miércoles, 25 de junio de 2014

6 Warriors - Capítulo 34

6 WARRIORS

El General.


-¡¿Estás seguro de eso?!- Exclamó Yun, que no se lo podía creer…
Gavin guardaba silencio, siendo observado por los demás, expectantes por escuchar su respuesta.
-Sí. Me lo dijo alguien de aquí- reveló.
Sus compañeros se quedaron callados, pero todos tenían la misma pregunta en la cabeza…
-¿Quién?- Preguntó al fin Huei.
Gavin, tras pensárselo unos segundos, decidió que no había posibilidad de comprometerle…
-Ya no está en este lugar; pero se trata de alguien de confianza…- Optó por no decir nada más.
Al oír estas palabras, Han alzó la vista.
-“¡Shen! No puede tratarse de nadie más…”- Llegó a la conclusión.
Yi también recordó fugazmente a aquel tipo tan extraño…
Ahora fueron todos los que no dijeron una palabra durante largo rato. La situación era muy grave… Han seguía pensativo.
-“Por eso me dijo aquello…”- Se dio cuenta.
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver que Gavin daba unos pasos hacia él…
-Han. ¿Tú que opinas?- Le preguntó, muy serio.
Han se mostró ciertamente sorprendido de la expresión de Gavin; nunca antes le había visto así. Parecía… más maduro. Y sabía perfectamente que no le estaba preguntando nada, en realidad: era una declaración de intenciones. Y Han estaba de acuerdo. No había otra manera. De modo que asintió. Gavin hizo lo propio y se giró hacia el resto del grupo…
-Chicos. Creo que no nos queda más remedio que ir a ver al General. Para “convencerle”…
Pero todos sabían muy bien que eso era exactamente lo que tenían que hacer… Así que estuvieron de acuerdo al unísono.
Yi iba a preguntarle a Gavin por la identidad del joven que yacía en el suelo sin vida cuando se vio interrumpida por la intervención de Xin…
-Entonces… Podemos buscar a Feng… convencerla… Seguro que se une a nosotros y nos ayuda…- Decía, convenciéndose de ello…
Mientras hablaba, notaba como un halo de tristeza invadía a los que se encontraban a su alrededor… Tuvo una mala sensación.
-Xin…- Comenzó a decir Yi, que no sabía por donde empezar…
Pero Xin, al ver la gravedad y la afectación de su expresión, comenzó a temerse lo peor…
-¿Qué pasa? ¿Por qué os ponéis así? ¡¿Qué pasa, Yi?!- La chica estaba poniéndose muy nerviosa…
Nadie se atrevía a decirlo. Era demasiado doloroso…
-Xin… Feng…- Intento explicarle la joven…
Pero no hizo ninguna falta. Xin lo comprendió enseguida…
-¡Nooo! ¡Feng! ¡No puede ser!- Negaba con la cabeza, inundándosele los ojos de lágrimas…
Yi también notaba como se le humedecían los suyos, sintiendo impotencia de no poder consolar a su amiga… Xin cayó de rodillas, hundiendo la cara entre sus manos y rompiendo a llorar…
Aquella escena tocaba el alma de los allí presentes… mientras escuchaban el intenso llanto de su compañera… Yi se acercó a ella y se agachó para rodearla con sus brazos. Xin se agarró a ella, presa de la desesperación y rota de dolor… La mayoría prefería no mirar; Bo -que no recordaba cuando había sido la última vez que le había pasado- notaba como tenía que aspirar por la nariz y hacer terribles esfuerzos para no ponerse a llorar él también…
Pasaron varios minutos. Ahora Xin ya no sollozaba tan fuerte –aunque en algunos momentos volvía a recaer-… estaba fuertemente abrazada a Yi, que la cuidaba como a una niña… Gavin no se veía capaz de decir nada. Por eso lo tuvo que hacer Han.
-Muchachos, oídme. Tenemos que movernos- dijo, dirigiendo una mirada hacia la puerta que llevaba hasta donde debía encontrarse el General, al tiempo que se llevaba una mano a la empuñadura de su sable…
Todos comprendieron que había llegado el momento. Incluso Xin comenzó a pasarse una mano por los ojos y a intentar levantarse, abandonando los cálidos y protectores brazos de su amiga Yi. Todos sintieron alivio al ver que la joven se había sobrepuesto lo suficiente para continuar… Entonces Han se dirigió a ellos.
-Escuchadme atentamente- les pidió, captando de inmediato su atención.- El General se encuentra muy cerca de aquí. Sobra decir que es el más peligroso de este lugar. Debemos permanecer unidos si queremos tener alguna posibilidad…
Dudó unos instantes, mirando a Yun, a Xin y a la propia Yi, antes de continuar.
-Yi, Xin, Yun… Vosotros ya habéis combatido suficiente… Quizá deberíais quedaros a recuperaros aquí. Si algo va mal, huid sin pensarlo- les avisó.
Pero aquellos tres le fulminaron con la mirada.
-De eso ni hablar…- Le dijo Yi, resolutiva.
-Yo estoy bien- dijo Yun, convencido.
Xin apretó los dientes de rabia antes de hablar.
-¡Yo no pienso quedarme aquí! Ahora que puedo elegir estar con los que me importan, no pienso esconderme a esperar…- Decía, con aplomo pero con amargura, en clara referencia a su ausencia obligada cuando tenía lugar lo de Feng…
Han se sintió abrumado ante aquellas reacciones tan tajantes. La verdad es que se las esperaba… no era muy probable que le hubiesen hecho caso…
-Muy bien- aceptó (a pesar de ser consciente de que no dependía de él).
Ahora todos estaban preparados para continuar adelante. Han se puso al frente y habló una vez más.
-De acuerdo. Seguidme. Os llevaré hasta el General- sentenció.
Y se pusieron en marcha hacia la siguiente puerta que se encontraba en su camino…

