domingo, 30 de septiembre de 2012

El Astronauta - Capítulo 3

El Astronauta

La huida.


John miró hacia la radiografía que Sarah sostenía con mano inquieta. Luego volvió a mirar a la mujer, sin terminar de asimilarlo.
-¿Estás segura de lo que estás diciendo?- Intentaba asegurarse.
Sarah asintió lenta y decididamente.
-Aquí encima hubo un ser humanoide de altura similar a un humano… pero no lo era, sin duda…- Confirmó.
John y Sarah aparecieron del otro lado de la cortina con cara de circunstancias y se encaminaron hacia los demás.
-¿Se puede saber qué hacíais ahí detrás?- Dijo Maxwell intentando recuperar su tono irónico… sin demasiado éxito.
Anderson se fijó en la expresión de sus caras cuando llegaron a su altura.
-¿Qué habéis descubierto?- Quiso saber.
Alexei guardaba silencio, aguardando atento la respuesta.
Sarah miró a Anderson con cara de no saber por donde empezar.
Al cabo de un rato, cuando Sarah hubo explicado el hallazgo, todos permanecieron en silencio, desconcertados.
-Vaaya… Sabíamos que era una posibilidad…- Comenzó a decir Maxwell.
-Pero no queríamos aceptar que fuera la posibilidad…- Concluyó Anderson.
Sarah, después de permanecer un rato pensativa, comenzó a hablar.
-Ya sabíamos de la existencia de vida extraterrestre desde hace unos años… pero era a nivel microorgánico… Ni siquiera habíamos descubierto nada parecido a un animal…- Hablaba como si lo hiciera sola.
Alexei miró la horrible escena de alrededor.
-¿Entonces sugieren que un ser extraterrestre ha causado todo esto?- Hizo la pregunta que flotaba en el aire.
Sarah volvió a quedarse pensativa, frunciendo el ceño. John comenzaba a estar preocupado al no saber a qué se enfrentaban exactamente.
-No estoy segura…- Reconoció con un leve abatimiento.
Tras un nuevo silencio, el comandante habló.
-Necesitamos más información. Debemos dirigirnos a la sala de comunicaciones; en ella se registra toda la información sobre incidencias…- Terminó de hablar dirigiendo la mirada a Alexei.
Este asintió con la cabeza.
-La sala de comunicaciones se encuentra en la cúpula central. Síganme.
Se pusieron en marcha hacia dicho lugar.

