sábado, 28 de abril de 2012

El barco de madera

El barco de madera



Cerca de las montañas, en medio de extensas y verdes praderas y pastos, había dos casas no muy alejadas entre sí. En una vivía Jin y en otra Elia; ambos eran muy jóvenes. Jin tenía el pelo no muy corto, castaño y los ojos azules; Elia tenía el pelo no muy largo y casi liso, rubio y los ojos castaños. Eran muy amigos y pasaban mucho tiempo juntos. Les encantaba jugar, hablar, reír… en compañía del otro. Y así pasaba el tiempo.
Un día, cuando no faltaba mucho para que comenzara a anochecer, Jin y Elia estaban en la habitación de este, en el piso de arriba. Jin le quería enseñar a su amiga algo que para él era muy especial: un barco de madera. Lo había hecho él mismo y le había llevado bastante tiempo; era un barco muy sencillo con algunas partes pintadas de rojo. Elia lo miraba embelesada. Entonces, Jin se lo ofreció para que lo cogiera y pudiera verlo mejor… Pero Elia, aunque intentó tener cuidado, se le escapó de las manos y el barco cayó al suelo. El barco quedó roto en varios trozos… Elia se llevó las manos a la boca, abriendo mucho los ojos, horrorizada… Cuando miró a Jin, este estaba callado, mirando lo que quedaba de su barco con la mirada fija…
-Jin, yo… lo siento mucho…- Decía Elia, sintiéndose muy mal…
Jin al principio no dijo nada.
-Vete- dijo al fin.
Elia no se lo podía creer.
-Pero…- Intentó decir…
-¡Que te vayas!- Le gritó Jin con una furia que Elia no le había visto nunca, asustándose y yendo hacia atrás.
A la joven se le inundaron los ojos de lágrimas y se fue corriendo llorando.
Jin oyó abajo la puerta de la entrada cerrarse. Ya anochecía. Se agachó y recogió los trozos del barco.
-La odio- dijo sin parecer él mismo…

Pasaron los días y no volvieron a verse. Jin no le perdonaba a Elia que rompiera su barco de madera. Y su odio hacia ella permanecía. Incluso aumentaba…
Pero un día, Elia tocó a la puerta. Jin abrió y, para su sorpresa, se la encontró ante él. Elia estaba muy nerviosa y preocupada.
-Hola… ¿Aún estás enfadado…?- Dijo sin atreverse a mirarle a los ojos…
Jin no se lo pensó y cerró la puerta con un portazo.
-¡Fuera! ¡Y no vuelvas nunca más!- Gritó con todo su odio hacia ella…
Le pareció oír un sollozo y luego la oyó alejarse. Reprimió algo que le decía que fuese tras ella… Decidió que no se lo merecía…

Pese a que le había dicho que no volviera, pensó que, si había venido una vez, seguramente vendría otra…
Pero Elia no volvía.
Esto hacía enfurecer a Jin aún más. La odiaba todavía más. ¡¿Cómo se atreve, después de lo que ha hecho, a no intentar más veces ir a pedirle perdón?! Jin no lo soportaba.
Pasó el tiempo y Jin siempre estaba enfadado. Aunque pasaran los días, las semanas… no dejaba de estar enfadado con Elia; como si le hubiera roto el barco el día anterior…
Llegó un día en que se sentó en una butaca y se quedó mirando un antiguo reloj de pie que estaba enfrente. Esperaba que Elia volviera. ¡¿Por qué no volvía?!
Sentado, vio girar las manecillas del reloj muchas veces. A veces hacía frío… otras calor… A veces había más luz… otras menos… y las manecillas giraban, y giraban, y giraban…
Hasta que un día se dio cuenta que lo único que quería era volver a ver a Elia… Aunque fuera solo verla… La echaba muchísimo de menos. Siempre supo que ella rompió el barco sin querer… pero ahora se daba cuenta realmente. Solo se había preocupado de lo que él sentía… pero nunca de cómo se sentía ella… Recordó, con los ojos cada vez más húmedos, como ella había intentado acercarse a él y él la había tratado fatal…
Ella no se lo merecía… Ella no…
Se levantó al fin, con dificultad, de aquella butaca en la que, durante largo tiempo, algo muy doloroso había crecido en su interior… algo que él mismo había alimentado con su odio y su terquedad… Y solo había una manera de deshacerse de aquel dolor que era ya insoportable…
Pero cuando comenzó a caminar, notó que le costaba mucho… Se miró las manos: era un viejo… un viejo triste, amargado… y estaba solo. Había desperdiciado su vida odiando a la persona que más le importaba…
Intentó llegar a la puerta… pero cayó al suelo. Un agudo pinchazo en el pecho le indicaba que todo se había acabado…
Ya era demasiado tarde.


Jin abrió los ojos. Se levantó sobresaltado. Se miró las manos y vio que no era ningún viejo. El barco se había roto el día antes.
Sin cambiarse de ropa, descalzo, salió corriendo de la casa, atravesando los pastos a toda prisa bajo un cielo despejado y soleado, hasta llegar a la casa de Elia.
Llamó.
Elia abrió la puerta, también en ropa de dormir y descalza, con el cabello rubio aún sin peinar y los ojos tristes… Al ver a Jin reaccionó de inmediato y la preocupación apareció en su rostro…
-Jin… Lo siento mucho…- Casi rogaba...
Jin negó de inmediato con la cabeza.
-No, no… Perdóname tú a mí…
Elia abrió los ojos.
-Pero… tu barco…
Jin sonrió.
-No pasa nada. Todo está bien- le dijo de forma sincera con una sonrisa.
Elia sonrió, al tiempo que las lágrimas le caían por las mejillas blancas, y le rodeó efusivamente con los brazos el cuello echándose a llorar, aliviada y contenta. Casi se caen los dos, pero Jin le devolvió el abrazo, acariciándole el pelo para tranquilizarla. Jin sintió una alegría muy especial en su interior…

Aquel fue un día que siempre recordarían…

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