viernes, 30 de mayo de 2014

Las Ruinas

Las Ruinas



Año 2114.
Día 516 desde el despegue de la nave interestelar “Incognita”.
Lugar: algún punto más allá de los confines del Sistema Solar…

El comandante de la nave “Incognita”, había tomado el control de la misma hacía casi una hora. Según los cálculos de los sistemas de navegación, habían comenzado a aparecer fragmentos de roca cada vez más numerosos… probablemente pertenecientes a algún planeta destruido con anterioridad…
Jason Scott, astroarqueólogo estadounidense de ascendencia inglesa, se aproximó al asiento del comandante al divisar claramente por los cristales súper-reforzados delanteros las rocas grisáceas que no dejaban de aumentar en número…
-¿Problemas?- No pudo evitar preguntar el doctor Scott, a pesar de la obviedad de la situación…
El comandante estaba muy concentrado.
-No especialmente- dijo, tranquilo, restándole importancia…
Jason no se atrevió a preguntar más y regresó con los demás.
Jason Scott era un tipo de 35 años, de cabello corto y castaño, ojos verde oscuro y barba de varios días; de complexión y altura media, procuraba mantenerse en forma; como todos los demás, en aquellos momentos iba ataviado con la ropa oficial entregada por la Agencia Espacial, de color azul oscuro, a excepción de las botas negras y los guantes del mismo color.
El comandante, a pesar de tratar de mantener la calma, y de tener la suficiente confianza en los sistemas del vehículo para aquellos casos, no podía evitar estar en continua tensión; de hecho, era lo que debía hacer…
Bernard Thomas, ex-piloto de las fuerzas aéreas del Ejército de los Estados Unidos, hacía apenas 5 años que se dedicaba a tripular vehículos espaciales; aunque nunca antes había llegado tan lejos… Era el más alto de los que formaban parte de la misión, de complexión tirando a delgada; pelo muy corto y negro, y ojos castaño oscuro; sus casi 45 años de edad se hacían notar en alguna que otra cana en su cabello aplastado a la cabeza; a diferencia de los demás, llevaba una especie de chaleco gris, indicando en el mismo su rango de comandante de la misión…
Jason atravesó dos puertas y llegó a la sala común donde se encontraban los restantes miembros del grupo.
Enfrascado (nunca mejor dicho) con un experimento sobre el comportamiento de determinados líquidos en viajes espaciales de larga duración, se encontraba el profesor Yoshio Mizutani, natural de Japón, de 41 años de edad. De pelo negro y repeinado, ojos del mismo color y aspecto imberbe y aniñado; era algo más bajo que la media y con cierta tendencia al sobrepeso; usaba gafas y, a pesar de que le habían dicho varias veces que no hacía falta, él insistía en ponerse su bata de científico (era astroquímico), con su nombre bordado por su mujer…
Aaron Elbaz era un tipo imponente. Antiguo miembro de las Fuerzas Especiales Israelíes, era el más veterano del grupo, 47 años, alto y corpulento, con expresión dura… Llevaba el pelo casi blanco, corto y de punta; sus ojos eran severos y de color avellana; había ignorado totalmente las directrices que les fueron comunicadas por la agencia y vestía con su atuendo militar, llevando en aquellos momentos camiseta sin mangas, pantalones de camuflaje y botas, con su inseparable cuchillo de combate aferrado a una de ellas… En aquellos momentos, dormitaba sentado en una silla, con las manos cruzadas detrás de la cabeza y los pies apoyados sobre una mesa llena de planes de vuelo, normas y demás tonterías que le aburrían como la mayor parte de la misión…
Y en aquellos momentos salía del baño la doctora Salvin, astrobióloga. Como de costumbre, Jason se la quedaba mirando como un bobo, algo a lo que no era ajena la doctora…
Anna Salvin, de 34 años, natural de Hawai, tenía los rasgos de su tierra de nacimiento: ojos un poco rasgados, aunque azul claro, y piel ligeramente oscurecida; tenía el pelo negro recogido en una larga cola; de complexión y altura media, tenía unas medidas que le podrían haber valido para ser modelo, en vez de estar allí, a años luz de distancia de su casa y su familia… echaba de menos a sus padres y a su hermano pequeño, de apenas ocho años…
Jason comenzó a levantar la mano para saludar a Anna, sintiéndose un poco tonto mientras lo hacía… Pero comprobó con decepción cómo la doctora le ignoraba girando la cabeza, haciendo como que no lo había visto de forma poco creíble… Jason bajó la mano a la vez que lo hacía su moral; aquello ya duraba cerca de tres meses…
Todo comenzó en el momento que Anna se dio cuenta de que el doctor Scott comenzaba a sentir algo por ella de forma bastante clara. La reacción de ella, para su consternación, había sido ignorarle sistemáticamente lo máximo posible; cosa “algo” difícil en un espacio cerrado con las dimensiones justas para los que eran… De modo que prácticamente no se dirigían la palabra, a pesar de los intentos infructuosos del doctor, que en ocasiones trataba de recuperar la “normalidad” entre ambos sin éxito…
En aquel momento la nave se zarandeó ligeramente, provocando la alarma de todos los que se encontraban en la estancia… Al doctor Mizutani se le cayó un frasco al suelo, el cual se rompió con poco estrépito; Aaron Elbaz se despertó de su siesta ligera… Tras mirarse los unos a los otros, la doctora Salvin salió a toda velocidad (pasando al lado de Jason sin mirarle siquiera) por la puerta deslizante en dirección a la cabina de tripulación…
-¿Qué ocurre?- Preguntó la joven doctora al entrar en el habitáculo, tratando de mantener la calma en su tono de voz…
El comandante Thomas parecía estar forcejeando con los mandos de control…
-Un fragmento de roca nos ha rozado… Habrá que comprobar daños…- Informó, de la forma más aséptica posible…
Anna se acercó al cristal frontal y observó que estaban metidos totalmente en un campo de asteroides…
-¡Debemos salir de aquí!- Urgió la doctora al comandante.
Este resopló.
-Dime algo que no sepa, guapa…- La dijo, ásperamente…
Anna (y los demás) ya estaba acostumbrada al permanente mal humor del comandante; pero todos confiaban en su pericia como piloto…
-¿Se puede saber qué demonios está pasando? ¿Ha bebido o algo, comandante…?- Dijo Aaron Elbaz, mientras entraba en la cabina restregándose un ojo, diciendo esto último con retintín…
Era de dominio común la “tensa” relación que tenían los dos hombres casi desde el principio del viaje…
-Tranquilo. Vete a dormir mientras yo me encargo de tu seguridad…- Le “devolvió” Bernard Thomas…
Yoshio Mizutani, seguido de Jason, entró en el momento oportuno antes de que aquellos dos se enzarzaran en su enésimo intercambio hostil…
-¡Se me acaba de arruinar el trabajo de cinco meses! ¡Cinco! ¡¿Sabe lo que es eso?!- Increpaba el científico al comandante…
Por primera vez desde que comenzaran a aparecer bólidos en su visión delantera, Bernard Thomas desvió la vista de lo que tenía delante (tras haber comprobado previamente que podía permitírselo) y giró lentamente la cabeza, dirigiendo una mirada asesina al científico, que el susodicho “captó” enseguida…
En realidad, y aunque con el ex-militar se llevaba a matar, el que le caía peor de todos, con diferencia, era el enano gordo y con gafas de voz chillona…
No tardaron en desviar de nuevo la atención al peligro que ya tenían encima…
-Les recomiendo encarecidamente que se agarren a lo que puedan…- Les advirtió el comandante, con su habitual tono cáustico…
Todos se apoyaron en las paredes de la cabina y se afirmaron como pudieron; el único que se encontró de pronto sin asidero fue el científico Mizutani, que miraba desesperado a un lado y a otro sin encontrar nada a lo que sujetarse, mientras que la nave volvía a zarandearse de forma preocupante…
-¡Cuidado!- Alertó el comandante alzando súbitamente la voz sin dejar de mirar al frente…
Un fuerte impacto sacudió la nave de arriba abajo. El doctor Yoshio Mizutani salió despedido y chocó de espaldas contra la puerta de salida de la cabina.
-¡Yoshio! ¡¿Estás bien?!- Le preguntó preocupada la doctora Salvin…
Jason sintió envidia por la confianza con la que se trataban ambos colegas…
-Sí, sí… estoy bien… uyy…- Se dolía Yoshio, que se levantaba como podía, llevándose una mano a su golpeada cabeza y comprobando que se había herido; aunque ahora sí estaba sujeto a la agarradera de la puerta…
-¡Oye tío, ¿me lo parece a mí o cada vez conduces peor…?!- Pinchó, aunque de veras enojado, Aaron Elbaz…
El comandante frunció el ceño, pero no dijo nada… bastante tenía con ir esquivando la lluvia de rocas que se les venía encima, la cual había superado ampliamente la capacidad de los sistemas de navegación para detectarlas y esquivarlas, como para tener que responder a las sandeces de aquel imbécil…
