sábado, 7 de abril de 2012

6 Warriors - Capítulo 8

6 WARRIORS

La banda de la Guadaña.


Pasaron varios días. Gavin y Huei ya se encontraban restablecidos de sus heridas producidas durante el combate. Pero no se dirigieron la palabra en todo aquel tiempo… En realidad, Huei no hablaba con nadie; permanecía todo el día ensimismado y sumergido en sus pensamientos. Por su expresión parecía como si siguiera hipnotizado…
Gavin había notado algo diferente en Yi. Ella le miraba de una forma diferente… aunque siempre parecía estar a la defensiva. Gavin no sabía exactamente cual debía ser el motivo de sus reacciones y actitud hacia él…
Xin ya se encontraba totalmente recuperada. Parecía como si todo lo vivido durante los últimos dos años hubiera sido una horrible pesadilla… Aunque, desde que se enterara de que Feng estaba en la ciudad, en ocasiones, no podía ocultar una expresión de profunda tristeza…
Yun iba a visitarles todos los días cuando los quehaceres en la fonda se lo permitían. En realidad eran los momentos en que más conversaciones y risas se podían escuchar aquellos días en la escuela Heilong (Dragón Negro).
Un día, al atardecer, Gavin se encontraba practicando en el exterior. De vez en cuando, observaba a Huei, que se encontraba con la mirada perdida apoyado en uno de los manzanos de la entrada, como si nada ni nadie le importara… Gavin le daba por imposible y continuaba con lo suyo.
Entonces, como cada día, aunque no siempre a la misma hora, apareció Yun saltando ágilmente por la muralla. Pero al llegar al suelo, Gavin observó que se dirigía con paso veloz hacia él con una expresión seria, casi de preocupación…
-Gavin…- Le dijo con un tono que le confirmaba sus pensamientos.
-Hola, Yun. ¿Te ocurre algo?
Yun se detuvo al llegar a su altura.
-He recordado algo… Algo importante- dijo al tiempo que llevaba la vista hacia Huei al percatarse de su presencia. Este parecía ajeno a la llegada de Yun…
-¿Qué has recordado?
Yun dudó unos instantes mientras seguía mirando hacia Huei.
-¿Te acuerdas que estuvimos hablando sobre quién pudo haber hipnotizado a Huei…?- Dijo bajando la voz.
-Sí… Llegamos a la conclusión que no teníamos la menor idea de quién podía haber sido…- Contestó Gavin comenzando a intrigarse…
Yun asintió.
-Xin dijo que tenía que haber sido alguien que nos conociera a ti y a Huei… Y, por supuesto, debía ser alguien que no os tenía mucho aprecio…
Gavin escuchaba atentamente.
-…Creo que sé quién podría ser ese “alguien”- sentenció Yun.
Gavin se giró un momento en la dirección en la que se encontraba Huei y, durante un instante, le dio la impresión de que este estaba escuchando atentamente la conversación… Se volvió a girar hacia Yun.
-¿Quién?- Le preguntó.
Yun estaba muy serio y, al mismo tiempo, con la expresión de quien ha descubierto algo y tiene que comunicarlo enseguida…
-Piensa, Gavin… Acuérdate cuando estuvimos aprendiendo aquí, en la escuela… ¿No te acuerdas de cierto alumno que siempre os dirigía miradas asesinas a ti y a Huei?
Gavin se quedó unos segundos intentando recordar.
-No… La verdad es que no sé a quién te refieres…
Yun se dio cuenta de algo.
-Claro… Eso es porque vosotros no os dabais cuenta… Pero yo sí. En muchas ocasiones pude comprobar como os miraba con auténtico odio cuando superabais pruebas o mostrabais más nivel que la mayoría…
Gavin seguía sin recordar y así se lo hizo saber a Yun negando con la cabeza.
-Ni idea… ¿Y cómo se llamaba?
Yun abrió la boca para contestar… pero él tampoco lo sabía.
-Ya sé a quién te refieres- dijo una voz conocida a unos metros detrás de Gavin.
Este y Yun se giraron de inmediato y vieron sorprendidos a Huei que estaba de pie ante ellos.
-¡Huei!- Exclamó Yun, aún no muy seguro de lo que aquel haría ahora…
-Os aseguro que lo mataré- dijo de forma contundente ante la inquietud de Yun y Gavin…

