sábado, 27 de octubre de 2012

Detective Night - Capítulo 16

DETECTIVE NIGHT

Al acecho.


La oscura y cerrada estancia en la cual, a pesar de todo, se podía distinguir el desorden reinante, tan solo quedaba iluminada por el resplandor de la pantalla de un ordenador. Ante la misma, el tipo con gafas, un hombre de treinta y muchos años, permanecía concentrado tecleando sin parar, con el ceño fruncido y en tensión; apenas podían distinguírsele los ojos tras aquellas lentes que reflejaban la pantalla con toda su artificial luminosidad… Tras él, a cierta distancia, callado, con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina, aguardaba “El Rastreador”, mirando hacia su alrededor con creciente impaciencia…
-¿Todavía no tienes nada?- Preguntó intentando controlar el tono de su voz…
El tipo que permanecía sentado se detuvo un instante y giró la cabeza lo suficiente para dirigirse a aquel individuo que no le gustaba nada…
-Ya te he dicho que no sería rápido… ni fácil. Tengo que ir con cuidado para que no se presente aquí una brigada entera de policía…
El tipo de la gabardina emitió un chasquido con la lengua mostrando su fastidio.
Transcurrieron largos minutos. El hacker paró de teclear y se quedó mirando fijamente la pantalla.
-Perfecto. Ya lo tengo- dijo con un controlado tono triunfal.
Al escucharlo, el otro individuo volvió de su ensimismamiento y se aproximó de inmediato.
-¿Y bien?- Preguntó prestando mucha atención.
El hacker se frotó la barbilla.
-Habrá un “agujero” en la seguridad de aquí a diez días.
“El rastreador” se irguió, sin variar su expresión y mirada implacables desde la oscuridad que le proporcionaba su sombrero de ala.
-Diez días…- Repitió, valorándolo…
-De todos modos, lo difícil ya está hecho. Será más rápido de aquí a ese tiempo- el hacker hablaba sin molestarse en ocultar cuanto confiaba en sus habilidades…
El tipo de la gabardina guardó silencio unos instantes y, sin decir nada más, se encaminó hacia la salida, abriendo la puerta y marchándose, ante la atenta mirada del otro, que había quedado de espaldas a la luminosa pantalla, asegurándose de que aquel individuo, por fin, se había ido del todo…

Hiro se encontraba sentado ante su mesa reclinado hacia atrás en la silla, en equilibrio, y mirando al techo. Era mediodía. Aún evocaba el encuentro con Yuri que había tenido lugar hacía ya tres días. Desde entonces, no había parado de recordar momentos del pasado. Hiro no podía ocultar una ligera sonrisa al acordarse del momento en el que se despidieron y en el que Yuri le dio su nuevo número de teléfono; la chica le había dicho que, si le apetecía, podían quedar algún día para ir a tomar algo. Era muy probable, pensaba el joven, que hiciera uso de dicho número en breve...
Entonces sonó la puerta. La primera vez desde hacía días. Y, estaba seguro, se trataba de Mei. Hiro se dirigió hacia la entrada para abrir.
-Hola Mei, ¿cómo estás?- Preguntó a la chica, que no había vuelto desde que le dijo que había salido del hospital…
Como respuesta, Mei se limitó a sonreír… Aunque, por primera vez, Hiro percibió que le costaba hacerlo… Definitivamente, algo había cambiado.
La chica entró intentando aparentar normalidad. Intentó ser ella misma, la de costumbre.
-¡Uff! Hoy ha sido un día agotador… Entre las clases y los trabajos… Oye, Hiro… ¿Podría utilizar la ducha?- Preguntó con una mirada que a Hiro le pareció… se le pasó por la cabeza que era… insinuante.
Pero no podía ser, pensó, tragando saliva…
-Claro, claro… Ya sabes donde está…- Se apresuró a decir el joven intentando aparentar naturalidad… sin demasiado éxito…
Mei se dirigió al baño dejando a Hiro solo. El joven intentaba calmarse buscando cosas en las que ocuparse en aquellos momentos…
Entonces sonó el portero automático. Hiro se dirigió, extrañado, a contestar. Cuando se encendió la pantalla, no estaba seguro de creerse lo que estaba viendo.
-¿Eeh, quién es?- Preguntó sin atreverse a afirmar lo que ya sabía…
-Hiro… Soy Aki.
Hiro no se equivocaba. Era ella. No se lo podía creer…
-¡Ah, hola Aki! ¡Te abro!- Dijo pulsando el botón de inmediato y “revisándose” acto seguido su aspecto general, y el de la casa…
A medida que transcurrían los segundos, notaba como los nervios crecían en su interior, deseando que Aki llegase ya antes de que le diera algo…
Cuando oía los pasos de la joven aproximarse, abrió la puerta intentando controlarse…
-¡Hola! ¿¡Cómo estás!?- Ya se estaba embalando…
-Hola…- Dijo Aki, con un tono apagado y una casi imperceptible sonrisa.
Hiro, con un gesto de la mano, la hizo pasar y cerró la puerta tras ella.
-¿Quieres tomar algo?- Se ofreció el joven.
-No… No gracias…- Hablaba sin mirarle directamente. Hiro percibió que no era la misma que había visto la última vez en la comisaría…
-Bueno, pues… Me alegro de verte…- El joven no sabía exactamente qué decir…
Entonces, cuando Aki, con visible esfuerzo, se dispuso a decirle algo a Hiro…
-Hiiirooo- le llamaba con voz cantarina (aunque no precisamente alegre) Mei llegando hasta donde se encontraban Hiro y Aki.
En ese instante, ambos se giraron y a Hiro se le pusieron los ojos como platos: Mei caminaba, de forma resuelta y contoneándose, llevando tan solo su ropa interior de encaje blanco… Se había quitado las gafas y llevaba el pelo suelto, por el cual se pasaba la mano haciendo que su larga melena ondeara al aire.
Sin que Hiro se diera cuenta, a Aki le cambió la mirada, fulminando momentáneamente a aquella niña descarada… Mei lo advirtió y se mostró más desafiante si cabía…
-Me… Me… Mee… Mei…- Consiguió decir el joven con la boca desencajada…- Pero… Pero… Estás… Es decir, no llevas…- Nada… No había manera…
-¿Dónde guardas las toallas limpias?- Preguntaba ignorando totalmente a Aki.
Hiro se había quedado sin palabras cuando tuvo a la chica delante, mostrando casi por completo sus encantos…
Entonces, Hiro reaccionó y se giró hacia Aki. Para su consternación, la joven iba camino de la puerta.
-Aki…- Comenzó a decir, levantando una mano suplicante…
La joven se detuvo.
-Tengo que irme. No quisiera molestar- dijo secamente sin siquiera girarse e inmediatamente agarrando el pomo de la puerta.
-Pero… Pero… Aki…- Hiro notaba que perdía las fuerzas…
-No te preocupes. No era nada importante- contestó sabiendo lo que el joven le intentaba decir.
Mei observaba la escena sin decir nada, como si estuviera comprobando que todo salía como tenía previsto…
-Adiós- dijo Aki, sin girarse, abriendo la puerta y cerrándola al salir, siendo evidente que había hecho un gran esfuerzo por no dar un portazo…
La desolación crecía en el interior de Hiro a medida que escuchaba los pasos de la joven alejarse… tal vez por última vez…
Mei no podía ocultar su satisfacción… Aunque no era completa al ver cómo se había quedado Hiro.
-¿Te encuentras bien, Hiro?- Preguntó, haciéndose la inocente.
Hiro cerró los ojos con resignación… y entonces se acordó de que tenía a Mei detrás casi desnuda… Procurando no mirarla (con gran esfuerzo) señaló hacia el pasillo por el que había llegado la chica.
-La habitación de al lado del baño… En el armario pequeño hay toallas…
-¡Gracias!- Exclamó la joven, mostrándose contenta (aunque de forma nada natural) mientras se alejaba dando ligeros saltitos hacia la habitación donde le había señalado Hiro.
El joven, cuando Mei estuvo fuera del alcance de su vista, se dirigió lentamente hacia el sofá y se dejó caer como un peso muerto… Cerró los ojos y quiso desaparecer…

