Las Ruinas
Año 2114.
Día 516 desde el despegue de la nave interestelar “Incognita”.
Lugar: algún punto más allá de los confines del Sistema Solar…
El comandante de la nave “Incognita”, había tomado el control de la misma hacía casi una hora. Según los cálculos de los sistemas de navegación, habían comenzado a aparecer fragmentos de roca cada vez más numerosos… probablemente pertenecientes a algún planeta destruido con anterioridad…
Jason Scott, astroarqueólogo estadounidense de ascendencia inglesa, se aproximó al asiento del comandante al divisar claramente por los cristales súper-reforzados delanteros las rocas grisáceas que no dejaban de aumentar en número…
-¿Problemas?- No pudo evitar preguntar el doctor Scott, a pesar de la obviedad de la situación…
El comandante estaba muy concentrado.
-No especialmente- dijo, tranquilo, restándole importancia…
Jason no se atrevió a preguntar más y regresó con los demás.
Jason Scott era un tipo de 35 años, de cabello corto y castaño, ojos verde oscuro y barba de varios días; de complexión y altura media, procuraba mantenerse en forma; como todos los demás, en aquellos momentos iba ataviado con la ropa oficial entregada por la Agencia Espacial, de color azul oscuro, a excepción de las botas negras y los guantes del mismo color.
El comandante, a pesar de tratar de mantener la calma, y de tener la suficiente confianza en los sistemas del vehículo para aquellos casos, no podía evitar estar en continua tensión; de hecho, era lo que debía hacer…
Bernard Thomas, ex-piloto de las fuerzas aéreas del Ejército de los Estados Unidos, hacía apenas 5 años que se dedicaba a tripular vehículos espaciales; aunque nunca antes había llegado tan lejos… Era el más alto de los que formaban parte de la misión, de complexión tirando a delgada; pelo muy corto y negro, y ojos castaño oscuro; sus casi 45 años de edad se hacían notar en alguna que otra cana en su cabello aplastado a la cabeza; a diferencia de los demás, llevaba una especie de chaleco gris, indicando en el mismo su rango de comandante de la misión…
Jason atravesó dos puertas y llegó a la sala común donde se encontraban los restantes miembros del grupo.
Enfrascado (nunca mejor dicho) con un experimento sobre el comportamiento de determinados líquidos en viajes espaciales de larga duración, se encontraba el profesor Yoshio Mizutani, natural de Japón, de 41 años de edad. De pelo negro y repeinado, ojos del mismo color y aspecto imberbe y aniñado; era algo más bajo que la media y con cierta tendencia al sobrepeso; usaba gafas y, a pesar de que le habían dicho varias veces que no hacía falta, él insistía en ponerse su bata de científico (era astroquímico), con su nombre bordado por su mujer…
Aaron Elbaz era un tipo imponente. Antiguo miembro de las Fuerzas Especiales Israelíes, era el más veterano del grupo, 47 años, alto y corpulento, con expresión dura… Llevaba el pelo casi blanco, corto y de punta; sus ojos eran severos y de color avellana; había ignorado totalmente las directrices que les fueron comunicadas por la agencia y vestía con su atuendo militar, llevando en aquellos momentos camiseta sin mangas, pantalones de camuflaje y botas, con su inseparable cuchillo de combate aferrado a una de ellas… En aquellos momentos, dormitaba sentado en una silla, con las manos cruzadas detrás de la cabeza y los pies apoyados sobre una mesa llena de planes de vuelo, normas y demás tonterías que le aburrían como la mayor parte de la misión…
Y en aquellos momentos salía del baño la doctora Salvin, astrobióloga. Como de costumbre, Jason se la quedaba mirando como un bobo, algo a lo que no era ajena la doctora…
Anna Salvin, de 34 años, natural de Hawai, tenía los rasgos de su tierra de nacimiento: ojos un poco rasgados, aunque azul claro, y piel ligeramente oscurecida; tenía el pelo negro recogido en una larga cola; de complexión y altura media, tenía unas medidas que le podrían haber valido para ser modelo, en vez de estar allí, a años luz de distancia de su casa y su familia… echaba de menos a sus padres y a su hermano pequeño, de apenas ocho años…
