martes, 23 de julio de 2013

6 Warriors - Capítulo 19

6 WARRIORS

El regalo de Yun.


Algunas nubes dispersas se desplazaban en el cielo de la mañana. Aún así, no hacía mucho menos calor que en días anteriores… Los rayos del sol se internaban a través del hueco dejado por la ventana entreabierta y le daban ahora de lleno en la cara a Yun.
-Uuuummm…- Se desperezaba estirándose y costándole abrir los ojos por aquella luz…- Vaya… ¿qué hora debe ser?- Se preguntaba, aún medio adormilado, erguido sobre la cama.
En ese momento, se abrió súbitamente la puerta de la habitación y apareció una temible Hui, que le lanzó sin pensárselo un barreño de madera a la cara; el cual impactó de lleno en su objetivo…
-¡Levanta! ¡Aún no has limpiado lo que te tocaba ayer a última hora!- Le dijo en tono agresivo, extrañamente más enfadada de lo habitual…
Tras lo cual cerró la puerta de un portazo. El barreño se terminó de deslizar por la cara de Yun, que apretaba los dientes y los ojos por el golpe recibido…
-Pero… ¿qué le ocurre ahora…?

Yun se vistió de inmediato y bajó, barreño en mano, por las escaleras de camino a la cocina de la fonda del señor Leng; aunque cierto era que el joven no se estaba dando precisamente prisa… Mientras bajaba, vio fugazmente a Hui pasar de una mesa a otra terminando los preparativos para abrir por aquel día. Entonces Hui le dirigió una mirada fulminante que le hizo acelerar el paso de inmediato…
Yun seguía pensando que, aunque ya estaba acostumbrado a que la joven estuviera casi permanentemente enfadada con él, aquello ya no era normal.
-“¿Se puede saber qué le pasa?”- Se preguntaba Yun, irritándose levemente, mientras fregaba los platos, vasos y demás del día anterior con las mangas arremangadas…
Al cabo de unos minutos, distraído en la monotonía de la limpieza, comenzó a escuchar unos pasos estridentes que se aproximaban por detrás… Yun se giró alarmado y vio aparecer a Hui, que dejó a un lado de forma brusca un nuevo montón de cacharros…
-¡Ni siquiera terminaste de recoger los de las mesas!- Exclamó, furibunda, y se fue girando sobre sus talones, agitándosele el cabello de un lado a otro a medida que se alejaba con paso airado…
Yun no entendía nada. Qi pasaba por su lado restregándose un ojo, aún con el camisón de verano puesto…
-Oye, Qi…- La llamó el joven en casi un susurro.
La chica se desperezó un poco más.
-¿Mm?- Se giró hacia él…
Yun puso cuidado en que Hui no estuviera cerca de ellos en aquellos instantes…
-¿Sabes qué le pasa a Hui? Hoy está más rara que de costumbre…- Le preguntó, intrigado…
Qi, que aún no había visto a su hermana, la buscó con la mirada y, al verla, aún en la distancia pudo percibir lo que pasaba en su interior… La chica sonrió.
-¿No lo sabes?- Le preguntó al joven en un tono casi cantarín y mirándolo con ojos perspicaces ante la extrañeza de Yun…
Este se dio la vuelta del todo, con las manos aún goteándole agua.
-¿El qué?- Preguntó, sinceramente sin tener ni idea de a qué se refería la chica.
Qi volvió a sonreír al escuchar cómo Hui daba un golpe en la distancia colocando una silla y ver cómo se sobresaltaba Yun al oírlo…
-Cuando termines sal fuera por la puerta de atrás. Te estaré esperando para decírtelo… por si todavía no lo sabes…- Le dijo en un  tono que acabó siendo misterioso.

Como le había dicho, Qi esperaba fuera cuando Yun se pudo “escaquear”…
-Y bien… ¿Qué era lo que tenía que saber?- Yun ya estaba impaciente por conocer la respuesta…
Qi lo miró. No pudo evitar volver a sonreír una vez más.
-Está claro que lo has olvidado. Como el año pasado…
Yun se extrañó.
-¿El año pasado?
Qi, al pensar en los sentimientos de su hermana mayor, dejó de sonreír.
-Yun… Hoy es el cumpleaños de Hui. Y, al parecer, te has vuelto a olvidar…- Le dijo, muy seriamente.
Yun sintió como si se partiera en dos.
-¡Oh, no! ¡Por eso…! ¡No me acordaba en absoluto…!- Reconoció, sintiéndose culpable…
Qi observaba la reacción de Yun.
-Ella ya sabía de antemano que no tenías ni idea…- Observó la chica.
Yun comprendió. No era por nada que Hui siempre estuviera enfadada con él…
Tenía que hacer algo. Cambiar cosas.
-Qi- le dijo, súbitamente muy serio, como nunca lo había visto la chica- Necesito que me excuses esta mañana a tu padre y tu hermana… Tengo cosas que hacer.
La chica quedó impresionada al ver el cambio en el joven. Asintió.
-Descuida. Yo te cubro- le aseguró.
Ambos se sonrieron y Yun salió corriendo hacia la primera calle principal que encontrara, seguido por la mirada de Qi…

Mientras caminaba por una calle amplia, aunque no muy transitada en aquellos momentos, Yun pensaba… en todo lo que tenía que ver con Hui…
-“La he fallado. La he fallado demasiadas veces…”- Era como si toda la culpabilidad que se hubiese acumulado durante todo ese tiempo hubiera aparecido de repente…
En aquellos instantes se acercaba a un mercado que ponían exclusivamente aquel día de la semana. Confiaba en encontrar algo adecuado para regalarle a Hui…
Caminaba despacio observando los diferentes puestos. Había de todo… pero no encontraba nada. Para empezar, no tenía ni idea de qué regalarle a Hui… Nunca lo había hecho antes… con nadie. Y, además, cuando veía algo que le llamaba la atención, recordaba que su economía era casi inexistente…
-“No tengo suficiente dinero. ¿Cómo le voy a comprar algo decente en estas condiciones…?”- Se lamentaba el joven.
Entonces, se detuvo en uno de los puestos; uno regentado por una señora mayor llena de abalorios… Se fijó en una pulsera plateada con una piedra rojiza en el centro. Pero era muy cara. Aún así, era lo que le gustaría regalarle a Hui en el día de su cumpleaños.
-¿Te gusta esta?- Le preguntó de forma inesperada la anciana del puesto.
Yun no sabía qué decir.
-Eeh… Sí, mucho… Pero…- Trató de decir algo, pero la mujer ya sabía a qué se refería.
El joven, resignándose, se dispuso a marcharse.
-Espera-le dijo, otra vez inesperadamente, la señora- Pareces buen chico. Estoy segura que, si de verdad deseas esta pulsera, podrás conseguirla- dijo, muy segura de si misma…
Yun estaba perplejo.
-Pero… yo…- Trató de decir nuevamente.
La mujer negó con la cabeza, interrumpiéndole con la mano.
-Hagamos una cosa: yo te la guardo hasta que finalice el día. Si consigues el dinero, será tuya- le propuso.
Yun no se lo esperaba. Pero tenía ante si una oportunidad.
-¡Hecho!- Exclamó, jovial y contento, ante el ofrecimiento de la señora.
Esta sonreía satisfecha.
-“Ahora “solo” tengo que conseguir el dinero”- pensó Yun, comenzando a enfriársele los ánimos…

Yun vagaba ahora por las calles de Changshia. Miraba a su alrededor con atención para ver si encontraba alguna manera de conseguir el dinero suficiente para comprarle aquella pulsera a Hui…
-“Seguro que le gustaría…”- Pensaba, anhelante…
Pero, a medida que recorría lugares, se iba “desinflando”…
Estaba a punto de dar por perdido todo cuando oyó a un tipo que hablaba a voces no muy lejos de allí…
-¡Vengan! ¡No se lo pierdan! ¡Intenten derrotar al increíble “Guerrero de la Máscara”! ¡Quién lo consiga recibirá una sustanciosa cantidad de yuanes!- Exclamaba para que todos los viandantes que pasaban por allí le oyeran y prestasen atención…
Aquellas últimas palabras fueron determinantes para Yun. Rápidamente, trató de averiguar de donde provenía la voz y se aproximó casi corriendo al lugar…
Allí, observados por un gran número de curiosos, se encontraban un tipo bajito, con una túnica de colores chillones, calvo, con los ojos entrecerrados y con un casi invisible bigote dividido en dos partes, que continuaba hablando a pleno pulmón; y, a su lado, un tipo enmascarado con una máscara de color amarillo, el torso al descubierto (mostrando algunos kilos de más) y unos pantalones blancos ajustados con unas botas del mismo color que la máscara.
-¡Conocedor de extrañas técnicas del lejano y desconocido Occidente! ¡Rétenle y ganen mucho dinero!- Proseguía el hombrecillo de voz desproporcionada…
-¿Cuánto es el premio?- Los demás se apartaron al escuchar la voz de Yun y este quedó a la vista de ambos personajes…
El hombrecillo se lo quedó mirando. Luego sonrió, divertido…
-¡Bueno, bueno! ¿Qué tenemos aquí? ¡Un mozalbete valiente!- decía, sin llegar a utilizar un tono de burla, provocando la risa de condescendencia de los demás…
“El Guerrero de la Máscara” esbozó una sonrisa, muy seguro de si…
-¿Y bien? ¿Cuánto?- Insistió Yun, que comenzaba a impacientarse…
Aquel hombrecillo vio que iba en serio. Pues vale. Peor para él…
-Cincuenta yuanes. ¡Ese es el premio: cincuenta yuanes!
Al escuchar esta cifra se oyeron murmullos de asombro…
Cincuenta yuanes. Más lo que él tenía (cinco más)… ¡Ya tendría suficiente!, pensó Yun.
-¡Genial! ¡Me apunto!- Exclamó, decidido.
Aún no muy seguro de si se trataba de una broma (o estaba loco de verdad) el hombrecillo se le acercó saliendo de su papel y poniéndose algo serio…
-Oye chaval… ¿estás seguro?- Le miró con ojos penetrantes entre aquellas estrechas rendijas.
Yun parpadeó un par de veces.
-¿A qué se refiere? Claro que sí- dijo, sin ningún rastro de duda.
El hombrecillo desistió.
-Bien. Pues… ¡Tenemos un aspirante!- Exclamó dirigiéndose nuevamente al creciente y ansioso público…

