andaba por allí cerca a otro que estaba a su lado, sonriendo también con cara de idiota…
Feng tuvo que controlarse para no matar a aquellos dos desgraciados… No se lo pensó dos veces y fue derecha a encontrarse con aquel maldito de Wai, al que estaba a punto de perder de vista…
-¡Wai!- Le espetó Feng, enfurecida…
Wai se detuvo; y con él toda la comitiva… Xin, al escuchar aquella voz tan familiar y querida (a pesar de que, durante un segundo, no la reconocía), comenzó a reaccionar…
-¿Qué te ocurre Feng?- Le preguntó Wai, ligeramente irritado. Era raro que abandonara su característica sonrisita aunque fuera por poco tiempo…
Feng evitaba, por todos los medios, mirar a Xin, que parecía muy débil y trataba de abrir los ojos…
-¿Es necesario utilizar a tantos soldados, tú incluido, para arrestar a una simple muchacha?- Feng tenía cuidado en elegir sus palabras…
Wai se la quedó mirando. Entonces, sonrió.
-¿Qué ocurre, Feng? ¿Acaso conoces a esta chica?- Prácticamente la interrogaba, con tono burlón…
Feng apretó los dientes de rabia. No sabía qué decir… Solo una cosa.
-No. En absoluto.
Aquellas palabras atravesaron el interior de Xin, causándole un dolor punzante que creía que no lo soportaría… Feng trataba de mantener la compostura. Wai intentó escudriñar en su rostro, buscando algún signo de emoción… Pero no encontró nada.
-Bien. Si no tienes nada más que decir, llevaremos a esta joven al calabozo, en espera de un juicio- sentenció e inmediatamente indicó a sus soldados que le siguieran…
Feng abrió la boca para protestar… Pero no fue capaz… Solo pudo contemplar con impotencia como se llevaban a su querida Xin a los calabozos… a un futuro incierto…

Huei corría en dirección a la escuela Heilong todo lo deprisa que podía… La preocupación se reflejaba en su rostro. Había tenido un mal presentimiento… Y estaba seguro de que tenía que ver con Xin…
Al cabo de un rato vislumbró el muro exterior. No tenía tiempo de llamar a la puerta y esperar a que alguien comprobase que era él y luego fuera a abrirle… De modo que fue directo hacia la entrada secreta, llevando la caña de pescar, los útiles de pesca y el cubo lleno de peces, agitándose el agua que había dentro…
Al llegar dejó las cosas en el primer sitio que encontró y buscó deprisa por todas partes con la mirada: Gavin (cómo no) dormía la siesta (para Gavin, cualquier hora era buena para dormir la siesta); y Bo estaba practicando palo largo con Yi.
-¡Iaah!- Exclamó la joven atacando verticalmente con su palo largo…
Bo lo detuvo no sin esfuerzo, sorprendiendo a Yi. Este sonrió, satisfecho. Yi, antes de hablar, también sonrió.
-Muy bien, Bo. Vas mejorando muy rápidamente- lo alabó, haciendo que Bo se sonrojara…
Este se pasaba una mano por detrás de la cabeza, sin saber muy bien qué cara poner… Entonces, se percató de la presencia de Huei. Yi, al ver a Bo, se giró y también le vio llegar…
-¿Pasa algo, Huei?- Le preguntó la joven, al ver que aquel miraba preocupado a un lado y a otro…
Huei al principio parecía ignorarles; típico en él, pensaron Yi y Bo…
-¿Dónde está Xin?- Preguntó al fin. No quería preguntarlo hasta el último momento, con la esperanza de encontrarla antes…
Yi miró a Bo un momento para ver si este tenía la respuesta; pero al ver su gesto de desconocimiento se giró de nuevo a Huei y negó con la cabeza.
-Hace rato que no la vemos. Habrá ido al mercado…- Conjeturó Yi.
La expresión de Huei se tornó más grave.
-Debemos ir a buscarla. De inmediato- sentenció.

La puerta del oscuro calabozo se deslizó con un chirrido. Xin no se veía capaz de cruzar aquel lóbrego umbral, tras el cual tan solo había un jergón de poca paja y una palangana…
-Entra- le ordenó secamente uno de los dos soldados que la custodiaban hasta allí…
Xin, sumisa, como si se hubiera olvidado de quién era, simplemente obedeció…
Y allí la dejaron, sola en la penumbra.

Cerca de la plaza del mercado del Distrito Este, Lin se encontraba maravillada ante un puesto de abalorios y objetos similares, mientras Kein estaba cerca, observando a los viandantes que caminaban cerca… Al ver a Lin, se dirigió derecho hacia ella acelerando el paso…
-¡¿Qué haces?! ¡No hemos venido para esto!- Le recordó él a ella intentando no alzar la voz…
Ella puso cara de hastío e hizo un gesto con la mano para que la dejara en paz. Kein no pudo controlarse y la agarró de la muñeca…
-Si quieres comprarte estas tonterías, ya puedes ayudarme a coger algunas monedas de los que pasan por aquí…- Le decía al oído, arrastrando las palabras…
Lin notaba que la empezaba a doler la muñeca… Pero le resultaba más desagradable tenerle tan cerca… Se zafó bruscamente y optó por hacerle caso. No le quedaba otra.
 Kein notaba claramente su rechazo.
-“Pues bien que esta noche no me rechazaba…”- Rememoraba acusadoramente…
Entonces Lin vio algo que centró totalmente su atención: era Gavin. Pero estaba acompañado de aquella estúpida entrometida…
Gavin iba en primer término junto con Huei y Yi; Bo iba justo detrás. Todos miraban en todas direcciones esperando encontrar a Xin…
Kein se dio cuenta de que Lin tenía puesta su atención en algo… Y vio al tipo de aquella escuela… Intentó hacer ver que no sabía lo que estaba haciendo Lin; y se alejó… Lin miró hacia atrás para ver si Kein la miraba. No la miraba.
-“Esta vez no te me escaparás”- Se propuso la chica…
Y se escabulló tras comprobar que Kein miraba a otro lado. Pero este sabía perfectamente lo que pretendía y decidió seguirla…

