Vag, el cazarrecompensas
Era un día soleado y despejado en la ciudad de Realia, capital del reino del mismo nombre. La ciudad estaba construida en un monte y por eso sus calles ascendían por un lado y descendían por el otro; dicha elevación estaba situada en los confines mismos del reino. Amplias extensiones de praderas rodeaban los terrenos circundantes, llanos y verdes… Las nubes parecían querer acercarse para visitar tan espléndida construcción datada en varios cientos de años atrás. Varios reyes habían ocupado el trono en el castillo situado en el punto más alto, desde donde se podía contemplar el reino en toda su extensión; todos ellos habían pertenecido a la misma familia, sin excepción. Aunque, el último rey, no era precisamente el más popular… Se decía que solo pensaba en su bienestar, antes que en el de su pueblo; a pesar de todo, para mantener las bocas cerradas, procuraba (no sin fastidio) mantener “contento” al mismo. No fuera cosa que perdiera el preciado trono… Y el poder…
En aquellos días la ciudad se veía engalanada: se cumplían quinientos años desde que fuera terminada oficialmente. Y, por dicha razón, el rey había mandado construir una gigantesca estatua en la plaza central de la ciudad representándole. Mas, no se podía decir que fuera una representación muy fiel: el individuo que aparecía era alto y tenía porte… todo lo contrario que el rey…
Un individuo ataviado con una capa de viaje con capucha, color gris claro, que lo cubría totalmente, caminaba entre la gente, pasando totalmente desapercibido, después de haber cruzado la entrada principal de la ciudad. Era algo más alto que la media y se podía adivinar una constitución fuerte; solo se le veía la boca y parte de la nariz. Se quedó unos instantes de pie, observando como la ciudad bullía en aquellos momentos con los preparativos de la gran celebración… Percibía incluso nervios a su alrededor por parte de algunos que corrían con el tiempo justo…
-¡Cuidado!- Avisó una voz grave masculina haciendo que el extraño personaje desviara de inmediato su atención…
Más adelante, una mujer con su hijo pequeño en brazos, un recién nacido, se había quedado paralizada bajo un montón de troncos atados, subidos varios metros por una polea, y que se tambaleaban peligrosamente…
Hasta que las cuerdas se rompieron del todo. La mujer se aferró con todas sus fuerzas a su bebé, encogiéndose y esperando el final, entre los gritos de la gente que había cerca…
Entonces algo pasó. Quedando difuminada por los potentes rayos del sol, una figura voló hacia los troncos y pasó de largo, tras escucharse un sonido que rasgaba el aire… Entonces los que estaban allí, vieron asombrados como los troncos caían partidos en dos, cayendo en el suelo a ambos lados de la mujer y su hijo… Esta abrió los ojos y le costó creer lo que había pasado… Todos los que había alrededor se habían quedado con la boca abierta y miraban con incredulidad… La mujer comprobó como su hijo sonreía… no había sido consciente del peligro en ningún momento… y su madre sonrió también sintiéndose inmensamente agradecida…
Pero, ¿agradecida a quién? Hubo algunos que buscaron con la mirada quién había sido el responsable… sin resultado. Mientras tanto, el misterioso encapuchado se internaba entre la gente que se aproximaba para ver qué era lo que había ocurrido…
Poco a poco, iba encontrándose con menos viandantes a medida que se internaba por aquellas callejuelas que ascendían, en ocasiones de forma bastante empinada… En algún que otro momento, se detenía y miraba a un lado y a otro; le estaba costando encontrar el lugar al que debía llegar…
Entonces llegó a un cruce de pequeñas calles desde donde se divisaba la plaza central de la ciudad.
-Pero… ¿qué es eso?- Dijo, contrariado…
Desde donde se encontraba se podía ver claramente la estatua hecha “a imagen” del rey…
-Qué horror…- No pudo evitar decir antes de continuar por la calle que iba a su izquierda…
Iba pendiente de los nombres de las calles…
-A ver… Calle de la Hojarasca… Creo que me dijo que era por aquí…
Sintió como apretaba el calor y se quitó la capucha. Era un joven de unos treinta años, de tez morena, con el pelo largo y castaño y los ojos del mismo color; llevaba una cinta roja en la frente.