Jason comenzó a levantar la mano para saludar a Anna, sintiéndose un poco tonto mientras lo hacía… Pero comprobó con decepción cómo la doctora le ignoraba girando la cabeza, haciendo como que no lo había visto de forma poco creíble… Jason bajó la mano a la vez que lo hacía su moral; aquello ya duraba cerca de tres meses…
Todo comenzó en el momento que Anna se dio cuenta de que el doctor Scott comenzaba a sentir algo por ella de forma bastante clara. La reacción de ella, para su consternación, había sido ignorarle sistemáticamente lo máximo posible; cosa “algo” difícil en un espacio cerrado con las dimensiones justas para los que eran… De modo que prácticamente no se dirigían la palabra, a pesar de los intentos infructuosos del doctor, que en ocasiones trataba de recuperar la “normalidad” entre ambos sin éxito…
En aquel momento la nave se zarandeó ligeramente, provocando la alarma de todos los que se encontraban en la estancia… Al doctor Mizutani se le cayó un frasco al suelo, el cual se rompió con poco estrépito; Aaron Elbaz se despertó de su siesta ligera… Tras mirarse los unos a los otros, la doctora Salvin salió a toda velocidad (pasando al lado de Jason sin mirarle siquiera) por la puerta deslizante en dirección a la cabina de tripulación…
-¿Qué ocurre?- Preguntó la joven doctora al entrar en el habitáculo, tratando de mantener la calma en su tono de voz…
El comandante Thomas parecía estar forcejeando con los mandos de control…
-Un fragmento de roca nos ha rozado… Habrá que comprobar daños…- Informó, de la forma más aséptica posible…
Anna se acercó al cristal frontal y observó que estaban metidos totalmente en un campo de asteroides…
-¡Debemos salir de aquí!- Urgió la doctora al comandante.
Este resopló.
-Dime algo que no sepa, guapa…- La dijo, ásperamente…
Anna (y los demás) ya estaba acostumbrada al permanente mal humor del comandante; pero todos confiaban en su pericia como piloto…
-¿Se puede saber qué demonios está pasando? ¿Ha bebido o algo, comandante…?- Dijo Aaron Elbaz, mientras entraba en la cabina restregándose un ojo, diciendo esto último con retintín…
Era de dominio común la “tensa” relación que tenían los dos hombres casi desde el principio del viaje…
-Tranquilo. Vete a dormir mientras yo me encargo de tu seguridad…- Le “devolvió” Bernard Thomas…
Yoshio Mizutani, seguido de Jason, entró en el momento oportuno antes de que aquellos dos se enzarzaran en su enésimo intercambio hostil…
-¡Se me acaba de arruinar el trabajo de cinco meses! ¡Cinco! ¡¿Sabe lo que es eso?!- Increpaba el científico al comandante…
Por primera vez desde que comenzaran a aparecer bólidos en su visión delantera, Bernard Thomas desvió la vista de lo que tenía delante (tras haber comprobado previamente que podía permitírselo) y giró lentamente la cabeza, dirigiendo una mirada asesina al científico, que el susodicho “captó” enseguida…
En realidad, y aunque con el ex-militar se llevaba a matar, el que le caía peor de todos, con diferencia, era el enano gordo y con gafas de voz chillona…
No tardaron en desviar de nuevo la atención al peligro que ya tenían encima…
-Les recomiendo encarecidamente que se agarren a lo que puedan…- Les advirtió el comandante, con su habitual tono cáustico…
Todos se apoyaron en las paredes de la cabina y se afirmaron como pudieron; el único que se encontró de pronto sin asidero fue el científico Mizutani, que miraba desesperado a un lado y a otro sin encontrar nada a lo que sujetarse, mientras que la nave volvía a zarandearse de forma preocupante…
-¡Cuidado!- Alertó el comandante alzando súbitamente la voz sin dejar de mirar al frente…
Un fuerte impacto sacudió la nave de arriba abajo. El doctor Yoshio Mizutani salió despedido y chocó de espaldas contra la puerta de salida de la cabina.
