¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
jueves, 29 de diciembre de 2011
¡Feliz 2012!
¡Hola! Esta semana la nave del imaginante hace un alto en el camino. Aprovecho para, nuevamente, daros las gracias y desearos
jueves, 22 de diciembre de 2011
Mensaje del autor
¡Hola!
¡Hola a todos/as! Soy el autor de este blog. Hace ya varios meses que la nave del imaginante zarpó… Quería dar las gracias a todos/as aquellos/as que, en mayor o menor medida, habéis visitado mi blog. Escribir en este blog es muy importante para mí y os aseguro que cuando escribo lo hago con el corazón… Como dije en la primera entrada, allá por julio, espero que os lo paséis tan bien leyendo las historias que aparecen en este blog como yo cuando las escribo. GRACIAS.
(Hiro)- ¡Ey, “autor del blog”! Cuando la llame… ¿exactamente qué le tengo que decir?
(Autor)- ¿Y me lo preguntas a mí…?
(Aki)- ¿Cuando llames a quién?
(Hiro)- ¡Estooo! ¡A… a… a la electricista, claro!
(Aki)- ¿…?
(Izo)- Oye Hiro… si te dejo a mi gato, ¿crees que será mucho pedir que no lo secuestre un peligroso asesino maníaco que se dedica a destruir edificios por ahí…?
(Hiro)- Vale, vale… Ya lo cojo…
(Seitei)- Oye, Mei… Eeeh…
(Mei)- ¿Qué quieres? Tengo prisa.
(Seitei)- Bueno… no, nada… Je, je, je…
(Maze)- ¿Alguien me puede decir por qué tengo que aparecer vestido de Papá Noel?
(Izo)- Hombre jefe… Está claro… por su gran…
(Maze)- ¿¡Mmm!?
(Izo)- ¡Carisma! ¡Carisma, eso es!
(Todos)- ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
(Onto)- ¡Hola!
(Hiro)- Anda… ¿Y tú quién eres?
(Onto)- Soy Onto y soy detective.
(Hiro)- ¡Sí hombre! No te quedan bollos rellenos de cacao de una conocida marca comercial que no diré para no hacer publicidad…
(Onto)- Iba a venir mi ayudante, Pruden. ¡Al final mama no lo mató!
(Madre de Onto)- Eso tiene fácil remedio…
Hiro, Aki, Izo, Mei, Seitei, Maze, Onto, la madre de Onto y el autor de este blog os deseamos
¡¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!!
viernes, 16 de diciembre de 2011
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 12
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
Onto, el vigilante de la playa.
La playa estaba abarrotada. Hacía un sol intenso. El vigilante de la playa oteaba con sus prismáticos para detectar algún posible problema. Todo parecía tranquilo… excepto por un tío raro que no dejaba de mirarle desde no mucha distancia. El vigilante cada vez se sentía más incómodo… Entonces sonó su teléfono móvil y contestó.
-¿¡Cómo!? ¿¡Mi coche!? ¡Ahora mismo voy!
El vigilante abandonó su puesto a toda velocidad dejando allí todas sus cosas. Cuando se perdió de vista, alguien ocupó su lugar… Onto, claro.
A lot of people stay in the darkness
Afraid to go to the light
Some persons need to help somebody
When all is near to fell down.
Onto se puso a mirar a su alrededor con los prismáticos del vigilante y las gafas de sol de este puestas. Y entonces vio algo. Un pobre hombre estaba a punto de ahogarse y movía los brazos y las piernas desesperadamente…
-¡Socorrooo! ¡Que no hago pieee!
-Sin mí está perdido… Es seguro que morirá…- Dijo Onto, decidido.
Agarró el flotador especial y saltó de lo alto… Pero estaba tan alto que se estampó en el suelo. Rápidamente se incorporó como pudo y salió corriendo, tambaleándose…
Don’t Worry!
It’s gonna be okay
Because I’m always ready
I won’t let you die.
Onto llegó al agua y rápidamente alcanzó a aquel pobre hombre… que en realidad apenas se había alejado de la orilla.
-¡No se preocupe! ¡Yo le salvaré! ¡Vivirá!- Dijo antes de perderle de vista al caerle encima…
Onto lo buscaba por todas partes mientras el buen hombre estaba sumergido y atrapado por los pies de Onto…
I’ll be there (I’ll be there)
Never you cry ( no don’t you cry)
I’ll be there
Forever and ever
I am always here
Yes, here!
El pobre hombre veía cada vez más próximo su final mientras trataba en vano de subir a la superficie. Finalmente pudo librarse de aquel idiota que estaba subido encima de él y llegó como pudo a la orilla. Mientras se intentaba recuperar, el vigilante llegó a su puesto y vio que le faltaban sus gafas de sol y el flotador. Miró hacia el agua con los prismáticos para encontrar al culpable (aunque le daba que ya sabía quién era) y vio aterrorizado algo en el agua…
Onto vio lo mismo que el vigilante y se dirigió hacia allí nadando como podía…
-¡Oye tú! ¡Está prohibido ponerse una aleta de tiburón blanco de broma! ¡Vaya, me he golpeado con una roca y me sale un poco de sangre! ¡Oye tú! ¡Ahora llego y te vas a enteraaaar!
Detective Night - Capítulo 12
DETECTIVE NIGHT
¿Por qué no me envías un ángel…?
Hiro se encontraba ante lo que parecía una broma del destino. Aún no se lo podía creer…
-¡Maldito estúpido!- Rugió Midrah.- ¡Si no te hubieras metido donde no debías, ahora no estaríamos aquí!
Hiro observó que Mei estaba adormecida; seguramente estaba drogada…
-¡He hecho precisamente lo que debía! ¡Déjala ir y resolvamos esto tú y yo…!