Los espectadores se habían apartado lo suficiente para dejar espacio para que pudiera desarrollarse el combate entre “El Guerrero de la máscara” y aquel chaval que no tenía nada que hacer contra él…
-¡Que comience el combate!- Exclamó a voz en grito el hombrecillo con un tono acentuadamente dramático…
“El Guerrero de la máscara” adoptó una guardia extraña, pensó Yun; como un oso que se dispusiera a lanzarse contra su presa… Él aún no se había puesto en posición de combate, permaneciendo a la expectativa… El hombre enmascarado observaba la postura “normal” de Yun y se mostró indiferente.
-“Debe estar mal de la cabeza”, pensó.
Pero no pensaba tener piedad con él; le habían ordenado que diera espectáculo
-¡Oooaaaah!- Rugió el imponente luchador ante el asombro del público impaciente… algunos cerraban los ojos al ver como se aproximaba este corriendo hacia aquel pobre insensato…
Llegó un momento en que Yun casi se vio engullido por la sombra de su rival… Pero en el último segundo, saltando ágilmente, evitó su brutal abrazo y pasó por encima de él, propinándole un golpe con el talón por detrás en la cabeza… El golpe hizo que el hombre enmascarado apretara los dientes y que los ojos casi se le salieran de las órbitas.
Yun cayó grácilmente al suelo, ante la incredulidad de los allí presentes, incluido el hombrecillo…
El enmascarado se giró: Yun estaba ahí, de pie, y tan tranquilo… Al ver que lo miraba, el joven esbozó una amplia sonrisa amistosa… Pero esto, el enmascarado se lo tomó como una afrenta… Y atacó de nuevo.
-¡A ver si te ríes ahora!- Lo amenazó bramando como una fiera…
Yun no entendía a qué se refería… Pero volvió a saltar de la misma manera y a realizar exactamente el mismo golpe… aunque esta vez más fuerte…
-¡Uy, uy!- Se llevaba el dolorido hombretón las manos detrás de la cabeza.
Al hombrecillo para el que trabajaba no se le podía caer más la boca; parecía que le llegaría al suelo… Yun aún no tenía la necesidad de adoptar postura alguna de guardia.
Entonces le llegó a este la voz de un niño que estaba no muy lejos de allí…
-¡Papá, papá! ¡Vamos, que si no van a cerrar y ya no les quedará!- Urgía a su progenitor, quedando ambos ocultos tras el atento gentío…
Entonces Yun, al oír al pequeño, cayó en la cuenta: no podía retrasarse… o la mujer cerraría el puesto. Por primera vez en el combate, se puso en guardia. Su expresión era ahora de concentración. El hombre enmascarado, ya recuperado, volvió a pensar que se estaba riendo de él…
-¡Voy a aplastarte!- Volvió a rugir lanzándose por tercera vez con el mismo ataque de brazos aprisionadores…
El público no perdía detalle del que parecía sería el ataque definitivo… El hombrecillo cruzaba los dedos…
Pero Yun no perdió la calma en ningún instante.
-¡Lo siento! ¡Pero tengo prisa!- Casi se disculpó…
Desplazándose como si flotara por el suelo, con una pierna, se aproximó al hombretón hasta estar a la distancia adecuada… Entonces, inmediatamente, y a una velocidad que nadie consiguió seguir, con la otra le dio tres patadas, seguidas y con la misma pierna, en pecho, estómago y cara… El hombretón se quedó como en el aire, paralizado y temblando, mirando con los ojos desorbitados al joven, sin entender… Finalmente se desplomó hacia atrás, seguido con la mirada mientras caía por el desolado hombrecillo, y perdió el conocimiento.

Ahora Yun tenía el dinero suficiente para comprarle el regalo a Hui. Se dio prisa en llegar al mercado y abrió la boca en una sonrisa al comprobar que la señora seguía allí…

Ya se encontraba de camino a la fonda, pasando por un callejón solitario, mientras hacía que se elevara una y otra vez, con un leve impulso de la mano, la pulsera que acababa de comprar…
-Je, je, je- Yun estaba contento y satisfecho…
Dejó volar sus pensamientos y se distrajo; por lo que no vio venir a un cuervo que se había lanzado en picado atraído por el brillo de la pulsera… Justo cuando la tenía fuera de contacto, suspendida en el aire, el ave oscura la atrapó con la pata y se elevó de inmediato…
-¡Ey!- Protestó Yun…
Pero el cuervo estaba demasiado alto para llegar con un salto… Había perdido la pulsera… y el dinero…
-Oh, no…- Se lamentaba Yun, abatido…

Se pasó el resto del día dando vueltas por los callejones cercanos. No quería regresar a la fonda… todavía no…
Llegó a un solar apartado. El sol ya apenas se veía en el cielo. Dentro de poco tendría que regresar… con las manos vacías… Se sentó sobre unos barriles abandonados y se quedó pensativo, apesadumbrado…
Entonces, Al cabo de un rato, uno de los últimos rayos del sol de la tarde iluminó algo que a Yun le llamó la atención. Bajó de inmediato de un salto de lo alto del barril donde estaba sentado y se acercó para verlo mejor: era una flor; pero, por alguna razón, esta flor le llamaba la atención… Era roja y el interior era anaranjado. Estaba casi oculta entre objetos que había tirados por allí; incluso la tierra donde estaba situada estaba algo revuelta y la propia flor algo torcida… Yun pensó que no duraría mucho allí…
Entonces, sin saber muy bien por qué, comenzó a plantearse algo: siempre que cortejaba a una mujer (normalmente casada), lo hacía delante de Hui… y ella se enfadaba…
¡Pues claro! ¡¿Cómo no se había dado cuenta antes?!
En ese instante decidió que no lo haría nunca más. Y la flor se la llevó con cuidado…

Cuando llegó a la fonda ya era de noche. Yun estaba atemorizado…
Entró con cautela y vio que aún estaba todo por recoger; probablemente ya habrían cenado… y celebrado el cumpleaños de Hui… Y él no había estado…
Entonces apareció Hui. Yun se paró en seco, sin saber qué cara poner…
-Hola, Yun. ¿Dónde has estado?- Le preguntó en un tono en el que el reproche brillaba por su ausencia…
Yun parpadeó varias veces.
-Ho… Hola, Hui…- No sabía qué decirle… ni como disculparse…
La joven se fijó en que Yun escondía algo detrás.
-¿Qué es eso?- Quiso saber, fijándose en él…
Yun no sabía qué hacer; ahora le daba vergüenza regalarle aquella birria de flor…
-Es… para ti- finalmente se la tendió, sin querer casi ni mirar…
Pero Hui se quedó callada, mirando la flor; guardó silencio durante unos instantes y la tomó de las manos de Yun, suavemente, dejando las suyas apoyadas en las mismas durante unos segundos, con dulzura…
-Gracias… Yun- al joven le pareció que su voz se quebraba… Vio que la chica apartaba la mirada justo cuando sus ojos parecían humedecérseles…
Al joven se le pasó por la cabeza que, de algún modo, ella ya sabía que él había tomado una decisión…
-¿Vienes? Te estábamos esperando para cenar…- Le dijo la joven desde la puerta que llevaba al pasillo, casi sin girarse…
Yun sintió alivio al oír aquello. Había llegado a tiempo.
Entonces el joven siguió a la chica, despareciendo ambos de la estancia, mientras Qi, que había permanecido escondida (sin pretenderlo) todo aquel rato, sonreía con satisfacción y alegrándose por su hermana.

domingo, 21 de julio de 2013

El vigilante

El vigilante



Luna Zeta-02.
Año 2336.

El sargento del ejército de los Estados Unidos Bruce Hart despertaba en aquellos momentos, iluminado por la luz cegadora de aquel sol extraño que entraba por la pequeña ventana cuadrada de esquinas redondeadas. Era dos veces más grande que su sol, y no permitía la existencia de vida en el planeta cercano al que pertenecía aquella luna enana en la que se encontraba desde hacía casi un año. De hecho, se encontraba en un enorme y único desierto que ocupaba la total superficie del satélite; un lugar en el que nunca se hacía de noche, tan solo cambiaba la intensidad de la luz…
Hacía relativamente poco que el ser humano se había establecido en aquel lugar (craso error, en su opinión), y había construido una colonia, con la esperanza de hacer de aquel lugar un sitio habitable, aparte de para los microorganismos que fueron hallados antes de instalarse en aquel rincón lejano de la Vía Láctea…
Concretamente, habían construido tres mini-ciudades, visibles desde la posición en la que se encontraba. Ya que él ocupaba la torre de vigilancia situada entre los tres vértices del triángulo que formaban aquellas poblaciones de colonos. Y él era el vigilante.
Le ofrecieron el puesto en un momento de su vida en el que había considerado que no tenía nada que perder… Y así lo pensaba aún.
Bruce era un tipo medianamente corpulento de unos cuarenta años. Pelo corto y castaño claro, ahora con barba, y ojos color verde oscuro. Tras vestirse, iba ataviado con el uniforme oficial del ejército de los Estados Unidos, concretamente el destinado a operaciones en el desierto; aunque ahora, de cintura para arriba, iba con la camiseta sin mangas verde muy oscuro, que dejaba a la vista sus placas correspondientes y de las que sentía especial orgullo.
La verdad es que nadie más había aceptado aquella misión. Y no le extrañaba. Ya desde que se informó de la situación, no pintaba muy apetecible: calor extremo, soledad, disponibilidad las veinticuatro horas, posibilidad de incidencias desconocidas (o de origen desconocido)… Y, una vez allí, debía reconocer que no exageraban en absoluto. Eso sí, aún no había tenido que hacer frente a ninguna de aquellas “incidencias desconocidas”… En realidad, había sido un año tremendamente monótono; casi deseaba a veces que ocurriera algo
Como cada mañana (aunque eso era algo relativo) subía las escaleras de caracol que le llevaban a la zona más alta de la torre de vigilancia. Llevaba los prismáticos. Se había puesto la chaqueta, preparada especialmente, al igual que el resto de su uniforme, para protegerle en gran medida de las radiaciones solares; también llevaba las gafas, ya que el casco le molestaba, más que otra cosa. De todos modos, le habían recomendado no pasar más de diez minutos seguidos expuesto…
Al llegar arriba, abrió la puerta deslizante tras pulsar un botón y salió al exterior. El cielo era blanquecino, cegador; el terreno era llano hasta donde alcanzaba la vista, un yermo. A veces se preguntaba qué demonios habían ido a hacer allí…
Y allí no muy a lo lejos, rodeándole de forma geométrica, formando un triángulo equilátero, se encontraban las tres sub-colonias que debía vigilar. Eran unas construcciones de un blanco impoluto, cubiertas por unas cúpulas invisibles que las protegían de las radiaciones. Aquí el calor no producía el efecto ondulante sobre la visión; la colonia entera se erguía intacta, como desafiando al enorme sol que parecía amenazar con tragárselo todo…
Bruce activó los prismáticos y oteó a su alrededor. Todo parecía en calma. No muy lejos de su posición una de las habituales expediciones científicas se encontraba en su labor de extracción de muestras, análisis del aire, etc. Lo que era un día normal. Uno más.
Lo cierto es que, desde que se encontraba allí, aún no había tenido contacto con nadie. Tenía órdenes estrictas de no abandonar su puesto. Bajo ningún concepto. Y tampoco nadie había ido a hacerle una visita… Pero, viendo lo ocupados que estaban aquellos hombres que habían llegado en un vehículo similar a un jeep cubierto (él también tenía uno) lo entendía. Tras una nueva oteada con los prismáticos de largo alcance, decidió volver al interior antes de acabar como un huevo frito…