-¡Yoshio! ¡¿Estás bien?!- Le preguntó preocupada la doctora Salvin…
Jason sintió envidia por la confianza con la que se trataban ambos colegas…
-Sí, sí… estoy bien… uyy…- Se dolía Yoshio, que se levantaba como podía, llevándose una mano a su golpeada cabeza y comprobando que se había herido; aunque ahora sí estaba sujeto a la agarradera de la puerta…
-¡Oye tío, ¿me lo parece a mí o cada vez conduces peor…?!- Pinchó, aunque de veras enojado, Aaron Elbaz…
El comandante frunció el ceño, pero no dijo nada… bastante tenía con ir esquivando la lluvia de rocas que se les venía encima, la cual había superado ampliamente la capacidad de los sistemas de navegación para detectarlas y esquivarlas, como para tener que responder a las sandeces de aquel imbécil…
Ahora la nave ya no dejaba de moverse; era como si hubiese turbulencias continuas… Entonces, Jason se giró un momento, por primera vez, para ver hacia dónde se dirigían… Y vio algo.
-Un momento…- Comenzó a decir, fijando la vista en algo allí afuera y soltándose de su asidero, para alarma de Anna, que lo estaba observando…
El astroarqueólogo comenzó a acercarse lentamente al cristal delantero que tenía más próximo, mientras el comandante le lanzaba miradas de reojo al darse cuenta de su inconsciencia…
-Doctor, haga el favor de sujetarse bien. Ya ha visto lo que le ha pasado al doctor Mizutani…- Le avisaba sin perder de vista lo que tenía delante…
El tono utilizado hacia el Doctor Scott era muy diferente al utilizado con Mizutani y Elbaz, ya que, tanto Jason como Anna, sí le caían bien…
-Creo que he visto algo…- Le dijo con la mirada fija en algún punto lejano…
El comandante desvió la vista hacia Jason un momento y comprobó que estaba como absorto… si seguía así se haría mucho daño…
-Jason…- Trató de decirle…
Pero el doctor Scott comenzó a manipular el escáner que se hallaba a pocos centímetros de donde se encontraba y que era uno de los pocos instrumentos que sabía manejar de la nave… Al cabo de unos segundos aparecía en la pantalla superior una representación de todo lo que había delante de la nave… Unos segundos más y el escáner comenzó a identificar objetos… y a analizarlos…
-¡Ahí está!- Exclamó al comprobar lo que sospechaba…
En la pantalla, en el punto más alejado, se veía claramente el contorno de un conjunto de formas geométricas… presumiblemente de origen artificial. Anna se asomó, agarrándose al lugar anteriormente ocupado por Jason y escrutó el monitor con curiosidad…
-¿Qué es eso?- Preguntó al ver aquella extraña construcción a la que se acercaban…
Debía ser la primera vez que le dirigía la palabra en muchos días; Bernard también desvió la visión hacia la pantalla para asegurarse de qué era lo que tenía ante él… Los únicos que permanecían ajenos a todo aquello eran Yoshio, que aún estaba dolorido, y Aaron, al que todas las historias de aquel grupo le importaban un carajo…
-¡Parece una especie de construcción! ¡Obviamente no humana!- Jason hizo especial énfasis en lo de “no humana”…
Precisamente en aquel momento entraban en una especie de “claro” libre de bólidos hostiles… Y en cuyo centro se hallaba una extensión rocosa con aquella extraña construcción en la misma…
-Vamos a aterrizar allí… Tenemos que comprobar los daños estructurales causados…- Les informó el comandante mientras iniciaba las maniobras de aterrizaje…
Ahora la nave parecía haber recuperado su estabilidad… Aunque el movimiento imperfecto de la misma indicaba que sí parecía haber quedado tocada…
A medida que se aproximaban a la zona de aterrizaje, una extensión de terreno árido y de roca en medio de un torbellino de fragmentos agrestes, se iba definiendo la construcción que había sido identificada en el escáner: una serie de edificios, de una planta, dispuestos formando un conjunto armónico. Unas ruinas. Jason estaba entusiasmado… Era con lo que había soñado siempre desde que empezó su formación como astroarqueólogo…
La nave aterrizó finalmente a unos cien metros de la construcción, hundiéndose las patas levemente en aquel terreno de polvo gris…
-Bien. Lo hemos conseguido. Ahora sí: háganme caso y pónganse los trajes espaciales. Salimos ahí fuera- ordenó el comandante de la misión.
