domingo, 25 de septiembre de 2016

La Maldición del Espejo - Capítulo 13

La Maldición del Espejo

El nacimiento de una bruja (1ª parte)


50 años antes.

Bajo la sombra de los altos árboles de aquel frío y solitario bosque, se encontraba de pie una niña sosteniendo algo entre sus dos manos y a lo que miraba fijamente, sin mostrar emoción alguna en su rostro: un pajarito muerto, yacía inmóvil entre sus sucias palmas de humana de no más de trece años…
No era muy alta y más bien delgaducha. Sus cabellos sucios eran lacios y negros como el azabache, pugnando por cubrirle la cara a la que inclinaba la cabeza en clara muestra de sumisión; sus ojos también eran oscuros y profundos: como dos pozos a los que era mejor no asomarse… Vestía con ropa remendada que le cubría totalmente el cuerpo, sin apenas desarrollar, en el incipiente invierno…
-¡Ey! ¡Mirad! ¡Está ahí!- Avisó una voz infantil muy cerca de allí.
Solo entonces la niña taciturna reaccionó, levantando ligeramente la cabeza y dirigiendo los ojos inexpresivos y apagados hacia el lugar del que parecía provenir el sonido…
La voz de antes era también de una niña, pelirroja y llena de pecas, rechoncha, con el pelo de estropajo y unos ojos verdes que no parecían pertenecerle… Junto a ella, se aproximaron otras dos.
-Aquí está la rarita- anunció la niña pelirroja a sus dos compañeras, que la imitaron emitiendo una risita sardónica.
Las tres llevaban unas pequeñas y delgadas maletas a la espalda; hacía poco que habían acabado las clases en la escuela de la aldea de al lado y sabían que no debían entretenerse ante la cercanía de la noche… La pequeña, que aún sostenía el pajarito -aunque cubriéndolo todo lo que podía con ambas manos- tenía la suya apoyada sobre un árbol cercano, como si la hubiera lanzado con desdén… La desagradable niña pelirroja se acercó a grandes pasos hasta quedar frente a su imperturbable compañera de clase…
-¿Qué escondes ahí?- Exigió saber, con su voz agravada por el peso de más…
Ahora la pequeña se sentía algo cohibida ante aquella compañera suya que tenía ya claramente desarrollados sus rasgos más femeninos y ante lo que no podía evitar sentirse inferior… Entonces la niña pelirroja le agarró ambas muñecas de forma brusca.
-¡Que me digas lo que llevas ahí!- La zarandeó hasta que el pajarito cayó al suelo…
Entonces la niña pelirroja se quedó mirando el animal muerto que se encontraba en el suelo en aquellos momentos; las otras dos que la acompañaban, se habían acercado para ver mejor de qué se trataba… La niña del pelo negro temblaba de forma casi imperceptible…
-¡¡¡Uaaaaah!!!- Esta aulló de una forma animal y absolutamente inesperada a la vez que, fuera de si, empujaba con todas sus fuerzas a la niña pelirroja, insultándola con la peor palabra…
La niña pelirroja cayó al suelo de espaldas, ante los ojos horrorizados de sus dos compañeras, que ahora estaban asustadas de aquella enclenque con los ojos desorbitados que se agachaba lentamente para recoger con cuidado al pequeño animal sin vida…
-¡Maldita zorra! ¡Te voy a matar!- La amenazó la enfurecida niña pelirroja mientras se levantaba como podía de aquel mar de hojas y se abalanzaba sobre la otra, que ni le prestaba atención, concentrada en el pajarito…
Ahora fue aquella la que la embistió, volviendo a provocar que el pequeño animal se le escapara de las manos, antes de salir despedida hacia atrás…
Lo que siguió fue una lluvia de golpes en todas las partes de su cuerpo.
-¡Venid a ayudarme!- “Ordenó” a las otras, que no dudaron en obedecer de inmediato y llegar a la altura de la niña magullada…
Aquella pequeña pensó que moriría allí. Innumerables golpes la atormentaron mientras miraba fijamente el cielo nublado que se llegaba a divisar más allá de la copa de los árboles… alejándose como ella misma…
Por orden de la resarcida niña pelirroja, la llevaron entre sus dos compinches hasta el árbol más cercano donde la apoyaron sobre el tronco. La niña del pelo negro estaba todavía consciente pero al borde del desmayo… la nariz le sangraba profusamente y había perdido varios dientes… Realmente había estado a punto de morir…
Entonces, la niña pelirroja, decidió que había que rematar aquel “justo castigo”. Buscó a su alrededor hasta encontrar lo que buscaba: el dichoso pajarito… No sin asco, lo cogió con dos dedos, alejándolo de ella, y se aproximó a su maltrecha compañera…
-¿Este es tu amigo, verdad? No te preocupes: lo verás cuando te mueras… ¡en el Infierno!- Dijo, escupiéndole en la cara…
