lunes, 31 de diciembre de 2012

La Misión de Lehmin - Capítulo 1

La Misión de Lehmin

El robo.


Era invierno en el reino de Lapponia. Nevaba copiosamente en una fría noche de luna en cuarto menguante. Las estrellas titilantes competían con los copos de nieve que caían lentamente para dejarse ver en la calma nocturna. Los altos abetos se iban cubriendo con un manto blanco a medida que transcurrían las horas. Los animales de los bosques de alrededor ya hacía rato que se habían guarecido en sus refugios y madrigueras. Todo estaba en silencio. Tan solo se escuchaban lejanamente los sonidos provenientes del castillo de Santha Klaus…
En su interior, en un gigantesco, cálido e iluminado taller, innumerables duendes se afanaban de arriba abajo en sus quehaceres… Unos se dedicaban a fabricar juguetes… otros se encargaban de envolverlos en papeles hechos artesanalmente de infinitos colores y figuras… y otros se encargaban de transportarlos al almacén de carga… Había muchas máquinas funcionando a pleno rendimiento y numerosos duendes se encargaban de su mantenimiento…
Ningún duende permanecía parado… Ninguno excepto uno, claro: Lehmin.
-¡Despiertaaaaaaa!- Gritaba alargando la “a” una duende pelirroja al oído de Lehmin…
Este, que permanecía en una silla, recostado hacia atrás contra la pared, de modo que las dos patas delanteras estaban elevadas, se despertó de un sobresalto y cayó estrepitosamente, “enredándose” con la silla…
-¿¡Qué pasa...!? ¿¡Qué pasa…!?- Decía, aún adormilado.
Entonces se encontró con los acusadores ojos azul claro de Lalia, que lo contemplaba con los brazos en jarras…
-¡Qué… ¿¡Ya estás descansado!?- Le recriminaba con dureza
Pero Lehmin se había quedado embobado (como de costumbre) mirando a la jovencita duende, que llevaba un vestido rojo apagado, cinturón marrón de hebilla y unos zuecos de madera; su pelo naranja lo llevaba recogido y le caían dos largos mechones a ambos lados de su cara de piel blanca, sin ocultar sus pequeñas orejas puntiagudas. La duende se dio cuenta de que aquel bobo ya no la escuchaba…
-¡¿Me estás oyendo?! ¡Hay mucho que hacer! ¡Y tú holgazaneando… Como siempre!- Lo regañaba Lalia muy enfadada…
Lehmin, lo único que podía hacer, era “aguantar el chaparrón”, sin atreverse apenas a mirarla a los ojos y pasándose una mano por la nuca…
Tras incorporarse la duende y lanzarle una última y severa mirada, se dio la vuelta y se marchó… seguida por la mirada de Lehmin, que, de todo lo que había pasado en los últimos minutos, solo se había quedado con sus gestos, su pelo, sus ojos…
Pero ella tenía razón. Aunque lo intentaba con todas sus fuerzas, no podía evitar caer en la holgazanería en cuanto se descuidaba… Y no podía seguir así… Se incorporó, decidido, y se dispuso a cambiar de una vez por todas… Aunque no sabía por dónde empezar…
Lehmin era un duende muy joven. Tenía el pelo no muy corto y revuelto de color castaño, y sus ojos eran del mismo color. Vestía con una túnica típica de color azul, con un cinturón de hebilla negro, pantalones grises, y guantes y botas marrones. Se agachó para recoger del suelo su gorro azul para colocárselo con expresión de pesadumbre…
Entonces, súbitamente, el viento sopló con más fuerza y uno de los cristales de los amplios ventanales se rompió en mil pedazos con estrépito. Prácticamente todos los duendes pararon de hacer lo que estaban haciendo… Sabían que algo malo iba a suceder…
A una velocidad tal que no pudieron distinguirlos, como sombras, cuatro figuras se internaron en el taller a través del ventanal roto. Una vez en el suelo, una quinta figura apareció del mismo modo, aterrizando delante de los demás. Los duendes observaban a los recién llegados entre sorprendidos y asustados… El quinto que había llegado, daba la espalda a los demás y miraba hacia abajo: era más alto que los duendes, aunque no mucho más, tenía el pelo verde oscuro recogido en una cola de caballo y un aro de oro en una de sus orejas puntiagudas; vestía con túnica morada, chaleco gris oscuro, pantalones rojos, cinturón de hebilla negro y guantes y botas marrones. Y a un lado del cinturón, llevaba enfundada una espada. Tras él cuatro figuras ataviadas con lonas que les cubrían totalmente permanecían quietas, en silencio y tal como habían llegado al suelo: con una rodilla apoyada en el mismo y mirando hacia abajo…
Entonces el quinto individuo levantó la mirada, mostrando sus serios ojos color verde oscuro. Lehmin prestaba atención a la escena…
-¡Escuchadme todos! ¡No os mováis y no os pasará nada!- Advirtió el recién llegado con relativa serenidad…
Tras comprobar que nadie se haría el “héroe”, giró lo suficiente la cabeza, mirando de reojo, para indicar a los otros cuatro algo… Estos se pusieron rápidamente en marcha y se desperdigaron por el taller…
Uno de ellos, más alto incluso que el que había hablado, de cuyo rostro oculto sobresalía una nariz muy larga y puntiaguda de color naranja, había llegado subiendo unas escaleras, ante dos duendes que lo miraban aterrorizados… Sus ojos aparecían iluminados al fondo de aquella lona que lo cubría y hacía frío por donde pasaba… Ante los asustados ojos de aquellos dos duendes, dos brazos formados claramente por finas ramas, al igual que las manos de delgados dedos, sujetaban la rueda en la columna de la que hasta ese momento se habían encargado… y de una fuerte sacudida y con un sonoro ruido metálico la arrancó, mostrándoles una siniestra sonrisa y mirándoles con aquellos malévolos ojos mientras comenzaba a alejarse…
Otro, más bajo y orondo, llegó lentamente hasta otra de las máquinas, e intentó abrir un panel en una de sus partes… Al no conseguirlo, y ante el estupor de los duendes que tenía más cerca, sacó una maza de gran tamaño y golpeó fuertemente el panel, el cual se aboyó ante el impacto… Acto seguido, arrancó la tapa del panel y lo lanzó con desdén… Del interior, extrajo un cilindro de piedra tallada con numerosas inscripciones. Se la guardó y se dio la vuelta.
El más alto de todos, que caminaba ligeramente encorvado y con una audible risita, avanzaba entre los duendes que se apresuraban a apartarse a su paso… Se detuvo ante una de las cintas transportadoras y permaneció quieto unos instantes, ante la expectación de los que tenía a su alrededor… Entonces, para pasmo de los que lo estaban viendo, con una garra de piel verde, atravesó la cinta, hurgó unos segundos, y extrajo una tuerca de gran tamaño del interior que elevó levemente de manera triunfal… Repitió esta operación cuatro veces más a lo largo de la cinta y comenzó a retirarse manteniendo aquella risita irritante…
Entonces la atención recayó en el cuarto de los encapuchados… Avanzaba lentamente, como si flotara en el aire, por una de las zonas elevadas… Iba mirando hacia abajo… Ante él, un duende caminaba hacia atrás, sin ser capaz de salir corriendo por el propio miedo… Entonces, la figura levantó la vista y aquel duende abrió mucho los ojos, ahogando un grito, y cayó hacia atrás, quedando sentado y temblando con los ojos desorbitados… La figura siguió su camino hacia una consola de control situada al borde de un saliente… Entonces se detuvo. Del interior de la lona salió una mano alargada que parecía estar hecha a base de cuerdas viejas y sucias y extendió la palma hacia la consola… Tras un murmullo que sonaba lejano, la tapa se abrió, saltando los tornillos en todas direcciones y, ante el asombro de los que no podían apartar la mirada, una especie de joya de color gris salió flotando hasta la mano de aquel individuo, que la agarró y se la ocultó bajo la lona antes de dar media vuelta y comenzar a volver por donde había venido…
Cuando hubo comprobado que todos habían cumplido su cometido, el tipo de la espada se encaminó con paso firme hacia una columna central artificial que constituía el corazón de la maquinaria… Varios duendes, aún muertos de miedo, se interponían en el camino de aquel tipo, el cual, sin detenerse, se llevaba una mano a la empuñadura de su espada y hacía que aquellos huyeran despavoridos… Finalmente llegó hasta la columna, quedando situado de pie ante la misma. Entonces, desenvainó su espada y, con un rápido y certero tajo oblicuo, causó una hendidura ante la alarma de los duendes… Al ver el resultado de su acción, pareció sonreír levemente de satisfacción y dio varios tajos más del mismo modo… Una parte similar a un cuadrado cayó al suelo con estrépito metálico… Entonces, todos vieron que quedaba al descubierto una vara dorada con piedras preciosas incrustadas que estaba envuelta entre los cables y mecanismos… El tipo introdujo la mano en el interior, rodeó la vara con la mano, tiró… y la extrajo. Se quedó contemplándola unos instantes, como asegurándose de que era lo que estaba buscando… Y cuando pareció conforme, levantó la vista y se dirigió hacia la gran puerta doble que daba al exterior, donde le esperaban sus cuatro seguidores…
Tras abrir estos las puertas y lanzar miradas a los duendes, que permanecían paralizados, el tipo de la espada se giró momentáneamente antes de seguir a los demás.
-Gracias por vuestra colaboración- dijo, de una forma extrañamente sincera…
Entonces se dio la vuelta, salió al exterior, y las puertas se cerraron de golpe y con estruendo.
El silencio dominó el gran taller durante los siguientes minutos. Lehmin permanecía con las manos apoyadas sobre la barandilla, observando al resto de sus compañeros, que estaban muy quietos, sumidos en su consternación… Pero… ¿Quiénes eran esos? ¿Y por qué se habían llevado aquellas “cosas”?
-¡Rápido! ¡Infórmale de lo sucedido! ¡No hay tiempo que perder!- Urgía, allí abajo, un duende más viejo, que era uno de los capataces, a otro, muy joven, que parecía aturullarse ante las súbitas órdenes de su superior.
Así y todo, salió corriendo hacia la puerta opuesta del taller. Lehmin decidió bajar para hablar con el capataz.
-¿Qué es lo que se han llevado?- Preguntó el joven duende nada más llegar a su altura.
Aquel viejo duende, que miraba frenéticamente hacia los lugares donde se habían producido los robos, apenas reparó en la presencia de Lehmin.
-¿Eh…? ¡Son piezas fundamentales de la maquinaria! ¡Sin ellas no podemos seguir el proceso…! Sobretodo sin la última…- Se mostraba preocupado el capataz…
Lehmin se acordaba de la vara dorada con piedras preciosas que había sostenido aquel tipo con los ojos iluminados…
En ese momento, justo cuando Lehmin iba a preguntarle sobre dicha vara, el joven duende reapareció bruscamente abriendo la puerta de golpe.
-¡Rápido! ¡Quiere vernos en la sala de reuniones!- Decía a todos los allí presentes…
Entonces Lehmin fue consciente de la auténtica gravedad de lo que estaba pasando…