Ahora la nave ya no dejaba de moverse; era como si hubiese turbulencias continuas… Entonces, Jason se giró un momento, por primera vez, para ver hacia dónde se dirigían… Y vio algo.
-Un momento…- Comenzó a decir, fijando la vista en algo allí afuera y soltándose de su asidero, para alarma de Anna, que lo estaba observando…
El astroarqueólogo comenzó a acercarse lentamente al cristal delantero que tenía más próximo, mientras el comandante le lanzaba miradas de reojo al darse cuenta de su inconsciencia…
-Doctor, haga el favor de sujetarse bien. Ya ha visto lo que le ha pasado al doctor Mizutani…- Le avisaba sin perder de vista lo que tenía delante…
El tono utilizado hacia el Doctor Scott era muy diferente al utilizado con Mizutani y Elbaz, ya que, tanto Jason como Anna, sí le caían bien…
-Creo que he visto algo…- Le dijo con la mirada fija en algún punto lejano…
El comandante desvió la vista hacia Jason un momento y comprobó que estaba como absorto… si seguía así se haría mucho daño…
-Jason…- Trató de decirle…
Pero el doctor Scott comenzó a manipular el escáner que se hallaba a pocos centímetros de donde se encontraba y que era uno de los pocos instrumentos que sabía manejar de la nave… Al cabo de unos segundos aparecía en la pantalla superior una representación de todo lo que había delante de la nave… Unos segundos más y el escáner comenzó a identificar objetos… y a analizarlos…
-¡Ahí está!- Exclamó al comprobar lo que sospechaba…
En la pantalla, en el punto más alejado, se veía claramente el contorno de un conjunto de formas geométricas… presumiblemente de origen artificial. Anna se asomó, agarrándose al lugar anteriormente ocupado por Jason y escrutó el monitor con curiosidad…
-¿Qué es eso?- Preguntó al ver aquella extraña construcción a la que se acercaban…
Debía ser la primera vez que le dirigía la palabra en muchos días; Bernard también desvió la visión hacia la pantalla para asegurarse de qué era lo que tenía ante él… Los únicos que permanecían ajenos a todo aquello eran Yoshio, que aún estaba dolorido, y Aaron, al que todas las historias de aquel grupo le importaban un carajo…
-¡Parece una especie de construcción! ¡Obviamente no humana!- Jason hizo especial énfasis en lo de “no humana”…
Precisamente en aquel momento entraban en una especie de “claro” libre de bólidos hostiles… Y en cuyo centro se hallaba una extensión rocosa con aquella extraña construcción en la misma…
-Vamos a aterrizar allí… Tenemos que comprobar los daños estructurales causados…- Les informó el comandante mientras iniciaba las maniobras de aterrizaje…
Ahora la nave parecía haber recuperado su estabilidad… Aunque el movimiento imperfecto de la misma indicaba que sí parecía haber quedado tocada…
A medida que se aproximaban a la zona de aterrizaje, una extensión de terreno árido y de roca en medio de un torbellino de fragmentos agrestes, se iba definiendo la construcción que había sido identificada en el escáner: una serie de edificios, de una planta, dispuestos formando un conjunto armónico. Unas ruinas. Jason estaba entusiasmado… Era con lo que había soñado siempre desde que empezó su formación como astroarqueólogo…
La nave aterrizó finalmente a unos cien metros de la construcción, hundiéndose las patas levemente en aquel terreno de polvo gris…
-Bien. Lo hemos conseguido. Ahora sí: háganme caso y pónganse los trajes espaciales. Salimos ahí fuera- ordenó el comandante de la misión.
La misión de la nave “Incognita”, vehículo de investigación científica, era explorar más allá del Sistema Solar e intentar localizar algún signo o vestigio de formas de vida alienígena. Al parecer, lo habían conseguido…
Apresuradamente, todos se colocaron los pertinentes trajes fabricados por la agencia: todos blancos, menos aparatosos que los tradicionales, con más capacidad para almacenar oxígeno y autopropulsores más potentes y de larga duración; podía controlarse el peso del mismo para desplazarse por lugares de poca o nula gravedad…
Pero aquel sitio parecía tener una gravedad similar a la de la Luna; algo mayor.
Tanto Anna como Yoshio tenían su propio acceso a los respectivos escáneres para analizar posible presencia de seres vivos y/o sustancias orgánicas en el ambiente. Tras realizar cada uno de ellos el correspondiente escaneo, con resultados dudosos debido a la distancia que los separaba de las ruinas, dieron por concluido el análisis preliminar y se colocaron el casco…
Ya se encontraban los cinco en la sala que los separaba del exterior por una triple puerta deslizante de seguridad. Aaron iba armado con un subfusil de gran tamaño diseñado en conjunto por la agencia y el ejército… El comandante les hizo una seña, indicándoles que iba a abrir… Todos se prepararon para salir al exterior y pisar un suelo diferente al de la nave después de año y medio…Bernard Thomas pulsó un botón situado al lado de la puerta.
Una detrás de otra, las tres puertas se fueron abriendo de dentro hacia fuera… Ahora ya podían salir…
El primero en descender fue el propio comandante; a este le siguió Aaron Elbaz, vigilante y preparado para lo que pudiera pasar…Yoshio Mizutani, después de haber recibido las curas adecuadas, estaba descendiendo por la breve escalinata de la nave (de la que casi se cae, con la consiguiente reacción de girar la cabeza a otro lado y negar con la misma por parte del comandante…); Anna, tras un torpe encuentro con Jason antes de cruzar la puerta, para ver quién bajaba primero, cedió a la insistencia de este de que lo hiciera ella procurando, eso sí, mirarle y dirigirse a él lo menos posible… Finalmente bajó Jason.
Ahora se encontraban en medio de aquel extenso fragmento de roca grisácea, rodeados a lo lejos por una nube de innumerables rocas flotando que parecían orbitar alrededor de la que se encontraban… De hecho, lo estaban haciendo…
-Curioso fenómeno…- Observó Yoshio, fijándose bien en la sorprendente trayectoria de los bólidos circundantes…
Sin prestarle atención (ni importarle en absoluto lo que fuera a lo que se estuviese refiriendo), el comandante de la misión se dedicó a valorar los daños sufridos por la nave…
-Sí que nos han dado, sí…- Comentaba mientras daba una vuelta alrededor del vehículo espacial, comprobando el alcance de los choques con aquellas malditas piedras…
Los demás dirigieron su atención a lo que decía el comandante y observaban la nave desde donde se encontraban para ver ellos mismos cuál era el estado de la misma…
-¿Para cuánto cree que tiene, comandante?- Preguntó Aaron, con tono más respetuoso que de costumbre…
A Bernard aquello le hizo gracia. Pero volvió a ponerse serio enseguida; acorde con la situación, que era bastante seria…
-Aquí tengo trabajo para un par de horas, si me doy prisa…- Sopesó rápidamente.
Nadie en el grupo, aparte del comandante, tenía los conocimientos necesarios para reparar fracturas en el fuselaje.
-Necesitará ayuda- se ofreció Anna.
Al comandante le alegró que por lo menos uno de aquellos listillos (exceptuando a Aaron, claro) se ofreciera a echarle una mano…
-No. No te preocupes. Iré más rápido yo solo- le aseguró.
Cuando parecía que aquel asunto quedaba “atado”, Jason no pudo contenerse más.
-Debo ir a aquellas ruinas- sentenció.
Los demás se lo quedaron mirando. El astroarqueólogo no podía ocultar la emoción…
-Yo también tengo que ir… Para eso formo parte de la misión- se apresuró a aclarar Anna.
Yoshio se dispuso a seguirles, como el miembro del grupo encargado de estudiar la posible presencia de componentes orgánicos allá donde se encuentre; y Aaron revisó su arma, ya que él se debía encargar de la seguridad de los demás… para eso le pagaban una pasta…
-Comandante. Ahora volvemos- le dijo Aaron, con su tono arrogante, alzando la voz para que lo escuchara desde la parte alta de la nave, a la que ahora estaba encaramado…
Como indicándoles que no le distrajeran, hizo un gesto con la mano asintiendo rápidamente y volviendo a su trabajo…
Comenzaron a avanzar por aquel terreno en su mayor parte llano… la gravedad les permitía caminar casi al mismo ritmo que lo harían en la Tierra… De todos modos, a Jason (que iba delante) le parecía que estaban tardando una eternidad en llegar a su destino… A medida que este avanzaba, con la atención puesta en aquel lugar al que se dirigían, no se percataba de que Anna no dejaba de mirarle… con otros ojos…
Y es que ahora estaba viendo al auténtico Jason.
-¡¿Eh?! ¡¿Qué pasa?!- Exclamó el astroarqueólogo mirando de pronto a su alrededor…
Los demás hicieron lo mismo. Aquello era increíble…
De la nada, comenzaron a aparecer desde el suelo hacia arriba, gigantescos “bloques”, rectángulos geométricos vacíos de contornos azul brillante, que poco a poco iban “llenándose” con imágenes que iban formando un todo ante ellos… lo que parecía una próspera ciudad; bajo un cielo azul donde lucía un sol parecido al suyo…
