jueves, 23 de febrero de 2012

6 Warriors - Capítulo 5

6 WARRIORS

La reunión.


La mañana estaba ya bastante avanzada. El calor se había intensificado y el cielo, aunque había nubes dispersas, tenía un azul blanquecino.
En la escuela de artes marciales tres figuras se aproximaban a las escaleras que conducían al pasillo exterior de madera que rodeaba el edificio: Yi junto a Xin, visiblemente mejorada, ambas con algunos objetos recién adquiridos en los puestos de venta de la ciudad… y Gavin más atrás, con el sombrero quitado atrás, cargado con muchos más, los cuales le dificultaban ver por donde caminaba…
-Si lo sé no voy…- Dijo mostrando cierto fastidio.
-No te quejes; tú has sido el que insististe en acompañarnos- le contestó Yi.
Xin se giró y sonrió con algo de culpabilidad.
-Lo siento… En gran parte vas así de cargado por mi culpa…- Se quiso disculpar Xin.
Gavin sonrió, comprensivo.
-No te preocupes. En realidad hago esto encantado… Aunque alguna se aproveche…- Dijo dirigiéndose claramente a Yi.
Esta no contestó; hizo como si no hubiese oído nada. Xin le sonrió agradecida a Gavin; sabía que este era sincero.
-De todos modos, no hacía falta que os tomaseis tantas molestias por mí… Ya hicisteis suficiente librándome de aquel…- Xin no fue capaz de terminar.
-No digas tonterías. Para eso estamos- la regañó cariñosamente Yi.
Los tres se dirigieron a la zona de las habitaciones. En otro tiempo, los alumnos de la escuela tenían sus pertenencias y dormían en dichas habitaciones. Estaban divididas en dos zonas: las habitaciones para alumnos y las habitaciones para alumnas. A medida que iban pasado al lado de las mismas los recuerdos comenzaban a venirles a la mente e iban experimentando sensaciones diversas…
Buscaban la habitación que estuviera en mejor estado en la zona para alumnas. No había nada, ningún objeto… nada en absoluto.
Tras un rato comprobándolas, Yi y Xin decidieron que lo mejor sería estar en la situada más cerca de la puerta de entrada a la zona de habitaciones. Gavin estuvo de acuerdo, aunque no dijo nada.
Cuando dejaron todas las cosas en el suelo, se quedaron un rato en silencio mirando alrededor.
-¿Irás a alguna de las habitaciones de al lado?- Preguntó Xin a Gavin.
-De momento, creo que me quedaré en la sala de práctica…- Contestó poniéndose algo serio.
Xin percibió este cambio.
-Bueno, vamos a hacer esto un poco más habitable- instó, decidida, Yi.

Yun llegó ante las puertas de la escuela de artes marciales. Caminó un poco mirando hacia lo alto de las murallas y la superficie de los muros. Finalmente, tras avanzar y retroceder varias veces, se decidió por una zona en concreto.
-Aquí estará bien.
Acto seguido, se concentró sin perder de vista el muro. Con gran agilidad saltó hacia la muralla; apoyó el pie en una piedra que sobresalía levemente, aunque fue suficiente para usarla como punto de apoyo, y volvió a saltar, esta vez más alto, hasta situarse justo encima de la muralla. Ahora podía ver la escuela perfectamente. Yun miró atentamente para ver si veía a alguien, pero parecía que en aquel sitio solo estaba él… Pero, al cabo de unos instantes, aguzó el oído y, aunque no estaba del todo seguro, le pareció escuchar voces provenientes del interior del edificio…
Decidió que iría a investigar. Saltó hacia el suelo y llegó elegantemente flexionando las rodillas para amortiguar el impacto. Se quedó quieto unos instantes… Confirmado, allí había alguien… varias personas… Se dirigió hacia el edificio.

-Bueno, por el momento creo que esto puede quedar así- dijo Yi secándose el sudor de la frente.
Xin, a su lado, asentía; también sudaba. La habitación, que en otro tiempo estaba preparada para albergar a cinco alumnas, había sido acondicionada y ahora tenía un aspecto más habitable: dos camas, hechas a base de mantas y sábanas, con almohadas; varias prendas de ropa femenina sobre cada una de las camas; frasquitos de diversos tipos con sustancias medicinales, aromáticas y de higiene; y una cesta llena de comida, junto a platos, vasos, cubiertos y otros enseres.
Gavin había permanecido todo el tiempo sentado apoyado en la pared, viendo como las jóvenes iban arriba y abajo colocando las cosas… Yi se puso delante de él con los brazos en jarras y el ceño fruncido.
-Si no ibas a hacer nada no hacía falta que te quedaras- le dijo.
-He considerado que no me necesitabais…- Dijo Gavin muy tranquilo…
Yi no contestó y se giró; pensó que, en realidad, quizá hubiesen tardado mucho más si le hubiese permitido ayudarlas…
-¿Tú no necesitabas nada, Gavin?- Le preguntó Xin.
Gavin sonrió mostrando un aire de suficiencia poco convincente.
-Yo ya tengo todo lo que necesito…- Dijo evitando mirarla a los ojos.
Yi giró la cara lo suficiente para verle de reojo. Algo se movió en su interior…
-Si necesitas dinero… puedo dejártelo…- Dijo, cambiando el tono que había venido utilizando últimamente con Gavin…
Gavin estaba sorprendido. La verdad es que no sabía qué decir…
-Eeh… Yo… Gracias- dijo al fin.- De momento estoy bien…- Gavin se sentía un poco avergonzado…
-Y, por supuesto, no pienses que te permitiremos alimentarte solo de manzanas… La comida que tenemos es para todos…- Yi cada vez cambiaba más su manera de hablar a Gavin…
Ahora sí que Gavin no era capaz de articular palabra… Se levantó y se dirigió a la puerta; antes de salir, consiguió dirigir la mirada a Yi, que estaba casi de espaldas, y hablar.
-Muchas gracias…- Consiguió decir antes de que la voz se le comenzara a romper… y salió fuera.
Xin, que había contemplado la escena en silencio, no estaba segura de lo que pasaba entre los dos… pero sonrió contenta, mientras veía que Yi estaba pensativa con la mirada baja, mirando hacia algún punto perdido… Al mismo tiempo, Gavin se encontraba justo al otro lado, apoyado en la pared, haciendo esfuerzos por contener las lágrimas.

