viernes, 27 de diciembre de 2013

Un recado en Navidad

Un recado en Navidad



Hugo se encontraba apoyado con las rodillas sobre el asiento del sofá para una persona situado detrás de la ventana. Con su aún pequeña mano sostenía el visillo para poder ver cómo nevaba afuera, en la ciudad con el cielo encapotado… Desde su casa, un sexto piso, podía divisar gran parte de los edificios bajos que se extendían más allá, hasta donde le permitía ver la capa cada vez más espesa de blanco que cubría el aire… Las azoteas inundadas de nieve casi se confundían con el cielo blanquecino y apenas se podían distinguir las innumerables antenas que, en días normales, había por todo.
Hugo era un chico de trece años. Su cabello era no muy corto y castaño, con una raya en medio que le salía indefectiblemente con solo pasar la mano; los ojos los tenía de un verde tan oscuro que casi parecía otro color; era de altura y constitución media, tirando a delgado; ahora vestía con un jersey verde oscuro (su favorito), pantalones vaqueros azules y, en aquellos momentos, las zapatillas de andar por casa. Hugo era muy hogareño y en aquel preciso instante había dejado de leer un momento el libro que ahora estaba apoyado sobre la mesita situada al lado del sofá para ver cómo caía la nieve… Los copos eran cada vez más espesos, cayendo lentamente y movidos por el viento…
-Hugo- pronunció una voz de hombre mayor desde la puerta que conducía al pasillo.
Hugo se giró y vio a su abuelo entrar en la sala de estar, no sin cierta dificultad debido a sus más de setenta años.
Era un hombre más alto que la media y se percibía por su aspecto que era de buen comer, aunque sin exagerar; aún conservaba bastante pelo, ya casi blanco del todo, y llevaba siempre un bigote no demasiado espeso que le daba cierta personalidad; sus ojos eran castaños y aún vivos, a pesar de la edad. A ojos de Hugo, su abuelo era alguien indestructible… Vestía con camisa blanca a cuadros finos, un chaleco marrón encima, abrochado, una chaqueta de abrigo gris, de tono más claro que sus pantalones, un gorro que le cubría hasta las orejas y que en aquellos momentos se estaba ajustando, y unas botas para caminar por la nieve, de colores llamativos que desentonaban de forma evidente con el resto de su vestuario… Estaba claro que iba a salir, pensó Hugo.
-Hola abuelo. ¿Adónde vas?- Preguntó con curiosidad.
El hombre pareció terminar de colocarse el gorro de lana negro con un último intento.
-Hoy voy a cocinar yo. Un plato especial que me enseñaron cuando estuve en el lejano Oriente… pero me faltan algunos ingredientes y sólo yo sé donde puedo conseguirlos…- Hizo una pausa para que el misterio hiciera su efecto en la imaginación de su nieto; y en su corazón…- ¿Te vienes?
Hugo dio un salto y fue corriendo a su habitación para ponerse las zapatillas deportivas que usaba habitualmente, emocionado por aquella aventura que se había presentado de forma inesperada… Cogió su chaqueta de abrigo y salió de su habitación, recordando que se había olvidado de recoger el libro; lo haría luego.
Cuando llegó a la sala de estar, su abuelo tenía una bufanda de lana, ancha, medio puesta alrededor del cuello; y estaba en medio de la estancia consultando un papel viejo y arrugado…
-A ver, a ver… sí… ahá… Exacto…- Parecía estar comprobando algo que ya sabía…- Muy bien, vámonos- dijo al fin, guardándose el papel en el bolsillo sin doblarlo…
Hugo se dispuso a seguir a su abuelo hasta la puerta cuando a este le dio un ataque de tos… No se trataba de nada preocupante pero estaba claro que su abuelo no se encontraba muy bien… tras la tos, sacó un pañuelo y se sonó con tal fuerza que le debieron escuchar desde el edificio de enfrente…
-Papá, ¿dónde vas?- Le dijo la madre de Hugo, entrando por la misma puerta, con el tono que se emplea con un niño pequeño que va a hacer algo que no tiene que hacer…
La madre de Hugo era una mujer atractiva, alta, de complexión delgada pero no mucho; llevaba el largo pelo rubio recogido en una cola y sus ojos eran verdes, más claros que los de Hugo; llevaba un jersey blanco y pantalones ajustados color marrón; las botas, de un tono diferente de marrón, indicaban que ella también estaba preparándose para salir…
El abuelo de Hugo, haciendo ruidos con la nariz, trataba de recuperar la compostura…
-Vamos un rato de compras… ya sabes… lo que te dije ayer…- Le decía, casi sin mirarla, y con cierto tono de irritación por aquella sobreprotección que le brindaba su hija…
La madre de Hugo, con ligero maquillaje que realzaba su belleza, los miraba a ambos. Hugo no sabía qué postura poner ante aquel exhaustivo reconocimiento
-Hugo, ¿pensabas salir sin guantes, bufanda, gorro ni nada? Y tú, papá, ¿es que no ves que has cogido un buen resfriado? Afuera está nevando.
Tanto Hugo como su abuelo, al unísono, dirigieron una lenta y pesada mirada hacia la ventana, cubierta por el visillo, pero a través del cual se podía percibir la persistente nieve cayendo ininterrumpidamente… La madre de Hugo continuó hablando, dirigiéndose a este.
-Hugo. Yo me voy unas horas a la oficina. En la cocina hay una lista de lo que falta para hacer la comida. Yo estaré para entonces. Y abrígate bien…- Añadió.
Hugo se sintió decepcionado. Y sabía que a su abuelo le pasaba lo mismo… Vio que su madre cogía su abrigo largo azul oscuro del respaldo de una silla, en donde lo había colocado previamente.
-Bueno- les dijo a los dos.- Me voy. Hasta ahora- dijo y salió por la puerta que llevaba a la entrada.
Se oyó la puerta de salida abrirse y, al cabo de unos segundos, cerrarse de nuevo. Ya no se escuchaban los pasos de su madre.
Su abuelo chistó levemente y comenzó a “desliarse” la bufanda y a quitarse el gorro (con lo que le había costado…) y los guantes, mientras iba negando con la cabeza…
-Lástima… Es un plato que te haría viajar muy lejos…- Se lamentaba, con nostalgia…
Hugo era plenamente consciente de cómo se sentía su abuelo en aquellos momentos… pero no sabía cómo remediarlo. En realidad, ni siquiera sabía a dónde tenían que haber ido… Observaba cómo su abuelo, con la lentitud de movimientos habitual en él, colocaba de nuevo su abrigo en el perchero, de mala gana…
Entonces Hugo recordó algo. El papel. El papel que su abuelo había estado consultando hacía un momento y que había guardado en el bolsillo de su abrigo… Los pensamientos de Hugo se iban agolpando a toda velocidad…
-“¡Pues claro!”- Hugo chocó el puño sobre la palma de la otra mano.
Estaba decidido. Cuando vio que su abuelo iba hasta la cocina, comenzó a acercarse lentamente y con cautela hasta el abrigo que había acabado de colgar… Metió la mano en el bolsillo, tanteando durante un momento… nada. Metió la mano en el otro y… ¡ya está!
Ya tenía aquel papel amarillento y gastado en sus manos. Lo examinó de inmediato no sin antes comprobar que su abuelo no estuviese viniendo hacia allí.
En el papel había una lista de lo que suponía eran ingredientes. Y no es que lo tuviera que suponer porque fueran palabras desconocidas para él… sino porque estaban escritas en otra lengua… en árabe, dedujo Hugo… Afortunadamente, lo siguiente que estaba escrito ya lo entendía: era una dirección. Aunque de una parte de la ciudad en la que no había estado nunca… Pensaba que, así y todo, no tendría muchos problemas en llegar…
Entonces escuchó a su abuelo que se acercaba. Guardó apresuradamente el papel, arrugándolo por las prisas, en uno de los bolsillos de sus vaqueros…
-Hugo, voy un rato a mi despacho a continuar con mis Memorias… Acabo de recordar unos hechos acontecidos largo tiempo atrás que merecen ser registrados…- Le dijo, sonriéndole y guiñándole un ojo…
Hugo le devolvió la sonrisa y disimuló lo mejor que pudo… De todos modos, su abuelo no había notado nada. Cuando este se marchó, Hugo estaba todavía más convencido de lo que haría a continuación. Haría el recado para darle una sorpresa a su abuelo…