Las palabras de Hiro enfurecieron visiblemente a Midrah…
-Cuando me avisaron de que alguien me buscaba, no podía creer que se tratara de un detective… ¿¡Acaso trabajas para la policía!?
Hiro no respondió inmediatamente.
-No trabajo para nadie.
Hiro percibió el creciente nerviosismo de Midrah. Era consciente de que aquel individuo se había “encerrado” en la azotea de un alto edificio… Probablemente no esperaba salir vivo de allí…
-De todos modos da igual… Hoy moriremos todos aquí…
Una sensación de alerta invadió a Hiro. Lerbat Midrah estaba desesperado y actuaba en consecuencia… Era el momento de elegir, y no había tiempo…
La columna de fuego se iluminó intensamente. El tiempo se enlenteció. Midrah comenzó a colocar el arma para apuntar de forma más precisa a Mei… Durante un instante, al moverse Mei ligeramente hacia un lado, Hiro vio claramente, como si algo se lo estuviera iluminando, el punto exacto donde podía disparar… Y esta vez no dudó.
Como si disparara con el alma, Hiro apretó el gatillo y alcanzó a Midrah en el hombro. “El pirómano” soltó a Mei, que cayó a un lado, y dobló las rodillas llevándose una mano a la herida, doloriéndose. Aprovechó que la atención de Hiro estaba en Mei para apuntarle, con dificultad. Hiro reaccionó a tiempo y le apuntó a su vez. Midrah salió corriendo a ocultarse tras una de las chimeneas mientras Hiro le seguía apuntando. Al ver que no salía de su escondrijo, Hiro se dirigió a donde se encontraba Mei, la cual estaba inconsciente. La cogió en brazos y la fue a ocultar tras la chimenea que quedaba en el lugar opuesto a la otra. Ahora debía ocuparse de Midrah.
Con cautela, se asomó y no le vio. Poco a poco fue avanzando hasta quedar en la zona donde había visto a Mei retenida por Midrah en un principio. No apartaba la mirada de la chimenea donde había visto ocultarse a su enemigo. Entonces vio moverse algo a su izquierda y un disparo le pasó rozando el brazo. Hiro apuntó y disparó. El impactó alcanzó a Midrah en el torso. Este cayó de rodillas, aún consciente. Hiro se acercó lentamente, apuntándole…
-So… solo… me queda… una bala…- hablaba Midrah con dificultad.
-Quieto… Llamaré a una ambulancia y quizá puedan salvarte…
Hiro vio como Midrah se llevaba lentamente la pistola a la cabeza… y entonces, cuando estaba a punto de apretar el gatillo, sonrió… y lanzó la pistola a un lado. Hiro no entendía lo que estaba pasando…
-Como te dije… ¡Hoy moriremos todos!- Gritó con casi sus últimas fuerzas al tiempo que sacaba un aparato similar a un teléfono móvil de uno de los bolsillos de su gabardina…
Hiro observó como Midrah pulsaba dos de los tres botones de que constaba aquel artilugio. Y entonces se dio cuenta. Ahora sabía qué era aquello que había visto en los pisos anteriores sin llegar a verlo claramente… ¡Los cables! Cables nuevos donde todo era viejo… El detective vio alarmado como Midrah, con expresión de maníaco, pulsaba el último botón.
Una serie de explosiones fueron sucediéndose hasta sacudir el suelo que pisaban. Una a una todas las bombas situadas en cada uno de los pisos del edificio fueron detonando inundándolo de llamas… Todo menos la azotea, que había quedado rodeada por unas paredes flamígeras que poco a poco iban formando una cúpula. El suelo se iba resquebrajando y el calor cada vez era más insoportable…
Hiro vio como Midrah se reía como si hubiese perdido la cabeza… Apretando los dientes de rabia le apuntó a la cabeza para acabar con aquel maldito loco… Pero separó el dedo del gatillo al ver como expiraba abriendo mucho los ojos a la vez que expulsaba sangre por la boca, y caía hacia delante, soltando el mando que cayó rodando por el suelo ardiente…
Hiro no veía el cielo… Solo había fuego y humo. Notaba como el suelo se iba abriendo… Los bloques de suelo ascendían y descendían poco a poco aquí y allá.
-“¡Mei!”- Se percató Hiro en medio de aquel infierno…
Fue corriendo a buscar a la joven, que aún se encontraba inconsciente. Primero de prisa, pero progresivamente más lentamente se dirigió al centro de la azotea. Hiro lo veía todo perdido. El edificio se estremecía, a punto de derrumbarse…
Hiro miró a Mei y se sintió muy culpable por el destino de la chica… Entonces, un único pensamiento ocupó la mente de Hiro: “Aki…” Hiro pensó que, pese a que se había jurado a sí mismo que esta vez haría lo que de verdad sabía que tenía que hacer… ya era demasiado tarde… En realidad se imaginaba que esto ya era así, pero… Ahora ya daba todo igual… Pensando en Aki, a Hiro se le comenzaron a inundar los ojos de lágrimas…
Con Mei en brazos, sintiendo como el suelo comenzaba a ceder bajo sus pies, y notando el intenso calor de las llamas que les rodeaban, miró al cielo y, sin saber muy bien a quién o a qué se dirigía pidió algo con todas sus fuerzas…
-“¿Por qué no me envías un ángel…?”
Entonces, inesperadamente, la cortina de humo se desvaneció súbitamente dejando a la vista un helicóptero de la policía que sonaba atronador entre aquel mar de fuego. Hiro intentó ver mejor. Pensaba que era un sueño…
-¡Hiro!- Llamó la voz de Izo.
