miércoles, 28 de agosto de 2013
Mensaje del autor.
Hola. "6 Warriors" continuará en breve. Hasta entonces espero que disfrutéis con "Vag, el cazarrecompensas". Gracias.
Vag, el cazarrecompensas - Capítulo 1
Vag, el cazarrecompensas
Era un día soleado y despejado en la ciudad de Realia, capital del reino del mismo nombre. La ciudad estaba construida en un monte y por eso sus calles ascendían por un lado y descendían por el otro; dicha elevación estaba situada en los confines mismos del reino. Amplias extensiones de praderas rodeaban los terrenos circundantes, llanos y verdes… Las nubes parecían querer acercarse para visitar tan espléndida construcción datada en varios cientos de años atrás. Varios reyes habían ocupado el trono en el castillo situado en el punto más alto, desde donde se podía contemplar el reino en toda su extensión; todos ellos habían pertenecido a la misma familia, sin excepción. Aunque, el último rey, no era precisamente el más popular… Se decía que solo pensaba en su bienestar, antes que en el de su pueblo; a pesar de todo, para mantener las bocas cerradas, procuraba (no sin fastidio) mantener “contento” al mismo. No fuera cosa que perdiera el preciado trono… Y el poder…
En aquellos días la ciudad se veía engalanada: se cumplían quinientos años desde que fuera terminada oficialmente. Y, por dicha razón, el rey había mandado construir una gigantesca estatua en la plaza central de la ciudad representándole. Mas, no se podía decir que fuera una representación muy fiel: el individuo que aparecía era alto y tenía porte… todo lo contrario que el rey…
Un individuo ataviado con una capa de viaje con capucha, color gris claro, que lo cubría totalmente, caminaba entre la gente, pasando totalmente desapercibido, después de haber cruzado la entrada principal de la ciudad. Era algo más alto que la media y se podía adivinar una constitución fuerte; solo se le veía la boca y parte de la nariz. Se quedó unos instantes de pie, observando como la ciudad bullía en aquellos momentos con los preparativos de la gran celebración… Percibía incluso nervios a su alrededor por parte de algunos que corrían con el tiempo justo…
-¡Cuidado!- Avisó una voz grave masculina haciendo que el extraño personaje desviara de inmediato su atención…
Más adelante, una mujer con su hijo pequeño en brazos, un recién nacido, se había quedado paralizada bajo un montón de troncos atados, subidos varios metros por una polea, y que se tambaleaban peligrosamente…
Hasta que las cuerdas se rompieron del todo. La mujer se aferró con todas sus fuerzas a su bebé, encogiéndose y esperando el final, entre los gritos de la gente que había cerca…
Entonces algo pasó. Quedando difuminada por los potentes rayos del sol, una figura voló hacia los troncos y pasó de largo, tras escucharse un sonido que rasgaba el aire… Entonces los que estaban allí, vieron asombrados como los troncos caían partidos en dos, cayendo en el suelo a ambos lados de la mujer y su hijo… Esta abrió los ojos y le costó creer lo que había pasado… Todos los que había alrededor se habían quedado con la boca abierta y miraban con incredulidad… La mujer comprobó como su hijo sonreía… no había sido consciente del peligro en ningún momento… y su madre sonrió también sintiéndose inmensamente agradecida…
Pero, ¿agradecida a quién? Hubo algunos que buscaron con la mirada quién había sido el responsable… sin resultado. Mientras tanto, el misterioso encapuchado se internaba entre la gente que se aproximaba para ver qué era lo que había ocurrido…
Poco a poco, iba encontrándose con menos viandantes a medida que se internaba por aquellas callejuelas que ascendían, en ocasiones de forma bastante empinada… En algún que otro momento, se detenía y miraba a un lado y a otro; le estaba costando encontrar el lugar al que debía llegar…
Entonces llegó a un cruce de pequeñas calles desde donde se divisaba la plaza central de la ciudad.
-Pero… ¿qué es eso?- Dijo, contrariado…
Desde donde se encontraba se podía ver claramente la estatua hecha “a imagen” del rey…
-Qué horror…- No pudo evitar decir antes de continuar por la calle que iba a su izquierda…
Iba pendiente de los nombres de las calles…
-A ver… Calle de la Hojarasca… Creo que me dijo que era por aquí…
Sintió como apretaba el calor y se quitó la capucha. Era un joven de unos treinta años, de tez morena, con el pelo largo y castaño y los ojos del mismo color; llevaba una cinta roja en la frente.
-¡Ah! ¡Allí debe ser!- Exclamó al ver una pequeña plaza de losas azules al final de la estrecha callejuela en la que se encontraba…
Aceleró el paso hasta llegar allí. De una fuente en medio de la plaza manaba agua en abundancia. Era un lugar fresco y guarecido del sol gracias a los altos árboles de hojas de un color verde intenso que proporcionaban su sombra a aquel lugar. Había cuatro bancos de madera, uno en cada punto cardinal. Y en el que estaba situado en el correspondiente al Este se encontraba la persona que andaba buscando…
-¿Mm?- Levantó la vista una figura de pequeño tamaño, cuyos pies no le llegaban al suelo, ataviada con una capa con capucha de color caramelo desde donde solo se le veía las pequeñas boca y nariz.
Se levantó de un salto y se echó la capucha hacia atrás, agitando la cabeza para soltarse el pelo. Era una niña de no más de doce años; tenía el pelo de color rosa, ligeramente ondulado y largo un poco más allá del cuello, los ojos rojos y una expresión seria en su rostro, casi de enfado… Llevaba sendos pendientes de pequeño tamaño, rojos y rodeados por un aro dorado. El joven levantó una mano para saludarla.
-Hola. Creo que me esperas a mí…- Dijo, mostrando una afable sonrisa con cierto grado de culpa…
La niña se llevó las manos a la cintura y frunció el ceño.
-¡Ya era hora! ¡Llevo todo el día esperando!- En su manera de hablar, se apreciaba que su mente no se correspondía con su edad real… Parecía más adulta…
El joven se llevó una mano a la nuca y se encogió ligeramente de hombros.
-No creas que ha sido fácil llegar…- Intentó excusarse…
Pero a aquella jovencita no parecían valerle las excusas.
-Bueno. De todos modos parece que aún tenemos suficiente tiempo. Vamos- Dijo, sin abandonar el tono de mal genio…
El joven se extrañó de pronto.
-¿Vamos? ¿A dónde?- Preguntó.
La jovencita se giró, fulminándolo con la mirada…
-A ver al rey, por supuesto. Pero antes tenemos que hacer una parada en la biblioteca- dijo, taxativamente.