La sala de reuniones era enorme, llena de bancos que formaban innumerables filas, todas ellas ocupadas en aquellos momentos por los alborotados duendes, que ya hacía rato que habían comenzado a dar rienda suelta a sus reacciones contenidas durante el asalto… Gritos y maldiciones se elevaban hasta el techo… Gruñidos y caras de indignación por doquier… Lehmin permanecía en su sitio, “cubriéndose” de todo aquello, y buscando a Lalia con la mirada…
Entonces, justo cuando Lehmin la localizó, pareciéndole que ella ya le estaba mirando (aunque ahora miraba en otra dirección), notó que todos se callaban ante la llegada de una figura grande que se encaminaba hacia el gran asiento que presidía la sala…
Era Santha Klaus. El jefe de los duendes. Parecía mentira que solo unos segundos antes hubiese aquel tremendo alboroto en aquella sala ahora en total quietud y silencio… Santha Klaus, Con su chaqueta abotonada roja, pantalones también rojos, cinturón negro de hebilla negro, guantes y botas del mismo color… pero sin su gorro rojo, se sentaba en su asiento con evidente gesto de preocupación… Su expresión era la de un anciano cansado, de pelo largo blanco, al igual que su abundante barba, y ojos azules profundos y benevolentes, que ahora miraban a ninguna parte…
Todos en la sala permanecían expectantes.
-Amigos míos… Lo que ha sucedido esta noche es muy grave…- Comenzó a decir con su voz, habitualmente bonachona, y ahora apagada…- Aquel que una vez fue mi amigo, ha cumplido al fin con sus amenazas… Ahora tiene cinco piezas fundamentales para que las máquinas funcionen… Cuatro de ellas podríamos reponerlas, aunque no llegaríamos a tiempo este año; pero la última… es insustituible.
Todos pensaron en la vara. Algunos conocían bien su importancia. Santha Klaus siguió hablando.
-La única posibilidad de que este año no sea un desastre es recuperar las piezas. Necesito a algún voluntario para esta arriesgada misión…
Nadie se ofrecía. Aquellos duendes eran buenos en su cometido… pero no eran guerreros… Y el enemigo era muy poderoso.
Entonces Lehmin pensó algo. Miró furtivamente a Lalia… y levantó la mano sin dudarlo poniéndose en pie.
-¡Yo! ¡Yo iré a recuperar las piezas!- Exclamó con jovial decisión casi dando saltos para hacerse notar…
Todos, a su alrededor, lo miraban sorprendidos… pero no más que Lalia, que no se lo podía creer… Santha Klaus observó al valiente que se había ofrecido… Y, al ver de quién se trataba, sonrió.
-¡Lehmin! ¡Uno de nuestros “mejores” trabajadores…!- Dijo, con evidente ironía, pero sin dejar de mostrar su aprecio en el tono…
Lehmin sabía que la mayoría pensaba que él no servía para nada… incluida Lalia. Pero ahora tenía la oportunidad de demostrarles de lo que era capaz. Y también a ella.
Lalia no dejaba de mirarle, con creciente preocupación y miedo en su interior… Entonces vio que Santha Klaus iba a hablar de nuevo.
-Muy bien… ¿Alguien más va a acompañar a nuestro valiente amigo…?- Decía mirando a los demás.
Entonces, cuando Lalia iba a abrir la boca y levantar una mano, Santha Klaus lanzó a la
duende una mirada que la hizo detenerse… Entonces otra voz se escuchó en una parte alejada de la sala.
-¡Yo iré también! ¡Conozco bien el reino!- Dijo un duende de pelo azul, ojos azul oscuro y expresión arrogante. Iba vestido con una túnica gris, pantalones verde muy oscuro, cinturón de hebilla marrón, y guantes y botas del mismo color.
Todos los duendes miraban ahora al que había hablado.
-¡Taido! ¡Ahora recuerdo que tú eras guía de viajeros antes de trabajar con nosotros! ¡Me alegro!- Decía Santha Klaus con evidente satisfacción- De acuerdo. ¿Alguien más?- Volvió a lanzarle una mirada impedidora a Lalia- Pues entonces nos encomendamos a Lehmin, que será ayudado por Taido, en esta misión.
Lalia estaba a punto de echarse a llorar de impotencia.

Estaba amaneciendo. No nevaba pero hacía mucho frío. Santha Klaus estaba ante Lehmin y Taido, que estaban listos para partir.
-Muy bien. Os deseo suerte en vuestro cometido. Os recuerdo que dependemos de vosotros… Hay mucho en juego. Tenéis cinco días para recuperar todas las piezas y traerlas de vuelta- Decía Santha Klaus, con su gorro puesto, de manera solemne.
Taido, que llevaba su espada a medida a un lado del cinturón y su mochila a la espalda, asintió a Santha Klaus y, una vez este le devolvió el gesto, se alejó unos pasos; Lehmin, cuando estaba a punto de seguir al duende, se detuvo al dirigírsele el jefe de los duendes.
-Lehmin… Dime una cosa: ¿tuviste miedo durante el asalto?
Lehmin parpadeó, extrañado ante esa pregunta en aquel momento. Lo pensó unos segundos.
-No… la verdad es que no…- Dijo, dándose cuenta de este hecho en el que no había reparado hasta entonces.
Santha Klaus sonrió.
-Recuerda que todos nacemos para hacer algo en esta vida. No te preocupes si eres diferente. Solo haz lo que debas hacer- le aconsejó con una mirada de inmensa afabilidad.
Lehmin agradeció oír esas palabras, aunque no las acabara de entender. Sonrió porque no supo qué más decir, se colocó bien la mochila que llevaba a la espalda, y comenzó a alejarse…
-¡Lehmin! ¡Espera!- Lehmin se detuvo, abriendo mucho los ojos con incredulidad, al escuchar la voz de Lalia…
La duende iba abrigada con un chaleco marrón y llevaba también una mochila a la espalda. Llegó corriendo pasando al lado de Santha Klaus. Entonces, la jovencita duende miró al gran hombre, como pidiéndole permiso… Este, le sonrió y asintió levemente. A Lalia se le iluminaron los ojos y salió corriendo hacia donde estaban Lehmin y Taido. Este último la veía acercarse y levantó la vista con resignación…
-Genial… Una chica- Dijo sin que nadie le llegara a oír.
Santha Klaus contemplaba con orgullo a los tres duendes, que quedaban iluminados por la luz del sol de la mañana.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Detective Night - Capítulo 24

DETECTIVE NIGHT

El fin del mundo…


El subalterno aún mantenía la mano sobre el botón rojo grande que acababa de pulsar. Se produjeron unos instantes de silencio. Hiro, Izo y Seitei permanecían expectantes ante lo que pudiera ocurrir a continuación… Aunque ya se lo temían…
-Atención. Evacuación inmediata. Evacuación inmediata. Evacuación inmediata…- Repetía sin cesar una voz femenina pregrabada a través de unos altavoces que no llegaron a divisar al mismo tiempo que el botón rojo se puso a parpadear…
El subalterno aprovechó que aquellos tres estaban distraídos en su desconcierto para dirigirse a la puerta doble que tenía al lado…
-¡Eh! ¡Deténgase!- Le exhortó Izo saliendo corriendo hacia el tipo que ya estaba abriendo una de las puertas mientras lo miraba con expresión seria y desafiante…
Izo saltó por encima de la mesa, tirando varios enseres… pero cuando llegó al suelo, aquel tipo cerró la puerta y despareció de su vista. Izo llegó a la misma e intentó abrirla… Cerrada.
-¡Maldito…!- Exclamó el subinspector.
En la oscuridad del fondo del foso, tan solo asomaba media cabeza de “Kroky” de debajo del agua. Era ajeno a todo el jaleo que se estaba produciendo más arriba. Entonces, algo le llamó la atención: la puerta de barrotes metálicos que siempre permanecía cerrada se abrió automáticamente hacia arriba permitiendo pasar por la obertura. “Kroky” no se lo pensó dos veces y comenzó a nadar hacia dicha puerta, perdiéndose por el negro pasillo inundado…
Al terminar de abrirse la puerta de barrotes, se produjo un fuerte sonido por el choque del metal con la piedra… y este sonido llegó a los oídos del detective, que, hasta ese momento, había intentado pensar en alguna manera de salir de ahí… Izo seguía intentando abrir la puerta por la que el subalterno había escapado, mientras que Seitei hacía lo propio con la otra del extremo de la sala, con idénticos resultados… Mientras tanto, seguía aquella repetitiva e insistente voz robótica…
-¡Creo que he encontrado una salida!- Exclamó Hiro, haciendo que Izo y Seitei parasen de inmediato de hacer lo que estaban haciendo…
Ambos se lo quedaron mirando, expectantes. Entonces, el detective volvió a hablar…
-¡Seguidme!- Dijo saltando por el foso, para asombro de Izo y Seitei.
-¡Hiro! ¡¿Qué haces?!- Se horrorizó Izo…
-¡Señor Red!- Exclamó Seitei recordando con terror los ojos amarillos y brillantes de aquel enorme cocodrilo que estaba al fondo del foso…
Se escuchó el sonido provocado por el detective cayendo sobre el agua. Ambos fueron corriendo a asomarse por la trampilla…
-¡¿A qué esperáis?! ¡Saltad ya!- Urgía el detective.
Izo miraba frenéticamente en todas direcciones sin ver ningún posible peligro… Seitei se extrañaba por no ver ni rastro de aquel cocodrilo… Tras unos segundos de duda, ambos se dirigieron una mirada y estuvieron de acuerdo… Primero saltó Izo, que cayó con estrépito en el agua salpicando totalmente a Hiro… Y luego se dispuso a hacerlo Seitei…
-Bueno… Nos tendrá que comer a los tres…- Dijo, sin que nadie pudiera escucharlo, antes de saltar al vacío…

El subalterno caminaba por la mansión con relativa tranquilidad. Llevaba las manos cruzadas a la espalda mientras miraba a su alrededor con una mezcla de resignación y sensación del deber cumplido… Llegó al fin a una estancia que parecía una especie de sala de espera. Se sentó en uno de los largos sofás y esperó.

