El Jinete Olvidado
El jinete contra el leñador.
Las montañas, envueltas en niebla, no aparecían ahora tan lejanas. El cielo estaba encapotado; en cualquier momento comenzaría a llover. Hacía rato que no había camino. Ethant, montado en Hildergart, avanzaba entre los árboles de una zona boscosa que se extendía varios kilómetros. Era ya por la tarde. El aire era más que fresco y cada vez hacía más viento.
A medida que atravesaban la extensa arboleda, la separación entre árbol y árbol era cada vez menor. La tierra, privada de la suficiente luminosidad, tenía un color oscuro, y comenzaba a desprender un aroma húmedo. Las ramas se agitaban alrededor, y el sonido de las hojas lo inundaba todo. Ethant notaba como se le revolvía el pelo y tenía que entornar los ojos cuando el aire soplaba de cara…
Al pasar un rato, el joven jinete podía ver que más adelante había un claro. Desmontó, sin apartar la vista de aquel lugar, y le dio dos palmadas en el torso a Hildergart. Este, en respuesta, agitó la cabeza y resopló dando breves pisotones.
Ethant se dirigió sólo hacia la obertura en el bosque.
Avanzaba con cautela, escuchando el sonido de sus pisadas al pasar sobre ramitas y hojas secas. El viento soplaba con fuerza intermitentemente, dificultándole en esas ocasiones el avance…
Al acercarse, veía numerosos troncos de árboles talados. Finalmente, llegó al límite del claro.
El contraste le permitía contemplar la altitud de aquellos árboles cuyas copas tenían forma piramidal, y cuyas ramas se movían, balanceándose, cada vez con más fuerza. Notó algunas gotas cayéndole en las manos y en la cara…
Ethant se detuvo y se quedó quieto mirando al frente. En medio del claro, sobre un amplio tronco cortado, se encontraba un enorme individuo sentado, apoyado sobre una rodilla flexionada. Parecía estar descansando. Una enorme hacha doble se encontraba a un lado, en el suelo, sumergida en las briznas de hierba que bailaban junto a las copas de los árboles de alrededor. Aquel individuo miraba fijamente a Ethant, que le devolvía la mirada. Así transcurrieron unos instantes. Ambos se miraban con gesto serio, con la tensión aún controlada…
Aquel hombre era Athlas. Ethant observó que había ganado peso desde la última vez que lo vio… pero aquello le daba un aspecto más temible. Tenía el pelo azul claro más largo, el cual se agitaba levemente con el fuerte aire, y su aspecto era más desaliñado que de costumbre. Detrás de él, a unos metros de distancia, había varios troncos acumulados, junto a los cuales había varias cuerdas, preparadas para atarlos.
-Deberías estar muerto…- Dijo Athlas al fin, sin cambiar la expresión de gravedad de su rostro.
Ethant permanecía en pie con los brazos a ambos lados del cuerpo.
-Parece que todos me vais a decir lo mismo…- Dijo, sin dejar de vigilarle con la mirada.
Athlas comenzó a revolverse con desgana. Puso ambos pies en el suelo y le dio la espalda al joven.
-¿Qué has venido a hacer aquí?- Preguntó Athlas, aunque sabía perfectamente la respuesta…
La expresión seria pero serena de Ethant no varió.
-Solo quiero que me digas donde está…- Dijo.
Athlas llevó la vista hacia su hacha en el suelo.
-¿A quién te refieres?- Respondió, haciéndose el ignorante…
La mirada y la expresión de Ethant se endurecieron.
