El dragón solitario
III
Dart se quedó paralizado y las palabras no le conseguían salir de la boca. Corcelius temblaba… De entre la oscuridad apareció una de las zarpas del dragón, cuyas garras reflejaban la escasa luz de la enorme estancia… y ante el horror de Dart y Corcelius, vieron como descendía a toda velocidad hacia la jovencita, ajena a aquello… Dart y Corcelius no pudieron más que cerrar los ojos con fuerza, consternados…
Tras unos instantes, que se les hizo eternos, Dart abrió ligeramente un ojo… y vio como el dragón había posado con cuidado su zarpa sobre los hombros de la jovencita, que permanecía de pie, quieta, con los ojos muy abiertos y la boca con expresión de sorpresa. Entonces, de repente, la gigantesca cámara en la que se encontraban se iluminó, llenándose de diferentes tonalidades de azul claro y violeta; el suelo era de mármol, blanco, y la cámara se extendía más allá, pudiéndose divisar varios corredores. En ese momento pudieron escuchar una voz grave que resonaba por toda la estancia.
-¡Te encontré!- Dijo el dragón, para sorpresa de Dart y Corcelius.
El dragón era un ser enorme de color verde oscuro y ojos amarillo brillante que ahora sí que mostraban sus pupilas verticales.
-Vaya… he perdido otra vez…- Dijo la jovencita fingiendo derrota con una sonrisa en los labios.
Entonces, se dio cuenta de la presencia de Dart y Corcelius.
Dart se la quedó mirando: era de su edad, con el pelo largo, ligeramente ondulado, de color amarillo; sus ojos eran de un color verde aguamarina tan intenso que parecían ocultársele las pupilas; vestía con un vestido blanco de dormir de tirantes que le llegaba a las rodillas; e iba descalza… Cuando sus ojos y los de Dart se cruzaron se quedaron mirándose durante un largo instante…
-¡Dart…!- Le dijo Corcelius, casi en un susurro, dándole ligeramente con la pata en la espalda…
-¿Eh?- Contestó Dart, como despertando de un sueño…
Dart se giró hacia su amigo y este, aterrorizado, le hizo una seña con la cabeza para que mirara delante… hacia arriba…
Dart se giró y vio que el dragón lo miraba fijamente. Volvió a quedarse petrificado…
-Mmm, ¿son amigos tuyos, Vani?- Le dijo el dragón a la jovencita.
Ella no sabía qué contestar.
-¡¿Vani?! ¡¿Eres la princesa Vainilla?!- Dart reaccionó al recordar su misión…
La jovencita se quedó sorprendida.
-¿Quién eres tú? ¿Cómo sabes quién soy?
Dart se giró hacia Corcelius.
-¡¿Has oído eso?! ¡La hemos encontrado!- Exclamó exultante abrazándose a Corcelius, el cual reaccionó de forma similar.
La princesa Vainilla y el dragón observaban con curiosidad como Dart y Corcelius saltaban a un lado y a otro, en una explosión de alegría, haciendo una especie de baile de la victoria…
-¡Ahora solo hay que ocuparse del dragón!- Dijo Dart, deteniéndose de inmediato al tiempo que Corcelius, volviendo ambos a la realidad…
Se giraron temerosos. Entonces Dart, aunque Corcelius intentó decirle algo, se encaró al dragón.
-¡Oye tú! ¡Hemos venido hasta aquí para rescatar a la princesa!- Le dijo, decidido, al dragón.
El dragón se lo quedó mirando en silencio.
-Vale- contestó con un deje de tristeza…
Dart no se esperaba esta respuesta.
-¿Va… Vale? ¿Ya está…?- Preguntó entre sorprendido e incrédulo.
El dragón asintió poniendo cara muy triste y girando la cabeza hacia un lado mirando al suelo.
Dart estaba desconcertado. Entonces vio que la princesa miraba al dragón poniendo también una expresión triste. Se dirigió a Dart.
-Tranquilos… No seáis duros con él…
Al dirigirse la princesa hacia él, Dart notó como se ponía nervioso y temblaba ligeramente…
-Pero… Este dragón os secuestró, princesa… Vuestro padre, el rey Chocolius, nos manda para llevaros de vuelta…- Consiguió decir Dart…
La princesa negó levemente con la cabeza cerrando brevemente los ojos.
