La Maldición del
Espejo
El nacimiento de
una bruja (1ª parte)
50 años antes.
Bajo la sombra de los altos árboles de aquel frío y
solitario bosque, se encontraba de pie una niña sosteniendo algo entre sus dos
manos y a lo que miraba fijamente, sin mostrar emoción alguna en su rostro: un
pajarito muerto, yacía inmóvil entre sus sucias palmas de humana de no más de
trece años…
No era muy alta y más bien delgaducha. Sus cabellos sucios
eran lacios y negros como el azabache, pugnando por cubrirle la cara a la que
inclinaba la cabeza en clara muestra de sumisión; sus ojos también eran oscuros
y profundos: como dos pozos a los que era mejor no asomarse… Vestía con ropa
remendada que le cubría totalmente el cuerpo, sin apenas desarrollar, en el
incipiente invierno…
-¡Ey! ¡Mirad! ¡Está ahí!- Avisó una voz infantil muy cerca
de allí.
Solo entonces la niña taciturna reaccionó, levantando
ligeramente la cabeza y dirigiendo los ojos inexpresivos y apagados hacia el
lugar del que parecía provenir el sonido…
La voz de antes era también de una niña, pelirroja y llena
de pecas, rechoncha, con el pelo de estropajo y unos ojos verdes que no
parecían pertenecerle… Junto a ella, se aproximaron otras dos.
-Aquí está la rarita- anunció la niña pelirroja a sus
dos compañeras, que la imitaron emitiendo una risita sardónica.
Las tres llevaban unas pequeñas y delgadas maletas a la
espalda; hacía poco que habían acabado las clases en la escuela de la aldea de
al lado y sabían que no debían entretenerse ante la cercanía de la noche… La pequeña,
que aún sostenía el pajarito -aunque cubriéndolo todo lo que podía con ambas
manos- tenía la suya apoyada sobre un árbol cercano, como si la hubiera lanzado
con desdén… La desagradable niña pelirroja se acercó a grandes pasos hasta
quedar frente a su imperturbable compañera de clase…
-¿Qué escondes ahí?- Exigió saber, con su voz
agravada por el peso de más…
Ahora la pequeña se sentía algo cohibida ante aquella
compañera suya que sí tenía ya claramente desarrollados sus rasgos más
femeninos y ante lo que no podía evitar sentirse inferior… Entonces la niña
pelirroja le agarró ambas muñecas de forma brusca.
-¡Que me digas lo que llevas ahí!- La zarandeó hasta que el
pajarito cayó al suelo…
Entonces la niña pelirroja se quedó mirando el animal muerto
que se encontraba en el suelo en aquellos momentos; las otras dos que la
acompañaban, se habían acercado para ver mejor de qué se trataba… La niña del
pelo negro temblaba de forma casi imperceptible…
-¡¡¡Uaaaaah!!!- Esta aulló de una forma animal y absolutamente
inesperada a la vez que, fuera de si, empujaba con todas sus fuerzas a la niña
pelirroja, insultándola con la peor palabra…
La niña pelirroja cayó al suelo de espaldas, ante los ojos
horrorizados de sus dos compañeras, que ahora estaban asustadas de aquella
enclenque con los ojos desorbitados que se agachaba lentamente para recoger con
cuidado al pequeño animal sin vida…
-¡Maldita zorra! ¡Te voy a matar!- La amenazó la enfurecida
niña pelirroja mientras se levantaba como podía de aquel mar de hojas y se
abalanzaba sobre la otra, que ni le prestaba atención, concentrada en el
pajarito…
Ahora fue aquella la que la embistió, volviendo a provocar
que el pequeño animal se le escapara de las manos, antes de salir despedida
hacia atrás…
Lo que siguió fue una lluvia de golpes en todas las partes
de su cuerpo.
