jueves, 27 de junio de 2013

En el Aeropuerto

En el Aeropuerto.



Era un tipo como otro cualquiera. No solía destacar en ninguno de los círculos de gente a los que había solido pertenecer. Al menos eso era lo que pensaba él… O lo que se repetía sin cesar… Incluso sus rasgos le parecían comunes: tenía el pelo corto y castaño, y ojos color avellana. Vestía con pantalones grises, americana del mismo color con camisa azul celeste, botas marrones y su inseparable cronógrafo, casi su único amigo… Se encontraba sentado en uno de los múltiples grupos de asientos de espera de la terminal del Aeropuerto. Como era habitual, nadie se había sentado a su lado; ni siquiera en el asiento de atrás… Claro, que, para que se sentara un tipo desagradable (como, desgraciadamente, le ocurría a veces), pues mejor así… Aunque la gente que ocupaba de forma dispersa el resto de asientos, no parecía mucho más contenta que él mismo… A su lado, llevaba una vieja maleta, de la que sabía perfectamente que solían reírse algunos chavales que llevaban sus modernas maletas con ruedecitas… Muy prácticas, pero a él no le gustaban nada. Prefería su vieja y fiel maleta, que jamás facturaba pesara lo que pesara; que nunca era mucho, de todos modos. Además, tampoco le apetecía ver las risitas que se intercambiarían las chicas guapas encargadas de la facturación de equipajes al ver semejante antigualla
Había llegado bastante pronto aquella vez. Como si, aunque iba sobrado de tiempo, quisiera asegurarse al máximo de que no perdería aquel avión. Aquel avión que habría de llevarle muy lejos de allí…
La verdad era que el destino era lo de menos. La cuestión era irse a otra parte.
Aunque, en alguna parte de su interior, algo le decía que, quizá, no era tan buena idea… Pero automáticamente buscaba alguna excusa y se reafirmaba en la idea de tomar ese avión.
Oía sin cesar los avisos de salida de otros vuelos que iban antes que el suyo. Parecía que la cosa iba más deprisa de lo que se había imaginado; esto le hizo sentir un nudo en el estómago. No se esperaba que todo fuera tan rápido. Sin darse cuenta, quería ralentizar el tiempo para que no llegara tan pronto el momento de marcharse…
Era por la madrugada, su hora favorita para tomar un avión; aunque ya hacía mucho tiempo que no había volado en ninguno. La verdad es que era algo que le gustaba mucho; tal vez lo que más le apetecía de aquel viaje. Aunque, cada vez que había viajado, lo había pasado peor: las turbulencias, que en sus viajes de niño eran mucho más ocasionales, aunque preocupantes… ahora eran lo normal en cada viaje que hacía. Quizás ese era el principal motivo por el cual hacía tanto tiempo que no se subía a alguno de aquellos imponentes aparatos que subían a aquella altura tremenda, a pesar de su grandísimo peso… Pensaba en esto cada vez que veía el mar allá abajo, a través de las nubes. Porque, a pesar de todo, le gustaba volar. Y siempre procuraba ponerse en el sitio de la ventanilla; para disfrutar de aquel miedo que sentía…
No parecía haber mucha gente a aquella hora. Quizá era cuestión del día o quizá era cuestión de la época del año en que se encontraban, tal vez no muy propicia para viajar en masa…
De vez en cuando escuchaba el zumbido sónico de aquellos fascinantes aparatos que se disponían a despegar, para, uno a uno, ir dando paso al que habría de transportarle a otro lugar, uno nuevo… ¿uno mejor?
Pasaron varios minutos en los que la monotonía se hizo dueña de la situación. Entonces observó que un tipo, más bien gordo, con una larga gabardina color caramelo y un sombrero gris, con pantalones de tirantes y camisa, y zapatos que dejaban claramente a la vista los calcetines, se aproximaba. Llevaba una maleta similar a la suya, aunque algo más grande. Iba buscando asiento (y eso que tenía donde elegir)… Para sus adentros rogaba que no se pusiera a su lado; no por que tuviera nada en contra de aquel buen hombre, que además no le transmitía malas sensaciones, sino porque no quería hablar con nadie, tener a nadie cerca… Sabía que esto no era bueno, pero era como se encontraba en aquellos momentos…
El tipo dirigió durante un instante la mirada hacia él y ambos se cruzaron la misma un momento. Suficiente para que aquel hombre, casi calvo, de cara rechoncha, ojillos pequeños y bigote castaño muy claro pareciera tomar una decisión al fin. Se dirigió a la izquierda de donde se encontraba, con apenas un sitio de separación entre ambos. Antes de sentarse intentó dirigirse a él con una amable sonrisa, aunque este hizo como que no se daba cuenta y miró disimuladamente hacia otro lado. Pero aquel tipo no se iba a rendir… Una vez sentado se acomodó y lanzó un sonoro suspiro entre leves jadeos; los kilos le pesaban y le hacían sudar en aquellos momentos…
-Buenos días- dijo en un tono amable y hasta alegre el tipo bonachón.
Ahora ya no tenía escapatoria.
-Buenos días- dijo, forzándose por ser amable.
Si aquel tipo había percibido las pocas ganas que tenía de hablar con él se hacía perfectamente el loco…
-De viaje, eh…- Dijo, haciéndose el simpático.
Pues claro. Si no, ¿Qué narices estaban ambos haciendo allí?
-Sí, sí, de viaje… Decía, como queriendo quitárselo de encima de una vez y quedarse tranquilo sin tener que hablar más…
-Mi vuelo es el siguiente- dijo con una sonrisa no carente de entusiasmo.
Parecía que el buen hombre quería hablar sí o sí…
-El mío va uno después- se resignó.
Aquel tipo sabía que se había salido con la suya.
-Es decir, el siguiente no, el otro, ¿no?
-Exacto.
Se produjeron unos instantes de silencio.
-La verdad es que no me apetece mucho viajar. En realidad lo que a mí me gusta es quedarme tranquilamente en mi casa viendo la televisión o escuchando música en mi viejo tocadiscos…- El tono de aquel hombre había sufrido un claro cambio- …Pero mi hijo se casó con una mujer de otro país… y si quiero ver a mi nieta tengo que viajar de vez en cuando… a pesar de lo poco que me gusta- Ahora había cierto pesar en su tono…
Estuvo tentado de preguntarle si no viajaban también ellos para verle a él y llevarle a su nieta… pero finalmente decidió no decir nada y limitarse a asentir mirando al suelo. La realidad era que ya no le molestaba estar hablando con aquel tipo que se había sincerado de aquella manera con un desconocido… Entonces pensó que aquella idea que tenía a veces de que todo el mundo era feliz y vivía en una explosión continua de alegría, a excepción de él, seguramente no era cierta… Ya lo sabía… pero ahora lo veía con claridad.
Aquel tipo volvió a tomar la palabra.
-¿Y usted? ¿También va lejos?- Decía mientras intentaba aguzar la vista dirigiéndola hacia el monitor de su izquierda, donde se informaba de las siguientes salidas, sin acertar a distinguir el vuelo que buscaba…
-Sí- iba a continuar, pero decidió dejarlo así…
Aquel tipo no insistió. Pero, por alguna extraña razón, de repente tenía ganas de que le preguntara por sus motivos… Así que siguió hablando; y esta vez no hizo falta que le hiciese ninguna pregunta previa…
-He decidido irme por un tiempo- dijo.
Aquel tipo se alegró de que por fin su interlocutor abandonara su actitud defensiva.
-¿Cambio de aires?- El tipo intentaba elegir adecuadamente sus palabras para no “ahuyentarle”…
Pero el proceso de poner en palabras lo que no paraba de darle vueltas por la cabeza no era tan sencillo como le hubiese gustado…
-Algo así…- Decidió decir al final.
Se produjo un nuevo silencio, incómodamente largo. Se animó a continuar.
-A veces… los planes no salen como a uno le gustaría. O, por lo menos, como uno pensaba que iban a salir… No sé… es frustrante…- Ya parecía casi liberado de sus “cadenas” que le impedían expresarse con libertad…
Aquel tipo asentía lentamente, pensativo.
-Le entiendo- hizo una pausa y miró la maleta que llevaba su interlocutor, parecida a la suya, aunque de un color marrón ni claro ni oscuro- Pero, dígame una cosa, ¿cree que sus planes sí se llevaran a cabo si se marcha a otra parte?
Aquello lo dejó estupefacto. No supo qué decir. El tipo continuó, ahora más serio todavía.
-¿O piensa que en otro lugar, cuanto más lejos mejor, todo aquello que planee sí se cumplirá?- Y se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos esperando la respuesta de aquel hombre bastante más joven que él…
Seguía sin saber qué contestar. Pero aquel tipo, que hablaba desde la experiencia, y que claramente le intentaba ayudar, había oprimido una tecla muy concreta en alguna parte de su interior… El tipo sonrío. Y continuó hablando.
-Lo que a usted le pasa es muy normal. Probablemente nos ha ocurrido a todos. A veces pensamos que la respuesta es… huir.
Había dicho la palabra clave: HUIR. No pudo evitar pensar que eso era exactamente lo que estaba haciendo…
Entonces sonó por megafonía, tras los pertinentes tonos, el aviso de salida del siguiente vuelo. Era el que debía tomar aquel tipo.
-Bueno. Debo marcharme. Ha sido un placer- le dijo tendiéndole una rechoncha y afectuosa mano al tiempo que le dedicaba una afable y paternal sonrisa.
Todo era muy súbito. Le dio la mano de inmediato, estrechándosela con sincero agradecimiento; aquel tipo le dio un buen apretón de manos, como el que dan las personas que inspiran confianza. Se lamentaba de no poder seguir hablando con aquel tipo al que probablemente no volvería a ver jamás… Pero cogió su maleta gris y, sujetándose el sombrero con la mano que le quedaba libre, se alejó al tiempo que otros a su alrededor hacían lo propio camino de la zona de embarque…
Tras un breve trajín la tranquilidad volvía en su derredor. Solo quedaba una salida antes de que le avisaran para la suya… pero ya no lo tenía tan claro. Aquella sensación que había tenido desde el primer momento que había tomado la decisión, ahora se había intensificado hasta límites casi insoportables…
Pero decidió quedarse allí. Aún tenía tiempo para decidirse, pensó…
Pasaron varios minutos, no tantos como él se había pensado tras consultar su reloj. Le tenía mucho cariño a aquel reloj; era como un compañero inseparable…
En un momento en el que se había sumergido más de la cuenta en sus pensamientos, volvió de su ensimismamiento al escuchar zapatos de tacón aproximándose… Con una fugaz mirada vio que se trataba de una mujer que se acercaba por su derecha. Esta, tras lo que pareció un instante de duda, se sentó, quedando un asiento vacío entre ella y él…
Al principio se sintió raro. La verdad es que intentaba no mirar a aquella mujer que tenía a su lado y que, de reojo, había visto que se había puesto a consultar con atención su teléfono móvil, uno de esos teléfonos inteligentes con los que todavía no se había atrevido…
Finalmente, y consciente del “riesgo” de parecer algo descarado, le dirigió una mirada de “reconocimiento” a aquella desconocida de la que le llegaba su fresco perfume…
Era preciosa. Tenía el cabello rubio y liso que le llegaba algo más allá del cuello; desde donde se encontraba podía distinguir unos ojos azules en un rostro de mujer joven de piel no muy oscura; vestía como una secretaria de oficina y se fijó en el escote que se le adivinaba bajo la desabotonada camisa blanca, y en la falda a la que le faltaban unos centímetros para cubrirle las rodillas de unas largas y atractivas piernas…
Notó que la mujer hacía como que no, pero ya se había dado cuenta de que su “vecino” le lanzaba cada vez más miraditas… aunque él advirtió que esto no parecía molestarla… Al cabo de un rato, la mujer dejó su teléfono y se quedó como pensativa, mirando a un punto perdido en el suelo, hacia delante, como si esperara algo…
Entonces se le ocurrió algo… una locura… ¿Y si le decía algo? Por algún motivo, tenía la sensación de que era exactamente lo que tenía que hacer… que si no lo hacía se iba a arrepentir…
Entonces ocurrió algo. Aquella mujer se giró hacia él ante la enésima vez que este le dirigía la mirada… Era el momento.
-Ho…Hola- dijo, con evidente nerviosismo…
Pero, para su sorpresa, aquella atractiva mujer también parecía algo nerviosa…
-Hola- dijo con una sonrisa.
Entonces se fijó mejor en sus rasgos, en sus ojos azules… Era realmente muy guapa.
-¿Sales en este vuelo o en el siguiente?- Se le ocurrió preguntar.
Entonces la mujer dirigió una breve mirada hacia el monitor que quedaba más a la derecha, el que tenía más cerca… Él “aprovechó” la ocasión para fijarse mejor en el cuerpo de aquella mujer que no debía ser mucho más joven que él; se fijó en sus pechos, los cuales eran evidentemente generosos…
-En el siguiente- contestó ella, como si le hubiera dado tiempo para que él la recorriera con la mirada…
Él apartó la mirada de inmediato, confiando en que no se hubiese notado… aunque no estaba muy seguro de ello… Ella habló.
-¿Y tú?- Preguntó, con evidente interés.
Aquello le sorprendió gratamente.
-En el siguiente al tuyo. ¿Por cuánto tiempo te vas?- Preguntó, esperando no haber sido demasiado entrometido…
Pero ella no mostraba ningún tipo de reparo hacia lo que él hacía o decía…
-Una semana. Vacaciones.
Tenía que hacerle la pregunta. La que podía cambiarlo todo en un momento…
-¿Te vas sola?
Ella no tardó en responder.
-Sí.
Aquello no tenía porqué significar nada… Pero no pudo evitar sentir cierta ilusión… Entonces ella le preguntó a él.
-¿Y tú te vas por mucho tiempo?- Intentaba disimular su interés por conocer la respuesta…
Él se quedó pensativo por un instante. Había llegado la hora de tomar una decisión. Pero ahora ya sabía de qué huía realmente…
-Una semana también- decidió al fin. Su decisión definitiva.
A la mujer pareció iluminársele la mirada. Quería decir algo más.
-Yo llego por la tarde. No sé… a lo mejor coincidimos…
Aquello ya le superaba. Pero sabía lo que debía hacer…
-Yo también llegaré por la tarde- hizo una pausa y reunió valor…- Si quieres… podríamos reunirnos aquí…
Ella sonrió. Y asintió.
-De acuerdo. Entonces… nos veremos- tampoco ella sabía qué más decir…
Se dio el aviso de la salida de su vuelo. Se despidieron y él se quedó de pie, solo, pero consciente de que las cosas habían cambiado.
El siguiente vuelo era el suyo. Había pensado en cambiar la fecha de regreso. Pero, tras pensarlo mejor, y cuando faltaban unos minutos para que le llamaran, se dio cuenta de que no tenía que ir a ninguna parte… hasta dentro de una semana…
Cogió la maleta y se fue a su casa.

