lunes, 23 de junio de 2014

El cazador

El cazador



Los rayos del sol iluminaban con intensidad la superficie del lago, el cual, a su vez, reflejaba como un espejo el cielo azul que dominaba el paisaje. A su lado, se erguía un monte que se miraba en el reflejo del agua, rodeado de un frondoso bosque que flanqueaba la superficie acuática. Al fondo, a lo lejos, se distinguían montañas más elevadas, azuladas por la distancia. Con madera de dicho bosque, fue construida la cabaña situada no muy lejos de la orilla, y de la que ahora salía al exterior su único habitante.
Jonas era un hombre de 35 años, de complexión y altura medias; tenía el pelo castaño, algo revuelto y una barba de varios meses; tenía los ojos verdes claro; vestía con ropajes confeccionados por él mismo, con las pieles de los animales que le servían de alimento: pantalones y chaleco; además de botas, guantes, camisa gris y cinturón, del cual colgaban diversos utensilios necesarios para su profesión: era cazador. Al hombro llevaba su inseparable rifle, el cual necesitaría durante la jornada que se presentaba…
Hacía poco que había iniciado la primavera. Ya solo quedaba un poco de nieve en las cumbres; aunque el viento, aún en ocasiones, venía helado…
-¡Tobías! ¡Tobías, ven!- Llamaba, resonando su voz en aquel silencioso paraje solitario…
Se quedó escuchando unos minutos, muy atento… Y cuando estaba a punto de llamar otra vez, esbozó una sonrisa al oír un ruido, un gruñido, familiar aproximarse…
De entre los árboles cercanos, a su izquierda, surgió un lobo; un magnífico animal que impactaba con su porte noble… Se había sentado tras aparecer, moviendo la cola un par de veces y bostezando…
-Vamos, dormilón… Tenemos trabajo- le decía Jonas en tono cariñoso…
El lobo, respondiendo a las palabras de aquel humano, se terminó de desperezar, sacudiéndose con fuerza y dirigiéndose hacia él como dando saltitos… Entonces, cuando ya faltaban apenas un par de metros para que el animal llegara a la posición de Jonas, aquel aceleró de repente, lanzándose de un salto sobre él…
-¡Hey!- Exclamó mientras aquel respetable ejemplar de lobo le tiraba con las cuatro patas hacia atrás, cayendo ambos al suelo…
Lo siguiente que ocurrió fue que el cánido comenzó a darle lametones en la cara sin parar…
-¡Basta, basta! ¡Ja, ja, ja! ¡Que no puedo respirar…!- Le decía, tratando de quitárselo de encima…
Pero Tobías no pensaba dejar tan pronto de dar muestras de efusividad… Cuando Jonas consiguió levantarse, Tobías no dejaba de intentar apoyarse en él con las dos patas delanteras, amenazando con tirarle otra vez al suelo…
-Vale, vale…- Parecía que ya le estaba consiguiendo “tranquilizar”…
Ya hacía casi tres años que Jonas encontró a Tobías, atrapado en aquel cepo que aún a día de hoy no había conseguido averiguar quién lo puso; desde entonces se habían convertido en compañeros… y amigos. A Tobías siempre le gustaba acompañar a Jonas en sus cacerías; la mayoría del tiempo solo miraba, pero a veces había llegado a ayudarle… El inteligente animal sabía que, en aquellas ocasiones, a él le correspondía parte del “botín”…
-Muy bien, Tobías. Hoy tenemos que cazar un ciervo. Hace tiempo que no comemos carne. Bueno… yo- se apresuró en rectificar, recordando con quién estaba hablando…
A Tobías, que lo miraba sin pestañear, solo le faltó asentir. Jonas dio un vistazo a su alrededor y después dirigió una mirada al cielo.
-Bueno, pues… ¡Vámonos!- Exclamó.
