jueves, 1 de diciembre de 2011

Detective Night - Capítulo 10

                                                               DETECTIVE NIGHT

                                                               Hechos del pasado.


Cuatro años atrás.

Estaba atardeciendo en un día bastante nublado del mes de noviembre. El agente de policía Hiro Red y la agente Aki Wind realizaban la patrulla rutinaria por las calles de Blue City. Aki conducía mientras Hiro comía rosquillas…
-Déjame alguna, eh…
-¡Claro, claro, eso iba a hacer!- Su reacción delató sus verdaderas intenciones…
-La verdad es que me está entrando algo de hambre… Podríamos parar a tomar algo. En tu caso a tomar algo más…
-Me gusta la idea. Y luego me toca conducir a mí.
-Vale- contestó, mirándole durante un instante con una sonrisa.
Al cabo de unos minutos, y ante la ausencia de incidencias por las calles y avisos por radio, pararon cerca de un local especializado en café, pasteles y bollería de todo tipo.
-Siempre que venimos tienes esa mirada de felicidad…
Hiro miraba una y otra vez los pasteles que había en los escaparates, comprobando que no le hubiese quedado ninguno por probar…
-¿Ah, sí? No sé por que lo dices…- dijo haciéndose el despistado.
Solían parar en aquel lugar a menudo, normalmente a aquellas horas. Las dependientas ya les conocían y les agradaba su presencia. Pero lo que de verdad les gustaba de ellos era algo que no se veía, pero que se percibía… Todas lo habían pensado, pero no estaban seguras de que ellos mismos se hubiesen dado cuenta de esto…
-Aki…
-¿Sí?- Contestó la joven ante la repentina seriedad de Hiro…
-Verás… Hay algo… Hay una cosa que yo…- Hiro se sentía cada vez más nervioso.
Aki guardaba silencio. También comenzaba a ponerse nerviosa…
-¿Estás bien, Hiro?
Hiro pensó durante unos instantes, mientras miraba a la calle. Finalmente habló.
-Nada, nada… no es nada- dijo con evidente resignación.
-¿Seguro que estás bien? ¿Qué era…?
Hiro la interrumpió negando con la cabeza.
-No, de verdad, no te preocupes… Era una tontería de las mías…- Dijo con una media sonrisa.
-¡Ah, bueno! ¡Me habías asustado…!- Aki sonrió aliviada. Aunque a Hiro le dio la vaga impresión de que no era un alivio muy sincero…
Siguieron tomando lo que habían pedido. Casi no hablaron. Aki se quedó pensativa. Como de costumbre, Hiro la miraba furtivamente cuando ella no se daba cuenta; o por lo menos eso creía él…
Pagaron y salieron del establecimiento. Mientras caminaban hacia el coche, en silencio, a Hiro se le comenzó a venir el mundo encima… Había estado muy cerca… Hasta ese momento no se había visto capaz… pero, finalmente, no tuvo el valor suficiente… Era consciente de que podría llegar a arrepentirse mucho más de lo que se imaginaba, ya que sabía muy bien que había otros que no iban a tener ningún problema en decirle lo que él no había podido decir… Y ella, muy probablemente, aceptaría, porque pensaría que no tenía nada por lo que esperar… Estos pensamientos se lo estaban haciendo pasar mal últimamente… cada vez más… Solo tenía una esperanza: la certeza de que, pasara lo que pasara, y pasase el tiempo que pasase, algún día llegaría el momento de hacer lo que tenía que hacer… Porque sabía que lo que sentía, aunque fuera incapaz de expresarlo, no iba a desaparecer nunca de su corazón…
Al llegar al coche, Hiro entró por la puerta del conductor y Aki por la otra.
-No te lo vas a creer… pero me he quedado con hambre- dijo Hiro, haciendo un esfuerzo por aparentar normalidad, sonriendo pese a que no tenía ningunas ganas…
-Sí, sí me lo creo…- contestó Aki, sonriendo también; aunque Hiro no estaba seguro de que la sonrisa de ella sí fuese sincera…
Justo antes de arrancar, la radio emitió un sonido semejante a un chasquido, que daba paso a una transmisión. Se oía la voz de una mujer.
-Aviso a todas las unidades. Hay un individuo que ha efectuado el atraco al banco Safest de la calle 34. Está armado y tiene una rehén. Es un individuo muy peligroso.
Aki descolgó el transmisor.
-Aquí patrulla 29. Entendido, central. Nosotros estamos más cerca. Vamos para allá.
-Entendido, patrulla 29. Avisen si necesitan refuerzos.
-Entendido, corto.
Un nuevo chasquido indicaba el fin de la transmisión.
-¡Hiro, deprisa!
-¡De acuerdo!
Hiro arrancó al tiempo que ponía en marcha la sirena. Se dirigió a toda velocidad hacia el lugar del atraco, sorteando el intenso tráfico de aquellas horas. No faltaba mucho para anochecer. Pese a la gravedad y la urgencia de la situación, Hiro no era capaz de sacarse a Aki de la cabeza…
Desde cierta distancia se podía ver claramente un nutrido grupo de personas que estaban mirando hacia la sucursal del banco Safest. Al aproximarse se percibía la preocupación en unos y la curiosidad en otros. Hiro intentaba avanzar tocando el claxon. Aki les decía que se apartasen asomándose por la ventanilla. Finalmente atravesaron la multitud y dejaron el coche en medio de la calle por la que no circulaba ningún vehículo, ya que la habían cortado por ambas direcciones. Hiro y Aki bajaron del coche y desenfundaron sus armas. Había gente muy asustada cerca de la entrada, probablemente rehenes liberados… Al ver pasar a los agentes, una brizna de esperanza pareció reflejarse en los ojos de algunos de ellos.
-¿Queda alguien dentro?- Preguntó Hiro a un hombre algo mayor que intentaba consolar a su mujer y convencerla de que debían alejarse de allí.
-Una chica… muy joven… y el atracador…- Dijo el hombre mientras la mujer comenzó a llorar desconsoladamente.
