La Maldición del
Espejo
La sombra oculta…
Arthur encabezaba el reducido grupo de tres formado por
Philip, Rosalyn y él mismo… Había insistido en llevar él solo el cuerpo de
Hans… subían por las escaleras a toda velocidad en busca del resto de
habitantes de la casa… Abajo, la siniestra mujer que había aparecido -ahora
ataviada con aquel elegante vestido negro-, permanecía quieta en el centro del
hall, con la mirada hacia arriba, hacia el punto donde les había visto por
última vez (a pesar de que ya no se encontraban ahí)… Por primera vez, dejó de
sonreír y adoptó una expresión más seria. Su belleza era tan fascinante como
temible…
Al fin llegaron al primer piso. Arthur dejó con cuidado a su
amigo apoyado en la pared más cercana del pasillo de la derecha, de modo que no
se pudiera ver por nadie que subiese por las escaleras…
-¡Vayamos a buscar en primer lugar a Helen!- Se giró Arthur
hacia sus compañeros, consciente de que -comprensiblemente- tanto Rosalyn como
Philip lo necesitaban con urgencia….
Giraron a la derecha del largo pasillo que recorría la
planta, solo interrumpido en aquella parte, hacia la zona de las habitaciones
de invitados, y pudieron contemplar nuevas raíces que habían atravesado la
ventana del fondo, rompiéndola, y se habían enredado por las paredes y el
techo…
-¡Vamos!- Urgió el joven a los demás.
Y fueron derechos a la puerta de la habitación ocupada
aquella noche por Rosalyn y su madre…
Al abrirla Arthur se quedó parado, dejando que la puerta se
terminara de abrir sola, sin atravesar el umbral. Comenzando a sentir algo
que no le gustaba nada… Rosalyn también permaneció asomada tras la sombra de
Arthur, en la luz del pasillo que parecía no querer introducirse más allá…
Philip se mantenía a la expectativa detrás de ambos jóvenes, controlándose por
no ser el primero en acceder al interior…
Algo raro pasaba en aquella habitación. Arthur se “obligó” a
dar un paso al frente e internarse en la oscuridad de la estancia…
-¡Mamá! ¡¡Nooo!!- Gritó Rosalyn, al llegar a distinguir lo
que había pasado dentro…
La escasa luz reinante, les permitió distinguir cómo una
enorme raíz del grosor del tronco de un árbol grande había atravesado la pared
y, ramificándose, había rodeado el cuerpo de Helen, el cual mantenía elevado
por encima de la cama… Esta, sin embargo, parecía dormir normalmente…
-¡Oh, no! ¡Helen! ¡¿Qué es esto?!- Philip se adelantó, llevándose
las manos a la cabeza…
Arthur no perdió un segundo. Aún sabiendo que podía salir
mal parado, no dudó en acercarse y tomar el pulso de la mujer por el cuello…
Estaba viva.
-Respira. Está atrapada en un profundo sueño- concluyó el
joven investigador, confiando en que aquellas palabras sirvieran para calmar,
en parte, a su asustada hija y al pobre Philip…
Rosalyn se acercó a su madre y le posó ambas manos de forma
amorosa en la cara y en el hombro -apenas quedaba mucho más al descubierto- y
parecía que iba a romper a llorar… Pero, en lugar de eso, se irguió y se
dirigió a Arthur.
-Ayúdame a salvarla. Haré lo que sea necesario- le pidió, mostrando
una determinación que dejó desarmado al joven y sin palabras a Philip…
Tras la sorpresa inicial, Arthur asintió y la miró sintiendo
orgullo de aquella chica tan valiente. Philip no iba a ser “menos”…
-Cuente conmigo, señor Arthur- se puso ante él…
Arthur se sentía abrumado en aquellos momentos. Sin duda, confiaban
en él para salir de aquella terrible situación…
Pues bien. Había que ponerse manos a la obra...
-De acuerdo. Rosalyn, aquí no le pasará nada a tu madre… Id
a buscar a Everton. Yo tengo que buscar una cosa en mi habitación…
Philip, cuida de ella. Me reuniré con vosotros en unos instantes…
No iban a discutir ninguna decisión que tomara Arthur.
