domingo, 1 de julio de 2018

La Maldición del Espejo - Capítulo 15

La Maldición del Espejo

La espada bendecida


Arthur, Rosalyn y Philip habían permanecido en silencio todo el rato; escuchando con atención el relato de aquella “mujer”.
-Pero, tras un tiempo, cometí un error y me atraparon. Aún puedo sentir las llamas devorando mi cuerpo lentamente…- Dijo finalmente, abrazándose a si misma y temblando ligeramente, con una expresión entre cínica y melancólica.
Aquellas últimas palabras extrañaron a Arthur, que ahora ya sabía la identidad de la bruja de la que hablaba aquel libro que había encontrado…
-Pero hay algo que no entiendo- comenzó a decir, pillando desprevenidos a Philip y a Rosalyn.- ¿Cómo te pudieron atrapar tan fácilmente? Quiero decir, ¿te “atraparon” sin más? ¿Así de fácil?
A pesar de con quién estaba tratando, Arthur procuraba que se entendiesen sus palabras. No podía evitar no querer ofenderla…
La bruja cerró los ojos y sonrió. Comprendía perfectamente aquella duda… Ella también pensaba en ello de vez en cuando.
-Hacía tiempo que me perseguían. Pero hice algo que me dejó “indefensa” en un momento dado… aquella maldita gente no desaprovechó su oportunidad- ahora volvió a desviar la mirada, tratando de disimular su visible afectación…
Arthur no pudo llegar a preguntar qué era eso que hizo… apenas pudo despegar los labios…
-Me desobedeció- volvió a retumbar aquella terrible voz que realmente causaba pavor.- Y si no quieres acabar mucho peor que en aquella ocasión, ya sabes lo que tienes que hacer…
Arthur, que al igual que sus dos compañeros trataba en vano de localizar el origen de aquella voz, se fijó en la expresión de aquella bruja: apretaba los dientes de rabia contenida, mientras los ojos se le humedecían a pesar de su evidente esfuerzo por evitarlo…
-Claire…- La llamó la atención el joven.
Aquello sí que no se lo esperaba ella. Hacía tanto tiempo que nadie la llamaba por su nombre que ya ni lo recordaba… Dirigió enseguida aquellos ojos verdes, de indudable belleza, muy abiertos y ahora inundados de lágrimas, hacia el joven, que ahora la miraba con expresión muy seria…
-Deja que te ayude. Entre los dos podemos neutralizar a ese que te tiene esclavizada- le dijo, hablando muy en serio.
Claire se quedó sin palabras. Y durante un instante, muy breve, pensó que, tal vez, había una posibilidad… una posibilidad para liberarse de él.
Pero sabía que eso era imposible. Su rostro volvió a cambiar, deteniéndose el incipiente flujo de lágrimas y borrando todo rastro de inútil y absurda humanidad…
-¡Cállate! ¡¿Qué piensas que puedes hacer tú, jovencito?! No he venido hasta aquí para hacerme amiga vuestra…- Tuvo que detenerse un momento.
Desvió la mirada a un lado, como quedándose pensativa. Entonces volvió a dirigirse a Arthur, que la escuchaba atentamente…
-Lo siento- fue lo único que pudo decir antes de alzar una mano y que el caos se desatara en aquella estancia.
Aparecieron más raíces de las paredes y del suelo que se dirigieron a toda velocidad hacia aquellos seres insignificantes que ya habían durado demasiado…
-¡Cuidado!- Se giró Arthur hacia sus amigos, ahora paralizados por el miedo…
Sin poder hacer nada para evitarlo, sendas raíces rodearon y atraparon a Rosalyn y a Philip, casi al unísono, levantándolos varios palmos del suelo…
-¡Arthur! ¡Socorro!- Gritó Rosalyn, muerta de miedo.