-“¡Izo!”- Hiro ahora se lo comenzaba a creer…
El helicóptero comenzó a descender y Hiro se fue apartando hacia atrás. Las potentes hélices mantenían momentáneamente a raya el fuego… Cuando se posó en el suelo, se oyó claramente como el edificio se había comenzado a derrumbar…
-¡Deprisa Hiro!- Urgió Izo al tiempo que el detective se aproximaba a toda velocidad. Le dio su sobrina a Izo, que la sujetó cuidadosamente con el cinturón de seguridad. Este se giró y le tendió la mano a su amigo.
-¡Sube!- Su voz, aunque gritó, casi fue ahogada por el sonido estruendoso de alrededor…
El helicóptero se comenzaba a hundir en el suelo… Las llamas surgían de las grietas… Hiro agarró la mano de Izo y subió al helicóptero al tiempo que comenzaba a elevarse con dificultad.
Las chimeneas reventaron… El suelo comenzaba a desaparecer… La cúpula de fuego se comenzaba a cerrar.
Hiro se percató de la presencia de Seitei, que atendía a Mei muy preocupado…
El helicóptero ascendía lentamente. El piloto debía esquivar las llamaradas que parecían atacarles… Al final del túnel de llamas se veía la salida… Todos se sujetaron fuerte cuando el helicóptero pareció acelerar de golpe y salió por la obertura que se cerraba tras ellos… Hiro, Izo, Seitei y el piloto vieron sobrecogidos como el edificio se derrumbaba totalmente y solo quedaba una montaña de fuego, que luego se convirtió en enorme columna y ascendía hacia el cielo iluminándolo todo…
Al cabo de unos minutos el fuego comenzaba a declinar. Todo se comenzaba a tranquilizar…
-¡Uff! ¡Hemos estado muy cerca…!- Exclamó con alivio Izo
-¿Cómo lo sabías…?- Le preguntó Hiro.
-Cuando te vi en la comisaría sabía que algo pasaba… Mandé a Seitei a seguirte…
-Así que tú eras el gato negro…- Le dijo a Seitei con una media sonrisa.
-¿Mm?- Se extrañó Seitei, que no dejaba de tener cuidado de Mei.
-Yo, por mi parte, fui a la agencia; me encontré con aquella situación e hice mis propias deducciones: las marcas negras del exterior y las ventanas rotas me llevaron a pensar que habías dado con “El pirómano”… Y, al ver con terror las cosas de Mei tiradas por el suelo, concluí que había sido raptada por él… y con la información que me transmitió Seitei, fui atando cabos hasta llegar a la conclusión de que “El pirómano”, al saberse descubierto, te estaba llevando a una trampa suicida…
-Yo también lo sabía…- Dijo Hiro, sin ocultar por su tono que esto lo dedujo después…
-Ya… Claro…- Izo sonrió.
El helicóptero se dirigía hacia el helipuerto del edificio de la comisaría atravesando el cielo nocturno, despejado y estrellado.
Al cabo de no demasiados minutos, Hiro pudo divisar la zona superior del edificio de la comisaría de policía, en la cual se podía ver claramente una “H”. Alrededor había varias personas entre las que se podía distinguir personal sanitario perteneciente al servicio policial.
El helicóptero aterrizó. Mientras se llevaban a Mei en camilla hacia la zona de urgencias del edificio, seguidos por Izo, una joven atendía a Hiro. Solo tenía una herida superficial en el brazo que vendó con cuidado.
-Señor Red, voy a ver como está la sobrina del subinspector Brown…- Dijo Seitei, con evidente preocupación…
-Bien. Yo iré ahora. Gracias, Seitei.
Seitei asintió sin ser capaz de llegar a sonreír y fue hacia la puerta de entrada del edificio. La misma por la que apareció Maze al cabo de unos segundos. Y a Hiro le dio la impresión de que había salido alguien más posteriormente…
-¡Hiro! ¿Cómo estás?
-Bien, bien… Pero debo reconocer que ha estado cerca…
-Me alegro de que estés bien…
-Señor…
Maze prestó atención. Hiro habló.
-Ya puede tachar a uno de la lista…- Dijo el detective sonriendo con su habitual expresión de triunfo…- ¡Au!- …Hasta que la joven que le hacía las curas le clavó una jeringa inesperadamente…
Maze también sonrió y asintió varias veces mientras se comenzaba a alejar levantando una mano como señal de despedida. La chica que le atendía ya había terminado. Y Hiro vio que sí que había llegado alguien más. A unos metros, y ahora acercándose… estaba Aki. A Hiro le dio un vuelco el corazón…
-Hola… Hiro- dijo con preocupación mal disimulada…
No era la misma Aki que había tratado los últimos días…
-Hola…- Hiro no fue capaz de decir nada más…
-¿Estás bien? Ya he oído lo de esta noche…- A Hiro le dio la impresión de que a ella también le costaba hablar…
-¡Sí, sí! ¡No ha sido nada!- Hiro intentaba quitarle importancia al tiempo que buscaba tranquilizarse…
Aki sonrió. Ninguno de los dos volvió a hablar durante los segundos siguientes en que quedaron mirándose, con mutuo nerviosismo… Finalmente, Aki asintió lentamente y se comenzó a alejar. Hiro se moría de ganas de llamarla… pero pensaba que no sabría qué decirle… De modo que, desanimándose, no lo hizo.
Al cabo de un rato, Hiro fue a ver a Mei. Allí estaban Izo, Seitei y Maze. Izo le dijo que Aki también había estado allí. Al oír su nombre, sintió que ya no podía más…
Cuando volvió a la agencia, lo encontró todo como lo había dejado; al día siguiente tendría bastantes cosas que hacer. Pero ahora sólo tenía la atención en una cosa. Cogió su teléfono móvil… Sabía que a aquellas horas aún estaría en la comisaría… Tenía que hacer lo que tenía que haber hecho mucho tiempo atrás… Encontró el nombre que buscaba: Aki.
