domingo, 12 de agosto de 2012

Despedida

¡Hola a todos! Hasta aquí la 2ª temporada del blog. Os doy las gracias de corazón a todos y, como siempre os digo, espero que os lo hayáis pasado tan bien leyendo las historias del blog como yo al escribirlas.
"La Nave del Imaginante" regresará en septiembre.

¡Feliz verano!

El Jinete Olvidado - Capítulo 10

El Jinete Olvidado

La Torre (2ª parte).


Ethant guardó silencio.
Jezabelt estaba visiblemente más envejecido, aunque conservaba su majestuosidad… y su aspecto feroz y peligroso. Sus músculos aparecían más hinchados y retorcidos. Ethant se fijó en una terrible cicatriz que le cruzaba desde encima de un ojo, pasando por el párpado del mismo y siguiendo por el otro lado de la cara hacia abajo, se interrumpía, y volvía a aparecer detrás del cuello hasta perderse bajo la armadura.
-Y dime… ¿qué ha sido de ti todo este tiempo?- Preguntó Jezabelt esbozando una sonrisa levemente socarrona.
Ethant no contestó. Permanecía de pie, mirándole con los ojos llenos de ira…
A Jezabelt se le borró la sonrisa del rostro.
-Ya… Ya veo- dijo cerrando los ojos con resignación.
Sacudió la ancha espada a un lado, salpicando el suelo con la sangre de sus víctimas recientes. Comenzó a caminar hacia la parte central de la amplia y vacía estancia. El viento soplaba con fuerza en aquel momento, haciendo que su capa se agitara; pero parecía incapaz de perturbar lo más mínimo a Jezabelt…
Se detuvo al llegar.
-Supongo que has venido a retarme… Parece que ya has recuperado la memoria…- Iba sacando conclusiones.
-Así es...- Dijo Ethant, con una desmesurada rabia controlada…
Jezabelt le miró atentamente durante unos instantes.
-Imagino que te encontraste con Athlas y Amadheus…- Quiso saber.
El silencio y la mirada del joven confirmaron sus conjeturas. Jezabelt siguió hablando.
-Sabía que eras diferente… Por eso quise ofrecerte un futuro…- Hablaba, “justificándose”…
Ethant iba apretando los puños y dientes, cada vez más visibles, de rabia. Su mirada era de furia.
-¡Cállate!- Le exhortó el joven.
Jezabelt dejó de hablar, quedando sorprendido.
-Muy bien- dijo poniéndose serio- Has venido a vengarte…
Ethant recuperó la compostura… la serenidad marcial…
-Exacto- sentenció.
El joven llevó la mano a la empuñadura de su espada y la desenvainó. Jezabelt, sin apartar la mirada de Ethant, comenzaba a adoptar posición de combate.
Ambos se quedaron en guardia, a distancia, vigilándose con la mirada, la cual mantenían sostenida… Pasaron largos segundos que parecían eternos…
-¡Aquí te espero!- Bramó Jezabelt encendiéndosele la mirada.
-¡Haaaaaa!- Ethant salió corriendo en dirección a su objetivo.
Ambos atacaron al unísono y las espadas chocaron resonando en la sala y en la distancia… Ambos se detuvieron durante un instante… Entonces Ethant volvió a atacar… y Jezabelt bloqueó el tajo horizontal no con facilidad… Empujó con su arma para alejar al joven y recuperó la guardia… Ethant volvió a atacar, pero esta vez verticalmente… Jezabelt detuvo el ataque, ahora más dificultosamente que antes, tal y como reflejaba su rostro, con una expresión de sorpresa y un atisbo de preocupación… Ethant presionaba con su arma y su contrario intentaba contener la presión…
-¡Huom!- Jezabelt se deshizo del ataque e hizo retroceder a Ethant, que estaba preparado para volver a la carga…
Entonces, en medio de su creciente estupor, Jezabelt sonrió con maléfica satisfacción. Esto llamó la atención de Ethant.
-Veo que no me equivocaba contigo… Je, je, je…- Reía entre dientes, provocando la desconfianza del joven…
En ese momento, el suelo vibró fuertemente, y el sonido de las enormes cadenas deslizándose volvió a sonar… hasta tensarse de forma abrupta. Al hacerlo, Ethant comprobó que el extremo de dicha cadena se encontraba al lado del trono, proveniente del suelo, del piso inferior… Jezabelt, al ver que el joven se había percatado de esto, sonrió, malévolamente divertido…
-Je, je… ¿Te preguntas qué es eso? Tranquilo… Lo sabrás a su tiempo- concluyó poniéndose en guardia.
Ethant también afianzó su guardia. Pero esta vez le llamó la atención el cambio en la mirada de Jezabelt, que dejó de sonreír…
El alto y corpulento hombre cargó contra el joven y este tuvo que esquivar el tajo descendente que llegó hasta el suelo, agrietándolo… Volvió a atacar y esta vez Ethant intentó bloquearlo… Pero Jezabelt era tremendamente fuerte y su arma muy poderosa, y el joven salió despedido varios metros hacia atrás, cayendo al suelo… Ahora Jezabelt luchaba en serio.
Ethant, apretando los dientes de rabia, se incorporó. La figura imponente de su enemigo se erguía ante él… Entonces, poco a poco, comenzó a perder la confianza en si mismo…
Jezabelt salió corriendo al ataque.
-¡Lo siento de veras, Ethant! ¡Pero debo matarte!- Se disculpaba cínicamente Jezabelt mientras se aproximaba a toda velocidad…
Ethant, con dudas en su interior, se preparó para la carga…
Jezabelt le atacó horizontalmente, aunque Ethant consiguió saltar lo suficiente para evitar la ancha hoja de la espada… pero, cuando el joven estaba en el aire, Jezabelt le volvió a atacar, y aunque Ethant lo bloqueó, con dificultad, salió nuevamente despedido hacia el suelo... Al caer boca abajo, la espada cayó a un lado…
El joven, intentando recuperarse, podía oír los pasos de Jezabelt acercarse… Estaba perdido… Se encontraba desarmado e incapacitado para seguir luchando… Los pasos se detuvieron justo delante de él, que no alzó la cabeza…
-Lo has hecho muy bien… pero se acabó- decía de forma sincera el hombre que se despedía de él- Ahora podrás reunirte con ese caballo al que quieres tanto...
Algo atravesó el interior de Ethant, como un rayo de luz. Jezabelt comenzó a elevar su temible espada, dispuesto a acabar con el duelo…
Pero Ethant había despertado.
-¡Adios, Ethant!- Exclamó Jezabelt bajando la espada a toda velocidad en dirección al cuello del joven…
Ethant se incorporó lo suficiente para saltar rápidamente a un lado, con ambas manos apoyadas en el suelo, y recuperar su arma de inmediato en el mismo momento que el arma de Jezabelt se estrellaba de forma contundente en el suelo haciendo saltar pedazos…
Cuando, sorprendido, Jezabelt se giró, vio a Ethant en guardia y totalmente recuperado. Y vio algo en su mirada. Era una mirada combativa… decidida… Jezabelt lo miraba con los ojos abiertos sin decir nada, con expresión desconcertada… Recuperó la guardia de inmediato.
Entonces, Ethant atacó.
-¡Haaaa!- Exclamó el joven atacando verticalmente a Jezabelt… Este detuvo el ataque, pero con inesperada dificultad… Algo había cambiado en el joven… Ahora Ethant le atacó horizontalmente… y Jezabelt lo detuvo… pero tuvo que usar ambas manos para contener el ataque… No iba a permitir ser vencido por aquel muchacho…
-¡Huuuooom!- Bramó Jezabelt con furia mientras le atacaba oblicuamente con la enorme espada… Con todas sus fuerzas.