-¡Ah! ¡Allí debe ser!- Exclamó al ver una pequeña plaza de losas azules al final de la estrecha callejuela en la que se encontraba…
Aceleró el paso hasta llegar allí. De una fuente en medio de la plaza manaba agua en abundancia. Era un lugar fresco y guarecido del sol gracias a los altos árboles de hojas de un color verde intenso que proporcionaban su sombra a aquel lugar. Había cuatro bancos de madera, uno en cada punto cardinal. Y en el que estaba situado en el correspondiente al Este se encontraba la persona que andaba buscando…
-¿Mm?- Levantó la vista una figura de pequeño tamaño, cuyos pies no le llegaban al suelo, ataviada con una capa con capucha de color caramelo desde donde solo se le veía las pequeñas boca y nariz.
Se levantó de un salto y se echó la capucha hacia atrás, agitando la cabeza para soltarse el pelo. Era una niña de no más de doce años; tenía el pelo de color rosa, ligeramente ondulado y largo un poco más allá del cuello, los ojos rojos y una expresión seria en su rostro, casi de enfado… Llevaba sendos pendientes de pequeño tamaño, rojos y rodeados por un aro dorado. El joven levantó una mano para saludarla.
-Hola. Creo que me esperas a mí…- Dijo, mostrando una afable sonrisa con cierto grado de culpa…
La niña se llevó las manos a la cintura y frunció el ceño.
-¡Ya era hora! ¡Llevo todo el día esperando!- En su manera de hablar, se apreciaba que su mente no se correspondía con su edad real… Parecía más adulta…
El joven se llevó una mano a la nuca y se encogió ligeramente de hombros.
-No creas que ha sido fácil llegar…- Intentó excusarse…
Pero a aquella jovencita no parecían valerle las excusas.
-Bueno. De todos modos parece que aún tenemos suficiente tiempo. Vamos- Dijo, sin abandonar el tono de mal genio…
El joven se extrañó de pronto.
-¿Vamos? ¿A dónde?- Preguntó.
La jovencita se giró, fulminándolo con la mirada…
-A ver al rey, por supuesto. Pero antes tenemos que hacer una parada en la biblioteca- dijo, taxativamente.
El joven asintió. Entonces, la joven, que había empezado a andar hacia la pequeña calle que se abría detrás del banco norte, se detuvo de golpe.
-Por cierto, ¿cómo te llamas?- Quiso saber, por formalidad más que nada…
El joven parpadeó. Entonces comenzó a cambiarle la expresión en una sonrisa llena de orgullo, ladeando la cabeza y cerrando los ojos. Había llegado la hora de la presentación…
-Mi nombre es Vagarant Armor. Pero puedes llamarme Vag- dijo, señalándose con el pulgar enguantado.
La chica se lo quedó mirando, sin cambiar su sempiterna expresión. No le había impresionado nada…
-Yo soy Cilia. No perdamos más tiempo- dijo, dándose la vuelta y emprendiendo el camino…
Vag, algo decepcionado por no haber conseguido efecto alguno sobre la joven, se apresuró a seguir a Cilia, desapareciendo ambos de aquella pequeña plaza de tonos azulados en la que solo se escuchaba ya el rumor del agua brotando de la fuente…
Ahora ya caminaban por calles más concurridas. Tanto uno como otro se habían quitado las capas de viaje debido al calor… Vag llevaba una túnica gris oscuro, pantalones verdes del mismo tono y guantes, botas y cinturón marrones. A un lado de la cintura, portaba una espada de gran longitud, de mango negro y detalles plateados. Cilia iba vestida con una túnica larga, de color azul, de mangas muy cortas y que le quedaba por encima de las rodillas descubiertas, guantes blancos que le llegaban casi hasta el codo, cinturón negro ancho y botas altas marrón oscuro. Hacía un rato que iban cuesta abajo…
-Y dime, ¿para qué tenemos que ir a la biblioteca?- Quiso saber Vag, preguntando a Cilia, que iba delante…
Esta no parecía tener muchas ganas de dar explicaciones.
-Tengo que consultar algo. Un libro en concreto. Tan solo es una comprobación; pero si no la hago no estoy segura de que podamos llevar a cabo este trabajo…- Le aclaró.
Vag, recordando la suma que estaba en juego, no pensó en cuestionarla ni un instante…
Entonces este se fijó en su socia…
-Oye. Tú eres muy joven…- Se le ocurrió decir.
