domingo, 25 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 20

DETECTIVE NIGHT

La decisión de Aki.


El grito de desesperación de Hiro atravesó el cielo nocturno de forma desgarradora.
-¡Aki! ¡Despierta, por favor!- El joven estaba inconsolable…
En ese instante, las puertas de la azotea se abrieron de par en par y se escucharon pasos que se aproximaban corriendo…
-¡Hiro! ¿Qué ha pasad…? ¡Aki!- Exclamó Izo.
Acto seguido, el subinspector sacó su intercomunicador y llamó de inmediato.
-¡Soy el subinspector Brown! ¡Agente herida! ¡Se trata de la inspectora Wind! ¡Estamos en lo alto de la azotea! ¡¡Suban de inmediato!!- Iba comunicando, tratando de controlarse…
Hiro sabía que había llegado su amigo, pero no podía apartar la mirada de la joven, que aún sostenía en sus brazos…
-Sangra mucho…- Decía el joven, como yéndose…
Izo se acuclilló ante ambos y miró atentamente a Aki, observando la herida del hombro, que sangraba abundantemente a pesar de la presión que ejercía Hiro con la mano… Luego, vio el impacto que había rozado en la pierna del detective y reparó en la presencia del cuerpo inerte de “El Rastreador”, que había visto nada más llegar, pero que se le había ido de la cabeza al ver a Aki…
-Hiro… Estás herido…
El joven detective negó con la cabeza sin dejar de mirar a la joven.
-No es nada… Solo me ha rozado.
Izo volvió a mirar hacia el tipo de la gabardina.
-Hiro… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no nos has avisado?- Izo no se atrevía a “reprender” demasiado a su afectado amigo…
Hiro, como era previsible, no contestó…
Entonces se escucharon voces y pasos pertenecientes a varias personas acercarse apresuradamente. Aparecieron varios agentes, precediendo a los sanitarios, que se acercaron de inmediato a Aki para examinarla.
-Por favor…- Rogaba Hiro a los dos miembros del personal médico, una mujer joven y un hombre, que estaban examinando atentamente a la joven…
-¡Traigan la camilla! ¡Ha perdido mucha sangre!- Urgía el hombre a un tercer sanitario que acababa de montar una camilla y se acercaba corriendo.
-Tranquilo- le dijo suavemente y de forma tranquilizadora la mujer joven a Hiro, posando una reconfortante mano en el brazo del joven, para que lo retirara.
Hiro apartó lentamente la mano con la que había estado haciendo presión en la herida de la joven, temblando, sin dejar de mirarla con expresión asustada…
-Aki…- Izo nunca había visto antes a su amigo de aquella manera…
Entre los dos hombres subieron con cuidado a la joven inspectora en la camilla y le inyectaron de inmediato una aguja conectada por un tubo a una bolsa de sangre; a continuación se la llevaron. Hiro intentó levantarse para seguirles… pero nuevamente la mujer joven le retuvo apoyando ambas manos en el pecho tembloroso del joven cuando este se hubo incorporado.
-Se pondrá bien… Luego podrás verla- le dijo con esa amabilidad reconfortante que era lo único que conseguía llegar a tranquilizar algo a Hiro…
Este se detuvo, asintiendo lentamente mirando hacia los ojos amables y tranquilizadores de aquella mujer. Esta le dirigió una última sonrisa antes de encaminarse tras los otros sanitarios que llevaban a Aki.
En aquellos momentos, a Hiro le dio la desoladora sensación de que se encontraba solo en aquel lugar… Miró la mano con la que había estado presionando la herida de Aki… En la misma tenía la sangre de la joven… No pudo evitar temblar más y estar a punto de gritar…
-Hiro…- Izo le sacó de sus oscuros pensamientos.
El joven detective se giró a su amigo, sin decir nada, con los ojos humedecidos. Izo continuó hablando.
-Hiro… Cuando te encuentres mejor, y después de que te hagan una revisión en la enfermería, tienes que venir a la comisaría y explicar todo lo que ha pasado…- Izo hablaba con cautela intentando no alterar más a su amigo.
Hiro asintió casi imperceptiblemente, mientras miraba por última vez, en aquella noche en la que la luna había vuelto a surgir en el cielo apenas despejado, el cuerpo sin vida de “El Rastreador”.

Tras rehusar Hiro, a pesar de la insistencia de Izo, ir a la enfermería, ambos se dirigieron a la comisaría. Allí les esperaba el comisario, con el que estuvieron largo rato. Hiro explicó todo lo que sabía, y lo rápido que había sucedido todo… Tras esto, los tres se dirigieron a ver a Aki. Una vez allí no se les permitió el paso, y Hiro solo pudo ver de lejos a la joven, que tenía el hombro vendado y descubierto y una mascarilla de oxígeno puesta; su respiración era tranquila y acompasada. Ahora parecía que dormía.
Al pasar unos días, Hiro fue a visitarla varias veces al hospital. Por algún motivo, sentía cierto temor a reencontrarse con la joven… Pero aquello no llegó a ocurrir, ya que, cada vez que iba, le decían que la paciente necesitaba descansar. A Hiro le dio la impresión de que Aki no quería verle… Después de algún intento más, desistió.

