viernes, 27 de diciembre de 2013

Un recado en Navidad

Un recado en Navidad



Hugo se encontraba apoyado con las rodillas sobre el asiento del sofá para una persona situado detrás de la ventana. Con su aún pequeña mano sostenía el visillo para poder ver cómo nevaba afuera, en la ciudad con el cielo encapotado… Desde su casa, un sexto piso, podía divisar gran parte de los edificios bajos que se extendían más allá, hasta donde le permitía ver la capa cada vez más espesa de blanco que cubría el aire… Las azoteas inundadas de nieve casi se confundían con el cielo blanquecino y apenas se podían distinguir las innumerables antenas que, en días normales, había por todo.
Hugo era un chico de trece años. Su cabello era no muy corto y castaño, con una raya en medio que le salía indefectiblemente con solo pasar la mano; los ojos los tenía de un verde tan oscuro que casi parecía otro color; era de altura y constitución media, tirando a delgado; ahora vestía con un jersey verde oscuro (su favorito), pantalones vaqueros azules y, en aquellos momentos, las zapatillas de andar por casa. Hugo era muy hogareño y en aquel preciso instante había dejado de leer un momento el libro que ahora estaba apoyado sobre la mesita situada al lado del sofá para ver cómo caía la nieve… Los copos eran cada vez más espesos, cayendo lentamente y movidos por el viento…
-Hugo- pronunció una voz de hombre mayor desde la puerta que conducía al pasillo.
Hugo se giró y vio a su abuelo entrar en la sala de estar, no sin cierta dificultad debido a sus más de setenta años.
Era un hombre más alto que la media y se percibía por su aspecto que era de buen comer, aunque sin exagerar; aún conservaba bastante pelo, ya casi blanco del todo, y llevaba siempre un bigote no demasiado espeso que le daba cierta personalidad; sus ojos eran castaños y aún vivos, a pesar de la edad. A ojos de Hugo, su abuelo era alguien indestructible… Vestía con camisa blanca a cuadros finos, un chaleco marrón encima, abrochado, una chaqueta de abrigo gris, de tono más claro que sus pantalones, un gorro que le cubría hasta las orejas y que en aquellos momentos se estaba ajustando, y unas botas para caminar por la nieve, de colores llamativos que desentonaban de forma evidente con el resto de su vestuario… Estaba claro que iba a salir, pensó Hugo.
-Hola abuelo. ¿Adónde vas?- Preguntó con curiosidad.
El hombre pareció terminar de colocarse el gorro de lana negro con un último intento.
-Hoy voy a cocinar yo. Un plato especial que me enseñaron cuando estuve en el lejano Oriente… pero me faltan algunos ingredientes y sólo yo sé donde puedo conseguirlos…- Hizo una pausa para que el misterio hiciera su efecto en la imaginación de su nieto; y en su corazón…- ¿Te vienes?
Hugo dio un salto y fue corriendo a su habitación para ponerse las zapatillas deportivas que usaba habitualmente, emocionado por aquella aventura que se había presentado de forma inesperada… Cogió su chaqueta de abrigo y salió de su habitación, recordando que se había olvidado de recoger el libro; lo haría luego.
Cuando llegó a la sala de estar, su abuelo tenía una bufanda de lana, ancha, medio puesta alrededor del cuello; y estaba en medio de la estancia consultando un papel viejo y arrugado…
-A ver, a ver… sí… ahá… Exacto…- Parecía estar comprobando algo que ya sabía…- Muy bien, vámonos- dijo al fin, guardándose el papel en el bolsillo sin doblarlo…
Hugo se dispuso a seguir a su abuelo hasta la puerta cuando a este le dio un ataque de tos… No se trataba de nada preocupante pero estaba claro que su abuelo no se encontraba muy bien… tras la tos, sacó un pañuelo y se sonó con tal fuerza que le debieron escuchar desde el edificio de enfrente…
-Papá, ¿dónde vas?- Le dijo la madre de Hugo, entrando por la misma puerta, con el tono que se emplea con un niño pequeño que va a hacer algo que no tiene que hacer…
La madre de Hugo era una mujer atractiva, alta, de complexión delgada pero no mucho; llevaba el largo pelo rubio recogido en una cola y sus ojos eran verdes, más claros que los de Hugo; llevaba un jersey blanco y pantalones ajustados color marrón; las botas, de un tono diferente de marrón, indicaban que ella también estaba preparándose para salir…
El abuelo de Hugo, haciendo ruidos con la nariz, trataba de recuperar la compostura…
-Vamos un rato de compras… ya sabes… lo que te dije ayer…- Le decía, casi sin mirarla, y con cierto tono de irritación por aquella sobreprotección que le brindaba su hija…
La madre de Hugo, con ligero maquillaje que realzaba su belleza, los miraba a ambos. Hugo no sabía qué postura poner ante aquel exhaustivo reconocimiento
-Hugo, ¿pensabas salir sin guantes, bufanda, gorro ni nada? Y tú, papá, ¿es que no ves que has cogido un buen resfriado? Afuera está nevando.
Tanto Hugo como su abuelo, al unísono, dirigieron una lenta y pesada mirada hacia la ventana, cubierta por el visillo, pero a través del cual se podía percibir la persistente nieve cayendo ininterrumpidamente… La madre de Hugo continuó hablando, dirigiéndose a este.
-Hugo. Yo me voy unas horas a la oficina. En la cocina hay una lista de lo que falta para hacer la comida. Yo estaré para entonces. Y abrígate bien…- Añadió.
Hugo se sintió decepcionado. Y sabía que a su abuelo le pasaba lo mismo… Vio que su madre cogía su abrigo largo azul oscuro del respaldo de una silla, en donde lo había colocado previamente.
-Bueno- les dijo a los dos.- Me voy. Hasta ahora- dijo y salió por la puerta que llevaba a la entrada.
Se oyó la puerta de salida abrirse y, al cabo de unos segundos, cerrarse de nuevo. Ya no se escuchaban los pasos de su madre.
Su abuelo chistó levemente y comenzó a “desliarse” la bufanda y a quitarse el gorro (con lo que le había costado…) y los guantes, mientras iba negando con la cabeza…
-Lástima… Es un plato que te haría viajar muy lejos…- Se lamentaba, con nostalgia…
Hugo era plenamente consciente de cómo se sentía su abuelo en aquellos momentos… pero no sabía cómo remediarlo. En realidad, ni siquiera sabía a dónde tenían que haber ido… Observaba cómo su abuelo, con la lentitud de movimientos habitual en él, colocaba de nuevo su abrigo en el perchero, de mala gana…
Entonces Hugo recordó algo. El papel. El papel que su abuelo había estado consultando hacía un momento y que había guardado en el bolsillo de su abrigo… Los pensamientos de Hugo se iban agolpando a toda velocidad…
-“¡Pues claro!”- Hugo chocó el puño sobre la palma de la otra mano.
Estaba decidido. Cuando vio que su abuelo iba hasta la cocina, comenzó a acercarse lentamente y con cautela hasta el abrigo que había acabado de colgar… Metió la mano en el bolsillo, tanteando durante un momento… nada. Metió la mano en el otro y… ¡ya está!
Ya tenía aquel papel amarillento y gastado en sus manos. Lo examinó de inmediato no sin antes comprobar que su abuelo no estuviese viniendo hacia allí.
En el papel había una lista de lo que suponía eran ingredientes. Y no es que lo tuviera que suponer porque fueran palabras desconocidas para él… sino porque estaban escritas en otra lengua… en árabe, dedujo Hugo… Afortunadamente, lo siguiente que estaba escrito ya lo entendía: era una dirección. Aunque de una parte de la ciudad en la que no había estado nunca… Pensaba que, así y todo, no tendría muchos problemas en llegar…
Entonces escuchó a su abuelo que se acercaba. Guardó apresuradamente el papel, arrugándolo por las prisas, en uno de los bolsillos de sus vaqueros…
-Hugo, voy un rato a mi despacho a continuar con mis Memorias… Acabo de recordar unos hechos acontecidos largo tiempo atrás que merecen ser registrados…- Le dijo, sonriéndole y guiñándole un ojo…
Hugo le devolvió la sonrisa y disimuló lo mejor que pudo… De todos modos, su abuelo no había notado nada. Cuando este se marchó, Hugo estaba todavía más convencido de lo que haría a continuación. Haría el recado para darle una sorpresa a su abuelo…

