jueves, 29 de diciembre de 2011

¡Feliz 2012!

¡Hola! Esta semana la nave del imaginante hace un alto en el camino. Aprovecho para, nuevamente, daros las gracias y desearos

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

jueves, 22 de diciembre de 2011

Mensaje del autor

                                                                          ¡Hola!


¡Hola a todos/as! Soy el autor de este blog. Hace ya varios meses que la nave del imaginante zarpó… Quería dar las gracias a todos/as aquellos/as que, en mayor o menor medida, habéis visitado mi blog. Escribir en este blog es muy importante para mí y os aseguro que cuando escribo lo hago con el corazón… Como dije en la primera entrada, allá por julio, espero que os lo paséis tan bien leyendo las historias que aparecen en este blog como yo cuando las escribo. GRACIAS.

(Hiro)- ¡Ey, “autor del blog”! Cuando la llame… ¿exactamente qué le tengo que decir?
(Autor)- ¿Y me lo preguntas a mí…?
(Aki)- ¿Cuando llames a quién?
(Hiro)- ¡Estooo! ¡A… a… a la electricista, claro!
(Aki)- ¿…?
(Izo)- Oye Hiro… si te dejo a mi gato, ¿crees que será mucho pedir que no lo secuestre un peligroso asesino maníaco que se dedica a destruir edificios por ahí…?
(Hiro)- Vale, vale… Ya lo cojo…
(Seitei)- Oye, Mei… Eeeh…
(Mei)- ¿Qué quieres? Tengo prisa.
(Seitei)- Bueno… no, nada… Je, je, je…
(Maze)- ¿Alguien me puede decir por qué tengo que aparecer vestido de Papá Noel?
(Izo)- Hombre jefe… Está claro… por su gran…
(Maze)- ¿¡Mmm!?
(Izo)- ¡Carisma! ¡Carisma, eso es!
(Todos)- ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
(Onto)- ¡Hola!
(Hiro)- Anda… ¿Y tú quién eres?
(Onto)- Soy Onto y soy detective.
(Hiro)- ¡Sí hombre! No te quedan bollos rellenos de cacao de una conocida marca comercial que no diré para no hacer publicidad…
(Onto)- Iba a venir mi ayudante, Pruden. ¡Al final mama no lo mató!
(Madre de Onto)- Eso tiene fácil remedio…

Hiro, Aki, Izo, Mei, Seitei, Maze, Onto, la madre de Onto y el autor de este blog os deseamos

                                                          ¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!


Y, por supuesto, el viaje de la nave del imaginante continúa…

viernes, 16 de diciembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 12

                                          Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                            Onto, el vigilante de la playa.


La playa estaba abarrotada. Hacía un sol intenso. El vigilante de la playa oteaba con sus prismáticos para detectar algún posible problema. Todo parecía tranquilo… excepto por un tío raro que no dejaba de mirarle desde no mucha distancia. El vigilante cada vez se sentía más incómodo… Entonces sonó su teléfono móvil y contestó.
-¿¡Cómo!? ¿¡Mi coche!? ¡Ahora mismo voy!
El vigilante abandonó su puesto a toda velocidad dejando allí todas sus cosas. Cuando se perdió de vista, alguien ocupó su lugar… Onto, claro.

A lot of people stay in the darkness
Afraid to go to the light
Some persons need to help somebody
When all is near to fell down.

Onto se puso a mirar a su alrededor con los prismáticos del vigilante y las gafas de sol de este puestas. Y entonces vio algo. Un pobre hombre estaba a punto de ahogarse y movía los brazos y las piernas desesperadamente…
-¡Socorrooo! ¡Que no hago pieee!
-Sin mí está perdido… Es seguro que morirá…- Dijo Onto, decidido.
Agarró el flotador especial y saltó de lo alto… Pero estaba tan alto que se estampó en el suelo. Rápidamente se incorporó como pudo y salió corriendo, tambaleándose…

Don’t Worry!
It’s gonna be okay
Because I’m always ready
I won’t let you die.

Onto llegó al agua y rápidamente alcanzó a aquel pobre hombre… que en realidad apenas se había alejado de la orilla.
-¡No se preocupe! ¡Yo le salvaré! ¡Vivirá!- Dijo antes de perderle de vista al caerle encima…
Onto lo buscaba por todas partes mientras el buen hombre estaba sumergido y atrapado por los pies de Onto…

I’ll be there (I’ll be there)
Never you cry ( no don’t you cry)
I’ll be there
Forever and ever
I am always here
Yes, here!

El pobre hombre veía cada vez más próximo su final mientras trataba en vano de subir a la superficie. Finalmente pudo librarse de aquel idiota que estaba subido encima de él y llegó como pudo a la orilla. Mientras se intentaba recuperar, el vigilante llegó a su puesto y vio que le faltaban sus gafas de sol y el flotador. Miró hacia el agua con los prismáticos para encontrar al culpable (aunque le daba que ya sabía quién era) y vio aterrorizado algo en el agua…
Onto vio lo mismo que el vigilante y se dirigió hacia allí nadando como podía…
-¡Oye tú! ¡Está prohibido ponerse una aleta de tiburón blanco de broma! ¡Vaya, me he golpeado con una roca y me sale un poco de sangre! ¡Oye tú! ¡Ahora llego y te vas a enteraaaar!


Nota del autor: los fragmentos de la canción han sido debidamente modificados para evitar cualquier problema por derechos de la propiedad intelectual.

Detective Night - Capítulo 12

                                                                  DETECTIVE NIGHT

                                                      ¿Por qué no me envías un ángel…?