Al día siguiente, el sol brillaba con fuerza al mediodía. La ciudad de Changshia continuaba con su rutina; a esas horas había menos gente por las calles, incluso las principales, debido a que era la hora a la que la mayoría comía, y al cada vez más intenso calor…
Cerca de uno de los mercados de la ciudad, en una pequeña fonda que tenía mesas en el exterior, en una zona cubierta por una lona para proteger de los persistentes rayos del sol, una mesa llamaba la atención de todo aquel que pasaba por allí cerca…
Una columna de platos colocada de forma desigual, ocultaba parcialmente a un joven de diecinueve años, bastante corpulento, con el pelo muy corto y negro con tonos grises, ojos castaño oscuro y piel algo oscura, que comía… devoraba un plato de arroz con salsa de almendras dulces. Tenía algunos granos de arroz en la cara. Vestía una amplia camisa verde oscuro de mangas largas recogidas, cinturón amarillo ancho, pantalones marrón oscuro y botas grises. A un lado, apoyado en la pared, tenía un palo largo hecho con caña de bambú.
El camarero, un hombre menudo de mediana edad con un fino bigote, venía corriendo a traerle el siguiente plato justo cuando el joven terminaba con el que estaba…
-¡Uaaa! ¡Esto está buenísimo!- Decía mientras paladeaba el último bocado.
El camarero hacía una leve reverencia en agradecimiento mientras sonreía de forma algo nerviosa…
-Mu… Muchas gracias… ¿Algo más?
El joven comenzó su nuevo plato, tallarines con salsa de piña, antes de contestar...
-Mmm… Creo que con esto estará bien- Dijo con la boca llena.
El camarero observó la columna de platos y se decidió a hacer la pregunta que había estado posponiendo hasta aquel momento…
-Eeeeh… Perdone, señor… ¿Quiere que le diga ya cuanto va a tener que pagar…?- Preguntó con nervios evidentes.
Las no demasiadas personas que pasaban por allí se quedaban con la boca abierta y los ojos de par en par al ver el montón de platos acumulado…
Entonces el joven se detuvo. Comprendió lo que aquel menudo y nervioso camarero estaba queriendo decir. De una bolsa que tenía en el suelo, a un lado, cerca del palo largo, sacó una bolsita más pequeña atada con un pequeño cordel; lo colocó sobre la mesa y se escuchó claramente el peso y el tintineo de una gran cantidad de monedas.
El camarero pareció tranquilizarse y sonrió cerrando los ojos a la vez que hacía una leve reverencia; ahora ya no parecía tan nervioso… El joven siguió comiendo el que había considerado que sería el último plato… por el momento.
Satisfecho, y con una amplia sonrisa cerrando los ojos, se estiró estirando los brazos con los puños cerrados y se levantó de la silla; se dio unas leves palmadas en su prominente barriga… Recogió el palo y se lo sujetó a la espalda; luego se colocó la bolsa. Entró en la fonda y se dirigió al encuentro con el camarero, que se encontraba limpiando una mesa, para pagarle.
-Muchas gracias, señor… Vuelva cuando quiera…- Le iba diciendo el camarero con una sonrisa de satisfacción al joven mientras este se iba alejando levantando una mano en respuesta.
Cuando salió al exterior, ligeramente aturdido por todo lo que había comido, se quedó en medio del camino, mirando a izquierda y derecha alternativamente sin saber por donde continuar…
Mientras tanto, a su espalda, dos individuos con el pelo rapado y vestidos de la misma manera (chaqueta cruzada sin mangas color lila oscuro y pantalones anchos negros; muñequeras largas, cinturón ancho y zapatillas sencillas del mismo color que la chaqueta) entraban en la fonda. Al cabo de un rato salieron hablando y riendo de forma burlona…
El joven, que durante todo aquel rato estuvo en el mismo sitio intentando decidirse por tomar un camino u otro, observó como aquellos dos tipos se alejaban, portando uno de ellos una bolsa que probablemente llevaba monedas. Se giró y observó al camarero que le había atendido sentado en una mesa, con las manos sobre la cabeza…
Decidió entrar de nuevo y pudo observar como el camarero tenía una cara de enorme preocupación… Parecía que se fuera a poner a llorar en cualquier momento…
-¡Con lo que habíamos ganado hoy gracias a aquel chaval del estómago sin fondo…!- Exclamó sin tener en cuenta quien le pudiera estar escuchando…
-Oiga. Perdone- Le intentó llamar la atención el joven levantando ligeramente el dedo índice.
-¿Mm?- El hombre le prestó atención sin cambiar de expresión-¡Oh! ¡Vaya! ¿Cu… Cuanto tiempo hace que estás ahí…?- Preguntó, temeroso de que le hubiera escuchado…
-Disculpe… ¿Quienes eran aquellos dos que han salido ahora mismo de aquí?- No parecía que lo hubiese oído… O no se había dado por aludido…
Aquel hombre volvió a recordar… y volvió a venirse abajo.
-¿Quiénes van a ser…? Son los miembros de la banda que controla esta zona… Tenemos que pagarles “impuestos” todas las semanas a cambio de “seguridad”- del abatimiento estaba pasando a la indignación…
El joven se quedó un momento pensativo.
-¿Y sabe donde tienen su cuartel general?
El hombre parecía empezar a estar molesto de tener que seguir hablando…
-Sí… ¿Por qué?
El joven caviló unos instantes más y comenzó a sonreír.
-Le propongo un trato… Si me dice donde están, yo iré a recuperar su dinero y me encargaré de que no le vuelvan a molestar más… A cambio… Me dejará comer y cenar gratis durante tres días- dijo totalmente satisfecho de su propuesta.
El hombre se lo quedó mirando con los ojos muy abiertos, dudando de si se trataba de una broma o no… Entonces se fijó en el palo largo de bambú que llevaba a su espalda…
-¡De acuerdo!- Dijo golpeando con un puño sobre la mesa-Si lo haces… que no podrás porque te matarán… comerás y cenarás sin pagar aquí durante tres días- respondió con decisión-Por cierto, ¿cuál es tu nombre?- Le preguntó justo cuando el joven iba a irse.
-Mi nombre es Bo- dijo sonriendo y señalándose con el dedo pulgar.