lunes, 24 de junio de 2013

6 Warriors - Capítulo 17

6 WARRIORS

Kein y Lin.


Los intensos rayos del sol de la mañana no podían alcanzarla en aquella parte cubierta del patio central del cuartel. Recostada en una de las columnas, se encontraba Feng, con los brazos cruzados y la mirada perdida hacia el cielo azul y despejado… Llevaba así mucho rato. Pero es que le duraba desde hacía días; desde que vio a Xin…
En ese momento, al otro extremo del patio, apareciendo y desapareciendo entre las columnas, caminaba Wai, con su acostumbrado paso ligero y su expresión de autosuficiencia. Feng lo seguía con la mirada mientras iba de un extremo a otro; durante un breve instante, a Feng le dio la impresión que Wai se había percatado de que estaba siendo observado por ella… pero aquel no llegó a desviar la vista y se perdió tras una puerta al final de la línea recta que había seguido…
Feng no dejaba de preguntarse, desde aquel día, cuanto tiempo habría permanecido Wai allí, observando… y cuánto habría oído…

Por una de las transitadas calles de Changshia, en las cuales costaba ver por la luminosidad del sol, el calor sofocante y el continuo polvo levantado por los transeúntes, avanzaba lentamente y no sin dificultad un hombre obeso, de pelo un poco largo y con algunas canas, al igual que el espeso bigote; llevaba un saco de maíz a la espalda, acabado de recoger, y se disponía a venderlo en el mercado. Ya había conseguido vender uno un rato antes; y llevaba lo recaudado en una bolsita atada a un lado de la cintura.
Desde unos metros de distancia, confundido en la multitud, un tipo de no más de veinte años se había fijado en el hombre… y en su bolsa. Aquel tonto sería una presa fácil, pensó. Poco a poco, sibilinamente, fue aproximándose, escondiéndose de vez en cuando tras algún viandante que pasaba cerca… De todos modos, aquel hombre no se daba cuenta de nada; solo estaba concentrado en llegar al mercado con su valiosa carga…
Finalmente, y a pesar de que casi lo arrolla un viejo que pasaba tirando de una mula, el tipo consiguió estar lo suficientemente cerca de aquel hombre… Y le cogió la bolsa sin problemas. El hombre, ajeno a todo, e imaginando las cosas que podría comprar con lo que ya tenía, y lo que podría conseguir por aquel saco que cargaba fatigosamente, seguía su camino sin variar el ritmo…
El ladrón le dio la espalda a aquel hombre, que se alejaba, mientras contemplaba con una amplia sonrisa, no carente de malicia, la bolsa que había conseguido…
-Eso que has hecho no ha estado bien- lo reprendió una voz de un tipo joven que no sabía de donde provenía…
El ladrón miraba a todas partes y no veía de donde podía haber venido aquella voz que había oído tan claramente a pesar del bullicio reinante en aquel lugar… Entonces notó algo raro. Se miró las manos y… ¡la bolsa que sostenía con ambas ya no estaba!
Inmediatamente se puso a mirar frenéticamente en todas direcciones… ¡¿Quién había sido?! ¡¿Dónde estaba ese maldito…?!
Entonces, como si estuviera destacado sobre todos los demás, lo vio. A unos metros de distancia, un tipo con un zurrón, de lado pero con la cabeza girada, lo miraba con una mirada que, sin ser grave, lo tenía paralizado… No sabía por qué pero sentía miedo…
No pudo más que salir corriendo.
Habiendo comprobado que aquel ladronzuelo se perdía de vista, sin ganas de intentar en breve volver a robar a nadie, Lei sonrió levemente y se giró de nuevo para continuar su camino, mientras que, no muy lejos de allí, y sin tener ni idea de nada de lo que había pasado, el hombre que cargaba el saco volvía a tener la bolsita sujeta a su cintura.