Y entonces, Ethant, para contrarrestar el ataque, atacó al mismo tiempo hacia el arma de Jezabelt… Las dos espadas chocaron resonando metálicamente en la lejanía… pero, ante la incredulidad de Jezabelt, veía como su propio brazo cedía ante el impacto del ataque de Ethant…
-¡No puede ser!- Exclamó consternado…
En ese instante, Jezabelt estaba desprotegido… expuesto… Ethant retrasó su arma, apoyó la otra mano en el extremo de la empuñadura… y clavó la espada en el cuerpo de Jezabelt… cerca del corazón, atravesando la negra armadura y saliendo la hoja por la espalda, haciendo elevarse la capa que quedó ondeando…
Jezabelt tenía los ojos muy abiertos… No se lo podía creer… Ethant mantenía la espada clavada, sin cambiar su expresión guerrera…
Finalmente, el joven extrajo el arma del cuerpo de Jezabelt… La herida del pecho sangraba abundantemente, deslizándose la sangre sobre la negra armadura hasta llegar al suelo; de igual modo le manaba de la boca un hilo cada vez más grueso de color rojo…
Jezabelt se llevó una mano a la herida y luego se la contempló… ensangrentada… como si aún no se lo creyera…
-Uugh… Lo has hecho… Me has derrotado…- Decía ante un estático Ethant que lo miraba atentamente- Ahora tú eres el Guardián de la Torre… Ahora tú eres el más fuerte del mundo…- Sentenció, doloriéndose…
Ethant adoptó una expresión desdeñosa al oír estas palabras.
-Yo no soy ningún “Guardián” de nada… Ya he hecho lo que tenía que hacer aquí…- Decía, aún con rabia…
Jezabelt se quedó en silencio unos segundos. Luego, sonriendo con su expresión maligna, se dio media vuelta, sujetándose la herida sangrante, y comenzó a caminar en dirección al trono, arrastrando la enorme espada por el suelo con un sonido chirriante…
Ethant lo seguía con la mirada; no podía imaginarse lo que haría ahora…
De vez en cuando, Jezabelt debía pararse ante un repentino ataque de tos en el cual abundante sangre quedaba en el suelo formando un charco rojo… Finalmente llegó al trono… y se situó al lado de la cadena.
-Si no cumples tu deber de Guardián… tendrás que asumir el castigo…- Dijo, irguiéndose lo máximo posible con un terrible esfuerzo…
Jezabelt se giró hacia la cadena, cuyos eslabones eran de gran tamaño, y, sorprendentemente, elevó su arma a pesar de la herida… Entonces, ante la extrañeza de Ethant, Jezabelt hizo descender con fuerza la espada hacia uno de los lados de un eslabón… y lo rompió por la mitad. A continuación, con más esfuerzo que antes, volvió a elevar la gran espada por encima de su cabeza y partió el otro lado del eslabón…
La cadena se deslizó por el hueco del suelo… y se la escuchó deslizarse durante varios segundos… hasta que se detuvo, amontonándose, en algún lugar que parecía muy lejano…
Jezabelt se giró y se dejó caer sobre la pared, de espaldas, dejándose deslizar hasta el suelo… Su expresión era de agotamiento; intentaba hablar, manteniendo la boca abierta…
-He… cumplido mi… deber… como Guardián… Siento hacerte esto, Ethant… Yo solo quería un futuro para ti… Ugh- Al tiempo que un último estertor hacía que la sangre le saltara de la herida del pecho y de la boca, también lo hicieron unas últimas lágrimas…
Jezabelt había muerto.
Ethant nunca llegó a comprender la mente y el corazón de aquel hombre… Solo en aquel momento comprendió algo… Pero, aún así… era inaceptable.
Se quedó en silencio durante un rato. Envainó su espada y comenzó a caminar rodeando la estancia. Se acercó a uno de los miradores. El cielo amenazador y el paisaje desolado seguían ahí afuera… Nada había cambiado.
No sucedía nada. Parecía que lo del “castigo” era tan solo una leyenda… Ethant decidió que había llegado el momento de irse.
Entonces el suelo se estremeció. Una nueva sacudida hizo temblar además las paredes, las columnas y el techo…
Un tremendo golpe volvió a sacudir el suelo, haciendo que este se agrietara… Ethant creía saber lo que iba a pasar a continuación…
Y entonces, del suelo del centro de la sala, que comenzaba a hundirse, con un brutal estruendo, surgió repentinamente una criatura inmensa.
Era un dragón.
Ethant, intentando protegerse con los brazos de la caída de escombros, observó que aún llevaba la cadena cerrada alrededor de una de las patas traseras. El dragón rugió con un sonido ensordecedor; el rugido se escuchó a varios kilómetros de distancia… Era un dragón cobrizo, con varios cuernos en la cabeza y una cresta ósea y puntiaguda que llegaba y le recorría el lomo. La bestia intentaba sacar las patas a través del suelo que iba despareciendo…
Ethant tenía que retroceder… pero detrás de él se encontraba el vacío… El techo comenzaba a caerse… El cuerpo sin vida de Jezabelt quedó sepultado y despareció… Todo se venía abajo.
Entonces, súbitamente, el dragón consiguió sacar la mayor parte del cuerpo, chocando contra el techo que se derrumbaba y que, en consecuencia, terminó de venirse abajo… Una gran piedra que formaba parte de una de las columnas cayó justo al lado del joven, que miraba a su alrededor buscando una salida… Entonces el dragón rugió de nuevo.
El suelo que pisaba Ethant cedió y este cayó hacia atrás… hacia el vacío…
Caía acompañado de montones de escombros, algunos enormes… La Torre había comenzado a desmoronarse… Ethant caía de espaldas a velocidad de vértigo, viendo cada vez más lejos la prácticamente desaparecida parte alta de la Torre…
Ahora sí que estaba todo perdido. Pero había logrado cumplir su objetivo. Sin embargo…
Una vez más, un impulso, que no sabía de dónde provenía, le hacía desear… vivir. Quería seguir viviendo. Por algún motivo… Pero… el fin estaba muy cerca… el suelo ya se aproximaba…
De repente, todo pareció enlentecerse. Ethant seguía cayendo rodeado de una nube de escombros que había formado una espesa cortina de polvo a su alrededor… Y entonces, de la cortina brumosa, surgió una figura que se dirigió como una flecha hacia el joven… Ethant notó una rienda tocándole la palma de la mano y, como si fuera algo natural, la cerró y la agarró con fuerza, montándose, sin pensar, en el animal que había surgido de la bruma y que había llegado escalando ágilmente sobre los escombros descendentes…
Ambos llegaron al suelo.
-¡Hildergart!- Exclamó, exultante, Ethant al reconocer a su fiel corcel, desprovisto en aquel momento de la silla de montar.
Los escombros caían a su alrededor, amenazando con aplastarlos… de modo que Ethant no tuvo que instar a su amigo a que emprendiera el galope para salir de allí inmediatamente…
Hildergart cabalgaba a toda velocidad, como nunca antes había visto Ethant… El tremendo y continuo estruendo de la Torre desmoronándose inundaba el llano…
Mientras continuaban alejándose, Ethant se giró para ver lo que estaba ocurriendo… Y lo que vio lo dejó perplejo.
La Torre estaba cayendo hacia abajo… hundiéndose sobre si misma… desapareciendo…