En lo que restaba de día, aún subiría a la zona de observación dos veces más, una pasado el mediodía terrestre y otra antes de la noche. Allí se guiaba por los horarios de la Tierra, algo a lo que no pensaba renunciar a pesar de la insistencia de los pesados de la base en su planeta de origen. De eso ni hablar.
Era hora de desayunar. Tras una comprobación rutinaria de los sistemas de vigilancia de la torre, se dirigió a la despensa. Allí, dispuestas en estantes que iban del suelo hasta el techo y que ocupaban la totalidad de las paredes, estaban las provisiones. Todas herméticamente cerradas en bolsas de color aluminio, protegidas de posibles agentes patógenos que pudieran contaminarlas. Cada una con su etiqueta correspondiente, en la cual aparecía una fotografía del alimento o plato preparado que representaba. De todos modos, una vez pasado por el microondas especial, todas acababan siendo una papilla uniforme de diferentes colores, cuyo sabor, en el mejor de los casos, recordaba a lo que había en la foto… Era algo que tenía que mejorarse. Quizá el que le sustituyera en siguiente lugar tendría esa suerte.
Quedaban provisiones para los próximos cuatro años. La mayor parte la había transportado él mismo a su llegada a aquel inhóspito lugar. Pero su estancia terminaría en menos de seis meses, si no había ningún imprevisto, y no creía que se acabara la totalidad de aquellas “deliciosas” papillas de colores en aquel tiempo… que las “disfrutara” el siguiente…
A decir verdad, una vez pasaron algunos días tras su llegada, ya empezó a preguntarse si había sido buena idea aceptar aquella misión… Echaba cada vez más de menos la Tierra. El viaje había sido muy excitante, lo reconocía, pero… De todos modos, ya quedaba menos…
Una vez hubo desayunado (si a aquello se le podía llamar desayunar) se sentó, como hacía la mayor parte del día, ante la consola de control. Desde allí tenía acceso a todos los parámetros que median los diferentes instrumentos (colocados por él mismo) situados en los alrededores de la torre de vigilancia. Varios monitores le mostraban la actividad de los alrededores recogida por las diferentes cámaras de alta definición instaladas. Aunque aquello de “actividad” era relativo. En todo el tiempo que llevaba allí, no había habido una sola incidencia visual; tan solo una vez pareció verse algo que se movía a escasos doscientos metros de distancia de la torre… pero había resultado ser una interferencia en la cámara. Aquella vez casi se sintió decepcionado…
Se acercaba el mediodía. Volvió a ponerse la chaqueta, las gafas y, esta vez, el casco. Subió arriba. Una vez allí, volvió a otear con los prismáticos el estático horizonte. Los científicos ya habían regresado; hoy se habían dado prisa, a su parecer. ¿Quizá habían descubierto algo y habían salido disparados al laboratorio a analizarlo? Lástima que no pudiera ir a ver qué pasaba por allí… Se iría de aquella luna con las ganas de ver el interior de la colonia.
Con aquellos pensamientos frustrantes regresó al interior. Faltaba poco para la hora de comer. Más papilla. Regreso a su asiento de respaldo alto frente a la consola de control. Una vez allí, como era habitual en aquellos momentos, preso de la monotonía reinante, se perdía en sus pensamientos, en sus recuerdos… De vez en cuando, miraba con la mirada perdida hacia arriba la pequeña ventana por la que entraba la poca luz que iluminaba la estrecha estancia. Comenzaron a pasar las horas…
Y entonces, durante un momento, menos de un segundo, ocurrió algo. Fue como un parpadeo; como cuando algo pasa por delante del sol y la luz disminuye momentáneamente… Al principio, Bruce no le dio importancia. ¿Cuántas veces había visto eso?
Pero entonces cayó en la cuenta. Sí que lo había visto… Pero en la Tierra. Allí no. ¡Allí no había nada! ¡Nada podía tapar el sol! ¡Aquel sol…!
Se levantó de inmediato, casi tropezando con los diferentes manuales que tenía dispuestos en pequeñas columnas por el suelo alrededor del asiento… Se volvió a embutir en la chaqueta y nuevamente se colocó las gafas y el casco… Iba atropellado… Ascendió a toda prisa por las estrechas escaleras de caracol que llevaban a la zona de observación a la vez que preparaba los prismáticos y pulsó de forma impaciente el botón que abría la puerta al exterior…
Salió con súbita cautela, frenándose y preparándose para averiguar el motivo de aquel hecho extraño que había tenido lugar… Ahora pensaba que quizá era cosa de los científicos; o quizá hasta él se lo había imaginado por la exposición a aquel enorme sol que lo iluminaba todo permanentemente… Parecía que comenzaba a tranquilizarse ante estas posibilidades…
Pero nada de eso. Lo que vio no se lo esperaba. Casi no le hicieron falta los prismáticos para ver aquello… Faltaba uno de los vértices: una de las sub-colonias había desaparecido. Desaparecido totalmente; no quedaba ni rastro, ni ningún resto… Y él no había oído nada… ni había visto nada por ninguna cámara… Pero, ¿qué había pasado? ¿Un meteorito? No había cráter, no había habido estruendo, fuego… Se quedó largos minutos, temblando, allí arriba, sin entender nada…
Pero ahora pasaba algo más. Aquello sí que era extraño. Proveniente de uno de los dos vértices que permanecían del triángulo que formaba la colonia y en cuyo centro se encontraba él, llegaba un nuevo vehículo con un equipo científico; relativamente normal, teniendo en cuenta el suceso que había tenido lugar… Pero algo pasaba: no se dirigían al lugar anteriormente ocupado por la sub-colonia… Se dirigían a otro punto, más bien alejado y comenzaban a realizar sus labores rutinarias de recogida de muestras, como si nada… es que ni miraban hacia la dirección donde ahora no había nada…
Bruce no lo entendía. Aquello era muy extraño. Decidió que, a pesar de las claras órdenes que tenía de no abandonar su puesto, debía ir a investigar…

No había estado muchas veces en aquella estancia, tan solo para labores de mantenimiento. En la misma se encontraba un modelo similar de vehículo al utilizado por los científicos; básicamente se trataba del mismo pero de menos plazas. Desde que estaba allí, solo lo había cogido un par de jornadas para instalar las cámaras y los sensores, más que nada para no acabar achicharrado ante la larga exposición al sol… Subió de inmediato. Puso en marcha el motor y activó la apertura automática de la puerta que daba al exterior… La brutal luminosidad cegadora entró con fuerza en la estancia; afortunadamente los cristales del vehículo, el cual era de color similar al de los que utilizaba el ejército para operaciones del desierto, estaban preparados para absorber gran cantidad de radiación; por fuera eran de color oscuros y no permitían ver el interior. Cuando la puerta hubo subido del todo, Bruce pisó el acelerador y salió directo hacia donde se encontraba el equipo de científicos. Tenían algunas explicaciones que darle… quizá, incluso, ellos eran los responsables de aquel extraño suceso…
Pero cuando se aproximaba al lugar donde les acababa de ver hacía unos minutos, ya no se encontraban allí. Alcanzó a ver el vehículo alejarse hacia la sub-colonia de la que había salido para terminar desapareciendo…
-¡Mierda!- Exclamó Bruce golpeando el volante con el puño…
Detuvo el vehículo. Estaba en medio de aquella ardiente desolación, solo. Nunca antes se había aventurado tan lejos de la torre… Estaba echado sobre el volante, con los brazos cruzados y apoyados en el mismo. Necesitaba pensar…
-Claro…- Dijo incorporándose y abriendo mucho los ojos… estaba claro lo que tenía que hacer…
Decidió ir a inspeccionar la zona donde estaba situada la sub-colonia desaparecida… Arrancó y fue en esa dirección.
No estaba muy lejos de donde se encontraba. Por más que se acercaba, no veía ninguna evidencia de cuál podía haber sido el motivo de aquello… ya estaba llegando…
Entonces algo apareció a escasos metros de distancia, obligándole a dar un tremendo volantazo que amenazaba con volcar el vehículo… Y aquello, tal como había aparecido, inmediatamente, había desaparecido… El coche se había detenido.
-Pero que…- Bruce no lo comprendía… pero podría asegurar que lo que acababa de aparecer ante sus ojos (y desaparecer de inmediato)… era la sub-colonia.
Pero, eso no puede ser… ¿Qué era lo que estaba pasando allí?
De pronto vio algo reflejado en el retrovisor del lado del copiloto. Fue “reptando” de inmediato hasta situarse a escasos centímetros del mismo para comprobar lo que veían sus ojos… Era una especie de objeto que emitía un haz de luz, ahora parpadeante, como si estuviera estropeado…
-“Estropeado…”- Bruce intentaba desechar la idea que comenzaba a asomársele por la cabeza…
Bajó del vehículo y fue hasta allí, con cuidado de no hundirse en el suelo arenoso…
Pero… ¿Qué era aquello? Parecía una especie de proyector. Bruce lo examinó unos instantes y le dio unos golpecitos… De pronto, volvió a aparecer la sub-colonia ante él… para volver a desaparecer una vez más. Era un proyector holográfico. Bruce no se lo podía creer.
En ese momento, en la lejanía, vio a simple vista un nuevo equipo de científicos que bajaban de su vehículo y hacían la instalación de los instrumentos de medida… Bruce regresó corriendo a su vehículo y lo puso en marcha… aquella sería la prueba definitiva…
Arrancó con fiereza y pisó al máximo el acelerador… no estaba seguro de lo que estaba haciendo pero en aquellos momentos ya le daba igual… A medida que se aproximaba, aquel grupo de hombres no parecía percatarse de su proximidad… ni giraban la cabeza siquiera… Bruce apretó los dientes de rabia y presionó con más fuerza el pedal del acelerador a pesar de que no daba más de si… estaba a escasos metros, con el motor rugiendo, y aquellos estúpidos le ignoraban completamente…
-¡Aaaaah!- Bramó Bruce justo antes del impacto…
Pero no hubo ningún impacto. Atravesó al grupo (vehículo incluido) como si fueran fantasmas… Frenó y el coche se detuvo. Miró por el retrovisor y era como si no hubiera pasado nada… ellos seguían a lo suyo…
Ahora lo entendía todo. Regresó a la torre

Una vez allí, intentó ponerse en contacto con la base, a pesar de las indicaciones de que serían ellos los que se pondrían en contacto con él:

“No hay respuesta.”

Lo que se imaginaba. Hasta ese momento ni lo había intentado… por obedecer las malditas órdenes… ¡Le habían mentido! ¡Estaba solo en aquel infierno! Pero… ¿Por qué? Bruce le dio vueltas a esto un rato. Finalmente llegó a una conclusión: él no era un vigilante… ¡Él era un sujeto de prueba! La prueba consistía en ver cuanto podía resistir un humano en aquellas condiciones extremas…
-“Pues el experimento ha concluido”- determinó.
Se dirigió a un cajón cerrado con llave, la cual siempre llevaba encima. Abrió el cajón con la pequeña llave. De su interior extrajo una pistola. Llenó el cargador y regresó a su “puesto”…
Antes de ponerse la pistola en la sién, negó con la cabeza. Ahora tendrían que buscarse a otro para reírse de él… comenzó a pulsar el gatillo…
Entonces comenzó a escucharse un sonido. Procedía de la consola de control: un indicador luminoso parpadeaba con una luz roja. Estaba recibiendo una llamada de la base; la primera desde que estaba allí… Bruce dejó la pistola y pulsó el botón de respuesta.
-Aquí el sargento Bruce Hart, vigilante de la torre en la luna Zeta-02…- Se apresuró a informar…
Había interferencias.
-Sargento Bruce Hart… le llamamos desde la base… tenía instrucciones claras de no ponerse usted en contacto con nosotros…- Hablaba una voz femenina y aséptica.
Bruce recordó el descubrimiento que acababa de realizar y que había estado a punto de dispararse por ello…
-¡Váyanse al infierno! ¡Estoy aquí yo solo, rodeado de hologramas!- Estalló.
Al otro lado se hizo el silencio, el cual se prolongó durante varios segundos…
-Señor Hart… aquí en la Tierra hemos tenido problemas…
Bruce abrió la boca.
-¿Problemas?
Un nuevo silencio, que casi le hace perder los nervios por la impaciencia…
-Hemos sido atacados… estamos completando la evacuación… nos dirigimos a un planeta cercano a donde se encuentra usted… dentro de unas horas podemos ir a buscarle…
Bruce estaba intentando asimilar todo aquello.
-Pero… entonces… la Tierra…- Notaba como le comenzaban a asomar las lágrimas…
Las interferencias se intensificaban.
-Estamos evacuando a los civiles… pero hay gente combatiendo… estoy segura de que usted sería de gran utilidad contra las fuerzas invasoras…
Bruce, tras oír aquellas palabras, notó algo renacer en su interior…
-Estoy preparado para entrar en combate- dijo con decisión.
Al otro lado escuchó una breve risa de aprobación.
-Muy bien… permanezca a la espera… tras ser recogido, saldrá de inmediato hacia la Tierra… quizá incluso podamos vernos en persona…
Bruce se dio cuenta de que la mujer con la que hablaba seguía en la Tierra a pesar de estar siendo atacada…
-Espero que sí…- Dijo.
Nuevas interferencias.
-Espero… Esperamos su llegada, sargento Hart…
Bruce se irguió.
-Allí estaré- dijo con la mirada cambiada.
Y en ese momento se cortó la comunicación.