Los pasillos que iban atravesando presentaban un aspecto similar a lo que habían encontrado al llegar allí; por entre las puertas entreabiertas (y algunas, destrozadas) podía vislumbrarse hasta dónde llegaba el caos generado en aquel lugar…
Sin embargo, silencio. Aquel lugar parecía abandonado… y eso era lo que estaban comenzando a pensar a medida que avanzaban por aquellas instalaciones laberínticas…
Llegaron a un amplia y casi vacía sala en la cual una de las paredes era todo cristal; en el centro, una puerta doble daba al exterior, concretamente, a un pasillo del mismo material que las cúpulas que conectaba con otras dos: una, más pequeña; la otra, la cúpula central. La puerta se abrió con un sonido de despresurización; caminaron unos metros hacia la bifurcación y se dirigieron hacia la cúpula central. A medida que caminaban, John observaba los alrededores: más allá de los bajos edificios se veía el árido terreno lunar, bajo un oscuro cielo sin atmósfera; nada se movía allí fuera… pero, durante un instante, en una ventana lejana de la cúpula hacia la que no se estaban dirigiendo, le pareció ver una sombra moverse… Sin duda comenzaba a sugestionarse. Cada vez estaba más claro que en aquel lugar no quedaba nadie…
Al llegar a la cúpula central accedieron a una sala similar a la anterior aunque de casi el doble de tamaño. La mayoría de las luces no funcionaban. Unas escaleras conducían al piso superior.
-Allí arriba está la sala de comunicaciones- informó Alexei dirigiéndose principalmente al comandante.
Este asintió y, al igual que los demás, que iban detrás, siguió a Alexei.
Al subir las escaleras, una sensación perturbadora asaltó a John, que cada vez dudaba menos en preparar su arma… Se detuvieron ante la puerta. Estaba entreabierta. Alexei alertó a los demás con la mirada y se dispuso a entrar empuñando su ametralladora; al mismo tiempo, Anderson permanecía atento con su arma lista y Maxwell se aferraba a la suya con cara de no tener ganas de bromear…
Alexei le dio con el pie a la puerta y esta se abrió lentamente. El ruso entró en la sala alargada apuntando en todas direcciones. Solo funcionaban las luces de emergencia, con lo que la oscuridad inundaba la mayoría de la zumbante estancia… Despejado. Aunque… cuando todos hubieron entrado se percataron de la presencia de medio cuerpo tendido sobre el tablero de comunicaciones…
-Ahí tenemos al responsable de la última comunicación enviada- Dijo Maxwell recuperando casi al completo su característico tono irónico con un deje de triunfo por tal motivo.
Anderson obvió dicho tono… Pero estaba de acuerdo. Sarah había sacado una linterna de su equipo y comenzó a caminar lentamente por la sala, vigilada de reojo por John…
Una de las paredes estaba ocupada por una hilera de tableros, encima de los cuales unas cristaleras daban en parte a la sala de abajo. La otra estaba llenas de máquinas y monitores; la mayoría funcionaban, pero era evidente que nadie los utilizaba desde hacía bastante tiempo…
Entonces algo llamó la atención de la doctora Archer. Una serie de fotos tomadas en la superficie de la Luna estaban expuestas en una zona amplia de la pared. Sarah se fijó mejor.
-Comandante. Creo que debería ver esto- dijo con una voz que comenzaba a ser apremiante…
Anderson se acercó y observó lo que el haz de luz de la linterna le iba mostrando en la pared.
-¿Qué demonios…?- Dijo abriendo mucho los ojos.
En varias de las fotografías aparecían los restos de lo que parecía una nave… pero una nave desconocida para ellos… Una nave que no procedía de la Tierra.
-¿Podría ser terrestre…?- Preguntó Sarah sabiendo muy bien la respuesta…
Anderson se limitó a negar lentamente con la cabeza mientras observaba atónito las fotografías… Entonces algo le llamó repentinamente la atención.
-¿Qué es esto? Parece… una especie de traje…- Dijo señalando una foto en la que Sarah no se había fijado hasta ese momento.
La doctora se fijó mejor.
-Oh… Creo… Creo que… Creo que sé lo que ha pasado aquí…- Dijo finalmente Sarah, al terminar de elaborar su hipótesis mentalmente.
Los demás se acercaron. Sarah comenzó su exposición.
-Creo que un ser extraterrestre se estrelló aquí, en la Luna.
Los demás guardaron silencio. Sarah continuó.
-Fueron a recuperar el cuerpo- dijo señalando la foto en la que se veía más claramente el traje que quién lo portaba- y lo trajeron aquí.
Nuevamente silencio.
-¿Y ese extraterrestre ha asesinado a todos los de la base? ¿Ese era su objetivo?- Preguntó Maxwell como si se lo tomara a broma…
Sarah negó rotundamente.
-No. Al ver estas fotos…- Decía dándoles un nuevo repaso- …Me da la impresión de que era como nosotros: un astronauta.
Ahora el silencio era por la sorpresa.
-Entonces… ¿Cómo explica lo que ha pasado aquí?- Saltó Anderson, ligeramente irritado…
Sarah se puso pensativa.
-Intentaron hacerle la autopsia… En la sala pequeña de la enfermería… Pero algo salió mal…- Iba hablando al tiempo que pensaba…
Entonces un ruido sordo, proveniente de abajo, sobresaltó al grupo. Todos prepararon sus armas. Incluso Sarah comenzó a buscar frenéticamente la pistola en su equipo…
Anderson levantó una mano ante el ruido que estaban haciendo Maxwell y Sarah, al tiempo que escuchaba atentamente…
-¿Qué… Qué ha sido eso…?- Decía Maxwell sin apenas poder ocultar lo asustado que estaba…
John  y Alexei oteaban en vano desde la zona de las cristaleras hacia abajo.
-Algo ha entrado en la sala de abajo desde una de las puertas laterales- dijo John.
Alexei asintió sin decir nada. Sarah terminaba de cargar su arma intentando controlar los nervios. Intentaron mantener el silencio. Efectivamente, podían oír claramente algo que se movía ahí abajo… De pronto, comenzó a desplazarse más deprisa y a subir a toda velocidad por las escaleras… Se aproximaba a la puerta por la que habían entrado… Todos apuntaban hacia la susodicha puerta…
Pero no se esperaban lo que vieron.
La puerta se resquebrajó ante el manotazo que le propinó el ser que se introdujo en la sala produciendo un desagradable sonido gutural: tenía forma humanoide… pero las manos, los pies y la cabeza eran desproporcionalmente grandes y su aspecto en general era grotesco. Al ver al grupo se volvió loco de rabia… Se abalanzó a por ellos… Y Alexei, que estaba delante, le acribilló durante unos segundos con el sonido atronador de su ametralladora pesada, en los cuales el ser intentaba avanzar… pero las heridas causadas fueron tan numerosas que cayó al suelo a los pies del ruso…
Todos se quedaron mirando el cuerpo acribillado e inerte mientras esperaban que los oídos recuperaran el nivel de audición acostumbrado…
-Esto… Esto… ¿Qué es…?- Preguntó Maxwell señalando el cuerpo, a punto de echarse a llorar…
Sarah se aproximó lentamente sin dejar de apuntar al ser que yacía sin vida.
-Va vestido… Su ropa está rota, pero es de alguien de aquí…- Se fijó con los ojos muy abiertos.
Anderson la miró, incrédulo.
-¿Qué está queriendo decir?- Quiso saber sin querer aceptar la respuesta más evidente.
Sarah lo miró.
-Este ser era uno de los miembros de la base- dijo convencida de ello.
Alexei le dio levemente con el pie.
-¿Y qué pudo pasarle?- preguntó el ruso, mostrando su confianza hacia las teorías de la doctora…
John escuchaba atentamente, alternando la mirada del ser abatido a Sarah, y viceversa…
-No estoy segura… pero podría tratarse de un virus o algo parecido que transportara el “astronauta”… Al hacerle la autopsia se produjo la infección en cadena…
Nadie discutió sus palabras. Entonces comenzaron a oírse nuevos golpes en la lejanía; y provenían de varias direcciones…
-¡Debemos regresar a la nave de inmediato! ¡El informe tendrá que esperar!- Urgió Anderson a los demás.
Esta vez era el comandante el que iba a la cabeza e iba dirigiendo la mirada hacia atrás para asegurarse de que todos lo seguían. Alexei iba en último lugar, y cuando pasó al lado de uno de los aparatos de la pared vio que una hoja sobresalía hasta casi llegar al suelo; sabía que se trataba del registro automático de incidencias, de modo que arrancó la hoja y la dobló guardándosela en un bolsillo.
Al cabo de unos instantes todos se encontraban descendiendo apresuradamente las escaleras. Pero ahora comprobaron que, definitivamente, no estaban solos en aquel lugar…  Cuando llegaron abajo y se acercaron a la puerta principal vieron aproximarse un grupo de aquellos seres desde la otra cúpula… Todos presentaban deformaciones, aunque en cada caso eran diferentes; se acercaban corriendo con movimientos feroces chocándose unos con otros…
-¡Las puertas son automáticas! ¡Cuando lleguen se abrirán!- Dijo Maxwell mirando a Alexei, confiando en vano en que debido a su condición de mecánico pudiera hacer algo…
John se dirigió hacia la puerta preparado para repeler el ataque bajo la atenta y preocupada mirada de Sarah…
-¡Hawke! ¡En esta base hay unas cien personas…! ¡Debemos administrar bien la munición!- Le avisó Anderson antes de dirigirse al grupo- ¡¿Me han oído?!
Sarah asintió al tiempo que Alexei se dirigía al lado de John para apoyarle en el ataque. Los seres hostiles estaban a punto de estrellarse contra la puerta de cristal…