La misión de la nave “Incognita”, vehículo de investigación científica, era explorar más allá del Sistema Solar e intentar localizar algún signo o vestigio de formas de vida alienígena. Al parecer, lo habían conseguido…
Apresuradamente, todos se colocaron los pertinentes trajes fabricados por la agencia: todos blancos, menos aparatosos que los tradicionales, con más capacidad para almacenar oxígeno y autopropulsores más potentes y de larga duración; podía controlarse el peso del mismo para desplazarse por lugares de poca o nula gravedad…
Pero aquel sitio parecía tener una gravedad similar a la de la Luna; algo mayor.
Tanto Anna como Yoshio tenían su propio acceso a los respectivos escáneres para analizar posible presencia de seres vivos y/o sustancias orgánicas en el ambiente. Tras realizar cada uno de ellos el correspondiente escaneo, con resultados dudosos debido a la distancia que los separaba de las ruinas, dieron por concluido el análisis preliminar y se colocaron el casco…
Ya se encontraban los cinco en la sala que los separaba del exterior por una triple puerta deslizante de seguridad. Aaron iba armado con un subfusil de gran tamaño diseñado en conjunto por la agencia y el ejército… El comandante les hizo una seña, indicándoles que iba a abrir… Todos se prepararon para salir al exterior y pisar un suelo diferente al de la nave después de año y medio…Bernard Thomas pulsó un botón situado al lado de la puerta.
Una detrás de otra, las tres puertas se fueron abriendo de dentro hacia fuera… Ahora ya podían salir…
El primero en descender fue el propio comandante; a este le siguió Aaron Elbaz, vigilante y preparado para lo que pudiera pasar…Yoshio Mizutani, después de haber recibido las curas adecuadas, estaba descendiendo por la breve escalinata de la nave (de la que casi se cae, con la consiguiente reacción de girar la cabeza a otro lado y negar con la misma por parte del comandante…); Anna, tras un torpe encuentro con Jason antes de cruzar la puerta, para ver quién bajaba primero, cedió a la insistencia de este de que lo hiciera ella procurando, eso sí, mirarle y dirigirse a él lo menos posible… Finalmente bajó Jason.
Ahora se encontraban en medio de aquel extenso fragmento de roca grisácea, rodeados a lo lejos por una nube de innumerables rocas flotando que parecían orbitar alrededor de la que se encontraban… De hecho, lo estaban haciendo…
-Curioso fenómeno…- Observó Yoshio, fijándose bien en la sorprendente trayectoria de los bólidos circundantes…
Sin prestarle atención (ni importarle en absoluto lo que fuera a lo que se estuviese refiriendo), el comandante de la misión se dedicó a valorar los daños sufridos por la nave…
-Sí que nos han dado, sí…- Comentaba mientras daba una vuelta alrededor del vehículo espacial, comprobando el alcance de los choques con aquellas malditas piedras…
Los demás dirigieron su atención a lo que decía el comandante y observaban la nave desde donde se encontraban para ver ellos mismos cuál era el estado de la misma…
-¿Para cuánto cree que tiene, comandante?- Preguntó Aaron, con tono más respetuoso que de costumbre…
A Bernard aquello le hizo gracia. Pero volvió a ponerse serio enseguida; acorde con la situación, que era bastante seria…
-Aquí tengo trabajo para un par de horas, si me doy prisa…- Sopesó rápidamente.
