El dragón solitario
II
Dart y Corcelius llegaron a un largo puente de madera que les llevaría al otro lado. Observaron que había gran altura hasta el suelo… Allí el viento comenzaba a soplar con fuerza y hacía cada vez más frío. Se quedaron un buen rato ante el puente de madera que crujía de forma inquietante…
-Corcelius…
-¿Sí…?
-En algún momento tendremos que pasar…
-Ya…
Ambos se quedaron callados unos segundos.
-Corcelius…
-Dime…
-¿No crees que deberíamos empezar a cruzar…?
-Vale… Pero mejor vamos despacito… Y, por supuesto, deberías bajarte… por si acaso…
-Tienes razón- dijo Dart dándose cuenta de esto y bajando de inmediato.
-Muy bien… iremos despacito pero sin pararnos… No debemos hacer movimientos bruscos… y tampoco hablemos mucho…- Dijo Cornelius, intentando aparentar tranquilidad… sin éxito.
Dart estaba de acuerdo con las precauciones de Corcelius. No le parecían en absoluto exageradas…
De todos modos, se quedaron un rato mirando el puente, sin atreverse a dar un paso.
-Corcelius…
-Sí… Pero poco a poco, eh…
De pronto, de entre los árboles situados unos metros tras ellos, surgió un oso de casi dos metros de alto, rugiendo con furia mientras mostraba las fauces… Inmediatamente se lanzó a por Dart y Corcelius. Estos, con los ojos muy abiertos, contemplaban como el oso, con evidente aspecto de muy hambriento, estaba a punto de llegar a donde se encontraban…
Salieron disparados. Atravesaron el puente a tal velocidad que, en menos de un minuto, ya lo habían cruzado… Entonces, intentando recuperar el aliento, se giraron y vieron que el oso se había quedado justo antes de poner una pata sobre el puente… Vieron como se daba la vuelta tranquilamente y desaparecía en el bosque.
-Hala… Ya hemos cruzado…- Decía Dart entre violentos jadeos.
Corcelius apoyó una pata sobre el tronco de un árbol, tratando de recuperarse…
Entonces, comenzaron a escuchar un sonido extraño… como de madera resquebrajándose… Se giraron y vieron horrorizados como el puente se deshacía y se perdía en el vacío… Ahora sí que se quedaron sin respiración.
-Mejor sigamos…- Propuso Dart, aún en shock.
-Sí…- Convino Corcelius, en el mismo estado.
Mientras seguían por un nuevo sendero que se internaba en la montaña, el personaje del pelo rojo se detuvo ante el lugar donde antes había un puente…
-Maldita sea…- Dijo frunciendo el ceño.
Y, al escuchar el rugido no muy lejano de un oso, decidió buscar otro modo de llegar al otro lado…
Avanzaron durante varias horas, solo deteniéndose para comer un poco de pan, queso y fruta que llevaban en una bolsa sujeta a la silla de montar.
Ahora llegaban a una pradera, ya en una zona elevada, en la cual se veían montañas cercanas, más pequeñas, que tenían nieve en la cumbre y en donde predominaba el color verde. Había multitud de flores de varios tipos.
-¡Mira! ¡Son Filitolias Vetunensis!- Dijo entusiasmado Corcelius al pasar al lado de una extensión de flores de color amarillo, a su derecha.
-¿Quée?- Preguntó Dart, sin entender.
-¡Y allí hay unas cuantas Ruriacias Jubilensis!- Exclamó, mirando a la dirección contraria, hacia unas flores de un rojo intenso.
-Ruri… ¿Cómo dices…?
-¡Oh! ¡Y ese es un Coroloro Babolino!- Exclamó señalando a un extraño pájaro de pico largo y cara de malas pulgas que se había posado en una roca cercana…
Oye, ¿Cómo es que sabes tanto?- Preguntó Dart intrigado.
-Yo fui a la universidad- contestó, hinchándose de orgullo, Corcelius.
-¿Qué tú qué…?- Dart no se lo podía creer…
-Sí, como te lo digo. Por supuesto, no fue fácil…
Corcelius recordó los días de estudiante universitario: las largas jornadas en la biblioteca, rodeado de montañas de libros, con sus gafas de ver de cerca, mientras sus compañeros humanos lo miraban alucinados… O cuando le dieron el diploma y le dio la pata al rector… ¡Qué recuerdos!
Entonces, ante Corcelius, apareció una zanahoria sujeta por un hilo atado a un palo que sujetaba Dart.