Entonces a Maxwell se le ocurrió algo. Dejó la mochila con los explosivos en el suelo y sacó una granada cilíndrica del interior; salió corriendo hacia la puerta, situándose de espaldas a John y Alexei… La puerta se abrió… Y Maxwell tiró de la anilla…
-¡Tomad esto!- Exclamó lanzando la granada a los seres que estaban cerca de alcanzarles…
-¡Maxwell, no!- Exclamó Anderson al tiempo que John y Alexei se cubrían yendo hacia atrás. En ese instante John vio a Sarah que no parecía darse cuenta de lo que estaba pasando…
-¡Al suelo!- La avisó John justo cuando se produjo la explosión tras él.
Hubo un fortísimo estruendo y un resplandor… seguido del sonido de cristales rotos. Entonces comenzó a sonar una alarma al tiempo que una luz roja iniciaba un constante parpadeo…
-Iniciado bloqueo de seguridad. Iniciado bloqueo de seguridad- repetía una voz robótica femenina al tiempo que una persiana metálica descendía desde el techo cubriendo totalmente la pared de cristal… y la puerta resquebrajada…
Cuando la persiana hubo alcanzado el suelo con un golpe sordo la alarma dejó de sonar y la luz roja se apagó. Todos comenzaron a levantarse, aturdidos.
-Maxwell… maldito idiota…- Decía Anderson.
La verdad era que Maxwell no había reparado en las consecuencias… no pensaba que la explosión sería tan fuerte. Poco a poco, todos los miembros del grupo, a medida que se iban recuperando, comprobaron que no se oía nada al otro lado. Parecía que la explosión había acabado con ellos. Hasta que comenzaron a oírse multitud de ruidos provenientes de todas direcciones en dirección hacia ellos…
-¡Rápido! ¡Tendremos que dar la vuelta!- Dijo Alexei tomando de nuevo el puesto de guía.
Cruzaron la primera puerta y pudieron escuchar como varios de aquellos seres se acercaban… El caos lo dominaba todo su alrededor… Entonces, súbitamente, se abrió la siguiente puerta y salió un ser con el tronco exageradamente alargado y abriendo la boca amenazadoramente con un extraño rugido…
-¡Cuidado!- Exclamó Anderson al tiempo que le disparaba una ráfaga que tiró al ser hacia atrás.
Sin tiempo de comprobar si había acabado con aquella “cosa” instó a los demás a que aceleraran el paso. Al llegar a un pasillo, dos más de aquellos seres se dirigían corriendo hacia ellos… Antes de que Alexei pudiera reaccionar, John comenzó a disparar. Mostrando una insólita puntería, abatió a sus objetivos. Alexei no podía contener la sorpresa en su mirada; John se giró hacia él y este asintió. Continuó el avance con ambos a la cabeza.
Cuando pasaban al lado de una puerta, una mano enorme y deforme la atravesó y agarró a Maxwell que pasaba justo al lado en ese instante… Aterrorizado, con la mano libre, comenzó a ametrallar a la puerta a medida que el ser la iba atravesando…
-¡Maxwell!- Exclamó Sarah disparando hacia la puerta que iba destrozándose…
Todo sucedió demasiado deprisa como para que nadie más pudiera ayudarle. El ser sacó su alargada cabeza atravesando lo que quedaba de puerta y hundió sus afilados dientes en el cuello de Maxwell causándole una abundante hemorragia a presión…
-¡Uuuaaaaaaagh!- Gritaba desesperado mientras seguía disparando…
Anderson llegó y disparó de forma continuada al ser, el cual soltó a Maxwell y cayó al suelo con multitud de balas en el deforme cuerpo. Maxwell no se movía. Tenía los ojos muy abiertos… pero ya no respiraba. Sarah se llevó una mano a la boca intentando tranquilizarse mientras Anderson lo miraba con una mezcla de pena y desaprobación…
Entonces aparecieron varios seres más delante y John y Alexei comenzaron a dispararles de inmediato. Anderson y Sarah desviaron su atención el tiempo suficiente para no percatarse de las convulsiones que dominaban el cuerpo de Maxwell… Sus ojos estaban inyectados en sangre y comenzaba a sufrir deformaciones aleatorias… Se levantaba lentamente mirando atentamente a Sarah… Entonces esta se giró y, con un acto reflejo apuntó al que antes había sido Maxwell con su pistola… pero este la apartó de un manotazo con lo que ahora parecía una garra y abrió mucho su deformada boca… Pero una ráfaga del arma de Anderson le hizo desaparecer la cabeza y el cuerpo cayó al suelo, saliendo humo del mismo… John y Alexei parecía que habían acabado con el numeroso grupo que tenían delante y aquel se giró para comprobar lo que había pasado… Respiró aliviado al ver a Sarah sana y salva. Nuevamente ruido de aproximaciones hostiles, esta vez provenientes de atrás…
-¡Salgamos de aquí de una vez por todas! ¡Y no dejéis que os hieran!- Alertó Anderson, haciendo que Sarah no tuviera que decir nada en aquella ocasión…
Cuando esta intentó recuperar su arma se vio sorprendida por la repentina presencia de otro de aquellos seres que iba más adelantado que los que tenían que llegar… Anderson la apartó de un brazo y disparó al enemigo, acabando con él y saliendo corriendo con los demás. Mientras corrían, Sarah sacó la otra pistola que llevaba y la cargó. No tuvo que esperar apenas para comenzar a usarla ya que los demás seres aparecieron al cabo de unos segundos… Sarah y Anderson les disparaban mientras intentaban avanzar… Y John Y Alexei tenían que vérselas a menudo con otros que aparecían delante…
Se les comenzaba a acabar la munición.
Finalmente llegaron a otra de las salas de entrada y vieron la puerta de cristal que llevaba de camino a la cúpula por la que llegaron. No había ninguno de aquellos seres. Cruzaron la puerta doble y atravesaron el pasillo transparente que estaba totalmente despejado. Al llegar al otro lado se temían lo peor… pero no había enemigos cuando atravesaron el umbral de la puerta acristalada. Siguieron a Alexei a toda velocidad por las salas y los pasillos. John no los veía, pero sabía que estaban cerca… Salieron del edificio y atravesaron el otro pasillo de cristal hasta llegar al edificio de la cúpula inicial. También estaba vacío; aunque ahora el murmullo de los ventiladores lejanos se presentaba amenazador…
Finalmente llegaron a la sala donde dejaron los cascos… pero los estantes estaban destrozados y los cascos hechos añicos por el suelo.
-¡Maldita sea!- Profirió Anderson.
Tenían que arriesgarse. Anderson puso una mano en la puerta… miró a los demás, que le devolvieron la misma mirada de incertidumbre… y abrió.
Salieron los cuatro al exterior. No se podían creer lo que tenían ante ellos.
Por todas partes, aquellos seres pululaban de aquí para allá… Había decenas… La nave estaba rodeada… Anderson levantó una mano indicando que le siguieran despacio… Parecía que ninguno de aquellos monstruos se había dado cuenta de la presencia del grupo…
Pero aquello no podía durar mucho.
Uno de los seres más cercanos les vio con sus ojos inyectados en sangre y gritó alertando a los demás… Comenzó el fuego indiscriminado hacia aquellas “cosas” que se abalanzaban hacia los cuatro… A pesar de la gran diferencia en número, el grupo conseguía abrirse paso de camino a la nave mientras aquellos seres iban cayendo abatidos…
Entonces la ametralladora de Anderson dejó de disparar.
-¡Mierda! ¡Ahora no!- Clamaba furioso.
Y al arma de Anderson le siguió la pistola de Sarah y las ametralladoras pesadas de Alexei y John. Este gastó su última ráfaga en un ser orondo que había llegado muy cerca antes de caer fulminado…
Se habían quedado sin munición. Y aún quedaban muchos. Se acordaron de la mochila con los explosivos… pero se había quedado donde Maxwell la dejó… Estaban rodeados… Cada vez más y más cerca…
Entonces Anderson tomó una decisión.
-¡Salgan de aquí sin perder un segundo!- Ordenó al tiempo que corría hacia otra dirección distinta a la de la nave al tiempo que sacaba un enorme cuchillo de combate de una funda sujeta a una pierna.
-¡Anderson!- Exclamó John al ver como el comandante del grupo se internaba en aquella marea de cuerpos deformes y voraces…
Anderson comenzó a atacar con fiereza a diestro y siniestro, consiguiendo acabar con varios… a algunos los hacía retroceder dándoles contundentes puñetazos… pero no tardó en ser engullido por otros muchos y lanzar un alarido de dolor y rabia…
Sarah no podía contener las lágrimas y notaba como se le doblaban las rodillas; John la sostuvo antes de que tocara el suelo. Alexei se giró hacia ellos.
-¡Vamos! ¡Ahora o nunca!- Dijo señalando un “pasillo” que había quedado en dirección a la nave.
John ayudó a Sarah a incorporarse y esta hizo acopio de entereza para seguir adelante… Los tres corrieron a toda prisa hacia la nave. Alexei accionó la compuerta. El sonido de la misma abriéndose llamó la atención de los seres más próximos… Ahora ellos eran su objetivo. Les pareció que la puerta tardaba una eternidad en abrirse… Alexei esperó a que subiera Sarah y luego John… Cuando faltaban unos pocos metros para que llegaran los seres, el ruso subió y accionó el mecanismo de cierre… Pero no daría tiempo… Entonces John apareció con una granada en la mano quitando la anilla antes de lanzarla… La explosión acabó con bastantes… La puerta se cerró del todo.
Alexei tomó los mandos y puso en marcha el vehículo mientras John y Sarah se ponían las sujeciones de seguridad. Notaban como aquellas “cosas” intentaban entrar… Al fin, la nave despegó. La cúpula se abrió automáticamente y dejaron atrás aquella marabunta letal…