Acto seguido, dejó caer el animal y comenzó a pisotearlo con una furia y una inquina impropias de una niña de su edad… Era el mismísimo demonio… Con sus ojos, que apenas podía abrir, la niña del pelo negro contemplaba con estupor cómo aquella desgraciada aplastaba una y otra vez a aquel ser indefenso… Sin recordar ya, que estaba indefenso porque no vivía…
Para terminar, la terrible niña pelirroja cogió de nuevo con asco lo que quedaba del pajarito y se lo lanzó al regazo. Incluso a las compañeras de la primera les revolvió el estómago toda aquella escena… aunque le tenían demasiado miedo como para abrir la boca siquiera…
-Venga, vayámonos. Pronto oscurecerá. Y dicen que en este bosque hay seres maléficos…- Dijo esto último en tono de burla, no quedando muy claro qué era lo que quería decir… ni a quién se refería concretamente…
Las otras dos, sin decir nada, la siguieron, lanzando ambas una mirada, ahora sí, llena de lástima hacia el despojo que se hallaba tirado sobre aquel tronco: casi no pudieron contener las lágrimas al ver cómo de los ojos de aquella infeliz brotaban, en silencio, dos regueros, mientras miraba sin apenas pestañear lo que había quedado de su pobre amigo… Finalmente aquellas tres se alejaron, dejándola sola con su incontenible e insoportable dolor…
Pasó largo rato. La pequeña prácticamente no se había movido: no podía, ni un músculo siquiera… Tan solo sus ojos parecían haber cobrado cada vez más vida… Jamás lloraría tanto en su vida como aquel día.
Estaba oscureciendo. Pero ella no se podía mover… Sabía que tenía que volver a casa, con su tío, antes de que anocheciera… si no… Hizo grandes esfuerzos por incorporarse -cayendo el deshecho animal de su falda-, ayudándose del rugoso tronco que se hallaba a su espalda… Estaba tan mal que ni siquiera reparó en que su cartera se encontraba a un metro escaso de ella, con el libro, el cuaderno y sus útiles de escritura por el suelo… Solo pensaba en que debía moverse…
Parecía que podía caminar, moviéndose con extraordinaria dificultad. Le dolía todo… incluso sus partes íntimas, donde aquellas malnacidas se habían ensañado…
Y caminó. Caminó mientras las sombras la envolvían. Caminó sin rumbo fijo, aunque ella no se daba cuenta de esto… Y, mientras caminaba, algo iba creciendo en su interior. Algo que, en un principio, podría haber desaparecido así como había venido… pero no fue así.
Era odio. Un odio que no paraba de aumentar… cada vez más grande e intenso…
Estuvo vagando durante horas, inmersa en las tinieblas; hasta que se encontró ante lo que parecía una gruta, como salida de la nada. La atracción hacia el interior de aquella garganta de la tierra era demasiado poderosa como para ignorarla… La niña de los ojos llenos de odio entró únicamente siguiendo sus instintos…
En aquel lugar la negrura era más intensa que en cualquier otro que ella hubiese estado antes… Y, sin embargo, no tenía ningún miedo. Era como si todas sus emociones y sentimientos hubiesen quedado relegados por uno solo.
Entonces sintió un súbito temor. Ante ella, se abrieron dos ojos, como dos rendijas, que parecían que la fueran a tragar… Dio un pequeño paso atrás… pero no salió huyendo…
-¿Quién eres? ¿Cómo es que has llegado hasta aquí?- La interrogaba una voz grave y monstruosa, como si proviniese de otro lugar…
La niña se paró a pensar por primera vez desde que comenzara a caminar sobre sus doloridas piernas.
-Yo… Yo…- Trataba de decir…
Las rendijas se entornaron, aguardando a que la niña terminara de explicarse…
-Quiero… Quiero que mueran…- Dijo, expresando lo que había en el fondo de su corazón.
Aquellos ojos guardaron silencio unos instantes, ahora contemplándola de arriba abajo…
-Yo puedo ayudarte- sentenció.
Aquellas palabras provocaron una reacción de emoción en la niña. Incluso llegó a sonreír ampliamente, abriendo mucho la boca, con una extraña y malsana alegría…
-¿Sí? Eso es lo que quiero… Te doy las gracias- les dijo, sin que aquellos dos ojos animalescos hubiesen hecho nada aún.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la niña. Era como si una pequeña voz en alguna parte de su interior le estuviese hablando a gritos, alertándola… pero eran unos gritos ahogados de antemano… Nunca olvidaría la última vez que pudo oírlos…
-Vuelve a casa y no te preocupes. Yo me ocuparé de esto. Pero…- Aquí elevó el tono de voz- …tú estarás en deuda conmigo- y no dijo nada más…
A la niña le pareció correcto: no habría precio suficiente por lo que iba a hacer aquel desconocido por ella, pensó…
Jamás habría estado más errada que en aquel momento.
Dio media vuelta, sin hablar, y se fue hacia una zona más iluminada que indicaba claramente la salida de la gruta… sin ser consciente de que fue minuciosamente observada por aquellos ojos hasta que salió al exterior. Los cuales reflejaban una creciente satisfacción…