Tras ir a buscar el gorro, la bufanda y los guantes, todo de color negro, bajó en seguida hasta el portal de su edificio. Menos mal que se había abrigado bien, porque cuando abrió la puerta de la entrada principal casi se queda congelado… Salió y se plantó en medio de la acera.
Los adornos que cruzaban las calles estaban colocados desde hacía días ante la inminencia de la Navidad… comprobó que el suelo estaba resbaladizo por la nieve que se iba acumulando sobre el mismo…
-Vale. Veamos…- Dijo, hablando solo, al tiempo que examinaba el papel que había cogido del abrigo de su abuelo…
El lugar al que debía ir estaba un poco lejos de allí; y, además, nunca había estado antes. Pero había oído hablar de aquella parte de la ciudad. Al parecer, era donde se encontraban concentrados los establecimientos regentados por extranjeros de los más diversos y lejanos países, agrupados por calles… Tendría que indagar una vez llegara hasta allí.
Hugo llegó hasta la parada del autobús. El que tomaría en breves minutos le dejaría no muy lejos de su destino; si había consultado bien el callejero que hay en la sala de estar de su casa…
Allí estaba. Lleno de gente, como de costumbre; aunque hoy más, debido al tiempo…
El trayecto se le hizo relativamente corto, al pensar todo el rato en lo contento que se pondría su abuelo cuando se presentara con aquellos ingredientes, de nombres desconocidos e impronunciables, dentro de un rato. Aunque, ahora que lo pensaba, no tenía ni idea de lo que tardaría en regresar…
Una vez puso los pies en el suelo tras bajar del autobús tuvo una sensación. Una sensación rara… A pesar de que no se sentía muy cómodo decidió que aquello sería debido, indudablemente, a la excitación de aquella aventura…
Tras caminar un poco, llegó hasta donde pretendía: ante él se extendía una calle, curiosamente decorada, por la que caminaban personas de piel oscura; debían ser de algún país de Suramérica. Sin más dilación, se internó en la primera calle de aquel entramado concéntrico y abarrotado…
La gente iba y venía, entrando y saliendo de los diferentes comercios, la mayoría de alimentación, sin apenas reparar en él… Hugo miraba con curiosidad cada sitio nuevo por el que pasaba, sin abandonarle cierta sensación de desasosiego…
Entonces, cuando más adelante, a la izquierda, veía abrirse una nueva calle, tuvo que parar de inmediato para no chocar con una alta figura que surgió de la nada…
-¡Uey!- Exclamó Hugo parando a tiempo…
Sus ojos se cruzaron con los de un tipo muy alto, negro y desgarbado, con barba y ojos severos, que lo fulminaban con la mirada… Hugo no pudo evitar echarse hacia atrás… Aquel tipo llevaba una enorme pala, casi arrastrándola, y vestía abrigo largo oscuro y botas de nieve… El chico se sintió cohibido al comprobar que el desconocido lo observaba con una mezcla de curiosidad e indignación… Antes de que este pudiese abrir la boca, Hugo no dudó en acelerar el paso y girar la esquina, delante de aquel, y caminar deprisa sin mirar atrás, mientras el otro se giraba, siguiéndolo con la mirada, como si tuviera algo que decir…
Mientras Hugo avanzaba, tratando de controlarse para no echar a correr, pensaba en la mala sensación que había tenido antes… Seguro que había sido por aquel tipo… Tendría que encontrar otra salida más tarde…
Tras dar unas cuantas vueltas por la calle de los italianos, de los koreanos y de los cameruneses, al fin llegó a la que buscaba: la calle árabe. Aún no podía quitarse de la cabeza la expresión de aquel tipo que se había encontrado antes…
Comenzó a buscar el local específico al que debía entrar para comprar todo aquello… Entonces pensó en entrar en la primera tienda que se encontrara y preguntar… ya le dirían adónde ir en caso de que se hubiese equivocado…
Cuando llegaba a la puerta de una tienda que era inequívocamente de alimentación, no reparó en un tipo que estaba por allí cerca y que no le quitaba el ojo de encima…
Hugo entró y mostró el papel a una jovencita muy guapa de pie tras el mostrador, que lo atendió de inmediato con una sonrisa; tenía la tez oscura y el cabello largo recogido en una trenza negra como el azabache. El chico notó como se le quitaba el frío de la cara en un santiamén. Tras examinarlo con sus delicadas manos, asintiendo a medida que leía las palabras que ella entendía, le hizo un gesto a Hugo para que esperara, sin dejar de sonreír… Hugo estaba encantado de estar allí ahora mismo… Desde fuera, en la calle, el tipo seguía observando atentamente. Era alguien alto y corpulento, con el pelo corto y rubio, ojos claros y piel rosada. Vestía con la ropa de abrigo justa. Parecía que comenzaba a impacientarse…
La chica llegó cargada con todo lo que ponía en la lista, explicándole pacientemente a Hugo qué era cada cosa en su recién aprendido, pero correcto, lenguaje… Hugo pagó y aquella joven le dedicó una vez más una de sus fascinantes sonrisas. El chico salió muy contento y, a la vez, apenado por tener que irse ya…
Entonces, justo cuando levantaba la vista de la bolsa que contenía todo lo que acababa de comprar, el tipo que lo había estado observando todo el rato se plantó ante él, esbozando su mejor sonrisa…
-Hola- dijo con un acento claramente extranjero.
Hugo se quedó parado. ¿Qué quería aquel tipo?
-Hola- dijo, por cortesía…
El tipo dejó la sonrisa puesta, aunque Hugo ya notaba que no parecía muy sincera…
-Oye, perdona. Me he perdido. Y, además, un tío me ha robado todo el dinero. Uff, me muero de hambre- dijo esto último llevándose la mano a la barriga para reforzar lo que decía no sin dificultad…
Hugo se quedó paralizado. No sabía qué hacer. Aunque, en realidad, sí lo sabía… había algo que le decía que debía marcharse de allí YA. El tipo continuó, mostrándose lo más agradable que podía…
-Mira. Aquí atrás hay un sitio que dan comida muy barata. ¿Quieres verlo?- Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera a un callejón que había justo adelante…
Hugo no quería pero, por no ser desagradable, desoyó lo que le estaban diciendo sus tripas y comenzó a dar pasos para, eso sí, sólo asomarse para ver el dichoso sitio… Acto seguido le pediría dinero, seguro…
Se asomó y miró los alrededores… pero no veía nada… Ni a nadie… Sin darse casi cuenta, dio unos pasos y miró mejor… Él no veía nada. Le diría a aquel tipo que no llevaba nada encima y que tenía que irse…
Pero entonces aquella sensación de alarma volvió en toda su magnitud. Hugo, aterrorizado, notó cómo aquel tipo lo rodeaba con los brazos y le ponía un pañuelo en la boca y la nariz, con fuerza, que olía como a alcohol… Intentó zafarse pero el otro era mucho más fuerte que él… y le hacía daño… Jamás pensó que podía llegar a estar tan asustado…
Al cabo de unos segundos, notó como le fallaban las fuerzas. Aquel tipo horrible también comenzó a soltarlo y lo tendió en el suelo… Hugo aún estaba consciente… Sin entender lo que pasaba, aquel tipo le dio la vuelta y le palpó los riñones…
-Vaya, vaya… Un chico sano… No todos lo están tanto como tú…- Le hablaba aquel desgraciado pensando que ya estaba inconsciente…
Pero se dio cuenta de que esto no era así. Se extrañó.
-Oye. Es la primera vez que me pasa… No te preocupes. Cuando despiertes solo te sentirás más ligero…- Hablaba, arrastrando las palabras, con una leve sonrisa cínica, mientras empapaba el pañuelo con más de aquella sustancia…
Hugo veía con auténtico pavor como aquel tipo de acento extraño le aproximaba el pañuelo a la cara… sentía cómo le resbalaban las lágrimas por las mejillas, pensando en su madre y en su abuelo… Ya no los vería más.
Pero entonces algo pasó. Una enorme pala golpeó a la espalda del tipo de pelo corto. Hugo llegó a ver a quién la sostenía, el cual lo miraba con preocupación: era el hombre negro de antes…
-Tranquilo, chico. Ahora mismo llamamos a la policía.