Una inmensa nube de polvo iba creciendo a medida que la Torre bajaba de altura… Y entonces ya no hubo Torre. El estruendo cesó y ya solo se escuchaban los últimos cascotes caer sobre el montón de piedra en que se había convertido… La nube de polvo se expandía alrededor…
Y entonces, Ethant vio algo en el cielo, justo donde hacía unos instantes se encontraba la sala desde la que había caído…
El dragón extendió sus alas en medio del cielo negro y violeta y rugió de nuevo de forma sobrecogedora.
Ethant hizo detenerse a Hildergart, el cual se irguió sobre sus patas traseras relinchando como si compitiera con el rugido del dragón… Ambos lo encararon.
La nube de polvo comenzaba a disiparse debido a la acción de los fuertes vientos. Ethant veía como el dragón le buscaba con la mirada… Y le encontraba.
Descendió hacia la montaña de escombros y, deteniéndose bruscamente justo antes de estrellarse con la misma, emprendió un vuelo rasante en dirección al joven jinete…
-Muy bien Hildergart… ¿Preparado?- Preguntó con decisión en su voz.
Hildergart movió decidido la cabeza como respuesta afirmativa. El dragón se aproximaba levantando nubes de tierra a ambos lados de donde pasaba… Sus temibles ojos amarillos de pupila vertical no quitaban la vista de encima a su objetivo…
-¡Vamos!- Exclamó el jinete intensificando la mirada y desenvainando la espada, al tiempo que Hildergart comenzaba a cabalgar, más deprisa que nunca, hacia el dragón.
Tanto el dragón como Ethant, a lomos de Hildergart, estaban a punto de coincidir en medio de la llanura…
Entonces Ethant, al ver que el dragón preparaba las garras traseras, una de las cuales iba arrastrando la cadena que iba formando un hondo surco en el suelo, instó a Hildergart a hacerse a un lado en el momento preciso que la bestia dirigía la misma hacia el joven jinete… La pudo esquivar por poco, aunque le rozó la armadura…
Ethant indicó a Hildergart que se detuviera y diera la vuelta. El dragón comenzaba a girar más adelante.
Nuevamente comenzaron a avanzar a toda velocidad uno hacia el otro… Ethant podía ver como la boca del dragón comenzaba a encenderse… las llamas comenzaban a sobresalirle de las mortíferas fauces… Cada vez estaban más cerca… El dragón comenzaba a abrir la boca…
Y, durante un instante, muy breve, Ethant se fijó en la cicatriz que el dragón tenía en la frente, justo entre los ojos… E instó a Hildergart rápidamente a hacerse a un lado en el preciso momento que la criatura lanzaba una inmensa llamarada hacia el jinete, la cual se perdió en el aire recorriendo cientos de metros sobre el desolado llano…
Una vez más Ethant señaló a Hildergart que diese la vuelta. La cadena ya había formado varios surcos en el árido suelo. El dragón se elevaba, daba la vuelta, y descendía hasta volver a recuperar la altura anterior… y volvía a la carga. Esta vez, abría las fauces… Ya se había cansado de aquello.
Ethant, montado sobre Hildergart, aún permanecía en el mismo sitio. Solo se le ocurría una manera… Debía actuar en el momento preciso… Acarició la cabeza de Hildergart, el cual respondió moviéndola a un lado. Entonces Ethant se acercó a su oído.
-Confío en ti- dijo el joven a su amigo. El fiel corcel pateó el suelo, preparándose…
El dragón, arrastrando la cadena, se aproximaba, cada vez con la boca más abierta…
Ethant le dio una palmada a un lado del cuello y Hildergart volvió a erguirse sobre sus patas traseras relinchando con furia. Emprendió el galope una última vez.
El sonido del vuelo rasante de la enorme bestia, y el de la cadena surcando el terreno, competía con el de los poderosos cascos del magnífico caballo negro, levantando nubes de polvo a su paso…
En medio del llano, bajo el cielo oscuro, entre los vientos que parecían haberse detenido momentáneamente para contemplar el desenlace… el dragón… y el jinete sobre su corcel… se dirigían a su encuentro… el encuentro final…
Entonces Ethant, ante la proximidad del dragón, subió de un impulso sobre el lomo de Hildergart, con los pies sobre el mismo y aún con las rodillas flexionadas… A medida que se acercaba el encuentro fatal iba irguiéndose manteniendo el equilibrio, con una mano sujetando la rienda y la otra su espada… Solo faltaban metros…
Y llegó el momento.
-¡Ahora Hildergart!- Exclamó Ethant.
Cuando tenían el enorme cuerpo del dragón justo delante, Hildergart saltó impulsando hacia delante a Ethant, el cual voló hacia el dragón… El corcel intentó evitar la enorme garra del dragón pero chocó contundentemente cayendo a un lado al suelo… Ethant no lo había visto ya que se encontraba pasando por delante de las incandescentes fauces del dragón que parecían a punto de engullirlo… El joven jinete sujetó su espada con ambas manos y la elevó por encima de su cabeza cuando estaba ante los furibundos ojos de aquella brutal criatura… Y entonces vio la cicatriz…
-¡Huaaaaaaaaaaaaaaa!- Exclamaba con todas sus fuerzas al tiempo que hacía descender su espada y la hundía en la antigua herida del dragón.
Este, reaccionó de inmediato y dio un movimiento brusco con la enorme cabeza hacia atrás… al mismo tiempo, la hoja de la espada se partió casi a la altura de la empuñadura… Ethant quedó durante un instante suspendido en el aire con la empuñadura en la mano, hasta que fue golpeado por el hocico del dragón al convulsionarse hacia atrás… El joven jinete caía al suelo desde una altura de varios metros a la vez que el dragón, enfurecido y herido mortalmente comenzaba a perder la consciencia… Ethant cayó bruscamente al suelo y la empuñadura de la espada rota cayó no muy lejos de él… Pero no tenía tiempo de desfallecer… El enorme cuerpo del dragón comenzaba a caer hacia delante… Iba a aplastarlo… Con las últimas fuerzas que le quedaban comenzó a rodar hacia su izquierda sin saber en ningún momento si se encontraba a suficiente distancia… Hasta que el dragón sin vida cayó sobre el suelo, con un colosal estruendo que hizo temblar el suelo como si se tratara de un terremoto y levantando una gran nube de polvo…
Ethant se detuvo… miró a su lado… La cabeza del dragón, con la mirada vacía, yacía a su lado… Estaba a punto de perder el conocimiento… Entonces se acordó de Hildergart. Levantó con dificultad la cabeza y miró hacia delante… al principio no veía con claridad… por la nube de polvo que aún no se había disipado y por las fuerzas que le fallaban…
-Hil… Hildergart…- Intentó llamar con un hilo de voz…
Pero no hubo respuesta y no veía nada… El joven comenzaba a temerse lo peor…
Pero entonces, a través de la espesa nube, comenzó a vislumbrarse una sombra que se aproximaba, acompañando sus pasos un sonido familiar de cascos… Hildergart apareció cuando se comenzó a desvanecer la nube de polvo y agachó la cabeza hacia su amigo justo al llegar a su lado.
-Me alegro de verte… Gracias, amigo…- Consiguió decir el joven, acariciándole débilmente la cara con la mano ya prácticamente sin fuerzas… y perdió el conocimiento.