FIN

jueves, 18 de julio de 2013

La chica del mar

La chica del mar



Una nube transparente había cubierto momentáneamente el sol a aquella hora de la mañana, cuando no es ni muy temprano ni muy cerca del mediodía. Las gaviotas parecían haber sido ahuyentadas ante el descenso de luminosidad y temperatura; ahora la brisa marina se había transformado en un viento frío y amenazante, que silbaba entre las afiladas rocas. En las mismas, el agua rompía ahora con más fuerza, formándose una espuma que poseía ese sonido característico que se percibe mejor cuando se está más cerca… El mar ahora se había revuelto un poco, produciendo olas cada vez mayores.
Sobre una de estas rocas, viéndose cada vez más salpicado por las ahora más embravecidas aguas, se encontraba Jin, un joven de diecisiete años, de tez morena y cabello largo y revuelto de color negro; sus ojos eran de color castaño oscuro, y en aquellos momentos no quitaban la vista de la red que sujetaba con ambas manos y que se encontraba sumergida junto a la roca bajo sus pies descalzos… Iba ataviado con una camiseta blanca, tan vieja que casi no tenía ya mangas, y unos pantalones tejanos cortados un poco por debajo de las rodillas. En aquellos instantes toda su atención se encontraba en aquella red que sostenía con sus brazos…
-¡Lo tengo!- Exclamó al percatarse de que algo había quedado atrapado en la red.
Comenzó a hacer fuerza para sacarla del agua… pero, lo que fuera que hubiese capturado, pesaba bastante…
-¡Iaaaah!- Gritó con fuerza, como ayudándose para llevar a cabo el esfuerzo de sacar aquello
Finalmente, la red emergió bruscamente en su totalidad, mostrando un pez de gran tamaño que se encontraba enredado en su interior… Jin estaba exultante, rodeado por las gotas de agua iluminadas por el sol que regresaba, que acompañaban al impresionante pez capturado…
Pero entonces le cambió la cara cuando, para su consternación, se resbaló hacia atrás, soltando uno de los lados de la red…
-¡Oh no!- Se lamentó mientras caía hacia el suelo y veía claramente, medio cegado por el sol, como su captura se deslizaba por el aire de regreso a su elemento natural.
Jin se quedó sentado unos instantes, presa de la frustración; llevaba cerca de dos horas intentando pescar algo digno… y lo acababa de perder por un error de principiante.
Y es que él no era ningún principiante. Desde muy pequeño había ayudado a su padre, de oficio pescador, a realizar las más diversas tareas. Había aprendido muchos secretos del oficio, técnicas que no todo el mundo dominaba… y ahora le pasaba esto. La frustración comenzó a dar paso a la ira…
-¡Maldita sea!- Exclamó con rabia, controlándose por no golpear con el puño en la roca sobre la que se encontraba…
Se quedó un rato sentado, con los brazos cruzados delante de las rodillas flexionadas, mirando hacia el horizonte en aquel día ahora casi despejado… Volvía a hacer calor; y el agua se había calmado. Las gaviotas habían regresado. Un tiempo más propio del incipiente verano.
Al fin decidió que era hora de marcharse a casa. Había madrugado para nada… Emitió un sonido parecido a un “psé” y se incorporó con agilidad.
Entonces, tras introducir los pies en las sandalias, cuando estaba a punto de marcharse, al girarse, le pareció ver algo con el rabillo del ojo… algo en el agua. Se giró de nuevo para fijarse mejor. Durante un instante, ni un segundo, le pareció ver una figura humana, un poco a lo lejos… una mujer… Pero, tras escudriñar durante un rato el mar que se extendía ante él, llegó a la conclusión que debían haber sido imaginaciones suyas…
Ahora sí que se iba. Pero no pensaba rendirse. Regresaría mañana por la mañana, con la red vacía que tenía ahora entre sus manos.

Jin caminaba regreso a su casa por un camino de asfalto poco transitado. Desde allí, podía verse el mar a su derecha, a cierta altura y en la lejanía. Podía ver algunos barcos de pesca faenando a aquellas horas, cuando seguramente llevaran desde que despuntara el alba. Ahora hacía bastante calor.
Cuando llevaba un rato caminando, con los ojos entornados por la luminosidad reinante, vio más adelante a una chica montada en una bicicleta que se dirigía hacia donde se encontraba. La conocía. Se detuvo para esperar a que llegara a su altura…
-¡Hola Jin!- Exclamó la joven, utilizando un tono alegre.
-Hola Kara- contestó con entusiasmo moderado…
Kara era una joven de la misma edad de Jin. Tenía el cabello pelirrojo recogido en una cola no muy larga; sus ojos eran azul claro y su piel blanca; iba vestida con una camiseta de tirantes blanca con finas rayas rojas, unos pantalones muy cortos de color rojo y unas sandalias. Era muy guapa y la poca ropa que llevaba dejaba en evidencia sus desarrolladas curvas…
Jin la conocía desde que eran niños. Habían ido al colegio juntos. Incluso habían estado en muchas ocasiones uno en la casa del otro, para hacer deberes o jugar… hasta el último día. Habían quedado para que él le pasara unos apuntes del instituto. Jin había decidido que aquel sería el gran día. Por fin le diría lo que sentía por ella desde hacía mucho tiempo… Pero una llamada del teléfono móvil de Kara acabó con todo. La manera en que contestó y como le cambió la cara fueron prueba más que suficiente de quién había llamado… Desde entonces había procurado evitarla; la verdad era que no quería saber nada más de ella… nunca.
-Hace días que casi no te veo… ni siquiera por el instituto…- Comentó Kara, aparentemente despreocupada, mientras Jin no sabía hacia donde mirar para no verla directamente a los ojos…
-Yo… He estado… por ahí…- Se lamentó por aquella respuesta tan defectuosa…
Kara asintió, como queriendo mostrar que aquella respuesta le valía… Ella y él se quedaron en silencio, sin saber qué decir, durante unos incómodos segundos.
-Bueno… Me voy. Me alegro de verte…- Ahora el tono de la joven ya no era tan alegre…
-Bien, bien… Hasta luego- contestó Jin sin apenas mirarla, forzando una media sonrisa e intentando ser amable. Solo quería que se fuera.
A Jin le pareció que Kara había notado esto, ya que, tras dedicarle una sonrisa también forzada en una expresión de súbita seriedad, emprendió la marcha cuesta arriba sin decir nada más…
Jin se sintió fatal en aquellos momentos. Pero no era su culpa, pensó… La culpa era de ella…
Se giró para ver como se alejaba, sin mirar atrás… Se fijó en sus sinuosos movimientos sobre la bicicleta, embriagándole momentáneamente… hasta que sacudió la cabeza apartando la mirada, como intentando desprenderse de su influjo… No pensaba permitir volver a caer

El resto del camino fue horrible. Sentía como se iba desintegrando a cada paso; a cada paso que se alejaba de ella…
Entró en su casa, una construcción de dos pisos cuya forma recordaba a la de un faro; además, se encontraba a los pies de un acantilado, con el mar extendiéndose hacia el horizonte… Desde allí arriba se escuchaba el agua romper contra la pared rocosa, a pesar de la altura que había hasta abajo.
Su padre aún no había llegado de faenar, y su madre preparaba uno de sus deliciosos guisos en la cocina. Saludó al llegar y subió directamente a su habitación, situada en el piso de arriba.
Desde la ventana de su habitación se veía el mar. A veces se pasaba incluso horas mirando y observando cada detalle del paisaje, siempre cambiante, que tenía ante él, sentado ante su escritorio y dejando pasar la luz del día a través de la ventana… Pero aquel día, como le pasaba mucho últimamente, no tenía ganas de contemplar ningún paisaje. Tal como entró por la puerta de su habitación se tumbó en la cama y cerró los ojos. No tenía ganas de nada. Sabía que tenía trabajo que hacer del instituto… pero era sábado, tenía tiempo, decidió. Ahora no quería pensar en eso. Ni tampoco en ella; pero era imposible…
Tardó un rato en escuchar a su madre llamarle para comer. Como de costumbre, al mediodía comían ellos dos solos, ya que su padre normalmente no regresaba hasta que se ponía el sol. Al acabar, él se encargó de lavar los cacharros como hacía todos los días y dijo que subía a estudiar. Y esa era la intención… pero no podía…
Pasó el resto de la tarde mirando al techo de su habitación.
Cuando llegó su padre, la cena ya estaba preparada, como de costumbre; su madre se guiaba por el sol. Bajó, cenó, a pesar de que, al igual que al mediodía, no tenía demasiada hambre… y regresó a su habitación tras dar las buenas noches a sus padres. Ahora ya no volvería a bajar hasta el día siguiente.
Una vez de regreso en su habitación, se disponía a tumbarse de nuevo a dejar las horas pasar hasta que le venciera el sueño. Pero, como si algo lo atrajera de alguna forma, decidió dar un último vistazo por la ventana.
Aunque aún no era luna llena, había luz suficiente como para distinguir con bastante claridad el mar allí abajo; la misma se encontraba reflejada en unas aguas calmadas…
Y entonces vio algo. O por lo menos eso le pareció a él. Se acercó más a la ventana, apoyando las manos con los brazos estirados sobre su escritorio… Escudriñó el mar en la oscuridad nocturna… Nada. No vio nada. Pero, aquello que había visto (o le había parecido ver) le recordó lo de aquella misma mañana. Si había sido una ilusión… había sido la misma: una mujer en el agua.
No tenía intención de hacerlo, pero decidió que mañana temprano volvería a levantarse, no para pescar, sino para volver al mismo sitio que el día anterior e investigar…