-Camina, caballito…
-¡Que te he dicho que yo he ido a la universidad!- Protestó, indignado, Corcelius.
Llegó la noche y decidieron acampar poco antes de llegar a una zona más elevada aún y más escarpada. Dart preparó un fuego y cenaron. Cuando estaban dormidos ante la hoguera, no muy lejos, oculto tras unas rocas, el joven del pelo rojo dio unos pasos, les divisó… y cayó al suelo boca abajo, agotado, quedándose dormido al lado de su caballo…
Al día siguiente amaneció muy nublado; era seguro que se acercaba una fuerte tormenta…
Dart y Corcelius avanzaban, aunque cada vez les costaba más debido al cansancio que les provocaba estar en un sitio progresivamente más elevado… Además, cada vez hacía más viento y más frío. Y la cosa empeoraría con la tormenta…
Al final les atrapó la tormenta. Tuvieron que resguardarse bajo unas rocas y esperar… Aquel día no avanzaron demasiado.
Los dos días siguientes se internaron de lleno en las montañas, en las cuales aún quedaban grandes cantidades de nieve del reciente invierno. Notaban como les costaba respirar y como se cansaban antes. Aquí el frío era intenso y el viento les hacía daño en la cara…
Cuando llegó el mediodía del día siguiente comenzaron a desesperarse al ver que no encontraban indicios de donde podían encontrarse el dragón y la princesa Vainilla… hasta que se encontraron ante una gran cueva. Dart bajó y la examinó. Se giró hacia Corcelius y, al cabo de unos instantes, asintieron. Se internaron en la profunda y oscura cueva.
Avanzaron durante largo rato. El viento cruzaba la cueva produciendo sonidos similares a lamentos fantasmales… A Dart no le gustaba nada aquello… y a Corcelius menos.
Cada vez estaba más oscuro… hasta que llegaron a un punto en el que volvía a estar iluminado.
-¿De dónde crees que proviene esa luz, Corcelius?- Preguntó Dart con curiosidad.
-Parece que son unos minerales que canalizan la luz; probablemente de grietas que dan al exterior.
Entonces, se detuvieron de golpe al escuchar ruidos… ruidos y voces que provenían de unos metros más adelante. Vieron que el camino giraba a la izquierda, justo de donde provenía una especie de jaleo…
-Vayamos a ver- dijo Dart con una mezcla de temor e intriga.
Se acercaron al recodo y se asomaron. Pero, antes de que pudiesen ver nada, una rana de aspecto humanoide, de algo más de medio metro, pasó a su lado, con las manos entrelazadas detrás, mirando hacia el suelo con gran preocupación a través de un casco que le quedaba algo grande… Dart y Corcelius se quedaron en silencio, sin respirar… Entonces la rana se giró hacia ellos.
-¡¿Mm?! ¡¿Quiénes sois vosotros?!- Dijo poniéndose a la defensiva- ¡¿Habéis venido a aliaros con los caracoles gigantes?!
Al principio Dart y corcelius se quedaron mudos sin saber qué contestar…
-¿Cara… Caracoles gigantes? ¡Pero si tú eres una rana!- Dijo Dart cambiando de tema…
-Vaya… De modo que perteneces a su unidad táctica…- Dijo la rana sorprendentemente en serio…
Dart se quedó con la boca abierta sin saber qué decir. Entonces llegaron corriendo dos ranas más, también ataviadas con sendos cascos, pero estas eran de menor envergadura que la primera que se habían encontrado…
-¡Señor! ¡Ha caído el cuarto batallón!- Informó urgentemente una de ellas.
-¡Sí! ¡Fue muy rápido!- Completó la otra.
-¡Eso no es posible! ¡¿Dónde están los demás batallones restantes?!
Las dos ranas recién llegadas se quedaron en silencio, sin saber cómo contestar…
-Señor… no hay nadie más…- Dijo la primera, apesadumbrada.
-Somos los únicos que quedamos…- Dijo, en el mismo estado, la otra.
La rana mayor se quedó con los ojos muy abiertos, consternada; finalmente, cayó de rodillas mirando hacia el frente, hacia un punto perdido…
-No… No puede ser…- Repetía una y otra vez.
-Eeh, perdón- comenzó a decir Dart-¿Podrían decirnos, señoras ranas, qué es lo que pasa aquí?
En ese momento, las recién llegadas se percataron de la presencia de Dart y Corcelius.
