jueves, 7 de julio de 2011

Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto - Capítulo 1

                                         Las, cuando menos, curiosas aventuras de Onto

                                                                   ¡Hola, soy Onto!


Onto es un chaval muy especial. Pesa “algo” más de lo normal; tiene el pelo negro y alborotado, y unos pequeños ojos oscuros. Le gusta vestir con bermudas de colores chillones y camisetas blancas con diferentes mensajes que él mismo escribe con rotulador negro. A Onto le gusta pasar el tiempo mirando la televisión y llevando a cabo sus “divertidas” ocurrencias. Vive con su madre, la cual viste normalmente con vestidos estampados de flores que dañan la vista si uno se los queda mirando demasiado rato; suele pasar el tiempo realizando las tareas del hogar y gritando a su hijo cada vez que este “hace algo”. Lleva gafas más grandes de lo necesario; tiene el pelo algo rizado y rubio oscuro y sus ojos son pequeños y de color castaño claro.

“Devo tirar de la cisternas” era la frase que llevaba escrita hoy Onto en su camiseta. Era un día especialmente caluroso de verano.
-¡Qué calor!- Exclamó la madre de Onto.
-¡Mama! ¡Yo también tengo mucho calor!
-Anda, enciende el aire acondicionado.
Onto alargó su regordeta mano hacia el mando a distancia del aparato; pero antes de cogerlo, se detuvo y se quedó pensando unos instantes.
-¡Ya lo tengo, mama!
-¿Eh? ¿Qué dices? ¿Por qué no enc…?
Onto salió corriendo a la cocina, y su madre escuchó como llegaba hasta la galería. No sabía para qué rayos había ido hasta allí, pero no le gustaba…
Empezaron a oírse unos fuertes golpes metálicos contra el suelo y las paredes a medida que se acercaba al salón.
-¿Pero qué es…?
-¡Mira mama! ¡Así no pasaremos frío!
La madre de Onto vio atónita como este depositaba con un fuerte golpe una bombona de butano en el suelo. Entonces vió horrorizada que su retoño tenía un mechero encendido en la otra mano.
-¡¿Qué haces?!
-He cogido este tronquito naranja que tenemos ahí. A lo mejor no hace mucho, pero yo creo que será suficiente…
Sin pensárselo dos veces, Onto dirigió la llama hacia la boquilla abierta del “tronquito naranja”.
-¡NOOOOOO, DESGRACIAD…!
BOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOUUUUUUUUUUUUUUUUUUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM.


Tras la nube de polvo, entre la lluvia de cascotes, aparecieron Onto y su madre, negros por el chamusque.
-Onto… Onto… Voy a… Voy a…
-¡Pues sí que va bien! ¡Voy a por más!

Y este es un día normal en la vida de Onto...

No hay comentarios:

Publicar un comentario