Al cabo de un rato, Yi y Xin salieron de la habitación y vieron que Gavin estaba en medio del pasillo, asomado a la zona de alumnos.
-¡Gavin! Vamos a comer- le dijo alegremente Xin, que llevaba la cesta con la comida y los útiles de cocina.
Este ya se sentía más “recuperado”. Vio que Yi iba algo seria…
-Bueno, yo aportaré unas cuantas… manzanas- dijo sonriendo hacia la joven.
Esta le devolvió la sonrisa. Algo había cambiado entre ellos.
Salieron al exterior y se dirigieron a la zona de la entrada principal del edificio. Decidieron que comerían a la sombra de los manzanos.
Y entonces, cuando se acercaban a la entrada principal, Yun salió por la puerta y se giró de inmediato hacia Gavin, Xin y Yi, que a su vez se detuvieron en seco. Los cuatro jóvenes se quedaron sorprendidos.
-¡Yun!- Exclamó Gavin.
-¡Gavin!- Exclamó con alegría Yun.
Ambos se acercaron y estrecharon con fuerza las manos como si fueran a hacer un pulso, antes de abrazarse efusivamente; estaban muy contentos de haberse encontrado. Entonces Yun se giró hacia Yi y Xin.
-¡Yi! ¡Xin! ¡A mis brazos!- Dijo abriendo los brazos ampliamente mientras se dirigía corriendo hacia ellas…
Pero recibió una patada de cada una de las jóvenes en toda la cara, haciendo que se parara en seco, prácticamente sostenido por ellas… Gavin se llevó una mano a la cara y negó con la cabeza.
-Veo que no has cambiado en absoluto…- Le dijo Yi, recuperando su actitud habitual.
-Uy… Tú tampoco, Yi…- Dijo Yun, dolorido…
Tras recuperarse un poco, Yun comenzó a hablar.
-¿Qué hacéis aquí? Hacía mucho tiempo que no os veía…
-Es un poco largo de contar- dijo Gavin.
Yun se fijó en Xin y recordó algo.
-¡Ah! Por cierto, Xin… Ayer vi a Feng…
Xin no dijo nada pero aquello la conmocionó. Esto no le pasó inadvertido a Yi. Gavin observó que algo ocurría… pero dejó de intentar averiguar qué era y se dirigió a Yun.
-Oye, Yun… ¿Te apetecen manzanas?

En la ciudad, en medio del gentío, en una de las calles más anchas, la gente se apresuraba en apartarse y alejarse de un tipo enorme, con una gran calva en su pelo negro y alborotado, barba y ojos del mismo color; llevaba una camisa verde muy oscuro, pantalones anchos marrones y zapatillas negras. Portaba una hoz de tamaño considerable sujeta al cinturón, a un lado. Tenía aspecto furioso. Los viandantes debían apartarse de su camino si no querían ser arrollados…
En dirección contraria, pensativo, iba caminando el joven de la capa blanca. Parecía que no se daba cuenta de la reacción de la gente que iba más adelante que él… Pasó a un metro de distancia del enorme tipo. Este se fijó en el joven y su expresión se volvió aún más furibunda.
-¡Eh! ¡Detente!- Vociferó al joven justo cuando este terminaba de pasar a su lado. La gente de alrededor salió corriendo y los dos se quedaron solos en un amplio espacio vacío a donde nadie se atrevía a acercarse…
El joven no se detuvo. Era como si no le hubiese escuchado… o simplemente lo ignoraba.
El tipo corpulento se giró del todo.
-¡Que te pares!- Vociferó aún más fuerte.
El joven, consciente de que aquel pesado no le dejaría en paz, se detuvo, y giró la cara lo suficiente para mirarle de reojo con expresión de fastidio…
El tipo lo miró de arriba abajo.
-Un niñato con sombrero de paja… capa de viaje… ¡Has tenido que ser tú! ¡Tú has atacado a mi primo!
El joven se dio cuenta de lo que estaba pasando: le estaba confundiendo con aquel al que buscaba.
-Te equivocas, estúpido- dijo lacónicamente.
Pero el tipo no parecía atender a razones y parecía que ya no podía enfadarse más…
-¡Te voy a matar!- Dijo al tiempo que se abalanzaba hacia el joven con la intención de agarrarle con sus enormes manazas…
El joven apartó con los brazos las manos de su atacante, desestabilizándolo ligeramente pese a su envergadura… Entonces, el tipo intentó golpearle con un gancho descendente oblicuo... El joven se apartó y lo esquivó; el enorme adversario insistió una vez más con el otro puño, esta vez directo… El joven lo detuvo con ambas manos, sujetándose al suelo con los pies bien agarrados mientras era arrastrado unos centímetros por el impacto.
-¡Se te acabó la suerte!- Gritó el tipo a la vez que se disponía a golpear al joven con el otro puño como si fuera una maza, elevándolo…
El joven, con una velocidad pasmosa, sin que el enorme tipo lo llegara a ver, se colocó justo ante él. El tipo se quedó muy sorprendido… y asustado. Y cuando este intentó reaccionar, recibió innumerable golpes en barriga, torso y brazos por parte del joven, al que prácticamente no se le veían las manos… Cuando le asestó el último, el tipo temblaba y las piernas se le doblaban… Mientras tanto, el joven, cansado de todo aquello, se dio la vuelta y emprendió el camino… Y el tipo cayó hacia atrás.
La gente que miraba desde cierta distancia estaba estupefacta…
Entonces, mientras el joven caminaba, se comenzaron a oír murmullos y comentarios de la gente de alrededor… Se giró y vio que el tipo caminaba con dificultad portando la hoz. Al principio, el joven pensó en ignorarlo y seguir… pero el enorme pesado pareció recuperarse y emprendió la carrera… a la desesperada.
-¡Uaaaaah!- Bramaba el tipo enorme empuñando la hoz…
Entonces, al joven le cambió la mirada: se hizo más intensa y dura. Apartó la capa lo suficiente para poder asir el mango del sable que llevaba a la cintura y lo desenvainó justo cuando el tipo le iba a atacar con la hoz… El joven describió un arco oblicuo y se pudo escuchar la hoja del sable rasgar el aire… causándole al tipo una herida terrible en el cuerpo.
El enorme “primo” quedó con los ojos muy abiertos, temblando con la hoz en alto, durante unos instantes… El joven envainó de nuevo el sable y se volvió a cubrir con la capa. Justo al darse la vuelta, el corpulento contrincante cayó hacia atrás con los ojos en blanco y la sangre saltándole por la herida…
Ahora la gente tenía mucho miedo del joven y se alejaba precipitadamente.
El joven tuvo que detenerse. Apretaba los dientes y los enseñaba levemente… Luchaba por mantener el control… Su mirada se comenzaba a perder y temblaba cada vez más…
Finalmente, logró calmarse. Y siguió caminando.

En la escuela de artes marciales Gavin, Yun, Yi y Xin estaban sentados alrededor de varios platos ya casi vacíos. Gavin y Yun reían bastante contándose anécdotas del pasado, vividas en la escuela. Xin escuchaba con una sonrisa; estaba muy contenta de encontrarse en aquel lugar, rodeada de aquellas personas… Yi apenas hablaba, pero de vez en cuando sonreía al escuchar lo que contaban Yun y Gavin.

Unos pasos se aproximaban a la escuela. El que caminaba llevaba unas zapatillas grises. Podían escucharse las risas desde el exterior.
Una capa de viaje de color blanco era agitada por una ligera brisa que soplaba en aquel momento. Una mirada semioculta bajo un sombrero de paja, no podía ocultar el odio que denotaban aquellos ojos azul oscuro…
Las risas del interior se intensificaban y ahora eran más los que reían: parecían cuatro personas, de ambos sexos…
Finalmente, el viajero se detuvo ante la gran puerta doble cerrada. Sobre la misma se podía ver un cartel colocado sobre el dintel: “Escuela de Artes Marciales del estilo del Dragón Negro”. Miró hacia arriba durante unos instantes. Ya no se escuchaba tanto alboroto al otro lado…
El joven de la capa blanca flexionó lentamente las rodillas mientras  se concentraba en tomar impulso… Ahora solo había silencio.
Saltó con todas sus fuerzas y se elevó hacia el cielo, como si se dirigiera rumbo al sol… y, ayudándose con las manos, impulsándose y girando en el aire, se colocó sobre el dintel.
Gavin, Yun, Yi y Xin se levantaron de inmediato y salieron de la sombra de los manzanos a la zona exterior.
El joven saltó y aterrizó levantando una gran polvareda, quedando con las piernas flexionadas, una delante de la otra, y la mirada hacia abajo…
Los cuatro jóvenes se acercaron lo suficiente.
El joven de la capa blanca levantó la mirada intensa bajo la sombra del sombrero de paja.

jueves, 16 de febrero de 2012

6 Warriors - Capítulo 4

6 WARRIORS

Un cortejador muy ágil.