Gavin, Huei, Yi y Bo dirigían la mirada por todas partes al tiempo que caminaban con paso acelerado… buscaban con la vista a Xin, sin éxito…
-Ya hemos dado tres veces la vuelta a esta zona y nada…- Dijo Gavin, deteniéndose a la vez que los demás.
Ninguno de los otros dijo nada; pero estaban de acuerdo en que allí no la iban a encontrar… Entonces Yi pensó en algo.
-Necesitamos ayuda. Vayamos a buscar a Yun- dijo mirando a Gavin…
Este asintió y se encaminaron de inmediato a la fonda del señor Leng…

Xin estaba sola en su celda. Estaba sentada en el mugriento suelo con las rodillas recogidas y abrazándolas, casi hundiendo la cara, con expresión afligida, en los brazos… Entonces algo la hizo reaccionar. Unos pasos se aproximaban produciendo eco en aquel húmedo lugar… La joven levantó la vista al ver que alguien se había detenido justo delante de ella, al otro lado de la puerta cerrada de la celda. Xin abrió mucho los ojos al reconocer al recién llegado…
-Hacía tiempo que no te veía… guapa- dijo la figura aún oculta entre las sombras con un tono que no consiguió ser de burla…

Yun estaba ayudando en aquellos momentos a Hui y a Qi en la fonda del padre de estas; a aquellas horas estaban desbordados… En un momento determinado, Yun y Hui se cruzaron, apresuradamente, ambos con las manos ocupadas… y se sonrieron. Qi estaba encantada con la nueva situación que se respiraba en la fonda…
Entonces esta se percató de que acababan de entrar nuevos clientes… Vio que se trataba de los amigos de Yun… pero no parecía que viniesen a comer… El que, si no se equivocaba, se llamaba Gavin, señalaba a Yun mirando a los demás…
-¡Ey, Yun!- Exclamó aquel.
El joven se detuvo, cargado de platos, y se giró…
-¡Hola chicos! ¿Cómo estáis?
Hui se acercó. Tanto ella como Yun notaron las expresiones serias que traían los amigos de este…
-¿Qué ocurre?- Quiso saber Yun…
Al principio nadie decía nada. Yun se fijó en la expresión de Huei: nunca le había visto tan preocupado…
-Es Xin- dijo Yi finalmente- Hace demasiado rato que no sabemos donde está…
Yun comprendía.
-¿Creéis que ha ido allí…?- Les dijo, elocuentemente.
Ahora fue Gavin quien intervino.
-Queremos pensar que no; que la encontraremos…- No sabía cómo expresarse…
Yun sabía lo que tenía que hacer. Se giró hacia Hui, mirándola con expresión casi suplicante… Pero esta lo comprendía perfectamente. La chica asintió con firmeza, sin poder ocultar la inquietud en su rostro que le había sobrevenido, y diciéndole con la mirada que no se preocupara y que hiciera lo que tuviese que hacer… Yun asintió, sonriéndole en su también preocupado rostro. Entonces se giró a sus compañeros y, tras intercambiar miradas entre ellos, salieron de allí de inmediato…
Hui bajó los brazos, llegándole la bandeja vacía que llevaba a tocarle las rodillas, mientras veía marcharse a Yun… La joven tenía un mal presentimiento…

Y entonces retomaron la búsqueda de Xin; esta vez abarcando una zona más amplia…
Se separaron: Bo miraba por las fondas cercanas; Yun se fijaba en los puestos de venta de todo tipo que había aquí y allá; Yi hacía lo propio en el extremo opuesto; Huei se desplazaba por los tejados, dominando gran parte del distrito; y Gavin recorría las calles fijándose en los viandantes, algunos de los cuales le devolvían miradas poco amistosas…
Pero Xin no aparecía. Como habían acordado, se reunieron al cabo de una hora en una pequeña plaza próxima al mercado… Estaban apesadumbrados.
-Nada- les decía Gavin al llegar en último lugar…
Por las expresiones de los otros, sabía que habían obtenido idéntico resultado…
-¿Y si ha ido allí?- Sugirió de pronto Yi.
Nadie dijo nada. Huei apretó los dientes…
En un momento determinado, pareció haber menos gente en los alrededores.
-Está en el cuartel general- les dijo una voz de alguien que no estaba allí hasta ese momento.
Todos se giraron, sorprendidos… Era Lei.
-Yo te he visto antes… Estabas con Feng no hace mucho. Enfrentándote a ella, quiero decir…- Habló Gavin, recordando…
Entonces los demás también lo reconocieron, a pesar de haberse fijado en él fugazmente la última vez…
-¿Cómo lo sabes?- Inquirió Yi.
Lei la miró, con gesto serio pero apacible.
-Lo he visto. Se la han llevado los soldados- dijo, escuetamente.
El grupo formado por Gavin, Yi, Huei, Yun y Bo no se lo podía creer.
-¿Por qué?- Dijo Bo, sin entenderlo.
Huei fue derecho a Lei y le agarró por la solapa.
-¡Lo has visto y no has hecho nada!- Le increpó, amenazadoramente…
Yun y Yi se aproximaron para separarlos…
-¡Tranquilo Huei!- Le dijo Yun sujetándolo de la manga…
-¡Suéltale!- Le ordenó Yi…
Pero Lei no se había alterado lo más mínimo. Lo cual irritó a Huei, que lo soltó con desdén… Una vez Lei se ajustó la camisa prosiguió hablando.
-Si no hubiera sido hoy, hubiera sido otro día. Todo obedece a un plan. Alguien de vuestro grupo sabrá de lo que hablo…- Aquí todos se miraron unos a otros- Lo importante es que debéis estar listos para lo que se prepara…
¿A qué se refería aquel tipo? Poco a poco, el flujo de viandantes iba aumentando…
-Oye… ¿Qué nos estás queriendo decir?- Le comenzó a preguntar Gavin…
Pero en ese preciso momento, varios transeúntes pasaron entre Lei y los demás, con Gavin al frente… Al terminar de pasar, el tipo misterioso ya no estaba.
-Pero… ¿dónde…?- Gavin miraba rápidamente a un lado y a otro…
Huei emitió un sonido como si chistara, dejando claro que aquel tío no le había impresionado…
Todos guardaron silencio unos instantes, mientras el ajetreo a su alrededor no dejaba de aumentar…
-Vamos a la escuela- dijo Gavin.