Al llegar el día “acordado”, el tipo de la gabardina se encontraba de nuevo en aquella oscura y desordenada habitación iluminada solamente por la pantalla del ordenador que manejaba el tipo de las gafas de lentes redondas; este vestía más o menos igual que la última vez y parecía más delgado…
-Creía que habías dicho que esta vez sería más rápido…- Dijo el tipo de la gabardina, que permanecía con los brazos cruzados, comenzando a impacientarse una vez más…
El hacker no dejaba de teclear…
-Esto requiere su tiempo…- Contestó, irritado…
Tras unos minutos, el hacker terminó de teclear.
-Muy bien… Dentro de veinte segundos se abrirá la “puerta”… Es hora de introducir la información…
-Sky Grey del 96- dijo “El Rastreador” de memoria.
El otro tipo introdujo los datos y dio una última y enérgica pulsación, permaneciendo, a continuación, a la espera… Al cabo de los segundos que restaban, apareció la información buscada.
-¡Ahí está! El dueño del vehículo es…- Se detuvo de golpe, aterrorizado…
“El rastreador” hizo un chasquido con la lengua y negó con la cabeza. El otro comenzó a girar lentamente la cabeza, con el rostro transfigurado por el miedo, temblando y sudando… Deseaba, en vano, que aquel tipo no le hubiese oído…
-¡Haré… Haré como que no he visto nada! ¡Por favor! ¡Ha sido un descuido!- Imploraba inmerso en la desesperación…
El tipo de la gabardina descruzó los brazos y se aproximó al otro extrayendo algo de debajo de su gabardina…
-Ya sabes cuáles son las normas- le recordó mientras le apuntaba con una pistola…
-¡Por favor! ¡Nooo!- Gritó el tipo…
Y fue lo último que hizo. El tipo de la gabardina apretó el gatillo y se produjeron un fogonazo y un estruendo. El disparo había atravesado la frente del hacker, que aún permanecía con los ojos muy abiertos mientras se desplomaba hacia el suelo, boca abajo… Las gafas cayeron también, resquebrajándose una de las lentes… Aún salía humo de la culata. “El rastreador” miró con alerta a su alrededor, escuchando atentamente por si alguien había oído el potente ruido… Tal y como pensaba, en aquel edificio, si alguien lo había oído, ni se había inmutado; probablemente ya estaban acostumbrados a cosas así…
“El rastreador” apartó la silla, que chocó contra el cuerpo inerte del hacker, y se aproximó a la pantalla… Si aquel estúpido no se había equivocado, tan solo permanecería la información en pantalla durante unos instantes… Esperaba que aún siguiera allí…
Y seguía allí. Una fotografía y un nombre: Hiro Red.

Hiro lo había pasado francamente mal durante los últimos días. No tenía ganas de nada; había descuidado su alimentación; casi no salía… Todo esto, unido a la habitual falta de clientes, hacía que el joven se viera inmerso en una especie de mundo triste y lóbrego del que pensaba que no iba a salir ya… Y, por supuesto, no había tenido nuevas noticias de Aki. Ni siquiera Mei había vuelto desde aquel día.
En aquellos momentos, se encontraba tumbado, como había tomado últimamente la costumbre, en el sofá de la sala, con la misma ropa de hacía días, la de dormir, sin afeitar y con varias cajas de pizza vacías por la mesa y latas de refresco por el suelo. Suponía que sería por la tarde, ya que permanecía con las persianas casi echadas del todo desde hacía un tiempo. Miraba al techo; tenía la sensación de que, durante aquellos días, había dormido suficiente para el resto de su vida… como si de aquella manera la tristeza pudiera olvidarse… Pero no era así. Aunque ya empezaba a estar harto de mirar hacia el techo; el mismo punto cada día… Notaba que su cuerpo le pedía movimiento…
Con gran esfuerzo, consiguió incorporarse; pero esta vez no iría al baño o a la cocina… y volvería de inmediato a su “refugio”… Necesitaba reaccionar…
-Ya sé lo que haré… Debo ir allí- Resolvió.

El tipo de la gabardina iba caminando entre las sombras de un oscuro callejón. Emergió y encontró lo que andaba buscando: una cabina telefónica. Se introdujo en la misma, fuera de cualquier mirada; allí no había nadie. Antes, había tenido que informar del “desafortunado” incidente en el cual el hacker había sido “cesado” de su actividad. Ahora la organización tendría que buscarse a otro de aquellos colgados para cubrir su puesto… Encontró lo siguiente que buscaba: un listín telefónico, en bastante mal estado, pero entero.
Tras unos instantes, localizó la información: Hiro Red. Detective privado. Calle Ocean, nº 36, 2º.
“El rastreador” cerró el listín de golpe y sonrió con una malicia exultante.

Hiro se había afeitado, vestido y salido a la calle. La luz del sol, que hacía rato que había comenzado a declinar, le llegaba a molestar en los ojos. Tras un rato caminando, llegó a su destino.
Heladería, Pastelería, Bollería.
Hiro entró, como había hecho durante tantas veces en su vida, en aquel maravilloso local.
Al cabo de un rato, salía con una bolsa de papel cargada y un bollo relleno de chocolate cogido con la boca. Mientras caminaba por la calle, comiéndose el bollo camino de la agencia con los ánimos renovados, recordó algo.
-“¡Yuri!”
Se dio cuenta de que no había caído hasta aquel momento. Podía llamarla. De hecho, tenía muchas ganas de hacerlo. En cuanto llegara a casa lo haría.
Mientras caminaba, distraído con sus pensamientos, repentinamente contento por la decisión tomada, no se percató de que, desde lo lejos, semioculto tras una esquina, lo observaba atentamente un hombre ataviado con un sombrero de ala y una larga gabardina, con una mirada implacable…

domingo, 21 de octubre de 2012

Detective Night - Capítulo 15

DETECTIVE NIGHT

El Rastreador.


El tipo de la larga gabardina y el sombrero de ala que ocultaba casi totalmente su rostro se hallaba en cuclillas observando aquellas rodadas recientes producidas por un vehículo distinto a los de las otras. Tan solo podía adivinarse un malicioso ojo escrutador…
Tras examinarlas detenidamente, extrajo un teléfono inteligente de uno de los bolsillos de su gabardina y, con el mismo, enmarcó las huellas de los neumáticos. Tomó varias fotografías. Cuando consideró que ya tenía suficientes instantáneas, se incorporó, dio un último vistazo a su alrededor y se encaminó hacia el callejón por el que había venido.
Los pasos resonaban en aquel paso estrecho. Salió al exterior atravesando el espacio que había abierto con anterioridad en las cintas que la policía había colocado para precintar el callejón. A pesar de que cada vez había más luz con el despunte del día, el tipo oculto por la gabardina parecía caminar por los recovecos donde aún resistía la oscuridad…
Llegó hasta un coche de aspecto bastante desvencijado; se veía claramente que necesitaba una revisión general y una limpieza. Entró en el coche y cerró la puerta. Extrajo un ordenador portátil de reducido tamaño de la guantera y conectó el teléfono al mismo. Mientras se estaban pasando las fotografías que acababa de tomar al ordenador, un individuo dio unos golpecitos a la ventanilla del conductor. Se trataba de un agente de policía, bastante joven. El tipo giró la cabeza y fulminó al agente con su implacable mirada… El joven policía se echó levemente hacia atrás, irguiéndose, por la impresión; pero volvió a inclinarse hacia delante, con tiento. El tipo de la gabardina, consciente de que no le quedaba más remedio que atender al policía, bajó la ventanilla automática de mala gana. Cuando hubo bajado del todo, el tipo se quedó callado, mirando al joven agente, a la expectativa…
-Bu… Buenos días…- Comenzó a hablar el joven policía, visiblemente nervioso- Disculpe las molestias… pero no puede estar aquí… Este lugar corresponde al escenario de una investigación policial…- Se detuvo el agente, dándose cuenta de que los nervios le estaban llevando a hablar demasiado…
Durante unos segundos, el tipo extraño del coche se quedó mirando al policía desde las sombras, bajo su sombrero, sin decir nada… Hasta tal punto que el policía no estaba seguro de si le había oído o entendido… Finalmente, ante el ligero sobresalto del joven agente, el motor del coche se encendió con ruidoso estrépito al tiempo que la ventanilla comenzaba a subirse. El coche se puso en marcha y se alejó con el sonido de sus neumáticos deslizándose por la calzada. El policía quedó de espaldas, mirando al vehículo alejarse… aliviado de que aquel tipo tan raro se hubiese ido.

