sábado, 28 de abril de 2012

El barco de madera

El barco de madera



Cerca de las montañas, en medio de extensas y verdes praderas y pastos, había dos casas no muy alejadas entre sí. En una vivía Jin y en otra Elia; ambos eran muy jóvenes. Jin tenía el pelo no muy corto, castaño y los ojos azules; Elia tenía el pelo no muy largo y casi liso, rubio y los ojos castaños. Eran muy amigos y pasaban mucho tiempo juntos. Les encantaba jugar, hablar, reír… en compañía del otro. Y así pasaba el tiempo.
Un día, cuando no faltaba mucho para que comenzara a anochecer, Jin y Elia estaban en la habitación de este, en el piso de arriba. Jin le quería enseñar a su amiga algo que para él era muy especial: un barco de madera. Lo había hecho él mismo y le había llevado bastante tiempo; era un barco muy sencillo con algunas partes pintadas de rojo. Elia lo miraba embelesada. Entonces, Jin se lo ofreció para que lo cogiera y pudiera verlo mejor… Pero Elia, aunque intentó tener cuidado, se le escapó de las manos y el barco cayó al suelo. El barco quedó roto en varios trozos… Elia se llevó las manos a la boca, abriendo mucho los ojos, horrorizada… Cuando miró a Jin, este estaba callado, mirando lo que quedaba de su barco con la mirada fija…
-Jin, yo… lo siento mucho…- Decía Elia, sintiéndose muy mal…
Jin al principio no dijo nada.
-Vete- dijo al fin.
Elia no se lo podía creer.
-Pero…- Intentó decir…
-¡Que te vayas!- Le gritó Jin con una furia que Elia no le había visto nunca, asustándose y yendo hacia atrás.
A la joven se le inundaron los ojos de lágrimas y se fue corriendo llorando.
Jin oyó abajo la puerta de la entrada cerrarse. Ya anochecía. Se agachó y recogió los trozos del barco.
-La odio- dijo sin parecer él mismo…

Pasaron los días y no volvieron a verse. Jin no le perdonaba a Elia que rompiera su barco de madera. Y su odio hacia ella permanecía. Incluso aumentaba…
Pero un día, Elia tocó a la puerta. Jin abrió y, para su sorpresa, se la encontró ante él. Elia estaba muy nerviosa y preocupada.
-Hola… ¿Aún estás enfadado…?- Dijo sin atreverse a mirarle a los ojos…
Jin no se lo pensó y cerró la puerta con un portazo.
-¡Fuera! ¡Y no vuelvas nunca más!- Gritó con todo su odio hacia ella…
Le pareció oír un sollozo y luego la oyó alejarse. Reprimió algo que le decía que fuese tras ella… Decidió que no se lo merecía…

Pese a que le había dicho que no volviera, pensó que, si había venido una vez, seguramente vendría otra…
Pero Elia no volvía.
Esto hacía enfurecer a Jin aún más. La odiaba todavía más. ¡¿Cómo se atreve, después de lo que ha hecho, a no intentar más veces ir a pedirle perdón?! Jin no lo soportaba.
Pasó el tiempo y Jin siempre estaba enfadado. Aunque pasaran los días, las semanas… no dejaba de estar enfadado con Elia; como si le hubiera roto el barco el día anterior…
Llegó un día en que se sentó en una butaca y se quedó mirando un antiguo reloj de pie que estaba enfrente. Esperaba que Elia volviera. ¡¿Por qué no volvía?!
Sentado, vio girar las manecillas del reloj muchas veces. A veces hacía frío… otras calor… A veces había más luz… otras menos… y las manecillas giraban, y giraban, y giraban…
Hasta que un día se dio cuenta que lo único que quería era volver a ver a Elia… Aunque fuera solo verla… La echaba muchísimo de menos. Siempre supo que ella rompió el barco sin querer… pero ahora se daba cuenta realmente. Solo se había preocupado de lo que él sentía… pero nunca de cómo se sentía ella… Recordó, con los ojos cada vez más húmedos, como ella había intentado acercarse a él y él la había tratado fatal…
Ella no se lo merecía… Ella no…
Se levantó al fin, con dificultad, de aquella butaca en la que, durante largo tiempo, algo muy doloroso había crecido en su interior… algo que él mismo había alimentado con su odio y su terquedad… Y solo había una manera de deshacerse de aquel dolor que era ya insoportable…
Pero cuando comenzó a caminar, notó que le costaba mucho… Se miró las manos: era un viejo… un viejo triste, amargado… y estaba solo. Había desperdiciado su vida odiando a la persona que más le importaba…
Intentó llegar a la puerta… pero cayó al suelo. Un agudo pinchazo en el pecho le indicaba que todo se había acabado…
Ya era demasiado tarde.


Jin abrió los ojos. Se levantó sobresaltado. Se miró las manos y vio que no era ningún viejo. El barco se había roto el día antes.
Sin cambiarse de ropa, descalzo, salió corriendo de la casa, atravesando los pastos a toda prisa bajo un cielo despejado y soleado, hasta llegar a la casa de Elia.
Llamó.
Elia abrió la puerta, también en ropa de dormir y descalza, con el cabello rubio aún sin peinar y los ojos tristes… Al ver a Jin reaccionó de inmediato y la preocupación apareció en su rostro…
-Jin… Lo siento mucho…- Casi rogaba...
Jin negó de inmediato con la cabeza.
-No, no… Perdóname tú a mí…
Elia abrió los ojos.
-Pero… tu barco…
Jin sonrió.
-No pasa nada. Todo está bien- le dijo de forma sincera con una sonrisa.
Elia sonrió, al tiempo que las lágrimas le caían por las mejillas blancas, y le rodeó efusivamente con los brazos el cuello echándose a llorar, aliviada y contenta. Casi se caen los dos, pero Jin le devolvió el abrazo, acariciándole el pelo para tranquilizarla. Jin sintió una alegría muy especial en su interior…

Aquel fue un día que siempre recordarían…

6 Warriors - Capítulo 10

6 WARRIORS

El hipnotizador.