En la escuela Heilong, Gavin se había quedado solo. Yun estaba en la fonda. Yi había ido con Xin al mercado y Bo las acompañaba. Han había decidido dar una ronda por la ciudad. Y Huei se había ido a pescar.
-Aquel tonto… Ya podía haber dicho antes que se le daba bien la pesca…- Decía mientras se encontraba sentado con la espalda apoyada en uno de los manzanos con las manos cruzadas detrás de la cabeza, disfrutando de la sombra del árbol y de una ligera brisa que se había levantado…
No muy lejos de allí, una pareja joven observaba la escuela desde el exterior…
-¿Qué te parece? Aquí puede que encontremos cosas interesantes…- Le decía un joven de diecisiete años a una chica de la misma edad, señalando hacia la escuela con una expresión y sonrisa que no denotaban muy buenas intenciones…
-No lo sé- dijo simplemente la chica, girando la cara a un lado, como si no quisiera saber nada de aquella “buena idea” que él había tenido.
El joven tenía el pelo corto y del color de la paja, al igual que los ojos. Vestía con una camisa ajustada gris claro sin mangas y abotonada con dos pequeños botones, faja blanca, pantalones verde oscuro y botas grises. Tanto él como ella eran de altura y constitución media. Ella tenía el pelo largo recogido en una cola de color rosa, el mismo color que sus ojos. Era muy atractiva y vestía con una blusa de cortas y ajustadas mangas de color rojo, pantalones muy cortos negros y sandalias rojas. Tanto él como ella tenían la ropa gastada y algo sucia, y su aspecto mostraba que estaban hambrientos…
-¿Qué pasa? ¿No te parece bien?- Le recriminaba él, sin poder entender por qué reaccionaba así…
Ella se giró de inmediato hacia él, fulminándolo con la mirada.
-¡Estoy harta de todo esto! ¡Yo no soy una ladrona!- Exclamó, furiosa…
Él estaba sorprendido.
-¡Yo tampoco soy ningún ladrón! Tan solo estamos equilibrando las cosas: los que tienen más deben compartir con los que tienen menos…- Decía, convencido…
Ella desistió; siempre era lo mismo… Cuando él se dijo a si mismo que ella estaba convencida, se dispuso a explicarle su plan…
-Vale. Lo haremos como siempre: tú llamas a la puerta; ellos te abren porque les caerás bien; les pides un poco de comida y bebida y compruebas cuántos son, qué poseen… Luego vienes aquí y me lo dices. Y esta noche les asaltamos.
Ella se sabía aquel “plan” de memoria. En eso consistía equilibrar las cosas para él, pensó con hastío… Pero no podía hacer nada. Se lo debía. Al fin y al cabo, se había ocupado de ella durante todo aquel tiempo…
-Está bien- accedió.
Esto hizo que él dibujara una amplia sonrisa de satisfacción en su rostro.
-Ya sabía que no me fallarías- dijo con una voz melosa, rodeándola con los brazos.
Ella no dijo nada, mirando hacia otro lado…
Gavin no podía creérselo cuando escuchó los golpes en la puerta principal. Estaba claro que no podía ser ninguno de ellos: todos utilizaban la entrada secreta, precisamente, para diferenciar a los que llegaban a la escuela. Pero aquello era la primera vez que pasaba… Sin pensárselo, fue directo hacia la puerta de entrada.
-¿Quién es?- Preguntó alzando la voz para ser escuchado desde el otro lado.
Al principio nadie contestó. La chica estaba al otro lado, mirando hacia arriba, por donde le había llegado la voz, dudando… El joven, que estaba oculto no muy lejos de allí, maldecía preguntándose qué rayos le pasaba…
-Soy viajera. ¿Podéis darme algo de comer y de beber, por favor…?- Dijo, con toda la naturalidad de la que fue capaz, como tantas otras veces…
Pero era verdad lo de que tenía hambre… notaba que había comenzado a adelgazar…
Gavin no dudó de su palabra y retiró el tablón que bloqueaba la puerta doble de madera. Abrió una de las dos y contempló a la chica que tenía delante.
Ambos se quedaron mirándose durante un buen rato, embobados.
-Ho… Hola- consiguió decir Gavin, al fin.
La chica reaccionó.
-Hola- dijo de inmediato, forzando una sonrisa que ocultara sus nervios…
El joven observaba la escena. Desde donde se encontraba no podía ver claramente al tipo que le había abierto la puerta; ni la cara que tenía ella en aquellos momentos…
La chica se recordó a si misma para qué estaba allí…
-Te pido perdón por molestarte, pero… ¿tendríais algo para comer, aunque fuera poco?- Le pidió bajando la vista por la vergüenza.
Pero Gavin no entendía por qué la chica se comportaba así.
-¡Claro! ¿Te gustan las manzanas?- Le dijo con absoluta naturalidad.
Esta reacción sorprendió a la joven. Normalmente o no accedían o lo hacían mostrando sus reservas; claro que, en realidad acertaban de pleno al hacerlo… Muy pocos le ofrecían comida amablemente. Y desde luego nadie como él… Gavin, que se había dado la vuelta para acompañarla al interior de la escuela, se detuvo al ver que la chica permanecía quieta, mirando al suelo a un lado, pensativa…
-¿No vienes?- Le preguntó, extrañado.
Aquello terminó de sorprender a la joven, que lo miraba con los ojos abiertos de par en par. El joven que la acompañaba tampoco se lo había esperado.
-Muy bien…- Celebraba con satisfacción desde su posición apretando el puño…
La chica asintió. Y cruzó el umbral sin dirigir ni una mirada de reojo hacia atrás. Aquello ya no le gustó tanto al joven…
La chica seguía a aquel muchacho jovial que caminaba ante ella, mientras miraba a su alrededor. Muy rara vez la habían invitado a pasar a ninguna casa…
-¿Y vives aquí solo?- Le preguntó, esforzándose por ceñirse al “plan”…
Gavin se giró hacia ella sin dejar de caminar.
-No. Somos varios que vivimos aquí. Lo que pasa es que todos están fuera ahora mismo- hablaba sin dejar de sonreír.
La verdad es que la chica hubiera preferido que no fuera tan amable con ella… No hacía más que aumentar su sentido de culpa. Pero había algo más y esto la estaba asustando…
-Ah- se limitó a decir.
-¿Y tú? ¿De donde vienes? Dijiste que eras viajera.
Durante un instante, a la chica se le pasó por la cabeza explicarle lo que hacía ella en realidad; lo que hacía allí ahora mismo…
-Yo…- Pero se vio interrumpida súbitamente.
-¡Muchas gracias por tu hospitalidad!- Exclamó una voz masculina que llegaba desde cerca del muro lateral.
Gavin dirigió su atención de inmediato hacia aquel punto. Por algún motivo, no había notado que alguien se colaba al interior… y no lo entendía… La chica se lamentaba para sus adentros por la irrupción (esperada) de su compañero…
-¿Qué haces aquí?- Le preguntó en tono serio Gavin.
Aquel tipo sonreía lleno de confianza al tiempo que se aproximaba caminando tranquilamente hacia donde se encontraban él y la joven. Esta miraba a un lado, con la culpabilidad dibujada en su rostro…
-Venimos a poner un poco de orden… Danos toda la comida que podamos llevarnos y monedas; y si tienes algún objeto de valor también nos irá bien…
Gavin se extrañó.
-¿A quién más te refieres?- Le preguntó, al ver que no venía con nadie más.
Pero entonces se dio cuenta de que miraba a la chica que tenía al lado; y que esta parecía haberse alejado un poco… Entonces comprendió.
-¿Tú… vienes con él? Me habías engañado…- Le dijo, sin utilizar un tono acusador…
Y aquello hizo que la chica no pudiese más. Levantó la mirada y le miró con ojos suplicantes, como si quisiera decirle algo pero no pudiera… El joven que acababa de llegar se percató de esta reacción en ella. Y no le gustó nada…
-¡Venga! ¡Ahora! ¡Si no quieres morir…!- Le exigió sin ocultar su enojo…
Pero Gavin, serio, permanecía impasible. Aquel estúpido no le daba ningún miedo.
-¿Quiénes sois vosotros? ¿Ladrones?- Quiso saber.
Entonces aquello hizo estallar al joven.
-¡Cállate!- Vociferó al tiempo que se lanzó a atacar a aquel insolente…
-¡Kein, no!- Exclamó la chica.
Gavin ni se movía, mientras aquel joven estaba a punto de descargar toda su furia contra él…
-¡Ahora verás!- Anunció Kein preparando el puño…
Pero Gavin lo detuvo con la mano en el último momento, justo cuando estaba a punto de impactarle en el rostro… Así y todo, Gavin se vio desplazado unos centímetros sobre la grava… Aquel tipo era más peligroso de lo que se esperaba.
También Kein estaba sorprendido. Y la chica… Kein reaccionó.
-¡Uaaah!- Exclamó lanzando una patada a Gavin…
Este la evitó saltando hacia atrás. Entonces fue él el que hizo amago de atacar con el puño… Kein se apartó de inmediato al ver que podría haberle alcanzado… Ahora el sorprendido era el recién llegado, que apretaba los dientes…
-Veo que sabes luchar…- Le dijo esbozando una sonrisa en su rostro ceñudo…
Pero Gavin no sonrió.
-Tu tampoco lo haces mal… ¿Quién te ha enseñado?- Se interesó.
Kein sonrió más ampliamente.
-¡Nadie! ¡Lo que sé lo he aprendido por mi mismo!- Exclamó, orgulloso, al tiempo que se lanzaba nuevamente al ataque…
Gavin se preparó para contener el ataque… La chica no quería que aquello continuara…
Entonces Kein se detuvo. Se oían voces aproximarse. Los demás estaban llegando. Muy a su pesar, sabía lo que tenían que hacer…
-¡Vámonos!- Le dijo a la joven, que también oía las voces.
Gavin fue el último en enterarse de que sus amigos regresaban. Entonces vio cómo la chica seguía a aquel tipo que le dirigía una última y desafiante mirada antes de encaminarse al mismo punto por el que había entrado…
Y ella se detuvo para girarse hacia Gavin, el cual no se lo esperaba…
-Me llamo Lin- dijo, mirándolo de una forma extraña
-Yo soy Gavin-dijo él, mirándola bien, como si fuera la última vez que lo fuera a hacer.
Kein se dio cuenta de que Lin se había parado… y para hablar con aquel.
-¡Lin! ¡Tenemos que irnos!- La urgió, realmente con la intención de alejarla de él
Gavin vio claramente en sus ojos que no quería, pero que tenía que hacerlo… Así que se fue tras aquel tipo, desapareciendo ambos tras escalar ágilmente el muro…
Entonces llegaron Yi, Xin, Bo y Yun, que se los había encontrado de camino, atravesando la puerta, que no estaba bloqueada. Se encontraron a Gavin de pie, con la mirada perdida hacia el muro. Yi se fijó en el joven.
-¿Gavin? ¿Te encuentras bien?- Le preguntó.
Gavin no contestó.

Aquella noche Gavin no podía dormir. No podía quitársela de la cabeza…
Entonces, tumbado en su cama a ras de suelo, le pareció oír algo.
-Gavin…- Le llegó una voz femenina que le llamaba en voz baja desde fuera…
Gavin no se lo podía creer. Se levantó de inmediato, tratando de no hacer ruido y despertar a Huei, que dormía en la habitación contigua, y a Bo, que roncaba en la adyacente a esta, y se dirigió al exterior… Pero Gavin no había sido el único que había oído la voz: Yi también la había escuchado…
Gavin salió al exterior nocturno. Era una noche calurosa de verano; la luna casi llena iluminaba el cielo despejado y estrellado.
-Gavin…- Volvió a escuchar la voz. Y venía de arriba…
Tras oír ruido en las ramas del manzano, apenas pudo el joven alzar la cabeza, cuando una figura cayó desde arriba entre hojas sueltas, llevándole de espaldas hasta el suelo de hierba… Entonces la vio. Era Lin. Y estaba sentada sobre su torso.
-Lin… ¿Qué haces aquí…?- Le preguntó, sin saber como actuar en aquella situación…
Ella, con movimientos sinuosos, se deslizó hacia abajo, poniendo sus delicadas manos sobre el torso del joven y mirándole con ojos llenos de intención… Gavin estaba más que abrumado… Ella comenzó a aproximar sus labios a los suyos…
Entonces Gavin notó algo. Justo cuando sentía el cálido aliento de la joven, vio de reojo a alguien que estaba de pie a pocos metros a su izquierda, cerca de la entrada del edificio, viéndolo todo…
Era Yi.