-Es verdad que me trajo hasta aquí sacándome de mi cama… pero hay una explicación…
-¿Qué explicación, princesa?- Intervino Corcelius. No entendía porqué justificaba al dragón…
-Veréis…- Comenzó a hablar el dragón-Yo antes tenía amigos… Íbamos por ahí y nos lo pasábamos muy bien… Pero ahora…
Dart y Corcelius se quedaron expectantes.
-…Ahora todos se han echado novia y ¡ya no quieren jugar conmigo! ¡Buaaaaaaaa!- Comenzó a llorar el dragón cubriéndose la cara con una pata.
Dart y Corcelius casi se caen para atrás mientras la princesa se pasaba un dedo por un ojo para limpiarse una incipiente lágrima…
Una vez el dragón se hubo recuperado, continuó hablando.
-Sé que no debía haberlo hecho… y lo siento… Solo iba a ser por unos días…- Hablaba arrepentido y avergonzado.
La princesa se acercó y posó con delicadeza una mano en una de sus patas traseras.
-Tranquilo, Tortillus…- Intentó tranquilizarlo.
-¿Tortillus?- Preguntó Corcelius, aún intentando recuperarse…
El dragón se puso serio.
-Mi nombre es Tortillus Depatath, el dragón- sonrió con el ceño fruncido mostrando confianza en si mismo.
-Tortillus solo quería a alguien con quién jugar… Y es lo que hemos estado haciendo hasta ahora…- Explicó la princesa.
-¡Sí! ¡Y siempre gano yo! ¡Jo, jo, jo!- Reía orgulloso Tortillus con los ojos cerrados mientras daba saltitos contoneándose de contento…
Dart y Corcelius lo miraban con la boca más abierta que nunca, en una especie de mueca, y los ojos de par en par, mientras la princesa asentía sonriendo…
-Ya… Ya no parece el mismo de cuando se ha presentado…- Dijo, estupefacto, Dart.
-No… No lo parece…- Convino Corcelius.
Por cierto… No nos habéis dicho como os llamáis vosotros- Dijo la princesa.
Dart dio un paso al frente, con la cabeza ligeramente girada a un lado, los ojos cerrados, el ceño fruncido, una media sonrisa y evidente expresión de estar haciéndose el interesante… Mientras se preparaba para hablar, Corcelius cerraba los ojos negando ligeramente con la cabeza.
-“Ya estamos…”
-Mi nombre es Dart Insisthen- dijo sin abrir los ojos, alargando su presentación…-Y este es Corcelius, mi amigo y compañero.
Corcelius hizo una leve reverencia con la cabeza cerrando los ojos.
A la princesa le hizo gracia la actitud tomada por Dart y se rió por lo bajo cubriéndose ligeramente la boca con una mano al tiempo que se le cerraban los ojos. Dart estaba demasiado atento en adoptar la mejor postura posible como para darse cuenta de esto...
-¡Perdón si interrumpo vuestras tonterías!- Resonó una voz de detrás de Dart y Corcelius, por donde habían venido…
Todos desviaron su atención hacia quién había hablado: se trataba del joven del pelo rojo.
-¿Y este? ¿También es amigo vuestro?
Al ver su espada, Dart reaccionó.
-¡Que va! ¡¿Quién eres tú?!- Inquirió Dart llevando la mano a la empuñadura de su espada.
El joven del pelo rojo sonrió de forma maliciosa cerrando los ojos.
-Me llamo Rengel.
A su lado apareció su caballo negro.
-¡¿Y qué es lo que quieres?!
El recién llegado tardó unos segundos en contestar.
-He venido para matar a la princesa. ¿Alguna pregunta más?- Dijo tranquilamente.
Todos reaccionaron internamente al escuchar estas palabras. Dart, Corcelius y Tortillus fruncieron el ceño tensándose de inmediato al tiempo que la princesa abría mucho los ojos mostrando evidente sorpresa y miedo…
-¡Pero bueno… ¿Y qué motivo tienes?!- Exclamó Dart, enfurecido.
Rengel comenzaba a cansarse…
-No tengo ningún motivo en especial… Solo que me pagan por ello- dijo lacónicamente.
-¡¿Cómo que te pagan?!- Exclamó Corcelius.
-¡¿Quién?!- Exigió saber Dart.