Llegó el día siguiente. Una nueva y calurosa mañana totalmente despejada comenzaba en la escuela Heilong. Ya se habían acostumbrado a hacer la mayor parte de comidas del día a la sombra de los manzanos, siempre que el tiempo acompañara. Aquella mañana habían estado hablando sobre un asunto que el día anterior habían decidido posponer hasta ese momento: quién daría las clases a Bo de palo largo. No tardaron mucho en tomar una decisión: todos se turnarían a lo largo de la semana para compartir sus conocimientos con el recién llegado; incluso Huei aceptó darle clase un día de la semana… Bo insistió en pagarles las clases, pero los demás no aceptaron; todos, menos Huei, se mostraron encantados de ayudarle. Y es que Bo les había caído muy bien: siempre estaba tranquilo y de buen humor, propiciando que el cada vez mejor ambiente en la escuela mejorara aún más.
Yun había ido a desayunar con ellos, también para poder estar en la toma de la decisión de las clases de Bo; cuando todo quedó claro volvió a la fonda.
Huei, como de costumbre los últimos días, se reunió en el interior de la escuela con Xin; esta vez habían ido a una de las habitaciones vacías de la zona de alumnos. Los demás, a excepción de Bo, que aún no sabía mucho de todos ellos, se comenzaban a preguntar cada vez más intrigados cual debía ser el motivo de sus “reuniones”…
Gavin, como era habitual, se puso a practicar en la zona exterior. Yi, al cabo de un rato, salió y se puso a hacer lo mismo. A Gavin le daba la impresión que la actitud de Yi hacia él que había mostrado últimamente se había “suavizado”; que compartiese con él la zona de práctica hubiese sido impensable solo un día antes…
Cuando la mañana ya estaba avanzada, Gavin y Yi, notando el creciente calor, reflejado en el sudor que les recorría la frente y la cara, vieron como Xin salía del interior de la escuela y se dirigía a la salida junto al árbol. Llevaba un sombrero y una cesta de paja.
-¿Vas a salir, Xin?- Le preguntó Yi.
Gavin se enjugaba el sudor de la frente mientras atendía a la respuesta de Xin.
-Sí. No volveré muy tarde- dijo con una sonrisa que no le habían visto hasta ese momento.
Yi se alegró de que Xin estuviese tan animada, después de haberla visto tan triste, primero por todo lo que había pasado los dos últimos años, y luego por otro motivo, el cual estaba bastante segura de conocer…

Xin recorría las bulliciosas calles de Changshia con un muy buen estado de ánimo: había decidido que quería ayudar económicamente en la escuela; siempre se le habían dado bien las actividades de artesanía, de modo que tenía pensado comprar todo el material que pudiese para elaborar figuritas, objetos… y venderlos periódicamente en alguno de los mercados de la ciudad. Sabía que podía irle bien.
Cuando llegó al mercado recorrió atenta los puestos buscando todo aquello que pudiera serle útil. La cesta se iba llenando de materiales de todo tipo. Cuando decidió que ya tenía suficiente para comenzar escuchó sin querer la conversación que mantenían dos hombres,  ambos de unos treinta años, cerca de ella.
-¿Qué estás diciendo?- Preguntó el que era más bajo, incrédulo.
-En serio… El tipo estaba como ido… No hablaba, ni miraba a nadie… hasta que pasó un rato y siguió hablando como si nada…- Contaba el otro, perplejo.
Xin se detuvo e intentó escuchar mejor.
-Vamos a ver si lo he entendido… O sea que fuiste a aquel joyero para comprarle algo a esa chica que pasa totalmente de ti…- Esto no le hizo ninguna gracia a su interlocutor-…Y te encontraste con que estaba quieto, callado, con los ojos abiertos pero como si durmiera… como…
-“Hipnotizado”, llegó a la conclusión Xin.
Sin perder un segundo se dirigió a paso veloz hacia la escuela…

Han caminaba no muy lejos de allí, por una de las anchas y abarrotadas calles adyacentes al mercado. Hoy llevaba el casco puesto. Caminaba con paso lento pero continuo, vigilante. De vez en cuando, veía pasar a su lado a grupos de dos o más individuos que claramente eran miembros de bandas; observaba como iban de aquí para allá, despreocupados y confiados… Han no lo soportaba. Entonces, a lo lejos, más adelante, vio algo que le llamó la atención: un tipo cubierto por una lona, que andaba encorvado, se dirigía a una de las calles que atravesaban la actual, a la derecha. Había algo en aquel extraño individuo que le daba mala espina… Decidió seguirlo.

Xin llegó lo más rápido que pudo a la escuela Heilong. Sudaba y jadeaba levemente, cansada por el esfuerzo sumado al calor que a aquellas horas comenzaba a ser sofocante…
Gavin y Yi estaban sentados, no muy lejos el uno del otro, descansando un rato. Bo estaba sentado en los escalones que llevaban al interior de la escuela, contemplando un par de pajarillos que revoloteaban alrededor de un nido en lo alto del manzano. Entonces se percataron de la presencia de Xin.
-Ey, Xin- la saludó alegremente Gavin.
Pero Xin no sonrió y llegó a toda prisa a la altura de los demás.
-¿Pasa algo?- Le preguntó Yi.
En aquel momento Huei salía al exterior y se dirigía donde estaban los demás.
Xin intentaba recuperarse un poco… Entonces, entre ligeros jadeos, habló.
-Está aquí… en la ciudad…
Bo se levantó al percibir la tensión que se estaba creando en aquel momento…
-¿Quién está aquí?- Preguntó Gavin, sin tener ni idea de a quién se podía referir…
Xin pareció recuperarse casi del todo. Antes de hablar miró un momento a Huei…
-El hipnotizador- dijo ante la sorpresa de todos, a excepción de Bo que no se enteraba de nada…
Xin les explicó la conversación que había escuchado. Al terminar, Huei y Gavin se movilizaron de inmediato para salir en su busca…
-Debemos avisar a Yun; puede estar en peligro…- Dijo Yi.
Gavin asintió de inmediato y Huei no dijo nada.
-Xin… ¿puedes quedarte con Bo hasta que volvamos?- Le preguntó Yi.
Xin protestó.
-Puedo ayudar…
Huei, ante la sorpresa de los demás, se acercó a la joven y le puso las manos sobre los hombros.
-Ya estás ayudando… y mucho… pero puede ser muy peligroso- dijo Huei con una dulzura que nadie se esperaba…
Xin, a regañadientes, fue convencida por las palabras de Huei.
-Eeh, perdón… ¿Puedo ayudaros?- Se ofreció Bo.
Gavin se adelantó unos pasos.
-Mejor quédate con Xin. Si hay problemas os necesitaremos; probablemente para que tú nos dejes fuera de combate y que Xin nos despierte…
Bo no entendía nada de nada… pero aceptó quedarse.
Gavin, Huei y Yi estaban preparados para salir en busca del hipnotizador.

Se dirigieron a la fonda donde trabajaba y vivía Yun. Como de costumbre, las calles estaban llenas de transeúntes. Cuando faltaban unos metros para llegar, pudieron oír claramente jaleo proveniente del interior de la fonda…
-¡Maldito niñato! ¡¿Qué le estabas diciendo a mi mujer?!- Se oía a un hombre muy furioso desde el interior.
En ese momento, de la fonda salió corriendo Yun, que se detuvo un momento al ver a Gavin, Huei y Yi…
¡Ah, hola! ¡En un rato estoy con vosotros!- Dijo y se fue corriendo calle arriba al tiempo que un hombre no muy alto salía atropelladamente del interior de la fonda, miraba frenéticamente de izquierda a derecha y, tras ver alejarse a Yun, fue tras él…
Gavin, Huei y Yi contemplaban la escena inicialmente sorprendidos… pero luego en absoluto…

Han llevaba un rato internándose en las cada vez más estrechas calles buscando a aquel tipo extraño al que había perdido la pista… Pero sabía que tenía que intentar dar con él… por algún motivo…