-¡Señor Arthur! ¡Ayúdela!- Le imploraba el buen mayordomo…
Pero sucedió algo que nadie se esperaba. Empezando por el propio Arthur…
Una rápida y hostil raíz se dirigía hacia el joven, casi más para atravesarlo que no para rodearlo… Pero, a prácticamente milímetros de distancia, se detuvo en seco. Arthur, que había cerrado fuertemente los ojos por instinto, los comenzó a abrir lentamente…
-No… No puede ser…- Decía Claire, tan sorprendida o más que el joven investigador…
La punta de la raíz, que iba dirigida a su corazón, temblaba justo delante de él, viendo impedido su avance de forma inexplicable…

Hans y Elizabeth llevaban tanto rato corriendo que aquel ni sabia cuánto exactamente…
-Todavía no me has dicho adónde vamos…- Le recordó el joven a aquella chica misteriosa, dirigiéndose a ella y sin dejar de correr…
Elizabeth no dejaba tampoco de seguir corriendo, mirando al frente, casi como si no le hubiera escuchado…
-Es un poco largo de explicar. Prefiero que lleguemos antes y entonces lo sabrás- concluyó, sin aparente posibilidad de obtener de ella nada más en aquellos momentos…
Hans guardó silencio, tratando de acallar su impaciencia, y ambos siguieron corriendo por aquella amplia caverna que parecía no tener final…

El asombro no se había borrado aún de la hermosa y temible faz de la bruja; tenía los bellísimos ojos verdes muy abiertos y los labios le temblaban de forma casi imperceptible…
-¿Cómo es posible? ¿Quién… Quién eres tú?- Tan solo supo decir.
Arthur no apartaba la mirada de aquella raíz amenazadora, con un sentimiento mezcla de sorpresa y alivio…
-¡Arthur!
Oyó este la voz de Rosalyn muy cerca de él.
-¡Señor Arthur! ¿¡Está usted bien!?
El joven investigador comprobó con alegría que tanto la chica como el mayordomo, a pesar de verse atrapados en aquellas raíces, permanecían conscientes…
-¡Rosalyn! ¡Philip! ¿¡Cómo os encontráis!?- Quiso saber de inmediato.
Rosalyn fue la primera en contestar.
-Yo me encuentro bien… pero tú…
Arthur se apresuró en responder.
-Tranquila. No me ha pasado nada. ¿Y tú Philip?
El mayordomo miraba fijamente a Claire, temblando de la ira…
-No se preocupe por mí señor Arthur. No me duele nada…
Y entonces, cuando respiraba más tranquilo al comprobar que sus compañeros no habían resultado heridos, se dio cuenta de algo: en su mano derecha, bajo el puño apretado, se encontraba el péndulo que le había confiado su abuelo. Aunque no era consciente de cuándo lo había cogido…
Claire se percató de que Arthur apretaba la mano, guardando algo en su interior.
-¿Qué tienes en la mano?- Le inquirió, con un tono que pasó a ser casi autoritario…
Arthur reaccionó. Ella había descubierto lo que, posiblemente -pensó Arthur-, había sido el motivo de su salvación. Con un gesto casi instintivo, se dispuso a guardarlo de nuevo en el bolsillo…
La bruja endureció aún más su rostro y dirigió una mano de inmediato, a distancia, hacia la del joven.
-¡Agh!- Emitió Arthur, al notar que algo le sujetaba la muñeca con una fuerza terrible…
Intentó librarse con la otra mano, sujetándose la muñeca atrapada… pero no podía evitar ir abriendo lentamente la palma…
-¡Señor Arthur! ¿¡Qué le pasa!?- Se alarmó Philip ante aquel forcejeo…
-¡Arthur!- Rosalyn gritó preocupada al ver que aquella maldita bruja se le acercaba con pasos largos y rápidos…
Esta llegó a la altura del joven, que aún se resistía con un esfuerzo tremendo…
-Tengo que reconocer que nadie se había resistido tanto antes como tú- le confesó a este.- Debes tener una fuerza mental considerable…
Arthur abrió uno de los ojos que tenía fuertemente apretados y, al verla ante él, se dio cuenta de que su problema era mayor en aquellos momentos…
-No… No es tuyo…- Fue lo único que se le ocurrió decir.
