DETECTIVE NIGHT
Comienza la caza…
Era viernes por la tarde; aproximadamente las 5. Hiro caminaba por una ruidosa calle con gran afluencia de tráfico, tanto de vehículos como de viandantes. La verdad es que no estaba muy acostumbrado a estar por ahí a esas horas; siempre procuraba elegir otras… Iba ataviado con una americana azul oscuro, camisa gris claro que llevaba por fuera, pantalones vaqueros de otro tono de azul algo más claro y botas negras. Había quedado con Yuri. El día anterior, al regresar a su casa, había utilizado el número que le había dado la última vez que se habían visto. Y ahora se encaminaba hacia el punto de encuentro. Tenía que reconocer que se sentía, más que nervioso, algo extraño…
Notaba que iba con paso acelerado; no quería llegar tarde. Y allí estaba. Unos metros más adelante, al otro lado de una de las transitadas calles, distraída hacia otro lado, se encontraba Yuri. A Hiro le llamó la atención verla sin el uniforme de policía. Iba con un suéter blanco, pantalones vaqueros azules y botas color marrón claro. Llevaba un pequeño bolso de color marrón. Hiro la observaba mientras se aproximaba al semáforo que estaba a punto de ponerse en verde; definitivamente, se la veía diferente… El día anterior, la joven le había dicho que justamente iba a tener el día libre… aunque a Hiro le pareció mucha coincidencia…
El joven tuvo que llegar al otro lado para que Yuri reparase en su presencia (o eso pensaba Hiro).
-¡Hola!- Dijo la joven con una sonrisa cuando vio a Hiro; sonrisa que no podía ocultar que no estaba tan tranquila como pretendía aparentar…
-Hola, Yuri- le dijo Hiro con una cálida sonrisa.
Ambos jóvenes estaban visiblemente nerviosos, aunque intentaban que el otro no se diera cuenta…
-Bueno, pues, ¿adónde te apetece ir?- Preguntó Hiro, notándose algo torpe en aquella situación…
Yuri miró a su alrededor con aire pensativo.
-Conozco un sitio cerca de aquí- dijo finalmente.
Hiro le respondió con otra sonrisa y comenzaron a caminar.
La consultora financiera Gold Investment ocupaba gran parte de uno de los edificios de oficinas de uno de los complejos de empresas de Blue City. Dicho complejo, que constaba de varios edificios, albergando cada uno de ellos varias empresas, se encontraba en la zona este de la ciudad. Gold Investment estaba especializada en asesorar a otras empresas, en su mayoría de gran prestigio.
En el interior del edificio, un tipo alto, de pelo corto y claro peinado hacia atrás, con gafas, ojos claros, vestido con un traje negro impoluto, caminaba con aire de superioridad, y frialdad en su expresión y mirada. Los empleados que pasaban a su lado se “asustaban” al verle, apartándose al tiempo que le hacían una especie de nerviosa reverencia, mientras él los miraba de reojo con desdén. Se detuvo cerca de dos trabajadores que charlaban y reían animadamente, en mangas de camisa, al lado de la máquina de café.
-¿Han terminado todo lo que tenían que hacer?- Preguntó con un fulminante tono reprobatorio el tipo que acababa de llegar.
Los otros dos, al verle, dejaron de hablar de inmediato; uno de ellos se terminó apresuradamente lo que le quedaba de café de un trago.
-Ahora mismo íbamos para allá…- Dijo el otro sin parecer muy convincente…
El que era el superior de ambos se los quedó mirando, con un profundo desprecio en sus pequeños ojos… Decidió que ya les había intimidado suficiente y que no debía perder más tiempo. Les dio la espalda y se encaminó hacia la puerta que llevaba al pasillo del ascensor ante la asustada mirada de los otros dos.
