La Maldición del
Espejo
Arthur contra la
bruja
-¿La espada bendecida?- Repetía un pasmado Hans.
Elizabeth asintió con vehemencia, orgullosa.
-Sí. Se lo puse yo, ¿sabes?
Hans guardó silencio un momento. Luego sonrió.
-Muy bien, chica. ¿Y de qué es capaz esa arma maravillosa?
Ahora fue Elizabeth la que permaneció unos segundos sin
hablar; miraba a Hans con mezcla de inocencia y expresión dubitativa…
-No lo sé… sinceramente- confesó al fin.
Ambos dirigieron sus miradas hacia aquel objeto del que, al
parecer, ninguno tenía conocimiento alguno…
-Bueno. Pero tú crees que eso puede ayudar a Arthur, ¿no?-
Quiso saber Hans, que había adoptado una pose seria y decidida.
Elizabeth advirtió este cambio en el joven. Le respondió de
inmediato, aliviada de no haber perdido la confianza de este…
-Sí- dijo, asintiendo con total seguridad en lo que decía.
Hans volvió a alzar la mirada hacia aquel objeto clavado en
la fría losa.
-Muy bien. Saquemos esa espada- le dijo a la joven, que permanecía
expectante, sonriéndole.
Y los dos ascendieron la vieja escalinata hasta llegar a lo
más alto, a la altura de la “espada bendecida”.
Los dos jóvenes se miraron. Entonces Hans asintió.
-Vamos allá.
Elizabeth sonrió, decidida, y sujetó el arma por su lado.
-A la vez…- Le dijo a Hans.
Y ambos se dispusieron a usar todas sus fuerzas para extraer
aquel objeto de allí…
Claire se había quedado callada. Estaba muy seria. Arthur
juraría que estaba dolida… le daba la impresión de que no le había gustado nada
la forma en que se había dirigido a ella…
-De modo que se dedicaba a vencer a los “seres” como yo…-
Repitió, con un tono sin apenas variación, confirmándole a Arthur sus
sospechas.
La bruja cerró los ojos un momento, como intentando dominar
sus emociones (tal y como había venido haciendo todo el tiempo) y los abrió de
nuevo, aparentemente más serena… Arthur permanecía atento a lo que aquella mujer
le fuese a decir…
Pero Claire no dijo nada. Alzó una mano y la dirigió hacia
un sorprendido Arthur, que no pudo hacer nada para evitar salir despedido
varios metros hacia atrás y caer de forma estrepitosa sobre el suelo.
-¡Arthur!- Gritó Rosalyn, tremendamente preocupada por él…
-¡Señor Arthur!- El mayordomo temía por la vida del joven…
La bruja permanecía con la mano alzada, apuntando todavía
hacia su víctima, con su habitual mirada como si no le importara nada de
lo que hubiese a su alrededor.
-Te la debía.
Arthur -que al principio no se movía- comenzó a revolverse
lentamente en el suelo.
-Ugh… Vaya golpe… No me lo esperaba- decía, en voz alta pero
para si mismo…
Terminó de incorporarse, aunque aún permanecía encogido por el
dolor… Entonces, súbitamente, levantó la mirada, desafiante, hacia aquella
bruja.
Esta, que lo vio, abrió mucho los suyos, al tiempo que
estiraba totalmente la mano que tenía levantada, con la palma apuntando hacia
Arthur, separando y estirando los dedos totalmente…
-¡No!- Se lamentaba con impotencia el joven al notar que, en
esta ocasión, era su cuerpo el que se agarrotaba de modo que era incapaz de
moverlo…
Rosalyn y Philip -atrapados aún en aquellas raíces que los
mantenían alejados del suelo- observaban todo lo que ocurría (con la boca
abierta y sin parpadear), tan horrorizados que apenas podían emitir sonido…
La bruja, con su mirada sin expresión, mantenía al joven
paralizado.
-Y ahora… dame eso.
Arthur comprobó con estupor cómo el péndulo que le había
regalado su abuelo paterno en Siria, que sujetaba del cordel aún después de
haber “volado” justo hacía un instante, se desprendía de su mano casi sin
fuerza y salía disparado hacia la que Claire tenía libre…
Esta cerró la mano una vez tuvo el antiguo objeto en su
palma.
-Espero que no te importe que guarde esto yo, cariño- le
dijo, sonriendo levemente antes de ser consciente de lo que acababa de decir.
Arthur también escuchó aquella última palabra claramente. Pero
decidió no dedicarle un segundo más a aquello…
-¡Dame eso! ¡Bruja!- Le exigió, con rabia, y tratando de
paso de hacer como que no había oído nada.