viernes, 21 de junio de 2013

El Esclavo

El Esclavo



Eran más de las diez de la noche. La luna estaba menguando en un cielo parcialmente nuboso. Era una noche no muy fría del invierno a punto de finalizar. La actividad a aquellas horas había descendido considerablemente en el Hospital. Y más en su edificio adyacente: la morgue.
Aquí trabaja Stan, un joven de casi treinta años, no muy alto, de apariencia más bien débil, pelo largo revuelto y castaño, el mismo color que sus ojos; iba ataviado con su uniforme de vigilante de seguridad, azul marino con camisa blanca. Se encontraba en aquellos momentos apoyado sobre el respaldo de su silla, con los pies cruzados sobre la mesa, mirando hacia arriba, al techo, lo que la visera de su gorra le permitía, mientras sostenía distraído un boli entre la nariz y la parte superior de los labios… pensaba en lo que haría después de salir de aquel trabajo tan monótono que tenía, cuando no faltara mucho para amanecer; aunque aún tenía toda la noche por delante…
Aunque, lo que de verdad le ocupaba la mayor parte de sus pensamientos, era Tina. No se podía decir que fuera su novia; aunque daba la impresión que no faltaba mucho para ello. Lo que ocurría era que, a menudo, Tina se enfadaba con él… y Stan no tenía ni idea de cual era el motivo. Nunca. Solo sabía que, transcurrido un tiempo, a ella parecía pasársele y volvía a llamarle. Pues bien, en esas estaban; Stan no hacía más que comprobar cada dos por tres su teléfono móvil… sin resultado…
Ya hacía rato que se había hartado y decidió dejar de mirar como un desesperado su móvil para comprobar si Tina le había dejado por fin un mensaje… Mientras tanto, como siempre le ocurría en estos casos, trataba de averiguar qué era lo que habría hecho mal esta vez; y la anterior, y la otra, y la otra…
Entonces la cosa pareció moverse tras casi una hora desde que ocupara su puesto. Traían una camilla con un nuevo ingreso. La puerta doble con doble acristalamiento se abrió de par en par dejando pasar la camilla, la cual era transportada por dos miembros del equipo de ambulancias del hospital. A los dos Stan los conocía. Uno era George, un tipo bonachón de casi cincuenta años, con el pelo corto ya canoso, el cual le dirigió una sonrisa amistosa al pasar junto a él; y la otra era Julia, una chica de su edad con el pelo negro siempre recogido en una cola, y sus grandes ojos azul claro casi sin mirarle, como de costumbre, a pesar de dedicarle la habitual y cálida sonrisa… George observó a ambos jóvenes un instante.
-Julia, no te preocupes. Puedo llevarlo yo solo- le dijo.
La joven, al oírle, no lo dudó un instante.
-Gracias- le dijo, casi en un susurro, agradeciéndoselo sinceramente.
La verdad era que Stan también se lo agradecía de veras, dirigiéndole una mirada elocuente al bueno de George, que se la devolvió con una sonrisa un tanto pícara…
A aquellas horas, los turnos de Stan y Julia coincidían, aunque a ella le quedaba cerca de una hora para irse a casa. Y si se daba el caso que tenían que llevar un nuevo ingreso, ambos no dudaban en aprovechar la ocasión para charlar un rato. George ya lo sabía; notaba el cambio que se producía en la joven cada vez que se acercaban a la entrada del edificio; y como se le iluminaba la mirada al simpático Stan cuando la veía aparecer por la puerta. Lo que el veterano no entendía era porqué se lo pensaban tanto aquellos dos…
Mientras George se alejaba con la camilla, Stan no pudo evitar fijarse en el ocupante de la misma: era un hombre de raza negra, de unos cuarenta años, de facciones graves y, por lo que se adivinaba bajo la sábana de un blanco pulcro, de gran envergadura, como si llevara años haciendo pesas en el gimnasio… Hubo algo que le llamó la atención en aquel individuo… pero, al acercarse Julia, su atención se desvió por completo.
-Hola- dijo la chica sin poder ocultar del todo su timidez…
-Hola- le contestó Stan, sintiéndose inesperadamente nervioso de repente…
Durante unos segundos, ninguno de los dos supo qué más decir; miraban hacia diferentes puntos, aleatorios, con tal de no cruzarse las miradas… Lo que les pasaba siempre.
-¿Mucho trabajo?- Se animó finalmente a preguntar Stan.
Julia se alegró de que fuera él el que diera inicio a la conversación y se apresuró a contestar.
-Sí, bastante- decía mientras asentía con una sonrisa nerviosa- ¿Y tú? ¿Qué tal por aquí?
Stan estuvo a punto de bloquearse y no poder contestar…
-Ahí…- Se lamentó de no haber encontrado una respuesta mejor…
Entonces, Stan advirtió que Julia parecía a punto de decirle algo; la joven estaba reuniendo valor…
Pero justo cuando la chica iba a hablar, sonó el móvil de Stan. Un mensaje. El joven casi maldijo por aquella inoportuna interrupción… pero tenía que mirar quién era. Julia se sintió decepcionada y se preguntaba cuando sería capaz de intentarlo de nuevo… Stan cogió su teléfono, que se encontraba sobre la mesa, y miró de quién se trataba: era Tina. Al ver su cara, Julia comprendió. Precisamente en ese instante llegaba George sin la camilla.
-Adiós- le dijo Julia a Stan, agitando la mano, con una sonrisa forzada y la decepción contenida aún reflejada en el rostro…
-Hasta luego- le devolvió la despedida de inmediato, intentando minimizar la desagradable sensación que se había producido en los últimos instantes entre los dos…
George pasó ante él sonriéndole con su afabilidad acostumbrada, a lo que Stan le hizo un gesto con la mano a modo de despedida. Este se quedó mirando como la joven se marchaba, sin girarse, a la vez que comenzaba a sentirse cada vez peor por como había terminado aquella situación con ella…
Como si quisiera consolarse cuanto antes, recordó el mensaje. Lo abrió:

Holaaa. Esta noche iré a hacerte una visita. Espero que tengas tiempo para mí…

Y ya está. El mensaje no decía más. ¿Que iba a venir allí? ¿A la morgue? Él estaba trabajando y ella lo sabía… ¿Por qué no podían quedar en otro momento en que él sí que podía? No entendía nada.

El tiempo pasaba muy despacio. Cuando miró el reloj por enésima vez apenas había pasado una hora. Y Tina aún no había llegado. Aunque la verdad era que no le hacía demasiada ilusión verla… De todos modos, seguramente ya no vendría. No era la primera vez que hacía algo así…

En el interior de la sala 4 de la morgue, los distintos cuerpos estaban debidamente cubiertos y dispuestos en dos filas a lo largo de la estancia rectangular. Las luces estaban apagadas. De pronto, la sábana del cuerpo del hombre que habían traído George y Julia pareció moverse… Al cabo de unos instantes ya no lo pareció: algo se movía ahí debajo. Una mano, lenta y torpe, surgió de la cobertura blanca y agarró la sábana; comenzó a tirar hasta que la fue apartando poco a poco… Y a medida que aquel cuerpo, que se suponía que estaba muerto, se incorporaba, la sábana caía al suelo. Aquel ser abrió los ojos… totalmente blancos…
Stan escuchó un ruido. Era proveniente de alguna sala del pasillo. Estaba desconcertado; era la primera vez que le ocurría algo así en los tres años que llevaba trabajando de vigilante de seguridad en aquel lugar… Al principio dudó. Pero era su obligación ir a averiguar que había sido eso

Julia había terminado su turno. Ya se había despedido de George y se había cambiado. Estaba a punto de irse. Pero no había dejado de pensar en algo desde que se había despedido de Stan: aún se sentía capaz de decirle lo que había estado a punto de decirle antes de que quien-fuera le mandara un mensajito…
Decidió que volvería a intentarlo.

Stan se dirigía con su linterna en mano hacia el pasillo que había tras la pequeña sala continua a la de recepción, donde él tenía su puesto. Decidió no encender ninguna luz para no alertar a ningún posible intruso… Avanzaba con cautela. La verdad era que no se había visto aún en una situación similar… pero para eso le habían preparado en la academia… Todo parecía despejado… iba pasando por delante de las puertas y no escuchaba nada. Continuaba camino del final del pasillo sin detectar nada extraño… Entonces pasó junto a la puerta de la sala 4, pasando de largo… en el preciso momento que la cara del cadáver que se había levantado se aplastó contra uno de los cristales, mirándole con sus ojos blancos y furiosos… Pero Stan ni se había enterado.
Llegados a este punto hay que decir que Stan tiene un “problema”: no sabe distinguir bien de donde llegan los sonidos. A lo mejor llega de la derecha y él cree que viene de la izquierda… o ni lo sabe… Demasiado que haya ido hacia el pasillo y no hacia la puerta de salida del edificio…
El ser intentaba abrir la puerta con sus torpes manos que se chocaban con las manillas… Stan comenzaba a escuchar algo… Pero debido a su “problema”, no hizo más que irse más lejos porque realmente pensaba que los ruidos procedían de más adelante…
El ser consiguió abrir una de las puertas, la cual lo golpeó varias veces mientras trataba de salir… era evidente que su cerebro no transmitía muy bien las órdenes al resto de su cuerpo… Con paso torpe y lento comenzó a dirigirse hacia donde se encontraba aquel tipo que había pasado ante sus ojos…
Stan había llegado a la cafetería. Nada de nada. Hacía rato que hubiese vuelto a su mesa si no fuera porque se sentía raro… algo no andaba bien…
Tras un buen rato, el cuerpo andante estaba a punto de entrar en la cafetería, donde se encontraba Stan… a medida que se acercaba emitió una especie de sonidos guturales, como gruñidos lastimeros… Stan se detuvo justo cuando estaba abriendo la puerta por la que había venido; había decidido volver a su puesto al ver que todo estaba en orden… pero, cuando había abierto la puerta, al escuchar aquellos gruñidos, se detuvo en seco y miró hacia el otro extremo de la sala, donde había otra puerta de acceso a la cafetería, quedando con la manilla sujeta… Aunque el joven vigilante no se estaba dando cuenta, el ser le había visto y había acelerado el irregular paso dirigiéndose hacia él… pero cuanto más se acercaba, y más sonidos guturales emitía, más estaba Stan convencido de que aquellos sonidos extraños provenían del otro lado… Así que cerró la puerta de un portazo justo cuando el cuerpo andante estaba a punto de entrar, estampándosela en las narices… A Stan le supo mal no haber controlado la fuerza… Pero había oído algo raro y se dispuso a averiguar de una vez de lo que se trataba…
El ser estaba aturdido… y enfurecido. Comenzó a tantear la manilla… y, no sin esfuerzo, consiguió abrirla entre gruñidos más rabiosos…
En ese momento, Stan ya se encontraba en la puerta del otro extremo de la cafetería vacía, cruzándola y apuntando a la oscuridad con su linterna… Al verle, el ser aceleró el paso una vez más y se dirigió derecho a aquel maldito que le había puesto tan furioso… Pero, en el momento que iba a alcanzarle con una de sus grandes manos, el joven vigilante cerró, pillándosela… Stan se extrañó. Pensó que la puerta no cerraba bien… de modo que volvió a intentarlo pero más fuerte… lo que pasa es que el cuerpo andante aún no había sacado del todo la mano, y esta quedó bruscamente pillada una vez más… Stan ya se estaba hartando. ¡A ver si arreglaban aquellas puertas de una vez por todas! Se dispuso a cerrar aquella puerta “pesada” y seguir con su inspección… así que cerró más fuerte que antes, justo cuando el ser iba a pasar, cegado por la furia, y llevándose un tremendo golpe en la cara… pero Stan no iba a dejar de insistir… así que comenzó a dar fuertes portazos, golpeando brutalmente al ser hasta que este fue hacia atrás, “mareado”, emitiendo gruñidos casi imperceptibles, y la puerta se cerró al fin. Stan resopló y se dispuso a seguir su marcha.