Había pasado un mes. Por lo que le había dicho Izo, Aki tenía que volver a la comisaría aquel día. Y, a pesar de que aún sentía aquel temor, Hiro decidió que iría allí para reencontrarse con la joven.
Era cerca de las dos de la tarde cuando el joven llegó con su coche gris a la comisaría de policía de Blue City. Los nervios que lo habían acompañado desde el día anterior no habían hecho más que ir en aumento a medida que pasaban las horas y se aproximaba el momento… Tras respirar hondo, bajó del vehículo y decidió no pensárselo más e ir directo hacia el interior del edificio.
Hacía tiempo que no iba por allí. Aunque no acababa de entender porqué, temía encontrarse con la joven en cualquier momento… Pero a eso había ido…
La comisaría presentaba la actividad de costumbre. A lo mejor en aquellos momentos no se encontraba en el edificio… Esto lo llegó casi a desear, ya que los nervios eran a aquellas alturas casi insoportables… Hiro avanzaba hacia la sala donde los agentes tenían sus puestos, mirando en todas direcciones; le daba la impresión de que en cualquier momento la vería… y entonces pensaba que no sabía como reaccionaría él… ni ella…
Pero Hiro efectuó el recorrido hasta la amplia sala, a aquellas horas abarrotada, y aún no la vio. Entonces, debería estar en su mesa, pensó.
Pero en su mesa no estaba. Miró bien en todas direcciones, escudriñando atentamente la sala. En un momento determinado, se cruzó con la mirada de Roy, que no pareció alegrarse de ver al detective; de hecho, le pareció que lo “acusaba” con la mirada, por algún motivo… Acto seguido, el agente se giró, negando casi imperceptiblemente con la cabeza mientras volvía a concentrarse en un informe que tenía en las manos. Definitivamente, aquel tipo no le caía nada bien a Hiro. Y, por lo que ya había visto, era algo mutuo.
Siguió buscando con la mirada… y se encontró esta vez con la de la amiga de Aki, que lo miraba fijamente, cuando volvía a su mesa tomando un café; aquella la desvió de inmediato y se hizo la despistada. Hiro empezaba a notar algo raro en todo aquello… en aquellas miradas y actitudes…
En ese instante alguien se detuvo a su lado.
-¡Hola, señor Red! ¿Cómo se encuentra?- Preguntó jovialmente un joven agente que Hiro ya conocía.
-¡Hola Seitei! Me alegro de verte. Y tú, ¿cómo estás?- Le preguntó, alegrándose de veras por ver al agente.
El joven agente de policía hizo un gesto con la mano señalando a su alrededor.
-Ya ve… Estamos muy liados últimamente… Y encima, ahora que somos menos…- Aquí Seitei se detuvo súbitamente, sospechando que había hablado demasiado…
Hiro se temía la respuesta a la pregunta que iba a hacer.
-¿Qué sois menos? ¿Qué quieres decir?- Preguntó, intentando disimular su alteración interior…
Seitei sabía que ya no podía recular… debía salir de donde se había metido…
-Es que… la inspectora Wind… parece que se ha tomado un tiempo… Pero el que sabe los detalles es el comisario, seguramente- trató de terminar, intentando que no se notara que sabía más de lo que decía.
En ese instante, los nervios de Hiro se convirtieron en ansiedad.
-Bueno, Seitei. Tengo que ir a ver al comisario; por un caso, ya sabes…- Lo cual era cierto, pero el verdadero motivo era el que le hacía estar a punto de salir disparado hacia el despacho de Maze en ese mismo instante, y para lo que tenía que controlarse para no hacerlo…
-Sí, sí, claro. Cuídese, señor Red- le dijo con una sonrisa mientras comenzaba a marcharse, sin “juzgar” en ningún momento los motivos por los que Hiro iba a ir al despacho del comisario.
Hiro levantó una mano, sonriéndole afablemente, esperando a que se diera la vuelta para ir de inmediato a ver a Maze…
El joven se dirigió al despacho del comisario situado en aquel mismo piso. Con la cantidad de trabajo que había, el comisario Kaito Maze no podía permitirse ni acercarse al del piso superior. Hiro se detuvo ante la puerta y dio unos golpecitos con la mano (aunque tuvo que controlarse para no aporrear la puerta, con la posibilidad de romper el cristal…). Los pasos del comisario, que el joven reconoció en seguida, no tardaron en aproximarse.
-¡Hiro! ¡Hola! ¿Cómo te encuentras?- Le dijo estrechándole su fuerte mano en el hombro del joven, que perdió ligeramente el equilibrio ante la fuerza de aquella manaza…
-Bien. ¿Y usted?
-Bien, bien. Mucho trabajo. Pero, pasa, pasa- le dijo señalándole con una mano el interior del despacho.
Una vez dentro, Maze le indicó de la misma manera a Hiro que se sentara y, a continuación, el comisario hizo lo propio.
Hiro notaba que Maze parecía un poco preocupado… preocupado por él, ya que no dejaba de lanzarle breves miradas cuando el detective miraba a otro lado…
-Señor…- Comenzó a hablar Hiro, sin poder aguantarse más…
El comisario guardó silencio, aunque ya sabía lo que Hiro iba a preguntarle…
-Aki… ¿Dónde está?- El joven hizo al fin la pregunta.
Maze cerró un momento los ojos, con las manos entrelazadas delante de su mentón y, tras un leve suspiro, comenzó a hablar.
-Aki no está- dijo finalmente.
Hiro abrió mucho los ojos, pero trató por todos los medios de controlarse…
-¿No está…? Pero…
Maze se dispuso a decirlo todo de una vez.
-Tras recuperarse, vino aquí y me dijo que necesitaba tiempo… Pero no me dijo cuanto.
Hiro se quedó con la boca entreabierta, sin palabras.
-Y… ¿no sabe adónde ha ido?- Preguntó, sin esperanzas de obtener la respuesta…
Maze se limitó a negar con la cabeza con los ojos cerrados por el pesar.
Hiro guardó silencio, con la mirada perdida en un punto fijo de la mesa…
-“Se ha ido… Se ha ido…”- Hiro no dejaba de repetirse lo mismo en su cabeza…
Maze observaba al joven, lamentándo no poder hacer nada por él…
-Bueno, Hiro… Ven otro día y hablaremos sobre el caso…- Intentó decir.
“El caso”, reaccionó el joven. Eso era lo que más necesitaba en aquellos momentos.
-No, no, señor comisario… Podemos hablar ahora- hablaba un renacido Hiro.
Maze se sorprendió y se alegró por este cambio. Decidió pues, que había llegado la hora de poner manos a la obra.
-De acuerdo- dijo levantándose de inmediato de su silla y dirigiéndose a encender el proyector y apagar la luz del despacho.
Hiro vio que varias fotografías ocupaban la pantalla que ya estaba desplegada cuando había entrado. Maze habló con su tono habitual, el tono que empleaba cuando estaban inmersos en el caso “O.C.O”…
-El individuo con el que te enfrentaste, por supuesto, no llevaba documentación de ningún tipo- dijo señalando una foto del tipo de la gabardina abatido en la azotea del centro comercial. A continuación, el comisario señaló con una vara extensible de metal el resto de instantáneas tomadas del exterior y el interior del coche que conducía aquel individuo- Y en el coche, lo único que hemos encontrado es un ordenador portátil, cuya información desapareció a los treinta segundos de activarlo… Lo cual nos hace prácticamente confirmar que, en efecto, era un enviado de la organización.
Hiro iba asintiendo levemente mientras escuchaba. Maze continuó, iluminado por la luz del proyector.
-Precisamente, nos había llegado nueva información hacía poco: la información hablaba sobre un tipo que era externo a la organización; un tipo conocido como “El Rastreador”…
Tanto Hiro como Maze sabían perfectamente que aquel individuo debía ser “El Rastreador”… El comisario se dispuso a concluir.
-Pero… al no disponer de más información… queda cerrado el apartado relativo a este miembro de la organización.
Maze y Hiro se quedaron en silencio, en aquel pequeño despacho iluminado por la luz del proyector.

En un puente que llevaba a las afueras de Blue City, casi oculto por la oscuridad nocturna, desde el cual podían divisarse los edificios lejanos de la ciudad que se reflejaban en el agua, un coche aparcó cerca de otros dos. Un individuo ataviado con gabardina bajó del mismo y avistó a otros dos tipos vestidos de la misma forma. Se aproximó a ellos, comprobando que nadie pasaba por aquel viejo y abandonado lugar…
-“El Rastreador” también ha caído- dijo el recién llegado con su voz grave al alcanzar la altura de los otros dos…
Los otros dos individuos se giraron de inmediato.
-No puede ser… Se supone que “El Rastreador” era infalible…- Decía uno de ellos, de voz menos grave.
-Pues parece que no lo era tanto- dijo el tercero, con voz más aguda y un tono sarcástico…
-El jefe se está comenzando a impacientar… Quiere que esto se solucione cuanto antes…- Avisó el primero…
-¿Y qué hacemos? No tenemos información… Ese estúpido engreído estaba tan seguro de si mismo que no se molestó en comunicar nada…- Se quejó el segundo.
-Recuerda que es nuestra forma de proceder… No podemos arriesgarnos a que nos sigan el rastro…- Le dijo el primero, con su voz grave…
-Quizá haya llegado la hora de arriesgarnos un poco…- Habló el tercero con su voz más aguda.
Los otros dos se sorprendieron al oír estas palabras.
-¿De qué hablas? ¿Acaso no has…?- intentó decir el segundo…
-Lo único que sabemos es que se trata de alguien relacionado con la policía…- Comenzó a argumentar.
-En realidad es una sospecha- confirmó el primero.
-Bien. Es lo que tenemos. Entonces… hagamos que muerda el anzuelo- dijo, consciente de la expectación que estaba generando en sus oyentes…
-¿Y qué piensas hacer?- Preguntó el segundo, haciendo que el primero prestase igualmente máxima atención para oír la respuesta…
El tercero, oculto su rostro, al igual que los otros dos, en las sombras de aquel lugar en medio de la noche, sonrió con sarcasmo.
-Dejádmelo a mí.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 19

DETECTIVE NIGHT

El final del duelo.


