sábado, 16 de agosto de 2014

6 Warriors - Capítulo 37

6 WARRIORS

El contraataque.


Era como si el tiempo se hubiese detenido. Xin, desde abajo, contemplaba con los ojos muy abiertos cómo Han estaba en aquellos momentos indefenso ante el brutal arma del General, que avanzaba inexorablemente hacia su cuerpo… Han, con los dientes apretados -y preso de la impotencia-, solo sentía rabia por verse incapaz de detener aquel ataque a tiempo… y ni siquiera estaba seguro de que sirviera de algo… Taisho ya daba por hecho que aquello terminaba allí…
Entonces sucedió lo inesperado.
Siguiendo todo a cámara lenta, Han vio cómo al General le cambiaba la expresión -ahora de no saber qué pasaba- al tiempo que su voluminoso cuerpo se echaba por algún motivo más hacia delante; todo esto mientras resonaba un golpe contundente por toda la estancia…
Xin pudo ver de pronto de lo que se trataba.
-¡Bo!- Exclamó la joven…
Y allí estaba. También en el aire, justo detrás de Taisho, sujetaba con ambas manos su palo largo, tras haber golpeado con el mismo el amplio hombro del General… La furia se veía en su expresión y su mirada… Mientras comenzaba a “descender”, Taisho se giró lentamente para ver qué era lo que había ocurrido… Ahora ya podía ver Han a Bo y lo entendió todo…
Llegaron al suelo: primero Han -que quedó con las rodillas flexionadas, atento-, luego Taisho, con estruendo, y finalmente Bo, que se puso en guardia de inmediato tras caer de forma curiosamente grácil…
Taisho se giró enseguida, con la expresión rabiosa, y se dirigió a aquella maldita albóndiga
-¡¿Cómo te atreves estúpido?! ¡¿Tan pronto quieres morir?!- Casi parecía que lo regañaba…
Pero Bo no estaba dispuesto a que lo subestimasen…
-¡Estoy harto de que nos trates como niños! ¡Nosotros acabaremos contigo!- Dijo, muy convencido, mientras saltaba para atacar de nuevo al General, mientras aquellas palabras calaban muy hondo en Xin y en Han…
Taisho se mantenía inmóvil en su posición mientras veía venir a aquel tonto con sobrepeso sujetando su palo, verticalmente, por encima de su cabeza… Han se alarmó.
-¡Bo, no! ¡Cuidado!- Trató de avisarle, mientras comprobaba con preocupación cómo el General lo esperaba tranquilo
Bo atacó con todas sus fuerzas y sus ganas al General, que -aunque el joven no se daba cuenta- se limitaba a esperar… Xin no perdía detalle de la escena…
Pero Taisho no tuvo que seguir esperando a que el palo terminara de descender… Cuando tuvo a aquel gordito a tiro, le dio un tremendo manotazo con el dorso de la mano que lo estampó contra la pared, cerca de una ventana con barrotes por fuera…
-¡Bo! ¡Maldito seas, Taisho!- No pudo reprimir Han…
Xin se llevó las manos a la boca, horrorizada…
Bo -que se había golpeado de frente- estaba muy quieto, aún con el palo sujeto en una mano, mientras casi resbalaba por la pared hasta el suelo, quedando panza arriba como una tortuga del revés…
Taisho se irguió.
-Bien. Tras esta “interrupción” proseguiremos con tu ejecución- dijo esto último girando la cabeza hacia Han, que se puso a temblar enfadado…
Xin pasó la mirada del cuerpo inmóvil -aunque con ligeros espasmos- de Bo a la reanudación de aquel enfrentamiento…
Han recuperó la guardia; todo lo sucedido en los últimos minutos le había servido para reponerse un poco… y todo gracias a Bo… Ahora fue el General el que adoptó su posición de guardia, con el sable sobre su cabeza con la punta, y la otra mano, dirigidas a Han…
Pero esta vez Taisho no dijo nada. Simplemente atacó.
-¡¡Huuummmm!!- Emitió, dando varias vueltas al enorme sable sobre su cabeza, mientras corría hacia Han…
Este sabía que, con cada nueva vuelta, el corte sería más potente… aún así, optó por no moverse hasta el último momento…
Y así fue. Taisho lanzó un tajo lateral hacia Han que este consiguió detener usando todas sus fuerzas… sus dos brazos -cuyos músculos estaban hinchados-, sus manos, sus piernas…
Taisho, no muy contento con el resultado de su ataque -que podía verse reflejado en su cara- no tardó en separar su arma de la de Han para volver a atacar por el mismo sitio…
-¡Uuuuf!- Han seguía resistiendo, aunque esta nueva embestida le desplazó un par de metros hacia un lado, consiguiendo caer en -prácticamente- la misma posición…
Pero cuando quería darse cuenta el General, inesperadamente veloz, se plantó delante de él…
-¡Je!- Sonrió malignamente al tiempo que le propinaba un puñetazo directo en la cara, como si apenas realizase esfuerzo alguno…
Han, viendo que los pies se le iban hacia atrás, hizo un considerable esfuerzo para detenerse y dirigir la mirada hacia su contrario, que ahora comenzaba a llevar el sable hacia arriba…
-¡Ten, traidor!- Insistía -ya por costumbre- el General mientras le atacaba por la vertical en esta ocasión… hacia la cabeza…
Como había cierta distancia que su oponente debía cubrir, a Han le dio tiempo suficiente de saltar hacia atrás -lo que pudo- para hacer distancia, mientras el sable se estrellaba nuevamente en el piso, provocando la pertinente grieta en el suelo de madera y tierra…
Y otra vez, sin saber cómo, tenía a Taisho delante, sin la guardia, como si no le hiciera ninguna falta…
En esta ocasión, el hombre corpulento fue derecho al cuello de Han… Este esquivó el tajo agachándose… Pero, lo que no sabía, es que eso era precisamente lo que Taisho quería…
Han no vio venir la tremenda patada ascendente que le impactó en el mentón… mientras sus pies se separaban del suelo, tan solo tenía en mente la idea de no soltar el sable pasara lo que pasara… Xin ahogó un grito y sentía como la fuerza se le iba de las piernas… Pero ahí no acabó la cosa.
Taisho volvió a hundir el puño en el estómago de Han que, por acto reflejo, se “dobló” hacia delante, echando saliva por al boca… Antes de que cayera al suelo, Taisho le agarró por la cabeza con una de sus grandes manazas y se dispuso a hundirle el sable por el mismo sitio que le había golpeado…
-¡¡No, Han!!- Xin estaba más desesperada que nunca…
Sin embargo Han -casi por instinto- consiguió desviar la trayectoria del arma del General con un movimiento preciso de la zona cercana a la empuñadura de su sable; esto irritó a un Taisho que se había confiado demasiado…
Casi sin pensarlo, lanzó al débil jovenzuelo por los aires hacia la parte que quedaba a su espalda… Han chocó en el suelo a varios metros de distancia… seguía sin soltar el arma…
-En serio te digo, Han, que casi me da lástima acabar contigo… Pero debo cumplir con mi deber de soldado…- El General dijo esto poniéndose serio…
Han estaba en el suelo, dolorido, comenzando a notar el sabor de la sangre…
Entonces el General tuvo que desviar la mirada, abriendo mucho los ojos, más allá de donde se encontraba Han en aquellos momentos… aquello sí que no se lo esperaba…