Julia entró en el edificio donde trabajaba Stan, por segunda vez aquella noche, y se extrañó de no encontrarle en su puesto; pensó que habría ido al baño o a comer algo. Pero no podía esperar más y fue a buscarle…

El ser pareció recuperarse y se dispuso a tirar aquella maldita puerta abajo para hacer pedazos a aquel desgraciado… Y entonces oyó pasos provenientes de más atrás…
-Stan… ¿Estás aquí?- Llamaba la joven antes de cruzar la puerta que llevaba a la cafetería…
Stan la oyó. Se quedó parado de golpe. No se lo podía creer… Dio la vuelta de inmediato y se dirigió casi corriendo hacia la puerta opuesta de la cafetería…
Julia cruzó el umbral y se quedó de piedra al ver lo que tenía ante ella: era el cuerpo que habían traído George y ella hacía un rato… y estaba ahí, de pie, mirándola con gesto indescriptible y tambaleándose ligeramente… No sabía si gritar o salir corriendo…
Entonces la puerta que quedaba tras el cuerpo andante se abrió de golpe y lo golpeó con tal fuerza que salió despedido, casi aullando, contra la pared, donde había una mesa metálica con una cafetera y tazas, cucharillas, azucarillos… todo lo cual cayó con gran estrépito al caer el enorme cuerpo del ser encima… Al tiempo aparecía Stan por la puerta, que parecía no haberse dado cuenta del jaleo (o pensaba que provenía de “allá a lo lejos”…) Vio a Julia, que tenía los ojos muy abiertos y estaba muy quieta…
-¡Julia! ¿Qué haces aquí?- Preguntó con una mezcla de sorpresa y alegría contenida, con cierta preocupación por el origen desconocido de aquellos insistentes ruidos…
Pero la joven no acertaba a decir nada; tan solo pudo levantar un dedo tembloroso y señalar hacia donde se encontraba el ser, el cual tenía una taza de café puesta sobre la cabeza como si fuera un sombrero…
Stan no entendía lo que la chica, temblando, le intentaba decir… Y entonces la cabeza del cuerpo andante atravesó inesperadamente el cristal de la puerta que sostenía Stan, emitiendo un fuerte y amenazador gruñido al joven vigilante…
-¡Uaaah!- Exclamó Stan apartándose de inmediato y llevándose la mano a la porra, el único arma que le permitían llevar…
Entonces el joven se fijó mejor. ¡Pero si era el cadáver que habían traído hacía algo más de una hora Julia y George! Pero entonces… ¿No estaba muerto? ¿Por eso estaba enfadado? Aquel tipo no dejaba de gruñir y de intentar avanzar a través de la puerta… sin éxito. Stan se dirigió a Julia.
-¡Regresa a la salida! ¡Yo me ocupo de este loco! ¡Mira que hacerse el muerto…!- Y dirigió su atención hacia aquel tipo tan torpe…
Pero Julia estaba paralizada. El ser entonces desvió su atención hacia ella y pareció recordarla… Decidió empezar por ella… Sacó la cabeza del espacio donde antes había habido un cristal y se encaminó hacia una aterrorizada Julia… Stan sabía que debía actuar de inmediato.
-¡Oye tú! ¡Detente!- Le exhortó dirigiéndose hacia él con la porra en alto…
Pero el cuerpo andante se giró y, de un manotazo, le lanzó al suelo y la porra voló por los aires…
-¡Augh!- Se dolió al caer- ¡No!- Exclamó al ver que iba a alcanzar a la joven…
Stan se incorporó de inmediato y se lanzó hacia donde estaba Julia, logrando apartarla a tiempo justo cuando aquel tipo enorme estaba a punto de cogerla, cayendo ambos al suelo… Julia parecía recobrarse de su parálisis…
-¿Estás bien?- le preguntó Stan con preocupación…
Julia se lo quedó mirando. Ambos se encontraban en el suelo, muy cerca el uno del otro… Pero algo desvió la atención de la joven hacia la puerta por donde había llegado…
-¡¿Pero qué pasa aquí?! ¡Stan!- Exclamó una voz indignada de mujer joven…
-¡Tina!- Exclamó Stan al ver a su pseudo-novia…
La recién llegada contempló la escena: Stan y aquella niñata en el suelo, juntitos, y… ¡¿Qué demonios era eso?! ¡Un monstruo!
-¡Stan! ¡Estoy harta de ti y de tu trabajo! ¡Eres un bicho raro y con ellos debes estar!- Dijo, en alusión directa hacia la joven, a la que automáticamente consideró de su calaña… Y se fue, indignada, dando un portazo.
Incluso el ser parecía haberse quedado mirando la escena protagonizada por aquella chica tan altiva… Julia observó a Stan, para comprobar su reacción. Estaba con la mirada ausente…
-¿Era tu novia?- Le preguntó, comenzando a sentir que ya no pintaba nada allí…
Stan volvió en si. Entonces se dio cuenta de algo.
-Para nada. La verdad es que no era nadie- dijo, con una sincera sonrisa, que consiguió tranquilizar a la joven…
Ambos parecían haberse olvidado que compartían estancia con un tipo que había ingresado cadáver y que ahora intentaba acabar con ellos… hasta que comenzó a gruñir con furia…
-¡Vámonos!- Exclamó Stan ayudando a levantarse a Julia, al tiempo que se dirigían hacia la puerta, camino de la salida de la morgue…
Pero aquel ser parecía haberle cogido el tranquillo a aquello de desplazarse deprisa y casi corría… De todos modos, los dos jóvenes eran más rápidos y podrían salir de allí a tiempo…
Entonces Julia notó un pinchazo en el tobillo y tuvo que detenerse súbitamente… Al caer antes se había hecho daño…
-¡Julia! ¡¿Estás bien?!- Le preguntó Stan, imaginándose lo que pasaba y sintiéndose culpable…
La joven quería decirle que no se preocupara… e intentaba levantarse deprisa… el ser estaba a punto de darles caza… Pero, ni siquiera siendo ayudada por Stan, que ahora estaba desarmado, estarían a tiempo de huir…
-¡Detente!- Exclamó una voz femenina proveniente de la entrada del edificio, a pocos metros de distancia…
El ser se detuvo de inmediato. Y se quedó quieto, con la cabeza gacha y mirando al suelo, sumiso. Stan y Julia lo miraban sorprendidos; no sabían qué estaba ocurriendo… Entonces oyeron aproximarse pasos de zapatos de tacón grueso. Los dos abrieron la boca al ver a la recién llegada.
Se trataba de una mujer más bien baja y con evidente sobrepeso, negra, de unos cincuenta años, vestida de forma extraña, como si acabara de llegar de algún país exótico, llena de abalorios y joyas de imitación… Tenía una expresión de mal humor bajo una especie de turbante que le cubría la cabeza… Se acercó al ser.
-¡¿Dónde te habías metido?! ¡Llevo tres días buscándote!- Gritaba a aquel cuerpo andante como si fuera una madre que regaña a un niño… aunque con muy mal genio…
La mujer dirigió la mirada a ambos jóvenes. Durante unos segundos, pareció pensar lo que les iba a decir…
-Y vosotros… No habéis visto nada… ¡Nada!- Y tras esto, le hizo un gesto de autoridad al ser y se dio bruscamente la vuelta, dirigiéndose hacia la salida… Este, sin dejar de mirar al suelo, como si estuviera avergonzado y arrepentido, comenzó a caminar tras la mujer, desapareciendo ambos de la vista de los dos jóvenes al cabo de unos momentos.
Stan y Julia no sabían qué decir. Se levantaron y se dirigieron al exterior. Y allí los vieron: en la parada del autobús; precisamente en aquellos instantes llegaba el de la línea del Hospital… Ambos subieron; el ser delante, por orden de la mujer, que se quedó ante el conductor para pagar los billetes…
-Parece que es un zombi. Esa mujer le debe haber convertido en su esclavo por el rito del vudú…- dijo Julia.
Stan repitió mentalmente aquellas palabras, costándole creer aquello… Entonces se le ocurrió algo.
-Hablando de zombis. ¿Ya has visto la película que estrenaron el viernes pasado? ¡Dicen que es genial!- Decía con entusiasmo…
Julia se lo quedó mirando. Allá en el autobús, aquellos dos se dirigían a sentarse mientras el conductor cerraba la puerta.
-No…- Solo pudo decir la joven. Por ahí iba lo que le quería proponer; aunque la verdad era que no había pensado precisamente en ir a ver aquella película…
-Oye… pues… si quieres…- Trataba de decir Stan…
El autobús se puso en marcha. Julia asintió.
-Vale- dijo, con tono dulce y una sonrisa…
Stan estaba a punto de saltar de alegría.
-¡Genial!
Y ambos se quedaron mirándose, sonriendo, muy contentos, antes de dirigir una última mirada al autobús que se alejaba y, desde el cual, aún en la distancia, pudieron distinguir claramente la mirada sin vida de aquel ser que les miraba por última vez a través de la ventanilla…

domingo, 16 de junio de 2013

6 Warriors - Capítulo 16

6 WARRIORS

Lei contra Feng.


Feng miraba a aquel tipo, que estaba de pie, sereno pero decidido, y no podía evitar sentir cierta intranquilidad hacia él… Por otra parte, no sabía qué tipo de relación debía tener con Xin para querer jugársela ayudándola…
-¡Tú! ¡No te muevas!- Le exhortó el soldado que tenía agarrada por el brazo a Xin.
-Ya me encargo yo- le dijo el otro a su compañero dirigiéndose de inmediato hacia aquel mensajero que no hacía amago de huir…
El primer soldado ya estaba satisfecho.
-Muy bien. Y tú te vienes al cuartel- le dijo de mala manera a Xin, apretándole más fuerte del brazo y comenzando a tirar de ella…
La joven se resistía; las lágrimas comenzaban a saltársele de los ojos mientras lanzaba miradas de auxilio a Feng al pasar a su lado… Esta evitaba mirarla sintiendo una gran impotencia… El soldado insistió.
-¡He dicho que vamos!
Aquello colmó a Lei. El soldado que se dirigía a su altura, y que estaba a punto de llegar, al oír como su compañero levantaba la voz de aquella manera, no pudo evitar dirigir una breve mirada hacia atrás… Entonces, cuando volvió a mirar hacia donde se encontraba Lei, este ya no estaba.
Feng abrió mucho los ojos, a la vez que el tiempo parecía ir más despacio, mientras notaba a  Lei pasar a su lado a una velocidad inhumana, sintiéndose paralizada para hacer nada al respecto…
Entonces el joven se plantó ante el soldado que casi arrastraba a Xin… Este se giró sobresaltado y se quedó con la boca abierta…
-Pero… Pero… Tú… ¿Qué haces aquí…?- Tenía los ojos desorbitados.
El otro soldado lo miraba desde la distancia, incrédulo…
-Suéltala- le dijo Lei, taxativamente y en un tono serio…
El soldado, a pesar de estar algo asustado, no pensaba dejarse amilanar por aquella especie de ilusionista de pacotilla…
-¿Quién te has creído que eres? ¿Sabes con quién estás hablando? Somos la máxima autoridad de…- Pero no pudo continuar.
Lei, harto de la parrafada, saltó como si no estuviese realizando ningún esfuerzo y quedó como flotando en el aire con las piernas recogidas… El soldado solo podía ver lo que estaba pasando, pasmado… Entonces Lei, le dio un rapidísimo y preciso puntapié en el antebrazo que sujetaba a Xin, provocando que la soltara de inmediato, y aún sin caer, recogiendo la pierna que acababa de usar, le lanzó una potentísima patada con la otra que lo estrelló contra un muro de piedra situado en un lateral de la avenida, haciendo que casi lo atravesara del impacto, provocando una visible grieta…
El soldado estaba inconsciente en el suelo, con la armadura destrozada y cascotes de piedra por encima que aún le caían…
Entonces, Lei llegó al suelo, con aparente tranquilidad. Xin miraba sorprendida al soldado abatido; y Feng también, a pesar de intentar ocultarlo…
-¡Tranquila! ¡Está vivo! ¡Aunque dormirá unos cuantos días!- Le decía Lei a Feng alzando la voz para hacerse oír…
Feng no dijo nada; ni se movió. No quería reconocerlo, pero el encontrarse con Xin después de tanto tiempo la había dejado en estado de shock… Y además, aquel mensajero… El otro soldado se recordó cuál era su obligación como tal y desenvainó su espada…
-¡Alto ahí los dos!- Les ordenó mientras salía corriendo en su dirección, pasando junto a Feng, que había bajado la vista, como si solo se viera capaz de oír lo que estaba pasando…
Xin veía con lógica preocupación cómo aquel soldado se dirigía derecho a Lei… pero, se fijó, a aquel joven no parecía preocuparle en absoluto… lo esperaba con una inexplicable calma…
El soldado sabía cuales eran las órdenes… y estaba dispuesto a cumplirlas… aceleró el paso y colocó el arma preparándose para atacar al fugitivo… Lei ni se movía, a pesar de que los sonoros pasos del soldado se hacían cada vez más claros a medida que se aproximaba… Xin miraba a uno y a otro sin saber qué podría pasar… el soldado iba a llegar…
-¡Por el Imperio!- Vociferó con una convicción que a Lei le llegó a dar lástima…
Por eso solo se apartó en el último momento, a una velocidad que no le permitió ver nada al soldado, y le golpeó con el canto de la mano en la parte desprotegida del cuello, por atrás, con un golpe directo y seco… El soldado se quedó quieto de inmediato, con la mirada perdida y la boca abierta en una mueca… Finalmente, cayó desplomado al suelo, boca  abajo, levantando polvo ante una asombrada Xin…
Feng se dio la vuelta. Lei, aún con la mano formando el canto, desvió su mirada del soldado a ella. Y esbozó una sonrisa.