Claire se extrañó levemente.
-¿El qué no es mío? Abre la mano…- Le exhortó, sin alzar la voz, manteniendo una expresión libre de emociones…
Finalmente Arthur no pudo más. El péndulo cayó al suelo, emitiendo un fugaz brillo antes de tocarlo.
Al tiempo que la bruja dirigía su mirada hacia el objeto, la presión sobre la muñeca de Arthur cesó al instante, cayendo este de rodillas a la vez que se la sujetaba con expresión de dolor…
Rosalyn y Philip no podían soportar la escena que se encontraba ante sus ojos: Arthur, dolorido y arrodillado, ante aquella bruja que miraba con atención y curiosidad el extraño objeto que había caído de la mano del joven…
-¡Apártate de él! ¡Bruja!- Se atrevió a decirle la chica…
Aquello no le hizo mucha gracia a Claire, que apretó imperceptiblemente los labios.
-¡Cuando baje de aquí le voy a enseñar maneras!- La “amenazó” Philip…
La mirada de la bruja cambió súbitamente, tornándose sus ojos furiosos…
-¡Silencio! Ya me encargaré de vosotros más tarde…- Les aseguró, volviendo a su mirada sin emoción en cuanto comprobó que había conseguido el terror en aquellos dos pobres infelices.
Entonces Arthur aprovechó la distracción de Claire para recuperar su péndulo a toda prisa… Esta se dio cuenta demasiado tarde…
-¡No!- Se abalanzó sobre el joven, no muy segura de si sería capaz de no destrozarle…
Entonces ocurrió algo totalmente inesperado. El péndulo, sujetado del cordel por Arthur, emitió un potente resplandor azul, como un fogonazo, provocando que la atónita bruja saliese despedida varios metros hacia atrás, cayendo de espaldas sobre el suelo del despacho de Everton…
Durante unos instantes, se hizo el silencio en la amplia estancia. Rosalyn y Philip, estaban anonadados, sin poderse creer lo que acababan de ver… Arthur, que tampoco se lo había esperado, permanecía de pie, en posición defensiva, sujetando todavía el péndulo, que parecía cobrar vida a medida que transcurrían los minutos… De hecho, ahora mismo permanecía con el cordel en tensión, suspendido en el aire…
Claire, en silencio, con la mirada oculta por las sombras, comenzó a incorporarse lentamente, como si hubiese tenido un tropiezo sin importancia. Hasta que le vieron la mirada.
-¿Qué… Qué es eso?- Trataba de dominar su furia… aunque cada vez estaba siendo menos capaz de ello…
Ahora ella tenía claro el motivo por el cual la raíz no había alcanzado a aquel muchacho con anterioridad… Era ese maldito péndulo. Volvió a preguntar.
-¿Por qué tú tienes algo así? Dímelo…
A pesar de lo furiosa que claramente estaba, Arthur observó que, por alguna razón que desconocía, parecía estar controlándose… por él. Pero debían ser imaginaciones suyas.
-Esto es un regalo de mi abuelo. Él se encargaba de luchar -y vencer- a los seres como tú.

Aún estuvieron corriendo sin parar durante un buen rato más. A Hans le llamó la atención que, a pesar de ya no estar vivo, seguía sintiendo el cansancio de igual forma…
Entonces alzó la vista y vio algo delante.
-¡Allí! ¡Ya hemos llegado!- Exclamó Elizabeth, incapaz de controlar su entusiasmo…
Finalmente se detuvieron ante lo que parecía una especie de altar en piedra, elevado justo al final de la caverna sin salida. Así y todo, Hans pudo comprobar que el lugar estaba suficientemente iluminado; como si una especie de haz de luz blanca y tenue, proveniente de no se sabía dónde exactamente, iluminara -sobretodo- el centro de aquella construcción de apariencia abandonada y remota…
Entonces dirigió la mirada a la joven, que lo estaba observando atentamente, y esta señaló con un gesto de la cabeza hacia la parte superior de la ancha escalinata, donde parecía que el haz iluminaba con más intensidad…
En ese momento, Hans miró y la vio. La espada.