Hacía varias horas que el día había comenzado en la ciudad de Changshia; un día soleado y caluroso a aquellas horas. La gente ya se encontraba inmersa en sus rutinas diarias y las calles principales aparecían abarrotadas.
En una de dichas calles principales, en la zona oeste de la ciudad, había una fonda que era especialmente famosa por dos razones: una, por su plato especial de sopa de pescado con verdura; y la otra…
El interior estaba lleno de gente.
-¡Tres platos de la sopa especial por aquí!- Se oía desde una mesa.
-¡Un plato de la sopa de la casa, por favor!- Se oía desde otra.
Las dos camareras no daban abasto. Eran dos jóvenes muy parecidas. Una, la hermana mayor, tenía dieciséis años, era muy guapa y tenía el pelo, largo hasta el final del cuello, de color negro; y los ojos del mismo color. Su hermana menor, de catorce años, era también muy agraciada y llevaba el pelo recogido en un moño con una aguja. Ambas vestían ropa parecida: blusa, pantalones ajustados y zapatillas sencillas; la mayor de color rojo oscuro y la menor de color rosa oscuro. Iban de una mesa a otra tomando nota a los clientes y sirviendo los platos que les pedían; principalmente la sopa especial. Al mismo tiempo, tras la barra, un hombre de cerca de sesenta años, casi calvo y con bigote gris y frondoso, servía licores de todo tipo a la abundante clientela que se acercaba a la misma.
En una mesa de la zona central del local había una mujer muy atractiva sentada en una mesa para dos. Aún no se había servido la comida. A su lado había un joven de diecisiete años, de altura y constitución media, con el pelo no muy corto de color amarillo y ojos de color marrón claro; iba ataviado con una camisa blanca de manga larga, ancha y metida por dentro, pantalones marrón oscuro no muy anchos, un cinturón ancho color verde oscuro y zapatillas sencillas negras. Estaba inclinado hacia ella hablándole en voz baja casi al oído, casi en susurros… La mujer sonreía y emitía una risita de vez en cuando…
Las dos camareras vieron la situación y se iban intercambiando miradas de preocupación… Se temían lo peor…
Entonces irrumpió en el local un hombre de treinta y pico años; estaba sudando y jadeaba. Miró hacia la mesa y contempló la escena.
-¡Tú! ¡Nadie me había robado el carro! ¡Pero alguien me lo había cambiado de lugar!
El joven se giró y la mujer miró hacia el hombre que había entrado precipitadamente con sorpresa, como si volviese de un sueño…
-Oh-oh…- El joven se incorporó y comenzó a retroceder.
La hermana mayor negaba con la cabeza cerrando los ojos hacia el suelo y la hermana menor se llevaba una mano a la cara.
-¡¿Qué estás haciendo con mi mujer?!- Vociferó aquel hombre que se iba recuperando y se disponía a salir corriendo tras el joven…
El joven miró hacia el dueño del local y este, con expresión de resignación, le señaló hacia una puerta que había detrás de la barra, en un extremo, y que daba al exterior.
El joven sonrió y salió disparado hacia la barra.
-¡Alto, desgraciado!- El hombre emprendió la persecución.
El joven saltó ágilmente por encima de la barra y salió por la puerta. El hombre no se vio capaz de saltar y decidió pasar por detrás de la barra. El dueño de la fonda lo esquivó fácilmente cuando pasó a su lado como una exhalación sin cambiar su expresión de resignación. Cuando hubo salido por la misma puerta que el joven, toda la gente del local, que no se había perdido un detalle de todo lo que había pasado, estalló en aplausos y vítores. Las dos jóvenes se acercaron a su padre, mirando hacia la puerta trasera. Entonces este suspiró antes de hablar.
-Deberíamos empezar a cobrar por el espectáculo…

La gente en la calle tenía que apartarse ante el paso feroz de aquel hombre que ya no podía más… Sudaba mucho y casi no podía respirar; aún así seguía corriendo, trastabillando de vez en cuando, preso por una furia terrible…
Desde lo alto de una de las casas, en el tejado, el joven se encontraba erguido contemplando como aquel hombre pasaba por debajo y se iba alejando en la dirección en que pensaba que le encontraría… Sonrió con algo de compasión.
Entonces, algo llamó su atención. Se agachó un poco y aguzó la vista para mirar a lo lejos, hacia la calle ancha que quedaba paralela a la que se encontraba. No estaba muy seguro, pero creía haber reconocido a alguien. Desde aquella distancia se distinguía bastante a una joven ataviada con la armadura completa del ejército imperial; tenía el pelo muy largo y con volumen, color violeta, recogido en una cola. El joven parpadeó un par de veces.
-¿Feng?

Cuando habían pasado unas tres horas, el joven decidió que ya habría pasado el “peligro”… Bajó hasta la calle y se dirigió de nuevo a la fonda.
Cuando entró por la puerta principal, aún no había mucha gente en el interior. Todo cambiaría al aproximarse la hora de la cena… La menor de las hermanas, al reparar en su presencia se giró hacia él. Este le sonrió y la chica hizo lo mismo al tiempo que iba negando con la cabeza dirigiéndose hacia otra mesa que había que preparar. Más adelante vio que la hermana mayor estaba limpiando otra y, aunque hacía como que no sabía que había entrado, pudo ver como le miró furtivamente durante un segundo… Luego siguió con lo que estaba haciendo, como si no le hubiera visto. Y, tras la barra, se encontraba el dueño de la fonda, que al verle dejó la botella que tenía en la mano sobre la superficie de la barra y se cruzó de brazos con expresión reprobadora. El joven, al percatarse, bajó un poco la cabeza al tiempo que se llevaba una mano detrás de la cabeza y esbozaba una sonrisa ligeramente temerosa…
-Ya lo has vuelto a hacer, Yun…- Dijo, el dueño, tranquilo y sin cambiar la expresión…
-Je, je…- Rió nervioso.- Lo siento… No puedo evitarlo… Muchas gracias por permitirme la salida… Sé que no le hace mucha gracia que salte por la barra…
-En realidad no me hace ninguna- contestó el hombre, taxativo.
Entonces, al cabo de unos segundos, el dueño se relajó y sonrió comprensivamente… Esto hizo que el joven también se relajara y sonriera más abiertamente. Entonces, unos pasos veloces y decididos se aproximaron por la izquierda de Yun. Apareció la hermana mayor dejando la bandeja llena sobre la barra de forma brusca, obligando al joven a apartarse…
-¡Ey, Hui! ¿Qué te pasa?- le preguntó Yun, haciéndose el extrañado…
Hui lo fulminó con la mirada. Yun tuvo el impulso de irse hacia atrás…
-Vamos, Qi; los clientes no tardarán mucho en llegar- le dijo con evidente tono molesto a su hermana menor.
Qi, que no había perdido detalle de la escena, quedándose parada, se puso en marcha de inmediato tras las órdenes de su hermana…
Yun contempló a las dos hermanas mientras trabajaban. Entonces, el padre de las chicas puso sobre la superficie de la barra una bandeja con un trapo encima. Yun lo miró y sonrió al hombre.
-¡Entendido!- Dijo de forma jovial antes de coger la bandeja y el trapo y ponerse a ayudar a Hui y Qi.