El joven asintió. Entonces, la joven, que había empezado a andar hacia la pequeña calle que se abría detrás del banco norte, se detuvo de golpe.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?- Quiso saber, por formalidad más que nada…
El joven parpadeó. Entonces comenzó a cambiarle la expresión en una sonrisa llena de orgullo, ladeando la cabeza y cerrando los ojos. Había llegado la hora de la presentación…
-Mi nombre es Vagarant Armor. Pero puedes llamarme Vag- dijo, señalándose con el pulgar enguantado.
La chica se lo quedó mirando, sin cambiar su sempiterna expresión. No le había impresionado nada…
-Yo soy Cilia. No perdamos más tiempo- dijo, dándose la vuelta y emprendiendo el camino…
Vag, algo decepcionado por no haber conseguido efecto alguno sobre la joven, se apresuró a seguir a Cilia, desapareciendo ambos de aquella pequeña plaza de tonos azulados en la que solo se escuchaba ya el rumor del agua brotando de la fuente…
Ahora ya caminaban por calles más concurridas. Tanto uno como otro se habían quitado las capas de viaje debido al calor… Vag llevaba una túnica gris oscuro, pantalones verdes del mismo tono y guantes, botas y cinturón marrones. A un lado de la cintura, portaba una espada de gran longitud, de mango negro y detalles plateados. Cilia iba vestida con una túnica larga, de color azul, de mangas muy cortas y que le quedaba por encima de las rodillas descubiertas, guantes blancos que le llegaban casi hasta el codo, cinturón negro ancho y botas altas marrón oscuro. Hacía un rato que iban cuesta abajo…
-Y dime, ¿para qué tenemos que ir a la biblioteca?- Quiso saber Vag, preguntando a Cilia, que iba delante…
Esta no parecía tener muchas ganas de dar explicaciones.
-Tengo que consultar algo. Un libro en concreto. Tan solo es una comprobación; pero si no la hago no estoy segura de que podamos llevar a cabo este trabajo…- Le aclaró.
Vag, recordando la suma que estaba en juego, no pensó en cuestionarla ni un instante…
Entonces este se fijó en su socia…
-Oye. Tú eres muy joven…- Se le ocurrió decir.
Cilia ahora no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción…
-Je. Que mi aspecto no te engañe. Fui la primera de mi promoción en el Instituto de Alta Magia. Pasé dos años por delante de lo que habría sido normal gracias a mis resultados académicos…- Decía, orgullosa.
A Vag le pareció que la chica podría estar hablando de sus logros hasta el día siguiente…
Entonces se detuvieron ante un alto edificio: la biblioteca. Tras admirar ambos sus altos portones y sus elaborados ventanales, accedieron al interior.
Una vez dentro recorrieron multitud de pasillos atestados de volúmenes de todo tipo. Aunque Vag se limitaba a seguir a Cilia con unas ganas enormes de salir de allí…
-¡Ah! ¡Ese es!- Señalaba Cilia un libro situado algo por encima de ella con los ojos iluminados…
Pero, pese a que la pobre se estiraba todo lo que podía, era incapaz de alcanzar el objeto de sus deseos… Entonces Vag, después de observar a la joven, cogió el libro con total facilidad y se lo tendió. Esta lo miró con una cara que denotaba que no necesitaba su ayuda para nada…
-Gracias- dijo de mala gana cogiendo el libro y evitando mirarle girando la cabeza…
Vag se quedó un momento pensativo.
-“Ahora sí que veo el mérito que tiene lo que me ha explicado antes…”- Tuvo que reconocer…
Cilia, aún ligeramente humillada, se dirigió de inmediato a una de las mesas y se sentó en la silla abriendo el pesado libro (no sin esfuerzo) ante ella… Vag se fijó en que, en aquellos momentos, no había nadie más en la biblioteca; ni siquiera veía cerca al encargado…
-Hum. Veamos. Sí; ajá… vale… muy bien…- Iba hablando sola Cilia a medida que revisaba las páginas amarillentas del antiguo volumen…
Vag no sabía muy bien qué hacer; nada de lo que había allí le interesaba lo más mínimo…
Entonces percibió algo. Era una sensación que lo ponía en alerta ante la cercanía de algún peligro y nunca le había fallado antes… Miró a su alrededor mientras Cilia permanecía concentrada en lo suyo…
En ese instante lo oyó. Pasando entre las estanterías, algo más allá a sus espaldas, llegaba a ver una figura que caminaba hacia la puerta de salida y cuyos pasos de pronto resonaban por toda la amplia y hasta ese momento silenciosa estancia… A pesar de que no se le veía muy bien, pudo distinguir a un individuo alto, con el pelo muy largo y negro con tonos azulados, vestido con ropajes oscuros y una capa blanca que en aquellos instantes llevaba totalmente abierta… Durante un segundo, a Vag le pareció que aquel tipo le dirigía una mirada de soslayo… Finalmente le perdió de vista y dejó de escuchar el sonido de sus botas… Seguramente ya había salido de la biblioteca.
Entonces Vag dirigió la mirada a Cilia. Esta miraba de reojo hacia atrás sin girar la cabeza, con un rostro sin expresión, aparentando indiferencia… Ninguno de los dos hizo comentario alguno al respecto; pero ambos habían notado algo. Algo inquietante…
Pasó cerca de una hora. Vag ahora dormía en una silla, con los pies sobre la mesa que tenía delante y las manos entrelazadas detrás de la cabeza… las patas delanteras de la silla estaban elevadas, manteniéndolo en precario equilibrio…
-¡Ya está!- Exclamó Cilia, sin abandonar su expresión seria, cerrando de golpe el libro (a propósito) y provocando que Vag casi se cayera al despertarse bruscamente…
Vag, con cara aún de susto y sueño, dirigió su mirada hacia Cilia, que se levantaba con su habitual actitud altiva sin dirigirle la mirada…Finalmente se dignó a dirigirse al joven.
-Ya he terminado lo que venía a hacer aquí. Vamos a ver al rey- concluyó.
Otra vez tenían que subir para llegar hasta donde estaba situado el castillo real. A medida que se aproximaban, se cruzaban cada vez con más transeúntes que, sin duda, venían o iban al mismo lugar al que ellos se dirigían…
Finalmente lo tenían ante ellos: el castillo real de Realia. Una magnífica construcción de losas blancas y torreones acabados en tejados puntiagudos y azulados…
Vag y Cilia, sin más demora, se dirigieron a la entrada principal.