Una vez allí, fueron al lugar debajo de los manzanos donde se solían reunir.
-¿Y ahora qué hacemos?- Preguntó Bo.
En aquellos momentos todos se pusieron a pensar.
-Aquel tipo dijo algo de que alguien tenía un plan…- Recordaba Gavin…
Yi se quedó pensativa.
-Pero, ¿para qué se iban a llevar a Xin?- La joven se estaba indignando más si cabía…
Se oyeron unos pasos cercanos que ninguno se esperaba. Al mismo tiempo el recién llegado habló…
-Creo que sé lo que quieren. A mí- sentenció Han, que hizo acto de presencia ante todos…
No le acababan de comprender.
-Sabemos que te buscan… ¿pero por qué se llevan a Xin?- Preguntó Yun…
Huei escuchaba atentamente.
-La última vez que me vieron, estaba con vosotros… Y con Xin- Han les hizo hacer memoria…
Ahora lo entendían. Pero…
-Un momento… La única que te vio fue… Feng- terminó de decir Yi, consternada…
Han miró a un lado, agravándosele la expresión.
-“Pero Feng no es así…”- Se decía a si mismo…
A los demás también les costaba creer esto. Pero era lo que parecía…
Entonces, tras unos instantes de silencio, Gavin dio un paso al frente y se dispuso a hablar, recibiendo de inmediato la atención de los demás.
-Vale. Solo hay una cosa que podemos hacer.

Feng abrió los ojos. Tuvo una sensación extraña…

Gavin volvió a hablar. Aunque todos sabían lo que diría a continuación… Y estaban de acuerdo.
-Tenemos que ir al cuartel general.

martes, 17 de septiembre de 2013

Vag, el cazarrecompensas - Capítulo 3

Vag, el cazarrecompensas



De modo que Cilia estaba en lo cierto, pensó Vag. Este no pudo evitar sentir un estremecimiento.
-¿Dónde estás Cilia?- Preguntó al aire, confiando en que le estuviera escuchando- ¿Cilia?
Algo iba mal. Se había interrumpido la comunicación entre ambos… Vag miró a su alrededor, preocupado: nadie parecía alterado; nadie sabía nada… aún. La expresión de Vag se tornó grave.
-Mierda- dijo en voz baja antes de salir corriendo en dirección hacia donde la había visto por última vez…

En medio del barullo reinante, en el cual la gente iba arriba y abajo, hablando animadamente, gritando, riendo, saltando, bailando… los niños corriendo embelesados por los adornos, los globos, las tiras que lo cubrían todo y el colorido reinante… se encontraban, a cierta distancia, Cilia y el tipo de negro, mirándose fijamente…
En aquel momento comenzó a sonar la música interpretada por la banda de la ciudad… Mientras la misma sonaba, ambos sostenían la mirada… Ya sabían de sobras cada uno quién era el otro…
Entonces Cilia percibió algo. Un cambio. No quería creérselo pero sabía que era verdad…
-¡Deprisa! ¡Todos! ¡¡Fuera de aquí!!- Les advirtió la joven a cuantos había cerca…

Desde el inmenso balcón del castillo real, que daba a la ciudad, se podía llegar a ver el movimiento que tenía lugar en la urbe. Asomado al mismo, se encontraba el rey, acompañado de su fiel consejero y por algunos guardias más atrás. Miraba con indisimulado orgullo la enorme estatua erguida en el centro de la Plaza Central y que se distinguía con bastante claridad…
-Aaah, qué obra tan maravillosa…- Decía, extasiado…- Qué lástima que no pueda ir hasta allí para contemplarla en un día como hoy…- Se lamentaba en medio de su goce…
El sonido de la banda de música de la ciudad les comenzaba a llegar a los oídos. En ese instante, se iniciaron los fuegos artificiales que fueron llenando de ruido y colorido el cielo, allá a lo lejos…
-Es por su seguridad…- Le recordó su consejero.
Entonces empezó a pasar algo. El rey puso una expresión de extrañeza y aguzó el oído… Eran gritos; pero no festivos ni de alegría…
-¿Qué… Qué sucede?- Le preguntó a su consejero, notando este como le temblaba la voz…
Los gritos se extendían. La música se había detenido; al igual que los fuegos artificiales…
-Vuelva adentro, majestad- le aconsejó el consejero…
El rey dirigió una mirada asustada hacia el lugar de donde provenía aquel tumulto: la Plaza Central…