Cuando Ethant despertó, vio que Hildergart no se había movido de su lado. Este le dio con el hocico en la cara para terminar de desperezarle. Ethant le puso una afectuosa mano en la mejilla y comenzó a incorporarse, no sin dificultad… Estaba dolorido. Entonces miró hacia el cielo y vio que había cambiado… Las nubes negras y violetas estaban terminando de volverse grises, aún de un tono oscuro; y aquí y allá se veían claros a través de los cuales pasaban los rayos de la luz del sol y podía verse el cielo azul… No soplaba el terrible viento y la atmósfera ya no era tan opresiva… Ethant miró hacia la empuñadura de su espada, ahora rota…
-Lo primero que tengo que hacer es conseguir una nueva espada- dijo antes de subir a lomos de Hildergart y agitar las riendas para emprender la marcha.

Se encontraban en los mismísimos límites del reino de Alenia. No se sabía qué había más allá… Ethant había conseguido recuperar la silla de montar y las alforjas; aunque se habían perdido las provisiones, que habrían de ser repuestas… Pero conservaba el caballo tallado en madera que le había hecho su padre.
Ya había cumplido su objetivo. La venganza había sido consumada. Ahora debía decidir qué hacer… La verdad es que no tenía ni idea. Ante él se presentaba un futuro incierto… Su destino sería ir vagando sin rumbo a donde le llevara el tiempo… Una existencia en el olvido… Ya hacía tiempo que había sido olvidado por el mundo. Ahora desaparecería en las tierras desconocidas que tenía delante para no volver…
Aunque… había algo que intentaba retenerlo… no sabía qué era pero ya lo había sentido antes… De todos modos su rumbo ya estaba decidido.
Prosiguió su camino a lomos de su fiel corcel y amigo.