En la escuela Heilong todos se encontraban haciendo algo: Gavin dormía la siesta; Yun cuidaba el huerto; Huei también dormía la siesta; Bo practicaba con el palo largo; Han pensaba; y Yi buscaba a Xin…
-Oye, Han, ¿has visto a Xin?- Le preguntó al encontrárselo apoyado sobre la barandilla del pasillo exterior del edificio de la escuela.
Este volvió de sus pensamientos con cierto sobresalto.
-¿Eh? No… No la he visto desde hace un buen rato.
Yi se quedó pensativa.
-Habrá ido a comprar algo al mercado de la ciudad. Pero es raro… siempre avisa…- Hablaba casi distraídamente, con los brazos cruzados y la mano ligeramente apoyada en el mentón.
Entonces Han cayó en la cuenta. ¿Cómo no lo había pensado antes?
-Yi- dijo, de repente muy serio…
La joven se dio cuenta de esto y le prestó atención.
-¿Qué pasa?- le preguntó, comenzando a preocuparse ante la repentina expresión de gravedad de Han…
-Creo que sé a donde ha ido Xin…

Ahora se encontraban Feng frente a Lei, aún a cierta distancia, ante la mirada de Xin…
-Escúchame- le decía Lei a Xin, procurando no hablar muy alto- Debes irte de aquí. No sé de que la conoces pero este no es el momento…- Le terminó de decir al ver que la joven quería protestar…
Xin al principio no dijo nada; solo miró con precaución hacia Feng, que obviamente evitaba su mirada… Entonces Xin comprendió. Y asintió a Lei. Este sonrió a la joven. Pero su sonrisa desapareció al dirigir la mirada hacia la joven soldado, que en aquellos momentos parecía fulminarlo con la suya; parecía que no le estaba haciendo mucha gracia que él y Xin estuvieran manteniendo aquella conversación delante de ella… Xin se alejó a un lado de la línea que formaban la soldado y el mensajero…
-¿Por qué lo haces?- Le preguntó de pronto Lei a Feng.
Esta no entendía.
-¿A qué te refieres? Tengo órdenes…- Le aclaró.
Lei se la quedó mirando. La sombra de la duda que había visto en ella la primera vez que se la había encontrado era más evidente en aquellos momentos…
-Me refiero a que tú no eres como estos dos- dijo señalando con un gesto de la cabeza a los dos soldados inconscientes.
Durante un instante, Feng pareció a punto de entrar en su juego… Pero lo desechó de inmediato.
-¡Silencio! ¡Tengo órdenes y voy a cumplirlas!- Sentenció, impresionando a Xin.
Lei sabía que no le iba a quedar más remedio que luchar con ella.

-¡Yun!- Lo llamó con urgencia Yi, haciendo que se detuviera con la azada sobre su cabeza.
-¿Mm?- Giró la cabeza para mirar a Yi, extrañado.
-¡Vosotros dos, despertad!- Gritó a Gavin y Huei, que vieron interrumpida su siesta…
-¿Qué ocurre, Yi?- Se restregaba un ojo Gavin, aún “regresando”…
Huei observó que Yi estaba de pie hacia ellos, muy alterada; y detrás de ella estaba Han, también con expresión de preocupación… Entonces tuvo un mal presentimiento.
-¿Dónde está Xin?- Gavin terminó súbitamente de pasarse la mano por los ojos, despabilando de golpe al tiempo que se giraba para mirarle.
Bo se aproximó al oír el jaleo. Finalmente Yi les habló.
-Ha ido a buscarla.

En aquella calle solitaria solo estaban Lei y Feng, frente a frente, observados por una preocupada Xin que guardaba una prudencial distancia… Feng se daba cuenta de la manera casi paternal en que la miraba aquel simple mensajero… Hizo un gesto despectivo a un lado con la cabeza.
-Yo tenía razón- dijo Lei finalmente, tras largo rato de tenso silencio.
Aquello sorprendió a Feng. ¿Qué es lo que quería decir? Se preguntaba con creciente irritación…
-¿De qué hablas?
Lei bajó la mirada, cerrando los ojos, y sonrió.
-Si fueses como los otros, ya me habrías matado. Y ni siquiera me has atacado- le hablaba utilizando un tono suave y afable.
Aquello no hacía más que poner más nerviosa a Feng…
-Hablas mucho, mensajero- dijo esto último forzando un tono despectivo.
Lei no pudo más que sonreír una vez más. Feng ya había tenido suficiente.
-¡Basta! No tengo nada contra ti… ¡Pero debes morir!- Exclamó antes de lanzarse hacia el joven, que no parecía tener ninguna intención de moverse…
Feng no sabía qué pretendía… pero si no se apartaba peor para él… le golpearía con fuerza en el estómago y luego le rompería aquel frágil cuello…
Pero Lei desapareció. O al menos eso es lo que le pareció a la joven soldado, abriendo mucho los ojos por lo inesperado de aquello…
Cuando se detuvo, se giró de inmediato y se encontró al mensajero, de espaldas, con absoluta calma, en la misma posición que había estado ocupando hasta el último instante…
-“¿Có… Cómo lo ha hecho?”- Se preguntaba Feng, aturdida, mientras dirigía una mirada hacia aquel tipo que ni se movía ni la miraba…
No iba a permitir que se pasara de listo. La soldado se abalanzó de nuevo hacia el mensajero… no le costaría trabajo derribarle golpeándole en la zona baja de la espalda… Pero, en el último momento, aquel mensajero se giró, con una sonrisa de condescendencia dibujada en la cara, al tiempo que se desplazaba a un lado, como si su imagen se multiplicara de repente, apartándose a una velocidad inaudita…
Feng se quedó con el puño en alto, mirando sin entender hacia el lugar ocupado con anterioridad por el mensajero. Se giró de inmediato al notar su presencia unos dos metros detrás de ella; ahora estaba dirigido hacia la joven soldado.
-Hace rato que podría haberme ido. Y lo sabes- Lei hizo una breve pausa- Pero quiero que comprendas que estás en el bando equivocado…- Intentó decirle.
Pero Feng había desarrollado un escudo impenetrable contra ese tipo de argumentos.
-¡Cállate! ¡No me conoces de nada!- Exclamó, enfurecida.
Ahora Lei ya no sonreía.
-Cierto. Pero si nos hemos encontrado, quizá es por algo- le dijo, de forma tranquila pero convencida.
Feng no pensaba pasar por ahí. Se llevó la mano a la empuñadura de su espada.
-Déjalo ya- le advirtió, dispuesta a cumplir con sus órdenes de una vez por todas…
Feng jamás utilizaba su espada contra nadie que estuviera desarmado. Pero aquel mensajero había conseguido ser lo suficientemente incómodo… Y ver como mantenía su imperturbabilidad a pesar de todo, y volvía a ponerle aquellos ojos de comprensión, le hizo convencerse a si misma de que iba a hacer lo que tenía que hacer…
Xin no sabía qué hacer. Feng iba a hacer algo terrible ante sus ojos… pero el nudo en la garganta que tenía le impedía decir nada…
-¡Lo siento mucho, mensajero! ¡Son mis órdenes!- Exclamó al tiempo que terminaba de desenvainar la espada y salía veloz en su dirección. Feng apuntaba a su cabeza…
Pero Lei, en el último momento, se agachó velozmente, evitando el tajo a su cuello… Aunque Feng no pensaba detenerse… Volvió a atacarle oblicuamente… pero Lei flexionó la columna hacia atrás tan pronunciadamente, y a tal velocidad, que lo volvió a evitar…
Xin estaba con la boca abierta. Feng ya se había hartado.
La joven comenzó a lanzar tajos indiscriminados de forma rápida y precisa… pero Lei los evitaba todos y cada uno, contorsionándose si era necesario de las formas más variadas… Feng comenzaba a jadear de cansancio… aquella armadura no le facilitaba las cosas, precisamente…
-Deberías quitarte esa armadura- la aconsejó Lei…
Pero Feng sabía lo que estaba queriendo decir en realidad y se dispuso a atacar de nuevo; esta vez retrasó el arma con la intención de atravesarle…
Pero los múltiples ataque de Feng eran evitados de forma incomprensible por lo que se suponía era un simple mensajero… De pronto se encontró la cara sonriente de aquel tipo mirándola… ella jadeaba con más fuerza; el sudor le recorría el cuerpo bajo aquella pesada y calurosa armadura… Pero no pensaba desistir… las órdenes…Se dispuso a atravesarle el cuello de una vez por todas… Lei parecía que no se iba a mover…
-¡Feng!- Exclamó una voz femenina que se aproximaba corriendo.
Feng conocía aquella voz. Era Yi. Cuanto tiempo… Xin se giró y la vio llegar a la cabeza junto a Han, Gavin, Yun y Huei… Lei, sin perder de vista el arma de Feng, miró de reojo hacia atrás…
-¿Qué hacéis vosotros aquí?- Feng no parecía muy contenta de verles, advirtieron…
Los recién llegados miraron a su alrededor: dos soldados inconscientes por el suelo, Feng frente a un tipo al que no conocían de aspecto débil…
-¿Dónde está Xin?- Le preguntó Yi, antes de verla llamarles la atención con la mano…
Entonces Feng vio a Han.
-Han- dijo.
Este se adelantó. Estaba raro sin su armadura…
-Feng- la verdad es que no sabía qué decir. Estaba preparado para el intento de arrestarlo por parte de Feng.
Pero la joven soldado ya había tenido bastante. Ante la expresión de sorpresa de Lei, guardó su espada de nuevo, mirando hacia otro lado con los ojos cerrados…
Todos permanecían expectantes ante lo que haría ahora…
-Iros. Todos. Iros de aquí. No quiero volver a veros a ninguno de vosotros. Nunca- habló muy seriamente y de forma tajante…
Lei no podía ocultar su decepción. Y sus antiguos compañeros no esperaban oír aquello…
-Pero, Feng…- Intentó decir Yun; pero Yi le detuvo con la mano…
Feng permanecía en la misma postura, inamovible en su decisión… Todos sabían que estaba todo dicho. Incluso Xin.
-Será mejor que nos vayamos- dijo Yi, mirando a Feng, que sentía su mirada, pero mostrando claramente que no daría su brazo a torcer…
Yi lanzó una mirada a Xin. Esta comenzó a acercarse, guardando la distancia con Feng, a la que lanzó una última y furtiva mirada suplicante. Pero la soldado parecía tener una piedra en lugar de corazón.
-¿Um? ¿Dónde está el tipo que había aquí hacía un momento?- Comentó Yun.
Los demás ni se había percatado de la ausencia de Lei. Feng mantuvo un gesto de indiferencia.
-Me da absolutamente lo mismo- dijo antes de darse media vuelta en dirección al cuartel.
Los demás la vieron irse antes de comenzar el regreso a la escuela, con Han en último lugar, que aún se la quedó mirando unos instantes mientras la joven soldado se alejaba, escuchándose los sonidos metálicos de su armadura al caminar… Lei contemplaba la escena, oculto de nuevo en el mismo lugar que había ocupado antes de aparecer, en lo alto de un árbol…
-“Creo que aún tendré cosas que hacer por aquí”- se dio cuenta el mensajero antes de desaparecer de allí…
Feng caminaba bajo la luz del atardecer de nuevo hacia el cuartel. Aunque luchaba contra ello, no podía evitar que todo lo que acababa de pasar… y las palabras del mensajero… hicieran que los pensamientos (y los sentimientos) se agolparan en su cabeza…
-¿Ese no era el traidor… Feng?- La sobresaltó una voz que surgió a su derecha, de entre una de las dos hileras de árboles del camino.
-¿Wai?- Se extrañó… y se alarmó al verle…
Un individuo con armadura similar a la de ella apareció. Era más alto y delgado que ella. Tenía el cabello corto, algo revuelto y de color magenta, y los ojos casi negros en una cara delgada y afilada. Era un tipo estirado y amanerado, al igual que su voz…
-Supongo que tienes una buena razón para haberle dejado ir…- Le dijo, con una malévola sonrisa y un tono ciertamente acusador…
Pero Feng no dijo nada; volvió a mirar al frente, ignorándole, y continuó caminando hacia el cuartel. Wai, soldado del mismo rango de Feng, caminó hasta quedar en línea con su “compañera”… Y sonrió de aquella manera hasta soltar una risita.
Daba igual que no quisiera hablar. Ahora sabía como atrapar al traidor.

