viernes, 29 de julio de 2011
Aviso
Hola. Por el momento, se interrumpe la publicación de "Detective Night" y "Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto". Gracias.
viernes, 22 de julio de 2011
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 3
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
Onto, el hacker.
Onto estaba un día viendo una película sobre un hacker. La película le impactó. El protagonista acababa muy mal. Pero eso no iba a detener a Onto…
-¡Mama, quiero ser hacker!
-Anda, Onto, cómete el boniato.
-¡Mama, seré un hacker!
-Que sí, que sí…
La madre de Onto pensaba que era prácticamente imposible que su hijo aprendiese siquiera a encender un ordenador…
Pero Onto, después de un mes y ocho días, consiguió conectar los cables, los enchufes e iniciar el ordenador. Su madre se sorprendió.
-“Vaya, pensaba que no lo haría nunca…”
Onto entró en Internet. Tras varios años encontró un curso de hacker en una página. Pasaron varios años más y, finalmente, Onto lo logró…
-¡Mama! ¡Que soy hacker!
Su madre estaba sorprendida… Quizá había algo de esperanza para Onto… Pero algo le daba mala espina…
Pasaron otros dos años.
Un día, en la comisaría de policía…
El agente Cabreations estaba indagando en la red interna en busca de información sobre un peligroso delincuente. Estaba furioso; hacía mucho calor y llevaba horas sentado. Buscaba una información que podía ser vital para su detención. Llevaban años siguiéndole la pista. Entonces, cuando encontró, no sabía como, en la red externa un enlace que podría llevarle a dar con su paradero, la página se perdió. Ante la sorpresa del policía, apareció una foto con la cara sonriente de Onto ocupando gran parte de la pantalla. Podía leerse en su camiseta: “Ola, soy jaquer y nabego por Hinternet”.
-¡Pero qué es esto!- Gritó el agente.
Entonces comenzó a aparecer un texto… O algo así…:
“Ola, soy Onto y soy jaquer. Vivo en la calle de la verza, número 22, tercero de. El otro dia bi a un hoso en la tele que seguro que es el nobio de tu madre, ge, ge, ge, ge, ge, ja, ja, ja, ja, jdhsdhuwydwushbdh."
El policía se quedó mirando la pantalla sin mover un músculo. Se levantó y comprobó si tenía balas en su arma. Cogió su walkie-talkie.
-Solicito refuerzos. Veinte antidisturbios armados. Ahora.
Detective Night - Capítulo 3
DETECTIVE NIGHT
El primer caso (3ª parte).
Ahora faltaban las pruebas…
-Izo, ¿puedes venir un momento?- Dijo Hiro mientras comenzaba a caminar hacia la puerta.
-¿Eh? ¡Ah, sí!- Contestó Izo al tiempo que comenzaba a seguirle.
-Aki, ahora venimos.
Aki asintió sin decir nada. Ya sabía lo que iba a hacer el detective.
Cuando estuvieron en el pasillo, Hiro comenzó a mirar a un lado y a otro.
-Supongo que sabes la ubicación de los puestos ocupados por los sospechosos…
-Claro, es mi trabajo. ¿Por dónde empezamos?
-La señorita Valley.
La puerta situada justo a la izquierda del despacho de la víctima daba a una pequeña estancia separada del pasillo por una pared de cristal. Todo estaba muy ordenado y limpio. Hiro analizaba con la mirada cada detalle de la sala tomándose su tiempo, sin apenas moverse de la parte central de la misma.
-¿Hay algo más que hayáis averiguado de la señorita Valley?
-Bueno…- Dijo Izo mientras revisaba por enésima vez su bloc de notas- Es soltera, su familia vive fuera de la ciudad y trabaja en la empresa desde hace unos tres años.
-Bien, podemos irnos. Ahora le toca el turno al señor Glass.
Salieron de la oficina y se dirigieron al final del pasillo. Llegaron a una sala amplia donde había muchos puestos formados por una amplia mesa, una silla con ruedas y un ordenador. En casi todas había multitud de papeles y carpetas. Hiro calculó que habría unos treinta puestos. En el extremo opuesto de la gran sala, a continuación de la puerta de la que venían, había un nuevo pasillo, más corto que el anterior. Llegaron al final y entraron en la puerta que quedaba a la derecha. Se trataba de un cuarto algo pequeño, con varias estanterías llenas de herramientas, productos de limpieza, etc. Hiro observó enseguida que no parecía que hubiese ningún objeto personal en la estancia.
-El señor Glass lleva más de treinta años trabajando en el edificio; desde que lo inauguraron…- Comentó Izo.
-Qué me puedes decir de su familia.
-Está casado y tiene tres hijos; dos son abogados y uno médico.
-Nos queda un sospechoso.
Hiro e Izo volvieron a la gran sala.
-Hum… Veamos- Izo consultaba de nuevo su libreta- Aquel de allá- dijo señalando un puesto situado en la pared de la izquierda.
Como los demás que estaban situados en pared, estaba separado de los contiguos por una barrera. Hiro se aproximó y observó cierto desorden. Le llamó la atención una foto en la que salía el señor Vogler, vestido con un mono, al lado de una mujer más o menos de su edad; estaban muy juntos y ambos sonreían. Detrás de ellos, a no mucha distancia se veía un parapente.