Nuevamente se vieron en un largo pasillo, austeramente decorado, con motivos militares, con alguna puerta aislada a los lados de vez en cuando… la diferencia era que ahora caminaban todos juntos. Avanzaban con paso más acelerado de lo normal, aunque sin abandonar la cautela en ningún momento… no sabían qué era lo que podían encontrarse… Al cabo de un rato, llegaron a una puerta que significaba el final de aquel interminable pasillo…
Al cruzar el umbral, llegaron a otra zona descubierta, aunque con varios tejadillos de madera, uno en cada lado del cuadrado que formaba, con lo cual la parte que dejaba ver el cielo nocturno era bastante reducida… Todas las luces estaban prendidas. En el medio, de forma inesperada, se encontraba una fuente labrada de la que salía abundante agua con un murmullo incesante…
Bo miraba embelesado aquel lugar -en realidad agradable- cuando avistó algo a su izquierda…
-¡Eh! ¿Qué es eso?- Exclamó, señalando una figura de piedra blanquecina iluminada por una luz cercana…
Se trataba de una estatua que representaba al General de aquel cuartel; le faltaba la cabeza… y había signos de que habían iniciado la “reparación”… Han miró. Ya ni se acordaba.
-Ya os lo contaré en otro momento- prometió.
Sin entretenerse más, el grupo prosiguió su avance, guiados por Han, que los llevó a un nuevo corredor…
-¡Oh, no!- Se “lamentó” Bo, al ver que tocaba un buen y monótono trayecto de nuevo…
Aunque los demás pensaban igual…
-Este es el último pasillo. La puerta del final conduce a la antesala de los aposentos del General- les aseguró.
Al escuchar aquellas palabras, sintieron una sobrevenida inquietud en su interior, ante la inminencia de aquel encuentro.
Sin que nadie más se atreviese a “protestar”, continuaron, aproximándose más y más…
Al fin llegaron a una puerta, cerrada, que marcaba el final del último pasillo del cuartel. Han se detuvo ante la misma.
-A partir de aquí, cuidado- les puso sobre aviso.
Estos se prepararon para lo que pudiera haber al otro lado… Han, esperando un segundo antes, abrió la puerta.
No había nadie. Aquello les hizo notar cómo bajaba la tensión general un poco… por lo menos momentáneamente…
Cruzaron al otro lado. Era una extensa estancia que tenía forma de pasillo transversal; al final de cada uno de los extremos había una ventana bien asegurada para evitar la entrada o salida por las mismas; y delante, dos puertas separadas a distancia equidistante que daban claramente a sendas salas de grandes dimensiones.
-Aquella es la sala de audiencias- dijo Han, señalando hacia la puerta situada a la derecha.
Ahora se giró hacia la otra. Todos hicieron lo mismo, llenos de expectación… Han volvió a hablar.
-Y aquella es la sala privada del General- aseveró, con tono grave.
Aquellos jóvenes tenían los sentidos a punto y se encontraban alerta y preparados. Xin estaba muerta de miedo, pero estaba decidida a no demostrarlo… Lo que no sabía, es que sus compañeros también sentían miedo… Sin que nadie dijese una palabra, fueron hacia dicha puerta, casi sin esperar a que Han comenzara a caminar hacia allí…
Se detuvieron delante. Gavin avanzó, con evidente intención de abrirla ya… pero Han, suavemente, le detuvo con una mano en su pecho. Gavin le miró, casi para protestar… Pero al ver la expresión de Han, que miraba hacia algo que había más allá de aquella puerta, desistió y le dejó hacer…
Han apoyó las manos sobre la puerta doble y se dispuso a empujar…
Las puertas, pesadas, cedieron con un ligero chirrido de los goznes; no se veía con claridad lo que había en el interior de aquella estancia… Han soltó la superficie de madera de las puertas, que seguían por el impulso, hasta que estas se detuvieron… Sin perder un segundo, el ex soldado dio unos pasos, traspasando el umbral… Gavin –que iba justo detrás-, Yi, Huei, Yun, Bo y Xin, comenzaron a ocupar lentamente el hueco dejado por Han a su espalda para permitirles la entrada…
A medida que sus ojos se acostumbraban a la menor iluminación de aquella estancia –a pesar de que había varias antorchas encendidas- podían apreciar mejor los detalles: era un lugar amplio, de dos niveles de suelo, que bajaba a unos pocos metros por una especie de escalón que rodeaba toda la habitación, de forma rectangular y techo muy alto; poco a poco, iban definiéndose los tapices de las paredes, las armaduras completas en sus soportes, la amplia colección de armas que se exponía a través de toda la sala, e incluso libros, en gran número, que ocupaban algunas de las estanterías…
-¿Quién es?- Rompió el silencio un vozarrón proveniente de algún lugar del salón…
Todos se estremecieron al oír aquella voz que parecía llegar aumentada de algún modo… Han sabía que se trataba de la reverberación de aquella estancia… aunque no era lo único…
Finalmente comenzó a definirse, entre las sombras que lo envolvían, la figura de un individuo de gran envergadura en el otro extremo de la sala, delante de lo que parecía una especie de trono sin ninguna decoración, y contemplando -con las manos cruzadas detrás- una gran tela amarillenta situada sobre el mismo, conteniendo las normas de conducta de todo buen soldado en una caligrafía exquisita… El hombre se extrañó al no obtener respuesta.
-¿Que quién es? ¿Por qué no contestas?- A pesar de que aún estaba tranquilo, su tono hacía parecer que se estuviera enfureciendo.
El grupo al completo, con Han delante, estaba preparado, con las manos en las armas -aunque aún sin sacarlas- y sin decir una palabra…
El tipo, ya molesto, se giró y avanzó al frente.
-¡¿Se puede saber quién es?!- Dijo, alzando la voz, de forma intimidante y ya no tan tranquilo…
Ahora incluso Han notó un escalofrío. Ya le podían ver con claridad: llevaba solo la parte de cintura para abajo de la armadura, dejando al descubierto una túnica ancha -gris- de manga media, y la faja ancha negra; su enorme sable, permanecía apoyado sobre la silla hecha a su medida… En aquel momento, los compañeros de Han pudieron ver por fin cómo era su enemigo…
Este se sorprendió al ver lo que se encontró: un grupo de niños, liderados por…
-¡Han! ¡¿Qué haces aquí?!- Fue su reacción inicial.
Han lo miraba fijamente, en alerta. No pronunciaba una palabra.
Entonces el General se dio cuenta de algo.
-Un momento… ¿Cómo habéis pasado? ¿Y el guardia apostado en la puerta?
El tipo no daba crédito…
-Debió acercarse a la cocina después de ir al baño…- Conjeturó Bo, que no se esperaba que se le oyera tan bien en aquel enorme lugar…
La atención de los demás había ido hacia este; incluyendo la del General…
-¿Cómo dices? Dime, Han, ¿quiénes son estos? ¿Has venido a entregarte y te has traído a tus amigos para despedirte de ellos?- Le preguntaba, con un inquietante tono irónico, antes de dirigir una nueva mirada a los acompañantes de aquel desertor, cuya falta constituía un delito imperdonable…
Y el General los vio. Se fijó mejor en Gavin y en Huei. Estaba seguro: ya les había visto antes… y ahora recordaba dónde…
-No he venido a entregarme- contestó Han, desafiante.
Pero ahora la atención del General se había desviado por completo.
-¿Qué es lo que habéis venido a hacer aquí?- Exigió saber, endureciendo su expresión.
Los demás eran conscientes de que aquel individuo se había percatado de una vez por todas de sus intenciones…
-¡Sabemos cuáles son tus planes, maldito!- No se pudo contener Gavin, ante la sorpresa general…
Han pensó, incluso, que a Gavin se le había ido la mano -al igual que los demás-… El General se había quedado con la misma expresión, pero los ojos muy abiertos… Entonces los cerró, esbozando una sonrisa en aquel duro rostro percutido.
-Ya. Ya veo. ¿De modo que por eso habéis venido? Muy bien…- Tras decir esto último se dio la vuelta.
Pudieron ver cómo cogía su imponente arma y se la sujetaba al cinto, preparándose para hablar una vez más.
-Soy Taisho, el General del Cuartel del Distrito Este de esta ciudad. Y ni vosotros ni nadie se interpondrá en el cumplimiento de mis órdenes.

lunes, 23 de junio de 2014

El cazador

El cazador



Los rayos del sol iluminaban con intensidad la superficie del lago, el cual, a su vez, reflejaba como un espejo el cielo azul que dominaba el paisaje. A su lado, se erguía un monte que se miraba en el reflejo del agua, rodeado de un frondoso bosque que flanqueaba la superficie acuática. Al fondo, a lo lejos, se distinguían montañas más elevadas, azuladas por la distancia. Con madera de dicho bosque, fue construida la cabaña situada no muy lejos de la orilla, y de la que ahora salía al exterior su único habitante.
Jonas era un hombre de 35 años, de complexión y altura medias; tenía el pelo castaño, algo revuelto y una barba de varios meses; tenía los ojos verdes claro; vestía con ropajes confeccionados por él mismo, con las pieles de los animales que le servían de alimento: pantalones y chaleco; además de botas, guantes, camisa gris y cinturón, del cual colgaban diversos utensilios necesarios para su profesión: era cazador. Al hombro llevaba su inseparable rifle, el cual necesitaría durante la jornada que se presentaba…
Hacía poco que había iniciado la primavera. Ya solo quedaba un poco de nieve en las cumbres; aunque el viento, aún en ocasiones, venía helado…
-¡Tobías! ¡Tobías, ven!- Llamaba, resonando su voz en aquel silencioso paraje solitario…
Se quedó escuchando unos minutos, muy atento… Y cuando estaba a punto de llamar otra vez, esbozó una sonrisa al oír un ruido, un gruñido, familiar aproximarse…
De entre los árboles cercanos, a su izquierda, surgió un lobo; un magnífico animal que impactaba con su porte noble… Se había sentado tras aparecer, moviendo la cola un par de veces y bostezando…
-Vamos, dormilón… Tenemos trabajo- le decía Jonas en tono cariñoso…
El lobo, respondiendo a las palabras de aquel humano, se terminó de desperezar, sacudiéndose con fuerza y dirigiéndose hacia él como dando saltitos… Entonces, cuando ya faltaban apenas un par de metros para que el animal llegara a la posición de Jonas, aquel aceleró de repente, lanzándose de un salto sobre él…
-¡Hey!- Exclamó mientras aquel respetable ejemplar de lobo le tiraba con las cuatro patas hacia atrás, cayendo ambos al suelo…
Lo siguiente que ocurrió fue que el cánido comenzó a darle lametones en la cara sin parar…
-¡Basta, basta! ¡Ja, ja, ja! ¡Que no puedo respirar…!- Le decía, tratando de quitárselo de encima…
Pero Tobías no pensaba dejar tan pronto de dar muestras de efusividad… Cuando Jonas consiguió levantarse, Tobías no dejaba de intentar apoyarse en él con las dos patas delanteras, amenazando con tirarle otra vez al suelo…
-Vale, vale…- Parecía que ya le estaba consiguiendo “tranquilizar”…
Ya hacía casi tres años que Jonas encontró a Tobías, atrapado en aquel cepo que aún a día de hoy no había conseguido averiguar quién lo puso; desde entonces se habían convertido en compañeros… y amigos. A Tobías siempre le gustaba acompañar a Jonas en sus cacerías; la mayoría del tiempo solo miraba, pero a veces había llegado a ayudarle… El inteligente animal sabía que, en aquellas ocasiones, a él le correspondía parte del “botín”…
-Muy bien, Tobías. Hoy tenemos que cazar un ciervo. Hace tiempo que no comemos carne. Bueno… yo- se apresuró en rectificar, recordando con quién estaba hablando…
A Tobías, que lo miraba sin pestañear, solo le faltó asentir. Jonas dio un vistazo a su alrededor y después dirigió una mirada al cielo.
-Bueno, pues… ¡Vámonos!- Exclamó.
Y, seguido por Tobías, que movía animadamente la cola y tenía la lengua fuera, se internó en el bosque de hoja caduca…