Nadie en el grupo, aparte del comandante, tenía los conocimientos necesarios para reparar fracturas en el fuselaje.
-Necesitará ayuda- se ofreció Anna.
Al comandante le alegró que por lo menos uno de aquellos listillos (exceptuando a Aaron, claro) se ofreciera a echarle una mano…
-No. No te preocupes. Iré más rápido yo solo- le aseguró.
Cuando parecía que aquel asunto quedaba “atado”, Jason no pudo contenerse más.
-Debo ir a aquellas ruinas- sentenció.
Los demás se lo quedaron mirando. El astroarqueólogo no podía ocultar la emoción…
-Yo también tengo que ir… Para eso formo parte de la misión- se apresuró a aclarar Anna.
Yoshio se dispuso a seguirles, como el miembro del grupo encargado de estudiar la posible presencia de componentes orgánicos allá donde se encuentre; y Aaron revisó su arma, ya que él se debía encargar de la seguridad de los demás… para eso le pagaban una pasta…
-Comandante. Ahora volvemos- le dijo Aaron, con su tono arrogante, alzando la voz para que lo escuchara desde la parte alta de la nave, a la que ahora estaba encaramado…
Como indicándoles que no le distrajeran, hizo un gesto con la mano asintiendo rápidamente y volviendo a su trabajo…
Comenzaron a avanzar por aquel terreno en su mayor parte llano… la gravedad les permitía caminar casi al mismo ritmo que lo harían en la Tierra… De todos modos, a Jason (que iba delante) le parecía que estaban tardando una eternidad en llegar a su destino… A medida que este avanzaba, con la atención puesta en aquel lugar al que se dirigían, no se percataba de que Anna no dejaba de mirarle… con otros ojos…
Y es que ahora estaba viendo al auténtico Jason.
-¡¿Eh?! ¡¿Qué pasa?!- Exclamó el astroarqueólogo mirando de pronto a su alrededor…
Los demás hicieron lo mismo. Aquello era increíble…
De la nada, comenzaron a aparecer desde el suelo hacia arriba, gigantescos “bloques”, rectángulos geométricos vacíos de contornos azul brillante, que poco a poco iban “llenándose” con imágenes que iban formando un todo ante ellos… lo que parecía una próspera ciudad; bajo un cielo azul donde lucía un sol parecido al suyo…
-¡¿Qué significa esto?!- Exclamó Aaron apuntando sin sentido ante cada nuevo bloque que iba apareciendo…
Anna no decía nada; estaba con la boca abierta. Yoshio estaba bastante asustado ante aquello tan extraño…
-Parece una reconstrucción holográfica de lo que había sido este lugar…- Llegó a la conclusión Jason…
Los demás no dijeron nada pero parecieron aceptar la explicación del joven doctor…
-¿Y por qué ha aparecido de repente?- Preguntó Aaron…
Parecía que la “reconstrucción” ya había terminado.
-Buena pregunta…- Reconoció Yoshio en voz baja…
El grupo contemplaba fascinado aquel lugar de aspecto tan maravilloso, rodeado de elevaciones inmensas de las que caían cascadas de agua y por cuyo cielo volaban seres alados semejantes a dinosaurios emplumados… Bernard Thomas, ajeno a todo aquello que quedaba a su espalda, daba, malhumorado, el cuarto golpe sobre aquel metal que no quería cerrarse…
-Tened cuidado. Recordad que es un holograma… a determinada distancia queda el vacío…- Les recordó Jason.