El sonido de sus tripas le despertó. Hiro abrió los ojos y miró el despertador: las 15:16. Se comenzó a incorporar con cierta dificultad, estirándose y tratando de desperezarse. Se llevó sin darse cuenta una mano al brazo vendado y la retiró de inmediato al notar un ligero pinchazo; se estremeció al recordar aquella jeringa…
Llegó a la sala de estar. Durante unos instantes pensó en Mei y en cuando le preparaba aquellos deliciosos platos… pero aún no vendría, seguramente…
Entonces alguien tocó a la puerta. Hiro conocía esa manera característica de llamar. Fue de inmediato y abrió.
-¡Hiro!- Exclamó la joven sobrina de Izo lanzándose a sus brazos, con tal efusividad que hizo perder momentáneamente el equilibrio a Hiro, provocando que estuviese a punto de caer…
-¡Mei! ¡¿Cómo estás?! ¡No esperaba verte tan pronto!- Exclamó Hiro, exultante, y un poco avergonzado de que la chica lo pillara ataviado con la ropa de dormir: una camiseta interior blanca de tirantes y unos pantalones cómodos gris claro, aparte de sus zapatillas azul marino de andar por casa…
-¡Muy bien! He pasado la noche en el hospital, pero esta mañana me han dado el alta. No he podido venir antes porque tenía clases…
-¿Has ido a clase?- Preguntaba Hiro, atónito.
-Claro…- Contestó Mei, extrañada por la pregunta de Hiro- ¡Tengo mucho que aprender!- Exclamó entusiasmada.
Entonces Hiro miró a un lado, bajando la mirada, con aire de culpabilidad.
-Oye… Mei…- Comenzó a decir.
Mei se dio cuenta de este cambio en el joven.
-¿Te encuentras bien, Hiro? ¿Te pasa algo?
Ante la inocencia de la chica, Hiro se sentía aún más culpable…
-Mei… Siento mucho todo lo que ha pasado… Todo ha sido por mi culpa…- Trataba de decir…
Mei al principio de extrañó; pero luego cayó en la cuenta de a qué se refería Hiro y sonrió con dulzura.
-No tienes que pedir perdón. Tú no has hecho nada. Me secuestró aquel tipo, ¿recuerdas?- Le “riñó” la chica al decir estas últimas palabras.
Ahora sí que Hiro se sentía aliviado del todo. No pudo más que sonreír a aquella joven que significaba tanto para él…
-Bueno, ahora tengo que irme. He quedado con unas compañeras para hacer un trabajo. Pero mañana estaré aquí sin falta- decía resuelta.
Hiro asintió con una afable sonrisa.
-Te espero.
Mei se iba derrochando su habitual vitalismo que contagiaba a todo aquel que estaba cerca de ella, como pensaba Hiro.
Entonces, cuando Mei ya estaba cruzando el umbral, se detuvo de pronto.
-Hiro…- Comenzó a decir, sin girarse, con un tono que el joven detective no le había oído nunca antes a la chica…
-¿Sí…?- Preguntó, notando algo distinto en la joven, que hacía que él mismo comenzara a alterarse al no saber de qué se trataba…
Entonces Mei se giró, con las manos cruzadas delante sujetando su cartera que tenía pegada a la falda, con una mirada seria e intensa… una mirada que terminó de desestabilizar a Hiro…
-Gracias…- Dijo, con la voz en casi un susurro.
Hiro no sabía qué decir… no se esperaba esto…
-De… De nada… Je,je…- Reía, nervioso…
Mei le dirigió una última e intensa mirada antes de girar de inmediato y comenzar a alejarse sin decir nada.
Hiro se quedó mirándola mientras se alejaba, con una especie de sonrisa con la boca abierta que los nervios habían transformado en una mueca… No sabía qué pensar… Cerró la puerta y trató de recuperarse.
Y entonces, el joven detective cayó en la cuenta.
-Al final tendré que pedir una pizza…

Algunas calles más allá, en un callejón por donde no pasaba nadie en ese momento, el tipo de la gabardina detuvo su vehículo y retomó lo que estaba haciendo antes de que aquel maldito policía entrometido lo interrumpiese…
Aunque pertenecía a la organización, actuaba por cuenta propia, con sus propios recursos. Era algo que caracterizaba a sus miembros; así, si alguno era descubierto y atrapado, no facilitaría el acceso al entramado general de O.C.O. Aunque en su caso esto era más acentuado; acudían a él cuando lo necesitaban, como en aquella ocasión. Debía encontrar al responsable de descubrir y acabar con Midrah. Y matarle.
Tras varios minutos de búsqueda el programa conectado a la red que estaba utilizando le dio la información que buscaba: el modelo del vehículo era un Sky Grey del 96; no era un modelo muy común, de modo que no debería costarle demasiado dar con su dueño… Pero para obtener esa información, ahora sí que debía aprovechar los recursos de la organización; concretamente, una base de datos: un registro de a nombre de quién estaban todos y cada uno de los vehículos de la ciudad. Pero había un problema: aquella información fue sustraída por un hacker, perteneciente a la organización, de la base de datos general de la policía de Blue City; si se utilizaba remotamente desde algún lugar distinto a la terminal de donde se sustrajo, saltaría una alarma que delataría la posición de aquel que estuviese realizando la consulta… Aunque, recientemente, el mismo hacker que robó el archivo, detectó un fallo de seguridad en dicho sistema de detección: una vez al mes, “se abre una puerta” en el sistema que permite consultar sin que salte la alarma; pero dura unos minutos…
“Era más que suficiente” pensó el tipo misterioso. Apagó el ordenador y arrancó de inmediato.