Hugo estaba cubierto por una manta, sobre el asiento de atrás, con la puerta abierta y las piernas fuera, de unos de los dos coches de policía que habían llegado y que tenían las luces de arriba encendidas en aquellos momentos. El hombre que lo había salvado se acercó para ver cómo estaba y le puso una mano en el hombro, mirándolo con ojos preocupados. Hugo asintió consiguiendo esbozar una sonrisa, diciéndole sin palabras que no se preocupara. Cuando el hombre se alejaba, Hugo consiguió decir a tiempo…
-Gracias.
El hombre se detuvo y se giró. Ahora era él el que sonreía, de forma afable, y asintió levemente antes de girarse de nuevo y reunirse con los policías. Aquella sería la última vez que Hugo le vería…
Habían avisado a su madre, que estaba al llegar… Y él había tenido tiempo de pensar. Ya no sentía miedo. Ahora sentía rabia. ¿A cuántos chicos de su edad les había pasado eso mismo? ¿Y cuántos habían tenido su misma suerte? No quería ni pensarlo… pero no podía evitarlo.
Desde ese momento, rodeado de luces de policía, decidió que no permitiría que tipos como aquel camparan libremente a sus anchas haciendo daño a los demás. Haría lo posible para enfrentarse a ellos y llevarlos ante la justicia…
Aquel día había nacido el futuro Guardián de la Ciudad.



Fin

Mensaje del autor.

"6 Warriors" continuará en breve. Hasta entonces...

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

... y GRACIAS.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 30

6 WARRIORS

Gavin contra el Instructor de armas.


