viernes, 4 de mayo de 2018

La Maldición del Espejo - Capítulo 14

La Maldición del Espejo

El nacimiento de una bruja (2ª parte)


Claire corría impulsada por la desesperación y el horror de imaginar a aquellas que eran sus compañeras sumergidas en sus camas por su propia sangre… corría sin importarle arañarse contra los arbustos y las ramas que iban apareciendo en su camino… Incluso llegó a caer en un par de ocasiones, no tardando en incorporarse para seguir con su huída hacia delante…
Llegó al lugar exacto en el que, el día anterior, había tenido aquel desagradable -y doloroso- encuentro con ellas… Había querido llegar hasta allí para tener la referencia de por dónde debía seguir; la verdad es que no estaba muy segura… Comenzó a caminar, titubeante, por donde creía recordar que fue horas atrás…
Al pasar un rato, comprendió que no conseguiría llegar a aquella gruta: no recordaba el recorrido exacto porque, sencillamente, no lo sabía. Había acabado en aquella cueva por simple casualidad… Harta de caminar (y doloriéndose de los golpes todavía recientes), se detuvo en seco. Respiró hondo y gritó con todas sus fuerzas…
-¡¿Dónde estás?! ¡No te encuentro! ¿¡Por qué lo has hecho?! ¿¡Por qué…!?- En ese momento se rompió, cayendo pesadamente de rodillas y prorrumpiendo en llanto.
Las lágrimas le caían formando amplios surcos en su cara, sucia del día anterior, mientras lloraba desconsoladamente, deseando con su alma que todo aquello no fuese más que una terrible pesadilla de la que aún debía despertar…
Entonces la vio de nuevo. Al bajar la mirada -implorante hacia el cielo- sus ojos se encontraron con lo que le pareció, a lo lejos, la gruta que encontró ayer. Todavía entre hipidos, la cara mojada y dos regueros que le salían de la nariz, se incorporó, no sin torpeza, estando a punto de caer… y fue dando pasos temerosos hacia allí… La cueva iba aproximándose a medida que avanzaba… poco a poco, el miedo iba apoderándose de ella, dificultándole el avance…
Al fin llegó a la entrada. No había duda: era el mismo sitio al que había ido a parar cuando la noche estaba en camino… Accedió al interior…
No estaba mucho más iluminada que la primera vez que había estado dentro… Pero alcanzó a ver lo que buscaba… o casi.
Ante ella se alzaba una estatua muy extraña: tenía la forma de una especie de monstruo, un diablo o algo así, con cuerpo humanoide, de brazos, piernas y torso desarrollados, pero pies acabados en pezuñas y dos largos cuernos que se retorcían naciendo de la frente, como de cabra… Tenía una postura sentada, como desafiante… Y aquellos ojos, aún de piedra, los reconoció enseguida…
-¿E… Eres tú? ¿Hola…?- Le hablaba a aquella estatua inerte, preguntándose qué era lo que estaba haciendo…
Cuando, inmediatamente, decidió que no obtendría respuesta (que quizá lo había soñado todo), se dio la vuelta y se dispuso a salir cuanto antes de aquel tenebroso lugar… mientras parecía estar siendo observada por aquellos ojos inmóviles que volvían a quedarse en soledad…

Volvió a su casa caminando. “No sé qué ha podido ocurrir, pero no tiene nada que ver con lo que creí ver anoche…” se repetía una y otra vez mientras realizaba el camino de regreso. Entonces se detuvo.
-“¡Oh no! Mi tío…”- Se horrorizó, preguntándose qué le diría -o le haría- en esa ocasión…
Pero no tenía alternativa: no podía quedarse vagando por el bosque indefinidamente. Sería mucho peor…
Entonces notó algo raro. No sabía decir qué es lo que era… pero había alguna cosa diferente… Aparentemente, su casa, desde fuera, tenía el mismo aspecto; pero su vista parecía detectar algo que su consciencia todavía ignoraba… Se aproximó un poco más…
Ahora sí que identificó algo muy extraño: le pareció oír a su tío… que se lamentaba. Los lamentos provenían del interior, de la cocina, creyó percibir. Se acercó lo suficiente para poder escuchar lo que decía…
-Oh… Dios… Oh Dios mío… ¿Qué es lo que he hecho? ¿Cómo ha podido pasar esto…? Esto es obra del demonio…
Al oír estas últimas palabras, Claire sintió un escalofrío, volviendo a dudar sobre lo que era realidad y lo que no de sus recuerdos… Se aproximó todavía más y entonces, solo entonces, advirtió aquello que había de diferente a su alrededor.