-Desde hace mucho tiempo, estamos en guerra permanente contra los caracoles gigantes...- Comenzó a explicar la primera-Pero la guerra parece haberse decantado por el enemigo… ¡Cómo echo de menos a Rani, a Reni y a Roni!- Exclamó dirigiéndose a su compañera rana.
-¡Sí…! ¡Cómo resbalaban…! ¡Buuaaaaaa!- Rompió a llorar abrazándose a su compañera, que también se puso a llorar, manando de los ojos de ambas fuentes de lágrimas…
-Un momento… ¿Que resbalaban?- Intervino Corcelius.
Las ranas se separaron y se enjugaron las lágrimas. La segunda sacó un pañuelo y se sonó de forma exageradamente ruidosa.
-Venid y os lo mostraremos…- Dijo la primera.
Dart y Corcelius fueron guiados durante algunos minutos por las dos ranas. Atrás había quedado, en la misma posición de rodillas, el general Ranuman. Ahora la luz que les rodeaba provenía de antorchas. Tras unos minutos más llegaron a un lugar que hizo que Dart y Corcelius abrieran mucho los ojos por la sorpresa…
Más abajo, adonde se podía llegar por una escalera hecha de piedra, una hilera de caracoles del tamaño de un elefante pasaban de un túnel a otro situados en las paredes de la izquierda y la derecha. Observaron que en la roca había más agujeros de menor tamaño. Corcelius vio como uno de los caracoles miró hacia donde se encontraban y, al ver a las ranas, negó con la cabeza mirando al techo con hastío....
-Dart…- Le dijo Corcelius bajando la voz para no ser escuchado por las ranas, que miraban con expresión de derrota hacia los caracoles…
-¿Qué pasa?
-Creo que ya sé lo que pasa aquí…
-Te escucho.
-Todo esto de la guerra se lo han montado las ranas…
-¿Qué quieres decir?- Preguntó Dart.
-Creo que deberíamos bajar a comprobar algo; pero Dart, ve despacio y con cuidado mirando atentamente al… ¡Dart!
Dart había bajado del lomo de Corcelius y ya había bajado las escaleras.
-Bueno… Pues esta semana solo estaremos nosotros…- Comenzó a decir una de las ranas mientras al fondo se veía como Dart se acercaba corriendo a los caracoles, seguido por Corcelius que ya había bajado también las escaleras.
-Sí, hasta que no vuelvan todos dentro de una semana tendremos que inventarnos otra cosa… ¡Somos demasiado pocos para seguir con lo de la “Gran Guerra contra los Caracoles Gigantes”!- Dijo la otra mientras, al fondo, Dart resbalaba con el rastro dejado por los caracoles y avanzaba deslizándose sin poder parar a través de la hilera de caracoles gigantes hacia un agujero de tamaño algo mayor que los más pequeños, mientras a unos metros le seguía Corcelius, que llegaba corriendo.
-Mira que lo decimos siempre… “Cuidado con los agujeros; que luego los túneles nos llevan lejos y el camino de vuelta no es corto, precisamente…” Pero nada…- Dijo la primera rana mientras, al fondo, Corcelius resbalaba también siguiendo el mismo camino que Dart, pero dando vueltas sobre sí mismo sentado.
-Sí… Menos mal que no hay posibilidad de caer en el “Túnel de la locura”… Habría que ser idiota para caer en él… Por cierto… ¿Les hemos hablado de ese túnel?- Preguntó mientras al fondo Corcelius llegaba más rápido que Dart, chocando con él, y ambos se perdían en el interior del túnel.
-No; y deberíamos hacerlo…- Dijo mientras se giraba al tiempo que la otra hacia el “Túnel de la locura”, que quedaba al fondo, y en donde no vieron ni rastro de Dart ni de Corcelius…
-¡Uuaaaaaaaaa!- Gritaba Dart.
-¡Uuuooooouuuuuu!- Gritaba Corcelius.