En la llanura, aún azotada por vientos puntuales, aunque ya no tan fuertes, iba, solitaria, una figura ataviada con una capa de viaje de color blanco que la cubría totalmente; tenía la cara cubierta por encima de la nariz. Iba montada sobre una yegua de un blanco puro, de crin gris claro.
En aquellos momentos, la figura misteriosa, pasaba ante el cuerpo inerte del enorme dragón, con la enorme cadena extendida en el suelo, mirándolo con fuerte impresión con sus ojos verdes… De pronto, sus ojos se abrieron al llamarle algo mucho la atención… Descabalgó de inmediato y se dirigió corriendo a un punto cerca de la cabeza de la enorme criatura… Se agachó doblando las rodillas y recogió algo del suelo… En sus manos de piel clara sostenía la empuñadura de la espada rota de Ethant… Largos mechones rubios le caían en la cara, cuyos ojos brillaban emocionados.

Ethant, a lomos de Hildergart, había llegado a un bosque cercano. Le sorprendía un lugar de tan misteriosa belleza tan próximo al que había dejado atrás. Ahora ya se encontraba fuera de los límites de Alenia. El rumor de un arroyo de agua cristalina le llegaba de más adelante. Los rayos de la luz del sol se filtraban a través de las espesas copas de los árboles. La vegetación mostraba innumerables matices del verde y la luz que llegaba producía efectos sorprendentes aquí y allá. Pequeñas aves emitían sonidos muy agradables que no había oído nunca y aquel lugar se presentaba totalmente vivo.
Entonces, le pareció oír algo proveniente del camino por el que había venido… Primero se giró y no vio nada… Entonces, cuando iba a proseguir, volvió a girarse al escuchar claramente el sonido de lentos cascos de caballo acercarse…
Y, como si fuera un sueño, la vio. Iba cubierta pero sabía que era ella. Iba montada sobre una yegua de un color blanco brillante. La figura misteriosa se quitó la capucha de la cabeza y se descubrió la cara, cayéndole la larga melena rubia a ambos lados de su cara de piel blanca y por delante de los hombros, y mirando intensamente al joven con sus ojos de color verde claro. Era Cyntia.
En aquel momento, mientras ambos jóvenes se miraban en medio de aquel lugar como de otro mundo, Ethant entendió qué era aquello por lo que había querido seguir viviendo.



FIN

viernes, 3 de agosto de 2012

El Jinete Olvidado - Capítulo 9

El Jinete Olvidado

La Torre (1ª parte).


Pasaron muchos días. Atrás habían quedado los bosques, los ríos, las aldeas… Apenas se podían ver ya las montañas en la lejanía, ocultas por espesas brumas… El cielo ya no era azul, ni blanco, ni gris… Era de una mezcla de negro y violeta oscuro que mutaba continuamente… El terreno era llano, pero estaba totalmente muerto… Grietas de diversos tamaños surcaban el árido y oscurecido terreno que atravesaban… No había plantas ni animales; ni siquiera había visto aves desde hacía varios kilómetros… El viento soplaba, en ocasiones con una fuerza descomunal, como si les atacara, y su sonido era más grave y amenazador…
Habían llegado a los confines del este del reino. Nadie sabía qué había más allá… porque nadie había pasado de aquel lugar.
El suelo parecía desmenuzarse, levantando nubes de polvo que se las llevaba el viento, como ceniza, cuando Hildergart pisaba sobre aquella tierra agrietada y sin vida… Montado sobre el magnífico corcel negro, iba Ethant, el jinete. Su aspecto había cambiado ligeramente. Había tardado en llegar hasta aquel lugar debido a que había pasado bastantes días entrenándose. Había llegado hasta el límite de su cuerpo. Su mirada, decidida, reflejaba este cambio…

Colgado boca abajo de un enorme árbol, con una cuerda atada a los pies, había hecho cientos de abdominales, notando la rugosa corteza en la espalda descubierta cuando ya no podía más… Cientos de flexiones sobre una mano… y luego con la otra… Y, cargado con troncos a la espalda, había recorrido kilómetros de terreno montañoso y agreste… corriendo…