En aquella parte de la ciudad el caos había sobrevenido. La gente huía despavorida, chocando y tropezándose unos con otros; algunos cayendo sin obtener auxilio… Los gritos de terror habían sustituido al animado bullicio de hacía unos momentos…
Cilia permanecía en pie, observando alarmada lo que sucedía a unos metros de ella y que había sido el detonante de todo aquello: el tipo al que había identificado había iniciado el proceso de transformación. La gente que lo había visto, no sabía exactamente qué estaba pasando, pero sabía que aquello no era parte de ningún espectáculo… Tenía las ropas desgarradas y su musculatura no dejaba de aumentar… su boca estaba ahora llena de afilados dientes y sus ojos brillaban con un rojo aterrador…
-¡¡¡Uuuuuurgh!!!- Iba emitiendo sonidos guturales de gran intensidad a medida que aumentaba de tamaño…
Cilia no le quitaba la vista de encima.
-“¡Vag, ¿dónde estás?!”- Se repetía la chica, con urgencia…
Pero Vag se aproximaba todo lo rápido que podía, evitando con dificultad la “marea” humana que se le venía encima… El pánico se había extendido por toda la ciudad…
Por fin vio a Cilia.
-¡Cili…!- Y al terrorista en plena transformación…
Vag, sin poder apartar la mirada de aquello, aminoró el ritmo hasta quedar junto a su compañera… Esta se percató de su presencia.
-¡Ah¡ ¡Estás aquí! ¡Rápido! ¡El plan!- Le urgió a un Vag anonadado ante lo que estaba viendo…
Entonces este reaccionó: el plan consistía, sencillamente, en acabar con aquel tipo antes de que completara su transformación… Vag se llevó la mano a la empuñadura de su espada…
Pero ya era tarde. El terrorista apretaba los dientes mientras alzaba la cabeza… Entonces, de su hipertrofiada espalda surgieron dos alas coriáceas, negras, que se extendieron al tiempo que este emitía un violento rugido, el cual se escuchó a varios kilómetros de distancia en todas direcciones…
-Demasiado tarde…- Dijo Cilia, maldiciendo…
Vag y Cilia comprobaron, sin poder hacer nada, como aquel aparente humano se terminaba de transformar, de forma acelerada, en un imponente dragón negro con ojos rojizos… Volvió a rugir tras completar del todo su transformación…
Solo quedaban cerca, en pie, Vag y Cilia, que miraban a aquella criatura como si se hubieran quedado paralizados… Entonces Cilia volvió en si.
-¡Vale! ¡Ya sabía que esta parte del plan tenía muchas posibilidades de no salir bien…!- Aclaraba- ¡Ahora ha llegado el turno del auténtico plan!
Vag hubiese preferido que ya lo tuvieran resuelto… Pero él también pensaba que, si Cilia tenía razón (y estaba claro que la tenía…), tendrían que llegar al punto que requería la situación en la que se encontraban ahora…
-Muy bien… ¡Voy para allá!- Anunció a su joven compañera.
Esta asintió, colocándose de inmediato la capucha y yendo rápida a buscar un lugar adecuado…
Vag aprovechó que aquel gran dragón parecía aún un poco desorientado para aproximarse deprisa… mientras lo hacía, observaba los lugares elevados más cercanos… Abrió los ojos y sonrió.
-¡Allí!- Exclamó, llevándose de inmediato una mano a la boca y comprobando que el dragón no le hubiera oído…
Fue directo hacia una torre de vigilancia de madera, construida seguramente hacía poco con motivo de la gran celebración; y que en aquellos momentos estaba vacía… Estaba a poca distancia del dragón…
Mientras tanto, Cilia corría en dirección contraria, buscando también urgentemente un lugar adecuado… Se detuvo de golpe ante una plataforma que se habían dejado por allí y que seguramente habían utilizado para colocar los adornos de los lugares elevados… Miró a su alrededor y no vio a nadie. Entonces se giró para comprobar su campo de visión: veía al dragón y podía distinguir a Vag subiendo con cuidado por la escalera que llevaba a la zona superior de la torre de vigilancia… Acto seguido fue derecha hacia las escaleras que llevaban a la parte superior de dicha plataforma… Cuando llegó arriba comprobó el panorama que tenía entorno suyo.
-Sí… Aquí estará bien- Dijo, sonriendo levemente al tiempo que miraba al dragón con la preocupación dibujada en su rostro…
No había nadie en varias calles a la redonda. Solo estaban Cilia, Vag y el dragón… Vag terminó de subir a la torre de vigilancia y se puso a cubierto apoyando la espalda contra la madera… Debía esperar el momento adecuado…
Ahora el dragón ya se encontraba en condiciones. Miró a su derredor; buscaba a Cilia…
Esto era algo que a la joven le había pasado inadvertido…
-Vale. Y ahora…- Se dispuso la chica a comenzar a elaborar un conjuro.
Pero no pudo ni empezar. Para su consternación, comprobó al alzar la mirada, que aquel dragón la había visto y se había quedado quieto… Cilia hacía lo propio; aunque en su caso era el miedo lo que la comenzaba a atenazar…
Entonces el dragón empezó a avanzar, dando unos pasos con sus gigantescas garras que resonaban por todo y destrozaban el suelo a su paso… Cilia vio con horror como aquella criatura estaba acelerando dirigiéndose hacia ella…
-¡Oh no!- Exclamó con rabia…
Pero Vag se dio cuenta a tiempo. Justo cuando el dragón abría sus fauces, rugiendo y emitiendo un aliento incandescente, en el momento que se lanzaba hacia Cilia, el joven surgió de su escondite y, casi sin pensarlo, se lanzó al vacío en el preciso instante que el dragón pasaba por debajo…
-¡Uaaaaahaha!- Exclamó al tiempo que caía sobre el lomo de la bestia…
Esta rugió, desconcertada, y comenzó a sacudirse para quitarse de encima al que seguramente sería el compañero de aquella maldita hechicera… Vag se aferró como pudo con ambas manos a las escamas del dragón…
-¡Uoooh! ¡Aaaaah! ¡Vayaaaa! ¡Cilia, date prisaaaaaa…!- Decía mientras era fuertemente zarandeado por la criatura…
Cilia no pudo evitar respirar con cierto alivio. Se había librado de una buena… de momento. No sabía si su Vag aguantaría mucho más aquellas sacudidas…
-¡Vag, aguanta!- Exclamó Cilia, entrelazando los dedos de las manos de un modo específico para iniciar el conjuro…
Pero los zarandeos habían aumentado de intensidad.
-¡Aaaaaaaaah! ¡Para yaaaaaa!- Vociferó Vag, ya enfadado, mientras se sujetaba con ambas piernas al lomo y golpeaba con todas sus fuerzas, uniendo ambos puños, en el ancho cuello de aquella bestia…
El dragón rugió otra vez de furia. Y ahora extendió sus alas. Las batió, provocando una fuerte ola de aire que casi tira a Cilia de la plataforma, y comenzó a elevarse… Vag se aferró con fuerza al ver que se alejaban del suelo… Y, mientras se elevaban, el dragón, encabritado, golpeó con la cola en la estatua que representaba al rey… Esta, lenta pero inexorablemente, comenzó a caer hacia un lado…