Gavin, Huei y Yi estaban en el interior de la fonda, sentados en una mesa algo apartada esperando a que Yun “volviera”. No habían pedido nada. Les llamó la atención al entrar la animación que se respiraba en el lugar; al rato comprendieron que Yun era el responsable…
Al cabo de un rato, este apareció por la puerta principal y, ante la sorpresa de Gavin, Huei y Yi, la clientela prorrumpió en sonoros aplausos y vítores mientras Yun hacía rápidas reverencias en varias direcciones, ligeramente abrumado…
-Gracias, gracias- decía hasta que vio a los demás y se dirigió a la mesa en que se encontraban.
Cuando estaba a medio camino, Qi se puso delante de él bruscamente.
-¡Yun!- Le dijo con un tono de reprobación.
-Je, je, lo siento, lo siento…- Sonrió cerrando los ojos mostrando (solo en parte…) cierta culpabilidad.
Esto no pareció convencer a Qi, que se fue sin quitarle la vista de encima a atender otra mesa.
Cuando llegó a donde estaban Gavin, Huei y Yi, vio que había una silla vacía que le estaban guardando. Al sentarse, apareció Hui.
-¡Hui!- Exclamó, como si no hubiera pasado nada…
Ella le respondió con una mirada fulminante que no pasó inadvertida a ninguno de los demás…
-Eeeh… Hui… te presento a mis amigos: Gavin, Huei y Yi. Ella es Hui- dijo levantando la mano hacia la joven con la palma hacia arriba.
Gavin y Yi sonrieron a Hui y la saludaron; Huei hizo un leve gesto con la cabeza sin cambiar su expresión. Hui les devolvió la sonrisa y el saludo, pero le cambió de nuevo la cara cuando volvió a hablar Yun…
-Hui, ¿puedes traernos cuatro vasos de jugo de menta…? ¿Por favor…?- Pidió sin saber muy bien cual sería su reacción…
-Por supuesto- dijo sonriendo amablemente a los demás, cambiando una vez más la expresión cuando se encontró con la sonrisa culpable de Yun, al tiempo que comenzaba a dirigirse hacia la barra.
-Bueno, chicos… Me alegro de veros por aquí- les dijo, ya no tan alegre tras las miradas “asesinas” de Hui…
-En realidad, tenemos que hablar contigo de algo- comenzó Yi.
Yun prestó atención al ver que la cosa parecía importante…
-Parece que el hipnotizador está en la ciudad…- Comenzó a decir Gavin.
Gavin y Yi le explicaron a Yun lo que Xin había averiguado, mientras Hui les traía las bebidas.
Al terminar se quedaron momentáneamente en silencio. Yun se quedó pensando unos instantes.
-Es evidente lo que quiere decir lo del joyero…- Dijo Yun.
-Sí- estuvo de acuerdo Yi.
Huei asentía.
Gavin los miraba alternativamente sin comprender…
-¿Qué es lo que es evidente?- Preguntó.
Los demás se callaron unos instantes, preguntándose si lo decía en serio…
-Pues, que si se llevó algo de un joyero… es que hay una mujer con él- aclaró Yun ante el asentimiento de Huei y Yi.
Gavin se quedó mirando a Yun.
-¿Cómo lo sabes?- Preguntó, con expresión de no tener ni idea de lo que quería decir…
Yun iba a hablar para intentar que lo comprendiera, pero Yi, harta de que Gavin no se enterara, interrumpió bruscamente mientras Huei negaba levemente con la cabeza y los ojos cerrados…
-La cuestión es que pensamos que puedes estar en peligro… Él te conocía- le dijo a Yun.
Gavin intervino.
-Vamos a salir en su busca ahora mismo.
Yun reaccionó.
-Contad conmigo- dijo levantándose al tiempo que mostraba el puño apretado.
Ya hacía unos instantes que se terminaron sus vasos. Gavin, Huei y Yi se levantaron y siguieron a Yun que se dirigía a la puerta mientras hablaba hacia la barra.
-¡Señor Leng, volveré luego!- Dijo levantando una mano.
El señor Leng estaba secando un plato cuando asintió sonriendo saludando con la mano a los demás, que le devolvieron el afable saludo, a excepción de Huei, que también lo devolvió pero inclinando levemente la cabeza cerrando los ojos.
Salieron al exterior.
-Bien, creo que lo mejor es que nos separemos para abarcar más en la búsqueda- propuso Yun.
Los demás mostraron su conformidad.
-Pues yo iré por ahí- dijo Yun señalando la dirección por la que había salido corriendo un rato antes perseguido por aquel marido “celoso”…
-Yo iré en la dirección contraria, hacia el mercado- Dijo Yi.
Huei comenzó a caminar por la calle larga y transitada que se extendía ante él.
Entonces Gavin se dio cuenta de algo.
-¡Un momento!- Exclamó haciendo que todos se detuviesen de golpe.
Le prestaron atención, extrañados...
-Yo no sé cómo es el hipnotizador…
Los demás casi se caen de espaldas.
-Pero si iba con nosotros a la escuela Heilong…- Decía Yun sin explicárselo mientras Huei miraba hacia el cielo y Yi se llevaba una mano a la frente negando con la cabeza hacia el suelo con los ojos cerrados…
Gavin frunció el ceño, sin entender aún porqué debería él saber quién era aquel tipo…
-Está bien. Sígueme- dijo Huei ante la sorpresa de todos.
Gavin asintió, aún sorprendido, y comenzó a caminar en la misma dirección que seguía Huei… Yun y Yi se miraron, asintieron y comenzaron a alejarse uno del otro.
La búsqueda había comenzado…

Al pasar un buen rato, y tras atravesar varias calles cada vez más desiertas, Yun caminaba por una en lo que no había absolutamente nadie… hasta que oyó algo tras él.
-¿Eh?- dijo girándose.
Ante él había un tipo extraño, encorvado, cubierto por una vieja lona gris. No se le veía la cara. Yun se inquietó…
-¿Eres Yun…?- Preguntó aquel tipo con una voz rota.
Yun no contestó de inmediato, intentando escrutar sus intenciones…
-Sí… ¿por qué?- Contestó.
Entonces aquel tipo se abalanzó a toda velocidad hacia él y Yun vio como le atacaba con el brazo izquierdo lateralmente al tiempo que saltaba esquivándolo… Desde el aire pudo ver algo extraño que llevaba en la mano antes de que impactara contra una gran vasija que estaba en la pared y que se rompió por la parte superior comenzando a derramar el agua que contenía…
Al caer al suelo, Yun se colocó en guardia.
-¡¿Quién eres?!- Exclamó.
Vio que en la mano del brazo que extendía súbitamente llevaba un guante con tres largas y anchas cuchillas a modo de garras, de las cuales aún caía agua…
-Me han encargado que te mate- dijo ante la expresión de alarma de Yun al ver su rostro amenazante…

Yi caminaba rumbo al mercado, por el cual venía y al cual se dirigía mucha gente, como era habitual. Entonces se detuvo al ver que una chica algo más mayor que ella estaba delante, mirándola con una sonrisa maliciosa… Yi dio unos pasos hasta acercarse lo suficiente y ver que esta seguía mirándola de la misma manera…
-Contigo quería yo hablar…- Dijo la joven misteriosa sonriendo aún más malévolamente casi cerrando los ojos y sacando de detrás, del cinturón, un abanico que extendió haciendo un sonido metálico amenazador…
Yi, alarmada, se puso en guardia.