domingo, 9 de junio de 2013

Mensaje del autor.

Hola a todos/as. Con "Najlia" ya son 100 entradas publicadas en el blog. Además, coincide con que hace poco se han superado las 1000 visitas al mismo.
Solo puedo deciros que muchas gracias.
Y que esto continúa...

Najlia

Najlia



Los rayos del sol de la mañana se filtraban a través de las hojas puntiagudas de los altos árboles fluviales. Hacía calor. El aire húmedo transportaba los sonidos de la infinidad de criaturas que habitaban aquel lugar, continuos e intensos. Sorteando los innumerables obstáculos del terreno inundado de vegetación, de variados tonos verdosos de gran intensidad, avanzaba lentamente y con cautela Najlia.
Najlia era una joven de la tribu de los Athabe de unos dieciocho años. Era de constitución y altura media. Tenía el pelo muy largo y negro azabache, al igual que sus vivos ojos. Su piel era morena y su atuendo, consistente en dos piezas elaboradas con piel de mamut, que le cubría el pecho y no mucho más allá de la cintura, dejaba ver sus formas desarrolladas. Era muy guapa. Sujeta a un lado de la cintura llevaba una funda vacía para la daga que llevaba en la mano en aquellos momentos…
Como era una mujer, tenía prohibido cazar, como había mandado su padre, Alstor, el jefe de la tribu. Pero ella estaba harta de ver como sus hermanos salían de caza cada día y ella se tenía que quedar mirando y quedándose con las ganas, teniendo que dedicarse a las tareas que el resto de mujeres llevaban a cabo día tras día, siempre las mismas… Pero aquel día se había hartado… y había salido ella a cazar… por su cuenta. Por supuesto, nadie sabía donde estaba ni qué era lo que estaba haciendo; debía estar de vuelta en el poblado antes de que finalizara el día si no quería preocupar más de lo necesario a las mujeres de la tribu, que en aquellos momentos ya debían estar preguntándose donde se había metido… Pero estaba dispuesta a cazar una presa, una grande, y enseñársela a su padre, para demostrarle que ella también podía ser una buena cazadora, como lo había sido su madre, la cual perdió la vida durante una cacería, y aportar alimento para la gente de su tribu; además, también estaba deseando restregarles en la cara a sus hermanos su presa (que no había cazado aún), los cuales siempre se las daban de expertos cazadores y la veían a ella como una niña que solo valía para ir a buscar agua al río…
Pero llevaba casi una hora internada en la selva y aún no había encontrado nada digno de ser cazado. Tan solo había encontrado un armadillo de considerable tamaño… pero no quería ni pensar las sonoras carcajadas que provocaría el que la vieran aparecer con bicho semejante…
A medida que avanzaba, se veía a menudo sobresaltada por algún súbito movimiento del follaje, que solía dar lugar a la breve aparición de algún ave extraña o algún gran insecto que salía corriendo asustado ante la presencia de la joven…
Al cabo de un rato encontró ante ella una gran roca en medio de un pequeño claro. Decidió subirse para otear los alrededores. Al llegar arriba se fijó en una montaña solitaria de aspecto extraño que había a no mucha distancia. Era un volcán. Había oído contar historias en su tribu acerca de la montaña que escupe fuego… pero ya hacía mucho tiempo que dormía…
El sudor le recorría la frente, la cara, el cuerpo… A menudo tenía que contorsionarse para poder atravesar determinados tramos del enrevesado terreno…
Hasta que llegó un punto en que se detuvo. Miró a su alrededor. Se había perdido. Ahora sí que la había hecho buena. En lo único que podía pensar era en la tremenda bronca con público que la esperaba si conseguía recordar como se regresaba al poblado… Aunque sentía más rabia y frustración que preocupación…
De pronto, notó como los repetitivos sonidos de los numerosos pájaros que siempre había alrededor se habían silenciado de golpe… Aquello era muy extraño… y no le gustaba nada… Durante unos largos segundos, miró a su alrededor, notando el sudor corriéndole por la espalda y respirando entrecortadamente… Seguía observando atentamente, intentando distinguir algo a través de la impenetrable vegetación… Entonces se fijó mejor en algo que le había llamado la atención… aunque en seguida supo de qué se trataba. Distinguió claramente dos ojos felinos que la observaban con atención. Y dos largos colmillos: era un tigre Dientes de Sable.
Ante la inminencia del ataque del feroz animal, Najlia no pudo controlar el impulso y salió corriendo por la espesa selva con toda la velocidad que sus pies desnudos le permitían… Escuchó de inmediato el rugido del animal que tenía detrás en el preciso momento que se lanzaba tras ella… Najlia tenía que apartar las enormes hojas que le impedían la visión y el paso, mientras corría presa de una creciente desesperación, a la vez que escuchaba a la bestia aproximarse velozmente como si fuera desgarrando todo lo que encontraba a su paso… Najlia jadeaba y tenía los ojos muy abiertos mientras intentaba encontrar una vía de escape…
Entonces se encontró ante ella con un gran árbol que parecía indicar el final del camino… Tras un rápido vistazo hacia atrás solo pudo ver los altos matorrales cayendo uno tras otro a medida que el tigre Dientes de Sable se aproximaba… Entonces oyó que algo le llamaba la atención desde arriba… Al dirigir hacia allí la mirada, vio a varios pequeños monos saltando frenéticamente en las altas ramas que parecían llamarla… Decidió que aquella era su única escapatoria. Comenzó a trepar de un salto por el alto árbol en el preciso momento que el gran animal embestía el tronco, haciendo que temblara, y provocando que Najlia estuviera a punto de caer a las fauces de la bestia… A pesar de todo, la valiente joven pudo sujetarse y continuar el ascenso, mientras el tigre le lanzaba zarpazos intentando atraparla… ascendía agarrándose con fuerza al tronco no muy rugoso en medio de los rugidos de rabia del Dientes de Sable… Finalmente consiguió llegar a la rama donde estaban situados los monos saltarines. Recorrió un par de metros gateando por la ancha rama y dirigió la vista hacia allá abajo, donde el feroz animal aún se encontraba erguido sobre el tronco buscándola con la mirada y tratando de encontrar una forma de subir…
Durante unos instantes se relajó, resoplando, y se detuvo a descansar un poco. Un par de monos, no mucho más grandes que su puño, se subieron por encima de ella, contentos y juguetones… uno se quedó en su hombro, y otro andaba por su cabeza; aquello divertía a la joven, que prácticamente ya se había olvidado de lo que hacía allí arriba… Hasta que una nueva embestida sacudió el árbol totalmente, haciendo que cayeran multitud de hojas y que los monos saltaran huyendo, “abandonando” a Najlia… La joven se asomó de nuevo hacia abajo y contempló alarmada como aquel animal se las estaba apañando para subir por el tronco, clavando sus afiladas garras en el mismo… y subía muy deprisa… Najlia se incorporó de inmediato, sintiéndose recuperada, y comenzó a avanzar por la rama, intentando mantener el equilibrio para no caer, a la vez que el Dientes de Sable llegaba a la misma y se encaramaba, no sin dificultad, a la larga y gruesa rama… Un par de veces estuvo a punto el animal de caerse… pero se recuperaba con su agilidad felina y continuaba la persecución de su tentadora presa humana… Najlia comprobaba cada vez con más temor que aquella fiera estaba a punto de darle caza… y aquello le daba mucha rabia…
Y entonces, cuando el tigre le lanzaba un zarpazo que le desgarró ligeramente la parte de abajo de su atuendo, por detrás de un lado, la rama crujió violentamente… Durante un momento, cazador y presa, se quedaron muy quietos… Pero era tarde.
La rama se resquebrajó bruscamente y ambos cayeron entre hojas y fragmentos de la misma, varios metros hasta el suelo. La abundante vegetación que imperaba en la selva sirvió para amortiguar el golpe… aunque no mucho. Najlia se dolía intentando ponerse boca arriba… tenía el pelo lleno de hojas y se había hecho daño en una rodilla… Se sobresaltó al oír un rugido lastimero demasiado cerca de ella… vio al tigre, que estaba tumbado, luchando por incorporarse lo antes posible mientras sacudía de vez en cuando la cabeza de forma brusca… Najlia sabía que no tardaría en recuperarse… Aún doliéndose de la rodilla, se consiguió levantar y emprendió la huida cojeando levemente y a trompicones, a punto de caer de nuevo en alguna ocasión…
Pero el tigre Dientes de Sable ya se había levantado también. Al principio había perdido de vista a aquella humana… Pero la vio enseguida a punto de desaparecer entre los altos matorrales…
Najlia escuchó como el animal comenzaba de nuevo su persecución… Ya más recuperada de su rodilla, comenzó a ganar velocidad, corriendo como podía, chocándose e hiriéndose con ramas y piedras del suelo… jadeaba con fuerza y sentía que los pulmones le dolían… El tigre también iba ganando velocidad, atravesando ferozmente cuanto obstáculo se interpusiera entre él y su presa… Najlia corría ya con todas sus fuerzas, casi sin mirar lo que tenía delante… el tigre sabía que estaba ya muy cerca de poder devorar a aquella deliciosa humana… ahora la joven sentía que los pulmones le estaban a punto de estallar y el corazón le latía a una velocidad exagerada…
Entonces se acabaron los árboles. Najlia salió al “exterior” de la selva… notaba que tenía los pies suspendidos en el aire… En ese instante notó como el feroz animal surgía también de la frondosa vegetación… era como si el tiempo marchara más despacio… Y en ese instante, Najlia se dio cuenta que, bajo sus pies, a bastante altura, se hallaba un río de aguas bravas, que rugía enfurecido eclipsando cualquier otro sonido… La joven, en el aire, se giró de pronto al notar que un nuevo zarpazo estaba a punto de alcanzarla… La garra del desesperado animal le arrancó un trozo de la parte de arriba de su ropa, dejando casi al descubierto uno de sus pechos… pero Najlia cayó, alejándose de la bestia, la cual se agarró como pudo al saliente para no caer y observando como se le escapaba su presa… Najlia caía mirando hacia arriba, mientras notaba su estómago encogerse, hasta caer en el agua, que la arrastró de inmediato…