Huei hacía un rato que avanzaba por aquellos lúgubres pasillos, habiendo dejado atrás la escalera que lo había llevado hasta abajo… La humedad se notaba en el ambiente, e incluso se podían escuchar “gotitas” caer contra el suelo de vez en cuando… De hecho, Huei esperaba que no le cayera ninguna sobre la antorcha, ya que no tenía muy claro cómo podría salir de allí luego…
Entonces escuchó algo. Venía de lejos pero era bastante claro: un gemido lastimero. De una chica… Huei aceleró sus pasos en la dirección de donde provenía aquel sonido que le había llegado con reverberación…
Llegó a la zona de las celdas. Aunque en realidad eran habitáculos sucios y vacíos, sumidos en la oscuridad, con una reja de barrotes delante… El joven escuchó a alguien moverse levemente en el suelo, hacia el fondo del pasillo formado por las celdas… Se dirigió hacia allí de inmediato, resonando sus pasos en la húmeda estancia…
Y entonces la vio. En la penúltima celda, acurrucada en una de las esquinas de la pared del fondo, se intentaba proteger del frío una chica, tratando de conciliar el sueño sin éxito… Era Xin.
-¡Xin!- Exclamó Huei.
Xin abrió los ojos en cuanto escuchó la voz de Huei. Levantó la cabeza, cuyos cabellos ahora estaban revueltos, y dirigió la mirada hacia el joven…
-¡Huei!- Dijo, tratando de levantarse…
Huei la observaba, antorcha en mano, mientras la chica se incorporaba… Una vez Xin estuvo en pie, se sorprendió a si misma arreglándose apresuradamente la ropa y el pelo antes la presencia del joven, del que no quería que la viese con aquel aspecto… Pero entonces, cuando le dirigía una tímida mirada, tras considerar que estaba lo suficientemente presentable, abrió mucho los ojos, alarmada…
-¡Huei, detrás de ti!- Intentó avisarle…
Huei reaccionó deprisa, tratando de girarse para ver de qué se trataba… Pero no le dio tiempo. Un garrote le golpeó con fuerza en la espalda, provocando que comenzara a inclinarse… el arma era sostenida por el consejero…
-¡¡Huei, no!!