Cuando llegaron a la Estación Orbital ya se sentían bastante aliviados. Pero John no dejaba de estar intranquilo… Alexei acopló la nave a la estación y comenzó a quitarse las sujeciones.
-No se lo he preguntado. ¿Se encuentran bien?
John asintió y Sarah sonrió.
-¿Y tú?- Preguntó Sarah.
El ruso asintió con cierta timidez.
Entonces Alexei se acordó del papel que había recogido de la sala de comunicaciones. Algo le decía que debía consultarlo… Lo desplegó y comenzó a comprobar el contenido. Nada importante. Un momento…
-¡Deténganse!- Les avisó justo cuando John y Sarah estaban a punto de accionar el mecanismo de apertura de la puerta.
-¿Ocurre algo?- Preguntó Sarah.
John se temía algo así…
-Aquí dice que una nave proveniente de esta estación llegó y se fue de la base hace tres meses…- Dijo Alexei.
John y Sarah se quedaron atónitos.
-Pero… eso quiere decir…- Intentó decir la bióloga.
John se dirigió a los compartimentos de las armas.
-Creo que las volveremos a necesitar- resolvió.

Se internaron en el laberinto de pasillos y escaleras rumbo a la nave con la que habían llegado al principio. Esperaban no encontrarse con nadie como cuando habían venido… Avanzaban lo más deprisa que podían intentado ser sigilosos; llevaban sus armas preparadas. Estaban bajando por la última escalera antes de llegar al pasillo que les acabaría conduciendo al almacén donde se encontraron con Alexei por primera vez.
Inesperadamente, uno de los miembros de la Estación Orbital, ahora transformado en uno de aquellos seres, apareció encaramado por un lado hiriendo con su mano deforme el brazo de Alexei. Sarah le disparó hasta vaciar el cargador y aquel ser cayó abajo con un golpe sordo. Más seres aparecieron en lo alto de la escalera. John apuntó y comenzó a disparar con su ametralladora pesada acabando con todos.
Entonces su atención, al igual que la de Sarah, se dirigió a Alexei.
-Alexei…- Se acercó John.
El ruso se dolía de la herida. Sarah no sabía qué hacer.
-Deberíamos ir a la enfermería… Quizás…- Intentó decir.
Pero Alexei negó taxativamente con la cabeza en medio de su dolor.
-No… De ninguna manera… No queda mucho tiempo… Sigan recto y llegarán al muelle de carga donde se encuentra su nave…
-Pero…- Intentó protestar Sarah.
-¡Háganlo!- Intentó ser duro el ruso.
Sarah intentaba contener las lágrimas. John se acercó a su camarada y le ofreció una mano. Alexei miró la mano y luego a John. Ambos se estrecharon la mano mostrándose admiración y respeto mutuo. Aquella fue la última vez que John y Sarah vieron a Alexei.
Cuando el ruso les vio alejarse se levantó con esfuerzo y emprendió un camino sin retorno…

John y Sarah llegaron a la nave atravesando las compuertas previas. Ambos tenían nociones de pilotaje como parte de la formación que habían recibido. Ocuparon los puestos de piloto y copiloto.

Alexei llegó al arsenal resistiendo el dolor y una extraña e intensa sensación que le devoraba por dentro. Comenzó a recoger todo el explosivo plástico que pudo…

Tardaron un buen rato en poner en marcha la nave. Ambos se miraron como cuando estaban en la enfermería y asintieron con decisión. La nave comenzaba a moverse.

Alexei terminó de colocar el explosivo plástico en los enormes tanques de oxígeno de la gran sala que los albergaba. Solo le quedaba una cosa por hacer…

Cuando estaban a punto de desacoplarse, notaron golpes desde el otro lado. Sarah y John miraron hacia atrás. La compuerta de la nave comenzaba a abollarse… Se concentraron de inmediato en el panel de mandos… Y finalmente consiguieron desacoplar el vehículo. Los ruidos cesaron. Algo les pareció que pasó flotando a un lado de la nave…

El sargento Alexei Ivanov llegó ante la puerta de la sala de mandos. Estaba a punto del desmayo… Escuchó como varios de aquellos seres se aproximaban desde ambos lados… Cuando los vio aparecer acabó con ellos con su ametralladora. Entonces colocó un explosivo en la puerta y se alejó. La explosión alertó a todos los numerosos seres hostiles que quedaban en la estación. No tardarían en llegar hasta donde se encontraba el ruso. Este accedió por el hueco humeante y se plantó ante el tablero de mandos. Tras observarlo detenidamente comenzó a pulsar botones y accionar palancas (algunas de un tamaño considerable)…
La estación comenzó a moverse.
Alexei puso el rumbo que debía seguir: la Luna. Perdió el conocimiento con una sonrisa triunfal en su rostro.

Al cabo de unas horas, John y Sarah se aproximaban a la Tierra. Entonces, percibieron un resplandor que venía de atrás. Sabían lo que aquello significaba. Ahora sí que todo había acabado.
-Y ahora… ¿qué haremos?- Preguntó Sarah, pensando en posibles respuestas…
John no contestó de inmediato.
-Cuando lleguemos… intentaran retenernos… Probablemente de forma indefinida- decía a medida que se daba cuenta de esto…
Ambos sabían que la compañía no permitiría que nadie informara de lo que había pasado allí arriba… Ambos sabían que no podían volver…
-Conozco una isla…- Comenzó a decir Sarah.
John la miró; al principio… sorprendido. Entonces la Tierra se presentó con una indescriptible luz celeste ante ellos. Y ambos, cómplices y libres, se miraron y sonrieron.



FIN

sábado, 22 de septiembre de 2012

El Astronauta - Capítulo 2

El Astronauta

La base.


Un silencio tenso se hizo en toda la sala.
-¿Alguna pregunta?- Preguntó la voz proveniente de la pantalla.
Nadie habló. Al cabo de unos segundos de espera, el director de la base de Nevada volvió a hablar.
-Una cosa más. El sargento Ivanov pasa a formar parte desde este mismo momento del equipo encargado de la misión. El sargento posee conocimientos en mecánica que pueden serles muy útil allá abajo. Todos los detalles relativos a la misión los encontrarán debidamente expuestos en la documentación que se les ha facilitado. La misión dará comienzo dentro de 12 horas, cuando se dirigirán a la base lunar. En cuanto lleguen, deberán comunicar un informe preliminar de la situación- la voz se detuvo unos instantes, como dejando que sus palabras se asentaran- Buena suerte.
La pantalla quedó en negro momentáneamente y, acto seguido, apareció un nuevo símbolo que la ocupaba en su totalidad, el perteneciente a la Estación Orbital, en la cual se encontraban.
El grupo permaneció varios minutos sin decir nada, asimilando la información que acababan de escuchar y ojeando el interior de las carpetas.
-No me extraña que quisieran esperar a que estuviésemos aquí arriba para decirnos en que consistía la misión… ¿Acaso alguno de nosotros la habría aceptado?- Habló, con su característico tono irónico, Maxwell.
Ninguno de los otros le contestó. Aunque John era el único que hubiera respondido de forma diferente a los demás…
-Ivanov, ¿usted tenía conocimiento de los términos de la misión?- Preguntó Anderson a Alexei.
Este negó con la cabeza con expresión seria.
-Se me ordenó que no accediera a la documentación hasta que no estuviéramos aquí reunidos.
-Deberíamos haber supuesto lo que nos esperaba- continuó Maxwell, sin poder contener un deje de fastidio- Un piloto experto en vehículos de combate, un ingeniero de sistemas, un marine, un mecánico ruso, una bióloga…
-Astrobióloga- lo corrigió Sarah.
-Mejor me lo pones…- Concluyó Maxwell.
-Tres de nosotros somos militares… o lo hemos sido- se corrigió Anderson. Todos habían tenido que dejar el ejército para formar parte de la misión- Imagino que antes de irnos deberemos hacer una visita al arsenal…
Alexei asintió lentamente, mirando hacia delante, distraído.
John no sentía inquietud. Tampoco tenía ningún reproche que hacerle a la agencia. Estaba dispuesto a cumplir las órdenes, sencillamente. Como había hecho siempre.
Tras unos instantes en los que el silencio se volvió a hacer dueño de la situación, y cuando parecía que todos habían revisado en gran medida la documentación relativa a la misión, Alexei se dirigió a sus nuevos compañeros.
-Les acompañaré a la sala común. Podrán ir a descansar a las habitaciones contiguas. Tenemos tiempo.
Todos se comenzaron a levantar de sus sillas, dejando claro que estaban de acuerdo.
Cruzaron la puerta que había permanecido cerrada en todo momento mientras habían estado en la sala. Se presentó una estancia estrecha y alargada, y bien iluminada, llena de archivadores de metal que iban del suelo al techo, ocupando completamente ambas paredes. Salieron de la sala y volvieron a internarse en un laberinto de pasillos y escaleras.
Mientras avanzaban, no se llegaron a encontrar con nadie en ningún momento.
-Oye, Alexei- comenzó a decir Maxwell con unas confianzas quizá aún no ganadas…- ¿Se puede saber dónde está todo el mundo?
Los demás esperaron atentos la respuesta.
-La estación es muy grande e intrincada. A veces uno tarda meses en volver a ver a alguien en concreto. Nos dedicamos casi exclusivamente a nuestras tareas y a descansar. Además… yo aquí solo soy un mecánico. Nadie me dice lo que hace o deja de hacer- Dijo con evidente frustración.
John ya había oído hablar de cómo funcionaban este tipo de estaciones. Había quién decía que era mejor así, ya que, en aquel lugar aislado, no era muy recomendable estar viendo las mismas caras continuamente…
Al cabo de un rato llegaron a una amplia estancia circular. Las paredes y el techo abovedado eran blancos, favoreciendo la intensa y blanquecina iluminación. En el centro de la estancia había varios sofás del mismo color, mesas, una mesa de billar, una nevera, un minibar… Cerca de las paredes había máquinas de gimnasio. Y en una zona apartada habían construido una mini-bolera. Una hilera de puertas daba a las habitaciones individuales; había una decena.
-Aprovechen bien la estancia. Nos reuniremos en aquella sala dentro de 8 horas- les dijo Alexei señalando una puerta apartada de las demás.
Tras decir esto se dirigió a una de las habitaciones individuales y cerró la puerta tras de si.
Los demás se quedaron en el centro de la sala mirando a su alrededor.
-¡Bueno, ¿quién se apunta a una partida al billar?!- Exclamó, entusiasta, Maxwell.
Anderson le dirigió inicialmente una de las fulminantes miradas que le solía dedicar… pero se relajó de inmediato y sonrió mostrando los dientes.
-¿Por qué no? ¿Se apuntan?- Se dirigió a Sarah y John.
Sarah asentía mostrándose de acuerdo mientras se giraba hacia John para ver si él también se incorporaba a la partida improvisada. John, en un primer momento, dudó; pero, finalmente, sonrió levemente, relajándose, y asintió.