En una sala oscura, tan solo iluminada por una luz blanca que no era capaz de vencer la negrura reinante, un individuo comenzó a hablar con una voz grave.
-Hemos perdido a uno de nuestros miembros…
-Por lo visto le habían descubierto- habló otro individuo con una voz menos grave.- Si no hubiera muerto hoy, probablemente le habríamos tenido que matar nosotros…
-Es el peligro que hay con los que entran en último lugar… Son los que más probabilidades tienen de ser descubiertos- Habló un tercer hombre, más joven que los anteriores por su voz.
-¿Y nuestra “querida” “Dama Cruel”? ¿Tampoco ha venido hoy?- Comentó un cuarto personaje con cierto desdén…
-Ya sabes que el “Jefe” tiene cierta manga ancha con ella…- Avisó el primero que había hablado.
-¿Y ahora?- Preguntó el cuarto personaje, de voz más aguda, al tiempo que cambiaba inmediatamente de tema…- Midrah era algo inestable, pero muy útil para nuestros objetivos…
-Por supuesto seguimos con el “plan”. Lo de Midrah ha sido una pérdida considerable, pero no era imprescindible… Como no lo somos ninguno, no lo olvidéis…- Habló el primero de nuevo.
Hubo un momentáneo silencio.
-¿Lo ha dicho el “Jefe”?- Preguntó el segundo.
-Sí. Y algo más… Quiere que encontremos al responsable de la muerte de Midrah. Dice que pude ocasionarnos más problemas…
-Ese maldito de Midrah actuó por su cuenta. No tenemos ninguna información…- Se quejó el tercero.
-Él se encargará… como siempre. ¿No es cierto, “Rastreador”?
El quinto individuo que se encontraba en la oscura sala, apartado del resto, no dijo nada, pero sonrió maliciosamente…
sábado, 10 de diciembre de 2011
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 11
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
Los amigos de Onto.
Onto iba caminando con sus amigos por la calle. Eran Cerbatano, Ayahuasco y Peyotas.
Cerbatano era un gran aficionado a las artes marciales. Cuando apareció un operario del alcantarillado, y levantó la tapa de la alcantarilla, Cerbatano lo interpretó como un reto a duelo…
-¡Acepto tu desafío!
-¿Mm?- Miró extrañado aquel buen hombre de aspecto bonachón con un amplio bigote y pronunciada barriga.
Cerbatano se dirigió a toda velocidad y saltó con una especie de patada voladora…
-¡¡¡UUUUOOOOOIIIIIIIAAAAAAAIIII!!!
El hombre se mantuvo impasible mientras aquella inofensiva patada “impactaba” en la tapa de la alcantarilla y Cerbatano caía al fondo del agujero…
-¡Eeeh! ¡Baja aquí! ¡Aún no me has derrotado!- Gritaba desde el fondo.
Onto y sus otros dos amigos habían observado, con cara de no enterarse de nada, toda la escena.
-¡Ves tío! ¡Esto es el existencialismo!- Comenzó a abordar Ayahuasco a Onto.- ¡El existencialismo tiene las respuestas! ¡Tú déjate llevar por el existencialismo y ya verás…! ¡Existencialismo! ¡¡Existencialismo!! ¡¡¡Existencialismooooo!!!
Onto no había variado su expresión un ápice… al igual que Peyotas. Este último comenzó a hablar.
-Un limón no es lo mismo que una batidora. Si coges un sacacorchos y te comes una gelatina, el barco no puede zarpar porque el tornillo no cabe en el supermercado…
Onto fue mirando uno a uno a sus colegas.
-¡Baja y te daré una paliza! ¡Esto no ha acabado!- Seguía gritando Cerbatano…
-¡¡¡¡Existencialismooooooo!!!!- Se desgañitaba Ayahuasco, con los ojos que casi se le salían de las órbitas…
-Y si tienes un folio, en un apartamento no puede haber lémures… por lo menos si el zapato no incorpora su correspondiente acelerador de partículas…- Afirmaba Peyotas…
Onto siguió observándolos durante un rato… y llegó a una conclusión…
-“Pues menuda mierda de amigos.”
Detective Night - Capítulo 11
DETECTIVE NIGHT
Al rescate de Mei.
Hiro se dirigió inmediatamente hacia el barrio industrial nº 4. El tráfico aún era intenso, pero comenzaba a disminuir a medida que se acercaba a la zona de los barrios industriales. No sabía donde se encontraba el edificio indicado en la nota que Lerbat Midrah le había dejado en el paquete bomba…
A medida que se aproximaba a aquella parte perteneciente prácticamente a las afueras de la ciudad había menos luz en los alrededores. Los edificios no mostraban casi actividad a aquellas horas. Tan solo se veía de vez en cuando a trabajadores rumbo a sus casas tras haber terminado su jornada.
Pasaron varios minutos y Hiro iba dando vueltas por las calles repletas de fábricas, almacenes, edificios de oficinas y empresas de todo tipo. Entonces vio algo. Al girar una esquina apareció ante él, a lo lejos, en lo alto de un edificio muy alto, una hoguera… Pero era una hoguera especial, diferente… En realidad, se trataba de una columna de fuego que se elevaba varios metros hacia el cielo nocturno…
-¡Ahí estás!- Dijo Hiro, endureciendo la mirada.