Aquella noche habían tenido bastante trabajo. El hecho de que Yun no volviera a intentar “conquistar” a la mujer de nadie hizo que la tensión disminuyese…
Cuando ya no había nadie más, el dueño decidió que había llegado la hora de cerrar. Terminaron los últimos detalles y recogieron. El dueño de la fonda fue el primero en subir a su habitación del piso superior.
-Buenas noches, hijas.
-Buenas noches, papá- dijeron casi a la vez.
-Buenas noches, Yun.
-Buenas noches, señor Leng- contestó Yun apoyado en el respaldo de una silla de una de las mesas, algo cansado…
Qi también se despidió. Solo quedaron Hui y Yun.
Hubo un rato de tenso silencio. Hui miraba con detenimiento alrededor por si había quedado algo por hacer, haciéndose la distraída… Mientras tanto, Yun no le quitaba la mirada de encima. Y Hui lo sabía…
Finalmente, Hui se dirigió hacia la puerta que llevaba al pasillo donde se encontraban las escaleras que ascendían al piso superior, a su habitación.
-Buenas noches, Hui- dijo Yun, como si intentara retenerla…
Hui se detuvo y se giró, haciendo como si se hubiese olvidado que Yun seguía ahí…
-Buenas noches- dijo, pareciendo que lo hacía por compromiso…
Yun vio una ligera sonrisa de satisfacción en sus labios. Hui desapareció. Yun se quedó un rato en la oscuridad, interrumpida tan solo por el resplandor de la luna llena. Entonces sonrió y comenzó a incorporarse mientras negaba con la cabeza.
Entonces, por el cristal de la parte superior de la puerta de entrada, tras el visillo, vio pasar a alguien. Durante un instante, una ligera brisa que se había colado del exterior, movió levemente el visillo revelando la identidad del viandante nocturno: era el joven de la capa blanca. Yun abrió mucho los ojos, incrédulo. Se dirigió a toda velocidad a la puerta, ya cerrada. Fue corriendo a buscar la llave detrás de la barra. Pero aunque se dio mucha prisa, al salir al exterior solo vio pasar un gato en la lejanía, mientras se escuchaba el ladrido lejano de un perro y algunas personas que hablaban cerca. Ni rastro del joven de la capa blanca.
-¿Pero qué está pasando aquí?

Yun se encontraba tumbado sobre su cama en la pequeña pero acogedora habitación que ocupaba desde hacía dos años. A cambio de poder ocuparla ayudaba al señor Leng y a sus dos hijas. La madre de las chicas había fallecido poco antes de que él llegara…
Pensaba sobre las dos personas que había visto hoy. Dos personas de su pasado… en el mismo día… ¿Significaría algo?
Tras un rato dándole vueltas, se dio cuenta que un lugar había estado protagonizando sus recuerdos durante las últimas horas.
-“¡La escuela de artes marciales!”
No sabía por qué pero sintió que tenía que ir allí… Y eso es lo que haría al día siguiente.

En la escuela de artes marciales, bajo el cielo nocturno, se encontraba Gavin, de pie junto a la barrera natural que separaba las fuentes termales. Al otro lado podía oír hablar a Yi y a Xin. Levantó un pie lentamente dispuesto a avanzar…
-Ni se te ocurra…- Dijo Yi muy en serio…
Gavin volvió a poner el pie en el suelo y, con expresión de circunstancias, comenzó a retroceder de forma lenta pero continua…

A la mañana siguiente, tras terminar con sus tareas matinales, Yun se despidió hasta el mediodía diciendo que tenía cosas que hacer. Hui recelaba sobre cuáles serían dichas “cosas”…
Llegar hasta la escuela le llevaría bastante rato. Iba esquivando a las numerosas personas que solían ocupar las calles a aquellas horas. Hacía calor.
Yun llevaba un rato caminando cuando vio a un hombre orondo, calvo y con el bigote muy largo, que llevaba un buey. Yun se sobresaltó y se metió en el primer local que encontró, de hierbas medicinales, hasta que pasó de largo…
-“Por poco…”
Cuando se hubo asegurado que se había alejado hasta dejar de verlo, terminó de salir del local y prosiguió su camino.
Al rato, justo cuando un carro iba a pasar a su lado, Yun vio a un hombre con expresión muy seria, que venía caminando muy cerca, por el lado derecho de la calle.
-“¡Oh, no!”
Yun se ocultó al lado del carro en movimiento, retrocediendo hasta que aquel hombre pasó de largo con paso rápido. Yun resopló y siguió caminando.
Además, por el camino tuvo que ocultarse tras una anciana, un barril, e incluso unas gallinas que saltaban, al ver aparecer en cada caso a otro “conocido”…
Iba mirando atentamente a su alrededor, por si acaso…
Al pasar al lado de una fonda, un hombre con el pelo negro y corto y bigote cuidado, le vio pasar. Dio un puñetazo sobre la mesa donde estaba e hizo un gesto a tres hombres que había sentados al fondo del local…
Al cabo de un rato, Yun giró a la derecha y se internó en una calle estrecha y solitaria. Pensaba que aquí no habría peligro de encontrarse con ningún marido “rencoroso”… Pero se equivocaba.
De una calle aún más estrecha, más adelante a la derecha, salieron los tres hombres del local, armados con garrotes. Yun se detuvo. No reconocía a ninguno… Entonces se percató de que alguien venía por detrás… Yun se giró.
-“A este sí que le he visto antes…”
El tipo del local también llevaba un garrote, grueso e irregular.
-¿Te acuerdas de mí? Ya tenía ganas de verte…
Yun no dijo nada. Se quedó pensando en la mujer del tipo que tenía delante: muy atractiva, con el pelo largo, rizado y los ojos claros… Y su escote…
Entonces, sin darse cuenta, sonrió ante el agradable recuerdo…
El tipo lo vio y pensó, acertadamente, en la causa de su sonrisa…
-¡Acabad con él!- Gritó a sus secuaces.
Estos se aproximaron a Yun y le rodearon. Este evaluaba la situación. Ahora ya estaba centrado en el combate.
El que estaba justo tras él se abalanzó con un golpe descendente del garrote… Yun, ante el asombro de todos, saltó ágilmente por encima de él y cayó elegantemente varios metros al otro lado. El atacante se giró, asustado, pero volvió a la carga… Esta vez le atacó con la punta del garrote, sosteniéndolo firmemente con ambas manos… Yun saltó, apoyando un pie levemente sobre el garrote y golpeándole en la cabeza con el otro como si le diera una patada a una pelota… El secuaz cayó al suelo y el garrote a su lado. Se quedó quieto.
Los otros dos se dispusieron a acabar con él… Se colocaron uno a cada lado. El de la izquierda de Yun hizo descender el garrote con furia… Entonces el joven miró de reojo al otro… y simplemente se apartó, dejando que el golpe impactara sobre el pobre tipo, que cayó al suelo sin sentido… Rápidamente, aprovechando la estupefacción del otro, le sujetó el brazo de la mano con la que sujetaba el garrote, y le dio un codazo en el estómago. El tipo cayó primero de rodillas, y luego hacia delante hasta el suelo, quedando inconsciente.
-Menos mal que estos son tontos…- Le dijo Yun al hombre, que apretaba los dientes y temblaba de furia al escuchar estas palabras…
-¡Son mis hermanos!- Exclamó al tiempo que salió corriendo en dirección a Yun con el largo garrote preparado…
Con un ataque circular intentó darle en la cara, pero Yun lo esquivó inclinándose hacia atrás; luego le atacó varias veces con la punta, pero Yun lo iba esquivando fácilmente… Y el último ataque lo detuvo agarrando el garrote con las dos manos. Antes de que el tipo reaccionara, Yun hizo palanca hacia abajo haciendo que el extremo contrario del garrote impactara en el mentón del tipo, elevándolo del suelo mientras lo soltaba y cayendo en el suelo de espaldas con los ojos en blanco. Yun cogió el garrote con una mano y lo lanzó a un lado.
Miró a su alrededor, se sacudió las manos y siguió su camino… corriendo, por si acaso…

jueves, 9 de febrero de 2012

6 Warriors - Capítulo 3

6 WARRIORS

Xin.


