lunes, 7 de enero de 2019

La Maldición del Espejo - Capítulo 16

La Maldición del Espejo

Arthur contra la bruja


-¿La espada bendecida?- Repetía un pasmado Hans.
Elizabeth asintió con vehemencia, orgullosa.
-Sí. Se lo puse yo, ¿sabes?
Hans guardó silencio un momento. Luego sonrió.
-Muy bien, chica. ¿Y de qué es capaz esa arma maravillosa?
Ahora fue Elizabeth la que permaneció unos segundos sin hablar; miraba a Hans con mezcla de inocencia y expresión dubitativa…
-No lo sé… sinceramente- confesó al fin.
Ambos dirigieron sus miradas hacia aquel objeto del que, al parecer, ninguno tenía conocimiento alguno…
-Bueno. Pero tú crees que eso puede ayudar a Arthur, ¿no?- Quiso saber Hans, que había adoptado una pose seria y decidida.
Elizabeth advirtió este cambio en el joven. Le respondió de inmediato, aliviada de no haber perdido la confianza de este…
-Sí- dijo, asintiendo con total seguridad en lo que decía.
Hans volvió a alzar la mirada hacia aquel objeto clavado en la fría losa.
-Muy bien. Saquemos esa espada- le dijo a la joven, que permanecía expectante, sonriéndole.
Y los dos ascendieron la vieja escalinata hasta llegar a lo más alto, a la altura de la “espada bendecida”.
Los dos jóvenes se miraron. Entonces Hans asintió.
-Vamos allá.
Elizabeth sonrió, decidida, y sujetó el arma por su lado.
-A la vez…- Le dijo a Hans.
Y ambos se dispusieron a usar todas sus fuerzas para extraer aquel objeto de allí…