El despertador que había sobre la mesita situada a la derecha comenzó a sonar con un volumen ascendente. John abrió los ojos y al principio no reconoció la habitación; durante unos instantes no recordaba donde estaba ni qué era lo que hacía allí… Poco a poco fue recuperando la consciencia y recordó que era la hora de prepararse para ir hacia la base lunar.
Cuando estuvo preparado salió a la sala común y encontró a los demás con cara de no haber dormido muy bien. Alexei aún no estaba.
-Que envidia, Hawke. Veo que tú sí has aprovechado bien estas horas de sueño- le dijo Anderson.
John aún estaba llegando a la altura de los demás.
-Tenía sueño acumulado…- Contestó escuetamente.
De pronto oyeron una puerta cerrarse y vieron que Alexei se dirigía hacia ellos.
-Espero que hayan descansado. Primero pasaremos por la despensa… y luego por el arsenal.
Mientras se dirigían a la despensa, Alexei les comunicó que el resto del material ya se encontraba disponible en la nave (un vehículo más pequeño que el que habían utilizado para llegar a la estación) con la que descenderían sobre la Luna. La sala no se encontraba muy lejos de donde se encontraban. Al entrar vieron numerosas estanterías llenas de productos alimenticios enlatados y empaquetados. Al lado había una puerta que daba a una cámara frigorífica. Alexei buscó en un baúl metálico cinco petates y comenzó a recoger latas y paquetes de aquí y allá. Todo lo iba repartiendo a gran velocidad en los petates. Finalmente, se dirigió a una gran nevera que llegaba hasta el techo y sacó varias botellas que, en varios viajes, terminó de meter en las bolsas.
-Me he permitido seleccionarles el menú- dijo con su marcado acento.
Nadie puso objeción alguna; aunque Maxwell estuvo a punto de hablar, deteniéndose de inmediato al ver que Anderson comenzaba a mirarle de reojo…
-Y ahora al arsenal.
Nuevamente comenzaron a seguir a Alexei, mientras Sarah echaba un vistazo al contenido de su bolsa y ponía cara de incredulidad al ver lo que se suponía que tendría que ingerir…
La sala del arsenal estaba cerca del muelle de la nave. Una sala alargada con multitud de armas colocadas sobre las paredes, como si estuviesen expuestas, y cajas de madera llenas de munición de todo tipo. Aquí Anderson, Alexei y John se sentían como un niño en una juguetería… Si por ellos hubiese sido se lo hubiesen llevado todo. Los tres tenían preferencia por las armas pesadas. Sarah escogió un par de pistolas y abundante munición. Y Maxwell se hizo con una ametralladora ligera y otra pistola (tanto Sarah como Maxwell no habían cogido un arma en su vida hasta que se incorporaron al equipo; como parte de la formación, recibieron instrucción en armas de fuego). Cogieron además granadas y otros explosivos. Cuando consideraron que ya tenían suficiente armamento emprendieron el camino, guiados por Alexei, hasta el muelle de carga donde se encontraba la nave.
El vehículo espacial se encontraba en el interior de una amplia estancia, en la que una única puerta, que ocupaba toda la pared, los separaba del exterior. Por ese motivo no había nada más en la sala. Estuvieron un rato cargando el equipo y revisando que todo estuviese a punto antes de embarcar. Finalmente, se volvieron a colocar los trajes, que llevaban cada uno en una bolsa con el símbolo de la compañía.
Había llegado el momento de irse.
En esta ocasión, era Alexei el encargado de pilotar la nave. La compuerta se abrió ante ellos dejando al descubierto el satélite de la Tierra, que quedaba ante ellos con un aspecto enorme. Cuando la puerta estuvo totalmente abierta, Alexei hizo despegar la nave hacia el espacio, mientras la gran compuerta volvía a cerrarse tras ellos con el mismo ritmo parsimonioso con el que se había abierto.
Tras varias horas ya estaban próximos a su objetivo. En una de las pantallas aparecía una representación gráfica de la zona de aterrizaje: un espaciopuerto en el ala este de la base.
El satélite ya ocupaba ampliamente la totalidad de lo que veían delante y comenzaban a distinguirse cada vez con más claridad cráteres, planicies… y la base construida por SH.
La base consistía en una serie de cúpulas de un material similar al cristal, igualmente transparente, pero muy resistente, que estaban conectadas entre si, albergando los edificios que conformaban el complejo y que de igual modo quedaban interconectados. La nave la dirigía Alexei manualmente (al igual que durante todo el viaje) hacia la parte este.
Cuando ya se veía claramente el espaciopuerto desde donde se encontraban, Alexei activo un pequeño monitor e introdujo un código. Acto seguido, en la pantalla apareció el logotipo de SH. Entonces comenzó a hablar una voz femenina, robótica.
-Sean bienvenidos a la base lunar M1 (Moon 1), perteneciente a la compañía Space Horizon. Por favor, introduzca la contraseña de verificación- dijo la voz pregrabada.
Alexei volvió a teclear una serie de dígitos y confirmó.
-Acceso verificado. Están autorizados para aterrizar. Permanezcan a la espera de la apertura de la entrada superior de la cúpula. Recuerden que disponen de un tiempo limitado para cruzarla y que se cerrará automáticamente una vez estén dentro. Si necesitan más información sobre las instalaciones y/o la compañía, acudan a cualquiera de los terminales distribuidos a lo largo de los módulos. Gracias por venir y disfruten de su estancia- concluyó aquella voz que parecía que no acabaría nunca.
Como había dicho la voz, la parte superior de la cúpula se abrió dejando un agujero en la parte superior. La nave atravesó la obertura verticalmente y comenzó el descenso a velocidad descendente hacia una de las pistas disponibles. La obertura comenzó a cerrarse al poco hasta que la esfera volvió a aparecer completa, como si fuera imposible que hubiera podido aparecer abertura alguna.
La nave se posó relativamente suavemente. No había movimiento en los alrededores. Inmediatamente, todos se ajustaron los trajes y se colocaron los cascos. Era una medida de precaución que debía tomarse en los espaciopuertos. Además, no sabían que iban a encontrarse al salir…
La puerta de la nave se abrió. El primero en bajar fue Alexei, con su arma a la espalda. Iba seguido por Anderson, que llevaba la suya en las manos. Detrás bajó Maxwell, que consultaba un aparato con una pequeña pantalla y una especie de antena.
-Parece que los niveles de oxígeno son normales- comunicó a su superior.
La siguiente en bajar fue Sarah, seguida de John que también llevaba su arma al hombro, agarrando la correa con una mano.
-Aquí hay más naves. Debería haber gente- dijo la bióloga intentando buscar la lógica a aquella situación.
Mientras se dirigían a la puerta principal, miraban a su alrededor intentando descubrir algo extraño… pero todo era silencio y quietud… desconcertante quietud…
Una vez accedieron al interior del edificio, se quitaron los cascos y los dejaron en unos huecos de la pared especiales para ello.
-Maxwell, ¿has cogido las granadas y los explosivos?- Preguntó Anderson con su tono de comandante.
Maxwell señaló bruscamente con el pulgar la mochila que llevaba a la espalda y que, a juzgar por su gesto de seriedad y fastidio, pesaba bastante…
-Como era de esperar, nadie ha venido a recibirnos…- Dijo Anderson en un tono que no consiguió llegar a ser irónico, ignorando el gesto de protesta de Maxwell.
Alexei miraba a su alrededor sin decir nada. John no se hacía preguntas, pero comenzaba a notar una sensación de intranquilidad que no le había asaltado hasta aquel momento…
-Vayamos a mirar- dijo Alexei comenzando a preparar su ametralladora pesada mientras se dirigía a la puerta.
Anderson ya tenía preparada la suya; y Maxwell, nervioso, revisaba su ametralladora ligera. Sarah no tenía ninguna intención de empuñar su arma mientras no quedara demostrado que fuese necesario; y John se limitaba a sostenerla a su espalda sujetándola por la correa.
Alexei abrió uno de los lados de la puerta doble.
Al otro lado todo era silencio... A excepción de un murmullo que ahora era perfectamente audible y que provenía de los enormes ventiladores subterráneos que administraban el oxígeno a toda la base. Sabían que aquel lúgubre y lejano murmullo les acompañaría durante todo el tiempo que estuvieran allí…
Al principio todo parecía normal... Excepto que no había absolutamente nadie. Pero pronto comenzaron a ver cosas que comenzaron a hacer saltar las alarmas…
Objetos tirados: papeles, macetas volcadas, objetos personales… aparecían desperdigados aquí y allá. Varios de los cristales de los tablones de las paredes estaban rotos y los restos por el suelo. Siguieron avanzando lentamente con creciente nerviosismo. John podía percibir que Sarah temblaba ligeramente…
Cruzaron varios de los amplios pasillos y todo a su alrededor era caos… Destrozos por todas partes… Y sangre. Había mucha cantidad de sangre seca en multitud de puntos del suelo y las paredes… Normalmente se presentaba como una mancha provocada por salida súbita y a presión… pero en varias zonas se veían rastros que terminaban abruptamente sin aparecer un cuerpo en el lugar donde debería estar…
Procuraron evitar las salas contiguas. Llevaban un buen rato sin hablar ninguno de ellos. No querían creerse lo que veían…
-¿Qué demonios ha pasado aquí?- Dijo finalmente Anderson.
Alexei oteaba al frente con el arma a punto, sin decir nada.
-Si llego a saber esto…- Comenzó a decir Maxwell.
El único sonido que acompañaba la consternación del grupo continuaba siendo el murmullo continuo de los gigantescos ventiladores…
-Creo que deberíamos ir a la enfermería…- Dijo Sarah, controlando la voz.
Todos se giraron hacia ella.
-¿Por qué?- Preguntó Anderson.
Sarah lo miró con una ligera expresión de asombro.
-Obviamente, si hay sangre es que hay heridos… Si encontramos algún cuerpo en la enfermería podríamos saber qué les ha pasado exactamente…- Argumentó.
Anderson miró a Alexei que asentía dirigiendo la mirada hacia la doctora Archer.
-No está lejos de aquí- dijo el sargento ruso.
El panorama no varió de camino a la enfermería. La luz del pasillo anterior parpadeaba dejando intermitentemente a oscuras los alrededores a excepción del cristal de la puerta que daba a la enfermería y que probaba que había luz al otro lado. Entraron con Alexei a la cabeza.
Lo que encontraron era espantoso.
Todo estaba tirado por el suelo: el instrumental, bolsas de suero, aparatos… y todo tipo de material médico… Varias de las puertas de los armarios estaban rotas o desencajadas… Solo había una camilla en pie, con la ropa colgando hasta el suelo… Y encima de la camilla… por casi todo el suelo… por las paredes… incluso por el techo… ingentes cantidades de sangre, ya oscurecida…
Pero no había solo sangre…
Restos de varios cuerpos… extremidades… vísceras… hasta media cabeza… estaban desparramados por el suelo y otras superficies…
Sarah tuvo que hacer esfuerzos terribles por no vomitar… Pero Maxwell no pudo aguantar y fue hacia una de las paredes… Anderson y Alexei examinaban su alrededor horrorizados… John iba siendo consciente de la gravedad de la situación… aunque aún no preparó su arma…
Sarah se acercó hacia uno de los restos.
-Lo que ocurriera aquí fue hace meses…-Dijo recuperando poco a poco la compostura.
Anderson miró a su alrededor una vez más.
-¿Está segura?
Pero Sarah no contestó. Algo le había llamado la atención. Al otro lado de la sala, una cortina, también manchada de sangre, separaba la estancia en la que se encontraban de otra de menor tamaño. Tuvo una corazonada.
-¡Un momento!- Se adelantó John preparando el arma al ver que la bióloga se dirigía derecha a ver lo que había al otro lado de la cortina.
Anderson y Alexei contemplaban la escena mientras Maxwell parecía que se empezaba a calmar…  Sarah y John se miraron fijamente durante un instante y, a continuación, ambos asintieron. Cruzaron la cortina y encontraron otra camilla junto a un soporte retroiluminado para radiografías. La camilla estaba vacía. Pero, a diferencia de la sala contigua, aquí no había apenas sangre ni destrozos. John miraba en todas direcciones ante lo que pudiera suceder… Entonces Sarah se dirigió de inmediato al soporte y tomó una de las radiografías que aún estaban colocadas sobre el mismo. Las miró atentamente y miró a John con una expresión mezcla de asombro e incredulidad…
-¿Qué ocurre?- Preguntó John.
Sarah negó lentamente con la cabeza sin apartar sus ojos de los de John…
-La… La radiografía…- Intentaba decir mientras le temblaba la mano…
John se extrañó.
-¿Qué pasa con la radiografía?
Sarah tragó saliva antes de responder con un sudor frío en la frente.
-No… No pertenece… a un ser humano.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El Astronauta - Capítulo 1