La pequeña no estaba segura de si habría sido un sueño o no. No sabiendo muy bien cómo lo había conseguido, llegó al lugar donde todavía se encontraban tiradas sus cosas y las recogió con cierta urgencia. No sabía qué hora debía ser. De todos modos, su tío habría caído redondo sobre el suelo de la cocina, apestando a alcohol y roncando ruidosamente… Nunca supo que llegaba a la hora de las brujas. Desde allí no fue demasiado difícil orientarse y caminó bajo la atenta mirada de aquellos altos árboles, que parecían de pronto haber reparado en su presencia a su paso…
Finalmente llegó a su casa. La humilde construcción se encontraba en medio del bosque, a las afueras de la aldea. Y, como se imaginaba, la luz de la cocina estaba encendida. Respiró aliviada. Por mucho menos…
Accedió con cuidado al interior de lo que acostumbraba a llamar su casa… Cerró despacio y procuró no hacer ruido, acercándose con cautela a la cocina…
Efectivamente, la escena habitual. La botella había rodado por el suelo esparciendo el poco contenido que aún albergaba…
Pero hubo algo que le llamó la atención. Algo que no había visto antes: observó que su tío, sentado y echado sobre la mesa, sin sentido, sostenía… un cuchillo; el más grande de la casa. Se preguntaba por qué… pero no le quiso dar más vueltas y se alejó de allí en seguida.
Inquieta, llegó a su pequeño y sucio cuarto en el que solamente había una cama con las patas rotas; se preguntaba si aquella noche rondaría alguna cucaracha por el suelo… Se echó vestida y entonces se acordó vivamente de la cruel paliza que había recibido unas horas atrás. ¿Y luego? ¿Qué había pasado luego? Era como si una niebla ocultase sus últimos recuerdos… El dolor físico que sentía era demasiado intenso para pensar en algo más. Estaba tan agotada, en todos los sentidos, que no tardó en quedar dormida hasta el día siguiente…

