miércoles, 25 de junio de 2014

6 Warriors - Capítulo 34

6 WARRIORS

El General.


-¡¿Estás seguro de eso?!- Exclamó Yun, que no se lo podía creer…
Gavin guardaba silencio, siendo observado por los demás, expectantes por escuchar su respuesta.
-Sí. Me lo dijo alguien de aquí- reveló.
Sus compañeros se quedaron callados, pero todos tenían la misma pregunta en la cabeza…
-¿Quién?- Preguntó al fin Huei.
Gavin, tras pensárselo unos segundos, decidió que no había posibilidad de comprometerle…
-Ya no está en este lugar; pero se trata de alguien de confianza…- Optó por no decir nada más.
Al oír estas palabras, Han alzó la vista.
-“¡Shen! No puede tratarse de nadie más…”- Llegó a la conclusión.
Yi también recordó fugazmente a aquel tipo tan extraño…
Ahora fueron todos los que no dijeron una palabra durante largo rato. La situación era muy grave… Han seguía pensativo.
-“Por eso me dijo aquello…”- Se dio cuenta.
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos al ver que Gavin daba unos pasos hacia él…
-Han. ¿Tú que opinas?- Le preguntó, muy serio.
Han se mostró ciertamente sorprendido de la expresión de Gavin; nunca antes le había visto así. Parecía… más maduro. Y sabía perfectamente que no le estaba preguntando nada, en realidad: era una declaración de intenciones. Y Han estaba de acuerdo. No había otra manera. De modo que asintió. Gavin hizo lo propio y se giró hacia el resto del grupo…
-Chicos. Creo que no nos queda más remedio que ir a ver al General. Para “convencerle”…
Pero todos sabían muy bien que eso era exactamente lo que tenían que hacer… Así que estuvieron de acuerdo al unísono.
Yi iba a preguntarle a Gavin por la identidad del joven que yacía en el suelo sin vida cuando se vio interrumpida por la intervención de Xin…
-Entonces… Podemos buscar a Feng… convencerla… Seguro que se une a nosotros y nos ayuda…- Decía, convenciéndose de ello…
Mientras hablaba, notaba como un halo de tristeza invadía a los que se encontraban a su alrededor… Tuvo una mala sensación.
-Xin…- Comenzó a decir Yi, que no sabía por donde empezar…
Pero Xin, al ver la gravedad y la afectación de su expresión, comenzó a temerse lo peor…
-¿Qué pasa? ¿Por qué os ponéis así? ¡¿Qué pasa, Yi?!- La chica estaba poniéndose muy nerviosa…
Nadie se atrevía a decirlo. Era demasiado doloroso…
-Xin… Feng…- Intento explicarle la joven…
Pero no hizo ninguna falta. Xin lo comprendió enseguida…
-¡Nooo! ¡Feng! ¡No puede ser!- Negaba con la cabeza, inundándosele los ojos de lágrimas…
Yi también notaba como se le humedecían los suyos, sintiendo impotencia de no poder consolar a su amiga… Xin cayó de rodillas, hundiendo la cara entre sus manos y rompiendo a llorar…
Aquella escena tocaba el alma de los allí presentes… mientras escuchaban el intenso llanto de su compañera… Yi se acercó a ella y se agachó para rodearla con sus brazos. Xin se agarró a ella, presa de la desesperación y rota de dolor… La mayoría prefería no mirar; Bo -que no recordaba cuando había sido la última vez que le había pasado- notaba como tenía que aspirar por la nariz y hacer terribles esfuerzos para no ponerse a llorar él también…
Pasaron varios minutos. Ahora Xin ya no sollozaba tan fuerte –aunque en algunos momentos volvía a recaer-… estaba fuertemente abrazada a Yi, que la cuidaba como a una niña… Gavin no se veía capaz de decir nada. Por eso lo tuvo que hacer Han.
-Muchachos, oídme. Tenemos que movernos- dijo, dirigiendo una mirada hacia la puerta que llevaba hasta donde debía encontrarse el General, al tiempo que se llevaba una mano a la empuñadura de su sable…
Todos comprendieron que había llegado el momento. Incluso Xin comenzó a pasarse una mano por los ojos y a intentar levantarse, abandonando los cálidos y protectores brazos de su amiga Yi. Todos sintieron alivio al ver que la joven se había sobrepuesto lo suficiente para continuar… Entonces Han se dirigió a ellos.
-Escuchadme atentamente- les pidió, captando de inmediato su atención.- El General se encuentra muy cerca de aquí. Sobra decir que es el más peligroso de este lugar. Debemos permanecer unidos si queremos tener alguna posibilidad…
Dudó unos instantes, mirando a Yun, a Xin y a la propia Yi, antes de continuar.
-Yi, Xin, Yun… Vosotros ya habéis combatido suficiente… Quizá deberíais quedaros a recuperaros aquí. Si algo va mal, huid sin pensarlo- les avisó.
Pero aquellos tres le fulminaron con la mirada.
-De eso ni hablar…- Le dijo Yi, resolutiva.
-Yo estoy bien- dijo Yun, convencido.
Xin apretó los dientes de rabia antes de hablar.
-¡Yo no pienso quedarme aquí! Ahora que puedo elegir estar con los que me importan, no pienso esconderme a esperar…- Decía, con aplomo pero con amargura, en clara referencia a su ausencia obligada cuando tenía lugar lo de Feng…
Han se sintió abrumado ante aquellas reacciones tan tajantes. La verdad es que se las esperaba… no era muy probable que le hubiesen hecho caso…
-Muy bien- aceptó (a pesar de ser consciente de que no dependía de él).
Ahora todos estaban preparados para continuar adelante. Han se puso al frente y habló una vez más.
-De acuerdo. Seguidme. Os llevaré hasta el General- sentenció.
Y se pusieron en marcha hacia la siguiente puerta que se encontraba en su camino…