Y, seguido por Tobías, que movía animadamente la cola y tenía la lengua fuera, se internó en el bosque de hoja caduca…

Habían transcurrido cerca de dos horas. Jonas, con Tobías muy cerca de él, a un lado, iba avanzando lentamente sobre aquel manto de maleza seca… intentaba hacer el menor ruido posible… Antes, había dejado pasar un par de liebres que se habían encontrado por el camino; pero las tenía localizadas: si, a pesar de intentarlo, no aparecía ningún ciervo, volvería tras sus pasos y cazaría alguna para cenar… Tobías, desde el momento que había visto a su compañero coger su arma, se puso a olfatear posibles rastros de otros animales, consciente de que era eso lo que buscaba su amigo humano…
Pasó un rato más. Jonas estaba comenzando a desmoralizarse; por allí no había ciervos… quizá era aún muy pronto…
-Volvamos, Tobías…- Le dijo, apesadumbrado, comenzando a dar media vuelta…
Entonces este se dio cuenta de que Tobías estaba parado, muy quieto, totalmente erguido sobre las cuatro patas y mirando al frente, con las orejas de punta… Jonas se extrañó, pero dirigió la mirada hacia el mismo punto que estaba mirando su amigo lobo…
Era un ciervo. Estaba un poco lejos, pero se distinguía perfectamente… Era lo que estaba buscando…
-Ahí estás…- Susurró Jonas, comenzando a avanzar con sigilo, agachándose un poco, buscando los posibles lugares para ocultarse mientras se aproximaba a su presa…
Tanto Jonas como Tobías, se fueron acercando, con sumo cuidado de no ser percibidos, permaneciendo ocultos la mayor parte del tiempo, acelerando el paso cuando se encontraban al descubierto… El ciervo no se movía. Seguía comiendo tranquilamente. No se había percatado de que estaba siendo acechado…
Por fin Jonas estaba a escasos metros de aquel hermoso animal. Desde donde se encontraba no pudo evitar admirarlo… Si no fuera porque necesitaba el alimento (y el abrigo de sus pieles), jamás se dedicaría a acabar con la vida de aquellas increíbles bestias… Tobías permanecía a la expectativa de lo que hiciera su compañero… jamás se adelantaba si aquel no actuaba primero…
Entonces Jonas, lentamente, preparó su arma, apuntando con el cañón a través de las hojas del árbol que lo separaba del ciervo… quitó el seguro… apuntó bien… Sabía que ya era el momento…
Entonces, súbitamente, aquel ciervo, antes de agarrar con la boca un poco más de hierba, levantó la cabeza, mostrando su portentosa cornamenta, y le dirigió la mirada. Le había visto. Jonas, a pesar de su experiencia como cazador, se quedó petrificado… Pero tenía que hacerlo.
En ese momento, justo cuando comenzaba a apretar el gatillo de su rifle, unos inesperados ruidos de voces y pisadas llegaron provenientes de más allá a la derecha… Aquello despistó momentáneamente a Jonas, que había desviado la vista hacia aquella dirección, al igual que el ciervo… y que Tobías… Cuando el cazador volvió a mirar al animal que pretendía cazar, este le devolvió un instante la mirada, en la que parecía estar expresándole su victoria aquel día, porque aprovechó la ocasión para escapar en dirección contraria…
En aquel momento, Jonas tuvo una extraña sensación: no llegaba a lamentarse del todo ante la pérdida de aquella presa… ya lo volvería a intentar… Pero ahora le intrigaba el origen de aquel alboroto que turbaba la paz del bosque… Lentamente, seguido, por supuesto, por su fiel compañero, Tobías, que también había dejado pasar aquel ciervo, sin dejar de permanecer oculto, dirigió sus pasos hacia dicha dirección…
-¡Esta es sin duda la mejor presa que hemos obtenido nunca! ¡Nunca!- Exclamaba, casi atragantándose, un tipo que, claramente, había bebido demasiado…
Jonas se aproximó lo suficiente para ver de quién se trataba…
Había un tipo, de unos cuarenta años, bebiendo una botella de whisky como si fuera lo último que fuera a hacer en la vida… tenía ya canas en la barba, pelo negro, aspecto desarrapado, vestido con pantalones azules oscuro, muy sucios, con tirantes y camisa parda a cuadros negros. Junto a él había dos tipos más: uno más joven, pelirrojo, con barba más corta y ojos color avellana, algo entrado en kilos y más alto, con ropajes similares al anterior, no tan sucios y estropeados, con camisa ocre, pantalones de tirantes azul más claro y una chaqueta hecha con piel de zorro; el otro, el más joven de los tres, no tenía barba, y llevaba el pelo con un corte caro de barbero, negro como el betún, más alto y delgado que los otros, pero de complexión fuerte, vestido con ropa más propia de señorito (pantalones ajustados negros, camisa nueva blanca, chaqueta de cuero negra con forro interior de borrego, botas marrones y guantes, también de cuero, negro brillante) que de cazador… Ambos sonreían de forma malintencionada mirando hacia una figura atada a un árbol…
-Pero qué…- Comenzó a decir Jonas, fijándose mejor…
Era una mujer. Una india. Era preciosa, pensó Jonas, con la boca abierta…
Tenía el pelo muy largo y negro azabache; la tez morena; era ligeramente de menor estatura que la media y un poco delgada, aunque muy desarrollada a los escasos veinte años que tendría…; llevaba la ropa (una túnica azul celeste) hecha jirones e iba descalza y sucia. En aquellos momentos estaba cabizbaja, sin decir nada mientras aquellos miserables reían ruidosamente…
Tobías comenzó a emitir un sonido lastimero.