Ya había oído hablar de la Torre. Se dice que es un punto de control, tanto para los que quieren salir del reino por el este, como para los que quieren entrar desde las tierras ignotas… Aunque nunca nadie ha venido del otro lado. Ni siquiera se sabe qué hay y si hay seres más allá… Hace varios siglos, un rey conocido por su espíritu belicoso y su crueldad, ordenó construir dicha torre para proteger al reino de un eventual ataque. Y, para custodiarla, se designaba a un guardián, el Guardián de la Torre, el cual debía superar unas pruebas terribles, en las que muchos morían, para ostentar tal título. Como recompensa, periódicamente, el rey enviaba súbditos que le llevaban cargamentos de comida, licores, mujeres… El Guardián de la Torre no debe abandonarla nunca. Si alguien lo intentara, debería enfrentarse a un castigo… Ethant no sabía hasta qué punto esta historia era real. La torre debía estar abandonada desde hacía cientos de años… Se decía que el aspirante a nuevo Guardián debía ir a la Torre y retar al actual… Si le vencía, él era nombrado el nuevo Guardián de la Torre, y dispondría de los ilimitados favores del rey. Pero, tras la muerte del rey, llegó un momento en que ser nombrado el Guardián de la Torre adquirió un nuevo significado: quién era elegido, era considerado el hombre más fuerte del reino… y de los circundantes, pues muchos venían de los reinos adyacentes para probar fortuna y demostrar que eran los más poderosos… Hasta que llegó un día en que aquel que conseguía el título de Guardián era considerado el hombre más fuerte del mundo… Y eso era lo que únicamente perseguían los nuevos aspirantes… Pero la regla de no abandonar la torre se mantenía. Una sociedad secreta se encargaba de proporcionar al Guardián todo aquello que antes procuraba el rey… Se dice que aquella sociedad permanecería mientras aquella torre siguiese erguida…
Tal vez sus miembros se encargaban de perseguir y matar al que abandonaba la Torre y ese era el castigo del que hablan las historias, pensó Ethant. La verdad es que nadie sabe esto, ya que nadie ha regresado para contarlo…
Lo que no se imaginaba Ethant era que Jezabelt hubiera logrado ser nombrado Guardián de la Torre… Eso significaba que se había vuelto mucho más peligroso de lo que ya era… El más peligroso…
Por eso, el joven jinete había decidido entrenarse duramente…
Ya no sabía si era mañana, tarde o noche, ya que el cielo no variaba en ningún momento. La atmósfera era opresiva en aquella llanura interminable…
Entonces, algo se comenzaba a distinguir más adelante. Ethant esperó a verlo más claramente para confirmarlo.
En medio de aquella tierra devastada por la desolación, apuntando hacia el cielo oscuro, se elevaba una torre de estructura retorcida, como si fuera un organismo vivo…
A medida que se aproximaban, la estructura presentaba más claramente sus rasgos… Parecía que fuera una extensión de la tierra que hubiera surgido de las profundidades, enredada aún en las raíces gigantescas de un ser ya muerto…
Cuando se encontraba a suficiente distancia, Ethant pudo distinguir que un foso rodeaba la Torre. Estaba vacío; no había visto agua en ninguna parte desde hacía días… El foso conectaba con un cauce a la izquierda que se perdía de vista. Observó que, para acceder a la Torre, había un puente levadizo… pero en aquel momento estaba medio levantado. No podían acceder por ahí.
Llegaron al límite del foso y el joven jinete miró hacia abajo. Justo debajo del puente, había una entrada, no muy grande, por la que podía caber alguien de su tamaño… El terreno descendía en cuesta, de modo que, no sin dificultad, descendieron hasta el fondo.
Una vez abajo, Ethant descabalgó de Hildergart y se aproximó a la entrada. Quedaba un poco elevada, como si fuera una ventana. Desde donde se encontraba, no podía ver nada del otro lado, solo oscuridad.
Entonces el suelo comenzó a vibrar. Hildergart se movía inquieto. Ethant se adelantó unos pasos para escuchar mejor. Un rumor cada vez menos lejano se podía escuchar rápidamente con más claridad…
Entonces, inesperadamente, del recodo de la torre, apareció una masa de agua furiosa que lo estaba inundando todo… Al hostil sonido del agua chocando lo acompañaba el ruido que provocaban multitud de estacas del tamaño de árboles, acabadas en punta, que iban colisionando contra todo lo que encontraban…
-¡Hildergart, vete!- Gritó a su amigo girándose, llevando una mano hacia su corcel, sin dejar de encarar la ola…
Pero Hildergart no estaba dispuesto a abandonar a Ethant y emprendió el galope en dirección a su amigo…
Todo sucedió muy rápido. La ola engulló a Ethant que chocó contra la fría piedra, aunque consiguió agarrarse con una mano a la obertura, por la que comenzaba a entrar el agua… Y, a continuación, ante los ojos del joven, se llevó por delante a Hildergart.
-¡Hildergart! ¡Nooo!- Gritaba, desesperado, mientras veía impotente cómo el agua embravecida se llevaba a Hildergart, que relinchaba luchando en vano por librarse de aquella fuerza imparable… Hasta que quedó sumergido y varias estacas cayeron justo donde un momento antes estaba su fiel corcel…
Fue como si el tiempo se detuviese. Todo se volvió bicolor. Ethant notó como algo le traspasaba dolorosamente su interior… Se quedó sin habla, con la boca abierta y los ojos reflejando su incontenible desesperación, saltándosele las lágrimas que se unían a las aguas embravecidas que seguían empujándolo…
Durante un instante estuvo tentado de soltarse e ir en busca de su amigo… que había desaparecido… El agua cada vez lo empujaba con más fuerza y no resistiría agarrado mucho más… Algunas estacas iban golpeando cerca de él… y, en un momento determinado, una de las mismas, por la parte puntiaguda, chocó contra la piedra, muy cerca de su cabeza…
El agua, a su vez, subía y subía, hasta que Ethant quedó sumergido, perdiendo de vista definitivamente la dirección en la que había visto desaparecer a Hildergart…
Entonces, bajo el agua, viendo llegar las estacas, algunas como lanzas, otras girando sobre si mismas, reaccionó… No podía abandonar ahora… Si no, lo que le había ocurrido a Hildergart…
Se agarró con las dos manos a la obertura y, con gran esfuerzo, luchando contra la incesante corriente, consiguió introducirse en la entrada… Atravesaba el túnel que se extendía ante él lo más rápido que podía, inmerso en la más absoluta oscuridad… El ruido del agua y las estacas chocando cada vez sonaba más lejano…
Ethant nadaba bajo el agua, ayudándose en ocasiones con las manos para impulsarse utilizando las paredes, cada vez más estrechas… pero el túnel parecía no tener fin… El joven seguía avanzando, urgentemente, pero no veía el final… El aire comenzaba a agotarse en sus pulmones…
Cuando creía que ya no podría aguantar más… Chocó contra un muro. El aire ya se le había acabado. Su pensamiento, aún aturdido, se nubló y pensó que había llegado el final… Pero, entonces, percibió una luz lejana y apagada que provenía de arriba… Era una salida… Pero a Ethant ya no le quedaban fuerzas… Dio un último impulso hacia arriba… y perdió el conocimiento…