-¡¿Qué significa esto?!- Exclamó Aaron apuntando sin sentido ante cada nuevo bloque que iba apareciendo…
Anna no decía nada; estaba con la boca abierta. Yoshio estaba bastante asustado ante aquello tan extraño…
-Parece una reconstrucción holográfica de lo que había sido este lugar…- Llegó a la conclusión Jason…
Los demás no dijeron nada pero parecieron aceptar la explicación del joven doctor…
-¿Y por qué ha aparecido de repente?- Preguntó Aaron…
Parecía que la “reconstrucción” ya había terminado.
-Buena pregunta…- Reconoció Yoshio en voz baja…
El grupo contemplaba fascinado aquel lugar de aspecto tan maravilloso, rodeado de elevaciones inmensas de las que caían cascadas de agua y por cuyo cielo volaban seres alados semejantes a dinosaurios emplumados… Bernard Thomas, ajeno a todo aquello que quedaba a su espalda, daba, malhumorado, el cuarto golpe sobre aquel metal que no quería cerrarse…
-Tened cuidado. Recordad que es un holograma… a determinada distancia queda el vacío…- Les recordó Jason.
Siguieron avanzando sin poder dejar de admirar aquella urbe en la que la naturaleza estaba perfectamente integrada, en armonía con los avances tecnológicos, presentando un aspecto similar al desarrollado por las grandes civilizaciones de la antigüedad terrestres…
Pero Jason no dejaba de darle vueltas a la pregunta que ya se había hecho antes que Aaron: ¿por qué ha aparecido de repente ante su presencia?
Entonces algo comenzó a ocurrir. A pesar de que sabían perfectamente que los habitantes de aquel lugar que estaban viendo, humanoides como ellos (de piel azulada y cabello verdoso), no eran “reales”, no podían evitar reaccionar con alarma ante la aparente huída en estampida de decenas de ellos hacia las afueras de la ciudad en la que ya se encontraban… Algo pasaba; y parecía claro que el epicentro se situaba en el suntuoso palacio que ocupaba el lugar exacto de las ruinas actuales…
-¡Mi… Mirad allí!- Señalaba tembloroso Yoshio hacia la entrada del palacio…
-Los demás dirigieron la vista hacia allí y únicamente vieron a un niño. Un niño que caminaba seguro y decidido. Iba vestido con ropas viejas y mugrientas, como hechas con un saco y con una cuerda como cinturón… Iba descalzo… Tenía el pelo largo, encrestado, y como si se lo hubieran afeitado a ambos lados de la cabeza… Y su mirada era terrible…
Jason observó que aquel holograma gigante estaba pensado para adaptar las distancias al ojo del observador. Por eso ya se encontraban en el centro de la ciudad… Lo siguiente que ocurrió fue como una filmación dramática…
Aquel niño, del que todos huían despavoridos, alzaba apenas un dedo y causaba la destrucción inmediata de lo que señalaba… en pocos segundos había arrasado prácticamente todo lo que había a cincuenta metros a la redonda… y parecía divertirse…
Anna contemplaba horrorizada aquello… Yoshio temblaba de forma incontrolada… Aaron apretaba los dientes controlándose para no hacer el ridículo disparando a una maldita proyección… Jason no perdía detalle de nada de lo que estaba ocurriendo.  
Entonces aparecieron de no se sabía bien dónde, tres individuos, ataviados con largas túnicas y armados con una especie de bastones muy ornamentados… Y comenzaron a enfrentarse a aquel niño… A pesar de los sucesivos intentos de aquellos tres monjes (como había identificado Jason), el niño les ganaba de sobras… repelía casi sin esfuerzo todos sus ataques…
Entonces aquellos tipos parecieron ponerse de acuerdo y comenzaron a recitar alguna clase de oración al unísono… eso ya no le estaba gustando al niño… De hecho, le estaba comenzando a afectar cada vez más, viéndose obligado a taparse los oídos, sin resultado… Los monjes iban aproximándose merced a su actual ventaja…
Pero ahora aquel niño se había enfurecido de verdad. Al tiempo que lanzaba un grito de furia, mostrando los colmillos y tornándosele los ojos rojos y brillantes y desapareciéndole las pupilas, un campo de energía rojiza le rodeó súbitamente, cuya fuerza empujó a los monjes hacia atrás… Ahora eran los monjes los que estaban retrocediendo… pero no dejaban de recitar…
Finalmente pudieron más aquellos tres individuos y comenzaron a llevar al niño al interior del palacio. Una vez dentro, cuando ya estaba con la espalda apoyada a un enorme pilar, y sin dejar los monjes de contenerlo, aparecieron varios más portando cadenas negras, con las cuales comenzaron a rodear al niño y a atarle en el pilar maestro…
Pero aquellos monjes estaban cada vez más debilitados y esto lo comprobaban con alarma los que seguían atando al niño temible… A su vez, este iba recuperando su fuerza…
Uno de los monjes que lo habían terminado de atar, gritó para comunicárselo a los otros tres… Pero era tarde: habían muerto al quedar “vacíos” de energía… Los otros, resignados, sabían lo que pasaría a continuación… El niño alzó la cabeza, mostrando los ojos enfurecidos y abrió la boca antes de lanzar un grito salvaje que obligó a Jason y a los demás a taparse los oídos…
Lo siguiente fue un resplandor insoportable… Como el resto de lo que habían visto, se había producido en silencio… pero el planeta entero había sido reducido a escombros. Poco a poco fueron recuperando la normalidad en la vista y miraron a su alrededor… Ahora estaban seguros de la procedencia de los asteroides… Pero había algo más: solo quedaban las ruinas que habían visto al llegar… y el niño encadenado al pilar que parecía perder el conocimiento…
De pronto algo comenzó a pasar. Como si fuera el mismo proceso pero en sentido contrario, comenzaron a desaparecer por bloques las imágenes generadas con anterioridad de no sabían dónde… Solo que ahora pudieron comprobar que el escenario donde se encontraban era coincidente con el último que habían visto en la “grabación”. Sin saberlo, habían entrado en el interior de las ruinas…
Y allí estaba el niño, encadenado. Como si aquello fuese la continuación de lo que habían visionado…
-¡Va… Vámonos!- Rogó Yoshio, claramente muerto de miedo…
Los demás (a excepción de Jason) también estaban más que inquietos…
-Me parece una buena idea…- No tuvo más remedio que estar de acuerdo Aaron, apuntando hacia el niño…
Anna se fijó en que Jason no se movía. Miraba fijamente hacia el pilar donde se encontraba el niño, como en otro mundo… La mujer se acercó…
-Jason… Jason… Tenemos que irnos de aquí…- Trató de “despertarle”…
Entonces el doctor pareció reaccionar. Miró a Anna, que lo miraba con ojos suplicantes…
-¿Eh? Sí… Sí… Vayámonos de aquí…- Convino, aún “aterrizando”…
Entonces todos se fijaron en la cara de terror que tenía Yoshio, el cual dirigía un dedo con espasmos hacia el prisionero… Las piernas se le doblaban y notó cómo se hacía sus necesidades encima…
Aquel ser se estaba despertando.
 -¡Maldita sea! ¡Corran!- Avisó Aaron a los demás antes de ponerse a disparar indiscriminadamente hacia el niño
Yoshio fue el primero en salir disparado, con las lágrimas cayéndole como dos fuentes; Anna tuvo que tirar de Jason, que otra vez se había quedado alelado
-¡Venga!- Le acució la joven doctora…
Jason sacudió la cabeza y asintió bruscamente antes de emprender la huída junto a los demás… Aaron iba retrocediendo a medida que iba vaciando el cargador sobre aquel ser con forma de niño que se iba despabilando poco a poco…
-¡Fuera, fuera, fuera!- Exclamó el ex-militar señalando hacia donde se encontraba la nave cuando se quedó sin munición, comenzando a correr para alcanzar a los demás…
Estos le hicieron caso. Corrían lo máximo que les permitían el traje y aquella gravedad… El niño terminaba de despertarse…
Bernard Thomas, aún tratando de soldar las planchas nuevas, percibió movimiento a su espalda…
-¿Mm? ¿Qué ocurre?- Se preguntó al ver a aquellos cuatro correr hacia donde se encontraba…
En pocos minutos terminaron de llegar a la posición de la nave…
-¡Comandante, dígame que ya ha terminado!- Urgía Aaron con su vozarrón…
Aquel se extrañó.
-¿Me pueden decir qué es lo que está pasando?- Insistió en saber…
Como si hubiesen escuchado algo, Anna, Aaron, Yoshio y Jason dirigieron la mirada hacia las ruinas…
-¡Comandante, tenemos que irnos ya! ¡Luego se lo explicamos!- Persistió Anna…
Entonces Bernard se hizo cargo de que la situación era grave.
-Aún me falta esta plancha…- Les advirtió.
Anna se dirigió a Jason.
-Ven.
Jason la siguió de inmediato a la escalera que Bernard había utilizado para subir a la parte superior de la nave y subieron con él… Anna tomó la iniciativa…
-¡Díganos qué hay que hacer y vaya a preparar el despegue!- Casi le “ordenó”…
Tras sopesarlo rápidamente (y ante la mirada de admiración de Jason hacia la doctora), al comandante aquello le pareció bien…
-De acuerdo. Esto es lo que deben hacer.