Era domingo. Afortunadamente, no había clase. Pero tenía que prepararle el desayuno a su tío, se acordó, levantándose de un salto que fue abortado por el terrible daño que le hacía su débil cuerpo… No estaba en condiciones de levantarse. Pero, si no lo hacía… ¿Qué hora sería? Estaba absolutamente desorientada.
Entonces se oyó la puerta de la entrada abrir y cerrarse. Su tío había llegado. ¿De dónde? ¿Tan tarde era…?
Sin embargo, al contrario que en otras ocasiones, no sentía temor por la reacción de la persona que estaba a cargo de “su cuidado”. ¿Por qué? Se atrevió a salir de su cuarto e ir al encuentro de su tío…
Algo pasaba. Se lo encontró pasándose la mano por la frente, sin quitarse el abrigo y el gorro aún, en medio del recibidor… Entonces este se percató de la presencia de la niña.
-Claire… Ha pasado algo espantoso…- Decía, casi asustado.
Claire nunca lo había visto así.
-¿Qué ocurre?- No podía ni imaginarse qué era lo que podía haber pasado…
Su tío se acercó, con pasos lentos y pesados, con una expresión de horror que la estaba comenzando a asustar…
-Son… tus compañeras- dijo al fin, deteniéndose y girándose un poco a un lado…
Claire abrió mucho los ojos. De pronto lo recordó todo…
-¿Qué… Qué les ha pasado?- Preguntó, temiendo la respuesta, comenzando a temblar de forma cada vez más violenta a pesar de los intentos por dominarse…
Su tío, que tenía ahora la mirada perdida, volvió a mirarla con aquellos ojos vidriosos.
-Es… horrible… Han aparecido esta mañana… degolladas… en su cama…- Le costaba mucho trabajo hablar…
Claire no se lo podía creer. No quería creérselo. Había deseado con todas sus fuerzas que murieran, pero ya ni pensaba en ello… Entonces, ¿había sido real? ¿No había soñado aquel extraño encuentro la noche anterior…? Había llegado a pensar que se trataba de una pesadilla. Que se encontraba inmersa en ella, incluso… Pero la realidad era mucho peor…
-¿La… La niña pelirroja?- Preguntó con la voz quebrada…
Aquello llamó la atención de su tío que reaccionó de forma inesperada.
-¿Cómo lo sabes? ¡Sí! Aquella niña pelirroja que me decías que te acosaba… y sus dos amigas…- De alguna manera, su tío parecía estar atando cabos…
Claire comenzó a retroceder, ahora presa del pánico.
-Yo… no sé nada… Yo estaba en mi cuarto…- No sabía como defenderse
Ahora su tío la miraba con desconfianza…
-Tú sabes algo… ¿verdad? Tú sabes qué ha pasado…- Comenzaba a acusarla…
Claire no podría evitar derrumbarse en cualquier momento. Súbitamente, salió corriendo, pasando por delante de su tío, y atravesó la puerta hacia el exterior…
La luz del día le lastimaba los ojos. Solo tenía un pensamiento: volver a aquella gruta. Comenzó a correr, con las lágrimas resbalando por sus mejillas, en dirección a aquel lugar. Al reencuentro de aquellos ojos traicioneros…