Poco a poco comenzó a abrir los ojos. Se encontraba agarrada a una roca en la orilla. El agua en aquel punto era tranquila… Exhausta y dolorida hizo un esfuerzo por salir del agua; tenía la ropa empapada y el largo cabello negro pegado a la piel… el agua le corría por todo el cuerpo, deslizándose por sus contorneadas piernas hasta llegar al suelo húmedo… El sol brillaba en un cielo azul y despejado… La joven miró a su alrededor y aquel le pareció un lugar tranquilo y solitario. Se dispuso a quitarse la parte superior de su atuendo; se sentía mojada e incómoda… Pero entonces algo le llamó la atención.
Miró hacia un lado, hacia la selva que volvía a aparecer ante ella… Era como si algo la estuviera llamando para que se adentrara en su interior… Sus pies se encaminaron sobre la hierba hasta el interior de la selva, por una suerte de camino natural formado por los árboles que parecían haberse hecho sutilmente a un lado para permitirle el paso… Avanzó con paso ligero… como si hubiera urgencia por llegar a no sabía donde… El terreno comenzó a descender abruptamente, obligándola a sujetarse a lo que podía para no resbalar y caer rodando al fondo aún impenetrable para la vista… Y entonces, al llegar al fondo de una estrecha hondonada, apartando algunas ramas bajas de enormes hojas, apareció algo ante ella que la dejó asombrada.
Era una especie de templo de piedra, cubierto por la hiedra y erosionado por la acción del agua del ambiente. Najlia no entendía qué era aquello… no había visto nada igual en su vida… Pero sentía una curiosidad inmensa y se aproximó aún más…
El templo tenía una planta pero era de gran tamaño. La joven llegó ante la puerta, un orificio rectangular en la pared de piedra, como la entrada de una cueva, y se internó en la oscuridad…
Pero la luz del día, filtrada previamente por los altos árboles que rodeaban aquel edificio, se introducía por numerosos huecos y rendijas construidos para tal efecto… Aquel lugar era solitario y silencioso. Entonces se fijó en unas extrañas inscripciones que llenaban las paredes: innumerables símbolos extraños de los cuales desconocía su significado; pero también había algunas representaciones… aunque tampoco las comprendía: de unos grandes objetos lenticulares parecían descender unos seres parecidos a los de su especie, aunque vestidos de forma extraña, ante la mirada y adoración de otros, que sí parecían de la suya, que les contemplaban descender de dichos objetos… Najlia se quedó pensativa unos instantes; tras lo cual decidió continuar avanzando… Tras recorrer un largo y estrecho pasillo llegó a una amplia sala cuadrada no muy iluminada. No había nada en su interior vacío, a excepción de algo parecido a un altar situado en el centro de la estancia y que quedaba claramente iluminado por varios rayos de luz que confluían en aquel mismo punto… La joven notaba que la llamada parecía provenir de aquel punto exacto: del altar. Se acercó lo suficiente. Una vez ante el mismo, miró a su alrededor. No pasaba nada. Sin embargo, tenía la sensación de haber llegado… aunque faltaba algo por hacer… Sin saber por qué, comenzó a palpar la superficie del altar con sus manos… no sabía qué buscaba pero debía encontrar algo
Y lo encontró.
Una piedra cedió repentinamente y comenzó a descender por acción de algún mecanismo oculto… Najlia se apartó de inmediato, asustada ante aquello que no entendía… Entonces, una figura comenzó a formarse sobre el altar, como si estuviera formada por los rayos de luz… Era un holograma.
Najlia abrió mucho los ojos al ver ante ella a una mujer, de más o menos su misma edad, con el cabello largo y azul oscuro, de ojos celestes, ataviada con un largo vestido blanco, quedando los brazos al descubierto, y varios ornamentos en su cabeza, cuello y antebrazos de oro y plata… Su expresión era solemne. Najlia la contemplaba maravillada.
-Al fin ha llegado el día. Tu destino era llegar hasta aquí. Llegar hasta mí.
Najlia se sorprendía de entender aquellas palabras que claramente pertenecían a un lenguaje diferente al suyo. La imagen continuó hablando.
-Tú eres la que guiará a tu pueblo a través de estas tierras, hacia otras nuevas que os esperan a ti y a los tuyos. Muchas dificultades encontraréis por el camino, pero habéis nacido para descubrir el mundo que os rodea. Tú les llevarás hasta ese nuevo mundo. Tú serás su reina- y al decir estas últimas palabras extendió una delicada mano hacia la joven y le dedicó una sonrisa llena de ternura.
Tras lo cual, la imagen se desvaneció como había aparecido. El silencio volvió a hacerse en aquella sala. Najlia estaba tentada de hacerse muchas preguntas en aquellos momentos…
Salió al exterior. No llegó a preguntarse nada. Bajo la luz que llegaba a través de las frondosas copas de los altos árboles que la rodeaban, y con los innumerables sonidos de la selva provenientes de todas direcciones, Najlia comprendió cual era su destino. Se veía reflejado en su mirada…
Comenzó el ascenso. Pasó bastante tiempo ascendiendo hasta encontrar un camino que ya le era conocido. Debía volver al poblado. Ya estaba atardeciendo.
Pero entonces, súbitamente, emergiendo de la vegetación, apareció el Dientes de Sable que la había estado persiguiendo… Quedaron ambos uno frente al otro durante unos segundos, muy quietos… y entonces Najlia comenzó a correr todo lo deprisa que pudo en dirección contraria, a la vez que el feroz animal se disponía a no dejar escapar por segunda vez a su presa… Corrieron con todas sus fuerzas a través de la selva… El tigre rugía y se abría paso con sus enormes y afiladas garras… Pero Najlia se sentía diferente… más segura… más fuerte y veloz…
La joven emergió de la selva y llegó a un barranco. El sol anaranjado quedaba justo frente a ella… y allá abajo, el suelo rocoso a gran distancia… El tigre salió también de la vegetación con ímpetu, pero aminoró la velocidad hasta caminar al ver la situación en la que se encontraba su presa… Ya la tenía donde quería… La joven miraba alternativamente a la bestia y al fondo del precipicio… su expresión era severa…
Najlia no estaba dispuesta a morir sin luchar. Desenfundó la daga que llevaba a la cintura y se encaró al feroz animal, que caminaba lentamente, como disfrutando de aquellos últimos instantes… La joven estaba preparada, esperando el ataque definitivo… tenía tras ella una caída mortal… Cazador y presa quedaban uno frente al otro en medio del cielo anaranjado…
Entonces la fiera atacó. Se abalanzó hacia la joven con todas sus fuerzas… Pero Najlia consiguió dejarse caer a tiempo hasta el suelo, de espaldas, teniendo el cuerpo expuesto del animal sobre ella. No se lo pensó. Le clavó la daga y apoyó un pie en el abdomen del tigre… y con todas sus fuerzas, aprovechando la inercia del ataque, le empujó, impulsando al Dientes de Sable hacia el vacío…
Najlia jadeaba, aún tendida de espaldas en el suelo. Sudaba y miraba hacia el cielo con los ojos muy abiertos… Poco a poco fue recuperándose… Se levantó y, casi a gatas, se asomó al fondo del barranco… Pudo distinguir al animal, el cual aún tenía su daga clavada. Tenía que recuperarla…

A la mañana siguiente, la gente del poblado de la tribu Athabe estaba muy alterada. Todos estaban preocupados por la ausencia de Najlia. Sobretodo su padre y sus hermanos. Estos últimos estaban preparándose para partir en su busca…
Gradualmente, los miembros de la tribu iban haciéndose a un lado, apartándose bruscamente en algunos casos, al ver, estupefactos, a alguien que avanzaba hacia el centro del poblado, donde se encontraba el jefe de la tribu… El miedo y el asombro se reflejaban en sus rostros al contemplar aquello, que no podían creer… Finalmente, llegó hasta donde se encontraba Alstor, y sus hijos… que se quedaron boquiabiertos.
Era Najlia. Y a su espalda llevaba el cuerpo sin vida del Dientes de Sable, el cual casi la cubría por completo… La joven lo dejó caer al suelo. Todos quedaron muy impresionados. Najlia ya no era la misma. Ahora aparecía orgullosa y decidida y todos la miraban con admiración y respeto.
Era el inicio de la leyenda de la reina Najlia.



FIN