-¿El señor Vogler está casado?- Preguntó Hiro.
-Estaba…- En esta ocasión, Izo no consultó su bloc- Murió hace cuatro meses.
-…
-No se le conoce más familia. El señor Vogler lleva poco más de un año en la empresa.
-¿Cómo se llamaba su mujer?
-Tendría que consultarlo en la base de datos- dijo mientras encendía un ordenador.
Hiro se quedó unos instantes pensativo.
-Ahora vuelvo.
A paso ligero llegó a la sala donde estaban Aki, Teisei y los sospechosos.
-Teisei- dijo nada más entrar.
-Sí- dijo poniéndose firme.
-¿Puedes venir un momento?
Salieron al pasillo.
-¿Puedes ir a buscar en recepción las llaves de la azotea?
-Por supuesto- dijo.
Se dirigió al ascensor y desapareció del pasillo. Al cabo de unos instantes apareció de nuevo con un manojo de llaves en la mano.
-Gracias.
Hiro llamó al otro ascensor y entró. Pulsó el último botón y, al cabo de unos instantes, se detuvo. Al salir se encontró en una estancia muy pequeña con una única puerta ante él. Utilizó las llaves y abrió. El viento silbaba con más fuerza y los sonidos nocturnos del exterior se intensificaron. Hiro quedó con una mano sujetando la puerta mirando fijamente hacia delante.
-Lo sabía…
Rápidamente se dirigió hacia el piso 24. Volvió a la gran sala donde se encontraba Izo.
-Hiro, lo tengo: Amanda Mirlo.
Hiro asintió.
-Gracias, Izo. ¿Podrías decirle a Aki que vuelvo enseguida? Tengo algo que hacer.
-Bien.
Izo sabía que era inútil hacerle preguntas. Ya había visto en otras ocasiones su manera de actuar: ir de un lado a otro y preguntar esto y aquello sin dar explicaciones de lo que pretende o a donde intenta llegar.
Al cabo de una media hora, Hiro regresó a la sala con los demás.
-¿Te habías perdido?- Preguntó Aki con cierto tono de reproche.
-Eeh, no, no…- Contestó Hiro haciendo como que no había percibido dicho tono.
-Hiro…- comenzó a decir Izo al ver la expresión de su amigo.
-Ya sé quién es el asesino.
Se produjo un tenso silencio en la estancia.
-¿Y bien?- Dijo Aki, comenzando a impacientarse.
En ese momento se fue la luz del despacho y se oyó a alguien correr a toda velocidad. Ese alguien salió del despacho y cerró de un portazo.
-¡Teisei, enciende la luz!- Ordenó Aki, consciente de que el agente estaba cerca de un interruptor.
-¡Sí!- Contestó.
Al cabo de unos segundos la estancia volvía a estar iluminada.
Hiro salió corriendo al pasillo y se dirigió al segundo ascensor. Alguien lo estaba utilizando. Cuando se detuvo, Hiro llamó y, cuando Aki salía al pasillo para ver a donde se dirigía el detective, este desapareció.
Los pisos iban sucediéndose. Hiro bajó la mirada y se metió las manos en los bolsillos de los pantalones. Al llegar a lo más alto y abrirse la puerta del ascensor, un viento algo fuerte agitó su pelo y la gabardina, casi dificultándole el avance. Salió al exterior.
-¿Por qué tiene tanta prisa… ¡Señor Vogler!?
El señor Vogler estaba terminando de enfundarse en un mono; estaba situado al lado de un parapente. Miró a Hiro con desprecio.
-¡Déjeme en paz!
-Por eso no se hayó pólvora en su ropa; porque llevaba ese mono en el momento del asesinato. Seguro que además tiene la hoja que falta…
Vogler abrió los ojos de par en par en una expresión de furia y se giró hacia el parapente. El viento comenzaba a soplar con más fuerza. Hiro no se movió. Sonrió levemente. Vogler se colocó en posición y comenzó a correr. Entonces, ante su sorpresa y confusión, vio como el parapente se desmontaba en multitud de piezas mientras él caía y comenzaba a rodar entre hierros que volaban y chocaban en todas direcciones, causando en ocasiones chispas por el suelo y un gran y múltiple estrépito.
Vogler se intentaba levantar, viendo impotente como había quedado su medio de escape. Hiro comenzó a caminar. Vogler se dio cuenta y, enfurecido, con el rostro desencajado, sacó una pistola de uno de los bolsillos del mono y apuntó al detective justo cuando estaba a un metro de distancia. Hiro se detuvo en seco.
-¡Maldita sea!- Exclamó Vogler fuera de sí.
Durante un instante, Hiro observó que Vogler disminuía su atención, mientras maldecía cerrando los ojos con fuerza; le dio una patada al arma y la lanzó varios metros hacia un lado. Vogler se rindió. Cayó de rodillas y agachó la cabeza, abatido.
-Ese maldito…-comenzó a hablar entre sollozos- Despidió a mi mujer, una magnífica empleada, con la escusa del recorte de presupuesto… Mi mujer… Mi mujer… Se suicidó- Se llevó una mano a los ojos- Pero… resulta que… al poco tiempo… ¡Ese miserable va y se toma unas vacaciones por todo lo alto! ¡La vida de mi mujer a cambio de unas vacaciones extra para ese ser despreciable!