-Sabes muy bien a quién me refiero- el tono de su voz comenzaba a ser amenazador…
El viento soplaba ahora con tal fuerza que los troncos se inclinaban levemente de un lado a otro. Las cada vez más numerosas gotas de agua que caían, lo hacían ahora de forma oblicua…
-¿Me estás diciendo que solo has venido para preguntarme eso? ¿Nada más?- Fingió incredulidad el hombre inmenso, sin dejar de mirar hacia el hacha…
Ethant observaba cada uno de sus gestos y movimientos. Comenzaba a adivinarle las intenciones…
-Solo tengo que matar a alguien más…- Sentenció, con un deje de advertencia en sus palabras…
Athlas frunció el ceño y abrió mucho los ojos. A una velocidad impropia de alguien de su envergadura se agachó y recogió su gran hacha, se giró de inmediato, y la lanzó con una fuerza brutal hacia la dirección de Ethant, girando el arma en el aire velozmente, sonando amenazadoramente mientras iba cortando el aire…
El joven jinete reaccionó de inmediato y saltó a un lado, esquivando el hacha que pasó muy cerca, siguiendo su recorrido, hasta impactar contra el árbol más cercano, cortándolo; el sonido del hacha girando sobre si misma se había alejado momentáneamente… hasta que volvió a aumentar, indicando que regresaba, a más velocidad si cabía… Ethant, que no había dejado de mirar hacia atrás la vio aparecer entre la espesura, y esta vez tuvo que agacharse, flexionando las rodillas, para evitarla. La enorme hacha doble llegó a la mano de su dueño, que la detuvo contundentemente, siendo arrastrado algunos centímetros hacia atrás por el impacto…
Entonces un nuevo sonido comenzó a llegar a los oídos de Ethant proveniente de detrás de él. El tronco del árbol el cual había sido atravesado por el hacha, había quedado partido en dos y comenzaba a caer hacia delante… El joven se aseguró de que caía a la suficiente distancia, a su lado, y no se movió. El tronco llegó al suelo con estrépito, haciendo vibrar el suelo…
Ethant no se movió durante unos instantes. Sus ojos quedaban cubiertos por el cabello castaño… Athlas también se había quedado quieto, sosteniendo el hacha con una mano mientras observaba a Ethant…
Al fin, el joven jinete alzó la mirada y atravesó al hombretón con la misma… Este, con el ceño fruncido, apretó los dientes, temblando ligeramente… Aunque intentaba ocultarlo, sus ojos mostraban miedo…
Como si quisiera sacudírselo, Athlas sujetó la enorme hacha con ambas manos y realizó varios cortes amplios en el aire, haciendo sonar el arma con un grave y reverberante sonido metálico al desgarrar el aire circundante… Finalmente hizo girar el hacha con una sola mano y, con un golpe seco metálico, el arma se detuvo entre las enormes manos de su dueño…
Ethant, que no había perdido detalle, no se sentía, ni mucho menos, intimidado. Comenzó a incorporarse lentamente sin apartar la seria e intensa mirada del gran leñador. Athlas se irritaba al tiempo que se asustaba cada vez más…
-Te lo diré otra vez. Dime dónde está y te dejaré en paz- Insistió el joven, consciente del temor que producía en Athlas…
Este sonrió forzadamente.
-¡Je! ¡¿Me perdonas la vida, acaso?! ¡Estás muy seguro de ti mismo!- Le atacaba, negándose a reconocer ante el joven jinete lo que sabía que era evidente…
Ethant tomó aire y lo expulsó largamente, resignado.
-No le debes lealtad… Aunque lo mereces, no tengo ningún interés en matarte…- Insistió el joven.
El gran leñador pareció pensárselo durante unos instantes…
-Eres un monstruo…- Dijo, finalmente, sin poder ocultar un deje de miedo en sus palabras…
Ethant no dijo nada. El viento volvía a soplar con fuerza y silbaba gravemente entre las ramas de los árboles, las cuales se mecían violentamente. Ahora comenzaba a llover, mojando la escasa hierba que se agitaba en la dirección que le ordenaba el viento cambiante.
Ambos contendientes se quedaron largo rato manteniendo la mirada… esperando que el otro atacara… pero ninguno de los dos se movía…
Athlas no pudo aguantar más. Durante un instante, abrió mucho los ojos y llevó el hacha atrás con una mano para tomar impulso de nuevo… Simultáneamente, a Ethant le cambió la mirada y afianzó su posición…
-¡Huooooo!- Bramó el hombre enorme lanzando una vez más su hacha, esta vez más baja y más horizontalmente…
Ethant la esperaba; llegaba a toda velocidad, interrumpiendo la caída vertical de las gotas de lluvia, hasta la posición del joven jinete, que no la perdía de vista…
Ethant flexionó las piernas para coger impulso… y saltó en el preciso momento que pasaba, en dirección a sus piernas y se dirigía hacia los árboles que había detrás.