El Astronauta

La misión.


John Hawke se encontraba bajo la bóveda celeste, contemplándola. Estaba en medio del campo, cubierto de césped, situado justo al lado del edificio de residentes de la base aeroespacial de Nevada. Las instalaciones pertenecían a la agencia privada SH (Space Horizon). El ex-marine del ejército de los Estados Unidos había salido hacía un rato; y se paseaba de arriba abajo sin apenas bajar la vista al suelo por el que pisaba. Era una noche despejada y algo fresca del verano a punto de acabar.
Es el mes de septiembre del año 2029.
John Hawke era un hombre de 38 años; era alto y corpulento y sus facciones eran ligeramente duras; tenía el pelo corto y castaño; sus ojos eran grises y su mirada era serena; y en la misma se veía reflejada cierta tristeza… Iba ataviado con la ropa que le había proporcionado la empresa para moverse por las instalaciones: pantalones gris oscuro, anchos y con múltiples bolsillos; chaqueta del mismo color en el cual se podía leer la inscripción “Hawke” a un lado; cinturón y botas medias de color negro; bajo la chaqueta abierta llevaba una camiseta blanca de tirantes y, al cuello, aún portaba su placa de militar.
Iba hacia un lado unos metros, y luego daba la vuelta o tomaba otra dirección. Necesitaba pensar, estar solo, reflexionar… Contemplar el cielo nocturno estrellado siempre le había ayudado. La verdad es que no tenía ni idea de cómo se llamaba ninguna estrella ni ninguna de aquellas constelaciones que en aquel lugar quedaban tan claramente dibujadas en el firmamento… pero daba igual; podía estar allí hasta el amanecer… Y no faltaba mucho ya. Apenas unas horas para el gran día. Había estado preparándose durante ocho meses para aquella misión: él, junto a otras personas, sería enviado a la Estación Orbital, construida hacía diez años, y, de ahí, a la base en la Luna. No conocía los términos de la misión. Pero sabía que debía ir.
Antes de que le ofrecieran participar en la misma, teniendo que abandonar el ejército para ello, había vivido un año de pesadilla… Su hijo pequeño, que le tenía como un héroe, murió en un accidente de coche. Él conducía. Un borracho golpeó el vehículo por detrás y este volcó. El niño no tenía puesto el cinturón de seguridad; se lo habría quitado en algún momento… A los pocos meses, su mujer, con la que tenía problemas desde hacía tiempo, le abandonó; ella no le culpaba de lo sucedido… pero ambos sabían que ya no tenían ningún motivo para seguir juntos. Después de aquello, John intentó refugiarse en su profesión. Pero lo que quería era irse lejos… muy lejos…
Al Espacio.
No estaba nervioso. Pero sí tenía una intensa sensación. Se acercaba la hora. Ya estaba amaneciendo.