Siguieron avanzando sin poder dejar de admirar aquella urbe en la que la naturaleza estaba perfectamente integrada, en armonía con los avances tecnológicos, presentando un aspecto similar al desarrollado por las grandes civilizaciones de la antigüedad terrestres…
Pero Jason no dejaba de darle vueltas a la pregunta que ya se había hecho antes que Aaron: ¿por qué ha aparecido de repente ante su presencia?
Entonces algo comenzó a ocurrir. A pesar de que sabían perfectamente que los habitantes de aquel lugar que estaban viendo, humanoides como ellos (de piel azulada y cabello verdoso), no eran “reales”, no podían evitar reaccionar con alarma ante la aparente huída en estampida de decenas de ellos hacia las afueras de la ciudad en la que ya se encontraban… Algo pasaba; y parecía claro que el epicentro se situaba en el suntuoso palacio que ocupaba el lugar exacto de las ruinas actuales…
-¡Mi… Mirad allí!- Señalaba tembloroso Yoshio hacia la entrada del palacio…
-Los demás dirigieron la vista hacia allí y únicamente vieron a un niño. Un niño que caminaba seguro y decidido. Iba vestido con ropas viejas y mugrientas, como hechas con un saco y con una cuerda como cinturón… Iba descalzo… Tenía el pelo largo, encrestado, y como si se lo hubieran afeitado a ambos lados de la cabeza… Y su mirada era terrible…
Jason observó que aquel holograma gigante estaba pensado para adaptar las distancias al ojo del observador. Por eso ya se encontraban en el centro de la ciudad… Lo siguiente que ocurrió fue como una filmación dramática…
Aquel niño, del que todos huían despavoridos, alzaba apenas un dedo y causaba la destrucción inmediata de lo que señalaba… en pocos segundos había arrasado prácticamente todo lo que había a cincuenta metros a la redonda… y parecía divertirse…
Anna contemplaba horrorizada aquello… Yoshio temblaba de forma incontrolada… Aaron apretaba los dientes controlándose para no hacer el ridículo disparando a una maldita proyección… Jason no perdía detalle de nada de lo que estaba ocurriendo.
Entonces aparecieron de no se sabía bien dónde, tres individuos, ataviados con largas túnicas y armados con una especie de bastones muy ornamentados… Y comenzaron a enfrentarse a aquel niño… A pesar de los sucesivos intentos de aquellos tres monjes (como había identificado Jason), el niño les ganaba de sobras… repelía casi sin esfuerzo todos sus ataques…
Entonces aquellos tipos parecieron ponerse de acuerdo y comenzaron a recitar alguna clase de oración al unísono… eso ya no le estaba gustando al niño… De hecho, le estaba comenzando a afectar cada vez más, viéndose obligado a taparse los oídos, sin resultado… Los monjes iban aproximándose merced a su actual ventaja…
Pero ahora aquel niño se había enfurecido de verdad. Al tiempo que lanzaba un grito de furia, mostrando los colmillos y tornándosele los ojos rojos y brillantes y desapareciéndole las pupilas, un campo de energía rojiza le rodeó súbitamente, cuya fuerza empujó a los monjes hacia atrás… Ahora eran los monjes los que estaban retrocediendo… pero no dejaban de recitar…
Finalmente pudieron más aquellos tres individuos y comenzaron a llevar al niño al interior del palacio. Una vez dentro, cuando ya estaba con la espalda apoyada a un enorme pilar, y sin dejar los monjes de contenerlo, aparecieron varios más portando cadenas negras, con las cuales comenzaron a rodear al niño y a atarle en el pilar maestro…
Pero aquellos monjes estaban cada vez más debilitados y esto lo comprobaban con alarma los que seguían atando al niño temible… A su vez, este iba recuperando su fuerza…