-¿Una espada? ¿Eso es lo que hemos venido a buscar?- Se apresuró el muchacho a preguntar, sin acabar de entender del todo…
Elizabeth asintió.
-Sí. Hace mucho tiempo que la descubrí. No fue fácil, como habrás podido comprobar…
Hans sintió un escalofrío; sabía perfectamente a lo que se estaba refiriendo: el tipo aquel de la soga… el tipo que le arrebató la vida…
-¿Y qué se supone que vamos a hacer con esto? Yo no tengo ni idea de manejar una espada- dijo, irritado, al haber recordado cómo había ido a parar a aquel lugar…
La expresión de Elizabeth pasó de la extrañeza a la comprensión.
-Ya. Discúlpame. No te he explicado nada y te he traído aquí directamente…
A Hans le supo mal haberle hablado de aquella manera a esa joven desconocida que le había salvado la “vida”.
-No. Discúlpame a mí. Es que… estoy un poco nervioso… con lo de estar muerto y eso- trató de quitar hierro a la situación, no muy seguro de haberlo conseguido…
Pero Elizabeth sonrió.
-Has de saber que yo vivía en esta casa. Cuando estaba viva, claro. Y cuando caí en la trampa de la muerte me desperté en este lugar, al igual que tú. No hay muchas partes a las que se puedan ir, la verdad. Por eso, con el tiempo, aprendí a reunir la energía suficiente para ir al otro lado. Como hace nuestro “amigo” de antes…
Hans estaba sorprendido.
-Entonces, ¿yo también puedo llegar a volver al lugar de donde he venido?- Quiso saber, con una cierta esperanza que crecía de forma imparable…
Elizabeth advirtió esto.
-Temporalmente. Siempre volvemos aquí. Día tras día…- A la joven le supo mal acabar con aquella ilusión que había aparecido peligrosamente en el corazón del joven…
Hans se calló durante un momento. Que tonto había sido pensando que…
-¿Y cada día tienes que huir de ese… engendro?
Elizabeth lo miró fijamente.
-Sí. Normalmente todos los que vienen aquí suelen ser atrapados casi de inmediato por esa cosa… pero yo he conseguido evitarlo todo este tiempo. No es difícil si te aprendes su rutina y sus movimientos- concluyó, con orgullo.
Ahora fue Hans el que sonrió.
-Me tienes anonadado. Jamás había conocido a nadie tan valiente como tú. Oye… ¿y qué les pasa a los que son atrapados por él?
El rostro de la joven pasó de la sonrisa a la seriedad en un instante.
-No lo sé. Pero mejor que no te atrape…- Esto último lo dijo en un tono que inquietó sobremanera al joven…
Se le quitaron las ganas de seguir preguntando. Entonces Elizabeth volvió a hablar.
-Si te he traído aquí, es para que me ayudes a sacarla. Yo sola no puedo- dijo, señalando con el dedo la espada clavada en lo alto del altar.
Hans llevó la vista hacia donde señalaba la joven.
-¿Y qué haremos con eso?
Ahora la expresión de Elizabeth se tornó decidida.
-Ayudar a Arthur y a los demás. Con la espada bendecida.

viernes, 4 de mayo de 2018

La Maldición del Espejo - Capítulo 14

La Maldición del Espejo

El nacimiento de una bruja (2ª parte)


Claire corría impulsada por la desesperación y el horror de imaginar a aquellas que eran sus compañeras sumergidas en sus camas por su propia sangre… corría sin importarle arañarse contra los arbustos y las ramas que iban apareciendo en su camino… Incluso llegó a caer en un par de ocasiones, no tardando en incorporarse para seguir con su huída hacia delante…
Llegó al lugar exacto en el que, el día anterior, había tenido aquel desagradable -y doloroso- encuentro con ellas… Había querido llegar hasta allí para tener la referencia de por dónde debía seguir; la verdad es que no estaba muy segura… Comenzó a caminar, titubeante, por donde creía recordar que fue horas atrás…
Al pasar un rato, comprendió que no conseguiría llegar a aquella gruta: no recordaba el recorrido exacto porque, sencillamente, no lo sabía. Había acabado en aquella cueva por simple casualidad… Harta de caminar (y doloriéndose de los golpes todavía recientes), se detuvo en seco. Respiró hondo y gritó con todas sus fuerzas…
-¡¿Dónde estás?! ¡No te encuentro! ¿¡Por qué lo has hecho?! ¿¡Por qué…!?- En ese momento se rompió, cayendo pesadamente de rodillas y prorrumpiendo en llanto.