Hiro no dijo nada.
La puerta del ascensor se abrió y llegaron Aki e Izo. Hiro dio media vuelta y se dirigió al ascensor.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó Izo, impaciente.
-En el mono que lleva puesto encontrareis restos de pólvora; y en uno de sus bolsillos la hoja que faltaba en el despacho de Change, con los apellidos pertenecientes a la letra “M”.
Ambos policías dirigieron su mirada hacia Vogler, aún de rodillas, con la cabeza agachada y la mirada perdida, al tiempo que Hiro se dirigía al ascensor, alejándose de la escena y de los sonidos de la noche.
Otro coche de la policía llegó a los pies del edificio. Hiro observó como Seitei llevaba al detenido hacia dicho vehículo, y subía detrás; antes se despidió, levantando la mano, de Hiro. Este le devolvió el gesto. Antes de que el coche se comenzara a mover salieron por la puerta principal del edificio Aki e Izo. Aki se acercó a Hiro.
-Parece que lo ha confesado todo. Por lo visto, amenazó a la víctima esta misma noche, diciendo que se arrepentiría de no cuidar mejor a sus empleados. Change se hizo con un informe actualizado de los trabajadores actuales, incluyendo las bajas recientes; pero como le gustaba despedir a alguien cada vez que tenía un “capricho”, quien lo amenazaba podía referirse a varias personas.
-Por eso Vogler se llevó la hoja que podría haberlo delatado; pero no pensó en que, precisamente, esa decisión estrechaba el cerco sobre él. Otro error de asesino principiante…- Dijo Hiro.
-Podrías darle clases…- Comentó Aki con ese tono que utilizaba tan a menudo.
Hiro le dedicó una sonrisa haciéndole ver que había captado dicho tono.
-Oye Hiro, ¿y ahora? ¿Seguirás con nosotros o qué?
Hiro miró hacia el tráfico de la calle ancha que se veía a cierta distancia desde donde había venido.
-Cuando me fui llegué a un trato con Maze. El trato era que, llegado el momento, tendría que colaborar con la policía para resolver determinados casos seleccionados por él. A cambio yo podía dejar el cuerpo y establecerme por mi cuenta, con ciertos privilegios…
-¿Privilegios?- Preguntó Izo, intrigado.
-Información. Hasta ahora no he utilizado este recurso… Pero también pensaba que ya no me llamaría Maze.
-Lo que dice lo cumple, ya lo sabes- intervino Aki.
Hiro asintió.
-Izo, diles a los otros dos que se pueden ir- dijo la inspectora.
-Sí.
-¡Ah, Izo! Dale al señor Glass las gracias de mi parte por su caja de herramientas…
-¿Algo más?- Dijo en un tono de broma.
Los tres sonrieron.
Cuando Hiro y Aki se quedaron solos, ella se dirigió al detective.
-Antes de que vuelvas a tu casa, tienes que ir a ver a Maze; quiere hablar contigo y sabes que a estas horas aún se encuentra en la comisaría…
-De acuerdo.
Se quedaron mirándose unos instantes sin saber que decir.
-Nos veremos- dijo Aki comenzando a retroceder hacia el coche de policía.
-Sí- contestó Hiro haciendo lo propio hacia el suyo.
El detective subió a su vehículo y tomó rumbo a la comisaría.
No había ya muchos vehículos en la parte inferior del edificio de dos plantas. A Hiro le llegaron sensaciones y recuerdos que siempre lo acompañaban, pero que ahora se hacían más intensos en aquel lugar. Al entrar vio a varios agentes que no conocía. Tampoco a la mujer que se encontraba tras un escritorio, concentrada en su ordenador, la había visto antes.
-Hola- dijo Hiro intentando que le hiciera caso.
La mujer lo miró como si le costara abandonar lo que estaba haciendo. Era una mujer madura, de unos cincuenta años; tenía el pelo corto entre rubio y blanco, y los ojos castaños. Llevaba gafas y era muy atractiva. No dijo nada.
-Me llamo Hiro Red y vengo para hablar con el comisario. Me espera…
La mujer asintió.
-Supongo que conoce el camino- dijo señalando hacia el fondo, donde se divisaba un ascensor y unas escaleras.
-Gracias.
La mujer no le quitó la vista de encima hasta que hubo desparecido por las escaleras.
Al llegar al primer piso, atravesó el pasillo formado entre la multitud de puestos que utilizaban los agentes hasta llegar al despacho del final.
“Maze, Kaito. Comisario”, rezaba la placa de la puerta. Hiro tocó.
-Adelante- contestó una voz grave desde el interior.
Hiro abrió y cruzó el umbral. Ante él se encontraba un hombre muy corpulento, no muy alto, con el pelo muy corto, de color negro y con abundantes canas; tenía bigote y barba recortada, el rostro duro y ojos negros y penetrantes. Vestía con camisa blanca y pantalones grises. Estaba de pie revisando unos informes. Al ver a Hiro su expresión se llenó de afabilidad sin abandonar la dureza.
-¡Hiro! ¡Me alegro de verte!
