En el Aeropuerto.
Era un tipo como otro cualquiera. No solía destacar en ninguno de los círculos de gente a los que había solido pertenecer. Al menos eso era lo que pensaba él… O lo que se repetía sin cesar… Incluso sus rasgos le parecían comunes: tenía el pelo corto y castaño, y ojos color avellana. Vestía con pantalones grises, americana del mismo color con camisa azul celeste, botas marrones y su inseparable cronógrafo, casi su único amigo… Se encontraba sentado en uno de los múltiples grupos de asientos de espera de la terminal del Aeropuerto. Como era habitual, nadie se había sentado a su lado; ni siquiera en el asiento de atrás… Claro, que, para que se sentara un tipo desagradable (como, desgraciadamente, le ocurría a veces), pues mejor así… Aunque la gente que ocupaba de forma dispersa el resto de asientos, no parecía mucho más contenta que él mismo… A su lado, llevaba una vieja maleta, de la que sabía perfectamente que solían reírse algunos chavales que llevaban sus modernas maletas con ruedecitas… Muy prácticas, pero a él no le gustaban nada. Prefería su vieja y fiel maleta, que jamás facturaba pesara lo que pesara; que nunca era mucho, de todos modos. Además, tampoco le apetecía ver las risitas que se intercambiarían las chicas guapas encargadas de la facturación de equipajes al ver semejante antigualla…
Había llegado bastante pronto aquella vez. Como si, aunque iba sobrado de tiempo, quisiera asegurarse al máximo de que no perdería aquel avión. Aquel avión que habría de llevarle muy lejos de allí…
La verdad era que el destino era lo de menos. La cuestión era irse a otra parte.
Aunque, en alguna parte de su interior, algo le decía que, quizá, no era tan buena idea… Pero automáticamente buscaba alguna excusa y se reafirmaba en la idea de tomar ese avión.
Oía sin cesar los avisos de salida de otros vuelos que iban antes que el suyo. Parecía que la cosa iba más deprisa de lo que se había imaginado; esto le hizo sentir un nudo en el estómago. No se esperaba que todo fuera tan rápido. Sin darse cuenta, quería ralentizar el tiempo para que no llegara tan pronto el momento de marcharse…
Era por la madrugada, su hora favorita para tomar un avión; aunque ya hacía mucho tiempo que no había volado en ninguno. La verdad es que era algo que le gustaba mucho; tal vez lo que más le apetecía de aquel viaje. Aunque, cada vez que había viajado, lo había pasado peor: las turbulencias, que en sus viajes de niño eran mucho más ocasionales, aunque preocupantes… ahora eran lo normal en cada viaje que hacía. Quizás ese era el principal motivo por el cual hacía tanto tiempo que no se subía a alguno de aquellos imponentes aparatos que subían a aquella altura tremenda, a pesar de su grandísimo peso… Pensaba en esto cada vez que veía el mar allá abajo, a través de las nubes. Porque, a pesar de todo, le gustaba volar. Y siempre procuraba ponerse en el sitio de la ventanilla; para disfrutar de aquel miedo que sentía…
No parecía haber mucha gente a aquella hora. Quizá era cuestión del día o quizá era cuestión de la época del año en que se encontraban, tal vez no muy propicia para viajar en masa…
De vez en cuando escuchaba el zumbido sónico de aquellos fascinantes aparatos que se disponían a despegar, para, uno a uno, ir dando paso al que habría de transportarle a otro lugar, uno nuevo… ¿uno mejor?
Pasaron varios minutos en los que la monotonía se hizo dueña de la situación. Entonces observó que un tipo, más bien gordo, con una larga gabardina color caramelo y un sombrero gris, con pantalones de tirantes y camisa, y zapatos que dejaban claramente a la vista los calcetines, se aproximaba. Llevaba una maleta similar a la suya, aunque algo más grande. Iba buscando asiento (y eso que tenía donde elegir)… Para sus adentros rogaba que no se pusiera a su lado; no por que tuviera nada en contra de aquel buen hombre, que además no le transmitía malas sensaciones, sino porque no quería hablar con nadie, tener a nadie cerca… Sabía que esto no era bueno, pero era como se encontraba en aquellos momentos…
El tipo dirigió durante un instante la mirada hacia él y ambos se cruzaron la misma un momento. Suficiente para que aquel hombre, casi calvo, de cara rechoncha, ojillos pequeños y bigote castaño muy claro pareciera tomar una decisión al fin. Se dirigió a la izquierda de donde se encontraba, con apenas un sitio de separación entre ambos. Antes de sentarse intentó dirigirse a él con una amable sonrisa, aunque este hizo como que no se daba cuenta y miró disimuladamente hacia otro lado. Pero aquel tipo no se iba a rendir… Una vez sentado se acomodó y lanzó un sonoro suspiro entre leves jadeos; los kilos le pesaban y le hacían sudar en aquellos momentos…
-Buenos días- dijo en un tono amable y hasta alegre el tipo bonachón.
Ahora ya no tenía escapatoria.
-Buenos días- dijo, forzándose por ser amable.