A la mañana siguiente, se levantó incluso más temprano. Aún no comenzaba a salir el sol cuando salía por la puerta de su casa y giraba a la izquierda, subiendo la cuesta que formaba la vieja carretera, para más tarde emprender el descenso, casi en picado, hasta la pequeña cala donde solía ir a pescar. Ni siquiera llevaba la red.
Una vez allí oteó a su alrededor. Aquel día el agua estaba ligeramente embravecida. Hacía viento y algo de frío. Jin se quedó de pie sobre las rocas, con los pies protegidos por sus sandalias; la verdad es que no sabía qué esperaba encontrar.
Así pasaron unas dos horas. El sol había salido ya, pero hacía cada vez más viento… Pensó que estaba perdiendo el tiempo. Hacía muy mal tiempo como para que nada fuese tranquilamente por el agua, por lo menos por la superficie… Y parecía que esto también iba por las imaginaciones…
Pero entonces, cuando estaba a punto de irse, escuchó algo. No veía nada, ni a nadie, pero oía lo que le parecía cada vez con más convicción un canto… un canto femenino… No podría decir con seguridad de donde provenía, pero lo oía cada vez con más claridad, y más alto… Era un canto muy agradable. A medida que lo escuchaba, y lo identificaba mejor, le gustaba más y más, y notaba como si se sumergiera en otro mundo, del cual ya no quisiera salir nunca más…
Entonces una ola furiosa rompió en la roca que tenía a sus pies, empapándole y haciéndole “despertar”. Y aquel canto dulce y misterioso, comenzó a apagarse como había llegado…
Con cierta desesperación, se quedó muy quieto, en silencio, deseando con todas sus fuerzas volver a escuchar aquella canción… pero ya no se oía nada más que el mar rompiendo contra las olas.
Decidió volver, con sensación de frustración y atento por si comenzaba de nuevo mientras se iba alejando camino a casa…
Aquel día no se encontró a Kara. Le daba rabia reconocerlo, pero una parte de él deseaba que apareciera por alguna parte y le saludara con su dulce voz y su sonrisa… y entonces casi se obligó a recordar el canto de hacía unos instantes para quitarse aquellos pensamientos de la cabeza…
El día transcurrió como el anterior. Pero al llegar la noche, Jin cenó lo más deprisa que pudo y subió cuanto antes a su habitación, con el pretexto de que aún debía acabar algunas cosas para el día siguiente en el instituto. Y era verdad; pero no era ese el motivo de que regresara tan pronto a su habitación: recordó como, el día anterior, le había parecido ver aquella figura femenina desde su ventana; y esperaba volver a verla aquella noche… No dormiría si era necesario. Quería comprobar si aquel canto pertenecía al mismo ser extraordinario…
Y así pasó largo rato ante la ventana. El mar se había calmado respecto al resto del día; incluso hacía menos frío a aquellas horas que cuando había sol. Y lo volvió a oír. Al principio no se lo podía creer, pero era claramente el mismo canto que había escuchado aquella mañana… y parecía provenir del lugar donde había estado, viajando por el aire nocturno… Aunque era como si solo lo estuviera escuchando él… Mejor así, pensó… Miró al cielo y vio que había luna llena. No se lo pensó dos veces: bajó las escaleras en silencio y salió por la puerta sin hacer ruido, ya que sus padres permanecían en el salón…
Algún que otro coche se cruzó en su camino mientras se encontraba descendiendo la cuesta que llevaba a la cala. En uno de ellos iba Kara, sentada junto a su padre, que conducía. La chica reconoció a Jin de inmediato. ¿Qué hacía por ahí a aquellas horas un domingo por la noche?, se preguntó.
Jin llegó a la cala. No había dejado de escuchar el canto desde hacía un rato; y cada vez lo oía más alto y claro… y se sentía como atraído hacia la fuente de aquel sonido…
Se encontraba en el mismo lugar que ocupara aquella misma mañana. Oía el canto pero no sabía de donde provenía…
Y entonces se acordó. Hacía mucho tiempo que lo sabía pero casi se había olvidado: cerca había una cueva. Solía ir con Kara cuando eran más pequeños. Comenzó a pasar entre las rocas con cuidado… cada vez se acercaba más a aquella voz embriagadora…
Finalmente encontró la cueva. No se había movido de su sitio en todos aquellos años. Accedió al interior, con creciente ansiedad por la cercanía de su objeto de deseo…
Y la vio. La luz de la luna que se filtraba entre las rocas, iluminaba un estanque de agua salada que conectaba con el mar. Y, recostada sobre la pared de roca, con una mirada que lo atravesaba con unos ojos de un azul imposible de definir, se encontraba una mujer, de una belleza increíble, cuyo largo cabello ondulado, de un intenso tono anaranjado, le caía por los hombros, cubriendo sus pechos desnudos, al igual que su voluptuoso cuerpo medio sumergido en el agua…
El canto había cesado. Tan solo lo miraba con aquellos ojos llenos de intención… Como si le estuviesen diciendo “ven”, no pudo evitar aproximarse hasta entrar en el agua, la cual le llegaba por la cintura… Se fue acercando, atraído inevitablemente por aquel ser que sonreía de forma pícara, casi malvada… Entonces se encontró ante ella. Dobló las rodillas y aquella mujer fascinante comenzó a rodearle con sus brazos, comenzando a atraerle hacia su pecho… Jin estaba extasiado… Pensó que aquello debía ser la felicidad…
Pero entonces ocurrió algo. Jin tuvo una súbita mala sensación y miró a la cara de aquella mujer. Había cambiado. Sus ojos eran rojos y su boca, ahora llena de afilados dientes, estaba abierta de par en par y la dirigía hacia su hombro… Sus manos, ahora con garras, le sujetaban con fuerza hiriéndole… Estaba perdido…
Entonces algo golpeó al ser en la cabeza: una piedra húmeda que cayó en el agua. Comenzó a manarle sangre de la cabeza. Jin vio que estaba aturdida y aprovechó para alejarse deprisa…
-¡Kara!- Exclamó al verla aún en la posición de lanzamiento…
Pero la chica estaba con los ojos muy abiertos mirando a la mujer. Jin, al mirarla, giró la cabeza. No era una mujer: de cintura para abajo tenía el cuerpo de un pez, de escamas color esmeralda. Era una sirena. La sangre que le manaba de la cabeza, no exactamente de color rojo, comenzaba a cubrir la cola…
Kara ayudó a Jin a salir del agua y salieron corriendo de la cueva. Subieron por las rocas y llegaron a la carretera. Entonces escucharon un ruido, como algo cayendo en el agua y se giraron de inmediato… Fue un instante, pero ambos vieron algo pasar muy rápido en dirección al mar…
Ambos guardaron silencio durante unos instantes, mirando el agua iluminada por la luna llena.
-Kara… gracias…- Pudo decir, al final, Jin…
Kara no dijo nada; negó con la cabeza sonriéndole.
No volvieron a hablar de aquello. Ni se lo contaron a nadie. ¿Quién les iba a creer? Jin acompañó a Kara a su casa. Algo había cambiado entre ellos, ambos lo sabían… Jin se despidió de ella hasta el día siguiente.
Y en el camino a casa, en aquella noche, se dio cuenta de que había recuperado algo que había dado por perdido: su esperanza.

domingo, 14 de julio de 2013

El Circo

El Circo



Jim no había dormido nada la noche anterior. Y durante el día, los nervios habían ocupado la mayor parte de su tiempo. Aquella noche iría al Circo.
Cada año venía por las mismas fechas siempre el mismo circo. Pero aquel año era distinto: uno nuevo se había instalado en las afueras de la ciudad cuando aún faltaban meses para que llegara el de siempre. Jim recordaba cuándo vio el cartel por primera vez: una mezcla de emoción y entusiasmo le embargaron cuando vio la ilustración en la cual salía un domador de autómatas… ¡Lo nunca visto! Y también había acróbatas, payasos, lanzadores de cuchillos… Pero aquel circo tenía algo especial, singular… Tenía que ir. Había convencido a su tío, con el que vivía desde que sus padres murieron en un accidente de coche tres años atrás, cuando él tenía solo ocho años. Este, al principio, se mostraba reticente… pero, tras los insistentes ruegos de Jim, finalmente accedió.
Jim y su tío vivían en una casita tranquila de un barrio residencial de las afueras de la ciudad. No estaban muy lejos de donde se encontraba el circo; de todos modos, tomarían el coche. Jim contaba los minutos…
Y finalmente llegó la noche. Tras comer algo, en previsión de una cena tardía, ambos cogieron sus respectivos abrigos y salieron al exterior de la casa. Se dirigieron al garaje y, una vez que su tío abrió la puerta automática que se elevó enrollándose en la parte superior de la entrada al mismo, ambos subieron al vehículo y pusieron rumbo al Circo.