En el interior del palacio derruido, aún atado al pilar, el niño ya estaba del todo consciente. La columna estaba llena de marcas de disparos de balas de gran calibre… y las cadenas habían sido dañadas… Tras observar con curiosidad a su alrededor, el niño se dio cuenta de esto último… y no pudo evitar sonreír…

Anna y Jason se encontraban ahora mismo con las rodillas flexionadas soldando la última plancha… Anna sujetaba el soldador y Jason la plancha…
-¡Ya está!- Exclamó triunfal la doctora al terminar… Jason la respondió mostrándole el pulgar.
Sin perder un segundo, ambos descendieron la escalera y Jason la recogió. Accedieron al interior de la nave donde Yoshio y Aaron ya estaban en su sitio, listos para el despegue… La astrobióloga y el astroarqueólogo llegaron a la cabina de mando donde encontraron a Bernard pulsando botones y moviendo palancas sin parar…
-¡Tan solo me faltan unas comprobaciones! ¡Vayan a sentarse! Por cierto, ¿qué tal allí arriba?- Se acordó de preguntar…
Tanto Anna como Jason asintieron como respuesta, provocando que se dibujara una sonrisa de satisfacción en el implacable rostro del comandante…
Anna y Jason ocuparon sus respectivos sitios en la nave… El comandante se disponía a activar el siguiente dispositivo…
-¡Agárrense fuerte! ¡Despegamos!- Comunicó con un deje de euforia…
Todos hicieron caso de la “recomendación”…
-Hay que ver lo que le gusta decir aquello de “agárrense”…- Comentó Aaron, mostrando un cierto regreso a la “normalidad”…
La nave despegó sin prácticamente problemas… internándose de nuevo en el océano de asteroides…

Las cadenas reventaron de forma brutal… y el pilar comenzó a resquebrajarse… El niño abrió mucho los ojos…
El trozo de planeta que quedaba se agrietó hasta partirse, quedando dividido en dos partes que se desmenuzaban…

Esto no lo veían ya los miembros de la misión, que surcaban el campo de asteroides a toda velocidad…
-OK. ¡Estamos a punto de salir de este pedregal!- Confirmó el comandante, vislumbrando ya los límites del campo…
A todos les alegró oír aquellas palabras. Casi se habían olvidado de aquel niño…
Nuevamente el comandante.
-¡Salimos!- Clamó victorioso Bernard Thomas…
Los demás aplaudieron, exultantes, y se quitaron los cinturones de seguridad… Jason no se lo pensó dos veces y se asomó inmediatamente a una de las ventanas de la parte de atrás… pero desde aquel ángulo no podía ver nada…
Anna le había seguido con la mirada. Y se acercó a él… cogiéndole del brazo. Jason se giró hacia ella, sin esperárselo. Pero vio que Anna le dedicaba una sonrisa… Y él se la devolvió…
-¿Qué rumbo?- “Interrumpió” el comandante…
Entonces todos fueron conscientes de que el auténtico peligro no había pasado.
-A la Tierra, comandante- le dijo Jason, serio. Anna, a su lado, asintió también seria.
El comandante asintió lentamente.
-Rumbo a la Tierra, pues- confirmó, con expresión grave…
Y la nave “Incognita” se perdió en las profundidades del espacio en dirección a su planeta de origen…

Solo. En medio de la oscuridad. Rodeado de millones de fragmentos del planeta que él mismo destruyó, se encontraba aquel niño, como flotando a la deriva… Entonces alzó la cabeza, abriendo mucho los ojos, y sonrió ampliamente una vez más…
Ahora era libre.