Gavin permanecía frente a su adversario, en guardia, muy cerrada… Pero, a diferencia suya, el instructor de armas no adoptaba ninguna posición de guardia… en apariencia… Sencillamente se encontraba de lado, con el brazo que sujetaba el arma extendido, mirando hacia Gavin… estaban separados por un par de metros de distancia… Gavin no le quitaba la vista de encima; no se fiaba de aquel tipo… El otro, en cambio, estaba a punto de sonreír, aparentemente tranquilo…
-Por lo poco que he podido comprobar hasta el momento, veo que algo sí que sabes manejar ese sable…- Le dijo, muy seguro…
A Gavin aquello no le hizo mucha gracia…
-Vaya, gracias. Espero no acabar decepcionándote…- Hablaba con ironía, sin ser capaz de llegar a esbozar una sonrisa, aunque no fuese sincera…
Ahora era el contrincante de Gavin el que dejó de sonreír. Este observó que ahora esgrimía su arma con más fuerza. Se disponía a atacar…
-No debes tomártelo a mal- le dijo, en tono sincero.- Te aseguro que me apetece mucho ver de lo que eres capaz…
Gavin estaba desconcertado. Pero tenía que reconocer que creía a aquel tipo… Este siguió hablando.
-Bueno… ¿Seguimos?
Gavin tan solo tuvo apenas un segundo para reaccionar. El instructor salió disparado a una velocidad increíble hacia donde se encontraba Gavin… De pronto, este lo tenía ante él, levantando su arma para atacarle, como a cámara lenta… Consiguió apartarse a tiempo de un salto hacia atrás, estrellándose el filo del sable contra el suelo duro…
Cuando Gavin se detuvo, se fijó en su adversario: este lo miraba fijamente, casi de soslayo, sin apenas expresión en su rostro…
Entonces Gavin se dio cuenta de algo: si aquel tipo hubiera querido, le habría alcanzado tranquilamente… había estado claramente a su merced… Sin embargo, le había dejado escapar. ¡Exacto! ¡Le había dejado escapar! ¿Por qué…?
Como si adivinara lo que estaba pensando en aquellos momentos, el instructor, mirando hacia abajo, no pudo evitar sonreír…
-Vamos. Estoy seguro de que puedes hacerlo mucho mejor…- Le dijo, en tono didáctico
Pero a Gavin le daba rabia aquel tipo de “observaciones”… Al percatarse el instructor de esto, dejó de sonreír de inmediato. Volvió a dirigirse a Gavin.
-Muy bien. Allá voy otra vez- le anunció, adoptando (esta vez sí) posición de ataque…
Gavin no había abandonado en ningún momento la suya…
-¿Me tomas por tonto o qué…?- le dijo Gavin, sintiendo que le tomaba el pelo al anunciarle sus intenciones…
Aquello le supo mal al instructor. Tras comprobar lo susceptible que era aquel chaval, decidió cuidar más sus palabras para con él.
Permanecieron quietos y en silencio durante unos instantes… la luz del día se iba apagando por momentos… comenzaba a soplar una breve brisa, impropia de aquel tiempo, que agitaba las hojas de las innumerables plantas que había a continuación de la zona de combate, rodeada esta de armas, en la que ambos se encontraban…
Entonces el instructor hizo un breve movimiento de contracción, que Gavin vio enseguida abriendo más los ojos, antes de salir impulsado hacia delante…
Como la vez anterior, su oponente llegó hasta donde Gavin se encontraba, en un abrir y cerrar de ojos… Pero esta vez, Gavin ya estaba sobre aviso de lo que aquel era capaz y ya no le pilló tan desprevenido… Así y todo le vino de un pelo que no le alcanzara en una pierna cuando ya estaba saltando una vez más hacia atrás…
Llegó al suelo de nuevo deslizándose por la inercia… Aquel tipo volvía a estar de pie sobre el lugar que Gavin había abandonado hacía un momento… pero este se fijó que su contrincante no había utilizado el arma en esta ocasión… En cambio, lo estaba mirando, nuevamente casi de reojo, aunque ahora con una expresión más seria… más severa en realidad…
-¿Qué ocurre? ¿Es que eso es lo único que sabes hacer: escapar…?- No había ni rastro de broma en su tono…
Esta vez Gavin no sintió rabia ante aquellas palabras; le fastidiaba reconocerlo pero se sentía avergonzado tras haber sido reprendido por él… Incluso trató de excusarse, llegando a abrir la boca sin saber muy bien qué decir, pero finalmente optó por callarse y concentrarse en el combate…
El instructor, tras comprobar que sus palabras habían tenido efecto sobre su “alumno”, se dispuso a reanudar el ataque una vez más… No pensaba darle ya más oportunidades…
Gavin se mantenía fijo en su posición de defensa; sabía que no le serviría de nada una nueva esquiva hacia atrás… El instructor se preparó para atacar, dirigiéndole la palabra a Gavin en una nueva ocasión…
-Sé que puedes hacerlo mucho mejor…- Le animó.
Y por extraño que pudiese parecer, aquellas palabras encendieron el espíritu de combate de Gavin; y se sintió preparado de verdad para enfrentarse a su adversario, independientemente de lo bueno que fuera este…
Ahora sí. El instructor se puso serio, sin dejar de mirar a Gavin. Y, durante un momento pareció contener la respiración… Gavin también aguzó sus sentidos al máximo… no perdía de vista a su peligroso rival…
Sin decir nada, veloz y sutil como en las dos ocasiones anteriores, el instructor de armas salió hacia delante a gran velocidad, hacia Gavin… Este contuvo el impulso de volver a esquivarlo… el instructor no pensaba darle tregua esta vez…
Se produjo un choque de metales que resonó en el cielo que ya comenzaba a oscurecerse. Ambos sables parecían estar forcejeando por su cuenta… El instructor permanecía en la misma posición que había quedado tras atacar con un tajo desde arriba oblicuo… Gavin, fuertemente afianzado en su posición, sostenía su sable ayudándose con la otra mano, resistiendo el empuje del arma de su adversario… aquel apretaba los dientes por el esfuerzo… Pero conseguía que el otro no pudiera avanzar ni un centímetro… La expresión del instructor era mezcla de inexpresividad, seriedad y sorpresa…
Finalmente, este dejó de aplicar presión sobre el arma de Gavin y este se zafó de inmediato al notarlo, retrocediendo lo justo para mantener la distancia…
El instructor permanecía de pie, quieto, con el arma bajada; no se le veían los ojos tras el sombrero de ala ancha al tener la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo… Aunque Gavin no se fiaba…
Entonces, inesperadamente, el instructor de armas levantó la cabeza y le dirigió a Gavin una sincera sonrisa.
-Eso está mucho mejor- le dijo, complacido…
Gavin no sabía muy bien cómo tomarse aquello… Pero ya comenzaba a acostumbrarse a lo raro que era aquel tío… Este adoptó de nuevo posición de guardia, evidenciando que no quería dejar pasar más tiempo sin seguir poniendo a prueba a su prometedor oponente…
En aquellos momentos, y a pesar de la tensión lógica por el combate, a Gavin le llegó el perfume de las flores aromáticas de diferentes colores que había visto de pasada cuando llegaba a la parte donde se encontraban ahora… y fue consciente del escenario que lo rodeaba… la zona de práctica con armas… el cielo de diferentes tonos de azul oscuro y un retazo de naranja brillante escondiéndose en un rincón del alto muro… la ligera y agradable brisa que lo envolvía en aquellos momentos, agitando la hojarasca de la vegetación de más allá y silbando apagadamente entre los recovecos… el contacto de sus pies con aquel suelo apto para el entrenamiento… Gavin tenía que reconocer que estaba disfrutando mucho combatiendo con aquel tipo en aquel lugar…
El instructor parecía haberse dado cuenta de lo que le pasaba a Gavin por la cabeza y parecía haber estado dándole tiempo para que sintiera plenamente las mismas sensaciones que estaba teniendo él mismo en aquellos momentos…
Pero había llegado la hora de dejar de encantarse y seguir con el combate.
-Creo que tú y yo somos muy parecidos- observó el instructor, manteniendo la guardia…
Por primera vez desde que comenzara el duelo, Gavin sonrió, con expresión motivada…
-Estoy de acuerdo. Como mejor nos lo pasamos es combatiendo… Al menos ese es mi caso- dijo, manteniendo él también su guardia…
El instructor sonrió. Era evidente que ya se había creado cierta complicidad entre ambos.
-También el mío-hizo una breve pausa.- Así que… ¿qué te parece si seguimos?- Propuso…
Gavin sonrió una vez más, sin cambiar la mirada, y asintió. Ambos estaban listos.
Los dos oponentes estaban uno frente al otro, en guardia, dispuestos a seguir pasándoselo en grande con aquel duelo…