Cuando llegaron apenas vieron cola en la taquilla. La poca cantidad de coches en la zona de aparcamiento les permitió elegir un sitio rápidamente en aquella parte ligeramente apartada. Era luna nueva. Había nubes solitarias por el cielo negro de la noche…
A Jim no se le había escapado que no parecía haber mucha gente; por lo menos no tanta como cuando llegaba el circo de todos los años: una cola enorme, dificultades para encontrar un sitio en el aparcamiento… Y, además, había algo… tenía una sensación extraña… como si el ambiente estuviera cargado de algo que no podía explicar… Había observado que su tío estaba bastante serio, lo cual no era muy habitual en él… pero no quiso seguir pensando más en ello y se dirigieron al interior de aquella carpa de aspecto viejo y sucio.
Cuando llegaron al interior fue como si hubiesen entrado en otro mundo. Había abundante humo en el ambiente, a pesar de que no había mucha gente fumando en el interior; a pesar de que no había una cantidad enorme de público, sí que prácticamente todas las localidades estaban ocupadas. Pero, por un momento, le dio una impresión extraña: le pareció que aquella gente, los espectadores (por lo menos algunos de ellos)… le miraban… le observaban con una expresión extraña… como si le conocieran…
Vio que su tío se detuvo un momento antes de seguir buscando sitio. Jim se temía que dijera que debían irse de allí… Pero, finalmente, como a regañadientes, se aproximó a dos localidades vacías y le indicó a su sobrino que se sentara en primer lugar…
Allá abajo, en el escenario, no muy lejos de donde se encontraban aún no había nada; ni nadie…
Pasaron varios minutos. De pronto, los presentes iban guardando silencio… y las luces se iban apagando… El Espectáculo iba a comenzar…
Unos tambores comenzaron a sonar, incrementando progresivamente de intensidad… hasta acabar en un fuerte choque de grandes platillos. Al tiempo que esto ocurría, un haz luminoso proyectado por un foco situado en la zona alta de la carpa se encontraba situado a la entrada formada por dos altos y amplios telones de un color rojo apagado… Y de la cual surgió alguien. Era el director del circo. Vestía elegantemente, con su ropa típica de director circense: pantalones blancos ceñidos a su cuerpo con sobrepeso, una casaca roja con botones y galones dorados que parecía a punto de reventar… guantes de un blanco impoluto… botas negras… sombrero de copa del mismo color… y un micrófono en la mano, cuyo cable se perdía semienterrado en la arena del escenario en las profundidades del abismo, de donde parecía haber surgido aquel tipo de barba larga y bigote estilizado de color gris, con nariz aguileña y ojos, que parecían querer salir de las órbitas, de un azul extraño, claro y que parecía ocultar sus pupilas, bajo unas cejas espesas que dibujaban una expresión terrible en su rostro rosado, con el cabello largo y gris oscuro cayéndole por encima de la casaca, sobre un ligero encorvamiento de aquel tipo que andaba de forma extraña, como si hubiese aprendido hacía poco… Entonces, el micrófono emitió un desagradable sonido agudo que casi le dolió a Jim en los oídos…
-¡Damas y caballeros! ¡Bienvenidos al Circo de la Oscuridad!- Exclamó, solemne, como poseído por una fuerza superior que hablara a través de él…
Jim sintió un escalofrío. ¿Circo de la Oscuridad? No se había fijado en aquel nombre… De hecho, no recordaba haberlo visto escrito en ninguna parte…
Pero parecía que él era el único al que esto le llamaba la atención, ya que el resto de la audiencia (incluido su tío) aplaudía encantado… El hombre que estaba ahí abajo miraba satisfecho a su público, esbozando una inquietante sonrisa…
-¡Y ahora… Que comience el Espectáculo!- Bramó el director del circo elevando la voz hasta el cielo de la carpa…
Acto seguido, se dio media vuelta de modo marcial y desapareció entre los telones al tiempo que el foco se apagaba de forma momentánea… Durante largos segundos el público permaneció expectante… en silencio…
Y entonces volvió a encenderse el foco. Pero esta vez no era hacia abajo que estaba enfocado… sino hacia arriba. Allí, en lo alto, sobre una especie de columpio formado por una barra delgada de metal sujeta por dos hilos finísimos que casi ni se veían, se encontraba una figura femenina esbelta y en una postura  estirada, con la cabeza hacia arriba, las manos sujetas a los cables y una pierna recogida y otra estirada. Jim se fijó mejor en aquella mujer hipnotizante: iba ataviada únicamente con lo que parecía un bikini de lentejuelas plateadas con piedras brillantes de color azul; aparte de esto, unos guantes blancos que le llegaban casi hasta el codo y una diadema que le sujetaba el largo cabello recogido. Cuando Jim se fijó más aún se dio cuenta de que permanecía con los ojos cerrados… Entre el público se escuchaban murmullos de admiración, tanto por parte de hombres como de mujeres…
De pronto un redoble de tambor comenzó a sonar. La mujer se puso en pie, mostrando claramente sus encantos. Ahora tenía la total atención de los presentes… Y con un progresivo balanceo, comenzó a desplazarse a toda velocidad por el cielo de la carpa, pasando de aquella especie de columpio a un nuevo asidero, girando y dando vueltas en el aire, sin perder aquella enigmática sonrisa… aquel bello ser parecía de otro mundo… A la vez que se desplazaba por el cielo del circo, la acompañaban haces de luz de diferentes tonos de azul, iluminándola en los momentos precisos que quedaba con alguna postura imposible en medio de un salto mortal… La distancia hasta el suelo era enorme… Los tambores también sonaban al ritmo de las acrobacias, acelerándose por momentos, indicando que el final estaba próximo…
Finalmente sonó un gran choque de platillos. La acróbata se detuvo de pie sobre uno de los columpios, mirando hacia el público, recortada por un haz de luz blanca que apenas dejaban ver aquel enigmático rostro que se adivinaba de una belleza sobrenatural, pero que no llegaba a distinguirse… solo los ojos…
Durante un instante, a Jim le pareció que aquellos ojos lo miraban solo a él… Junto a una sonrisa… maléfica. Aún así, fascinante…
La luz se apagó, sumiendo en la oscuridad el interior del recinto. Cuando volvieron a iluminarse algunos focos, aquel ser lleno de sensualidad había desaparecido. Como si solo hubiera sido un sueño…
Ahora era la pista de arena la que estaba iluminada. Volvió a aparecer el dueño del circo, caminando con la cabeza gacha y mirando hacia abajo, quedando su rostro oculto bajo el sombrero de copa… Esta vez no le había acompañado ningún foco; había surgido de la oscuridad…
Se detuvo en medio del escenario.
-¡Damas y caballeros! ¡A continuación un número que nunca habrán visto en ninguna otra parte! ¡Algo increíble! ¡Algo que jamás podrán olvidar…! ¡El Domador de Autómatas!
Había llegado la hora de ver qué era aquello de un domador de autómatas. Jim casi no podía controlar la emoción…
Nuevamente la oscuridad hizo acto de presencia, tras una nueva e inquietante sonrisa de aquel tipo, mostrando los dientes… Cuando volvió a hacerse la luz de golpe, iluminando claramente la pista, el dueño del circo ya no estaba. Como si se hubiera esfumado… Durante algunos minutos no sucedió nada. Incluso había algunos entre el público que parecían ponerse impacientes…
Y entonces comenzó a pasar. Un sonido proveniente del lugar oscuro de donde surgía el dueño del circo llegaba hasta los oídos de los allí presentes… Jim lo escuchaba cada vez con más claridad… parecía el mecanismo de un reloj… varios mecanismos, de hecho… mezclados con pasos y otros sonidos que no sabría definir…
Y entonces aparecieron. Uno a uno, comenzaron a aparecer sobre la pista de arena lo que parecían unos seres mecánicos, de baja estatura y aspecto antiguo, como si fueran niños de más o menos la edad de Jim, que avanzaban torpemente, en ocasiones chocándose unos con otros, y desplegándose, para asombro de los espectadores, por todo el escenario… Tras ellos, apareció un tipo alto, de aspecto severo, con bigote largo y negro, llevando el traje típico de domador de circo, aunque viejo y raído, con un látigo en la mano que no tardó en comenzar a utilizar cuando uno de aquellos autómatas comenzaba a desviarse (cosa que en todo momento parecía a punto de ocurrirles a los demás)…
Llegó un momento en que todos los autómatas terminaron de salir al escenario. Cada uno era una entidad independiente que parecía aislada de todos y de todo lo demás… Su atención se centraba en seguir caminando, sin detenerse, con aquel paso irregular propio de su condición de autómata… Tras unos minutos, Jim vio algo en aquellos autómatas que no le gustó nada: sus ojos. Al contrario que el resto de su cuerpo, aquellos ojos que parecían humanos… De hecho, algunos parecían mirar con desesperación en todas direcciones, mientras daba la impresión de que se caerían en cualquier momento debido a sus piernas de precarias articulaciones… Mientras tanto, el brutal domador no dejaba de lanzarles sonoros latigazos cada vez que alguno empezaba a alejarse más de lo normal…
Entonces Jim hizo algo que nadie más hizo. Se puso a observar al público que tenía a su alrededor. Todos estaban ensimismados en aquel espectáculo perturbador; encantados, fascinados… Incluso su tío parecía que no estuviera allí… Algo pasaba en aquel lugar.
-Tío. Voy al baño- le dijo Jim, no muy seguro de que este le hubiese oído…
Sin intentar repetírselo, se levantó y se encaminó hacia una de las salidas, la que llevaba a la zona de carromatos… Una vez fuera, el silencio contrastaba con el ambiente estridente del interior. Miró a su alrededor; la verdad era que sí necesitaba ir al baño…
Se internó entre los pocos carromatos que formaban aquella misteriosa compañía, buscando el lugar donde se debían encontrar las letrinas (el otro circo lo tenía)…
Entonces, al pasar al lado de uno de los carromatos, se dio cuenta de que tenía luz… Jim no pudo evitar asomarse…
Al otro lado del sucio cristal, descubrió al que seguramente era el mago de aquel circo… aunque sus ropas, al igual que las de los otros (a excepción de la acróbata), estaban ajadas y sucias… y era muy malcarado y desaliñado… En aquellos momentos golpeaba con furia con una especie de varita un sombrero de copa (viejo y algo roto) colocado boca arriba y que se doblaba como un acordeón para rabia y frustración del mago, que tenía que ir colocándolo continuamente… Finalmente, este dio un último varitazo. Entonces Jim, semioculto y asomado, abrió mucho los ojos: del sombrero comenzó a emerger un ser horrible, como si saliera de una ciénaga, verde, de ojos amarillos y dientes afilados… El mago comenzó a golpearlo frenéticamente con la varita mientras este trataba de protegerse con una mano enorme de garras temibles… Finamente aquel mago, ahora empapado de sudor, más despeinado aún y con la ropa descolocada, consiguió devolver a aquel ser al lugar del que provenía…
Debían marcharse de aquel circo inmediatamente, pensó Jim. Ya iría al baño más tarde…
Pero antes de regresar para buscar a su tío, algo le llamó poderosamente la atención: uno de los carromatos cercanos tenía la luz encendida… y la puerta abierta. Era como si una fuerza desconocida lo atrajese hasta allí… Jim, prácticamente, no pudo evitar dirigirse hacia aquel lugar…
Mientras escuchaba al mago hacer más ruidos extraños, comenzó a pasar con cautela al interior del carromato… Parecía que no había nadie. Observó atentamente la estancia: el desorden era la nota predominante de aquel sitio; botellas vacías de licor se encontraban apiladas aquí y allá… Jim dedujo que aquel carromato debía pertenecer al dueño del circo; eso quería decir que no tardaría demasiado en regresar…
Y entonces descubrió algo. Un tablón en la pared, torcido, lleno de fotografías: niños. Pero él había visto antes a aquellos niños… y hacía poco… Observó que eran fotos tomadas sin que ellos se dieran cuenta mientras accedían al interior… ¡del circo! ¡De aquel circo! ¿Qué significaba aquello?
Entonces tuvo un mal presentimiento. Miró bien las fotos de aquellos niños y niñas de más o menos su edad que iban llenos de ilusión a ver el espectáculo acompañados de sus familiares, o con amigos…
…Y encontró su propia foto. Era la última. Le recorrió un escalofrío. Y entonces cayó en la cuenta… ya sabía donde había visto antes a aquellos niños… ¡Eran los autómatas!
Entonces escuchó un ruido tras él precedido por un fogonazo blanco; era el clic de una cámara de fotos, antigua… Jim se giró de inmediato y se encontró… al payaso; un tipo de dos metros, de maquillaje terrible y expresión maligna, vestido con ropas chillonas y enormes zapatones, que lo miraba con una sonrisa burlona mientras sostenía una cámara de fotos como las que ya no se encontraban hoy en día…
Jim estaba atrapado. El payaso comenzó a dirigirse lentamente hacia él… Jim buscó desesperadamente a su alrededor para ver si encontraba algo con lo que defenderse… el payaso se sabía victorioso…
Entonces Jim observó el amplio hueco que había entre las piernas de aquel monstruo. Sin pensárselo dos veces, y cuando ya casi lo tenía encima, agarró la cámara y la elevó con fuerza, golpeándole en la barbilla, disparándose la misma… Aprovechando el momento, se deslizó por debajo y salió corriendo al exterior del carromato. Oyó al payaso aullar tras él… Al pasar al lado de otro carromato, vio que también estaba abierto y pudo distinguir que el suelo estaba recubierto de paja… y las paredes llenas de grilletes…
Entonces, cuando se dispuso a seguir corriendo, al girarse, se encontró de nuevo ante el payaso que había llegado dando un rodeo… Este lo cogió por los hombros y parecía que le mordería con aquella boca hedionda de dientes malformados…
En ese momento, una botella se rompió en la cabeza de aquel tipo, el cual perdió el conocimiento de inmediato cayendo al suelo y soltando a Jim, que también cayó a pesar de estar a punto de evitarlo…
-¡Tío!- Exclamó entre alegrándose y sorprendido al ver como aquel hombre tan pacífico sostenía la botella rota con manos temblorosas mientras observaba al payaso tendido en el suelo, boca abajo…
-¡Vámonos Jim! ¡Algo ocurre en este circo!- Le dijo su tío al tiempo que le llevaba hacia donde tenían aparcado el coche…
Llegaron corriendo. Pero había algo extraño. Su coche era el único que había en aquellos momentos en el aparcamiento. El tío de Jim sabía que nadie más se había movido de su asiento cuando él despertó… De hecho, podían oír perfectamente a la gente reír y aplaudir desde el interior de la carpa…
-¡Tío, espera!- Exclamó Jim justo cuando subieron al coche y cerraron las puertas.
-¿Qué pasa, Jim?- Preguntó su tío, muy nervioso.
-Los autómatas… son niños en realidad…- Dijo, recordando inevitablemente que él había estado a punto de convertirse en uno de ellos…
Su tío comenzó a intentar arrancar el coche… que se resistía…
-Iremos a pedir ayuda. Volveremos- aseguró, con su característico sentido de la justicia.
Finalmente el coche arrancó y se fueron de allí.