viernes, 23 de mayo de 2014

El Hilo

El Hilo



Era de madrugada. La noche estaba nublada y pocos resquicios quedaban al cielo estrellado. En el Hospital Principal la actividad había descendido desde hacía casi una hora; y eso teniendo en cuenta que se trataba de un día normal…
Ray se encontraba en aquellos momentos sentado ante una de las mesas del pasillo que daba a la puerta de entrada de Urgencias, con los pies embutidos en deportivas blancas sobre la mesa, aprovechando aquel período de inusual calma para repasar uno de sus antiguos libros de estudiante universitario de medicina.
Era un tipo de más de treinta años, con el pelo algo largo, castaño y ojos azul oscuro. Era de complexión delgada, más alto que la media y aparentaba menos edad de la que tenía. En aquellos momentos vestía la bata blanca reglamentaria (desabrochada) como encargado del servicio de Urgencias aquella noche… Ya hacía un buen rato que estaba de aquella manera…
-Como te vea la señora de la limpieza te vas a enterar…- Le avisó una voz femenina que lo sobresaltó por lo inesperado…
Entonces Ray vio a Olivia, la jefa de las enfermeras.
-Vaya Olivia… No te he visto venir…- Intentó explicarse ante aquella reacción tan poco digna
Olivia era una chica de la misma edad que Ray. Algo bajita y de cara redondeada, muy guapa (pensaba Ray cada vez que la veía), con el pelo rubio, largo hasta los hombros, recogido en una coleta que siempre llevaba cuando trabajaba y vestida de blanco de arriba abajo. Dirigió su mirada de ojos castaño oscuro al libro que Ray aún sostenía en las manos…
-¿Qué haces?- Preguntó con fingida curiosidad…
A pesar de que luchaba por evitarlo, Ray notaba como se ponía nervioso… como siempre que ella se le acercaba…
-Eeh… Yo… Pues… Leía este libro… Es muy gordo- dijo esto último con una sonrisa de idiota, consciente de lo estúpido que había sonado eso último…
Pero a la chica no pareció importarle cualquier tontería que acabara de decir… Solo se quedó callada, mirando hacia el libro… a cualquier lugar menos a sus ojos… Al cabo de unos segundos de silencio entre los dos, Olivia volvió a hablar.
-Bueno, pues… me voy. Seguiré con mi ronda- le dijo, forzando una sonrisa mientras comenzaba a alejarse…
Ray también consiguió llegar a sonreír (a pesar de que los nervios le dificultaban controlar los músculos faciales) y asintió vehementemente mientras ella se alejaba…
No se dio cuenta hasta pasar unos instantes, de que no le había quitado la vista de encima mientras se alejaba, perdiéndose en uno de los múltiples recodos de aquella zona del Hospital… No era la primera vez… que le parecía que ella quería algo… Y él la fallaba. Después se quedaba largo rato (a veces días) dándole vueltas a la cabeza, sin entender lo que había pasado…
O quizá sí lo sabía… Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la súbita irrupción de una camilla empujada por el personal de la unidad de ambulancias por la puerta doble de la entrada… no se había percatado de la llegada del vehículo…
Rápidamente bajó los pies de la mesa y lanzó el libro sobre la superficie… vio que Olivia llegaba corriendo por donde se había ido, acompañada por otras dos auxiliares, más jóvenes que ella… e inexpertas… Ray llegó casi al mismo tiempo que la jefa de las enfermeras ante la camilla que no dejaba de avanzar a toda velocidad…
-¿Qué tenemos?- Preguntó Ray, con tono firme y tranquilo, poniéndose a un lado y siguiendo el ritmo de la camilla…
La camilla era transportada por un tipo algo más mayor que él, no muy alto, entrado en kilos, de pelo corto y negro, barba de varios días y abundante vello facial. A un lado, llevando el oxígeno y la bolsa de la autotransfusión, iba Kate; una joven un año menor que él a la que conocía de los tiempos de la Universidad, de tez morena, de pelo castaño recogido en una pequeña cola y ojos azul claro. El aparatoso chaleco anaranjado que llevaba, como miembro del personal de ambulancias, acentuaba el hecho de que no era muy alta y tenía algo de peso de más. Así y todo, a Ray siempre le había parecido muy atractiva…
-Accidente de tráfico. La chica fue embestida por detrás por un conductor borracho…- Exponía el tipo al que no había visto antes hasta ese día…
“La chica…”, se quedó pensativo Ray. Entonces, llevando la mirada de inmediato a la persona que era transportada en la camilla, se dio cuenta de que no le había dirigido la vista hasta aquel momento…
Sobre la superficie acolchada, blanca, iba una joven, algo mayor que él, morena, con el pelo negro muy largo; en aquellos momentos llevaba puesta la mascarilla de oxígeno, el cual le iba suministrando Kate con presiones cadentes sobre el ambú que llevaba en la mano enguantada… Estaba tapada con una manta térmica que solo le dejaba ver la cara, parte del pecho y los pies, a uno de los cuales le faltaba una bota…
-¿Cuáles son las lesiones?- Preguntó Ray sin dejar de mirar a la joven…
La comitiva seguía avanzando por el pasillo con presura…
-Politraumatismo en tórax, pelvis y las piernas… casi la perdemos de camino hacia aquí…- Dijo el enfermero de la ambulancia con gravedad…
Ray se hacía cargo de la importancia de las lesiones… era difícil que saliera de aquello… Pero no la dejaría ir.
-¡Vamos! ¡Al quirófano 3!- Ordenó súbitamente, abandonando la compostura, lo cual llamó la atención de Kate… Y de Olivia…
Con sumo cuidado trataron de acelerar el paso ante la proximidad de la sala de operaciones, que en aquellos momentos estaba vacía y ordenada… Olivia comenzó a encender las luces y las máquinas mientras las dos auxiliares preparaban a toda velocidad los utensilios y la nueva camilla, de sábanas verdes, sobre la que colocarían a la joven del accidente…
-¡Uno, dos… tres!- Dijo el enfermero, ayudado por Kate, Olivia y el propio Ray, antes de levantar el cuerpo inconsciente de la chica y cambiarla de camilla…
Ray desvió levemente la mirada un momento hacia la camilla vacía… había una considerable cantidad de sangre, ya algo seca…
-Kit de intubación- le pidió a Olivia, ya recuperado el temple…
La jefa de las enfermeras le pasó el tubo con el que la joven debería respirar a partir de aquel momento… Ray, con la experiencia de decenas de intubaciones anteriores, realizó el procedimiento sin problemas… Olivia comprobó que la máquina de respiración funcionaba correctamente… Ray le retiró con cuidado la manta de color plateado y le hizo un reconocimiento general… Aquella chica parecía que estuviera durmiendo…
-Pulsaciones- Pidió Ray.
Olivia consultó de inmediato.
-Muy por debajo de lo normal- dijo la enfermera tras completar con una cifra precisa que hizo aparecer la preocupación en el rostro de Ray…
Este vio con sus propios ojos, desde donde se encontraba, la línea en la pantalla del aparato que indicaba la tensión de la paciente… Era bastante débil…
En aquel momento alguien le tocó el hombro al joven médico…
-Ray, nos vamos. Nos acaban de llamar por radio…- Dijo la suave voz de Kate, mirándole con aquellos ojos llenos de calidez y afecto…
Ray le devolvió la mirada y vio durante un momento al otro enfermero en el pasillo, colocándose la radio portátil de nuevo en el cinturón… Le posó una mano también afectuosa en el brazo, casi apretándolo, y asintió con una sonrisa en su rostro grave… Kate también sonrió, a pesar de la afectación; no dijo nada más y comenzó a alejarse, sosteniendo su mirada con la de Ray durante unos segundos más… hasta que sus pasos se perdieron en el pasillo junto con el sonido de las ruedas de la camilla, transportada por su compañero…
De vuelta al quirófano vio como las enfermeras auxiliares terminaban de cortar la ropa a la joven y le iban limpiando los restos de sangre… Ray se acercó y se fijó en que la joven del accidente tenía el torso al descubierto, a excepción del sujetador, sin poder evitar observar sus generosas formas que ahora se veían con más claridad…
Observó un claro hematoma de gran tamaño que la cubría gran parte del pecho… A medida que la auxiliar le terminaba de cortar con unas tijeras los tejanos y se los retiraba teniendo el máximo cuidado, se revelaba una nueva marca de impacto justo debajo del ombligo… Cuando la joven de la camilla se quedó solo en ropa interior, blanca, quedaron al descubierto los tremendos golpes de las piernas también… Ray comprendió que, en caso de recuperarse, no volvería a andar durante mucho tiempo…
Entonces un pitido electrónico comenzó a sonar con fuerza proveniente de la máquina que controlaba la tensión, la cual había caído en picado…
-¡Ha entrado en parada!- Exclamó Olivia, yendo corriendo hacia una repisa cercana…
Ray se dirigió a las tres…
-¡Rápido! ¡Kit de parada!
Mientras Olivia traía la mesita con ruedas donde se encontraba el desfibrilador, una de las auxiliares ya estaba poniéndole una pomada especial para evitar quemaduras…
-¡Palas a doscientos!- Urgía Ray mientras repartía la misma pomada en ambas palas…
Olivia tomó el control del aparato…
-¡A doscientos!
Ray dirigió una mirada a la línea recta indicada por la máquina de tensión que emitía un pitido continuo y penetrante…
-¡Fuera!- Avisó a las demás, justo antes de posar las palas sobre el pecho de la joven…
La chica de la camilla se convulsionó, inconsciente, ante la descarga recibida… Ray y Olivia dirigieron la mirada al unísono a la pantalla…
-Nada- Informó la chica…
Ray se dispuso a repetir el proceso…
-¡Carga a trescientos!- Tenía que funcionar…
Nuevamente todas se apartaron en el momento que Ray volvió a aplicar una descarga sobre el pecho inmóvil de la joven accidentada.
Nada. La estaban perdiendo. Ray sabía que tendría que salir bien esta vez… No podía permanecer demasiado tiempo sin oxígeno… si es que volvía a respirar… El joven doctor trató de reanimarla una vez más…
-¡Apartaos!- Las avisó. Parecía volver a perder la templanza, observó Olivia con intranquilidad…
Nueva descarga. El pitido continuaba. No había nada más que hacer… Ray se la quedó mirando, con el pelo echado hacia delante, abatido… Todos los que estaban en la sala sabían que ya había pasado demasiado tiempo… se produjo un silencio que duró casi un minuto, solo interferido por el pitido constante que ya no se detendría hasta que pararan la máquina…
Entonces algo ocurrió. El sonido de un único “bip”, seguido de otro, y otro, y otro… y la interrupción del pitido seguido, hizo reaccionar al grupo… Ray levantó la cabeza y la dirigió a la pantalla. Esta había cambiado.
-Ha vuelto…- Dijo Ray, casi para si…
La joven de la camilla había estado clínicamente muerta durante unos instantes… pero ahora aún vivía. De todos modos, había permanecido largo rato sin recibir oxígeno el cerebro…
Aún así, Ray se alegraba de que siguiese allí. Se dirigió a Olivia, con el rostro más relajado.
-Olivia. Llama al cirujano.
Olivia asintió. La jefa de las enfermeras se giró hacia las auxiliares, que se ocupaban de recoger y limpiar en aquellos momentos; tras verificar rápidamente que estuvieran haciendo correctamente su trabajo, tomó el teléfono interno situado en una de las paredes de la sala. Justo al hacer esto, notó como Ray se dirigía a ella una vez más.
-Y dile que me avisen cuando la hayan cambiado de habitación- le pidió, casi como un favor personal…
Olivia no dijo nada, quedándoselo mirando. Ray le devolvió la mirada y salió del quirófano. La joven enfermera se quedó mirando en la dirección en que Ray había desaparecido, pensativa, durante unos momentos… Entonces, sin dejar traslucir la agitación interna que comenzaba a sentir, comenzó a marcar inmediatamente la extensión del cirujano…