Hiro se encontraba ante lo que parecía una broma del destino. Aún no se lo podía creer…
-¡Maldito estúpido!- Rugió Midrah.- ¡Si no te hubieras metido donde no debías, ahora no estaríamos aquí!
Hiro observó que Mei estaba adormecida; seguramente estaba drogada…
-¡He hecho precisamente lo que debía! ¡Déjala ir y resolvamos esto tú y yo…!
Las palabras de Hiro enfurecieron visiblemente a Midrah…
-Cuando me avisaron de que alguien me buscaba, no podía creer que se tratara de un detective… ¿¡Acaso trabajas para la policía!?
Hiro no respondió inmediatamente.
-No trabajo para nadie.
Hiro percibió el creciente nerviosismo de Midrah. Era consciente de que aquel individuo se había “encerrado” en la azotea de un alto edificio… Probablemente no esperaba salir vivo de allí…
-De todos modos da igual… Hoy moriremos todos aquí…
Una sensación de alerta invadió a Hiro. Lerbat Midrah estaba desesperado y actuaba en consecuencia… Era el momento de elegir, y no había tiempo…
La columna de fuego se iluminó intensamente. El tiempo se enlenteció. Midrah comenzó a colocar el arma para apuntar de forma más precisa a Mei… Durante un instante, al moverse Mei ligeramente hacia un lado, Hiro vio claramente, como si algo se lo estuviera iluminando, el punto exacto donde podía disparar… Y esta vez no dudó.
Como si disparara con el alma, Hiro apretó el gatillo y alcanzó a Midrah en el hombro. “El pirómano” soltó a Mei, que cayó a un lado, y dobló las rodillas llevándose una mano a la herida, doloriéndose. Aprovechó que la atención de Hiro estaba en Mei para apuntarle, con dificultad. Hiro reaccionó a tiempo y le apuntó a su vez. Midrah salió corriendo a ocultarse tras una de las chimeneas mientras Hiro le seguía apuntando. Al ver que no salía de su escondrijo, Hiro se dirigió a donde se encontraba Mei, la cual estaba inconsciente. La cogió en brazos y la fue a ocultar tras la chimenea que quedaba en el lugar opuesto a la otra. Ahora debía ocuparse de Midrah.
Con cautela, se asomó y no le vio. Poco a poco fue avanzando hasta quedar en la zona donde había visto a Mei retenida por Midrah en un principio. No apartaba la mirada de la chimenea donde había visto ocultarse a su enemigo. Entonces vio moverse algo a su izquierda y un disparo le pasó rozando el brazo. Hiro apuntó y disparó. El impactó alcanzó a Midrah en el torso. Este cayó de rodillas, aún consciente. Hiro se acercó lentamente, apuntándole…
-So… solo… me queda… una bala…- hablaba Midrah con dificultad.
-Quieto… Llamaré a una ambulancia y quizá puedan salvarte…
Hiro vio como Midrah se llevaba lentamente la pistola a la cabeza… y entonces, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, sonrió… y lanzó la pistola a un lado. Hiro no entendía lo que estaba pasando…
-Como te dije… ¡Hoy moriremos todos!- Gritó con casi sus últimas fuerzas al tiempo que sacaba un aparato similar a un teléfono móvil de uno de los bolsillos de su gabardina…
Hiro observó como Midrah pulsaba dos de los tres botones de que constaba aquel artilugio. Y entonces se dio cuenta. Ahora sabía qué era aquello que había visto en los pisos anteriores sin llegar a verlo claramente… ¡Los cables! Cables nuevos donde todo era viejo… El detective vio alarmado como Midrah, con expresión de maníaco, pulsaba el último botón.
Una serie de explosiones fueron sucediéndose hasta sacudir el suelo que pisaban. Una a una todas las bombas situadas en cada uno de los pisos del edificio fueron detonando inundándolo de llamas… Todo menos la azotea, que había quedado rodeada por unas paredes flamígeras que poco a poco iban formando una cúpula. El suelo se iba resquebrajando y el calor cada vez era más insoportable…
Hiro vio como Midrah se reía como si hubiese perdido la cabeza… Apretando los dientes de rabia le apuntó a la cabeza para acabar con aquel maldito loco… Pero separó el dedo del gatillo al ver como expiraba abriendo mucho los ojos a la vez que expulsaba sangre por la boca, y caía hacia delante, soltando el mando que cayó rodando por el suelo ardiente…
Hiro no veía el cielo… Solo había fuego y humo. Notaba como el suelo se iba abriendo… Los bloques de suelo ascendían y descendían poco a poco aquí y allá.
-“¡Mei!”- Se percató Hiro en medio de aquel infierno…
Fue corriendo a buscar a la joven, que aún se encontraba inconsciente. Primero de prisa, pero progresivamente más lentamente se dirigió al centro de la azotea. Hiro lo veía todo perdido. El edificio se estremecía, a punto de derrumbarse…
Hiro miró a Mei y se sintió muy culpable por el destino de la chica… Entonces, un único pensamiento ocupó la mente de Hiro: “Aki…” Hiro pensó que, pese a que se había jurado a sí mismo que esta vez haría lo que de verdad sabía que tenía que hacer… ya era demasiado tarde… En realidad se imaginaba que esto ya era así, pero… Ahora ya daba todo igual… Pensando en Aki, a Hiro se le comenzaron a inundar los ojos de lágrimas…
Con Mei en brazos, sintiendo como el suelo comenzaba a ceder bajo sus pies, y notando el intenso calor de las llamas que les rodeaban, miró al cielo y, sin saber muy bien a quién o a qué se dirigía pidió algo con todas sus fuerzas…
-“¿Por qué no me envías un ángel…?”
Entonces, inesperadamente, la cortina de humo se desvaneció súbitamente dejando a la vista un helicóptero de la policía que sonaba atronador entre aquel mar de fuego. Hiro intentó ver mejor. Pensaba que era un sueño…
-¡Hiro!- Llamó la voz de Izo.
-“¡Izo!”- Hiro ahora se lo comenzaba a creer…
El helicóptero comenzó a descender y Hiro se fue apartando hacia atrás. Las potentes hélices mantenían momentáneamente a raya el fuego… Cuando se posó en el suelo, se oyó claramente como el edificio se había comenzado a derrumbar…
-¡Deprisa Hiro!- Urgió Izo al tiempo que el detective se aproximaba a toda velocidad. Le dio su sobrina a Izo, que la sujetó cuidadosamente con el cinturón de seguridad. Este se giró y le tendió la mano a su amigo.
-¡Sube!- Su voz, aunque gritó, casi fue ahogada por el sonido estruendoso de alrededor…
El helicóptero se comenzaba a hundir en el suelo… Las llamas surgían de las grietas… Hiro agarró la mano de Izo y subió al helicóptero al tiempo que comenzaba a elevarse con dificultad.
Las chimeneas reventaron… El suelo comenzaba a desaparecer… La cúpula de fuego se comenzaba a cerrar.
Hiro se percató de la presencia de Seitei, que atendía a Mei muy preocupado…
El helicóptero ascendía lentamente. El piloto debía esquivar las llamaradas que parecían atacarles… Al final del túnel de llamas se veía la salida… Todos se sujetaron fuerte cuando el helicóptero pareció acelerar de golpe y salió por la obertura que se cerraba tras ellos… Hiro, Izo, Seitei y el piloto vieron sobrecogidos como el edificio se derrumbaba totalmente y solo quedaba una montaña de fuego, que luego se convirtió en enorme columna y ascendía hacia el cielo iluminándolo todo…
Al cabo de unos minutos el fuego comenzaba a declinar. Todo se comenzaba a tranquilizar…
-¡Uff! ¡Hemos estado muy cerca…!- Exclamó con alivio Izo
-¿Cómo lo sabías…?- Le preguntó Hiro.
-Cuando te vi en la comisaría sabía que algo pasaba… Mandé a Seitei a seguirte…
-Así que tú eras el gato negro…- Le dijo a Seitei con una media sonrisa.
-¿Mm?- Se extrañó Seitei, que no dejaba de tener cuidado de Mei.
-Yo, por mi parte, fui a la agencia; me encontré con aquella situación e hice mis propias deducciones: las marcas negras del exterior y las ventanas rotas me llevaron a pensar que habías dado con “El pirómano”… Y, al ver con terror las cosas de Mei tiradas por el suelo, concluí que había sido raptada por él… y con la información que me transmitió Seitei, fui atando cabos hasta llegar a la conclusión de que “El pirómano”, al saberse descubierto, te estaba llevando a una trampa suicida…
-Yo también lo sabía…- Dijo Hiro, sin ocultar por su tono que esto lo dedujo después…
-Ya… Claro…- Izo sonrió.
El helicóptero se dirigía hacia el helipuerto del edificio de la comisaría atravesando el cielo nocturno, despejado y estrellado.

Al cabo de no demasiados minutos, Hiro pudo divisar la zona superior del edificio de la comisaría de policía, en la cual se podía ver claramente una “H”. Alrededor había varias personas entre las que se podía distinguir personal sanitario perteneciente al servicio policial.
El helicóptero aterrizó. Mientras se llevaban a Mei en camilla hacia la zona de urgencias del edificio, seguidos por Izo, una joven atendía a Hiro. Solo tenía una herida superficial en el brazo que vendó con cuidado.
-Señor Red, voy a ver como está la sobrina del subinspector Brown…- Dijo Seitei, con evidente preocupación…
-Bien. Yo iré ahora. Gracias, Seitei.
Seitei asintió sin ser capaz de llegar a sonreír y fue hacia la puerta de entrada del edificio. La misma por la que apareció Maze al cabo de unos segundos. Y a Hiro le dio la impresión de que había salido alguien más posteriormente…
-¡Hiro! ¿Cómo estás?
-Bien, bien… Pero debo reconocer que ha estado cerca…
-Me alegro de que estés bien…
-Señor…
Maze prestó atención. Hiro habló.
-Ya puede tachar a uno de la lista…- Dijo el detective sonriendo con su habitual expresión de triunfo…- ¡Au!- …Hasta que la joven que le hacía las curas le clavó una jeringa inesperadamente…
Maze también sonrió y asintió varias veces mientras se comenzaba a alejar levantando una mano como señal de despedida. La chica que le atendía ya había terminado. Y Hiro vio que sí que había llegado alguien más. A unos metros, y ahora acercándose… estaba Aki. A Hiro le dio un vuelco el corazón…
-Hola… Hiro- dijo con preocupación mal disimulada…
No era la misma Aki que había tratado los últimos días…
-Hola…- Hiro no fue capaz de decir nada más…
-¿Estás bien? Ya he oído lo de esta noche…- A Hiro le dio la impresión de que a ella también le costaba hablar…
-¡Sí, sí! ¡No ha sido nada!- Hiro intentaba quitarle importancia al tiempo que buscaba tranquilizarse…
Aki sonrió. Ninguno de los dos volvió a hablar durante los segundos siguientes en que quedaron mirándose, con mutuo nerviosismo… Finalmente, Aki asintió lentamente y se comenzó a alejar. Hiro se moría de ganas de llamarla… pero pensaba que no sabría qué decirle… De modo que, desanimándose, no lo hizo.

Al cabo de un rato, Hiro fue a ver a Mei. Allí estaban Izo, Seitei y Maze. Izo le dijo que Aki también había estado allí. Al oír su nombre, sintió que ya no podía más…
Cuando volvió a la agencia, lo encontró todo como lo había dejado; al día siguiente tendría bastantes cosas que hacer. Pero ahora sólo tenía la atención en una cosa. Cogió su teléfono móvil… Sabía que a aquellas horas aún estaría en la comisaría… Tenía que hacer lo que tenía que haber hecho mucho tiempo atrás… Encontró el nombre que buscaba: Aki.

En una sala oscura, tan solo iluminada por una luz blanca que no era capaz de vencer la negrura reinante, un individuo comenzó a hablar con una voz grave.
-Hemos perdido a uno de nuestros miembros…
-Por lo visto le habían descubierto- habló otro individuo con una voz menos grave.- Si no hubiera muerto hoy, probablemente le habríamos tenido que matar nosotros…
-Es el peligro que hay con los que entran en último lugar… Son los que más probabilidades tienen de ser descubiertos- Habló un tercer hombre, más joven que los anteriores por su voz.
-¿Y nuestra “querida” “Dama Cruel”? ¿Tampoco ha venido hoy?- Comentó un cuarto personaje con cierto desdén…
-Ya sabes que el “Jefe” tiene cierta manga ancha con ella…- Avisó el primero que había hablado.
-¿Y ahora?- Preguntó el cuarto personaje, de voz más aguda, al tiempo que cambiaba inmediatamente de tema…- Midrah era algo inestable, pero muy útil para nuestros objetivos…
-Por supuesto seguimos con el “plan”. Lo de Midrah ha sido una pérdida considerable, pero no era imprescindible… Como no lo somos ninguno, no lo olvidéis…- Habló el primero de nuevo.
Hubo un momentáneo silencio.
-¿Lo ha dicho el “Jefe”?- Preguntó el segundo.
-Sí. Y algo más… Quiere que encontremos al responsable de la muerte de Midrah. Dice que pude ocasionarnos más problemas…
-Ese maldito de Midrah actuó por su cuenta. No tenemos ninguna información…- Se quejó el tercero.
-Él se encargará… como siempre. ¿No es cierto, “Rastreador”?
El quinto individuo que se encontraba en la oscura sala, apartado del resto, no dijo nada, pero sonrió maliciosamente…

sábado, 10 de diciembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 11

                                          Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                  Los amigos de Onto.