-¿Gavin?- Dijo Yi, sorprendida...
-Vaya, te acuerdas de mi nombre…
Yi se incorporó y retrocedió, descendiendo la espada hasta que la punta quedó cerca del suelo.
-¿Qué haces aquí?- Le preguntó Yi con cierta desconfianza.
Gavin se levantó.
-Lo mismo podría preguntarte yo…- Contestó con simulada indiferencia…
Durante unos instantes se quedaron en silencio. Tan solo un grillo lejano… Ambos se quedaron mirándose bajo la luz de la luna llena… Entonces Yi reaccionó.
-¿Podrías irte al otro lado?- Preguntó la joven, impasiva.
-¿Eh?- Preguntó Gavin, mirándola aún absorto…
-¡Que te vayas!- Exclamó Yi, irritada.
-¡Vale, vale!- “Despertó” Gavin al tiempo que se apresuraba en volver por donde había venido…

La noche pasó. Gavin había ido a dormir a la sala de práctica como la noche anterior y, al no ver a Yi, imaginó que se habría ido a otra parte de la escuela. O se abría marchado…
Al día siguiente, Gavin despertó a su hora habitual… con su hambre habitual. Salió al exterior. Era una mañana despejada, en general, pero con algunas nubes, y algo más fresca que las anteriores. Miró a los alrededores con curiosidad. Se preguntaba si Yi seguiría allí…
Casi convencido de que se habría ido, decidió hacer unos ejercicios respiratorios antes de desayunar. Fue hacia el terreno de práctica, cerca del árbol junto a la entrada por donde había venido. Se concentró y comenzó.
Al cabo de un rato, cuando hubo terminado, estaba sudando un poco y jadeaba ligeramente. Se sentía mucho mejor. Entonces se giró y se sorprendió mucho al ver a Yi, de rodillas en el camino de piedra, dirigida hacia la entrada del edificio, con las palmas juntas, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante y los ojos cerrados. Observó que había unas cuantas rosas blancas ante ella, en el suelo. Gavin estaba seguro de saber lo que significaba aquello…
Sintiéndose observada, Yi se incorporó e hizo una última reverencia, ahora de pie.
Acto seguido miró a Gavin sin cambiar la expresión y se dirigió al interior. Ahora iba ataviada con pantalones blancos y una blusa de manga corta azul celeste ceñida. Llevaba el pelo suelto. Gavin la siguió con la mirada hasta que dejó de verla. Miró hacia las rosas blancas y se quedó pensativo unos instantes. Después decidió que era hora de desayunar.

Menos mal que los manzanos estaban bien cargados… Aunque a Gavin le comenzaba a apetecer variar un poco el menú. Estaba comiendo bajo la sombra de uno de los manzanos cuando salió Yi y bajó por las escaleras. Gavin observó que llevaba la espada a la cintura. Yi se detuvo cerca de él y se quedó mirando la gran entrada apuntalada.
-Si quieres salir puedes utilizar la salida de emergencia- sugirió Gavin señalándosela.
Yi dirigió su mirada hacia donde este le señalaba.
-Salida de emergencia… Ya no me acordaba…- Dijo Yi, más para ella misma que para Gavin…
Gavin no se atrevió a preguntar a dónde se dirigía… armada.
-Sé lo que estás pensando. No me sigas. Te lo advierto- Dijo Yi muy seria.
Gavin no contestó y siguió comiéndose la manzana mostrándose indiferente…
Yi se marchó bajo la atenta mirada de Gavin. Cuando pasaron unos segundos tras cerrar la portezuela de la salida de emergencia, Gavin se incorporó rápidamente y se dirigió al interior de la escuela. Se puso la capa, el sombrero y cogió el sable. Cuando calculó que Yi ya habría salido por el otro lado, fue corriendo hacia la portezuela cerrada, la abrió y se dispuso a seguirla…

