jueves, 9 de febrero de 2012

6 Warriors - Capítulo 3

6 WARRIORS

Xin.


-¿Gavin?- Dijo Yi, sorprendida...
-Vaya, te acuerdas de mi nombre…
Yi se incorporó y retrocedió, descendiendo la espada hasta que la punta quedó cerca del suelo.
-¿Qué haces aquí?- Le preguntó Yi con cierta desconfianza.
Gavin se levantó.
-Lo mismo podría preguntarte yo…- Contestó con simulada indiferencia…
Durante unos instantes se quedaron en silencio. Tan solo un grillo lejano… Ambos se quedaron mirándose bajo la luz de la luna llena… Entonces Yi reaccionó.
-¿Podrías irte al otro lado?- Preguntó la joven, impasiva.
-¿Eh?- Preguntó Gavin, mirándola aún absorto…
-¡Que te vayas!- Exclamó Yi, irritada.
-¡Vale, vale!- “Despertó” Gavin al tiempo que se apresuraba en volver por donde había venido…

La noche pasó. Gavin había ido a dormir a la sala de práctica como la noche anterior y, al no ver a Yi, imaginó que se habría ido a otra parte de la escuela. O se abría marchado…
Al día siguiente, Gavin despertó a su hora habitual… con su hambre habitual. Salió al exterior. Era una mañana despejada, en general, pero con algunas nubes, y algo más fresca que las anteriores. Miró a los alrededores con curiosidad. Se preguntaba si Yi seguiría allí…
Casi convencido de que se habría ido, decidió hacer unos ejercicios respiratorios antes de desayunar. Fue hacia el terreno de práctica, cerca del árbol junto a la entrada por donde había venido. Se concentró y comenzó.
Al cabo de un rato, cuando hubo terminado, estaba sudando un poco y jadeaba ligeramente. Se sentía mucho mejor. Entonces se giró y se sorprendió mucho al ver a Yi, de rodillas en el camino de piedra, dirigida hacia la entrada del edificio, con las palmas juntas, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante y los ojos cerrados. Observó que había unas cuantas rosas blancas ante ella, en el suelo. Gavin estaba seguro de saber lo que significaba aquello…
Sintiéndose observada, Yi se incorporó e hizo una última reverencia, ahora de pie.
Acto seguido miró a Gavin sin cambiar la expresión y se dirigió al interior. Ahora iba ataviada con pantalones blancos y una blusa de manga corta azul celeste ceñida. Llevaba el pelo suelto. Gavin la siguió con la mirada hasta que dejó de verla. Miró hacia las rosas blancas y se quedó pensativo unos instantes. Después decidió que era hora de desayunar.

Menos mal que los manzanos estaban bien cargados… Aunque a Gavin le comenzaba a apetecer variar un poco el menú. Estaba comiendo bajo la sombra de uno de los manzanos cuando salió Yi y bajó por las escaleras. Gavin observó que llevaba la espada a la cintura. Yi se detuvo cerca de él y se quedó mirando la gran entrada apuntalada.
-Si quieres salir puedes utilizar la salida de emergencia- sugirió Gavin señalándosela.
Yi dirigió su mirada hacia donde este le señalaba.
-Salida de emergencia… Ya no me acordaba…- Dijo Yi, más para ella misma que para Gavin…
Gavin no se atrevió a preguntar a dónde se dirigía… armada.
-Sé lo que estás pensando. No me sigas. Te lo advierto- Dijo Yi muy seria.
Gavin no contestó y siguió comiéndose la manzana mostrándose indiferente…
Yi se marchó bajo la atenta mirada de Gavin. Cuando pasaron unos segundos tras cerrar la portezuela de la salida de emergencia, Gavin se incorporó rápidamente y se dirigió al interior de la escuela. Se puso la capa, el sombrero y cogió el sable. Cuando calculó que Yi ya habría salido por el otro lado, fue corriendo hacia la portezuela cerrada, la abrió y se dispuso a seguirla…