Onto iba caminando con sus amigos por la calle. Eran Cerbatano, Ayahuasco y Peyotas.
Cerbatano era un gran aficionado a las artes marciales. Cuando apareció un operario del alcantarillado, y levantó la tapa de la alcantarilla, Cerbatano lo interpretó como un reto a duelo…
-¡Acepto tu desafío!
-¿Mm?- Miró extrañado aquel buen hombre de aspecto bonachón con un amplio bigote y pronunciada barriga.
Cerbatano se dirigió a toda velocidad y saltó con una especie de patada voladora…
-¡¡¡UUUUOOOOOIIIIIIIAAAAAAAIIII!!!
El hombre se mantuvo impasible mientras aquella inofensiva patada “impactaba” en la tapa de la alcantarilla y Cerbatano caía al fondo del agujero…
-¡Eeeh! ¡Baja aquí! ¡Aún no me has derrotado!- Gritaba desde el fondo.
Onto y sus otros dos amigos habían observado, con cara de no enterarse de nada, toda la escena.
-¡Ves tío! ¡Esto es el existencialismo!- Comenzó a abordar Ayahuasco a Onto.- ¡El existencialismo tiene las respuestas! ¡Tú déjate llevar por el existencialismo y ya verás…! ¡Existencialismo! ¡¡Existencialismo!! ¡¡¡Existencialismooooo!!!
Onto no había variado su expresión un ápice… al igual que Peyotas. Este último comenzó a hablar.
-Un limón no es lo mismo que una batidora. Si coges un sacacorchos y te comes una gelatina, el barco no puede zarpar porque el tornillo no cabe en el supermercado…
Onto fue mirando uno a uno a sus colegas.
-¡Baja y te daré una paliza! ¡Esto no ha acabado!- Seguía gritando Cerbatano…
-¡¡¡¡Existencialismooooooo!!!!- Se desgañitaba Ayahuasco, con los ojos que casi se le salían de las órbitas…
-Y si tienes un folio, en un apartamento no puede haber lémures… por lo menos si el zapato no incorpora su correspondiente acelerador de partículas…- Afirmaba Peyotas…
Onto siguió observándolos durante un rato… y llegó a una conclusión…
-“Pues menuda mierda de amigos.”

Detective Night - Capítulo 11

                                                                 DETECTIVE NIGHT

                                                                  Al rescate de Mei.


Hiro se dirigió inmediatamente hacia el barrio industrial nº 4. El tráfico aún era intenso, pero comenzaba a disminuir a medida que se acercaba a la zona de los barrios industriales. No sabía donde se encontraba el edificio indicado en la nota que Lerbat Midrah le había dejado en el paquete bomba…
A medida que se aproximaba a aquella parte perteneciente prácticamente a las afueras de la ciudad había menos luz en los alrededores. Los edificios no mostraban casi actividad a aquellas horas. Tan solo se veía de vez en cuando a trabajadores rumbo a sus casas tras haber terminado su jornada.
Pasaron varios minutos y Hiro iba dando vueltas por las calles repletas de fábricas, almacenes, edificios de oficinas y empresas de todo tipo. Entonces vio algo. Al girar una esquina apareció ante él, a lo lejos, en lo alto de un edificio muy alto, una hoguera… Pero era una hoguera especial, diferente… En realidad, se trataba de una columna de fuego que se elevaba varios metros hacia el cielo nocturno…
-¡Ahí estás!- Dijo Hiro, endureciendo la mirada.
El joven detective se sentía diferente. Notaba que ya no era el mismo. Le daba miedo lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento… pero también era consciente de que tenía que llegar hasta el final…
Puso rumbo hacia el edificio más alto del barrio industrial en el que se encontraba: el número 4.
Tuvo que atravesar una calle estrecha para llegar a divisar la entrada del edificio. Dicha construcción quedaba rodeada por otros edificios más pequeños y bastante separados de aquel hacia el que se dirigía. Hiro tenía un mal presentimiento tras observar a su alrededor… Era evidente que Midrah tendría un plan… Decidió dar marcha atrás y aparcar en la calle principal, a cierta distancia. Dejó su gabardina en el asiento del copiloto y se arremangó las mangas de la camisa. Comprobó que la linterna estaba estropeada… Bajó del coche y miró con atención a su alrededor. No había nadie. Comenzó a caminar por la oscura callejuela, con paso ligero pero cauteloso…
Al cabo de unos instantes volvía a tener delante el gran edificio. Era bastante viejo, en comparación con los de su alrededor, y presentaba bastantes desperfectos bien visibles en el exterior.
Estaba bastante seguro de que Midrah ya se habría percatado de su presencia. Hiro no había pretendido en ningún momento ocultar su llegada, ya que pensaba que le convenía asegurarse de que el captor de Mei supiera que ya estaba allí… Aún así tenía esperanzas de sorprenderle.
Entonces oyó ruido proveniente de la calle estrecha por la que había venido. Se llevó la mano al lado derecho de la cintura, donde llevaba el arma enfundada en su estuche. En ese instante vio aparecer un gato negro corriendo, el cual se detuvo unos instantes, mirándolo con sus brillantes ojos amarillos, y se dio la vuelta para desaparecer en las sombras. Hiro se tranquilizó un poco y, tras comprobar durante unos instantes que no había nadie más, se encaminó hacia la deteriorada puerta principal del edificio.
Cuando estaba a punto de atravesar el umbral, sin dejar de caminar, ahora más lentamente, desabrochó la funda y cogió su arma, quitando el seguro antes de sujetarla con ambas manos a la vez que se la llevaba a la altura del lado derecho de la cabeza. Hiro no apartaba la mirada de la oscuridad que se extendía ante él. La mala sensación que tenía desde hacía rato se iba agudizando a medida que avanzaba…
Cada vez más, la oscuridad lo iba envolviendo con cada paso que daba; pero Hiro aún podía ver gracias a la luz que llegaba del exterior. Podía ver claramente las paredes agrietadas, cascotes por el suelo, botellas vacías, varias pintadas aquí y allá, cristales rotos provenientes de las ventanas… Casi ninguna estaba entera; el aire frío de la noche se iba filtrando y hacia revolotear papeles tirados y polvo.
Hiro buscaba la escalera principal. Estaba seguro de que Midrah tendría a Mei en un piso más elevado…
Tras un rato de dar vueltas en la casi total oscuridad, había algo que le había llamado la atención; algo a su alrededor destacaba… pero no sabía qué. Finalmente encontró las escaleras que ascendían por el centro del edificio.
Gracias a las numerosas ventanas podía ver con bastante claridad mientras ascendía. La zona de la escalera principal era una de las que quedaban más iluminadas. Llegó al primer piso.
Manteniendo la cautela, y con el arma levantada, avanzaba lentamente escudriñando en la oscuridad. Otra vez tuvo la misma sensación que había tenido con anterioridad: había algo que le estaba llamando la atención pero no acababa de ser consciente de lo que era…
Al cabo de un rato consideró que no era necesario recorrer el piso en su totalidad. Pensaba que era evidente que no podía estar allí; además, en algún momento debería encontrar un indicio de que se encontraba en el piso correcto… Midrah le debía haber preparado dicho indicio.
Volvió a las escaleras principales y siguió ascendiendo al segundo piso. Cruzó la puerta y, al mirar a su alrededor y no ver ni oír nada decidió subir hasta el siguiente piso.
Repitió la misma operación con el tercer piso y siguió hasta el cuarto. Aquí había algo distinto. Hiro notaba que algo diferenciaba aquel piso de los anteriores… De modo que se dispuso a inspeccionarlo en profundidad.
Avanzó varios metros y, a medida que lo hacía, una sensación de peligro se acrecentaba en su interior… Pero tenía que seguir avanzando. Entonces vio algo varios metros más adelante. Había sido un brillo fugaz, como de algo metálico… Hiro se alarmó al darse cuenta de lo que aquello significaba y casi saltó al ir a resguardarse tras una pared perteneciente a un pasillo situado a su derecha al tiempo que un disparo sonaba, resonando en la lejanía de aquel piso abandonado, e impactaba en la pared contigua. Hiro se asomó con cuidado con el arma por delante y apuntó hacia la dirección de la que había provenido el disparo. Un nuevo impactó se produjo cerca de él obligándole a ocultarse de nuevo. Entonces Hiro escuchó claramente como unos pasos se alejaban corriendo. El detective pensó que probablemente había visto su arma en la distancia y había cambiado sus planes. Primero se aseguró de que tenía vía libre y, acto seguido, emprendió la persecución en la oscuridad del que seguramente era Midrah. Aún podía escuchar sus pasos desplazándose a toda velocidad; la práctica total ausencia de mobiliario provocaba que cualquier ruido, por insignificante que fuese, resonara en la distancia. Hiro también podía escuchar sus propios pasos mientras corría cada vez a más velocidad.
Un nuevo disparo alcanzó el cristal de una puerta que Hiro tenía en aquel momento a su izquierda. Instintivamente se cubrió la cara y se encogió levemente, pero no dejó de correr. Tampoco su atacante lo hizo.
Al cabo de unos segundos escuchó como el sonido de los pasos del individuo al que perseguía cambiaba… Estaba subiendo por unas escaleras.
Hiro encontró más luz al acercarse a unos ventanales y, al mirar hacia su izquierda, al comienzo de un nuevo pasillo, vio que una puerta conducía a otras escaleras principales del edificio. Por ahí había subido. Al atravesar la puerta abierta Hiro tuvo que frenarse al impactar un nuevo disparo en uno de los escalones cercanos a donde estaba situado en aquel momento. Apuntó hacia arriba y no divisó nada. Entonces dejó de escuchar los pasos ascendentes. Hiro dedujo que ahora se encontraba en el quinto piso… Hacía allí se dirigió.
Al cruzar la puerta no escuchó nada. Estuviera donde estuviese estaba quieto… probablemente observándole. Hiro comenzó a avanzar. Entonces oyó unos sonidos metálicos y unos chasquidos que no llegó a identificar; pero no le gustaban nada…
Tras unos instantes intentando distinguir algo entre la negrura reinante, vio sorprendido como una pequeña llama se encendía varios metros delante de él. Entonces fue como si el tiempo se hiciera más lento. Hiro vio a una figura con gabardina y sombrero que lo apuntaba con una ballesta desde la lejanía. La flecha estaba encendida en la punta y tenía una forma algo extraña. Tenía que salir de allí. Un pasillo se extendía a su derecha; fue hacía allí a toda la velocidad que pudo al tiempo que oía algo atravesar el aire y golpear en la pared con un golpe seco; su camino se iba iluminando progresivamente, cada vez más rápido… Había una puerta cerrada a cada lado; decidió ir hacia la de la izquierda para aprovechar el impulso de la trayectoria que llevaba, mientras el calor aumentaba peligrosamente… Embistió la puerta con todas sus fuerzas y esta se abrió con estrépito… Hiro cayó al suelo por el impulso y pudo ver como una inmensa llamarada atravesaba el pasillo que acababa de dejar atrás…
-“¡Por poco…! Ahora sé cómo cometió los dos asesinatos…”
Como Hiro esperaba, las llamaradas eran tan intensas como poco duraderas. Salió de nuevo al pasillo, sorteando los pequeños incendios que se había producido aquí y allá. Al llegar al lugar desde donde había divisado a Midrah (ahora no tenía ninguna duda de que era él), vio sorprendido como, prácticamente medio quinto piso estaba iluminado por el fuego que quedaba desperdigado. Los efectos habían sido inmediatos y devastadores. Midrah probablemente había llegado ya a las otras escaleras. Hacía allí se fue corriendo Hiro dejando atrás llamas que parecían estar vivas...
Al llegar a las escaleras dirigió la pistola hacia arriba. No vio ni oyó nada. Hiro estaba seguro de donde se encontraba Midrah en aquellos momentos… Se dirigió directamente a la azotea.
Abrió la puerta metálica con fuerza y golpeó contundentemente contra la pared. La columna de fuego que había visto desde abajo seguía ahí. Y entonces Hiro vio algo que no se esperaba y que no quería creer…
Lerbat Midrah, “El pirómano”, estaba de pie ante él, a no mucha distancia, sujetando a Mei con un brazo y apuntándola con una pistola.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 10