Gavin se aseguró de mantener la distancia suficiente para no perder de vista a Yi al tiempo que evitaba que esta se diese cuenta de que la estaba siguiendo… Gavin pensaba que lo había conseguido. Yi se había estado moviendo por calles amplias y transitadas. Progresivamente las calles eran menos amplias y estaban menos transitadas. Entraron en una calle no muy ancha en la que apenas había gente. Gavin observó que aquí principalmente se veían miembros de bandas y gente poco recomendable… Vigilaba atentamente cuando alguno de aquellos tipos pasaba cerca de Yi; no había ninguno que no se la quedara mirando… Pero, al parecer, ninguno se atrevía a decirle nada al ver su espada y, sobretodo, su expresión… Gavin sintió que en aquel lugar el ambiente estaba muy enrarecido… Se preguntaba qué habría venido Yi a hacer allí, en un barrio como aquel…
La joven finalmente se detuvo ante un pequeño local. Gavin observó que se trataba de un burdel. Parecía que no había clientes a aquellas horas…
Ante la sorpresa de Gavin, Yi tocó a la puerta. Pasaron unos instantes y nadie abrió. Yi insistió. Nadie pasaba por la calle en aquellos momentos. Gavin permanecía a una distancia prudente.
-¡Abre la puerta, maldita estúpida!- Se escuchó una voz de hombre desde el interior del burdel.
Al cabo de unos segundos la puerta se abrió. Apareció una chica, de unos diecisiete años, con el pelo castaño claro recogido de forma descuidada, y los ojos castaño oscuro, tristes, con ojeras. Iba vestida de forma también descuidada, con un vestido que le llegaba a los pies descalzos, de color azul, puesto de tal forma que un hombro quedaba al descubierto. La chica se quedó mirando a Yi unos instantes, sin variar la expresión de tristeza y la mirada casi perdida. Entonces abrió los ojos, sorprendida.
-¡Yi! ¡¿Eres tú?!- Dijo con los ojos inundados en lágrimas…
Yi asintió y sonrió con dulzura. La chica se abrazó a Yi y se puso a llorar como si tuviera que vaciar toda la tristeza acumulada durante largo tiempo…
Gavin se fijó mejor y se dio cuenta de que se trataba de una chica que hacía tiempo iba con ellos a la escuela de artes marciales y que era muy amiga de Yi, y de otras dos chicas. Aunque nunca llegó a saber el nombre de ninguna de aquellas amigas de Yi…
Yi le acariciaba suavemente la cabeza mientras aquella chica comenzaba a tranquilizarse. Se sentaron al lado de la puerta, apoyadas en la pared, una al lado de la otra.
-¿Cómo estás, Xin?- Preguntó a pesar de que viéndola sabía la respuesta…
Xin intentó contestar pero solo pudo llegar a sonreír con dificultad antes de volver a llorar, esta vez en silencio…
Yi esperó un rato antes de hablar.
-¿Sabes algo de Jie y Feng?- Le preguntó.
Xin negó con la cabeza. Comenzó a hablar.
-Después… Después de aquello… nos separamos. No he vuelto a saber nada de ellas. Yo estuve dando vueltas por la ciudad… mucho tiempo… Pasé hambre, Yi… mucha hambre… Yo no quería acabar así… pero el dueño de este sitio me ofreció un techo y comida… a cambio…- No pudo terminar y hundió la cara entre los brazos cruzados sobre las rodillas flexionadas.
Gavin estaba a distancia suficiente para oír toda la conversación.
-Ahora estoy aquí, Xin. Vámonos de aquí.
Xin negó con la cabeza.
-No… No me lo permitirá…
-Te aseguro que sí- dijo Yi cambiando la mirada. La decisión se veía en sus ojos.
Entonces, la puerta del burdel se abrió bruscamente.
-¡¿Dónde estás?! ¡¿Dónde te has metido?!- Vociferaba un tipo ligeramente encorvado, con el pelo lacio negro con pronunciadas entradas y largo. Iba vestido con una camisa y pantalones del mismo color marrón claro y sandalias viejas. Yi percibió un fuerte olor a alcohol. Cuando aquel tipo se giró hacia ellas, Yi pudo observar que tenía una cara que le pareció grotesca, con una cicatriz en el ojo derecho y le faltaban algunos dientes…
-¡¿Por qué no contestas, idiota?!- Gritó con su voz ronca...
Yi se dio cuenta de que Xin estaba aterrorizada. Entonces el dueño se fijó en aquella.
-¿Mmm?- Ladeó la cabeza poniendo una expresión cada vez más próxima a la lujuria…- ¿Y tú quién eres? ¿Vienes a trabajar también para mí? Te aseguro que te pagaré muy bien, je, je, je…
Yi sentía repugnancia. Se incorporó y se llevó la mano a la espada. Gavin estaba atento, preparado por si tenía que intervenir; pero tenía curiosidad…
-No deberías jugar con espadas, niñata. Podrías cortarte, je, je…- Aquel indeseable comenzaba a acercarse a las jóvenes.
-Si sigues acercándote te arrepentirás…- le advirtió Yi.
El dueño del burdel se detuvo un instante, quedándose pensativo (si es que aquel tipo podía pensar), tras lo cual sonrió de nuevo y se llevó una mano al bolsillo. Extrajo una navaja y la abrió.
-Como veo que no puedo contar con tus servicios, no me haces ninguna falta… En cuanto a ti, inútil, te reservo la fusta… como siempre, je, je, je…
Yi se enfureció al oír estas palabras. Desenvainó la espada. El tipo se abalanzó sobre ella con intención de cortarle en la cara… Gavin se dispuso a intervenir…
Yi, con un movimiento que el dueño del burdel no llegó a ver, llevó la espada con el brazo totalmente estirado hacia un lado. La sangre volaba entre ella y aquel tipo…
-¡Uaaaaaaaah!- Gritó de dolor el agresor sujetándose la mano de la que manaba abundante sangre… En el suelo, junto a la navaja, se encontraban los tres dedos con los que la manipulaba…
Gavin se detuvo en seco y volvió a ocultarse. Xin veía la escena, incrédula…
-Coge tus cosas, Xin. Nos vamos.
Xin se acercó a Yi y se apoyó sobre ella, asustada, cogiéndole un brazo.
-No tengo nada…
Yi sintió deseos de rematar a aquel maldito que se retorcía en el suelo y gritaba de dolor… Pero decidió que era mejor dejarlo así… retorciéndose…
Guardó su espada y comenzó a alejarse con Xin todavía cogida a su brazo.
Entonces Gavin se alarmó al ver al dueño del burdel, con la ropa llena de sangre, sujetar la navaja con la otra mano, colocado justo detrás de Yi…
-“¡No le dará tiempo!”- Pensó mientras miraba rápidamente a su alrededor. Vio algo.
Yi comenzaba a girarse, habiéndose percatado de la amenaza… Pero sabía que era demasiado tarde…
Entonces, una botella de vidrio impactó en la cabeza del dueño del burdel, rompiéndose en mil pedazos y tirando a este hacia atrás, mientras un chorro de sangre manaba de la nueva herida… Quedó tendido en el suelo.
Yi miró hacia delante y no vio a nadie.
-¡Puedes salir! ¡Se que me sigues desde que salimos de la escuela!- Exclamó Yi.
-¿La escuela…?- Se extrañó Xin.
Gavin salió de su “escondrijo”. Yi y Xin pasaron ante él y siguieron caminando. Gavin no se giró. Entonces Yi se detuvo… y giró levemente la cara, sin mirarle.
-Gracias- dijo al fin.
-No hay de qué- respondió Gavin, girando la cara de manera similar.
Yi y Xin prosiguieron su camino seguidas a cierta distancia por Gavin.

En una de las múltiples calles bulliciosas de Changshia, se encontraba el joven ataviado con sombrero y capa blanca, caminando como si estuviera en un mundo distinto al de los demás… Llevaba varios días de aquella manera: recorriendo las calles de Changshia… buscando.
Entonces notó algo. No sabía que era pero le hizo estar alerta. Miraba a su alrededor, fijándose bien…
Entonces, a lo lejos, aún sin estar muy seguro, divisó una figura de alguien ataviado con un sombrero similar al suyo y una capa verde oscuro. Abrió mucho los ojos.
Cuando estaba a punto de dirigirse a toda velocidad hacia allí, escuchó los gritos de una mujer, no muy lejos…
-¡Socorro! ¡Que alguien me ayude, por favor! ¡Por favor!
El joven escuchó atentamente y supo que los gritos provenían de uno de los callejones cercanos… Miró de nuevo en la dirección en la que había visto al individuo del sombrero y la capa y ya no vio a nadie. Durante un instante estuvo a punto de ir hacia allí…
-¡Por favor!- Seguía gritando la mujer…
El joven apretó los dientes de rabia y se dirigió al callejón.
Por el camino observó que varios viandantes pasaban al lado, escuchaban claramente los gritos, pero pasaban de largo, acelerando, incluso, algunos el paso…
Entró en el callejón oscuro y vio que un tipo, con un pañuelo en la cabeza y camisa y pantalones algo más pequeños que su talla, tenía sujeta a una mujer, con la blusa larga rota y descolocada, con una mano, mientras le tapaba la boca con la otra. La mujer intentaba gritar, pero sus gritos eran irremediablemente ahogados…
-Suéltala- Dijo el joven, impasible.
-¿Qué?- El tipo no se había percatado hasta ese momento de su presencia.
El joven se quedó inmóvil, oculto en parte por la oscuridad del callejón.
-Oye, idiota… métete en lo tuyo…- Y destapó la boca de la mujer, agotada, para agarrar la blusa con intención de arrancársela…
Entonces se detuvo de golpe. Se giró lentamente, asustándose poco a poco cada vez más, y aterrorizándose cuando vio que, no sabía cómo, tenía al joven al lado… Soltó a la mujer y se dispuso a lanzarle un puñetazo a la cara… Pero el joven le golpeó certeramente con el puño en la boca del estómago. El tipo se dobló de rodillas llevándose las manos a la zona del golpe, casi sin respiración. Se quedó temblando en el suelo, con el cuerpo recogido, emitiendo un débil gemido…
La mujer, que no había perdido de vista a su agresor, dirigió su mirada a aquel joven que la había ayudado… Pero ya no estaba.