-Yo también, señor. Supongo que no le sorprende demasiado mi presencia…
Maze sonrió y comenzó a reír.
-¡Claro que no! Ya me he encargado de que sea así… ¿Cómo estás?
-Bastante mejor…
-Me alegro.
-Aki me ha dicho que quería hablar conmigo.
A Maze le cambió la expresión y se puso serio.
-Acércate- dijo al tiempo que se dirigía a una estantería.
Extrajo una gruesa carpeta. Hiro se apróximó a la amplia mesa. El comisario se dirigió al detective.
-Ahora te explicaré el auténtico motivo de por qué te he mandado llamar…
viernes, 15 de julio de 2011
Plan de publicación.
Hola. El plan de publicación será el siguiente:
-Detective Night: aproximadamente semanal.
-Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto: aproximadamente semanal.
Además de la aparición puntual de otros escritos.
Gracias.
-Detective Night: aproximadamente semanal.
-Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto: aproximadamente semanal.
Además de la aparición puntual de otros escritos.
Gracias.
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 2
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
Onto en el supermercado.
En la sección de frío del supermercado, delante de los helados, había un niño de unos siete años, mirando con atención los diferentes sabores e imaginándose que se los comía todos mientras esquiava en una montaña de helado de nata.
Súbitamente, sus dulces pensamientos fueron interrumpidos por la aparición de una figura redonda que se plantó delante de él. El niño retrocedió asustado y vio a un tipo muy extraño que le mostraba lo que ponía en su camiseta escrito con rotulador: “Ha mi me gusta el chocolates”. El niño miraba inquieto alternativamente de la frase, que le dañaba los ojos, a la cara sonriente de aquel tío que iba vestido con unas bermudas de color verde fosforescente, que se los dañaban aún más.
-¡Sí, a mí me gusta el chocolate! ¡Y la sandía!- Exclamó.
Al niño se le revolvió el estómago y comenzó a experimentar unas violentas náuseas. Salió corriendo. Llegó al encuentro de su madre.
-¿Qué te pasa Timmy?
-Mamá… Mam… ¡Bleeeeerggg!
-¡Oh, no, Timmy!
-¡Bleeeeeeeeeergggg!
Timmy no podía parar. Cada vez que se le venía a la cabeza la visión de aquel tío raro le daba un asco que no podía refrenar.
La gente de alrededor miraba hacia el lugar. Algunos apartaban la mirada, contagiados por el asco.
-¡Bleeeeerggg!
-¡Timmy! ¡¿Qué ha pasado?!
Al preguntarle esto volvió a recordar aquella cara…
-¡Bleeeeeeeeeeergggggg!
Hasta el lugar acudieron varios miembros del departamento de limpieza, pidiendo a la gente que dejaran paso. Al llegar al lugar no podían creer lo que veían. Uno de ellos cogío un walkie-talkie.
-Necesitaremos refuerzos…
Onto se dirigió a la caja donde su madre terminaba de poner la compra.
-No habrás hecho nada… ¿verdad?
-¡No, mama!
Pero la madre de Onto no se quedó tranquila…
En el aparcamiento terminaron de colocar las cosas de la compra en el coche y subieron al mismo para marcharse. En un momento determinado, unos metros antes de salir por la puerta del aparcamiento, llegaron a la altura de un coche que quedaba a la derecha. En el asiento trasero de este coche estaba Timmy, con los ojos entrecerrados, echado hacia atrás en el respaldo. La ventanilla de Onto quedaba a la misma altura. Entonces Timmy tuvo una mala sensación y se giró hacia el coche que se había puesto al lado. Inmediatamente, Onto se cogió la camiseta señalando la frase a la vez que ponía una cara sonriente con la boca abierta más exagerada que la anterior. Timmy abrió los ojos de par en par.
-¡Bleeeeeeeeeeeeeeeeeeerggggggggggggggg!
Detective Night - Capítulo 2
DETECTIVE NIGHT
El primer caso (2ª parte).
Hiro se dirigía en su coche, un vehículo que tenía unos diez años, de color gris oscuro, hacia el edificio Seal, tal y como le había indicado la voz femenina al otro lado del teléfono especial. Era noche cerrada. La ciudad estaba ya iluminada artificialmente. Hacía algo de brisa fresca, algo propio de un día de septiembre, con el otoño cada vez más cerca. Los edificios iban pasando a su lado y los viandantes aparecían y desparecían a ambos lados de las calles. Aún estaban abiertos la mayoría de los comercios, aunque faltaba poco para que cerrasen sus puertas.
Hiro no había podido quitarse de la cabeza la “visita” de Aki. Sinceramente, pensaba que no la vería, como mínimo, hasta que no hubiera pasado mucho más tiempo… o nunca más.
Entonces su pensamiento se centró en la información que le habían dado hacía un cuarto de hora. Al parecer se había producido un asesinato de motivaciones desconocidas en uno de los despachos del edificio al cual se dirigía. Había hecho un trato con el comisario Kaito Maze y estaba dispuesto a cumplirlo, pero no acababa de entender por qué tenía que ir él a resolver un caso que tampoco le parecía tan complicado…
Ya comenzaba a divisar el edificio Seal, un complejo de oficinas de considerable magnitud, en todos los sentidos.