-¡Venid a ayudarme!- “Ordenó” a las otras, que no dudaron en
obedecer de inmediato y llegar a la altura de la niña magullada…
Aquella pequeña pensó que moriría allí. Innumerables golpes
la atormentaron mientras miraba fijamente el cielo nublado que se llegaba a
divisar más allá de la copa de los árboles… alejándose como ella misma…
Por orden de la resarcida niña pelirroja, la llevaron entre
sus dos compinches hasta el árbol más cercano donde la apoyaron sobre el
tronco. La niña del pelo negro estaba todavía consciente pero al borde del
desmayo… la nariz le sangraba profusamente y había perdido varios dientes…
Realmente había estado a punto de morir…
Entonces, la niña pelirroja, decidió que había que
rematar aquel “justo castigo”. Buscó a su alrededor hasta encontrar lo que
buscaba: el dichoso pajarito… No sin asco, lo cogió con dos dedos, alejándolo
de ella, y se aproximó a su maltrecha compañera…
-¿Este es tu amigo, verdad? No te preocupes: lo verás cuando
te mueras… ¡en el Infierno!- Dijo, escupiéndole en la cara…
Acto seguido, dejó caer el animal y comenzó a pisotearlo con
una furia y una inquina impropias de una niña de su edad… Era el mismísimo
demonio… Con sus ojos, que apenas podía abrir, la niña del pelo negro
contemplaba con estupor cómo aquella desgraciada aplastaba una y otra vez a
aquel ser indefenso… Sin recordar ya, que estaba indefenso porque no vivía…
Para terminar, la terrible niña pelirroja cogió de nuevo con
asco lo que quedaba del pajarito y se lo lanzó al regazo. Incluso a las
compañeras de la primera les revolvió el estómago toda aquella escena… aunque le
tenían demasiado miedo como para abrir la boca siquiera…
-Venga, vayámonos. Pronto oscurecerá. Y dicen que en este
bosque hay seres maléficos…- Dijo esto último en tono de burla, no quedando muy
claro qué era lo que quería decir… ni a quién se refería concretamente…
Las otras dos, sin decir nada, la siguieron, lanzando ambas
una mirada, ahora sí, llena de lástima hacia el despojo que se hallaba tirado
sobre aquel tronco: casi no pudieron contener las lágrimas al ver cómo de los
ojos de aquella infeliz brotaban, en silencio, dos regueros, mientras miraba
sin apenas pestañear lo que había quedado de su pobre amigo… Finalmente
aquellas tres se alejaron, dejándola sola con su incontenible e insoportable
dolor…
Pasó largo rato. La pequeña prácticamente no se había
movido: no podía, ni un músculo siquiera… Tan solo sus ojos parecían haber
cobrado cada vez más vida… Jamás lloraría tanto en su vida como aquel día.
Estaba oscureciendo. Pero ella no se podía mover… Sabía que
tenía que volver a casa, con su tío, antes de que anocheciera… si no… Hizo
grandes esfuerzos por incorporarse -cayendo el deshecho animal de su falda-,
ayudándose del rugoso tronco que se hallaba a su espalda… Estaba tan mal que ni
siquiera reparó en que su cartera se encontraba a un metro escaso de ella, con
el libro, el cuaderno y sus útiles de escritura por el suelo… Solo pensaba en
que debía moverse…
Parecía que podía caminar, moviéndose con extraordinaria
dificultad. Le dolía todo… incluso sus partes íntimas, donde aquellas
malnacidas se habían ensañado…
Y caminó. Caminó mientras las sombras la envolvían. Caminó
sin rumbo fijo, aunque ella no se daba cuenta de esto… Y, mientras caminaba, algo
iba creciendo en su interior. Algo que, en un principio, podría haber
desaparecido así como había venido… pero no fue así.