-¡Huei! ¡¿Estás bien?!- Xin se había acercado hasta los barrotes, agarrándose con fuerza y casi golpeándose la cabeza en los mismos por el ímpetu…
Huei había doblado las rodillas… pero aún no había caído. Tenía la cabeza hacia el suelo, y el largo cabello azul echado hacia delante no permitía verle la cara…
Tras él, permanecía el consejero, garrote en mano, sonriendo de satisfacción…
-¡No me digas que tú eres uno de aquellos niñatos de la escuela! Vaya, vaya…- Pensaba con malicia el exultante consejero…
Xin veía con preocupación cómo aquel miserable observaba a Huei, cogiéndose con dos dedos la barbilla, mientras decidía qué hacía con él… Y Huei seguía sin moverse.
Un momento, pensó Xin. El consejero no se ha dado cuenta de lo extrañamente quieto que está Huei… aquel está ahora mismo pensativo mirando hacia el casi invisible techo…
-Estoy seguro de que al General le interesará mucho ver a este…- Decía, absorto en sus elucubraciones…
Entonces Xin comprendió: no se puede acabar con Huei tan fácilmente…
El joven se incorporó de una vez, sin darle tiempo a reaccionar al confiado consejero, girándose y propinándole un puñetazo en toda la cara.
El consejero cayó de culo al suelo, con la cara maltrecha y dolorida… Entonces consiguió abrir los ojos y elevó la mirada… Se encontró con los de Huei, que lo miraban implacables, sin mostrar ningún signo de afectación por el golpe del garrote que le había dado antes…
Al acordarse del garrote, que aún sujetaba en la mano, trató de incorporarse rápidamente para darle una lección a aquel maldito insolente… Pero Huei ya le había adivinado las intenciones y llegó a tiempo, sin mayor problema, para pisarle la mano que sostenía el arma improvisada…
-¡Aah! ¡Quítate de encim…!- No pudo terminar su protesta…
Huei le dio una dolorosa patada en la boca, haciéndole saltar sangre y varios dientes… aunque no pudo llegar a caer del todo hacia atrás ya que Huei lo impedía pisándole la mano con más fuerza…
A Xin no le gustaba nada aquella escena… pero no le diría nada a Huei para que parase. Ni hablar…
-Llévate a tu amiga… pero no importa adónde huyáis… estáis muertos… je, je, je…-Consiguió decir con la boca ensangrentada…
Huei no se lo pensó dos veces y lo levantó bruscamente agarrándolo por la solapa. Acto seguido, y ante la sorpresiva expresión de aquel tipo, Huei lo estrelló de cara contra los barrotes de la celda situada en frente de la de Xin, causando gran estruendo en la estancia… A Xin lo que le preocupaba era que se hubiese oído demasiado…
Huei sostenía a aquel tipo a punto de perder el conocimiento, manchado de su propia sangre por todas partes… la expresión del joven no denotaba piedad… Entonces Xin, al verle, recordó todo lo que le había contado aquel maldito consejero… y recordó aquella noche… A pesar de sus vacilaciones iniciales, no dudó de lo que tenía que hacer…
-Huei. Hay algo que debes saber- dijo, muy seria…
Huei le devolvió la mirada, intensa y despiadada.

A pesar de haber pasado unos segundos, Gavin y el instructor de armas parecía que hubiesen estado horas frente a frente, estudiando el menor movimiento del adversario, aguardando pacientemente…
Entonces se escuchó el sonido de un murciélago que voló sobre sus cabezas, sin que ninguno de ellos llegara a verlo…
Ambos contendientes se lanzaron al ataque al unísono.

lunes, 2 de diciembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 29

6 WARRIORS

El genio de la patada giratoria.


-Uy… Uuuuh…- Se dolía aún el gigante…
Yun, a pesar de mantenerse en pie y en guardia, notaba como le dolía todo el cuerpo… cerró un ojo a la vez que apretó los dientes al notar una nueva punzada en la espalda…
Cada vez había menos luz; el sol prácticamente había desaparecido ya tras las montañas que desde aquel punto del cuartel no se podían ver…
-Te vas a enterar…- Murmuró el soldado mientras comenzaba a preparar de nuevo su arma…
Yun permanecía atento. Se sentía lo suficientemente en condiciones para continuar con el combate… Tras un momento en el cual el gigante giró la cabeza hacia atrás desde abajo, volvió a mirar al frente, aparentemente recuperado, aunque con la nariz visiblemente magullada. Y muy furioso…
Yun observaba como aquel gigantón comenzaba de nuevo a dar vueltas a la cadena… Pero esta vez lo que giraba era aquella especie de hoz…
Casi imperceptiblemente, a medida que aquel tipo furioso iba haciendo girar la cadena más y más rápido, Yun iba retrasando su posición ante la inminencia del ataque… Por la mirada de aquel, Yun sabía que cualquier lanzamiento iba a ir con clara intención de cortarle en dos…
-¡¡Muere insecto!!- Exclamó el gigante al tiempo que lanzaba la hoz con todas sus fuerzas hacia donde se encontraba Yun…
Este podía oír como el arma de su contrincante rasgaba el aire mientras se aproximaba a toda velocidad hacia donde se encontraba… Saltó en el momento justo y la hoz se clavó en el suelo limpiamente… Al verlo desde el aire, a Yun le quedó muy claro que estaba bien afilada…
Chistando con desprecio, el gigante retiró bruscamente el arma del lugar donde se había clavado tirando de golpe de la cadena mientras apretaba ligeramente los dientes. Con unos rápidos y hábiles movimientos con la cadena recuperó su arma en pocos segundos… Mientras esto sucedía, Yun llegaba al suelo…
-Vaya con el saltarín…- Mascullaba el gigante despectivamente… la furia no le disminuía un ápice…
Yun, además del persistente dolor general, comprobó alarmado que el salto que acababa de dar le había cansado más de lo que debía… A partir de ahora, tendría que administrar mejor sus fuerzas…
Entonces vio que el gigante, una vez más, volvía a hacer girar su arma… Esta vez no estuvo tanto rato antes de lanzarla.
-¡Uaaargh!- Emitió al tiempo que la lanzaba con igual o más fuerza que antes…
Yun veía aproximarse la hoz a exagerada velocidad… pero sabía que debía esperar al último momento… Finalmente, justo a tiempo, aunque por muy poco, saltó y evitó el ataque… Pero esta vez no saltó tan alto…
El gigante, aún con sus cortas luces, se dio cuenta de esto. Y no pudo evitar esbozar una leve y malintencionada sonrisa…
Yun llegó al suelo. A pesar de haber saltado menos, notaba cómo cada vez estaba más cansado… su cuerpo quedó bastante debilitado después de permanecer a merced de aquella mole… Y vio cómo su adversario volvía a sacar su arma del suelo y la recuperaba más rápidamente que antes, si cabía…
Pero es que ahora que había visto que aquel niñato estaba débil, le urgía recuperar cuanto antes su arma… ahora le tenía
Yun no había pensado siquiera en la posibilidad de que aquel enorme tonto se hubiera percatado de su estado físico actual…  Pero su adversario se disponía a aprovechar aquella circunstancia…
-¡Ahora sí que no te escapas!- Lo amenazó, lanzando de nuevo la hoz con una temible fuerza bruta…
A Yun le llamó la atención aquella súbita reacción. Pero evitó el ataque una vez más saltando lo justo en el momento adecuado…
Pero entonces algo comenzó a pasar. Antes de que Yun tocara el suelo, aquel gigante se las había ingeniado para recuperar en seguida su arma… Y para alarma de Yun la volvió a lanzar de inmediato… justo al lugar hacia donde estaba cayendo…
-¡Oh no!- Exclamó mientras descendía inevitablemente hacia el lugar del impacto…
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!- Soltó el gigantón una risotada mientras sujetaba la cadena y contemplaba ansioso la escena…
El tiempo parecía ir ahora más despacio. Entonces, mientras Yun estaba a punto de llegar al suelo, calculó que aún tendría un breve instante para impulsarse de nuevo y evitar el filo letal… y, nada más notar contacto con la tierra, volvió a impulsarse con todas las fuerzas que le quedaban…
La hoja de la afilada hoz pasó rozándole la suela. El gigante gruñó al ver que no le había salido bien lo que pretendía… Pero no pensaba parar… Vio que aquel monigote aún “volaba” por el aire, bastante alto… Así que, esta vez, le alcanzaría en el aire…
-Esquiva esto si puedes…- Decía, sin que Yun pudiese oírlo, preparándose para lanzar la cadena recuperada por enésima vez…
Yun entendió enseguida sus intenciones… pero debía confiar en que aquel grandullón calculase mal una vez más…
Y el gigante lanzó su arma. Yun, desde donde se encontraba, todavía en el aire, estaba comprobando para su consternación, desde la distancia, que aquel idiota no había errado en su estimación en aquella ocasión… El filo de la hoz iba directamente hacia él…
El gigante, aún en la posición de lanzamiento, permanecía atento a las evoluciones de la cadena que iba estirándose a medida que el extremo terminado en hoz se aproximaba a su objetivo… esta vez sabía que no fallaría…
Y no falló… del todo. Yun, por muy poco, consiguió ladear el tronco a tiempo justo cuando el proyectil pasaba a toda velocidad junto a él… aunque llegó a herirle en un costado…
-¡Ugh!- Gimió Yun al notar la fría hoja cortándole al pasar de largo…
Desde donde se encontraba, el gigante trataba de fijarse bien en el resultado de su ataque… pero comprobó con indignación que aquel maldito aún seguía vivo… y entero…
Al volver a llegar al suelo, Yun percibió y vio como el arma planeaba por encima de su cabeza mientras se dirigía de nuevo a las manos de su dueño…
Este, con cara de muy pocos amigos, apretaba ahora la cadena con fuerza; muy enfadado… Yun casi no podía más, aunque trataba de disimularlo para que su enemigo no se diera cuenta… Y Yun vio que este fruncía aún más el ceño.
-¡Está bien! ¡Podemos tirarnos aquí todo el tiempo que haga falta!- En referencia a la poca luz que quedaba del día- ¡Pero te aseguro que hoy no saldrás entero de este lugar!- Le aseguró.
La verdad era que Yun se encontraba en serios apuros… Veía que el gigante no estaba para nada cansado… Y él, en cambio, estaba en las últimas… Si el combate no terminaba pronto, Yun estaba perdido…