Ya había amanecido. Ray se encontraba sentado ante la misma mesa de antes. El libro estaba a un lado de la misma; había intentado retomarlo, pero no había sido capaz… Miraba hacia la ventana que había delante, la cual dejaba entrar la luz de la mañana; aún no había comenzado a salir el sol, aunque ya estaba todo iluminado…
En ese momento comenzó a acercarse Olivia por el pasillo, con rostro serio…
-Ray…- Pronunció mientras terminaba de llegar…
Ray no se había dado cuenta hasta entonces de la proximidad de la joven. Le dirigió una mirada cansada e interrogante.
-Hola- dijo nada más.
Olivia guardó silencio durante un instante, observándole. Era como si estuviese atenta a sus reacciones…
-La chica de antes… la accidentada… Ya la han subido al primer piso. Habitación 18- le comunicó la joven, manteniendo en todo momento la seriedad en su cara.
Ray asintió lentamente, con la mirada perdida a un lado de Olivia. Entonces preguntó de inmediato.
-¿Cuál es su estado?- No le quedaba más remedio que hacerlo… era su obligación…
Olivia siguió mirándolo con ojos escrutadores; respiró hondo al cabo de unos segundos y comenzó a darle la noticia que portaba para él…
-Está en coma. Y probablemente no despertará…- Le dijo, tratando de controlar sus emociones…
Ray se sintió impactado. Nunca le había pasado antes con ningún paciente. Por eso le había dado miedo preguntarlo… Ya se lo veía venir…
-Gracias, Olivia- le dijo, con un claro tono que indicaba que quería que lo dejara sólo un rato.
A Olivia no le pasó desapercibido esto. Sin decir nada, dio media vuelta, tras dirigirle una última mirada, más intensa, a Ray, y se marchó con sonoros pasos. Este había notado que el ambiente se había tensado durante unos momentos… y, no podía evitar pensar que, por algún motivo, Olivia se había molestado…
Pero ahora sus pensamientos estaban prácticamente ocupados por la chica del accidente. Esperó unos minutos para ver si Olivia volvía o no; al parecer, no la vería durante el resto del día… Acto seguido, se incorporó, se colocó bien la bata, siempre desabrochada, y se encaminó hacia las escaleras que llevaban al primer piso…
Casi no se encontró con nadie de camino a la habitación 18, situada casi al fondo del primer pasillo situado nada más subir las escaleras. A medida que se aproximaba se hacía más intenso el sonido cadencioso de la máquina que indicaba sus pulsaciones… y el ruido del respirador que la mantenía con vida… Ray se aproximaba a la puerta, situada a la izquierda… ya veía desde fuera parte de la cama, visiblemente ocupada…
Pero algo le llamó poderosamente la atención. Más adelante, a la izquierda, tras un recodo que daba a un breve pasillo que terminaba a su vez en unos amplios ventanales parcialmente tapados por unos visillos, sabía que había alguien… El joven no habría sabido explicarlo… pero algo le decía que tenía que ir allí…
Y fue. Y allí, de pie frente a la ventana, mirando a través de la pequeña obertura dejada por los dos visillos, se encontraba de pie una joven… tenía el pelo largo y negro… era alta… y vestía el camisón blanco que se les ponía a las pacientes, que le llegaba a las rodillas… solo llevaba eso… iba descalza…
Entonces la joven, consciente de la presencia del joven médico, que no dejaba de mirarla, se giró: era la chica del accidente. Ray parpadeó varias veces…
-Pero… tú… ¿Cómo…?- No acertaba a decir… Se sentía casi intimidado por aquellos ojos negros, sobrenaturales, que lo miraban, atravesándolo…
Como si estuviera siendo atraído por una fuerza irresistible, Ray comenzó a acercarse lentamente hacia ella… Observaba cómo aquel camisón dejaba ver claramente sus formas femeninas… el joven avanzaba fascinado… Por alguna razón, el hecho de que aquella joven que había llegado hacía unas horas accidentada, estuviera ahora mismo de pie ante él, sin un rasguño, consciente y orientada, le parecía absolutamente natural… A pesar de saber que era imposible… Ahora Ray y ella estaban separados tan solo por unos centímetros de distancia… ambos se miraban a los ojos… Ray sentía que necesitaba tocarla, abrazarla, estrecharla contra si…
Pero, lo que vio en los ojos de la joven, no era lo mismo que él sentía. Ella lo miraba con comprensión y dulzura… pero nada más. Entonces ella le tomó de las manos. Y, lentamente, se acercó para susurrarle al oído…
-Déjame ir- dijo, suplicante, con una voz que parecía venir desde más lejos…
Pero él no quería. No podía. A pesar de que… Él era médico. Sin dejar de mirarla con ojos impotentes, trató de decirle que no era capaz…
Pero entonces comenzaron a escucharse unos pasos aproximarse… La joven le soltó las manos y dio un paso hacia atrás, sin dejar de mirarle con ojos de súplica, sonriendo, mientras él veía con desolación como ella se alejaba…
Entonces Ray se dio la vuelta al notar que alguien había llegado… Era Olivia.
-Ray- dijo ella, ajena a todo lo que había pasado en los últimos instantes; aunque veía a Ray muy afectado…- ¿Te encuentras bien?- Le preguntó, desviando la atención de lo que le venía a decir…
Él la miró, como si despertara de un sueño, y se giró rápidamente: la chica ya no estaba. Entonces, desolado, fue girándose nuevamente, poco a poco, hacia su compañera y amiga y trató de ocultar su estado emocional…
-Sí. Muy bien- mintió.
Y Olivia sabía que lo había hecho. Pero, tratando de aparentar normalidad, llevó su atención hacia unos documentos que llevaba en la mano…
-Ray. He estado consultando- hizo una pausa, consciente de que no le iba a gustar lo que le tenía que decir…- Es “no reanimar”.
Aquello terminó de destruir a Ray. Al ver que este no decía nada, Olivia prosiguió…
-Al parecer vivía sola. Hace poco su madre también perdió la vida en un accidente de circulación… cuando acompañaba a su hijo al colegio…
Poco a poco Ray comenzó a comprender… Entonces miró a Olivia, que sabía que la estaba mirando mientras ella disimulaba revisando los informes… Ahora Ray lo entendía todo.
-Olivia- le dijo, muy serio y en apariencia recuperado…
Ella se sorprendió un poco y le miró a los ojos. Él se terminó de acercar a ella y le acarició la cara.
-Gracias…- Fue capaz de decir.
Olivia estaba sin palabras. Pero sus ojos brillaban… Entonces Ray le sonrió. Y ella le devolvió la sonrisa, aún con timidez…
Ray la tomó de la mano y juntos se encaminaron a la habitación 18, dejando atrás el visillo que se agitaba, iluminado por la intensa luz de la mañana, a pesar de que la ventana no estaba abierta…

martes, 20 de mayo de 2014

6 Warriors - Capítulo 31

6 WARRIORS

El duelo de los expertos del sable.