-“¿Cómo lo has hecho, muchacho?” Preguntaba una voz que no había oído desde hacía muchos años... –“Ese caballo es un auténtico indomable… Nadie jamás había siquiera conseguido acercarse a él… Y ahora tú eres su dueño…”
-“No soy su dueño… Soy su amigo…” Respondió.
-“¿Amigos? No había oído tal cosa en mi vida… Pero, el caso, es que ahora puedes ponerle un nombre… ¿Cómo lo llamarás?”
Guardó silencio un instante.
-“Hildergart”.
El sonido de su propia voz en su cabeza lo despertó. Se encontraba en una sala de piedra verdecida por el moho. Estaba casi sumergido en el agua, recostado sobre los restos de lo que había sido una columna. La sala estaba inundada; el agua le llegaba seguramente a la altura de las rodillas… No recordaba cómo había llegado hasta allí, ya que, con la mirada, buscó la obertura por la que había pasado ya inconsciente, y la encontró a unos metros de allí… Debía haber vuelto a perder la consciencia tras “despertar” levemente y caminar hasta donde estaba…
Comenzó a incorporarse y miró a su alrededor. La débil luz, que no estaba muy seguro de dónde provenía, dejaba ver una sala lóbrega. Podían verse varias cadenas a lo largo de las paredes; una única cadena con el extremo cerrado… Aquel lugar hedía… a agua estancada y a algo más…
Entonces le vino al pensamiento lo que acababa de suceder… Aún su mente no había vuelto a acudir a ello… hasta aquel momento. Ethant apretó los puños y los dientes… No pudo contener las lágrimas… Ahora se encontraba solo… Abrió los ojos y vio, al fondo, unas escaleras que ascendían… A pesar de todo, debía seguir adelante.
Se pasó con rabia la mano enguantada por los ojos, limpiándose las lágrimas, y comenzó a caminar. Cuando hubo dado dos pasos, percibió movimiento… Miró a su derredor pero no vio nada… Aunque notaba algo que no le gustaba nada…
Siguió caminando. Y ahora notó algo que le rozó la pierna… En ese momento, se percató de que, en algunas de las cadenas, en el extremo, se encontraba aprisionado algún brazo esquelético… En algunas incluso se veía más… incluso calaveras casi sumergidas…
Ethant desenvainó su espada de inmediato… pero algo muy grande surgió de pronto del agua oscura y le golpeó en la mano que sostenía la empuñadura del arma…
La espada cayó al agua.
Ethant pudo ver una enorme serpiente acuática que se erguía y se le encaraba, abriendo la boca repleta de colmillos, mostrando su rojiza lengua bífida y mirándolo con sus enormes e hipnóticos ojos de reptil, emitiendo un horripilante sonido sibilante que resonaba en la amplia y hueca estancia…
Ethant apretó el puño con rabia, sabiendo que no podía coger su espada... mientras aquel ser le mantenía la mirada, dispuesto a atacar en cualquier momento…
Y lo hizo. Se abalanzó furiosamente hacia su presa y el joven consiguió saltar a un lado… La enorme serpiente chocó contra el agua salpicando violentamente en todas direcciones… Se giró, sinuosa, y miró de nuevo a Ethant… y de nuevo se lanzó hacia él… Ethant volvió a esquivarla… pero el cuerpo alargado de la serpiente permanecía a su lado… y comenzaba a envolverlo… a enrollarse sobre él…
-¡Aagh!- Exclamó, dolorido, al notar cómo aquel ser apretaba súbitamente... y lo miraba, como si sonriera ansiosa y malévolamente… y apretaba cada vez más, y más…
Ethant notaba que el dolor era tan intenso que iba a perder la consciencia una vez más… Su cuerpo no lo resistiría…
Entonces… recordó algo… algo que volvió a olvidar inmediatamente… pero que le dio lo que necesitaba más que ninguna otra cosa para seguir adelante… La voluntad de seguir luchando.
Afianzó su posición, con la mirada decidida… Apretó los puños y los dientes… Y comenzó a luchar por liberarse de la presa de la serpiente… La bestia ya no “sonreía”; se agitaba desconcertada y nerviosa… La presa que ejercía sobre el joven comenzaba a ceder… Ethant, con un esfuerzo tremendo, estaba logrando separar a la serpiente de su cuerpo…
-¡Haaaaaaaaa!- Bramó el joven, con un último e inaudito esfuerzo, y se quitó de encima a la serpiente de una vez por todas…
Aquel ser, dolorido y confundido, se alejó momentáneamente, mientras Ethant se recuperaba, jadeando… Sabía que volvería enseguida…
Miró hacia donde había caído su espada. No la veía pero estaba prácticamente seguro que estaba allí. La serpiente volvía… a toda velocidad… Ethant se aproximó al lugar… La bestia estaba casi encima… Emitía un sonido gutural y amenazante, haciendo vibrar la lengua mientras mostraba los colmillos… Sus ojos brillaban rojos en la oscuridad… Ethant se agachó y llevó la mano al fondo…
La tenía.
Cuando estaba a punto de ser devorado por sus fauces, Ethant sacó la mano del agua, empuñando su espada, y se la clavó, ayudándose con la otra mano, en la parte superior de la boca en el último momento, atravesándola por la cabeza…
La serpiente, inerte, cayó encima del joven, que también cayó sentado al agua, sin soltar la espada y empujando, con esfuerzo, el pesado cuerpo del ser a un lado…
Extrajo la espada. Se incorporó. Miró unos instantes a la serpiente, comprobando que ya no se movería… y comenzó a caminar por el suelo inundado hacia las escaleras.

