domingo, 25 de septiembre de 2016

La Maldición del Espejo - Capítulo 13

La Maldición del Espejo

El nacimiento de una bruja (1ª parte)


50 años antes.

Bajo la sombra de los altos árboles de aquel frío y solitario bosque, se encontraba de pie una niña sosteniendo algo entre sus dos manos y a lo que miraba fijamente, sin mostrar emoción alguna en su rostro: un pajarito muerto, yacía inmóvil entre sus sucias palmas de humana de no más de trece años…
No era muy alta y más bien delgaducha. Sus cabellos sucios eran lacios y negros como el azabache, pugnando por cubrirle la cara a la que inclinaba la cabeza en clara muestra de sumisión; sus ojos también eran oscuros y profundos: como dos pozos a los que era mejor no asomarse… Vestía con ropa remendada que le cubría totalmente el cuerpo, sin apenas desarrollar, en el incipiente invierno…
-¡Ey! ¡Mirad! ¡Está ahí!- Avisó una voz infantil muy cerca de allí.
Solo entonces la niña taciturna reaccionó, levantando ligeramente la cabeza y dirigiendo los ojos inexpresivos y apagados hacia el lugar del que parecía provenir el sonido…
La voz de antes era también de una niña, pelirroja y llena de pecas, rechoncha, con el pelo de estropajo y unos ojos verdes que no parecían pertenecerle… Junto a ella, se aproximaron otras dos.
-Aquí está la rarita- anunció la niña pelirroja a sus dos compañeras, que la imitaron emitiendo una risita sardónica.
Las tres llevaban unas pequeñas y delgadas maletas a la espalda; hacía poco que habían acabado las clases en la escuela de la aldea de al lado y sabían que no debían entretenerse ante la cercanía de la noche… La pequeña, que aún sostenía el pajarito -aunque cubriéndolo todo lo que podía con ambas manos- tenía la suya apoyada sobre un árbol cercano, como si la hubiera lanzado con desdén… La desagradable niña pelirroja se acercó a grandes pasos hasta quedar frente a su imperturbable compañera de clase…
-¿Qué escondes ahí?- Exigió saber, con su voz agravada por el peso de más…
Ahora la pequeña se sentía algo cohibida ante aquella compañera suya que tenía ya claramente desarrollados sus rasgos más femeninos y ante lo que no podía evitar sentirse inferior… Entonces la niña pelirroja le agarró ambas muñecas de forma brusca.
-¡Que me digas lo que llevas ahí!- La zarandeó hasta que el pajarito cayó al suelo…
Entonces la niña pelirroja se quedó mirando el animal muerto que se encontraba en el suelo en aquellos momentos; las otras dos que la acompañaban, se habían acercado para ver mejor de qué se trataba… La niña del pelo negro temblaba de forma casi imperceptible…
-¡¡¡Uaaaaah!!!- Esta aulló de una forma animal y absolutamente inesperada a la vez que, fuera de si, empujaba con todas sus fuerzas a la niña pelirroja, insultándola con la peor palabra…
La niña pelirroja cayó al suelo de espaldas, ante los ojos horrorizados de sus dos compañeras, que ahora estaban asustadas de aquella enclenque con los ojos desorbitados que se agachaba lentamente para recoger con cuidado al pequeño animal sin vida…
-¡Maldita zorra! ¡Te voy a matar!- La amenazó la enfurecida niña pelirroja mientras se levantaba como podía de aquel mar de hojas y se abalanzaba sobre la otra, que ni le prestaba atención, concentrada en el pajarito…
Ahora fue aquella la que la embistió, volviendo a provocar que el pequeño animal se le escapara de las manos, antes de salir despedida hacia atrás…
Lo que siguió fue una lluvia de golpes en todas las partes de su cuerpo.
-¡Venid a ayudarme!- “Ordenó” a las otras, que no dudaron en obedecer de inmediato y llegar a la altura de la niña magullada…
Aquella pequeña pensó que moriría allí. Innumerables golpes la atormentaron mientras miraba fijamente el cielo nublado que se llegaba a divisar más allá de la copa de los árboles… alejándose como ella misma…
Por orden de la resarcida niña pelirroja, la llevaron entre sus dos compinches hasta el árbol más cercano donde la apoyaron sobre el tronco. La niña del pelo negro estaba todavía consciente pero al borde del desmayo… la nariz le sangraba profusamente y había perdido varios dientes… Realmente había estado a punto de morir…
Entonces, la niña pelirroja, decidió que había que rematar aquel “justo castigo”. Buscó a su alrededor hasta encontrar lo que buscaba: el dichoso pajarito… No sin asco, lo cogió con dos dedos, alejándolo de ella, y se aproximó a su maltrecha compañera…
-¿Este es tu amigo, verdad? No te preocupes: lo verás cuando te mueras… ¡en el Infierno!- Dijo, escupiéndole en la cara…