Gavin iba caminando un poco detrás de Huei, ya que este era el que sabría reconocer al hipnotizador... La calle no era muy ancha pero era de las más bulliciosas de la ciudad. El cielo comenzaba a oscurecerse por la irrupción de nubes que tapaban el sol.
-Creo que ya sé por qué has dicho que podía seguirte…- Comenzó a decir Gavin-Quieres provocar al hipnotizador para que dé la cara…- Dijo Gavin convencido.
Huei no dijo nada y siguió andando. Gavin tampoco insistió.
Al cabo de un rato, después de que Gavin mirara hacia todas partes sin ver a nadie que le resultara sospechoso, vio que Huei se detenía.
-¿Mm?- Se interesó Gavin.
-Ahí está- dijo Huei sin poder ocultar un deje de impaciencia en su voz…
Más adelante, aún tapado en ocasiones por la gente que se cruzaba, caminaba el joven de pelo gris que miraba en aquellos instantes a un lado con la expresión pensativa y el ceño ligeramente fruncido, sin percatarse de la presencia, a unos metros de distancia, de Gavin y Huei…

domingo, 22 de abril de 2012

Información

¡Hola! Acontinuación muestro una relación de las series y escritos finalizados publicados hasta el momento en el blog.

Series.
-Detective Night.
 1ª etapa: capítulos 1-3
 2ª etapa: capítulos 4-12
-Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto.
 1ª etapa: capítulos 1-3
 2ª etapa: capítulos 4-12
-6 Warriors.
 1ª etapa: capítulos 1-12 (los capítulos 10, 11 y 12 serán publicados a partir de la semana próxima.)

Historias cortas y escritos finalizados.
-La bestia.
-Un crucero de pesadilla.
-Adia.
-La casa corredora.
-Antes de la batalla.
-El dragón solitario: partes I, II y III.

No he incluído en la relación los avisos, etc.
"Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto" es una serie ya finalizada; aunque, quién sabe, Onto podría volver en cualquier momento...

¡Muchas gracias y hasta la semana que viene!

viernes, 13 de abril de 2012

6 Warriors - Capítulo 9

6 WARRIORS

Un auténtico soldado.


Pasaron tres días desde que se tuvo noticia de la caída de la banda de la Guadaña. Lo que no se sabía era quiénes (porque se consideraba que debían haber sido bastantes…) habían derrotado a aquellos tipos tan peligrosos… Solo una persona lo sabía: el camarero de la fonda no diría nada (aunque no le faltaban ganas y motivos para ello) sobre la identidad del que había conseguido librarles de aquellos extorsionadores; sabía que Bo podría tener problemas con las autoridades…
Eso sí… lo que no echaría de menos era el pozo sin fondo que tenía por estómago…
Bo siguió su camino.

En la escuela Heilong las cosas se habían normalizado bastante. Huei ya no estaba tan taciturno; incluso se le había visto hablar bastante con Xin…
Lo que sí que parecía ir a más era la actitud de Yi con Gavin. Este no sabía ya qué pensar… Ahora le daba la sensación de que ella le evitaba… Y, por supuesto, no le dirigía prácticamente la palabra, pese a que Gavin estaba seguro de que no le había dado motivos para ello…
Hacía rato que habían terminado de comer. La luz del día indicaba que la tarde no tardaría mucho en comenzar a llegar. Yun había traído algunas cosas de la fonda para compartir con los demás. En ese momento comenzaban a ir cada uno por su lado: Huei se había subido a una de las ramas del manzano; solía hacerlo a menudo y pasaba horas en silencio, pensando… Yun y Gavin comentaban recuerdos de cuando estaban en aquella misma escuela tiempo atrás mientras ayudaban a Yi y Xin a recogerlo todo. Esta última lavaba los cubiertos con las mangas arremangadas.
Entonces, al pasar unos instantes, alguien comenzó a golpear el doble portón de entrada de la escuela. Todos lo escucharon de inmediato y dejaron de hacer lo que estaban haciendo. Al principio nadie dijo nada… Volvieron a oírse varios golpes más.
-¡Eeeyyy! ¡¿Hay alguien ahí?!- Preguntó una voz de un joven.
Gavin y Yun se miraron un momento interrogándose con la mirada sobre qué debían hacer…
-¡Hooolaaa! ¡Estoy buscando un maestro del palo largo!- Insistió el joven desconocido.
Gavin asintió dirigiéndose a Yun que le respondió de la misma manera y fue corriendo hacia la puerta ahora parapetada.
Y entonces ocurrió algo que les alarmó. Yun se frenó en seco…
Varios de los tablones clavados que formaban el parapeto comenzaron a moverse ligeramente mientras aquel que estaba detrás de la puerta intentaba abrirla… Incluso varios de los troncos que sujetaban la doble puerta llegaron a vibrar ligeramente…
Yi y Xin habían llegado con los demás. Yun se giró un momento para buscar que alguien dijera algo sobre lo que deberían hacer. ¿Quién era el que estaba ahí fuera?
-¡Eeyyy! ¡Hoolaaa!- Seguía insistiendo el joven.
La doble puerta recibió una embestida, dejando a todos sorprendidos; pero no llegó a ceder…
Entonces Yun decidió ir a ver de una vez de quién se trataba. Tendría cuidado de no ser visto…
Se acercó al muro y saltó ágilmente sobre el mismo a unos metros de la puerta doble. Entonces se fijó bien en el visitante. Era Bo.
Estaba a punto de irse, cuando Yun decidió que aquel tipo no parecía peligroso; pese a la demostración de fuerza que había mostrado…
-¡Eh! ¡Aquí!- Le llamó la atención.
Bo se giró mirando a su alrededor hasta que vio a Yun subido en lo alto del muro.
-¡Hola! ¡Me llamo Bo! ¡Creía que no había nadie!- Decía con una sonrisa jovial.
-¡Hola! Mi nombre es Yun. ¿Querías algo?- Le hablaba con amabilidad.
Bo miró hacia el cartel de la escuela.
-Me enteré de la existencia de esta escuela y venía buscando a un maestro que me pueda enseñar a manejar el palo largo.
Yun se fijó en el palo largo de bambú que Bo llevaba a la espalda.
-Ninguno de nosotros es maestro… Lo siento…
Bo no pudo ocultar la decepción que comenzaba a aparecer en su rostro…
-…Pero todos sabemos manejar el palo largo… Creo que algo se podrá hacer- Dijo Yun sonriendo.
A Bo le volvió a cambiar la cara.
-¿Ves aquel árbol…?- Le dijo Yun señalándole el árbol donde se encontraba la entrada secreta.
Bo asintió.
-Ve y verás en el suelo una trampilla.
Bo se quedó mirando la puerta doble de entrada de la escuela.
-¿Y la puerta?- Preguntó extrañado.
Yun asintió comprendiendo su extrañeza.
-Entra por la trampilla y ya lo verás.
Bo accedió al interior. Huei no le quitaba la vista de encima; por si acaso… Los demás parecieron tranquilizarse al verle... No le consideraban una amenaza.
-¡Hola, soy Bo!- Dijo alegremente poniéndose en jarras.
Todos menos Huei llegaron a su altura.
-Hola, yo soy Gavin.
-Yo soy Yi.
-Yo me llamo Xin.
-Y aquel del árbol es Huei- aclaró Yun.
Huei frunció ligeramente el ceño, con cierto fastidio…
Me alegro de conoceros… ¡Oh! Vaya…- Exclamó al ver el montón de tablones y los troncos que formaban el parapeto-¿Qué es lo que ocurrió aquí?
Gavin, Yi, Xin y Yun no dijeron nada mientras se intercambiaban miradas…
-Es una larga historia…- Resolvió Yun.