Philip asintió y Rosalyn no protestó; salieron ambos al pasillo y se dirigieron
a la otra parte del primer piso, en la que se encontraba la habitación del
señor Everton… Arthur sabía que, se encontrasen lo que se encontrasen, el
peligro estaba allí abajo… Y no tenía ni idea de lo que podría estar
aguardándole en su habitación… Pensaba que los estaba alejando del peligro de
aquella manera… Cuando se hubo asegurado de que se habían alejado lo
suficiente, dejó a Helen y salió al pasillo. Tenía un mal presentimiento. Pero,
al mismo tiempo, una convicción… Fue derecho a su habitación, al final del corredor…
Cuando fue a abrir la puerta, vio que ya no había manilla.
En su lugar un hueco producido con violencia… Empujó la puerta con cuidado y
dejó que esta se terminase de abrir por su cuenta… Aquí la luz que penetraba
por la ventana del pasillo le permitió ver enseguida el estado en el que había
quedado la estancia…
Todas las paredes estaban cubiertas de raíces. La ventana
estaba totalmente obstruida por la cantidad de “tentáculos” que la habían
destrozado… La cama parecía haber estallado… No quedaba un mueble en pie… salvo
uno. Arthur se aproximó de inmediato al escritorio donde guardaba sus cosas…
donde tenía su equipo de investigador… Todo estaba intacto, para su
asombro. Como si sus pertenencias
hubiesen disfrutado de alguna clase de protección…
Y aquí es donde volvió a venir a su mente aquello que había
visto tan claro hacía unos momentos. Aquello de lo que estaba convencido…
De la maleta donde guardaba todo lo necesario para llevar a cabo su labor…
extrajo el péndulo. Algo le decía que ya no debería separarse de él en lo
sucesivo. No mientras se encontrara inmerso en aquella pesadilla…
Ahora se sentía preparado. Allí de pie no pudo evitar
recordar las últimas y enigmáticas palabras de su abuelo antes de morir… el
último día que estuvo en Siria, antes de su regreso a Inglaterra…
“Has aprendido todo lo que te podía enseñar, Arthur. Te
diría que no es fácil el camino que has elegido, pero es el camino el que te ha
elegido a ti. Esto puede que ahora no lo entiendas. Ahora tienes una
responsabilidad para con tus semejantes. Solo tú podrás ayudarles contra las
fuerzas oscuras que te encontrarás y que, sin duda, habitan este mundo, en
contra de lo que muchos piensen. Para enfrentarte a ellas, tan solo tendrás tus
conocimientos… y esto -extrajo el péndulo del bolsillo de su camisa-. Conoces
cómo usarlo. Pero, este péndulo, puede ayudarte en momentos realmente difíciles.
Incierto es su origen pero, te diré, no es como los demás. No es como los que
has usado hasta ahora. No es un instrumento, es un aliado. Y ahora es tuyo.”
Arthur recordaba cómo había contemplado embelesado aquel
regalo de su abuelo. Pero, en aquel momento, el valor que le concedió fue
puramente sentimental. No fue consciente entonces de lo que realmente
significaban las palabras del que había sido su mentor durante varios años…
Hasta ahora. Ya estaba seguro: aquellas raíces habían estado
buscando algo… el objeto que ahora tenía en las manos. Querían el
péndulo. Pero, por algún motivo, no habían podido ser capaces de acceder a él…
Ahora lo sentía: ya no era un objeto; como dijo su abuelo, era su
aliado…
Dejó el resto de sus cosas apartadas, como si fuera a
marcharse a alguna parte más tarde. Salió al pasillo y lo enfiló hasta la
estancia iluminada al final del todo: el despacho de Everton… Pasó al lado de
Hans. Ahora parecía que dormía… Decidió que, de momento, le dejaría ahí…
descansando…
La puerta estaba entreabierta cuando llegó. Y, al cruzar,
llevó la mirada automáticamente hacia el mismo punto que miraban -paralizados
de miedo- Philip y Rosalyn…
Everton se hallaba suspendido en el aire; envuelto
por aquellas diabólicas raíces que tan solo dejaban asomar su cabeza, pies y
apenas las manos… El joven se fijó en que Rosalyn aún se tapaba la boca con una
mano, presa del horror… Philip se percató de la presencia de Arthur algunos
segundos después de que este hubiese entrado en la sala…
-Se… Señor Arthur… El señor Everton…- Trató de decir lo que
ya era obvio…
Arthur asintió, indicándole que no era necesario que dijera
nada; la verdad era que no sabía qué hacer a continuación…
Pero él no tuvo que tomar ninguna decisión. Habían querido
creer que se quedaría allá abajo, en el hall… Sin embargo ella había
llegado…
Arthur se puso a la defensiva, a la vez que Rosalyn daba
medio paso atrás y Philip casi se cae de espaldas… la puerta se abría sin que,
aparentemente, nadie la manipulase…
Una mujer despampanante vestida de negro, cruzaba hacia el
interior de aquella amplia estancia, cuyo suelo aparecía cubierto por numerosos
libros que habían caído de los estantes más altos, seguramente sacudidos por
las raíces que atravesaban las paredes… Caminaba tranquilamente, recreándose
en el efecto que producía en los que la estaban mirando; consciente de que él
también lo estaba haciendo… Arthur no era ajeno a esto… ni Rosalyn. A Philip le
cambió el semblante: pasó del miedo al enojo más absoluto…
-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres de nosotros?! ¡Libera
inmediatamente a Helen y al señor Everton! ¡Ahora!- Le exigía de forma
contundente…
La bruja se detuvo, sin variar la expresión indefinida de su
rostro. Arthur y Rosalyn habían quedado muy sorprendidos por la reacción de
Philip, que seguía plantando cara a la mujer temible… Esta, finalmente, esbozó
media sonrisa…
-Aunque quisiera, no podría. Lo siento mucho, Philip.