-Esto no puede ser…- Taisho no sabía por qué… Pero lo que vio le hizo sentir algo parecido al miedo…
Han, al ver la expresión desencajada de su rival, giró la cabeza para ver de qué se trataba… Xin no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas de alegría…
Se estaban levantando. Gavin… Yun… Huei… Yi… se estaban levantando. A pesar de que se incorporaban lentamente -y aún se encontraban magullados y doloridos-, se sentían animados por una fuerza que no podían explicar… Estaban preparados para enfrentarse con aquel malnacido…
-Chicos…- Le salió a un debilitado Han, que no sabía si alegrarse o preocuparse más…
Pero vio algo en sus miradas. Veía a los guerreros que realmente eran. Entonces, aprovechando que Taisho estaba distraído, extrajo fuerzas de alguna parte y lanzó una acometida hacia el maldito general con el aliento que le quedaba… Aquel, que por poco no lo vio venir, logró parar -con ciertas dificultades- el último ataque de Han…
-¡Ahora!- Exclamó Gavin, comprendiendo lo que había intentado hacer su compañero, seguido de los demás…
Taisho se percató de lo que pretendía aquel maldito traidor… Pero -se dijo a si mismo- no les serviría de nada… a ninguno…
-¡Estúpido!- Lanzó un exabrupto, al tiempo que apartaba a Han de un puñetazo en gancho lateral a uno de sus costados…
Han notaba el fortísimo y doloroso golpe en las costillas… perdió el conocimiento al caer un par de metros a un lado, soltando finalmente el arma…
-¡Han!- Bramó Gavin, con rabia, mientras se dirigía corriendo -al igual que Yun, Huei y Yi- hacia aquel maldito desgraciado…
Ahora el General se centró en los niñatos que se aproximaban a toda velocidad, cuyo ímpetu les costaría caro, al igual que hacía un rato…
De pronto, de un punto olvidado de la sala, llegaba “planeando” el gordito de antes; pillando totalmente desprevenido al General…
-¡¡Uaaaaaaaaaah!!- Aullaba, con todo lo que le daba la voz de si, Bo, con el palo preparado para estrellárselo de nuevo…
Taisho no detuvo el ataque oblicuo, que sí vio esta vez, porque pensaba que no sería necesario… Se equivocaba.
El palo impactó en un punto entre su cuello y el amplio hombro, haciéndole daño de verdad… Taisho apretaba los dientes por el dolor… luego por el enojo…
-¡¡Maldita bola de sebo!! ¡¡Fuera de mi vista!!- Vociferó, dándole un nuevo manotazo y enviándolo a lo lejos, pasando por encima de sus compañeros que se dirigían en dirección contraria…
Pero la intervención de Bo, en esta ocasión (y sin que fuera precisamente su intención), sirvió como maniobra de distracción improvisada…
-¡Haaaaa!- Exclamó Gavin, lanzando un puñetazo al bulto hacia el amplio objetivo que constituía el General…
Este, encontrándoselo encima, tuvo que reaccionar de inmediato y parar el golpe… usando las dos manos.
-“¡¿Cómo es posible…?!”- Se preguntaba Taisho, sintiendo aún el fuerte impacto del puñetazo del que debía ser un mequetrefe…
Utilizó su enorme sable, más para quitárselo de encima que para cortarle… Gavin contuvo la hoja con su propio sable, pero se vio apartado algunos metros hacia atrás, en dirección diagonal…
Pero Taisho no tuvo tiempo de respirar; la espada de Yi se cernía sobre sus ojos…
La esquivó por los pelos… Entonces lanzó una mirada hacia aquella niña que lo miraba de aquella manera tan insolente…
-¡Te vas a enterar, jovencita!- Le decía, dirigiéndole un puño en gancho al estómago, que Yi vio de inmediato…
Esta lo detuvo a tiempo, poniendo la empuñadura de su espada, aunque -al igual que Gavin- no pudo evitar verse desplazada hacia atrás, cayendo en cuclillas mientras Huei pasaba veloz a su lado…
-“¡Este también…!”- Se puso en alerta Taisho, al ver llegar al otro
Huei saltó hacia delante -aprovechando la inercia que llevaba- y se disponía a hundir la rodilla en el tórax del General…
Este, que había guardado su sable un instante antes, cruzó los brazos delante, apretando bien los puños, para contener aquel golpe de resultado impredecible…
Durante un segundo, Taisho temió que le hubiera roto algún hueso… Al igual que antes -cuando le atacó Gavin- se encontró con un ataque de una potencia que no se hubiese imaginado…
Fue entonces cuando comprendió que había estado en lo cierto durante todo aquel tiempo… Pero ahora tenía a aquellos dos en sus dominios… atacándole…
Cuando Huei se disponía a golpearle en la cara con el puño, Taisho se lo quitó de encima abriendo los brazos -donde aún tenía la rodilla apoyada- hacia fuera bruscamente, y hacer distancia con aquel chaval tan peligroso; por lo menos por el momento…
Pero, antes de que el General tuviera tiempo de pensar, notó cómo se acercaba algo, a toda velocidad por un lado… por el aire…
-¡Toma esto!- Exclamaba Yun, girando como una peonza en el aire, boca abajo, con su temible patada giratoria…
Taisho -al que casi le pilla por sorpresa- bloqueó como pudo dicha patada con uno de sus fornidos brazos, notando -de todos modos- la fuerza de la técnica al impactar…
Y fue entonces cuando se dio cuenta, también, de que -acordándose de la chica de antes- aquellos dos no eran los únicos a los que debía temer
Negándose a aceptar tal idea, apartó a Yun de un manotazo con la palma de su manaza, alejándolo y obligándole a “aterrizar” a considerable distancia…
En ese momento Taisho comenzó a escuchar algo que se aproximaba… como un grito de guerra (o algo así)…
-¡Uaaaaah! ¡Sigo aquí!- Se “jactaba” Bo, dirigiéndose a la carrera hacia el General, haciendo girar el palo largo sobre su cabeza con una sola mano…
Pero el General ya estaba harto de él.
Mientras Bo, ajeno a las acciones del General, corría sin parar hacia este, Taisho levantaba una pierna, preparándose…
-¡Bo, cuidado!- Le intentó avisar Gavin, viendo -desde demasiado lejos como para poder hacer nada- lo que iba a pasar…
Bo, cegado por su bravura, no vio venir el patadón circular que le dio en su regordeta cara y que le hizo chocarse de nuevo contra la pared…
-¡Bo!- Exclamaron, casi al unísono, los amigos recién recuperados…
Bo volvió al suelo, cayéndole su propio palo en la cabeza con un sonoro golpe…
-Yo… ya no puedo más…- Admitió, a punto del desmayo…
A pesar de todo, sus compañeros respiraron aliviados al ver que aún estaba bien… Entonces dirigieron su atención hacia su enemigo, que se erguía, imponente, ante ellos…
Tras unos segundos sin decir nada, Taisho, casi oculto por las sombras, habló.
-Voy a acabar con todos vosotros. Uno a uno- les anunció.
Gavin, Yi, Huei y Yun se pusieron en guardia. Para nada asustados. Entonces Gavin, en primer término, se dirigió a Taisho, desafiante.
-¡Eso lo veremos!

lunes, 4 de agosto de 2014

6 Warriors - Capítulo 36

6 WARRIORS

La fuerza de Taisho.


