lunes, 4 de julio de 2011

Detective Night - Capítulo 1

Alguien observa la ciudad nocturna desde el exterior de la parte más elevada de la torre del mirador. Las luces de Blue City inundan el suelo como las estrellas el cielo despejado. La expresión del joven es seria y la mirada distante. El viento agita el pelo negro y la gabardina con insistencia. Se acercan cambios…     


                                                               DETECTIVE NIGHT

                                                            El primer caso (1ª parte).


Pasaban las diez de la noche en el edificio Seal, un complejo de oficinas en el centro de Blue City. Pocas luces se veían ya desde el exterior. En el piso 24 un hombre de mediana edad, pelo blanco y bastante corpulento caminaba por el pasillo revisando unos papeles. Se le veía visiblemente preocupado; sudaba y tenía los ojos muy abiertos sobre los papeles que iba mirando atentamente. Se detuvo ante una puerta que tenía una placa plateada: “director de personal”. Entró y cerró con llave. Encendió la luz. Era una estancia amplia con estanterías llenas de carpetas y objetos de decoración de lo más variado. Al fondo, delante de unos amplios ventanales que mostraban la ciudad en la noche, iluminada por doquier artificialmente, se situaba su gran escritorio. Sobre la mesa había un ordenador portátil, una pluma de oro y multitud de papeles aquí y allá. Se dirigió con más velocidad hacia su gran y mullida silla y, antes de sentarse, lanzó los papeles de cualquier manera sobre la mesa. Estaba a punto de sentarse cuando entrelazó las manos detrás de la espalda y se dirigió pensativo hacia los ventanales. Miraba sin mirar hacia el horizonte. Súbitamente se dirigió hacia la mesa y dio un fuerte golpe con el puño sobre la misma. Aparecía con el rostro desencajado, la mirada perdida y los dientes apretados. Entonces, algo le llamó la atención. Levantó la vista y abrió la boca por la sorpresa. Comenzó a balbucear.
-Pero… pero… ¡Tú!
Una sombra, desde la oscuridad, levantó la mano junto a la pistola que sostenía, del que surgió un fogonazo unido a un gran estruendo. El proyectil impactó en el pecho del hombre, el cual, sin dejar de mirar a su agresor, cayó hacia atrás de espaldas, chocando con los ventanales, agrietándolos ligeramente antes de deslizarse hacia el suelo; momentos en los cuales terminó de expirar.
La figura se acercó rápidamente a la mesa y comenzó a registrar los papeles que su víctima acababa de dejar encima, al tiempo que iba mirando hacia la puerta por si se acercaba alguien. Parece que encontró lo que buscaba. Se dirigió de prisa hacia la puerta, sacó una llave de un bolsillo tras guardar el arma, abrió y se fue tras cerrarla de nuevo con la llave. El silencio de adueñó del edificio durante unos minutos hasta que unos pasos de mujer se dirigieron al despacho y un gritó de horror atravesó la noche.