Si aquel tipo había percibido las pocas ganas que tenía de hablar con él se hacía perfectamente el loco…
-De viaje, eh…- Dijo, haciéndose el simpático.
Pues claro. Si no, ¿Qué narices estaban ambos haciendo allí?
-Sí, sí, de viaje… Decía, como queriendo quitárselo de encima de una vez y quedarse tranquilo sin tener que hablar más…
-Mi vuelo es el siguiente- dijo con una sonrisa no carente de entusiasmo.
Parecía que el buen hombre quería hablar sí o sí…
-El mío va uno después- se resignó.
Aquel tipo sabía que se había salido con la suya.
-Es decir, el siguiente no, el otro, ¿no?
-Exacto.
Se produjeron unos instantes de silencio.
-La verdad es que no me apetece mucho viajar. En realidad lo que a mí me gusta es quedarme tranquilamente en mi casa viendo la televisión o escuchando música en mi viejo tocadiscos…- El tono de aquel hombre había sufrido un claro cambio- …Pero mi hijo se casó con una mujer de otro país… y si quiero ver a mi nieta tengo que viajar de vez en cuando… a pesar de lo poco que me gusta- Ahora había cierto pesar en su tono…
Estuvo tentado de preguntarle si no viajaban también ellos para verle a él y llevarle a su nieta… pero finalmente decidió no decir nada y limitarse a asentir mirando al suelo. La realidad era que ya no le molestaba estar hablando con aquel tipo que se había sincerado de aquella manera con un desconocido… Entonces pensó que aquella idea que tenía a veces de que todo el mundo era feliz y vivía en una explosión continua de alegría, a excepción de él, seguramente no era cierta… Ya lo sabía… pero ahora lo veía con claridad.
Aquel tipo volvió a tomar la palabra.
-¿Y usted? ¿También va lejos?- Decía mientras intentaba aguzar la vista dirigiéndola hacia el monitor de su izquierda, donde se informaba de las siguientes salidas, sin acertar a distinguir el vuelo que buscaba…
-Sí- iba a continuar, pero decidió dejarlo así…
Aquel tipo no insistió. Pero, por alguna extraña razón, de repente tenía ganas de que le preguntara por sus motivos… Así que siguió hablando; y esta vez no hizo falta que le hiciese ninguna pregunta previa…
-He decidido irme por un tiempo- dijo.
Aquel tipo se alegró de que por fin su interlocutor abandonara su actitud defensiva.
-¿Cambio de aires?- El tipo intentaba elegir adecuadamente sus palabras para no “ahuyentarle”…
Pero el proceso de poner en palabras lo que no paraba de darle vueltas por la cabeza no era tan sencillo como le hubiese gustado…
-Algo así…- Decidió decir al final.
Se produjo un nuevo silencio, incómodamente largo. Se animó a continuar.
-A veces… los planes no salen como a uno le gustaría. O, por lo menos, como uno pensaba que iban a salir… No sé… es frustrante…- Ya parecía casi liberado de sus “cadenas” que le impedían expresarse con libertad…
Aquel tipo asentía lentamente, pensativo.
-Le entiendo- hizo una pausa y miró la maleta que llevaba su interlocutor, parecida a la suya, aunque de un color marrón ni claro ni oscuro- Pero, dígame una cosa, ¿cree que sus planes sí se llevaran a cabo si se marcha a otra parte?
Aquello lo dejó estupefacto. No supo qué decir. El tipo continuó, ahora más serio todavía.
-¿O piensa que en otro lugar, cuanto más lejos mejor, todo aquello que planee sí se cumplirá?- Y se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos esperando la respuesta de aquel hombre bastante más joven que él…
Seguía sin saber qué contestar. Pero aquel tipo, que hablaba desde la experiencia, y que claramente le intentaba ayudar, había oprimido una tecla muy concreta en alguna parte de su interior… El tipo sonrío. Y continuó hablando.
-Lo que a usted le pasa es muy normal. Probablemente nos ha ocurrido a todos. A veces pensamos que la respuesta es… huir.
Había dicho la palabra clave: HUIR. No pudo evitar pensar que eso era exactamente lo que estaba haciendo…
Entonces sonó por megafonía, tras los pertinentes tonos, el aviso de salida del siguiente vuelo. Era el que debía tomar aquel tipo.
-Bueno. Debo marcharme. Ha sido un placer- le dijo tendiéndole una rechoncha y afectuosa mano al tiempo que le dedicaba una afable y paternal sonrisa.