Arthur no se esperaba la musicalidad de aquella voz. Era la
de una mujer normal; no parecía, en ningún sentido, una bruja… no al
menos como él se la había imaginado…
Philip se había quedado extrañado.
-¿Cómo… sabes mi nombre? Yo no la… te había visto nunca…- Se
auto rectificó, casi obligándose a ello…
La “mujer” volvió a sonreír. Parecía divertida por la
extrañeza del mayordomo…
-Llevo mucho tiempo aquí… aunque tú, ni nadie, me haya
visto- explicó, con una inquietante amabilidad…
Entonces, la bella bruja se volvió hacia Arthur… Como si, a
pesar de intentar disimularlo, hubiera conseguido reunir valor para
ello.
-Siento mucho lo de tu amigo. No podía hacer nada para
evitarlo…- Ahora ya no sonreía…
Arthur estaba anonadado. Se estaba disculpando con
él… Y lo más extraño era que él mismo la creía…
Rosalyn se indignó.
-¡¿Cómo que “no podías evitarlo”?! ¡Tú eres la responsable
de todo esto! ¡Libera a mi madre!- La acusó y se permitió ser egoísta en
aquellos momentos…
Inesperadamente, el hermoso rostro de la bruja se llenó de
comprensión hacia la enfurecida chica…
-No estaba en mi mano decidir sobre la vida del muchacho. Ni
tampoco salvarlo. Y, lo lamento, no puedo liberar a tu madre…- Dijo con una absoluta
y retorcida honestidad.
Arthur se alarmó al ver que Rosalyn estaba a punto de
abalanzarse sobre ella y fue a sujetarla…
-¡Suéltame! ¡Voy a matarla! ¡¡Suéltame!!- Trataba de zafarse
del joven, estando a punto de golpearlo en más de una ocasión…
Arthur optó por no decir nada y pareció que la chica se iba
calmando; Philip contemplaba con impotencia toda la escena, llevando al final
la mirada resignada hacia el señor Everton, que parecía dormir tranquilo…
Cuando vio que podía hablar sin riesgo de ser interrumpida,
la bruja se dirigió, esta vez, a todos.
-Siento mucho todo esto. Pero he venido para deciros que
tenéis que morir.
Elizabeth permanecía oculta tras uno de los muros situados al
lado de la puerta de barrotes; desde fuera parecía que estaba cerrada… se
encontraba en una celda oscura y húmeda, llena de grilletes en las otras tres
paredes…
Entonces le oyó. Como cada día, pasaba por allí, arrastrando
aquella soga que parecía tener vida propia…
Era el tipo de la soga, oculto bajo la mugrienta capucha,
que caminaba con pasos lentos, recorriendo las innumerables celdas de aquella
mazmorra… buscándole…
Cuando se hubo asegurado que había pasado de largo,
Elizabeth salió con cautela de la celda falsamente atrancada y regresó al
lóbrego pasillo. Desde allí le llegaban lejanos aullidos y lamentos…
Tenía que encontrarle. Antes de que ese monstruo lo hiciera…
Comenzó a recorrer las celdas una a una, dándose prisa,
tomando otro camino para adelantarse al tipo de la soga… llevaba mucho rato
buscando… Y, si la atrapaba a ella, la encerraría para siempre…
Entonces le encontró. Estaba tendido en medio de aquella
celda, cuya llave todavía estaba metida en la cerradura, por fuera…
Rápidamente, giró la voluminosa y pesada llave y consiguió
abrir la puerta, la cual chirrió de forma espantosa…
No había tiempo. Aquel monstruo lo habría oído y no tardaría
en llegar hasta allí… accedió al interior, se agachó y le dio la vuelta…
Era Hans.
