viernes, 15 de julio de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 2

                                         Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                            Onto en el supermercado.


En la sección de frío del supermercado, delante de los helados, había un niño de unos siete años, mirando con atención los diferentes sabores e imaginándose que se los comía todos mientras esquiava en una montaña de helado de nata.
Súbitamente, sus dulces pensamientos fueron interrumpidos por la aparición de una figura redonda que se plantó delante de él. El niño retrocedió asustado y vio a un tipo muy extraño que le mostraba lo que ponía en su camiseta escrito con rotulador: “Ha mi me gusta el chocolates”. El niño miraba inquieto alternativamente de la frase, que le dañaba los ojos, a la cara sonriente de aquel tío que iba vestido con unas bermudas de color verde fosforescente, que se los dañaban aún más.
-¡Sí, a mí me gusta el chocolate! ¡Y la sandía!- Exclamó.
Al niño se le revolvió el estómago y comenzó a experimentar unas violentas náuseas. Salió corriendo. Llegó al encuentro de su madre.
-¿Qué te pasa Timmy?
-Mamá… Mam… ¡Bleeeeerggg!
-¡Oh, no, Timmy!
-¡Bleeeeeeeeeergggg!
Timmy no podía parar. Cada vez que se le venía a la cabeza la visión de aquel tío raro le daba un asco que no podía refrenar.
La gente de alrededor miraba hacia el lugar. Algunos apartaban la mirada, contagiados por el asco.
-¡Bleeeeerggg!
-¡Timmy! ¡¿Qué ha pasado?!
Al preguntarle esto volvió a recordar aquella cara…
-¡Bleeeeeeeeeeergggggg!
Hasta el lugar acudieron varios miembros del departamento de limpieza, pidiendo a la gente que dejaran paso. Al llegar al lugar no podían creer lo que veían. Uno de ellos cogío un walkie-talkie.
-Necesitaremos refuerzos…

Onto se dirigió a la caja donde su madre terminaba de poner la compra.
-No habrás hecho nada… ¿verdad?
-¡No, mama!
Pero la madre de Onto no se quedó tranquila…

En el aparcamiento terminaron de colocar las cosas de la compra en el coche y subieron al mismo para marcharse. En un momento determinado, unos metros antes de salir por la puerta del aparcamiento, llegaron a la altura de un coche que quedaba a la derecha. En el asiento trasero de este coche estaba Timmy, con los ojos entrecerrados, echado hacia atrás en el respaldo. La ventanilla de Onto quedaba a la misma altura. Entonces Timmy tuvo una mala sensación y se giró hacia el coche que se había puesto al lado. Inmediatamente, Onto se cogió la camiseta señalando la frase a la vez que ponía una cara sonriente con la boca abierta más exagerada que la anterior. Timmy abrió los ojos de par en par.
-¡Bleeeeeeeeeeeeeeeeeeerggggggggggggggg!

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