Las nubes no podían ocultar del todo la luz de la luna. La solitaria calle estaba apenas iluminada por un par de viejas farolas situadas a considerable distancia entre si. La música de la discoteca sonaba ahora como si estuviera muy lejos de allí. Hiro permanecía apoyado en la pared, sin dejar de apuntar con su arma hacia el recodo por el que había visto desaparecer al tipo de la gabardina. Este, a su vez, pensaba cuál debía ser la siguiente acción a llevar a cabo… Todo podría decidirse en aquel lugar y en aquel momento…
Entonces, se escuchó una lejana sirena de policía que parecía aproximarse. “El Rastreador” sabía que había llegado la hora de actuar… Con un súbito movimiento, apareció ante la vista de Hiro, sacando el cuerpo lo suficiente para disparar sin apuntar de forma precisa… Hiro se agachó instintivamente, pero ya veía desde prácticamente el primer momento que el cañón del arma de su adversario no le llegaba a apuntar directamente… El detective respondió con otro disparo, este sí más preciso, aunque el tipo de la gabardina ya no estaba y, en esta ocasión, podía escuchar los pasos alejarse a toda velocidad…
-“¡Ya estamos…!”- El joven detective frunció el ceño momentáneamente y comenzó a correr en busca del tipo de la gabardina.
Hiro se sorprendía de lo rápido (más bien huidizo) que podía ser aquel enviado de la organización… El detective avanzaba a toda velocidad por oscuros y solitarios callejones, acompañado tan solo por el sonido de sus pasos sobre el suelo irregular… Hacía rato que le había perdido de vista; y tampoco escuchaba nada… Entonces, no muy lejos de allí, escuchó la voz de una mujer protestar, seguida de la de un hombre que increpaba a alguien… Hiro tomó uno de los múltiples y estrechos atajos de aquella zona laberíntica y podía oír claramente como se aproximaba a aquellas voces que acababan de llegar a sus oídos…
-¿Estás bien… cariño…?- Oyó Hiro antes de salir del callejón anterior a la calle en la que se encontraban aquellas dos personas.
Entonces salió del oscuro pasillo y les vió: una pareja, ambos de entre treinta y cuarenta años, se encontraban uno frente al otro, muy quietos… Hiro se aproximó a ellos de unas zancadas.
-Hola. ¿Se encuentran bien?- Se interesó el joven.
Cuando ambos se giraron, Hiro se sobresaltó al ver el terror en sus expresiones… No entendía qué les pasaba… Imaginó que les sobrecogió mirar a aquel tipo a los ojos…
-Sí, sí… Estamos bien, gracias…- Dijo el hombre, como quitándole importancia a aquello que les ocurría…
Hiro se los quedó mirando. La mujer no decía nada; solo temblaba…
-¿Han visto pasar a un tipo muy extraño con una gabardina y un sombrero?- Al preguntar Hiro esto, notó como ambos se estremecían… Definitivamente, sí le habían visto.
El detective vio como el hombre parecía pensar muy bien lo que iba a decir antes de contestar…
-Sí… La verdad es que sí… De hecho, se ha chocado con nosotros… Pero se ha ido enseguida- se apresuró en concluir.
A Hiro había algo en todo aquello que le daba mala espina.
-Ya… ¿Y podrían decirme adónde ha ido?- Preguntó, consciente de la prisa que tenían en que se fuera.
La mujer seguía sin hablar, temblando cada vez más violentamente. A Hiro, en la pobre iluminación de aquel lugar, le parecieron distinguir dos finas lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas… El hombre se percató del estado de su mujer y señaló de inmediato hacia la dirección que quedaba a espaldas de Hiro.
-Por allí… Se fue corriendo por allí… Ya debe estar lejos… Si nos disculpa…- El hombre apartó la mirada de la del detective y fue a arropar a su mujer, que estaba peor por momentos…
Entonces, Hiro observó como la mujer, sin poder contener ya un silencioso llanto, miró de reojo hacia atrás, donde estaba situado un amplio contenedor de basura…
Ahora el detective lo entendía todo. ¿Cómo no se había dado cuenta desde el primer momento?
Señalando hacia el callejón por el que había llegado, les hizo señas a ambos para que se dirigieran rápidamente hacia allí, sin dejar el detective en ningún momento de mirar hacia la parte posterior del contenedor… El hombre ayudó a caminar a su mujer, que estaba paralizada por el miedo; y cuando Hiro se aseguró de que estaban a salvo, se llevó la mano a su arma.
-Vale, pues… muchas gracias. Tengan cuidado- decía el detective en voz alta.
Entonces, algo se movió en la oscuridad desde detrás del contenedor. Hiro reaccionó a tiempo y saltó rodando a un lado, hacia el callejón por el que ya no se veía a aquella pareja que se había alejado de allí, al tiempo que un disparo pasó muy cerca del detective… Cuando Hiro hubo recuperado la estabilidad, con una rodilla apoyada en el suelo, se asomó, apuntó y disparó en la dirección donde se encontraba escondido el tipo de la gabardina… Un nuevo disparo sonó a continuación impactando en la pared que protegía al joven detective, haciendo que este tuviera que protegerse echando la cabeza hacia atrás. Nuevamente se escucharon los veloces pasos de aquel tipo alejándose de allí.
-¡Ah, no…! ¡No te vas a escapar!- Exclamó Hiro incorporándose y saliendo en su busca.
Cuando el detective salió de la calle, se encontró en un espacio abierto y solitario a  aquellas horas. Una amplia calle, sin circulación, lo separaba de un amplio centro comercial de varios pisos de altura. Miraba en todas direcciones, pero no veía a aquel tipo por ninguna parte… Quizá ahora sí que le había perdido…
Pero un sonido de cristales rotos le devolvió a la realidad. Provenía del centro comercial que tenía delante. Ahora sabía donde estaba aquel tipo al que buscaba. Pero también sabía que aquello era una nueva trampa… Revisó su arma: le quedaban pocas balas; llevaba algunas más, pero no bastaron para llenar por completo el cargador. Tendrían que ser suficientes. Hiro guardó momentáneamente su arma y se encaminó a paso ligero hacia la entrada de aquel centro comercial que se alzaba hacia el cielo oscuro de la noche.