-¿Me oyes? ¡Despierta! ¡Venga, despierta!- Le insistía la
chica…
Como si regresara de un pesado sueño, Hans abrió los ojos. Y
se encontró con los de Elizabeth…
-¿Qué… Qué ocurre? ¡No! ¡¡Nooo!!- Sin duda, estaba
reviviendo los últimos momentos de su vida…
Elizabeth le tapó la boca con ambas manos.
-¡Cállate! ¡O vendrá a por nosotros!- Le advirtió,
alzando la vista a su espalda…
Hans, perplejo, pareció calmarse. Miró a su alrededor.
-¿Dónde estoy? Y tú, ¿quién eres?- Quiso saber,
absolutamente desorientado…
Elizabeth decidió que podía permitirse unos segundos de
explicaciones.
-Me llamo Elizabeth. Estás muerto- le dijo, directamente.
Era lo mejor…
Hans se quedó helado. Había querido creer que todo había
sido una pesadilla… una terrible pesadilla… Pero sabía que era verdad.
-¿Y qué es este sitio?- Tras la aceptación, quiso
saber más de su nueva situación…
Algo alertó a Elizabeth.
-¡Rápido! ¡Luego te lo explico todo! Por algún motivo, has
aparecido más lejos de él que otras de sus víctimas… ¡Pero no hay
tiempo!- Le cogió de la mano y le instó a levantarse…
Hans, con ayuda de la joven, consiguió incorporarse. Se
sentía raro. Como siempre, pero diferente…
Entonces lo volvió a escuchar. Aquel horripilante sonido que
le había perseguido hasta traerlo al mundo de los muertos… Aquella maldita
soga…
Ahora ambos sobre aviso, salieron en seguida de aquella
celda, teniendo que esconderse en la contigua al ver aparecer la tétrica figura
por un recodo cercano del pasillo…
Pasaron largo rato conteniendo la respiración, escuchando cómo
aquello se acercaba de forma lenta pero sin detenerse…
Entonces oyeron claramente cómo empujaba la puerta de la
celda de al lado -no les había dado tiempo de cerrarla del todo- y entraba en
la misma.
Era el momento. Elizabeth, sin pensárselo, salió disparada
de la celda en la que estaban escondidos y fue derecha a la otra… donde estaba
el monstruo… Con los movimientos justos y certeros, cerró la puerta
apresuradamente y giró la llave, ayudada en el último momento por Hans al ver
que esta tenía problemas con la misma…
Lo habían encerrado… por el momento. El ser se giró en el
acto y les vio a los dos: al que buscaba y a aquella maldita chica escurridiza…
Estos salieron corriendo justo cuando aquel levantaba una de sus putrefactas
manos vendadas hacia ellos, enviando la soga a través de los barrotes para
hacer girar la llave…
Pero ya no le daría tiempo. Elizabeth y Hans corrieron con
todas sus fuerzas a través de las innumerables celdas hasta salir por una abertura
en forma de arco y llegar a lo que parecía una caverna gigantesca…
Se permitieron el lujo de descansar; Elizabeth sabía que ya
no llegaría hasta allí… ni tampoco su “mascota”, que gruñía cerca… De todos
modos, debían alejarse cuanto antes… por si acaso…
Tras comenzar a caminar, Hans preguntó.
-¿Dónde vamos ahora?
Elizabeth, sin detenerse, se giró hacia el muchacho.
-Vamos a buscar algo que ayudará a Arthur… ¿Me ayudas?
Hans se quedó sorprendido por la confianza que aquella joven
parecía tener en él.
-Por supuesto- asintió, sin dudarlo.
Al joven le gustaba aquella nueva sensación…
Arthur, Rosalyn y Philip guardaron silencio después de oír aquellas
últimas palabras. No sabían qué pasaría a continuación…
Entonces les llegó una voz brutalmente grave y deformada
procedente de otro mundo…
-¿A qué esperas? Acaba con ellos. Es lo que te he ordenado-
le exhortaba a la bruja.
Esta, inesperadamente, aparecía asustada. Arthur aprovechó
la ocasión…
-¿Quién es?- Se dirigió a ella, con interés.
La mujer lo miró, con unos ojos llenos de miedo y angustia
que provocaron la compasión en el corazón del joven…
-Él es… mi señor.
“Mi
amo y mi señor…”