Ahora se encontraban en el salón del trono. Ambos estaban de pie, uno al lado del otro, en medio de una alfombra púrpura, ante el trono ocupado por el rey, al cual le informaba uno de sus consejeros y que era el mismo que había acompañado a Vag y Cilia hasta aquella inmensa sala…
-Bien, bien- decía el rey, conforme, a su consejero, el cual comenzaba a retirarse haciendo una sentida reverencia…
Entonces el rey se fijó en aquellos que tenía delante. El rey era, en realidad, un hombrecillo al que la ropa real parecía venirle grande; tenía un fino bigotillo y una minúscula barba acabada en punta, que contrastaba con sus enormes orejas y ojos como si se le quisieran salir del menudo rostro… Se dispuso a hablar con la mayor solemnidad que le permitían sus innumerables ensayos ante el espejo…
-Muy bien. Muy bien, digo. Así que vosotros sois los mercenarios que se encargarán de velar por mi seguridad durante la gran celebración de mañana…- Dijo sin demasiadas reservas.
Tanto a Cilia, que frunció el ceño, como a Vag aquello de “mercenarios” no les gustó nada…
-Perdone, majestad- comenzó a hablar Cilia- Me llamo Cilia Van Halia y soy una hechicera- aclaró.
-Y mi nombre es Vagarant Armor y soy un cazarrecompensas, exactamente…- Dijo Vag, haciendo lo propio.
El rey sacudió la mano.
-Lo que sea, lo que sea- dijo, denotando que todo aquello era lo de menos…
Tras un instante de silencio, el rey volvió a hablar.
-Bien. Como sabéis, un terrorista amenaza con actuar contra mi persona en el gran día que tendremos mañana, en el cual se inaugurará la estatua…- Dijo, con creciente preocupación…
Vag se acordó de dicha estatua.
-¡Ah, sí, la estatua de su primo!- Soltó despreocupadamente…
El rey se quedó de piedra. Cilia estaba horrorizada.
-¡¿Cómo que mi primo?!- “Rugió” indignado- ¡Mi primo murió el mismo día que mi hermano! En aquella cacería a la que no pude asistir por indisposición…- Esto último lo dijo sin resultar demasiado convincente…
Vag miró hacia una pintura en la que se veía a los tres: el rey, su hermano y el primo de ambos. Aunque no era el tipo que tenía delante el que iba vestido como heredero a la corona…
-¡Ya sé! ¡Es la estatua de su hermano!- Volvió a intentar.
A Cilia le iba a dar algo. Aquel idiota iba a mandar al traste el trabajo…
-¡¡Que noooooo!!- Vociferó aquel hombrecillo al que se le estaba a punto de caer la corona- ¡¡Que soy YO!!- Casi pataleaba…
Vag no entendía nada. Pero si no se parecía…
-Vale, vale…- Lo dejó ya…
Una vez se calmaron los ánimos, el rey, tratando de recuperar con la mayor dignidad posible la compostura, habló una vez más.
-Está bien… ¿Ya sabéis cómo lo vais a hacer? ¿Puedo confiar en vosotros?- Esto último lo dijo dirigiendo una mirada incisiva a Vag…
Cilia se apresuró a intervenir.
-¡Sí, majestad! ¡Tenemos un plan!- Aseguró.
Aquello pareció tranquilizar al rey. Pero desconcertó por completo a Vag, que se la quedó mirando extrañado… El rey asintió, a pesar de todo, complacido…
-Me alegra oír eso. Podéis retiraros- dijo, con expresión de agotamiento y aún el pelo despeinado por la inestabilidad de la corona…
Vag volvió a mirar a Cilia. Esta sonreía henchida de orgullo y satisfacción.
Una vez fuera, camino de la ciudad, Vag no pudo resistirlo más.
-Oye, Cilia, ¿de verdad tenemos un plan?- Preguntó, sin estar muy seguro de si la joven lo habría dicho para salir del paso…
Esta se detuvo y sonrió del mismo modo que hacía un rato, olvidando momentáneamente el desastre que su compañero había estado a punto de provocar… Cilia se giró hacia Vag.
-Por supuesto que tenemos un plan. Te lo explicaré.
martes, 27 de agosto de 2013
El guardián del cementerio
El guardián del cementerio
Jack era un chaval de doce años; era de altura y constitución media, tenía el pelo algo largo y negro, cuyo flequillo casi le tapaba los ojos, y los mismos de color castaño. Vestía con vaqueros azules y gastados, deportivas blancas, sudadera gris y una chaqueta azul marino. Era bastante tímido y retraído. Pero, sobretodo, era muy asustadizo…
Y allí se encontraba. Delante de la puerta del cementerio municipal… Era un viernes por la noche; lo normal, para cualquier chaval de su edad, era estar por ahí con sus amigos, dando vueltas por las calles de la pequeña localidad en que vivían, Paraville, escuchando música e incluso bebiendo un poco (o no tan poco)… Pero Jack no era así. Para él, ir sin rumbo por la calle medio mareado no era precisamente sinónimo de diversión…
De todos modos, en aquel preciso instante, tampoco se estaba divirtiendo mucho precisamente… A su espalda, portaba una mochila con todo lo necesario para sobrevivir una noche: agua, vendas, alcohol, una navaja suiza, chocolate…
Y, sujeto bajo el brazo, un libro. Un libro muy antiguo.
Ante él se encontraba la puerta de reja del cementerio. Por supuesto, a aquellas horas el candado ya estaba echado. Pero él conocía una manera de entrar no muy lejos de allí… A pesar del miedo que le daba estar en aquel lugar (incluso cuando era de día), estaba al mismo tiempo emocionado…
Todo había comenzado aquella misma mañana…
Tras huir de los matones de todos los días, Jack había conseguido llegar hasta la biblioteca; estaba seguro de que hasta allí no llegarían… No podía evitar esbozar una sonrisa al pensar que a aquellos tres energúmenos les explotaría la cabeza sin remedio al verse de pronto rodeados de tantos libros y conocimiento… Aquel era como su refugio; en todos los sentidos… Y nunca había nadie, a excepción del señor Gold, un hombre mayor que cualquier día se iba a jubilar, muy amable, con el pelo que le rodeaba la calva ya de color totalmente blanco, al igual que el frondoso bigote, y unos pequeños ojos oscuros tras unas gafas de amplias lentes con un cordel que le caía por detrás. Aquel hombre debía tener el trabajo más tranquilo del mundo, pensaba Jack.