Por una obertura que desembocaba en un río cercano salieron a la luz del exterior el detective, el subinspector y el joven agente de policía.
-¿Cuánto debe quedar para que explote…?- Preguntó Izo deteniéndose a descansar…
En ese preciso instante, la enorme mansión estalló con una enorme llamarada que se expandió en todas direcciones. Al cabo de varios minutos, apareció el lugar donde había estado la casa, vacío hasta los cimientos, mientras se volvía a llenar con los restos que no habían salido despedidos a los alrededores, los cuales no llegaron a verse muy afectados… Era como si la explosión hubiera sido “controlada” para que afectara solo a la mansión…
Hiro, Izo y Seitei habían escuchado sobrecogidos el tremendo estruendo que había, incluso, hecho temblar el suelo…
-Si antes lo digo…- No pudo evitar decir Izo con ironía…
-Pues menos mal que no lo has dicho antes…- Observó Hiro, sabiendo a lo que se “arriesgaba”…
Seitei contuvo la respiración a la espera de la reacción del subinspector… Al principio, Izo se quedó callado, con una expresión indefinida… Hiro y Seitei comenzaban a asustarse más que cuando sabían que todo iba a volar por los aires…
Pero entonces el subinspector sonrió de forma relajada y comenzó reír a carcajadas. Después de respirar aliviados, Hiro y Seitei tampoco pudieron evitar comenzar a reír sin poder parar… Entonces Hiro cayó en la cuenta de algo.
-Izo. Ahora que ya se pueden usar las comunicaciones, deberías informar que hay por aquí un cocodrilo hambriento suelto…- Advirtió con evidente preocupación.
Preocupación compartida por Izo y Seitei. Los tres se pusieron a mirar alarmados en todas direcciones.


Tres días después.

Hiro había vuelto a su “rutina”, lo cual no era precisamente una buena noticia para el detective… Todo había vuelto al punto en el que se encontraba justo antes de que Izo le avisara para que fuera a ver algo que habían encontrado en la carretera…
Hacía una hora que se había hecho de noche. Entonces sonó el teléfono. Izo le informaba de que debían reunirse con Maze para tratar el asunto de “El Gourmet”. Al colgar, el joven detective se alegró de tener que ir a la comisaría. Pero… notaba algo extraño… Algo que no le gustaba nada…

En un amplio y cuidado despacho, con amplios ventanales que daban a la iluminada ciudad de Blue City desde una altura considerable, un tipo permanecía en la penumbra de su asiento tras una mesa de excelente calidad. Solo podía distinguirse el humo del puro que estaba fumando con deleite. En silencio, en aquella estancia prácticamente iluminada con la luz del exterior, una mujer joven, de larga melena rubia y su rostro semioculto con una gorra, miraba pensativa al exterior ante uno de los ventanales…
-Parece que aquel tragaldabas ha tenido problemas con nuestro “amigo”…- Dijo, con voz muy grave, con un tono entre divertido y de fastidio, el hombre que expulsaba humo sentado en su mullida silla de amplio respaldo.
La mujer no dijo nada. El hombre continuó hablando.
-Bueno… Tarde o temprano daremos con él… Pero ahora… Hay algo de lo que y yo debemos hablar…
La mujer levantó la cabeza casi imperceptiblemente, dejando ver sus ojos que miraban al frente con una expresión muy seria… El hombre prosiguió.
-Te he preparado una extraordinaria cena en mi casa… Y otras sorpresas…- Dijo con una perturbadora sonrisa, en un tono que a ella no le gustó nada…
Se giró de inmediato hacia aquel hombre que aún sonreía en la oscuridad.
-Ya te he dicho que no tendrás todo lo que quieres de mí- dijo claramente antes de darle la espalda y dirigirse en dirección a la puerta.
Mientras se alejaba y salía por la misma, la sonrisa de aquel hombre se fue tornando en una expresión de gravedad, con el ceño fruncido. Apagó el puro en el cenicero con fuerza antes de pulsar el botón del interfono.
-Señor- contestó una voz masculina.
-Reúne a diez de tus mejores hombres y espera instrucciones- ordenó.
-Sí, señor- contestó el tipo del otro lado antes de cortarse la comunicación.
Aquel hombre temible se quedó un rato en silencio, en la oscuridad, con las manos cruzadas y una expresión de seria gravedad.
-Has elegido la opción equivocada- dijo muy serio, con la mirada furiosa dirigida hacia la puerta…

La mujer joven del largo cabello rubio recogido en una cola, ataviada con pantalones tejanos ajustados azules, chaqueta de cuero ceñida negra, guantes de motorista negros, botas del mismo color y una gorra azul marino que apenas le dejaba ver la parte inferior del rostro, mostrando una expresión seria, avanzaba por el aparcamiento subterráneo del edificio que se disponía a abandonar. Iba con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta y solo se escuchaban sus pasos resonar en aquel solitario lugar…
Pero pronto descubrió que no estaba sola.
Cerca de donde se encontraba su motocicleta, aparecieron diez individuos vestidos de negro y con gafas de sol. Todos llevaban pinganillo y comenzaban a llevarse la mano a su arma… La mujer se detuvo, sin variar su expresión ni decir nada. Sabía que esto sucedería algún día. Uno de los tipos de negro avanzó unos pasos sin sacar la mano del interior de su americana negra.
-No nos lo pongas difícil… Será peor…- Dijo sin poder ocultar un deje de preocupación en su voz…
La mujer no dijo nada; ni se movió… El tipo sacó su arma y comenzó a elevarla lentamente hacia la cabeza de aquella mujer que permanecía inmóvil… Elevaba la pistola con cautela, confiando en que aquello se resolviera rápidamente y sin resistencia…
Pero, cuando aquel tipo pareció confiarse e iba a apretar el gatillo al tiempo que alcanzaba la altura de la cara de la mujer que tenía en frente, esta, con un rápido movimiento, le aprisionó el brazo y se lo luxó hacia atrás al tiempo que lo desarmaba y se hacía con la pistola, sujetando al tipo como si fuera un escudo… Justo cuando los demás sacaban sus armas, la mujer de la gorra comenzó a dispararles certeramente, acabando con uno detrás de otro… Algunos ni les daba tiempo de sacar su arma… En pocos segundos fueron cayendo bajo los seguidos disparos que sonaban con gran estruendo en aquel lugar… Pero al último solo lo alcanzó en un brazo ya que su “presa” se revolvió y la empujó hacia atrás… El tipo sacó un cuchillo de grandes dimensiones que brilló bajo la luz del halógeno más cercano… Pero la mujer le disparó en el pecho sin piedad y aquel tipo cayó al suelo con los ojos muy abiertos antes de cerrarlos definitivamente…
La mujer vio que solo quedaba el tipo al que había alcanzado en el brazo, el cual se dolía en el suelo. Este abrió mucho los asustados ojos cuando vio aproximarse con el arma en alto, implacablemente, a aquella mujer conocida como “La Dama Cruel”…
-¡No! ¡Por favor! ¡Se lo suplico! ¡Yo… acabo de ser padre… Mi hijo…!- Suplicaba con desesperación… Las lágrimas brotaban de sus ojos…
“La Dama Cruel”, al oír aquellas palabras, supo que decía la verdad… Durante un instante, al ver a aquel hombre de rodillas en el suelo, bajó un momento el arma… Pero luego, con una casi oculta mirada furiosa, apuntó de nuevo y disparó.

Una vez en la comisaría, Hiro e Izo se reunieron con el comisario para tratar el asunto de “El Gourmet”…
-¿Estáis seguros de que se trataba de quién decís?- Preguntó Maze a ambos.
Y ambos asintieron.
-Bastante seguros, comisario- confirmó Izo.
El comisario miró a Hiro, esperando que dijera algo. El joven detective estaba como ausente…
-¿Hiro?- Intentó “despertarle”…
El detective lo miró extrañado un segundo.
-¿Eh? ¡Ah, sí, sí! Lo era, lo era…- Dijo intentando mostrar que no había perdido la atención en ningún momento…
Izo lo miraba con ciertas ganas de reprobarle.
-De acuerdo. Como de costumbre, no hay más pistas; ni ningún rastro… Al volar la casa anulaba la posibilidad de seguir indagando… Lo tienen muy bien pensado…- Se lamentaba el comisario con rabia…
Tras unos instantes en los que el comisario Kaito Maze fue de lado a lado pensando, habló una vez más.
-Bien. Seguiremos en ello- dijo a modo de conclusión dirigiéndose a Hiro e Izo.
Ambos salieron del despacho de Maze después de que Hiro se despidiera del comisario. Una vez fuera, Izo pareció recordar algo.
-Oye Hiro… Hay algo que aún no te he preguntado… ¿Se puede saber porqué pretendías enfurecer a aquel loco cuando estábamos en la mansión…?- Quiso saber.
Hiro, al principio, se sorprendió por la pregunta. Y luego sonrió, cerrando los ojos con su expresión habitual, y contestó, encantado de que se la hubiera hecho.
-Los tipos como aquel, cuanto más alterados, más errores cometen- dijo sin añadir nada más.
Izo se lo quedó mirando con cierto recelo.
-Hiro… En estos casos, no sé si es que acertaste o tuviste una suerte que ni te esperabas…- No pudo evitar decir.
El detective sonrió, aunque una parte de él también a veces se hacía aquella pregunta… Izo sonrió y se dirigió a Hiro.
-Bueno Hiro, nos vemos pronto- dio amigablemente antes de marcharse.
Ambos amigos se despidieron y Hiro se encaminó hacia la salida. Pero, antes de abandonar la gran sala común, no pudo evitar escuchar una conversación entre dos agentes que le llamó la atención.
-¿Dónde dices?-Preguntaba uno de ellos.
-En un edificio de oficinas del centro de la ciudad. Al parecer, ha habido un tiroteo en el aparcamiento subterráneo…- Decía el otro.
Hiro escuchaba atentamente.
-¿Y dices que ha habido muertos?- Preguntó el primero.
-Sí. Nueve… y un herido en un brazo- prosiguió el segundo.
-¿Y qué ha dicho el herido?
-Nada claro. Hablaba de un ataque terrorista o algo así…
Hiro sabía que ya había escuchado suficiente. Salió al exterior dándole vueltas a aquello.
Una vez fuera, recordó que había aparcado en una calle próxima y no delante de la comisaría. Había preferido hacerlo así para no llegar de inmediato al edificio… Comenzó a bajar los escalones de la entrada principal cuando algo le hizo girarse a su izquierda.
Y allí estaba. Era Aki. Estaba de pie, de espaldas a Hiro. El joven estuvo tentado de llamarla… Pero entonces… Contempló desolado como un tipo joven se acercaba sonriendo hacia ella… Hiro sabía lo que iba a suceder a continuación…
Aki y el tipo joven se abrazaron y se besaron. Ante un paralizado Hiro que solo quería que le tragase la tierra…
Hiro decidió que debía irse de allí de inmediato. Se dio la vuelta y se dirigió hacia donde tenía su coche…
Mientras se alejaba, aún abrazada a aquel al que había besado, Aki se percató de la presencia de Hiro… abriendo mucho los ojos…

