El Atraco
A pesar de haber pocas nubes en aquella mañana de primavera tardía, estas tapaban constantemente el sol, que aún así iluminaba el cielo azul sobre la gran urbe… Desde arriba se distinguía, majestuosamente erguido, el Banco Capital, el más importante de la ciudad, semejante a un edificio de arquitectura clásica, con dos leones custodiando a la mitad de las interminables escalinatas; aunque, había quien pensaba, que aquellos dos leones más bien parecían dos demonios…
En la parte alta de la “pirámide”, cerca de la gran y ornamentada puerta principal, semioculto por las imponentes columnas que rodeaban la parte frontal del edificio gris oscuro, se encontraba un tipo fumando…
Era un individuo de no mucho más de treinta años, alto y tirando a delgado; llevaba gafas de sol, el pelo negro y engominado hacia atrás; iba ataviado con un traje blanco, camisa negra (con el botón de arriba desabotonado), zapatos betún, brillantes, y cinturón también negro. Llevaba una mochila, de color azul claro y rosa, ligeramente cargada, que desentonaba claramente con el resto del vestuario. En aquellos momentos se encontraba apoyado de espaldas en la pared, con un pie subido y contra la misma, sujetando con una mano una de las correas de la mochila, que llevaba colgada solo de un lado, y con la otra terminándose el cigarrillo…
Al cabo de unos minutos, sin perder de vista el reloj de más abajo, situado en medio de la amplia avenida, sobre una isleta, que marcaba las 10:35, terminó su cigarro y lo tiró al suelo, pisándolo después mientras exhalaba el humo que le quedaba. Alzó la cabeza, decidido. Había llegado la hora.
Cruzó la puerta giratoria de cristal que lo separaba del interior del edificio, a la vez que dos clientes, un hombre y una mujer que no parecían tener relación alguna entre ellos, pasaban por el otro lado, todos entre aquellos breves cubículos transparentes… Ahora ya se hallaba en el interior.
Ante él se alzaba una estancia inmensa, donde el sonido inevitablemente reverberaba, con un techo altísimo, donde estaba situado un reloj de gran tamaño que parecía dominar todo lo demás… El tono de la iluminación del lugar era de un color cálido tirando a apagado; el suelo de mármol reflejaba casi como si fuera un espejo, creando la sensación ilusoria de que aquel sitio parecía más grande de lo que realmente ya era…
Tras observar atentamente a su alrededor, se fijó en la gente que había; no era mucha, para ser día laboral y a aquellas horas. Pero la mayoría tenía una característica común: parecían autómatas, individuos que hacían lo que se les ordenaba (“si tienes dinero, llévalo al banco de inmediato”), con expresiones apagadas y sumisas… Solo unos cuantos, claramente pudientes, parecían esbozar una extraña sonrisa al salir de aquel lugar con el “deber” cumplido… Se le revolvieron las tripas.
Ahora dirigió su atención a los puestos donde atendían a los clientes. Algunos consistían en amplias mesas, todas ocupadas… En los otros puestos, tras un mostrador de madera lacada, había varias colas, no demasiado largas… En una de ellas, en la que solo quedaba un señor mayor con torpe andar, atendía una chica jovencita y muy atractiva. No se lo pensó dos veces.
Se acercó y esperó pacientemente a que aquel buen hombre cobrara su paupérrima pensión… mientras tanto, se dedicó a disimular, mirando como con curiosidad hacia todos los rincones de aquel fastuoso lugar… Vio, a lo lejos, a un guardia de seguridad; pero este, fondón, estaba distraído mirando a través de uno de los ventanales… Por fin le tocaba a él.
-Hola, buenos días. ¿En qué puedo atenderle?- Le dijo la joven, con una sonrisa y un dulce y elaborado tono amable…
No pudo evitar fijarse en aquel bombón: no tendría ni veinticinco años, de altura media y no muy delgada, de formas voluptuosas…; era guapísima, con una media melena ,lisa, de color castaño y ojos del mismo color, claros; vestía con blusa blanca (que casi transparentaba), falda negra y tacones. Le atendía de pie.
Mientras aún se recreaba los oídos (y la vista) con aquella chica, miró a un lado y a otro antes de contestar… Era el momento.
-Espero que no te asustes demasiado- le dijo, dedicándole una sonrisa…
La joven no entendía nada.