Un pedazo de la hierba que crecía alrededor de la casa, cerca de un montón de ramas secas que ella misma había tenido que ir a recoger para encender fuego, era ahora un espacio visiblemente vacío, de tierra revuelta. Como si alguien hubiese enterrado algo… Temerosa, se acercó con sigilo… no quería que su tío la descubriera…
Al llegar, se fijó en que era una porción considerable de tierra que había sido sacada y vuelta a poner en su sitio; de hecho, la pala que parecía que había utilizado su tío permanecía ahí tirada, a un lado… Era evidente que su actual estado de nervios no le había permitido tomar excesivas precauciones… Y se agachó delante.
Pensó con intranquilidad que tenía el tamaño adecuado para que ella misma cupiese ahí dentro… Trató de apartar, por una vez, aquellos oscuros pensamientos y, dándose cuenta de que llamaría demasiado la atención si utilizaba la pala, comenzó a cavar con las manos.
No tardó demasiado en apartar la mayor parte de aquella tierra reciente… ni siquiera notó demasiado dolor en las manos…
Entonces lo encontró. Había algo envuelto en un pañuelo grande; el cual estaba empapado de lo que parecía sangre… Cada vez más segura de lo que iba a encontrar, se puso a “desenvolver” con cuidado aquello…: un cuchillo. El mismo cuchillo que, la noche anterior, había visto que su tío sostenía cuando dormía en la cocina… pero ahora estaba todo impregnado de sangre… Claire se dio cuenta que, a pesar de ya tenerlas sucias por la tierra, tenía las manos manchadas por la misma… Entonces se giró a un lado.
Era su tío. Estaba de pie, mirándola. Con aquella mirada entre perdida y colérica que tantas veces había tenido que ver en todo aquel tiempo que vivía con él… No le había oído llegar…
-Qué… haces… aquí…- Le inquiría, haciendo denodados esfuerzos por controlarse…
Claire comenzó a sentir un miedo que no se podía comparar a ninguna ocasión anterior.
-Yo… No hacía nada… Pensaba que alguien había escondido esto aquí…- Trató de mentir, desesperada, a pesar de saber que no podía salir airosa de aquella situación…
Su tío se la quedó observando, como no lo había llegado a hacer hasta aquel momento. Sus ojos ahora eran los de un maníaco, moviéndose rápidamente a medida que su mente se turbaba más y más…
-Tranquila… No te preocupes. Sí, seguro que alguien ha dejado eso ahí después de matar a algún animal que no le pertenecía…- Ahora la hablaba con un tono extrañamente amable.- ¿Por qué no lo dejas ahí y vamos a casa? Vamos…- Dijo, alargando una temblorosa mano hasta rodear su brazo…
Entonces la niña notó una sensación de alerta que la hizo reaccionar de inmediato. Se zafó instintivamente de aquella mano que la tocaba de forma diferente a como lo había hecho hasta ahora y dio varios pasos atrás… Su tío se quedó quieto, aún con la mano extendida, mirándola con aquellos ojos inquietantes…
-¿Qué pasa? ¿De qué tienes miedo?- Le decía con una voz retorcidamente melosa…
Claire no le apartaba la desconfiada mirada. Aquello no le gustaba nada…
Entonces se dio cuenta de algo: su tío le miraba… las piernas. Ella no se había dado cuenta de que se le habían ido rompiendo los leotardos que llevaba, durante los últimos acontecimientos, dejando al descubierto las mismas en gran parte… Las cuales miraba su tío con lascivia…
Claire echó a correr. Ya no pensaba en nada más. Solo sabía que tenía que huir de las garras de su tío, transformado, el cual la perseguía entre los árboles del bosque…
Así transcurrieron varios minutos que a Claire se le hicieron horas. Gritaba desesperada en medio de aquella soledad boscosa… sabiendo perfectamente que nadie acudiría en su ayuda…
Entonces tropezó y cayó de bruces al suelo.