Los siguientes tres días fueron relativamente tranquilos. El joven detective apenas tuvo llamadas; y, desde luego, no eran nuevos casos… Además, hubo un hecho que llamó la atención de Hiro: Mei no había vuelto todavía. Decía que estaría muy ocupada con trabajos de la universidad y que aún no sabía cuando volvería… Pero Hiro sabía que algo había cambiado. Intentaba no darle demasiada importancia…
Entonces sonó el teléfono. Hiro se sobresaltó; casi había olvidado que lo tenía…
-¿Diga?
-…Hiro. Soy Aki.
A Hiro le dio un vuelco el corazón.
-¡Aki! ¡¿Cómo estás?!- Decía intentando controlar los tremendos nervios…
-Bien. Tienes que venir a comisaría- hablaba con aparente tranquilidad y casi indiferencia…
-A la comisaría… Bien, bien… ¿Ahora?- Decía intentando tranquilizarse…
-En cuanto puedas. Maze me ha dicho que te llame. Hay información nueva- daba la impresión de que no se permitía hablar más de lo necesario…
Hiro miró el desorden a su alrededor y su aspecto algo descuidado últimamente…
-Eeeh… A lo mejor tardo un poco…- Hablaba intentando ocultar lo ciertamente decepcionado que se sentía en aquel momento al escuchar repetidas en su cabeza las últimas palabras de Aki…
-Tranquilo. Cuando puedas. Adiós- dijo antes de colgar, sin esperar la respuesta de Hiro.
Este se quedó con el teléfono en la mano, sin saber muy bien qué pensar… Pero reaccionó de inmediato y se puso en marcha.
Al cabo de una hora y algo más llegaba a la comisaría. Era por la tarde. Hiro hizo el recorrido que tantas veces había hecho tiempo atrás; pero, en aquellos instantes, cayó en la cuenta que la última vez que lo había hecho fue para buscar su arma e ir a recatar a Mei. Parecía que hacía mucho de aquello…
Al llegar a la amplia sala en la que los agentes tenían sus mesas abarrotadas de papeles y los mismos iban de aquí para allá, vio a lo lejos a Aki, sentada ante su mesa revisando algo atentamente. Hiro estuvo a punto de llamarla, pero se contuvo a tiempo; debía tener mucho cuidado con aquellas impulsivas reacciones que le acostumbraban a dejar en evidencia… Fue derecho al encuentro de la joven, que aún no se había percatado de su presencia (o eso era lo que pensaba Hiro) y, cuando llegó ante su mesa, solo pudo abrir la boca…
-¡Aki!- Exclamó, con voz arrogante, un tipo que venía por la izquierda, derecho hasta donde se encontraba la joven inspectora…
Aki levantó la mirada y se encontró con Hiro, que estaba de pie ante ella; y, sin decirle nada, sin mostrar ninguna reacción en su rostro al respecto, se giró hacia donde provenía la voz que la llamaba.
Un tipo de algo más de treinta años, alto y de paso arrogante, con el pelo corto y rubio engominado hacia atrás, ojos pequeños y azul claro; debía ser inspector, a juzgar por su atuendo: pantalones y americana color marrón claro, camisa gris claro, cinturón y zapatos negros impecables. Iba con una sonrisita de extrema confianza en sí mismo y se inclinó en la mesa, ante Aki, ignorando totalmente a Hiro…
-Hola, Roy- dijo Aki, intentando parecer amable, sin demasiado éxito.
-Hola, Aki, je, je, je… ¿Has pensado en lo que te dije antes? Es un restaurante impresionante… y luego podemos visitar algunos locales de los alrededores bastante exclusivos… No entra cualquiera…- Dijo esto último mirando de reojo a Hiro, sin dejar, en ningún momento de mostrar aquella estúpida sonrisita…
-Ya sabes que no puedo…- Dijo mientras ordenaba los papeles que estaba consultando, sin mirar a Roy y evitando, especialmente, la mirada de Hiro…
El tal Roy redobló su gesto arrogante inclinándose más a la vez que cerraba los ojos y continuaba sonriendo de aquella manera, en actitud de “derrota”. Entonces se dispuso a marcharse.
-Hola, Hiro- dijo la joven, finalmente, al joven detective.
Roy, al oír el nombre, se detuvo de inmediato.
-Hol…- Intentó decir Hiro levantando una mano tímidamente…
-¡Hiro Red! ¡El famoso Hiro Red!- Exclamaba, con cierta sorna, aquel tipo tan ruidoso…
Hiro miró a su alrededor, deseando no estar llamando demasiado la atención “gracias” a Roy… Entonces, el joven se fijó en que, no muy lejos, la amiga de Aki que solía estar siempre con ella, desde su mesa, lanzaba furtivas miradas hacia la escena protagonizada por Aki, Roy… y él mismo. Hiro se encontró de pronto con la mano que le ofrecía Roy.
-Vaya, vaya… Al fin llegó el día…- Decía mostrando los dientes anormalmente blancos…
-“Cierra la boca, que no me he traído las gafas de sol…”- Pensaba Hiro con ganas de que aquel tipo se fuera de una vez…
Al ver que Aki miraba seria y que Hiro no decía nada, Roy se dio por aludido.
-Bueno. Pues un honor, je, je- decía con ironía mientras se alejaba, no muy conforme con que Aki se quedara hablando con aquel detective que no sabía qué pintaba allí…
Hiro se sintió aliviado de que aquel creído se hubiese ido ya. Al igual que Aki.
-Hola, Aki. Ya estoy aquí- Hiro se sorprendió a si mismo por lo tranquilo que se encontraba.
-Maze te espera. Está en su otro despacho- dijo y volvió a prestar su atención a los papeles que tenía ante ella.
Hiro dio por hecho que no tenía nada más que hacer allí.
-Bueno, pues… Hasta luego- dijo con una sonrisa que ocultaba su decepción mientras comenzaba a irse.
-Hasta luego- dijo Aki sin siquiera mirarle.
Apesadumbrado, Hiro se encaminó hacia las escaleras que le conducirían al piso donde se encontraba el segundo despacho del comisario. Mientras se alejaba, Aki no dejó de mirarle en ningún momento…
Atravesó un pasillo no muy largo flanqueado por varias salas. Al llegar ante la puerta, esta se abrió antes de que tocara.
-¡Hiro! Reconozco a la perfección esos pasos…- Hablaba el comisario con la afabilidad acostumbrada.
Aquel despacho era más amplio que el otro. La estancia, como el resto del piso, era muy tranquila, debido a que el mayor flujo de actividad se daba justo abajo, en la planta baja. Tan solo llegaban los sonidos de los vehículos que, tras la ventana con la persiana medio echada, parecían lejanos. La única luz que llenaba la sala era la que provenía de un flexo situado en la amplia mesa del comisario y de las farolas luminosas de la calle. Numerosas estanterías llenas de libros llenaban las paredes. Varios títulos que poseía el comisario aparecían enmarcados. Aquí era donde pasaba la mayor parte del tiempo y, por lo tanto, lo tenía debidamente acondicionado con multitud de objetos personales.
Hiro no podía quitarse a Aki de la cabeza mientras Maze le hablaba. El joven pensó que hubiera cometido un gran error llamándola y, en ese sentido, se sintió aliviado…
-…Bueno, mira esto- dijo el comisario, poniéndose serio.
Le entregó dos fotografías ampliadas. Había dos cadáveres: un hombre y una mujer. Y Hiro sabía quién era la mujer… El comisario habló.
-Son el superior directo de Midrah y la mujer que atendía en la recepción del lugar donde tenía su puesto de trabajo y que le servía de tapadera…
Efectivamente, Hiro había reconocido a aquella mujer que había adivinado las intenciones del detective y seguramente había puesto sobre aviso a Midrah…
-Han borrado cualquier tipo de rastro- concluyó el detective.
Maze recogió las fotografías.
-Sí. La línea de “El Pirómano” queda definitivamente cerrada- sentenció el comisario.
Hiro se despidió de Maze hasta muy pronto, cruzó el pasillo, y se dispuso a bajar las escaleras.
Pero, en ese mismo instante, una joven apareció inesperadamente terminando de subir por las mismas y ella y Hiro chocaron. Los papeles que llevaba la joven cayeron al suelo desperdigándose.
-¡Oh, vaya! ¡Lo siento mucho! No te he visto venir…- Se disculpaba Hiro mientras ayudaba apresuradamente a la chica a recoger los papeles.
Entonces la joven levantó la vista de inmediato para mirar bien a aquel cuya voz le resultaba tan familiar.
-¡Hiro! ¡Pero si eres tú! ¡¿Cómo estás?!
No era muy alta; tenía el pelo largo y castaño recogido en una cola y los ojos color verde oscuro. Hiro reconoció a Yuri, una buena amiga que hacía tiempo que no veía y con la que había compartido muchos momentos en el pasado…
-¡Yuri! ¡Como me alegro de verte! ¿Cómo te va todo?
Y, mientras los antiguos amigos se ponían al día, riendo y bromeando, Aki se había detenido, justo detrás se la pared, al terminar de subir los escalones y oírles… Tras unos segundos de duda, volvió a bajar por las escaleras.