Tras ir a buscar el gorro, la bufanda y los guantes, todo de color negro, bajó en seguida hasta el portal de su edificio. Menos mal que se había abrigado bien, porque cuando abrió la puerta de la entrada principal casi se queda congelado… Salió y se plantó en medio de la acera.
Los adornos que cruzaban las calles estaban colocados desde hacía días ante la inminencia de la Navidad… comprobó que el suelo estaba resbaladizo por la nieve que se iba acumulando sobre el mismo…
-Vale. Veamos…- Dijo, hablando solo, al tiempo que examinaba el papel que había cogido del abrigo de su abuelo…
El lugar al que debía ir estaba un poco lejos de allí; y, además, nunca había estado antes. Pero había oído hablar de aquella parte de la ciudad. Al parecer, era donde se encontraban concentrados los establecimientos regentados por extranjeros de los más diversos y lejanos países, agrupados por calles… Tendría que indagar una vez llegara hasta allí.
Hugo llegó hasta la parada del autobús. El que tomaría en breves minutos le dejaría no muy lejos de su destino; si había consultado bien el callejero que hay en la sala de estar de su casa…
Allí estaba. Lleno de gente, como de costumbre; aunque hoy más, debido al tiempo…
El trayecto se le hizo relativamente corto, al pensar todo el rato en lo contento que se pondría su abuelo cuando se presentara con aquellos ingredientes, de nombres desconocidos e impronunciables, dentro de un rato. Aunque, ahora que lo pensaba, no tenía ni idea de lo que tardaría en regresar…
Una vez puso los pies en el suelo tras bajar del autobús tuvo una sensación. Una sensación rara… A pesar de que no se sentía muy cómodo decidió que aquello sería debido, indudablemente, a la excitación de aquella aventura…
Tras caminar un poco, llegó hasta donde pretendía: ante él se extendía una calle, curiosamente decorada, por la que caminaban personas de piel oscura; debían ser de algún país de Suramérica. Sin más dilación, se internó en la primera calle de aquel entramado concéntrico y abarrotado…
La gente iba y venía, entrando y saliendo de los diferentes comercios, la mayoría de alimentación, sin apenas reparar en él… Hugo miraba con curiosidad cada sitio nuevo por el que pasaba, sin abandonarle cierta sensación de desasosiego…
Entonces, cuando más adelante, a la izquierda, veía abrirse una nueva calle, tuvo que parar de inmediato para no chocar con una alta figura que surgió de la nada…
-¡Uey!- Exclamó Hugo parando a tiempo…
Sus ojos se cruzaron con los de un tipo muy alto, negro y desgarbado, con barba y ojos severos, que lo fulminaban con la mirada… Hugo no pudo evitar echarse hacia atrás… Aquel tipo llevaba una enorme pala, casi arrastrándola, y vestía abrigo largo oscuro y botas de nieve… El chico se sintió cohibido al comprobar que el desconocido lo observaba con una mezcla de curiosidad e indignación… Antes de que este pudiese abrir la boca, Hugo no dudó en acelerar el paso y girar la esquina, delante de aquel, y caminar deprisa sin mirar atrás, mientras el otro se giraba, siguiéndolo con la mirada, como si tuviera algo que decir…
Mientras Hugo avanzaba, tratando de controlarse para no echar a correr, pensaba en la mala sensación que había tenido antes… Seguro que había sido por aquel tipo… Tendría que encontrar otra salida más tarde…
Tras dar unas cuantas vueltas por la calle de los italianos, de los koreanos y de los cameruneses, al fin llegó a la que buscaba: la calle árabe. Aún no podía quitarse de la cabeza la expresión de aquel tipo que se había encontrado antes…
Comenzó a buscar el local específico al que debía entrar para comprar todo aquello… Entonces pensó en entrar en la primera tienda que se encontrara y preguntar… ya le dirían adónde ir en caso de que se hubiese equivocado…
Cuando llegaba a la puerta de una tienda que era inequívocamente de alimentación, no reparó en un tipo que estaba por allí cerca y que no le quitaba el ojo de encima…
Hugo entró y mostró el papel a una jovencita muy guapa de pie tras el mostrador, que lo atendió de inmediato con una sonrisa; tenía la tez oscura y el cabello largo recogido en una trenza negra como el azabache. El chico notó como se le quitaba el frío de la cara en un santiamén. Tras examinarlo con sus delicadas manos, asintiendo a medida que leía las palabras que ella entendía, le hizo un gesto a Hugo para que esperara, sin dejar de sonreír… Hugo estaba encantado de estar allí ahora mismo… Desde fuera, en la calle, el tipo seguía observando atentamente. Era alguien alto y corpulento, con el pelo corto y rubio, ojos claros y piel rosada. Vestía con la ropa de abrigo justa. Parecía que comenzaba a impacientarse…
La chica llegó cargada con todo lo que ponía en la lista, explicándole pacientemente a Hugo qué era cada cosa en su recién aprendido, pero correcto, lenguaje… Hugo pagó y aquella joven le dedicó una vez más una de sus fascinantes sonrisas. El chico salió muy contento y, a la vez, apenado por tener que irse ya…
Entonces, justo cuando levantaba la vista de la bolsa que contenía todo lo que acababa de comprar, el tipo que lo había estado observando todo el rato se plantó ante él, esbozando su mejor sonrisa…
-Hola- dijo con un acento claramente extranjero.
Hugo se quedó parado. ¿Qué quería aquel tipo?
-Hola- dijo, por cortesía…
El tipo dejó la sonrisa puesta, aunque Hugo ya notaba que no parecía muy sincera…
-Oye, perdona. Me he perdido. Y, además, un tío me ha robado todo el dinero. Uff, me muero de hambre- dijo esto último llevándose la mano a la barriga para reforzar lo que decía no sin dificultad…
Hugo se quedó paralizado. No sabía qué hacer. Aunque, en realidad, sí lo sabía… había algo que le decía que debía marcharse de allí YA. El tipo continuó, mostrándose lo más agradable que podía…
-Mira. Aquí atrás hay un sitio que dan comida muy barata. ¿Quieres verlo?- Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera a un callejón que había justo adelante…
Hugo no quería pero, por no ser desagradable, desoyó lo que le estaban diciendo sus tripas y comenzó a dar pasos para, eso sí, sólo asomarse para ver el dichoso sitio… Acto seguido le pediría dinero, seguro…
Se asomó y miró los alrededores… pero no veía nada… Ni a nadie… Sin darse casi cuenta, dio unos pasos y miró mejor… Él no veía nada. Le diría a aquel tipo que no llevaba nada encima y que tenía que irse…
Pero entonces aquella sensación de alarma volvió en toda su magnitud. Hugo, aterrorizado, notó cómo aquel tipo lo rodeaba con los brazos y le ponía un pañuelo en la boca y la nariz, con fuerza, que olía como a alcohol… Intentó zafarse pero el otro era mucho más fuerte que él… y le hacía daño… Jamás pensó que podía llegar a estar tan asustado…
Al cabo de unos segundos, notó como le fallaban las fuerzas. Aquel tipo horrible también comenzó a soltarlo y lo tendió en el suelo… Hugo aún estaba consciente… Sin entender lo que pasaba, aquel tipo le dio la vuelta y le palpó los riñones…
-Vaya, vaya… Un chico sano… No todos lo están tanto como tú…- Le hablaba aquel desgraciado pensando que ya estaba inconsciente…
Pero se dio cuenta de que esto no era así. Se extrañó.
-Oye. Es la primera vez que me pasa… No te preocupes. Cuando despiertes solo te sentirás más ligero…- Hablaba, arrastrando las palabras, con una leve sonrisa cínica, mientras empapaba el pañuelo con más de aquella sustancia…
Hugo veía con auténtico pavor como aquel tipo de acento extraño le aproximaba el pañuelo a la cara… sentía cómo le resbalaban las lágrimas por las mejillas, pensando en su madre y en su abuelo… Ya no los vería más.
Pero entonces algo pasó. Una enorme pala golpeó a la espalda del tipo de pelo corto. Hugo llegó a ver a quién la sostenía, el cual lo miraba con preocupación: era el hombre negro de antes…
-Tranquilo, chico. Ahora mismo llamamos a la policía.

Hugo estaba cubierto por una manta, sobre el asiento de atrás, con la puerta abierta y las piernas fuera, de unos de los dos coches de policía que habían llegado y que tenían las luces de arriba encendidas en aquellos momentos. El hombre que lo había salvado se acercó para ver cómo estaba y le puso una mano en el hombro, mirándolo con ojos preocupados. Hugo asintió consiguiendo esbozar una sonrisa, diciéndole sin palabras que no se preocupara. Cuando el hombre se alejaba, Hugo consiguió decir a tiempo…
-Gracias.
El hombre se detuvo y se giró. Ahora era él el que sonreía, de forma afable, y asintió levemente antes de girarse de nuevo y reunirse con los policías. Aquella sería la última vez que Hugo le vería…
Habían avisado a su madre, que estaba al llegar… Y él había tenido tiempo de pensar. Ya no sentía miedo. Ahora sentía rabia. ¿A cuántos chicos de su edad les había pasado eso mismo? ¿Y cuántos habían tenido su misma suerte? No quería ni pensarlo… pero no podía evitarlo.
Desde ese momento, rodeado de luces de policía, decidió que no permitiría que tipos como aquel camparan libremente a sus anchas haciendo daño a los demás. Haría lo posible para enfrentarse a ellos y llevarlos ante la justicia…
Aquel día había nacido el futuro Guardián de la Ciudad.



Fin

Mensaje del autor.

"6 Warriors" continuará en breve. Hasta entonces...

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

... y GRACIAS.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 30

6 WARRIORS

Gavin contra el Instructor de armas.


Huei hacía un rato que avanzaba por aquellos lúgubres pasillos, habiendo dejado atrás la escalera que lo había llevado hasta abajo… La humedad se notaba en el ambiente, e incluso se podían escuchar “gotitas” caer contra el suelo de vez en cuando… De hecho, Huei esperaba que no le cayera ninguna sobre la antorcha, ya que no tenía muy claro cómo podría salir de allí luego…
Entonces escuchó algo. Venía de lejos pero era bastante claro: un gemido lastimero. De una chica… Huei aceleró sus pasos en la dirección de donde provenía aquel sonido que le había llegado con reverberación…
Llegó a la zona de las celdas. Aunque en realidad eran habitáculos sucios y vacíos, sumidos en la oscuridad, con una reja de barrotes delante… El joven escuchó a alguien moverse levemente en el suelo, hacia el fondo del pasillo formado por las celdas… Se dirigió hacia allí de inmediato, resonando sus pasos en la húmeda estancia…
Y entonces la vio. En la penúltima celda, acurrucada en una de las esquinas de la pared del fondo, se intentaba proteger del frío una chica, tratando de conciliar el sueño sin éxito… Era Xin.
-¡Xin!- Exclamó Huei.
Xin abrió los ojos en cuanto escuchó la voz de Huei. Levantó la cabeza, cuyos cabellos ahora estaban revueltos, y dirigió la mirada hacia el joven…
-¡Huei!- Dijo, tratando de levantarse…
Huei la observaba, antorcha en mano, mientras la chica se incorporaba… Una vez Xin estuvo en pie, se sorprendió a si misma arreglándose apresuradamente la ropa y el pelo antes la presencia del joven, del que no quería que la viese con aquel aspecto… Pero entonces, cuando le dirigía una tímida mirada, tras considerar que estaba lo suficientemente presentable, abrió mucho los ojos, alarmada…
-¡Huei, detrás de ti!- Intentó avisarle…
Huei reaccionó deprisa, tratando de girarse para ver de qué se trataba… Pero no le dio tiempo. Un garrote le golpeó con fuerza en la espalda, provocando que comenzara a inclinarse… el arma era sostenida por el consejero…
-¡¡Huei, no!!