Xin y Bo estaban con la boca abierta; no podían –no querían- creer lo que acababan de oír…
-¿Qué dice…? ¿Que ahora irá en serio? ¿No lo iba ya…?- Bo comenzaba a sentir que todo aquello le venía grande…
Xin, a su lado, no contestó, también pensando lo mismo que había dicho aquel…
-“Han…”- no fue capaz de verbalizar la chica, preocupada…
Han, sin moverse un milímetro, no había podido evitar que sus ojos se abriesen más debido a la sorpresa; la cual, acto seguido, dio paso a comprender lo que había pasado…
-“Maldita sea. Debería habérmelo imaginado. Estaba siendo demasiado fácil…”- Se reprochaba.
El General, Taisho, se encontraba en semiposición de guardia, satisfecho por el efecto causado por sus palabras en el confiado del traidor…
-¿Y bien? ¿Me vas a atacar o qué?- Le provocaba…- Tengo cosas que hacer… esta misma noche…- Decía, mientras sonreía malévolamente…
Bo y Xin apretaron los dientes y se pusieron a temblar de rabia, a pesar de lo asustados que estaban… Han también reaccionó, adquiriendo su rostro gravedad; no le quedaba más remedio que atacar a aquel maldito…
Han adoptó la posición de guardia, preparado con su sable largo; el General, al verlo, dejó entrever cierta expresión de sorpresa al ver que estaba dispuesto a continuar, a pesar de todo… Este también adoptó del todo su posición de guardia, mostrando su gran sable. Permanecieron uno frente al otro, sin moverse, durante largos segundos… Bo y Xin no se atrevían casi ni a respirar… la tensión podía cortarse…
-¡No te dejaré, maldito…!- Exclamó Han al tiempo que saltaba hacia delante, en dirección recta hacia su contrincante, blandiendo el sable para cortar oblicuamente…
Pero ahora Taisho estaba totalmente concentrado y preparado; no volvería a cometer el error de subestimar a Han…
-¡Está hecho, Han…!- Le contestó, esperándole en su posición…
Cuando Han le atacó, rápida y fuertemente, Taisho solo tuvo que mover levemente su arma para detener el golpe, que resonó metálicamente de forma sobrecogedora… Han, una vez tuvo los pies en el suelo, volvió a atacar de inmediato, de igual manera pero por el otro lado…
Pero el General lo detuvo, como antes pero por el lado contrario. Han se alarmó…
Xin y Bo veían con preocupación cómo aquellos dos ataques tan potentes no habían tenido el más mínimo efecto en el impertérrito gigante…
Pero Han no estaba dispuesto a dejarlo estar. Recuperándose de inmediato retrasó el arma y se dispuso a acometer a su contrario…
-¡Haaaaaa!- Exclamaba, prácticamente convencido de que aquel hombre tan corpulento no tendría tiempo de desviar ni esquivar su ataque…
Pero Han se equivocaba. Y en ambas cosas… A la vez que retrasaba su posición, apartándose lo suficiente para quedar fuera del alcance del sable de Han, el General trazaba un círculo con su arma que desvió la del ex soldado…
-“¡No puede ser…!”- Se alarmaba mientras sentía como su arma era desviada, sin poderlo evitar, y su defensa se veía claramente comprometida…
Taisho, al percatarse de esto, consciente de que lo tenía donde quería, supo que le tocaba a él.
-¡Uaaaaaah!- Bramó, como una bestia salvaje, abalanzándose sobre el vulnerable aprendiz que tenía delante…
Han veía cómo se le echaba encima una inmensa mole, veloz, armada con un arma metálica cortante de grandes dimensiones que proyectaba reflejos hacia él…
-“¡No!”- Han estaba en serios apuros…
-¡Oh, no!- Exclamó Xin, viendo cómo estaba a punto de ocurrir lo inevitable…
Bo, previamente espantado, sintió de pronto como si algo cambiara en su interior.
El enorme sable de Taisho iba a partir por la mitad, oblicuamente, el tronco expuesto de Han… el General ya lo daba por hecho…
Pero Han, sacando fuerzas de no sabía dónde, consiguió impulsarse hacia atrás, llevando el sable lo suficientemente cerca de su cuerpo como para detener el salvaje ataque de Taisho, que impactó muy cerca de la empuñadura del sable del ex soldado…
-¿Eh?- Se contrarió ligeramente el General -aún inmerso en el ataque- al ver que aquello no le había salido como esperaba…
Pero no perdió un instante y volvió a tirarse sobre aquel pobre diablo de Han.
-¡No te preocupes! ¡No pararé hasta destrozarte!- Lo amenazó, llevando el gran sable sobre su cabeza, con la intención de cortar en dos -en esta ocasión verticalmente- al escurridizo traidor…
Han, que ahora se veía con más margen -y con la inercia inesperada al detener la anterior embestida-, pudo impulsarse con el otro pie todo lo atrás que pudo, intentando evitar a toda costa aquel filo que ocultaba la expresión asesina de su portador…
El gigantesco sable se estrelló en el suelo de madera, haciendo que los tablones se levantaran y saltasen astillas, mientras Han aún se desplazaba hacia la retaguardia… Cuando cayó al suelo, jadeaba por la impresión; por lo cerca que había estado… Taisho permanecía inmóvil, oculto el rostro, tal como había quedado al destrozar el suelo donde debía haber estado Han… Xin seguía con la boca abierta… y Bo, a su lado, no se movía. Xin se dio cuenta de esto, dirigiendo la mirada hacia su compañero.
Cuando terminaron de caer virutas de madera al suelo, Taisho se irguió, sonando su sable como el metal pesado que era al llevarlo a un lado… los ojos que se ocultaban en su faz en sombras eran más propios de un demonio que de un hombre…
-¿Sabes? Ya me he cansado de jugar- dijo el General, levantando la mirada y dirigiéndola a Han…
Todo sucedió muy rápido. Han no se lo esperaba cuando vio cómo aquel hombre de tal tamaño casi “volaba” hacia él, pillándolo desprevenido.
A duras penas consiguió bloquear el tajo oblicuo que le venía desde arriba, por la izquierda, teniendo que utilizar -excepcionalmente- ambas manos para contener semejante embiste; y entonces el General aprovechó para darle un tremendo puñetazo en el estómago que lo levantó del suelo…
-¡Uuuurg!- Emitió Han, que notaba cómo se quedaba sin aire y sus manos se aflojaban de la empuñadura…
-¡Han!- Gritó Xin, horrorizada por la fuerza del golpe que casi pudo sentir ella misma…
Han “aterrizó”, flexionando las rodillas y llevándose una mano al dolorido estómago… aún sostenía su arma, comprobó con alivio… Pero hacía rato que a Taisho le había cambiado la mirada. Y volvió a atacar.
-¡Cuidado, Han!- Le avisó Xin, sin poderlo evitar a pesar de saber que no era necesario…
Han le veía venir y notaba las vibraciones producidas por aquel imponente individuo corriendo hacia él y blandiendo un arma más larga incluso que la altura de su propietario… Aún no se sentía recuperado del todo… no había podido casi ni respirar…
-¡Desaparece!- Le espetó Taisho, lanzando un corte horizontal, paralelo al suelo, cerca del cual Han aún se encontraba…
Como hiciera antes, este volvió a saltar, pero menos… Y entonces -sintiéndose ligeramente recuperado- atacó él, con ambas manos y a su cuello…
Entonces ocurrió algo increíble. Han abrió los ojos de par en par, sin podérselo explicar. Xin se quedó anonadada…
Taisho, el General, había detenido la hoja del sable de Han… con una mano. Un hilillo de sangre le corría por el cuello, del rasguño que le había conseguido hacer… Pero el tipo, sin variar su expresión, llegó a sonreír…
-Ahora que estás perdido- sentenció.