El joven detective se sentía diferente. Notaba que ya no era el mismo. Le daba miedo lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento… pero también era consciente de que tenía que llegar hasta el final…
Puso rumbo hacia el edificio más alto del barrio industrial en el que se encontraba: el número 4.
Tuvo que atravesar una calle estrecha para llegar a divisar la entrada del edificio. Dicha construcción quedaba rodeada por otros edificios más pequeños y bastante separados de aquel hacia el que se dirigía. Hiro tenía un mal presentimiento tras observar a su alrededor… Era evidente que Midrah tendría un plan… Decidió dar marcha atrás y aparcar en la calle principal, a cierta distancia. Dejó su gabardina en el asiento del copiloto y se arremangó las mangas de la camisa. Comprobó que la linterna estaba estropeada… Bajó del coche y miró con atención a su alrededor. No había nadie. Comenzó a caminar por la oscura callejuela, con paso ligero pero cauteloso…
Al cabo de unos instantes volvía a tener delante el gran edificio. Era bastante viejo, en comparación con los de su alrededor, y presentaba bastantes desperfectos bien visibles en el exterior.
Estaba bastante seguro de que Midrah ya se habría percatado de su presencia. Hiro no había pretendido en ningún momento ocultar su llegada, ya que pensaba que le convenía asegurarse de que el captor de Mei supiera que ya estaba allí… Aún así tenía esperanzas de sorprenderle.
Entonces oyó ruido proveniente de la calle estrecha por la que había venido. Se llevó la mano al lado derecho de la cintura, donde llevaba el arma enfundada en su estuche. En ese instante vio aparecer un gato negro corriendo, el cual se detuvo unos instantes, mirándolo con sus brillantes ojos amarillos, y se dio la vuelta para desaparecer en las sombras. Hiro se tranquilizó un poco y, tras comprobar durante unos instantes que no había nadie más, se encaminó hacia la deteriorada puerta principal del edificio.
Cuando estaba a punto de atravesar el umbral, sin dejar de caminar, ahora más lentamente, desabrochó la funda y cogió su arma, quitando el seguro antes de sujetarla con ambas manos a la vez que se la llevaba a la altura del lado derecho de la cabeza. Hiro no apartaba la mirada de la oscuridad que se extendía ante él. La mala sensación que tenía desde hacía rato se iba agudizando a medida que avanzaba…
Cada vez más, la oscuridad lo iba envolviendo con cada paso que daba; pero Hiro aún podía ver gracias a la luz que llegaba del exterior. Podía ver claramente las paredes agrietadas, cascotes por el suelo, botellas vacías, varias pintadas aquí y allá, cristales rotos provenientes de las ventanas… Casi ninguna estaba entera; el aire frío de la noche se iba filtrando y hacia revolotear papeles tirados y polvo.
Hiro buscaba la escalera principal. Estaba seguro de que Midrah tendría a Mei en un piso más elevado…
Tras un rato de dar vueltas en la casi total oscuridad, había algo que le había llamado la atención; algo a su alrededor destacaba… pero no sabía qué. Finalmente encontró las escaleras que ascendían por el centro del edificio.
Gracias a las numerosas ventanas podía ver con bastante claridad mientras ascendía. La zona de la escalera principal era una de las que quedaban más iluminadas. Llegó al primer piso.
Manteniendo la cautela, y con el arma levantada, avanzaba lentamente escudriñando en la oscuridad. Otra vez tuvo la misma sensación que había tenido con anterioridad: había algo que le estaba llamando la atención pero no acababa de ser consciente de lo que era…
Al cabo de un rato consideró que no era necesario recorrer el piso en su totalidad. Pensaba que era evidente que no podía estar allí; además, en algún momento debería encontrar un indicio de que se encontraba en el piso correcto… Midrah le debía haber preparado dicho indicio.
Volvió a las escaleras principales y siguió ascendiendo al segundo piso. Cruzó la puerta y, al mirar a su alrededor y no ver ni oír nada decidió subir hasta el siguiente piso.
Repitió la misma operación con el tercer piso y siguió hasta el cuarto. Aquí había algo distinto. Hiro notaba que algo diferenciaba aquel piso de los anteriores… De modo que se dispuso a inspeccionarlo en profundidad.
Avanzó varios metros y, a medida que lo hacía, una sensación de peligro se acrecentaba en su interior… Pero tenía que seguir avanzando. Entonces vio algo varios metros más adelante. Había sido un brillo fugaz, como de algo metálico… Hiro se alarmó al darse cuenta de lo que aquello significaba y casi saltó al ir a resguardarse tras una pared perteneciente a un pasillo situado a su derecha al tiempo que un disparo sonaba, resonando en la lejanía de aquel piso abandonado, e impactaba en la pared contigua. Hiro se asomó con cuidado con el arma por delante y apuntó hacia la dirección de la que había provenido el disparo. Un nuevo impactó se produjo cerca de él obligándole a ocultarse de nuevo. Entonces Hiro escuchó claramente como unos pasos se alejaban corriendo. El detective pensó que probablemente había visto su arma en la distancia y había cambiado sus planes. Primero se aseguró de que tenía vía libre y, acto seguido, emprendió la persecución en la oscuridad del que seguramente era Midrah. Aún podía escuchar sus pasos desplazándose a toda velocidad; la práctica total ausencia de mobiliario provocaba que cualquier ruido, por insignificante que fuese, resonara en la distancia. Hiro también podía escuchar sus propios pasos mientras corría cada vez a más velocidad.
Un nuevo disparo alcanzó el cristal de una puerta que Hiro tenía en aquel momento a su izquierda. Instintivamente se cubrió la cara y se encogió levemente, pero no dejó de correr. Tampoco su atacante lo hizo.