Habían transcurrido cerca de dos horas. Jonas, con Tobías muy cerca de él, a un lado, iba avanzando lentamente sobre aquel manto de maleza seca… intentaba hacer el menor ruido posible… Antes, había dejado pasar un par de liebres que se habían encontrado por el camino; pero las tenía localizadas: si, a pesar de intentarlo, no aparecía ningún ciervo, volvería tras sus pasos y cazaría alguna para cenar… Tobías, desde el momento que había visto a su compañero coger su arma, se puso a olfatear posibles rastros de otros animales, consciente de que era eso lo que buscaba su amigo humano…
Pasó un rato más. Jonas estaba comenzando a desmoralizarse; por allí no había ciervos… quizá era aún muy pronto…
-Volvamos, Tobías…- Le dijo, apesadumbrado, comenzando a dar media vuelta…
Entonces este se dio cuenta de que Tobías estaba parado, muy quieto, totalmente erguido sobre las cuatro patas y mirando al frente, con las orejas de punta… Jonas se extrañó, pero dirigió la mirada hacia el mismo punto que estaba mirando su amigo lobo…
Era un ciervo. Estaba un poco lejos, pero se distinguía perfectamente… Era lo que estaba buscando…
-Ahí estás…- Susurró Jonas, comenzando a avanzar con sigilo, agachándose un poco, buscando los posibles lugares para ocultarse mientras se aproximaba a su presa…
Tanto Jonas como Tobías, se fueron acercando, con sumo cuidado de no ser percibidos, permaneciendo ocultos la mayor parte del tiempo, acelerando el paso cuando se encontraban al descubierto… El ciervo no se movía. Seguía comiendo tranquilamente. No se había percatado de que estaba siendo acechado…
Por fin Jonas estaba a escasos metros de aquel hermoso animal. Desde donde se encontraba no pudo evitar admirarlo… Si no fuera porque necesitaba el alimento (y el abrigo de sus pieles), jamás se dedicaría a acabar con la vida de aquellas increíbles bestias… Tobías permanecía a la expectativa de lo que hiciera su compañero… jamás se adelantaba si aquel no actuaba primero…
Entonces Jonas, lentamente, preparó su arma, apuntando con el cañón a través de las hojas del árbol que lo separaba del ciervo… quitó el seguro… apuntó bien… Sabía que ya era el momento…
Entonces, súbitamente, aquel ciervo, antes de agarrar con la boca un poco más de hierba, levantó la cabeza, mostrando su portentosa cornamenta, y le dirigió la mirada. Le había visto. Jonas, a pesar de su experiencia como cazador, se quedó petrificado… Pero tenía que hacerlo.
En ese momento, justo cuando comenzaba a apretar el gatillo de su rifle, unos inesperados ruidos de voces y pisadas llegaron provenientes de más allá a la derecha… Aquello despistó momentáneamente a Jonas, que había desviado la vista hacia aquella dirección, al igual que el ciervo… y que Tobías… Cuando el cazador volvió a mirar al animal que pretendía cazar, este le devolvió un instante la mirada, en la que parecía estar expresándole su victoria aquel día, porque aprovechó la ocasión para escapar en dirección contraria…
En aquel momento, Jonas tuvo una extraña sensación: no llegaba a lamentarse del todo ante la pérdida de aquella presa… ya lo volvería a intentar… Pero ahora le intrigaba el origen de aquel alboroto que turbaba la paz del bosque… Lentamente, seguido, por supuesto, por su fiel compañero, Tobías, que también había dejado pasar aquel ciervo, sin dejar de permanecer oculto, dirigió sus pasos hacia dicha dirección…
-¡Esta es sin duda la mejor presa que hemos obtenido nunca! ¡Nunca!- Exclamaba, casi atragantándose, un tipo que, claramente, había bebido demasiado…
Jonas se aproximó lo suficiente para ver de quién se trataba…
Había un tipo, de unos cuarenta años, bebiendo una botella de whisky como si fuera lo último que fuera a hacer en la vida… tenía ya canas en la barba, pelo negro, aspecto desarrapado, vestido con pantalones azules oscuro, muy sucios, con tirantes y camisa parda a cuadros negros. Junto a él había dos tipos más: uno más joven, pelirrojo, con barba más corta y ojos color avellana, algo entrado en kilos y más alto, con ropajes similares al anterior, no tan sucios y estropeados, con camisa ocre, pantalones de tirantes azul más claro y una chaqueta hecha con piel de zorro; el otro, el más joven de los tres, no tenía barba, y llevaba el pelo con un corte caro de barbero, negro como el betún, más alto y delgado que los otros, pero de complexión fuerte, vestido con ropa más propia de señorito (pantalones ajustados negros, camisa nueva blanca, chaqueta de cuero negra con forro interior de borrego, botas marrones y guantes, también de cuero, negro brillante) que de cazador… Ambos sonreían de forma malintencionada mirando hacia una figura atada a un árbol…
-Pero qué…- Comenzó a decir Jonas, fijándose mejor…
Era una mujer. Una india. Era preciosa, pensó Jonas, con la boca abierta…
Tenía el pelo muy largo y negro azabache; la tez morena; era ligeramente de menor estatura que la media y un poco delgada, aunque muy desarrollada a los escasos veinte años que tendría…; llevaba la ropa (una túnica azul celeste) hecha jirones e iba descalza y sucia. En aquellos momentos estaba cabizbaja, sin decir nada mientras aquellos miserables reían ruidosamente…
Tobías comenzó a emitir un sonido lastimero.
-Ya lo sé, amigo… Tenemos que ayudarla- Dijo, determinante…
Jonas se fijó mejor en un montón de bártulos que había apoyados sobre otro árbol cercano: pudo distinguir enseres de cocina, cantimploras, armas… y cepos. Eran cazadores. De esos malditos pseudo-cazadores que emplean malas artes para atrapar más animales de los que “necesitan”…
-¿Me pregunto cuánto nos darán por ti, zorrita…?- Decía, arrastrando las palabras mientras se acercaba a la joven, el primero al que habían oído Jonas y Tobías, escapándosele saliva entre los huecos dejados por los dientes que ya no estaban…
Jonas podía ver, con repugnancia, la cara de lascivia de aquel desgraciado… estaba a punto de actuar…
-Controla tus impulsos, estúpido…- Le recriminó el más joven, el que parecía el líder.- Si la tocas, dudo mucho que nos quieran pagar nada siquiera… Las vírgenes son más valiosas…
“De modo que, además, ahora se dedican al tráfico de esclavos…”, habló mentalmente, indignado, Jonas…
-Y esperemos que esta sea virgen…- Comentó, con sorna, el otro…
Los tres rieron a carcajadas mientras la chica alzaba la vista, con los ojos llenos de odio hacia aquellos tres malditos que la estaban humillando…
Jonas vio sus ojos castaño oscuro… y notaba como si perdiera fuerzas… Tobías lo miró y le llamó la atención con la cabeza… Jonas “despertó”.
-Muy bien, compañero. Vamos a liberarla…- Resolvió.

Llegó la noche y aquellos tres individuos encendieron una hoguera; Jonas y Tobías, mantuvieron su puesto de vigilancia, comiendo frugalmente sin perder de vista lo que hacían y decían aquellos tres… Pero lo único que hicieron fue emborracharse, gritar soeces y acabar cayendo redondos al suelo… Jonas sabía que no saldrían temprano…

Llegó la mañana. Jonas y su fiel compañero, Tobías, ya estaban despiertos desde hacía un buen rato… y preparados. Observaban atentamente cómo aquellos tres indeseables recogían todo y desataban a la joven india del árbol…
-Vamos, guapa, je, je, je…- Le decía, de forma desagradable, el más mayor de los tres, al tiempo que agarraba con fuerza la cuerda que la mantenía atrapada con los brazos pegados al cuerpo…
Esta, resignada, comenzó a caminar. Jonas observó que el más joven parecía estar decidiendo que dirección iban a tomar…
-Si no me equivoco, el pueblo más cercano está yendo para allá…- Dijo, señalando hacia la izquierda, visto desde la posición de Jonas…
Y se pusieron, al fin, en marcha.
-Vamos, Tobías- le dijo Jonas a su amigo, apresurándose a tomarles la delantera…
Había transcurrido al menos media hora y aquel maldito bosque no se acababa nunca…
-Si por mí fuera, lo quemaría todo- decía, con desdén y agriamente, el pelirrojo, que iba delante…
Los otros casi no se atrevieron a sonreír, al escuchar aquello…
-Tranquilo, amigo… Ya sabemos de tu gusto por quemar cosas…- Le dijo, tratando de paso de calmarle, el más joven, que iba atrás del todo…
El interpelado pareció reprimir algo; y el otro, tenso y llevando a la india entre ambos, guardó silencio.
Entonces este vio algo, más adelante…
-¿Qué es eso?- Se preguntó, cediéndole la futura esclava al pelirrojo, sin esperar respuesta y sin apartar la mirada de lo que había visto…
El pelirrojo se extrañó; y el más joven le observó sin saber qué estaba pasando.
-¿A dónde vas?- Le preguntó.
Pero aquel parecía hipnotizado… se limitaba a avanzar, como atraído por algo que solo podía ver él…
-Pero qué es esta maravilla…- Decía, abriendo mucho los ojos, como si hubiera encontrado un tesoro, observado desde más atrás por los otros, que no entendían qué estaba haciendo aquel idiota…
Y, a su entender, así era: había encontrado un tesoro… Una botella de whisky entera. Y del bueno… Sin pensárselo dos veces la cogió del suelo. A aquellas alturas, sus “compañeros” ya habían visto de qué se trataba…
-¡No! ¡Quieto! ¡No la cojas!- Le advirtió el más joven…
Pero era demasiado tarde. Sin saber qué demonios estaba pasando, un lazo de cuerda,  rodeando ampliamente la botella, emergió de las hojas secas que la cubrían y se cerró con fuerza alrededor de la pierna de aquel infeliz, que se vio elevado del suelo a toda velocidad, quedando boca abajo…
-¡Maldita sea! ¡¿Qué es esto?! ¡Soltadme!- Vociferaba, desquiciado, mientras veía su deseada botella allí lejos, en el suelo, volcada…
Jonas y Tobías aparecieron cerca de allí, ocultos tras unos arbustos; Jonas sonrió, satisfecho: su “viajecito” nocturno a la cabaña había merecido la pena… Y volvieron a desaparecer…
Pero el líder de aquel grupo pareció escuchar algo… algo que se alejaba… Enseguida lo relacionó…
-Vamos por allí- le dijo, con un gesto de la cabeza, al pelirrojo, que ahora “dominaba” a la esclava…
Este, lejos de protestar por la clara intención de su “jefe” de dejar a aquel inútil, le siguió de inmediato: no iba ser lo mismo repartir entre dos que entre tres…
-¡Ey! ¡¿Adónde vais?! ¡No me dejéis aquí! ¡Podría venir un oso… o algo! ¡Maldita sea!- Protestaba, a punto de ponerse a llorar…
Entonces hubo un silbido en el aire y calló de inmediato. Lentamente, sin querérselo creer, totalmente boca abajo, miró a su prominente barriga… Era una flecha. Trató de gritar pero su intento fue sofocado por varias flechas más que le hicieron callar para siempre…