-¡Señor! ¡Traemos a esta alimaña para encerrarla en los calabozos!- Hablaba –con la voz alzada y lleno de orgullo propio- el soldado que, junto con otros dos, llevaban apresado a un jovenzuelo de catorce años, el cual era sujetado por estos últimos…
El General, ataviado con su armadura completa, observaba a aquel muchacho sucio y que hacía como que “pasaba” de él, con expresión ceñuda, mientras caminaba escrutador de un lado a otro -en el enorme patio del cuartel- con las manos cruzadas detrás, observándole…
El joven se sentía muy incómodo en aquella situación; finalmente le lanzó una mirada desafiante a aquel tipo altivo que no pudo evitar verse ligeramente sorprendido por ello.
-¿Y de qué se le acusa?- Quiso saber el General.
Tras unas dudas iniciales, acabó contestando uno de los dos soldados que mantenían agarrado al prisionero… seguramente debido a que el primero que había hablado -a pesar de querer aparentarlo-, no había tenido nada que ver en la captura del joven de pelo verde…
-Le hemos pillado robando una barra de pan.
Aquí el joven se indignó.
-¡Nos robáis nuestro dinero con vuestros impuestos y no nos queda casi ni para comer…!- Gritó, en tono acusador, al General, que lo observaba inmóvil…
Entonces el muchacho notó cómo, a pesar de ser un día de calor abrasador, algo tapaba el sol de pronto a medida que unos pasos enérgicos se dirigían hacia él…
Recibió un fuerte golpe en la cara con el puño metálico del soldado que había hablado en primer lugar…
-¡Cómo te atreves a faltarle el respeto a nuestro gran General! ¡Vosotros los rateros siempre esgrimís las mismas excusas para hacer vuestras fechorías…!- Le vociferaba al oído, escupiéndole mientras lanzaba aquella perorata -sabiéndose observado por su superior-…
El General -al que no se le veía bien el rostro, ensombrecido por la intensa luz que caía del cielo- torció el gesto.
-¡Basta! Soltadle ahora mismo y dejadle aquí. Quiero hablar con él- dijo, tranquilizando el tono progresivamente…
Los soldados -sobretodo el primero- no entendían nada; pero, aunque muy sorprendidos, obedecieron sin rechistar y se retiraron, con una reverencia final -y de más- por parte del soldado, que veía alejar sus posibilidades de ascenso inmediato…
El joven, viéndose de pronto libre de la presa ejercida por aquellos dos matones -y las abominables maneras del que quería parecer su líder-, se sintió desprotegido ante aquel individuo tan alto y corpulento, el cual, sin duda, le imponía…
-¿De modo que ese es el concepto que tienes de nosotros, eh muchacho?- Le preguntaba, condescendientemente, el General.
Aquel, que no sabía qué era lo que quería de él, no sabía cómo responder…
Pero el General no esperaba respuesta alguna. Se giró hacia la extensión del patio y señaló en sentido amplio hacia los soldados que entrenaban en el mismo…
-Mira. Observa bien a tu alrededor. ¿Sabes la diferencia entre ellos y tú?- Le preguntó, dirigiéndole una mirada inquisitiva que hizo dar al joven un par de pasos atrás…
Este, sintiéndose absolutamente fuera de lugar, negó torpemente con la cabeza… El General le dedicó una sonrisa sospechosa.
-Futuro. Ellos tienen un futuro- hizo una pausa.- Y tú, si quieres, también puedes tener un futuro…- Le tentó.
Entonces el joven abrió mucho los ojos. Pensó en las penalidades que estaba pasando su familia y en las cosas que él se veía obligado a hacer para conseguir comida o medicinas…
No tardó en tomar una decisión. Miró al tipo y -a pesar de que no confiaba totalmente en él- asintió, decidido.
Pero no hubiera hecho falta: el jefe absoluto de los soldados ya había visto la decisión en su mirada… Y sonrió, satisfecho.
-Muy bien, muchacho. ¿Cómo te llamas?- Quiso saber.
El joven sabía que ya no había vuelta atrás.
-Han.