-Ya lo sé, amigo… Tenemos que ayudarla- Dijo, determinante…
Jonas se fijó mejor en un montón de bártulos que había apoyados sobre otro árbol cercano: pudo distinguir enseres de cocina, cantimploras, armas… y cepos. Eran cazadores. De esos malditos pseudo-cazadores que emplean malas artes para atrapar más animales de los que “necesitan”…
-¿Me pregunto cuánto nos darán por ti, zorrita…?- Decía, arrastrando las palabras mientras se acercaba a la joven, el primero al que habían oído Jonas y Tobías, escapándosele saliva entre los huecos dejados por los dientes que ya no estaban…
Jonas podía ver, con repugnancia, la cara de lascivia de aquel desgraciado… estaba a punto de actuar…
-Controla tus impulsos, estúpido…- Le recriminó el más joven, el que parecía el líder.- Si la tocas, dudo mucho que nos quieran pagar nada siquiera… Las vírgenes son más valiosas…
“De modo que, además, ahora se dedican al tráfico de esclavos…”, habló mentalmente, indignado, Jonas…
-Y esperemos que esta sea virgen…- Comentó, con sorna, el otro…
Los tres rieron a carcajadas mientras la chica alzaba la vista, con los ojos llenos de odio hacia aquellos tres malditos que la estaban humillando…
Jonas vio sus ojos castaño oscuro… y notaba como si perdiera fuerzas… Tobías lo miró y le llamó la atención con la cabeza… Jonas “despertó”.
-Muy bien, compañero. Vamos a liberarla…- Resolvió.

Llegó la noche y aquellos tres individuos encendieron una hoguera; Jonas y Tobías, mantuvieron su puesto de vigilancia, comiendo frugalmente sin perder de vista lo que hacían y decían aquellos tres… Pero lo único que hicieron fue emborracharse, gritar soeces y acabar cayendo redondos al suelo… Jonas sabía que no saldrían temprano…

Llegó la mañana. Jonas y su fiel compañero, Tobías, ya estaban despiertos desde hacía un buen rato… y preparados. Observaban atentamente cómo aquellos tres indeseables recogían todo y desataban a la joven india del árbol…
-Vamos, guapa, je, je, je…- Le decía, de forma desagradable, el más mayor de los tres, al tiempo que agarraba con fuerza la cuerda que la mantenía atrapada con los brazos pegados al cuerpo…
Esta, resignada, comenzó a caminar. Jonas observó que el más joven parecía estar decidiendo que dirección iban a tomar…
-Si no me equivoco, el pueblo más cercano está yendo para allá…- Dijo, señalando hacia la izquierda, visto desde la posición de Jonas…
Y se pusieron, al fin, en marcha.
-Vamos, Tobías- le dijo Jonas a su amigo, apresurándose a tomarles la delantera…
Había transcurrido al menos media hora y aquel maldito bosque no se acababa nunca…
-Si por mí fuera, lo quemaría todo- decía, con desdén y agriamente, el pelirrojo, que iba delante…
Los otros casi no se atrevieron a sonreír, al escuchar aquello…
-Tranquilo, amigo… Ya sabemos de tu gusto por quemar cosas…- Le dijo, tratando de paso de calmarle, el más joven, que iba atrás del todo…
El interpelado pareció reprimir algo; y el otro, tenso y llevando a la india entre ambos, guardó silencio.
Entonces este vio algo, más adelante…
-¿Qué es eso?- Se preguntó, cediéndole la futura esclava al pelirrojo, sin esperar respuesta y sin apartar la mirada de lo que había visto…
El pelirrojo se extrañó; y el más joven le observó sin saber qué estaba pasando.