Rengel estaba a punto de terminar con aquel “cuestionario” inútil cuando reparó en la actitud y, sobretodo, en la mirada de Dart…
-De acuerdo. Hagamos una cosa… Si me vences, te diré quién me ha contratado para que mate a la princesa. Si no…- Dijo al tiempo que desenvainaba la espada.
-¡Acepto!- Exclamó Dart con determinación desenvainando la suya.
Dart se adelantó unos pasos para aproximarse a Rengel mientras este adoptaba la posición de guardia. Corcelius, la princesa y Tortillus miraban atentamente sin decir nada, con expresión de preocupación...
Durante unos largos instantes estuvieron uno frente al otro, observándose sin apenas mover un músculo, esperando el momento adecuado para atacar…
Y Dart atacó.
-¡Uaaaaaaaah!- Exclamó mientras se lanzaba a por su adversario.
Rengel lo esperaba sin perderlo de vista, muy quieto… y detuvo la estocada repeliendo a Dart hacia atrás, cayendo este al suelo. Rengel sonrió levemente; los demás comenzaron a desesperarse…
Pero Dart se levantó. Recuperó su postura de ataque… y volvió a atacar.
-¡Haaaaaaaaaa!- Exclamó más fuerte que antes atacando de forma similar.
Y Rengel volvió a bloquear la espada de Dart con la suya enviándole más lejos que antes y haciendo que se golpeara más fuerte…
Corcelius tenía que contenerse para no salir en ayuda de su amigo… Sabía que no se lo perdonaría nunca…
Y Dart se volvió a levantar. Volvió a recuperar la postura de ataque, con esfuerzo… y atacó una vez más.
Y una vez más, Rengel lo envío varios metros “volando” por encima del embaldosado suelo de mármol blanco… y Dart se golpeó fuertemente quedando boca abajo…
La princesa se llevó una mano a la boca ahogando un grito al tiempo que Corcelius apretaba los dientes…
-“¡Me da igual que no me vuelva a hablar! ¡Tengo que ir!”- Decidió Corcelius lleno de rabia…
Pero se paró en seco al ver algo. La princesa se llevó la otra mano a la boca abriendo totalmente los ojos. Rengel comenzó a abrir cada vez más los ojos por la sorpresa.
Dart, que en ningún momento había soltado la espada, se levantaba… Con gran dificultad, pero se levantaba… Rengel no podía verle el rostro…
Entonces Dart levantó la cabeza y dirigió su mirada a su adversario. Rengel vio algo en su mirada… algo que nunca había visto antes…
Dart adoptó una vez más su postura de ataque. Rengel se puso serio. Corcelius, la princesa y Tortillus estaban atentos, expectantes…
Y Dart atacó con toda su alma.
-¡Huaaaaaaaaaaaaaa!- Bramó mientras salía a toda velocidad hacia Rengel, concentrando todas sus fuerzas en aquel ataque.
Rengel comprendió que debía concentrarse al máximo… Intentó detener el ataque… pero Dart le golpeó con tal fuerza que la espada de Rengel salió disparada a bastante distancia, cayendo ruidosamente al suelo...
Los demás se quedaron con la boca ligeramente abierta y los ojos abiertos de par en par.
Rengel se quedó en la misma postura, con la mano y los dedos temblando donde antes empuñaba su espada. Miraba su mano con expresión de incredulidad…
Dart permanecía frente a él, apuntándole con la espada.
Entonces, para sorpresa de Dart, Rengel cerró los ojos y sonrió con resignación.
-Muy bien… Me acabas de derrotar.
Dart se quedó extrañado, mientras Corcelius y la princesa comenzaban a sonreír cada vez más ampliamente. Tortillus asentía levemente con aprobación.
Entonces Dart recordó algo.
-Ahora debes decirnos quién es el que te ha contratado- le dijo mientras envainaba su espada.
Rengel recuperó la postura.
-Por supuesto. Es alguien muy cercano al rey Chocolius… Se trata de su consejero.
-¡¿Qué?!- Exclamó la princesa Vainilla.
-¡Entonces eso quiere decir que el rey también está en peligro!- Dijo Corcelius.
-Exacto- dijo Rengel, como si la cosa no fuera con él.
-¡Pero entonces… tenemos que regresar al castillo de inmediato!- Dijo Dart.
Pero Dart, Corcelius y la princesa sabían que estaban a días de camino del castillo… No llegarían a tiempo…
-Eeeh, escuchadme, chicos…- Comenzó a decirles Tortillus-Si queréis os puedo llevar yo. En un rato podemos estar allí…
La esperanza brotó en su interior al escuchar estas palabras.