Han trataba de recuperar su arma… pero, inexplicablemente, aquel ser abyecto era extraordinariamente fuerte con tan solo dos dedos…
-Es una lástima Han…- Comenzó a hablar el General, mientras mantenía el forcejeo…- Yo vi algo en ti. Pero tú nunca te dejaste doblegar… Insististe en mantener tus ideas propias… Y mira cómo has acabado.
Han, durante un segundo, casi se lo cree.
-En eso siempre has sido el mejor, Taisho… A cuántos como yo les irías con el mismo cuento…- Le acusaba, apretando los dientes por el esfuerzo…
Al General se le borró la sonrisa del todo del rostro. Nadie se atrevía a llamarlo por su nombre… y estaba demasiado acostumbrado a ello…
-Veo que ya no tienes remedio- resolvió…
Ahora fue Han el que llegó a sonreír…
-Ya iba siendo hora de que te dieses cuenta… ¡Taisho!- Dijo esto último con intención clara de fastidiar -y distraerle- al tiempo que recuperaba el sable de un tirón…
Pero comprobó, no sin inquietud, que el General ahora estaba enfadado…
-Basta de tonterías. Has perdido tu oportunidad. Y yo mi paciencia…- Dijo esto último arrastrando las palabras, a medida que se enfurecía más y más…
Xin se llevaba las manos entrelazadas y cerradas a la boca; Han se preparaba para el inminente ataque… más fuerte que nunca… Al General se le ensombrecieron los ojos…
Y casi hubiera sido preferible no verlos.
-¡¡¡Muere!!!- Gritó, con una potencia pulmonar inusitada, haciendo que Han llegara a sentir miedo… mientras se tiraba hacia él…
El gigante volvía a blandir el arma, con intención evidente de destrozar a Han de una vez por todas… se preparaba para dar un tajo oblicuo descendente…
Pero Han se sentía recuperado.
Saltó lo más alto que pudo, apartándose al máximo de la veloz y letal hoja que desgarraba el aire… Y entonces el golpe dio en el suelo.
Han no se lo podía creer. El brutal sablazo de su oponente creó una enorme grieta en la superficie que llegó hasta la pared más cercana, destruyendo otra de las armaduras completas de paso, y cortando el tapiz colocado en la pared superior… Xin se echó hacia delante, incrédula…
-No… No es posible… Es un monstruo temible…- Decía Han, anonadado, aún en el aire, contemplando la hendidura en el suelo de varios metros de longitud…
Entonces Taisho miró hacia arriba… Tenía al traidor a tiro… Han se dio cuenta de esto: estaba vendido.
Antes de saltar, el General esbozó una sonrisa triunfal.
-¡¡Nooo!!- Exclamó Xin, desesperada…
Taisho, de forma inexplicable, “voló” hasta encontrarse frente a frente con Han, a punto de cortarle en dos por la mitad…
-¡Se acabó!- Anunció, lanzando su ataque, ante un indefenso Han que no podía hacer más que ver cómo se acercaba a toda velocidad el frío filo de aquel gran sable…

sábado, 2 de agosto de 2014

El Profesor

El Profesor



Era de noche. Algunas nubes habían comenzado a aparecer en el cielo, cubriéndolo parcialmente de jirones rosados debido a la contaminación lumínica de la ciudad. Así y todo, aquella noche parecía más oscura de lo normal… Jan caminaba por la solitaria calle que llevaba a su instituto, al cual tendría que acudir bien pronto por la mañana; llevaba a su fiel amigo Scoob, que prácticamente tiraba de él en aquellos momentos…
-Scoob, tranquilo… todavía nos queda un rato para llegar a casa…- Le decía, notándolo inquieto…
Entonces, mientras trataba de controlar los “forcejeos” de su can -un espécimen joven de beagle-, algo le llamó la atención. Alzó la vista para comprobar que no se había equivocado: efectivamente, había una luz en una de las ventanas del instituto; concretamente, una de las pertenecientes a las aulas de prácticas…
-Vaya…- No pudo evitar sorprenderse. ¿Quién podría querer estar a aquellas horas en aquel sitio, en el que cada día contaba los segundos para salir…?
Lo siguiente que vio no pudo quitárselo de la cabeza en las horas siguientes: una extraña sombra, que podría ser cualquiera, pero… ¡¿qué le pasaba a su cabeza?! Jan parpadeó varias veces para fijarse mejor; no lo volvió a ver… No sabía si se lo había parecido… pero juraría que aquello tenía cuerpo de hombre y cabeza… eran como tentáculos o algo así…
Entonces la luz se apagó. Jan decidió que debían irse de allí cuanto antes…
Durante el resto del camino a casa, Jan no podía dejar de visualizar, una y otra vez, aquella imagen grotesca que le había parecido tan real…

A la mañana siguiente, como de costumbre, lo despertó el despertador, al cual “calló” de un manotazo. Durante unos minutos todo era normal y rutinario. Un día más había empezado… aunque -como era habitual-, no como a él le gustaría. Y es que no entendía por qué motivo tenía que ir a un sitio que no le gustaba, para escuchar cosas que no le interesaban, explicadas por unos tipos que parecían detestar más que él mismo aquello que le estaban contando
Solo había una cosa que le hacía levantarse de un salto de la cama antes de que la repetición programada hiciera sonar la alarma otra vez: Amanda. No es que tuviese alguna posibilidad con ella -pertenecía a una especie de banda de chicas que no miraban con muy buenos ojos a tipos como él-, pero siempre le habían gustado los imposibles, pensó mientras dirigía la mirada a un telescopio que apuntaba directamente a Júpiter…
Y es que la habitación de Jan estaba repleta de pósters de planetas y nubes estelares, y algunas maquetas hechas por él mismo de misiones espaciales ya en desuso…
Jan era un chico de catorce años; rubio, con el pelo no demasiado corto, y ojos verdes; de altura y complexión medias; en aquellos momentos comenzaba a vestirse con sus habituales vaqueros azules y su camiseta blanca con una ilustración de la “Voyager I”; ya hacía calor en el recién estrenado verano, lo cual le recordó -mientras se calzaba sus deportivas grises con cámaras de aire- que el final de curso (tan anhelado por él) estaba a la vuelta de la esquina…
Salió de su habitación tras comprobar que llevaba en su mochila todo lo necesario y se dirigió al baño que quedaba a continuación por el pasillo del piso superior. Una vez ante el espejo, apretó el tubo de pasta dentífrica -blanca con bandas rojas- sobre el cepillo de dientes y entonces se acordó.
La imagen del día anterior. Casi se había olvidado. Un estremecimiento lo invadió de pronto y se quedó unos segundos mirando su cara asustada en el espejo…