-¿A dónde vas?- Le preguntó.
Pero aquel parecía hipnotizado… se limitaba a avanzar, como atraído por algo que solo podía ver él…
-Pero qué es esta maravilla…- Decía, abriendo mucho los ojos, como si hubiera encontrado un tesoro, observado desde más atrás por los otros, que no entendían qué estaba haciendo aquel idiota…
Y, a su entender, así era: había encontrado un tesoro… Una botella de whisky entera. Y del bueno… Sin pensárselo dos veces la cogió del suelo. A aquellas alturas, sus “compañeros” ya habían visto de qué se trataba…
-¡No! ¡Quieto! ¡No la cojas!- Le advirtió el más joven…
Pero era demasiado tarde. Sin saber qué demonios estaba pasando, un lazo de cuerda,  rodeando ampliamente la botella, emergió de las hojas secas que la cubrían y se cerró con fuerza alrededor de la pierna de aquel infeliz, que se vio elevado del suelo a toda velocidad, quedando boca abajo…
-¡Maldita sea! ¡¿Qué es esto?! ¡Soltadme!- Vociferaba, desquiciado, mientras veía su deseada botella allí lejos, en el suelo, volcada…
Jonas y Tobías aparecieron cerca de allí, ocultos tras unos arbustos; Jonas sonrió, satisfecho: su “viajecito” nocturno a la cabaña había merecido la pena… Y volvieron a desaparecer…
Pero el líder de aquel grupo pareció escuchar algo… algo que se alejaba… Enseguida lo relacionó…
-Vamos por allí- le dijo, con un gesto de la cabeza, al pelirrojo, que ahora “dominaba” a la esclava…
Este, lejos de protestar por la clara intención de su “jefe” de dejar a aquel inútil, le siguió de inmediato: no iba ser lo mismo repartir entre dos que entre tres…
-¡Ey! ¡¿Adónde vais?! ¡No me dejéis aquí! ¡Podría venir un oso… o algo! ¡Maldita sea!- Protestaba, a punto de ponerse a llorar…
Entonces hubo un silbido en el aire y calló de inmediato. Lentamente, sin querérselo creer, totalmente boca abajo, miró a su prominente barriga… Era una flecha. Trató de gritar pero su intento fue sofocado por varias flechas más que le hicieron callar para siempre…

Jonas estaba terminando de colocar varias ramitas y toda la vegetación seca que pudo cuando escuchó a alguien aproximarse… Este sonrió nuevamente de satisfacción: era lo que estaba esperando (él había hecho ruido antes, a propósito, para que lo siguieran…)
El pelirrojo iba delante, sujetando a la india, caminando a grandes zancadas para atrapar cuanto antes al malnacido que se estaba intentando reír de ellos… A poca distancia, más tranquilamente, caminaba el otro; oteaba a sus alrededores, sin fiarse…
Llegaron al lugar en donde Jonas se encontraba momentos atrás; allí no había nadie… El pelirrojo se detuvo, tirando bruscamente de la cuerda que ataba a la joven, obligándola también a pararse… aquel se quedó un momento mirando a su alrededor, dando una vuelta sobre sí mismo, mirando hacia lo alto de los árboles circundantes…
Nada. El tipo comenzó a enfadarse de verdad…
-¡Vamos!- Gritó al tiempo que volvía a tirar de mala manera de la chica y se ponía a caminar de nuevo…
Entonces, sin poder remediarlo, aquel individuo notó como el suelo cedía ante él cuando apoyaba el pie… se precipitó al fondo, soltando involuntariamente la cuerda…
-¡Maldita sea…!- Maldecía, dolorido, desde el fondo del agujero inesperado…
Allá arriba, la chica se vio libre momentáneamente…
-Quieta ahí…- Le advirtió el otro, que ya había llegado y la apuntaba con su revolver… Tras coger la cuerda, se acercó al agujero y se asomó… El pelirrojo vio a su compañero
-¡Ey! ¡Amigo! ¡Ayúdame a salir de aquí…!- Le pedía, casi con desesperación…
El otro se lo quedó mirando, con ojos inexpresivos. El pelirrojo vio las intenciones en su mirada…
-¡Venga! ¡Amigo! ¡No me dejes aquí!- Ahora ya prácticamente rogaba…
Pero el otro no dijo nada y desapareció de su vista, llevándose a la cautiva con paso normal… Aquel se consternó…
-¡Maldito hijo de puta! ¡Eso es lo que querías desde el principio! ¡Quedártelo todo para ti! ¡¿Aquel cabrón es tu compinche o qué?!- Bramaba…
Pero estaba atrapado. Calló unos instantes, agotado…
Entonces cayó en la cuenta. Miró bien dónde se encontraba… aquel agujero… ¡No podía ser! ¡Ese hoyo no lo había cavado el otro… Lo había cavado él!