Más tarde, al llegar a la ciudad, se dirigieron de inmediato a la comisaría de policía y contaron aquella extraña historia. Aún con reticencias, enviaron una patrulla al lugar. Al alba, Jim y su tío aún se encontraban allí, esperando…
El coche de policía se detuvo en el descampado. Los dos agentes bajaron, lentamente, con la boca abierta… Allí no había ningún circo… ni nada parecido…
Pero lo que sí había era un montón de muchachos tirados por el suelo, aparentemente dormidos, iluminados por los primeros rayos de sol de la mañana.



Fin

miércoles, 10 de julio de 2013

6 Warriors - Capítulo 18

6 WARRIORS

El maestro Bo.


-Y-Yi…- Por algún motivo, Gavin deseaba que todo aquello no estuviera pasando…
Yi estaba de pie, bajo el cielo estrellado, entre la entrada al edificio de la escuela y la escalinata que bajaba hasta el lugar donde se encontraban aquellos dos… La chica no decía nada. En su rostro no se adivinaba emoción alguna… Pero en sus ojos…
Lin no se había dado cuenta hasta ese instante de la presencia de la joven… Al girarse y verla ahí plantada, estorbando, vio una furia en su mirada que conocía perfectamente… Entonces bajó la vista y observó a Gavin, que tenía la mirada clavada en aquella entrometida, ignorándola completamente… Aquella situación pareció durar una eternidad…
Entonces Yi, sin decir una palabra, y como si no hubiera visto nada, se dio media vuelta de forma brusca y desapareció en el interior del edificio…
Gavin sabía que la cosa era grave
-¿Es tu novia?- Preguntó Lin, recordándole de pronto que aún la tenía encima…
Gavin intentaba zafarse con cuidado de la chica, intentando ignorar su fragancia femenina…
-¿Qué? No… No, qué va…- Hablaba apesadumbrándose por momentos…
Pero, ¿por qué?
Lin se daba cuenta de que aquel muchacho no estaba en aquellos momentos por la labor… A su pesar, se incorporó, dejándolo libre… La chica se lo quedó mirando mientras Gavin se sentaba en el suelo con la cabeza gacha… No parecía que el joven fuera a decir nada más…
-Me voy. Pero volveré. No me pienso rendir…- Dijo la chica, con una decisión que sorprendió a Gavin…
Este levantó la cabeza para verla… Pero ella ya se había marchado, desapareciendo en la oscuridad de la noche…
Gavin aún se quedó un buen rato ahí sentado, abrazando las rodillas flexionadas, mirando hacia el cielo e intentando entender qué es lo que había pasado esa noche…

A la mañana siguiente nadie habló durante el desayuno. El ambiente estaba enrarecido y todos eran conscientes de ello, aunque nadie dijo nada al respecto…
-¿Me pasas la mantequilla, Yi?- Le pidió de forma despreocupada Yun, que había ido a desayunar con ellos como hacía a veces…
La chica se la pasó de forma instantánea y seca, sin mirarle. Yun se quedó mirando el cuenco de la mantequilla, casi asustado…
-Gra… Gracias- dijo.
Gavin no dejaba de lanzar miradas fugaces a la joven, que era plenamente consciente de ello y le ignoraba totalmente. Pero Xin se había fijado en ambos; y sabía que algo había pasado…
Huei sabía que ocurría algo, pero decidió que no era de su incumbencia y siguió llenando el estómago. Han pensó que era demasiado pronto para intentar interesarse por los asuntos personales de sus amigos. Y Bo terminaba su desayuno levantándose y estirándose con los puños hacia arriba lleno de satisfacción…
-Uuuaaaaah, ¡qué bien he comido! Creo que voy a dar una vuelta para bajar el desayuno- hizo una breve pausa, como si recordara algo- Por cierto… ¿No oísteis ruidos anoche? ¿O es que yo lo he soñado?- Preguntó de forma absolutamente inocente…
Pero aquello estuvo a punto de provocar un desastre. Yi le lanzó una mirada asesina a Gavin, que se sintió arrasado por la misma… Xin se sobresaltó al verlo… Los demás, a excepción de Bo, notaron este súbito cambio y se preguntaban qué era lo que pasaba…
-¡Bueno, vuelvo luego!- Se despidió Bo jovialmente agitando la mano cuando ya se estaba yendo y sonriendo ampliamente, mientras dejaba tras de si aquel tenso escenario provocado por él mismo sin darse cuenta…

Bo caminaba por los alrededores de la escuela, por las calles de las casas que se encontraban más cerca. Aquella era una zona tranquila, a pesar de la evidente pobreza que denotaban aquellas construcciones que se sostenían precariamente. En la mayoría tenían animales: perros, gallinas, algún burro o mula… Y solían verse niños jugar con lo primero que encontraban, sucios y descalzos… pero felices…
-¡Dejadme en paz!- Oyó una voz proveniente de más adelante, girando la esquina, de un chaval…
Bo aceleró el paso y se dirigió hacia el lugar de donde provenía aquella voz… Al girar la esquina, y ocultándose de inmediato, vio a un muchacho de unos diez años, rodeado de otros de su misma edad, con no muy buenas intenciones…
-¡Calla idiota! ¡Aquí se hace lo que nosotros decidimos! ¡La “Banda de las Hienas”! ¡Ja, ja, ja,ja,ja!- Reía el que parecía el cabecilla de los otros, un chaval de estatura media y complexión fuerte para su edad y tez morena, de pelo en cresta color azul y ojos del mismo color; vestía con una camiseta sin mangas blanca, aunque sucia, unos pantalones cortos color verde oscuro, y unas sandalias marrones muy gastadas.
Bo, con expresión seria, se dio cuenta enseguida de que aquello no parecía ningún juego…
-¡Os he dicho mil veces que no pienso formar parte de vuestra banda!- El muchacho dijo esto último de forma despectiva; y no le gustó nada al “cabecilla”…
Bo se fijó en el chaval que estaba rodeado por el “líder” y cuatro más: tenía el pelo corto y castaño, algo revuelto, y los ojos del mismo color; también era de estatura media y complexión ni muy débil ni muy fuerte; vestía con una camiseta algo rota de color blanco, pantalones marrón claro y sandalias negras, aunque manchadas por el polvo.
-¡Basta! ¡A por él!- “Ordenó” el chaval de la cresta…
Entonces Bo, un instante antes de salir en ayuda del chico, se sorprendió al ver como este adoptaba una postura de combate bastante buena… Decidió detenerse un segundo para ver qué ocurría…
Uno de los “secuaces” del chaval de la cresta, un chico delgado y rapado al cero, le lanzaba un puño al bulto al muchacho, que esperaba en posición de guardia… Ante el asombro de Bo, el chico detuvo el golpe con una mano y le devolvió el puñetazo, en la cara, al otro, que retrocedió llevándose una mano a su dolorida nariz, a punto de saltársele las lágrimas…
-¡Me has hecho sangre! ¡Buaaaaa!- Salió corriendo escandalizado por la sangre que le manaba de la nariz, ante la mirada de alarma de sus compañeros y de hastío de su “líder”…
-¡Ja! ¡No me extraña que necesites nuevos miembros en tu banda de pacotilla…!- Se burlaba el chaval esbozando una sonrisa jactanciosa…
-“Vaya. No parece que sea tan desvalido…”- Pensó Bo, interesándose mucho por el rumbo que estaba tomando aquello…
El “cabecilla” vio a los otros tres que casi temblaban mirando a aquel creído que permanecía en guardia…
-¡¿Qué es lo que estáis haciendo?! ¡Id a por él ahora mismo!- Exclamó enfurecido a los suyos.
Estos se dispusieron a obedecer; le tenían más miedo todavía a su “líder” que a aquel listillo… Aquello se ponía interesante, pensó Bo. Ahora tendría que enfrentarse a tres a la vez…
-¡A por él!- Exclamó uno de ellos, un chaval de ojos pequeños y cabello rizado.
-¡Vamos!- Convino otro, más bajo y rechoncho.
-¡Te vas a enterar!- Exclamó el que quedaba, el más larguirucho y con los dientes prominentes.
El muchacho estaba envalentonado… les esperaba muy seguro de si mismo…
-¡Iaaaaa!- Exclamó el primero lanzando un torpe golpe de puño…
El muchacho sonrió confiadamente antes de disponerse a detenerlo con relativa tranquilidad… Pero la sandalia del pie derecho se le desató inesperadamente justo cuando movía el pie, haciéndole perder el equilibrio… y, para su consternación, aquel puño le dio de lleno en la cara… El chaval que le había golpeado no se lo podía creer.
-¡Es nuestro!- Animó a los otros.
El muchacho, a pesar de sus esfuerzos por mantenerse en pie, cayó hacia atrás con el trasero en el suelo… Lo siguiente fue una lluvia de golpes con puños y pies que le propinaron los tres miembros de la “Banda de las Hienas”, levantándose una polvareda… Bo se llevaba una mano a la cara; no quería ni verlo…
Tras desaparecer la polvareda, apareció el muchacho tumbado boca arriba, lleno de golpes y magulladuras y quejándose lastimeramente… El “líder” de la banda se acercó, mirándolo con altivez…
-Ahora sabes de lo que somos capaces. Tú decides: únete a nosotros o…- Dijo y chocó el puño contra el hueco de la otra mano, como conclusión a sus palabras, mientras sonreía con malicia al igual que los otros tres desde atrás…
El muchacho no se vio con fuerzas para responder… El “cabecilla” volvió a hablar.
-¡Vámonos! Volveremos al atardecer, para ver si has cambiado de idea, je,je,je…- Se giró riendo, como un auténtico líder de una banda, seguido de sus “secuaces”…
Y se fueron dejándolo en el suelo, tirado…
Cuando vio que aquellos niños temibles se habían marchado, Bo decidió acercarse para ver cómo se encontraba aquel pobre chaval…
-¿Te encuentras bien?- le preguntó.
Entonces observó que estaba conteniéndose para no arrancar a llorar… no por el dolor, sino por la rabia, sobretodo… Bo se dio cuenta de esto.
-¡No se saldrán con la suya…!- Exclamó el muchacho, intentando levantarse con esfuerzo…
Bo no le ofreció su ayuda porque sabía que no la aceptaría… Entonces se acordó de algo…
-¡Oye! ¡Peleas muy bien! Lástima lo de la sandalia…
El muchacho se quedó perplejo.
-¿Cómo sabes lo de la sandalia? Nadie excepto yo se ha dado cuenta…
No sabía por qué pero Bo pensó que había hablado demasiado…
-Eeh… no, nada… Me lo había parecido…- Dijo, haciéndose el despistado, sin resultado…
-¿Quién eres tú?- Quiso saber el muchacho, perspicazmente…
Bo se llevó una mano a la nuca.
-¿Yo? Me llamo Bo…
El chaval decidió que aquel tipo le caía bien.
-Vale. Yo me llamo Maly.
Entonces aquel muchacho pareció derrumbarse.
-¿Cómo voy a acabar con ellos…? Son cuatro. Y su líder es el peor…- Se lamentaba, como si Bo no estuviese delante…
Bo le miraba, dudando. Finalmente se decidió.
-¡Está bien! ¡Yo te ayudaré!- Dijo, exultante.
El chaval lo miró sin entender, parpadeando.