Ascendió por las escaleras, dejando atrás el agua y aquella sala hedionda. Al llegar arriba, se encontró con una puerta de barrotes de metal. No se abría.
Ethant comprobó que las paredes que bordeaban la puerta estaban muy gastadas. Se quedó quieto ante la puerta durante unos instantes… Sus ojos quedaban ocultos bajo el cabello aún húmedo…
Dio una tremenda patada en la cerradura y la puerta cedió y se abrió. Cruzó al otro lado.
Mientras atravesaba un pasillo, comprobó que cada vez había más luz; luz natural, si es que se la podía llamar así…
Giró un recodo y llegó al amplio vestíbulo de la Torre. Las puertas estaban entreabiertas. A través del hueco se veía el exterior, desolador… Y el puente, que ahora estaba bajado.
Ethant se giró y vio que unas escaleras ascendían en espiral. Se acercó y miró hacia arriba. La Torre era considerablemente alta…
Comenzó el ascenso.
Al subir, oía sus pasos formar eco en aquellas paredes de piedra oscura. A través de numerosas grietas, se filtraba el fuerte viento del exterior, que ascendía y descendía por el gigantesco espacio formado en el centro, con un sonido ensordecedor…
Cuando llegó al final de las escaleras, ante una puerta de metal oscuro, miró una vez hacia abajo… El suelo estaba a mucha distancia, a distancia de vértigo…
Antes de intentar forzar la puerta intentó abrirla. Esta vez se abrió. Ethant, ante esto, y recordando que la puerta doble de abajo estaba entreabierta y el puente levadizo bajado, comenzaba a pensar que alguien había llegado a la Torre y relajado las precauciones a su paso…
Cruzó la puerta y se encontró ante un pasillo estrecho circular. Por lo que Ethant alcanzaba a ver, el pasillo parecía rodear la Torre. Lo siguió. Era un pasillo oscuro.
Cuando llevaba caminado unos pasos, comenzó a oír algo muy cerca… Un sonido de cadenas, enormes, deslizándose, se escuchaba desde detrás de las paredes… de todas las paredes… y del techo. El sonido era cada vez más fuerte y sobrecogedor… Se aceleraba… Y entonces se oían las cadenas tensándose de forma brutal…
Ethant se detuvo un momento al oír esto… Nuevamente las cadenas comenzaron a deslizarse… Algo parecía moverse al otro lado de la pared a su izquierda… Algo muy grande…
El joven siguió avanzando… Y las cadenas volvieron a tensarse brutalmente… Nuevamente el deslizamiento…
Al cabo de un rato, llegó a una nueva puerta, abierta. Tras la misma se veían unas escaleras que ascendían por un paso estrecho. La luz del exterior llegaba al umbral.
Cuando Ethant llegó al pie de las escaleras, escuchó voces provenientes de arriba. Subía con cautela los escalones, dejando atrás los estremecedores deslizamientos de cadenas, cuyo sonido atravesaba la piedra… Entonces pudo escuchar claramente la conversación.
-Hemos utilizado el sistema subterráneo de inundación del foso. Hemos acabado con él- decía una voz ronca.
-Eran un jinete y su montura. Una lástima por el animal; era impresionante- dijo el otro, de voz más clara y altiva.
-¿Qué has dicho?- dijo una tercera voz.
Todo el cuerpo de Ethant se tensó de inmediato… Conocía muy bien esa voz...
Se escuchó un largo sonido de una gran espada desenvainándose…
-¡Un momento! ¿¡Qué haces!? ¡Hemos cumplido las órdenes establecidas! ¡No puedes hacer… Uugh!- gimió el primero.
-¡Informaré a los demás miembros! ¡Noo!- Gritó el segundo antes de escucharse el sonido de un arma metálica deslizándose…
Ethant subió corriendo los escalones. Apartó de golpe con el brazo la puerta entreabierta que lo separaba de la estancia siguiente…
Al cruzar el umbral, se encontró con un lugar amplio, abierto al exterior a través de columnas casi orgánicas que formaban parte de una serie de espeluznantes miradores hacia el cielo oscuro y revuelto por los feroces vientos…
Cerca del otro lado de aquel lugar, donde se veía un trono ornamentado del mismo estilo que el resto de la Torre, había una alta figura de espaldas enfundada en una armadura negra… con una larga capa del mismo color… el cabello rosa oscuro, largo, de puntiagudas ondulaciones… Tenía la espada ensangrentada, aún goteando, a un lado apuntando hacia el suelo… En el mismo, dos hombres ataviados con una especie de hábitos con capucha, en sendos charcos de sangre… muertos…
El alto y corpulento individuo de la imponente espada, al percatarse de la presencia del joven, giró levemente el cuerpo con la cintura… Luego se giró algo más…
Al ver a Ethant, al principio se sorprendió… Luego, en medio de una expresión casi maníaca, sonrió…
-Sabía que estabas vivo.