-¡Genial!- Exclamó Dart.
-¡Muchas gracias, Tortillus!- Le dijo la princesa al dragón, a lo que este le respondió con una sonrisa.
-Sí… Eso está muy bien… Je, je…- Decía, nervioso, Corcelius.
Tortillus se inclinó todo lo que pudo y extendió la cola en el suelo para que pudieran subir.
-¡Subid!
Dart subió y se aferró cerca de la cabeza; la princesa se colocó justo detrás de él; y Corcelius se colocó un poco más atrás, aferrado con todas sus fuerzas con todo el cuerpo…
-¡Vamos allá!- Exclamó el dragón batiendo sus alas y elevándose varios metros por encima del suelo.
Acto seguido comenzó a planear por la enorme cámara en dirección a uno de los gigantescos corredores, situado a la derecha.
Rengel contempló como desaparecían de su vista. Miró hacia donde se encontraba su espada mientras su caballo se acercaba dándole afectuosamente con el hocico por detrás del hombro; Rengel le respondió acariciándole con una mano en la frente. Volvió a dirigir su mirada hacia el corredor por donde se habían ido montados en el dragón. Esbozó una media sonrisa.
-Je. Estoy deseando que llegue el día en que volvamos a enfrentarnos.
Dart, la princesa y Corcelius, subidos a lomos de Tortillus, atravesaban cada vez a más velocidad varios pasillos oscuros, girando varios recodos, que parecía que no se acababan nunca… Al cabo de unos instantes, a lo lejos, podía divisarse la luz del exterior… Y el círculo de luz situado al fondo se iba haciendo cada vez más y más grande…
Finalmente salieron al exterior. Tuvieron que entornar los ojos por la súbita irrupción de la luz del sol. Notaban como el viento movía con fuerza sus ropas y cabellos… Corcelius aún tenía los ojos cerrados; entonces los abrió y miró despacio hacia abajo…
-¡Madre mía!- Exclamó aferrándose aún con más fuerza al ver la increíble distancia que había hasta el suelo…
Ante ellos se extendía el reino de Golosia… y más allá…
-¡Agarraos fuerte!- Avisó Tortillus.
Corcelius cerró los ojos con fuerza; Dart notó como la princesa se aferraba a él por la cintura apoyándose en su espalda; casi se suelta de la impresión…
Entonces, el dragón aceleró y surcó los cielos en dirección al castillo del rey Chocolius.
Después de un no demasiado largo rato ya podían divisar el castillo.
-¡Allí!- Exclamó la princesa.
Comenzaron el descenso.
El rey Chocolius, un hombre de unos sesenta años, no muy alto ni muy corpulento, con el pelo algo largo, ya totalmente blanco al igual que la barba, y los ojos azul celeste, contemplaba el exterior desde la parte cubierta de una enorme terraza del castillo. Su expresión era de melancolía…
Entonces, entró en la estancia un hombre de unos cincuenta años, más alto que el rey pero más delgado, con el pelo negro corto y un fino bigote y barba recortados. Sus ojos oscuros eran maliciosos y avanzaba lentamente conteniendo una sonrisa triunfal, mientras llevaba, en una mano oculta detrás, una larga daga muy ornamentada… Era el consejero real. El rey no se había percatado de su presencia…
Entonces, en medio de la terraza, apareció Tortillus que se posó en el suelo ante el asombro del rey Chocolius y del consejero.
-¡¿Pero qué es esto?!- Exclamó el rey.
Tortillus se inclinó y Corcelius bajó rodando aferrándose al suelo con alivio y agradecimiento; el rey vio como Dart ayudaba a bajar… ¡a su hija!
-¡Papá!- Fue corriendo la princesa, con lágrimas en los ojos, a los brazos de su padre, que también notaba como sus ojos se humedecían…
Entonces Dart vio al perplejo consejero.
-¡Ahí estás, maldito!- Exclamó desenvainando la espada.
El consejero supo de inmediato que aquel estúpido del pelo rojo lo había delatado…
El rey miró a Dart y luego al consejero sin entender.
-¡Ese hombre intenta matarte!- Le dijo la princesa.
-¿Qué dices, hija?- Preguntó el rey aún extrañado…
El consejero señaló de forma brusca con la palma de su mano, con los dedos separados, hacia el suelo que tenía bajo sus pies.