Los últimos rayos del sol iluminaban el patio cerrado en el que se encontraban Gavin y el personaje misterioso. Semioculto bajo su sombrero de ala ancha, este observaba a aquel con una ligera sonrisa y mirada confiada…
-Aún no me has dicho quién eres. Se me había pasado por la cabeza que tal vez fueras nuevo… pero estoy seguro de que no es así, ¿me equivoco?- Habló, con tono tranquilo.
Gavin no dijo nada, manteniéndose alerta, confirmándole a su interlocutor que estaba en lo cierto solo con su expresión…
Aquel tipo sonrió un poco más momentáneamente. Estaba claro que había descubierto a Gavin. Pero este no percibía malas sensaciones provenientes de aquel personaje extraño… aunque sí sensación de peligro. No sabía explicarlo…
Entonces Gavin vio que aquel dirigía una mirada elocuente hacia su arma, aún enfundada a un lado de la cintura.
-Me pregunto si realmente sabes manejar ese arma…- Le dijo, con cierto tono de desafío…
Aquel comentario no dejó indiferente a Gavin…
-Espero que no me hagas tener que demostrártelo…- Le siguió el juego
Esto le hizo gracia al individuo desconocido. Pero se estaba animando…
-Antes de nada me presentaré. Y perdona por mi falta de educación- se disculpó.- Yo soy el instructor de armas de este cuartel. La verdad es que no llevo mucho tiempo aquí… A pesar de que, sinceramente, no me importa lo que estés haciendo aquí, tengo órdenes que me obligan a deshacerme de los intrusos…- Hizo una pausa.- Pero no me interesa matar por matar… Así que, te propongo algo: luchemos. Si, como mínimo, consigues desarmarme, podrás seguir tu camino- le desafió.
Gavin no entendía muy bien de qué iba aquel tipo… y le llamaba la atención aquello de que fuera instructor cuando no sería mucho mayor que él… Pero aquello le pareció perfecto.
-Muy bien. Yo me llamo Gavin. Y acepto tu desafío- contestó, decidido.
Esto satisfizo al instructor de armas.
-De acuerdo. Vamos a ver de lo que eres capaz…- Decía, como si estuviese ejerciendo en aquel momento de instructor ante un alumno más, mientras sacaba su sable de la funda.