Desde la distancia, el rey contemplaba con sopor cómo su espléndida representación iba precipitándose cada vez a más velocidad…
-No… No… Esto no puede estar pasando…- Decía con los ojos como platos y la boca muy abierta… a punto del desmayo…

Y la estatua cayó al suelo, haciéndolo temblar, y rompiéndosele la cabeza con el impacto…
Sobre la plataforma, Cilia trataba de mantener el equilibrio. Le estaba costando concentrarse con tanto desastre… Entonces desvió momentáneamente su atención hacia el cielo: el dragón lo surcaba a toda velocidad, dando vueltas sobre la ciudad, mientras Vag trataba de agarrarse como podía…
En un momento determinado, cuando el joven sintió allá arriba que estaba lo suficientemente afianzado, estuvo tentado de desenfundar su arma y golpear a aquel maldito dragón… Pero entonces recordó la advertencia de Cilia: “No intentes golpear con tu espada a un dragón. Sus escamas son demasiado duras y la hoja se partiría… Solo hay dos maneras de herirlo con un arma blanca: encontrando su punto débil o…” Y Vag estaba a la expectativa de llevar a cabo el segundo modo…
Ahora Cilia estaba sola. Concentrada, con los ojos cerrados, y recitando las palabras mágicas, casi susurrándolas… Finalmente un campo de luz azulada la rodeó durante unos segundos, provocando que la capucha le cayera hacia atrás, y disminuyó posteriormente… La joven hechicera abrió los ojos. Ya estaba lista.
En el aire, a gran altura, Vag casi le había cogido el truco a volar sobre un dragón furibundo…
-“Vag. Ya está. ¿Me oyes?”- Le preguntaba Cilia en su cabeza…
Como antes, no pudo evitar mirar hacia los lados… Entonces se centró.
-¡Vale! ¿Qué hago? – Trataba de hacerse oír entre el ruido provocado por el dragón atravesando el aire a toda velocidad…
Allí abajo, la joven no perdía de vista aquella figura tan pequeña que era el dragón desde donde ella estaba; a Vag ni le veía…
-Prepara tu espada- dijo con aplomo.
Vag asintió. Había llegado la hora. Volviendo a sujetarse con los muslos, desenvainó su espada y la sostuvo con ambas manos… El dragón, sin detenerse, pareció mirar de reojo hacia atrás y ver a Vag. A este le dio la impresión de que sonreía de forma burlona…
-¡Ya está!- Le dijo a Cilia… gritando al aire…
Cilia apuntó con ambas manos, formando un hueco entre ambas, hacia el dragón que no se estaba quieto…
-Espero acertar…- Dijo para si…
Entonces la joven hechicera se concentró. Intentaba calcular la trayectoria que seguiría aquella criatura… Aún estaba rodeada por aquel sutil campo azul…
Lo tenía.
-¡¡¡Ahora!!!- Exclamó al tiempo que un rayo de luz azulada salía despedido del hueco de sus manos en dirección a encontrarse con el dragón negro…
Cilia calculó bien. El rayo, como atraído por la espada, llegó a la misma y el arma adquirió un resplandor del mismo color azul…
Cilia sabía que había acertado. Permaneció atenta después de que desapareciera el campo mágico que la rodeaba…
-Ahora me toca a mí…- Dijo Vag para si mismo mientras se incorporaba y quedaba de pies sobre el lomo del dragón…
Este se giró un instante y percibió el aura de la espada de Vag… Aquello no le hizo ninguna gracia…
Trató de quitárselo de encima de una vez por todas dando una sacudida de la cabeza a la cola…
-¡Eeeeeyyy!- Vag cayó hacia atrás, dando varias volteretas, hasta conseguir sujetarse a la cola con una mano…
Tenía que llegar más adelante… Levantó la mirada, la cual le cambió, y volvió a intentarlo una vez más… El dragón le veía venir de nuevo e intentó tirarle de nuevo…
-¡Esta vez no!- Exclamó el cazarrecompensas al tiempo que saltaba evitando la ondulación del cuerpo del dragón…
Casi sin tocar con los pies, Vag aceleró como si fuera lo último que fuera a hacer y llegó hasta la base del cuello de la bestia cayendo hacia delante… Sujetó la espada con ambas manos… y la hundió en el cuerpo del dragón…
Un terrible rugido atravesó el cielo. Cilia tuvo que protegerse los ojos al quedar la criatura muy cerca del sol… Pero sabía que Vag lo había conseguido y comenzó a sonreír…
Aunque había un problema: el dragón, ya sin vida, continuaba el vuelo por la inercia… Cilia contemplaba con impotencia como su compañero se dirigía derecho al castillo real… Miró rápidamente a su alrededor… Buscaba algo que seguramente les haría mucha falta en breve…