Las lágrimas le caían formando amplios surcos en su cara, sucia del día anterior, mientras lloraba desconsoladamente, deseando con su alma que todo aquello no fuese más que una terrible pesadilla de la que aún debía despertar…
Entonces la vio de nuevo. Al bajar la mirada -implorante hacia el cielo- sus ojos se encontraron con lo que le pareció, a lo lejos, la gruta que encontró ayer. Todavía entre hipidos, la cara mojada y dos regueros que le salían de la nariz, se incorporó, no sin torpeza, estando a punto de caer… y fue dando pasos temerosos hacia allí… La cueva iba aproximándose a medida que avanzaba… poco a poco, el miedo iba apoderándose de ella, dificultándole el avance…
Al fin llegó a la entrada. No había duda: era el mismo sitio al que había ido a parar cuando la noche estaba en camino… Accedió al interior…
No estaba mucho más iluminada que la primera vez que había estado dentro… Pero alcanzó a ver lo que buscaba… o casi.
Ante ella se alzaba una estatua muy extraña: tenía la forma de una especie de monstruo, un diablo o algo así, con cuerpo humanoide, de brazos, piernas y torso desarrollados, pero pies acabados en pezuñas y dos largos cuernos que se retorcían naciendo de la frente, como de cabra… Tenía una postura sentada, como desafiante… Y aquellos ojos, aún de piedra, los reconoció enseguida…
-¿E… Eres tú? ¿Hola…?- Le hablaba a aquella estatua inerte, preguntándose qué era lo que estaba haciendo…
Cuando, inmediatamente, decidió que no obtendría respuesta (que quizá lo había soñado todo), se dio la vuelta y se dispuso a salir cuanto antes de aquel tenebroso lugar… mientras parecía estar siendo observada por aquellos ojos inmóviles que volvían a quedarse en soledad…

Volvió a su casa caminando. “No sé qué ha podido ocurrir, pero no tiene nada que ver con lo que creí ver anoche…” se repetía una y otra vez mientras realizaba el camino de regreso. Entonces se detuvo.
-“¡Oh no! Mi tío…”- Se horrorizó, preguntándose qué le diría -o le haría- en esa ocasión…
Pero no tenía alternativa: no podía quedarse vagando por el bosque indefinidamente. Sería mucho peor…
Entonces notó algo raro. No sabía decir qué es lo que era… pero había alguna cosa diferente… Aparentemente, su casa, desde fuera, tenía el mismo aspecto; pero su vista parecía detectar algo que su consciencia todavía ignoraba… Se aproximó un poco más…
Ahora sí que identificó algo muy extraño: le pareció oír a su tío… que se lamentaba. Los lamentos provenían del interior, de la cocina, creyó percibir. Se acercó lo suficiente para poder escuchar lo que decía…
-Oh… Dios… Oh Dios mío… ¿Qué es lo que he hecho? ¿Cómo ha podido pasar esto…? Esto es obra del demonio…
Al oír estas últimas palabras, Claire sintió un escalofrío, volviendo a dudar sobre lo que era realidad y lo que no de sus recuerdos… Se aproximó todavía más y entonces, solo entonces, advirtió aquello que había de diferente a su alrededor.