El tipo apartó uno de los lados de su americana dejando a la vista una pistola, negra, que guardaba medio metida en el pantalón, delante y a un lado. La cogió de inmediato y apuntó a aquella dulce jovencita…
-Se… Señor…- Comenzó esta a balbucear mientras no quitaba la vista del cañón de aquel arma que la apuntaba…
Aquel tipo decidió que no era adecuado seguir sonriendo…
-Escucha- comenzó a decir bajando un poco la voz.- Solo dame lo que te pida y me iré tranquilamente- trató de razonar… Observó que aquella chica, aunque asustada, no lo estaba tanto como cabría pensar…
“Además de guapa, valiente”, decidió. La chica no supo qué contestar. Tenía las manos levantadas…
-¿Qué… Qué quiere…?- Dijo, nerviosa…
El tipo, vigilando a su alrededor, volvió a esbozar una media sonrisa…
-2.870 dólares… con 50- completó, casi a punto de olvidarlo…
La joven se quedó perpleja. No le había dicho que le diera todo el dinero que pudiera… sino que le había pedido una cantidad concreta… Aquel tipo tan extraño le puso la mochila de llamativos colores sobre el mostrador y volvió a hablar.
-Mételo todo ahí, anda. Por favor- le pidió, casi con auténtica amabilidad…
La chica, aún extrañada, recogió la bolsa y comenzó a reunir apresuradamente el dinero, observada atentamente por aquel curioso atracador…
En un momento determinado, este vio algo que no era correcto…
-Espera. Fíjate bien: me estás dando de más…
En aquel momento, la chica abrió bastante los ojos: ¿se estaba riendo de ella? ¿Todo aquello era una tomadura de pelo o qué? No podía evitar pensar, comenzándose a enfadar incluso… Le dirigió una mirada hostil que aquel tipo sintió sin saber durante un momento que cara poner…
Al cabo de unos instantes, la chica ya tenía la cantidad exacta. Cerró la mochila y se la dejó sobre el mostrador de mala gana… Aquel tipo se acercó, sonriendo de satisfacción, y recogió su mochila, colgándosela de nuevo al hombro…
-Muchas gracias, guapa- le dijo, en el tono más galán que pudo, a aquella malhumorada joven que lo fulminaba con la mirada…
Tan contento que ya mostraba los dientes, se dispuso a marcharse de aquel deprimente lugar tras haber cumplido su objetivo…
-¡Una pistola!- Gritó un joven histérico desde la cola de más a la derecha…
Aquel tipo se recriminó que no había tenido cuidado de guardar antes el arma… Ahora ya era tarde…
La alarma se extendió como la pólvora… algunos ya emprendían la huida hacia la salida… el guardia de seguridad se llevó la mano a su arma y, torpemente, fue corriendo hacia aquel posible atracador… la chica, disimuladamente, caminaba hacia atrás, en dirección al botón que avisaría de inmediato a la policía…
Pero él estaba preparado para aquella previsible situación.
-¡Alto! ¡Qué nadie se mueva!- Exclamó, con la pistola en alto, alzando la voz aunque con un tono calmo…
Aquellas palabras tuvieron su efecto inmediato: todo el mundo se quedó estático, como si fuera alguna clase de juego… La chica pulsó el botón. El atracador continuó hablando.
-Hagan el favor de tranquilizarse. Y tú… tira eso- le dijo al guardia de seguridad, que lo apuntaba con un revólver sudando sin parar, dirigiéndole aquel la mirilla de su arma…
El guardia, al ver la expresión de seguridad de aquel tipo, visible aunque llevara aquellas gafas, dejó de apuntarle, extendiendo los brazos y llevando lentamente la pistola al suelo… El tipo, al ver esto, sonrió satisfecho.
Pero sabía que ya no sería tan fácil salir de allí…
Los pasos de las botas de aquellos tres individuos resonaban de forma marcial en aquel pasillo que parecía no acabarse nunca… Delante iba un hombre joven, de complexión y altura media; y detrás de este, uno al lado del otro, una joven, también de estatura y peso en la media, con el pelo lila recogido en una cola, y un tipo más bajo y entrado en kilos… todos iban ataviados con los ropajes grises y con partes magenta del servicio de limpieza; cada uno con botas negras, guantes del mismo color y su respectiva gorra que les ocultaba la mirada… Avanzaban muy seguros y con paso ligero…
-¿Qué ha pasado con el de la sala de cámaras?- Preguntó el que iba delante, sin detenerse…
-Al parecer, había ido a tomar un café…- Dijo la mujer, con tono reprobatorio…
-¿Y el guardia de seguridad?- Quiso saber el otro tipo…
-Ese es un inepto. Creo que es un familiar del director…- Comentó el primero, sin poder ocultar un deje de desprecio en su voz…
Se produjo un segundo de silencio, solo interrumpido por el sonido de sus pasos…
-Viendo el panorama, no era de extrañar que esto pasara tarde o temprano…- Dijo el tipo que iba atrás, resoplando…
-No os quejéis. Esta semana nos toca a nosotros. Todos vamos a pasar por lo mismo…- Intentó calmar los ánimos el que aún iba en cabeza…
Ya se aproximaban a la puerta situada al final del pasillo…
-¿A quién se le ocurrió esto?- Preguntó la mujer, casi quejándose…
El tipo que iba a su lado dirigió una mirada expectante al otro, esperando su respuesta…
-“Tenemos la suerte de participar en un programa pionero en la seguridad de los bancos, donde la gente guarda su dinero y sus ilusiones…”, creo que decía el nuevo inspector jefe…- Dijo, sin perder la ocasión de gesticular burlonamente…
-La policía debería dedicarse a otras cosas… y no a “programas pioneros”…- Aseveró la mujer…
Ninguno de los otros dos dijo nada. Pero todos estaban de acuerdo; y no eran los únicos…
Por fin llegaron a la puerta que los separaba de la sala principal…
La doble puerta se abrió de par en par y entraron tranquilamente y sin bajar el ritmo… a pesar de que ya habían comenzado a ver a la gente asustada aquí y allá… Ahora habían divisado al atracador… Este les oyó primero y les vio después, en seguida.