En uno de los barrios más peligrosos de Changshia, no muy lejos del centro de la ciudad, un soldado imperial caminaba por sus calles. Era un joven de dieciocho años, con el pelo bastante largo y algo rebelde, de color verde y ojos azul oscuro; vestía con la armadura del ejército imperial: grisácea con los guanteletes, grebas, hombreras, peto y  volante de color rojizo; a un lado de la cintura llevaba un sable largo; no llevaba casco.
Caminaba mirando a su alrededor, con una expresión seria… Los que se cruzaban con él, gente miserable en su mayoría, lo miraba con temor más que respeto…
Llegó a las puertas de una taberna. El cielo se había cubierto con nubes oscuras y parecía más tarde de lo que realmente era. A un lado de la puerta, el soldado se fijó en que había un chaval, de unos quince años, sentado en el suelo; tenía la mirada perdida, la boca abierta y una mano extendida apoyada en el suelo con la palma hacia arriba, esperando que alguien le diera alguna moneda…
El joven soldado sabía qué es lo que haría aquel chaval con lo que consiguiera sacar… Su expresión se endureció.
Miró hacia la puerta de entrada y se dirigió de inmediato al interior.
En el interior no había clientes. La taberna era una tapadera para la verdadera ocupación de los que estaban ahí dentro… La estancia era sucia y oscura. Había cinco tipos, aparentemente sin nada que hacer, ocupando varias mesas… Entonces uno de ellos, al ver al soldado, se levantó de inmediato y se dirigió a su encuentro.
-Vaya, vaya…- Comenzó a decir con una sonrisa malévola mientras se frotaba las manos-No esperábamos que vinieran hasta mañana… Aún no tenemos la recaudación completa.
El joven soldado permaneció de pie, quieto y callado, sin cambiar de expresión.
-El negocio va mejor que nunca, je, je, je… Sus superiores no se podrán quejar…
Al soldado parecía habérsele endurecido aún más la expresión…
-¿Se ha fijado en el desgraciado de ahí fuera? Es uno de nuestros mejores clientes… Creo que ha dejado de comer para reunir antes lo que vale su dosis… ¡Ahora solo come lo que nosotros le damos, jua, ja, ja, ja, ja…!
El joven ya no pudo más. Algo en su interior estalló. Su mirada cambió y es lo que vio, sorprendido, el tipo que acababa de parar súbitamente de reír justo antes de que el soldado le diera un brutal puñetazo en la cara que lo mandó contra la barra. Cayó boca abajo al suelo.
Los demás se levantaron, mirándose los unos a los otros entre extrañados y asustados…
El joven se dirigió a los dos que tenía más cerca y a uno le dio un puñetazo en la cara que lo dejó inconsciente y al otro un codazo con el mismo brazo que le partió la nariz, el cual cayó al suelo dejando tras de si un chorro de sangre…
Los otros dos intentaron salir corriendo de la taberna… pero el soldado interceptó al primero propinándole un terrible rodillazo en el estómago que lo dejó sin respiración, y agarró con una mano por la cabeza al segundo, estrellándosela contra la mesa más cercana destrozándola…
El silencio se hizo durante unos instantes en la estancia. Entonces el joven se percató de que el primero al que había golpeado aún se movía…
-Uu… Uuugh… ¿Qué es lo que haces…? Tú deberías protegernos…- Comenzó a decir con la boca ensangrentada.
El joven soldado comenzó a caminar hacia la puerta.
-Ugh… Cuando se enteren estarás perdido…
El joven se detuvo, quedando de espaldas al tipo que se dolía en el suelo…
-Ya lo sé- dijo mientras desenvainaba el sable ante la mirada de terror de aquel, que permanecía en el suelo abriendo totalmente los ojos…
Al cabo de un rato, el joven soldado salió al exterior al tiempo que envainaba su sable.
Se detuvo en medio de la desierta y oscurecida calle. Entonces, del lado contrario, de entre las sombras, apareció una figura.
-Han, ¿qué haces aquí?- Preguntó una voz femenina.
El joven se giró y vio llegar a una joven soldado como él del ejército imperial, de diecisiete años, con una larga melena violeta, con volumen, recogida en una cola y los ojos del mismo color; la armadura que portaba no podía disimular sus pronunciadas curvas y a un lado de la cintura llevaba una espada.
-Feng…- Dijo, algo desconcertado de encontrarla allí.
Feng se lo quedó mirando; luego miró hacia la taberna y le pareció vislumbrar algo desde donde se encontraba a través de la puerta de entrada… No dijo nada y se dirigió al interior. Han se quedó en el mismo sitio.
Al pasar unos minutos, Feng salió de la taberna, con la expresión imperturbable.
-Ya lo has vuelto a hacer…- Le dijo a Han con un tono que no consiguió llegar a ser de reproche.
Han no contestó. Feng llegó a su altura, situándose a su lado dirigida hacia la misma dirección que Han, cerrando los ojos con leve resignación.
-Espero que entiendas de donde sale la financiación del ejército del Emperador…
Al principio Han no contestó.
-Yo no me hice soldado para esto…- dijo al fin.
Ahora fue Feng la que no contestó. Y comenzó a dirigirse por donde había venido Han.
-Delátame si quieres…- Le dijo el joven.
Feng no se detuvo.
-Ya te delatarás tú solo- le dijo Feng alejándose sin cambiar su expresión y actitud altiva.
Cuando Feng se hubo perdido de vista, Han se giró hacia el chaval que había visto antes. Estaba tirado en el suelo, con los ojos en blanco y la boca totalmente abierta, aún con la mano extendida… Probablemente estaba muerto.
Han se lo quedó mirando unos instantes, sin cambiar su expresión, y se encaminó por donde había venido Feng.