Y no paraban de gritar mientras iban a toda velocidad a través de un túnel por el que había el espacio justo para que pudieran deslizarse como si estuvieran en un interminable tobogán…
El túnel subía… y bajaba a una velocidad tremenda; pero también giraba, daba vueltas hacia los lados, hacia arriba y abajo… y no parecía que se fuera a acabar nunca…
En un momento determinado, durante un instante, atravesaron un breve tramo hecho de una especie de mineral transparente de color verdoso a través del cual se veía un mundo acuático; a Dart le pareció ver dos seres con brazos, piernas… y aletas, que se paraban en el agua y los miraban pasar con curiosidad… Hasta que volvió la oscuridad…
La verdad es que, tras un buen rato deslizándose a toda velocidad, a Dart le comenzaba a parecer incluso divertido… no así a Corcelius…
-¡¿Es que no se va a acabar nunca este maldito túneeeeeeeel?!- Exclamó desesperado y harto…
-¡¿Pues sabes una cosa…?!- Gritaba Dart para que Corcelius le oyera-¡A mí me está empezando a…!
No pudo terminar de hablar ya que, súbitamente, el túnel acabó y se encontraron suspendidos en el aire tras haber salido despedidos a toda velocidad… A sus pies se extendía el negro, oscuro y profundo vacío… Y, tras unos breves segundos, comenzaron a caer.
-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!- Gritaban al unísono mientras caían de forma irremediable…
Pasaron varios segundos cayendo… segundos que se les hicieron interminables… Y seguían cayendo, y cayendo… y gritando…
Ya lo veían todo perdido… No tardarían mucho en llegar al suelo…
Entonces, en medio de sus continuos gritos, oyeron un murmullo que cada vez se hacía más fuerte… Entonces, un enorme chorro de agua caliente detuvo su caída, elevándolos unos metros, para descender de nuevo, cada vez a más velocidad…
-¡¿Qué es esto?!- Gritó Dart.
-¡Es un géiser!- Contestó Corcelius, también gritando.
-“No sé para qué pregunto…”- Pensó Dart, sin haberse enterado todavía de lo que era aquello…
Seguían descendiendo, cada vez más rápido… Hasta que el agua desapareció… cuando aún quedaba un metro para llegar al suelo.
Dart y Corcelius quedaron tendidos en el suelo, doloridos. Entonces, un nuevo murmullo comenzaba a escucharse proveniente de las profundidades de la tierra que temblaba cada vez con más fuerza…
-¡Dart, tenemos que apartarnos!- Avisó con urgencia Corcelius a su amigo.
Olvidándose del dolor ambos se incorporaron de inmediato y salieron corriendo apartándose justo a tiempo cuando un enorme chorro de agua salía a presión de las grietas del suelo, con un ruido terrible, formando una columna cuyo extremo se perdía en lo alto…
Se quedaron mirando la columna un rato hasta que el chorro descendió y se perdió en las entrañas de la tierra. Estaban mareados y empapados…
-¿Dónde debemos estar?- preguntó Dart sujetándose la cabeza.
Corcelius miró a su alrededor.
-Hemos debido atravesar gran parte de las montañas…
Dart también contempló el lugar donde se encontraban: roca y oscuridad… y un pasillo que se perdía a lo lejos.
-¡Corcelius, un camino!
Corcelius se aproximó al inicio de dicho camino.
-Se mueve aire… Por aquí puede haber una salida…- Dedujo con cautela.
-¡No se hable más!- Exclamó Dart, aún con el pelo pegado a la cara…
Dart iba delante de Corcelius. Caminaron durante largo rato con ayuda de una mínima luz que llegaba, como mucho rato antes, de alguna parte desconocida… Era un lugar muy húmedo y en el que hacía frío.
Tras un largo rato avanzando se detuvieron ante algo que los dejó impresionados.
Ante ellos había una puerta doble de metal de varios metros de altura. Parecía que la hubiese construido un gigante… Dart y Corcelius se dieron cuenta de que una de las puertas estaba ligeramente abierta; lo suficiente como para que pudieran entrar uno después del otro.
Cuando hubieron pasado se encontraron en una cámara de tamaño gigantesco, con las paredes y el techo formados de grandes minerales, el suelo embaldosado de algún material muy pulido… y la más absoluta negrura a su alrededor. Solo podían ver unos pocos metros más allá de donde se encontraban…
Entonces, oyeron algo. Alguien corría hacia ellos. A medida que se acercaba podían escuchar cada vez más claramente el jadeo de una chica corriendo…
Y de entre la oscuridad apareció una jovencita que se detuvo en seco; miraba a un lado y a otro con mucha intranquilidad… Dart estuvo a punto de decirle algo… pero se quedó con la boca abierta y los ojos cada vez más abiertos…
Detrás de la jovencita, de la profunda oscuridad, surgió la enorme cabeza y parte del cuerpo de un dragón que miraba con sus ojos que eran como dos luces amarillas brillantes…
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