                                        Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                  Lo más inteligente que Onto ha dicho alguna vez en su vida.


-…

Detective Night - Capítulo 10

                                                               DETECTIVE NIGHT

                                                               Hechos del pasado.


Cuatro años atrás.

Estaba atardeciendo en un día bastante nublado del mes de noviembre. El agente de policía Hiro Red y la agente Aki Wind realizaban la patrulla rutinaria por las calles de Blue City. Aki conducía mientras Hiro comía rosquillas…
-Déjame alguna, eh…
-¡Claro, claro, eso iba a hacer!- Su reacción delató sus verdaderas intenciones…
-La verdad es que me está entrando algo de hambre… Podríamos parar a tomar algo. En tu caso a tomar algo más…
-Me gusta la idea. Y luego me toca conducir a mí.
-Vale- contestó, mirándole durante un instante con una sonrisa.
Al cabo de unos minutos, y ante la ausencia de incidencias por las calles y avisos por radio, pararon cerca de un local especializado en café, pasteles y bollería de todo tipo.
-Siempre que venimos tienes esa mirada de felicidad…
Hiro miraba una y otra vez los pasteles que había en los escaparates, comprobando que no le hubiese quedado ninguno por probar…
-¿Ah, sí? No sé por que lo dices…- dijo haciéndose el despistado.
Solían parar en aquel lugar a menudo, normalmente a aquellas horas. Las dependientas ya les conocían y les agradaba su presencia. Pero lo que de verdad les gustaba de ellos era algo que no se veía, pero que se percibía… Todas lo habían pensado, pero no estaban seguras de que ellos mismos se hubiesen dado cuenta de esto…
-Aki…
-¿Sí?- Contestó la joven ante la repentina seriedad de Hiro…
-Verás… Hay algo… Hay una cosa que yo…- Hiro se sentía cada vez más nervioso.
Aki guardaba silencio. También comenzaba a ponerse nerviosa…
-¿Estás bien, Hiro?
Hiro pensó durante unos instantes, mientras miraba a la calle. Finalmente habló.
-Nada, nada… no es nada- dijo con evidente resignación.
-¿Seguro que estás bien? ¿Qué era…?
Hiro la interrumpió negando con la cabeza.
-No, de verdad, no te preocupes… Era una tontería de las mías…- Dijo con una media sonrisa.
-¡Ah, bueno! ¡Me habías asustado…!- Aki sonrió aliviada. Aunque a Hiro le dio la vaga impresión de que no era un alivio muy sincero…
Siguieron tomando lo que habían pedido. Casi no hablaron. Aki se quedó pensativa. Como de costumbre, Hiro la miraba furtivamente cuando ella no se daba cuenta; o por lo menos eso creía él…
Pagaron y salieron del establecimiento. Mientras caminaban hacia el coche, en silencio, a Hiro se le comenzó a venir el mundo encima… Había estado muy cerca… Hasta ese momento no se había visto capaz… pero, finalmente, no tuvo el valor suficiente… Era consciente de que podría llegar a arrepentirse mucho más de lo que se imaginaba, ya que sabía muy bien que había otros que no iban a tener ningún problema en decirle lo que él no había podido decir… Y ella, muy probablemente, aceptaría, porque pensaría que no tenía nada por lo que esperar… Estos pensamientos se lo estaban haciendo pasar mal últimamente… cada vez más… Solo tenía una esperanza: la certeza de que, pasara lo que pasara, y pasase el tiempo que pasase, algún día llegaría el momento de hacer lo que tenía que hacer… Porque sabía que lo que sentía, aunque fuera incapaz de expresarlo, no iba a desaparecer nunca de su corazón…
Al llegar al coche, Hiro entró por la puerta del conductor y Aki por la otra.
-No te lo vas a creer… pero me he quedado con hambre- dijo Hiro, haciendo un esfuerzo por aparentar normalidad, sonriendo pese a que no tenía ningunas ganas…
-Sí, sí me lo creo…- contestó Aki, sonriendo también; aunque Hiro no estaba seguro de que la sonrisa de ella sí fuese sincera…
Justo antes de arrancar, la radio emitió un sonido semejante a un chasquido, que daba paso a una transmisión. Se oía la voz de una mujer.
-Aviso a todas las unidades. Hay un individuo que ha efectuado el atraco al banco Safest de la calle 34. Está armado y tiene una rehén. Es un individuo muy peligroso.
Aki descolgó el transmisor.
-Aquí patrulla 29. Entendido, central. Nosotros estamos más cerca. Vamos para allá.
-Entendido, patrulla 29. Avisen si necesitan refuerzos.
-Entendido, corto.
Un nuevo chasquido indicaba el fin de la transmisión.
-¡Hiro, deprisa!
-¡De acuerdo!
Hiro arrancó al tiempo que ponía en marcha la sirena. Se dirigió a toda velocidad hacia el lugar del atraco, sorteando el intenso tráfico de aquellas horas. No faltaba mucho para anochecer. Pese a la gravedad y la urgencia de la situación, Hiro no era capaz de sacarse a Aki de la cabeza…
Desde cierta distancia se podía ver claramente un nutrido grupo de personas que estaban mirando hacia la sucursal del banco Safest. Al aproximarse se percibía la preocupación en unos y la curiosidad en otros. Hiro intentaba avanzar tocando el claxon. Aki les decía que se apartasen asomándose por la ventanilla. Finalmente atravesaron la multitud y dejaron el coche en medio de la calle por la que no circulaba ningún vehículo, ya que la habían cortado por ambas direcciones. Hiro y Aki bajaron del coche y desenfundaron sus armas. Había gente muy asustada cerca de la entrada, probablemente rehenes liberados… Al ver pasar a los agentes, una brizna de esperanza pareció reflejarse en los ojos de algunos de ellos.
-¿Queda alguien dentro?- Preguntó Hiro a un hombre algo mayor que intentaba consolar a su mujer y convencerla de que debían alejarse de allí.
-Una chica… muy joven… y el atracador…- Dijo el hombre mientras la mujer comenzó a llorar desconsoladamente.
-Vayan con el resto de la gente. Una ambulancia vendrá para atenderles- les dijo Aki.
Estos obedecieron y comenzaron a alejarse lentamente sin dejar de mirar de vez en cuando hacia atrás. Les acompañó el resto.
Aki y Hiro se acercaban a la entrada con cautela.
-Aki, permanece a cierta distancia. Necesito que me cubras.
Aki no dijo nada, pero Hiro sabía que no le gustaba quedarse a cierta distancia…
Entraron por la puerta principal y una puerta doble automática se abrió, mostrándoles cual era la situación: un hombre corpulento y no muy alto, con barba y aspecto desaliñado, tenía sujeta con un brazo, rodeándola por delante casi a la altura del cuello, a una chica de unos dieciséis años y con la otra mano la apuntaba con una pistola a la altura de la sién. En el suelo había un guardia de seguridad tendido en el suelo, sobre un charco de sangre que lentamente se hacía más amplio… El atracador miraba fijamente a Hiro y de vez en cuando a Aki. Hiro observó que estaba fuera de sí: temblaba, sudaba y tenía los ojos muy abiertos.
-“Es muy inestable…”, pensó Hiro.
-¡Fuera de aquí! ¡Largo! ¡Os aseguro que la mataré si no lo hacéis!- Gritaba el atracador furioso y desesperado.
La chica, una joven con el pelo negro largo y suelto, vestida con uniforme de instituto, sollozaba en silencio, aterrorizada.