Uno de los monjes que lo habían terminado de atar, gritó para comunicárselo a los otros tres… Pero era tarde: habían muerto al quedar “vacíos” de energía… Los otros, resignados, sabían lo que pasaría a continuación… El niño alzó la cabeza, mostrando los ojos enfurecidos y abrió la boca antes de lanzar un grito salvaje que obligó a Jason y a los demás a taparse los oídos…
Lo siguiente fue un resplandor insoportable… Como el resto de lo que habían visto, se había producido en silencio… pero el planeta entero había sido reducido a escombros. Poco a poco fueron recuperando la normalidad en la vista y miraron a su alrededor… Ahora estaban seguros de la procedencia de los asteroides… Pero había algo más: solo quedaban las ruinas que habían visto al llegar… y el niño encadenado al pilar que parecía perder el conocimiento…
De pronto algo comenzó a pasar. Como si fuera el mismo proceso pero en sentido contrario, comenzaron a desaparecer por bloques las imágenes generadas con anterioridad de no sabían dónde… Solo que ahora pudieron comprobar que el escenario donde se encontraban era coincidente con el último que habían visto en la “grabación”. Sin saberlo, habían entrado en el interior de las ruinas…
Y allí estaba el niño, encadenado. Como si aquello fuese la continuación de lo que habían visionado…
-¡Va… Vámonos!- Rogó Yoshio, claramente muerto de miedo…
Los demás (a excepción de Jason) también estaban más que inquietos…
-Me parece una buena idea…- No tuvo más remedio que estar de acuerdo Aaron, apuntando hacia el niño…
Anna se fijó en que Jason no se movía. Miraba fijamente hacia el pilar donde se encontraba el niño, como en otro mundo… La mujer se acercó…
-Jason… Jason… Tenemos que irnos de aquí…- Trató de “despertarle”…
Entonces el doctor pareció reaccionar. Miró a Anna, que lo miraba con ojos suplicantes…
-¿Eh? Sí… Sí… Vayámonos de aquí…- Convino, aún “aterrizando”…
Entonces todos se fijaron en la cara de terror que tenía Yoshio, el cual dirigía un dedo con espasmos hacia el prisionero… Las piernas se le doblaban y notó cómo se hacía sus necesidades encima…
Aquel ser se estaba despertando.
-¡Maldita sea! ¡Corran!- Avisó Aaron a los demás antes de ponerse a disparar indiscriminadamente hacia el niño…
Yoshio fue el primero en salir disparado, con las lágrimas cayéndole como dos fuentes; Anna tuvo que tirar de Jason, que otra vez se había quedado alelado…
-¡Venga!- Le acució la joven doctora…
Jason sacudió la cabeza y asintió bruscamente antes de emprender la huída junto a los demás… Aaron iba retrocediendo a medida que iba vaciando el cargador sobre aquel ser con forma de niño que se iba despabilando poco a poco…
-¡Fuera, fuera, fuera!- Exclamó el ex-militar señalando hacia donde se encontraba la nave cuando se quedó sin munición, comenzando a correr para alcanzar a los demás…
Estos le hicieron caso. Corrían lo máximo que les permitían el traje y aquella gravedad… El niño terminaba de despertarse…
Bernard Thomas, aún tratando de soldar las planchas nuevas, percibió movimiento a su espalda…
-¿Mm? ¿Qué ocurre?- Se preguntó al ver a aquellos cuatro correr hacia donde se encontraba…
En pocos minutos terminaron de llegar a la posición de la nave…
-¡Comandante, dígame que ya ha terminado!- Urgía Aaron con su vozarrón…
Aquel se extrañó.
-¿Me pueden decir qué es lo que está pasando?- Insistió en saber…
Como si hubiesen escuchado algo, Anna, Aaron, Yoshio y Jason dirigieron la mirada hacia las ruinas…
-¡Comandante, tenemos que irnos ya! ¡Luego se lo explicamos!- Persistió Anna…
Entonces Bernard se hizo cargo de que la situación era grave.
-Aún me falta esta plancha…- Les advirtió.
Anna se dirigió a Jason.
-Ven.