Kein calentaba en una cacerola vieja un mejunje cocinado por él mismo, en un improvisado campamento resguardado por un grupo de pequeños árboles, cuando llegó Lin haciendo sonar las ramitas secas que había por el suelo. Al oírla, aquel se detuvo.
-¿Dónde has estado? Esta noche desapareciste- le habló él, muy serio, sin girarse y mirando al frente.
Lin no contestaba. Miraba de un lado a otro, entre culpable e indiferente… Kein siguió hablando.
-¿Has ido a verle, no?- Le preguntó, no queriendo, realmente, oír la respuesta…
Ella tan solo se sentó en el suelo, apoyada en un delgado tronco, recogió las rodillas y se las abrazó, apoyando la cabeza en las mismas y quedándose pensativa mirando a un lado. No respondió.
Kein estaba intentando mantener la calma… Volvió a intentarlo una vez más, esta vez girándose…
-Espero que no hayas olvidado todo lo que he hecho por ti…- Le recordó
Lin levantó la cabeza, dirigiendo una mirada desafiante a Kein.
-No. No lo he olvidado.

-¡Vamos, vamos! ¡Solo tienes hasta el atardecer!- Animaba Bo a Maly, el cual transportaba con grandes dificultades dos cubos de madera, uno en cada mano, llenos hasta arriba de agua, y subiendo unas empinadas escaleras que parecían no acabarse nunca…
-¡Uuuf! ¡Humpff!- El muchacho hacía un gran esfuerzo, subiendo cada vez más lentamente mientras sentía como le temblaban las delgadas piernas…
Bo le observaba mientras iban ascendiendo.
-¡Venga! ¡Solo es la tercera vez que subes! ¿Sabes cuantas veces lo hacía yo a tu edad…?
Entonces el muchacho, cayendo en la cuenta de la panza que tenía el tipo que le estaba entrenando, se detuvo en seco…
-¿Cuántas?- Le preguntó mirándolo fijamente…
Bo no se esperaba que se lo preguntara…
-¡Eeeh…! ¡Estooo…! ¡Muchas!- Dijo al fin, esperando haber sido convincente…
Maly, tras dudar un instante, se giró de nuevo al frente y prosiguió el ascenso…

-¡Venga, venga!- Urgía Bo a Maly, que corría desesperadamente mientras un perro de considerable tamaño perseguía la suculenta chuleta que el chaval llevaba en una mano…
-¡Uuuaaaaaaah!- El chico estaba tentado de lanzar el trozo de carne a un lado antes de que le alcanzara aquella bestia

-¡Aguanta, aguanta!- Le decía Bo al muchacho, metido dentro de un barril de agua mientras el joven le aguantaba la cabeza para que no pudiera salir antes de tiempo…
-“¡¿Y esto de qué me sirve…?!”- Se preguntaba el chaval mientras se llevaba las manos a la boca por donde se le salía de una bocanada el poco aire que le quedaba…
Bo se percató de que ascendían numerosas burbujas y que Maly se agitaba mucho… Le sacó de una vez tirándole de la parte de atrás del cuello de la camiseta. Maly estaba sin aire, tratando de recuperarse…
-¡Vale! ¡Una vez más!- Exclamó Bo enérgicamente, tras considerar que el muchacho había tenido tiempo suficiente de recuperación, mientras sumergía de golpe a un Maly que trataba de protestar sin conseguirlo…

Ahora se encontraban en un callejón solitario. Maly estaba baldado…
-¡Vale! Ahora practicaremos reflejos- anunció un animado Bo.
Miró a su alrededor y sonrió brevemente al encontrar lo que buscaba: una escoba vieja apoyada en un muro casi derruido. Fue a buscarla y le quitó la parte con la que se limpiaba. Maly se preguntaba qué harían ahora… aún no estaba muy seguro de que aquel tipo supiera lo que hacía…
Bo se acercó a donde estaba el muchacho mientras miraba el palo que había obtenido. Entonces, súbitamente, atacó a Maly con el mismo, apartándose este de inmediato… Bo, aún sosteniendo el palo, le miró agradablemente sorprendido.
-Muy bien. Lo has hecho bien. ¡Ahora veremos que tal!- Exclamó comenzando a atacar indiscriminadamente a Maly…
Este, tras la sorpresa inicial, comenzó a intentar evitar aquellos ataques como podía… algunos los esquivaba… pero muchos otros no…
Al cabo de un rato, Maly estaba sentado, dolorido, en el suelo, apretando los dientes por la rabia y el dolor, mientras Bo estaba de pie junto al palo, en posición vertical y clavado en el suelo, viéndolo con fingida incomprensión…
-¿Ya? Ese chaval te va a pegar una paliza…- Dijo.
Pero aquello hizo reaccionar a Maly.
-¡No lo permitiré! ¡Pero no será gracias a tus estúpidos entrenamientos…!- Le gritó.
Bo no se ofendió en absoluto. Pero a Maly le supieron muy mal aquellas palabras y bajó la vista avergonzado…
-Lo siento…- Dijo, ya más calmado.
Bo sonrió. Entonces le picó la curiosidad.
-Oye. ¿Y quién es ese chaval? ¿Por qué os lleváis tan mal?
Maly casi se alegró de que le hiciera aquella pregunta.
-Se llama Cai. Y nos conocemos desde que éramos pequeños. Siempre solemos pelearnos. Y ahora, además, ha decidido formar su propia banda…- Hablaba algo compungido, le pareció a Bo…
Maly sacudió la cabeza y comenzó a incorporarse, recordando cómo le dolía todo el cuerpo… Entonces, impresionando a Bo, se colocó de forma respetuosa frente a él.
-Quiero seguir…- Le pidió.
Bo no pudo más que sonreír satisfecho…

Había llegado la hora. Cai esperaba con los otros cuatro miembros de la banda en un solar, bajo el sol descendente en el cielo anaranjado…
-¡Ahí está!- Avisó el que había sido golpeado por Maly en la nariz, con los orificios nasales debidamente taponados, al verle llegar- ¿Mm? ¿Quién es ese?
Los demás también comprobaron que Maly no venía solo…
Maly llegó al lado de Bo. Cai se adelantó.
-¡¿Qué pasa?! ¡¿Has encontrado a un protector o algo así?!- Dijo, entre la burla y el enfado…
Bo no dijo nada.
-Él no peleará. Solo ha venido a mirar- aclaró Maly.
Cai pareció conforme, aunque sus secuaces se mostraban recelosos…
Bajo el sol tembloroso, ambos contendientes se encontraban frente a frente, preparados…
-Recuerda: si ganas, te dejaremos en paz. Pero, si pierdes…- Intentó acabar…
-Ya, ya… Me uniré a tu estúpida banda…- “Completó” Maly…
Cai sonrió, a pesar de que aquello no le había gustado nada…
-¡De acuerdo! ¡Que gane el mejor!- Exclamó Cai, provocando que Maly se pusiera en guardia…
Los otros cuatro chavales, en un extremo, y Bo, en el otro, miraban con atención lo que pasaría a continuación…
-¡Acabemos con esto!- Exclamó (como si se lo hubiera oído decir a alguien con anterioridad) Cai antes de lanzarse al ataque…
Maly le esperaba, con inesperada tranquilidad… Aquello irritó a Cai, que ya le tenía a su alcance…
-¡Aaaaah!- Exclamó Cai, lanzando un puño a la cara de Maly…
Este, sin apartar la vista, aparentemente calmado, tan solo tuvo que apartarse… Aquello Cai no se lo esperaba… Se giró hacia Maly y volvió a repetir el ataque, pero con el otro puño… Maly lo volvió a evitar. Cai no se lo explicaba.
Bo sonreía, viendo las evoluciones de su chaval. Los otros miembros de la “banda” no se explicaban lo que estaba pasando…
-¡Iaaaah!- Volvió a exclamar Cai intentando propinarle una patada circular a Maly…
Y este la volvió a evitar; pero ahora respondió con un puñetazo, el cual impactó de lleno en el estómago de Cai…
Este se retiró hacia atrás; no esperaba que le hubiese hecho tanto daño… Aún con los brazos cruzados sobre la dolorida barriga, levantó la mirada y, con el ojo que no tenía apretado, vio que su rival permanecía ahí, de pie, esperándole en guardia. Pronto se olvidó del dolor…
-¡Aaah! ¡Ahora verás!- Exclamó enfurecido lanzándose hacia Maly.
Este comprendió que Cai atacaría con todas sus fuerzas y decidió provocar un choque, que era inevitable, lanzándose a por él… Bo y los otros cuatro observaban expectantes el desenlace que estaba próximo…
Ambos intercambiaron varios golpes… tanto uno como otro conseguían alcanzar al otro en ocasiones… y recibir en otras… El agotamiento solo les permitía un ataque más…
-¡Iaaaaa!- Exclamó Cai…
-¡Uaaaah!- Exclamó Maly…
Ambas figuras apenas se distinguían bajo el fulgor del sol de la tarde que acababa, lanzadas una hacia la otra…
-¿Qué hacéis?- Preguntó una voz femenina que nadie se esperaba…
Tanto Cai como Maly se detuvieron de inmediato al oírla…
-¿Hermana?- Dijo Maly.
Cai se giró hacia donde miraba Maly. Luego los otros miembros de la “Banda de las Hienas”. Y luego Bo.
Este vio a una joven de su edad, alta y de cabello largo y castaño, al igual que sus grandes ojos. Vestía con una camiseta de tirantes blanca, pantalones cortos sueltos azul oscuro estampados y unas sandalias marrón claro. Llevaba una cesta cargada con lo que parecía la compra. Miraba con expresión reprobadora a ambos chavales.
-Ya estamos otra vez…- Les reprendía, aunque con una voz dulce que era música para los oídos de Bo…
Tanto Maly como Cai estaban ciertamente avergonzados en aquellos momentos…
-Hermana, es queee…-Intentó explicar Maly…
-Venga, que es tarde- le dijo, tendiéndole una delicada mano iluminada, al igual que el resto de su piel, por los rayos de sol anaranjados…
Entonces Bo quedó perplejo. Maly se acercaba a Cai… Y ambos sonreían.
-¡Ha sido genial!- Exclamó Cai.
Ambos se estrecharon la mano borrando cualquier signo de hostilidad… Resulta que eran amigos…
-¡Sí! Aunque yo he tenido ayuda…- Reconoció Maly.
Tras lo cual se dirigió derecho a Bo, que no entendía nada…
-Muchas gracias, maestro Bo- le dijo, haciéndole una reverencia.
Bo se sintió abrumado.
-¿Ma… Maestro? No… Yo no…- Intentaba aclarar…
Entonces la hermana de Maly se acercó a este (y, por lo tanto, también a Bo) volviéndole a tender la mano, que esta vez si cogió. Maly le dirigió una mirada de despedida a Cai que este le devolvió…
-¡Vamos, chicos! ¡Creo que ahora formaremos una escuela de artes marciales! ¡Del estilo de la Hiena!- Hablaba Cai en voz alta, mientras se alejaba seguido de los otros cuatro, los cuales intercambiaban miradas que denotaban que siempre era lo mismo…
Entonces, la hermana de Maly le dirigió una amable sonrisa a Bo, haciendo que este se sonrojara, mientras comenzaba a alejarse con el muchacho cogido de la mano, que agitó la otra despidiéndose de su maestro
Este le devolvió el gesto, distraído…
-Oye, ¿quién es tu amigo?- Le preguntó su hermana a Maly, con cierto interés…
Maly sonrió lleno de orgullo, girándose hacia Bo, mientras este permanecía inmóvil, mirando a la joven como un pasmarote, cuando una brisa momentánea movía hojas secas del suelo…
-¡Es el maestro Bo!