Al cabo de unos segundos escuchó como el sonido de los pasos del individuo al que perseguía cambiaba… Estaba subiendo por unas escaleras.
Hiro encontró más luz al acercarse a unos ventanales y, al mirar hacia su izquierda, al comienzo de un nuevo pasillo, vio que una puerta conducía a otras escaleras principales del edificio. Por ahí había subido. Al atravesar la puerta abierta Hiro tuvo que frenarse al impactar un nuevo disparo en uno de los escalones cercanos a donde estaba situado en aquel momento. Apuntó hacia arriba y no divisó nada. Entonces dejó de escuchar los pasos ascendentes. Hiro dedujo que ahora se encontraba en el quinto piso… Hacía allí se dirigió.
Al cruzar la puerta no escuchó nada. Estuviera donde estuviese estaba quieto… probablemente observándole. Hiro comenzó a avanzar. Entonces oyó unos sonidos metálicos y unos chasquidos que no llegó a identificar; pero no le gustaban nada…
Tras unos instantes intentando distinguir algo entre la negrura reinante, vio sorprendido como una pequeña llama se encendía varios metros delante de él. Entonces fue como si el tiempo se hiciera más lento. Hiro vio a una figura con gabardina y sombrero que lo apuntaba con una ballesta desde la lejanía. La flecha estaba encendida en la punta y tenía una forma algo extraña. Tenía que salir de allí. Un pasillo se extendía a su derecha; fue hacía allí a toda la velocidad que pudo al tiempo que oía algo atravesar el aire y golpear en la pared con un golpe seco; su camino se iba iluminando progresivamente, cada vez más rápido… Había una puerta cerrada a cada lado; decidió ir hacia la de la izquierda para aprovechar el impulso de la trayectoria que llevaba, mientras el calor aumentaba peligrosamente… Embistió la puerta con todas sus fuerzas y esta se abrió con estrépito… Hiro cayó al suelo por el impulso y pudo ver como una inmensa llamarada atravesaba el pasillo que acababa de dejar atrás…
-“¡Por poco…! Ahora sé cómo cometió los dos asesinatos…”
Como Hiro esperaba, las llamaradas eran tan intensas como poco duraderas. Salió de nuevo al pasillo, sorteando los pequeños incendios que se había producido aquí y allá. Al llegar al lugar desde donde había divisado a Midrah (ahora no tenía ninguna duda de que era él), vio sorprendido como, prácticamente medio quinto piso estaba iluminado por el fuego que quedaba desperdigado. Los efectos habían sido inmediatos y devastadores. Midrah probablemente había llegado ya a las otras escaleras. Hacía allí se fue corriendo Hiro dejando atrás llamas que parecían estar vivas...
Al llegar a las escaleras dirigió la pistola hacia arriba. No vio ni oyó nada. Hiro estaba seguro de donde se encontraba Midrah en aquellos momentos… Se dirigió directamente a la azotea.
Abrió la puerta metálica con fuerza y golpeó contundentemente contra la pared. La columna de fuego que había visto desde abajo seguía ahí. Y entonces Hiro vio algo que no se esperaba y que no quería creer…
Lerbat Midrah, “El pirómano”, estaba de pie ante él, a no mucha distancia, sujetando a Mei con un brazo y apuntándola con una pistola.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 10
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
Lo más inteligente que Onto ha dicho alguna vez en su vida.
-…
Detective Night - Capítulo 10
DETECTIVE NIGHT
Hechos del pasado.
Cuatro años atrás.
Estaba atardeciendo en un día bastante nublado del mes de noviembre. El agente de policía Hiro Red y la agente Aki Wind realizaban la patrulla rutinaria por las calles de Blue City. Aki conducía mientras Hiro comía rosquillas…
-Déjame alguna, eh…
-¡Claro, claro, eso iba a hacer!- Su reacción delató sus verdaderas intenciones…
-La verdad es que me está entrando algo de hambre… Podríamos parar a tomar algo. En tu caso a tomar algo más…
-Me gusta la idea. Y luego me toca conducir a mí.
-Vale- contestó, mirándole durante un instante con una sonrisa.
Al cabo de unos minutos, y ante la ausencia de incidencias por las calles y avisos por radio, pararon cerca de un local especializado en café, pasteles y bollería de todo tipo.
-Siempre que venimos tienes esa mirada de felicidad…
Hiro miraba una y otra vez los pasteles que había en los escaparates, comprobando que no le hubiese quedado ninguno por probar…
-¿Ah, sí? No sé por que lo dices…- dijo haciéndose el despistado.
Solían parar en aquel lugar a menudo, normalmente a aquellas horas. Las dependientas ya les conocían y les agradaba su presencia. Pero lo que de verdad les gustaba de ellos era algo que no se veía, pero que se percibía… Todas lo habían pensado, pero no estaban seguras de que ellos mismos se hubiesen dado cuenta de esto…
-Aki…
-¿Sí?- Contestó la joven ante la repentina seriedad de Hiro…
-Verás… Hay algo… Hay una cosa que yo…- Hiro se sentía cada vez más nervioso.
Aki guardaba silencio. También comenzaba a ponerse nerviosa…
-¿Estás bien, Hiro?
Hiro pensó durante unos instantes, mientras miraba a la calle. Finalmente habló.
-Nada, nada… no es nada- dijo con evidente resignación.
-¿Seguro que estás bien? ¿Qué era…?
Hiro la interrumpió negando con la cabeza.
-No, de verdad, no te preocupes… Era una tontería de las mías…- Dijo con una media sonrisa.