-Déjala. Ya has hecho bastante…- Comenzó a hablar Hiro.
-¡He dicho que os larguéis!- Exclamó, visiblemente nervioso, apoyando la pistola en la cabeza de la chica.
-¡Hiro!- Exclamó Aki.
Hiro elevó el arma. Sabía que era un tipo muy inestable, que en cualquier momento apretaría el gatillo… No podía esperar razonar con un individuo así… Tenía que apuntar y disparar, aunque sabía que era muy peligroso… Y tenía que hacerlo ya…
Pero no lo hizo…
El atracador perdió el control definitivamente y empujó a la chica hacia adelante. En ese instante Hiro lo perdió de vista. Un disparo sonó atronador en la amplia estancia y Hiro vio como atravesaba a la chica por el centro del pecho y le alcanzaba a él en el brazo derecho, el de la mano con la que sostenía el arma… Aki surgió rápidamente a su izquierda y disparó dos veces al atracador en el torso, abatiéndole… La chica cayó hacia delante, como si flotara en el aire, con los ojos muy abiertos y la mirada perdida… A Hiro le pareció que todo se desarrollaba a cámara lenta… No podía quitar la mirada de aquellos ojos por los que se le escapaba la vida… Llegó a tiempo de sostenerla. No respiraba, no se movía… Estaba muerta.
-¡Hiro, estás herido!- Exclamó Aki con preocupación.
Hiro escuchó como pedía una ambulancia. Tenía la mirada perdida, en el horizonte, pero no veía nada…
Llegaron dos ambulancias y refuerzos para controlar la situación. Como les dijo Hiro al personal médico, la bala solo le había rozado. El guardia aún vivía pero estaba muy grave. El atracador había muerto.
Aki se llevó a Hiro rumbo a la comisaría. El joven agente no dijo nada durante largo rato. Finalmente, Aki intentó hablarle.
-Hiro… No hace falta que te diga que no ha sido culpa tuya… Había el peligro de herir a la chica… Aquel tipo había perdido completamente la cabeza…
Hiro no dijo nada, y Aki dejó de hablar. Ambos sabían que aquellas palabras no iban a hacer que dejara de sentirse culpable…
Una vez en la comisaría, varios compañeros se interesaron por como estaban, y les felicitaron por acabar con aquel asesino… Nadie mostró signo de reproche, ya que sabían que era una situación muy difícil de resolver y que era muy fácil que acabara de aquella forma… Pero Hiro se quedó apartado, en su mesa, con el informe delante preparado para rellenar. Aki seguía hablando con varios compañeros que la seguían felicitando y mostrando su apoyo. Desvió su mirada hacia Hiro y, disculpándose, se dirigió hacia él.
-No te preocupes, yo haré el informe- Hiro comprobó que Aki estaba bastante preocupada por él y que no sabía qué hacer para ayudarle, aunque no dejaba de intentarlo…
Lo peor era que, aunque lo veía claramente, no era capaz ni de darle las gracias…
Al cabo de unos minutos, Hiro seguía en el mismo sitio, tras haber recibido el apoyo de varios de sus compañeros. Aki no estaba muy lejos de allí; estaba con una compañera que además era amiga suya desde hacía tiempo. Entonces sonó el teléfono de Aki. Hiro levantó la mirada por primera vez después de largo rato mirando hacia algún punto perdido… Sus ojos y los de Aki se cruzaron cuando esta contestó; inmediatamente, Aki desvió la mirada y se dio la vuelta, como si no quisiera que Hiro la viese. Estuvo hablando durante unos breves instantes y colgó. Hiro tenía una sensación que no le gustaba nada. Era como si estuviera a punto de recibir una mala noticia… Observó en la distancia que su amiga comenzó a hablarle; seguramente le preguntaba quien la había llamado. A Aki no le vio la cara ni la oyó. Pero sí a su amiga…
-¿¡En serio!? ¡Ya era hora! Me alegro mucho por vosotros. Siempre vi que entre vosotros dos había algo más…
Hiro sintió que algo se rompió en su interior. Las palabras no dejaban de resonar en su cabeza y automáticamente ataba cabos… No podía creer lo que estaba pasando. Estaba desesperado. Peor. Buscaba algo… algo a lo que aferrarse en aquel momento espantoso… Pensaba que no podría soportar aquel dolor… Entonces pensó que no tenía más remedio que hacer una cosa…
Se levantó de su silla y se dirigió al despacho de Maze. Aquella fue la última vez que vio a Aki durante cuatro años…

-“Entiendo lo que ha pasado, Hiro… pero no es culpa tuya…”

-“Está bien, respeto tu decisión…”

-“Te dejaré marchar con una condición… Sé que algún día necesitaré tu ayuda… Entonces te llamaré y tú acudirás… ¿De acuerdo?”

-“Imaginaba que esto llegaría algún día… pero creo que te estás precipitando…”

-“Aquí siempre tendrás tus cosas… en tu taquilla… Nadie las tocará.”

-“Buena suerte… Hiro.”


En el presente.

El coche de Hiro se detuvo ante la comisaría de policía. Hacía rato que era noche cerrada. Hiro bajó del coche y se dirigió con paso firme y rápido al interior. No miraba a nadie. No veía a nadie. Solo veía el lugar al que se dirigía. Al entrar en la zona donde estaban situados los puestos de los agentes, divisó la puerta a la que se encaminaba. Mientras avanzaba con la mirada seria y decidida, Aki, que se encontraba de pie revisando un informe a unas mesas de distancia, lo vio pasar y se lo quedó mirando; observó su mirada… Izo que miraba el reloj para ver si llegaba la hora del descanso, vio pasar a su amigo y se dispuso a llamarle… pero se fijó en sus ojos y decidió no hacerlo…
A un lado de la gran sala estaba la puerta que conducía a las taquillas de los agentes. Hiro la cruzó y apenas se encontró con nadie por el camino. Cuando tenía ante él las largas hileras de taquillas estaba completamente solo. Se dirigió a la que le perteneció durante varios años… y que aún le pertenecía. Usó una pequeña llave y la abrió.
-“Ahora sé que huí… Pero no puedo huir eternamente de lo que soy… ni de lo que siento… Ha llegado la hora de comenzar a enmendar mis errores…”
Ante él, en el interior de su taquilla, estaban su placa de agente de policía… y su arma.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 9

                                         Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                     Supervivencia.


-¡¡Ontooo!! ¡¡Ven!! ¡¡Deprisa!!- Gritaba aterrorizada la madre de Onto desde la cocina.
Onto llegó y tropezó con nada cayendo boca abajo como un peso muerto contra el suelo con estruendo.
-¿¡Qué pasa mama!?- Preguntó, doloriéndose.
-¡¡Ahí!! ¡¡Una araña!!
Una arañita de tres milímetros iba subiendo por la pared…
-¡¡Onto, haz algo!!
Pero Onto salió corriendo a tal velocidad en dirección contraria que abrió una brecha en el espacio-tiempo llegando hasta la Prehistoria…
En medio de varios géiseres activos de ácido sulfúrico y con un volcán en erupción tras él, se encontraba  Onto intentando recuperar el aliento.
-¡Por lo menos aquí estaré a salvo!- Dijo mientras cinco enormes Tyrannosaurus Rex hambrientos se aproximaban hacia él a toda velocidad…

Detective Night - Capítulo 9

                                                                DETECTIVE NIGHT

                                                         La identidad de “El Pirómano”.