Había caído en su propia trampa… Pero no debería ser tan difícil salir de allí… Trataría de trepar hasta arriba…
Entonces oyó algo. Algo que no le gustó nada…
-No… No, no, no… No, no, no, no, no…- No podía parar de repetir mientras se pegaba a la pared de tierra y miraba hacia arriba…
Un oso asomó su enorme cabeza y le vio enseguida… El pelirrojo se llevó la mano a la boca, para evitar gritar… Entonces se acordó de su arma; se tanteó la funda y la encontró vacía… debió salirse cuando se cayó en el agujero… miró hacia el suelo: allí estaba. Trató de acercarse sin pensárselo… cayó de rodillas ante la pistola… estaba tan nervioso que se le escapaba de las manos…
Pero no pudo hacer nada más. Notó un peso terrible que lo aplastaba contra el suelo… y unas salvajes dentelladas y zarpazos antes de perder el conocimiento para siempre…

El otro, ajeno al destino de su ex-compañero, seguía avanzando con aquella joven india delante, amenazándola cuando veía que enlentecía el paso… Llevaba su arma a punto…
Entonces de entre los árboles que había ante ellos surgió Jonas con su rifle… apuntaba al jefe de aquella banda directamente a la cabeza…
-Vaya, vaya… Por fin te vemos la cara… Bueno, te veo- “Bromeó”, en alusión al reciente fin de su sociedad con aquellos dos ineptos…
Jonas no decía nada; no dejaba de apuntarle…
-Esa joven no te pertenece. Suéltala ahora mismo o te disparo en la frente…- Le advirtió, muy en serio…
El otro sonrió, burlonamente… Pero sabía que no iba en broma…
Durante unos instantes ninguno hizo ni dijo nada; la chica, en medio de ambos hombres, comenzaba a temblar ante la inminencia de lo que pudiera pasar…
Entonces el tipo del revolver comprendió que le venía muy bien la presencia de aquella india en esos momentos… lástima del dinero…
Con un rápido movimiento, aquel individuo se colocó justo detrás de la chica, de modo que quedaba momentáneamente oculto a los ojos del cazador… apuntó y disparó…
El disparo dio en un tronco muy cerca de Jonas, que se encogió instintivamente cuando sintió que el otro iba a disparar… Pero ahora no podía apuntarle: estaba la chica en medio, muy asustada… El tipo, en cambio, le veía perfectamente por un “hueco”… y apuntó de nuevo…
Entonces, inesperadamente, por uno de sus lados, de entre la espesura, apareció un lobo abriendo sus fauces fieramente que se abalanzaba sobre él: era Tobías… Este le agarró con la boca la mano que empuñaba el arma y provocó que el otro la soltara, abriendo mucho los ojos de miedo al ver a aquella bestia salvaje sujetarle con los colmillos… La chica se había girado y se quedó muy sorprendida al ver aquello…
Jonas respiró aliviado.
-¡Muy bien, Tobías!
Al oír a su amigo, supo que debía parar… Soltó de mala gana la muñeca de aquel maldito y este cayó al suelo, de culo, arrastrándose hacia atrás para alejarse de inmediato de ese lobo… Jonas se acercó, apuntándole con su arma…
-Y ahora, lárgate o te mato- le avisó, cambiándole totalmente la cara.