Era odio. Un odio que no paraba de aumentar… cada vez más
grande e intenso…
Estuvo vagando durante horas, inmersa en las tinieblas; hasta
que se encontró ante lo que parecía una gruta, como salida de la nada. La
atracción hacia el interior de aquella garganta de la tierra era demasiado
poderosa como para ignorarla… La niña de los ojos llenos de odio entró
únicamente siguiendo sus instintos…
En aquel lugar la negrura era más intensa que en cualquier otro
que ella hubiese estado antes… Y, sin embargo, no tenía ningún miedo. Era como
si todas sus emociones y sentimientos hubiesen quedado relegados por uno solo.
Entonces sintió un súbito temor. Ante ella, se abrieron dos
ojos, como dos rendijas, que parecían que la fueran a tragar… Dio un pequeño
paso atrás… pero no salió huyendo…
-¿Quién eres? ¿Cómo es que has llegado hasta aquí?- La
interrogaba una voz grave y monstruosa, como si proviniese de otro lugar…
La niña se paró a pensar por primera vez desde que comenzara
a caminar sobre sus doloridas piernas.
-Yo… Yo…- Trataba de decir…
Las rendijas se entornaron, aguardando a que la niña
terminara de explicarse…
-Quiero… Quiero que mueran…- Dijo, expresando lo que había
en el fondo de su corazón.
Aquellos ojos guardaron silencio unos instantes, ahora
contemplándola de arriba abajo…
-Yo puedo ayudarte- sentenció.
Aquellas palabras provocaron una reacción de emoción en la
niña. Incluso llegó a sonreír ampliamente, abriendo mucho la boca, con una
extraña y malsana alegría…
-¿Sí? Eso es lo que quiero… Te doy las gracias- les
dijo, sin que aquellos dos ojos animalescos hubiesen hecho nada aún.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la niña. Era como
si una pequeña voz en alguna parte de su interior le estuviese hablando a
gritos, alertándola… pero eran unos gritos ahogados de antemano… Nunca olvidaría
la última vez que pudo oírlos…
-Vuelve a casa y no te preocupes. Yo me ocuparé de esto.
Pero…- Aquí elevó el tono de voz- …tú estarás en deuda conmigo- y no dijo nada
más…
A la niña le pareció correcto: no habría precio suficiente
por lo que iba a hacer aquel desconocido por ella, pensó…
Jamás habría estado más errada que en aquel momento.
Dio media vuelta, sin hablar, y se fue hacia una zona más
iluminada que indicaba claramente la salida de la gruta… sin ser consciente de
que fue minuciosamente observada por aquellos ojos hasta que salió al exterior.
Los cuales reflejaban una creciente satisfacción…
La pequeña no estaba segura de si habría sido un sueño o no.
No sabiendo muy bien cómo lo había conseguido, llegó al lugar donde todavía se
encontraban tiradas sus cosas y las recogió con cierta urgencia. No sabía qué
hora debía ser. De todos modos, su tío habría caído redondo sobre el suelo de
la cocina, apestando a alcohol y roncando ruidosamente… Nunca supo que llegaba
a la hora de las brujas. Desde allí no fue demasiado difícil orientarse
y caminó bajo la atenta mirada de aquellos altos árboles, que parecían de
pronto haber reparado en su presencia a su paso…
Finalmente llegó a su casa. La humilde construcción se
encontraba en medio del bosque, a las afueras de la aldea. Y, como se
imaginaba, la luz de la cocina estaba encendida. Respiró aliviada. Por mucho
menos…
Accedió con cuidado al interior de lo que acostumbraba a llamar
su casa… Cerró despacio y procuró no hacer ruido, acercándose con
cautela a la cocina…
Efectivamente, la escena habitual. La botella había rodado
por el suelo esparciendo el poco contenido que aún albergaba…
Pero hubo algo que le llamó la atención. Algo que no había
visto antes: observó que su tío, sentado y echado sobre la mesa, sin sentido,
sostenía… un cuchillo; el más grande de la casa. Se preguntaba por qué… pero no
le quiso dar más vueltas y se alejó de allí en seguida.