Gavin permanecía frente a su adversario, en guardia, muy cerrada… Pero, a diferencia suya, el instructor de armas no adoptaba ninguna posición de guardia… en apariencia… Sencillamente se encontraba de lado, con el brazo que sujetaba el arma extendido, mirando hacia Gavin… estaban separados por un par de metros de distancia… Gavin no le quitaba la vista de encima; no se fiaba de aquel tipo… El otro, en cambio, estaba a punto de sonreír, aparentemente tranquilo…
-Por lo poco que he podido comprobar hasta el momento, veo que algo sí que sabes manejar ese sable…- Le dijo, muy seguro…
A Gavin aquello no le hizo mucha gracia…
-Vaya, gracias. Espero no acabar decepcionándote…- Hablaba con ironía, sin ser capaz de llegar a esbozar una sonrisa, aunque no fuese sincera…
Ahora era el contrincante de Gavin el que dejó de sonreír. Este observó que ahora esgrimía su arma con más fuerza. Se disponía a atacar…
-No debes tomártelo a mal- le dijo, en tono sincero.- Te aseguro que me apetece mucho ver de lo que eres capaz…
Gavin estaba desconcertado. Pero tenía que reconocer que creía a aquel tipo… Este siguió hablando.
-Bueno… ¿Seguimos?
Gavin tan solo tuvo apenas un segundo para reaccionar. El instructor salió disparado a una velocidad increíble hacia donde se encontraba Gavin… De pronto, este lo tenía ante él, levantando su arma para atacarle, como a cámara lenta… Consiguió apartarse a tiempo de un salto hacia atrás, estrellándose el filo del sable contra el suelo duro…
Cuando Gavin se detuvo, se fijó en su adversario: este lo miraba fijamente, casi de soslayo, sin apenas expresión en su rostro…
Entonces Gavin se dio cuenta de algo: si aquel tipo hubiera querido, le habría alcanzado tranquilamente… había estado claramente a su merced… Sin embargo, le había dejado escapar. ¡Exacto! ¡Le había dejado escapar! ¿Por qué…?
Como si adivinara lo que estaba pensando en aquellos momentos, el instructor, mirando hacia abajo, no pudo evitar sonreír…
-Vamos. Estoy seguro de que puedes hacerlo mucho mejor…- Le dijo, en tono didáctico
Pero a Gavin le daba rabia aquel tipo de “observaciones”… Al percatarse el instructor de esto, dejó de sonreír de inmediato. Volvió a dirigirse a Gavin.
-Muy bien. Allá voy otra vez- le anunció, adoptando (esta vez sí) posición de ataque…
Gavin no había abandonado en ningún momento la suya…
-¿Me tomas por tonto o qué…?- le dijo Gavin, sintiendo que le tomaba el pelo al anunciarle sus intenciones…
Aquello le supo mal al instructor. Tras comprobar lo susceptible que era aquel chaval, decidió cuidar más sus palabras para con él.
Permanecieron quietos y en silencio durante unos instantes… la luz del día se iba apagando por momentos… comenzaba a soplar una breve brisa, impropia de aquel tiempo, que agitaba las hojas de las innumerables plantas que había a continuación de la zona de combate, rodeada esta de armas, en la que ambos se encontraban…
Entonces el instructor hizo un breve movimiento de contracción, que Gavin vio enseguida abriendo más los ojos, antes de salir impulsado hacia delante…
Como la vez anterior, su oponente llegó hasta donde Gavin se encontraba, en un abrir y cerrar de ojos… Pero esta vez, Gavin ya estaba sobre aviso de lo que aquel era capaz y ya no le pilló tan desprevenido… Así y todo le vino de un pelo que no le alcanzara en una pierna cuando ya estaba saltando una vez más hacia atrás…
Llegó al suelo de nuevo deslizándose por la inercia… Aquel tipo volvía a estar de pie sobre el lugar que Gavin había abandonado hacía un momento… pero este se fijó que su contrincante no había utilizado el arma en esta ocasión… En cambio, lo estaba mirando, nuevamente casi de reojo, aunque ahora con una expresión más seria… más severa en realidad…
-¿Qué ocurre? ¿Es que eso es lo único que sabes hacer: escapar…?- No había ni rastro de broma en su tono…
Esta vez Gavin no sintió rabia ante aquellas palabras; le fastidiaba reconocerlo pero se sentía avergonzado tras haber sido reprendido por él… Incluso trató de excusarse, llegando a abrir la boca sin saber muy bien qué decir, pero finalmente optó por callarse y concentrarse en el combate…
El instructor, tras comprobar que sus palabras habían tenido efecto sobre su “alumno”, se dispuso a reanudar el ataque una vez más… No pensaba darle ya más oportunidades…
Gavin se mantenía fijo en su posición de defensa; sabía que no le serviría de nada una nueva esquiva hacia atrás… El instructor se preparó para atacar, dirigiéndole la palabra a Gavin en una nueva ocasión…
-Sé que puedes hacerlo mucho mejor…- Le animó.
Y por extraño que pudiese parecer, aquellas palabras encendieron el espíritu de combate de Gavin; y se sintió preparado de verdad para enfrentarse a su adversario, independientemente de lo bueno que fuera este…
Ahora sí. El instructor se puso serio, sin dejar de mirar a Gavin. Y, durante un momento pareció contener la respiración… Gavin también aguzó sus sentidos al máximo… no perdía de vista a su peligroso rival…
Sin decir nada, veloz y sutil como en las dos ocasiones anteriores, el instructor de armas salió hacia delante a gran velocidad, hacia Gavin… Este contuvo el impulso de volver a esquivarlo… el instructor no pensaba darle tregua esta vez…
Se produjo un choque de metales que resonó en el cielo que ya comenzaba a oscurecerse. Ambos sables parecían estar forcejeando por su cuenta… El instructor permanecía en la misma posición que había quedado tras atacar con un tajo desde arriba oblicuo… Gavin, fuertemente afianzado en su posición, sostenía su sable ayudándose con la otra mano, resistiendo el empuje del arma de su adversario… aquel apretaba los dientes por el esfuerzo… Pero conseguía que el otro no pudiera avanzar ni un centímetro… La expresión del instructor era mezcla de inexpresividad, seriedad y sorpresa…
Finalmente, este dejó de aplicar presión sobre el arma de Gavin y este se zafó de inmediato al notarlo, retrocediendo lo justo para mantener la distancia…
El instructor permanecía de pie, quieto, con el arma bajada; no se le veían los ojos tras el sombrero de ala ancha al tener la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo… Aunque Gavin no se fiaba…
Entonces, inesperadamente, el instructor de armas levantó la cabeza y le dirigió a Gavin una sincera sonrisa.
-Eso está mucho mejor- le dijo, complacido…
Gavin no sabía muy bien cómo tomarse aquello… Pero ya comenzaba a acostumbrarse a lo raro que era aquel tío… Este adoptó de nuevo posición de guardia, evidenciando que no quería dejar pasar más tiempo sin seguir poniendo a prueba a su prometedor oponente…
En aquellos momentos, y a pesar de la tensión lógica por el combate, a Gavin le llegó el perfume de las flores aromáticas de diferentes colores que había visto de pasada cuando llegaba a la parte donde se encontraban ahora… y fue consciente del escenario que lo rodeaba… la zona de práctica con armas… el cielo de diferentes tonos de azul oscuro y un retazo de naranja brillante escondiéndose en un rincón del alto muro… la ligera y agradable brisa que lo envolvía en aquellos momentos, agitando la hojarasca de la vegetación de más allá y silbando apagadamente entre los recovecos… el contacto de sus pies con aquel suelo apto para el entrenamiento… Gavin tenía que reconocer que estaba disfrutando mucho combatiendo con aquel tipo en aquel lugar…
El instructor parecía haberse dado cuenta de lo que le pasaba a Gavin por la cabeza y parecía haber estado dándole tiempo para que sintiera plenamente las mismas sensaciones que estaba teniendo él mismo en aquellos momentos…
Pero había llegado la hora de dejar de encantarse y seguir con el combate.
-Creo que tú y yo somos muy parecidos- observó el instructor, manteniendo la guardia…
Por primera vez desde que comenzara el duelo, Gavin sonrió, con expresión motivada…
-Estoy de acuerdo. Como mejor nos lo pasamos es combatiendo… Al menos ese es mi caso- dijo, manteniendo él también su guardia…
El instructor sonrió. Era evidente que ya se había creado cierta complicidad entre ambos.
-También el mío-hizo una breve pausa.- Así que… ¿qué te parece si seguimos?- Propuso…
Gavin sonrió una vez más, sin cambiar la mirada, y asintió. Ambos estaban listos.
Los dos oponentes estaban uno frente al otro, en guardia, dispuestos a seguir pasándoselo en grande con aquel duelo…