-¡Ah, bueno! ¡Me habías asustado…!- Aki sonrió aliviada. Aunque a Hiro le dio la vaga impresión de que no era un alivio muy sincero…
Siguieron tomando lo que habían pedido. Casi no hablaron. Aki se quedó pensativa. Como de costumbre, Hiro la miraba furtivamente cuando ella no se daba cuenta; o por lo menos eso creía él…
Pagaron y salieron del establecimiento. Mientras caminaban hacia el coche, en silencio, a Hiro se le comenzó a venir el mundo encima… Había estado muy cerca… Hasta ese momento no se había visto capaz… pero, finalmente, no tuvo el valor suficiente… Era consciente de que podría llegar a arrepentirse mucho más de lo que se imaginaba, ya que sabía muy bien que había otros que no iban a tener ningún problema en decirle lo que él no había podido decir… Y ella, muy probablemente, aceptaría, porque pensaría que no tenía nada por lo que esperar… Estos pensamientos se lo estaban haciendo pasar mal últimamente… cada vez más… Solo tenía una esperanza: la certeza de que, pasara lo que pasara, y pasase el tiempo que pasase, algún día llegaría el momento de hacer lo que tenía que hacer… Porque sabía que lo que sentía, aunque fuera incapaz de expresarlo, no iba a desaparecer nunca de su corazón…
Al llegar al coche, Hiro entró por la puerta del conductor y Aki por la otra.
-No te lo vas a creer… pero me he quedado con hambre- dijo Hiro, haciendo un esfuerzo por aparentar normalidad, sonriendo pese a que no tenía ningunas ganas…
-Sí, sí me lo creo…- contestó Aki, sonriendo también; aunque Hiro no estaba seguro de que la sonrisa de ella sí fuese sincera…
Justo antes de arrancar, la radio emitió un sonido semejante a un chasquido, que daba paso a una transmisión. Se oía la voz de una mujer.
-Aviso a todas las unidades. Hay un individuo que ha efectuado el atraco al banco Safest de la calle 34. Está armado y tiene una rehén. Es un individuo muy peligroso.
Aki descolgó el transmisor.
-Aquí patrulla 29. Entendido, central. Nosotros estamos más cerca. Vamos para allá.
-Entendido, patrulla 29. Avisen si necesitan refuerzos.
-Entendido, corto.
Un nuevo chasquido indicaba el fin de la transmisión.
-¡Hiro, deprisa!
-¡De acuerdo!
Hiro arrancó al tiempo que ponía en marcha la sirena. Se dirigió a toda velocidad hacia el lugar del atraco, sorteando el intenso tráfico de aquellas horas. No faltaba mucho para anochecer. Pese a la gravedad y la urgencia de la situación, Hiro no era capaz de sacarse a Aki de la cabeza…
Desde cierta distancia se podía ver claramente un nutrido grupo de personas que estaban mirando hacia la sucursal del banco Safest. Al aproximarse se percibía la preocupación en unos y la curiosidad en otros. Hiro intentaba avanzar tocando el claxon. Aki les decía que se apartasen asomándose por la ventanilla. Finalmente atravesaron la multitud y dejaron el coche en medio de la calle por la que no circulaba ningún vehículo, ya que la habían cortado por ambas direcciones. Hiro y Aki bajaron del coche y desenfundaron sus armas. Había gente muy asustada cerca de la entrada, probablemente rehenes liberados… Al ver pasar a los agentes, una brizna de esperanza pareció reflejarse en los ojos de algunos de ellos.
-¿Queda alguien dentro?- Preguntó Hiro a un hombre algo mayor que intentaba consolar a su mujer y convencerla de que debían alejarse de allí.
-Una chica… muy joven… y el atracador…- Dijo el hombre mientras la mujer comenzó a llorar desconsoladamente.
-Vayan con el resto de la gente. Una ambulancia vendrá para atenderles- les dijo Aki.
Estos obedecieron y comenzaron a alejarse lentamente sin dejar de mirar de vez en cuando hacia atrás. Les acompañó el resto.
Aki y Hiro se acercaban a la entrada con cautela.
-Aki, permanece a cierta distancia. Necesito que me cubras.
Aki no dijo nada, pero Hiro sabía que no le gustaba quedarse a cierta distancia…
Entraron por la puerta principal y una puerta doble automática se abrió, mostrándoles cual era la situación: un hombre corpulento y no muy alto, con barba y aspecto desaliñado, tenía sujeta con un brazo, rodeándola por delante casi a la altura del cuello, a una chica de unos dieciséis años y con la otra mano la apuntaba con una pistola a la altura de la sién. En el suelo había un guardia de seguridad tendido en el suelo, sobre un charco de sangre que lentamente se hacía más amplio… El atracador miraba fijamente a Hiro y de vez en cuando a Aki. Hiro observó que estaba fuera de sí: temblaba, sudaba y tenía los ojos muy abiertos.
-“Es muy inestable…”, pensó Hiro.
-¡Fuera de aquí! ¡Largo! ¡Os aseguro que la mataré si no lo hacéis!- Gritaba el atracador furioso y desesperado.
La chica, una joven con el pelo negro largo y suelto, vestida con uniforme de instituto, sollozaba en silencio, aterrorizada.
-Déjala. Ya has hecho bastante…- Comenzó a hablar Hiro.
-¡He dicho que os larguéis!- Exclamó, visiblemente nervioso, apoyando la pistola en la cabeza de la chica.
-¡Hiro!- Exclamó Aki.