Jonas estaba terminando de colocar varias ramitas y toda la vegetación seca que pudo cuando escuchó a alguien aproximarse… Este sonrió nuevamente de satisfacción: era lo que estaba esperando (él había hecho ruido antes, a propósito, para que lo siguieran…)
El pelirrojo iba delante, sujetando a la india, caminando a grandes zancadas para atrapar cuanto antes al malnacido que se estaba intentando reír de ellos… A poca distancia, más tranquilamente, caminaba el otro; oteaba a sus alrededores, sin fiarse…
Llegaron al lugar en donde Jonas se encontraba momentos atrás; allí no había nadie… El pelirrojo se detuvo, tirando bruscamente de la cuerda que ataba a la joven, obligándola también a pararse… aquel se quedó un momento mirando a su alrededor, dando una vuelta sobre sí mismo, mirando hacia lo alto de los árboles circundantes…
Nada. El tipo comenzó a enfadarse de verdad…
-¡Vamos!- Gritó al tiempo que volvía a tirar de mala manera de la chica y se ponía a caminar de nuevo…
Entonces, sin poder remediarlo, aquel individuo notó como el suelo cedía ante él cuando apoyaba el pie… se precipitó al fondo, soltando involuntariamente la cuerda…
-¡Maldita sea…!- Maldecía, dolorido, desde el fondo del agujero inesperado…
Allá arriba, la chica se vio libre momentáneamente…
-Quieta ahí…- Le advirtió el otro, que ya había llegado y la apuntaba con su revolver… Tras coger la cuerda, se acercó al agujero y se asomó… El pelirrojo vio a su compañero
-¡Ey! ¡Amigo! ¡Ayúdame a salir de aquí…!- Le pedía, casi con desesperación…
El otro se lo quedó mirando, con ojos inexpresivos. El pelirrojo vio las intenciones en su mirada…
-¡Venga! ¡Amigo! ¡No me dejes aquí!- Ahora ya prácticamente rogaba…
Pero el otro no dijo nada y desapareció de su vista, llevándose a la cautiva con paso normal… Aquel se consternó…
-¡Maldito hijo de puta! ¡Eso es lo que querías desde el principio! ¡Quedártelo todo para ti! ¡¿Aquel cabrón es tu compinche o qué?!- Bramaba…
Pero estaba atrapado. Calló unos instantes, agotado…
Entonces cayó en la cuenta. Miró bien dónde se encontraba… aquel agujero… ¡No podía ser! ¡Ese hoyo no lo había cavado el otro… Lo había cavado él!
Había caído en su propia trampa… Pero no debería ser tan difícil salir de allí… Trataría de trepar hasta arriba…
Entonces oyó algo. Algo que no le gustó nada…
-No… No, no, no… No, no, no, no, no…- No podía parar de repetir mientras se pegaba a la pared de tierra y miraba hacia arriba…
Un oso asomó su enorme cabeza y le vio enseguida… El pelirrojo se llevó la mano a la boca, para evitar gritar… Entonces se acordó de su arma; se tanteó la funda y la encontró vacía… debió salirse cuando se cayó en el agujero… miró hacia el suelo: allí estaba. Trató de acercarse sin pensárselo… cayó de rodillas ante la pistola… estaba tan nervioso que se le escapaba de las manos…
Pero no pudo hacer nada más. Notó un peso terrible que lo aplastaba contra el suelo… y unas salvajes dentelladas y zarpazos antes de perder el conocimiento para siempre…

El otro, ajeno al destino de su ex-compañero, seguía avanzando con aquella joven india delante, amenazándola cuando veía que enlentecía el paso… Llevaba su arma a punto…
Entonces de entre los árboles que había ante ellos surgió Jonas con su rifle… apuntaba al jefe de aquella banda directamente a la cabeza…
-Vaya, vaya… Por fin te vemos la cara… Bueno, te veo- “Bromeó”, en alusión al reciente fin de su sociedad con aquellos dos ineptos…
Jonas no decía nada; no dejaba de apuntarle…
-Esa joven no te pertenece. Suéltala ahora mismo o te disparo en la frente…- Le advirtió, muy en serio…
El otro sonrió, burlonamente… Pero sabía que no iba en broma…
Durante unos instantes ninguno hizo ni dijo nada; la chica, en medio de ambos hombres, comenzaba a temblar ante la inminencia de lo que pudiera pasar…
Entonces el tipo del revolver comprendió que le venía muy bien la presencia de aquella india en esos momentos… lástima del dinero…
Con un rápido movimiento, aquel individuo se colocó justo detrás de la chica, de modo que quedaba momentáneamente oculto a los ojos del cazador… apuntó y disparó…
El disparo dio en un tronco muy cerca de Jonas, que se encogió instintivamente cuando sintió que el otro iba a disparar… Pero ahora no podía apuntarle: estaba la chica en medio, muy asustada… El tipo, en cambio, le veía perfectamente por un “hueco”… y apuntó de nuevo…
Entonces, inesperadamente, por uno de sus lados, de entre la espesura, apareció un lobo abriendo sus fauces fieramente que se abalanzaba sobre él: era Tobías… Este le agarró con la boca la mano que empuñaba el arma y provocó que el otro la soltara, abriendo mucho los ojos de miedo al ver a aquella bestia salvaje sujetarle con los colmillos… La chica se había girado y se quedó muy sorprendida al ver aquello…
Jonas respiró aliviado.
-¡Muy bien, Tobías!
Al oír a su amigo, supo que debía parar… Soltó de mala gana la muñeca de aquel maldito y este cayó al suelo, de culo, arrastrándose hacia atrás para alejarse de inmediato de ese lobo… Jonas se acercó, apuntándole con su arma…
-Y ahora, lárgate o te mato- le avisó, cambiándole totalmente la cara.
El otro, apretando los dientes de rabia, pero demasiado impresionado por lo que acababa de pasar, se levantó como pudo, trastabillando y salió corriendo internándose en el bosque…
Ahora se quedaron solos Jonas y la india… y Tobías. El cazador dejó de apuntar cuando ya no oía a aquel tipo. Este se giró, colgándose el rifle y sacando un impresionante cuchillo… La joven, al verlo, no pudo evitar dar un paso atrás, aún muerta de miedo…
-Tranquila… Será un momento…- Le dijo acercándose a ella y mirando las cuerdas…
Durante un segundo la joven cerró los ojos, sin saber muy bien qué es lo que pasaría ahora… Pero se tranquilizó al ver que aquel joven le estaba cortando las ataduras…
Una vez hecho, la chica quedó liberada. Mientras se tocaba las partes doloridas por el largo tiempo que había permanecido atada, observaba cómo aquel hombre guardaba su cuchillo y se acercaba a darle unos toques amistosos sobre la cabeza a aquel lobo, que los recibía encantado… Abrió la boca para decir algo pero dudó unos instantes…
-¿Es… Es tu amigo?- Preguntó, con una pronunciación que denotaba que conocía bastante bien su idioma.
Jonas se giró (también Tobías) y la miró, contemplando su belleza…
-Sí- consiguió decir antes de quedarse sin palabras.
La joven también se ruborizó.
Entonces, como interrumpiendo algo, un trueno sonó en la lejanía… Jonas reaccionó de inmediato.
-Se aproxima tormenta. Debes estar lejos de tu casa… Quédate esta noche en la mía y mañana te acompaño de regreso con los tuyos…- Se ofreció, preguntándose cómo estaría sonando aquello…
Pero la joven aceptó, asintiendo con la cabeza, sin dudarlo un instante. Aquello le llamó la atención a Jonas. Otro trueno, más cerca…
-Vámonos, pues- les dijo a la chica y a Tobías.
Y los tres se fueron rumbo a la cabaña, mientras comenzaba a oscurecer y el viento a soplar más fuerte…