Llegó a los pies del edificio y vio dos coches de policía aparcados. Un agente, bastante joven, se acercó al coche de Hiro cuando este disminuyó la velocidad buscando aparcamiento.
-¿Señor Red?
Hiro bajó la ventanilla.
-Sí.
-Me han encargado que le espere aquí para llevarle a la escena del crimen. Ahí tiene un sitio para aparcar- dijo señalando un espacio situado más adelante en el otro lado de la calle.
-Bien, gracias.
Cuando hubo aparcado se acercó al policía, que apenas sobrepasaba la veintena. Este estaba visiblemente nervioso y se puso firme llevándose la mano a la altura de la sién.
-Perdone que no me haya presentado antes. Mi nombre es Teisei Chair. Es un honor trabajar con usted.
Hiro se sintió algo abrumado.
-Anda, no seas exagerado…
-En serio, he oído hablar mucho sobre usted, cuando era policía…- Teisei se detuvo al pensar que quizá estaba hablando demasiado.
Hiro no dijo nada, pero le dio una leve palmada en la espalda al joven policía para que se tranquilizase cuando comenzaron a caminar hacia la entrada del edificio.
Al entrar, Hiro observó que no había nadie en la recepción. Se dirigieron al ascensor y se introdujeron en el interior. Teisei tecleó “24” en el panel.
-¿Quién más ha venido?- Preguntó Hiro, por curiosidad y por rellenar el silencio.
-La inspectora Wind y el subinspector Brown.
-¡¿Subinspector Brown?!
-Sí… ¿Le conoce?
-Sí… Sí que le conozco.
Cuando llegaron al piso 24, un larguísimo pasillo enmoquetado se extendía ante ellos. Caminaron casi un minuto hasta llegar a una estancia que tenía la puerta abierta. Primero cruzó Teisei. Cuando entró Hiro vio a Aki delante de tres personas: una mujer joven con aspecto de secretaria, un hombre mayor que, al juzgar por la forma de vestir debía ser de mantenimiento y un hombre de unos cuarenta años con camisa de manga corta y corbata. Y al girar la cabeza a la derecha vio a un hombre algo bajo, con un poco de barriga, el pelo castaño oscuro casi rizado, y los ojos del mismo color.
-¡Hiro!- Exclamó al ver al detective.
Se dirigió inmediatamente hacia el recién llegado y le abrazó efusivamente.
-¡Izo! ¡Me alegro de verte!- Dijo al tiempo que le devolvía el abrazo.
-¡Así que era verdad! ¡Vuelves a trabajar con nosotros!
-No exactamente- intervino Aki.
Izo miró a Hiro con extrañeza y algo de preocupación repentina.
-En realidad sigo siendo detective y, por lo tanto, ex-policía. Pero a partir de ahora parece que nos vamos a ver a menudo…
Izo pareció algo más conforme.
-Si os parece, podríamos ponernos con el caso- dijo Aki mostrando deliberadamente una poco creíble indiferencia. Sabía muy bien que Hiro e Izo había sido desde siempre grandes amigos.
-De acuerdo- dijo Izo mientras pasaba a la página anterior de su bloc de notas.
Hiro dio un amplio vistazo a la estancia. Cuando su mirada llegó a las ventanas vio la cabeza y parte del cuerpo de la víctima. Comenzó a dirigirse hacia aquella zona.
-La víctima se llama Giancarlo Change, 58 años, director de personal de Watcorp, una empresa dedicada a la fabricación y venta de piscinas, atracciones acuáticas, etc. Este era su despacho. Presenta un disparo en el pecho.
-¿Se han llevado algo?- Preguntó Hiro.
-No parece que hayan robado nada. Y eso que aquí hay una caja fuerte y objetos de valor en los estantes…- Intervino Teisei.
Hiro se fijó en los papeles que había desperdigados por la mesa. Se acercó y comenzó a reunirlos.
-Son listas de empleados. No parece que tengan importancia…- Volvió a hablar Teisei.
Hiro se fijó en un detalle.
-Aquí falta una hoja. Están numeradas y faltan las páginas 7 y 8. Parece que sí que se han llevado algo…
-¿Y para qué querría el asesino una hoja con nombres de empleados?- Preguntó Izo.
-¿Hay algún detalle más que deba saber?
Izo revisó de nuevo sus notas.
-¡Ah, sí! El despacho estaba cerrado desde fuera.
-¿Desde fuera? Eso indica que no es un asesino profesional. ¿Para qué necesita cerrar desde fuera? Seguramente era la primera vez que asesinaba y los nervios le llevaron a hacer algo tan inútil pensando que ganaría tiempo o algo así.
-Es exactamente lo que dijo la inspectora en cuanto llegamos- comentó Teisei.
Hiro y Aki cruzaron las miradas. Hiro se dirigió a su altura.
-Supongo que estos son los sospechosos…
-Ella es Selena Valley; es la secretaria de la víctima y se encargaba de la recepción durante esta noche. La señorita Valley ha sido la que ha encontrado el cuerpo y ha dado el aviso.
-Perdonen, es muy tarde, ¿me puedo ir?- Preguntó la mujer, de cerca de 30 años, con el pelo corto y pegado a la cabeza, castaño y ojos castaño claro detrás de unas gafas de montura de color verde.