El tipo de la gabardina caminaba por un pasillo poco iluminado, sucio y mal cuidado. Pasó delante de varias puertas correspondientes a viviendas. Finalmente llegó ante la que buscaba: 3º F. Tocó a la puerta con su mano enguantada en cuero. Tras unos instantes notó que alguien se había acercado sigilosamente a la puerta y, probablemente, había mirado por la mirilla. Pero la puerta no se abría.
-Abre. Sé que estás ahí…- Exhortó el tipo.
Tras unos segundos de vacilación la puerta se abrió y apareció un tipo de pelo corto, amarillo teñido y de punta, con unos pequeños ojos oscuros tras unas gafas redondas, e iba ataviado con una camisa abierta que dejaba ver una camiseta interior de tirantes blanca algo sucia, unas bermudas de colores chillones y unas sandalias gastadas.
-Eres tú… ¿Qué… Qué es lo que quieres?- Decía ligeramente asustado y no muy contento por aquella visita…
“El rastreador” sonrió maliciosamente antes de contestar.
-Tengo un trabajo para ti.

domingo, 14 de octubre de 2012

Detective Night - Capítulo 14

DETECTIVE NIGHT

El caso del ahorcado (2ª parte).


Hiro regresó de la oscuridad nocturna, reapareciendo tras atravesar el pasillo en penumbra, llegando a la sala donde se encontraba el cadáver y los demás.
-¡Hiro! ¿Dónde estabas?- Preguntó Izo, intrigado.
El señor Waller, imperturbable, no perdía de vista al detective…
-He ido a dar un vistazo…- Contestó el detective como quitándole importancia.
Hiro observaba que los policías estaban terminando de recoger las cosas. Dos ya se habían ido.
-En cuanto llegue el coche especial procederemos a bajar el cadáver para llevárnoslo- comunicó el joven policía del departamento forense al subinspector Brown.
Este asintió. Otro de los policías, cuyo rostro quedaba semioculto por la visera de la gorra, se aproximó a Izo.
-Señor, al final ¿qué ponemos en el informe? ¿Fue un suicidio o un asesinato?- Consultó.
Pero Izo no pudo más que abrir la boca…
-Ha sido un asesinato. Y ya sé quién es el culpable- sentenció Hiro.
La sorpresa se apoderó de la sala, quedando Izo y los policías con la boca y los ojos muy abiertos. El señor Waller también abrió mucho los ojos, tratando con dificultad de mantener la compostura…
-Vaya Hiro, ¿por qué no lo decías nada más llegar? Siempre haces lo mismo…- Dijo Izo con un tono que intentó ser de reprobación- ¿Y de quién se trata?- Preguntó, ansioso por oír la respuesta…
Hiro guardó silencio un segundo, cerrando los ojos mientras se preparaba para contestar.
-Por supuesto, solo ha podido hacerlo una persona… ¡Usted, señor Waller!- Dijo enérgicamente señalándole con el dedo.
El mayordomo abandonó su estática postura abriendo la boca sin saber qué decir…
-Pero Hiro… ¿Le has visto? ¿Cómo un hombre de su constitución y su edad pudo subir a alguien tan pesado como el señor Donalson?- Argumentó Izo.
Estas palabras parecieron tranquilizar al señor Waller, que comenzaba a apoyarse en ellas…
-En ocasiones, las cosas no son como parecen…- Comenzó a decir Hiro.
Izo puso cara de no entender nada.
-¿A qué te refieres?
Hiro volvió a guardar silencio un instante antes de contestar, cerrando los ojos, concentrado…
-Usted, señor Waller, no es quién quiere hacer creer que es…- Dijo ante la creciente preocupación del mayordomo…- Usted, en realidad, es un experto en artes marciales- concluyó el detective.
Al principio el señor Waller se quedó callado, con los ojos muy abiertos, como si estuviera asimilando las palabras del joven detective… Y entonces se puso a reír a carcajadas.
-¡Claro, claro! ¡No hay más que verme! ¡Jua, jua, jua…!- Reía con una risa no demasiado natural…
Izo miró al detective con cara de circunstancias… La teoría de Hiro no se sostenía.
-Algo que caracteriza a un experto en artes marciales es que no necesariamente tiene que verse reflejado en su aspecto…- Dijo Hiro, muy tranquilo…
El mayordomo paró de reír bruscamente. El detective continuó hablando.
-Cuando he salido al patio, he encontrado unas zapatillas desgastadas… desgastadas en el suelo del propio patio. Y un saco roto; un saco lleno de arena donde usted se entrenaba.
Entonces Izo, ante el intercambio entre el mayordomo y el detective, intervino.
-Entonces, Hiro, ¿cómo lo hizo?
Hiro esperaba impaciente que le hicieran esta pregunta.
-Primero esperó a que la víctima estuviera cenando- dijo señalando el plato lleno de comida casi sin tocar que había en la cabecera de la larga mesa, al otro extremo de la sala. El detective prosiguió- El señor Waller se aproximó probablemente para llevarle algo; y cuando lo dejó en la mesa le golpeó de forma precisa para aturdir al señor Donalson sin dejar signos evidentes de violencia. Tras esto, le trajo hasta aquí, le rodeó el cuello con la soga, y tiró con fuerza hasta elevar al dueño de la casa, que comenzó a reaccionar cuando estaba colgado… Después ató la cuerda y dejó una silla volcada, para que pareciera un suicidio.
El mayordomo no decía nada. Entonces pareció ocurrírsele algo.
-Si las apariencias no engañan… ¿porque he tenido que ser yo el que ha usado las zapatillas y los sacos? ¿Por qué no ha podido ser el señor Donalson?- Intentó argumentar, sin poder ocultar que se le iba ocurriendo sobre la marcha…
El detective sonrió cerrando los ojos con su habitual expresión de confianza.
-Como ya he dicho, las apariencias pueden engañar… pero no tanto- dijo, desarmándole…
El sudor comenzaba a correr por la frente del mayordomo.
-Dígame, señor Waller…- Comenzó a decir Hiro- ¿Cuál es su número de calzado?- Dijo, consciente de que no era necesario seguir indagando…
El mayordomo se supo descubierto.
Súbitamente, se irguió y la imagen del hombre débil y avejentado se esfumó en un instante. Le propinó una patada a la caja de los materiales que llevaba el segundo policía y el golpe le impactó en el pecho, cayendo hacia atrás al suelo… El policía más joven se abalanzó sobre el mayordomo y este bajó a una sorprendente velocidad hasta el suelo barriéndole con una pierna y haciendo que cayera igualmente…
-¡Alto!- Exclamó Izo encañonándole con su arma.
El señor Waller, muy a su pesar e intentando controlar la rabia, se detuvo, mirando de reojo al subinspector con una mirada de odio… Izo comenzó a acercarse al mayordomo…
-Queda detenido- decía mientras bajaba ligeramente el arma al buscar sus esposas detrás, en el cinturón…
-¡Izo, cuidado!- Le alertó Hiro.
El subinspector había ido derecho a esposar al mayordomo, guardando su arma, confiado en que no opondría más resistencia… Había cometido un error.
Con un rápido movimiento, el mayordomo apartó la mano que sostenía las esposas y le dio un codazo en el estómago a Izo, que se quedó momentáneamente sin aire… Rápidamente, el asesino le arrebató las esposas y cerró un extremo en la muñeca del subinspector y la otra en la pata de la enorme y pesada mesa que ocupaba el centro de la sala. Casi al instante le arrebató el arma y se quedó apuntando al dolorido subinspector de policía.
Waller, sin dejar de apuntar, miró hacia la puerta que tenía más cerca; pero se lo pensó mejor y comenzó a dirigirse hacia la situada al otro extremo de la sala. Pasó lentamente al lado de Izo, el cual lo miraba con un ojo cerrado por el dolor y los dientes apretados de rabia al ver que aquel lo encañonaba con su propio arma… El mayordomo cruzó la amplia estancia y llegó a la altura donde se encontraba Hiro, que estaba inmóvil, con la mirada hacia otro lado y los ojos cerrados, y con las manos en los bolsillos de su gabardina; como si todo aquello no fuera con él. Muy despacio, apuntándole, Waller pasó a su lado, atento a cualquier gesto que pudiera hacer el detective; pero Hiro no se movió.
Entonces, cuando Waller estaba a punto de acelerar el paso para salir por la puerta que representaba la salida para él, Hiro abrió los ojos y giró la cara lo suficiente para mirar a Goro Waller directamente a los ojos. Este se detuvo un instante; había algo en aquella mirada seria y serena que llamó poderosamente la atención del mayordomo. Pero decidió que debía irse ya.
Dando los últimos pasos hacia atrás, dejó finalmente de apuntar con el arma y salió andando deprisa por la puerta hacia el pasillo.
-¡Maldita sea, va a escapar!- Exclamó Izo, impotente.
Hiro no dijo nada y comenzó a caminar con paso tranquilo hacia donde había ido Waller.
-¿Eh…?- Izo veía alejarse a su amigo sin saber muy bien qué pretendía…
El detective atravesó el oscuro pasillo sin variar en ningún instante su velocidad. Cruzó la cocina, que permanecía con las luces apagadas, y salió al exterior.
Como Hiro se imaginaba, Waller estaba en medio del patio, inmerso en la negrura, esperándole…
-Has tardado mucho…- Dijo Waller, con evidente impaciencia…
Hiro no contestó. Permanecía de pie, de nuevo con los ojos cerrados…
El mayordomo se guardó el arma que aún sostenía en una mano detrás, bajo la chaqueta… y se puso en guardia.
Hiro abrió los ojos; ahora su mirada era más seria… e hizo lo mismo.
El señor Waller sonrió sin dejar de fruncir el ceño.
-Je… Estaba seguro de ello. Esa mirada es propia de alguien que sabe artes marciales- dijo el mayordomo en referencia a la mirada de Hiro que había visto hacía unos minutos y que volvía a ver en sus ojos…
Ambos quedaban débilmente iluminados en la noche. Sin bajar la guardia, comenzaron a acercarse el uno al otro, vigilándose atentamente… Entonces, cuando estuvieron a suficiente distancia, se detuvieron. Así permanecieron durante largos segundos… Hasta que Waller abrió mucho los ojos, alertando a Hiro, y atacó con un puñetazo a la cara del detective… Este lo detuvo con una defensa con el brazo… Waller volvió a atacar con el otro puño… y esta vez le dio en el estómago. Hiro notó la contundencia real de los golpes de aquel hombre. Waller pareció confiarse y le intentó propinar una ágil patada a la cara del joven detective… pero este la esquivó apartándose y devolviéndole el puñetazo en el estómago… Waller retrocedió, primero furioso, y luego sonriendo ligeramente, con satisfación… Hiro no sonreía.
-¡Hacía mucho tiempo que esperaba algo así!- Exclamó Waller al tiempo que giraba a gran velocidad preparando una patada giratoria al pecho del detective…
Este la esquivó haciéndose a un lado.
-Lo sé. Imagino que te sentías muy frustrado trabajando aquí de mayordomo… atrapado- dijo Hiro.
Waller, al oír esto último, se detuvo en seco, abriendo los ojos de asombro. Luego cerró los ojos sonriendo amargamente.
-Aquel desgraciado me hacía chantaje. Me obligaba a trabajar a su servicio a cambio de su silencio…- decía sin bajar la guardia, al igual que Hiro, que escuchaba atentamente…- Hace tiempo, maté a un hombre por accidente; este intentó atracar a una mujer y yo salí en su defensa… pero aquel estúpido sacó una navaja y me vi obligado a defenderme… no era mi intención matarle… Donalson estaba cerca, viéndolo todo… y me amenazó con testificar en mi contra si no accedía a trabajar para él… de mayordomo- a medida que hablaba se enfurecía más y más, temblando y llenándose sus ojos de odio.
-¿Ya os conocíais, Donalson y tú?- Interrogó Hiro.
Waller regresó a la realidad.
-Sí… Donalson era el dueño del gimnasio en el que enseñaba a mis numerosos alumnos… pero ese maldito desgraciado me despidió sin venir a cuento… Y, además, me di cuenta que, en ocasiones, me seguía por la calle… Estaba loco, y obsesionado… Creo que, en el fondo, me tenía envidia… Yo era lo que él hubiera querido ser…- Decía pensativo.
Hiro sabía que Waller probablemente tenía razón.
-¡Ya vale! ¡Continuemos!- Exclamó Waller al tiempo que recuperaba la tensión del combate. Hiro también se preparó de inmediato.
Ahora el tiempo parecía ir más lento. Waller se giró de nuevo para lanzar una patada, esta vez en abanico… Hiro, atento a su ataque, la evitó agachándose… y le dio un duro golpe en la cara a Waller, el cual perdió el equilibrio y cayó hacia atrás.
Este comenzó a levantarse, con la mano en la cara, doloriéndose y apretando los dientes… Y se incorporó del todo al instante, dispuesto a continuar…
-¡Ya es suficiente!- Sonó una voz desde la puerta.
Era Izo, ahora liberado y con un arma que no era la suya.
El señor Waller, impotente y temblando de rabia, desistió finalmente.
-Izo… ¿cómo te has liberado?- Preguntó Hiro.
Izo miró a su amigo, extrañado.
-Me quitó las esposas… pero no las llaves- contestó este, intentando disimular que, hacía un rato, tampoco él había caído en ello…