-¡Huei! ¡¿Estás bien?!- Xin se había acercado hasta los barrotes, agarrándose con fuerza y casi golpeándose la cabeza en los mismos por el ímpetu…
Huei había doblado las rodillas… pero aún no había caído. Tenía la cabeza hacia el suelo, y el largo cabello azul echado hacia delante no permitía verle la cara…
Tras él, permanecía el consejero, garrote en mano, sonriendo de satisfacción…
-¡No me digas que tú eres uno de aquellos niñatos de la escuela! Vaya, vaya…- Pensaba con malicia el exultante consejero…
Xin veía con preocupación cómo aquel miserable observaba a Huei, cogiéndose con dos dedos la barbilla, mientras decidía qué hacía con él… Y Huei seguía sin moverse.
Un momento, pensó Xin. El consejero no se ha dado cuenta de lo extrañamente quieto que está Huei… aquel está ahora mismo pensativo mirando hacia el casi invisible techo…
-Estoy seguro de que al General le interesará mucho ver a este…- Decía, absorto en sus elucubraciones…
Entonces Xin comprendió: no se puede acabar con Huei tan fácilmente…
El joven se incorporó de una vez, sin darle tiempo a reaccionar al confiado consejero, girándose y propinándole un puñetazo en toda la cara.
El consejero cayó de culo al suelo, con la cara maltrecha y dolorida… Entonces consiguió abrir los ojos y elevó la mirada… Se encontró con los de Huei, que lo miraban implacables, sin mostrar ningún signo de afectación por el golpe del garrote que le había dado antes…
Al acordarse del garrote, que aún sujetaba en la mano, trató de incorporarse rápidamente para darle una lección a aquel maldito insolente… Pero Huei ya le había adivinado las intenciones y llegó a tiempo, sin mayor problema, para pisarle la mano que sostenía el arma improvisada…
-¡Aah! ¡Quítate de encim…!- No pudo terminar su protesta…
Huei le dio una dolorosa patada en la boca, haciéndole saltar sangre y varios dientes… aunque no pudo llegar a caer del todo hacia atrás ya que Huei lo impedía pisándole la mano con más fuerza…
A Xin no le gustaba nada aquella escena… pero no le diría nada a Huei para que parase. Ni hablar…
-Llévate a tu amiga… pero no importa adónde huyáis… estáis muertos… je, je, je…-Consiguió decir con la boca ensangrentada…
Huei no se lo pensó dos veces y lo levantó bruscamente agarrándolo por la solapa. Acto seguido, y ante la sorpresiva expresión de aquel tipo, Huei lo estrelló de cara contra los barrotes de la celda situada en frente de la de Xin, causando gran estruendo en la estancia… A Xin lo que le preocupaba era que se hubiese oído demasiado…
Huei sostenía a aquel tipo a punto de perder el conocimiento, manchado de su propia sangre por todas partes… la expresión del joven no denotaba piedad… Entonces Xin, al verle, recordó todo lo que le había contado aquel maldito consejero… y recordó aquella noche… A pesar de sus vacilaciones iniciales, no dudó de lo que tenía que hacer…
-Huei. Hay algo que debes saber- dijo, muy seria…
Huei le devolvió la mirada, intensa y despiadada.

A pesar de haber pasado unos segundos, Gavin y el instructor de armas parecía que hubiesen estado horas frente a frente, estudiando el menor movimiento del adversario, aguardando pacientemente…
Entonces se escuchó el sonido de un murciélago que voló sobre sus cabezas, sin que ninguno de ellos llegara a verlo…
Ambos contendientes se lanzaron al ataque al unísono.

lunes, 2 de diciembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 29

6 WARRIORS

El genio de la patada giratoria.


-Uy… Uuuuh…- Se dolía aún el gigante…
Yun, a pesar de mantenerse en pie y en guardia, notaba como le dolía todo el cuerpo… cerró un ojo a la vez que apretó los dientes al notar una nueva punzada en la espalda…
Cada vez había menos luz; el sol prácticamente había desaparecido ya tras las montañas que desde aquel punto del cuartel no se podían ver…
-Te vas a enterar…- Murmuró el soldado mientras comenzaba a preparar de nuevo su arma…
Yun permanecía atento. Se sentía lo suficientemente en condiciones para continuar con el combate… Tras un momento en el cual el gigante giró la cabeza hacia atrás desde abajo, volvió a mirar al frente, aparentemente recuperado, aunque con la nariz visiblemente magullada. Y muy furioso…
Yun observaba como aquel gigantón comenzaba de nuevo a dar vueltas a la cadena… Pero esta vez lo que giraba era aquella especie de hoz…
Casi imperceptiblemente, a medida que aquel tipo furioso iba haciendo girar la cadena más y más rápido, Yun iba retrasando su posición ante la inminencia del ataque… Por la mirada de aquel, Yun sabía que cualquier lanzamiento iba a ir con clara intención de cortarle en dos…
-¡¡Muere insecto!!- Exclamó el gigante al tiempo que lanzaba la hoz con todas sus fuerzas hacia donde se encontraba Yun…
Este podía oír como el arma de su contrincante rasgaba el aire mientras se aproximaba a toda velocidad hacia donde se encontraba… Saltó en el momento justo y la hoz se clavó en el suelo limpiamente… Al verlo desde el aire, a Yun le quedó muy claro que estaba bien afilada…
Chistando con desprecio, el gigante retiró bruscamente el arma del lugar donde se había clavado tirando de golpe de la cadena mientras apretaba ligeramente los dientes. Con unos rápidos y hábiles movimientos con la cadena recuperó su arma en pocos segundos… Mientras esto sucedía, Yun llegaba al suelo…
-Vaya con el saltarín…- Mascullaba el gigante despectivamente… la furia no le disminuía un ápice…
Yun, además del persistente dolor general, comprobó alarmado que el salto que acababa de dar le había cansado más de lo que debía… A partir de ahora, tendría que administrar mejor sus fuerzas…
Entonces vio que el gigante, una vez más, volvía a hacer girar su arma… Esta vez no estuvo tanto rato antes de lanzarla.
-¡Uaaargh!- Emitió al tiempo que la lanzaba con igual o más fuerza que antes…
Yun veía aproximarse la hoz a exagerada velocidad… pero sabía que debía esperar al último momento… Finalmente, justo a tiempo, aunque por muy poco, saltó y evitó el ataque… Pero esta vez no saltó tan alto…
El gigante, aún con sus cortas luces, se dio cuenta de esto. Y no pudo evitar esbozar una leve y malintencionada sonrisa…
Yun llegó al suelo. A pesar de haber saltado menos, notaba cómo cada vez estaba más cansado… su cuerpo quedó bastante debilitado después de permanecer a merced de aquella mole… Y vio cómo su adversario volvía a sacar su arma del suelo y la recuperaba más rápidamente que antes, si cabía…
Pero es que ahora que había visto que aquel niñato estaba débil, le urgía recuperar cuanto antes su arma… ahora le tenía
Yun no había pensado siquiera en la posibilidad de que aquel enorme tonto se hubiera percatado de su estado físico actual…  Pero su adversario se disponía a aprovechar aquella circunstancia…
-¡Ahora sí que no te escapas!- Lo amenazó, lanzando de nuevo la hoz con una temible fuerza bruta…
A Yun le llamó la atención aquella súbita reacción. Pero evitó el ataque una vez más saltando lo justo en el momento adecuado…
Pero entonces algo comenzó a pasar. Antes de que Yun tocara el suelo, aquel gigante se las había ingeniado para recuperar en seguida su arma… Y para alarma de Yun la volvió a lanzar de inmediato… justo al lugar hacia donde estaba cayendo…
-¡Oh no!- Exclamó mientras descendía inevitablemente hacia el lugar del impacto…
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!- Soltó el gigantón una risotada mientras sujetaba la cadena y contemplaba ansioso la escena…
El tiempo parecía ir ahora más despacio. Entonces, mientras Yun estaba a punto de llegar al suelo, calculó que aún tendría un breve instante para impulsarse de nuevo y evitar el filo letal… y, nada más notar contacto con la tierra, volvió a impulsarse con todas las fuerzas que le quedaban…
La hoja de la afilada hoz pasó rozándole la suela. El gigante gruñó al ver que no le había salido bien lo que pretendía… Pero no pensaba parar… Vio que aquel monigote aún “volaba” por el aire, bastante alto… Así que, esta vez, le alcanzaría en el aire…
-Esquiva esto si puedes…- Decía, sin que Yun pudiese oírlo, preparándose para lanzar la cadena recuperada por enésima vez…
Yun entendió enseguida sus intenciones… pero debía confiar en que aquel grandullón calculase mal una vez más…
Y el gigante lanzó su arma. Yun, desde donde se encontraba, todavía en el aire, estaba comprobando para su consternación, desde la distancia, que aquel idiota no había errado en su estimación en aquella ocasión… El filo de la hoz iba directamente hacia él…
El gigante, aún en la posición de lanzamiento, permanecía atento a las evoluciones de la cadena que iba estirándose a medida que el extremo terminado en hoz se aproximaba a su objetivo… esta vez sabía que no fallaría…
Y no falló… del todo. Yun, por muy poco, consiguió ladear el tronco a tiempo justo cuando el proyectil pasaba a toda velocidad junto a él… aunque llegó a herirle en un costado…
-¡Ugh!- Gimió Yun al notar la fría hoja cortándole al pasar de largo…
Desde donde se encontraba, el gigante trataba de fijarse bien en el resultado de su ataque… pero comprobó con indignación que aquel maldito aún seguía vivo… y entero…
Al volver a llegar al suelo, Yun percibió y vio como el arma planeaba por encima de su cabeza mientras se dirigía de nuevo a las manos de su dueño…
Este, con cara de muy pocos amigos, apretaba ahora la cadena con fuerza; muy enfadado… Yun casi no podía más, aunque trataba de disimularlo para que su enemigo no se diera cuenta… Y Yun vio que este fruncía aún más el ceño.
-¡Está bien! ¡Podemos tirarnos aquí todo el tiempo que haga falta!- En referencia a la poca luz que quedaba del día- ¡Pero te aseguro que hoy no saldrás entero de este lugar!- Le aseguró.
La verdad era que Yun se encontraba en serios apuros… Veía que el gigante no estaba para nada cansado… Y él, en cambio, estaba en las últimas… Si el combate no terminaba pronto, Yun estaba perdido…