En una de las bulliciosas calles de Changshia, la gente iba de aquí para allá; no faltaba mucho para que comenzaran a regresar a sus hogares. Unos cuantos niños jugaban con una pelota. Uno de ellos la lanzó demasiado fuerte de una patada ante las protestas de otro que salió corriendo a buscarla. La pelota chocó contra una figura totalmente envuelta en una especie de lona gris raída y sucia.
-¡Perdone señor!- Se disculpó el niño al recoger la pelota, la cual regresó a sus manos.
Entonces, la figura se giró hacia el niño y este vio un rostro con expresión dura, ojos blancos con el ceño fruncido, una nariz grande y puntiaguda y un pañuelo color gris más oscuro que le cubría la boca y gran parte de la cara.
El niño, abrió los ojos y la boca con los dientes apretados emitiendo un sonido de sorpresa mientras salía corriendo presa del miedo.
La figura siguió avanzando, ligeramente encorvada, perdiéndose entre el gentío…

En una calle no muy lejana, caminado ante la atenta mirada de todo aquel que se fijaba en ella, iba una joven, de dieciocho años, muy atractiva, con el pelo azul oscuro en una media melena, ojos negros y la piel muy blanca; iba maquillada; vestía con un vestido rojo oscuro sin mangas y que le quedaba por encima de las rodillas, ajustado pero flexible, marcando de forma evidente sus prominentes encantos, un delgado cinturón marrón oscuro y unas botas altas marrones. Caminaba contoneándose mientras fumaba en una fina pipa.
Entonces, un joven de unos veinte años con un fino bigote mal afeitado se le acercó torpemente sin poder ocultar su ansiedad…
-¡Eh, señorita! ¡¿Le gustaría ir a tomarse algo conmigo?!- Le decía intentando llevar, de espaldas, el acelerado ritmo de la joven.
Esta sonreía de forma burlona.
-Vamos… Aquí cerca…- No pudo terminar de hablar.
En unos segundos notó varias punzadas en diversas partes del cuerpo. Sin saber qué había ocurrido, calló de rodillas, con los ojos muy abiertos, mientras en las zonas donde había notado las punzadas comenzaba a notar un dolor creciente… creciente… Terrible.
-¡Uuuuaaaaaah!- Chillaba, desesperado, aquel joven mientras varias personas se arremolinaban a su alrededor…
La joven se alejaba sin haber disminuido el ritmo en ningún momento, guardándose un abanico plegado en el fino cinturón, a la espalda, mientras se alejaba sonriendo de forma maliciosa.

Ya era de noche en la escuela Heilog. Yun había vuelto a la fonda; Bo se había quedado dormido en su habitación; y Huei y Xin volvían a estar reunidos en la habitación que esta última compartía con Yi.
Yi se encontraba apoyada sobre la barandilla que rodeaba el edificio, contemplando las estrellas titilantes de aquella noche despejada.
Gavin, tras decidirse después de un buen rato, se acercó a ella.
-Eeh… Yi…- Dijo, más nervioso de lo que se esperaba…
Yi se sobresaltó.
-Ah… Hola…- A Gavin le pareció que ella también estaba nerviosa…
Gavin se terminó de acercar.
-Eeeh… Verás… Yo…- la verdad es que no sabía qué debía decir…
Yi volvió a dirigir su mirada hacia el cielo.
-Yi… Lo que quería decirte es que… si hay algo que haya hecho que te haya molestado… pues que lo siento- Consiguió decir al fin.
Yi no contestó.
-No has hecho nada…- Dijo la joven tras unos instantes.
Gavin ya no sabía qué más decirle…
-Bueno… Pues… Buenas noches, Yi…- Le dijo antes de comenzar a alejarse, titubeante.
Cuando Gavin se hubo alejado, Yi suspiró sin dejar de mirar el cielo nocturno.
-Este no se entera de nada…

En una taberna de la ciudad, en la barra, un joven de diecisiete años con el pelo gris, no muy corto y casi de punta, y los ojos del mismo color, con ojeras, acababa de terminar de cenar. El tabernero, al percatarse, se dirigió al joven.
-¿Desea algo más?
El joven dejó los palillos en el plato y se terminó su jarra de zumo de coco.
-No. Por cierto…- Le comenzó a decir mirándole fijamente a los ojos-No le debo nada.
El tabernero se quedó con la mirada fija en los ojos de aquel joven.
-No me debes nada…- Repitió como ausente…
El joven se levantó. Iba ataviado con una capa marrón oscuro con la capucha atrás. Salió al exterior y se quedó quieto unos instantes en medio de la calle. Alguien se acercaba por su derecha.
Apareció el tipo que había asustado al niño y se detuvo cerca del joven. Este sonrió sin variar su mirada llena de malignidad.
Entonces, una figura se acercó contoneándose a su izquierda. Era la joven del vestido rojo oscuro, la cual lo rodeó con los brazos apoyándose en su espalda mientras lo miraba con expresión lujuriosa… Entonces el joven habló.
-Y ahora, veamos si aquel creído hizo bien su trabajo.

sábado, 7 de abril de 2012

6 Warriors - Capítulo 8

6 WARRIORS

La banda de la Guadaña.


Pasaron varios días. Gavin y Huei ya se encontraban restablecidos de sus heridas producidas durante el combate. Pero no se dirigieron la palabra en todo aquel tiempo… En realidad, Huei no hablaba con nadie; permanecía todo el día ensimismado y sumergido en sus pensamientos. Por su expresión parecía como si siguiera hipnotizado…
Gavin había notado algo diferente en Yi. Ella le miraba de una forma diferente… aunque siempre parecía estar a la defensiva. Gavin no sabía exactamente cual debía ser el motivo de sus reacciones y actitud hacia él…
Xin ya se encontraba totalmente recuperada. Parecía como si todo lo vivido durante los últimos dos años hubiera sido una horrible pesadilla… Aunque, desde que se enterara de que Feng estaba en la ciudad, en ocasiones, no podía ocultar una expresión de profunda tristeza…
Yun iba a visitarles todos los días cuando los quehaceres en la fonda se lo permitían. En realidad eran los momentos en que más conversaciones y risas se podían escuchar aquellos días en la escuela Heilong (Dragón Negro).
Un día, al atardecer, Gavin se encontraba practicando en el exterior. De vez en cuando, observaba a Huei, que se encontraba con la mirada perdida apoyado en uno de los manzanos de la entrada, como si nada ni nadie le importara… Gavin le daba por imposible y continuaba con lo suyo.
Entonces, como cada día, aunque no siempre a la misma hora, apareció Yun saltando ágilmente por la muralla. Pero al llegar al suelo, Gavin observó que se dirigía con paso veloz hacia él con una expresión seria, casi de preocupación…
-Gavin…- Le dijo con un tono que le confirmaba sus pensamientos.
-Hola, Yun. ¿Te ocurre algo?
Yun se detuvo al llegar a su altura.
-He recordado algo… Algo importante- dijo al tiempo que llevaba la vista hacia Huei al percatarse de su presencia. Este parecía ajeno a la llegada de Yun…
-¿Qué has recordado?
Yun dudó unos instantes mientras seguía mirando hacia Huei.
-¿Te acuerdas que estuvimos hablando sobre quién pudo haber hipnotizado a Huei…?- Dijo bajando la voz.
-Sí… Llegamos a la conclusión que no teníamos la menor idea de quién podía haber sido…- Contestó Gavin comenzando a intrigarse…
Yun asintió.
-Xin dijo que tenía que haber sido alguien que nos conociera a ti y a Huei… Y, por supuesto, debía ser alguien que no os tenía mucho aprecio…
Gavin escuchaba atentamente.
-…Creo que sé quién podría ser ese “alguien”- sentenció Yun.
Gavin se giró un momento en la dirección en la que se encontraba Huei y, durante un instante, le dio la impresión de que este estaba escuchando atentamente la conversación… Se volvió a girar hacia Yun.
-¿Quién?- Le preguntó.
Yun estaba muy serio y, al mismo tiempo, con la expresión de quien ha descubierto algo y tiene que comunicarlo enseguida…
-Piensa, Gavin… Acuérdate cuando estuvimos aprendiendo aquí, en la escuela… ¿No te acuerdas de cierto alumno que siempre os dirigía miradas asesinas a ti y a Huei?
Gavin se quedó unos segundos intentando recordar.
-No… La verdad es que no sé a quién te refieres…
Yun se dio cuenta de algo.
-Claro… Eso es porque vosotros no os dabais cuenta… Pero yo sí. En muchas ocasiones pude comprobar como os miraba con auténtico odio cuando superabais pruebas o mostrabais más nivel que la mayoría…
Gavin seguía sin recordar y así se lo hizo saber a Yun negando con la cabeza.
-Ni idea… ¿Y cómo se llamaba?
Yun abrió la boca para contestar… pero él tampoco lo sabía.
-Ya sé a quién te refieres- dijo una voz conocida a unos metros detrás de Gavin.
Este y Yun se giraron de inmediato y vieron sorprendidos a Huei que estaba de pie ante ellos.
-¡Huei!- Exclamó Yun, aún no muy seguro de lo que aquel haría ahora…
-Os aseguro que lo mataré- dijo de forma contundente ante la inquietud de Yun y Gavin…