-Vayan con el resto de la gente. Una ambulancia vendrá para atenderles- les dijo Aki.
Estos obedecieron y comenzaron a alejarse lentamente sin dejar de mirar de vez en cuando hacia atrás. Les acompañó el resto.
Aki y Hiro se acercaban a la entrada con cautela.
-Aki, permanece a cierta distancia. Necesito que me cubras.
Aki no dijo nada, pero Hiro sabía que no le gustaba quedarse a cierta distancia…
Entraron por la puerta principal y una puerta doble automática se abrió, mostrándoles cual era la situación: un hombre corpulento y no muy alto, con barba y aspecto desaliñado, tenía sujeta con un brazo, rodeándola por delante casi a la altura del cuello, a una chica de unos dieciséis años y con la otra mano la apuntaba con una pistola a la altura de la sién. En el suelo había un guardia de seguridad tendido en el suelo, sobre un charco de sangre que lentamente se hacía más amplio… El atracador miraba fijamente a Hiro y de vez en cuando a Aki. Hiro observó que estaba fuera de sí: temblaba, sudaba y tenía los ojos muy abiertos.
-“Es muy inestable…”, pensó Hiro.
-¡Fuera de aquí! ¡Largo! ¡Os aseguro que la mataré si no lo hacéis!- Gritaba el atracador furioso y desesperado.
La chica, una joven con el pelo negro largo y suelto, vestida con uniforme de instituto, sollozaba en silencio, aterrorizada.
-Déjala. Ya has hecho bastante…- Comenzó a hablar Hiro.
-¡He dicho que os larguéis!- Exclamó, visiblemente nervioso, apoyando la pistola en la cabeza de la chica.
-¡Hiro!- Exclamó Aki.
Hiro elevó el arma. Sabía que era un tipo muy inestable, que en cualquier momento apretaría el gatillo… No podía esperar razonar con un individuo así… Tenía que apuntar y disparar, aunque sabía que era muy peligroso… Y tenía que hacerlo ya…
Pero no lo hizo…
El atracador perdió el control definitivamente y empujó a la chica hacia adelante. En ese instante Hiro lo perdió de vista. Un disparo sonó atronador en la amplia estancia y Hiro vio como atravesaba a la chica por el centro del pecho y le alcanzaba a él en el brazo derecho, el de la mano con la que sostenía el arma… Aki surgió rápidamente a su izquierda y disparó dos veces al atracador en el torso, abatiéndole… La chica cayó hacia delante, como si flotara en el aire, con los ojos muy abiertos y la mirada perdida… A Hiro le pareció que todo se desarrollaba a cámara lenta… No podía quitar la mirada de aquellos ojos por los que se le escapaba la vida… Llegó a tiempo de sostenerla. No respiraba, no se movía… Estaba muerta.
-¡Hiro, estás herido!- Exclamó Aki con preocupación.
Hiro escuchó como pedía una ambulancia. Tenía la mirada perdida, en el horizonte, pero no veía nada…
Llegaron dos ambulancias y refuerzos para controlar la situación. Como les dijo Hiro al personal médico, la bala solo le había rozado. El guardia aún vivía pero estaba muy grave. El atracador había muerto.
Aki se llevó a Hiro rumbo a la comisaría. El joven agente no dijo nada durante largo rato. Finalmente, Aki intentó hablarle.
-Hiro… No hace falta que te diga que no ha sido culpa tuya… Había el peligro de herir a la chica… Aquel tipo había perdido completamente la cabeza…
Hiro no dijo nada, y Aki dejó de hablar. Ambos sabían que aquellas palabras no iban a hacer que dejara de sentirse culpable…
Una vez en la comisaría, varios compañeros se interesaron por como estaban, y les felicitaron por acabar con aquel asesino… Nadie mostró signo de reproche, ya que sabían que era una situación muy difícil de resolver y que era muy fácil que acabara de aquella forma… Pero Hiro se quedó apartado, en su mesa, con el informe delante preparado para rellenar. Aki seguía hablando con varios compañeros que la seguían felicitando y mostrando su apoyo. Desvió su mirada hacia Hiro y, disculpándose, se dirigió hacia él.
-No te preocupes, yo haré el informe- Hiro comprobó que Aki estaba bastante preocupada por él y que no sabía qué hacer para ayudarle, aunque no dejaba de intentarlo…
Lo peor era que, aunque lo veía claramente, no era capaz ni de darle las gracias…
Al cabo de unos minutos, Hiro seguía en el mismo sitio, tras haber recibido el apoyo de varios de sus compañeros. Aki no estaba muy lejos de allí; estaba con una compañera que además era amiga suya desde hacía tiempo. Entonces sonó el teléfono de Aki. Hiro levantó la mirada por primera vez después de largo rato mirando hacia algún punto perdido… Sus ojos y los de Aki se cruzaron cuando esta contestó; inmediatamente, Aki desvió la mirada y se dio la vuelta, como si no quisiera que Hiro la viese. Estuvo hablando durante unos breves instantes y colgó. Hiro tenía una sensación que no le gustaba nada. Era como si estuviera a punto de recibir una mala noticia… Observó en la distancia que su amiga comenzó a hablarle; seguramente le preguntaba quien la había llamado. A Aki no le vio la cara ni la oyó. Pero sí a su amiga…
-¿¡En serio!? ¡Ya era hora! Me alegro mucho por vosotros. Siempre vi que entre vosotros dos había algo más…
Hiro sintió que algo se rompió en su interior. Las palabras no dejaban de resonar en su cabeza y automáticamente ataba cabos… No podía creer lo que estaba pasando. Estaba desesperado. Peor. Buscaba algo… algo a lo que aferrarse en aquel momento espantoso… Pensaba que no podría soportar aquel dolor… Entonces pensó que no tenía más remedio que hacer una cosa…
Se levantó de su silla y se dirigió al despacho de Maze. Aquella fue la última vez que vio a Aki durante cuatro años…