-Me temo que no, señorita Valley- contestó Aki, muy serena.
Selena Valley resopló y giró la cabeza.
-No parece que le preocupe demasiado la muerte de su jefe…- Observó Hiro.
La mujer abrió los ojos de par en par.
-¡¿Qué dice?! ¡¿Sabe el susto que me he llevado?!
-Susto… pero no disgusto…
Selena Valley se dio cuenta de lo que mostraba con su actitud y prefirió callar mientras se mordía el labio inferior de rabia.
-Tenemos al señor Frank Glass, jefe de mantenimiento de esta planta.
-De esta planta y de once más- corrigió el hombre, que sobrepasaba los sesenta años, algo bajo, muy delgado, casi calvo del todo, con el pelo y el bigote de color blanco y unos pequeños y cansados ojos azules.
-¿Cuándo termina su jornada laboral?- Le preguntó Hiro.
-A las diez de la noche.
-El asesinato tuvo lugar pasadas las diez de la noche- intervino Izo, libreta en mano.
-Claro, y por eso el asesino soy yo, no te fastidia…- Dijo el señor Glass, claramente irritado.
-Veo que es capaz de frivolizar pese a que la víctima está presente…- Comentó Hiro.
-Por ese imbécil soy capaz de frivolizar, de insultar y de darle un buen puñetazo si aún estuviera vivo…
Hiro iba a hablar, pero optó por callar.
-Y este es el señor Robert Vogler- dijo Aki refiriéndose a un hombre de estatura media, pelo negro con algo de entradas, ojos oscuros y gafas de pasta.
Hiro se fijó en que Vogler no le había quitado la vista de encima a sus “compañeros” mientras habían intervenido.
-El señor Vogler tiene su puesto de trabajo a pocos metros de aquí, en la sala central. Le hemos preguntado que hacía aquí a estas horas y dice que hacía horas extra.
-Ya ven…- Comenzó a hablar Vogler- Encima que me quedo unas horas más en esta maldita oficina con ese desalmado y resulta que se me acusa de asesinato…- Dijo desviando la mirada, conteniéndose.
-De momento “solo” es sospechoso…- Rectificó Hiro- ¿Me equivoco o a usted tampoco le caía muy bien la víctima?
El señor Vogler parecía que iba a estallar.
-Le aseguro que más gente de la que piensa hubiese acabado con aquel desgraciado mucho antes…
Hiro guardó silencio.
-Y estos son los sospechosos. Hemos revisado la cámara de seguridad de recepción y nadie ha salido del edificio desde que se produjera la hora de la muerte.
-¿No hay más gente en el edificio?- Preguntó extrañado Hiro.
-Casualmente, hoy finalizó la actividad más temprano que de costumbre, ya que una vez al mes los trabajadores se van antes para ahorrar energía- dijo Izo.
-¡Eso son estupideces!- Intervino el señor Glass.- Si echaran a más de uno que se tira el día delante del ordenador sin hacer nada entonces sí que ahorrarían de verdad…
-Perdone que le contradiga, pero la empresa, y el edificio, ahorran una cantidad considerable de dinero con esas horas de cierre anticipado- dijo la señorita Valley.
El señor Glass comenzó a renegar en voz baja.
-El ahorro de verdad sería si sinvergüenzas como Change no viera aumentados sus ya abultados ingresos con el despido injusto y estúpido de trabajadores de verdad…- Dijo amargamente el señor Vogler, casi más para si mismo que para los demás, mirando hacia un punto lejano más allá de la pared.
Se produjo un largo silencio. Solo se oían los coches circulando en el exterior nocturno. Comenzó a soplar algo de viento que silbaba y, en ocasiones, golpeaba levemente los ventanales.
Hiro cruzó los brazos y se llevó una mano a la barbilla. Se quedó pensativo, abstraído de todo lo que había a su alrededor. Con la información de que disponía y lo que había visto y oído, creía que ya sabía quién era el asesino…
jueves, 7 de julio de 2011
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 1
Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto
¡Hola, soy Onto!
Onto es un chaval muy especial. Pesa “algo” más de lo normal; tiene el pelo negro y alborotado, y unos pequeños ojos oscuros. Le gusta vestir con bermudas de colores chillones y camisetas blancas con diferentes mensajes que él mismo escribe con rotulador negro. A Onto le gusta pasar el tiempo mirando la televisión y llevando a cabo sus “divertidas” ocurrencias. Vive con su madre, la cual viste normalmente con vestidos estampados de flores que dañan la vista si uno se los queda mirando demasiado rato; suele pasar el tiempo realizando las tareas del hogar y gritando a su hijo cada vez que este “hace algo”. Lleva gafas más grandes de lo necesario; tiene el pelo algo rizado y rubio oscuro y sus ojos son pequeños y de color castaño claro.
“Devo tirar de la cisternas” era la frase que llevaba escrita hoy Onto en su camiseta. Era un día especialmente caluroso de verano.
-¡Qué calor!- Exclamó la madre de Onto.
-¡Mama! ¡Yo también tengo mucho calor!
-Anda, enciende el aire acondicionado.
Onto alargó su regordeta mano hacia el mando a distancia del aparato; pero antes de cogerlo, se detuvo y se quedó pensando unos instantes.