Sonaba el último timbre que indicaba que las clases iban a comenzar y Jan llegaba corriendo por la calle, atravesando la entrada del instituto y aminorando la velocidad para recobrar el aliento, encaminándose hacia la puerta en la que se amontonaban los alumnos -como él- rezagados…
Y entonces la vio más adelante: era Amanda. Como de costumbre, aparecía de brazos cruzados y cara de pocos amigos, apoyada contra la pared en actitud desafiante y flanqueada por sus dos amigas (más que amigas, algo así como sus secuaces)… Jan, como solía hacer, bajaba la mirada hacia el suelo e intentaba acelerar el paso cada vez que la tenía cerca… Aquella chica le imponía en todos los sentidos…
Amanda era una joven morena, con el largo pelo con volumen recogido en una cola; sus ojos eran castaño oscuro y siempre tenía expresión malhumorada; vestía con pantalones tejanos muy cortos y gastados (incluso rotos), botas marrones y una camiseta de manga corta blanca, además arremangada, que dejaba ver su esbelta figura; estaba haciendo un globo con su chicle de mora cuando vio pasar al de siempre por delante…
-¡Eh, tú!- Le espetó de pronto, sorprendiendo incluso a las otras dos…
Jan en un principio no se detuvo; esperaba que no se estuviera dirigiendo a él. Pero Amanda, que no iba a consentir que pasara de ella, dejó de apoyar la espalda en la pared y fue derecha hacia el joven…
-¡Te digo a ti! ¿Estás sordo?- Le asaltó, dándole un manotazo en la espalda que casi lo desequilibra…
Jan no sabía qué hacer. Veía que los demás le ignoraban totalmente (no querían problemas) y se apresuraban a entrar en el centro… Estaba atrapado.
-¿Qué pasa, jefa? ¿Quieres que nos encarguemos de este palurdo?- Intervino una de las seguidoras de Amanda, una chica gruesa, de pelo negruzco, malcarada y de ojos pequeños…
-Sí, nosotras le espabilaremos…- Decía la otra, más delgada, con el pelo del color de la paja y recogido en una trenza, que llevaba aparato dental, mientras se crujía las manos mirando con desprecio a su nueva “presa”…
Jan estaba comenzando a asustarse cada vez más; era de sobras conocida la reputación de aquella banda… Pero Amanda las detuvo con un gesto de la mano, sin apartar la vista del cabizbajo chico…
-Vosotras podéis iros. Yo me encargo de este- dijo estas últimas palabras con tono amenazador…
Aquellas dos se miraron un momento y, encogiéndose de hombros, asintieron a su jefa y se dirigieron con paso ligero al interior del edificio.
Ahora ya solo quedaban Jan y Amanda fuera. Jan se percató de esto tras mirar a su alrededor.
-Oye… Deberíamos entrar. Todo el mundo…- Trató de decir…
Pero se vio violentamente cortado.
-¡Cállate!
Jan se quedó paralizado. No se atrevió a decir nada más. Comprobaba cómo aquella chica, a la que temía tanto como admiraba, comenzaba a caminar a su alrededor, mirándolo fijamente y sin entender muy bien lo que pretendía…
Pero cada vez la tenía más cerca. Además de verla a pocos centímetros de distancia pudo oler su perfume natural… no olía a chica mala, precisamente… Entonces se detuvo ante él, mirándolo con severidad.
-Puedes irte. No me interesas nada- le dijo.
Jan, a pesar de verse al fin “liberado”, no se sentía nada bien; le habían dolido profundamente aquellas palabras… Con la cabeza más gacha todavía, se dio la vuelta sin decir nada, ni mirarla, y se fue lentamente hacia la puerta… Mientras caminaba, no podía ver cómo trataba de emerger el arrepentimiento en el rostro de la joven, que no dejaba de mirarle…
Una vez Jan llegó a la puerta, se vio sorprendido por la irrupción de la figura del conserje ante él…
-Muy bien, chico. Informaré de inmediato y hoy te quedarás castigado- le comunicó, implacable.
“¡Oh, no!”, se lamentaba el joven… Pero vio que ahora el conserje –un hombre ya mayor, delgado, con pelo gris y bigote- alzaba la vista por encima de su cabeza y se disponía a hablar otra vez…
-Y tú también, bonita.

Por varios motivos, Jan se encontraba en aquellos momentos abatido, sentado en su silla de la segunda fila en clase de química… En el asiento provisto con mesa individual de al lado, Don lo miraba con curiosidad.
-Jan, ¿qué te pasa?- Le preguntó en voz baja, controlando con la mirada que el profesor no les viese cuchichear…
Jan pareció despertar de golpe y se giró hacia su amigo, tratando de centrarse en aquel momento y aquel lugar…
Don era un muchacho entrado en kilos, de piel bastante oscura, pelo muy corto, moreno, y ojos color miel; vestía con pantalones anchos blancos, unas zapatillas que casi parecían sandalias, negras, y una camisa de manga corta bastante ancha -debida a su corpulencia- de un naranja oscuro, que llevaba por fuera; Jan se lo quedó mirando durante unos instantes…
-Ah… Nada, nada… Solo pensaba… en mis cosas…- Decidió contestarle.
Don, que sabía que no se lo estaba diciendo todo, no insistió, esbozando una sonrisa en su rostro amable y volviendo a prestar atención a la clase de formulación.
Entonces Jan se armó de valor y buscó con la mirada a Amanda -con la que coincidía en aquella clase-… Y la vio. Pero tuvo que desviar la vista de inmediato al comprobar que ella ya le estaba mirando… y con una expresión nada amistosa…
¿Pero qué había hecho él?, se preguntó con amargura.
Finalmente acabó el día… aunque no para Jan. Como le comunicaron desde el despacho de dirección, habría de quedarse una hora más por haber entrado tarde después de haber sonado el timbre…
-“¡Anda! No se lo he dicho a Don…”- Se dio cuenta, pensando que se extrañaría de que no le estuviera esperando para volver juntos a casa…
Bueno, mañana se lo explicaría, resolvió.
Y allí se encontraba, solo en la clase. La luz del sol iluminaría la estancia aún bastantes horas más; la verdad es que era un sitio agradable y tranquilo. Decidió que aprovecharía para adelantar algo del trabajo que tenía acumulado…
Entonces, alguien pasó por delante de la puerta abierta que había delante, al fondo del aula a la derecha… Jan alzó la cabeza, desviando la atención de lo que estaba haciendo y miró hacia allá: no había nadie. Pero -estaba seguro- tenía la misma sensación que la noche anterior cuando había pasado por delante del instituto sacando a Scoob… Trató de no hacer caso a lo que notaba y de centrarse en la ingente cantidad de trabajo que aún tenía por delante…
Ahora notó que volvía a haber alguien en la puerta: era Amanda, que estaba con medio cuerpo asomado, lanzándole una mirada… Jan dejó torpemente el boli sobre la hoja que estaba escribiendo y se puso nervioso…
-Hola…- La saludó, lo más amablemente que pudo…
Pero aquella chica parecía tenérsela jurada…
-Me han castigado por tu culpa- le soltó, acusándole.
Jan no se lo podía creer. La indignación le “ayudó” a dirigirse a ella sin balbucear…
-¿Culpa mía? Pero si fuiste tú la que…
Pero Amanda le interrumpió dando un fuerte manotazo en la puerta que resonó en el aula vacía. Jan se quedó impresionado por la fuerza que la chica había empleado… pero lo que no sabía era que Amanda trataba de disimular el daño que se había hecho en la mano…
-Eres idiota- le dijo ella, mostrando absoluto desprecio, con las lágrimas a punto por el dolor que sentía…
La joven desapareció de inmediato y -ahora que él ya no la veía- se llevó la mano a la dolorida, cogiéndosela con fuerza y acelerando el paso…
Jan, que ya estaba prácticamente recuperado de lo de antes, volvía a sentirse fatal… Tanto que, aunque intentó retomar lo que estaba haciendo, soltó el boli y se levantó para dar vueltas por la clase, tratando de calmarse…