jueves, 25 de febrero de 2016

La Maldición del Espejo - Capítulo 12


La Maldición del Espejo

La sombra oculta…

 
Arthur encabezaba el reducido grupo de tres formado por Philip, Rosalyn y él mismo… Había insistido en llevar él solo el cuerpo de Hans… subían por las escaleras a toda velocidad en busca del resto de habitantes de la casa… Abajo, la siniestra mujer que había aparecido -ahora ataviada con aquel elegante vestido negro-, permanecía quieta en el centro del hall, con la mirada hacia arriba, hacia el punto donde les había visto por última vez (a pesar de que ya no se encontraban ahí)… Por primera vez, dejó de sonreír y adoptó una expresión más seria. Su belleza era tan fascinante como temible…
Al fin llegaron al primer piso. Arthur dejó con cuidado a su amigo apoyado en la pared más cercana del pasillo de la derecha, de modo que no se pudiera ver por nadie que subiese por las escaleras…
-¡Vayamos a buscar en primer lugar a Helen!- Se giró Arthur hacia sus compañeros, consciente de que -comprensiblemente- tanto Rosalyn como Philip lo necesitaban con urgencia….
Giraron a la derecha del largo pasillo que recorría la planta, solo interrumpido en aquella parte, hacia la zona de las habitaciones de invitados, y pudieron contemplar nuevas raíces que habían atravesado la ventana del fondo, rompiéndola, y se habían enredado por las paredes y el techo…
-¡Vamos!- Urgió el joven a los demás.
Y fueron derechos a la puerta de la habitación ocupada aquella noche por Rosalyn y su madre…
Al abrirla Arthur se quedó parado, dejando que la puerta se terminara de abrir sola, sin atravesar el umbral. Comenzando a sentir algo que no le gustaba nada… Rosalyn también permaneció asomada tras la sombra de Arthur, en la luz del pasillo que parecía no querer introducirse más allá… Philip se mantenía a la expectativa detrás de ambos jóvenes, controlándose por no ser el primero en acceder al interior…
Algo raro pasaba en aquella habitación. Arthur se “obligó” a dar un paso al frente e internarse en la oscuridad de la estancia…
-¡Mamá! ¡¡Nooo!!- Gritó Rosalyn, al llegar a distinguir lo que había pasado dentro…
La escasa luz reinante, les permitió distinguir cómo una enorme raíz del grosor del tronco de un árbol grande había atravesado la pared y, ramificándose, había rodeado el cuerpo de Helen, el cual mantenía elevado por encima de la cama… Esta, sin embargo, parecía dormir normalmente…
-¡Oh, no! ¡Helen! ¡¿Qué es esto?!- Philip se adelantó, llevándose las manos a la cabeza…
Arthur no perdió un segundo. Aún sabiendo que podía salir mal parado, no dudó en acercarse y tomar el pulso de la mujer por el cuello… Estaba viva.
-Respira. Está atrapada en un profundo sueño- concluyó el joven investigador, confiando en que aquellas palabras sirvieran para calmar, en parte, a su asustada hija y al pobre Philip…