Acto seguido, dejó caer el animal y comenzó a pisotearlo con una furia y una inquina impropias de una niña de su edad… Era el mismísimo demonio… Con sus ojos, que apenas podía abrir, la niña del pelo negro contemplaba con estupor cómo aquella desgraciada aplastaba una y otra vez a aquel ser indefenso… Sin recordar ya, que estaba indefenso porque no vivía…
Para terminar, la terrible niña pelirroja cogió de nuevo con asco lo que quedaba del pajarito y se lo lanzó al regazo. Incluso a las compañeras de la primera les revolvió el estómago toda aquella escena… aunque le tenían demasiado miedo como para abrir la boca siquiera…
-Venga, vayámonos. Pronto oscurecerá. Y dicen que en este bosque hay seres maléficos…- Dijo esto último en tono de burla, no quedando muy claro qué era lo que quería decir… ni a quién se refería concretamente…
Las otras dos, sin decir nada, la siguieron, lanzando ambas una mirada, ahora sí, llena de lástima hacia el despojo que se hallaba tirado sobre aquel tronco: casi no pudieron contener las lágrimas al ver cómo de los ojos de aquella infeliz brotaban, en silencio, dos regueros, mientras miraba sin apenas pestañear lo que había quedado de su pobre amigo… Finalmente aquellas tres se alejaron, dejándola sola con su incontenible e insoportable dolor…
Pasó largo rato. La pequeña prácticamente no se había movido: no podía, ni un músculo siquiera… Tan solo sus ojos parecían haber cobrado cada vez más vida… Jamás lloraría tanto en su vida como aquel día.
Estaba oscureciendo. Pero ella no se podía mover… Sabía que tenía que volver a casa, con su tío, antes de que anocheciera… si no… Hizo grandes esfuerzos por incorporarse -cayendo el deshecho animal de su falda-, ayudándose del rugoso tronco que se hallaba a su espalda… Estaba tan mal que ni siquiera reparó en que su cartera se encontraba a un metro escaso de ella, con el libro, el cuaderno y sus útiles de escritura por el suelo… Solo pensaba en que debía moverse…
Parecía que podía caminar, moviéndose con extraordinaria dificultad. Le dolía todo… incluso sus partes íntimas, donde aquellas malnacidas se habían ensañado…
Y caminó. Caminó mientras las sombras la envolvían. Caminó sin rumbo fijo, aunque ella no se daba cuenta de esto… Y, mientras caminaba, algo iba creciendo en su interior. Algo que, en un principio, podría haber desaparecido así como había venido… pero no fue así.
Era odio. Un odio que no paraba de aumentar… cada vez más grande e intenso…
Estuvo vagando durante horas, inmersa en las tinieblas; hasta que se encontró ante lo que parecía una gruta, como salida de la nada. La atracción hacia el interior de aquella garganta de la tierra era demasiado poderosa como para ignorarla… La niña de los ojos llenos de odio entró únicamente siguiendo sus instintos…
En aquel lugar la negrura era más intensa que en cualquier otro que ella hubiese estado antes… Y, sin embargo, no tenía ningún miedo. Era como si todas sus emociones y sentimientos hubiesen quedado relegados por uno solo.
Entonces sintió un súbito temor. Ante ella, se abrieron dos ojos, como dos rendijas, que parecían que la fueran a tragar… Dio un pequeño paso atrás… pero no salió huyendo…
-¿Quién eres? ¿Cómo es que has llegado hasta aquí?- La interrogaba una voz grave y monstruosa, como si proviniese de otro lugar…
La niña se paró a pensar por primera vez desde que comenzara a caminar sobre sus doloridas piernas.
-Yo… Yo…- Trataba de decir…
Las rendijas se entornaron, aguardando a que la niña terminara de explicarse…
-Quiero… Quiero que mueran…- Dijo, expresando lo que había en el fondo de su corazón.
Aquellos ojos guardaron silencio unos instantes, ahora contemplándola de arriba abajo…
-Yo puedo ayudarte- sentenció.
Aquellas palabras provocaron una reacción de emoción en la niña. Incluso llegó a sonreír ampliamente, abriendo mucho la boca, con una extraña y malsana alegría…
-¿Sí? Eso es lo que quiero… Te doy las gracias- les dijo, sin que aquellos dos ojos animalescos hubiesen hecho nada aún.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la niña. Era como si una pequeña voz en alguna parte de su interior le estuviese hablando a gritos, alertándola… pero eran unos gritos ahogados de antemano… Nunca olvidaría la última vez que pudo oírlos…
-Vuelve a casa y no te preocupes. Yo me ocuparé de esto. Pero…- Aquí elevó el tono de voz- …tú estarás en deuda conmigo- y no dijo nada más…
A la niña le pareció correcto: no habría precio suficiente por lo que iba a hacer aquel desconocido por ella, pensó…
Jamás habría estado más errada que en aquel momento.
Dio media vuelta, sin hablar, y se fue hacia una zona más iluminada que indicaba claramente la salida de la gruta… sin ser consciente de que fue minuciosamente observada por aquellos ojos hasta que salió al exterior. Los cuales reflejaban una creciente satisfacción…