Atravesó rápidamente el aparcamiento vacío que había frente a la entrada. Hiro vio que una de las puertas tenía una obertura en el cristal, y el suelo, tanto de uno como de otro lado estaba lleno de cristales rotos… Hiro atravesó la puerta con cuidado.
Cuando se encontró dentro, miró a su alrededor: allí no había nadie. Entonces, al dar dos pasos, observó que había algo en el suelo a pocos metros. Se aproximó con cautela para ver mejor de qué se trataba: era una clase de dispositivo de tamaño similar a un pequeño bote de pintura, en un extremo del cual parpadeaba un pequeño piloto de color rojo. Hiro creía saber de qué se trataba: era un inhibidor de alarmas. Ya le había extrañado que, tanto aquel tipo como él, hubiesen entrado y no se hubieran disparado los sensores de seguridad o hubiese venido algún vigilante…
En aquel lugar, los pasos del detective resonaban de forma contundente; demasiado para su gusto… Todo estaba oscuro; tan solo la luz que se filtraba por las opacas cristaleras superiores del alto techo iluminaba la amplia estancia llena de secciones, estantes y productos de todo tipo. Hiro iba mirando con atención en todas direcciones, pero estaba bastante convencido de que aquel tipo no se encontraba en aquella planta… Por lo que decidió encaminarse hacia las escaleras mecánicas, ahora paradas.
Justo cuando las había localizado y había acelerado el paso para subir por ellas, un disparo impactó a los pies del detective, que se lanzó de inmediato a cubrirse tras un estante cercano y sacar su arma del interior de la gabardina… Desde aquel lugar, asomándose lo suficiente, pudo ver en la planta inmediatamente superior una figura oculta en las sombras que parecía escudriñar en la oscuridad hacia donde se encontraba el joven detective… Entonces, durante un instante, la luz que llegaba del exterior se intensificó lo suficiente para que Hiro pudiera encontrarse con la mirada implacable de aquel tipo, que se puso a sonreír una vez más de aquella forma… Acto seguido, “El Rastreador” salió corriendo, desapareciendo… Inmediatamente, Hiro se incorporó y se dirigió a toda prisa hacia las escaleras, subiéndolas todo lo deprisa que pudo.
Al llegar arriba, se detuvo y apuntó de inmediato en todas direcciones, intentando distinguir en la oscuridad algo moviéndose… Avanzaba lentamente, con el arma en alto… Entonces, un ruido proveniente de su derecha, a cierta distancia, lo alertó y dirigió el arma hacia aquel lugar… Un nuevo disparo impactó cerca del detective, pero esta vez en un estante cercano… Hiro se cubrió de forma instintiva y disparó de inmediato hacia la dirección donde aún veía moverse una sombra escurridiza… Nuevamente pudo escuchar como los pasos del tipo de la gabardina se alejaban corriendo de allí… Antes de seguir, Hiro no pudo evitar fijarse un instante en el lugar donde había impactado la bala que le había pasado tan cerca: lo que parecía una cámara de fotos bastante cara, ahora estaba destrozada.
-“Espero que nadie me eche la culpa…”- Pensó Hiro mientras se alejaba de allí, para perseguir a aquel tipo… y para alejarse del lugar del “crimen”…
Hiro avanzaba con cuidado, pero todo lo deprisa que podía… Al cabo de un rato, le pareció escuchar sonidos de pasos sobre escalones metálicos; no muy lejos de allí, debía haber otra escalera mecánica…
Y, efectivamente, cuando la tuvo a la vista, pudo ver bastante claramente, gracias a la luz que había aumentado en el exterior, al tipo de la gabardina y el sombrero subiendo los escalones… Este, al percatarse de que el detective le había descubierto, se giró de inmediato y apuntó con la pistola… Hiro reaccionó de la misma manera: apuntándole… Pero ambos sabían que estaban demasiado lejos uno del otro; solo gastarían balas… “El Rastreador” dejó de apuntar y terminó de subir las escaleras… Hiro también bajó el arma y fue corriendo en su busca…
Cuando el joven detective terminó de ascender por las escaleras mecánicas detenidas, pudo oír claramente el sonido de una puerta abriéndose a lo lejos; y luego cerrarse. Hiro atravesó a toda velocidad la planta en la dirección de la que provenía el sonido… Encontró una puerta doble con dos cristales circulares, a través de los cuales no podía verse absolutamente nada: la luz ya no llegaba hasta allí. Abrió una de las puertas con cautela y pasó al interior de un pequeño pasillo en el que se encontraba un ascensor. La puerta se cerró sola lentamente a su espalda, sobresaltándole momentáneamente. A continuación, se percató del sonido de pasos que ascendían por las escaleras: el tipo de la gabardina parecía dirigirse hacia la azotea… Pues allí iría también el detective…
Aún faltaban varias plantas hasta llegar a lo alto del todo; y Hiro tenía que subir con cuidado debido a que solo llegaba levemente la luz de emergencia situada en lugares puntuales.
Al fin llegó ante la puerta de la azotea. Pero, antes de cruzarla, tuvo una sensación extraña proveniente de la puerta de al lado: era la cafetería. Hiro sacó su arma y puso una mano sobre la nueva puerta. La empujó con cuidado.
Una vez dentro, avanzó despacio sujetando el arma con ambas manos. Súbitamente, algo surgió de detrás de la barra y Hiro se apartó a tiempo hacia una de las mesas antes de que le alcanzara un disparo que resonó con estruendo en la amplia estancia. El detective le respondió con otro disparo, pero el tipo de la gabardina ya se había vuelto a ocultar. El silencio regresó a aquel lugar durante largos segundos. Tanto Hiro como “El Rastreador” esperaban pacientemente a que el otro actuara… Pero llegó un momento en que ambos pensaron que podían permanecer así indefinidamente…
“El Rastreador” se cansó de esperar. Emergió de su escondite y comenzó a disparar hacia donde estaba Hiro mientras corría fuera de la barra en dirección a la puerta… El detective permanecía resguardado ante aquellos imprecisos tiros… Cuando cesaron, Hiro se dio cuenta de que aquel tipo había huido de nuevo. Se levantó y salió por la puerta apuntando inmediatamente en todas direcciones… Entonces un nuevo disparo impactó en uno de los cristales circulares de la puerta doble que llevaba a la azotea, pasando muy cerca de la cabeza del detective… Hiro se apoyó rápidamente de espaldas a la pared de al lado de la puerta y esperó… Debía salir y acabar con aquello de una vez por todas…
Descuidando en gran parte su propia seguridad, abrió la puerta que había recibido el impacto de una patada y salió velozmente al exterior, apuntando con ambas manos hacia el frente… Allí no había nadie, tan solo la oscuridad de la noche y los ruidos lejanos de la ciudad… La luna volvía a quedar oculta… Hiro miraba en todas direcciones sin dejar de apuntar; comenzó a avanzar lentamente, esperando que aquel tipo surgiera de improviso en cualquier momento… La azotea era muy extensa, y casi no había lugares para resguardarse; no debería tardar mucho en encontrarle, pensó Hiro…
Y nuevamente escuchó pasos lejanos. Sabía muy bien de donde venían: más adelante, a la derecha, había una especie de plataforma de varios niveles… Estaba allí. Sin bajar del todo el arma, el detective fue corriendo progresivamente más rápido hacia aquella parte concreta de la azotea… Entonces, para sorpresa de Hiro, aquel tipo descuidó su propia seguridad y salió de detrás de la pared disparando al detective y alcanzándole en el muslo de la pierna derecha… aunque solo le rozó… Hiro disparó de inmediato y le alcanzó en el brazo izquierdo… rozándole también… “El Rastreador” volvió a ocultarse. Hiro sabía que debía actuar de inmediato… Al girar el recodo, el detective apuntó, esperando encontrarse a su rival… pero no le vio. Comenzó a rodear lentamente la plataforma hasta llegar al siguiente recodo… y nada. Se giró para ver si había continuado más allá, hasta el extremo de la azotea, sin hacer ruido… Y entonces, para su consternación, escuchó el chasquido de un arma sobre su cabeza.
“El Rastreador” estaba en lo alto de la plataforma apuntándole a la cabeza, con una sonrisa y mirada exultantes…
-Me lo he pasado muy bien… pero aquí acaba todo- Dijo el tipo de la gabardina, mientras Hiro lo miraba de espaldas, apretando los dientes de rabia…
Ahora sí que estaba perdido. Bueno… de todos modos… tampoco tenía ya nada que perder…
Cuando “El Rastreador” se dispuso a apretar el gatillo, se escuchó un disparo en el sobrevenido silencio nocturno, el cual resonó en la distancia… Hiro había apretado los ojos… pero no sentía nada… los abrió mucho y se giró hacia donde se erguía su enemigo… Este permanecía aún de pie sujetando el arma, que se le iba cayendo, temblando y con la mirada perdida… Entonces se desplomó cayendo hacia el suelo y quedando boca abajo, quieto… Hiro escuchó pasos aproximarse, pasos muy familiares…
-¡Aki!- Hiro no podía creérselo…
La joven avanzaba con cautela comprobando el resultado de su actuación.
-¿Te encuentras bien, Hiro?- Le preguntó, seria.
Hiro adoptó una actitud en consonancia con la de la inspectora y asintió.
-Sí, sí. Gracias, Aki.
Entonces, de forma totalmente inesperada, Hiro vio como Aki se acercaba a Hiro, guardando su arma, y su expresión se relajaba hasta mostrar como se sentía realmente en aquel momento… Parecía estar a punto de llorar…
-Hiro…- Decía casi en un susurro con la voz rota llegando hasta donde se encontraba un Hiro completamente desarmado…
Pero, justo cuando la joven levantaba los brazos hacia Hiro, sonó un nuevo disparo que la hizo detenerse… Una bala había impactado en el hombro de Aki… Esta tenía los ojos muy abiertos, sin dejar de mirar a Hiro, que pensaba que se iba a volver loco de rabia al ver que aquel miserable la apuntaba todavía desde el suelo con una sonrisa maliciosa forzada y un ojo abierto mirando de forma implacable y triunfal… El joven detective sujetó a Aki, que caía hacia adelante y disparó inmediatamente a aquel tipo, alcanzándole en la frente… “El Rastreador” abrió mucho los ojos, con la mirada difuminada, antes de cerrarlos definitivamente y chocar con la cabeza en el suelo.
El joven inmediatamente recuperó la atención hacia Aki.
-¡Aki! ¡¡Aki!!- Gritaba Hiro, desesperado…
El joven comprobó que aún estaba consciente y la apoyó suavemente en el suelo mientras la sujetaba en sus brazos. Sangraba mucho…
-Hiro… Yo…- Trató de decir la joven, mirándole de una forma muy especial, antes de perder la consciencia…
-¡¡Aki, no!! ¡¡¡Akiiiii!!!

sábado, 10 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 18

DETECTIVE NIGHT

Hiro vs. “El Rastreador”.