Un pedazo de la hierba que crecía alrededor de la casa, cerca de un montón de ramas secas que ella misma había tenido que ir a recoger para encender fuego, era ahora un espacio visiblemente vacío, de tierra revuelta. Como si alguien hubiese enterrado algo… Temerosa, se acercó con sigilo… no quería que su tío la descubriera…
Al llegar, se fijó en que era una porción considerable de tierra que había sido sacada y vuelta a poner en su sitio; de hecho, la pala que parecía que había utilizado su tío permanecía ahí tirada, a un lado… Era evidente que su actual estado de nervios no le había permitido tomar excesivas precauciones… Y se agachó delante.
Pensó con intranquilidad que tenía el tamaño adecuado para que ella misma cupiese ahí dentro… Trató de apartar, por una vez, aquellos oscuros pensamientos y, dándose cuenta de que llamaría demasiado la atención si utilizaba la pala, comenzó a cavar con las manos.
No tardó demasiado en apartar la mayor parte de aquella tierra reciente… ni siquiera notó demasiado dolor en las manos…
Entonces lo encontró. Había algo envuelto en un pañuelo grande; el cual estaba empapado de lo que parecía sangre… Cada vez más segura de lo que iba a encontrar, se puso a “desenvolver” con cuidado aquello…: un cuchillo. El mismo cuchillo que, la noche anterior, había visto que su tío sostenía cuando dormía en la cocina… pero ahora estaba todo impregnado de sangre… Claire se dio cuenta que, a pesar de ya tenerlas sucias por la tierra, tenía las manos manchadas por la misma… Entonces se giró a un lado.
Era su tío. Estaba de pie, mirándola. Con aquella mirada entre perdida y colérica que tantas veces había tenido que ver en todo aquel tiempo que vivía con él… No le había oído llegar…
-Qué… haces… aquí…- Le inquiría, haciendo denodados esfuerzos por controlarse…
Claire comenzó a sentir un miedo que no se podía comparar a ninguna ocasión anterior.
-Yo… No hacía nada… Pensaba que alguien había escondido esto aquí…- Trató de mentir, desesperada, a pesar de saber que no podía salir airosa de aquella situación…
Su tío se la quedó observando, como no lo había llegado a hacer hasta aquel momento. Sus ojos ahora eran los de un maníaco, moviéndose rápidamente a medida que su mente se turbaba más y más…
-Tranquila… No te preocupes. Sí, seguro que alguien ha dejado eso ahí después de matar a algún animal que no le pertenecía…- Ahora la hablaba con un tono extrañamente amable.- ¿Por qué no lo dejas ahí y vamos a casa? Vamos…- Dijo, alargando una temblorosa mano hasta rodear su brazo…
Entonces la niña notó una sensación de alerta que la hizo reaccionar de inmediato. Se zafó instintivamente de aquella mano que la tocaba de forma diferente a como lo había hecho hasta ahora y dio varios pasos atrás… Su tío se quedó quieto, aún con la mano extendida, mirándola con aquellos ojos inquietantes…
-¿Qué pasa? ¿De qué tienes miedo?- Le decía con una voz retorcidamente melosa…
Claire no le apartaba la desconfiada mirada. Aquello no le gustaba nada…
Entonces se dio cuenta de algo: su tío le miraba… las piernas. Ella no se había dado cuenta de que se le habían ido rompiendo los leotardos que llevaba, durante los últimos acontecimientos, dejando al descubierto las mismas en gran parte… Las cuales miraba su tío con lascivia…
Claire echó a correr. Ya no pensaba en nada más. Solo sabía que tenía que huir de las garras de su tío, transformado, el cual la perseguía entre los árboles del bosque…
Así transcurrieron varios minutos que a Claire se le hicieron horas. Gritaba desesperada en medio de aquella soledad boscosa… sabiendo perfectamente que nadie acudiría en su ayuda…
Entonces tropezó y cayó de bruces al suelo.
Con esfuerzo, intentó incorporarse, pero el golpe había sido considerable y aún estaba algo aturdida… En ese instante oyó algo a su espalda. Instintivamente se dio la vuelta por completo, todavía en el suelo, y lo vio: su tío se encontraba en medio de los árboles, medio encorvado, con el rostro desencajado y los ojos fuera de sus órbitas… como el depredador que sabe que tiene acorralada a su presa… y que no se le puede escapar…
-No te muevas… no te muevas…- Le repetía este, tratando en vano de controlar sus desviadas emociones…
La niña trataba de escabullirse hacia atrás… pero no podía. Estaba agotada y ya no tenía fuerzas para seguir luchando… Era el fin y lo sabía…
Y lo aceptaba.