Los últimos rayos del sol iluminaban el patio cerrado en el que se encontraban Gavin y el personaje misterioso. Semioculto bajo su sombrero de ala ancha, este observaba a aquel con una ligera sonrisa y mirada confiada…
-Aún no me has dicho quién eres. Se me había pasado por la cabeza que tal vez fueras nuevo… pero estoy seguro de que no es así, ¿me equivoco?- Habló, con tono tranquilo.
Gavin no dijo nada, manteniéndose alerta, confirmándole a su interlocutor que estaba en lo cierto solo con su expresión…
Aquel tipo sonrió un poco más momentáneamente. Estaba claro que había descubierto a Gavin. Pero este no percibía malas sensaciones provenientes de aquel personaje extraño… aunque sí sensación de peligro. No sabía explicarlo…
Entonces Gavin vio que aquel dirigía una mirada elocuente hacia su arma, aún enfundada a un lado de la cintura.
-Me pregunto si realmente sabes manejar ese arma…- Le dijo, con cierto tono de desafío…
Aquel comentario no dejó indiferente a Gavin…
-Espero que no me hagas tener que demostrártelo…- Le siguió el juego
Esto le hizo gracia al individuo desconocido. Pero se estaba animando…
-Antes de nada me presentaré. Y perdona por mi falta de educación- se disculpó.- Yo soy el instructor de armas de este cuartel. La verdad es que no llevo mucho tiempo aquí… A pesar de que, sinceramente, no me importa lo que estés haciendo aquí, tengo órdenes que me obligan a deshacerme de los intrusos…- Hizo una pausa.- Pero no me interesa matar por matar… Así que, te propongo algo: luchemos. Si, como mínimo, consigues desarmarme, podrás seguir tu camino- le desafió.
Gavin no entendía muy bien de qué iba aquel tipo… y le llamaba la atención aquello de que fuera instructor cuando no sería mucho mayor que él… Pero aquello le pareció perfecto.
-Muy bien. Yo me llamo Gavin. Y acepto tu desafío- contestó, decidido.
Esto satisfizo al instructor de armas.
-De acuerdo. Vamos a ver de lo que eres capaz…- Decía, como si estuviese ejerciendo en aquel momento de instructor ante un alumno más, mientras sacaba su sable de la funda.

Yun estaba exhausto y todavía dolorido… jadeaba cada vez más… Pero, aún así, continuaba esquivando la temible arma de su adversario… Este, a pesar de que aquel alfeñique conseguía saltar a tiempo cada vez que le lanzaba la hoz con todas sus ganas, seguía atacando una y otra vez… Yun sabía que, si aquello seguía así, tarde o temprano le alcanzaría de lleno… Porque ya tenía algunos rasguños…
-Vale… Tendré que cambiar de táctica- Llegó a la conclusión…
Entonces, para sorpresa del gigante, ya que había entrado en cierta “monotonía”, Yun comenzó a correr a considerable velocidad hacia un lado del patio…
-Je, je, je… No sé que pretendes pero no te servirá de nada…- Dijo, sonriendo de aquella forma tan desagradable…
Inmediatamente volvió a preparar su arma, que cada vez giraba a más velocidad… Intentaba “calcular” donde tendría que lanzar para que coincidiera… Ya.
-¡Allá va!- Soltó, burlón.
La cadena volvió a estirarse una vez más a medida que la hoz cruzaba el patio en pocos segundos en dirección hacia donde se dirigía Yun…
-Menos mal que es tonto- no pudo evitar decir Yun, sonriendo satisfecho…
Hizo un quiebro y comenzó a correr en dirección contraria; aunque, esta vez, oblicuamente y avanzando a la vez…
Al gigante se le quedó cara de bobo mientras veía como su hoz se estrellaba en un lugar en el que no había nadie desde hacía un rato… Aquello lo enojó…
-¡Maldito!- Exclamó al tiempo que volvía a tirar de la cadena para recuperar su arma de inmediato…
Yun no dejaba de correr, tratando de ganar posiciones… El tipo enorme lo seguía con la mirada…
-¡Muere de una vez!- Exclamó, ya impacientándose, al tiempo que atacaba otra vez…
Yun, desde donde se encontraba, moviéndose sin parar, veía salir a toda velocidad aquella hoz y dirigirse hacia donde iba él… Pero ya sabía lo que tenía que hacer…
-¡Fallaste otra vez!- Se pitorreó el joven al tiempo que volvía a cambiar bruscamente de dirección, aproximándose cada vez más al gigante…
Este no perdió el tiempo, apretando los dientes desiguales con rabia, y recuperó su arma a demasiada velocidad en opinión de Yun… La lanzó casi a la vez…
-¡Mierda!- Exclamó el joven guerrero ante la inesperada puntería de aquel tarugo…
La hoz le pasó muy cerca del pelo… justo antes de que volviera a girar de forma brusca en el otro sentido…
A medida que Yun se acercaba, se iba centrando en frente de su enemigo, zigzagueando… Pero era consciente de que ahora se exponía más…
-¡Aaaaargh!- Rugió el gigante lanzando la letal hoz cuando pensaba que lo tenía a la distancia suficiente para destrozarle…
Yun lo esquivó a duras penas y trató de acelerar para llegar cuanto antes a la posición del otro… Pero casi no lo cuenta al saltar a tiempo cuando la hoz volvía hacia sus pies…
A pesar de ser consciente de que era difícil que lo consiguiera, trató de recorrer los metros que le quedaban con un último acelerón… Pero el otro sonrió al ver cómo se lo ponía en bandeja…
-¡Veo que tú también quieres terminar ya! ¡Pues espera, que yo te ayudo!- Exclamó, escupiendo a la vez…
Entonces, por efecto del extremo cansancio, Yun trastabilló… en el peor momento… el gigante había lanzado su arma… el joven pensó que todo acabaría allí…
Pero consiguió moverse a un lado; lo justo para que “sólo” le hiriese en un brazo… aunque causándole un profundo corte… Por la fuerza del impacto (y la extenuación) Yun cayó al suelo.
-Por fin te quedas quietecito…- Dijo el gigantón, arrastrando las palabras, y comenzando a jadear también de cansancio…
Yun trataba de levantarse pero no podía… El gigante estaba disfrutando viendo como de una vez por todas tenía a aquel mequetrefe en un solo sitio… Sin decir nada más, comenzó a hacer girar la cadena con más fuerza que nunca, haciendo zumbar la hoz con un sonido que lo llenaba todo…
Pero no entraba en los planes de Yun rendirse. Sólo tendría un intento… Pero ya sabía lo que iba a hacer…
La cadena seguía girando… y la hoz zumbando… El momento se acercaba…
-¡¡¡Muereeeee!!!- Vociferó el gigante, haciéndose polvo la garganta, al tiempo que lanzaba con absolutamente todas las fuerzas que le quedaban la hoz del extremo de la cadena hacia donde se encontraba Yun, a pocos metros y aún en el suelo…
Yun abrió mucho los ojos, concentrándose súbitamente… Se fijó en que el otro extremo de la cadena le rodeaba el cuerpo al gigante…
-¡¡Ahora!!- Exclamó, cambiándole la mirada.
Todo sucedió a una velocidad pasmosa. Yun, con un impulso de las manos, se incorporó quedando boca abajo, con las manos apoyadas en el suelo y los brazos estirados, justo un instante antes de que llegara la hoz, directamente hacia él… elevándose por el mismo impulso unos centímetros del suelo en el mismo momento que pasaba el arma letal por debajo de sus manos, y clavándose un par de metros más allá…
Entonces, sacando las fuerzas de no sabía dónde, Yun, al volver a tener las palmas sobre el suelo, comenzó a girar de un tremendo impulso las piernas, que dejaron de verse durante unos segundos, mientras la cadena se enredaba en las mismas… A la vez, y sin tener ni idea de lo que estaba pasando, el gigante, aprisionado por sus propias cadenas, salió despedido hacia delante con una fuerza que no se imaginaba, llegando a elevarse en el suelo…
-¡¡¡Nooooooo!!!- Gritaba mientras caía en el torbellino formado por las piernas de Yun girando a toda velocidad…
El gigante recibió un sinfín de patadas por todo el cuerpo que lo acabaron mandando varios metros hacia atrás, “volando” a considerable altura… Finalmente cayó en el suelo, con gran estruendo, quedando boca arriba con los ojos en blanco. Derrotado.
Yun paró de girar. Se quitó como pudo la cadena, sin dejar de mirar hacia el suelo con el pelo sudoroso y rubio echado hacia delante…
Cuando acabó, levantó la vista, con expresión de agotamiento, y vio el cielo nocturno iluminado por la luna antes de cerrar los ojos y caer hacia adelante. Perdiendo el conocimiento.

-¡Haaa!- Exclamó el instructor lanzando un tajo horizontal que Gavin detuvo con su sable a duras penas, ayudándose con la otra mano…
Este trataba de contener, no sin esfuerzo, el arma de su adversario; mientras este le dirigía una sonrisa de tranquila superioridad…

lunes, 18 de noviembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 28

6 WARRIORS

Yun contra Abahai.