Amanda, pasó de largo por delante de su aula en la que, al igual que Jan, debía permanecer por espacio de dos horas; aunque ella no sabía que estaría una más que él… Se dirigió al baño, a tratar de calmar la mano con agua fría… Cuando entró, como era normal, no había nadie; de hecho, había un silencio al que ella no estaba acostumbrada. Recordaba con tristeza que en su casa, cuando sus padres no se estaban peleando, era ella misma la que gritaba desesperada cuando estos le recriminaban sus actos de rebeldía… Pero, en cambio, allí no había ruido, gritos, golpes en la mesa, ni portazos; tan solo el aire entrando con calma por la ventana abierta… Después de verter agua en la mano dolorida durante un par de minutos, aprovechó para entrar un momento al excusado.
Pero, cuando comenzaba a desabrocharse los cortos pantalones, oyó claramente cómo alguien cerraba la puerta del baño y echaba el pestillo…
-¡Ey! ¿Qué haces? ¡Estoy aquí!- Protestó, sin importarle quién pudiera haber sido…
Salió del habitáculo y fue directa a la puerta, forcejeando para intentar abrirla, sin resultado…
-¡Oiga! ¡Que me han dejado encerrada!- Se quejaba más alto, comenzando a dar manotazos a la puerta con la mano que no le dolía…
Pero era inútil. Tras varios minutos gritando y dando golpes, desistió. Confiaba en que alguien fuese a comprobar que todo estuviera en orden y la abriesen… Tal vez había sido la estúpida de la mujer de la limpieza, con la que ya había tenido sus más y sus menos; pero algún profesor notaría su ausencia e iría a buscarla, esperaba… o quizá aquel… Sacudió la cabeza de inmediato.
Tan solo se sentó en el suelo, apoyándose en la pared donde se encontraba la pequeña ventana del segundo piso, justo debajo, acurrucándose y abrazándose las rodillas desnudas con los brazos, mientras hundía la cara entre las mismas… sintiéndose más sola que nunca…

Después de recorrerse la clase de arriba abajo, haciendo innumerables recorridos entre los pupitres, Jan acabó sentándose en uno diferente pero cerca de donde se encontraban sus cosas; parecía que el cansarse le había ayudado a tranquilizarse…
La verdad es que se estaba bastante bien en aquel sitio; así daba gusto ir a clase, pensó… Tan cómodo se sentía que cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la cabeza, que le quedó ladeada, recordando -aunque no estaba en aquellos momentos muy seguro por qué- que no había dormido demasiado bien aquella noche… perdiendo poco a poco el sentido de la realidad…

Jan abrió los ojos súbitamente. Los primeros instantes fueron de confusión total: ¿dónde estaba? Entonces se acordó. No podía ser. ¡Se había quedado dormido! Se giró hacia los ventanales que había a un lado del aula… Estaba anocheciendo.
-¡Oh, no, no, no, no, no…!- Repetía, frenético, mientras se levantaba de un salto y recorría la clase sin sentido, llevándose las manos a la cabeza…
Cuando consiguió calmarse lo suficiente pudo empezar a pensar con claridad…
-Vale, vale… Tiene que haber alguien en el edificio. Sí. Tiene que haberlo…- hablaba solo, convenciéndose a si mismo…
Salió del aula tras recoger atropelladamente sus cosas y dejarlas en uno de los asientos de la primera fila. El pasillo tenía las luces apagadas y casi no se veía nada; aquello le dio muy mala sensación a Jan, que volvía a ponerse nervioso…
-¡Hola! ¿Hay alguien?- Decía, alzando la voz en aquel lugar oscuro y solitario… A Jan le asaltó un inquietante pensamiento: que no había nadie allí. Trató de sacárselo de la cabeza…
-¡Hola!
En el baño, Amanda despertó. También se había quedado dormida. Notaba los surcos en la cara producidos por las lágrimas, ahora secos. No tardó en darse cuenta de lo que había pasado; ni del motivo por el cual se había despertado…
-Ey…- Se levantó del suelo al continuar escuchando la voz de Jan, que reconoció enseguida…- ¡Ey! ¡Estoy aquí!- Gritó, dando golpes en la puerta, con ánimos renovados…
Entonces Jan se detuvo. Oía los golpes… y a duras penas las voces. Pero la identificó en cuanto se quedó un instante escuchando.
-Pero…- Comenzó a mirar hacia todos lados…
La llamada no parecía provenir de ningún aula; Jan estaba prácticamente convencido de que venía de los baños… Fue derecho hasta allí.
-¿Hola? ¿Estás ahí?- Preguntó el joven nada más llegar…
Amanda sintió como si le quitaran un peso de encima.
-Estoy aquí. Me han encerrado…- A su pesar, no pudo evitar que aquello sonara de forma lastimosa…
Jan trató de abrir la puerta.
-Está cerrada- le dijo desde el otro lado.
A Amanda le cambió la cara.
-¡Ya lo sé! ¡¿Por qué te crees que estoy aquí?! ¡¿Por ti…?!- Se calló de golpe al escucharse a si misma…
A Jan también le sonó raro aquello… Se puso a valorar la situación y tuvo una idea.
-Voy a la planta baja. Quizá la puerta de conserjería está abierta y puedo encontrar las llaves…- Propuso.
A Amanda le pareció buena idea.
-Bien- tan solo dijo, desanimándose de nuevo ante la espera -que podría ser infructuosa- que se le avecinaba…
Pero Jan no perdió un momento y se puso en marcha a toda prisa. Sabía que Amanda dependía de él. Se sorprendió de pronto dirigiéndose a aquella chica por su nombre, aunque fuera en sus pensamientos…
Mientras Jan se alejaba, una sombra siniestra emergió de una de las aulas que quedaban al otro lado del pasillo, cerca de allí; en su cabeza se movían de forma sinuosa lo que parecían numerosos tentáculos mientras emitía un sonido sibilante… Se acercó a la puerta del baño donde estaba encerrada Amanda…
La puerta cedió y la chica abrió mucho los ojos, a punto de gritar, antes de desmayarse y quedar tendida en el suelo, a los pies de una silueta de forma humanoide, alta y de amplia espalda…