Entonces, de forma súbita e inesperada por parte de ambos, un rápido ruido de hojas agitándose, como un latigazo, hizo que su tío se detuviera en seco, abriendo mucho los ojos; Claire, que había cerrado los suyos, los abrió lentamente y ahogó un grito…
De forma inexplicable, una rama de un árbol cercano, se encontraba atravesando el costado de su tío, el cual permanecía inmóvil pero temblando…
-¿Qué… Qué es esto…? Uurgh… Tú, tú tienes algo que ver…- Le decía a su horrorizada sobrina, señalándola con un dedo acusador…
Entonces, su tío se fijó en ella, pareciendo ver algo que lo sobresaltó, haciéndole abrir más todavía los ojos enrojecidos y la boca, tratando de decir algo…
-Bru… Bruja- fue lo último que pudo decir antes de perder el conocimiento.
Esto se debía a que acababa de morir, empalado en aquella robusta rama que le impedía caer al suelo…
Con mucho cuidado, Claire se fue incorporando… no perdía de vista el cuerpo inerte de su tío, temiéndole todavía… Cuando terminó de pasar a su lado, convenciéndose de que aquel ser inmundo que había sido su tío no le volvería a poner una mano encima, decidió regresar de nuevo a casa…
Al llegar tuvo una mala sensación de nuevo. Como una urgencia. “Algo” le decía que no debía permanecer demasiado tiempo allí…
Entró en la casa. Fue a su habitación y buscó una bolsa donde poder guardar sus cosas… Mientras reunía sus escasas pertenencias, se preguntaba con desesperación adónde podía ir. Ahora ya no le quedaba nadie en el mundo; y no podía regresar con aquellas personas que vivían en los alrededores y que tarde o temprano averiguarían que ella habría tenido algo que ver en aquellos asesinatos… aunque ni siquiera ella misma estaba muy segura… Entonces, fugazmente, se encontró con su reflejo en el espejo.
-No…- El mundo se le acababa de echar encima…
Ahora entendía, porqué su tío se la había quedado mirando justo antes de morir: un gran mechón de su cabello, por algún motivo que desconocía, ahora era pelirrojo… como el de aquella niña horrible que la había maltratado el día anterior… De hecho, tal y como estaba comprobando en aquel preciso instante, el mechón de cabello de color rojo ahora parecía haberse ampliado en cuestión de segundos; es más, observó incrédula cómo uno de sus ojos se estaba tornando de color verde…
¿Qué estaba pasando aquí? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo…?
No tuvo tiempo de seguir pensando. Un murmullo proveniente del exterior se aproximaba con aparente celeridad… Rápidamente, recogió su bolsa, ni siquiera terminada de preparar, la cerró y se dirigió corriendo al exterior de la casa…
Pero no podría ir a ninguna parte. Ante ella, una hilera de individuos de la aldea cercana -incluso niños-, prácticamente la rodeaban. Le llamó la atención (más bien le alertó) que, a pesar de ser cerca del mediodía, algunos portaran antorchas encendidas…
-¡Tú, niña!- La increpó uno de ellos, un hombre viejo, delgado y con expresión furiosa.- ¿Dónde está tu tío?
La niña se lo quedó mirando. No parecían sospechar de ella. Quizá tendría una oportunidad… Levantó un dedo, en silencio, señalando la dirección donde había tenido lugar la persecución hacía menos de una hora…
La mayoría miró hacia allá, sin apenas fijarse en aquella mocosa desgraciada. Entonces, cuando, a una señal del hombre que había hablado, todos emprendieron el camino hacia donde todavía señalaba la niña, llegó corriendo un joven de no más de catorce años…
-¡Parad! ¡Parad…!- Les decía, mostrándoles la palma de la mano y jadeando con fuerza…
Tras esperar unos segundos a que el muchacho se recuperara, el mismo que había hablado antes a la niña se dirigió a aquel.