La pequeña no estaba segura de si habría sido un sueño o no. No sabiendo muy bien cómo lo había conseguido, llegó al lugar donde todavía se encontraban tiradas sus cosas y las recogió con cierta urgencia. No sabía qué hora debía ser. De todos modos, su tío habría caído redondo sobre el suelo de la cocina, apestando a alcohol y roncando ruidosamente… Nunca supo que llegaba a la hora de las brujas. Desde allí no fue demasiado difícil orientarse y caminó bajo la atenta mirada de aquellos altos árboles, que parecían de pronto haber reparado en su presencia a su paso…
Finalmente llegó a su casa. La humilde construcción se encontraba en medio del bosque, a las afueras de la aldea. Y, como se imaginaba, la luz de la cocina estaba encendida. Respiró aliviada. Por mucho menos…
Accedió con cuidado al interior de lo que acostumbraba a llamar su casa… Cerró despacio y procuró no hacer ruido, acercándose con cautela a la cocina…
Efectivamente, la escena habitual. La botella había rodado por el suelo esparciendo el poco contenido que aún albergaba…
Pero hubo algo que le llamó la atención. Algo que no había visto antes: observó que su tío, sentado y echado sobre la mesa, sin sentido, sostenía… un cuchillo; el más grande de la casa. Se preguntaba por qué… pero no le quiso dar más vueltas y se alejó de allí en seguida.
Inquieta, llegó a su pequeño y sucio cuarto en el que solamente había una cama con las patas rotas; se preguntaba si aquella noche rondaría alguna cucaracha por el suelo… Se echó vestida y entonces se acordó vivamente de la cruel paliza que había recibido unas horas atrás. ¿Y luego? ¿Qué había pasado luego? Era como si una niebla ocultase sus últimos recuerdos… El dolor físico que sentía era demasiado intenso para pensar en algo más. Estaba tan agotada, en todos los sentidos, que no tardó en quedar dormida hasta el día siguiente…

Era domingo. Afortunadamente, no había clase. Pero tenía que prepararle el desayuno a su tío, se acordó, levantándose de un salto que fue abortado por el terrible daño que le hacía su débil cuerpo… No estaba en condiciones de levantarse. Pero, si no lo hacía… ¿Qué hora sería? Estaba absolutamente desorientada.
Entonces se oyó la puerta de la entrada abrir y cerrarse. Su tío había llegado. ¿De dónde? ¿Tan tarde era…?
Sin embargo, al contrario que en otras ocasiones, no sentía temor por la reacción de la persona que estaba a cargo de “su cuidado”. ¿Por qué? Se atrevió a salir de su cuarto e ir al encuentro de su tío…
Algo pasaba. Se lo encontró pasándose la mano por la frente, sin quitarse el abrigo y el gorro aún, en medio del recibidor… Entonces este se percató de la presencia de la niña.
-Claire… Ha pasado algo espantoso…- Decía, casi asustado.
Claire nunca lo había visto así.
-¿Qué ocurre?- No podía ni imaginarse qué era lo que podía haber pasado…
Su tío se acercó, con pasos lentos y pesados, con una expresión de horror que la estaba comenzando a asustar…
-Son… tus compañeras- dijo al fin, deteniéndose y girándose un poco a un lado…
Claire abrió mucho los ojos. De pronto lo recordó todo…
-¿Qué… Qué les ha pasado?- Preguntó, temiendo la respuesta, comenzando a temblar de forma cada vez más violenta a pesar de los intentos por dominarse…
Su tío, que tenía ahora la mirada perdida, volvió a mirarla con aquellos ojos vidriosos.
-Es… horrible… Han aparecido esta mañana… degolladas… en su cama…- Le costaba mucho trabajo hablar…
Claire no se lo podía creer. No quería creérselo. Había deseado con todas sus fuerzas que murieran, pero ya ni pensaba en ello… Entonces, ¿había sido real? ¿No había soñado aquel extraño encuentro la noche anterior…? Había llegado a pensar que se trataba de una pesadilla. Que se encontraba inmersa en ella, incluso… Pero la realidad era mucho peor…
-¿La… La niña pelirroja?- Preguntó con la voz quebrada…
Aquello llamó la atención de su tío que reaccionó de forma inesperada.
-¿Cómo lo sabes? ¡Sí! Aquella niña pelirroja que me decías que te acosaba… y sus dos amigas…- De alguna manera, su tío parecía estar atando cabos…
Claire comenzó a retroceder, ahora presa del pánico.
-Yo… no sé nada… Yo estaba en mi cuarto…- No sabía como defenderse
Ahora su tío la miraba con desconfianza…
-Tú sabes algo… ¿verdad? Tú sabes qué ha pasado…- Comenzaba a acusarla…
Claire no podría evitar derrumbarse en cualquier momento. Súbitamente, salió corriendo, pasando por delante de su tío, y atravesó la puerta hacia el exterior…
La luz del día le lastimaba los ojos. Solo tenía un pensamiento: volver a aquella gruta. Comenzó a correr, con las lágrimas resbalando por sus mejillas, en dirección a aquel lugar. Al reencuentro de aquellos ojos traicioneros…