Al día siguiente, el sol brillaba con fuerza al mediodía. La ciudad de Changshia continuaba con su rutina; a esas horas había menos gente por las calles, incluso las principales, debido a que era la hora a la que la mayoría comía, y al cada vez más intenso calor…
Cerca de uno de los mercados de la ciudad, en una pequeña fonda que tenía mesas en el exterior, en una zona cubierta por una lona para proteger de los persistentes rayos del sol, una mesa llamaba la atención de todo aquel que pasaba por allí cerca…
Una columna de platos colocada de forma desigual, ocultaba parcialmente a un joven de diecinueve años, bastante corpulento, con el pelo muy corto y negro con tonos grises, ojos castaño oscuro y piel algo oscura, que comía… devoraba un plato de arroz con salsa de almendras dulces. Tenía algunos granos de arroz en la cara. Vestía una amplia camisa verde oscuro de mangas largas recogidas, cinturón amarillo ancho, pantalones marrón oscuro y botas grises. A un lado, apoyado en la pared, tenía un palo largo hecho con caña de bambú.
El camarero, un hombre menudo de mediana edad con un fino bigote, venía corriendo a traerle el siguiente plato justo cuando el joven terminaba con el que estaba…
-¡Uaaa! ¡Esto está buenísimo!- Decía mientras paladeaba el último bocado.
El camarero hacía una leve reverencia en agradecimiento mientras sonreía de forma algo nerviosa…
-Mu… Muchas gracias… ¿Algo más?
El joven comenzó su nuevo plato, tallarines con salsa de piña, antes de contestar...
-Mmm… Creo que con esto estará bien- Dijo con la boca llena.
El camarero observó la columna de platos y se decidió a hacer la pregunta que había estado posponiendo hasta aquel momento…
-Eeeeh… Perdone, señor… ¿Quiere que le diga ya cuanto va a tener que pagar…?- Preguntó con nervios evidentes.
Las no demasiadas personas que pasaban por allí se quedaban con la boca abierta y los ojos de par en par al ver el montón de platos acumulado…
Entonces el joven se detuvo. Comprendió lo que aquel menudo y nervioso camarero estaba queriendo decir. De una bolsa que tenía en el suelo, a un lado, cerca del palo largo, sacó una bolsita más pequeña atada con un pequeño cordel; lo colocó sobre la mesa y se escuchó claramente el peso y el tintineo de una gran cantidad de monedas.
El camarero pareció tranquilizarse y sonrió cerrando los ojos a la vez que hacía una leve reverencia; ahora ya no parecía tan nervioso… El joven siguió comiendo el que había considerado que sería el último plato… por el momento.
Satisfecho, y con una amplia sonrisa cerrando los ojos, se estiró estirando los brazos con los puños cerrados y se levantó de la silla; se dio unas leves palmadas en su prominente barriga… Recogió el palo y se lo sujetó a la espalda; luego se colocó la bolsa. Entró en la fonda y se dirigió al encuentro con el camarero, que se encontraba limpiando una mesa, para pagarle.
-Muchas gracias, señor… Vuelva cuando quiera…- Le iba diciendo el camarero con una sonrisa de satisfacción al joven mientras este se iba alejando levantando una mano en respuesta.
Cuando salió al exterior, ligeramente aturdido por todo lo que había comido, se quedó en medio del camino, mirando a izquierda y derecha alternativamente sin saber por donde continuar…
Mientras tanto, a su espalda, dos individuos con el pelo rapado y vestidos de la misma manera (chaqueta cruzada sin mangas color lila oscuro y pantalones anchos negros; muñequeras largas, cinturón ancho y zapatillas sencillas del mismo color que la chaqueta) entraban en la fonda. Al cabo de un rato salieron hablando y riendo de forma burlona…
El joven, que durante todo aquel rato estuvo en el mismo sitio intentando decidirse por tomar un camino u otro, observó como aquellos dos tipos se alejaban, portando uno de ellos una bolsa que probablemente llevaba monedas. Se giró y observó al camarero que le había atendido sentado en una mesa, con las manos sobre la cabeza…
Decidió entrar de nuevo y pudo observar como el camarero tenía una cara de enorme preocupación… Parecía que se fuera a poner a llorar en cualquier momento…
-¡Con lo que habíamos ganado hoy gracias a aquel chaval del estómago sin fondo…!- Exclamó sin tener en cuenta quien le pudiera estar escuchando…
-Oiga. Perdone- Le intentó llamar la atención el joven levantando ligeramente el dedo índice.
-¿Mm?- El hombre le prestó atención sin cambiar de expresión-¡Oh! ¡Vaya! ¿Cu… Cuanto tiempo hace que estás ahí…?- Preguntó, temeroso de que le hubiera escuchado…
-Disculpe… ¿Quienes eran aquellos dos que han salido ahora mismo de aquí?- No parecía que lo hubiese oído… O no se había dado por aludido…
Aquel hombre volvió a recordar… y volvió a venirse abajo.
-¿Quiénes van a ser…? Son los miembros de la banda que controla esta zona… Tenemos que pagarles “impuestos” todas las semanas a cambio de “seguridad”- del abatimiento estaba pasando a la indignación…
El joven se quedó un momento pensativo.
-¿Y sabe donde tienen su cuartel general?
El hombre parecía empezar a estar molesto de tener que seguir hablando…
-Sí… ¿Por qué?
El joven caviló unos instantes más y comenzó a sonreír.
-Le propongo un trato… Si me dice donde están, yo iré a recuperar su dinero y me encargaré de que no le vuelvan a molestar más… A cambio… Me dejará comer y cenar gratis durante tres días- dijo totalmente satisfecho de su propuesta.
El hombre se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos, dudando de si se trataba de una broma o no… Entonces se fijó en el palo largo de bambú que llevaba a su espalda…
-¡De acuerdo!- Dijo golpeando con un puño sobre la mesa-Si lo haces… que no podrás porque te matarán… comerás y cenarás sin pagar aquí durante tres días- respondió con decisión-Por cierto, ¿cuál es tu nombre?- Le preguntó justo cuando el joven iba a irse.
-Mi nombre es Bo- dijo sonriendo y señalándose con el dedo pulgar.