En el exterior de la casa, dos agentes recién llegados se llevaban a un cabizbajo Waller, que quedaba alternativamente iluminado por las luces rojas y azules del coche de policía. Antes de meter la cabeza en el coche, dirigió una última mirada a Hiro; y sonrió. Pensaba que había merecido la pena renunciar a una improbable huída por un combate como aquel…
-Vaya, Hiro… Veo que aún sabes pelear- dijo Izo con cierto tono irónico.
Hiro había dejado de observar cómo se llevaban al mayordomo.
-Bueno… La verdad es que aún no estoy en plena forma- Dijo Hiro llevándose una mano al dolorido estómago.
Ambos amigos rieron.
-Sube al coche. Te llevaré a casa- se ofreció Izo.
Hiro se quedó pensativo, mirando hacia algún punto lejano en otra dirección.
-No. Gracias, pero prefiero ir andando- decidió el joven detective.
-¿Estás seguro? Hay un buen paseo…- Insistió Izo.
Hiro sonrió. Izo sabía que no iba a convencerle de lo contrario. Entonces asintió.
-Gracias, Hiro.
Este levantó una mano mientras se giraba y comenzaba a caminar.
-Ya sabes…
Izo asintió mientras veía a su amigo marcharse, sabiendo, en efecto, que podrían seguir contando con él en adelante…
El camino de regreso no se le hizo tan largo como se imaginaba. Había estado pensando y pensando, sin apenas prestar atención a lo que tenía alrededor. Cuando no faltaba mucho para llegar a su casa, se dio cuenta de que aún no quería ir allí. Entonces pensó algo. Fue hasta la calle donde se encontraba el bar “Moon”. Y, efectivamente,  a pesar de lo tarde que era ya, estaba abierto.
Hiro entró y vio a Tina dormida con la cara apoyada en los brazos cruzados sobre una de las mesas. No había ningún cliente y todas las mesas estaban relucientes. El joven se la quedó mirando, mientras la chica dormía plácidamente.
-¡Hiro! ¡¿Cómo estás?!- Exclamó Dwayne, que llevaba un par de cajas con bebidas que traía del almacén.
-Hola, Dwayne. ¿Llego en mal momento? Es que como he visto que aún no habíais cerrado…
-¡Tranquilo! Hoy nos hemos quedado un poco más para hacer un poco de limpieza general y algunos arreglos aquí y allá. ¡Pero ven y siéntate! ¿Quieres lo de siempre?
Hiro se acercó al taburete de siempre en la barra.
-No. Hoy prefiero agua- dijo el detective.
Dwayne se extrañó pero no discutió. Observó que el joven tenía la cabeza en otra parte… Le puso una copa y una botellita de agua. Hiro se llenó la copa y se la quedó mirando.
Durante un segundo, tuvo la tentación de coger el móvil y hacer una llamada. Pero, finalmente, decidió que era mejor no hacerlo…
Se despidió de su amigo justo cuando se disponía a cerrar. Tina aún no se había despertado. Ahora sí que tenía que ir a casa.
Llegó y cerró la puerta. Ahí, de pie, en silencio, se dio cuenta que ya comenzaba a amanecer. Había llegado la hora de dormir.