Ah, y también estaba ella. Solo conocía su nombre porque una vez se dirigía a ella el señor Gold: Liza. Era una chica de la misma edad que Jack. Algo más bajita que él y más delgada (lo normal para una chica de su curso); de piel ni muy blanca ni muy oscura, tenía el pelo castaño claro recogido en una cola, los ojos azules y usaba gafas para leer. Y es que, siempre que iba a la biblioteca y la veía (lo cual era casi siempre), ella estaba leyendo; jamás levantaba la vista, jamás le había mirado (estaba seguro)…
Bueno… excepto una vez que, con su torpeza habitual, se le había caído un libro y, al levantar la vista desde el suelo hacia ella, le había dado la ligera impresión de que lo estaba mirando… Tonterías… Es que aquel libro hizo mucho ruido…
Y aquel día, también estaba allí: sentada y leyendo. Jack se puso nervioso (como le pasaba siempre que la veía cerca) y trató de caminar lo más dignamente que pudo hasta internarse entre las estanterías bajo aquella luz tenue… Más tranquilo al no poder ella verle, comenzó a indagar por enésima vez entre aquellos títulos que iba camino de saberse de memoria…
Aunque esta vez hubo un volumen que le llamó la atención de forma poderosa. Era de considerable tamaño y antigüedad. Y, lo más extraño, es que estaba escrito en una lengua que no le sonaba en absoluto… Jack era muy buen estudiante y, además, le encantaban las lenguas. Era a lo que le gustaría dedicarse de mayor: un estudioso de las lenguas. Pero esta no había manera de identificarla…
Al fondo del pasillo, había una mesa individual con una luz encendida y una silla. Hasta allí se dirigió Jack de inmediato y posó el pesado libro encima de la superficie de madera. En la portada del volumen se distinguía una población: estaba casi seguro de que se trataba de Paraville, su ciudad… Pero la ilustración debía tener como poco unos cien años…
Abrió el libro.
Estaba íntegramente escrito en aquella lengua ininteligible para él. Ante sus ojos iban desfilando diferentes edificios que habían sido importantes para Paraville; en algunos casos le parecía que se describían objetos extraños que se hallaban en algunos de estos edificios, uno por cada… Lo que ocurría era que ninguno de aquellos edificios permanecía ya en pie; estaba seguro… Seguramente habían construido encima de la mayoría, pero era imposible identificarlos a partir de la información que podía extraer de aquel libro… Todos menos uno: el cementerio. Era el único lugar que había permanecido prácticamente inalterable desde su construcción… Y, según el libro, allí había un objeto; uno de aquellos extraños artefactos…
-Hola- le sobresaltó una voz femenina detrás de él.
Jack se giró y abrió la boca por la sorpresa.
-Ho… Hola- no se lo podía creer: era Liza.
Jack se fijó en cómo iba vestida: Vaqueros grises, botas marrones, un suéter blanco y una chaqueta deportiva azul claro. La chica tenía las manos cruzadas detrás y se asomaba con interés hacia el libro que Jack tenía abierto delante de él…
-¿Qué haces? ¿De qué trata ese libro?- La chica preguntaba de la forma más natural…
Jack, todavía aturdido, no estaba seguro de qué contestar… Si se lo decía, a lo mejor la espantaba… Y para una vez que se encontraba hablando con ella, no quería que aquello terminase tan pronto…
-Se trata de un libro… antiguo- se le ocurrió decir…
Liza volvió a dirigir la mirada curiosa hacia la página en la que había una ilustración del cementerio de Paraville.
-Ya. Eso se ve. ¿Es ese el cementerio?- Quiso saber.
A Jack le pareció que no sería una de esas chicas que salen huyendo a la que detectan alguna “rareza” en él… Así que se dispuso a compartir su descubrimiento…
-Al parecer, en alguna parte del cementerio de nuestra ciudad, hay un objeto escondido… Aquí se describen sus propiedades… pero está escrito en una lengua que no conozco…
Al decir esto último, Liza se acercó de inmediato hacia el libro, quedando a escasos centímetros de distancia de Jack. Este no podía quitarle la vista de encima. No sabía qué hacer…
-¡Ajá!- Exclamó Liza, sobresaltando otra vez a Jack, que intentaba disimular…
El chaval veía la expresión de triunfo en el rostro de la chica.
-¿Qué pasa?- Preguntó al fin.
Liza volvió a mirar algo más antes de volver a incorporarse y dirigirse a Jack.
-No hay duda. Se encuentra en la parte antigua del cementerio. Y creo saber exactamente dónde está....- Dijo, muy segura de si misma…
Jack estaba realmente asombrado. Era como si hubiera encontrado a alguien como él…
-Lo de que estaba en la parte antigua ya lo había supuesto- dijo, con cierto tono “competitivo”- Pero aún no estaba seguro del punto exacto…- Reconoció…
Entonces a Liza pareció ocurrírsele algo.
-¿Qué te parece si vamos? Esta noche- le propuso la chica, a un Jack que se quedó patidifuso…
Ir con Liza… al cementerio… Sus emociones no podían estar más encontradas…
-Vale- dijo, prácticamente sin pensar…
Liza sonrió, quitándose las gafas y dejando al descubierto sus luminosos ojos azules…
-Muy bien- convino, satisfecha.
Jack miraba nervioso su reloj. Liza se retrasaba. Vale que se lo había avisado… pero eso no lo tranquilizaba en absoluto; y menos teniendo en cuenta donde se encontraba ahora…
-¡Hola!- Exclamó Liza desde detrás de Jack…
-¡Uaaaaah!- Vociferó este sintiendo como el corazón casi se le salía por la boca…
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!- Liza no podía parar, haciendo esfuerzos por no caer al suelo…
Jack la miró con una expresión muy severa…
-¡¿Qué haces?! ¡Casi me matas…!- Se quejó, quitándosele, de pronto, cualquier traba para hablar con ella…
La chica se secaba las lágrimas…
-Hala… exagerado…
Guardaron unos segundos de silencio, tratando de recuperar la compostura… Entonces Liza habló.
-Bueno. Vamos a lo nuestro. Tenemos que entrar ahí…- Dijo, señalando con el dedo la puerta cerrada del cementerio…
Al ver que la chica miraba el enorme candado que impedía el acceso al interior del mismo, decidió intervenir…
-Conozco una entrada.
Liza se giró hacia él y lo miró con una expresión que denotaba que aquello no se lo esperaba…
Rodearon el amplio recinto hasta llegar a la zona oeste…
-Aquí es- dijo Jack comenzando a apartar unos matorrales que habían crecido con el tiempo y que cubrían un agujero (no muy ancho) en el muro de la pared…
Liza lo miraba (y a Jack) con evidente admiración…
Entonces Jack observó a la chica; se fijó en la atención que prestaba a todo lo que él hacía… Y pensó en el simple hecho de que ahora mismo estuviera allí con él…
-Oye…- Comenzó a decirle el muchacho a Liza…
Esta lo miró, con los ojos muy abiertos y algo extrañada…
-¿Sí?