Rosalyn se acercó a su madre y le posó ambas manos de forma amorosa en la cara y en el hombro -apenas quedaba mucho más al descubierto- y parecía que iba a romper a llorar… Pero, en lugar de eso, se irguió y se dirigió a Arthur.
-Ayúdame a salvarla. Haré lo que sea necesario- le pidió, mostrando una determinación que dejó desarmado al joven y sin palabras a Philip…
Tras la sorpresa inicial, Arthur asintió y la miró sintiendo orgullo de aquella chica tan valiente. Philip no iba a ser “menos”…
-Cuente conmigo, señor Arthur- se puso ante él…
Arthur se sentía abrumado en aquellos momentos. Sin duda, confiaban en él para salir de aquella terrible situación…
Pues bien. Había que ponerse manos a la obra...
-De acuerdo. Rosalyn, aquí no le pasará nada a tu madre… Id a buscar a Everton. Yo tengo que buscar una cosa en mi habitación… Philip, cuida de ella. Me reuniré con vosotros en unos instantes…
No iban a discutir ninguna decisión que tomara Arthur. Philip asintió y Rosalyn no protestó; salieron ambos al pasillo y se dirigieron a la otra parte del primer piso, en la que se encontraba la habitación del señor Everton… Arthur sabía que, se encontrasen lo que se encontrasen, el peligro estaba allí abajo… Y no tenía ni idea de lo que podría estar aguardándole en su habitación… Pensaba que los estaba alejando del peligro de aquella manera… Cuando se hubo asegurado de que se habían alejado lo suficiente, dejó a Helen y salió al pasillo. Tenía un mal presentimiento. Pero, al mismo tiempo, una convicción… Fue derecho a su habitación, al final del corredor…
Cuando fue a abrir la puerta, vio que ya no había manilla. En su lugar un hueco producido con violencia… Empujó la puerta con cuidado y dejó que esta se terminase de abrir por su cuenta… Aquí la luz que penetraba por la ventana del pasillo le permitió ver enseguida el estado en el que había quedado la estancia…
Todas las paredes estaban cubiertas de raíces. La ventana estaba totalmente obstruida por la cantidad de “tentáculos” que la habían destrozado… La cama parecía haber estallado… No quedaba un mueble en pie… salvo uno. Arthur se aproximó de inmediato al escritorio donde guardaba sus cosas… donde tenía su equipo de investigador… Todo estaba intacto, para su asombro.  Como si sus pertenencias hubiesen disfrutado de alguna clase de protección…
Y aquí es donde volvió a venir a su mente aquello que había visto tan claro hacía unos momentos. Aquello de lo que estaba convencido… De la maleta donde guardaba todo lo necesario para llevar a cabo su labor… extrajo el péndulo. Algo le decía que ya no debería separarse de él en lo sucesivo. No mientras se encontrara inmerso en aquella pesadilla…
Ahora se sentía preparado. Allí de pie no pudo evitar recordar las últimas y enigmáticas palabras de su abuelo antes de morir… el último día que estuvo en Siria, antes de su regreso a Inglaterra…
 