Claire se había quedado callada. Estaba muy seria. Arthur juraría que estaba dolida… le daba la impresión de que no le había gustado nada la forma en que se había dirigido a ella…
-De modo que se dedicaba a vencer a los “seres” como yo…- Repitió, con un tono sin apenas variación, confirmándole a Arthur sus sospechas.
La bruja cerró los ojos un momento, como intentando dominar sus emociones (tal y como había venido haciendo todo el tiempo) y los abrió de nuevo, aparentemente más serena… Arthur permanecía atento a lo que aquella mujer le fuese a decir…
Pero Claire no dijo nada. Alzó una mano y la dirigió hacia un sorprendido Arthur, que no pudo hacer nada para evitar salir despedido varios metros hacia atrás y caer de forma estrepitosa sobre el suelo.
-¡Arthur!- Gritó Rosalyn, tremendamente preocupada por él…
-¡Señor Arthur!- El mayordomo temía por la vida del joven…
La bruja permanecía con la mano alzada, apuntando todavía hacia su víctima, con su habitual mirada como si no le importara nada de lo que hubiese a su alrededor.
-Te la debía.
Arthur -que al principio no se movía- comenzó a revolverse lentamente en el suelo.
-Ugh… Vaya golpe… No me lo esperaba- decía, en voz alta pero para si mismo…
Terminó de incorporarse, aunque aún permanecía encogido por el dolor… Entonces, súbitamente, levantó la mirada, desafiante, hacia aquella bruja.
Esta, que lo vio, abrió mucho los suyos, al tiempo que estiraba totalmente la mano que tenía levantada, con la palma apuntando hacia Arthur, separando y estirando los dedos totalmente…
-¡No!- Se lamentaba con impotencia el joven al notar que, en esta ocasión, era su cuerpo el que se agarrotaba de modo que era incapaz de moverlo…
Rosalyn y Philip -atrapados aún en aquellas raíces que los mantenían alejados del suelo- observaban todo lo que ocurría (con la boca abierta y sin parpadear), tan horrorizados que apenas podían emitir sonido…
La bruja, con su mirada sin expresión, mantenía al joven paralizado.
-Y ahora… dame eso.
Arthur comprobó con estupor cómo el péndulo que le había regalado su abuelo paterno en Siria, que sujetaba del cordel aún después de haber “volado” justo hacía un instante, se desprendía de su mano casi sin fuerza y salía disparado hacia la que Claire tenía libre…
Esta cerró la mano una vez tuvo el antiguo objeto en su palma.
-Espero que no te importe que guarde esto yo, cariño- le dijo, sonriendo levemente antes de ser consciente de lo que acababa de decir.
Arthur también escuchó aquella última palabra claramente. Pero decidió no dedicarle un segundo más a aquello…
-¡Dame eso! ¡Bruja!- Le exigió, con rabia, y tratando de paso de hacer como que no había oído nada.
Pero al enfado consigo misma por haber tenido aquel desliz, ahora se unió el cómo se acababa de dirigir a ella ese joven insolente. Y, además, después de lo que acababa de ocurrir…
Esta vez comenzó a cerrar la tensa mano de forma progresiva…
Arthur notaba con horror cómo ahora no solo no se podía mover, sino que era como si estuviese atrapado en un hueco que se fuera estrechando poco a poco… apretaba los dientes y cerraba fuertemente los ojos ante aquel creciente dolor…
Rosalyn ya no podía más. Si no apartaba la mirada se desmayaría sin remedio; de modo que, sintiendo que traicionaba al joven investigador, desvió la vista, con los ojos inundados en lágrimas…
Claire, que ya no podía dominar tan claramente sus emociones internas, aparecía ahora con una expresión de fastidio que, curiosamente, iba agravándose a medida que apretaba más y más el frágil cuerpo de aquel joven mortal…
Arthur llegó a pensar que no lo resistiría. Que aquello era el final. Sus recuerdos del pasado… su infancia, Siria, su abuelo, Hans… iban sustituyendo lo que pasaba a su alrededor y que cada vez parecía tener menos importancia…
Pero un último pensamiento irrumpió en su mente antes de desfallecer: el péndulo. Una imagen clara y nítida que parecía estar queriéndole decir algo… Entonces, como un último gesto antes del final, utilizó sus últimas fuerzas… para abrir la mano derecha.
Claire abrió mucho los ojos nuevamente al percatarse de que aquel objeto desconocido que había conseguido arrebatarle al joven parecía haber cobrado vida en el interior de su mano cerrada. No tuvo más remedio que abrirla ante la huída de aquello hacia donde se encontraba su dueño…
El péndulo llegó hasta la mano de Arthur, el cual notó esto y la cerró enseguida. Mientras tanto, Claire, que se miraba la suya, lastimada, no pudo evitar aflojar la -literalmente- presión que estaba ejerciendo sobre el joven investigador para poder sujetarse la misma un momento al menos…
-¿Cómo es posible esto? No lo había visto nunca… ese péndulo…- Claire temblaba mientras se miraba la mano con expresión incrédula…
Arthur comenzaba a recuperarse. Había estado muy cerca. Estaba empapado en sudor pero el dolor casi había desaparecido por completo…
Rosalyn se atrevió finalmente a mirar y no pudo evitar llorar un momento por la alegría de ver a Arthur bien…
-¡Cuidado señor Arthur!- Le avisó el mayordomo.
Aquel no se había dado cuenta de que una enfurecida bruja Claire volvía a levantar la mano en su dirección.
-¡Basta de juegos!- Exclamó, alzando la voz y apuntándole con la palma totalmente extendida…
Pero esta vez Arthur fue más rápido. Como si hubiese leído el pensamiento del péndulo, sencillamente se limitó a dejarse llevar y lo “lanzó”: levantó la mano hacia delante y apuntando a la bruja… el péndulo salió disparado como una flecha…
Antes de que pudiera reaccionar, Claire abrió más los ojos de forma repentina al notar que “algo” le rozaba la mejilla izquierda, hiriéndola mínimamente. Y cuando fue consciente de lo que acababa de pasar, el péndulo pasaba a toda velocidad a su lado -el contrario- de regreso a las manos de su legítimo dueño…
Arthur solo tuvo que cerrar la mano cuando el objeto llegó hasta su destino.
El joven investigador podía comprobar de forma clara cómo aquella bruja temblaba de furia cada vez menos contenida… Esta lo miraba fijamente, entre furiosa y desconcertada, sin moverse… Rosalyn y Philip permanecían expectantes; no podían imaginarse el giro que iba a dar la situación tan solo unos momentos atrás…