En medio de las ruinas del edificio que había albergado el laboratorio de Lerbat Midrah, un hombre se alzaba contra el cielo que comenzaba a aclararse. Llevaba sombrero y gabardina que llegaba hasta el suelo. Observaba atentamente a su alrededor.
Al cabo de un rato, descendió de la montaña de escombros y caminó lentamente hacia el callejón por el que había llegado. Entonces vio algo en el suelo y se agachó. Eran rodadas: varias pertenecían a coches de policía, otras al camión de bomberos… pero había unas que pertenecían a un vehículo común. El tipo, bajo la oscuridad que le proporcionaba el amplio sombrero, sonrió amplia y maliciosamente.
-Ahora ya tengo por donde empezar.

sábado, 6 de octubre de 2012

Detective Night - Capítulo 13

DETECTIVE NIGHT

El caso del ahorcado (1ª parte).


Los sonidos nocturnos de la ciudad se escuchaban lejanos. Hiro estaba de pie entre su despacho y la sala de estar, en medio de un gran desorden. Se encontraba a oscuras; la estancia solo estaba apenas iluminada por la luz que entraba del exterior. Llevaba en el mismo sitio casi una hora… con el teléfono en la mano y el número de Aki marcado en el mismo. Solo debía pulsar el botón de Llamada… Había estado a punto de hacerlo varias veces… pero luego se lo pensaba de nuevo y despegaba el dedo del botón…
-“Vamos… ¿Qué me pasa? Es muy sencillo… Lo pulsas… te contesta… y…- Llevaba repitiéndose estas palabras desde el momento que terminó de escribir el nombre de Aki en la pantalla del móvil…
Finalmente, y aún sin estar muy seguro de ello, se dispuso a llamar… Ya le daban igual las consecuencias… No podía esperar más…
Entonces sonó el móvil. A Hiro casi se le cae al suelo del sobresalto… Miró quién le llamaba a aquellas horas: era Izo.
-¿Izo? ¿Ocurre algo?- Preguntó Hiro extrañado.
-Hola Hiro… Espero no haberte despertado…- Hablaba con cierto tono de culpa.
-No, no, tranquilo… ¿Qué pasa?
-Eeeh… Ya sé que es muy tarde y que hoy han ocurrido muchas cosas… Pero ha surgido un caso y te llamo para pedirte que nos ayudes…
Hiro no sabía qué contestar. En aquellos momentos solo intentaba pensar en lo de Aki…
-¿Y de qué se trata?- Preguntó al fin, sin poderse resistir…
-Un asesinato.
A Hiro se le iluminaron los ojos.
-De acuerdo- dijo con decisión intentando controlar su entusiasmo sin demasiado éxito…
-¡Estupendo! Paso a recogerte en 20 minutos.
Cuando Hiro le dio al botón de Terminar Llamada, se dio cuenta de algo: durante unos instantes, no había pensado en Aki… ni en todo lo que tenía que ver con ella… Se dio cuenta de que se sentía aliviado… y también por no haber llegado a llamar… Probablemente no era el momento.
Se puso en marcha de inmediato, emocionado por la ocasión que se había presentado. El cansancio se había esfumado de golpe; ya habría tiempo de descansar. De todos modos, aquella noche no hubiese dormido en absoluto.

