DETECTIVE NIGHT
El primer caso (3ª parte).
Ahora faltaban las pruebas…
-Izo, ¿puedes venir un momento?- Dijo Hiro mientras comenzaba a caminar hacia la puerta.
-¿Eh? ¡Ah, sí!- Contestó Izo al tiempo que comenzaba a seguirle.
-Aki, ahora venimos.
Aki asintió sin decir nada. Ya sabía lo que iba a hacer el detective.
Cuando estuvieron en el pasillo, Hiro comenzó a mirar a un lado y a otro.
-Supongo que sabes la ubicación de los puestos ocupados por los sospechosos…
-Claro, es mi trabajo. ¿Por dónde empezamos?
-La señorita Valley.
La puerta situada justo a la izquierda del despacho de la víctima daba a una pequeña estancia separada del pasillo por una pared de cristal. Todo estaba muy ordenado y limpio. Hiro analizaba con la mirada cada detalle de la sala tomándose su tiempo, sin apenas moverse de la parte central de la misma.
-¿Hay algo más que hayáis averiguado de la señorita Valley?
-Bueno…- Dijo Izo mientras revisaba por enésima vez su bloc de notas- Es soltera, su familia vive fuera de la ciudad y trabaja en la empresa desde hace unos tres años.
-Bien, podemos irnos. Ahora le toca el turno al señor Glass.
Salieron de la oficina y se dirigieron al final del pasillo. Llegaron a una sala amplia donde había muchos puestos formados por una amplia mesa, una silla con ruedas y un ordenador. En casi todas había multitud de papeles y carpetas. Hiro calculó que habría unos treinta puestos. En el extremo opuesto de la gran sala, a continuación de la puerta de la que venían, había un nuevo pasillo, más corto que el anterior. Llegaron al final y entraron en la puerta que quedaba a la derecha. Se trataba de un cuarto algo pequeño, con varias estanterías llenas de herramientas, productos de limpieza, etc. Hiro observó enseguida que no parecía que hubiese ningún objeto personal en la estancia.
-El señor Glass lleva más de treinta años trabajando en el edificio; desde que lo inauguraron…- Comentó Izo.
-Qué me puedes decir de su familia.
-Está casado y tiene tres hijos; dos son abogados y uno médico.
-Nos queda un sospechoso.
Hiro e Izo volvieron a la gran sala.
-Hum… Veamos- Izo consultaba de nuevo su libreta- Aquel de allá- dijo señalando un puesto situado en la pared de la izquierda.
Como los demás que estaban situados en pared, estaba separado de los contiguos por una barrera. Hiro se aproximó y observó cierto desorden. Le llamó la atención una foto en la que salía el señor Vogler, vestido con un mono, al lado de una mujer más o menos de su edad; estaban muy juntos y ambos sonreían. Detrás de ellos, a no mucha distancia se veía un parapente.
-¿El señor Vogler está casado?- Preguntó Hiro.
-Estaba…- En esta ocasión, Izo no consultó su bloc- Murió hace cuatro meses.
-…
-No se le conoce más familia. El señor Vogler lleva poco más de un año en la empresa.
-¿Cómo se llamaba su mujer?
-Tendría que consultarlo en la base de datos- dijo mientras encendía un ordenador.
Hiro se quedó unos instantes pensativo.
-Ahora vuelvo.
A paso ligero llegó a la sala donde estaban Aki, Teisei y los sospechosos.
-Teisei- dijo nada más entrar.
-Sí- dijo poniéndose firme.
-¿Puedes venir un momento?
Salieron al pasillo.
-¿Puedes ir a buscar en recepción las llaves de la azotea?
-Por supuesto- dijo.
Se dirigió al ascensor y desapareció del pasillo. Al cabo de unos instantes apareció de nuevo con un manojo de llaves en la mano.
-Gracias.
Hiro llamó al otro ascensor y entró. Pulsó el último botón y, al cabo de unos instantes, se detuvo. Al salir se encontró en una estancia muy pequeña con una única puerta ante él. Utilizó las llaves y abrió. El viento silbaba con más fuerza y los sonidos nocturnos del exterior se intensificaron. Hiro quedó con una mano sujetando la puerta mirando fijamente hacia delante.
-Lo sabía…
Rápidamente se dirigió hacia el piso 24. Volvió a la gran sala donde se encontraba Izo.
-Hiro, lo tengo: Amanda Mirlo.
Hiro asintió.
-Gracias, Izo. ¿Podrías decirle a Aki que vuelvo enseguida? Tengo algo que hacer.
-Bien.