Entonces, una vez más, volvió a retumbar aquella temible voz que no se sabía muy bien de donde venía.
-¡¿Por qué tardas tanto?! ¡¿En serio que no puedes con él?!
Arthur pudo observar cómo Claire reaccionaba ante aquella voz autoritaria. Se diría que sentía auténtico miedo…
Entonces la bruja pareció envalentonarse.
-No es tan fácil. Posee un objeto mediúmnico- contestó, notablemente harta de las exigencias de aquel que se había proclamado su amo tiempo ha…
La voz dejó de escucharse durante unos instantes. El ser maléfico y poderoso al que pertenecía la misma sabía perfectamente que los “objetos mediúmnicos” no podían tomarse a la ligera. Había que acabar con aquel insecto de forma inmediata y arrebatarle el que poseía…
-Mata a la chica. O al otro- ordenó, sin duda refiriéndose a Philip.
Tanto Rosalyn como el mayordomo reaccionaron al saberse el centro de atención, debido al peor de los motivos…
Arthur frunció el ceño y apretó los dientes; adoptó una pose de guardia mientras permanecía atento a lo que una pensativa Claire fuera a hacer en cualquier momento… Ahora esta parecía volver a desechar cualquier rastro de emoción de su bello y triste rostro. Cerró los ojos un segundo y los abrió de golpe. Su mano se alzaba una vez más pero no en dirección al joven investigador…
-¡No! ¡Detente!- Le exigió Arthur al terminar la bruja de colocar el brazo hacia una asustada Rosalyn que abrió mucho los ojos por el miedo que invadió su cuerpo…
-¡Para maldita bruja! ¡Apúntame a mí y no a ella!- La gritaba Philip, desesperado y dejándose la voz…
Rosalyn no podía evitar temblar de forma descontrolada y llorar sin apenas parpadear.
Claire cerró momentáneamente los ojos, como queriendo “controlar” lo que sucedía en su interior en aquella situación. Cuando consideró que lo había conseguido, volvió a dirigir su mirada hacia aquella chica asustada que iba a convertirse en su nueva víctima… Una vez más lo iba a hacer porque se lo habían ordenado.
Pero Arthur no estaba dispuesto a permitir que la bruja cumpliese sus “órdenes”…
Salió corriendo sin pensárselo dos veces, aprovechando unos instantes de distracción de esta -cuya atención estaba totalmente centrada en Rosalyn- para tratar de llegar a su altura.
Cuando se encontraba a una distancia que consideró suficiente, se detuvo en seco y comenzó a levantar la mano en la que portaba el péndulo… Como si todo transcurriera a cámara lenta, Claire desvió la vista lo bastante para advertir la presencia de Arthur a menos de un metro de distancia… no tardó en adivinar sus intenciones, aunque no le daría tiempo a evitar lo inevitable…
Arthur dio un par de giros rápidos al péndulo antes de lanzarlo en toda su extensión y rodear la muñeca de la mano alzada de la bruja; y esta se enfurecía mientras el cordel iba dando vueltas y la aprisionaba sin remedio…
-¡Maldito!- Exclamó, haciendo aparecer su versión más temible.
Arthur no dio un paso atrás. Sujetaba con fuerza y firmeza el cordel del péndulo. Como si tuviera dominada a una bestia rabiosa…
Y realmente era así: la bruja comprobó con incredulidad cómo era absolutamente incapaz de manejar, de mover siquiera, la mano -ni el brazo, hasta el hombro- cuya muñeca permanecía fuertemente aprisionada… haciéndole recordar una sensación que hacía mucho, mucho tiempo que no experimentaba de manera tan evidente: el dolor físico. Pero no era tan solo eso. Para su sorpresa, comenzaba a sangrar por la parte de las ligaduras…
Rosalyn, debido al shock, tardó un poco en darse cuenta de que se había librado del ataque de la bruja. Reaccionó y se sorprendió al contemplar cómo el joven parecía estar dominando la situación…
-¡Muy bien señor Arthur! ¡Acabe con ella!- Le jaleaba el mayordomo desde su propio aprisionamiento…
Claire intentaba zafarse pero no lo conseguía. Lo único que hacía era hacerse más daño y abrir la herida… la sangre resbalaba por el cordel hasta precipitarse al suelo a medio camino del mismo… Entonces clavó la furibunda mirada en el joven investigador, que permanecía en la misma posición, resuelto y concentrado…
-Voy a destrozarte… No voy a permitirte nada más…- Le decía (a pesar de todo, controlándose el tono de voz)…
No se perdonaba a sí misma haberse dejado influenciar por sus sentimientos. Ese había sido su error, pensó… Entonces se dio cuenta de algo de lo que no había sido consciente hasta ese momento: que podía utilizar el otro brazo.
Mientras Arthur mantenía la tensión sobre el cordel que “dominaba” a la bruja, vio de pronto cómo esta, con el rostro oculto por la oscuridad, levantaba totalmente el brazo que tenía libre, colocando la mano abierta con los dedos juntos y estirados, como si se dispusiera a cortar con ella…
-¡Oh, no! ¡Arthur, cuidado!- Trataba de avisarle Rosalyn…
-¡Apártese señor Arthur! ¡Apártese!- Se desgañitaba Philip…
Pero ambos sabían que estaba demasiado cerca de aquella bruja terrible… que estaba a su merced…
Por supuesto, Arthur también lo sabía. Aquellos segundos (los últimos, pensó) se le hicieron eternos contemplando aquella mano que, probablemente, sería lo último que vería en este mundo…
Pero entonces sucedió algo totalmente inesperado. De algún modo, una figura femenina con una espada, acababa de cercenar el brazo atrapado de la bruja, cerca del codo, mientras cruzaba casi volando de un lado al otro, interponiéndose en la trayectoria de su ataque…
Todo sucedía muy lentamente: Arthur, impactado, no pudo reconocer en un primer momento a la chica que había aparecido de improviso… el pelo le cubría completamente la cara… Philip y Rosalyn, todavía no entendían lo que estaba pasando… Claire veía aterrorizada cómo su brazo se alejaba de ella, aún enredado en aquel maldito péndulo…
La chica “aterrizó”, dando una ágil voltereta por el suelo antes de detenerse totalmente, con una rodilla más próxima al suelo que la otra. Entonces se incorporó, dándose la vuelta, y Arthur pudo reconocerla.
Era Elizabeth.