-Alto, chicos. Quedaos donde estáis- les avisó el atracador.
Los tres recién llegados se detuvieron a la vez. Se quedaron de pie, estáticos, como en formación… Esto le mosqueó…
-Solo venimos a hacer nuestro trabajo. Limpiar este lugar- dijo el primero, ahora delante y en el centro, levantando la vista, desafiante… Su pelo era algo largo, rebelde y castaño claro, y sus ojos verde oscuro; tendría más o menos su edad…
Los otros dos también alzaron la mirada, igualmente de desafío… La mujer tenía los ojos del mismo color que el cabello, maquillada con lápiz negro en los mismos y un rojo intenso en los labios… El otro tipo tenía el pelo negro y rizado, con barba de pocos días… Tras observarles (y fijarse bien en la mujer), sonrió socarronamente.
-Pues tenéis el día libre. Por lo menos un rato…- Les comunicó con tono arrogante a aquellos tres…
A estos no les hizo ninguna gracia…
Entonces se acercó a la chica que le había “atendido” antes…
-Y dime… ¿Cuánto tardarán en llegar tus amigos?- Le preguntó, insinuante, apoyándose sobre el mostrador…
La chica, temblando ligeramente, no pudo evitar dirigir una mirada hacia alguien situado en algún punto detrás de él… y este se dio perfectamente cuenta… Era lo que temía.
-Déjate de tonterías y suelta la pistola- le dijo una voz masculina tras él, seguida del inconfundible sonido de la retirada del seguro de un arma…
Antes de girarse, sonrió, con una mezcla de seguridad y conciencia de peligro…
-Me parece que no sois del equipo de limpieza- aseguró, habiendo perdido de vista a los otros dos…
El falso limpiador, le apuntaba con una pistola, a escasos metros de distancia. Todo el mundo en la enorme sala guardaba silencio y contenía la respiración, viendo cómo se desarrollaban los acontecimientos… Entonces, ya confiado en su victoria, el agente de policía infiltrado comenzó a acercarse…
-Vamos. Suelta el arma te he dicho- le dijo, dejando claro que ya no estaba para juegos…
Pero él no estaba jugando. Tenía el arma hacia el suelo, y miraba hacia el mismo, controlando al otro de reojo, esperando… Este perdió la paciencia.
-¡Que sueltes…!- Comenzó a ordenar…
Pero no pudo terminar de hablar ante aquello, que no se había esperado: con una rápida y precisa patada, aquel maldito atracador le había desarmado en un momento… Y antes de que pudiera reaccionar, le propinó otra patada con la otra pierna en la cara… El falso limpiador cayó fulminado al suelo.
-Pues vaya…- Dijo, casi decepcionado, mientras le veía tendido en el suelo sin sentido…
Entonces un disparo casi le alcanza, impactando en el mostrador… Dirigió la mirada rápidamente hacia el origen del proyectil… Vio al otro tipo, que aún le apuntaba desde detrás de una columna…
-¡¿Qué haces?! ¡¿Es que no ves que podrías darle a ella?!- Exclamó, furioso, señalando a la chica, a la que se le habían doblado las piernas por el susto y ahora temblaba sentada en el suelo y apoyada en la pared…
Rápidamente, se apartó del mostrador para evitar poner en peligro la vida de aquella chica… El otro aguzó la vista: ¡¿dónde se había metido?!
Súbitamente, aquel atracador apareció a su lado y le dio un tremendo puñetazo de gancho en el estómago que hizo que casi se le salieran los ojos de las órbitas…
-A gente como tú no deberían permitirles formar parte de la policía…- Le espetó el atracador, muy en serio…
El otro, doliéndose, alzó con esfuerzo la cabeza, apretando los dientes de rabia por aquellas palabras con las que no quería estar de acuerdo… Y entonces abrió mucho los ojos.