Los cuatro miembros de la tripulación se encontraban en sus puestos en la nave. Todos llevaban el correspondiente traje espacial, a excepción del casco, de color gris claro. Se estaban terminando de colocar las sujeciones de seguridad. Todos permanecían en silencio. Solo se escuchaba el sonido de los motores aumentando de revoluciones. La nave cada vez vibraba en más ocasiones y con más intensidad. Las instrucciones comenzaron a llegar por la radio.
-Sky 2, ¿me recibe?- pudo escuchar John del otro lado del sofisticado aparato de comunicación.
-Aquí Sky 2. Le recibimos, control- contestó uno de los dos hombres sentados en los dos puestos delanteros, justo delante del cuadro de mandos.
Se trataba del comandante de la misión: era un hombre negro, 45 años, calvo y muy corpulento, de ojos oscuros y voz grave. El comandante Jeffrey Anderson.
-Sky 2, compruebe los ajustes de despegue. Revise la sintonización de las coordenadas- proseguía la voz masculina, casi robótica.
El tipo que estaba situado al lado del comandante se afanaba en revisar cada uno de los indicadores. Pocas veces tuvo que efectuar correcciones y era solo para asegurarse. Tenía 41 años; pelo corto y negro, ojos castaños y una incipiente sonrisa irónica en el delgado rostro. Se trataba del ingeniero de sistemas, Edward Maxwell.
-Aquí todo bien, jefe… ¿Podemos irnos ya?- Preguntó socarronamente.
Anderson le dirigió una mirada impregnada de evidente desprecio.
-Comandante- le recordó pronunciando lenta y reprobatoriamente.
Maxwell se limitó a sonreír con su actitud socarrona mientras terminaba de ajustar los parámetros para el despegue.
-Sky 2, el proceso de ignición se encuentra al 87%. Ultimen preparativos y avisen cuando estén listos.
-Con una agencia financiada con capital privado todo va mejor y más rápido- dijo como intentando convencerse de ello la mujer que John tenía al lado, a su izquierda.
Tenía 28 años. Era una mujer muy atractiva. De padre estadounidense y madre china, tenía los rasgos orientales suavizados. Su tez era blanca; su pelo era largo y negro, y ahora lo llevaba recogido en una larga cola; sus ojos eran verde claro y en aquellos momentos reflejaban una inquietud que trataba de ocultar. Se trataba de la bióloga Sarah Archer.
John apenas había tenido trato con sus compañeros de viaje. Recordaba que le habían pasado un informe de cada uno de ellos y les habían presentado. No era algo que le preocupara (ni le importara) especialmente…
Maxwell se giró hacia Anderson y asintió con la cabeza con una expresión de seriedad en la que no aparecía ni rastro de la actitud de hacía unos instantes. Había llegado la hora.
-Control, aquí Sky 2. Todo listo- comunicó Anderson.
Las sensaciones de todos ellos eran perceptibles para los demás… Todos las compartían.
La nave ya no dejaba de vibrar y zumbar y el sonido ascendente de los motores dificultaba escuchar las instrucciones provenientes de la sala de control.
-Sky 2, proceso de ignición al 100%. Procedemos a la cuenta atrás: diez, nueve, ocho, siete…
John no pudo evitar sujetarse a los reposabrazos de su asiento. Sentía como si, súbitamente, se le encogiera el estómago…
-…seis, cinco, cuatro…
Anderson y Maxwell ultimaban los procedimientos de despegue al ritmo de la cuenta atrás…
-…tres, dos, uno…
Parecía que la nave ya no podía zumbar ni vibrar más, y el sonido de los motores ya había llegado, y se mantenía constante, a su máximo volumen…
-…Cero. Despegue.
La nave, con todo su tamaño y tonelaje, se estremeció y comenzó a elevarse verticalmente hacia el cielo azul y despejado que tenían delante y que podían ver a través de los amplios cristales. El sonido de las llamaradas provocadas por los propulsores era ensordecedor. La velocidad aumentaba progresivamente a medida que se alejaban del suelo. Al cabo de unos instantes el cielo comenzó a presentar tonos del azul cada vez más oscuros. Durante unos instantes, la sensación de vértigo embargó a John, que no apartaba la mirada del recorrido que estaban atravesando… Pero había sido entrenado para esto y consiguió sobreponerse justo antes de que el azul terminara de desvanecerse en medio de aquel rumor intenso y apareciese la negrura del inmenso vacío.
Habían salido de la atmósfera terrestre.
Inmediatamente, los propulsores disminuyeron su tremendo ruido y la violenta vibración que llevaban varios minutos experimentando se estaba estabilizando hasta prácticamente detenerse. Ahora podían oírse entre ellos mientras la nave continuaba su avance.
-¿Cómo se encuentran? Por mucho que avance la tecnología, siempre supone una buena sacudida, eh- Habló el comandante Anderson, con pasmosa tranquilidad. Ya había efectuado otras misiones en el pasado y daba la impresión de que para él era como ir de paseo con el coche…
-Y que lo diga, je… Comandante- no quedó muy claro si realmente había sido una equivocación o no…
La doctora Archer no hablaba. Mantenía la compostura pero se la veía tensa. John la miró para interesarse y ella se giró devolviéndole la mirada con una sonrisa nerviosa. Ambos hicieron un gesto de coincidencia en lo que había sido el despegue y sonrieron con una risa contenida...
Entonces John, al igual que los demás, se fijó en lo que se veía a través de los cristales delanteros y las ventanillas laterales de la cabina.
A su alrededor no todo era negro. Diversos tonos de azul, amarillo, naranja, rojo… podían distinguirse en la distancia en diferentes direcciones. Y el número de estrellas era tal que en la infinita lejanía se presentaba abarrotada…
Aquí y allá se cruzaban con alguno de los miles de satélites que rodean el planeta. En estos casos era importante la pericia del piloto… por si acaso.
Definitivamente dejaron atrás la Tierra y su órbita. Ya solo cruzaban el vacío espacial.
No tardaron mucho en detectar con la mirada un objeto de gran tamaño situado a no ya mucha distancia delante de ellos.
La Estación Orbital. En continua expansión, tenía ya un considerable tamaño. Anderson comenzó a maniobrar cuando se aproximaban por uno de los flancos y la nave se desplazó lateralmente, de forma lenta, hasta que una fuerte sacudida les indicó que el acoplamiento se había efectuado con éxito. Se desabrocharon las sujeciones de seguridad y recogieron sus cascos; aunque no se los pusieron. Salieron por la puerta de atrás que separaba la cabina del resto de la nave. Al ser esta un vehículo de transporte no disponía de excesivas comodidades; y tampoco era muy grande, aunque disponía de camas, comida… Llegaron ante la compuerta que comunicaba en aquellos momentos con la estación tras el acoplamiento. Los cuatro se colocaron sus cascos, esferas totalmente transparentes; constaban de pantallas que proporcionaban información, aunque ahora ninguno de ellos necesitaba encenderlas. Cuando estuvieron preparados, Anderson abrió la compuerta con una pequeña palanca situada a un lado y dándole a continuación a un botón, cuando este pasó de rojo a verde.