El alto ejecutivo llegó a la planta baja y salió a la calle sin siquiera mirar a la mujer de recepción. Iba andando como si estuviera por encima de los demás, a los que menospreciaba…
Cuando se aproximaba a su coche, aparcado en un callejón que el edificio formaba con el de al lado, también de oficinas, sacó las llaves de su bolsillo y desactivó la alarma. Cuando se encontraba ante la puerta, dispuesto a abrirla, el reflejo en el cristal de una figura enfundada en una gabardina y un sombrero de ala alarmó al ejecutivo, que se giró inmediatamente…
-¡Oiga! ¿Qué hace ahí? ¡No tengo nada para darle!- Decía despreciativamente, tomando a aquel tipo extraño por algún vagabundo que seguramente debía haber robado aquel atuendo…
El tipo de la gabardina no dijo nada y sonrió maliciosamente desde la oscuridad que le proporcionaba su sombrero, que le ocultaba el resto del rostro… El otro se comenzó a asustar, apretando los dientes y temblando ligeramente.
-¡Haga el favor de apartarse! ¡Este no es lugar para vosotros!- Exclamaba el ejecutivo intentando sobreponerse al miedo.
El tipo de la gabardina se aseguró de reojo que no había nadie más en aquel callejón y, con un rápido movimiento, extrajo su pistola del interior de la gabardina, apuntando al otro de inmediato.
Este abrió mucho los ojos tras las gafas, que comenzaban a descolocársele…
-¡Espere! ¡Espere un momento!- Exclamaba, asustado…
El tipo de la gabardina volvió a sonreír.
-Ahora desearás que hubiese sido un vagabundo…- Dijo con frialdad, sin dejar de sonreír, y terminando de aterrorizar al otro tipo.
“El Rastreador” apretó el gatillo y le disparó al ejecutivo entre los ojos; este los mantuvo totalmente abiertos, sin vida, mientras caía hacia atrás chocando con fuerza contra el cristal de su coche y haciendo que se agrietara levemente… El cuerpo inerte del tipo se deslizó hasta el suelo quedando sentado, apoyado de espaldas contra el vehículo. “El rastreador” se quedó observándolo durante unos instantes, como si quisiera asegurarse de que estaba muerto del todo… A continuación, guardó la pistola, que acababa de dejar de humear, y sacó un teléfono móvil de otro recoveco de su gabardina.
Hiro se encontraba sentado frente a Yuri en una mesa de la terraza de un bar muy concurrido a aquellas horas. Ambos habían pedido refrescos. El local, una pequeña construcción rectangular aislada y rodeada por tejados y toldos, desde donde, a través de una amplia obertura que casi ocupaba media pared de forma horizontal, se podía pedir, quedaba en frente de un gran parque cubierto de césped y por el que varias madres, y algunos padres, llevaban a sus hijos pequeños a jugar en los toboganes, los columpios o a la pelota; otros llevaban a sus perros, que disfrutaban de aquel oasis verde en la ciudad; otros aprovechaban para hacer footing y otros ejercicios…
-A esta hora es cuando más gente viene- comentó Yuri después del enésimo instante de silencio prolongado entre ambos…
Cuando Hiro se la encontró en la comisaría, tenía la sensación de que tenía muchas cosas de qué hablar con ella… pero ahora, después de que había pasado casi una hora desde que habían quedado, tenía la preocupante sensación de que no sabía muy bien qué más decir… Intentaba buscar temas de conversación, pero acababa por hablar de cosas triviales, reprendiéndose interiormente por ello cada vez… Aunque, lo que realmente le estaba ocurriendo era que, mientras estaba con Yuri, con la que estaba muy a gusto en aquel lugar y a la que tenía un gran aprecio desde siempre, no podía dejar de pensar en otra persona… Lo intentaba por todos los medios, pero era inútil… Y, además, aquellos pensamientos eran más fuertes por momentos, eclipsando cada vez más todo lo demás que ocurría a su alrededor…
Yuri había notado esto desde el momento en que vio a Hiro al cruzar la calle. Sabía que aquello no iba a durar mucho más…
-Hay que ver cuantos pájaros de esos hay esta tarde volando por aquí…- “Comentó” Hiro con ganas de taparse la cara por haber hecho, una vez más aquella tarde, un comentario que, sinceramente, no venía a cuento…
Yuri ya no podía seguir con aquello.