El atracador le dio un potente puñetazo en toda la cara que lo tiró hacia atrás, saliéndole un pequeño chorro de sangre de la nariz que quedó en el aire unos instantes y volándole un par de dientes que tintinearon al caer al suelo… cayó de espaldas, ya sin conocimiento… Pero esta vez el atracador no sonrió: le quedaba lo más difícil…
La mujer policía permanecía escondida tras otra de las columnas. No tenía ni idea de dónde estaba en aquellos momentos aquel atípico atracador… Pero estaba claro que era peligroso…
Entonces oyó algo a su lado, como si alguien golpeara con el nudillo una superficie… Se giró al instante y apuntó con su arma. Pero no había nada. Volvió a escuchar algo… lo mismo. Entonces decidió tomar la iniciativa…
Salió de su “escondite” y apuntó hacia delante con su arma… No había nadie. Entonces, poco a poco, fue abriendo más y más los ojos, y la boca, al comprender que había caído en una burda trampa… Estaba detrás de ella…
-Lo siento, preciosa- Casi se disculpó…
Antes de que la mujer policía pudiese reaccionar, aquel tipo le dio un fuerte golpe con el canto de la mano en la base del cuello, haciendo que perdiera la consciencia al instante… La sujetó justo cuando comenzaba a caer para dejarla cuidadosamente en el suelo… Entonces se la quedó mirando. Observó que aquella mujer tan hermosa era algo mayor que él…
-Lástima. Me gustan mayores- se lamentó levemente…
Entonces comenzaron a oírse sirenas de policía. Ya habían llegado… Sin perder un segundo se acercó al mismo chaval que había gritado como una nenaza cuando había visto el arma y que ahora estaba tumbado boca abajo en el suelo, con las manos sobre la cabeza (a pesar de que él no lo había dicho)… Este se puso a temblar de forma descontrolada, sin poder apartar los ojos como platos de la pistola que le mostraba aquel tipo al agacharse a su lado…
-¿Puedes hacerme un favor?- Le “pidió” sonriendo maliciosamente…
La policía ya había tomado posiciones, rodeando el banco y sus alrededores. Nadie podría salir de allí sin ser visto y detenido…
-¡Sabemos que está ahí dentro! ¡Salga sin oponer resistencia!- Ordenó el agente, un veterano de pelo gris y bigote frondoso, con voz autoritaria a través del megáfono…
Los demás estaban preparados, apuntando sus armas hacia la entrada…
Sorprendentemente, sin hacerles esperar, la puerta giratoria dio un par de vueltas y salió al exterior un tipo vestido de blanco con zapatos, cinturón y camisa negra, con una pistola colgada de la mano que dejó en el suelo en seguida, llevándose las manos de inmediato a la cabeza… Respondía a la descripción del atracador. El jefe de policía no podía creer que hubiera sido tan fácil… pero se alegraba de no perder mucho tiempo con aquello… Los demás agentes fueron a por él, haciendo que se tumbara en el suelo boca abajo y cogiéndole la pistola… Poco a poco, los rehenes fueron saliendo…
Al cabo de unos momentos, cuando había un maremágnum de gente, policías, vehículos, la prensa, etc., alguien comenzó a gritar… casi a chillar y sollozar…
-¡No soy yo! ¡Se equivocan! ¡Que no soy yooo!- Insistía el detenido…
“Típico”, pensó el jefe de policía. Entonces llegó corriendo uno de sus agentes, trayendo el arma del atracador…
-Señor…- Se quedó mudo ante su superior…
Este se impacientó.
-¿Qué ocurre, agente? Hable…- Le reprendió con dureza…
Aquel tragó saliva.
-La… La pistola… Es de juguete- sentenció.
El jefe de policía se quedó lívido.
-¡¡¡¿Qué?!!!
En aquellos mismos instantes, por unas callejuelas estrechas y sucias, sin apenas espacio para circular, iba un coche rojo, con la capota negra echada hacia atrás, a toda velocidad, haciendo rodar papeles y otros restos de basura a su paso… Conduciendo, estaba el tipo que había atracado el banco, sin sus gafas, mostrando sus ojos negros, con una camisa amplia hawaiana de manga corta, naranja oscuro con estampaciones negras de palmeras y demás, que mostraba sus desarrollados brazos llevando el volante… Llevaba una amplia sonrisa de triunfo en su rostro de ilimitada satisfacción… Mientras el vehículo se alejaba, rugiendo bajo los rayos del sol en el cielo azul, a punto de salir de aquel entramado de calles, rumbo a algún país exótico, sonaba la radio en su coche:
-“…en el Banco Capital, el mismo en el que, hace casi una hora, se ha descubierto un entramado por el cual, supuestamente, se habrían llevado a cabo maniobras ilegales para apoderarse indebidamente de gran parte del dinero de sus clientes…”
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