Cilia ahora no pudo evitar esbozar una sonrisa de satisfacción…
-Je. Que mi aspecto no te engañe. Fui la primera de mi promoción en el Instituto de Alta Magia. Pasé dos años por delante de lo que habría sido normal gracias a mis resultados académicos…- Decía, orgullosa.
A Vag le pareció que la chica podría estar hablando de sus logros hasta el día siguiente…
Entonces se detuvieron ante un alto edificio: la biblioteca. Tras admirar ambos sus altos portones y sus elaborados ventanales, accedieron al interior.
Una vez dentro recorrieron multitud de pasillos atestados de volúmenes de todo tipo. Aunque Vag se limitaba a seguir a Cilia con unas ganas enormes de salir de allí…
-¡Ah! ¡Ese es!- Señalaba Cilia un libro situado algo por encima de ella con los ojos iluminados…
Pero, pese a que la pobre se estiraba todo lo que podía, era incapaz de alcanzar el objeto de sus deseos… Entonces Vag, después de observar a la joven, cogió el libro con total facilidad y se lo tendió. Esta lo miró con una cara que denotaba que no necesitaba su ayuda para nada…
-Gracias- dijo de mala gana cogiendo el libro y evitando mirarle girando la cabeza…
Vag se quedó un momento pensativo.
-“Ahora sí que veo el mérito que tiene lo que me ha explicado antes…”- Tuvo que reconocer…
Cilia, aún ligeramente humillada, se dirigió de inmediato a una de las mesas y se sentó en la silla abriendo el pesado libro (no sin esfuerzo) ante ella… Vag se fijó en que, en aquellos momentos, no había nadie más en la biblioteca; ni siquiera veía cerca al encargado…
-Hum. Veamos. Sí; ajá… vale… muy bien…- Iba hablando sola Cilia a medida que revisaba las páginas amarillentas del antiguo volumen…
Vag no sabía muy bien qué hacer; nada de lo que había allí le interesaba lo más mínimo…
Entonces percibió algo. Era una sensación que lo ponía en alerta ante la cercanía de algún peligro y nunca le había fallado antes… Miró a su alrededor mientras Cilia permanecía concentrada en lo suyo…
En ese instante lo oyó. Pasando entre las estanterías, algo más allá a sus espaldas, llegaba a ver una figura que caminaba hacia la puerta de salida y cuyos pasos de pronto resonaban por toda la amplia y hasta ese momento silenciosa estancia… A pesar de que no se le veía muy bien, pudo distinguir a un individuo alto, con el pelo muy largo y negro con tonos azulados, vestido con ropajes oscuros y una capa blanca que en aquellos instantes llevaba totalmente abierta… Durante un segundo, a Vag le pareció que aquel tipo le dirigía una mirada de soslayo… Finalmente le perdió de vista y dejó de escuchar el sonido de sus botas… Seguramente ya había salido de la biblioteca.
Entonces Vag dirigió la mirada a Cilia. Esta miraba de reojo hacia atrás sin girar la cabeza, con un rostro sin expresión, aparentando indiferencia… Ninguno de los dos hizo comentario alguno al respecto; pero ambos habían notado algo. Algo inquietante…
Pasó cerca de una hora. Vag ahora dormía en una silla, con los pies sobre la mesa que tenía delante y las manos entrelazadas detrás de la cabeza… las patas delanteras de la silla estaban elevadas, manteniéndolo en precario equilibrio…
-¡Ya está!- Exclamó Cilia, sin abandonar su expresión seria, cerrando de golpe el libro (a propósito) y provocando que Vag casi se cayera al despertarse bruscamente…
Vag, con cara aún de susto y sueño, dirigió su mirada hacia Cilia, que se levantaba con su habitual actitud altiva sin dirigirle la mirada…Finalmente se dignó a dirigirse al joven.
-Ya he terminado lo que venía a hacer aquí. Vamos a ver al rey- concluyó.
Otra vez tenían que subir para llegar hasta donde estaba situado el castillo real. A medida que se aproximaban, se cruzaban cada vez con más transeúntes que, sin duda, venían o iban al mismo lugar al que ellos se dirigían…
Finalmente lo tenían ante ellos: el castillo real de Realia. Una magnífica construcción de losas blancas y torreones acabados en tejados puntiagudos y azulados…
Vag y Cilia, sin más demora, se dirigieron a la entrada principal.