Jason la siguió de inmediato a la escalera que Bernard había utilizado para subir a la parte superior de la nave y subieron con él… Anna tomó la iniciativa…
-¡Díganos qué hay que hacer y vaya a preparar el despegue!- Casi le “ordenó”…
Tras sopesarlo rápidamente (y ante la mirada de admiración de Jason hacia la doctora), al comandante aquello le pareció bien…
-De acuerdo. Esto es lo que deben hacer.
En el interior del palacio derruido, aún atado al pilar, el niño ya estaba del todo consciente. La columna estaba llena de marcas de disparos de balas de gran calibre… y las cadenas habían sido dañadas… Tras observar con curiosidad a su alrededor, el niño se dio cuenta de esto último… y no pudo evitar sonreír…
Anna y Jason se encontraban ahora mismo con las rodillas flexionadas soldando la última plancha… Anna sujetaba el soldador y Jason la plancha…
-¡Ya está!- Exclamó triunfal la doctora al terminar… Jason la respondió mostrándole el pulgar.
Sin perder un segundo, ambos descendieron la escalera y Jason la recogió. Accedieron al interior de la nave donde Yoshio y Aaron ya estaban en su sitio, listos para el despegue… La astrobióloga y el astroarqueólogo llegaron a la cabina de mando donde encontraron a Bernard pulsando botones y moviendo palancas sin parar…
-¡Tan solo me faltan unas comprobaciones! ¡Vayan a sentarse! Por cierto, ¿qué tal allí arriba?- Se acordó de preguntar…
Tanto Anna como Jason asintieron como respuesta, provocando que se dibujara una sonrisa de satisfacción en el implacable rostro del comandante…
Anna y Jason ocuparon sus respectivos sitios en la nave… El comandante se disponía a activar el siguiente dispositivo…
-¡Agárrense fuerte! ¡Despegamos!- Comunicó con un deje de euforia…
Todos hicieron caso de la “recomendación”…
-Hay que ver lo que le gusta decir aquello de “agárrense”…- Comentó Aaron, mostrando un cierto regreso a la “normalidad”…
La nave despegó sin prácticamente problemas… internándose de nuevo en el océano de asteroides…
Las cadenas reventaron de forma brutal… y el pilar comenzó a resquebrajarse… El niño abrió mucho los ojos…
El trozo de planeta que quedaba se agrietó hasta partirse, quedando dividido en dos partes que se desmenuzaban…
Esto no lo veían ya los miembros de la misión, que surcaban el campo de asteroides a toda velocidad…
-OK. ¡Estamos a punto de salir de este pedregal!- Confirmó el comandante, vislumbrando ya los límites del campo…
A todos les alegró oír aquellas palabras. Casi se habían olvidado de aquel niño…
Nuevamente el comandante.
-¡Salimos!- Clamó victorioso Bernard Thomas…
Los demás aplaudieron, exultantes, y se quitaron los cinturones de seguridad… Jason no se lo pensó dos veces y se asomó inmediatamente a una de las ventanas de la parte de atrás… pero desde aquel ángulo no podía ver nada…
Anna le había seguido con la mirada. Y se acercó a él… cogiéndole del brazo. Jason se giró hacia ella, sin esperárselo. Pero vio que Anna le dedicaba una sonrisa… Y él se la devolvió…
-¿Qué rumbo?- “Interrumpió” el comandante…
Entonces todos fueron conscientes de que el auténtico peligro no había pasado.
-A la Tierra, comandante- le dijo Jason, serio. Anna, a su lado, asintió también seria.
El comandante asintió lentamente.
-Rumbo a la Tierra, pues- confirmó, con expresión grave…
Y la nave “Incognita” se perdió en las profundidades del espacio en dirección a su planeta de origen…
Solo. En medio de la oscuridad. Rodeado de millones de fragmentos del planeta que él mismo destruyó, se encontraba aquel niño, como flotando a la deriva… Entonces alzó la cabeza, abriendo mucho los ojos, y sonrió ampliamente una vez más…
Ahora era libre.