El otro, apretando los dientes de rabia, pero demasiado impresionado por lo que acababa de pasar, se levantó como pudo, trastabillando y salió corriendo internándose en el bosque…
Ahora se quedaron solos Jonas y la india… y Tobías. El cazador dejó de apuntar cuando ya no oía a aquel tipo. Este se giró, colgándose el rifle y sacando un impresionante cuchillo… La joven, al verlo, no pudo evitar dar un paso atrás, aún muerta de miedo…
-Tranquila… Será un momento…- Le dijo acercándose a ella y mirando las cuerdas…
Durante un segundo la joven cerró los ojos, sin saber muy bien qué es lo que pasaría ahora… Pero se tranquilizó al ver que aquel joven le estaba cortando las ataduras…
Una vez hecho, la chica quedó liberada. Mientras se tocaba las partes doloridas por el largo tiempo que había permanecido atada, observaba cómo aquel hombre guardaba su cuchillo y se acercaba a darle unos toques amistosos sobre la cabeza a aquel lobo, que los recibía encantado… Abrió la boca para decir algo pero dudó unos instantes…
-¿Es… Es tu amigo?- Preguntó, con una pronunciación que denotaba que conocía bastante bien su idioma.
Jonas se giró (también Tobías) y la miró, contemplando su belleza…
-Sí- consiguió decir antes de quedarse sin palabras.
La joven también se ruborizó.
Entonces, como interrumpiendo algo, un trueno sonó en la lejanía… Jonas reaccionó de inmediato.
-Se aproxima tormenta. Debes estar lejos de tu casa… Quédate esta noche en la mía y mañana te acompaño de regreso con los tuyos…- Se ofreció, preguntándose cómo estaría sonando aquello…
Pero la joven aceptó, asintiendo con la cabeza, sin dudarlo un instante. Aquello le llamó la atención a Jonas. Otro trueno, más cerca…
-Vámonos, pues- les dijo a la chica y a Tobías.
Y los tres se fueron rumbo a la cabaña, mientras comenzaba a oscurecer y el viento a soplar más fuerte…

Mientras la joven, cubierta con una manta y sentada en una silla, se intentaba calentar ante el fuego de la chimenea, con Tobías tumbado boca abajo a sus pies, Jonas, con las mangas de la camisa arremangadas, se encontraba preparando algo para cenar, cortando unas zanahorias en rodajas… afuera diluviaba y seguían sonando truenos y cayendo rayos no muy lejanos… El viento golpeaba las ventanas, provocando que Jonas dirigiera una mirada a las mismas; tras cerciorarse de que todo era normal siguió preparando la cena…
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó a la joven india.
Esta no le miró, quedándose pensativa.
-No estoy muy segura de cómo se dice en tu lengua… “Silencio”- dijo, casi segura del todo…
Jonas paró de cortar de inmediato.
-¿”Silencio”?- Preguntó, incrédulo, casi esbozando una sonrisa…
Aquel tonito ya lo había escuchado ella en su poblado…
-Ya te he dicho que no estoy muy segura…- Aclaró, molesta…
Jonas intentó disculparse pero no pudo. Los cristales de la ventana que tenía justo detrás se hicieron añicos con estrépito al tiempo que se introducía por la misma un intruso que caía encima de Jonas, haciendo que la mesa volcara… Silencio y Tobías se incorporaron de inmediato…
Jonas trató de recuperar el cuchillo que estaba utilizando pero cuando lo tenía agarrado, boca arriba en el suelo, el que se había colado en la casa se lo quitó de una patada…
-Vengo a por lo que es mío- afirmó el mismo tipo que había dejado ir rato atrás, empapado…
El viento y la lluvia entraban por el hueco dejado por la ventana rota… El jefe de la banda desvió su atención y vio a aquella maldita india al lado de la chimenea… no se fijó en el lobo…
-Y ahora tú, sucia india, vas a venir conmigo…- Le aseguró a una aterrorizada Silencio…
Jonas aprovechó la distracción de aquel tipo para propinarle una patada en el estómago desde abajo. Esto no se lo esperó el otro, que retrocedió dolorido… Jonas se levantó de prisa y le volvió a golpear con el puño en la cara… acto seguido, lo agarró por la solapa y le tiró fuera de la casa por la misma ventana que había roto, saliendo él detrás…
Para cuando salió, el tipo ya se había recuperado y era él el que le daba un puñetazo en el estómago, dejando a Jonas durante un momento sin resuello… Silencio, seguida por Tobías, salió por la puerta al exterior, donde llovía más fuerte que nunca…