Hiro regresó a la agencia. Por el camino había estado madurando la conclusión de que el tipo al cual buscaba se trataba de Lerbat Midrah. Cuando hubo aparcado, el móvil sonó. Era Izo.
-Dime, Izo.
-Hiro. Novedades respecto al incendio...
-Te escucho.
-Origen desconocido. ¿Te suena?
-Se trata del mismo individuo...
-Una cosa más. En la casa incendiada se ha encontrado restos de una sustancia rojiza en forma de polvo...
“Confirmado”, pensó Hiro.
-¿Algo más?
-Esto es todo por ahora...
-¿Puedes hacerme otro favor?
-Tú dirás.
-¿Puedes comprobar si la ventana del piso de enfrente pertenece a una casa en alquiler y el nombre del último inquilino?
-Eso está hecho.
-Gracias, Izo. Estaremos en contacto.
-Para eso estamos. Hasta luego.
Hiro estaba ya convencido de que Lerbat Midrah era el responsable de aquellos dos incendios, perpetrados por orden de la organización Omega. Ahora el problema era localizar al ex-profesor de química...
Todos estos pensamientos lo acompañaron hasta llegar a su casa. Cuando entró vio que Mei ya había llegado. Le había proporcionado una copia de las llaves para el caso de que él no estuviese en la agencia para abrirle.
¡Hola, Hiro!- Exclamó con su habitual jovialidad.
-Hola, Mei.
Estaba en la mesa de Hiro (a lo que estaba cada vez más acostumbrado) trabajando con su ordenador portátil, que siempre llevaba en la cartera.
-Esta tarde tengo que estar en la universidad; pero luego volveré un rato hasta la noche.
-Muy bien. ¿Alguna llamada?- Preguntó con tono de imaginarse la respuesta...
-No, ¿qué raro, no?
-Sí, sí... muy raro.
Mei se llevó su ordenador a la otra mesa mientras Hiro dejaba la gabardina. Este “recuperó” su sitio y encendió su portátil. Tenía que buscar información sobre la empresa Quimitechnics.
Durante un buen rato estuvo buscando; primero en la página oficial, la cual no tenía demasiada información concreta, y luego noticias en la prensa, la mayoría económicas. Lo que sí tenía era la dirección del edificio central. Hasta ahí debía ir.
Hiro se dispuso a salir de inmediato hacia allí. Se despidió de Mei y bajó a la calle. El edificio al que se dirigía estaba un poco lejos, casi fuera de la ciudad, en un polígono industrial.
Debido al abundante tráfico tardó bastante más de lo que pensaba en llegar a su destino. Por fin, ante él aparecía un edificio con una forma muy particular, con enormes chimeneas metálicas, y extensiones que parecían haber sido añadidas a posteriori. Parecía un motor de coche, tal y como pensó Hiro...
Entró en recepción y miró a su alrededor. Gente que iba y venía, todos trabajadores de oficina. Probablemente los empleados que manipulaban la maquinaría y los productos químicos entraban por otra parte. Pensó unos instantes lo que le preguntaría a la mujer de recepción, delgada, con gafas, media melena rubio oscuro y movimientos rápidos, con el ordenador, el teléfono... Hiro se acercó. Durante un buen rato la mujer pareció ignorarlo, ocupada en mil cosas a la vez. Finalmente se dirigió a él.
-Buenos días.
-Buenos días. Estaba buscando a Lerbat Midrah- decidió que no era necesario andarse con rodeos...
La mujer se lo quedó mirando unos instantes, con los ojos abiertos... Hizo unas consultas en el ordenador y en unos papeles y habló, como eligiendo muy bien sus palabras...
-El señor Midrah ya no trabaja aquí.
-¿Y podría decirme cuando dejó de trabajar en la empresa y adónde fue?
La mujer se lo quedó mirando unos segundos más, pensando lo que iba a decir. Hiro empezó a sentirse cada vez más incómodo…
-No puedo decirle más...- dijo mirando hacia abajo.
Hiro sabía que le estaba mintiendo; pero sabía que tampoco podría sacar nada más...
-Bueno... Gracias por todo. Hasta luego- dijo comenzando a alejarse.
-Buenos días- dijo la mujer, por “obligación”, sin dejar de mirar hacia abajo.
Hiro sintió que debía salir de allí cuanto antes...
Fue al aparcamiento, mirando en todas direcciones, sin ver a nadie. Subió al coche, arrancó y salió al exterior, alejándose todo lo deprisa que pudo. Comprobó por los espejos retrovisores que no saliese ningún coche de la zona del edificio... y que no le siguiera.
“Creo que he dado un paso en falso”, pensó Hiro con rabia. Ahora era consciente de que debía darse prisa en dar con su objetivo...
Cuando se internó más en la ciudad decidió aparcar y entrar en el primer bar que encontrara. En ningún momento dejó de comprobar que nadie lo seguía, ni lo vigilaba...
Dentro del local, y tras pedir un refresco y sentarse en la barra, sacó su móvil y se conectó a la red. Buscó en la lista de direcciones oficial de Blue City la correspondiente a Lerbat Midrah. De vez en cuando, levantaba la mirada para ver si sorprendía a alguien mirándole... No conseguía tranquilizarse. Encontró lo que buscaba. Sabía que podía ser una dirección ya en desuso, pero era lo único que le quedaba... Guardó la dirección en la memoria y se bebió el refresco, intentando tranquilizarse y sin apartar la mirada de la calle.
Cuando pasó una media hora salió del bar y fue a buscar su coche de nuevo. Al no ver nada anormal durante todo ese rato, parecía que se iba calmando... Se dirigió de nuevo rumbo a la agencia. Era la hora de comer, pero él no tenía hambre...
Al llegar, antes de abrir la puerta ya pudo percibir un olor delicioso; sin duda, procedía del interior... Cuando entró vio dos platos servidos en la mesa y a Mei en el sofá, aún con el delantal puesto, mirando la televisión. Hasta ese momento no se había dado cuenta de la presencia de Hiro.
-¡Hola! ¡La comida está lista!
Hiro se acercó y se la quedó mirando. Tenía la sensación de que conocía a aquella jovencita desde hacía mucho tiempo. Se dio cuenta de que conocer a Mei era una de las mejores cosas que le había pasado en los últimos años...
-Gracias- dijo con toda la sinceridad que pudo.
Mei incluso se vio afectada por el agradecimiento de Hiro...
-No hay de qué...- Dijo suavemente, bajando la voz.
Ambos intentaron volver a la “normalidad” y comieron las delicias preparadas por Mei. Hiro se dio cuenta, al cabo de un buen rato, que no había estado pensando en la preocupación que le perseguía antes de llegar a la agencia. Hasta ese momento...
Al rato, Hiro se dispuso a irse.
-Hasta luego, Mei.
-¡Hasta luego, Hiro!- Dijo con una amplia sonrisa, como de costumbre.
Hiro la miró unos segundos al tiempo que sonreía también. Durante unos instantes, pensó en decirle algo, no sabía qué... pero, finalmente, salió por la puerta dejando a Mei en la agencia. Fue a su coche y puso rumbo a la dirección guardada en el móvil.

Ya no miraba en todas direcciones para comprobar si le seguían. De todos modos... Llegó a la urbanización a la que pertenecía la dirección: varias filas de casas individuales de dos pisos; una de aquellas calles era a la que se dirigía.
Aparcó donde pudo y bajó del coche. Comprobó una vez más la dirección y buscó el número correspondiente. Cuando al fin se encontraba ante la casa comprobó lo que ya se imaginaba: ahí probablemente no vivía nadie. Era lógico pensar que su domicilio fuese ahora un lugar secreto... Aún así quería entrar por si encontraba alguna pista.
Utilizó una ganzúa especial que le había sido muy útil en varias ocasiones. No le costó demasiado abrir la puerta de la verja; ni tampoco fue problema la puerta de la entrada principal. Cuando pasó al interior podía oír el eco que producían sus pasos. La casa estaba completamente vacía. Miró una por una todas las estancias, pero no encontró nada. Subió las escaleras y buscó por las habitaciones. Nada de nada. Observó una puerta que parecía subir a la azotea, pero detrás había una puerta de barras metálicas cerrada que impedía el paso. Hiro decidió que ya había visto suficiente... Salió de la casa.
En el exterior se quedó pensando un rato. Ahora ya no sabía como seguir. Entonces sonó el teléfono. Llamaba Izo.
-Hiro. Tengo el nombre.
-Adelante.
-Albert Damihr.
Hiro guardó silencio unos instantes; entonces abrió los ojos de par en par al darse cuenta de algo...
-Gracias Izo. Estamos en contacto.
-De nada. Espero que te sirva.
Le servía más de lo que Izo se imaginaba... Sacó rápidamente una libreta y se puso a escribir el nombre que le había proporcionado Izo y que ya conocía: “Albert Damihr”; y entonces volvió a escribir otro nombre utilizando las mismas letras cambiadas de lugar: “Lerbat Midrah”. ¡Era él! Ahora ya tenía la confirmación que necesitaba. “Solo” quedaba encontrarle...
Hiro decidió que iría a la comisaría de policía para intentar averiguar algo en su base de datos. Comenzó a caminar hacia donde tenía aparcado su coche.
Unos ojos llenos de odio lo seguían mientras se alejaba. Una figura cubierta con una gabardina gris y un sombrero del mismo color, que no dejaban nada más al descubierto que una furibunda mirada, se encontraba de pie en la azotea de la casa a la que había accedido Hiro hacía unos minutos...
Hiro tenía una extraña sensación que poco a poco se iba haciendo más fuerte. No le gustaba nada...

Pasó bastante rato en la comisaría buscando información tanto de Lerbat Midrah como de Albert Damihr; pero no obtuvo nada que no supiera ya o que le fuera de utilidad.
Decidió ir un rato a un bar para intentar poner su mente en orden. Comenzaba a atardecer.