Pero Hiro no estaba dispuesto a rendirse.
“El Rastreador” prácticamente “se paseaba”, seguro de su éxito… La verdad es que aquello le encantaba… Sabía perfectamente que podía haberse deshecho de aquel detective entrometido antes… pero no hubiera sido tan divertido… Se aproximaba al callejón… ya comenzaba a ver el interior…
Cuando cruzó el recodo y se internó en la callejuela sin salida, se detuvo. Se encontraba de pie, en medio de la entrada, obstaculizando el paso de la poca luz que había en la calle de la que provenía, favoreciendo que aquel lugar fuera más oscuro si cabía… Miraba atentamente. Pero no vio ni rastro de Hiro.
-“Debe estar escondido y muerto de miedo…”- Pensó “El Rastreador” con satisfacción.
Comenzó a internarse, lentamente, en el callejón. Tarde o temprano vería algo moverse… el movimiento producto del miedo…
Y algo se movió allá al fondo. “El Rastreador” apuntó de inmediato; había llegado la hora de finalizar la tarea que le habían encomendado… Se disponía a apretar el gatillo… Hasta que un fugaz halo de luz proveniente de la luna, que acababa de aparecer en la estrecha obertura que daba al cielo de la noche, iluminó un gato que aparecía de un intenso azul oscuro, y que lo miró con unos ojos negros que destellaron con la misma luz que la esfera nocturna. Por algún motivo que no supo explicar, aquella visión le impresionó…
Y entonces notó que algo se precipitaba sobre él desde una de las pequeñas terrazas que daban al callejón… Apenas tuvo tiempo de elevar la vista para ver que se trataba de Hiro, que caía a toda velocidad golpeándole contundentemente con una patada descendente en la cara. “El Rastreador”, que no le había esperado, caía hacia el suelo, mientras notaba que el arma se le deslizaba de su enguantada mano y caía lejos de él… Llevándose una temblorosa mano a la zona golpeada, y con una expresión desencajada, comenzó a girarse lentamente hacia aquel tipo que lo había sorprendido: estaba de pie, frente a él, iluminado por la luz de la luna, con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina y una mirada llena de decisión.
-¿Quién eres y qué es lo que quieres…?- Preguntó Hiro sabiendo perfectamente que aquel tipo no diría nada…
El tipo de la gabardina, a medio incorporar, aún en el suelo, lo miraba sin poder borrar la expresión de sorpresa de su rostro, con los ojos muy abiertos… No contestó. Y al cabo de unos segundos, le cambiaron la expresión y la mirada y sonrió con malicia…
-Je, je, je…- Fue su única respuesta…
Hiro se puso serio.
-Verás qué rápido dejas de reír…- Advirtió el detective al tipo que permanecía en el suelo, sonriendo…
Entonces, ante la sorpresa de Hiro, “El Rastreador”, con un rápido movimiento, se incorporó de inmediato lo suficiente para lanzarse casi a ras de suelo hacia donde se encontraba su arma… Al mismo tiempo, el joven sacó las manos de los bolsillos de su gabardina y rápidamente buscó la suya en el interior de la misma… El tipo de la gabardina recogió su pistola al tiempo que rodaba para girarse y apuntó de inmediato hacia el detective… Pero Hiro ya se encontraba apuntándole con su arma.
“El Rastreador” comprendió entonces que había cometido un grave error: había subestimado a su “objetivo”; cuando le vio por la calle comiendo bollos, pensó que sería alguien inofensivo, y ni siquiera se había tomado la molestia de investigar más a fondo sobre su identidad… Definitivamente, no parecía casualidad que aquel detective estuviese detrás de la caída de Midrah…
-Ahora me acompañarás a comisaría…- Dijo Hiro, muy serio.
Al oír aquellas palabras, “El Rastreador” sabía que debía actuar… Si caía en manos de la policía, tarde o temprano acabaría abatido por algún francotirador contratado por la organización…
En ese momento, un coche pasó por la calle del exterior a gran velocidad, iluminando momentáneamente a ambos… Entonces, el tipo de la gabardina vio un bidón no muy lejos de Hiro, a su espalda y un par de metros a la derecha, del que parecía llegar un fuerte olor a aceite… Sabía que era su única salida… Apuntó hacia el mismo, ante la alarma de Hiro, que no entendió al principio lo que estaba haciendo, y disparó.
El bidón prendió con una llamarada, que provocó que Hiro desviara momentáneamente la atención… “El rastreador” aprovechó el momento de distracción para comenzar a correr, intentando abatir al detective en la huída… Pero Hiro, reaccionando a tiempo, apuntó hacia “El Rastreador”, que dejó de apuntarle y se centró en huir… Las llamas comenzaron a molestar a Hiro, que debía cubrirse la cara con un brazo, propiciando que aquel tipo pudiera escapar al no poder el detective apuntar correctamente…
Pero Hiro no estaba dispuesto a permitir que aquel enviado por O.C.O. escapara. Sí o sí debía atraparle. Y salió corriendo en su busca.

En la comisaría de policía la actividad había bajado notablemente. Aquello era normal a aquellas horas. Aki se encontraba en su mesa terminando unos informes; parecía que no se acabarían nunca… Desde la última vez que había visto a Hiro (en compañía de aquella descarada) había decidido no volver a pensar en ello; había decidido centrarse, sobretodo, en su trabajo. Pero aquellos informes… Cada vez que se ponía con uno se le hacía más cuesta arriba que el anterior… Y no era porque estuviera cansada; era porque había algo que la “llamaba” insistentemente… De todos modos, continuaría de aquella manera hasta que “aquello” cesase…
Al cabo de un rato, tuvo que parar. Por mucho que lo intentaba, no podía concentrarse… Decidió que iría un momento a tomar un café de la máquina antes de continuar; e intentaría centrarse… Y dejar de pensar en qué estaría haciendo él en aquel momento…