Izo sabía que era inútil hacerle preguntas. Ya había visto en otras ocasiones su manera de actuar: ir de un lado a otro y preguntar esto y aquello sin dar explicaciones de lo que pretende o a donde intenta llegar.
Al cabo de una media hora, Hiro regresó a la sala con los demás.
-¿Te habías perdido?- Preguntó Aki con cierto tono de reproche.
-Eeh, no, no…- Contestó Hiro haciendo como que no había percibido dicho tono.
-Hiro…- comenzó a decir Izo al ver la expresión de su amigo.
-Ya sé quién es el asesino.
Se produjo un tenso silencio en la estancia.
-¿Y bien?- Dijo Aki, comenzando a impacientarse.
En ese momento se fue la luz del despacho y se oyó a alguien correr a toda velocidad. Ese alguien salió del despacho y cerró de un portazo.
-¡Teisei, enciende la luz!- Ordenó Aki, consciente de que el agente estaba cerca de un interruptor.
-¡Sí!- Contestó.
Al cabo de unos segundos la estancia volvía a estar iluminada.
Hiro salió corriendo al pasillo y se dirigió al segundo ascensor. Alguien lo estaba utilizando. Cuando se detuvo, Hiro llamó y, cuando Aki salía al pasillo para ver a donde se dirigía el detective, este desapareció.
Los pisos iban sucediéndose. Hiro bajó la mirada y se metió las manos en los bolsillos de los pantalones. Al llegar a lo más alto y abrirse la puerta del ascensor, un viento algo fuerte agitó su pelo y la gabardina, casi dificultándole el avance. Salió al exterior.
-¿Por qué tiene tanta prisa… ¡Señor Vogler!?
El señor Vogler estaba terminando de enfundarse en un mono; estaba situado al lado de un parapente. Miró a Hiro con desprecio.
-¡Déjeme en paz!
-Por eso no se hayó pólvora en su ropa; porque llevaba ese mono en el momento del asesinato. Seguro que además tiene la hoja que falta…
Vogler abrió los ojos de par en par en una expresión de furia y se giró hacia el parapente. El viento comenzaba a soplar con más fuerza. Hiro no se movió. Sonrió levemente. Vogler se colocó en posición y comenzó a correr. Entonces, ante su sorpresa y confusión, vio como el parapente se desmontaba en multitud de piezas mientras él caía y comenzaba a rodar entre hierros que volaban y chocaban en todas direcciones, causando en ocasiones chispas por el suelo y un gran y múltiple estrépito.
Vogler se intentaba levantar, viendo impotente como había quedado su medio de escape. Hiro comenzó a caminar. Vogler se dio cuenta y, enfurecido, con el rostro desencajado, sacó una pistola de uno de los bolsillos del mono y apuntó al detective justo cuando estaba a un metro de distancia. Hiro se detuvo en seco.
-¡Maldita sea!- Exclamó Vogler fuera de sí.
Durante un instante, Hiro observó que Vogler disminuía su atención, mientras maldecía cerrando los ojos con fuerza; le dio una patada al arma y la lanzó varios metros hacia un lado. Vogler se rindió. Cayó de rodillas y agachó la cabeza, abatido.
-Ese maldito…-comenzó a hablar entre sollozos- Despidió a mi mujer, una magnífica empleada, con la escusa del recorte de presupuesto… Mi mujer… Mi mujer… Se suicidó- Se llevó una mano a los ojos- Pero… resulta que… al poco tiempo… ¡Ese miserable va y se toma unas vacaciones por todo lo alto! ¡La vida de mi mujer a cambio de unas vacaciones extra para ese ser despreciable!
Hiro no dijo nada.
La puerta del ascensor se abrió y llegaron Aki e Izo. Hiro dio media vuelta y se dirigió al ascensor.
-¿Qué ha pasado?- Preguntó Izo, impaciente.
-En el mono que lleva puesto encontrareis restos de pólvora; y en uno de sus bolsillos la hoja que faltaba en el despacho de Change, con los apellidos pertenecientes a la letra “M”.
Ambos policías dirigieron su mirada hacia Vogler, aún de rodillas, con la cabeza agachada y la mirada perdida, al tiempo que Hiro se dirigía al ascensor, alejándose de la escena y de los sonidos de la noche.
Otro coche de la policía llegó a los pies del edificio. Hiro observó como Seitei llevaba al detenido hacia dicho vehículo, y subía detrás; antes se despidió, levantando la mano, de Hiro. Este le devolvió el gesto. Antes de que el coche se comenzara a mover salieron por la puerta principal del edificio Aki e Izo. Aki se acercó a Hiro.