En el mismo lugar desde donde antes había divisado a aquel individuo, se encontraba el joven, mirando con ansiedad a su alrededor. Entonces se calmó.
-Ahora ya sé que estás aquí.

jueves, 2 de febrero de 2012

6 Warriors - Capítulo 2

6 WARRIORS

La escuela de artes marciales.


El sol comenzaba a descender. El cielo iba cambiando poco a poco de tonalidad a medida que el atardecer iba dando paso al anochecer. La nubosidad había aumentado a lo largo del día. Gavin se encontraba mucho mejor desde hacía unas horas gracias a la deliciosa comida que había tomado en la fonda. Lastima que no le hubiesen dejado terminar de comer…
Tras alejarse de aquel lugar, había buscado un lugar donde descansar un poco, y lo había encontrado a la sombra de un árbol en una zona apartada al oeste de la ciudad. A aquellas horas ya no había tanto bullicio por las calles. El único sonido que lo acompañó antes de quedarse dormido fue el de las aves, y el agua corriendo por diversos arroyuelos en dirección a amplios campos de arroz que quedaban más allá de las murallas, más bajas que donde se encontraba y que le permitía ver en la lejanía hasta las montañas que se perdían en la altura en un mar de brumas blancas.
Cuando hubo despertado, siendo “atacado” por los lametones de un perrito, cogió su bolsa y reanudó el camino, seguramente a aquellas horas menos vigilado, hacia el lugar al que quería llegar desde que emprendió su viaje hacía ya veinte días…

Atravesó una serie de calles en las que no había prácticamente ningún soldado imperial rondando. Se trataban de calles en donde vivía la gente más pobre de la ciudad. Por lo tanto no tenía ningún interés para las autoridades… Apenas vio a gente; tan solo niños sucios con ropas viejas y rotas jugando con lo primero que habían encontrado por el suelo; algún que otro anciano tirado en el suelo durmiendo apoyado en la pared de alguna casa que probablemente no sería la suya; y perros abandonados y gatos callejeros que buscaban comida desesperadamente en la basura…
Cuando no faltaba mucho para salir de la calle en la que se encontraba a una de las calles grandes, una niña muy pequeña se le detuvo delante, mirándolo con la boca abierta. Tenía una cara muy triste… y aunque no decía nada se veía que estaba hambrienta. Gavin se detuvo. Su expresión no varió bajo aquel sombrero de paja que le ocultaba la cara a excepción de la boca. Buscó en su bolsa un pequeño bulto envuelto en tela. Se trataba de una bola de arroz… La última que le quedaba.
-Toma- dijo tendiéndosela a la niña.
A la niña le brillaban los ojos ante aquel “tesoro”. La cogió y empezó a comérsela hasta que le quedó más o menos la mitad. Entonces miró a Gavin con ojos de inmensa gratitud y la cara llena de granos de arroz.
-¡”Acias”! ¡”Eto” para mamá! ¡”Ados”!- Dijo muy alegre antes de salir corriendo hacia su casa.
Gavin se quedó quieto unos instantes. En aquellos momentos no había nadie más en aquella calle.
-Yo no necesito más pruebas- dijo con rabia antes de seguir caminando.

Changshia era una ciudad bastante grande. Gavin tardó bastante rato en atravesar de oeste a este los barrios pobres… Y más todavía yendo después hacia el noreste; aquí había más viandantes… y más soldados. En su trayecto había visto claramente como miembros de bandas iban y venían tranquilamente sin que nadie les dijera nada. Gavin apretaba los dientes cuando pensaba en ello…
Poco a poco, a medida que atravesaba un sendero por una zona cada vez más libre de casas, había menos gente; tan solo aquellos que se dirigían de regreso a sus hogares. Cada vez había más árboles y más vegetación. En un momento determinado, el sendero seguía pero las viviendas ya quedaban atrás. Alrededor, extensiones de hierbas altas. No mucho más allá se divisaban las murallas. Y al fin, Gavin llegó a su destino: la escuela de artes marciales. O lo que quedaba de ella…
Llegó hasta sus murallas, frente a la gran puerta doble… que ahora consistía en un montón de tablones clavados.
Gavin miró a su alrededor. Nadie. Se dirigió hacia la izquierda encaminándose hacia un árbol solitario no demasiado alto y rodeado de hierbas especialmente altas. Gavin tanteó por el suelo con el pie. Lo encontró. Se agachó y apartó la tierra que cubría una portezuela de madera con una anilla de metal. La levantó y la portezuela se abrió. Ante él se extendía una escalera de madera. Era muy vieja y algunos cordeles estaban rotos. Aún así aguantaría… Gavin cerró la portezuela y comenzó a descender. No tuvo que bajar demasiado. Quedó frente a un pasillo de piedra por el que tendría que caminar agachado; llegaba luz del otro lado. Tras unos pocos metros se encontró ante otra escalera de similares características por la que ascendió. La portezuela de este lado estaba abierta y estaba al lado de otro árbol. Había entrado.
Se encontraba pisando la extensión de suelo de tierra que había sido usada en el pasado en los entrenamientos. Se dirigió al camino de piedra que iba de la puerta principal, parapetada con tablones y troncos de árbol, hasta el amplio edificio que constituía la escuela en sí.
La escuela bastante grande y tenía un piso superior. Gavin subió los breves escalones de madera que le llevaron al pasillo exterior del mismo material que rodeaba al edificio. Las puertas estaban abiertas. Antes de entrar observó que en varias zonas del pasillo el suelo presentaba desperfectos de distinta consideración, al igual que ventanas, zonas de las paredes, etc.
Entró en la sala de entrada. Estaba vacía. Y al fin se encontraba ante la puerta que llevaba a la sala de práctica, separada por una cortina muy sucia con el dibujo de varios dragones. Corrió la cortina y entró.
Un bombardeo de sensaciones y recuerdos le atravesaron al acceder a la amplia estancia. La sala también estaba totalmente vacía; varias ventanas rotas y mucho polvo como en la estancia contigua. Pero el suelo aquí estaba intacto. Alguien le dijo una vez que aquel suelo era especial para poder resistir los entrenamientos más duros…
Gavin no podía más. Dejó la bolsa apoyada en una pared y se sentó al lado. Y se pasó el resto de las horas pensando. Hasta que se quedó dormido.

A la mañana siguiente, Gavin despertó. Miró a su alrededor. Dejó el sombrero de paja y la capa de viaje al lado de la bolsa y salió al exterior. Hacía muy buen día. Se desperezó estirándose ante el sol brillante de la mañana.
Llevaba el pelo castaño oscuro, no muy largo, ligeramente despeinado; iba ataviado, con una camisa color verde oscuro con las mangas recogidas de color blanco, un cinturón de tela blanco, pantalones anchos negros y unas sandalias con calcetines blancos.
Entonces, se puso en posición de guardia y lanzó veloces puñetazos al aire con la mano derecha, terminando con un gancho lateral con la izquierda, tras lo cual lanzó igualmente rápidas patadas laterales con la derecha. Observó uno de los dos árboles que había a ambos lados del final del camino de piedra; luego el otro. Eran manzanos. Gavin sonrió. Primero desayunaría… y después se pasaría todo el día practicando.