-¡Ya lo tengo, mama!
-¿Eh? ¿Qué dices? ¿Por qué no enc…?
Onto salió corriendo a la cocina, y su madre escuchó como llegaba hasta la galería. No sabía para qué rayos había ido hasta allí, pero no le gustaba…
Empezaron a oírse unos fuertes golpes metálicos contra el suelo y las paredes a medida que se acercaba al salón.
-¿Pero qué es…?
-¡Mira mama! ¡Así no pasaremos frío!
La madre de Onto vio atónita como este depositaba con un fuerte golpe una bombona de butano en el suelo. Entonces vió horrorizada que su retoño tenía un mechero encendido en la otra mano.
-¡¿Qué haces?!
-He cogido este tronquito naranja que tenemos ahí. A lo mejor no hace mucho, pero yo creo que será suficiente…
Sin pensárselo dos veces, Onto dirigió la llama hacia la boquilla abierta del “tronquito naranja”.
-¡NOOOOOO, DESGRACIAD…!
BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOUUUUUUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.
…
Tras la nube de polvo, entre la lluvia de cascotes, aparecieron Onto y su madre, negros por el chamusque.
-Onto… Onto… Voy a… Voy a…
-¡Pues sí que va bien! ¡Voy a por más!
Y este es un día normal en la vida de Onto...
lunes, 4 de julio de 2011
Detective Night - Capítulo 1
Alguien observa la ciudad nocturna desde el exterior de la parte más elevada de la torre del mirador. Las luces de Blue City inundan el suelo como las estrellas el cielo despejado. La expresión del joven es seria y la mirada distante. El viento agita el pelo negro y la gabardina con insistencia. Se acercan cambios…
DETECTIVE NIGHT
El primer caso (1ª parte).
Pasaban las diez de la noche en el edificio Seal, un complejo de oficinas en el centro de Blue City. Pocas luces se veían ya desde el exterior. En el piso 24 un hombre de mediana edad, pelo blanco y bastante corpulento caminaba por el pasillo revisando unos papeles. Se le veía visiblemente preocupado; sudaba y tenía los ojos muy abiertos sobre los papeles que iba mirando atentamente. Se detuvo ante una puerta que tenía una placa plateada: “director de personal”. Entró y cerró con llave. Encendió la luz. Era una estancia amplia con estanterías llenas de carpetas y objetos de decoración de lo más variado. Al fondo, delante de unos amplios ventanales que mostraban la ciudad en la noche, iluminada por doquier artificialmente, se situaba su gran escritorio. Sobre la mesa había un ordenador portátil, una pluma de oro y multitud de papeles aquí y allá. Se dirigió con más velocidad hacia su gran y mullida silla y, antes de sentarse, lanzó los papeles de cualquier manera sobre la mesa. Estaba a punto de sentarse cuando entrelazó las manos detrás de la espalda y se dirigió pensativo hacia los ventanales. Miraba sin mirar hacia el horizonte. Súbitamente se dirigió hacia la mesa y dio un fuerte golpe con el puño sobre la misma. Aparecía con el rostro desencajado, la mirada perdida y los dientes apretados. Entonces, algo le llamó la atención. Levantó la vista y abrió la boca por la sorpresa. Comenzó a balbucear.
-Pero… pero… ¡Tú!
Una sombra, desde la oscuridad, levantó la mano junto a la pistola que sostenía, del que surgió un fogonazo unido a un gran estruendo. El proyectil impactó en el pecho del hombre, el cual, sin dejar de mirar a su agresor, cayó hacia atrás de espaldas, chocando con los ventanales, agrietándolos ligeramente antes de deslizarse hacia el suelo; momentos en los cuales terminó de expirar.
La figura se acercó rápidamente a la mesa y comenzó a registrar los papeles que su víctima acababa de dejar encima, al tiempo que iba mirando hacia la puerta por si se acercaba alguien. Parece que encontró lo que buscaba. Se dirigió de prisa hacia la puerta, sacó una llave de un bolsillo tras guardar el arma, abrió y se fue tras cerrarla de nuevo con la llave. El silencio de adueñó del edificio durante unos minutos hasta que unos pasos de mujer se dirigieron al despacho y un gritó de horror atravesó la noche.
Unas horas antes, en la agencia de detectives Red, la puerta de la entrada, situada en el segundo piso del número 36 de la calle Ocean, se abría dejando entrar la luz natural que llegaba desde las ventanas del pasillo exterior. Entró un hombre de 29 años, 1,80 de estatura, ataviado con una gabardina azul marino. Tenía el pelo liso, algo largo, de color negro y los ojos azul oscuro. Atravesó la amplia estancia hasta llegar a las ventanas cerradas. Abrió las persianas venecianas hasta que la sala se inundó con la luz de la tarde. Del exterior llegaba el ruido de los coches y de la gente al pasar. Aunque la calle Ocean no era de las más grandes, solía ser muy concurrida. El personaje se quedó mirando la calle unos instantes mientras se apoyaba con la mano y el brazo extendido en la pared, ligeramente inclinado. Tenía la vaga esperanza de que alguna de las personas que veía caminar allí abajo se dirigiera hacia el edificio para reclamar sus servicios. Después de unos minutos, desistió. Se quitó la gabardina y la lanzó al sofá al pasar junto a él. Llevaba una camisa gris oscuro que se arremangó, pantalones vaqueros negros y botas del mismo color. Entonces cayó en la cuenta. Fue deprisa al escritorio situado ante las ventanas y pulsó un botón del teléfono fijo situado en un lado.