Con esfuerzo, intentó incorporarse, pero el golpe había sido considerable y aún estaba algo aturdida… En ese instante oyó algo a su espalda. Instintivamente se dio la vuelta por completo, todavía en el suelo, y lo vio: su tío se encontraba en medio de los árboles, medio encorvado, con el rostro desencajado y los ojos fuera de sus órbitas… como el depredador que sabe que tiene acorralada a su presa… y que no se le puede escapar…
-No te muevas… no te muevas…- Le repetía este, tratando en vano de controlar sus desviadas emociones…
La niña trataba de escabullirse hacia atrás… pero no podía. Estaba agotada y ya no tenía fuerzas para seguir luchando… Era el fin y lo sabía…
Y lo aceptaba.
Entonces, de forma súbita e inesperada por parte de ambos, un rápido ruido de hojas agitándose, como un latigazo, hizo que su tío se detuviera en seco, abriendo mucho los ojos; Claire, que había cerrado los suyos, los abrió lentamente y ahogó un grito…
De forma inexplicable, una rama de un árbol cercano, se encontraba atravesando el costado de su tío, el cual permanecía inmóvil pero temblando…
-¿Qué… Qué es esto…? Uurgh… Tú, tú tienes algo que ver…- Le decía a su horrorizada sobrina, señalándola con un dedo acusador…
Entonces, su tío se fijó en ella, pareciendo ver algo que lo sobresaltó, haciéndole abrir más todavía los ojos enrojecidos y la boca, tratando de decir algo…
-Bru… Bruja- fue lo último que pudo decir antes de perder el conocimiento.
Esto se debía a que acababa de morir, empalado en aquella robusta rama que le impedía caer al suelo…
Con mucho cuidado, Claire se fue incorporando… no perdía de vista el cuerpo inerte de su tío, temiéndole todavía… Cuando terminó de pasar a su lado, convenciéndose de que aquel ser inmundo que había sido su tío no le volvería a poner una mano encima, decidió regresar de nuevo a casa…
Al llegar tuvo una mala sensación de nuevo. Como una urgencia. “Algo” le decía que no debía permanecer demasiado tiempo allí…
Entró en la casa. Fue a su habitación y buscó una bolsa donde poder guardar sus cosas… Mientras reunía sus escasas pertenencias, se preguntaba con desesperación adónde podía ir. Ahora ya no le quedaba nadie en el mundo; y no podía regresar con aquellas personas que vivían en los alrededores y que tarde o temprano averiguarían que ella habría tenido algo que ver en aquellos asesinatos… aunque ni siquiera ella misma estaba muy segura… Entonces, fugazmente, se encontró con su reflejo en el espejo.
-No…- El mundo se le acababa de echar encima…
Ahora entendía, porqué su tío se la había quedado mirando justo antes de morir: un gran mechón de su cabello, por algún motivo que desconocía, ahora era pelirrojo… como el de aquella niña horrible que la había maltratado el día anterior… De hecho, tal y como estaba comprobando en aquel preciso instante, el mechón de cabello de color rojo ahora parecía haberse ampliado en cuestión de segundos; es más, observó incrédula cómo uno de sus ojos se estaba tornando de color verde…
¿Qué estaba pasando aquí? ¿Qué era lo que estaba ocurriendo…?
No tuvo tiempo de seguir pensando. Un murmullo proveniente del exterior se aproximaba con aparente celeridad… Rápidamente, recogió su bolsa, ni siquiera terminada de preparar, la cerró y se dirigió corriendo al exterior de la casa…
Pero no podría ir a ninguna parte. Ante ella, una hilera de individuos de la aldea cercana -incluso niños-, prácticamente la rodeaban. Le llamó la atención (más bien le alertó) que, a pesar de ser cerca del mediodía, algunos portaran antorchas encendidas…
-¡Tú, niña!- La increpó uno de ellos, un hombre viejo, delgado y con expresión furiosa.- ¿Dónde está tu tío?