“La Dama Cruel” circulaba sobre su potente motocicleta negra por un largísimo túnel. Daba vueltas por la ciudad sin saber qué hacer a continuación. Sabía que, en su situación, solo había una cosa que podía hacer. Aún recordaba perfectamente aquella noche en la que vio en aquella discoteca a aquel joven enfrentándose a “El Rastreador”…

Hiro había llegado a su casa hacía pocos minutos. Estaba destrozado… hundido… Ya nada tenía sentido…
Tras darle vueltas a la cabeza durante largo rato, tomó una determinación: dejaría de colaborar con la policía. Estaba harto de todo aquello. No quería volver a verla nunca más… Quizá incluso dejara la ciudad…
Cuando estaba sumido en estos oscuros pensamientos, alguien dio un par de suaves golpes a la puerta… Hiro, al principio, no pensaba abrir… Pero volvieron a escucharse dos nuevos golpes y Hiro, a su pesar, fue hasta la puerta…
Cuando abrió, se encontró ante él a una mujer que ya había visto antes… Rubia… Una chaqueta ceñida… Guantes de motorista… Una gorra… Hiro estaba seguro de quién se trataba. Ahora sí estaba perdido. Quizá fuera lo mejor…
-Señor Red…- Comenzó a decir aquella mujer.
Hiro no dijo nada. Estaba resignado.
Entonces, la mujer se quitó la gorra, dejando que el largo pelo suelto cayera sobre sus hombros y espalda. Hiro quedó impresionado al ver su extraordinaria belleza; y sus ojos verdes cuyas pupilas titilaban… Hiro se dio cuenta de que aquella joven le miraba con una expresión de miedo e indefensión…
-Señor Red… Necesito su ayuda…



Continuará…

domingo, 16 de diciembre de 2012

Detective Night - Capítulo 23

DETECTIVE NIGHT

Termina el juego.


Ante Hiro, Izo y Seitei, en una de aquellas grandes estancias completamente iluminadas de blanco, había cuatro entradas a lo que parecía ser un enorme laberinto…
-¡Qué original! ¡Un laberinto, por supuesto! ¡No podía faltar!- Exclamaba, sarcásticamente, Izo…
Seitei miraba con los ojos muy abiertos.
-Definitivamente, ese tipo está loco…- Comentó, casi más para si mismo…
Hiro ya comenzaba a impacientarse.
-¡Eh, tú, gordo estúpido! ¡Déjate de tonterías y da la cara!- Gritaba el detective, desafiante, ante la sorpresa y alarma de Izo y Seitei, que a punto estuvieron de lanzarse sobre él para taparle la boca…
En su abarrotada mesa, “El Gourmet”, sin cambiar su rostro sin expresión, no pudo evitar que le temblaran durante un instante los labios al oír aquellas palabras; el subalterno estaba horrorizado…
-¡Hiro! ¡¿Qué haces?!- Le decía Izo, anonadado…
Seitei también estaba estupefacto, con la boca y los ojos abiertos…
Pero para sorpresa de ambos, Hiro sonreía con su habitual expresión de confianza.
-Espero que me haya oído- dijo simplemente, procurando que solo le escucharan Izo y Seitei, los cuales no entendían nada…
Izo decidió dejar de intentar averiguar qué diablos había pretendido Hiro y volvió a concentrarse en lo que tenían delante.
-Vale… ¿Qué hacemos?- Preguntó, esperando que alguien le contestara…
Seitei también devolvió su atención al laberinto.
-Creo que deberíamos probar de ir juntos por una de las puertas… Así tendremos más posibilidades de éxito…- Sugirió, no del todo seguro de sus últimas palabras.
Izo, que estaba de acuerdo, comenzó a asentir cuando…
-¡Error!- Exclamó Hiro, ante la nueva sorpresa del subinspector y el agente de policía.
Izo ya no sabía qué esperar…
-Hiro… ¡¿Se puede saber qué te pasa?! ¡Es lo más prudente!- Decía Izo, que no entendía dónde estaba el error
Hiro bajó la mirada, cerrando los ojos, y comenzó a negar poniéndose serio.
-Si vamos todos juntos, tendremos más posibilidades de caer en alguna trampa, uno, dos o los tres… Hay cuatro opciones… Debemos ir cada uno por una de las entradas… Y, si hay una trampa, hay menos posibilidades de que nos alcance si solo somos uno… Por lo que, una vez superada hay que volver a este punto para descartar una opción.
-¡¿”Superada”?! Hiro… ¿Por qué piensas qué…?- Pero el subinspector se vio interrumpido por el detective, que levantó una mano.
-Todos hemos sido entrenados… Además, este tipo no parece muy inteligente… Seguro que esto, de laberinto, solo tiene la apariencia…- Hablaba con descaro…
“El Gourmet” iba enfureciéndose por momentos… Su subalterno percibía esto y deseó estar lejos de allí cuando comenzó a oír hablar a su jefe…
-Ese que habla… No sé si es él o no… Pero…- Intentaba controlarse, temblándole la voz…
Izo y Seitei nuevamente miraban al detective con la boca abierta… Izo, además, recordaba que, según el informe, se hablaba de “El Gourmet” como un tipo “culto”… Y sabía que Hiro conocía esto…
-Muy bien Hiro… Espero que tengas razón- le decía Izo al detective, que ahora estaba serio…- Hagámoslo así.
Cada uno se colocó ante una de las entradas, de modo que la que quedaba más a la derecha era la no escogida… Los tres se intercambiaron miradas en silencio antes de emprender la marcha…

Seitei avanzaba comprobando que el señor Red había tenido razón: aquello solo era un pasillo que se retorcía y viraba en incontables ocasiones sin ningún tipo de alternativa… Andaba con tiento… alerta… no sabía qué podía encontrarse…
Y llegó al final. El camino finalizaba allí, ante una pared tan blanca como el resto del “laberinto”. Seitei parpadeó un par de veces.
-¿Ya está?

Hiro comprobaba con indisimulada satisfacción que estaba en lo cierto: aquello no era ningún laberinto. Recorría el largo pasillo girando por los múltiples recodos… De todos modos, no debía confiarse…
Y entonces vio algo diferente al torcer el último recodo: una puerta. Hiro sonrió nuevamente, con satisfacción, y con su expresión habitual.

Izo comprobaba con cierto fastidio como su amigo había acertado una vez más… Se sorprendió por pensar así… La verdad es que estar en aquel lugar le estaba terminando de sacar de quicio… Y aquel pasillo… ¡No se acababa nunca! ¡¿Por qué tanto giro si solo es un pasillo?!
Y el pasillo finalizó. Izo permaneció quieto y en silencio unos segundos al ver que se encontraba al final del recorrido… Allí no había ninguna puerta… Pero se fijó en la presencia de unos extraños agujeros que rodeaban la estancia cuadrada a la que había llegado… Y además se percató de que más agujeros estaban situados a ambos lados del pasillo por el que había venido…
Entonces comenzó a escuchar varios sonidos mecánicos diferentes que al principio parecían lejanos… Pero se comenzaban a aproximar a toda velocidad…
-¿Pero…?- Izo miraba en todas direcciones con los ojos muy abiertos sin saber lo que podía ocurrir a continuación…
No tardó en averiguarlo. Al notar una extraña vibración a sus pies, en el centro de la sala, inmediatamente saltó hacia atrás antes de que se abriera una trampilla justo debajo… Izo cayó sentado con las manos apoyadas… Desde donde estaba se asomó y pudo ver con expresión de no saber qué estaba pasando como en el fondo del foso que acababa de aparecer había unas largas y afiladas cuchillas que apuntaban amenazadoramente hacia arriba… Y un sonido múltiple comenzó a llegar de todas direcciones…
-¡Uaaaiii!- Exclamó Izo, aún en el suelo, al ver que de los agujeros de la sala comenzaban a salir disparados proyectiles punzantes que volaban en todas direcciones, pasando varios de ellos justo por encima de su cabeza…
Girándose como pudo y avanzando “a gatas” a toda velocidad, comenzó a volver por donde había venido… Cuando salió de la sala y pensaba que ya no había peligro, se incorporó… Pero entonces comenzó a llegarle a los oídos un murmullo que iba en aumento y que provenía de las paredes…
-¡Maldita sea!- Exclamó al darse cuenta de lo que aquello significaba…
De los agujeros laterales del pasillo comenzaron a salir llamaradas que hacía que aquello pareciese un horno… Izo corría atropelladamente librándose cada vez por los pelos del fuego… sin dejar de notar el intenso calor en el cogote…
Por fin se acababa el pasillo… y parecía que las llamaradas cesaban… Izo se detuvo a descansar, sudando y jadeando. Pero entonces comenzó a sentirse y a escucharse una intensa vibración en el suelo…
-¡¿Y ahora qué…?!- Protestaba un exhausto Izo…
No tardó en obtener la respuesta. Del centro del suelo del pasillo, como si surgiera de la nada, apareció rotando a toda revolución una sierra de disco de tamaño suficiente para cortar a un hombre por la mitad… Permanecía quieta, girando con aquel intenso y amenazador sonido… Izo no le quitaba la vista de encima… Entonces, abrió mucho los ojos.
-¡Mierda!- Exclamó intentando comenzar a correr al percibir un cambio en alguna parte del mecanismo… La sierra comenzó a “perseguir” a Izo.
Mientras el atropellado Izo corría sin parar, pudo observar un raíl que iba por el suelo y en el que no había reparado antes (debido también, a aquella luz blanca que parecía difuminarlo todo)… Pero ahora lo veía con claridad… ¡Y también veía con claridad que el raíl también seguía por los recodos!
-¡¡¿Cuándo se acaba esto?!!