Jan había bajado todo lo deprisa que podía, por las escaleras laterales del edificio, los dos pisos que lo separaban de la planta baja, donde estaba ubicada la conserjería… se plantó ante la puerta de color rojo y manilla blanca… Cerrada. Se asomó a través de la ventanilla -también sellada- al interior vacío. Volvió a intentarlo, aún sabiendo que no serviría de nada…
Entonces se giró y vio lo que necesitaba: un equipo contra incendios… que contaba con un hacha. Sin pensárselo dos veces, y diciéndose a si mismo que era fuerza mayor, rompió con el codo el cristal que indicaba que había que hacerlo en caso de incendio… Sacó el hacha con cuidado y se plantó ante la ventanilla por donde cabría sin mayor problema…
-Vamos allá…- Se preparó, animándose al recordar que los habían dejado encerrados allí, olvidándose completamente de ellos…
El cristal se rompió con estrépito pero sin excesiva dificultad. Tras asegurarse un camino seguro, libre de cristales, trepó hasta el mostrador que normalmente ocupaba una mujer que se encargaba de atender hasta el mediodía… Buscó con la mirada y rebuscó en estantes y cajones… Las encontró colgadas en la pared y había bastantes.
-¡Esta es!- Exclamó triunfal al ver que unas estaban etiquetadas con la palabra “mágica”: “baños”.
La cogió, salió por donde había entrado y emprendió el ascenso para liberar a Amanda…
Una vez arriba, no perdió tiempo diciendo una palabra y comenzó a tantear las llaves, probando cuál de aquel fajo sería… mientras lo hacía, le extrañaba no oír nada del otro lado… Al fin la llave giró.
Pero, al abrir la puerta, no lo entendía. No estaba. Entró y miró -tocando a la puerta previamente- si no estaría en el excusado… Pero allí no había nadie más que él.
-No puedo creerlo…- Comenzó a decir en voz baja, empezando a sentirse muy mal de nuevo y a malpensar…
No había otra explicación: le había tomado el pelo. Seguramente se había encerrado ella misma y le había hecho hacer el panoli para nada… Pero, ¿para qué tantas molestias…? Aunque pronto decidió dejarlo estar y largarse a su casa cuanto antes…
Salió de los baños femeninos, indignado, y se dirigió hacia el aula donde tenía sus cosas…
Entonces oyó algo. Como cristal rompiéndose… Venía del otro lado del piso… de la parte donde estaban situadas las salas de los profesores. De todos modos podía pasar por allí; así que, olvidándose de recoger su mochila, se acercó para ver qué pasaba… quizá aquella chica tan desagradable con él le había preparado otra patraña…
Pero, a medida que se aproximaba a la sala -la única que estaba abierta- le pareció ver, cada vez con más claridad, una luz rosada que hacía efectos extraños en el ya muy negro pasillo… Jan se acercó despacio… Y entonces lo oyó.
-Estate quieta estúpida. Tu amigo ya se habrá ido a su casa al ver que le has tomado por tonto… Y eso es, seguramente, lo que pensarán todos. Por eso eres perfecta- decía una voz masculina, grave y anormal…
Jan se alarmó al escuchar la voz de Amanda…
-¡Mmpf! ¡Mmmm!- Parecía estar amordazada…
Ahora Jan echaba de menos el hacha que había utilizado antes… Y, sin pensarlo, decidió que debía actuar.
Se plantó ante la puerta abierta y quedó anonadado por el espectáculo. Al fondo de lo que era el laboratorio de química, había una especie de remolino de luz de color rosado que giraba a toda velocidad… Hacía cada vez más ruido… Y hacia allí llevaba a Amanda, en brazos, un tipo alto y ancho de hombros, con bata blanca… y tentáculos en la cabeza.
¿Era el profesor nuevo que había llegado para hacerse cargo de las prácticas de química? El profesor, al percatarse de la presencia de Jan, se detuvo cuando ya había metido un pie en el portal… Amanda estaba seguramente drogada…
-Maldición- se quejó el tipo -cuya cara era violácea como sus tentáculos y tenía dos enormes protuberancias rojas como ojos- mirando a Jan con fastidio…- Quédate ahí. Ahora vuelvo- le dijo y desapareció con Amanda tras el remolino de luz…
Jan no sabía qué hacer. Se hubiera lanzado tras ellos, pero… ¿Adónde habían ido?
Cuando comenzaba a acercarse tímidamente al portal -cuyo murmullo no dejaba de aumentar- vio que iba apareciendo aquel ser por el mismo… Solo tendría aquella ocasión. De modo que cogió lo primero que encontró, una probeta con un líquido burbujeante, y se abalanzó sobre aquel maldito…
-¡Toma!- Exclamó, lanzándole el contenido a la cara.
Aquel, que no se lo esperaba, trató de cubrirse con las manos…
-¡¡Uaaaaaaaaargh!!- Gritaba de dolor mientras aquella sustancia parecía corroerle el extraño rostro…
Jan aprovechó y se lanzó al portal.
-¡No! ¡Debo comprobar los efectos que producen las radiaciones prolongadas de la Dimensión w en el cuerpo de una joven humana…! Protestaba el parlanchín impostor…
Tras notar cómo se le subía el estómago a la boca, Jan apareció en un lugar extrañísimo: el suelo era terroso, pero de tonos rosas y violetas, levantándose polvaredas debido a las fuertes rachas de viento que asolaban aquel exótico lugar… Jan pudo vislumbrar, mientras trataba de protegerse los ojos, hasta tres lunas en un cielo -como ondulado- de color púrpura…
Y entonces la encontró. Amanda estaba en el suelo, inconsciente, a escasos metros de donde él se encontraba…
-¡Amanda!- La llamó.
Inesperadamente, vio que llegó a moverse… Fue corriendo hacia ella, a pesar de la insistente oposición eólica…
-Has… Has venido…- Hablaba la chica, débilmente, mientras Jan se agachaba y comenzaba a cogerla en brazos…
Jan se giró con Amanda. El viento arreciaba con más fuerza. Y el portal, que parecía estar ahora muy lejos, comenzaba a cerrarse…
-¡Vamos!- Se urgió el joven a si mismo, sujetando bien a la chica para que no cayera debido a las sacudidas infernales de aquel viento loco…
Se aproximaban… más cerca… el agujero era cada vez más pequeño…
Lo consiguieron. Atravesaron el portal y aparecieron en el laboratorio, cerrándose el remolino tras ellos…
Entonces, tras cesar el movimiento de papeles volando y el tintineo de frascos agitándose, Jan cayó en la cuenta: ¡el profesor!
Pero ya no estaba. Entonces Jan notó que Amanda despertaba… la colocó con cuidado en el suelo, sosteniéndole la cabeza… La chica lo miró, aún débil…
-Gracias- dijo, con una sonrisa sincera en su agotada cara.

Salieron ambos por la puerta principal; Amanda ya por su propio pie. La noche era cerrada a aquellas horas. Jan dejó las llaves puestas dentro, confiando en que nadie se acercara lo suficiente para darse cuenta. Y, juntos, treparon por la verja que los separaba del exterior… Una vez fuera, se quedaron unos segundos en silencio…
-Bueno…- Comenzó a decir Jan, sin saber muy bien cómo continuar…
Amanda sonrió, nerviosamente.
-Bueno…- Dijo también.
Ambos rieron, sintiéndose nerviosos…
Entonces, cuando parecía que los dos iban a decir algo casi a la vez, alguien les interrumpió.
-¡Jan! ¡Estás aquí!- Era Don, que se acercaba a ellos.- Fui a tu casa y, cuando me dijeron que no estabas, me extrañó…- Se detuvo y se calló al ver a Amanda, sorprendiéndose por ello…
Al ver su cara, Jan intervino enseguida.
-Estamos bien… Es una larga historia…- Dijo, no sabiendo por dónde empezar, al tiempo que buscaba los ojos de Amanda…
Esta le devolvió la mirada. Y ambos, bajo el cielo nocturno, y ante la cara de no entender nada de Don, se miraban, con expresión grave, preguntándose dónde aparecería el profesor sustituto en otra ocasión…



Fin