Pero al enfado consigo misma por haber tenido aquel desliz,
ahora se unió el cómo se acababa de dirigir a ella ese joven insolente. Y, además,
después de lo que acababa de ocurrir…
Esta vez comenzó a cerrar la tensa mano de forma progresiva…
Arthur notaba con horror cómo ahora no solo no se podía
mover, sino que era como si estuviese atrapado en un hueco que se fuera
estrechando poco a poco… apretaba los dientes y cerraba fuertemente los ojos
ante aquel creciente dolor…
Rosalyn ya no podía más. Si no apartaba la mirada se
desmayaría sin remedio; de modo que, sintiendo que traicionaba al joven
investigador, desvió la vista, con los ojos inundados en lágrimas…
Claire, que ya no podía dominar tan claramente sus emociones
internas, aparecía ahora con una expresión de fastidio que, curiosamente, iba
agravándose a medida que apretaba más y más el frágil cuerpo de aquel joven
mortal…
Arthur llegó a pensar que no lo resistiría. Que aquello era
el final. Sus recuerdos del pasado… su infancia, Siria, su abuelo, Hans… iban
sustituyendo lo que pasaba a su alrededor y que cada vez parecía tener menos
importancia…
Pero un último pensamiento irrumpió en su mente antes de
desfallecer: el péndulo. Una imagen clara y nítida que parecía estar
queriéndole decir algo… Entonces, como un último gesto antes del final, utilizó
sus últimas fuerzas… para abrir la mano derecha.
Claire abrió mucho los ojos nuevamente al percatarse de que
aquel objeto desconocido que había conseguido arrebatarle al joven parecía
haber cobrado vida en el interior de su mano cerrada. No tuvo más remedio que
abrirla ante la huída de aquello hacia donde se encontraba su dueño…
El péndulo llegó hasta la mano de Arthur, el cual notó esto
y la cerró enseguida. Mientras tanto, Claire, que se miraba la suya, lastimada,
no pudo evitar aflojar la -literalmente- presión que estaba ejerciendo sobre el
joven investigador para poder sujetarse la misma un momento al menos…
-¿Cómo es posible esto? No lo había visto nunca… ese péndulo…-
Claire temblaba mientras se miraba la mano con expresión incrédula…
Arthur comenzaba a recuperarse. Había estado muy cerca.
Estaba empapado en sudor pero el dolor casi había desaparecido por completo…
Rosalyn se atrevió finalmente a mirar y no pudo evitar
llorar un momento por la alegría de ver a Arthur bien…
-¡Cuidado señor Arthur!- Le avisó el mayordomo.
Aquel no se había dado cuenta de que una enfurecida bruja
Claire volvía a levantar la mano en su dirección.
-¡Basta de juegos!- Exclamó, alzando la voz y apuntándole
con la palma totalmente extendida…
Pero esta vez Arthur fue más rápido. Como si hubiese leído
el pensamiento del péndulo, sencillamente se limitó a dejarse llevar y
lo “lanzó”: levantó la mano hacia delante y apuntando a la bruja… el péndulo
salió disparado como una flecha…
Antes de que pudiera reaccionar, Claire abrió más los ojos
de forma repentina al notar que “algo” le rozaba la mejilla izquierda,
hiriéndola mínimamente. Y cuando fue consciente de lo que acababa de pasar, el
péndulo pasaba a toda velocidad a su lado -el contrario- de regreso a las manos
de su legítimo dueño…
Arthur solo tuvo que cerrar la mano cuando el objeto llegó
hasta su destino.
El joven investigador podía comprobar de forma clara cómo
aquella bruja temblaba de furia cada vez menos contenida… Esta lo miraba
fijamente, entre furiosa y desconcertada, sin moverse… Rosalyn y Philip permanecían
expectantes; no podían imaginarse el giro que iba a dar la situación tan solo
unos momentos atrás…
Entonces, una vez más, volvió a retumbar aquella temible voz
que no se sabía muy bien de donde venía.
-¡¿Por qué tardas tanto?! ¡¿En serio que no puedes con él?!
Arthur pudo observar cómo Claire reaccionaba ante aquella
voz autoritaria. Se diría que sentía auténtico miedo…
Entonces la bruja pareció envalentonarse.
-No es tan fácil. Posee un objeto mediúmnico- contestó,
notablemente harta de las exigencias de aquel que se había proclamado su amo
tiempo ha…
La voz dejó de escucharse durante unos instantes. El ser
maléfico y poderoso al que pertenecía la misma sabía perfectamente que los
“objetos mediúmnicos” no podían tomarse a la ligera. Había que acabar con aquel
insecto de forma inmediata y arrebatarle el que poseía…
-Mata a la chica. O al otro- ordenó, sin duda refiriéndose a
Philip.
Tanto Rosalyn como el mayordomo reaccionaron al saberse el
centro de atención, debido al peor de los motivos…
Arthur frunció el ceño y apretó los dientes; adoptó una pose
de guardia mientras permanecía atento a lo que una pensativa Claire fuera a
hacer en cualquier momento… Ahora esta parecía volver a desechar cualquier
rastro de emoción de su bello y triste rostro. Cerró los ojos un segundo y los
abrió de golpe. Su mano se alzaba una vez más pero no en dirección al joven
investigador…
-¡No! ¡Detente!- Le exigió Arthur al terminar la bruja de
colocar el brazo hacia una asustada Rosalyn que abrió mucho los ojos por el
miedo que invadió su cuerpo…
-¡Para maldita bruja! ¡Apúntame a mí y no a ella!- La
gritaba Philip, desesperado y dejándose la voz…
Rosalyn no podía evitar temblar de forma descontrolada y
llorar sin apenas parpadear.