Cuando Izo llegó trastabillando al punto de inicio, vio como Hiro y Seitei hablaban animadamente; incluso se reían de vez en cuando… Ambos se giraron y vieron a un Izo irreconocible… Jadeaba y tenía una mirada que les provocaba intimidación…
-O-Oye Izo… ¿Qué tal… Que tal te ha ido?- Hiro hubiera deseado no pronunciar aquellas palabras…
Seitei abrió mucho los ojos al ver lo que estaba a punto de pasar… El subinspector iba a explotar…

-Señor…- dijo el subalterno, deseando no estar allí en aquel momento…
“El Gourmet” dejó caer el tenedor… antes de clavarlo en alguna parte…
-¿Cómo es posible…?- Hablaba haciendo un terrible esfuerzo por mantener la calma…- ¿Qué… Qué clase de trampas de pacotilla han puesto…?- Seguía hablando en el mismo tono, temblando…
El subalterno sudaba. Tragó saliva antes de contestar.
-El diseñador debió pensar que nadie pasaría nunca de la primera prueba
El tipo gordo mantenía la misma expresión de enfurruñamiento…
-Ya sé qué será lo próximo que comerá “Kroky”…
El subalterno no esperó a recibir órdenes para salir corriendo hacia un panel de control que había cerca… Miró hacia la pantalla: en el final del cuarto pasillo, por donde no habían ido Hiro, Izo y Seitei, había un tipo vestido con traje, de forma similar al subalterno, sentado y dormido en una silla en medio de la sala, con la pistola agarrada y las gafas de sol puestas…
-¡Eh, tú! ¡Despierta!-Le gritaba el subalterno por un altavoz…
El tipo se despertó lentamente, sin saber momentáneamente donde estaba… Entonces miró a una pequeña pantalla en la pared, al lado del altavoz…
-¡Ve de inmediato con los demás a la siguiente sala! ¡Ahora!
-¡S-Sí…! ¡De inmediato!- Al darse cuenta de su situación, el tipo de las gafas de sol se irguió de inmediato poniéndose firme y salió corriendo por la puerta hasta desaparecer de la pantalla…
El subalterno se quedó mirando la misma durante unos instantes, serio y con los labios apretados; hasta que su expresión se agravó… Comenzaba a tomarse todo aquello como algo personal…

La puerta deslizante se cerró tras ellos. Un pasillo, no muy largo, llevaba a una nueva puerta… Hiro y Seitei casi mantenían la respiración mientras caminaban detrás de Izo, mirándole asustados, el cual parecía que asesinaría a cualquiera que se cruzara en su camino…
Entonces oyeron algo y se detuvieron. Estaban seguros de que al otro lado de la puerta había varios individuos… Izo se llevó de inmediato la mano a su arma. Y ante la sorpresa de Hiro, aquel se la tendió.
-Toma. Parece evidente en qué va a consistir la “tercera prueba”…- Decía, muy serio, al tiempo que se agachaba para sacar otra pistola que llevaba sujeta en la pantorrilla… Entonces el subinspector se dirigió a Seitei.
-Prepárate…- Le dijo, y Seitei, que ya tenía sujeta su arma antes de sacarla, asintió de inmediato…
Los tres estaban preparados para lo que hubiera al otro lado… o eso esperaban…
Avanzaron… Y la puerta se abrió ante ellos.
Todo sucedía muy rápido. Al abrirse la puerta, pudieron comprobar como varios tipos se asomaban desde detrás de altas columnas circulares, blancas… y les comenzaban a disparar… Los tres no llegaron a cruzar aún y se resguardaron a ambos lados de la puerta, colocados adecuadamente para no estorbarse entre ellos… Y comenzó el fuego de respuesta. El intenso tiroteo duró varios segundos…
-¡He dado a uno!- Exclamó Izo al ver que había alcanzado a su objetivo…
-¡Parece que quedan cuatro!- Exclamó Seitei.
Hiro vio que el “portero” que les había abierto estaba al final de la espaciosa sala, disparando con una pistola claramente más potente que las de los demás…
-¡Cuidado con el del final!- Advirtió a Izo y Seitei…
Tras unos segundos de intercambio de disparos, el fuego se detuvo.
-Vamos a avanzar hasta las primeras columnas- indicó Izo.
Entraron apresuradamente y con paso ligero y se repartieron a cubierto en la primera fila de columnas…
Izo miró a Hiro, que tenía a un lado, y ambos asintieron… Luego se giró hacia Seitei y vio como le devolvía la mirada con la determinación en sus ojos… Los otros tipos se mantenían a la espera…
-¡Ahora!- Exclamó Izo e inmediatamente Hiro, Seitei y él mismo avanzaron cada uno por su vía, divididos.
Seitei se cruzó con un tipo al que derribó enseguida… pero tuvo que guarecerse ante los diparos de otro que tenía más adelante… Izo no dio tregua al que se encontró a punto de alcanzarle en el pecho… Hiro alcanzó a otro en el brazo que sostenía el arma y le dejó inconsciente de un puñetazo en la cara… Y entonces se encontró con el “portero” que le apuntó de inmediato con aquella arma más potente… Hiro aprovechó que había quedado desequilibrado para dejarse caer al suelo, evitando el disparo, y desde abajo acribillar a balazos el torso de aquel individuo… Cuando iba a respirar de alivio, vio alarmado como a Seitei se le encasquillaba el arma justo cuando el otro tipo que quedaba surgía de su refugio y se disponía a acabar con el joven agente de policía… Pero un disparo impactó en la cabeza del que intentaba matarle y este cayó al suelo.
-Gracias… señor…- Dijo Seitei, aún sobresaltado…
Izo apareció empuñando su arma.
-Ya te he dicho varias veces que no es necesario que me llames señor…- Le dijo, sonriendo al fin, mientras guardaba su arma detrás de la americana…
Y llegaron hasta la puerta. Se abrió. Y cuando cruzaron, vieron que habían salido de aquella sucesión de estancias blancas y pasillos oscuros… Ante ellos se extendía un pasillo que rodeaba la casa, con amplios ventanales que daban al exterior.
-Venga… Vamos a decirle a nuestro “amigo” lo que nos ha parecido su “juego”…- Les dijo Izo a Hiro y Seitei, los cuales sonrieron y asintieron en respuesta al subinspector.
Cruzaron caminando el largo pasillo, iluminados por la luz del avanzado día, hasta llegar a una puerta doble de madera. Se detuvieron un segundo antes de abrir casi los tres a la vez…
La puerta doble quedó abierta de par en par y, al entrar, se encontraron en una amplia y lujosa estancia llena de esculturas y cuadros por todas partes. Y, frente a ellos, una larga mesa ante la que estaba sentado aquel tipo gordo… y tras él, su subalterno, que los miraba con extraordinario recelo…
Como Hiro esperaba, aquel tipo estaba furioso.
-Muy bien… Nadie había llegado nunca hasta aquí… Nadie había superado el juego…- Hablaba haciendo rechinar los dientes…
Izo dio un paso.
-Queda detenido. Y usted también- dijo refiriéndose al subalterno.
Este miró de reojo a “El Gourmet”.
-Claro, claro… Anda, ve y que te detenga…- Le dijo este a aquel con una actitud comprensiva poco creíble…
Hiro sabía que tramaba algo… y vio, algo desconcertado, como aquel tipo caminaba rodeando la mesa hasta detenerse a unos metros de ellos… Seitei se dirigió hacia el subalterno sacando las esposas mientras Izo apuntaba con su arma…
Entonces Hiro vio como el subalterno se colocaba casi imperceptiblemente unos centímetros más a un lado, mirando el suelo, como si estuviese calculando distancias… Y entonces el detective se dio cuenta.
-¡Seitei, detente!- Exclamó saliendo corriendo en su dirección justo cuando el joven agente se colocó en frente del subalterno…
“El Gourmet” presionó el botón situado bajo su mesa y la trampilla se abrió bajo los pies de Seitei ante la vista de un horrorizado Izo… Hiro llegó justo a tiempo para agarrar al joven de un brazo, que no podía creer estar viendo a un enorme cocodrilo al fondo de aquel foso… El subalterno vio con terror como “El Gourmet” se levantaba tras él hecho una furia…
-¡Malditos seáis! ¡Voy a acabar con todos de una vez por todas!- Gritaba fuera de si…
Apartó una escultura que tenía detrás y que cayó al suelo rompiéndose por varias partes… Actuaba desquiciado…
-¡No!- Exclamó el subalterno para sorpresa de Hiro e Izo al ver que el loco de su jefe abría un panel y estaba a punto de pulsar un enorme botón rojo… Antes se giró, con una expresión de locura en su gordo y sudoroso rostro…
-¡¡¡Moriiiiid!!!- Gritó con un desagradable tono agudo apretando los ojos al tiempo que lanzaba su hinchada mano al botón…
Y entonces sonó un disparo y una bala atravesó la frente de “El Gourmet”, que mantuvo la expresión de sorpresa mientras se le quedaban los ojos en blanco y caía como un peso muerto hacia delante… Hiro, Seitei, que ya salía del foso ayudado por aquel, y el subalterno miraban con la boca abierta a Izo, cuya pistola aún humeaba mientras seguía apuntando…
-Se acabaron tus tonterías- Dijo al fin.
Hiro y Seitei se acercaron al subinspector, que permanecía tenso… Este, al verles llegar, se giró hacia ellos… y les sonrió… Ambos le devolvieron la sonrisa, adoptando los tres una incipiente expresión triunfal…
Pero se dieron cuenta demasiado tarde de que habían olvidado algo. Los tres se giraron alarmados hacia el subalterno, que estaba situado junto al botón rojo…
-Ahora sí que esto ha acabado- dijo de forma sentenciosa antes de pulsar el botón.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Detective Night - Capítulo 22

DETECTIVE NIGHT

El juego de “El Gourmet”.