El encargado del alumbrado público de aquella parte del distrito, un tipo bajo y rechoncho con un bigotito que parecían dos acabados casi en punta, acababa de encender el poste que daba directamente al patio de armas del cuartel; justo a tiempo, cuando el sol acababa de desaparecer tras las montañas… Se colgó el saquito, con los polvos especiales que había utilizado, a un lado de la cintura tras comprobar que el resultado había sido el correcto.
-Mira. Qué oportuno. Ahora podremos combatir mejor…- Dijo el instructor de armas, satisfecho, mientras mantenía su guardia.
Gavin se encontraba también en posición de guardia. No se había percatado de aquel cambio en el escenario. Asintió, llegando a sonreír levemente…
Ahora los sables aparecían iluminados por la recién llegada luz blanca e intensa que venía desde fuera sin llegar a distinguirse su fuente tras los altos muros… El manto nocturno ya lo cubría todo…
-Vale. Continuemos- dijo súbitamente el instructor tras cambiarle la cara.
Gavin se preparó de inmediato.
El instructor se lanzó hacia delante preparando el sable para atacar, aparentemente de forma oblicua… Gavin se mantuvo en su posición; ya no recularía más… Esperó atento hasta que su contrario llegó y atacó de la forma prevista… Gavin lo detuvo sabiendo que el golpe sería intenso… De todos modos, aquel ataque tenía toda la pinta de ser el inicial… El instructor, acto seguido, le atacó horizontalmente por un lado, que Gavin detuvo de nuevo ayudándose con la otra mano; y luego aquel le volvió a atacar de la misma manera, pero esta vez por el lado contrario, a lo que Gavin respondió igual que hacía un instante…
Entonces, en el momento que aún contenía el sable de su rival, Gavin lo empujó lo suficiente de un impulso, y fue él el que atacó ascendentemente hacia la cara del instructor… Este, teniendo que aplicarse más de lo que esperaba, lo detuvo con una sola mano, produciéndose un choque de sables con su posterior roce metálico que sólo escuchaban ellos… Ambos, al unísono, saltaron hacia atrás, para recuperar la distancia… y se colocaron nuevamente en guardia, frente a frente…
Sobre aquella pista de color verdoso, iluminada por la luz artificial, poco a poco la cosa se iba poniendo seria…

El cuerpo del consejero cayó pesadamente sobre el sucio suelo irregular como un saco, produciendo un ruido sordo… al impactar la cara contra el suelo, se formó un pequeño charco oscuro que no paraba de aumentar… tenía la ropa hecha jirones y manchada de sangre y suciedad… Desde arriba lo miraba con ojos fulminantes Huei, que jadeaba en aquellos momentos… tenía los nudillos ensangrentados… de sangre que no era suya… Todavía en su celda, Xin estaba agachada en el suelo, casi tocándolo, con las manos tapándose la cara y parte de los oídos…
-Ya está Xin…- Dijo Huei, sin parar de jadear…
Lentamente, la chica fue apartando las manos de la cara… sus ojos estaban muy abiertos y parecían contener las lágrimas… Pero no dudaba de que Huei le había dado su justo merecido… Giró la cara hacia donde yacía el consejero, que no se movía, y enseguida miró a Huei, con expresión interrogante… Huei adivinó lo que Xin quería saber…
-No te preocupes. Sigue vivo. A esta sabandija le espera un final peor del que yo pueda darle, me temo… Pues que así sea- dijo, rotundo.
Xin no lo hubiera imaginado, pero no podía estar más de acuerdo… Entonces Huei se acercó al todavía inmóvil consejero; y comenzó a tantearle los bolsillos…
Al cabo de un rato, encontró lo que buscaba: las llaves de las celdas. Se aproximó de inmediato a la que mantenía en su interior a Xin, la cual se incorporó en seguida al oír el tintineo de las llaves metálicas… Se aproximó a la puerta al tiempo que Huei comenzaba a probar llaves en aquel oxidado cerrojo…
-Tiene que ser esta- dijo mirando la última que le quedaba por probar…
Se produjo un chasquido metálico al girar la llave en el interior de la cerradura. La puerta estaba abierta… Huei abrió la puerta de barrotes, que cedía con un desagradable chirrido… Y, antes de que pudiera reaccionar, Xin se abalanzó a sus brazos y lo estrechó fuertemente contra si.
Huei no se lo esperaba. Notaba el cálido cuerpo de la joven contra el suyo, su perfume natural… Entonces, Xin se separó y lo miró a los ojos, con los suyos humedecidos…
-Gracias- le dijo la joven, con la voz casi quebrada…
Huei se quedó mirándola, sin poder articular palabra inmediatamente…
-De nada…- Fue capaz de decir al fin, lamentando que el abrazo hubiera durado tan poco tiempo…
Entonces Xin, ajena a los sentimientos de Huei, desvió la mirada, girando la cabeza, hacia el consejero, que parecía más muerto que vivo. Huei “volvió” en si y siguió la mirada de Xin…
-¿Qué hacemos con él…?- Se le ocurrió preguntar a la joven.
Huei lo pensó un momento. Ya está. Era evidente…
El joven guerrero giró la llave que cerraba la celda en la que quedaba el consejero, apoyado sobre la pared del fondo, sentado con la cabeza hacia abajo… Tras esto, miró a Xin y ambos asintieron.
-Vayámonos de aquí. Tenemos que reunirnos con los demás- dijo Huei.
Xin abrió mucho los ojos.
-¿Los demás?- Quiso saber…
Huei asintió.
-Sí. Hemos venido todos a rescatarte- decidió no dar importancia al hecho de que había sido él el que la había liberado…
Xin se sintió avergonzada. Agradecida, pero muy avergonzada…
-Yo…- Ahora la joven no sabía qué decir…
Huei negó con la cabeza.
-Venga. No hay tiempo- la urgió, cogiéndola de la mano y comenzando a caminar deprisa, con ella detrás…
El joven vio que la antorcha se había apagado al caer al suelo; pero, no sabía muy bien de donde, provenía luz suficiente para atravesar los oscuros pasillos en el camino de vuelta…
Huei no se daba cuenta; pero mientras caminaba con la vista puesta al frente, Xin no dejaba más que de mirarle, con unos ojos muy diferentes a lo que había sido hasta aquel momento…