Pero esta vez, el hacha no llegó tan lejos y comenzó el recorrido de regreso antes que la primera, justo cuando Ethant acababa de llegar al suelo… Justo a tiempo, y por muy poco, saltó de nuevo hacia un lado evitándola, quedando cerca del suelo con las manos apoyadas en el mismo. El hacha regresó a las manos de Athlas. Ahora llovía con más fuerza.
Nuevamente, Ethant y Athlas, calados, se quedaron mirándose durante unos instantes…
Y nuevamente, Athlas elevó el hacha para lanzarla por tercera vez… Pero en esta ocasión, Ethant reaccionó de inmediato y salió corriendo en dirección a su enorme oponente… Athlas volvió a lanzar el hacha, ahora más verticalmente, y el arma atravesaba el aire balanceándose levemente… El joven jinete la esquivó, con relativa facilidad, y continuó corriendo hacia Athlas… Este levantó los puños y se puso en guardia… Al llegar Ethant a su altura, haciendo saltar el agua de los charcos recién formados con sus veloces pisadas, Athlas le lanzó un puñetazo a la altura de la cabeza… Ethant lo esquivó agachándose y le lanzó un gancho a la barbilla que le dio de lleno… Ethant se apartó de inmediato al escuchar el sonido del hacha de Athlas acercándose a toda velocidad… Este, momentáneamente aturdido, con la cara y la mirada hacia arriba tras recibir el duro golpe, también escuchó el sonido de su arma aproximándose… Ethant dirigía la mirada hacia su contendiente… Athlas se recuperó y agarró en el último momento el hacha, con una mano, del extremo inferior y, acto seguido, con dicha mano, atacó verticalmente hacia el joven que se encontraba muy cerca… Ethant saltó hacia atrás y el hacha impactó en el suelo haciendo saltar agua y tierra…
Pero Athlas no pensaba detenerse. Afianzó la enorme hacha doble con sus dos manos y se abalanzó sobre Ethant, atacándole horizontalmente en esta ocasión… Pero el joven volvió a esquivar el ataque saltando de nuevo hacia atrás…
Athlas se enfurecía por momentos. No conseguía alcanzarle…
-¡Aaaaaaah!- Exclamó corriendo hacia el joven con el hacha a un lado de la cara.
Comenzó a atacar indiscriminadamente, cortando sonoramente el agua y el aire, levantando salpicaduras de barro bajo sus enormes botas, mientras Ethant esquivaba una y otra vez los ataques…
Pero el último, oblicuo, le pasó muy cerca de la cara. El suelo, cada vez más embarrado, hacía que sus movimientos fuesen más lentos…
Durante unos instantes se quedaron vigilándose mutuamente con la mirada; no se encontraban a mucha distancia… La lluvia comenzaba a amainar, aunque el cielo continuaba cubierto por oscuras nubes y el viento no cesaba de soplar…
Ethant vio en el cambio en la mirada de su adversario que se disponía a atacar de nuevo… Aferró la empuñadura de su espada…
Athlas volvió a lanzarse al ataque con potentes tajos con su hacha… los cuales iba esquivando Ethant, aunque cada vez con más dificultad… El joven jinete notaba como sus pies se quedaban momentáneamente atrapados en numerosas ocasiones… Su adversario se daba cuenta de esto y ganó seguridad en si mismo… Ahora sus ataques eran más potentes, si eso era posible… Ethant notaba que cada vez le llegaban más cerca, hasta llegar a notar el acero rozándole…
Entonces Ethant notó que no podía sacar el pie del barro… Lo había metido sin darse cuenta en una hendidura en el suelo… Athlas sonrió de satisfacción… El joven jinete notaba que, al intentar sacarlo, se le hundía más…
-Je, je, je… Parece que eres humano, después de todo…- Sonreía burlonamente el hombretón sosteniendo el hacha con ambas manos, en una posición relajada…
Ethant apretaba los dientes… Era evidente que estaba en apuros…
Atlas le rodeó lentamente, recreándose; mientras caminaba, le miraba con desdén mientras continuaba con su sonrisa burlona…
-Veamos… ¿Cómo podría terminar esto…? ¿Te corto por la cintura? ¿O poco a poco…? ¡Claro que sí! ¿¡Qué prisa tenemos!? ¡Ja, ja, ja, ja…!- Athlas estaba exultante…
El hombre inmenso no esperaba encontrarse en aquella tesitura hacía tan solo unos momentos atrás…
Ethant estaba atrapado…
Entonces, se dio cuenta de que solo había algo que podía hacer para salir de aquella situación…
Ampliando su sonrisa triunfal, Athlas elevó su el hacha por encima de su cabeza, apuntando al joven…
-¿Sabes qué…? ¡Quiero acabar con esto ya! ¡Ya!- Exclamó el gran leñador haciendo descender el hacha a toda velocidad, oblicuamente, hacia el tronco de Ethant…
Entonces, para sorpresa de su enorme contrincante, el joven jinete desenvainó su espada y dio un veloz tajo en dirección a su propia pierna… pero no iba hacia su pierna, sino hacia el barro que la aprisionaba, el cual cedió increíblemente, saltando a chorros en todas direcciones, ante el golpe de aire del corte, dejándola libre… El joven saltó de inmediato a un lado evitando el ataque mortal de Athlas… Este aún no se lo podía creer… Entonces, Ethant le atacó con su espada oblicuamente con un amplio tajo que le alcanzó de parte a parte del tronco.