Bo salió al exterior cuando ya empezaba a anochecer. Caminó un rato siguiendo las instrucciones del camarero de la fonda; según este, el cuartel general de la banda de la Guadaña no estaba muy lejos… A aquellas horas ya no había mucha gente por las calles; la mayoría había vuelto a sus casas; y Bo esperaba que todos los miembros de la banda estuviesen reunidos… Aquel hombre le dijo que eran diez más el jefe, al que llamaban “El Maestro de la Guadaña”…
Al cabo de un rato, al fin llegó ante un viejo caserón con un piso superior, cuyos alrededores estaban cubiertos de maleza y plantas mal cuidadas. En la puerta estaba uno de los miembros de la banda, vestido como los dos que había visto antes, fumando en pipa tranquilamente, apoyado con los brazos y las piernas cruzadas a un lado de la puerta de la entrada del muro que rodeaba el cuartel.
-¡Eh!- Le llamó la atención, sin darle mucha importancia, a Bo al ver que se aproximaba a su altura sin dejar de mirarlo…
El guardián se quitó la pipa de la boca y se dispuso a hablar cuando Bo se plantó delante de él… Pero no pudo emitir sonido porque Bo le estampó la palma de la manaza en toda la cara… El guardián se quedó con la cara en una mueca con la mirada perdida antes de caer inconsciente al suelo. Bo cruzó la entrada.
Comenzó a recorrer el caminito que llevaba a la puerta cuando vio a su derecha que dos miembros de la banda se encontraban hablando cerca de un árbol…
-¡Oye! ¿Tú quién eres?- Se adelantó uno caminando- Veo que te han dejado pasar... ¿Acaso conoces a…?
Bo no le dejó acabar propinándole un puñetazo en el estómago que hizo que casi se le salieran los ojos de las órbitas… El otro, que venía detrás, se alarmó; y más todavía al ver el palo largo de bambú a la espalda de aquel intruso…
-¡Alarma! ¡Alarma! ¡Un intruso! ¡Un intrus…!
Bo le había lanzado al primero con tal fuerza que ambos quedaron fuera de combate. Pero la alarma había sido escuchada. Del interior del caserón comenzaron a oírse voces y mucho movimiento…
Bo abrió la puerta con una patada. Al entrar se encontró a cuatro miembros de la banda, armados con palos cortos, que le rodeaban…
-¡Iaaaah!- Bramó uno a su izquierda lanzándose a la carga…
Bo lo interceptó dándole un manotazo en la cara hacia el suelo… No se levantó…
Los otros le miraban con creciente temor… Incluso retrocedieron levemente…
-¡Quién huya morirá!- Alguien dijo desde el piso superior.
Bo y los otros tres miraron hacia arriba y vieron a un individuo con una guadaña al final de las escaleras. Entonces, al observar este el palo largo de Bo, desapareció de la escena… Pero aquellas palabras hicieron reaccionar a los tres que cercaban a Bo…
Uno de los que tenía a su derecha se dirigió corriendo hacia el joven… y este lo “recibió” con una patada en el estómago que lo envió varios metros hacia atrás chocándose con una mesa y varias sillas.
Otro a su izquierda atacó… y Bo le dio un manotazo con el dorso de la mano que lo estampó contra la pared.
El que quedaba le atacó con la punta de ambos palos cortos… pero Bo los cogió, los elevó junto a su atacante, y lo hizo descender violentamente contra el suelo.
Ninguno de aquellos cuatro parecía que le fueran a molestar más…
Comenzó a subir las escaleras. Entonces, uno de los miembros de la banda, rapado como todos los demás, emergió de la oscuridad y se lanzó saltando con una patada en el aire a toda velocidad hacia Bo…
-¡Haaaaiiiii!- Gritaba en el aire…
Bo, sin cambiar la expresión de mezcla de tranquilidad e indiferencia, le agarró por la pierna con una mano al llegar a su altura y, aprovechando la inercia que llevaba, lo lanzó hacia abajo, haciendo que se estrellara sobre una mesa que se hizo añicos causando gran estruendo… Siguió subiendo sin prisa pero sin pausa por la escalera…
Al llegar arriba, se encontró en una gran estancia casi vacía de mobiliario… y a otros dos miembros de la banda ante él, en guardia. Tras ellos, portando una guadaña, el que probablemente era el cabecilla…
-¡Tranquilo, Maestro! ¡Le detendremos!- Afirmó uno de ellos antes de dirigirse corriendo en dirección a Bo.
-¡Sí!- Exclamó el otro haciendo lo propio.
Cuando el primero le iba a dar un puñetazo en la cara a Bo, este le dio de revés con el brazo derecho cerrando el puño y lo envió hacia una ventana, atravesándola causando estruendo de cristales rotos, y haciendo que se quedara fuera de combate sobre las ramas del árbol… El segundo, que llegó inmediatamente después, recibió una potente palmada de Bo con una mano, que inclinó al tiempo el cuerpo hacia delante, enviándolo varios metros hasta pasar al lado del cabecilla y estamparse contra la pared.
El “Maestro de la Guadaña” estaba de pie ante Bo, temblándole las piernas, sudando y con una expresión de furia y miedo…
-Mal… Maldita sea… ¡¿Quién eres tú?!- Dijo con una voz alterada por la rabia y el temor…
Bo comenzó a caminar tranquilamente hacia él.
-Mi nombre es Bo. Y se han acabado tus días de recaudador. Solo sois unos ladrones- decía mientras caminaba sin detenerse…
El cabecilla apretó los dientes y se adelantó comenzando a hacer girar la guadaña con fuerza en el aire, haciendo varios tajos en el vacío que resonaban en la amplia estancia… Parecía que había ganado suficiente confianza y comenzó a sonreír y reír crecientemente, con malicia…
Bo seguía acercándose… En ningún momento se había detenido…
Finalmente, Bo se encontró ante el “Maestro de la Guadaña”… Este, con la confianza por las nubes, ampliando su malévola sonrisa en la que mostraba los dientes, llevó la guadaña hacia atrás preparado para acabar con aquel desgraciado…
Pero jamás se hubiera podido imaginar que alguien tan corpulento pudiera llegar a ser tan rápido. Bo le golpeó súbitamente con ambas manos, como si diera una palmada, en la cabeza. Se quedó con la guadaña en alto, temblando y con los ojos en blanco… hasta que soltó el arma y cayó al suelo. La banda de la Guadaña había sido derrotada.
-A ver si me da tiempo a llegar a la cena- Dijo Bo poniéndose en jarras…

Bo encontró la bolsa con el dinero y se la devolvió al camarero de la fonda. Este no se lo acababa de creer. Entonces, volvió a observar el palo largo de bambú que Bo llevaba a la espalda y asintió contento y satisfecho.
-Y dime… ¿Les venciste utilizando increíbles técnicas con tu palo largo?- Le preguntó a Bo en tono distendido.
Este se extrañó al principio.
-No… La verdad es que no sé utilizarlo… Estoy buscando a alguien que me enseñe- Dijo con una expresión jovial mientras comenzaba a devorar el contenido de varios platos ante la atónita mirada de aquel hombre…