Cuando regresaba a la agencia ya iba habiendo cada vez menos luz... y más tráfico. Tardó mucho más de lo que pensaba en llegar...
Aparcó y bajó del coche. En el momento que cerró con llave una aguda sensación de que algo no iba bien invadió al detective. Tenía que volver a casa ya...
Hizo el camino de regreso lo más rápido que pudo, casi corriendo... La sensación de urgencia no hacía más que aumentar...
Cuando al fin se encontró ante la puerta de la agencia dudó unos instantes antes de abrirla...
Al entrar le sorprendió encontrarlo todo a oscuras… Mei debería estar todavía… Encendió la luz y vio horrorizado como la mesa que había delante del televisor estaba volcada y el sofá desplazado de lugar. Pero lo peor fue comprobar como las cosas de Mei estaban esparcidas por el suelo…
Hiro miró desesperado en todas direcciones. Algo llamó su atención: sobre su mesa había un objeto que no recordaba haber dejado allí… Fue corriendo tropezando con la mesa caída y cogió el objeto atropelladamente. Se trataba de un paquete rectangular de 20x10 centímetros y unos cinco de grosor. Tenía algo escrito; Hiro pudo leerlo con la luz que llegaba de la calle:

“Si quieres recuperar a la chica, dirígete al edificio abandonado del barrio industrial nº 4; es el más alto de todos. El fuego te mostrará la localización exacta.”

-¡Maldita sea!- Exclamó Hiro apretando el puño que no sujetaba el paquete.
Entonces comenzó a percatarse de un sonido repetitivo que se escuchaba muy bajo; era un sonido consistente en breves pitidos. Le dio la vuelta al paquete y vio sorprendido como una cuenta atrás en un marcador digital de números rojos iba ya por el 10. 9, 8…
Hiro levantó la vista y comprobó que las ventanas estaban cerradas. 7, 6, 5…
Con todas sus fuerzas se preparó para lanzar el paquete a través del cristal… aún sabiendo que aquello podría provocar la explosión… 4, 3, 2…
No había tiempo para más… Lanzó el paquete, el cual atravesó el cristal e intentó retroceder cubriéndose con el brazo. 1, 0…
Una explosión de llamas iluminó el exterior y destrozó el resto de cristales de las ventanas. Hiro apartó la vista del fuerte resplandor flamígero. Se quedó mirando el fuego suspendido en el aire, quedando su mirada iluminada por el mismo.
Entonces comprendió que había llegado la hora de enfrentarse a su pasado…

jueves, 17 de noviembre de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 8

                                         Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                  Onto, el cantautor


Se celebraba un casting para ingresar en un famoso programa de televisión en el que se competiría por ver quién era el mejor cantante. Tras pedírselo unas catorce mil millones ochocientas treinta y cuatro mil cuatrocientas ochenta y siete veces, la madre de Onto accedió a darle permiso para presentarse… Y acompañarle. No le gustaba nada… nada de nada…
Los diferentes participantes habían mostrado un buen nivel… Y ahora le tocaba a Onto. Su madre estaba sentada en la zona del público, temblando y sudando… Aquello no le gustaba nada, de nada, de nada…
Onto estaba en medio del escenario. Le habló uno de los tres miembros del jurado.
-Muy bien. Nombre.
-¡Me llamo Onto y canto que lo flipas!
Los tres componentes del jurado se cruzaron miradas. La madre de Onto miró al techo y cerró los ojos…
-Bien, Onto, ¿qué nos vas a cantar?
-¡Una canción que he hecho yo! ¡Pero la he hecho yo, eh!
Nuevamente hubo un cruce de miradas. La madre de Onto buscó la salida de emergencia con ojos que reflejaban una evidente preocupación en aumento…
-Bien, Onto. Canta.
Y Onto cantó…
-¡BUOUOUOUOOOO, BEIBI COM BUIZ MI, BEIBI!
Un miembro del jurado se puso a vomitar. La madre de Onto negaba con la cabeza…
-¡¡BUUUOOO, MAI JART!!
Otro de los jueces se escondió debajo de la mesa y se puso a llorar, aterrorizado. La madre de Onto comenzó a sonreír, cada vez más ida…
-¡¡¡BEIBI, BEIBI, BEIBI, BEIBI, OOOOOH BEIBI, BEIBI, BEIBI…!!!
El juez que había hablado con Onto desde el principio se tapaba inútilmente los oídos. Los equipos de sonido comenzaron a cortocircuitarse y los focos iban explotando. La madre de Onto reía frenéticamente con la boca desencajada y la mirada perdida…
-¡¡¡Ya es suficiente!!! ¡¡¡BASTAAAA!!!- Gritaba el juez, sin oírse a si mismo…
-¡¡¡¡¡BEIBIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!


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Detective Night - Capítulo 8

                                                                DETECTIVE NIGHT

                                                            Investigación en la U.B.C.


Al día siguiente de la resolución del caso del cofre, todo pareció volver a la normalidad. Es decir, ningún mensaje en el contestador... Era ya mediodía y Mei aún no había llegado. Hiro había utilizado la mañana para resolver algunos “asuntos económicos” pendientes, gracias al pago de la señora Moore por los servicios prestados. En el banco no se lo podían creer cuando vieron aquellas monedas de oro tan antiguas...
Desde el día anterior, no había parado de darle vueltas a la cabeza respecto al resultado del análisis del polvo rojo. Pero aún no se había detenido a analizarlo en profundidad y empezar a colocar las piezas del rompecabezas... Pensó que aquel era un buen momento.
-“Muy bien. Tenemos un compuesto desconocido, formado por unos componentes conocidos y otros no identificados. ¿Quién está capacitado para hacer algo así? Obviamente, alguien con conocimientos en química. Tiene que ser alguien que se encuentre en esta ciudad y, como mínimo, desde hace algún tiempo; es decir, alguien de quién haya constancia en algún documento oficial. Doy por hecho que el que ha elaborado el polvo rojo es el mismo que ha efectuado los dos asesinatos, ya que, probablemente, no lo confiaría a otro después de haberse tomado tantas molestias... También es de suponer que el que lo manipula tiene que tener concimientos precisos sobre cantidades y precauciones, porque estamos hablando de un compuesto incendiario de gran poder destructivo... Volviendo al tema de quién está capacitado para elaborar algo así, ¿quienes tienen conocimientos en química? Hay dos opciones: una, que sea alguien autodidacta, bastante común en estos casos; o, alguien que ha cursado estudios en la materia. Es más, podría ser incluso un profesor... De instituto o de universidad. En este último caso sería alguien que ya no ejerce como tal, para tener dedicación completa a sus nuevas “actividades”...”
Hiro decidió que comenzaría a indagar por esta última posibilidad. Se dirigió a su mesa y encendió el ordenador portátil que tenía cerrado a un lado. En ese momento tocaron a la puerta. Seguramente se trataba de Mei. Hiro se levantó para abrir, dándose cuenta por el camino de que estaba contento porque la joven siguiese viniendo, después de la situación de peligro vivida el día anterior...
-¡Hola, Hiro!- Exclamó, sonriente y alegre, como de costumbre.
Esto tranquilizó a Hiro. Comprobó que no estaba en absoluto afectada...
-Hola, Mei. ¿Cómo estás?
-¡Genial!- Dijo al tiempo que entraba como la primera vez que lo hizo.- ¿Has desayunado?
-La verdad es que no...
-¡Cómo que no! ¿¡Cómo piensas resolver casos en estas condiciones!?
-Estooo...- Hiro se sorprendió viéndose reprendido, con una mano en la nuca y bajando la mirada, sin saber que decir...
-¡No te preocupes! Prepararé algo ahora mismo.
Mei observó que Hiro estaba utilizando el ordenador en su mesa, de modo que dejó su cartera sobre la mesa situada entre el sofá y la televisión, y se dirigió a la cocina canturreando algo que Hiro no llegó a escuchar bien.
Hiro regresó a su mesa. El salvapantallas estaba activado: pistolas de varios tipos y diferentes modelos de coches, en pequeño tamaño, iban apareciendo aquí y allá, hasta que, finalmente, una imagen de dos policías de ficción, uno blanco y uno negro, rodeados de otros personajes, criminales y algunas mujeres despampanantes, con un fondo lleno de explosiones, más coches y una ciudad detrás llenaba la pantalla. Era la serie de televisión favorita de Hiro desde que era un niño; hacía ya años que acabó, pero, de vez en cuando, la volvía a ver entera... Movió el ratón y accedió a la red.
Hiro tenía acceso a un buscador especial de la policía. Comenzó pidiendo un listado de los institutos de Blue City: 12. A continuación solicitó un listado de los profesores de química de cada centro de los últimos cinco años. Eligió este margen temporal porque pensó que alguien que crea un compuesto así puede necesitar bastante tiempo para ello... pero al mismo tiempo se le exigirá que lo complete cuanto antes al pertenecer a una organización como aquella. Ya tenía la lista y la cifra: 307. Debía efectuar una criba. Descartó todos aquellos que aún estaban en activo, y el resultado ahora era de 23. Pero comprobó que la mayoría eran jubilados y algunos habían fallecido... Algo le decía que por aquí no llegaría a donde quería ir. Solo le quedaba la Universidad de Blue City. Comprobó, al igual que antes, el número de profesores de los últimos cinco años de la facultad de química: 82. Ahora tenía que hacer el mismo descarte que había llevado a cabo hacía unos minutos: 4. Un jubilado... y los otros tres solicitaron la excedencia. Hiro sospechó que, entre aquellas tres personas, era muy probable que se encontrara el individuo al que estaba buscando... Ahora la búsqueda de información se centró en aquellos tres profesores que ya no ejercían como tales: Thomas Range, 48 años; Julius Jefferson, 37 años; y Lerbat Midrah, 41 años. Prácticamente no encontró nada más... Había algo en aquellos nombres que le llamaba la atención... pero no sabía decir qué era.
-“No me quedará más remedio que ir a la universidad...”
En ese momento apareció Mei trayendo algunos platos a la otra mesa, que, al levantarse y aproximarse, Hiro comprobó que tenían una pinta deliciosa... Se sentaron ambos en el sofá  después de que Mei terminara de traer un par de refrescos.
-Mei...- Dijo Hiro con la boca llena, intentando tragar antes de seguir.
-¿Sí?
-Me alegra que estés aquí- dijo, mientras saboreaba y disfrutaba de la comida.
-Ji, ji, ji... –rió Mei al tiempo que se tapaba la boca con el dorso de la mano, colorada...
El resto del día transcurrió como tantos otros en la vida reciente de Hiro, ya que Mei se tuvo que ir antes para hacer un trabajo de una asignatura; es decir, el teléfono en silencio... Siguió buscando información en la red sobre expertos en química, pero los resultados arrojados le hacían seguir decantándose por la opción de que se tratara de uno de los tres ex-profesores... Decidió, definitivamente, que al día siguiente a primera hora estaría en la facultad de química de la universidad para investigar sobre el terreno...