Athlas, con los ojos muy abiertos, comenzó a dar pasos hacia atrás, lentamente… La herida comenzó a sangrar de inmediato, saltando abundante sangre que se mezclaba con el barro…
Pero Athlas, enfurecido, aún tenía suficientes fuerza para seguir… de modo que lanzó su hacha una vez más, gruñendo con fiereza…
Ethant la esquivó a tiempo y el hacha se perdió tras la arboleda… A continuación, Ethant envainó su arma y fue corriendo hacia su contrincante… Este, ciego de furia, le lanzaba ganchos laterales y verticales… Pero Ethant los esquivaba todos… Finalmente, tras esquivar un golpe que iba a su cara, le dio un tremendo golpe en el rostro, haciéndole girar la cabeza a un lado…
Ahora sí que Athlas había estallado de furia. No sentía dolor… solo quería acabar con Ethant…
Miró de nuevo al frente… pero el jinete se apartó de inmediato a un lado y el hacha de Athlas pasó velozmente cortando el inmenso brazo del hombre enorme, que no pudo reaccionar, como si fuera el tronco de un árbol…
-¡Uaaaaaaah!- Se dolía, desesperado, Athlas.
El hacha había quedado clavada en el suelo embarrado.
Ethant se acercó y se detuvo ante él. Athlas, doloriéndose con los dientes apretados, lo miró.
-Mal… Maldita sea... Llegué a pensar que podría acabar contigo… ¡Maldita sea!- Se lamentaba el hombretón, que no paraba de sangrar por las heridas y por la boca.
-Donde está…- Preguntó, por última vez, el joven jinete.
El grandullón miró hacia un lado, resignándose…
-La… La Torre… Él es ahora el Guardián de la Torre…- Dijo sin mirarle…
Ethant sabía a qué torre se refería Athlas…
-Puedo intentar ayudarte…
Athlas sonrió, ocultando la mirada, en medio del dolor, el sudor, la sangre y el barro… Lentamente, se dirigió hacia donde se encontraba clavada su enorme hacha… La sujetó con la mano que le quedaba y la alzó.
-¡Uuaaaaargh!- Gritó con sus últimas fuerza levantando el hacha hacia el cielo, ante un estático Ethant…
Y el hombretón consiguió su objetivo. Su herida del cuerpo se abrió aún más y perdió la consciencia cayendo hacia delante… Athlas estaba muerto.
La lluvia aumentó una vez más, cayendo sobre el cuerpo inerte del leñador y sobre Ethant, que no dejaba de observarlo…
Al cabo de un largo rato, ya había parado de llover. El cielo comenzaba a despejarse a retazos. El viento había amainado. Incluso se escuchaban a algunos pájaros trinar.
Hildergart llegó tranquilamente, respondiendo a la palmada que su amigo le daba en el costado. Ethant subió a lomos de su fiel corcel y cruzó el claro.
Continuaron por el camino que había aparecido entre los árboles, dejando atrás un gran montón de tierra, con un enorme hacha doble al lado que reflejaba los incipientes rayos del sol. La tumba de Athlas, el leñador.