-¡No hablamos de esto en el plaaaaaaan!- Se “quejaba” Vag mientras descendía en picado a toda velocidad, sujeto a la espada…
En el balcón del castillo, aún conmocionado, el rey elevó la vista y, aunque al principio no lo distinguía bien, vio que aquel dragón se abalanzaba a una velocidad monstruosa hacia su castillo…
-¡Majestad, corra!- Vociferó su consejero.
El rey, el consejero y los soldados salieron despavoridos hacia el interior… ya faltaba poco para el impacto…
Vag, en vano, trataba de cambiar la trayectoria como si la espada fuera un timón… Pero no funcionaba…
-¡Oh noooooo!- Exclamó justo antes de que el dragón tomase contacto con el suelo…
La criatura inerte se deslizó, aproximándose al rey, su consejero y los otros, que seguían corriendo como podían, gritando desesperados…
Finalmente, eldragón se detuvo de golpe, al chocar contra los contornos de la terraza que separaban el exterior del interior, causando importantes destrozos y haciendo que Vag, que había extraído su espada del cuerpo del dragón, saliese despedido hacia delante… El cazarrecompensas “voló” hasta chocar con su cabeza con la del rey, al cual se le cayó la corona al suelo…
Ambos se encontraban sentados en el suelo, doloriéndose… Al rey parecía que se le iban a salir los ojos…
-Mal… Malditos… Lo… pagaréis…- Iba diciendo el rey a medida que se iba recuperando…
Vag se iba dando cuenta de cual era la situación: el dragón estaba allí, muerto, en medio de un montón de escombros y cascotes… y el rey estaba sentado cerca de él, con ambas manos sujetándose la cabeza… El consejero y los soldados también estaban cerca, aturdidos por la fuerte sacudida… Vag se fue levantando disimuladamente…
-¡Apresadle! ¡Y buscad a la hechicera y haced lo mismo! ¡Moriréis! ¡Moriréiiiiiis!- El rey se desgañitaba, totalmente fuera de si…
Vag ya se había apresurado a salir corriendo antes de que los soldados comenzaran su persecución.
-Me temo que no cobraremos…- Se lamentaba el joven cazarrecompensas mientras buscaba una salida…
Llevaba un rato buscando una manera de salir de allí, llevando una cola de soldados tras él que no dejaba de aumentar… Entonces entró en una habitación y llegó hasta una ventana abierta que daba a un lateral del castillo. Estaba atrapado…
-¡Vag! ¡Aquí!- Sonaba la voz de Cilia desde abajo.
Vag no se lo podía creer. Se asomó y vio a la joven hechicera conduciendo un carro tirado por dos caballos; detrás había dispuesta gran cantidad de paja…
-¡Allí! ¡Que no escape!- Oyó decir al rey, que acababa de entrar en la habitación seguido de numerosos soldados…
-¡Vag, salta!- Le dijo Cilia.
Vag no se lo pensó y saltó, cayendo sobre la paja y quedando rebozado de la misma…
-¡Gracias Cilia! ¡Eres genial!- Decía mientras pasaba a sentarse a su lado y se quitaba la paja del cuerpo y de la boca…
Cilia agitó las riendas con fuerza.
-¡Ya me lo agradecerás después!- Dijo al tiempo que los caballos relinchaban tirando del carro, que se puso en marcha ganando inmediatamente velocidad…
Cuando estaban saliendo de los límites del castillo, Vag se giró a Cilia, que estaba concentrada en la conducción…
-Oye. ¿Y quién crees que era el terrorista?- Preguntó, intrigado.
Cilia, sin mirarle, asintió.
-Seguramente era alguien programado para “despertar” en un momento determinado y llevar a cabo un atentado- aseguró.
Vag se quedó perplejo.
-¿Programado? ¿Por quién?- Quiso saber…
Entonces Cilia se giró hacia su compañero y sonrió, decidida…
-¿Lo averiguamos?
A Vag aquella idea lo entusiasmó.
-¡Por supuesto!- Exclamó alzando el pulgar.
Entonces les llegó jaleo desde atrás: el rey encabezaba a unas dos docenas de soldados que habían salido para capturarles… Ambos lo vieron y Cilia se giró mirando al frente y volviendo a agitar las riendas fuertemente…
-¡Vamos allá!- Exclamó la joven sonriendo con su expresión habitual, mientras Vag hacía lo propio mirando hacia atrás, donde el enfurecido rey y los soldados les perseguían por el camino de tierra, bajo los intensos rayos del sol del mediodía.



¿Fin?

domingo, 8 de septiembre de 2013

Vag, el cazarrecompensas - Capítulo 2

Vag, el cazarrecompensas



-¡¿Estás segura?!- Vag casi se cae hacia atrás…
Cilia mantenía su expresión seria al tiempo que asentía. Vag pensó en lo que le acababa de decir su compañera…
-¿Y alguien más sabe esto?- Preguntó.
Cilia cerró los ojos y esbozó una tenue sonrisa de gravedad…
-No… Si alguien lo supiera, cundiría el pánico- afirmó.
Vag estuvo de acuerdo. Cilia volvió a hablar.
-Si llevamos a cabo el plan tal como te lo he explicado, no debería haber excesivos problemas… Y nadie se enterará jamás de lo que hubiera estado a punto de pasar… excepto nosotros, claro- concluyó.
Vag asentía, con la mirada perdida hacia el suelo. Aún lo estaba asimilando…
En aquellos momentos se encontraban en un rincón habilitado bajo un grupo de árboles, cerca del castillo real, donde habían colocado algunos bancos que quedaban a la sombra; el sol del atardecer quedaba tras ellos, cada vez más bajo en el cielo anaranjado… Tras esta conversación, pasaron algunos minutos sin que ninguno de los dos dijera nada, sumergidos ambos en sus propios pensamientos…
-Deberíamos irnos. Puede que nos cueste encontrar sitio en alguna posada- dijo Vag, tras echar una mirada hacia el sol que ya estaba oculto por la mitad tras las montañas del horizonte…
Cilia también dirigió hacia allí la mirada, con aparente indiferencia hacia la belleza del paisaje… Entonces Vag se fijó en ella, que estaba distraída… Pudo ver en su mirada lo que ya había sabido desde el primer momento que la vio: sus ojos brillaban ante la visión de aquel magnífico atardecer… Siempre mantenía una pose. Pero sabía que ella no era así. Seguramente solo se protegía
Entonces Cilia se dio cuenta de que Vag la estaba mirando con una estúpida sonrisita en la cara…
-¿Se puede saber qué miras? Vámonos ya- Dijo con brusquedad, levantándose del banco y volviendo a su mal genio habitual…
Vag la vio pasar ante él; sonrió y decidió respetarla. Seguro que tenía sus motivos…
Ambos emprendieron el camino que les quedaba hasta regresar a la ciudad, en busca de una posada donde pasar la noche.