-*No tiene mensajes.*
-Alguna vez me gustaría escuchar algo diferente… para variar- dijo mientras pulsaba otro botón, visiblemente molesto.
Se dirigió hacia el sofá y cogió el periódico que había sobre la mesa: el “Blue City Chronicle”. Lo ojeó unos instantes sin ver nada que le interesara y lo lanzó sobre la mesa. Acto seguido se echó hacia atrás resoplando y cerrando los ojos. Se quedó dormido.
El sonido del timbre de abajo lo despertó. Tardó unos segundos en reaccionar: “¡¿será un cliente?!” Pensó al tiempo que se levantaba de un salto. Se dirigió a toda velocidad hacia el interfono. Miró la pequeña pantalla y solo pudo distinguir que se trataba de una mujer. Pulsó el botón que abría la puerta, exultante, y se puso a adecentarse el pelo y la ropa. Dejó la puerta entreabierta y se situó a cierta distancia con las manos en los bolsillos y adoptando una pose de “interesante” con la cabeza mirando hacia un lado, ligeramente hacia abajo y los ojos cerrados. Al escuchar los pasos y la puerta abriéndose supo que había llegado la hora de entrar en acción.
-Hola. Mi nombre es Hiro Red, detective. ¿En qué pudo ayudarla?
-Ya sé quién eres- contestó una mujer joven cuya voz le resultaba muy familiar.
-¡Aki! ¡Eres tú!- Exclamó sorprendido al tiempo que deshacía la pose.
Aki era una joven de la misma edad que Hiro. Medía 1,75, tenía el pelo largo, un poco más allá del cuello, no del todo liso, rojo intenso y los ojos verde claro. Iba vestida con una chaqueta ajustada color gris claro, una camiseta negra, también ajustada, con algo de escote y falda del mismo color que la chaqueta; llevaba unos zapatos de tacón bajo del mismo color que la camiseta y un cinturón donde llevaba su placa de inspectora de la policía de Blue City y su arma.
-Si te hubieses fijado en la pantalla del interfono…
-¿El inter…? ¡Ah, sí! Es que…
-Ya… en cuanto has visto que se trataba de una mujer no has necesitado más información...
-…
Poco a poco Hiro se calmó.
-Bueno, pasa. ¿Qué tal todo?- Dijo, intentando parecer tranquilo, casi indiferente.
-Ya conoces como es este trabajo… No tenemos ni un momento de respiro. Y más si cierto agente decide dejarlo todo…
Hiro intentó mantener la calma.
-De todos modos, sé que te encanta; sean cuales sean las condiciones…
-Y así es. Este trabajo es mi vida.
-Y este la mía.
El ambiente se había tensado notablemente.
-Aki… Aunque a lo mejor no te lo creas, me alegro de verte… pero sé que no has venido a visitarme porque sí. ¿Te envía Maze?
Aki parecía dispuesta a replicar, pero pasaron unos segundos y se limitó a contestar a Hiro.
-Exacto. Como de costumbre, has acertado…
-¿Cómo está?
-Si le llamases alguna vez lo sabrías- Aki no se molestó en disimular el tono de reproche.
Hiro no contestó.
-El motivo de mi “visita” es entregarte esto- dijo mientras sacaba el bolsillo de su chaqueta un teléfono móvil de color rojo.- Este teléfono es una línea segura con la comisaría de policía. El comisario me ha explicado que hicisteis un trato. Pues bien, ha llegado la hora de cumplirlo.
Hiro se quedó pensativo.
-“El trato…”
-Por supuesto, serás remunerado.
Al oír estas palabras, Hiro se acordó de que en su nevera casi podía sonar el eco. Pero sus auténticas motivaciones eran otras…
-Muy bien. Cumpliré mi parte del trato- dijo antes de coger el teléfono que Aki le ofrecía mientras esta no dejaba de mirarle.
Ambos mantuvieron la mirada durante unos instantes antes de apartarla al mismo tiempo.
Aki se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Antes de abrir, se detuvo y se giró levemente.
-Me alegro de que vuelvas…
-Hiro se sorprendió… Aunque no demasiado.
-Y yo de volver.
Aki se fue y Hiro se quedó de pie durante largos minutos con el teléfono en la mano. Volvió a sentarse en el sofá y se pasó el resto de la tarde dándole vueltas a la cabeza hasta que quedó casi a oscuras. Solo iluminaba la estancia la luz de la farola situada justo enfrente de las ventanas. El pensamiento de Hiro se había ido tiempo atrás y sentimientos cruzados le inundaron por dentro.
Entonces el teléfono que le había dado Aki sonó.
-¿Sí?
-Detective Red, tiene un caso.
Presentación
Hola. Bienvenidos a "La Nave del Imaginante". En este blog irán apareciendo con una periodicidad determinada varias series, además de escritos puntuales. Espero que disfruteis de las historias tanto como yo al escribirlas. Muchas Gracias.
Comienza el viaje...
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