-“Entiendo lo que ha pasado, Hiro… pero no es culpa tuya…”

-“Está bien, respeto tu decisión…”

-“Te dejaré marchar con una condición… Sé que algún día necesitaré tu ayuda… Entonces te llamaré y tú acudirás… ¿De acuerdo?”

-“Imaginaba que esto llegaría algún día… pero creo que te estás precipitando…”

-“Aquí siempre tendrás tus cosas… en tu taquilla… Nadie las tocará.”

-“Buena suerte… Hiro.”


En el presente.

El coche de Hiro se detuvo ante la comisaría de policía. Hacía rato que era noche cerrada. Hiro bajó del coche y se dirigió con paso firme y rápido al interior. No miraba a nadie. No veía a nadie. Solo veía el lugar al que se dirigía. Al entrar en la zona donde estaban situados los puestos de los agentes, divisó la puerta a la que se encaminaba. Mientras avanzaba con la mirada seria y decidida, Aki, que se encontraba de pie revisando un informe a unas mesas de distancia, lo vio pasar y se lo quedó mirando; observó su mirada… Izo que miraba el reloj para ver si llegaba la hora del descanso, vio pasar a su amigo y se dispuso a llamarle… pero se fijó en sus ojos y decidió no hacerlo…
A un lado de la gran sala estaba la puerta que conducía a las taquillas de los agentes. Hiro la cruzó y apenas se encontró con nadie por el camino. Cuando tenía ante él las largas hileras de taquillas estaba completamente solo. Se dirigió a la que le perteneció durante varios años… y que aún le pertenecía. Usó una pequeña llave y la abrió.
-“Ahora sé que huí… Pero no puedo huir eternamente de lo que soy… ni de lo que siento… Ha llegado la hora de comenzar a enmendar mis errores…”
Ante él, en el interior de su taquilla, estaban su placa de agente de policía… y su arma.

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