Yun se encontraba en medio del extenso patio del cuartel frente a aquella mole malcarada de sonrisa inquietante…
-Que quién ereees…- Le volvió a preguntar aquel gigante denotando cierta carencia de inteligencia, observó Yun…
Este se dio cuenta, además, que parecía que aún podría librarse de aquel tipo que tan mala espina le daba…
-Eeeh… ¡Un soldado! ¡Sí! ¡Soy un soldado!- Dijo, adoptando de pronto una exagerada pose de firmeza marcial.
Sin esperar respuesta, y pretendiendo (a pesar de ser consciente de lo mal que le había salido…) que hubiese colado, comenzó a caminar como si tuviese las extremidades agarrotadas, con un paso mal imitado dando grandes zancadas camino de la puerta por donde había accedido al patio un rato antes, hacia donde miraba fijamente con una expresión de exagerada concentración…
Pero cuando pasaba justo al lado de aquel grandullón que le hacía sombra por completo, una mano enorme se posó con relativa calma, aunque no floja precisamente, sobre el hombro de Yun; que se detuvo de inmediato, alarmado…
Entonces este notó como la cabeza de aquel ser se le acercaba casi empujando el aire que los separaba…
-Pues no te había visto por aquí antes…- Le dijo, suspicaz, con un tono calmo.
Yun aún miraba hacia la salida (¡La salida!) tratando de pensar rápidamente…
-Eeeeh… Estooo… ¡Es que soy nuevo! ¡De hoy mismo! ¡Encantado!- Se apresuraba en decir, convenciéndose a si mismo con que eso debería bastar…
Pero aquel tipo lo miraba, rascándose el mentón, con muchas sospechas.
-¿Y cómo te llamas?- Quiso saber, inquisitivamente…
Yun se sobresaltó, apretando los dientes y abriendo mucho los ojos ante aquella inesperada pregunta… “¡Pesado preguntón…!”
-Yo… Pues… ¡Huei! ¡Sí, sí! ¡Me llamo Huei!- Trató de convencerle…
Sabía que Huei lo mataría si algún día se enteraba…
Aquel tipo se quedó pensativo de nuevo… “¡Déjame ya, pesado!”, se impacientaba Yun… Entonces a aquel individuo pareció ocurrírsele algo.
-Y dime… Huei…- Aquí Yun se comenzó a arrepentir de haber utilizado ese nombre…- ¿A qué división has sido asignado?- Le preguntó mientras le miraba atentamente ladeando la cabeza y entornando los ojos…
Ahora sí que la había hecho buena. Bueno, con cualquier número bastaría…
-¡La 27!- Pero Yun se dio cuenta que, con toda seguridad, se había pasado…
Entonces aquel tipo sonrió de una manera que a Yun no le gustó nada; era una mezcla entre malévola y triunfal…
-En este cuartel no existen divisiones… ¡Eres un impostor!- Exclamó, comenzando a apretar con su manaza el hombro de Yun…
Pero este se escabulló a tiempo y trató de dirigirse a la puerta de salida…
Entonces aquel tipo enorme levantó su también enorme pie embutido en una bota gruesa y, al notar Yun la repentina oscuridad que se cernía sobre él, saltó hacia atrás justo antes de que aquel diese un terrible pisotón en el suelo que provocó un agujero con la marca de su huella…
Yun saltó varias veces más, girando verticalmente sobre si mismo y ayudándose con las manos, para apartarse lo máximo posible de aquel tipo tan peligroso… y que además le había descubierto.
-No sé qué haces aquí… pero te aplastaré por ser un maldito intruso…- Le comunicó el gigante a Yun…
Este sabía que no le iba a quedar más remedio que enfrentarse a aquel tipo inmenso. Entonces se fijó mejor en su atuendo: aparte de las botas negras, guantes también negros, pantalones ajustados de un color fucsia que hacía daño a los ojos, una especie de chaleco cerrado del mismo color, con una camiseta negra sin mangas muy gastada debajo y un colgante parecido a una cadena que hacía juego con su arma, la cual comenzaba a agitar cada vez a más velocidad…
Aquel tipo abrió la boca en una sonrisa que casi parecía más una mueca y Yun vio que le faltaban algunos dientes…
-¡No sé como has entrado aquí, chaval! ¡Pero yo te ayudaré a salir…!- Se “ofreció” aquel gigante agitando mucho más fuerte y rápido la cadena terminada en hoz…
Yun, como de costumbre, no se dejaba intimidar ante aquella palabrería propia de un bravucón… Se concentró al ver que este se acercaba lenta pero inexorablemente…
-¡Toma esto!- Exclamó el gigante lanzando finalmente la hoz a toda velocidad hacia las piernas de Yun…
Pero este no se alteró mientras la veía venir… saltando en el momento preciso que aquel “disco” se estrellaba en el suelo haciendo saltar esquirlas…
Aquello llamó la atención del gigante, que no se esperaba que aquel alfeñique tuviese aquellas habilidades… Entonces sonrió, con ojos maliciosos y con evidente satisfacción. Mejor, pensó. Así sería más divertido…
Yun aprovechó que aquel tipo estaba distraído (y tenía su arma “lejos”) para salir corriendo e intentar escapar una vez más…
Pero el gigante se dio cuenta enseguida de sus intenciones y tiró bruscamente de su arma con la intención de “barrer” a aquel escurridizo…
Yun por poco no lo consigue. Se percató en el último momento de lo que le venía por detrás y saltó por los pelos mientras veía como el arma retornaba a las manos de su dueño…
Yun tuvo que detenerse en seco. Ahora ya estaba aquel gigante preparado de nuevo.
-Je, je, je. ¿Adónde ibas?- Le preguntó con sarcasmo…
Yun esbozó una sonrisa en su rostro de preocupación…
-Mira que me gustaría quedarme a jugar aquí contigo, pero tengo cosas más importantes que hacer…- A Yun se le llegó a pasar por la cabeza que a lo mejor aquel tipo podría llegarle a dejar en paz… al fin y al cabo él solo quería largarse de allí (aunque fuera en dirección contraria a la que pensaba el grandullón…)
Pero sabía que no le dejaría irse de allí…vivo. El gigantesco soldado volvió a hacer girar su arma sin decir una palabra, borrando cualquier rastro de sonrisa de su rostro.
Yun volvió a prepararse ante el siguiente ataque…

Gavin había llegado a una zona al aire libre lleno de plantas de diferentes tipos aquí y allá. Le parecía mentira que en aquel sitio hubiera un lugar así… Incluso había flores, normalmente una de cada tipo; y una fuente de la que manaba agua fresca… Así y todo, Gavin avanzaba con cautela…
Al girar un recodo, llegó a una especie de patio cerrado en el cual estaban dispuestas en las paredes un considerable número de armas. Se fijó en que, en su mayoría, eran sables y espadas de práctica… Aquel debía ser el lugar donde los soldados eran instruidos en el manejo de las armas. Pero aquel sitio no tenía más salida, de modo que Gavin decidió volver por donde había venido…
Pero no fue posible. Justo al darse la vuelta, un individuo permanecía erguido justo frente a él, a escasos metros… Lo que más le preocupaba a Gavin era que no lo había visto ni oído venir… ni había notado nada…
Era un tipo de más o menos su edad, un poco más alto que él y de parecida constitución; pelo castaño y largo bajo un sombrero de ala ancha, que le cubría los ojos, de color verde oscuro, al igual que su capa; túnica ajustada negra al igual que los pantalones, también ceñidos; guantes y botas marrones, y una faja ancha de color blanco. A un lado de la cintura, medio oculto por la extensa capa, llevaba un sable enfundado…
Entonces algo llamó mucho la atención de Gavin: junto al sable… también llevaba una espada…
-Creo que te has perdido…- Dijo aquel joven con un tono semejante a la ironía…
Gavin estaba tan absorto en sus pensamientos (¿cómo era que no lo había visto venir?) que le pillaron por sorpresa aquellas palabras. Aquel individuo alzó la cabeza dirigiéndole una mirada y sonrisa mordaces… Tenía los ojos oscuros y almendrados…