-¿Qué pasa? Vamos, habla…- Le inquirió, impaciente.
El joven, ya casi recuperado, les habló con la voz temblorosa por el miedo…
-Lo he… Lo he encontrado… Allí- trataba de decir, señalando en la misma dirección que les había indicado la niña.- Él está allí…
El tipo alzó la mirada hacia el bosque.
-Muy bien, pues. Ya tenemos a ese malnacido… ¡Vamos a…!
-¡No!- Le interrumpió el joven de forma súbita.
Todos se lo quedaron mirando. Claire sabía que debía salir corriendo de allí… pero estaba totalmente paralizada por el miedo…
-¿Qué pasa? Sabemos que ha sido él. Hay varios testigos que…
El joven negó con la cabeza, reuniendo fuerzas para expresarse.
-No lo entiende… Lo he encontrado… muerto. Atravesado por una rama…
Aquello no se lo esperaba el tipo, que se quedó atónito… Los demás comenzaron a murmurar…
Por fin, Claire parecía haber recuperado el dominio de sus extremidades inferiores… Pero apenas dio un paso atrás cuando se dio cuenta de que, una tras otra, las miradas se dirigían hacia ella…
-Mírala… ¿qué le pasa en el pelo?- Decía una mujer.
-Sí… juraría que, hace un momento, lo tenía diferente…- Decía otra…
-¿Y sus ojos? ¡Oh, Dios mío! Fijaos bien, ¡tiene uno de cada color!
Los murmullos pasaron a convertirse en exclamaciones e imploraciones al cielo…
Entonces una idea se fijó en la limitada mente de aquel que parecía dirigir a aquella turba.
-Ha sido ella…- Dijo inicialmente para si.- ¡Ha sido ella! ¡Ella es la responsable de la muerte de su tío! ¡Y de nuestras hijas! ¡¡Es una maldita bruja!!- Vociferó, perdiendo la compostura…
Pero esas palabras calaron hondo en el ya alterado ánimo de aquellas gentes supersticiosas que veían todo aquello como obra del demonio… Encarnado en aquella niña.
Como si lo viese todo en cámara lenta, Claire contempló cómo aquella furibunda muchedumbre se abalanzaba sobre ella como si la fueran a despedazar… y no se equivocaba en absoluto…
Pero había algo en lo que aquella gente miserable estaba en lo cierto: todo lo que había pasado… era obra del demonio.
De forma repentina, las llamas de las antorchas se alargaron como lenguas de fuego que se extendieron alrededor, encerrándoles a todos en una cúpula flamígera… el rugir de las llamas no dejaba oír más allá los alaridos de terror de aquellos pobres desgraciados que comenzaban a ver cómo sus cuerpos ardían por un fuego que parecía estar vivo y que les daba dentelladas con sus fauces ardientes… Claire era testigo de aquel terrible espectáculo, aferrándose a su bolsa y preguntándose cuándo le tocaría a ella… Entonces escuchó una voz familiar en su cabeza…
-“Levántate y sal de ahí. Demuéstrales quién eres tú ahora…”
Claire hizo caso sin rechistar y, de algún modo, sabía lo que tenía que hacer. Alzó una mano, con seguridad, sin prisa pero con decisión y la abrió en una zona del muro de fuego… Las llamas se apartaron en aquel punto preciso, permitiendo que ahora pudiese salir de allí… Lo último que vieron los que aún permanecían con vida, consumiéndose por las llamas, fue a una niña distinta, un ser diferente, con el pelo ondeando como el fuego que los devoraba, totalmente del mismo color, y los ojos verdes, de una belleza terrible que solo puede otorgar la más pura maldad… Vieron cómo la niña los miraba y les sonreía, aunque ya no parecía tener el cuerpo de una niña… Fueron testigos de un nacimiento…
El nacimiento de la bruja Claire.