Tal y como había decidido el día anterior, se levantó muy temprano (a su pesar), se preparó y se dirigió rumbo a la universidad. Todo aquello le traía recuerdos de su época de estudiante; aunque él solo llegó a estar dos años en la facultad... Se había decantado por la Psicología, materia que le gustaba mucho; de hecho, tenía bastantes libros sobre el tema, algunos leídos más de una vez, y en alguna que otra ocasión había pensado en volver... pero le parecía una vida que no pegaba con él. A veces se daba cuenta de que, al ser detective, llevaba a cabo acciones propias de las dos opciones que siempre había barajado desde que era un niño: el ser Agente de Policía y la Psicología. Todos estos pensamientos tuvo tiempo de desarrollarlos ampliamente por el camino, ya que la Universidad de Blue City se encontraba en las afueras de la ciudad, no muy lejos, pero había que seguir una carretera que, sobretodo a aquellas horas de la mañana, se saturaba de tráfico, haciendo que el, en realidad, corto trayecto se pudiera llegar a convertir en una odisea... y si encima llovía como aquel día la cosa empeoraba sobremanera.
Finalmente llegó. La universidad estaba compuesta por varias facultades, que eran edificios independientes, repartidos en una amplia extensión de terreno. Tenía unas completas instalaciones deportivas, un biblioteca enorme de dos pisos, un salón de actos... y todo lo que una universidad puede necesitar y ofrecer.
Hiro no recordaba muy bien por donde quedaba la facultad de química, por lo que decidió aparcar en una zona muy extensa habilitada para ello y seguir buscando a pie. Ya había parado de llover. Caminar entre los edificios era parecido a hacerlo por los bulevares de una gran ciudad, con zonas de césped, algunos mini-lagos artificiales, y muchos árboles por las aceras. Hiro pensó con nostalgia que la verdad es que se trataba de un sitio bastante agradable; comprobó que pocas cosas habían cambiado: alguna nueva facultad y remodelaciones de algunos trazados y exteriores. Cuando llevaba un rato caminando, vio acercarse ante él a tres chicas de más o menos la edad de Mei que iban hablando sobre asignaturas, exámenes, etc.; quizás más jóvenes. Hiro se paró delante de ellas.
-Hola, chicas. Perdonad que os interrumpa- Las chicas se detuvieron y dejaron de hablar.- ¿Podríais decirme donde se encuentra la facultad de química, por favor?
La chica del centro, una joven rubia con gafas, se adelantó a sus compañeras, que se lanzaban miraditas...
-Es aquel edificio de allí- dijo señalando el otro extremo de la universidad.
Hiro miró.
-Vaya, es un paseo... Muchas gracias- dijo sonriéndolas y comenzando a caminar.
Tras él pudo oír risitas y comentarios por lo bajo que no llegó a escuchar claramente...
Cuando no faltaba mucho para llegar, pasó al lado de una cafetería medio llena por alumnos y algún que otro profesor. Al sentir hambre y darse cuenta de que aún le pesaba el madrugón decidió ir a tomarse un café y algún (o algunos) bollos... y si eran rellenos mucho mejor.
Dicho y hecho. Ahora se sentía con energías suficientes para comenzar las pesquisas...
Por fin, ante él, la facultad de química de la Universidad de Blue City. Ya hacía rato que había salido el sol. Al entrar en el amplio vestíbulo, la notable ausencia de alumnos por los alrededores le indicaba que era horario de clase. Se aproximó a un tablón en el cual se podía ver un plano completo del edificio. Encontró lo que buscaba: los despachos de los profesores. Debía ir al segundo piso, al ala este. Nadie le hizo preguntas, como suele pasar en la universidad; debían pensar que se trataba de un profesor... o un alumno muy repetidor. Al llegar, y teniendo que disimular en ocasiones cuando pasaba alguien, fue recorriendo una a una las puertas de los despachos, comprobando el nombre que figuraba en cada una de ellas. Cuando hubo recorrido todos los pasillos y pasado delante de todos los despachos, comprobó que en ninguna de las puertas se podía leer ninguno de los tres nombres, como era de esperar... pero era una comprobación que tenía que hacer.
En ese momento se aproximaba por el pasillo un hombre de mediana edad, con evidentes entradas en su pelo negro con algunas canas, vestido con ropa “típica” de profesor, con americana marrón, pantalones grises y zapatos de un marrón más claro. Llevaba un maletín.
- “No hay duda, es un profesor.”
Hiro pensó además que, debido a su edad, probablemente tendría bastante información que proporcionarle...
-Disculpe- Dijo Hiro levantando la mano.
-¿Mm?- El hombre lo miró extrañado.
-Verá, soy un antiguo alumno y venía a visitar a tres profesores que tuve en su día... pero veo que ya no tienen despacho...
El hombre lo miró con cierto recelo.
-Yo llevo bastante tiempo por aquí y no le recuerdo, joven...
Hiro vio que le había tocado un hueso duro de roer...
-Sí, bueno... Es que solo estuve un año...- Hiro esperaba que aquello bastara para convencerlo...
-¿Y qué profesores son esos?
Parecía que había colado, pensó Hiro...
-Uno es Thomas Range.
-¡Ah, sí! ¡Thomas! Me temo que está muy lejos de aquí... Se casó y se fue a otro país, de donde es su mujer.
“Este no es”, concluyó Hiro.
-También buscaba a Julius Jefferson...
Aquí le cambió la cara a aquel hombre. Se puso más serio.
-Creo que le tocó la lotería... Y no volvimos a saber nada de él. Sí señor, eso es vocación...- Dijo con evidente sarcasmo.
“Si este tampoco es...”
-Lerbat Midrah...
Y ahora sí que le cambió la cara de verdad. Abrió los ojos de par en par y su expresión era mezcla de furia y miedo...
-Joven... Estoy seguro de que si supiera lo que aquel desgraciado hizo no le estaría usted buscando para saludarlo...
“¡Es él!”.
-¿A qué se refiere?
El hombre guardó silencio, dudando si contestar o no. Finalmente, con cierta resignación, comenzó a hablar.
-Hace un año y medio, cuatro alumnos suyos, tres chicos y una chica, estaban en el laboratorio haciendo prácticas... pero se trataba de una práctica diferente. Para que nos entendamos, no la hubiese aprobado el jefe de departamento que estaba por encima de Midrah.
Hiro asentía, escuchando atentamente.
-¿Y qué ocurrió?
-La verdad es que no se sabe mucho al respecto... la versión oficial es que los alumnos realizaron mal una mezcla y se produjo una enorme explosión que arrasó el laboratorio y las aulas colindantes... En aquellos momentos, avanzada la noche, solo estaban ellos cuatro... pero no sobrevivieron.
Hizo una pausa negando con la cabeza y conteniendo algo de emoción. Continuó con los ojos húmedos.
-Según dicha versión oficial, los alumnos no siguieron las instrucciones correctamente y se saltaron varias medidas de seguridad. Midrah quedó destrozado y se retiró... Pero la versión no oficial, y la que yo creo que es la auténtica...- Iba aumentando el volumen de voz al tiempo que se iba enfureciendo cada vez más- ...es la que habla de que los mejores alumnos de Midrah estaban manipulando un compuesto ideado por él mismo y les utilizó para experimentar con ello, con la excusa de que se trataba de un trabajo... Les prometería un aumento de nota o algo así... Y tras el accidente pidió la excedencia porque había sido contratado por una importante empresa química... Quimitechnics, creo...
Parecía que aquel hombre no podría hablar más...
-Muchas gracias... Creo que me iré a casa...
El hombre asintió sin mirarle y siguió su camino, intentando recomponerse...
Cuando se hubo marchado, Hiro decidió que ya había terminado lo que había ido a hacer allí.
-“Lerbat Midrah... ¿Es él “el pirómano”?