-Parece que nos vayamos a bajar del metro… o subir- Comentó Maxwell utilizando su tono característico, aunque ahora de forma más conciliadora. Pero no hubo suerte. Anderson le dirigió una mirada que le indicó la poca gracia que le hacían sus “ingeniosos” comentarios…
A la doctora Archer si le había hecho cierta gracia y había llegado a asentir ligeramente; cosa que, aunque no lo entendía, produjo cierta molestia a John…
Ante ellos había un corto y estrecho pasillo que ya pertenecía a la estación. Solo podían ir de uno en uno. En primer lugar llegó el comandante ante la puerta y pulsó un interfono. Justo tras él iba Maxwell, que también estaba dentro. Como ya no había sitio suficiente, la doctora Archer apenas podía asomarse. Y en último lugar, John se quedó mirando con curiosidad a su alrededor y la cantidad de compartimentos que llenaban la estancia… alternando con furtivas miradas a su compañera de misión que estaba distraída mirando hacia delante… o eso pensaba él.
La pantallita del interfono se encendió y apareció una figura que no se distinguía claramente por las interferencias.
-Identifíquense- solicitó una voz recia de hombre con evidente acento ruso.
-Somos los miembros de la tripulación del Sky 2. Venimos para informarnos de nuestra misión- contestó Anderson utilizando un tono protocolario.
El individuo del otro lado pareció no necesitar más comprobaciones ya que, tras unos segundos, abrió la compuerta y la pantallita se apagó. Anderson se giró hacia los demás y les hizo un gesto de que lo siguieran.
Atravesaron una pequeña sala más, no mucho más espaciosa que la precedente. Uno a uno fueron cruzando la puerta, tan estrecha como la anterior y la de la nave, y cuando John hubo traspasado el umbral, la compuerta se cerró con su característico sonido deslizante.
La estancia en la que ahora se encontraban era más amplia que la de su nave, con el techo más alto y los tonos alejados del blanco y gris para presentar un aspecto semejante al de un almacén de carga, con enormes números ocupando una de las paredes y numerosas caja metálicas apiladas sin orden aparente. La puerta se abrió deslizándose a un lado y un tipo alto y musculoso la atravesó. Tenía el pelo muy corto, de punta y blanco; aunque era joven, 39 años; ojos pequeños y de color azul e iba ataviado con ropa militar: pantalones con cinturón y botas y una camiseta de tirantes. Su gesto era duro y serio. Se aproximó hasta Anderson mientras este se quitaba el casco. John y los demás hicieron lo mismo.
-Soy el sargento Alexei Ivanov. Disculpen lo de la pantalla del interfono. Hace algunos días hubo una tormenta solar y resultó dañada por un descuido- dijo mientras levantaba la mano hacia Anderson.
-Comandante Jeffrey Anderson- dijo estrechándosela fuertemente- El ingeniero de sistemas Edward Maxwell, la doctora en biología Sarah Archer y el sargento John Hawke- decía dirigiendo la mirada y la mano hacia cada uno de ellos mientras los presentaba, haciendo Alexei una leve reverencia al escuchar cada nombre… hasta que escuchó lo de “sargento” refiriéndose a John. Aquí Alexei se detuvo un segundo, fijándose bien en aquel hombre de su mismo rango y, acto seguido, le hizo el saludo; John, al igual que habían hecho sus compañeros, se lo devolvió.
Hechas las presentaciones, Alexei se giró encaminándose hacia la puerta por la que había llegado.
-Hagan el favor de seguirme- les dijo con su marcado acento ruso.
Atravesaron un pasillo iluminado lleno de multitud de puertas por las que pasaron de largo. Todo estaba en silencio. Parecía que en aquel lugar no hubiese nadie más aparte de Alexei…
Tras girar algunos recodos llegaron a unas escaleras. Arriba un nuevo pasillo. Más escaleras. John pensó que si tuviera que ir solo por aquel lugar se perdería sin remedio… Tras subir de aquella manera un piso más, llegaron finalmente a una sala amplia y bien iluminada. Una de las paredes estaba ocupada por una amplia pantalla que mostraba, como si fuera un radar, la imagen de la estación, la Tierra y la Luna. Por la pantalla había puntos que se desplazaban y datos de todo tipo que iban apareciendo al pie de dichos objetos y en los bordes. Una amplia y larga mesa, llena de papeles, ocupaba el centro de la sala. Por las paredes, estantes llenos de archivadores y más papeles. Aquí y allá había más monitores y terminales que estaban apagados e aquel momento. Una puerta situada en el otro extremo permanecía cerrada.
Alexei les indicó que se sentaran en las sillas de la mesa. Tenían donde elegir ya que había una veintena. Alexei, mientras tanto, encendió una pantalla grande situada en la esquina de la pared situada en frente de la otra pantalla. Estaba instalada arriba, inclinada ligeramente hacia abajo. Recogió unas carpetas situadas en un montón sobre la mesa y comenzó a repartirlas a los demás, quedándose con una.
Todos estaban sentados, a la expectativa. Aún no había abierto ninguno de ellos su carpeta correspondiente. Entonces, el símbolo característico de SH apareció en la pantalla.
-Buenos días. Les habla el director de la base de Nevada de Space Horizon. Espero que el viaje haya ido bien- comenzó a hablar una voz masculina de un tipo de mediana edad.
-Todo ha ido bien, señor- contestó Anderson.
Alexei permanecía de pie apoyado contra la pared.
-Como ya se les dijo, al llegar a la Estación Orbital se les comunicaría la misión que debían llevar a cabo.
La atención que ahora le prestaban a aquella voz era máxima.
-Hace un año, hemos dejado de recibir transmisiones de nuestra base en la Luna. No sabemos nada desde entonces. En la última transmisión que recibimos solo se escucha ruido ambiente.
Todos guardaban silencio. Todos sabían lo que aquella voz diría a continuación. Dirigieron sus miradas hasta el símbolo de SH que ocupaba toda la pantalla.
La voz volvió a hablar.
-Su misión consiste en dirigirse a la base para averiguar qué es lo que ha sucedido…

Nueva temporada

¡Hola a todos! ¡Comienza la 3ª temporada del blog! Para empezar, la serie de 3 capítulos: "El Astronauta".

¡Que la disfruteis!