Jack dudó un momento antes de hablar.
-¿Tú… Cómo es que te interesan estas cosas? Quiero decir… No es muy normal que una chica como tú…- No sabía cómo decirlo…
Pero Liza le entendió enseguida.
-Ya. Para que lo sepas, me suelo pasar los fines de semana viendo películas de terror en mi casa y leyendo cómics…- Dijo, “sintiéndolo” mucho por si le estaba decepcionando…
Pero nada más lejos de la realidad. Jack jamás se lo hubiera imaginado… Y le parecía fantástico. Pero ahora había llegado la hora de centrarse en lo que habían ido a hacer allí…
-¿Pasas tú o paso yo?- Le preguntó Liza al ver que el muchacho no se decidía…
Este le lanzó una mirada desafiante y (muy a su pesar) atravesó el agujero de la pared…
Ahora estaban dentro. Justo ante ellos ya había una hilera de tumbas vistas desde atrás…
-Vale- comenzó a decir Liza desplegando ante ella un mapa hecho a mano- Es por allí- dijo señalando con el dedo en dirección a la una en punto…
Fueron avanzando lentamente por entre las tumbas; la mayoría solo mostraban un crucifijo (en ocasiones torcido) ante un montón de tierra: estaban en la zona antigua del cementerio…
En un momento determinado, a Jack le pareció ver una figura moverse más allá, a su izquierda, bajo el contorno de la luna…
-¡Espera!- Avisó a Liza en un alto susurro…
Esta se detuvo de golpe.
-¿Qué pasa?- Liza era consciente del mal rato que estaba pasando Jack. Muy en su interior, le sabía mal (pero muy en su interior)…
Jack comprobó la dirección en la que le había parecido ver aquello…
-Me ha parecido… quiero decir… Creo que había alguien…- Decía intentando mantener la calma…
Liza miró hacia arriba con cierto hastío.
-No era nada. Aquí todo hace figuras y formas fantasmagóricas… Es muy normal- aseguraba.
Al ver lo tranquila que la chica estaba, Jack se avergonzó un poco y decidió no decir nada más por el momento…
Continuaron avanzando. Liza estaba concentrada en el mapa, el cual consultaba con una mini-linterna, mientras Jack miraba hacia el suelo, sin poder contener su fastidio…
Entonces volvió a pasar. Vio algo desplazarse súbitamente, esta vez a su derecha, a no demasiados metros… Dirigió la mirada de inmediato hacia la concentrada Liza… pero decidió no decir nada; ya había hecho suficiente el ridículo…
Y volvió a ocurrir. Ahora más cerca. Ahora más claro: una figura humana… Jack levantó un dedo.
-Eeeh…- Trató de decir…
Pero Liza no le prestaba atención. Seguía avanzando con Jack detrás, con el dedo levantado y dudando… A este le parecía oír ruidos de pasos provenientes de todas direcciones…
-¡Aquí es!- Exclamó la chica, triunfal…
Una vez más, casi mata a Jack de un susto.
-Eeh, Liza… creo que…- Trató de decir de nuevo…
La chica le ignoró, intentando abrir una vieja puerta de madera que parecía erguirse solitaria en el ahora más iluminado cementerio, gracias a la luz de la luna…
-Venga, ayúdame…- Hablaba Liza con esfuerzo tratando de abrir la puerta…
Entonces Jack vio lo que pasaba.
-Espera- le dijo mientras buscaba en su mochila…
Liza observaba con interés a Jack. Entonces este extrajo una ganzúa que quedó inmediatamente iluminada por la luz del satélite…
-¡Estupendo! ¡Eso es lo que necesitamos!- Exclamó, entusiasmada.
Jack no podía ocultar el orgullo que sentía en aquellos momentos… Introdujo la ganzúa en la cerradura ya herrumbrosa y comenzó a tantear… Al cabo de unos segundos la cerradura se abrió. Ambos quedaron mirándose unos segundos. Tras asentir casi a la vez, Jack abrió la puerta con cuidado: ante ellos se extendía una escalera estrecha que bajaba por un pasillo iluminado por antorchas… Liza entró en primer lugar y se quedó mirando a Jack; este la miraba muy serio y asentía… Cerró la puerta tras de si, no sin antes volver a parecerle ver algo en el exterior que les acechaba…
Bajaban las escaleras de caracol con extrema cautela; eran conscientes de que si aquel pasillo interminable estaba iluminado con antorchas era porque no estaban solos… Aún así, sentían la inevitable atracción de llegar hasta el final…
Finalmente llegaron a una sala. Una gran sala. También estaba iluminada con antorchas; y en medio, una tumba…
-Ahí está la tumba…- Decía Liza, fascinada…
Jack no podía decir nada… Ahora estaba seguro de que allí arriba había alguien vigilándoles…
Ambos se acercaron a la tumba. Liza fue la primera en poner las manos sobre ella…
-Ayúdame- le pidió a Jack, seria…
Este, ya sin reticencias, apoyó también las manos sobre la tapa de piedra… Y ambos comenzaron a empujar… costaba más de lo que parecía… estaban haciendo un tremendo esfuerzo…
-¡Uuuf!- El sudor comenzaba a aparecer en la frente de Liza…
-¡Aaaah…!- Jack apretaba los dientes y cerraba los ojos con fuerza…
Pero la cubierta de la tumba comenzaba a ceder. Dándose cuenta de esto, Jack y Liza hicieron un último esfuerzo…
Ambos soltaron sendas exclamaciones al terminar de deslizar la tapa hasta el suelo, que cayó con gran estrépito… Ambos se encontraban sentados en el suelo, jadeando y tratando de recuperarse… Cuando ya se encontraban mejor, se dirigieron una elocuente mirada… ¿Qué habría en el interior? Se levantaron casi de un impulso y se asomaron de inmediato al interior de la tumba descubierta… Los dos se quedaron con la boca abierta…
En el interior había una extraña piedra de forma trapezoidal y de color verde. Nada más. Jack y Liza se miraron.
-¿Crees que…?- Comenzó a decir la chica.