Hiro, Izo y Seitei miraban preocupados en todas direcciones… No sabían qué podía ocurrir a continuación…
De pronto, la pantalla se encendió. En la misma, apareció un tipo bajo y gordo, con un sombrero de ala, blanco apagado con una banda negra, y unas gafas de sol rosa oscuro…
-Bienvenidos. Tal y como pensé, no tardaríais en llegar hasta aquí- dijo esbozando una burlona sonrisa en su redonda cara.
-¡Oye tú! ¡Quién seas… Abre la puerta ahora mismo!- Lo amenazaba Izo con el puño en alto y apretado…
El tipo de la pantalla, al ver la expresión de Izo, comenzó a reír haciendo rechinar los dientes.
-Ji, ji, ji… Veo que “todos” nos vamos a divertir…- Decía casi por lo bajo con su voz tirando a aguda…
Hiro observaba atentamente la estancia; no veía ninguna otra salida aparte de la puerta por la que habían entrado. Seitei miraba con rabia al tipo desagradable que seguía sonriendo en la pantalla.
-¡¿Y ahora qué?!- Explotó el joven agente de policía ante la sorpresa de Izo y Hiro.
El tipo gordo comenzó poco a poco a dejar de reír; aunque no dejaba de esbozar la misma sonrisa…
-Está bien. Os explicaré cuál es vuestra situación: buena no es, para qué os voy a engañar… Pero supongo que de eso ya os habíais dado cuenta- hablaba, “saboreando” cada palabra que pronunciaba- Debo confesar que una de mis aficiones es ver las evoluciones de un grupo de participantes en mi juego… mientras disfruto de un buen plato preparado por uno de mis chefs personales…- Y justo al terminar de decir esto último se interrumpió.
Casi simultáneamente, como si un rayo de luz les cruzara la mente, Hiro e Izo comprendieron de inmediato lo que aquellas últimas palabras significaban. Seitei se percató de la reacción de ambos y los miraba sin entender aún qué pasaba. A través de la cámara, “El Gourmet” había visto cómo habían reaccionado aquellos dos y comprobó que sospechaban cuál era su identidad… Por tanto, uno de ellos debía ser el responsable de la caída de “El Pirómano” y “El Rastreador”…
El tipo gordo comenzó a frotarse las manos.
-Muy bien. El juego es muy simple: debéis llegar hasta donde estoy. Dentro de unos minutos dará comienzo… ¡Cuando esté lista mi comida, jua, jua, jua!- No pudo controlarse.
Acto seguido la pantalla se apagó, dejando a Hiro, Izo y Seitei sumidos en el silencio de aquella irritante estancia totalmente blanca.
Hiro e Izo se intercambiaron una mirada en la que quedó claro que ambos sabían quién era el tipo que les acababa de hablar… Seitei ya sospechaba lo que estaba pasando, pero sabía que debían guardar silencio… o el juego acabaría prematuramente…
En una amplia sala, ante una gran pantalla, sentado a una espléndida mesa con varios entrantes y guarniciones, estaba “El gourmet”, pensando. Ocupando su puesto habitual, el hombre que solía permanecer cerca de él para acatar sus órdenes inmediatas, dejó de mirar hacia el punto fijo arriba y dirigió la mirada hacia el tipo gordo que quedaba de espaldas, en silencio.
-Señor… Disculpe la pregunta, pero… ¿Por qué no los mata directamente si ya sospecha de quienes se trata?- Preguntó, no muy seguro de si aquello era muy prudente…
“El Gourmet” volvió de sus pensamientos y miró a su subalterno de reojo antes de contestar.
-Que hayan llegado hasta aquí tan rápido, no basta para afirmar que entre ellos se encuentra aquel al que buscamos para acabar con él…- Dijo, omitiendo la revelación que había tenido hacía unos instantes- Si ha sido capaz de vencer a dos miembros de nuestra organización, debería ser capaz de durar más que los anteriores participantes…- Concluyó, formándosele en el redondo rostro una sonrisa siniestra…
El hombre tragó saliva y no se atrevió a decir nada más.
Al cabo de un momento, un hombre vestido de camarero trajo una bandeja cubierta por una tapa ovalada y la puso sobre la mesa ante los ojos expectantes del tipo gordo. Entonces, el camarero destapó el plato, liberando una fina y aromática humareda que rodeó la redonda cara de aquel tipo que miraba el delicioso plato con ojos desorbitados y aspiraba el aroma como si estuviera en éxtasis… Cuando se hubo calmado un poco, habló.
-Que empiece el juego.

El detective, el subinspector y el joven agente de policía permanecían en tenso silencio en aquella sala de insoportable color blanco… No tardó Izo en lanzarle a Hiro una significativa mirada que este le devolvió.
-“Efectivamente. Ese tipo seguramente es aquel que es conocido como “El Gourmet”…”- Pensó Hiro, como si le hablara telepáticamente a su amigo…
Este asintió con la cabeza, muy serio y preocupado… Seitei volvió a percibir que quedaba fuera de la comunicación silenciosa entre el detective y su superior.
-¿Y ahora? ¿Qué hacemos?- No pudo evitar preguntar el joven agente…
El detective se llevó una mano a la barbilla y adoptó una actitud de concentración.
-Aquel tipo desagradable hablaba de un juego…- Comenzó a decir Hiro.
Izo miró una vez más a su alrededor.
-Es evidente a lo que se refiere ese psicópata… Lo que no puedo ni imaginarme es lo que nos tiene preparados…
Como si fuera respondido, un sonido consistente en un agudo y continuo zumbido los alertó a los tres… Vieron de inmediato como uno de los sofás individuales comenzaba a girar verticalmente sobre si mismo hacia atrás… Al cabo de unos segundos, había desaparecido tras una trampilla, dejando al descubierto un pasadizo que conducía por unas escaleras hasta abajo.
Los tres pasaron de mirar la recién aparecida obertura a hacerlo entre ellos.
-Solo podemos hacer una cosa…- Les dijo Izo a Hiro y Seitei.
Estos se pusieron igual de serios que el subinspector y asintieron firmemente casi al unísono. Sin decir nada más, Izo comenzó a bajar por aquellas escaleras, por el estrecho paso que solo les permitía ir de uno en uno, seguido por Hiro y finalmente por Seitei, que lanzó una última y desconfiada mirada a aquella sala que dejaban atrás, como si quisiera averiguar de donde provenían aquellos ojos que notaba que los estaba viendo desaparecer…
Una vez hubieron salido de la sala, una trampilla metálica se deslizó súbitamente, para sobresaltó de los tres, impidiendo la posibilidad de volver atrás… Durante unos segundos, permanecieron a oscuras, intentando controlarse… Hasta que, finalmente, comenzaron a iluminarse una pequeñas bombillas que iluminaban lo justo sobre sus cabezas y que iban encendiéndose en fila, como indicándoles el camino que debían seguir…
Continuaron descendiendo. Al cabo de un rato, pudieron escuchar un sonido similar al de la trampilla que se había cerrado más atrás, pero esta vez más adelante…
-Creo que se ha abierto una puerta más adelante…- Dijo Seitei.
Hiro e Izo no contestaron pero estaban de acuerdo en que debía ser eso. Al avanzar un poco más, siempre en forma descendente, comenzaron a vislumbrar cada vez con más claridad una luz artificial, blanca, que provenía de una obertura rectangular al final del angosto y poco iluminado pasillo…
Al cruzar la puerta se detuvieron para observar atentamente la estancia. Era bastante grande, de forma rectangular. Y vacía. Nuevamente aquella intensa e irritante iluminación blanquecina que lo inundaba todo. Al cabo de unos instantes después de haber cruzado el umbral, la puerta se cerró desde arriba, de forma deslizante; ya comenzaban a acostumbrarse a aquello…
-Allí hay una puerta- dijo señalando Izo al otro extremo de la sala.
Hiro y Seitei dirigieron la mirada hacia aquel punto. Aunque los tres comprobaron que estaba cerrada.
Izo observó un instante las altas paredes.
-Me temo lo peor…- Comenzó a decir.
Y justo en ese instante, comenzó a escucharse el sonido de un mecanismo relativamente cercano que se ponía en marcha… Hiro, Izo y Seitei se pusieron en alerta ante lo que pudiera llegar… El sonido se hacía cada vez más intenso y continuo… Y entonces comprendieron lo que estaba pasando.
Las paredes laterales comenzaron a moverse una hacia la otra.
-¡Maldición! ¡Era justo lo que me imaginaba!- Exclamó Izo alarmado…
-¡Pues ya podrías haberte imaginado que se abría la puerta!- Le contestó Hiro, como si realmente Izo hubiera tenido algo que ver…
-¡¿Qué dices?! ¡Piensa algo, detective!- Le respondió Izo, “defendiéndose”.
Hiro no siguió con aquello y comenzó a escudriñar el techo, apretando los dientes por la urgencia…Seitei miraba con preocupación a ambos, sorprendido por la escena que había tenido lugar…
Mientras tanto, imparables, las paredes iban transformando la estancia en un pasillo…
-No hay cámaras…- Comentó Hiro sin dejar de buscar…
-¡Eso ya lo había visto!- Continuó exclamando un irascible Izo…
Las paredes seguían avanzando…
-Quiero decir que no nos han visto llegar… Es como lo de las puertas… ¡Sensores! ¡En alguna parte de esta sala hay sensores!- Llegó a la conclusión el detective…
Izo miró hacia arriba.
-¡Sí, pero… ¿Dónde?!- Preguntó, igual de alarmado, pero ya no “en pie de guerra”…
Seitei también buscaba con la mirada… Hiro se fijó mejor.
-¡Los halógenos! ¡Deben encontrarse detrás! ¡Disparad a los halógenos!- Urgía el detective…
Izo escudriñó entre la intensa luz blanquecina que prácticamente no dejaba ver el origen de la misma: los halógenos.
-¡Seitei!- Exclamó Izo al tiempo que sacaba su arma…
El joven agente asintió de inmediato y sacó la suya a toda prisa… Las paredes ya estaban muy cerca…
Izo y Seitei apuntaron y comenzaron a disparar hacia las fuentes de luz… Hiro se cubría con el brazo mientras iban cayendo los restos de los halógenos destruidos… Los disparos continuaban sumiendo la sala en la oscuridad… Ya casi no tenían espacio… Solo quedaban unos pocos halógenos…
Un último y certero disparo de Izo impactó en el último halógeno iluminado y se hizo la oscuridad y el silencio. Más adelante, la puerta que había permanecido cerrada se abrió con aquel característico sonido deslizante. Ahora que tenían luz, observaron su situación: permanecían cada uno encajado entre ambas paredes… Había estado muy cerca…
-Buena puntería…- Comenzó a decir Izo a Seitei, con la cara pegada a la pared…
-Lo mismo digo…- Contestó el joven agente en una postura similar…
Hiro estaba un poco más atrás.
-No sé vosotros… pero a mi me gustaría salir de aquí cuanto antes…- Comenzó a meterles prisa el detective…
No tardaron en hacerle caso y comenzaron a avanzar casi lateralmente por el estrecho hueco que había quedado… Finalmente, salieron por aquella puerta.
Los tres se detuvieron para respirar y tranquilizarse… Izo se acercó a Hiro, que estaba inclinado con las manos sobre las rodillas…
-Hiro… Siento lo de antes…- Se comenzó a disculpar Izo.
Hiro, sin incorporarse, giró la cabeza dirigiendo la mirada hacia su amigo.
-Tranquilo… La culpa es mía por bromear en mal momento…- Dijo con una sonrisa en la expresión aún de susto…
Izo también sonrió, lamentando lo sucedido. Seitei se alegró de que hubiera vuelto todo a la normalidad… ¿Todo?, pensó mejor…
Estaban en una pequeña sala, similar al pasillo que les había llevado de la sala inicial a la sala de la trampa, igualmente iluminada con pequeñas bombillas que no conseguían iluminar más que lo suficiente para ver otras escaleras que ascendían brevemente a lo largo de una barandilla metálica hasta una puerta, aún cerrada. A esas alturas ya los tres se habían percatado de la existencia de dicha puerta…
Cuando estuvieron preparados comenzaron a moverse en dirección a las escaleras.
-Oye, Izo…- Le comenzó a decir Hiro, que estaba detrás.
-¿Mm? Dime- Contestó Izo, deteniéndose.
Seitei seguía avanzando.
-Ya sé que estábamos a punto de morir aplastados…- Comenzó a decir con tono irónico- …pero de verdad que no recordaba haberte visto así antes…
Izo suspiró.
-Muchos informes, Hiro…- Aclaró Izo.
Hiro lo comprendió todo y sonrió con satisfacción.
-Es una de las cosas buenas que tiene ser detective, je, je, je…- Reía de forma jovial…
Izo no dijo nada. Temía volver a ponerse como antes… Pero, al ver a su amigo reír, no podía enfadarse, de modo que solo pudo volver a suspirar, largamente, y seguir caminando hacia las escaleras…