Yun se encontraba frente a aquel tipo de tamaño descomunal en el mismo centro del patio exterior. Este no dejaba de dar vueltas a su arma mientras Yun se preparaba para un nuevo lanzamiento…
Entonces aquel grandullón se fijó mejor en aquel chaval… Era un mequetrefe, concluyó, ampliando su desagradable sonrisa y decidiendo que no valía la pena hacerlo durar más…
-¡Te vas a enterar por interrumpir mi siesta anterior a la cena!- Le dijo, a pesar de que no se sentía “molesto”; le venía muy bien aquel poco de ejercicio…
Yun observó que ahora hacía girar la hoz del extremo de la cadena  a gran velocidad… Pero él estaba atento y preparado…
El gigante lanzó con fuerza su arma en dirección a Yun, con la clara intención de partirlo en dos… Pero Yun saltó a tiempo, sin mayor problema, y cayó sobre la cadena aún en tensión…
-¡Aaaaaaa…!- Exclamaba Yun a medida que corría sobre la cadena en dirección a su enorme contrincante, ante la expresión de asombro de este último…
Entonces, cuando llegaba al final del “recorrido”, saltó y se dispuso a darle una patada cayendo hacia aquella cara de gran tamaño… Pero aquel tipo tenía reflejos y le dio un manotazo con el dorso de la otra mano como si apartara un mosquito…
Yun, algo dolorido, consiguió dar una vuelta en el aire antes de llegar al suelo. Dirigió una mirada hostil a aquel desgraciado que ahora lo miraba sin inmutarse en absoluto…
-Vaya, vaya… Veo que eres muy ágil, je, je, je… Pero no lo suficiente, me temo…- Aquí adoptó una expresión inquietante…
Aquellas palabras tocaron la moral de Yun, que abandonó toda prudencia y fue derecho a demostrarle a aquel gran estúpido que lo estaba subestimando… El tipo sonreía satisfecho al ver que aquel tonto había caído en su trampa…
Yun corría cada vez a más velocidad, con expresión muy seria… ¡¿Qué se había creído ese…?!
Cuando consideró que se encontraba a suficiente distancia, saltó lo más alto que pudo, hasta quedar a una altura considerable, por encima de la de su adversario, y se dispuso a atacar del mismo modo que antes pero más fuerte…
Pero su contrincante sonreía mientras hacía girar en esta ocasión el otro extremo de la cadena, acabado en un peso… aunque Yun no se estaba dando cuenta… Aquel tipo lo había decidido en el último momento… para hacerlo durar un poquito más…
-¡Aaaaaah!- Exclamaba Yun dirigiéndose derecho al centro de la cara de aquel maldito…
Pero este lo estaba esperando. Súbitamente lanzó el extremo de la cadena que tenía preparado hacia la pierna de Yun… Este se sobresaltó.
-¡¿Pero qué…?!- Decía, impotente, mientras veía la cadena enrollarse como una serpiente sobre su pierna aún en extensión…
Cuando notó que lo tenía atrapado, aquel tipo no se lo pensó y tiró con fuerza hacia el suelo… haciendo que Yun se estrellara de frente contra el mismo…
-¡Uuugh!- Gimió de dolor, cerrando los ojos con fuerza y sintiendo aún el impacto en la cara y rodillas, a pesar de haber amortiguado el brutal golpe levemente con las manos…
Entonces, para su consternación, se percató de que aún tenía la pierna aprisionada por la cadena, que comenzaba a tirar de él…
-¡Je, je, je!- Aquel tipo reía cada vez con más fuerza mientras tiraba…
Yun trataba de aferrarse sin éxito a alguna parte… pero no había nada en aquel suelo liso… y aquel tipo seguía arrastrándolo…
Aún así, Yun conseguía ralentizar el arrastre, haciéndose daño en los dedos y uñas de las manos… Aquel tipo notaba que ahora le costaba más… Por lo que tiró más fuerte.
-¡Aaargh!- Yun notaba como raspaba contra el suelo a medida que aquel gigante tiraba ahora con más fuerza…
Entonces, cuando vio que lo tenía donde quería, este tiró bruscamente, haciendo que Yun se elevara del suelo…
-¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡A volar!- Se jactaba el gigante mientras lanzaba a Yun en dirección a una de las columnas situadas cerca de la salida al patio…
Yun recorrió una importante distancia “volando” a gran velocidad en dirección a la mole de piedra… No sabía qué podía hacer para evitarlo…
Y no pudo. Se estrelló de espaldas contra la columna. Yun abrió la boca y más los ojos en ese preciso momento, sintiendo que se le había cortado la respiración… ahora parecía que todo iba más despacio mientras “flotaba” en el aire…
Volvió a caer boca abajo en el suelo, esta vez sin posibilidad de amortiguar el golpe con las manos; Yun estaba al borde de la inconsciencia…
Pero no tuvo tiempo de perder el conocimiento. Aquel maldito gigante ya volvía a tirar de él, arrastrándolo por el suelo… cada vez, tenía más cadena recogida, encontrándose Yun más y más cerca del gigantón… Aquel tipo no paraba de sonreír de satisfacción…
Finalmente lo tenía ante él; un pingajo, colgado de su cadena… Al ver que ya no se movía decidió, no sin cierto fastidio, que ya había llegado la hora de dejar de “jugar”…
-Creía que me divertiría más contigo…- Casi se lamentaba, soltando cadena…
Entonces de otro brusco tirón, volvió a elevar a un inmóvil Yun y comenzó a girarlo a su alrededor con progresiva velocidad… Yun giraba cada vez más y más rápido… El próximo golpe sería el peor de todos… Aquel tipo notó que ya había ganado velocidad suficiente, mientras se oía la cadena zumbar por todo el patio…
-¡Revienta y muere!- Vociferó con saña justo cuando dirigía el “bulto” formado por Yun hacia el suelo…
Era lo que este estaba esperando. Justo al llegar al suelo, detuvo el choque con ambas manos, demostrando que no solo era capaz de realizar proezas con las piernas… El gigante notó que algo raro pasaba…
-¿Eeh?- Dijo, poniendo cara de idiota…
Antes de que se diera cuenta de lo que estaba pasando, Yun, impulsándose con los brazos, se puso en pie de un salto. Inmediatamente, pisó con fuerza la cadena que tenía ante sí, aún rodeándole la otra pierna… Sin saber todavía muy bien qué ocurría, el gigantón se vio tirado hacia delante con una fuerza que no se esperaba…
Entonces, cuando Yun lo tuvo a tiro, saltó y le dio una tremenda patada en todo el centro de la carota…
-¡¡¡Aaaaauuuuu!!!- Se lamentaba el gigante llevándose las manos a la nariz, de donde comenzaba a manarle sangre en abundancia…
Mientras tanto, Yun aprovechaba para quitarse la cadena de la pierna… Entreabriendo un ojo, el gigante vio a Yun…
-Te… Te mataré…- Le aseguró, temblando de furia…

A aquellas horas llegaba el último grupo de soldados que había hecho su turno en aquel distrito. Y entonces se encontraron con aquel panorama…
-¡¿Qué ha pasado aquí?!- Exclamó uno de ellos al ver a sus compañeros tirados por el suelo…
Sin embargo, no estaban ni Lei, ni Yi, ni el cuerpo de Feng…
-¡Parece que han entrado!- Dedujo otro, al ver a los dos encargados de custodiar la puerta sin sentido…
Entonces el que iba en cabeza, al mando, frunció el ceño y su expresión se tornó muy grave…
-Debemos avisar de inmediato al General.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

6 Warriors - Capítulo 27

6 WARRIORS

Bo contra todos.


Gavin y Yun avanzaron a paso ligero por el nuevo pasillo que se extendía ante ellos nada más cruzar la puerta por la que habían decidido continuar… Aunque ya veían más adelante que no iba a ser tan largo como el anterior…
-Muy bien. Más puertas…- Comentó Yun con un deje de fastidio.
Habían llegado a la zona cuadrada que daba al aire libre, en cuyo centro había plantas y maleza que lo cubrían todo… Los dos vieron que había tres nuevas puertas por las que continuar.
-Creo que tenemos claro lo que debe haber más adelante…- Le dijo Gavin a Yun, haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la puerta que había enfrente de la que habían cruzado, a la que se accedía dando un rodeo…
Yun asintió lentamente. Eso reducía las opciones…
-Está bien. Yo iré por esta- dijo señalando la obertura, a la derecha, desde donde se divisaba el patio exterior.
Gavin estuvo de acuerdo. Él también podía ver el patio desde donde se encontraba.
-Pues yo iré por la de la izquierda. Nos reuniremos aquí… si eso es posible- se apresuró en rectificar…
Ambos eran conscientes de que, aunque era buena idea establecer un punto de reunión, no sabían si realmente podrían reunirse en el mismo, exactamente… ni en qué condiciones…
Los dos amigos chocaron las manos y las estrecharon con fuerza dirigiéndose sendas miradas decididas y asintiendo a la vez. Acto seguido cada uno fue por su lado…
Cuando Yun cruzó el umbral de la salida que había tomado, pasó entre varias habitaciones, la mayoría de las cuales estaban cerradas… Excepto una.
-¿Mmm?- Una corpulenta figura se irguió en su amplia cama, aún somnolienta, al oír pasos acelerados, extraños, cruzando por delante de su puerta…

Una cacerola cayó al suelo causando gran estrépito, para alarma de Bo, que se llevaba un dedo a los labios haciendo “¡Shhhhh!”, como si se lo estuviera diciendo al ruidoso recipiente… Inmediatamente miró a ambos lados, con los dientes apretados y expresión de preocupación, esperando no haber llamado demasiado la atención en aquella estancia a oscuras…
Al cabo de unos segundos, se tranquilizó un poco al comprobar que por allí no aparecía nadie… Debía tener más cuidado, decidió… Entonces se dio cuenta de algo…
-“Un momento…”- Estaba casi seguro…
Ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad creciente, miró con más atención a su alrededor: era una cocina. Y, si había una cocina, habría una despensa…
Sin poder ocultar la emoción, oteó por todas partes para ver si encontraba una puerta… una por la que no se salía, precisamente…
La encontró. Su cara se iluminó tanto que casi podía dar luz a aquel lugar… Fue derecho sin pensárselo y puso la mano en el pomo… Entonces, justo antes de girarlo, se le pasó por la cabeza que quizá aquella puerta necesitaría una llave… y teniendo en cuenta que no se veía un pimiento no pudo evitar desanimarse antes de tiempo…
Pero el pomo giró. La puerta estaba abierta. Bo no podía creer en su suerte…
Al abrir la puerta, vio que la diminuta estancia estaba iluminada con una vela cubierta por un cristal sobre una mesa de madera, en la cual había mondaduras de patatas recientes… Entonces Bo miró atentamente lo que tenía ante él…
Se le pusieron los ojos como platos. Estaba impactado…
Llenando las paredes, numerosos estantes de madera contenían una notable variedad de alimentos: arroz, legumbres, pan, carnes en conserva, frutas, verduras, pescados en salazón, quesos… incluso dulces… lo inundaban todo; también había varias docenas de botellas de agua y leche…
Bo miraba todo aquello como si pudiera comer con la mirada… Finalmente decidió que se tomaría unos minutos para reponer fuerzas… Apoyó su palo en la pared y se frotó las manos con la boca hecha agua…
Mientras tanto, el grupo de soldados que había asistido a la reunión, llegaba a la cocina tras haber pasado por el vestuario y haberse despojado de sus armas y armaduras.
Charlaban animadamente a pesar de las contundentes órdenes que les había transmitido su General de parte del Emperador…
Al abrir la puerta comenzaron a encender las luces para iluminar por completo la estancia… Mientras lo hacían, los encargados de dicha tarea comenzaron a escuchar un ruido sospechoso… Empezaron a mirarse entre ellos mientras los demás comenzaban a tomar asiento, a pesar de que sabían que la comida aún tardaría un rato en estar lista… Entonces, los que se iban sentando observaron las caras de extrañeza de los que se habían ocupado de encender las luces, que eran los mismos que ese día se iban a encargar de preparar la comida, mientras ellos comentaban, generalmente entre risas socarronas, que tal les había ido el día…
-¿Qué pasa? ¿Hoy no se come?- Protestaba uno de los primeros en sentarse…
Uno de los que permanecía de pie, escuchando, le dirigió una fulminante mirada a aquel idiota… siempre era el mismo… Aún así, este se percató de que algo pasaba…
-¿Qué ocurre?- Dijo, bajando la voz y levantándose sin hacer mucho ruido.
A aquellas alturas, fuera lo que fuera lo que estaba pasando, ya había llamado la atención de todos los que estaban en la amplia estancia llena de cubiertos y enseres…
Guardaron silencio todos durante unos segundos. Efectivamente, se oía algo… como un roedor devorando un enorme queso… Entonces el primero que estaba escuchando se dirigió a otro de los que habían entrado en primer lugar con gestos, señalando hacia la despensa… El otro asintió y ambos se dirigieron sigilosamente hacia la puerta de la misma, que pronto descubrieron que estaba entreabierta… el sonido del roedor se oía cada vez más cerca…
El primero abrió la puerta, con cautela… el otro también se asomó…
Ahí dentro no había ningún roedor: pero el zampabollos que había dentro sí que se estaba jalando un enorme queso él solo… además de restos por el suelo de más cosas…
-¡Eh, tú!- Le imprecó el primero.
Bo se sobresaltó. No se había enterado de nada de lo que sucedía ahí afuera… Se giró y vio a un tipo en la puerta y a otro más atrás. Dirigió una rápida mirada a su palo largo que estaba apoyado en la pared, lejos de su alcance… El tipo que había abierto la puerta entró y, de dos zancadas, llegó hasta donde se encontraba el intruso y lo cogió del cuello de la camisa, por detrás, de malas maneras… no sin esfuerzo por el evidente sobrepeso del zagal… Bo vio con impotencia como se le caía el queso al suelo y rodaba lejos de él… Entonces, al pasar zarandeado al lado de su palo, Bo lo recogió sin que aquel tipo tan desagradable se diese cuenta…
-¡Aquí está el ratón! ¡El enorme ratón!- Hizo mucho hincapié en lo de “enorme”…
Bo conseguía mantener oculto en gran parte su palo largo; incluso a ojos del que aguardaba en la puerta y que lo había visto salir…
De pronto, Bo se vio rodeado por una treintena de soldados… Al ir comprendiendo estos lo que había estado haciendo ahí dentro, comenzaron a poner cara de muy pocos amigos… Bo, en cambio, estaba tan tranquilo, rayando la indiferencia, mientras se palpaba la panza, aún no satisfecha… El soldado que le tenía cogido aún por la ropa volvió a hablar a los demás.
-¡Bueno, chicos! ¡Qué hacemos con él!- Dijo esto último acercándose a la cara de Bo, tratando de intimidarle…
Pero Bo no se había dado por aludido…
-¡Démosle una paliza!
-¡Sí!
-¡Te vas a enterar, gordito!
Esto último hizo que Bo cambiara la cara. ¿Cómo que gordito…?
-¡Entonces vamos a darle una lección!- Azuzó a los demás el soldado que todavía sujetaba a Bo mientras este era consciente de donde estaba metido…
Entonces Bo dio un amplio vistazo… cómo aquellos tipos (se fijó) sin armas ni armadura se acercaban a por él… Y sonrió con “malicia”…