Claire cerró momentáneamente los ojos, como queriendo “controlar”
lo que sucedía en su interior en aquella situación. Cuando consideró que lo
había conseguido, volvió a dirigir su mirada hacia aquella chica asustada que
iba a convertirse en su nueva víctima… Una vez más lo iba a hacer porque
se lo habían ordenado.
Pero Arthur no estaba dispuesto a permitir que la bruja
cumpliese sus “órdenes”…
Salió corriendo sin pensárselo dos veces, aprovechando unos
instantes de distracción de esta -cuya atención estaba totalmente centrada en
Rosalyn- para tratar de llegar a su altura.
Cuando se encontraba a una distancia que consideró suficiente,
se detuvo en seco y comenzó a levantar la mano en la que portaba el péndulo… Como
si todo transcurriera a cámara lenta, Claire desvió la vista lo bastante para advertir
la presencia de Arthur a menos de un metro de distancia… no tardó en adivinar
sus intenciones, aunque no le daría tiempo a evitar lo inevitable…
Arthur dio un par de giros rápidos al péndulo antes de
lanzarlo en toda su extensión y rodear la muñeca de la mano alzada de la bruja;
y esta se enfurecía mientras el cordel iba dando vueltas y la aprisionaba sin
remedio…
-¡Maldito!- Exclamó, haciendo aparecer su versión más
temible.
Arthur no dio un paso atrás. Sujetaba con fuerza y firmeza
el cordel del péndulo. Como si tuviera dominada a una bestia rabiosa…
Y realmente era así: la bruja comprobó con incredulidad cómo
era absolutamente incapaz de manejar, de mover siquiera, la mano -ni el brazo,
hasta el hombro- cuya muñeca permanecía fuertemente aprisionada… haciéndole
recordar una sensación que hacía mucho, mucho tiempo que no experimentaba de
manera tan evidente: el dolor físico. Pero no era tan solo eso. Para su
sorpresa, comenzaba a sangrar por la parte de las ligaduras…
Rosalyn, debido al shock, tardó un poco en darse cuenta de que
se había librado del ataque de la bruja. Reaccionó y se sorprendió al
contemplar cómo el joven parecía estar dominando la situación…
-¡Muy bien señor Arthur! ¡Acabe con ella!- Le jaleaba el
mayordomo desde su propio aprisionamiento…
Claire intentaba zafarse pero no lo conseguía. Lo único que
hacía era hacerse más daño y abrir la herida… la sangre resbalaba por el cordel
hasta precipitarse al suelo a medio camino del mismo… Entonces clavó la
furibunda mirada en el joven investigador, que permanecía en la misma posición,
resuelto y concentrado…
-Voy a destrozarte… No voy a permitirte nada más…- Le decía (a
pesar de todo, controlándose el tono de voz)…
No se perdonaba a sí misma haberse dejado influenciar por
sus sentimientos. Ese había sido su error, pensó… Entonces se dio cuenta
de algo de lo que no había sido consciente hasta ese momento: sí que
podía utilizar el otro brazo.
Mientras Arthur mantenía la tensión sobre el cordel que
“dominaba” a la bruja, vio de pronto cómo esta, con el rostro oculto por la oscuridad,
levantaba totalmente el brazo que tenía libre, colocando la mano abierta con
los dedos juntos y estirados, como si se dispusiera a cortar con ella…
-¡Oh, no! ¡Arthur, cuidado!- Trataba de avisarle Rosalyn…
-¡Apártese señor Arthur! ¡Apártese!- Se desgañitaba Philip…
Pero ambos sabían que estaba demasiado cerca de aquella bruja
terrible… que estaba a su merced…
Por supuesto, Arthur también lo sabía. Aquellos segundos
(los últimos, pensó) se le hicieron eternos contemplando aquella mano que,
probablemente, sería lo último que vería en este mundo…
Pero entonces sucedió algo totalmente inesperado. De algún
modo, una figura femenina con una espada, acababa de cercenar el brazo atrapado
de la bruja, cerca del codo, mientras cruzaba casi volando de un lado al otro,
interponiéndose en la trayectoria de su ataque…
Todo sucedía muy lentamente: Arthur, impactado, no pudo
reconocer en un primer momento a la chica que había aparecido de improviso… el
pelo le cubría completamente la cara… Philip y Rosalyn, todavía no entendían lo
que estaba pasando… Claire veía aterrorizada cómo su brazo se alejaba de ella,
aún enredado en aquel maldito péndulo…
La chica “aterrizó”, dando una ágil voltereta por el suelo
antes de detenerse totalmente, con una rodilla más próxima al suelo que la
otra. Entonces se incorporó, dándose la vuelta, y Arthur pudo reconocerla.
Era
Elizabeth.