-Señor, los sensores indican que han atravesado la sala de la primera prueba…- Confirmó su subalterno, con evidente preocupación, a “El Gourmet”…
A este no pareció hacerle mucha gracia escuchar aquello, haciendo rechinar el cuchillo al terminar de cortar un suculento solomillo…
-Claro… tienen pistolas… Apunta: lo primero que hay que hacer es desarmarlos- Dijo y se llevó bruscamente el trozo de carne a la boca, mientras el hombre se afanaba en sacar una libreta y un boli de un bolsillo y apuntaba inmediatamente lo que le acababan de ordenar; esto ante la mirada de reojo de su jefe, que no podía creer que se hubiera tomado aquello de apuntarlo en serio…

Como ya era “habitual”, la puerta se abrió al acercarse Hiro, Izo y Seitei y se cerró tras ellos al cruzarla. Nuevamente se encontraban rodeados por aquella iluminación blanca…
-Pero… ¿Qué es esto?- Izo estaba con la boca abierta…
-Parece… Parece un…- Intentaba asegurarse Seitei…
Finalmente, Hiro, igualmente sorprendido, dijo lo que todos ahora ya sabían…
-Es un laberinto.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Detective Night - Capítulo 21

DETECTIVE NIGHT

La mansión sospechosa.


Había pasado aproximadamente una semana desde que Hiro había estado en la comisaría de policía; y desde que se enteró de la decisión de Aki… La verdad era que su estado de ánimo se había visto muy alterado en los últimos días: en cuestión de horas, pasaba de estar profundamente triste a muy enfadado… y cuando se calmaba, exhausto por la intensa emoción, volvía al estado anterior.
-“No puedo seguir así…”- Pensaba continuamente…
Aparte de una cliente que le había encargado seguir a su marido para comprobar si la estaba engañando, no había tenido ningún caso más últimamente. Y lo único que sabía de Mei era un mensaje que le había mandado al móvil diciéndole que tenía mucho trabajo en la universidad y que no sabía cuando volvería; el detective lo tenía claro: probablemente ya no lo haría.
Parecía increíble pero, en aquellos momentos, Hiro echaba de menos estar jugándose la vida contra alguno de aquellos tipos peligrosos de la organización… Ahora debía salir para seguir a aquel supuesto marido infiel a la salida de su trabajo…

En la comisaría de policía de Blue City la actividad vespertina era intensa. Aunque no pensaba lo mismo el subinspector Izo Brown, que estaba recostado en su silla ante una montaña de papeles: informes a completar; por lo menos no de la manera que Izo entendía en su trabajo como actividad intensa
-Malditos informes… Si después nadie los va a leer…- Se quejaba con los ojos cerrados de hastío.
Entonces notó que alguien se detenía ante su mesa. Pensando que podía tratarse del comisario se apresuró atropelladamente a colocarse en su silla y a agarrar a toda velocidad el primer papel y boli que encontrase… Entonces levantó la vista y vio que se trataba de Seitei.
-Ah… Eres tú… Me has asustado- decía sin ocultar su malestar por el mal rato momentáneo que había pasado…
-¿Mm?- Seitei se extrañó.
Izo se percató de que el joven agente no sabía de qué le hablaba.
-Olvídalo. ¿Querías algo?
Seitei dudó, nervioso antes de contestar. Izo arqueó una ceja al ver la indecisión que se mostraba en el rostro del joven, que no sabía adónde mirar.
-¿Ya vienes a preguntarme por mi sobrina? Sí, ya hace tiempo que está recuperada en todos los sentidos, no te preocupes- le hablaba Izo tratando de mantener un tono “parecido” a amable teniendo en cuenta que era perfectamente consciente del interés del joven policía por su sobrina…
Seitei se llevó una mano a la nunca, sin saber qué decir, y sonrió nerviosamente, cerrando los ojos, antes de asentir en señal de agradecimiento y marcharse de allí.
Izo suspiró largamente al tiempo que negaba con la cabeza mientras se ponía con aquellos dichosos informes…

En un amplio comedor, una larga y ornamentada mesa, que ocupaba gran parte de la estancia, era ocupada únicamente por un individuo sentado en el centro: estaba bastante gordo y era más bien bajo; llevaba gafas de sol tintadas de rosa oscuro; su pelo era gris claro, con tonos lilas, corto, y dos largas patillas en aquella cara redonda, donde también tenía un fino y pequeño bigote que parecía perderse en aquel rostro transformado por los muchos kilos de más. Vestía con un traje blanco apagado, camisa marrón oscuro, cinturón delgado negro y botas de piel de cocodrilo; a un lado, sobre la mesa, tenía un sombrero de ala del mismo color que el traje, con una banda negra. A su alrededor tenía varios platos diferentes de aspecto cuidadosamente elaborado; y ante él una botella de un vino caro que aún no había probado. Un tipo estaba a un lado, detrás de él, mirando con expresión seria y tensa hacia arriba. Delante de la mesa, frente al tipo que estaba sentado en la misma, un individuo vestido de cocinero se retorcía las manos nerviosamente; sudaba mientras observaba el plato que tenía aquel tipo obeso ante él…
De espaldas al cocinero podía verse el exterior, tras la pared de cristal que dejaba ver los frondosos jardines, las fuentes y las montañas lejanas en un día medio soleado.
El silencio en la amplia estancia era muy tenso y se alargó durante varios minutos…
-La verdad es que tiene bastante buen aspecto…- Dijo el tipo que estaba sentado, mirando el plato, con una voz aguda que contrastaba con su aspecto…
El cocinero tragó saliva. Temblaba mientras aquel tipo cogía la cuchara de plata y la introducía en el caldo del plato. El aroma que inundaba la sala era delicioso. El individuo se llevó la cuchara a la boca y se detuvo en seco. El cocinero abrió mucho los ojos, aterrado… El tipo dejó lentamente la cuchara en el mismo sitio donde la había cogido, seguido por la atemorizada mirada del cocinero, que ya temblaba incontrolablemente…
-¡¡¡Basura!!! ¡¡¡Esto es una maldita basura!!!- Exclamaba enloquecido el gordo individuo mientras apartaba el plato con una fuerte sacudida del brazo, haciendo que cayera junto a la mayor parte del contenido a los pies del cocinero, que tenía el rostro desencajado por el miedo…
El tipo situado detrás seguía mirando fijamente al mismo sitio, pero tenía los labios apretados y sudaba copiosamente. El tipo bajito pareció calmarse; se limpió con la delicada servilleta de tejido caro y la lanzó a un lado mientras sudaba y jadeaba…
-¿Acaso querías envenenarme con esta bazofia?- Preguntó inquisitivamente. Pasaron unos segundos- ¡Responde!- Gritó dando un golpe con el puño cerrado sobre la mesa.
El aterrorizado cocinero solo pudo negar girando la cabeza convulsamente mientras cerraba los ojos con fuerza… El tipo que permanecía sentado se lo quedó mirando y esbozó una malévola sonrisa, como si hubiera caído en la cuenta de algo…
-Muy bien, te creo- dijo, cambiando aparentemente y de forma repentina de tono.
El cocinero abrió mucho los ojos, sorprendido. Parecía que se iba  a librar de aquella locura… Pero el tipo gordo volvió a hablar.
-¿Puedes dar un paso a tu izquierda?- Le indicó, ayudándose de la mano, ante la extrañeza del cocinero.
El individuo que permanecía detrás, se puso mucho más tenso, apretando más los labios, y comenzó a temblar, sin dejar de mirar en ningún momento, con el ceño fruncido, hacia el mismo lugar…
-¿Eh? S-sí…- Consiguió articular el cocinero dando un paso en la dirección que el tipo gordo le había indicado.
Lo siguiente sucedió muy rápido. La sonrisa del tipo gordo se amplió mientras llevaba una mano debajo de la mesa, destapaba un botón y lo pulsaba, ante el estupor del hombre que estaba detrás y el horror del cocinero, que ya se imaginaba lo que pasaría a continuación… Una trampilla se abrió a los pies del cocinero y este se precipitó al vacío. Al llegar al fondo, se escuchó el sonido de agua… y comenzaron los gritos.
-¡¡¡Nooooo!!! ¡¡¡Uaaaaah!!! ¡¡¡Socorro!!!- Los gritos de desesperación del cocinero llegaban a los complacidos oídos del tipo gordo mezclados con los graves sonidos guturales de un animal y el violento chapoteo en el agua…
Por primera vez, el hombre que estaba detrás comenzó a bajar la vista hacia la trampilla, lentamente, y con el miedo en los ojos… Los gritos cesaron y el tipo gordo volvió a pulsar el botón para cerrar la trampilla. Sin tomarse la molestia de girarse, comenzó a hablar con su horrorizado subalterno.
-Date prisa. Ve antes de que “Croky” no deje nada. Recupera alguna parte y déjalo en medio de la carretera a un kilómetro de aquí- ordenó, serio y temible…
El hombre, aunque no entendía nada, no se atrevió ni tan siquiera a preguntar. Se separó de la pared y asintió con una exagerada reverencia antes de salir de inmediato por la puerta al otro extremo de la sala.
En aquella amplia e iluminada estancia aún de forma natural, “El Gourmet” se quedó mirando la sopa desparramada por la mesa y el suelo.
-Lástima… Era una delicia.