Hiro elevó el arma. Sabía que era un tipo muy inestable, que en cualquier momento apretaría el gatillo… No podía esperar razonar con un individuo así… Tenía que apuntar y disparar, aunque sabía que era muy peligroso… Y tenía que hacerlo ya…
Pero no lo hizo…
El atracador perdió el control definitivamente y empujó a la chica hacia adelante. En ese instante Hiro lo perdió de vista. Un disparo sonó atronador en la amplia estancia y Hiro vio como atravesaba a la chica por el centro del pecho y le alcanzaba a él en el brazo derecho, el de la mano con la que sostenía el arma… Aki surgió rápidamente a su izquierda y disparó dos veces al atracador en el torso, abatiéndole… La chica cayó hacia delante, como si flotara en el aire, con los ojos muy abiertos y la mirada perdida… A Hiro le pareció que todo se desarrollaba a cámara lenta… No podía quitar la mirada de aquellos ojos por los que se le escapaba la vida… Llegó a tiempo de sostenerla. No respiraba, no se movía… Estaba muerta.
-¡Hiro, estás herido!- Exclamó Aki con preocupación.
Hiro escuchó como pedía una ambulancia. Tenía la mirada perdida, en el horizonte, pero no veía nada…
Llegaron dos ambulancias y refuerzos para controlar la situación. Como les dijo Hiro al personal médico, la bala solo le había rozado. El guardia aún vivía pero estaba muy grave. El atracador había muerto.
Aki se llevó a Hiro rumbo a la comisaría. El joven agente no dijo nada durante largo rato. Finalmente, Aki intentó hablarle.
-Hiro… No hace falta que te diga que no ha sido culpa tuya… Había el peligro de herir a la chica… Aquel tipo había perdido completamente la cabeza…
Hiro no dijo nada, y Aki dejó de hablar. Ambos sabían que aquellas palabras no iban a hacer que dejara de sentirse culpable…
Una vez en la comisaría, varios compañeros se interesaron por como estaban, y les felicitaron por acabar con aquel asesino… Nadie mostró signo de reproche, ya que sabían que era una situación muy difícil de resolver y que era muy fácil que acabara de aquella forma… Pero Hiro se quedó apartado, en su mesa, con el informe delante preparado para rellenar. Aki seguía hablando con varios compañeros que la seguían felicitando y mostrando su apoyo. Desvió su mirada hacia Hiro y, disculpándose, se dirigió hacia él.
-No te preocupes, yo haré el informe- Hiro comprobó que Aki estaba bastante preocupada por él y que no sabía qué hacer para ayudarle, aunque no dejaba de intentarlo…
Lo peor era que, aunque lo veía claramente, no era capaz ni de darle las gracias…
Al cabo de unos minutos, Hiro seguía en el mismo sitio, tras haber recibido el apoyo de varios de sus compañeros. Aki no estaba muy lejos de allí; estaba con una compañera que además era amiga suya desde hacía tiempo. Entonces sonó el teléfono de Aki. Hiro levantó la mirada por primera vez después de largo rato mirando hacia algún punto perdido… Sus ojos y los de Aki se cruzaron cuando esta contestó; inmediatamente, Aki desvió la mirada y se dio la vuelta, como si no quisiera que Hiro la viese. Estuvo hablando durante unos breves instantes y colgó. Hiro tenía una sensación que no le gustaba nada. Era como si estuviera a punto de recibir una mala noticia… Observó en la distancia que su amiga comenzó a hablarle; seguramente le preguntaba quien la había llamado. A Aki no le vio la cara ni la oyó. Pero sí a su amiga…
-¿¡En serio!? ¡Ya era hora! Me alegro mucho por vosotros. Siempre vi que entre vosotros dos había algo más…
Hiro sintió que algo se rompió en su interior. Las palabras no dejaban de resonar en su cabeza y automáticamente ataba cabos… No podía creer lo que estaba pasando. Estaba desesperado. Peor. Buscaba algo… algo a lo que aferrarse en aquel momento espantoso… Pensaba que no podría soportar aquel dolor… Entonces pensó que no tenía más remedio que hacer una cosa…
Se levantó de su silla y se dirigió al despacho de Maze. Aquella fue la última vez que vio a Aki durante cuatro años…
-“Entiendo lo que ha pasado, Hiro… pero no es culpa tuya…”
-“Está bien, respeto tu decisión…”
-“Te dejaré marchar con una condición… Sé que algún día necesitaré tu ayuda… Entonces te llamaré y tú acudirás… ¿De acuerdo?”
-“Imaginaba que esto llegaría algún día… pero creo que te estás precipitando…”
-“Aquí siempre tendrás tus cosas… en tu taquilla… Nadie las tocará.”
-“Buena suerte… Hiro.”
En el presente.
El coche de Hiro se detuvo ante la comisaría de policía. Hacía rato que era noche cerrada. Hiro bajó del coche y se dirigió con paso firme y rápido al interior. No miraba a nadie. No veía a nadie. Solo veía el lugar al que se dirigía. Al entrar en la zona donde estaban situados los puestos de los agentes, divisó la puerta a la que se encaminaba. Mientras avanzaba con la mirada seria y decidida, Aki, que se encontraba de pie revisando un informe a unas mesas de distancia, lo vio pasar y se lo quedó mirando; observó su mirada… Izo que miraba el reloj para ver si llegaba la hora del descanso, vio pasar a su amigo y se dispuso a llamarle… pero se fijó en sus ojos y decidió no hacerlo…
A un lado de la gran sala estaba la puerta que conducía a las taquillas de los agentes. Hiro la cruzó y apenas se encontró con nadie por el camino. Cuando tenía ante él las largas hileras de taquillas estaba completamente solo. Se dirigió a la que le perteneció durante varios años… y que aún le pertenecía. Usó una pequeña llave y la abrió.
-“Ahora sé que huí… Pero no puedo huir eternamente de lo que soy… ni de lo que siento… Ha llegado la hora de comenzar a enmendar mis errores…”
Ante él, en el interior de su taquilla, estaban su placa de agente de policía… y su arma.
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