Hiro había perdido de vista a aquel tipo justo cuando había salido del callejón. Pero le había dado tiempo a escuchar como sus pasos se alejaban corriendo hacia la izquierda, hacia una calle peatonal muy iluminada por la luz de las farolas que inundaban la avenida con tonos azulados, entre puntuales luces de neón, y concurrida a aquellas horas: era viernes por la noche y mucha gente había salido para divertirse; y en aquella zona había varios locales y centros de ocio muy conocidos de la ciudad. Llegó corriendo a dicha calle y se detuvo en seco mirando hacia ambas direcciones… Hacia la derecha veía llegar varias personas, en su mayoría parejas, que, sin dejar de caminar tranquilamente, miraban hacia atrás mientras comentaban algo… Hiro sabía que aquel tipo de la gabardina y el sombrero de ala había tomado esa dirección… Comenzó a aumentar progresivamente el paso, pasando a través de la marea humana que le dificultaba el avance: parecía que él era el único que iba en dirección contraria…
Y entonces le vio. A lo lejos, distinguió el sombrero; caminaba más despacio para no llamar la atención… Hiro comenzó a correr, ante las miradas y protestas de la gente con la que irremediablemente se chocaba al intentar pasar… Más adelante, el murmullo de dichas protestas comenzó a llegar a los oídos de “El Rastreador”, que se giró un instante y, al ver al detective dirigiéndose hacia donde se encontraba, volvió a correr para emprender la huída…
-¡Dejen pasar, por favor! ¡Lo siento! ¡Perdone, señorita!- Decía sin cesar Hiro, intentando avanzar lo más rápido que podía…
Entonces se percató de que aquel tipo se estaba alejando de nuevo a toda velocidad.
-“¡Maldita sea! ¡No puedo llegar…!”- Hiro apretaba los dientes de rabia…
Entonces, avanzando como podía entre las miradas de extrañeza de los múltiples viandantes con los que se cruzaba, poco a poco, comenzaba a salir de la “marea”… Cuando por fin se sentía libre para acelerar el paso, siguió corriendo… pero aquel tipo había desaparecido.
Hiro continuó corriendo varios minutos, ante las continuas miradas de otros, que reaccionaban con sorpresa unos, y con indiferencia otros… Llegó un momento en que podía oír sus veloces pasos resonando contra el suelo que pisaba… Y, poco a poco, comenzó a bajar el ritmo, comenzando a dar por perdido al que inicialmente había sido su perseguidor…
Hiro se detuvo, sudando y jadeando.
-¡Mierda!- Gritó cerrando los ojos con fuerza, asustando a una joven pareja que pasaba tranquilamente a su lado…
Entonces, en aquella parte más oscura y silenciosa de la interminable calle, comenzó a notar una vibración cercana; y música lejana. Pero, lo que de verdad le hizo reaccionar, fue la conversación que tenía lugar más adelante…
-…Ese bastardo… ¡Hay que ir adentro a buscarle!- Decía uno, notándosele dolorido…
-¿Cómo te ha podido tumbar?- Preguntaba otro.
-¿Cómo es? ¿Cómo va vestido?- Preguntó un tercero.
El primero tardó un poco en contestar.
-No sé… No le he podido ver bien la cara… Llevaba una especie de sombrero… y una gabardina…
Hiro abrió mucho los ojos y salió disparado hacia un local que había más adelante, a unos metros, en el lado derecho de la calle, grande y de dos pisos: una discoteca. A la entrada encontró a dos hombres de pie ante un tercero que estaba sentado en el suelo apoyado contra la pared. El joven detective entró en el local como una exhalación ante la asombrada mirada de aquellos tres.
-¡Eh!- Exclamó el que estaba más cerca de él.
Pero su voz quedó inmediatamente ahogada al entrar Hiro en la discoteca. La música era absolutamente ensordecedora. El suelo vibraba con insistencia y olía bastante a humo. Apenas podían escucharse las voces de la multitud que había dentro. Hiro avanzó poco a poco. Como ya se estaba acostumbrando a que le pasara aquella noche, la gente se lo quedaba mirando con cara de extrañeza, sabiendo el joven detective perfectamente que constituía el elemento discordante en aquel lugar… Hiro siguió avanzando hasta que llegó al pie de la pista de baile, donde apenas podía distinguir claramente un montón de cuerpos bailando frenéticamente al ritmo de una música insistente y atronadora… El detective miraba concentrado en todas direcciones.
Y entonces le vio. Más adelante, junto a la puerta de salida de atrás, aquel tipo lo miraba fijamente; parecía que acababa de percatarse de la presencia del joven detective… Y, en ese momento, Hiro abrió más los ojos al ver que aquel tipo mostraba una amplia sonrisa llena de malicia, mostrando los dientes, tras la oscuridad que apenas dejaba ver sus ojos brillando con una especie de insana satisfacción… Un “mar” de personas bailando sin descanso se interponía entre ellos… Ambos, mirándose uno al otro, quedaban iluminados por las luces parpadeantes que no paraban de cambiar de color, provocando la ilusión de que todo estaba compuesto por escenas intermitentes que se sucedían a un ritmo endiablado… Entonces, “El Rastreador” sacó su arma ante la consternación de Hiro y aquel apuntó hacia el detective…
-¡Al suelo!- Hiro gritó con toda la fuerza que pudo extendiendo una mano y sacando su arma con la otra…
Las personas que estaban cerca de él, al ver la pistola, se asustaron y se agacharon, algunos hasta llegar al suelo; los gritos y exclamaciones se extendían por doquier, provocándose el caos. Hiro percibió algo y se giró un momento: dos de los tipos de la puerta entraban corriendo al oír el jaleo que se había formado… Hiro volvió a mirar hacia la puerta: aquel maldito ya no estaba. Aprovechando que había quedado “vía libre”, el detective se dirigió de inmediato hacia la puerta de salida de atrás… Mientras tanto, progresivamente, comenzaba a volver la normalidad a su alrededor…
-¡Oye tú! ¡¿Qué te has creído?!- Le increpó inesperadamente una joven desde un lado, con el pelo leonino teñido de rosa, muy maquillada, con una mínima falda de lentejuelas plateadas y un escote casi irreal…
-¡Lo siento! ¡Lo siento!- Se disculpaba mientras trataba de avanzar entre aquel numeroso grupo que se enfurecía por momentos, peligrosamente…
Mientras tanto oía los gritos que lo exhortaban a detenerse provenientes de aquellos tipos que venían de atrás… Hiro ya estaba cerca de la puerta…
Entonces, para alivio del detective, la música, que había quedado momentáneamente detenida, regresó con fuerza y aquellos que amenazaban con lincharle parecieron olvidarse de él, volviendo a sumergirse en aquel baile frenético… provocando, a su vez, que los dos vigilantes de seguridad del local quedaran “atrapados” entre aquellos “autómatas”, propiciando la escapada de Hiro…
Cuando el detective salió por la puerta, que había quedado abierta, se detuvo de inmediato, echándose instintivamente hacia atrás, al escuchar un disparo que impactó en la pared, muy cerca de donde se encontraba… Inmediatamente, Hiro apuntó hacia la izquierda, hacia la dirección desde donde provenía el disparo, y disparó dos veces al ver fugazmente al tipo de la gabardina huir y desaparecer tras un recodo…
El joven detective se quedó pegado a la pared, vigilando atentamente aquella esquina, con el arma a punto…

En la comisaría de policía, Izo había acabado al fin con los informes que debía completar. No soportaba aquella tarea: era lo peor de su trabajo. ¿Para qué tanto papeleo? Se estiró con fuerza, después de largo rato en la misma posición. Había llegado la hora de regresar a casa. Miró a su alrededor y vio que solo quedaban, aparte de él, Aki y otro agente. Izo comenzaba a preocuparse por Aki: últimamente, hablaba poco y parecía que solo le importara trabajar sin descanso… Incluso se pasaba más tiempo que los demás rellenando aquellos interminables informes, siendo prácticamente la única que siempre los llevaba al día…
En ese momento sonó el teléfono de la mesa del otro policía. Este contestó y tomó nota. Acto seguido, se levantó y se dirigió hacia la mesa de Izo, que estaba reclinado hacia atras con las manos entrelazadas en la nuca. Al ver que el agente se aproximaba, recuperó la postura en su silla.
-Señor- dijo el agente con un respeto que a Izo siempre le parecía innecesario.
-Sí. ¿Qué ocurre?
-Señor, dicen que ha habido un suceso en una discoteca próxima al centro de la ciudad. Al parecer, un tipo con gabardina ha irrumpido en el interior y ha sacado un arma.
Al oír aquello de “tipo con gabardina”, a Izo se le cruzó un pensamiento que no le gustó nada… Aki se detuvo de inmediato y, sin levantar la vista del papel que tenía delante, comenzó a escuchar la conversación con atención…
-Y… ¿Ha habido heridos?- Izo no sabía qué preguntar para evitar respuestas que no quería oír…
-No. Al parecer se marchó de inmediato cuando estaba a punto de ser agredido por la gente que había allí.
Definitivamente, aquello era muy raro. Izo le hizo una seña al agente para que esperara y se levantó de inmediato dirigiéndose hacia el pasillo al tiempo que sacaba su teléfono móvil, seguido por la atenta mirada de Aki…
Izo encontró el número que buscaba y llamó.
Hiro se sobresaltó al oír sonar su teléfono. Con la mano que no sostenía el arma, lo sacó del interior de su gabardina y, al ver quién le llamaba contestó.
-Izo…- Dijo en voz baja.
-Hiro… ¿Qué ocurre? ¿Por qué hablas así?- Preguntó con creciente preocupación.
Aki escuchaba atentamente.
-Izo… Ahora no puedo hablar…- Dijo antes de colgar.
-¿Pero qué…? ¡Hiro! ¡Me ha colgado!- No podía evitar exclamar un indignado Izo.
Aki reaccionó al fin.
El subinspector se quedó pensativo unos instantes. Entonces regresó a su mesa, donde aún aguardaba el agente…
-¿Qué discoteca era esa?- Preguntó con determinación, ante la preocupada mirada de la joven…