La ciudad ya estaba totalmente despierta a aquellas horas. En una concurrida calle había muchos puestos de flores. Daban un amplio colorido al ambiente. Ante uno de los puestos, en el que una señora mayor atendía afablemente, se encontraba una joven de diecisiete años, que miraba atentamente el género.
Tenía el pelo largo y negro, y lo llevaba recogido en una cola; tenía los ojos azul claro. Era de estatura y constitución media. Llevaba una blusa larga de color azul oscuro, con las mangas de color blanco, cinturón delgado de color negro, pantalones no muy amplios de color rojo y zapatillas sencillas negras. Llevaba una espada a la cintura en una funda negra con adornos plateados. A su lado, en el suelo, tenía una bolsa de viaje con una correa para llevar al hombro.
Llevaba un rato intentándose decidir por un tipo de flores u otro, muy seria, ante la mirada paciente de la señora que no dejaba de sonreír encantada con su clienta.
Entonces la gente de alrededor comenzó a murmurar y a moverse muy deprisa. Se percibía preocupación y miedo. En pocos instantes la calle había quedado casi vacía. Tres tipos se acercaban, pavoneándose.
-Vaya, vaya… ¡Esto sí que está bien!- Dijo uno de ellos, el del centro, un tipo muy delgado, totalmente rapado, con ojos muy pequeños y semicerrados.
Los otros dos también estaban rapados del todo; parecían los seguidores del primero…
La joven no hizo caso y siguió mirando atentamente las flores mientras la señora temblaba de miedo mirando alternativamente a los tres tipos y a ella…
-¡Eh, tú! ¡Te está hablando el gran Abachang, el conquistador!- Dijo uno de los seguidores, más bajito y con un fino bigote.
-¡Sí, no te resistas!- Continuó el otro, el mediano y más delgado de los tres.
La joven no pudo reprimir una sonrisa y se rió ligeramente...
-¿Mmmm? ¿Me estás oyendo? Ven conmigo…- Dijo aproximándose con una mano al hombro de la joven…
-Si me tocas, lo lamentarás…- Dijo la joven secamente.
Los dos seguidores se escandalizaron ante la osadía de aquella inconsciente… Abachang sonrió maliciosamente y siguió con su intento de tocar a la joven… No llegó a hacerlo.
Los seguidores vieron pasar algo entre ellos a gran velocidad, y su jefe, Abachang, recorrió varios metros arrastrándose por el suelo hasta quedar quieto en medio del camino con los ojos en blanco y la boca abierta con varios dientes rotos… Los otros dos se giraron temerosos y vieron a la joven con la pierna izquierda estirada y la planta del pie en tensión. Se fijaron mejor en las pronunciadas curvas de aquella joven… Parecía que les iba a salir humo de las orejas. Se quedaron dudando unos instantes… Hasta que la joven bajó la pierna y se encaró a ellos con la mirada seria. Estos salieron huyendo…
La joven volvió al puesto y señaló unas flores ante la aún sorprendida señora.
-Estas.

No muy lejos de allí, en una calle más ancha, llena de gente que iba arriba y abajo, iba caminando el joven viajero de la capa blanca. Su expresión era… inexpresiva.
Más adelante, oculto por el gentío, un hombre de mediana edad, con el pelo y la barba enmarañados, tenía la hoja de un cuchillo apoyada en la parte baja de la espalda de un hombre algo mayor, con gafas y casi calvo, muy asustado.
-No hagas nada raro y dame todo el dinero que lleves. Si lo haces así no te haré daño…- Le decía mientras miraba de soslayo a su alrededor.
-Por favor… Lo que llevo es para comprar un poco de comida para mi familia… He trabajado muy duro para conseguirlo…- Suplicaba aquel pobre hombre.
-No me cuentes tu historia… Si te mato nadie se enterará hasta dentro de un rato y me llevaré el dinero de todas formas…
-Por favor…- Las lágrimas comenzaban a brotarle de los ojos…
Entonces se escuchó un golpe seco. El hombre notó como el ladrón se le echaba encima y cerró mucho los ojos temiendo el final… Pero el ladrón cayó al suelo con los ojos en blanco al tiempo que el cuchillo se le escurría de la mano. Extrañado, el hombre miró a su alrededor y no vio a nadie. Ni siquiera reparó en un joven viajero con capa blanca que se alejaba y se perdía entre la multitud…

La joven llevaba varias rosas blancas envueltas. Iba caminando por una calle transitada cuando, de repente, tuvo una sensación que la hizo detenerse. Miró a su alrededor y, tras unos segundos, prosiguió su trayecto.

En la escuela de artes marciales ya estaba anocheciendo. Gavin había estado entrenando todo el día. Primero hasta la hora de comer. Entonces dio buena cuenta de las manzanas de las que había hecho acopio a la hora del desayuno. Luego se había tomado una buena siesta… Y después había estado practicando hasta aquella hora. Estaba en el suelo, agotado, sudando y jadeando. Pero estaba muy satisfecho. Había llegado la hora de cenar… manzanas.

Ante las murallas de la parte oeste de la escuela de artes marciales, se encontraba la joven. Miraba atentamente hacia la zona alta de la muralla. Cogió una piedra de más o menos el tamaño de su mano y la lanzó a la zona que había estado observando. Un pequeño soporte de madera cedió dejando caer una cuerda que llegó hasta el suelo. La joven asió la cuerda y comenzó a ascender.

Gavin había terminado de cenar y se había quedado bastante a gusto… Entonces, cuando decidió que era hora de irse a dormir, algo le llamó la atención y comenzó a oler primero a su alrededor… y luego a su camisa.
-Creo que necesito un baño…

La joven había accedido al otro lado de la muralla cuando ya era noche cerrada. Había luna llena. Caminó un poco y llegó a un lugar lleno de vegetación, más apartado de la escuela. Atravesó el follaje y ante ella apareció una fuente termal rodeada de cañas verdes de bambú. El agua estaba humeante e iluminada por la luz de la luna. Dejó la bolsa en el suelo con las flores sujetas; luego la espada. Comenzó a desvestirse.

Gavin recordó las fuentes termales que había al noroeste de la escuela. A medida que se aproximaba advertía más claramente que había mucha más vegetación que la última vez que estuvo allí…
Las fuentes estaban divididas en dos zonas: una masculina y otra femenina. Pese a que Gavin había intentado en innumerables ocasiones acceder a la zona femenina… siempre se había quedado con las ganas al haber tenido que esquivar objetos que le venían volando a velocidades peligrosas…
-“Aprovecharé ahora”- se dijo decidido.

La joven había quedado completamente desnuda. Al avanzar hacia el agua con paso grácil, se soltó el pelo quitándose la cinta que lo sujetaba y lanzándolo sobre la demás ropa, cayéndole sobre la espalda y los hombros, y levemente en los pechos.
Entonces, cuando metió el primer pie en el agua, la cortina natural de hierbas altas que separaba las dos zonas se abrió de par en par y Gavin se encontró ante la joven. Ambos se quedaron paralizados. Gavin se había quedado impactado contemplando el cuerpo desnudo de la joven. A esta le cambió la mirada… ahora de furia. Salió a toda velocidad a ponerse la blusa y, quedándole abierta y cubriéndole apenas, desenvainó la espada. Con una mano sujetándose la blusa y con la otra empuñando la espada recorrió velozmente, rodeando la fuente, la distancia que lo separaba del todavía estático Gavin… Le embistió con el hombro tirándolo al suelo de espaldas y se subió encima de él aprisionándolo con las rodillas mientras seguía sujetándose la blusa que la cubría de manera muy justa y le ponía la punta de la espada en el cuello…
Gavin se fijó mejor en la joven.
-¡Yi!