-Es el artefacto. Seguro- Dijo Jack, convencido…
Entonces notaron una sombra tras ellos. Se giraron de inmediato y lo vieron: era un tipo extraño, con la cara semejante a la de un esqueleto con piel, esta de color cetrino, con los ojos saltones y negros (con un brillo rojizo en las pupilas), pelo largo y gris de estropajo, las manos con los dedos alargados y las uñas amarillentas, alto y encorvado y embutido en un traje marrón de hacía décadas… Jack y Liza se quedaron mudos. Aquel tipo se los quedó mirando fijamente, con una casi sonrisa que se asemejaba a la expresión de una calavera… Tampoco hablaba. Entonces, lentamente, aquel individuo comenzó a levantar un dedo hacia ellos. Por algún motivo, tanto Jack como Liza comenzaron a sentirse mal… cada vez peor… Entonces llegó un momento en que parecieron perder de vista todo lo que había a su alrededor… todo era oscuro… y notaron como el estómago se les subía como si estuvieran cayendo a toda velocidad…
Al cabo de un rato se les comenzó a aclarar la cabeza… pero la oscuridad permanecía.
-¿Qué… Qué ocurre aquí?- Decía una aún aturdida Liza…
Jack también terminaba de volver en si. Y comenzó a entender a qué se refería la chica…
Estaban tumbados, uno junto al otro, pegados, dentro de algo…
-Creo que estamos… dentro de una tumba- aventuró Jack, deseando con todas sus fuerzas no tener razón…
Liza estuvo de acuerdo.
-Bueno… Si lo hemos hecho una vez, podemos hacerlo otra…- Dijo, envalentonada…
Y ella sola, comenzó a empujar hacia arriba… Jack notaba como se esforzaba la chica… pero se temía lo peor… Al cabo de un rato, Liza se hartó y golpeó con el puño en la cubierta, haciéndose daño en la mano…
Pero el dolor se le olvidó enseguida que notó cómo le caía tierra encima…
-¿Estás bien?- Le preguntó Jack, sintiéndose culpable por no haberla ayudado en esta ocasión…
El muchacho notó que algo no iba bien (algo más, claro)…
-No estamos en la misma tumba… Estamos enterrados…- Dijo Liza, como ida…
Era lo que Jack se temía. Por primera vez, notó como Liza estaba asustada. Sintió como la chica, poco a poco, lo agarraba del brazo y apoyaba la cara contra su pecho, comenzando a sollozar…
Estaban perdidos. Jack no podía soportar que todo acabara así…
Entonces, para su sorpresa notó como se le deslizaba de un bolsillo de la chaqueta de Liza un objeto pesado que le caía encima del estómago. Jack lo recogió desde su posición y lo tanteó…
-¡Cogiste el artefacto!- Exclamó…
Liza no dijo nada. Ya todo le daba igual…
Jack sujetaba el artefacto con una mano y a Liza la rodeó con la otra… Recordaba algo… una ilustración del libro que encontró en la biblioteca del instituto… referida a este artefacto… se concentró y…
Tras volver a experimentar las sensaciones previas que habían tenido antes de llegar allí, ahora se encontraban en el punto de partida: la entrada de la puerta del cementerio. Jack aún rodeaba con el brazo a una incrédula Liza que miraba a su alrededor… No podía creer que ahora estuviesen allí…
-¿Cómo…?- Trató de preguntar la chica…
Jack recuperó el libro que había guardado hacía rato en la mochila…
-Mira… Según estas ilustraciones, este artefacto parece ser una especie de…
-Teletransportador…- Terminó Liza, aún presa del asombro…- Pero… ¿de dónde viene este artefacto, exactamente?- Quiso saber…
Y como si fuera la respuesta, apareció el tipo extraño de antes… el que les había encerrado en una tumba bajo tierra… Se acercó a los jóvenes, que estuvieron tentados de retroceder, y alargó una mano mostrando la palma… Era evidente lo que quería.
Jack miró el artefacto que aún portaba en la mano y, a pesar de la expresión de desacuerdo de Liza, se lo tendió a aquel tipo…
Entonces este, para asombro de ambos, sonrió de manera extraña, al tiempo que los globos oculares se le tornaban totalmente negros, como si contuviesen algún líquido, y se dio la vuelta con paso extraño, impropio de aquel cuerpo de considerable envergadura, desapareciendo tras la verja que cerró de nuevo tras de si…
Jack y Liza lo miraban alejarse con los ojos muy abiertos. Entonces, elevaron la vista al percibir una estrella fugaz que surcaba el cielo despejado… y se miraron de inmediato.
Pues claro. Eso es…
Estaba claro que ya no tenían nada que hacer allí.
-Bueno… Pues, nada…- Jack no sabía cómo despedirse… No quería despedirse…
Liza también notaba como se le encogía el corazón…
-Oye…Ya sé que no te gustan, pero… no sé… si quieres… podemos quedar en mi casa algún día para ver alguna peli de terror…- Dijo la chica, algo nerviosa (lo que llamó la atención de Jack)…
Pero Jack no dudó.
-Vale. Además… creo que ahora me encantan…- Dijo, sonriendo…
Liza, al oír esto, también sonrió, de una forma que no había visto Jack hasta ese momento…
Y ambos se alejaron juntos de la puerta del cementerio, en donde unos ojos negros en su totalidad permanecían vigilantes bajo el inmenso y desconocido cielo nocturno.
Fin
viernes, 23 de agosto de 2013
6 Warriors - Capítulo 20
6 WARRIORS
Un encuentro fortuito.
El sol se veía reflejado como una bola luminosa ondulante en la superficie del agua límpida del río. Era por la mañana. El caudal bajaba a buena velocidad, como de costumbre, y apenas había descendido a pesar del calor de las últimas semanas. Huei se encontraba sentado sobre una roca, a la orilla del río, protegido por la sombra de los árboles de largas ramas. Tenía una caña de pescar colocada en un pequeño hueco de la roca y, al otro lado, un cubo en cuyo interior había ya varios peces. Mientras, él se encontraba sentado con las piernas cruzadas, con las mangas casi una dentro de la otra, en posición de meditación; solo escuchaba el agua del río correr y los demás sonidos de la naturaleza circundante… Aquel era un lugar tranquilo y solitario. Justo como le gustaba a Huei…
Entonces notó que se acercaba una presencia. Pero no alguien que le turbara precisamente…
-Hola. ¿Qué haces?- Preguntó una agradable Xin, a pesar de que era obvio lo que el joven estaba haciendo…
Pero a Huei no le importaba en absoluto dedicar su tiempo a explicarle a la joven cosas obvias…
-Estoy intentando reunir lo suficiente para cenar… Si aquellos tragaldabas de Gavin y Yun no zamparan tanto, yo no tendría que estar tanto tiempo aquí… Y de Bo ya ni hablemos…- Dijo Huei, en tono tranquilo.
Xin sonrió.