Todo era muy súbito. Le dio la mano de inmediato, estrechándosela con sincero agradecimiento; aquel tipo le dio un buen apretón de manos, como el que dan las personas que inspiran confianza. Se lamentaba de no poder seguir hablando con aquel tipo al que probablemente no volvería a ver jamás… Pero cogió su maleta gris y, sujetándose el sombrero con la mano que le quedaba libre, se alejó al tiempo que otros a su alrededor hacían lo propio camino de la zona de embarque…
Tras un breve trajín la tranquilidad volvía en su derredor. Solo quedaba una salida antes de que le avisaran para la suya… pero ya no lo tenía tan claro. Aquella sensación que había tenido desde el primer momento que había tomado la decisión, ahora se había intensificado hasta límites casi insoportables…
Pero decidió quedarse allí. Aún tenía tiempo para decidirse, pensó…
Pasaron varios minutos, no tantos como él se había pensado tras consultar su reloj. Le tenía mucho cariño a aquel reloj; era como un compañero inseparable…
En un momento en el que se había sumergido más de la cuenta en sus pensamientos, volvió de su ensimismamiento al escuchar zapatos de tacón aproximándose… Con una fugaz mirada vio que se trataba de una mujer que se acercaba por su derecha. Esta, tras lo que pareció un instante de duda, se sentó, quedando un asiento vacío entre ella y él…
Al principio se sintió raro. La verdad es que intentaba no mirar a aquella mujer que tenía a su lado y que, de reojo, había visto que se había puesto a consultar con atención su teléfono móvil, uno de esos teléfonos inteligentes con los que todavía no se había atrevido…
Finalmente, y consciente del “riesgo” de parecer algo descarado, le dirigió una mirada de “reconocimiento” a aquella desconocida de la que le llegaba su fresco perfume…
Era preciosa. Tenía el cabello rubio y liso que le llegaba algo más allá del cuello; desde donde se encontraba podía distinguir unos ojos azules en un rostro de mujer joven de piel no muy oscura; vestía como una secretaria de oficina y se fijó en el escote que se le adivinaba bajo la desabotonada camisa blanca, y en la falda a la que le faltaban unos centímetros para cubrirle las rodillas de unas largas y atractivas piernas…
Notó que la mujer hacía como que no, pero ya se había dado cuenta de que su “vecino” le lanzaba cada vez más miraditas… aunque él advirtió que esto no parecía molestarla… Al cabo de un rato, la mujer dejó su teléfono y se quedó como pensativa, mirando a un punto perdido en el suelo, hacia delante, como si esperara algo…
Entonces se le ocurrió algo… una locura… ¿Y si le decía algo? Por algún motivo, tenía la sensación de que era exactamente lo que tenía que hacer… que si no lo hacía se iba a arrepentir…
Entonces ocurrió algo. Aquella mujer se giró hacia él ante la enésima vez que este le dirigía la mirada… Era el momento.
-Ho…Hola- dijo, con evidente nerviosismo…
Pero, para su sorpresa, aquella atractiva mujer también parecía algo nerviosa…
-Hola- dijo con una sonrisa.
Entonces se fijó mejor en sus rasgos, en sus ojos azules… Era realmente muy guapa.
-¿Sales en este vuelo o en el siguiente?- Se le ocurrió preguntar.
Entonces la mujer dirigió una breve mirada hacia el monitor que quedaba más a la derecha, el que tenía más cerca… Él “aprovechó” la ocasión para fijarse mejor en el cuerpo de aquella mujer que no debía ser mucho más joven que él; se fijó en sus pechos, los cuales eran evidentemente generosos…
-En el siguiente- contestó ella, como si le hubiera dado tiempo para que él la recorriera con la mirada…
Él apartó la mirada de inmediato, confiando en que no se hubiese notado… aunque no estaba muy seguro de ello… Ella habló.
-¿Y tú?- Preguntó, con evidente interés.
Aquello le sorprendió gratamente.
-En el siguiente al tuyo. ¿Por cuánto tiempo te vas?- Preguntó, esperando no haber sido demasiado entrometido…
Pero ella no mostraba ningún tipo de reparo hacia lo que él hacía o decía…
-Una semana. Vacaciones.
Tenía que hacerle la pregunta. La que podía cambiarlo todo en un momento…
-¿Te vas sola?
Ella no tardó en responder.
-Sí.
Aquello no tenía porqué significar nada… Pero no pudo evitar sentir cierta ilusión… Entonces ella le preguntó a él.
-¿Y tú te vas por mucho tiempo?- Intentaba disimular su interés por conocer la respuesta…
Él se quedó pensativo por un instante. Había llegado la hora de tomar una decisión. Pero ahora ya sabía de qué huía realmente…
-Una semana también- decidió al fin. Su decisión definitiva.
A la mujer pareció iluminársele la mirada. Quería decir algo más.
-Yo llego por la tarde. No sé… a lo mejor coincidimos…
Aquello ya le superaba. Pero sabía lo que debía hacer…
-Yo también llegaré por la tarde- hizo una pausa y reunió valor…- Si quieres… podríamos reunirnos aquí…
Ella sonrió. Y asintió.
-De acuerdo. Entonces… nos veremos- tampoco ella sabía qué más decir…
Se dio el aviso de la salida de su vuelo. Se despidieron y él se quedó de pie, solo, pero consciente de que las cosas habían cambiado.
El siguiente vuelo era el suyo. Había pensado en cambiar la fecha de regreso. Pero, tras pensarlo mejor, y cuando faltaban unos minutos para que le llamaran, se dio cuenta de que no tenía que ir a ninguna parte… hasta dentro de una semana…
Cogió la maleta y se fue a su casa.