Yun estaba exhausto y todavía dolorido… jadeaba cada vez más… Pero, aún así, continuaba esquivando la temible arma de su adversario… Este, a pesar de que aquel alfeñique conseguía saltar a tiempo cada vez que le lanzaba la hoz con todas sus ganas, seguía atacando una y otra vez… Yun sabía que, si aquello seguía así, tarde o temprano le alcanzaría de lleno… Porque ya tenía algunos rasguños…
-Vale… Tendré que cambiar de táctica- Llegó a la conclusión…
Entonces, para sorpresa del gigante, ya que había entrado en cierta “monotonía”, Yun comenzó a correr a considerable velocidad hacia un lado del patio…
-Je, je, je… No sé que pretendes pero no te servirá de nada…- Dijo, sonriendo de aquella forma tan desagradable…
Inmediatamente volvió a preparar su arma, que cada vez giraba a más velocidad… Intentaba “calcular” donde tendría que lanzar para que coincidiera… Ya.
-¡Allá va!- Soltó, burlón.
La cadena volvió a estirarse una vez más a medida que la hoz cruzaba el patio en pocos segundos en dirección hacia donde se dirigía Yun…
-Menos mal que es tonto- no pudo evitar decir Yun, sonriendo satisfecho…
Hizo un quiebro y comenzó a correr en dirección contraria; aunque, esta vez, oblicuamente y avanzando a la vez…
Al gigante se le quedó cara de bobo mientras veía como su hoz se estrellaba en un lugar en el que no había nadie desde hacía un rato… Aquello lo enojó…
-¡Maldito!- Exclamó al tiempo que volvía a tirar de la cadena para recuperar su arma de inmediato…
Yun no dejaba de correr, tratando de ganar posiciones… El tipo enorme lo seguía con la mirada…
-¡Muere de una vez!- Exclamó, ya impacientándose, al tiempo que atacaba otra vez…
Yun, desde donde se encontraba, moviéndose sin parar, veía salir a toda velocidad aquella hoz y dirigirse hacia donde iba él… Pero ya sabía lo que tenía que hacer…
-¡Fallaste otra vez!- Se pitorreó el joven al tiempo que volvía a cambiar bruscamente de dirección, aproximándose cada vez más al gigante…
Este no perdió el tiempo, apretando los dientes desiguales con rabia, y recuperó su arma a demasiada velocidad en opinión de Yun… La lanzó casi a la vez…
-¡Mierda!- Exclamó el joven guerrero ante la inesperada puntería de aquel tarugo…
La hoz le pasó muy cerca del pelo… justo antes de que volviera a girar de forma brusca en el otro sentido…
A medida que Yun se acercaba, se iba centrando en frente de su enemigo, zigzagueando… Pero era consciente de que ahora se exponía más…
-¡Aaaaargh!- Rugió el gigante lanzando la letal hoz cuando pensaba que lo tenía a la distancia suficiente para destrozarle…
Yun lo esquivó a duras penas y trató de acelerar para llegar cuanto antes a la posición del otro… Pero casi no lo cuenta al saltar a tiempo cuando la hoz volvía hacia sus pies…
A pesar de ser consciente de que era difícil que lo consiguiera, trató de recorrer los metros que le quedaban con un último acelerón… Pero el otro sonrió al ver cómo se lo ponía en bandeja…
-¡Veo que tú también quieres terminar ya! ¡Pues espera, que yo te ayudo!- Exclamó, escupiendo a la vez…
Entonces, por efecto del extremo cansancio, Yun trastabilló… en el peor momento… el gigante había lanzado su arma… el joven pensó que todo acabaría allí…
Pero consiguió moverse a un lado; lo justo para que “sólo” le hiriese en un brazo… aunque causándole un profundo corte… Por la fuerza del impacto (y la extenuación) Yun cayó al suelo.
-Por fin te quedas quietecito…- Dijo el gigantón, arrastrando las palabras, y comenzando a jadear también de cansancio…
Yun trataba de levantarse pero no podía… El gigante estaba disfrutando viendo como de una vez por todas tenía a aquel mequetrefe en un solo sitio… Sin decir nada más, comenzó a hacer girar la cadena con más fuerza que nunca, haciendo zumbar la hoz con un sonido que lo llenaba todo…
Pero no entraba en los planes de Yun rendirse. Sólo tendría un intento… Pero ya sabía lo que iba a hacer…
La cadena seguía girando… y la hoz zumbando… El momento se acercaba…
-¡¡¡Muereeeee!!!- Vociferó el gigante, haciéndose polvo la garganta, al tiempo que lanzaba con absolutamente todas las fuerzas que le quedaban la hoz del extremo de la cadena hacia donde se encontraba Yun, a pocos metros y aún en el suelo…
Yun abrió mucho los ojos, concentrándose súbitamente… Se fijó en que el otro extremo de la cadena le rodeaba el cuerpo al gigante…
-¡¡Ahora!!- Exclamó, cambiándole la mirada.
Todo sucedió a una velocidad pasmosa. Yun, con un impulso de las manos, se incorporó quedando boca abajo, con las manos apoyadas en el suelo y los brazos estirados, justo un instante antes de que llegara la hoz, directamente hacia él… elevándose por el mismo impulso unos centímetros del suelo en el mismo momento que pasaba el arma letal por debajo de sus manos, y clavándose un par de metros más allá…
Entonces, sacando las fuerzas de no sabía dónde, Yun, al volver a tener las palmas sobre el suelo, comenzó a girar de un tremendo impulso las piernas, que dejaron de verse durante unos segundos, mientras la cadena se enredaba en las mismas… A la vez, y sin tener ni idea de lo que estaba pasando, el gigante, aprisionado por sus propias cadenas, salió despedido hacia delante con una fuerza que no se imaginaba, llegando a elevarse en el suelo…
-¡¡¡Nooooooo!!!- Gritaba mientras caía en el torbellino formado por las piernas de Yun girando a toda velocidad…
El gigante recibió un sinfín de patadas por todo el cuerpo que lo acabaron mandando varios metros hacia atrás, “volando” a considerable altura… Finalmente cayó en el suelo, con gran estruendo, quedando boca arriba con los ojos en blanco. Derrotado.
Yun paró de girar. Se quitó como pudo la cadena, sin dejar de mirar hacia el suelo con el pelo sudoroso y rubio echado hacia delante…
Cuando acabó, levantó la vista, con expresión de agotamiento, y vio el cielo nocturno iluminado por la luna antes de cerrar los ojos y caer hacia adelante. Perdiendo el conocimiento.

-¡Haaa!- Exclamó el instructor lanzando un tajo horizontal que Gavin detuvo con su sable a duras penas, ayudándose con la otra mano…
Este trataba de contener, no sin esfuerzo, el arma de su adversario; mientras este le dirigía una sonrisa de tranquila superioridad…