Bo salió al exterior cuando ya empezaba a anochecer. Caminó un rato siguiendo las instrucciones del camarero de la fonda; según este, el cuartel general de la banda de la Guadaña no estaba muy lejos… A aquellas horas ya no había mucha gente por las calles; la mayoría había vuelto a sus casas; y Bo esperaba que todos los miembros de la banda estuviesen reunidos… Aquel hombre le dijo que eran diez más el jefe, al que llamaban “El Maestro de la Guadaña”…
Al cabo de un rato, al fin llegó ante un viejo caserón con un piso superior, cuyos alrededores estaban cubiertos de maleza y plantas mal cuidadas. En la puerta estaba uno de los miembros de la banda, vestido como los dos que había visto antes, fumando en pipa tranquilamente, apoyado con los brazos y las piernas cruzadas a un lado de la puerta de la entrada del muro que rodeaba el cuartel.
-¡Eh!- Le llamó la atención, sin darle mucha importancia, a Bo al ver que se aproximaba a su altura sin dejar de mirarlo…
El guardián se quitó la pipa de la boca y se dispuso a hablar cuando Bo se plantó delante de él… Pero no pudo emitir sonido porque Bo le estampó la palma de la manaza en toda la cara… El guardián se quedó con la cara en una mueca con la mirada perdida antes de caer inconsciente al suelo. Bo cruzó la entrada.
Comenzó a recorrer el caminito que llevaba a la puerta cuando vio a su derecha que dos miembros de la banda se encontraban hablando cerca de un árbol…
-¡Oye! ¿Tú quién eres?- Se adelantó uno caminando- Veo que te han dejado pasar... ¿Acaso conoces a…?
Bo no le dejó acabar propinándole un puñetazo en el estómago que hizo que casi se le salieran los ojos de las órbitas… El otro, que venía detrás, se alarmó; y más todavía al ver el palo largo de bambú a la espalda de aquel intruso…
-¡Alarma! ¡Alarma! ¡Un intruso! ¡Un intrus…!
Bo le había lanzado al primero con tal fuerza que ambos quedaron fuera de combate. Pero la alarma había sido escuchada. Del interior del caserón comenzaron a oírse voces y mucho movimiento…
Bo abrió la puerta con una patada. Al entrar se encontró a cuatro miembros de la banda, armados con palos cortos, que le rodeaban…
-¡Iaaaah!- Bramó uno a su izquierda lanzándose a la carga…
Bo lo interceptó dándole un manotazo en la cara hacia el suelo… No se levantó…
Los otros le miraban con creciente temor… Incluso retrocedieron levemente…
-¡Quién huya morirá!- Alguien dijo desde el piso superior.
Bo y los otros tres miraron hacia arriba y vieron a un individuo con una guadaña al final de las escaleras. Entonces, al observar este el palo largo de Bo, desapareció de la escena… Pero aquellas palabras hicieron reaccionar a los tres que cercaban a Bo…
Uno de los que tenía a su derecha se dirigió corriendo hacia el joven… y este lo “recibió” con una patada en el estómago que lo envió varios metros hacia atrás chocándose con una mesa y varias sillas.
Otro a su izquierda atacó… y Bo le dio un manotazo con el dorso de la mano que lo estampó contra la pared.
El que quedaba le atacó con la punta de ambos palos cortos… pero Bo los cogió, los elevó junto a su atacante, y lo hizo descender violentamente contra el suelo.
Ninguno de aquellos cuatro parecía que le fueran a molestar más…
Comenzó a subir las escaleras. Entonces, uno de los miembros de la banda, rapado como todos los demás, emergió de la oscuridad y se lanzó saltando con una patada en el aire a toda velocidad hacia Bo…