-¡Cuidado!- Le avisó Silencio al ver que aquel tipo se llevaba la mano a su revolver…
Pero Jonas, advertido, se lanzó a agarrar su brazo, impidiéndoselo… ambos resbalaron en el suelo mojado y embarrado y cayeron al suelo… forcejearon e intercambiaron puñetazos… Tobías quería ayudar a su amigo, pero no estaba seguro de cuando intervenir para no estorbarle… Aunque parecía que Jonas le tenía, apresándole desde arriba y dándole repetidos golpes a la cara… Hasta que el otro le alcanzó con un rodillazo en la boca del estómago… Jonas quedó doliéndose en el suelo mientras el otro se levantaba, tomándose progresivamente su tiempo…
Una vez de pie, sacó su arma, ante la expresión de horror de Silencio y la impotencia de Tobías, que iba a lanzarse a por aquel maldito humano… Jonas levantó la vista y se encontró con el cañón del revolver apuntándole… estaba acabado…
Entonces, algo se escuchó atravesar el aire y la cortina de agua formada por la lluvia y golpear en seco… El tipo, abriendo mucho los ojos y temblando ligeramente, giró la cabeza lentamente lo que pudo y trató, en vano, de agarrar con la mano casi sin fuerza un hacha de pequeño tamaño que tenía clavada a la espalda… El miedo se veía en sus ojos…
A continuación, surgió de la oscuridad una lluvia de flechas y estas se clavaron en casi todas las partes de su cuerpo, provocando que este, ya sin vida, cayera en el suelo salpicando agua y barro en todas direcciones… Jonas, intrigado, miró en dirección al lago: eran indios; cinco o seis, no lo sabía decir bien… Silencio, al verles, dijo una palabra en su idioma y salió corriendo hacia ellos…
Y entonces, para desgracia de Jonas, vio cómo aquella joven se abrazaba al que parecía el jefe de aquel grupo, un tipo joven, fuerte y apuesto…
Silencio se giró hacia Jonas y este vio como comenzaba a explicarles algo apresuradamente a los otros… claramente les estaba hablando de él… Aquellos asentían mientras escuchaban con atención…
Cuando Silencio terminó de hablar, se acercó el que debía ser su marido o prometido y le tendió la mano a Jonas… El cazador, a pesar de todo, la aceptó y el otro le ayudó a levantarse…
-Gracias. Mi pueblo está en deuda contigo…- Le dijo, hablando su lengua con más dificultad que Silencio, y llevó una mirada hacia Tobías antes de dirigirla a él una vez más, con una leve reverencia, y darse la vuelta para volver con los otros…
Jonas, bajo la lluvia que amainaba, observaba cómo aquel grupo de marchaba… Silencio, se giró y le miró con una cara llena de afectación… se despidió agitando la mano… Jonas le devolvió el gesto, mientras Tobías se acercaba y le daba un achuchón con la cabeza a su amigo, el cual veía con tristeza cómo aquella joven se alejaba para no verla nunca más…
-¿Cómo estás?- le preguntó el cabecilla a Silencio, mientras caminaban…
-Estoy bien- dijo sin dudar.- Muchas gracias, hermano.
Y aquel grupo desapareció bajo la luz de la luna, que acababa de salir…

Al cabo de unos meses, Jonas, observado por Tobías (que estaba sentado del todo, tranquilo, cerca de allí), estaba partiendo leña al lado de su cabaña… Al cabo de un rato se secó el sudor, guiñándole un ojo a su compañero, que movió una oreja y dio un pequeño gruñido por respuesta. Entonces Jonas vio que Tobías erguía la cabeza y dirigía la vista hacia el lago… Jonas llevó hacia allí su mirada…
Y allí estaba. Como si fuese un sueño, Silencio estaba ahí, de pie, mirándolo. Llevaba una cinta azul en la frente y el vestido típico que llevan las mujeres de su pueblo…
-¿Qué… Qué haces aquí…?- Jonas aún no se lo podía creer…
Silencio pareció buscar las palabras.
-Creo que… deberías saber… que el hombre que viste aquella noche, al que me abracé, era mi hermano- dijo, como si hubiera adivinado lo que pensaba Jonas desde entonces…
Este se quedó sin palabras… Sabía muy bien lo que aquello quería decir… Tobías, consciente de que debía dejarles solos en ese momento, se fue en silencio…
Jonas dejó el hacha. Y allí se quedaron, uno delante del otro, bajo el cielo azul y el sol luminoso de la mañana, mientras la brisa agitaba las ramas de los árboles cercanos, trayendo un futuro nuevo para ambos…

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