-Oye, Hiro…- Comenzó a decir.
Hiro tragó saliva al percibir el cambio en el tono de la joven.
-¿Sí?- Preguntó, sin necesidad…
La chica parecía pensar bien lo que iba a decir.
-¿Tú… estás con alguien ahora mismo?- Terminó de preguntar, comenzando a ruborizarse…
El que notaba el rubor ahora era Hiro, ante la pregunta elocuente de Yuri…
-¿Eh? ¿Yo? Pues… no, no… No estoy con nadie, no…- Contestó, sabiendo perfectamente a lo que se “arriesgaba” con ello…
Yuri se lo quedó mirando unos instantes, sin poder Hiro ni tan siquiera imaginarse lo que le pasaba por la cabeza en aquellos momentos a la joven…
-Si quieres… podemos quedar otro día… no sé… mañana, y podemos ir a otro sitio…- La chica hablaba, observando atentamente las reacciones de quien tenía delante…
Y lo que vio no le gustó. Hiro se quedó sin palabras. No por ver con más claridad las intenciones de Yuri… sino por no poder evitar sentir que, aceptando aquello, estaba renunciando a algo… algo muy importante para él… Algo irrenunciable. La chica percibió esto y cerró los ojos, con resignación…
-Creo que es mejor que nos vayamos- dijo la chica, con un tono que a Hiro le supo fatal…
-Lo siento…- Creyó que debía decir…
Pero la chica se esforzó en sonreírle, sin apenas mirarle, y comenzó a levantarse recogiendo su bolso. Apenas había tocado su refresco. Hiro, al verla, comenzó a levantarse él también. En su caso, la bebida estaba intacta.
-Bueno, pues, nos vemos- le dijo Yuri sonriendo más relajada, haciendo evidente que comenzaba a aceptar como había salido aquello…
Hiro no podía evitar tener una expresión de enorme culpabilidad…
-Gracias por todo… Yuri…- No sabía, realmente, qué más decir…
La chica, que sujetaba su pequeño bolso delante con ambas manos, sonrió amablemente cerrando los ojos, como si no quisiera que Hiro los viera… Se dio la vuelta y se marchó.
Hiro se quedó mirándola hasta que se hubo perdido de vista; Yuri en ningún momento había hecho siquiera amago de girarse hacia donde se encontraba el joven…
Se acercó a una barandilla que estaba cerca, en los límites del local, y se apoyó sobre la misma, observando a la gente que había en el parque: todos parecían felices; una felicidad que veía ahora como un sueño inalcanzable…
Hiro caminaba con las manos metidas en los bolsillos de los pantalones dando un largo paseo por las calles de la ciudad que se iba sumergiendo en la noche. Las luces de las farolas ya estaban encendidas y los locales comenzaban a cerrar sus puertas. Cada vez había menos gente por las calles, aunque el mismo intenso tráfico que durante la tarde. El joven caminaba apesadumbrado, dándole vueltas a la cabeza, por un callejón iluminado por alguna farola, cerca ya de la agencia. No podía evitar pensar en que lo mejor hubiera sido que todo aquello hubiese continuado… Todo parecía más “fácil” con Yuri… Pero sabía que no era tan sencillo…
Entonces sonó su teléfono móvil. Hiro vio que se trataba de un número desconocido.
-¿Diga?- Contestó tras pulsar el correspondiente botón.
Al principio se escuchó silencio, tan solo ruidos del exterior.
-¿Señor Red?- Preguntó una voz grave de hombre que le inquietó…
-Sí. ¿Quién es?- Preguntó, serio.
-Se ha producido un asesinato en un callejón entre el edificio D y E del distrito financiero 2. Venga en seguida- concluyó antes de colgar.