-¡Haaaaiiiii!- Gritaba en el aire…
Bo, sin cambiar la expresión de mezcla de tranquilidad e indiferencia, le agarró por la pierna con una mano al llegar a su altura y, aprovechando la inercia que llevaba, lo lanzó hacia abajo, haciendo que se estrellara sobre una mesa que se hizo añicos causando gran estruendo… Siguió subiendo sin prisa pero sin pausa por la escalera…
Al llegar arriba, se encontró en una gran estancia casi vacía de mobiliario… y a otros dos miembros de la banda ante él, en guardia. Tras ellos, portando una guadaña, el que probablemente era el cabecilla…
-¡Tranquilo, Maestro! ¡Le detendremos!- Afirmó uno de ellos antes de dirigirse corriendo en dirección a Bo.
-¡Sí!- Exclamó el otro haciendo lo propio.
Cuando el primero le iba a dar un puñetazo en la cara a Bo, este le dio de revés con el brazo derecho cerrando el puño y lo envió hacia una ventana, atravesándola causando estruendo de cristales rotos, y haciendo que se quedara fuera de combate sobre las ramas del árbol… El segundo, que llegó inmediatamente después, recibió una potente palmada de Bo con una mano, que inclinó al tiempo el cuerpo hacia delante, enviándolo varios metros hasta pasar al lado del cabecilla y estamparse contra la pared.
El “Maestro de la Guadaña” estaba de pie ante Bo, temblándole las piernas, sudando y con una expresión de furia y miedo…
-Mal… Maldita sea… ¡¿Quién eres tú?!- Dijo con una voz alterada por la rabia y el temor…
Bo comenzó a caminar tranquilamente hacia él.
-Mi nombre es Bo. Y se han acabado tus días de recaudador. Solo sois unos ladrones- decía mientras caminaba sin detenerse…
El cabecilla apretó los dientes y se adelantó comenzando a hacer girar la guadaña con fuerza en el aire, haciendo varios tajos en el vacío que resonaban en la amplia estancia… Parecía que había ganado suficiente confianza y comenzó a sonreír y reír crecientemente, con malicia…
Bo seguía acercándose… En ningún momento se había detenido…
Finalmente, Bo se encontró ante el “Maestro de la Guadaña”… Este, con la confianza por las nubes, ampliando su malévola sonrisa en la que mostraba los dientes, llevó la guadaña hacia atrás preparado para acabar con aquel desgraciado…
Pero jamás se hubiera podido imaginar que alguien tan corpulento pudiera llegar a ser tan rápido. Bo le golpeó súbitamente con ambas manos, como si diera una palmada, en la cabeza. Se quedó con la guadaña en alto, temblando y con los ojos en blanco… hasta que soltó el arma y cayó al suelo. La banda de la Guadaña había sido derrotada.
-A ver si me da tiempo a llegar a la cena- Dijo Bo poniéndose en jarras…

Bo encontró la bolsa con el dinero y se la devolvió al camarero de la fonda. Este no se lo acababa de creer. Entonces, volvió a observar el palo largo de bambú que Bo llevaba a la espalda y asintió contento y satisfecho.
-Y dime… ¿Les venciste utilizando increíbles técnicas con tu palo largo?- Le preguntó a Bo en tono distendido.
Este se extrañó al principio.
-No… La verdad es que no sé utilizarlo… Estoy buscando a alguien que me enseñe- Dijo con una expresión jovial mientras comenzaba a devorar el contenido de varios platos ante la atónita mirada de aquel hombre…

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