El instructor pareció “despegar” del suelo cuando se lanzó nuevamente al ataque… Sólo que Gavin hizo lo propio…
Ambos chocaron los sables con sendos ataques oblicuos, los más fuertes hasta aquel momento… quedaba patente que el combate iba subiendo en intensidad… Gavin atacó, verticalmente… el instructor detuvo sin problema, apartó bruscamente el arma de aquel y atacó él horizontalmente… Gavin fue rápido y esquivó el sable agachándose… y antes de que el instructor le alcanzara verticalmente, el joven se apartó a un lado, saltando de inmediato hacia delante para describir un arco descendente con su arma… Por primera vez desde que comenzara el combate, el instructor se vio obligado a apartarse de un salto…
Al caer al suelo, se encontró con los ojos llenos de confianza de su joven “alumno”… El instructor debía reconocer que no se había esperado aquel último ataque…
Ahora este estaba completamente serio. Ya se había acabado la fase de calentamiento
-¡Haaa!- Exclamó Gavin, tomando en esta ocasión la iniciativa, lanzándose al ataque con fiereza…
El instructor veía en su mirada que aquel chaval no iba en broma… Detuvo su ataque vertical no sin cierta dificultad… era como si se hubiera vuelto más fuerte en cuestión de minutos…
Gavin apretaba los dientes mientras presionaba con su arma sobre la de su oponente que, a pesar de la fuerza aplicada, conseguía resistir con una sola mano… Aquello no le hizo gracia a Gavin, que se lo tomó como un nuevo reto dentro de aquel ya desafiante duelo…
-¡Aaaaaa…!- Exclamaba a medida que aplicaba toda su fuerza al arma de su adversario a través de su sable…
El instructor comenzó a tener dificultades… esto se reflejaba en su expresión de creciente esfuerzo… Llegó un momento que tuvo que utilizar la otra mano para sostener su arma y poder contener la presión ejercida por Gavin, la cual no dejaba de aumentar…
Finalmente, el instructor decidió acabar con aquello. Con un brusco empujón de su arma, consiguió hacer ceder la de Gavin, permitiéndole al instructor patear el sable de aquel a través del suyo, obligando a Gavin a retroceder varios pasos ante aquella inesperada reacción…
El instructor recuperó la guardia de inmediato, manteniéndose alerta ante lo que haría Gavin a continuación… Gavin, una vez detuvo la inercia que lo llevaba hacia atrás, observó a su oponente… tenía que reconocer que había sido muy astuto… Pero volvería a intentarlo una vez más…
-¡Aaaaah!- Volvió a bramar el joven guerrero una vez más mientras se dirigía corriendo hacia su rival…
Este decidió que había llegado el momento de palabras mayores… si quería seguir entero, al menos…
-¡Te recomiendo que esquives esto!- Le aseguró el instructor a Gavin llevándose el sable a la espalda…
Gavin se extrañó, sin dejar de correr… no perdía de vista al instructor…
Entonces, con un movimiento que parecía estar cortando el aire, oblicuamente, el instructor de armas realizó un tajo en el aire en dirección a Gavin… Este, a pesar de no ver nada, sabía que algo se dirigía hacia él a toda velocidad…
-¡Uaaah!- Exclamó el joven al tiempo que se apartaba lo justo de un salto a un lado, notando como una ráfaga de aire literalmente cortante pasaba ante él…
El tajo llegó hasta la pared situada tras Gavin, causando daños en la misma y en los sables y espadas de madera situados en aquel punto, provocando que saltaran astillas… Sorprendentemente, el sonido vino después…
Gavin no entendía nada. ¿Cómo había hecho eso? ¿Es que era posible? Había oído hablar de dicha habilidad, pero jamás había conocido a nadie que la poseyera… hasta ahora…
A pesar de todo, el instructor pareció aliviado.
-Has hecho bien en evitarlo. No todo el mundo es capaz…- Le aseguró…
Gavin no lo sabía, pero aquella técnica no podía utilizarse muchas veces durante un mismo combate. En realidad, el instructor, disimulando el terrible esfuerzo efectuado, solo podría llevarlo a cabo una vez más… Confiaba en no tener que llegar a aquello…
Pero Gavin, llevando la mirada sorprendida (con la boca levemente abierta) de la zona del impacto a su contrincante, no se dejaría amilanar por aquella demostración de un nivel claramente superior… Volvió a retomar su guardia, sujetando el sable en posición vertical con ambas manos ante él…
A aquellas alturas el instructor ya era plenamente consciente de que su “alumno” no era un aprendiz cualquiera… No sabía cómo había aprendido ni quién le había enseñado, pero era algo que deseaba conocer…
Gavin estaba preparado para volver a la carga. Y, tras lo visto hacía un momento, daría todo lo que tenía para enfrentarse a aquel formidable adversario…
El instructor sabía que el siguiente intercambio de sables sería el definitivo… ya no habría parada alguna hasta el final… Y, por supuesto, estaba a punto…
Ambos se quedaron quietos en el lugar en el que se encontraban. Se vigilaban con la mirada…  Pero tanto uno como otro sabían muy bien lo que tenían que hacer…
-¡Haa!- Exclamó Gavin saliendo una última vez al ataque…
-¡Hum!- Emitió el instructor de armas haciendo lo propio una milésima de segundo después…
Los dos rivales corrían uno hacia el otro, esgrimiendo sus sables, buscando el inevitable choque bajo el cielo de la noche sobrevenida…
Se produjo un temible choque entre sables, que resonó más que cualquiera de los anteriores… Inmediatamente, Gavin, ante la admiración del instructor, dio un brusco impulso a su arma, creando un vacío momentáneo que aprovechó para atacar horizontalmente a su oponente… este lo esquivó hábilmente flexionando y llevando la espalda y la cabeza hacia atrás, quedándose en posición totalmente paralela a la del sable… desde “abajo” atacó ascendentemente… Gavin lo evitó recogiéndose a un lado… Acto seguido, Gavin volvió a atacar de forma oblicua hacia abajo… el instructor lo detuvo con una posición simétrica del sable… Demostrando que Gavin no le había enseñado nada nuevo, el instructor creó también un breve vacío empujando de golpe el sable de su “pupilo”… De inmediato, el instructor le atacó… Y, para gran sorpresa de este, Gavin consiguió detener esta vez el ataque con solo una mano, sin ayudarse de la otra… el instructor contemplaba anonadado la posición de Gavin, con las piernas flexionadas, la adelantada con la punta del pie apoyada, y el arma protegiéndole el cuerpo, colocada de arriba hacia abajo, con la empuñadura a la altura de su cara…
Sin esperar un segundo, Gavin llevó el arma de su contrario con un movimiento circular, dejando espacio para atacarle ascendentemente al cuerpo… pero este lo esquivó yéndose hacia atrás… Gavin lo “persiguió” lanzándose con ímpetu y furia… el instructor detuvo su ataque, también con una mano… y se lo devolvió en cuanto volvió a crear un vacío…
Intercambiaron golpes similares durante unos instantes, sin que la balanza llegara a decantarse hacia ninguno de los dos lados…
Nuevamente Gavin consiguió detener un tajo de su rival… Y entonces algo cambió. El joven guerrero notó que podía llegar mucho más lejos, que podía vencer a su oponente… Estaba seguro. El instructor observó el cambio en la mirada de Gavin, que era más furiosa, pero más segura a la vez… Aquello se le comenzaba a escapar de control…
A pesar de que el instructor ejercía fuerza para que Gavin no pudiera zafarse en aquella ocasión, no lo consiguió… Gavin logró empujar bruscamente el arma de su contrincante, logrando el consiguiente vacío y atacó con todas sus fuerzas oblicuamente, casi de arriba hacia abajo…
El instructor detuvo el ataque con una dificultad que no quería creer… Y Gavin volvió a atacar exactamente de la misma manera, pero más fuerte aún…
-¡Aaaaah!
Ahora le costó más detenerlo… comenzaba a preocuparse seriamente…
-¡Aaaaaah!
Esta vez casi le quita el arma de las manos. No le quedaba más remedio…
Saltó hacia atrás para crear suficiente distancia y se llevó el sable a la espalda como hiciera antes… Gavin al principio no lo veía…
-¡¡Esquívalo!!- Le advirtió…
Pero Gavin había vuelto a abalanzarse hacia su rival y estaba atrapado en su propia inercia… El instructor se dio cuenta de esto cuando ya era demasiado tarde… El tajo de viento salió de su sable en dirección a Gavin… lo iba a destrozar…
Entonces Gavin comprendió lo que había hecho… no pensó lo que hizo a continuación… Sencillamente lo hizo.
Imitando lo que viera hacer dos veces al instructor de armas, hizo exactamente lo mismo con su sable… y funcionó. Ejecutó el tajo de viento de forma exacta… El instructor no se lo podía creer…
Ambos tajos de viento chocaron en el aire y se anularon, produciéndose un sonido doble tardío semejante a dos truenos superpuestos… Pero no había acabado ahí todo…
Gavin aún continuaba hacia delante, impulsado más todavía por la ejecución de aquella técnica de forma prácticamente inconsciente… El instructor abrió mucho los ojos al no esperárselo…
-¡Ha!- Exclamó Gavin por enésima vez atacando con su sable directamente al de su adversario…
El sable del instructor de armas se elevó en el cielo describiendo círculos iluminados por la luz artificial… Cayó a varios metros de distancia de su dueño, el cual se mantenía paralizado ante el arma de Gavin, que jadeaba por el tremendo esfuerzo realizado…
El instructor lo miró, aún sorprendido; aunque, poco a poco, su mirada iba recobrando la normalidad… Sabía que Gavin no era capaz de realizar un ataque más…
Entonces, ante la sorpresa de este, su contrincante se terminó de erguir y comenzó a dar suaves palmadas…
-Enhorabuena. Me doy por derrotado- le anunció.
Gavin, que aún mantenía la guardia, jadeaba con violencia. Notaba cómo se le cerraban los ojos y estaba a punto de caer redondo al suelo… Pero ahí estaba su rival, sonriendo y felicitándole… Le había derrotado, pensó con satisfacción…
Y cayó al suelo inconsciente, ante la mirada de curiosidad del instructor de armas, quedando tendido boca arriba, bajo las estrellas…