Has aprendido todo lo que te podía enseñar, Arthur. Te diría que no es fácil el camino que has elegido, pero es el camino el que te ha elegido a ti. Esto puede que ahora no lo entiendas. Ahora tienes una responsabilidad para con tus semejantes. Solo tú podrás ayudarles contra las fuerzas oscuras que te encontrarás y que, sin duda, habitan este mundo, en contra de lo que muchos piensen. Para enfrentarte a ellas, tan solo tendrás tus conocimientos… y esto -extrajo el péndulo del bolsillo de su camisa-. Conoces cómo usarlo. Pero, este péndulo, puede ayudarte en momentos realmente difíciles. Incierto es su origen pero, te diré, no es como los demás. No es como los que has usado hasta ahora. No es un instrumento, es un aliado. Y ahora es tuyo.”

Arthur recordaba cómo había contemplado embelesado aquel regalo de su abuelo. Pero, en aquel momento, el valor que le concedió fue puramente sentimental. No fue consciente entonces de lo que realmente significaban las palabras del que había sido su mentor durante varios años…
Hasta ahora. Ya estaba seguro: aquellas raíces habían estado buscando algo… el objeto que ahora tenía en las manos. Querían el péndulo. Pero, por algún motivo, no habían podido ser capaces de acceder a él… Ahora lo sentía: ya no era un objeto; como dijo su abuelo, era su aliado…
Dejó el resto de sus cosas apartadas, como si fuera a marcharse a alguna parte más tarde. Salió al pasillo y lo enfiló hasta la estancia iluminada al final del todo: el despacho de Everton… Pasó al lado de Hans. Ahora parecía que dormía… Decidió que, de momento, le dejaría ahí… descansando…
La puerta estaba entreabierta cuando llegó. Y, al cruzar, llevó la mirada automáticamente hacia el mismo punto que miraban -paralizados de miedo- Philip y Rosalyn…
Everton se hallaba suspendido en el aire; envuelto por aquellas diabólicas raíces que tan solo dejaban asomar su cabeza, pies y apenas las manos… El joven se fijó en que Rosalyn aún se tapaba la boca con una mano, presa del horror… Philip se percató de la presencia de Arthur algunos segundos después de que este hubiese entrado en la sala…
-Se… Señor Arthur… El señor Everton…- Trató de decir lo que ya era obvio…
Arthur asintió, indicándole que no era necesario que dijera nada; la verdad era que no sabía qué hacer a continuación…
Pero él no tuvo que tomar ninguna decisión. Habían querido creer que se quedaría allá abajo, en el hall… Sin embargo ella había llegado…
Arthur se puso a la defensiva, a la vez que Rosalyn daba medio paso atrás y Philip casi se cae de espaldas… la puerta se abría sin que, aparentemente, nadie la manipulase…
Una mujer despampanante vestida de negro, cruzaba hacia el interior de aquella amplia estancia, cuyo suelo aparecía cubierto por numerosos libros que habían caído de los estantes más altos, seguramente sacudidos por las raíces que atravesaban las paredes… Caminaba tranquilamente, recreándose en el efecto que producía en los que la estaban mirando; consciente de que él también lo estaba haciendo… Arthur no era ajeno a esto… ni Rosalyn. A Philip le cambió el semblante: pasó del miedo al enojo más absoluto…
-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué quieres de nosotros?! ¡Libera inmediatamente a Helen y al señor Everton! ¡Ahora!- Le exigía de forma contundente…
La bruja se detuvo, sin variar la expresión indefinida de su rostro. Arthur y Rosalyn habían quedado muy sorprendidos por la reacción de Philip, que seguía plantando cara a la mujer temible… Esta, finalmente, esbozó media sonrisa…
-Aunque quisiera, no podría. Lo siento mucho, Philip.
Arthur no se esperaba la musicalidad de aquella voz. Era la de una mujer normal; no parecía, en ningún sentido, una bruja… no al menos como él se la había imaginado…
Philip se había quedado extrañado.
-¿Cómo… sabes mi nombre? Yo no la… te había visto nunca…- Se auto rectificó, casi obligándose a ello…
La “mujer” volvió a sonreír. Parecía divertida por la extrañeza del mayordomo…
-Llevo mucho tiempo aquí… aunque tú, ni nadie, me haya visto- explicó, con una inquietante amabilidad…
Entonces, la bella bruja se volvió hacia Arthur… Como si, a pesar de intentar disimularlo, hubiera conseguido reunir valor para ello.
-Siento mucho lo de tu amigo. No podía hacer nada para evitarlo…- Ahora ya no sonreía…
Arthur estaba anonadado. Se estaba disculpando con él… Y lo más extraño era que él mismo la creía…
Rosalyn se indignó.
-¡¿Cómo que “no podías evitarlo”?! ¡Tú eres la responsable de todo esto! ¡Libera a mi madre!- La acusó y se permitió ser egoísta en aquellos momentos…
Inesperadamente, el hermoso rostro de la bruja se llenó de comprensión hacia la enfurecida chica…
-No estaba en mi mano decidir sobre la vida del muchacho. Ni tampoco salvarlo. Y, lo lamento, no puedo liberar a tu madre…- Dijo con una absoluta y retorcida honestidad.
Arthur se alarmó al ver que Rosalyn estaba a punto de abalanzarse sobre ella y fue a sujetarla…
-¡Suéltame! ¡Voy a matarla! ¡¡Suéltame!!- Trataba de zafarse del joven, estando a punto de golpearlo en más de una ocasión…
Arthur optó por no decir nada y pareció que la chica se iba calmando; Philip contemplaba con impotencia toda la escena, llevando al final la mirada resignada hacia el señor Everton, que parecía dormir tranquilo…
Cuando vio que podía hablar sin riesgo de ser interrumpida, la bruja se dirigió, esta vez, a todos.
-Siento mucho todo esto. Pero he venido para deciros que tenéis que morir.
 