Gavin se aseguró de mantener la distancia suficiente para no perder de vista a Yi al tiempo que evitaba que esta se diese cuenta de que la estaba siguiendo… Gavin pensaba que lo había conseguido. Yi se había estado moviendo por calles amplias y transitadas. Progresivamente las calles eran menos amplias y estaban menos transitadas. Entraron en una calle no muy ancha en la que apenas había gente. Gavin observó que aquí principalmente se veían miembros de bandas y gente poco recomendable… Vigilaba atentamente cuando alguno de aquellos tipos pasaba cerca de Yi; no había ninguno que no se la quedara mirando… Pero, al parecer, ninguno se atrevía a decirle nada al ver su espada y, sobretodo, su expresión… Gavin sintió que en aquel lugar el ambiente estaba muy enrarecido… Se preguntaba qué habría venido Yi a hacer allí, en un barrio como aquel…
La joven finalmente se detuvo ante un pequeño local. Gavin observó que se trataba de un burdel. Parecía que no había clientes a aquellas horas…
Ante la sorpresa de Gavin, Yi tocó a la puerta. Pasaron unos instantes y nadie abrió. Yi insistió. Nadie pasaba por la calle en aquellos momentos. Gavin permanecía a una distancia prudente.
-¡Abre la puerta, maldita estúpida!- Se escuchó una voz de hombre desde el interior del burdel.
Al cabo de unos segundos la puerta se abrió. Apareció una chica, de unos diecisiete años, con el pelo castaño claro recogido de forma descuidada, y los ojos castaño oscuro, tristes, con ojeras. Iba vestida de forma también descuidada, con un vestido que le llegaba a los pies descalzos, de color azul, puesto de tal forma que un hombro quedaba al descubierto. La chica se quedó mirando a Yi unos instantes, sin variar la expresión de tristeza y la mirada casi perdida. Entonces abrió los ojos, sorprendida.
-¡Yi! ¡¿Eres tú?!- Dijo con los ojos inundados en lágrimas…
Yi asintió y sonrió con dulzura. La chica se abrazó a Yi y se puso a llorar como si tuviera que vaciar toda la tristeza acumulada durante largo tiempo…
Gavin se fijó mejor y se dio cuenta de que se trataba de una chica que hacía tiempo iba con ellos a la escuela de artes marciales y que era muy amiga de Yi, y de otras dos chicas. Aunque nunca llegó a saber el nombre de ninguna de aquellas amigas de Yi…
Yi le acariciaba suavemente la cabeza mientras aquella chica comenzaba a tranquilizarse. Se sentaron al lado de la puerta, apoyadas en la pared, una al lado de la otra.
-¿Cómo estás, Xin?- Preguntó a pesar de que viéndola sabía la respuesta…
Xin intentó contestar pero solo pudo llegar a sonreír con dificultad antes de volver a llorar, esta vez en silencio…
Yi esperó un rato antes de hablar.
-¿Sabes algo de Jie y Feng?- Le preguntó.
Xin negó con la cabeza. Comenzó a hablar.
-Después… Después de aquello… nos separamos. No he vuelto a saber nada de ellas. Yo estuve dando vueltas por la ciudad… mucho tiempo… Pasé hambre, Yi… mucha hambre… Yo no quería acabar así… pero el dueño de este sitio me ofreció un techo y comida… a cambio…- No pudo terminar y hundió la cara entre los brazos cruzados sobre las rodillas flexionadas.
Gavin estaba a distancia suficiente para oír toda la conversación.
-Ahora estoy aquí, Xin. Vámonos de aquí.
Xin negó con la cabeza.
-No… No me lo permitirá…
-Te aseguro que sí- dijo Yi cambiando la mirada. La decisión se veía en sus ojos.
Entonces, la puerta del burdel se abrió bruscamente.
-¡¿Dónde estás?! ¡¿Dónde te has metido?!- Vociferaba un tipo ligeramente encorvado, con el pelo lacio negro con pronunciadas entradas y largo. Iba vestido con una camisa y pantalones del mismo color marrón claro y sandalias viejas. Yi percibió un fuerte olor a alcohol. Cuando aquel tipo se giró hacia ellas, Yi pudo observar que tenía una cara que le pareció grotesca, con una cicatriz en el ojo derecho y le faltaban algunos dientes…
-¡¿Por qué no contestas, idiota?!- Gritó con su voz ronca...
Yi se dio cuenta de que Xin estaba aterrorizada. Entonces el dueño se fijó en aquella.
-¿Mmm?- Ladeó la cabeza poniendo una expresión cada vez más próxima a la lujuria…- ¿Y tú quién eres? ¿Vienes a trabajar también para mí? Te aseguro que te pagaré muy bien, je, je, je…
Yi sentía repugnancia. Se incorporó y se llevó la mano a la espada. Gavin estaba atento, preparado por si tenía que intervenir; pero tenía curiosidad…
-No deberías jugar con espadas, niñata. Podrías cortarte, je, je…- Aquel indeseable comenzaba a acercarse a las jóvenes.
-Si sigues acercándote te arrepentirás…- le advirtió Yi.
El dueño del burdel se detuvo un instante, quedándose pensativo (si es que aquel tipo podía pensar), tras lo cual sonrió de nuevo y se llevó una mano al bolsillo. Extrajo una navaja y la abrió.
-Como veo que no puedo contar con tus servicios, no me haces ninguna falta… En cuanto a ti, inútil, te reservo la fusta… como siempre, je, je, je…
Yi se enfureció al oír estas palabras. Desenvainó la espada. El tipo se abalanzó sobre ella con intención de cortarle en la cara… Gavin se dispuso a intervenir…
Yi, con un movimiento que el dueño del burdel no llegó a ver, llevó la espada con el brazo totalmente estirado hacia un lado. La sangre volaba entre ella y aquel tipo…
-¡Uaaaaaaaah!- Gritó de dolor el agresor sujetándose la mano de la que manaba abundante sangre… En el suelo, junto a la navaja, se encontraban los tres dedos con los que la manipulaba…
Gavin se detuvo en seco y volvió a ocultarse. Xin veía la escena, incrédula…
-Coge tus cosas, Xin. Nos vamos.
Xin se acercó a Yi y se apoyó sobre ella, asustada, cogiéndole un brazo.
-No tengo nada…
Yi sintió deseos de rematar a aquel maldito que se retorcía en el suelo y gritaba de dolor… Pero decidió que era mejor dejarlo así… retorciéndose…
Guardó su espada y comenzó a alejarse con Xin todavía cogida a su brazo.
Entonces Gavin se alarmó al ver al dueño del burdel, con la ropa llena de sangre, sujetar la navaja con la otra mano, colocado justo detrás de Yi…
-“¡No le dará tiempo!”- Pensó mientras miraba rápidamente a su alrededor. Vio algo.
Yi comenzaba a girarse, habiéndose percatado de la amenaza… Pero sabía que era demasiado tarde…
Entonces, una botella de vidrio impactó en la cabeza del dueño del burdel, rompiéndose en mil pedazos y tirando a este hacia atrás, mientras un chorro de sangre manaba de la nueva herida… Quedó tendido en el suelo.
Yi miró hacia delante y no vio a nadie.
-¡Puedes salir! ¡Se que me sigues desde que salimos de la escuela!- Exclamó Yi.
-¿La escuela…?- Se extrañó Xin.
Gavin salió de su “escondrijo”. Yi y Xin pasaron ante él y siguieron caminando. Gavin no se giró. Entonces Yi se detuvo… y giró levemente la cara, sin mirarle.
-Gracias- dijo al fin.
-No hay de qué- respondió Gavin, girando la cara de manera similar.
Yi y Xin prosiguieron su camino seguidas a cierta distancia por Gavin.