Aún pudieron ver a muchas personas aquí y allá que se afanaban en ultimar los preparativos de la gran celebración que tendría lugar al día siguiente. Al fin y al cabo, quedaban horas. La noche ya había hecho acto de presencia cuando Vag y Cilia aún buscaban una posada… Habían preguntado a un señor mayor que estaba a punto de entrar en su casa y les había dado las indicaciones para llegar a una que, aunque era pequeña, también estaba algo escondida; quizá allí encontraran sitio…
Tras internarse por unas cada vez más estrechas callejuelas llegaron ante lo que parecía el lugar del que les había hablado aquel amable señor.
-Aquí debe ser- comentó Vag.
Cilia no dijo nada. Estaba claro que no le había gustado nada que Vag la pillara con las defensas bajas…
Ambos entraron y se encontraron en una estancia pequeña y acogedora; y, a pesar de la cantidad de viajeros que habían llegado a la ciudad desde días atrás para asistir a la celebración, parecía que aquel lugar permanecía desocupado…
-Buenas noches. ¿Van a querer una habitación?- Les preguntaba un tipo de más de sesenta años desde detrás del mostrador. Era bastante calvo y el pelo blanco que le quedaba lo tenía casi de punta; tenía un bigote frondoso del mismo color que el pelo y unos ojos pequeños tras unas gafas de montura reparada multitud de veces.
Cilia, al oír lo de “una habitación” reaccionó de inmediato…
-Dos habitaciones- dijo, poniendo una bolsa llena de monedas sobre el mostrador.
Vag notaba que Cilia estaba irritada… El hombre revisó un papel en donde tenía apuntadas las habitaciones ocupadas y desocupadas. Tenía cinco habitaciones; y cuatro libres.
-Las habitaciones 2 y 3 están vacías. ¿Van a cenar antes?
-Sí…- Dijo Vag.
-No- dijo casi a la vez Cilia, ahogando el “sí” de su compañero…
Desde la habitación de arriba, una figura oculta en las sombras escuchaba desde detrás de la puerta la conversación que tenía lugar en el piso de abajo. Y al escuchar la negativa de aquella estúpida niñata, cerró el puño y apretó los dientes de rabia…
-¿Cómo que no?- Aquí Vag casi se indignó…
El pobre hombre que les atendía asistía con cierto temor ante el intercambio de aquellos dos…
-Tranquilo. Yo te invito a comer en algún sitio de por aquí- le dijo Cilia a Vag, con un tono que rayó el desprecio…
Aquello pareció tranquilizar al joven, que se moría de hambre…
Cuando Cilia hubo terminado de firmar, ambos volvieron a salir en aquella noche calurosa, a buscar un lugar donde cenar. Mientras tanto, la figura de la habitación 1 estaba asomada tras la ventana, escondida en la oscuridad, observando cada uno de los movimientos de los recién llegados…

Las calles estaban muy animadas, lo cual era normal teniendo en cuenta que se trataba de las vísperas del gran evento que tendría lugar el día siguiente… Ya estaban listas para el gran día.
Cilia no hablaba. Solo estaba concentrada en encontrar un lugar donde “tranquilizar” al glotón de su compañero… Vag notaba que, cada vez, la joven se había ido enfadando más y más… Ahora ya estaba preocupado…
-Eeh… Cilia…- Intentó decir…
Pero esta le vio venir.
-Aquí- dijo, ignorándole completamente…
La chica se acercó a una taberna que tenía terraza; y en la cual había una mesa para dos libre.
-“Por lo menos no ha buscado dos mesas separadas…”- Pensó Vag…
Cilia insistía en seguir pagándolo ella todo. A Vag ya le iba bien, pero le daba la impresión de que lo hacía para no “deberle” nada a nadie… Tras un rato comiendo, y cuando esperaban que les atendieran para pedir el postre, Vag decidió que aquello no podía seguir así…
-Oye, Cilia…- El joven adoptó un tono algo más serio; no iba a permitir que le rehuyera otra vez…
Cilia giró la cabeza a un lado, siendo consciente de que ya no podía escapar… Vag siguió hablando.
-Yo… Quiero que sepas… que tú puedes contar conmigo- Vag no sabía muy bien cómo expresarse…
Pero aquellas simples palabras hicieron más efecto sobre la chica de lo que Vag se hubiera podido imaginar. Cilia se giró hacia él… parecía estar a punto de echarse a llorar, con los ojos humedecidos…
-¿Sabes? Nunca antes nadie me había dicho algo así…- Se sinceró la joven.
A Vag le supo muy mal oír eso. Cilia siguió hablando.
-Cuando iba al Instituto de la Alta Magia… me sentía como un bicho raro. Y cuando me adelantaron dos cursos… ni te digo…- Vag observó como las lágrimas comenzaban a brotarle de los ojos cuya mirada estaba perdida en tristes recuerdos…
Pero era muy dura y aguantaba…
Vag solo escuchaba. No sabía qué decir para consolarla. Pero para Cilia aquello era suficiente…
-Gracias…- Solo fue capaz de decir la joven antes de taparse la cara con las manos y ponerse a llorar…
Ya sabía Vag que no era tan dura. Se acercó a ella y se agachó para estar a su altura, posándole las manos en los brazos desde atrás, intentando tranquilizarla… Finalmente, Cilia se quitó las manos de la cara y una fugaz sonrisa se dibujó en su ahora más relajado rostro…
Aquello alegró a Vag, que también sonrió, levantándose justo cuando llegaba el camarero para tomarles la nota del postre…

En la penumbra de la habitación contigua a las de Vag y Cilia, la misma figura que les espiaba cuando se fueron, se encontraba tumbada en la cama con las manos detrás de la cabeza y, con las rodillas flexionadas, una pierna sobre la otra con las botas puestas… Al escuchar las voces y los pasos de aquellos, se incorporó de inmediato y regresó a su puesto de vigilancia en la ventana…
-Ahí estáis…- Dijo de un modo que no denotaba buenas intenciones…
Tras saludar al hombre que les atendiera hacía un rato, Vag y Cilia se despidieron del mismo hasta el día siguiente. Subieron las escaleras, cuyos escalones de madera crujían con cada paso, y llegaron al piso superior hasta quedar cada uno ante la puerta de su respectiva habitación… Ambos se miraron.
-Bueno…- Comenzó a decir Vag, no sabiendo, en aquellos momentos, muy bien qué decir…
Hubo un instante de silencio entre los dos. Ambos eran conscientes de que la relación entre ellos había cambiado… Ahora sentían afecto uno hacia el otro.
-Buenas noches- dijo finalmente Cilia, con una mirada dulce y un tono que Vag no había escuchado hasta aquel momento…
-Buenas noches- dijo al fin.
Entonces Cilia desvió la mirada hacia el pomo de la puerta y entró en su habitación, quedando Vag solo en el pasillo… Este suspiró sin saber muy bien por qué y se dispuso a entrar en la suya… Pero antes, no pudo evitar dirigir la mirada hacia la puerta que quedaba a su izquierda. Pensó algo y decidió desechar dichos pensamientos entrando directamente en su habitación…
Mientras tanto, el tipo de la habitación situada al lado de la de Vag, había abierto la ventana y estaba asomado, emitiendo un extraño sonido similar al de un ave nocturna…