Elizabeth permanecía oculta tras uno de los muros situados al lado de la puerta de barrotes; desde fuera parecía que estaba cerrada… se encontraba en una celda oscura y húmeda, llena de grilletes en las otras tres paredes…
Entonces le oyó. Como cada día, pasaba por allí, arrastrando aquella soga que parecía tener vida propia…
Era el tipo de la soga, oculto bajo la mugrienta capucha, que caminaba con pasos lentos, recorriendo las innumerables celdas de aquella mazmorra… buscándole
Cuando se hubo asegurado que había pasado de largo, Elizabeth salió con cautela de la celda falsamente atrancada y regresó al lóbrego pasillo. Desde allí le llegaban lejanos aullidos y lamentos…
Tenía que encontrarle. Antes de que ese monstruo lo hiciera…
Comenzó a recorrer las celdas una a una, dándose prisa, tomando otro camino para adelantarse al tipo de la soga… llevaba mucho rato buscando… Y, si la atrapaba a ella, la encerraría para siempre…
Entonces le encontró. Estaba tendido en medio de aquella celda, cuya llave todavía estaba metida en la cerradura, por fuera…
Rápidamente, giró la voluminosa y pesada llave y consiguió abrir la puerta, la cual chirrió de forma espantosa…
No había tiempo. Aquel monstruo lo habría oído y no tardaría en llegar hasta allí… accedió al interior, se agachó y le dio la vuelta…
Era Hans.
-¿Me oyes? ¡Despierta! ¡Venga, despierta!- Le insistía la chica…
Como si regresara de un pesado sueño, Hans abrió los ojos. Y se encontró con los de Elizabeth…
-¿Qué… Qué ocurre? ¡No! ¡¡Nooo!!- Sin duda, estaba reviviendo los últimos momentos de su vida…
Elizabeth le tapó la boca con ambas manos.
-¡Cállate! ¡O vendrá a por nosotros!- Le advirtió, alzando la vista a su espalda…
Hans, perplejo, pareció calmarse. Miró a su alrededor.
-¿Dónde estoy? Y tú, ¿quién eres?- Quiso saber, absolutamente desorientado…
Elizabeth decidió que podía permitirse unos segundos de explicaciones.
-Me llamo Elizabeth. Estás muerto- le dijo, directamente. Era lo mejor…
Hans se quedó helado. Había querido creer que todo había sido una pesadilla… una terrible pesadilla… Pero sabía que era verdad.
-¿Y qué es este sitio?- Tras la aceptación, quiso saber más de su nueva situación…
Algo alertó a Elizabeth.
-¡Rápido! ¡Luego te lo explico todo! Por algún motivo, has aparecido más lejos de él que otras de sus víctimas… ¡Pero no hay tiempo!- Le cogió de la mano y le instó a levantarse…
Hans, con ayuda de la joven, consiguió incorporarse. Se sentía raro. Como siempre, pero diferente…
Entonces lo volvió a escuchar. Aquel horripilante sonido que le había perseguido hasta traerlo al mundo de los muertos… Aquella maldita soga…
Ahora ambos sobre aviso, salieron en seguida de aquella celda, teniendo que esconderse en la contigua al ver aparecer la tétrica figura por un recodo cercano del pasillo…
Pasaron largo rato conteniendo la respiración, escuchando cómo aquello se acercaba de forma lenta pero sin detenerse…
Entonces oyeron claramente cómo empujaba la puerta de la celda de al lado -no les había dado tiempo de cerrarla del todo- y entraba en la misma.
Era el momento. Elizabeth, sin pensárselo, salió disparada de la celda en la que estaban escondidos y fue derecha a la otra… donde estaba el monstruo… Con los movimientos justos y certeros, cerró la puerta apresuradamente y giró la llave, ayudada en el último momento por Hans al ver que esta tenía problemas con la misma…
Lo habían encerrado… por el momento. El ser se giró en el acto y les vio a los dos: al que buscaba y a aquella maldita chica escurridiza… Estos salieron corriendo justo cuando aquel levantaba una de sus putrefactas manos vendadas hacia ellos, enviando la soga a través de los barrotes para hacer girar la llave…
Pero ya no le daría tiempo. Elizabeth y Hans corrieron con todas sus fuerzas a través de las innumerables celdas hasta salir por una abertura en forma de arco y llegar a lo que parecía una caverna gigantesca…
Se permitieron el lujo de descansar; Elizabeth sabía que ya no llegaría hasta allí… ni tampoco su “mascota”, que gruñía cerca… De todos modos, debían alejarse cuanto antes… por si acaso…
Tras comenzar a caminar, Hans preguntó.
-¿Dónde vamos ahora?
Elizabeth, sin detenerse, se giró hacia el muchacho.
-Vamos a buscar algo que ayudará a Arthur… ¿Me ayudas?
Hans se quedó sorprendido por la confianza que aquella joven parecía tener en él.
-Por supuesto- asintió, sin dudarlo.
Al joven le gustaba aquella nueva sensación…

Arthur, Rosalyn y Philip guardaron silencio después de oír aquellas últimas palabras. No sabían qué pasaría a continuación…
Entonces les llegó una voz brutalmente grave y deformada procedente de otro mundo…
-¿A qué esperas? Acaba con ellos. Es lo que te he ordenado- le exhortaba a la bruja.
Esta, inesperadamente, aparecía asustada. Arthur aprovechó la ocasión…
-¿Quién es?- Se dirigió a ella, con interés.
La mujer lo miró, con unos ojos llenos de miedo y angustia que provocaron la compasión en el corazón del joven…
-Él es… mi señor.
“Mi amo y mi señor…”