-Te recuerdo que tú tampoco te quedas atrás. Y, además, no me negarás que te encanta estar aquí… tú, solo…- Daba la impresión que Xin intentaba decir más de lo que decía…
Huei sonrió, algo no muy normal en él…
-Veo que me conoces cada vez mejor…- Él también trataba de que aquella conversación tomara un rumbo determinado…
Guardaron unos instantes de silencio. Tan solo se escuchaba el agua azul del río circular a toda velocidad; y a algunos pájaros piando alrededor…
-Oye, Xin…- La joven notó el cambio de tono en la voz de Huei. Nunca le había visto así antes…
Le miró, tratando de mantener la compostura…
-¿Sí?
Huei dudó unos instantes antes de continuar.
-No sé si preguntarte esto… pero… ¿tú y… Feng…?- Trató de decir, mirándola de reojo…
Pero, al ver la reacción de la joven, se detuvo de inmediato. Xin había girado la cara para que el joven no la viera. Su expresión lo decía todo; estaba compungida…
Nuevamente se produjo un silencio entre los dos; aunque esta vez se notaba la tensión en el aire… Ya no se oían los pájaros…
-Debo irme- dijo, sin más, la joven.
Huei, ocultando su decepción, asintió lentamente. Xin, sin poder decir nada más, se dio la vuelta y regresó por donde había venido.
Huei se quedó unos momentos pensativo, tras dejar de escuchar los pasos alejarse de la joven y dejar de sentir su presencia…
-“No importa. Prefiero estar solo”- trató de convencerse a si mismo…
Xin llegó a la escuela bastante alterada. De esto se dio cuenta Han, que pasó cerca de ella y la joven ni le miró…
La chica tenía sentimientos encontrados; no sabía cómo manejar aquello… Comenzó a buscar algo para hacer… lo que fuera… todo con tal de no pensar en nada… Pero estaba muy inquieta y no era capaz de pensar…
Finalmente decidió que saldría a dar una vuelta por la ciudad; seguramente pasaría por el mercado. Hacía días que no salía de la escuela (desde que vio a Feng…) Por algún motivo, no acababa de tener claro lo que iba a hacer, pero estaba tan bloqueada que desoyó una voz interna que le decía que, tal vez, no era buena idea salir de la escuela aquel día…
Huei permanecía en la misma posición; y así sería capaz de permanecer el resto del día… Lo que sentía en aquellos momentos no le gustaba nada. Lo rechazaba con todas sus fuerzas… pero era inútil. Siempre se había protegido de aquello (o eso era lo que él pensaba), pero ahora había caído totalmente… Y se reprochaba por ello. Ya no le tranquilizaba estar allí pescando; ni el sonido del agua, que ahora le molestaba; ni de los pájaros; ni la soledad…
Entonces ocurrió algo que lo sacó de sus pensamientos. Alguien se acercaba desde lo lejos, delante de él. Andaba muy lentamente. No le quitó la vista de encima mientras se aproximaba lento pero de forma continua… Ahora ya podía distinguir mejor al tipo que cada vez se encontraba más cerca de donde él estaba: era un hombre alto y delgado, y caminaba con cierta dificultad apoyado sobre un largo bastón de viaje; llevaba un sombrero amplio de paja, gastado, que solo dejaba ver la barba de varias semanas y el cabello grisáceo y descuidado; iba ataviado con una capa verde grisáceo, larga y raída, y unas sandalias casi rotas de color marrón (o era de suciedad)…
El caso es que Huei tenía la sensación de que había visto a aquel tipo antes…
De pronto, cuando se encontraba a pocos metros, el hombre se detuvo. Entonces se irguió, borrándose cualquier signo de debilidad de aquel individuo; era más alto de lo que parecía. Levantó la vista dejando al descubierto su gran nariz aguileña y sus ojos oscuros y penetrantes, que lo miraban con evidente malicia al tiempo que esbozaba una sonrisa…
-Jamás pensé que volveríamos a encontrarnos… je, je, je…- Su voz era grave y algo rota…
Huei dudó unos segundos… Pero acabó cayendo en la cuenta.
-Ya me acuerdo de ti. Esperaba que nunca nos volviéramos a ver…- Dijo el joven, muy serio…
El otro tipo seguía riendo, pero estaba claro que aquello no le hacía ninguna gracia, precisamente… Se detuvo en seco, al tiempo que daba un golpe con el bastón en el suelo. Huei vio que una hoja afilada brotaba del extremo. Este se preparó…
-¡Esta vez te mataré! ¡Te lo aseguro!- Lo amenazó el recién llegado al tiempo que se lanzaba al ataque, dejando a la vista sus piernas descubiertas hasta las rodillas mientras corría hacia Huei…
Este comenzó a incorporarse, manteniendo la calma… Así y todo, debido a un movimiento brusco involuntario sobre la roca, vio que el cubo en el que se encontraba la pesca del día se tambaleaba… Rápidamente, sus reflejos le permitieron sujetar el cubo con un pie que había extendido… Pero ahora estaba “vendido”…
-¡Ajá!- Exclamó el otro al ver la pierna de su objetivo extendida… lo veía muy claro…
Cuando estuvo a la distancia suficiente, dio un tajo descendente con la intención de cortarle la pierna en dos… Pero, al escuchar el sonido de la roca tras chocar su arma, la sonrisa se le borró de inmediato del rostro al ver que Huei no estaba… ni el cubo…
-¡Estoy aquí, idiota!- Exclamó el joven desde el aire, sujetando el cubo con una mano…
El otro miraba hacia arriba, incrédulo. Huei no se lo pensó y le golpeó fuertemente con el cubo en la cara, teniendo cuidado de que ni se rompiera ni se vaciara…
El tipo cayó hacia atrás. Huei llegó al suelo, aún sujetando el cubo. Pero el otro no había quedado inconsciente… Se llevó una mano a la zona de la cara dolorida… y sonrió de forma maliciosa…
-Je, je, je… bastardo…- el odio se vislumbraba en aquellos ojos furibundos…
Huei dejó el cubo a un lado y regresó a su posición, esperando el siguiente ataque de aquel tipo al que ahora se le veía claramente el rostro; era de piel bastante oscura y tenía entre treinta y cuarenta años…
Entonces el tipo dejó de sonreír. Se lanzó al ataque una vez más…
-¡¡Bastardo!!- Vociferó al tiempo que se aproximaba a grandes zancadas y daba un último salto hacia adelante sujetando el arma ante él…
Huei se preparó de inmediato y se dispuso a contener el ataque… Entonces aquel tipo intentó engañarle haciéndole creer que le atacaría por arriba y giró el bastón hasta intercambiar los extremos, quedando el que portaba la hoja por debajo… Huei se dio cuenta de esto… El tipo le intentó alcanzar en ambos pies de una pasada… pero Huei saltó lo suficiente para evitarlo… aquello el tipo no se lo esperaba… Entonces, aún en el aire, Huei se dispuso a atacarle y le dio un tremendo puñetazo en el tronco a su sorprendido enemigo…
Este retrocedió a trompicones, acabando por sostenerse sobre el bastón… Miraba con furia a Huei, con los cabellos pegados a la frente, y apretando los dientes de rabia… El joven, en cambio, parecía tranquilo y muy seguro de si mismo…
-De momento te estás librando… Pero te aseguro que esta vez las cosas serán diferentes....- Lo amenazó aquel tipo, recuperándose poco a poco…
Huei no dijo nada; lo siguió mirando con una expresión carente de emoción alguna…
Ambos guardaron silencio durante un rato. Entonces aquel tipo comenzó a hablar.