Mientras la joven, cubierta con una manta y sentada en una silla, se intentaba calentar ante el fuego de la chimenea, con Tobías tumbado boca abajo a sus pies, Jonas, con las mangas de la camisa arremangadas, se encontraba preparando algo para cenar, cortando unas zanahorias en rodajas… afuera diluviaba y seguían sonando truenos y cayendo rayos no muy lejanos… El viento golpeaba las ventanas, provocando que Jonas dirigiera una mirada a las mismas; tras cerciorarse de que todo era normal siguió preparando la cena…
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó a la joven india.
Esta no le miró, quedándose pensativa.
-No estoy muy segura de cómo se dice en tu lengua… “Silencio”- dijo, casi segura del todo…
Jonas paró de cortar de inmediato.
-¿”Silencio”?- Preguntó, incrédulo, casi esbozando una sonrisa…
Aquel tonito ya lo había escuchado ella en su poblado…
-Ya te he dicho que no estoy muy segura…- Aclaró, molesta…
Jonas intentó disculparse pero no pudo. Los cristales de la ventana que tenía justo detrás se hicieron añicos con estrépito al tiempo que se introducía por la misma un intruso que caía encima de Jonas, haciendo que la mesa volcara… Silencio y Tobías se incorporaron de inmediato…
Jonas trató de recuperar el cuchillo que estaba utilizando pero cuando lo tenía agarrado, boca arriba en el suelo, el que se había colado en la casa se lo quitó de una patada…
-Vengo a por lo que es mío- afirmó el mismo tipo que había dejado ir rato atrás, empapado…
El viento y la lluvia entraban por el hueco dejado por la ventana rota… El jefe de la banda desvió su atención y vio a aquella maldita india al lado de la chimenea… no se fijó en el lobo…
-Y ahora tú, sucia india, vas a venir conmigo…- Le aseguró a una aterrorizada Silencio…
Jonas aprovechó la distracción de aquel tipo para propinarle una patada en el estómago desde abajo. Esto no se lo esperó el otro, que retrocedió dolorido… Jonas se levantó de prisa y le volvió a golpear con el puño en la cara… acto seguido, lo agarró por la solapa y le tiró fuera de la casa por la misma ventana que había roto, saliendo él detrás…
Para cuando salió, el tipo ya se había recuperado y era él el que le daba un puñetazo en el estómago, dejando a Jonas durante un momento sin resuello… Silencio, seguida por Tobías, salió por la puerta al exterior, donde llovía más fuerte que nunca…
-¡Cuidado!- Le avisó Silencio al ver que aquel tipo se llevaba la mano a su revolver…
Pero Jonas, advertido, se lanzó a agarrar su brazo, impidiéndoselo… ambos resbalaron en el suelo mojado y embarrado y cayeron al suelo… forcejearon e intercambiaron puñetazos… Tobías quería ayudar a su amigo, pero no estaba seguro de cuando intervenir para no estorbarle… Aunque parecía que Jonas le tenía, apresándole desde arriba y dándole repetidos golpes a la cara… Hasta que el otro le alcanzó con un rodillazo en la boca del estómago… Jonas quedó doliéndose en el suelo mientras el otro se levantaba, tomándose progresivamente su tiempo…
Una vez de pie, sacó su arma, ante la expresión de horror de Silencio y la impotencia de Tobías, que iba a lanzarse a por aquel maldito humano… Jonas levantó la vista y se encontró con el cañón del revolver apuntándole… estaba acabado…
Entonces, algo se escuchó atravesar el aire y la cortina de agua formada por la lluvia y golpear en seco… El tipo, abriendo mucho los ojos y temblando ligeramente, giró la cabeza lentamente lo que pudo y trató, en vano, de agarrar con la mano casi sin fuerza un hacha de pequeño tamaño que tenía clavada a la espalda… El miedo se veía en sus ojos…
A continuación, surgió de la oscuridad una lluvia de flechas y estas se clavaron en casi todas las partes de su cuerpo, provocando que este, ya sin vida, cayera en el suelo salpicando agua y barro en todas direcciones… Jonas, intrigado, miró en dirección al lago: eran indios; cinco o seis, no lo sabía decir bien… Silencio, al verles, dijo una palabra en su idioma y salió corriendo hacia ellos…
Y entonces, para desgracia de Jonas, vio cómo aquella joven se abrazaba al que parecía el jefe de aquel grupo, un tipo joven, fuerte y apuesto…
Silencio se giró hacia Jonas y este vio como comenzaba a explicarles algo apresuradamente a los otros… claramente les estaba hablando de él… Aquellos asentían mientras escuchaban con atención…
Cuando Silencio terminó de hablar, se acercó el que debía ser su marido o prometido y le tendió la mano a Jonas… El cazador, a pesar de todo, la aceptó y el otro le ayudó a levantarse…
-Gracias. Mi pueblo está en deuda contigo…- Le dijo, hablando su lengua con más dificultad que Silencio, y llevó una mirada hacia Tobías antes de dirigirla a él una vez más, con una leve reverencia, y darse la vuelta para volver con los otros…
Jonas, bajo la lluvia que amainaba, observaba cómo aquel grupo de marchaba… Silencio, se giró y le miró con una cara llena de afectación… se despidió agitando la mano… Jonas le devolvió el gesto, mientras Tobías se acercaba y le daba un achuchón con la cabeza a su amigo, el cual veía con tristeza cómo aquella joven se alejaba para no verla nunca más…
-¿Cómo estás?- le preguntó el cabecilla a Silencio, mientras caminaban…
-Estoy bien- dijo sin dudar.- Muchas gracias, hermano.
Y aquel grupo desapareció bajo la luz de la luna, que acababa de salir…

Al cabo de unos meses, Jonas, observado por Tobías (que estaba sentado del todo, tranquilo, cerca de allí), estaba partiendo leña al lado de su cabaña… Al cabo de un rato se secó el sudor, guiñándole un ojo a su compañero, que movió una oreja y dio un pequeño gruñido por respuesta. Entonces Jonas vio que Tobías erguía la cabeza y dirigía la vista hacia el lago… Jonas llevó hacia allí su mirada…
Y allí estaba. Como si fuese un sueño, Silencio estaba ahí, de pie, mirándolo. Llevaba una cinta azul en la frente y el vestido típico que llevan las mujeres de su pueblo…
-¿Qué… Qué haces aquí…?- Jonas aún no se lo podía creer…
Silencio pareció buscar las palabras.
-Creo que… deberías saber… que el hombre que viste aquella noche, al que me abracé, era mi hermano- dijo, como si hubiera adivinado lo que pensaba Jonas desde entonces…
Este se quedó sin palabras… Sabía muy bien lo que aquello quería decir… Tobías, consciente de que debía dejarles solos en ese momento, se fue en silencio…
Jonas dejó el hacha. Y allí se quedaron, uno delante del otro, bajo el cielo azul y el sol luminoso de la mañana, mientras la brisa agitaba las ramas de los árboles cercanos, trayendo un futuro nuevo para ambos…