Hiro se encontraba ataviado con su gabardina en el asiento de copiloto del coche de policía que conducía Izo. Las luces de las farolas regulares iban iluminando el capó y la luna delantera del vehículo con un haz blanco intermitente.
-Izo… ¿Cómo se encuentra Mei?- Preguntó Hiro. Ahora era él el que hablaba con un evidente tono de culpabilidad…
-Ah… Bien. Se ha despertado. Aún se quedará hasta mañana por la mañana, hasta que se le pasen los efectos de la droga. Por cierto… Ha preguntado por ti- hablaba en un tono en el que había ausencia total de reproche…
A Hiro se le hizo un nudo en el pecho al oír estas últimas palabras.
-Oye… Izo…- Intentó disculparse el joven detective…
Izo levantó una mano y negó con la cabeza cerrando los ojos momentáneamente.
-No ha sido culpa tuya, Hiro. Yo sabía los riesgos que había… y ella también- dijo con una sonrisa sincera.
Hiro se sintió algo reconfortado. Hasta aquel momento no se perdonaba el que Mei hubiese estado en peligro… por su culpa…
-Imagino que dejará de venir…- Dijo Hiro convencido.
Izo rió.
-¡¿Qué dices?! ¡Ahora tiene más ganas que nunca! ¡A estas alturas ya deberías conocerla!
Hiro se alegró al oír esto y sonrió.
-Por cierto, Hiro… cambiando de tema…- Comenzó a decir Izo.
-¿Mm?- Hiro se extrañó al ver el tono de seriedad que había adoptado su amigo.
-Por lo que sé por las investigaciones preliminares, al parecer, el edificio de donde os sacamos albergaba el laboratorio secreto de Midrah.
Hiro también se puso serio.
-Ya… Por eso tenía ya preparados los explosivos… Por si las cosas le salían mal…- Dedujo el detective.
-Y queda claro que le salieron muy mal…- Dijo Izo con cierta ironía al recordar, al igual que Hiro, la magnitud de los hechos recientes.
Llegaron finalmente a la entrada de una casa en un barrio bastante lujoso. La casa tenía dos pisos y un aspecto algo antiguo, aunque con un aire majestuoso. Bajaron del coche y llegaron a la puerta del muro que separaba el jardín del exterior. Izo pulsó un botón en el portero automático. Hiro observó que había dos coches de policía, aparcados sin orden a ambos lados de la casa. Sonó una voz a través del portero automático.
-¿Sí?- Preguntó la voz de un hombre algo mayor.
-Somos el subinspector Brown, de la policía de Blue City y el detective Hiro Red- contestó Izo.
-Muy bien. Pasen.
Sonó un chasquido metálico en la puerta e Izo la empujó. La puerta se abrió con un ligero chirrido. Ambos la cruzaron y la puerta se volvió a cerrar.
Atravesaron un breve camino de piedra rodeado por un pequeño jardín a cada lado; aunque rebosante de plantas de todo tipo. Al llegar a la puerta, bajo una luz amarillenta que atraía los insectos, Izo tocó el timbre, que sonaba como una campana. Al cabo de unos segundos alguien abrió la puerta.
-Buenas noches. Gracias por venir- dijo un hombre de unos sesenta años vestido de mayordomo.
No era muy alto y más bien delgado; tenía el pelo corto y blanco, al igual que el bigote; y sus ojos negros tenían cierta serenidad. Hiro observó que iba ligeramente encorvado.
-Buenas noches. Necesitamos que nos acompañe hasta donde se encuentra el cadáver- solicitó Izo.
El hombre asintió lentamente cerrando los ojos con una sonrisa forzada, como si, en general, le costara moverse.
-Pasen- les dijo yendo hacia atrás un paso, dejándoles espacio para que entraran.
-Muy amable- contestó Izo comenzando a caminar. Hiro dio un último vistazo a los alrededores y cruzó el umbral.
El mayordomo cerró la puerta tras ellos. Se encontraban en el vestíbulo de una casa de aspecto bastante antiguo, tenuemente iluminada, aunque decorada y llena de objetos que denotaban el poder adquisitivo de su dueño.
-Por aquí- dijo el hombre comenzando a caminar lentamente, encorvándose aún más.
A Hiro le llamó la atención que pareciera más mayor de lo que realmente era.
-Por cierto, ¿usted es…?- Preguntó Izo.
El hombre se detuvo, como si se resistiera a girarse para contestar. Hiro prestó atención a la respuesta del mayordomo.
-Me llamo Goro Waller. Soy el mayordomo de esta casa-contestó con una nueva sonrisa forzada.
Entonces Hiro quiso comprobar algo. Se dirigió derecho hacia el mayordomo ante la sorpresa de Izo.
-Hola. Me llamo Hiro Red y soy detective- le dijo, mostrándose jovial, al tiempo que le ofrecía una mano, ante la cara de asombro de su amigo.
El hombre se quedó mirando la mano, dudando… tal como se imaginaba Hiro. Finalmente, con cierta mala gana mal disimulada, levantó lentamente su mano y estrechó la del detective. Hiro notaba que le daba la mano prácticamente sin fuerza… casi como si no se la diera. El mayordomo continuó caminando sin decir nada. Izo se giró a su amigo al tiempo que ambos comenzaban a caminar siguiendo a aquel hombre.
-¿A qué ha venido eso? No te he visto darle la mano a nadie en mi vida…- Dijo susurrando para evitar ser escuchado por el mayordomo.
Hiro no contestó y siguió mirando al mayordomo mientras caminaba, con aquella mirada que Izo ya había visto con anterioridad, cuando el detective estaba totalmente inmerso en la investigación de un caso…
Tras recorrer un largo pasillo que giraba una vez y continuaba, se acercaban a una amplia estancia con una gran mesa alargada en el centro. Sobre la misma, en el alto techo, se veía una gran lámpara antigua. Desde donde se encontraban, podían adivinarse más de aquellos cuadros que abundaban por la casa; cuadros de dudoso gusto, en opinión de Hiro…
Cuando entraron en la sala abierta, vieron a cuatro agentes de policía de aquí para allá manipulando cámaras de fotos, pinceles y otros utensilios. Cuando el policía que había a la derecha, cerca de la puerta doble por donde habían entrado, se apartó, dejó al descubierto el motivo por el que Hiro e Izo estaban allí…
Colgado de una soga sujeta a una de las vigas de madera situadas en cada esquina de la sala, se hallaba el cuerpo sin vida de un hombre de unos cincuenta años, bastante orondo, vestido en batín y zapatillas; era casi calvo y su cabello, algo largo, y fino bigote eran castaño claro con abundantes canas; tenía la boca muy abierta en una mueca de sufrimiento, y los ojos claros desorbitados, en una expresión de horror… A sus pies, había una silla volcada.
-Aquí tenemos el cadáver. ¿Se trata del dueño de la casa?- Preguntó Izo al mayordomo imaginándose la respuesta.
Este observaba el cuerpo de aquel hombre ahorcado con una expresión difícil de descifrar. Al principio parecía que no había oído la respuesta.
-Sí. El señor Donalson- contestó escuetamente.
Uno de los policías se acercó a Izo. Iba ataviado con la ropa de agente raso del departamento forense: uniforme azul marino con botas, guantes y cinturón negro y una gorra del mismo tono de azul.
-Subinspector Brown. Hemos terminado de procesar la escena. ¿Avisamos a la oficina del forense para que vengan a recoger el cuerpo?
Izo miró el cuerpo inerte del señor Donalson.
-Sí, pero ¿saben si se trata de un suicidio o de un asesinato?- Preguntó.
Hiro caminaba lentamente alrededor del cuerpo, observando atentamente…
-Todo parece indicar que se trata de un suicidio- concluyó el joven agente.
-Ni hablar- dijo súbitamente Hiro ante la sorpresa de los demás, especialmente del mayordomo- Se trata de un asesinato.
Los otros tres agentes dejaron de golpe de hacer lo que estaban haciendo al oír la afirmación del detective.
-Pero señor… Las pruebas que hemos hallado nos indican que el dueño de la casa se suicidó…- Intentó explicar el agente.
Hiro seguía observando atentamente el cuerpo. El mayordomo guardaba silencio, en un discreto segundo plano, sin mirar directamente al detective pero atento a todos lo que decía.
-Hiro… La verdad es que, viendo la escena, estoy de acuerdo en que esto es un suicidio- dijo Izo coincidiendo con el agente- Me temo que te he llamado para nada…- Hablaba con un tono de disculpa.
Pero Hiro estaba convencido.
-Estoy seguro que las pruebas indican que se trata de un suicidio… pero su expresión me dice que no es así- el mayordomo abrió mucho los ojos al oír esto último.
Izo miró alrededor.
-Hum… Veamos… ¿Vivía alguien más en esta casa aparte de usted y el señor Donalson?- Preguntó Izo al mayordomo.
Este negó con la cabeza cerrando los ojos. Su expresión era de creciente irritación contenida…
-En esta casa solo vivía el señor Donalson y yo mismo. El dueño de la casa nunca se casó ni tuvo descendencia.
Izo se quedó pensativo.
-¿Y han recibido en las últimas horas la visita de alguien?- Siguió preguntándole.
El mayordomo volvió a negar con la cabeza.
-El señor Donalson nunca recibía visitas de nadie- contestó el mayordomo.
Hiro prestaba atención al mayordomo, observándole.
-¿Sabe si tenía enemigos? Por deudas… o algo…- A Izo se le acababan los intentos de corroborar la teoría de Hiro…
El señor Waller no pudo contener una sonrisa irónica. Esto llamó la atención de Hiro.
-¿Qué si tenía enemigos…? Más de los que usted se pueda imaginar… El señor Donalson era alguien francamente despreciable…- El mayordomo se detuvo de inmediato, consciente de que se le estaba soltando la lengua…
Y de esto se dio cuenta Hiro.
Izo volvió a mirar el cuerpo de aquel hombre tan voluminoso.
-Haría falta mucha fuera para izar a un hombre de tanto peso…- Decía, dirigiéndose indirectamente a Hiro, en clara referencia a la imposibilidad de que pudiera haber sido el mayordomo…
Hiro captó a su amigo. La verdad es que comenzaba a dudar mientras observaba una vez más el cuerpo colgado del señor Donalson…
Entonces a uno de los agentes que seguía recogiendo muestras, y que estaba situado varios metros más alejado de los demás ocupantes de la sala, se le cayeron unas pequeñas pinzas que produjeron un fino y casi inaudible sonido metálico. En ese mismo instante, con un movimiento corto, rápido e imperceptible de cabeza, el mayordomo desvió su atención momentáneamente hacia el lugar de donde había provenido aquel sonido… en el mismo instante de producirse. A la vez, Hiro percibió esto…
El agente habló un momento con Izo y salió por la puerta. Este se dirigió a su amigo.
-Ahora vendrán a recoger el cadáver. Le practicarán la autopsia para ver si muestra más signos de violencia.
Hiro observó que el señor Waller parecía tranquilizarse por momentos…
-“No encontrarán nada”- estaba convencido el detective.
-Creo que ya hemos acabado aquí, Hiro…- Intentaba decirle Izo, sabiéndole mal que hubiese venido en vano…
Entonces Hiro se acercó al mayordomo. Este se sorprendió un poco.
-Disculpe… ¿Tienen patio exterior?- Preguntó ante la expresión de interrogación de Izo y del propio Waller.
El mayordomo no sabía a qué venía aquella pregunta.
-Sí… Si sale por aquella puerta y sigue recto, saliendo de la cocina hay un patio. ¿Quiere que le acompañe?- Se ofreció de forma inesperada.
Hiro se fijó en este repentino cambio de actitud.
-No se preocupe. Puedo ir yo- dijo encaminándose hacia allí donde le había indicado.
Al principio el mayordomo comenzó a tensarse, preocupado… pero tras pensarlo mejor, volvió a tranquilizarse encogiéndose ligeramente de hombros. Izo no sabía qué pretendía Hiro. ¿Buscaba la vía de entrada de un posible intruso? Las pruebas decían que allí no había entrado nadie…
Hiro llegó al patio. Se encontró con la noche. No era un patio excesivamente grande pero había mucho espacio. Miró atentamente en los alrededores, intentando otear en la oscuridad reinante. Entonces algo le llamó la atención. Se aproximó a un montón de sacos. Sobre uno de ellos vio unas zapatillas; cogió una y observó la suela: estaba muy desgastada. Y cuando la volvió a colocar en su lugar vio que uno de los sacos cercanos estaba roto… y de un agujero había arena salida…
Ahora ya sabía cómo lo había podido hacer el asesino.