En una de las múltiples calles bulliciosas de Changshia, se encontraba el joven ataviado con sombrero y capa blanca, caminando como si estuviera en un mundo distinto al de los demás… Llevaba varios días de aquella manera: recorriendo las calles de Changshia… buscando.
Entonces notó algo. No sabía que era pero le hizo estar alerta. Miraba a su alrededor, fijándose bien…
Entonces, a lo lejos, aún sin estar muy seguro, divisó una figura de alguien ataviado con un sombrero similar al suyo y una capa verde oscuro. Abrió mucho los ojos.
Cuando estaba a punto de dirigirse a toda velocidad hacia allí, escuchó los gritos de una mujer, no muy lejos…
-¡Socorro! ¡Que alguien me ayude, por favor! ¡Por favor!
El joven escuchó atentamente y supo que los gritos provenían de uno de los callejones cercanos… Miró de nuevo en la dirección en la que había visto al individuo del sombrero y la capa y ya no vio a nadie. Durante un instante estuvo a punto de ir hacia allí…
-¡Por favor!- Seguía gritando la mujer…
El joven apretó los dientes de rabia y se dirigió al callejón.
Por el camino observó que varios viandantes pasaban al lado, escuchaban claramente los gritos, pero pasaban de largo, acelerando, incluso, algunos el paso…
Entró en el callejón oscuro y vio que un tipo, con un pañuelo en la cabeza y camisa y pantalones algo más pequeños que su talla, tenía sujeta a una mujer, con la blusa larga rota y descolocada, con una mano, mientras le tapaba la boca con la otra. La mujer intentaba gritar, pero sus gritos eran irremediablemente ahogados…
-Suéltala- Dijo el joven, impasible.
-¿Qué?- El tipo no se había percatado hasta ese momento de su presencia.
El joven se quedó inmóvil, oculto en parte por la oscuridad del callejón.
-Oye, idiota… métete en lo tuyo…- Y destapó la boca de la mujer, agotada, para agarrar la blusa con intención de arrancársela…
Entonces se detuvo de golpe. Se giró lentamente, asustándose poco a poco cada vez más, y aterrorizándose cuando vio que, no sabía cómo, tenía al joven al lado… Soltó a la mujer y se dispuso a lanzarle un puñetazo a la cara… Pero el joven le golpeó certeramente con el puño en la boca del estómago. El tipo se dobló de rodillas llevándose las manos a la zona del golpe, casi sin respiración. Se quedó temblando en el suelo, con el cuerpo recogido, emitiendo un débil gemido…
La mujer, que no había perdido de vista a su agresor, dirigió su mirada a aquel joven que la había ayudado… Pero ya no estaba.

En el mismo lugar desde donde antes había divisado a aquel individuo, se encontraba el joven, mirando con ansiedad a su alrededor. Entonces se calmó.
-Ahora ya sé que estás aquí.

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