martes, 17 de junio de 2014

6 Warriors - Capítulo 33

6 WARRIORS

Del amor al odio…


-¡¿Quiénes sois vosotros?! ¡Deponed las armas de inmediato!- Les mandaba el soldado que parecía estar al mando de aquel grupo.
Pero pronto vio en las miradas de aquellos intrusos que no tenían la menor intención de obedecerle. Al ver a Han se dispuso a decir algo más… pero fue interrumpido por la llegada de un nuevo soldado que venía corriendo y trataba de frenar atolondradamente…
-¡Mayor! ¡Vengo de la cocina…!- Comenzó a informar.
Su superior en rango giró la cabeza para ver de qué se trataba…
-¿Qué ocurre en la cocina?- Exigió saber.
El soldado aprovechaba aquellos segundos para recuperar el aliento; tragó saliva y continuó.
-Todos… Derrotados… Los demás…- No acertaba a expresarse…
El otro empezaba a perder la paciencia.
-¿Qué es lo que me estás queriendo decir, soldado?- Inquiría, haciendo un esfuerzo por controlar el tono…
Aquel pareció recuperarse del todo.
-He encontrado al grueso de nuestros hombres… tirados por la cocina… sin conocimiento…- Consiguió terminar.
El mayor guardó silencio un momento; mientras tanto, los compañeros de Bo le lanzaban miradas furtivas al recordar que había llegado “cargado” de comida… Entonces, el soldado al mando dirigió una mirada furibunda a aquel grupo de niñatos y traidores…
-¡No me digáis que habéis sido vosotros! ¡Pagaréis con vuestra vida por ello!- Les amenazó, comenzando a ponerse fuera se si…
Pero aquellos insolentes ni se inmutaban. Apretaba los dientes con fuerza a medida que se iba enfureciendo por momentos… Iba a hablar cuando se vio interrumpido nuevamente por unos pasos que se aproximaban atropelladamente…
-¡Mayor! ¡Mayor…!- Insistía aquel soldado…
Aquel hizo un gesto de hastío.
-¿Qué pasa ahora…?- Se detuvo al ver la expresión de su subordinado.
Estaba aterrorizado. Comenzó a hablar entre balbuceos…
-Se… Se trata… Se trata del sargento Wai…- Acertó a decir, mirándolo con ojos asustados…
El mayor supo que aquello era serio…
-¿Qué pasa con él, soldado?- Pero se temía lo peor…
Aquel, tratando de controlar los temblores que lo dominaban, contestó.
-Le he encontrado. Está muerto. Sin la cabeza…- Concluyó, deseando no tener que hablar más…
Aquello conmocionó a todos los presentes… Excepto a Han.
-¿Qué le has encontrado sin la…? ¡Maldita sea!- Exclamó girándose hacia el traidor.- ¡¿Has sido tú, maldito desertor?! ¡No ha podido ser nadie más!- Le increpaba, ignorando momentáneamente a los otros que lo acompañaban…
Han se permitió el lujo de dedicarle una sonrisa llena de intención. Aquello terminó de encender la ira del mayor…
-¡A por ellos! ¡Matadlos a todos! ¡Excepto al traidor!- Especificó…
Han, Gavin, Yun, Huei, Bo… y Xin, se prepararon para enfrentarse a aquellos soldados, que se acercaban sin molestarse en sacar sus armas… El mayor observaba en silencio lo que debía ser una detención sin mayores complicaciones, dada su superioridad numérica…
-Venid por aquí sin ofrecer resistencia- decía un soldado –el que iba en primer lugar-, con un tono sin emoción alguna, alargando una mano hacia la solapa de Gavin…
Este no se lo pensó. Le dio un puñetazo tan tremendo en toda la cara que lo envío hacia atrás, haciendo que se chocara con los tres soldados que venían después…
-¡¿Qué hacéis?! ¡Apresadlos de una vez!- El mayor notaba cómo empezaba a perder la compostura…
Ahora los soldados ya no estaban tan confiados… miraban con una mezcla de enojo e inquietud a aquellos insolentes mientras el soldado caído se levantaba con una mano en la nariz, apretando los dientes preso de la rabia, y tratando de contener la hemorragia… Los siete compañeros seguían ahí, en guardia y desafiantes… Y esto los terminó de enfurecer.
-¡Os vais a enterar!- Bramaba uno de los soldados que había sido embestido justo hacía un momento dirigiéndose con la espada desenvainada hacia Gavin…
Este, sin perder la calma pero con la atención puesta, evitó la estocada de aquel tonto que no podía ser más lento… el soldado cambió en un instante su expresión hostil por una de sorpresa… Gavin no perdió tiempo y le asestó una patada en el estómago que le hizo volar como hiciera antes con el otro, perdiendo la espada y cayendo al suelo, sin sentido…
A estas alturas, el mayor ya era consciente de que aquellos mocosos no eran normales…
Otro de los soldados se dirigió hacia Yun, al ver que parecía el más maltrecho de todos… Craso error.
-¡Ven acá!- Le decía con desdén mientras pretendía sujetarle por ambos brazos…
Yun, que se encontraba mucho mejor, observó que no tendría ni para empezar… Zafándose de las manos que intentaban apresarle con un movimiento de los brazos, dio un salto hacia atrás girando sobre sí mismo y propinándole al tiempo una patada justo debajo de la barbilla, provocando que se elevara lo suficiente para quedar inconsciente al golpearse con la cabeza en el suelo…
-¿Que vaya a dónde?- Le “devolvió” -con cara de poca broma-, consciente de su superioridad.
Los soldados –a excepción del mayor- estaban ya mezclados con ellos…
Uno de los miembros de las fuerzas del cuartel, recibió un sonoro golpe de palo en la cabeza sin poder evitar –a pesar del casco- caer redondo al suelo ante la mirada combativa de Bo…
Xin tenía que aguantar cómo se le acercaba uno de aquellos malditos esbirros del que le había encerrado allí, con una sonrisita en la cara, pensando que sería pan comido…
-Anda, ven aquí muñequita…- Le decía con un tono más que desagradable…
Xin le dio un puñetazo en la cara. El otro se detuvo un momento, ante la mirada expectante de aquella… Pero pronto volvió a girar la cabeza hacia la joven con la misma sonrisa, a pesar del rostro señalado… Xin se asustó al ver que no le había hecho nada… Entonces vio cómo abría mucho los ojos tras sacudírsele el cuerpo repentinamente para, a continuación, ponerlos en blanco… Tras caer hacia delante –lo que obligó a apartarse a la joven-, pudo ver que Huei permanecía de pie con la mano en posición de canto, mirando todavía a aquel desgraciado que ya no se movía… Las miradas de Xin y de Huei se cruzaron momentáneamente antes de verse el joven interrumpido por la intervención de otro de aquellos malditos soldados…
No iba tan confiado el que se enfrentaba a Yi, que se mantenía en guardia ante la actitud agresiva de aquella mozuela…
-Es una pena que te tenga que marcar la cara…- Le decía, no de forma lúdica, precisamente…
Pero Yi, enardecido el ánimo, estaba atenta a la acción que llevaría a cabo aquel soldado de bigote gris –al que no veía bien el rostro- que, aunque no parecía demasiado hostil, de todos modos la trataba como si ella estuviera jugando…
El soldado la atacó con un puño dirigido a la zona anunciada… que Yi apartó con una mano y siguió con un golpe de palma -con la otra- en el pecho de su agresor…
Este retrocedió; reconoció que la había subestimado… Yi trataba de no jadear para no dejar al descubierto lo cansada que se sentía… El soldado sonrió levemente, satisfecho de aquel reto que se le había presentado. Y se dispuso a atacar de nuevo…
-No deberías haber salido de tu casa- dijo, al mismo tiempo que le dirigía un puño en gancho al estómago…
Yi lo detuvo con ambas manos, aferrándose al suelo, no sin esfuerzo. El soldado abrió la boca por lo inesperado de aquello… Ahora era Yi la que iba a atacar.
-¡Hiaaa!- exclamó, encorajada, dando una patada con todas sus fuerzas, con el talón, en el mentón de aquel soldado…
Este escupió saliva por el impacto mientras caía hacia atrás, estrellándose contra la pared, y deslizándose hasta quedar “sentado”, apoyado en la misma y con la cabeza “colgando” hacia abajo…
Tras usar su sable, uno de los soldados –hasta ese momento armado- cayó ante Han, quedando al descubierto en el campo de visión del mayor, que le dirigió una mirada fulminante, temblando de indignación… Han se la devolvió.
-Maldito traidor…- Dijo casi para sus adentros mientras desenvainaba su espada y se disponía a encargarse del que, sin duda, era el más peligroso de todos esos…
Han le esperaba entretanto que, a su alrededor, continuaban las escaramuzas…
Huei le dio a uno una patada terrible en la cabeza, haciendo que se golpeara con la pared -que estaba cerca-, soltando el arma en el acto y cayendo al suelo como un saco pesado…
Yun se encontraba esquivando ágilmente los embites con espada de otro de los soldados, que lo atacaba prácticamente a ciegas…
-Casi lo siento, tío…- Le dijo al pobre antes de esquivarle una última vez y tumbarle con un codazo en un lado de la cara…
Han veía llegar al mayor en medio de cuerpos que se cruzaban a toda velocidad y entre el sonido de golpes y metales silbando…
-Te llevaré vivo… ¡Pero no entero!- Le amenazó el susodicho dirigiéndole un ataque oblicuo con su arma hacia un brazo…
Han apenas se movía mientras le llegaba el metal cortante… El ex soldado lo detuvo sin mayor problema. Esto enfureció aún más a su enemigo…
-Será mejor que desistas. No tienes nada que hacer- le advirtió Han.
Pero el otro, aún forcejeando, terminó de enloquecer.
-¡¡Maldito seas!!- Vociferó, apartándose del arma de Han y volviéndole a atacar, tratando de atravesarle la garganta…
Han, como si fuera lo más fácil del mundo, desvió la hoja de la espada… parecía que todo estuviera yendo más despacio… Hasta que le cortó el brazo que sostenía la espada de un tajo.
-¡¡¡Uaaaaaaah!!!- Chillaba de dolor y consternación el mayor sosteniéndose lo que le quedaba de extremidad mientras la sangre manaba -con presión- de la herida situada casi a la altura del codo…
Han lo observaba, implacable, a medida que caía de rodillas y, poco a poco, iba perdiendo las fuerzas…
Entonces irrumpió en la estancia Lin. Al principio no entendía nada entre toda aquella confusión… veía cuerpos tirados, “volando”, sangre abundante en el suelo…
Pero todo dejó de importarle cuando lo vio a él.
Gavin se encontraba en medio de todo aquel jaleo, de espaldas, encarado a un soldado que lo amenazaba con una espada… Entonces, alarmada, vio como otro de aquellos soldados -con la nariz magullada- se acercaba por detrás del joven, con igual arma desenvainada, moviéndose despacio y mirándole al cuello… tenía la intención de degollarle…
-¡¡Cuidado!!- Gritó la chica lo que pudo, tratando de hacerse oír en aquel tumulto, mientras se lanzaba desesperada para ayudar a su amado
Yi se dio cuenta de que Gavin estaba en peligro.
-¡Gavin! ¡Detrás!- Le avisó…
Gavin, desviando la atención del soldado que tenía delante -que no sabía qué pasaba-, se giró a tiempo de ver al otro…
-¡Cui…!- Volvía a exclamar Lin, ya corriendo, cuando todo pareció ir de pronto a cámara lenta…
De un lado, y sin que esta se diese cuenta, un soldado se alzaba con la espada en alto para clavársela mientras pasaba… La joven estaba indefensa. Entonces, cuando el arma ya descendía de forma irremediable, una figura emergió de las sombras, llegando a continuación de Lin…
La fría hoja afilada se clavó en el abdomen de Kein, tras apartar a Lin con la mano en el último instante… La chica cayó al suelo por el impulso. Y entonces se giró.
-¡¡Kein!!- No se lo podía creer.- ¡¡¡Kein!!!
Gavin se deshizo finalmente de aquel soldado con un golpe de canto con el brazo a un lado del cuello, causando que este se llevara una mano a dicho punto –soltando la espada, que cayó con estrépito metálico- mientras las piernas se le doblaban y un temblor le recorría el cuerpo antes de sumirse en la inconsciencia… Yi llegó apresuradamente a la altura del joven…
-¿Te encuentras bien?- Le preguntó, claramente preocupada…
Gavin asintió, dedicándole una sonrisa agradecida.
Kein estaba en el suelo, corriéndole un hilo de sangre de la boca mientras sufría al sentir todavía el arma dentro… El soldado la extrajo de una vez, al tiempo que aquella chica se abalanzaba sobre el muchacho brotándole las lágrimas de forma imparable…
-¡Kein! ¡Idiota! ¡¿Por qué lo has hecho?!- Le “recriminaba” entre sollozos…
En el mismo momento que aquel trataba de hablar, sobre ellos, como difuminado, el soldado elevaba su arma otra vez, y era derribado con una potente acometida -con un filo largo y curvado- por otra figura que llegaba veloz, saltando la sangre por el aire… Han sacudía y guardaba su sable a la vez que contemplaba aquella dramática escena sin nada más que poder hacer.
-¿Por qué? ¿Por qué…?- No dejaba de repetir Lin, de rodillas y con la mano de Kein cogida, sin poder parar de llorar…
Kein reunió las fuerzas suficientes y se dispuso a contestarle…
-¿Tú porqué crees…?
Lin se lo quedó mirando, a los ojos, y acercó su mano cogida, débil, a su mejilla, estrechándola en la misma… Entonces Kein cerró los ojos y dejó de respirar.
-¡¡¡Nooooo!!!- Lin era presa de la desesperación… y del arrepentimiento…
Han veía todo aquello apenado. Entonces Lin dirigió la vista hacia Gavin, que estaba allí, muy lejos, hablando con aquella chica… Y en ese momento se dio cuenta de todo.
No se había enterado de nada. Él tenía su atención en esa chica. Y ella había perdido a la persona a la que de verdad amaba… Por culpa de él.
Gavin desvió la mirada y se percató en aquel instante de la presencia de Lin, que le miraba directamente a los ojos… entonces vio el cuerpo de Kein, al que tardó en reconocer… y, aún preguntándose qué había pasado, pudo sentir lo que estaba viendo en aquellos momentos en los ojos de esa chica: odio.
Lin se levantó –ahora ya tenía la atención del grupo-, se enjugó las lágrimas, que se mezclaron en su cara con la sangre de Kein y, lanzando antes una breve mirada a Han, volvió a mirar a Gavin… de aquella manera e ignorando a los demás… Se dio media vuelta y salió corriendo, perdiéndose en la oscuridad del pasillo adyacente…
Todos se acercaron a donde estaba el cuerpo del joven y Han.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó Yi, que desconocía quién era aquel chico que estaba muerto en el suelo y que tenía la misma edad que casi todos ellos…
Pero Gavin sí lo sabía. Iba a hablar cuando se vio interrumpido por algo que no se esperaba; giró la cabeza y vio que un soldado se acercaba sigiloso a la puerta que conducía al pasillo que tenían detrás… Le había perdido de vista hacía solo un momento…
-¡Ey!- Le espetó Gavin.
Pero lo único que consiguió es que, al verse descubierto, se escabullera trastabillando, consiguiendo huir…
-¡Avisará a los demás!- Alertó Yun.
Han negó con la cabeza.
-Es mejor no preocuparse. Creo que debemos irnos de aquí- propuso.
Pero entonces Gavin se acordó.
-Chicos. Hay algo que deberíais saber- dijo, muy serio, dirigiendo la vista hacia la puerta situada al otro lado, enfrente de la que llevaba a la salida, seguido con la mirada por los demás, que le imitaron.
La puerta que llevaba hasta los aposentos del General.