Tras haber pasado por delante de varias habitaciones utilizadas básicamente como almacén, Huei llegó ante una puerta cerrada con llave. La puerta era gruesa y de metal, con tres pequeños barrotes que daban al otro lado, en el cual no se veía nada de tan oscuro que estaba… Algo le decía a Huei que era por ahí por donde debía ir…
Trató de abrir la puerta y, como suponía, no se abría… Entonces se giró a su derecha. No se lo esperaba: una voluminosa llave estaba colgada de un único gancho en la pared. Huei no se lo pensó dos veces y fue a cogerla. A continuación la introdujo en la cerradura y la giró… Un sonoro chasquido metálico resonó hacia el otro lado, cuando la cerradura quedó abierta…
-“Tienen mucha confianza en ellos”, pensó, sarcásticamente, al recordar lo fácil que lo había tenido para conseguir la llave…
La puerta, bastante pesada, se abrió lentamente y con un desagradable e inoportuno chirrido que Huei trataba de amortiguar abriendo más despacio…
Ante él se extendían unas escaleras que bajaban, internándose en la oscuridad… Huei salió otra vez y encontró lo que buscaba: una antorcha, que iluminaba la estancia en la que se encontraba… La tomó y dejó sumida en las tinieblas la estancia contigua a las escaleras por las que ahora descendía, con cautela pero decidido…

Un soldado se “estampó” contra la pared con la cara después de haber “volado”… Había mesas y sillas volcadas… También soldados inconscientes aquí y allá… Y se escuchaban voces y gruñidos alrededor de una figura solitaria en el centro de los demás… Era Bo, que sujetaba su palo largo mientras se mantenía en guardia, esperando al siguiente…
-¡¿Qué estáis haciendo?! ¡Acabad con esa bola de sebo de una vez por todas!- Les exhortó el soldado que había sacado a Bo de la despensa a los otros…
Bo le dirigió una fugaz mirada incisiva; pero enseguida volvió a prestar atención al “corro” formado a su alrededor… varios de aquellos soldados se aproximaban…
-¡Ahora verás!- Dijo uno, yendo hacia Bo con la inocente intención de agarrarle con ambos brazos…
Bo no podía creer que fuera tan tonto… Le dio un tremendo golpe con el palo, verticalmente, en todo el centro de la cara, dejándole una visible señal mientras caía lentamente con una mueca… Quedó boca abajo en el suelo, tras caer como un saco, sin sentido…
Bo volvió a ponerse en guardia. Los otros ya se lo pensaban mejor… El soldado que les daba órdenes se dio cuenta de esto y apretó los dientes de indignación…
-¡Venga! ¡A por él! ¡Quién no lo haga será duramente castigado!- Les amenazó…
A pesar de saber que eso raramente pasaba, tampoco querían arriesgarse… se dispusieron a acabar con aquel ladronzuelo con tanta suerte…
-¡Ven aquí!- Decía uno viniéndole por un lado…
Pero Bo lo esquivó yéndose hacia atrás y golpeándole fuertemente en la espalda mientras la inercia dejaba al otro mirando hacia otra dirección…
De inmediato le llegó otro, sujetando un amasador de pan… Bo se puso serio… aquel estaba armado
-¡Aaaaah!- Bramó el tipo tratando de golpearle en la cabeza con el amasador…
Bo lo detuvo con el palo de forma transversal, sujetándolo con ambas manos… Aquel tipo quedó muy sorprendido… Y se alarmó cuando vio que estaba vendido… Bo hizo un giro brusco con su arma y le golpeó con uno de los extremos en la testa al otro, que cayó redondo al suelo…
Tras unas leves vacilaciones, otros se lanzaron al ataque… Y Bo, aunque fuera en el último momento, esquivaba cada uno de los ataques que le iban llegando y contestaba con un tremendo golpe con su palo largo, seco y certero, acabando con todos los que se abalanzaban sobre él de una vez…
El soldado de mayor rango veía, apretando más los dientes y con mezcla de furia y preocupación, como sus hombres iban cayendo uno detrás del otro con una facilidad intolerable…
Uno de los soldados salió despedido hacia una silla, destrozándola. Entonces dos se subieron sobre una mesa cercana a donde Bo había sido cercado… Este los vio detrás de él y los “barrió” con su palo tirándolos por detrás… Ahora podía ocuparse de los que le estaban viniendo por delante…
-¡Ha! ¡Ho! ¡Ha!- Exclamaba Bo a medida que les golpeaba con la punta de su palo largo en diversas partes del cuerpo…
Los que recibían dichos golpes, gemían de dolor y se apartaban en seguida a dolerse en un lugar apartado… y prepararse para volver a atacar…
Bo se daba cuenta de que así no acabaría nunca… Y decidió dar más fuerte.
-¡Hoooouuu!- Ahora era él el que atacaba…
Uno a uno, algunos muy sorprendidos, iban recibiendo un potente golpe del temible palo largo de Bo… Y, poco a poco, iban perdiendo la consciencia uno tras otro…
Desde fuera de la cocina, llegaban los ruidos de los enseres cayendo al suelo y rompiéndose, las sillas destrozándose, aquellos tipos gritando y emitiendo gemidos de dolor… y los contundentes golpes que iba propinando Bo a diestro y siniestro…
Bo le dio un último golpe a un soldado en la cabeza… como si fuera un melón… Se le quedaron los ojos en blanco antes de caer de espaldas al suelo…
Bo miró alrededor suyo. La cocina estaba destrozada… todo tirado por el suelo… Y todos los soldados tirados aquí y allá… Excepto uno: el soldado de mayor rango. Bo se lo quedó mirando y se dispuso a atacar…
Este, en aquellos momentos bastante asustado, fue corriendo, sudando, hacia uno de los armarios… lo abrió apresuradamente, tirando cosas, hasta que encontró lo que buscaba: un cuchillo de cocina… Con una súbita sonrisa triunfal, después de mirar el cuchillo afilado que tenía en la mano, se giró bruscamente… pero la cara le cambió de inmediato…
Aquel chaval tan gordo… estaba volando hacia él… sosteniendo el palo atrás en la posición de dar un golpe, con ambas manos sujetando uno de los extremos… aquel tipo pensó en huir… pero era demasiado tarde…
Bo le dio un brutal golpe oblicuo que lo estrelló contra el mobiliario que tenía detrás, causando serios destrozos, y haciendo que soltara el cuchillo al acto…
Bo llegó al suelo, tras el gran salto que había dado… Vio a aquel tipo: estaba K.O…
Entonces Bo se guardó su palo a la espalda. Y se dispuso a salir de la cocina…
-Un momento…- Pensó, justo antes de cruzar la puerta.
Volvió al interior corriendo y, al cabo de un minuto, salió cargado con algunas “cosillas” de la despensa…

Yun había llegado al patio. Caminó un poco hasta llegar más afuera… De pronto, tuvo una mala sensación. Había alguien cerca… alguien con no muy buenas intenciones…
Se giró y abrió más los ojos al verlo. Era enorme…
En la puerta había un tipo de gran envergadura, totalmente calvo y con una cadena terminada en una especie de hoz… Y, por la forma en que lo miraba, estaba claro que pensaba usarla…
-Je, je, je… ¿Quién eres tú?- Le preguntó con una voz muy desagradable…
Yun frunció el ceño.
-Por qué siempre me tocan los tipos raros a mí…?- Se quejó.