-Parece que lo ha confesado todo. Por lo visto, amenazó a la víctima esta misma noche, diciendo que se arrepentiría de no cuidar mejor a sus empleados. Change se hizo con un informe actualizado de los trabajadores actuales, incluyendo las bajas recientes; pero como le gustaba despedir a alguien cada vez que tenía un “capricho”, quien lo amenazaba podía referirse a varias personas.
-Por eso Vogler se llevó la hoja que podría haberlo delatado; pero no pensó en que, precisamente, esa decisión estrechaba el cerco sobre él. Otro error de asesino principiante…- Dijo Hiro.
-Podrías darle clases…- Comentó Aki con ese tono que utilizaba tan a menudo.
Hiro le dedicó una sonrisa haciéndole ver que había captado dicho tono.
-Oye Hiro, ¿y ahora? ¿Seguirás con nosotros o qué?
Hiro miró hacia el tráfico de la calle ancha que se veía a cierta distancia desde donde había venido.
-Cuando me fui llegué a un trato con Maze. El trato era que, llegado el momento, tendría que colaborar con la policía para resolver determinados casos seleccionados por él. A cambio yo podía dejar el cuerpo y establecerme por mi cuenta, con ciertos privilegios…
-¿Privilegios?- Preguntó Izo, intrigado.
-Información. Hasta ahora no he utilizado este recurso… Pero también pensaba que ya no me llamaría Maze.
-Lo que dice lo cumple, ya lo sabes- intervino Aki.
Hiro asintió.
-Izo, diles a los otros dos que se pueden ir- dijo la inspectora.
-Sí.
-¡Ah, Izo! Dale al señor Glass las gracias de mi parte por su caja de herramientas…
-¿Algo más?- Dijo en un tono de broma.
Los tres sonrieron.
Cuando Hiro y Aki se quedaron solos, ella se dirigió al detective.
-Antes de que vuelvas a tu casa, tienes que ir a ver a Maze; quiere hablar contigo y sabes que a estas horas aún se encuentra en la comisaría…
-De acuerdo.
Se quedaron mirándose unos instantes sin saber que decir.
-Nos veremos- dijo Aki comenzando a retroceder hacia el coche de policía.
-Sí- contestó Hiro haciendo lo propio hacia el suyo.
El detective subió a su vehículo y tomó rumbo a la comisaría.
No había ya muchos vehículos en la parte inferior del edificio de dos plantas. A Hiro le llegaron sensaciones y recuerdos que siempre lo acompañaban, pero que ahora se hacían más intensos en aquel lugar. Al entrar vio a varios agentes que no conocía. Tampoco a la mujer que se encontraba tras un escritorio, concentrada en su ordenador, la había visto antes.
-Hola- dijo Hiro intentando que le hiciera caso.
La mujer lo miró como si le costara abandonar lo que estaba haciendo. Era una mujer madura, de unos cincuenta años; tenía el pelo corto entre rubio y blanco, y los ojos castaños. Llevaba gafas y era muy atractiva. No dijo nada.
-Me llamo Hiro Red y vengo para hablar con el comisario. Me espera…
La mujer asintió.
-Supongo que conoce el camino- dijo señalando hacia el fondo, donde se divisaba un ascensor y unas escaleras.
-Gracias.
La mujer no le quitó la vista de encima hasta que hubo desparecido por las escaleras.
Al llegar al primer piso, atravesó el pasillo formado entre la multitud de puestos que utilizaban los agentes hasta llegar al despacho del final.
“Maze, Kaito. Comisario”, rezaba la placa de la puerta. Hiro tocó.
-Adelante- contestó una voz grave desde el interior.
Hiro abrió y cruzó el umbral. Ante él se encontraba un hombre muy corpulento, no muy alto, con el pelo muy corto, de color negro y con abundantes canas; tenía bigote y barba recortada, el rostro duro y ojos negros y penetrantes. Vestía con camisa blanca y pantalones grises. Estaba de pie revisando unos informes. Al ver a Hiro su expresión se llenó de afabilidad sin abandonar la dureza.
-¡Hiro! ¡Me alegro de verte!
-Yo también, señor. Supongo que no le sorprende demasiado mi presencia…
Maze sonrió y comenzó a reír.
-¡Claro que no! Ya me he encargado de que sea así… ¿Cómo estás?
-Bastante mejor…
-Me alegro.
-Aki me ha dicho que quería hablar conmigo.
A Maze le cambió la expresión y se puso serio.
-Acércate- dijo al tiempo que se dirigía a una estantería.
Extrajo una gruesa carpeta. Hiro se apróximó a la amplia mesa. El comisario se dirigió al detective.
-Ahora te explicaré el auténtico motivo de por qué te he mandado llamar…
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