-¿Sabes? Le he estado pidiendo a la diosa Fortuna que me permitiese encontrarte algún día… Para ajustar cuentas. Y aquí estamos, je, je, je…- Ahora se percibía satisfacción y regodeo en su tono…
Huei recordaba la última vez que se había encontrado con aquel deshecho…
En una pequeña aldea cerca de unas montañas, Huei acababa de comer algo en una fonda y había partido de nuevo sin saber muy bien que rumbo tomar… Entonces escuchó la voz de una chica gritar pidiendo auxilio… Huei averiguó de donde provenía la llamada de ayuda y se encontró a aquel tipo intentando hacerse con el contenido de la cesta que llevaba la muchacha a la espalda, consistente en verduras de varios tipos, y las monedas que llevara encima… y algo más… La chica forcejeaba con aquel miserable cuando intervino Huei, apartándolo con una mano…
-¡¿Y tú qué quieres?! ¡No te metas!- Gritaba el tipo, con voz y evidentes síntomas de haber bebido…
Sin pensar, el tipo se dirigió derecho a Huei, esgrimiendo una navaja que acababa de sacar de debajo de su mugrienta camisa… Pero Huei no tuvo mayor problema para interceptarle con un puñetazo en gancho directo al estómago, provocando que aquel soltara el arma y cayera al suelo de rodillas, para acabar perdiendo el conocimiento quedando boca abajo… Aunque, justo antes de que esto último sucediese, había grabado la cara de aquel maldito en su memoria…
Y ahora le volvía a tener delante. La verdad es que no pensaba que pudiera llegar a tener tanta suerte como para volver a encontrárselo de nuevo…
-Ahora te arrepentirás de ser tan entrometido…- Le volvió a amenazar…
Huei hizo un gesto con los labios con desdén…
-Hablas mucho…- Le acabó diciendo, harto de tanta palabrería…
Aquel tipo sonrió por última vez. Sujetó el bastón con ambas manos y se dispuso a atacar. Huei también adoptó la postura de guardia. Incluso el rumor del río parecía haberse silenciado…
-¡Después me comeré lo que has pescado!- Se le ocurrió decir a aquel tipo al tiempo que se lanzaba al ataque una vez más…
Pero aquello no le hizo ninguna gracia a Huei. Su mirada se tornó más seria si cabía…
El tipo ya “volaba” a ras de suelo con su arma bien agarrada… Huei observaba cada uno de sus movimientos…
Ahora ya sabía qué hacer.
El tipo le atacó primero por arriba, esquivando Huei el ataque agachándose… luego intentó clavarle la hoja en el pecho… pero el joven la esquivó… Y entonces, cuando el tipo volvía a sujetar el bastón con ambas manos ante él, Huei actuó de inmediato: le propinó una fortísima patada en el arma partiéndola en dos…
Aquel tipo sostenía ambas partes del bastón roto mirándolo con los ojos desorbitados… Pero no tardó en volver a reaccionar… Soltó ambos trozos lanzándolos al suelo y se dispuso a atacar a aquel maldito bastardo…
-¡Aaaaaaa…!- Su bramido quedó interrumpido…
Esta vez, Huei le había dado un puñetazo directo en el mismo punto que la otra vez… El otro, temblando y con los ojos casi saliéndosele de las órbitas, llevó su mirada del puño a Huei tan pronto como recordó esto mismo… Entonces le intentó dar un puñetazo de revés con las últimas fuerzas que le quedaban… Huei lo esquivó yendo a un lado… En ese instante vio que el río quedaba justo detrás, a un par de metros de distancia…
-Espero no volver a verte nunca más…- Expresó Huei su “deseo”…
El tipo no entendía lo que pretendía aquel maldito niñato hasta que fue demasiado tarde. Huei le dio una patada lateral en el costado que lo “dobló”, mandándole directo hasta el agua, perdiendo el conocimiento una vez más en el preciso momento que se sumergía en el río…
Huei contempló con leve y obligado desprecio como a aquel tipo, que había quedado boca abajo, se lo llevaba la corriente hasta desaparecer de la vista…
Entonces el joven, seguro de que ya se había librado de aquel tipo, dirigió su mirada hacia el cubo de los peces. Lo había defendido sin problemas.
Pero entonces su expresión y mirada cambiaron al percibir algo que lo puso en estado de alerta…
Xin llevaba un rato en el mercado; la verdad es que no sabía muy bien qué hacía allí. No le interesaba nada en especial aquel día… De hecho, empezó a darse cuenta que debía regresar a la escuela de inmediato…
Entonces le pareció notar algo. Como si alguien la observara… Intentando no buscar con la mirada comenzó a moverse en dirección a la salida más cercana…
Ahora notaba, además, como si la estuvieran siguiendo… La chica aceleró el paso… estaba a punto de echar a correr…
Pero era demasiado tarde. De entre varios viandantes que se apartaron de inmediato, delante de ella, surgieron dos soldados… Cuando intentaba huir en la dirección contraria vio que ya habían llegado dos más… Todos la miraban a ella…
Pero Xin no estaba dispuesta a rendirse. Se puso en posición de guardia, levantando los puños, al tiempo que la cesta que llevaba, vacía, caía al suelo… Entonces, de entre los dos soldados que tenía delante, apareció otro, aparentemente de mayor rango, con el cabello de color magenta y una extraña sonrisa en el delgado rostro afilado…
Por algún motivo, a Xin se le bajaron las manos a medida que el soldado se aproximaba a ella, como si la envolviera con su halo inquietante…
Entonces, para sorpresa de Xin, aquel soldado le agarró un pecho. Con fuerza. Lo miró y vio que seguía sonriendo…
-No te preocupes… yo no siento nada con esto…- La aseguró…
Xin notaba que decía la verdad… pero quería que aquel cerdo le quitara las manos de encima… Entonces aquel tipo, mirándola con aquella sonrisita insufrible, habló una vez más…
-Tú. Quedas arrestada.
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