Hiro se quedó con el teléfono al oído durante unos segundos. Estaba desconcertado. Si era un aviso de la policía, tenían que llamarle al teléfono rojo que tenía en su casa… Quizá lo hayan hecho y, al no encontrarle, le hayan llamado al móvil normal…
Comenzaba a hacer fresco. Decidió ir de inmediato a la agencia para hacer una comprobación…
Una vez allí, sin encender las luces, se dirigió inmediatamente a donde tenía el teléfono que le había dado Aki y lo encendió: no había llamadas perdidas ni mensajes. Entonces, ¿quién era el tipo que acababa de hablar con él?
-“A lo mejor es alguien nuevo que no está informado…”- quiso pensar el detective.
De todos modos, lo cierto era que parecía que había habido un asesinato. Así que recogió su gabardina gris y se la puso. Y, cuando estuvo a punto de salir, acordándose de la voz desconocida que le había dado tan mala espina, se dirigió al cajón de su escritorio y cogió su arma, que se guardó de inmediato bajo la gabardina…
Cuando el detective llegó al lugar ya era de noche. Observó que había varios coches de policía en la zona, la cual estaban acordonando. Aparcó cerca de allí y se aproximó hasta donde se encontraban trabajando los agentes.
-Hola. ¿Qué ha ocurrido?- Preguntó Hiro a uno de los policías que se encontraban colocando la cinta de seguridad.
El agente se lo quedó mirando momentáneamente.
-¿Disculpe? No puede estar aquí.
A Hiro aquello comenzaba a no gustarle nada. Era como si no tuviera que estar allí…
Entonces, antes de que el joven detective pudiera replicar, apareció otro agente, de algo más de edad, que parecía el superior del otro.
-Debe marcharse- le recomendó.
Hiro no se lo podía creer.
-Soy Hiro Red. ¿No me han llamado?
Aquel policía se quedó pensativo un instante.
-¿Hiro Red…? ¿Usted es el detective? Aún no hemos recibido la orden de llamarle…- Hablaba aquel hombre, aún con ciertas dudas de que Hiro estuviese diciendo la verdad respecto a su identidad…
En ese instante, a Hiro se le dispararon todas las alarmas. Algo iba mal. Miró a su alrededor con preocupación…
Desde lo lejos, oculto tras el muro de la entrada de un edificio cercano, lo observaba, con una maliciosa sonrisa, “El Rastreador”…
Hiro sabía que debía irse de allí de inmediato. Sin decir una palabra más a aquellos agentes (hubiera sido inútil), se dirigió deprisa a su coche y se subió a él. Arrancó y regresó por donde había venido. “El Rastreador”, al verlo, salió de su escondrijo.
Cuando llevaba un rato conduciendo, Hiro notaba que la sensación de peligro no solo decrecía, sino que aumentaba…
Entonces miró fugazmente por el retrovisor. Volvió a mirar al darse cuenta de algo: había un vehículo, a no mucha distancia, que estaba seguro de llevar viéndolo desde hacía un rato. Le estaban siguiendo.
-“¡Mierda! No puedo volver a la agencia…”- Pensó, recordando lo que había sucedido con Mei…
Entonces pensó algo. No tenía elección, pese a ser arriesgado… Continuó circulando, camino de una de las zonas cercanas al centro de la ciudad… Y, al llegar a una calle más estrecha, no muy transitada, atravesada por multitud de callejuelas, algunas sin salida, detuvo el coche y bajó. Comenzó a caminar aparentando tranquilidad… De reojo, vio como aquel vehículo que llevaba siguiéndole un buen rato, se detenía y apagaba las luces. Cuando escuchaba la puerta abrirse, Hiro entró en una de las callejuelas. Se la había jugado… y le había salido mal: era un callejón sin salida.
Oía los pasos llegar. La mano enguantada en cuero de “El Rastreador” extraía lentamente la pistola del interior de su gabardina… Hiro estaba delante del muro que marcaba el final del trayecto…
Y, pensando en que aquello podía ser el final, se giró hacia la entrada del callejón, por donde llegaban aquellos pasos implacables…
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