Ahora se encontraban en el salón del trono. Ambos estaban de pie, uno al lado del otro, en medio de una alfombra púrpura, ante el trono ocupado por el rey, al cual le informaba uno de sus consejeros y que era el mismo que había acompañado a Vag y Cilia hasta aquella inmensa sala…
-Bien, bien- decía el rey, conforme, a su consejero, el cual comenzaba a retirarse haciendo una sentida reverencia…
Entonces el rey se fijó en aquellos que tenía delante. El rey era, en realidad, un hombrecillo al que la ropa real parecía venirle grande; tenía un fino bigotillo y una minúscula barba acabada en punta, que contrastaba con sus enormes orejas y ojos como si se le quisieran salir del menudo rostro… Se dispuso a hablar con la mayor solemnidad que le permitían sus innumerables ensayos ante el espejo…
-Muy bien. Muy bien, digo. Así que vosotros sois los mercenarios que se encargarán de velar por mi seguridad durante la gran celebración de mañana…- Dijo sin demasiadas reservas.
Tanto a Cilia, que frunció el ceño, como a Vag aquello de “mercenarios” no les gustó nada…
-Perdone, majestad- comenzó a hablar Cilia- Me llamo Cilia Van Halia y soy una hechicera- aclaró.
-Y mi nombre es Vagarant Armor y soy un cazarrecompensas, exactamente…- Dijo Vag, haciendo lo propio.
El rey sacudió la mano.
-Lo que sea, lo que sea- dijo, denotando que todo aquello era lo de menos…
Tras un instante de silencio, el rey volvió a hablar.
-Bien. Como sabéis, un terrorista amenaza con actuar contra mi persona en el gran día que tendremos mañana, en el cual se inaugurará la estatua…- Dijo, con creciente preocupación…
Vag se acordó de dicha estatua.
-¡Ah, sí, la estatua de su primo!- Soltó despreocupadamente…
El rey se quedó de piedra. Cilia estaba horrorizada.
-¡¿Cómo que mi primo?!- “Rugió” indignado- ¡Mi primo murió el mismo día que mi hermano! En aquella cacería a la que no pude asistir por indisposición…- Esto último lo dijo sin resultar demasiado convincente…
Vag miró hacia una pintura en la que se veía a los tres: el rey, su hermano y el primo de ambos. Aunque no era el tipo que tenía delante el que iba vestido como heredero a la corona…
-¡Ya sé! ¡Es la estatua de su hermano!- Volvió a intentar.
A Cilia le iba a dar algo. Aquel idiota iba a mandar al traste el trabajo…
-¡¡Que noooooo!!- Vociferó aquel hombrecillo al que se le estaba a punto de caer la corona- ¡¡Que soy YO!!- Casi pataleaba…
Vag no entendía nada. Pero si no se parecía…
-Vale, vale…- Lo dejó ya…
Una vez se calmaron los ánimos, el rey, tratando de recuperar con la mayor dignidad posible la compostura, habló una vez más.
-Está bien… ¿Ya sabéis cómo lo vais a hacer? ¿Puedo confiar en vosotros?- Esto último lo dijo dirigiendo una mirada incisiva a Vag…
Cilia se apresuró a intervenir.
-¡Sí, majestad! ¡Tenemos un plan!- Aseguró.
Aquello pareció tranquilizar al rey. Pero desconcertó por completo a Vag, que se la quedó mirando extrañado… El rey asintió, a pesar de todo, complacido…
-Me alegra oír eso. Podéis retiraros- dijo, con expresión de agotamiento y aún el pelo despeinado por la inestabilidad de la corona…
Vag volvió a mirar a Cilia. Esta sonreía henchida de orgullo y satisfacción.
Una vez fuera, camino de la ciudad, Vag no pudo resistirlo más.
-Oye, Cilia, ¿de verdad tenemos un plan?- Preguntó, sin estar muy seguro de si la joven lo habría dicho para salir del paso…
Esta se detuvo y sonrió del mismo modo que hacía un rato, olvidando momentáneamente el desastre que su compañero había estado a punto de provocar… Cilia se giró hacia Vag.
-Por supuesto que tenemos un plan. Te lo explicaré.
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