En ese mismo instante, no demasiado lejos de allí, en un lugar elevado, sobre un tejado, de alguna parte de la ciudad, desde donde se podía ver prácticamente la totalidad de la misma, un individuo de pelo largo y negro observaba el panorama que había a su alrededor… Cuando escuchó a su secuaz “ulular” en la noche… Entonces sonrió. Y sus ojos se abrieron… de un extraño color rojizo…

Otros dos individuos, oteando sobre unos tejados bajos cercanos a la posada, habían escuchado también la señal de aviso… Y, como sombras, se desplazaron por los mismos en dirección al punto de llamada…
-Que pájaro más pesado…- Se quejaba Vag ya tumbado en su cama, boca arriba, con las manos cruzadas detrás de la almohada, vestido y con su espada apoyada sobre la pared, muy cerca, e intentando conciliar el sueño…
Entonces todo sucedió muy rápido.
Las dos figuras que parecían sombras, atravesaron los ventanales situados en el piso superior, justo en frente de las habitaciones y por donde entraba la luz de la luna, rompiéndose los cristales estrepitosamente…
Vag abrió mucho los ojos, poniéndose en alerta y cogiendo su espada de inmediato. Cilia, que estaba de rodillas rezando a su diosa, abrió los ojos y frunció el ceño mirando de reojo hacia la puerta.
Apenas un segundo después de que llegaran los dos individuos, ataviados con ropas oscuras y sendos pañuelos para ocultar el rostro, el tipo de la habitación 1 salió de inmediato de la misma y fue junto a uno de los otros dos a por la habitación 2… El otro fue a la habitación 3…
La puerta de la habitación de Vag se abrió súbitamente, justo en el momento en que este se estaba incorporando… Uno de los intrusos llevaba una daga y se dispuso a atacarle…
-¡Haaa!- Exclamó el joven golpeando con la empuñadura de su espada, aún enfundada, en la cara de su atacante…
El cual cayó al suelo, inconsciente…
El otro, el que les había estado espiando, no se dejó impresionar y sacó una espada corta de su cintura… Pero Vag le interceptó a tiempo, dándole un fuerte gancho con el puño en el estómago y dejándolo sin aliento… Soltó la espada, que cayó al suelo haciendo mucho ruido, antes de caer de rodillas y perder el conocimiento…
Entonces Vag cayó en la cuenta.
-“¡Cilia!”
Salió de inmediato de la habitación y llegó al pasillo…
-¡Bola de Fuego!- Escuchó Vag exclamar a Cilia desde el interior de su habitación…
Entonces, para asombro de aquel, el tipo que había entrado en la habitación de Cilia, y que había cerrado la puerta tras de si, salió despedido por la misma, destrozándose en mil pedazos, y volando en medio de llamas y astillas… el pasillo quedó momentáneamente iluminado por aquel fulgor… El tercer agresor se estrelló de espaldas contra la pared que quedaba justo entre los dos ventanales, cayendo al suelo boca abajo… Aún tenía los ojos abiertos y espasmos en los dedos de las manos…
Vag se acercó a la habitación de la joven, asomándose por donde antes había una puerta, y vio que Cilia aún permanecía en pie, sobre su cama, con una mano con la palma abierta hacia delante y los dedos juntos, con el brazo extendido y la otra mano sujetando dicho antebrazo… jadeaba y tenía el pelo algo revuelto…
Lo curioso era que, a pesar de todo, viéndola Vag con su pijama de tirantes finos, que dejaban a la vista su ombligo, y pantalones que no le llegaban a los tobillos, de color blanco, apenas desarrollada, parecía una niña como cualquier otra… y no una letal hechicera…

Al día siguiente, Vag y Cilia, preparados para cumplir su cometido, vigilaban uno al lado del otro a su alrededor. La Gran Celebración de la Fundación de Realia había comenzado ya. La gente gritaba, saltaba y bailaba, muy animada, ajena al peligro que acechaba…
-Separémonos- Propuso Cilia, con su expresión y tono habitual; aunque casi fue una orden…
Vag asintió y cada uno fue por un lado.
Vag buscaba y buscaba y solo veía gentío por todas partes… Nada sospechoso…
Cilia hacia lo propio… Pero ella notaba algo; sabía que se acercaba más y más…
Entonces le vio.
A lo lejos, en medio de gente danzando, riendo, gritando… desentonando entre el colorido reinante, apareció erguido el tipo del cabello largo, vestido totalmente de negro a excepción de la capa blanca…
-“Vag. Vag, le he encontrado”- Escuchó Vag en su cabeza.
Este se detuvo de golpe.
-¿Cilia? ¿Dónde…?- Miraba a todas partes, extrañado…
Cilia sabía que se lo tendría que haber explicado antes…
-“Vag, soy yo. Te estoy hablando por telepatía. He encontrado al terrorista.
Vag reaccionó de inmediato. Tenía que volver a donde estaba ella sin perder tiempo…
-¿Dónde estás? Voy para allá…
Entonces el tipo se percató de que estaba siendo observado por Cilia. Se giró hacia ella y la miró con sus ojos rojizos…
Cilia, al verle, se dio cuenta de inmediato.
-“Vag… estaba en lo cierto…”- Dijo la joven, casi temblándole la voz…
Vag la escuchó.
-¿A qué te refieres…?- Preguntó, con gravedad, aunque ya sabía la respuesta…
Aquel tipo la miraba fijamente… Y sonrió…
-Es un dragón.