Unas horas antes, en la agencia de detectives Red, la puerta de la entrada, situada en el segundo piso del número 36 de la calle Ocean, se abría dejando entrar la luz natural que llegaba desde las ventanas del pasillo exterior. Entró un hombre de 29 años, 1,80 de estatura, ataviado con una gabardina azul marino. Tenía el pelo liso, algo largo, de color negro y los ojos azul oscuro. Atravesó la amplia estancia hasta llegar a las ventanas cerradas. Abrió las persianas venecianas hasta que la sala se inundó con la luz de la tarde. Del exterior llegaba el ruido de los coches y de  la gente al pasar. Aunque la calle Ocean no era de las más grandes, solía ser muy concurrida. El personaje se quedó mirando la calle unos instantes mientras se apoyaba con la mano y el brazo extendido en la pared, ligeramente inclinado. Tenía la vaga esperanza de que alguna de las personas que veía caminar allí abajo se dirigiera hacia el edificio para reclamar sus servicios. Después de unos minutos, desistió. Se quitó la gabardina y la lanzó al sofá al pasar junto a él. Llevaba una camisa gris oscuro que se arremangó, pantalones vaqueros negros y botas del mismo color. Entonces cayó en la cuenta. Fue deprisa al escritorio situado ante las ventanas y pulsó un botón del teléfono fijo situado en un lado.
-*No tiene mensajes.*
-Alguna vez me gustaría escuchar algo diferente… para variar- dijo mientras pulsaba otro botón, visiblemente molesto.
Se dirigió hacia el sofá y cogió el periódico que había sobre la mesa: el “Blue City Chronicle”. Lo ojeó unos instantes sin ver nada que le interesara y lo lanzó sobre la mesa. Acto seguido se echó hacia atrás resoplando y cerrando los ojos. Se quedó dormido.
El sonido del timbre de abajo lo despertó. Tardó unos segundos en reaccionar: “¡¿será un cliente?!” Pensó al tiempo que se levantaba de un salto. Se dirigió a toda velocidad hacia el interfono. Miró la pequeña pantalla y solo pudo distinguir que se trataba de una mujer. Pulsó el botón que abría la puerta, exultante, y se puso a adecentarse el pelo y la ropa. Dejó la puerta entreabierta y se situó a cierta distancia con las manos en los bolsillos y adoptando una pose de “interesante” con la cabeza mirando hacia un lado, ligeramente hacia abajo y los ojos cerrados. Al escuchar los pasos y la puerta abriéndose supo que había llegado la hora de entrar en acción.
-Hola. Mi nombre es Hiro Red, detective. ¿En qué pudo ayudarla?
-Ya sé quién eres- contestó una mujer joven cuya voz le resultaba muy familiar.
-¡Aki! ¡Eres tú!- Exclamó sorprendido al tiempo que deshacía la pose.
Aki era una joven de la misma edad que Hiro. Medía 1,75, tenía el pelo largo, un poco más allá del cuello, no del todo liso, rojo intenso y los ojos verde claro. Iba vestida con una chaqueta ajustada color gris claro, una camiseta negra, también ajustada, con algo de escote y falda del mismo color que la chaqueta; llevaba unos zapatos de tacón bajo del mismo color que la camiseta y un cinturón donde llevaba su placa de inspectora de la policía de Blue City y su arma.
-Si te hubieses fijado en la pantalla del interfono…
-¿El inter…? ¡Ah, sí! Es que…
-Ya… en cuanto has visto que se trataba de una mujer no has necesitado más información...
-…
Poco a poco Hiro se calmó.
-Bueno, pasa. ¿Qué tal todo?- Dijo, intentando parecer tranquilo, casi indiferente.
-Ya conoces como es este trabajo… No tenemos ni un momento de respiro. Y más si cierto agente decide dejarlo todo…
Hiro intentó mantener la calma.
-De todos modos, sé que te encanta; sean cuales sean las condiciones…
-Y así es. Este trabajo es mi vida.
-Y este la mía.
El ambiente se había tensado notablemente.
-Aki… Aunque a lo mejor no te lo creas, me alegro de verte… pero sé que no has venido a visitarme porque sí. ¿Te envía Maze?
Aki parecía dispuesta a replicar, pero pasaron unos segundos y se limitó a contestar a Hiro.
-Exacto. Como de costumbre, has acertado…
-¿Cómo está?
-Si le llamases alguna vez lo sabrías- Aki no se molestó en disimular el tono de reproche.
Hiro no contestó.
-El motivo de mi “visita” es entregarte esto- dijo mientras sacaba el bolsillo de su chaqueta un teléfono móvil de color rojo.- Este teléfono es una línea segura con la comisaría de policía. El comisario me ha explicado que hicisteis un trato. Pues bien, ha llegado la hora de cumplirlo.
Hiro se quedó pensativo.
-“El trato…”
-Por supuesto, serás remunerado.
Al oír estas palabras, Hiro se acordó de que en su nevera casi podía sonar el eco. Pero sus auténticas motivaciones eran otras…
-Muy bien. Cumpliré mi parte del trato- dijo antes de coger el teléfono que Aki le ofrecía mientras esta no dejaba de mirarle.
Ambos mantuvieron la mirada durante unos instantes antes de apartarla al mismo tiempo.
Aki se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Antes de abrir, se detuvo y se giró levemente.
-Me alegro de que vuelvas…
-Hiro se sorprendió… Aunque no demasiado.
-Y yo de volver.
Aki se fue y Hiro se quedó de pie durante largos minutos con el teléfono en la mano. Volvió a sentarse en el sofá y se pasó el resto de la tarde dándole vueltas a la cabeza hasta que quedó casi a oscuras. Solo iluminaba la estancia la luz de la farola situada justo enfrente de las ventanas. El pensamiento de Hiro se había ido tiempo atrás y sentimientos cruzados le inundaron por dentro.
Entonces el teléfono que le había dado Aki sonó.
-¿Sí?
-Detective Red, tiene un caso.

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