martes, 10 de junio de 2014

El Atraco

El Atraco



A pesar de haber pocas nubes en aquella mañana de primavera tardía, estas tapaban constantemente el sol, que aún así iluminaba el cielo azul sobre la gran urbe… Desde arriba se distinguía, majestuosamente erguido, el Banco Capital, el más importante de la ciudad, semejante a un edificio de arquitectura clásica, con dos leones custodiando a la mitad de las interminables escalinatas; aunque, había quien pensaba, que aquellos dos leones más bien parecían dos demonios…
En la parte alta de la “pirámide”, cerca de la gran y ornamentada puerta principal, semioculto por las imponentes columnas que rodeaban la parte frontal del edificio gris oscuro, se encontraba un tipo fumando…
Era un individuo de no mucho más de treinta años, alto y tirando a delgado; llevaba gafas de sol, el pelo negro y engominado hacia atrás; iba ataviado con un traje blanco, camisa negra (con el botón de arriba desabotonado), zapatos betún, brillantes, y cinturón también negro. Llevaba una mochila, de color azul claro y rosa, ligeramente cargada, que desentonaba claramente con el resto del vestuario. En aquellos momentos se encontraba apoyado de espaldas en la pared, con un pie subido y contra la misma, sujetando con una mano una de las correas de la mochila, que llevaba colgada solo de un lado, y con la otra terminándose el cigarrillo…
Al cabo de unos minutos, sin perder de vista el reloj de más abajo, situado en medio de la amplia avenida, sobre una isleta, que marcaba las 10:35, terminó su cigarro y lo tiró al suelo, pisándolo después mientras exhalaba el humo que le quedaba. Alzó la cabeza, decidido. Había llegado la hora.
Cruzó la puerta giratoria de cristal que lo separaba del interior del edificio, a la vez que dos clientes, un hombre y una mujer que no parecían tener relación alguna entre ellos, pasaban por el otro lado, todos entre aquellos breves cubículos transparentes… Ahora ya se hallaba en el interior.
Ante él se alzaba una estancia inmensa, donde el sonido inevitablemente reverberaba, con un techo altísimo, donde estaba situado un reloj de gran tamaño que parecía dominar todo lo demás… El tono de la iluminación del lugar era de un color cálido tirando a apagado; el suelo de mármol reflejaba casi como si fuera un espejo, creando la sensación ilusoria de que aquel sitio parecía más grande de lo que realmente ya era…
Tras observar atentamente a su alrededor, se fijó en la gente que había; no era mucha, para ser día laboral y a aquellas horas. Pero la mayoría tenía una característica común: parecían autómatas, individuos que hacían lo que se les ordenaba (“si tienes dinero, llévalo al banco de inmediato”), con expresiones apagadas y sumisas… Solo unos cuantos, claramente pudientes, parecían esbozar una extraña sonrisa al salir de aquel lugar con el “deber” cumplido… Se le revolvieron las tripas.
Ahora dirigió su atención a los puestos donde atendían a los clientes. Algunos consistían en amplias mesas, todas ocupadas… En los otros puestos, tras un mostrador de madera lacada, había varias colas, no demasiado largas… En una de ellas, en la que solo quedaba un señor mayor con torpe andar, atendía una chica jovencita y muy atractiva. No se lo pensó dos veces.
Se acercó y esperó pacientemente a que aquel buen hombre cobrara su paupérrima pensión… mientras tanto, se dedicó a disimular, mirando como con curiosidad hacia todos los rincones de aquel fastuoso lugar… Vio, a lo lejos, a un guardia de seguridad; pero este, fondón, estaba distraído mirando a través de uno de los ventanales… Por fin le tocaba a él.
-Hola, buenos días. ¿En qué puedo atenderle?- Le dijo la joven, con una sonrisa y un dulce y elaborado tono amable…
No pudo evitar fijarse en aquel bombón: no tendría ni veinticinco años, de altura media y no muy delgada, de formas voluptuosas…; era guapísima, con una media melena ,lisa, de color castaño y ojos del mismo color, claros; vestía con blusa blanca (que casi transparentaba), falda negra y tacones. Le atendía de pie.
Mientras aún se recreaba los oídos (y la vista) con aquella chica, miró a un lado y a otro antes de contestar… Era el momento.
-Espero que no te asustes demasiado- le dijo, dedicándole una sonrisa…
La joven no entendía nada.
El tipo apartó uno de los lados de su americana dejando a la vista una pistola, negra, que guardaba medio metida en el pantalón, delante y a un lado. La cogió de inmediato y apuntó a aquella dulce jovencita…
-Se… Señor…- Comenzó esta a balbucear mientras no quitaba la vista del cañón de aquel arma que la apuntaba…
Aquel tipo decidió que no era adecuado seguir sonriendo…
-Escucha- comenzó a decir bajando un poco la voz.- Solo dame lo que te pida y me iré tranquilamente- trató de razonar… Observó que aquella chica, aunque asustada, no lo estaba tanto como cabría pensar…
“Además de guapa, valiente”, decidió. La chica no supo qué contestar. Tenía las manos levantadas…
-¿Qué… Qué quiere…?- Dijo, nerviosa…
El tipo, vigilando a su alrededor, volvió a esbozar una media sonrisa…
-2.870 dólares… con 50- completó, casi a punto de olvidarlo…
La joven se quedó perpleja. No le había dicho que le diera todo el dinero que pudiera… sino que le había pedido una cantidad concreta… Aquel tipo tan extraño le puso la mochila de llamativos colores sobre el mostrador y volvió a hablar.
-Mételo todo ahí, anda. Por favor- le pidió, casi con auténtica amabilidad…
La chica, aún extrañada, recogió la bolsa y comenzó a reunir apresuradamente el dinero, observada atentamente por aquel curioso atracador…
En un momento determinado, este vio algo que no era correcto…
-Espera. Fíjate bien: me estás dando de más…
En aquel momento, la chica abrió bastante los ojos: ¿se estaba riendo de ella? ¿Todo aquello era una tomadura de pelo o qué? No podía evitar pensar, comenzándose a enfadar incluso… Le dirigió una mirada hostil que aquel tipo sintió sin saber durante un momento que cara poner…
Al cabo de unos instantes, la chica ya tenía la cantidad exacta. Cerró la mochila y se la dejó sobre el mostrador de mala gana… Aquel tipo se acercó, sonriendo de satisfacción, y recogió su mochila, colgándosela de nuevo al hombro…
-Muchas gracias, guapa- le dijo, en el tono más galán que pudo, a aquella malhumorada joven que lo fulminaba con la mirada…
Tan contento que ya mostraba los dientes, se dispuso a marcharse de aquel deprimente lugar tras haber cumplido su objetivo…
-¡Una pistola!- Gritó un joven histérico desde la cola de más a la derecha…
Aquel tipo se recriminó que no había tenido cuidado de guardar antes el arma… Ahora ya era tarde…
La alarma se extendió como la pólvora… algunos ya emprendían la huida hacia la salida… el guardia de seguridad se llevó la mano a su arma y, torpemente, fue corriendo hacia aquel posible atracador… la chica, disimuladamente, caminaba hacia atrás, en dirección al botón que avisaría de inmediato a la policía…
Pero él estaba preparado para aquella previsible situación.
-¡Alto! ¡Qué nadie se mueva!- Exclamó, con la pistola en alto, alzando la voz aunque con un tono calmo…
Aquellas palabras tuvieron su efecto inmediato: todo el mundo se quedó estático, como si fuera alguna clase de juego… La chica pulsó el botón. El atracador continuó hablando.
-Hagan el favor de tranquilizarse. Y tú… tira eso- le dijo al guardia de seguridad, que lo apuntaba con un revólver sudando sin parar, dirigiéndole aquel la mirilla de su arma…
El guardia, al ver la expresión de seguridad de aquel tipo, visible aunque llevara aquellas gafas, dejó de apuntarle, extendiendo los brazos y llevando lentamente la pistola al suelo… El tipo, al ver esto, sonrió satisfecho.
Pero sabía que ya no sería tan fácil salir de allí…