Hiro guardó su teléfono en la gabardina.
-“Mira que es inoportuno…”
El joven detective apenas había avanzado pegado a la pared… Sabía que aquel tipo seguía allí detrás… preparado para salir y disparar…
Y así era: “El Rastreador” permanecía pegado de espaldas a la pared, con la mirada hacia atrás, como si pudiera ver a aquel detective que se lo estaba haciendo pasar tan bien… Pero aquel juego debía acabar…

sábado, 3 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 17

DETECTIVE NIGHT

Comienza la caza…


Era viernes por la tarde; aproximadamente las 5. Hiro caminaba por una ruidosa calle con gran afluencia de tráfico, tanto de vehículos como de viandantes. La verdad es que no estaba muy acostumbrado a estar por ahí a esas horas; siempre procuraba elegir otras… Iba ataviado con una americana azul oscuro, camisa gris claro que llevaba por fuera, pantalones vaqueros de otro tono de azul algo más claro y botas negras. Había quedado con Yuri. El día anterior, al regresar a su casa, había utilizado el número que le había dado la última vez que se habían visto. Y ahora se encaminaba hacia el punto de encuentro. Tenía que reconocer que se sentía, más que nervioso, algo extraño…
Notaba que iba con paso acelerado; no quería llegar tarde. Y allí estaba. Unos metros más adelante, al otro lado de una de las transitadas calles, distraída hacia otro lado, se encontraba Yuri. A Hiro le llamó la atención verla sin el uniforme de policía. Iba con un suéter blanco, pantalones vaqueros azules y botas color marrón claro. Llevaba un pequeño bolso de color marrón. Hiro la observaba mientras se aproximaba al semáforo que estaba a punto de ponerse en verde; definitivamente, se la veía diferente… El día anterior, la joven le había dicho que justamente iba a tener el día libre… aunque a Hiro le pareció mucha coincidencia…
El joven tuvo que llegar al otro lado para que Yuri reparase en su presencia (o eso pensaba Hiro).
-¡Hola!- Dijo la joven con una sonrisa cuando vio a Hiro; sonrisa que no podía ocultar que no estaba tan tranquila como pretendía aparentar…
-Hola, Yuri- le dijo Hiro con una cálida sonrisa.
Ambos jóvenes estaban visiblemente nerviosos, aunque intentaban que el otro no se diera cuenta…
-Bueno, pues, ¿adónde te apetece ir?- Preguntó Hiro, notándose algo torpe en aquella situación…
Yuri miró a su alrededor con aire pensativo.
-Conozco un sitio cerca de aquí- dijo finalmente.
Hiro le respondió con otra sonrisa y comenzaron a caminar.

La consultora financiera Gold Investment ocupaba gran parte de uno de los edificios de oficinas de uno de los complejos de empresas de Blue City. Dicho complejo, que constaba de varios edificios, albergando cada uno de ellos varias empresas, se encontraba en la zona este de la ciudad. Gold Investment estaba especializada en asesorar a otras empresas, en su mayoría de gran prestigio.
En el interior del edificio, un tipo alto, de pelo corto y claro peinado hacia atrás, con gafas, ojos claros, vestido con un traje negro impoluto, caminaba con aire de superioridad, y frialdad en su expresión y mirada. Los empleados que pasaban a su lado se “asustaban” al verle, apartándose al tiempo que le hacían una especie de nerviosa reverencia, mientras él los miraba de reojo con desdén. Se detuvo cerca de dos trabajadores que charlaban y reían animadamente, en mangas de camisa, al lado de la máquina de café.
-¿Han terminado todo lo que tenían que hacer?- Preguntó con un fulminante tono reprobatorio el tipo que acababa de llegar.
Los otros dos, al verle, dejaron de hablar de inmediato; uno de ellos se terminó apresuradamente lo que le quedaba de café de un trago.
-Ahora mismo íbamos para allá…- Dijo el otro sin parecer muy convincente…
El que era el superior de ambos se los quedó mirando, con un profundo desprecio en sus pequeños ojos… Decidió que ya les había intimidado suficiente y que no debía perder más tiempo. Les dio la espalda y se encaminó hacia la puerta que llevaba al pasillo del ascensor ante la asustada mirada de los otros dos.
El alto ejecutivo llegó a la planta baja y salió a la calle sin siquiera mirar a la mujer de recepción. Iba andando como si estuviera por encima de los demás, a los que menospreciaba…
Cuando se aproximaba a su coche, aparcado en un callejón que el edificio formaba con el de al lado, también de oficinas, sacó las llaves de su bolsillo y desactivó la alarma. Cuando se encontraba ante la puerta, dispuesto a abrirla, el reflejo en el cristal de una figura enfundada en una gabardina y un sombrero de ala alarmó al ejecutivo, que se giró inmediatamente…
-¡Oiga! ¿Qué hace ahí? ¡No tengo nada para darle!- Decía despreciativamente, tomando a aquel tipo extraño por algún vagabundo que seguramente debía haber robado aquel atuendo…
El tipo de la gabardina no dijo nada y sonrió maliciosamente desde la oscuridad que le proporcionaba su sombrero, que le ocultaba el resto del rostro… El otro se comenzó a asustar, apretando los dientes y temblando ligeramente.
-¡Haga el favor de apartarse! ¡Este no es lugar para vosotros!- Exclamaba el ejecutivo intentando sobreponerse al miedo.
El tipo de la gabardina se aseguró de reojo que no había nadie más en aquel callejón y, con un rápido movimiento, extrajo su pistola del interior de la gabardina, apuntando al otro de inmediato.
Este abrió mucho los ojos tras las gafas, que comenzaban a descolocársele…
-¡Espere! ¡Espere un momento!- Exclamaba, asustado…
El tipo de la gabardina volvió a sonreír.
-Ahora desearás que hubiese sido un vagabundo…- Dijo con frialdad, sin dejar de sonreír, y terminando de aterrorizar al otro tipo.
“El Rastreador” apretó el gatillo y le disparó al ejecutivo entre los ojos; este los mantuvo totalmente abiertos, sin vida, mientras caía hacia atrás chocando con fuerza contra el cristal de su coche y haciendo que se agrietara levemente… El cuerpo inerte del tipo se deslizó hasta el suelo quedando sentado, apoyado de espaldas contra el vehículo. “El rastreador” se quedó observándolo durante unos instantes, como si quisiera asegurarse de que estaba muerto del todo… A continuación, guardó la pistola, que acababa de dejar de humear, y sacó un teléfono móvil de otro recoveco de su gabardina.