Un coche utilitario no muy grande y con aspecto de tener unos cuantos años, circulaba por una carretera solitaria, rodeada de bosques, que comunicaba con Blue City. Y de allí venían, precisamente. Era por la mañana. En su interior, un hombre menudo y delgado, casi calvo, con el pelo negro, gafas y vestido en mangas de camisa blanca, conducía con expresión de hartazgo… A su lado, una mujer algo gruesa, con el pelo largo y rubio teñido y rizado artificialmente, gafas de pasta que casi no dejaban ver sus ojos, labios pequeños, rojos de carmín y apretados, y con un vestido rosa de flores, compartía una expresión similar. Detrás de ambos, dos niños, niño y niña, de la misma edad: 8 años, se peleaban ruidosamente por un avión de juguete, un boeing 747 de considerable tamaño…
-¡Es mío!- Decía el niño.
-¡Dámelo! ¡Tú ya lo has tenido mucho rato!- Decía la niña.
El hombre miraba al frente, quedándole los ojos ocultos tras el cristal de sus gafas.
-Así llevan horas…- Dijo intentando controlarse…
La mujer no respondió, permaneciendo enfurruñada.
Entonces, el coche dio un bote inesperado, sobresaltando a sus cuatro ocupantes. El hombre paró de inmediato.
-¿Qué has hecho?- Lo acusó de inmediato la mujer.
-No he hecho nada; había algo en la carretera- se intentó excusar el hombre.
La mujer no dijo nada y permaneció con la misma expresión; el hombre sabía que de nada servirían las explicaciones… Entonces decidió bajar tras quitarse el cinturón de seguridad y abrir la puerta del vehículo.
-¿Adónde vas?- Preguntó la mujer con frialdad.
-Ahora vengo- fue la única respuesta que dio antes de cerrar la puerta de casi un portazo.
Desde lo lejos vio algo raro en el suelo. Se comenzó a aproximar para ver más claramente de lo que se trataba. A medida que se aproximaba, comenzaba a pensar que aquello podía ser… pero no, no era posible. Llegó al punto exacto donde se encontraba aquello. Y sí… si lo era…
-Pero, ¿qué es esto?- Se preguntó, entre horrorizado y asqueado.
Al agacharse ligeramente, pudo examinar con detenimiento lo que indudablemente era un brazo humano, ensangrentado y aún con trozos de ropa, hecha jirones y manchada de sangre…
-¡¿Qué es, papá?!- Preguntó el niño.
-¡Sí! ¡¿Qué es?!- Preguntó la niña.
Sin dejar de mirar aquel brazo lleno de heridas, se incorporó y llevó una mano impedidora hacia el coche.
-¡No os acerquéis!- Exhortó.
El hombre se dio cuenta de que su mujer ni había preguntado; ni se había movido de su sitio, esperando sin duda a que se dejara de “tonterías” y se fueran de allí camino a casa de sus padres. Todo lo demás carecía de la menor importancia para ella, pensó el hombre con amargura…
-¡Papá! ¡Si es algo flipante es mío!- Exclamó el niño.
-¡No, mío!- Gritó la niña.
Y comenzaron de nuevo…
El hombre estuvo tentado de darles una lección que no olvidarían nunca… Pero abandonó tal idea y sacó el teléfono móvil de su bolsillo para llamar a la policía.

Un día más había comenzado. Otro día igual… se temía Hiro. Pensaba seriamente en irse a dormir y no levantarse hasta la hora de cenar…
Entonces sonó el teléfono. Algo dentro del joven detective se activó como un resorte y sus ojos se iluminaron… Tal vez… ¡Sí! Era una llamada de la comisaría: se trataba de Izo.
-¡Dime Izo! ¡¿Qué tal?!- El joven no controlaba la emoción…
Izo, al otro lado, mirando el móvil, se extrañó por la inusual respuesta de su amigo. Y volvió a acercárselo.
-Hiro, tienes que venir.
Hiro sonrió, con su característica expresión de detective…
-Por supuesto.

El joven detective no tardó mucho en llegar al lugar donde le había dicho Izo. Ya se encontraban allí varios coches de policía, uno de ellos perteneciente al departamento forense. Bajó del coche y vio enseguida al subinspector.
-¡Hiro! Me alegro de verte- exclamó Izo.
-Igualmente- contestó el detective a su amigo con una sonrisa.
Hiro miró a su alrededor; los agentes examinaban el lugar… pero no veía ningún cuerpo.
-Eeh… ¿Dónde…?- Comenzó a preguntar el detective antes de que Izo se percatara de lo que aquel le intentaba decir.
-Ven por aquí.
El subinspector le condujo hasta el lugar delimitado donde se encontraba el brazo…
Hiro se quedó perplejo.
-¿Pero… y esto?- Preguntó.
Izo también se quedó mirando la extremidad arrancada.
-Una familia lo encontró hace aproximadamente una hora. No tenemos ni idea de dónde ha salido…
Hiro se aproximó saltando la barrera baja y se puso en cuclillas para examinar mejor aquello. Izo miraba a su alrededor, consciente de que lo que estaba haciendo el detective era un poco irregular… Observó a su amigo prestando máxima atención y pensando…
-¿Y el resto del cuerpo?- preguntó Hiro.
-Solo había esto…
Hiro observó que no había rastros en los alrededores; todo estaba “limpio”.
-Un momento…- El detective se fijó en algo.
Izo se interesó de inmediato.
-¿Tienes algo?
-Estas heridas… parecen de un animal… Un animal poco común por aquí…
Izo no supo qué contestar. Ya le había parecido que el dueño del brazo había sido atacado por algún animal feroz… Entonces Hiro se incorporó sin dejar de mirar el brazo.
-¿Hay alguien viviendo cerca de aquí?- Preguntó dirigiendo una seria mirada a Izo.
Este estuvo a punto de contestar que no tenía ni idea antes de verse interrumpido por alguien que acababa de reunirse con ellos.
-Hay una casa cerca de aquí. Una mansión- dijo Seitei ante la sorprendida mirada de Izo y Hiro.
Hiro le dio las gracias y saludó al joven y este le devolvió el saludo con una jovial sonrisa. Izo estuvo a punto de decirle que debía abandonar aquella costumbre de aparecer de improviso en el momento más inesperado…
Hiro asintió, pensativo. Izo sabía cual era el siguiente paso a realizar.
-Bien. Iremos allí, pues. Seitei, acompáñanos- ordenó el subinspector.
Seitei asintió, entusiasmado de formar parte del grupo formado por ellos tres, que iría a indagar en aquella mansión.

Una vez ante la enorme puerta en medio de los altos muros que separaban la propiedad del exterior, Hiro bajó de su coche. De un segundo vehículo salieron Izo, del lado del conductor, y Seitei. Al llegar ante el portero automático, Izo pulsó el botón. Al cabo de un rato, una pantalla se encendió y apareció la cara de un tipo casi rapado, de pelo negro y piel oscura, que tenía una grave expresión.
-¿Sí?- Preguntó con voz muy grave.
-Soy el subinspector Brown de la policía de Blue City. Tenemos que hablar con el propietario de la casa.
El tipo, que parecía un robot inmóvil, no dijo nada durante unos segundos.
-Un momento- dijo antes de apagarse la pantalla.
Hiro, Izo y Seitei aguardaron. Volvió a encenderse la pantalla.
-Pasen- dijo de nuevo aquel hombre.
Entonces, para sorpresa de los tres, las puertas se abrieron automáticamente, deslizándose cada una en una dirección hasta quedar totalmente abiertas. Tras dudar unos instantes, cruzaron el umbral.
La extensión de aquel lugar era enorme. Los jardines estaban bien cuidados y había muchas estatuas diferentes, protegidas bajo la sombra de los numerosos cipreses. Tardaron varios minutos en llegar hasta la entrada de aquella enorme y lujosa mansión. Allí les esperaba, de pie y estático, con la misma cara de gravedad, el alto tipo que casi daba miedo…
-Por aquí- les indicó caminando en cabeza hacia la puerta principal.
Al pasar al vestíbulo, los tres se quedaron con la boca abierta ante la inmensidad de la estancia, llena de piezas de arte por todas partes. El tipo siguió caminando hasta una puerta que quedaba bajo las amplias escaleras. Pasaron a una estancia con varios sofás blancos, una mesa, también blanca… y no mucho más. Las paredes eran blancas, como el resto del mobiliario, una de las cuales estaba ocupada por una enorme pantalla, ahora apagada, y no había más salida que la puerta por donde habían entrado. Hiro pensaba alarmado en esto último cuando escuchó a aquel tipo hablar.
-Esperen aquí- dijo antes de salir dejando la puerta abierta.
Esto tranquilizó momentáneamente al detective. Pero, de pronto, una segunda puerta deslizante bajó desde arriba, bloqueando la entrada…
-¡¿Qué pasa?!- Exclamó Izo.
-¡Hemos quedado encerrados!- Dijo Seitei.
Hiro se lamentó por no haber hecho caso a su intuición.
Era una trampa y estaban atrapados.