Los pasos de las botas de aquellos tres individuos resonaban de forma marcial en aquel pasillo que parecía no acabarse nunca… Delante iba un hombre joven, de complexión y altura media; y detrás de este, uno al lado del otro, una joven, también de estatura y peso en la media, con el pelo lila recogido en una cola, y un tipo más bajo y entrado en kilos… todos iban ataviados con los ropajes grises y con partes magenta del servicio de limpieza; cada uno con botas negras, guantes del mismo color y su respectiva gorra que les ocultaba la mirada… Avanzaban muy seguros y con paso ligero…
-¿Qué ha pasado con el de la sala de cámaras?- Preguntó el que iba delante, sin detenerse…
-Al parecer, había ido a tomar un café…- Dijo la mujer, con tono reprobatorio…
-¿Y el guardia de seguridad?- Quiso saber el otro tipo…
-Ese es un inepto. Creo que es un familiar del director…- Comentó el primero, sin poder ocultar un deje de desprecio en su voz…
Se produjo un segundo de silencio, solo interrumpido por el sonido de sus pasos…
-Viendo el panorama, no era de extrañar que esto pasara tarde o temprano…- Dijo el tipo que iba atrás, resoplando…
-No os quejéis. Esta semana nos toca a nosotros. Todos vamos a pasar por lo mismo…- Intentó calmar los ánimos el que aún iba en cabeza…
Ya se aproximaban a la puerta situada al final del pasillo…
-¿A quién se le ocurrió esto?- Preguntó la mujer, casi quejándose…
El tipo que iba a su lado dirigió una mirada expectante al otro, esperando su respuesta…
-“Tenemos la suerte de participar en un programa pionero en la seguridad de los bancos, donde la gente guarda su dinero y sus ilusiones…”, creo que decía el nuevo inspector jefe…- Dijo, sin perder la ocasión de gesticular burlonamente…
-La policía debería dedicarse a otras cosas… y no a “programas pioneros”…- Aseveró la mujer…
Ninguno de los otros dos dijo nada. Pero todos estaban de acuerdo; y no eran los únicos…
Por fin llegaron a la puerta que los separaba de la sala principal…
La doble puerta se abrió de par en par y entraron tranquilamente y sin bajar el ritmo… a pesar de que ya habían comenzado a ver a la gente asustada aquí y allá… Ahora habían divisado al atracador… Este les oyó primero y les vio después, en seguida.
-Alto, chicos. Quedaos donde estáis- les avisó el atracador.
Los tres recién llegados se detuvieron a la vez. Se quedaron de pie, estáticos, como en formación… Esto le mosqueó…
-Solo venimos a hacer nuestro trabajo. Limpiar este lugar- dijo el primero, ahora delante y en el centro, levantando la vista, desafiante… Su pelo era algo largo, rebelde y castaño claro, y sus ojos verde oscuro; tendría más o menos su edad…
Los otros dos también alzaron la mirada, igualmente de desafío… La mujer tenía los ojos del mismo color que el cabello, maquillada con lápiz negro en los mismos y un rojo intenso en los labios… El otro tipo tenía el pelo negro y rizado, con barba de pocos días… Tras observarles (y fijarse bien en la mujer), sonrió socarronamente.
-Pues tenéis el día libre. Por lo menos un rato…- Les comunicó con tono arrogante a aquellos tres…
A estos no les hizo ninguna gracia…
Entonces se acercó a la chica que le había “atendido” antes…
-Y dime… ¿Cuánto tardarán en llegar tus amigos?- Le preguntó, insinuante, apoyándose sobre el mostrador…
La chica, temblando ligeramente, no pudo evitar dirigir una mirada hacia alguien situado en algún punto detrás de él… y este se dio perfectamente cuenta… Era lo que temía.
-Déjate de tonterías y suelta la pistola- le dijo una voz masculina tras él, seguida del inconfundible sonido de la retirada del seguro de un arma…
Antes de girarse, sonrió, con una mezcla de seguridad y conciencia de peligro…
-Me parece que no sois del equipo de limpieza- aseguró, habiendo perdido de vista a los otros dos…
El falso limpiador, le apuntaba con una pistola, a escasos metros de distancia. Todo el mundo en la enorme sala guardaba silencio y contenía la respiración, viendo cómo se desarrollaban los acontecimientos… Entonces, ya confiado en su victoria, el agente de policía infiltrado comenzó a acercarse…
-Vamos. Suelta el arma te he dicho- le dijo, dejando claro que ya no estaba para juegos…
Pero él no estaba jugando. Tenía el arma hacia el suelo, y miraba hacia el mismo, controlando al otro de reojo, esperando… Este perdió la paciencia.
-¡Que sueltes…!- Comenzó a ordenar…
Pero no pudo terminar de hablar ante aquello, que no se había esperado: con una rápida y precisa patada, aquel maldito atracador le había desarmado en un momento… Y antes de que pudiera reaccionar, le propinó otra patada con la otra pierna en la cara… El falso limpiador cayó fulminado al suelo.
-Pues vaya…- Dijo, casi decepcionado, mientras le veía tendido en el suelo sin sentido…
Entonces un disparo casi le alcanza, impactando en el mostrador… Dirigió la mirada rápidamente hacia el origen del proyectil… Vio al otro tipo, que aún le apuntaba desde detrás de una columna…
-¡¿Qué haces?! ¡¿Es que no ves que podrías darle a ella?!- Exclamó, furioso, señalando a la chica, a la que se le habían doblado las piernas por el susto y ahora temblaba sentada en el suelo y apoyada en la pared…
Rápidamente, se apartó del mostrador para evitar poner en peligro la vida de aquella chica… El otro aguzó la vista: ¡¿dónde se había metido?!
Súbitamente, aquel atracador apareció a su lado y le dio un tremendo puñetazo de gancho en el estómago que hizo que casi se le salieran los ojos de las órbitas…
-A gente como tú no deberían permitirles formar parte de la policía…- Le espetó el atracador, muy en serio…
El otro, doliéndose, alzó con esfuerzo la cabeza, apretando los dientes de rabia por aquellas palabras con las que no quería estar de acuerdo… Y entonces abrió mucho los ojos.
El atracador le dio un potente puñetazo en toda la cara que lo tiró hacia atrás, saliéndole un pequeño chorro de sangre de la nariz que quedó en el aire unos instantes y volándole un par de dientes que tintinearon al caer al suelo… cayó de espaldas, ya sin conocimiento… Pero esta vez el atracador no sonrió: le quedaba lo más difícil…
La mujer policía permanecía escondida tras otra de las columnas. No tenía ni idea de dónde estaba en aquellos momentos aquel atípico atracador… Pero estaba claro que era peligroso…
Entonces oyó algo a su lado, como si alguien golpeara con el nudillo una superficie… Se giró al instante y apuntó con su arma. Pero no había nada. Volvió a escuchar algo… lo mismo. Entonces decidió tomar la iniciativa…
Salió de su “escondite” y apuntó hacia delante con su arma… No había nadie. Entonces, poco a poco, fue abriendo más y más los ojos, y la boca, al comprender que había caído en una burda trampa… Estaba detrás de ella…
-Lo siento, preciosa- Casi se disculpó…
Antes de que la mujer policía pudiese reaccionar, aquel tipo le dio un fuerte golpe con el canto de la mano en la base del cuello, haciendo que perdiera la consciencia al instante… La sujetó justo cuando comenzaba a caer para dejarla cuidadosamente en el suelo… Entonces se la quedó mirando. Observó que aquella mujer tan hermosa era algo mayor que él…
-Lástima. Me gustan mayores- se lamentó levemente…
Entonces comenzaron a oírse sirenas de policía. Ya habían llegado… Sin perder un segundo se acercó al mismo chaval que había gritado como una nenaza cuando había visto el arma y que ahora estaba tumbado boca abajo en el suelo, con las manos sobre la cabeza (a pesar de que él no lo había dicho)… Este se puso a temblar de forma descontrolada, sin poder apartar los ojos como platos de la pistola que le mostraba aquel tipo al agacharse a su lado…
-¿Puedes hacerme un favor?- Le “pidió” sonriendo maliciosamente

La policía ya había tomado posiciones, rodeando el banco y sus alrededores. Nadie podría salir de allí sin ser visto y detenido…
-¡Sabemos que está ahí dentro! ¡Salga sin oponer resistencia!- Ordenó el agente, un veterano de pelo gris y bigote frondoso, con voz autoritaria a través del megáfono…
Los demás estaban preparados, apuntando sus armas hacia la entrada…
Sorprendentemente, sin hacerles esperar, la puerta giratoria dio un par de vueltas y salió al exterior un tipo vestido de blanco con zapatos, cinturón y camisa negra, con una pistola colgada de la mano que dejó en el suelo en seguida, llevándose las manos de inmediato a la cabeza… Respondía a la descripción del atracador. El jefe de policía no podía creer que hubiera sido tan fácil… pero se alegraba de no perder mucho tiempo con aquello… Los demás agentes fueron a por él, haciendo que se tumbara en el suelo boca abajo y cogiéndole la pistola… Poco a poco, los rehenes fueron saliendo…
Al cabo de unos momentos, cuando había un maremágnum de gente, policías, vehículos, la prensa, etc., alguien comenzó a gritar… casi a chillar y sollozar…
-¡No soy yo! ¡Se equivocan! ¡Que no soy yooo!- Insistía el detenido…
“Típico”, pensó el jefe de policía. Entonces llegó corriendo uno de sus agentes, trayendo el arma del atracador…
-Señor…- Se quedó mudo ante su superior…
Este se impacientó.
-¿Qué ocurre, agente? Hable…- Le reprendió con dureza…
Aquel tragó saliva.
-La… La pistola… Es de juguete- sentenció.
El jefe de policía se quedó lívido.
-¡¡¡¿Qué?!!!

En aquellos mismos instantes, por unas callejuelas estrechas y sucias, sin apenas espacio para circular, iba un coche rojo, con la capota negra echada hacia atrás, a toda velocidad, haciendo rodar papeles y otros restos de basura a su paso… Conduciendo, estaba el tipo que había atracado el banco, sin sus gafas, mostrando sus ojos negros, con una camisa amplia hawaiana de manga corta, naranja oscuro con estampaciones negras de palmeras y demás, que mostraba sus desarrollados brazos llevando el volante… Llevaba una amplia sonrisa de triunfo en su rostro de ilimitada satisfacción… Mientras el vehículo se alejaba, rugiendo bajo los rayos del sol en el cielo azul, a punto de salir de aquel entramado de calles, rumbo a algún país exótico, sonaba la radio en su coche:
-“…en el Banco Capital, el mismo en el que, hace casi una hora, se ha descubierto un entramado por el cual, supuestamente, se habrían llevado a cabo maniobras ilegales para apoderarse indebidamente de gran parte del dinero de sus clientes…”