Hiro se encontraba sentado frente a Yuri en una mesa de la terraza de un bar muy concurrido a aquellas horas. Ambos habían pedido refrescos. El local, una pequeña construcción rectangular aislada y rodeada por tejados y toldos, desde donde, a través de una amplia obertura que casi ocupaba media pared de forma horizontal, se podía pedir, quedaba en frente de un gran parque cubierto de césped y por el que varias madres, y algunos padres, llevaban a sus hijos pequeños a jugar en los toboganes, los columpios o a la pelota; otros llevaban a sus perros, que disfrutaban de aquel oasis verde en la ciudad; otros aprovechaban para hacer footing y otros ejercicios…
-A esta hora es cuando más gente viene- comentó Yuri después del enésimo instante de silencio prolongado entre ambos…
Cuando Hiro se la encontró en la comisaría, tenía la sensación de que tenía muchas cosas de qué hablar con ella… pero ahora, después de que había pasado casi una hora desde que habían quedado, tenía la preocupante sensación de que no sabía muy bien qué más decir… Intentaba buscar temas de conversación, pero acababa por hablar de cosas triviales, reprendiéndose interiormente por ello cada vez… Aunque, lo que realmente le estaba ocurriendo era que, mientras estaba con Yuri, con la que estaba muy a gusto en aquel lugar y a la que tenía un gran aprecio desde siempre, no podía dejar de pensar en otra persona… Lo intentaba por todos los medios, pero era inútil… Y, además, aquellos pensamientos eran más fuertes por momentos, eclipsando cada vez más todo lo demás que ocurría a su alrededor…
Yuri había notado esto desde el momento en que vio a Hiro al cruzar la calle. Sabía que aquello no iba a durar mucho más…
-Hay que ver cuantos pájaros de esos hay esta tarde volando por aquí…- “Comentó” Hiro con ganas de taparse la cara por haber hecho, una vez más aquella tarde, un comentario que, sinceramente, no venía a cuento…
Yuri ya no podía seguir con aquello.
-Oye, Hiro…- Comenzó a decir.
Hiro tragó saliva al percibir el cambio en el tono de la joven.
-¿Sí?- Preguntó, sin necesidad…
La chica parecía pensar bien lo que iba a decir.
-¿Tú… estás con alguien ahora mismo?- Terminó de preguntar, comenzando a ruborizarse…
El que notaba el rubor ahora era Hiro, ante la pregunta elocuente de Yuri…
-¿Eh? ¿Yo? Pues… no, no… No estoy con nadie, no…- Contestó, sabiendo perfectamente a lo que se “arriesgaba” con ello…
Yuri se lo quedó mirando unos instantes, sin poder Hiro ni tan siquiera imaginarse lo que le pasaba por la cabeza en aquellos momentos a la joven…
-Si quieres… podemos quedar otro día… no sé… mañana, y podemos ir a otro sitio…- La chica hablaba, observando atentamente las reacciones de quien tenía delante…
Y lo que vio no le gustó. Hiro se quedó sin palabras. No por ver con más claridad las intenciones de Yuri… sino por no poder evitar sentir que, aceptando aquello, estaba renunciando a algo… algo muy importante para él… Algo irrenunciable. La chica percibió esto y cerró los ojos, con resignación…
-Creo que es mejor que nos vayamos- dijo la chica, con un tono que a Hiro le supo fatal…
-Lo siento…- Creyó que debía decir…
Pero la chica se esforzó en sonreírle, sin apenas mirarle, y comenzó a levantarse recogiendo su bolso. Apenas había tocado su refresco. Hiro, al verla, comenzó a levantarse él también. En su caso, la bebida estaba intacta.
-Bueno, pues, nos vemos- le dijo Yuri sonriendo más relajada, haciendo evidente que comenzaba a aceptar como había salido aquello…
Hiro no podía evitar tener una expresión de enorme culpabilidad…
-Gracias por todo… Yuri…- No sabía, realmente, qué más decir…
La chica, que sujetaba su pequeño bolso delante con ambas manos, sonrió amablemente cerrando los ojos, como si no quisiera que Hiro los viera… Se dio la vuelta y se marchó.
Hiro se quedó mirándola hasta que se hubo perdido de vista; Yuri en ningún momento había hecho siquiera amago de girarse hacia donde se encontraba el joven…
Se acercó a una barandilla que estaba cerca, en los límites del local, y se apoyó sobre la misma, observando a la gente que había en el parque: todos parecían felices; una felicidad que veía ahora como un sueño inalcanzable…

Hiro caminaba con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones dando un largo paseo por las calles de la ciudad que se iba sumergiendo en la noche. Las luces de las farolas ya estaban encendidas y los locales comenzaban a cerrar sus puertas. Cada vez había menos gente por las calles, aunque el mismo intenso tráfico que durante la tarde. El joven caminaba apesadumbrado, dándole vueltas a la cabeza, por un callejón iluminado por alguna farola, cerca ya de la agencia. No podía evitar pensar en que lo mejor hubiera sido que todo aquello hubiese continuado… Todo parecía más “fácil” con Yuri… Pero sabía que no era tan sencillo…
Entonces sonó su teléfono móvil. Hiro vio que se trataba de un número desconocido.
-¿Diga?- Contestó tras pulsar el correspondiente botón.
Al principio se escuchó silencio, tan solo ruidos del exterior.
-¿Señor Red?- Preguntó una voz grave de hombre que le inquietó…
-Sí. ¿Quién es?- Preguntó, serio.
-Se ha producido un asesinato en un callejón entre el edificio D y E del distrito financiero 2. Venga en seguida- concluyó antes de colgar.
Hiro se quedó con el teléfono al oído durante unos segundos. Estaba desconcertado. Si era un aviso de la policía, tenían que llamarle al teléfono rojo que tenía en su casa… Quizá lo hayan hecho y, al no encontrarle, le hayan llamado al móvil normal…
Comenzaba a hacer fresco. Decidió ir de inmediato a la agencia para hacer una comprobación…

Una vez allí, sin encender las luces, se dirigió inmediatamente a donde tenía el teléfono que le había dado Aki y lo encendió: no había llamadas perdidas ni mensajes. Entonces, ¿quién era el tipo que acababa de hablar con él?
-“A lo mejor es alguien nuevo que no está informado…”- quiso pensar el detective.
De todos modos, lo cierto era que parecía que había habido un asesinato. Así que recogió su gabardina gris y se la puso. Y, cuando estuvo a punto de salir, acordándose de la voz desconocida que le había dado tan mala espina, se dirigió al cajón de su escritorio y cogió su arma, que se guardó de inmediato bajo la gabardina…

Cuando el detective llegó al lugar ya era de noche. Observó que había varios coches de policía en la zona, la cual estaban acordonando. Aparcó cerca de allí y se aproximó hasta donde se encontraban trabajando los agentes.
-Hola. ¿Qué ha ocurrido?- Preguntó Hiro a uno de los policías que se encontraban colocando la cinta de seguridad.
El agente se lo quedó mirando momentáneamente.
-¿Disculpe? No puede estar aquí.
A Hiro aquello comenzaba a no gustarle nada. Era como si no tuviera que estar allí…
Entonces, antes de que el joven detective pudiera replicar, apareció otro agente, de algo más de edad, que parecía el superior del otro.
-Debe marcharse- le recomendó.
Hiro no se lo podía creer.
-Soy Hiro Red. ¿No me han llamado?
Aquel policía se quedó pensativo un instante.
-¿Hiro Red…? ¿Usted es el detective? Aún no hemos recibido la orden de llamarle…- Hablaba aquel hombre, aún con ciertas dudas de que Hiro estuviese diciendo la verdad respecto a su identidad…
En ese instante, a Hiro se le dispararon todas las alarmas. Algo iba mal. Miró a su alrededor con preocupación…
Desde lo lejos, oculto tras el muro de la entrada de un edificio cercano, lo observaba, con una maliciosa sonrisa, “El Rastreador”…
Hiro sabía que debía irse de allí de inmediato. Sin decir una palabra más a aquellos agentes (hubiera sido inútil), se dirigió deprisa a su coche y se subió a él. Arrancó y regresó por donde había venido. “El Rastreador”, al verlo, salió de su escondrijo.
Cuando llevaba un rato conduciendo, Hiro notaba que la sensación de peligro no solo decrecía, sino que aumentaba…
Entonces miró fugazmente por el retrovisor. Volvió a mirar al darse cuenta de algo: había un vehículo, a no mucha distancia, que estaba seguro de llevar viéndolo desde hacía un rato. Le estaban siguiendo.
-“¡Mierda! No puedo volver a la agencia…”- Pensó, recordando lo que había sucedido con Mei…
Entonces pensó algo. No tenía elección, pese a ser arriesgado… Continuó circulando, camino de una de las zonas cercanas al centro de la ciudad… Y, al llegar a una calle más estrecha, no muy transitada, atravesada por multitud de callejuelas, algunas sin salida, detuvo el coche y bajó. Comenzó a caminar aparentando tranquilidad… De reojo, vio como aquel vehículo que llevaba siguiéndole un buen rato, se detenía y apagaba las luces. Cuando escuchaba la puerta abrirse, Hiro entró en una de las callejuelas. Se la había jugado… y le había salido mal: era un callejón sin salida.
Oía los pasos llegar. La mano enguantada en cuero de “El Rastreador” extraía lentamente la pistola del interior de su gabardina… Hiro estaba delante del muro que marcaba el final del trayecto…
Y, pensando en que aquello podía ser el final, se giró hacia la entrada del callejón, por donde llegaban aquellos pasos implacables…