-¡Levithos!- Exclamó elevándose unos centímetros del suelo.
Salió disparado volando hacia el exterior pasando por delante de todos ante la sorpresa general.
-¡Es un mago!- Exclamó Corcelius.
Dart no perdió ni un segundo, envainó la espada, y subió como pudo de nuevo a la grupa de Tortillus.
-¡Vamos a por él, Tortillus!- Exclamó Dart, decidido, señalando hacia el mago oscuro, que se elevaba cada vez más…
-¡Por supuesto!- Sonrió Tortillus con expresión decidida justo antes de batir las alas, provocando que los demás tuviesen que protegerse del súbito viento, y salir volando en persecución del mago.
El mago oscuro se giró y vio como Dart y Tortillus no tardarían en darle caza... Se detuvo en seco y se encaró a ellos.
-No será muy difícil- dijo con seguridad mientras comenzaba a concentrarse sin perderles de vista…
Dart y Tortillus se detuvieron frente al mago, a cierta distancia. Estaban a bastante altura.
En ese instante, un campo de fuerza casi transparente apareció alrededor del mago; este dirigió una palma hacia Dart y Tortillus, la cual se iba iluminando de un color verde intenso…
-Primero vosotros… y luego los demás- dijo, amenazante, el mago.
-¡Tortillus!- Exclamó Dart con preocupación…
-Tranquilo... ¡Recuerda que soy un dragón!
A Tortillus le cambió la cara. No se le veían las pupilas. Ahora era un feroz dragón de verdad. Dart notaba como un murmullo y un calor crecían en el interior de Tortillus. De sus fauces comenzaban a brotar llamas.
Entonces, abrió la boca del todo y una llamarada inmensa cruzó el cielo en dirección al mago oscuro ante la vista de mucha gente que se encontraba muy abajo, con un rugido que se escuchó a varios kilómetros de distancia…
El mago, paralizado, veía cada vez más aterrorizado como la potente llamarada se aproximaba irremediablemente, destruyendo en mil pedazos el campo de fuerza y haciéndole desaparecer totalmente bajo el fuego intenso… Dart notaba el gran calor a su alrededor… Finalmente, la llamarada se extinguió y del cielo solo cayeron cenizas…
Tortillus le pidió perdón al rey Chocolius por llevarse a su hija; y este, tras los ruegos de la princesa Vainilla, accedió a perdonarlo. Además, le permitió que viniera cuando quisiera para jugar con ella en los jardines reales.
A Dart y a Corcelius les ofreció la recompensa convenida… pero estos no aceptaron.
-Gracias, majestad… pero lo único que queríamos era cumplir con la misión- dijo Dart mientras Corcelius asentía.
El rey quedó muy impresionado.
-Dart… Vuelve algún día y te nombraré caballero. Y Corcelius será tú corcel real- Le propuso mientras Dart subía al lomo de Corcelius.
El rey Chocolius, la princesa Vainilla, y el dragón Tortillus se encontraban alededor de Dart y Corcelius a la entrada del castillo. Estaba atardeciendo; el cielo mostraba diversas tonalidades del naranja.
-Gracias majestad… Algún día regresaré- contestó Dart mirándole brevemente.
La princesa Vainilla se acercó a él.
-¿En serio volverás?- Le preguntó sin poder contener las ganas de escuchar una respuesta afirmativa…
-Sí. Volveré- le dijo con una sonrisa adoptando su característica actitud de confianza.
Dart y Corcelius comenzaron a avanzar. Corcelius le hizo una leve reverencia con la cabeza a la princesa y se detuvieron para darse la vuelta.
-¡Hasta la vista!- Exclamó Dart agitando la mano a la vez que Corcelius hacía un movimiento con la cabeza más característica de los caballos normales…
-¡Buena suerte!- Les deseo Tortillus mientras Dart y Corcelius se daban nuevamente la vuelta y se comenzaban a alejar.
El rey les miraba orgulloso. La princesa sonreía esperando que el día de su reencuentro no fuera muy lejano…
Dart y Corcelius sabían que algún día volverían… pero primero debían seguir viajando para vivir muchas más aventuras…
-¡Adelante, Corcelius!
-¡Vamos allá!
Y se alejaron al galope dirigiéndose hacia el sol poniente.
FIN