Inquieta, llegó a su pequeño y sucio cuarto en el que solamente
había una cama con las patas rotas; se preguntaba si aquella noche rondaría
alguna cucaracha por el suelo… Se echó vestida y entonces se acordó vivamente
de la cruel paliza que había recibido unas horas atrás. ¿Y luego? ¿Qué había
pasado luego? Era como si una niebla ocultase sus últimos recuerdos… El dolor
físico que sentía era demasiado intenso para pensar en algo más. Estaba tan
agotada, en todos los sentidos, que no tardó en quedar dormida hasta el día
siguiente…
Era domingo. Afortunadamente, no había clase. Pero tenía que
prepararle el desayuno a su tío, se acordó, levantándose de un salto que fue
abortado por el terrible daño que le hacía su débil cuerpo… No estaba en
condiciones de levantarse. Pero, si no lo hacía… ¿Qué hora sería? Estaba
absolutamente desorientada.
Entonces se oyó la puerta de la entrada abrir y cerrarse. Su
tío había llegado. ¿De dónde? ¿Tan tarde era…?
Sin embargo, al contrario que en otras ocasiones, no sentía
temor por la reacción de la persona que estaba a cargo de “su cuidado”. ¿Por
qué? Se atrevió a salir de su cuarto e ir al encuentro de su tío…
Algo pasaba. Se lo encontró pasándose la mano por la frente,
sin quitarse el abrigo y el gorro aún, en medio del recibidor… Entonces este se
percató de la presencia de la niña.
-Claire… Ha pasado algo espantoso…- Decía, casi asustado.
Claire nunca lo había visto así.
-¿Qué ocurre?- No podía ni imaginarse qué era lo que
podía haber pasado…
Su tío se acercó, con pasos lentos y pesados, con una
expresión de horror que la estaba comenzando a asustar…
-Son… tus compañeras- dijo al fin, deteniéndose y girándose
un poco a un lado…
Claire abrió mucho los ojos. De pronto lo recordó todo…
-¿Qué… Qué les ha pasado?- Preguntó, temiendo la respuesta, comenzando
a temblar de forma cada vez más violenta a pesar de los intentos por dominarse…
Su tío, que tenía ahora la mirada perdida, volvió a mirarla
con aquellos ojos vidriosos.
-Es… horrible… Han aparecido esta mañana… degolladas… en su
cama…- Le costaba mucho trabajo hablar…
Claire no se lo podía creer. No quería creérselo. Había
deseado con todas sus fuerzas que murieran, pero ya ni pensaba en ello…
Entonces, ¿había sido real? ¿No había soñado aquel extraño encuentro la noche
anterior…? Había llegado a pensar que se trataba de una pesadilla. Que se
encontraba inmersa en ella, incluso… Pero la realidad era mucho peor…
-¿La… La niña pelirroja?- Preguntó con la voz quebrada…
Aquello llamó la atención de su tío que reaccionó de forma
inesperada.
-¿Cómo lo sabes? ¡Sí! Aquella niña pelirroja que me decías
que te acosaba… y sus dos amigas…- De alguna manera, su tío parecía estar
atando cabos…
Claire comenzó a retroceder, ahora presa del pánico.
-Yo… no sé nada… Yo estaba en mi cuarto…- No sabía como defenderse…
Ahora su tío la miraba con desconfianza…
-Tú sabes algo… ¿verdad? Tú sabes qué ha pasado…- Comenzaba
a acusarla…
Claire no podría evitar derrumbarse en cualquier momento.
Súbitamente, salió corriendo, pasando por delante de su tío, y atravesó la
puerta hacia el exterior…
La
luz del día le lastimaba los ojos. Solo tenía un pensamiento: volver a aquella
gruta. Comenzó a correr, con las lágrimas resbalando por sus mejillas, en
dirección a aquel lugar. Al reencuentro de aquellos ojos traicioneros…