La niña se lo quedó mirando. No parecían sospechar de ella. Quizá tendría una oportunidad… Levantó un dedo, en silencio, señalando la dirección donde había tenido lugar la persecución hacía menos de una hora…
La mayoría miró hacia allá, sin apenas fijarse en aquella mocosa desgraciada. Entonces, cuando, a una señal del hombre que había hablado, todos emprendieron el camino hacia donde todavía señalaba la niña, llegó corriendo un joven de no más de catorce años…
-¡Parad! ¡Parad…!- Les decía, mostrándoles la palma de la mano y jadeando con fuerza…
Tras esperar unos segundos a que el muchacho se recuperara, el mismo que había hablado antes a la niña se dirigió a aquel.
-¿Qué pasa? Vamos, habla…- Le inquirió, impaciente.
El joven, ya casi recuperado, les habló con la voz temblorosa por el miedo…
-Lo he… Lo he encontrado… Allí- trataba de decir, señalando en la misma dirección que les había indicado la niña.- Él está allí…
El tipo alzó la mirada hacia el bosque.
-Muy bien, pues. Ya tenemos a ese malnacido… ¡Vamos a…!
-¡No!- Le interrumpió el joven de forma súbita.
Todos se lo quedaron mirando. Claire sabía que debía salir corriendo de allí… pero estaba totalmente paralizada por el miedo…
-¿Qué pasa? Sabemos que ha sido él. Hay varios testigos que…
El joven negó con la cabeza, reuniendo fuerzas para expresarse.
-No lo entiende… Lo he encontrado… muerto. Atravesado por una rama…
Aquello no se lo esperaba el tipo, que se quedó atónito… Los demás comenzaron a murmurar…
Por fin, Claire parecía haber recuperado el dominio de sus extremidades inferiores… Pero apenas dio un paso atrás cuando se dio cuenta de que, una tras otra, las miradas se dirigían hacia ella…
-Mírala… ¿qué le pasa en el pelo?- Decía una mujer.
-Sí… juraría que, hace un momento, lo tenía diferente…- Decía otra…
-¿Y sus ojos? ¡Oh, Dios mío! Fijaos bien, ¡tiene uno de cada color!
Los murmullos pasaron a convertirse en exclamaciones e imploraciones al cielo…
Entonces una idea se fijó en la limitada mente de aquel que parecía dirigir a aquella turba.
-Ha sido ella…- Dijo inicialmente para si.- ¡Ha sido ella! ¡Ella es la responsable de la muerte de su tío! ¡Y de nuestras hijas! ¡¡Es una maldita bruja!!- Vociferó, perdiendo la compostura…
Pero esas palabras calaron hondo en el ya alterado ánimo de aquellas gentes supersticiosas que veían todo aquello como obra del demonio… Encarnado en aquella niña.
Como si lo viese todo en cámara lenta, Claire contempló cómo aquella furibunda muchedumbre se abalanzaba sobre ella como si la fueran a despedazar… y no se equivocaba en absoluto…
Pero había algo en lo que aquella gente miserable estaba en lo cierto: todo lo que había pasado… era obra del demonio.
De forma repentina, las llamas de las antorchas se alargaron como lenguas de fuego que se extendieron alrededor, encerrándoles a todos en una cúpula flamígera… el rugir de las llamas no dejaba oír más allá los alaridos de terror de aquellos pobres desgraciados que comenzaban a ver cómo sus cuerpos ardían por un fuego que parecía estar vivo y que les daba dentelladas con sus fauces ardientes… Claire era testigo de aquel terrible espectáculo, aferrándose a su bolsa y preguntándose cuándo le tocaría a ella… Entonces escuchó una voz familiar en su cabeza…
-“Levántate y sal de ahí. Demuéstrales quién eres tú ahora…”
Claire hizo caso sin rechistar y, de algún modo, sabía lo que tenía que hacer. Alzó una mano, con seguridad, sin prisa pero con decisión y la abrió en una zona del muro de fuego… Las llamas se apartaron en aquel punto preciso, permitiendo que ahora pudiese salir de allí… Lo último que vieron los que aún permanecían con vida, consumiéndose por las llamas, fue a una niña distinta, un ser diferente, con el pelo ondeando como el fuego que los devoraba, totalmente del mismo color, y los ojos verdes, de una belleza terrible que solo puede otorgar la más pura maldad… Vieron cómo la niña los miraba y les sonreía, aunque ya no parecía tener el cuerpo de una niña… Fueron testigos de un nacimiento…
El nacimiento de la bruja Claire.