Nuevamente se vieron en un largo pasillo, austeramente decorado, con motivos militares, con alguna puerta aislada a los lados de vez en cuando… la diferencia era que ahora caminaban todos juntos. Avanzaban con paso más acelerado de lo normal, aunque sin abandonar la cautela en ningún momento… no sabían qué era lo que podían encontrarse… Al cabo de un rato, llegaron a una puerta que significaba el final de aquel interminable pasillo…
Al cruzar el umbral, llegaron a otra zona descubierta, aunque con varios tejadillos de madera, uno en cada lado del cuadrado que formaba, con lo cual la parte que dejaba ver el cielo nocturno era bastante reducida… Todas las luces estaban prendidas. En el medio, de forma inesperada, se encontraba una fuente labrada de la que salía abundante agua con un murmullo incesante…
Bo miraba embelesado aquel lugar -en realidad agradable- cuando avistó algo a su izquierda…
-¡Eh! ¿Qué es eso?- Exclamó, señalando una figura de piedra blanquecina iluminada por una luz cercana…
Se trataba de una estatua que representaba al General de aquel cuartel; le faltaba la cabeza… y había signos de que habían iniciado la “reparación”… Han miró. Ya ni se acordaba.
-Ya os lo contaré en otro momento- prometió.
Sin entretenerse más, el grupo prosiguió su avance, guiados por Han, que los llevó a un nuevo corredor…
-¡Oh, no!- Se “lamentó” Bo, al ver que tocaba un buen y monótono trayecto de nuevo…
Aunque los demás pensaban igual…
-Este es el último pasillo. La puerta del final conduce a la antesala de los aposentos del General- les aseguró.
Al escuchar aquellas palabras, sintieron una sobrevenida inquietud en su interior, ante la inminencia de aquel encuentro.
Sin que nadie más se atreviese a “protestar”, continuaron, aproximándose más y más…
Al fin llegaron a una puerta, cerrada, que marcaba el final del último pasillo del cuartel. Han se detuvo ante la misma.
-A partir de aquí, cuidado- les puso sobre aviso.
Estos se prepararon para lo que pudiera haber al otro lado… Han, esperando un segundo antes, abrió la puerta.
No había nadie. Aquello les hizo notar cómo bajaba la tensión general un poco… por lo menos momentáneamente…
Cruzaron al otro lado. Era una extensa estancia que tenía forma de pasillo transversal; al final de cada uno de los extremos había una ventana bien asegurada para evitar la entrada o salida por las mismas; y delante, dos puertas separadas a distancia equidistante que daban claramente a sendas salas de grandes dimensiones.
-Aquella es la sala de audiencias- dijo Han, señalando hacia la puerta situada a la derecha.
Ahora se giró hacia la otra. Todos hicieron lo mismo, llenos de expectación… Han volvió a hablar.
-Y aquella es la sala privada del General- aseveró, con tono grave.
Aquellos jóvenes tenían los sentidos a punto y se encontraban alerta y preparados. Xin estaba muerta de miedo, pero estaba decidida a no demostrarlo… Lo que no sabía, es que sus compañeros también sentían miedo… Sin que nadie dijese una palabra, fueron hacia dicha puerta, casi sin esperar a que Han comenzara a caminar hacia allí…
Se detuvieron delante. Gavin avanzó, con evidente intención de abrirla ya… pero Han, suavemente, le detuvo con una mano en su pecho. Gavin le miró, casi para protestar… Pero al ver la expresión de Han, que miraba hacia algo que había más allá de aquella puerta, desistió y le dejó hacer…
Han apoyó las manos sobre la puerta doble y se dispuso a empujar…
Las puertas, pesadas, cedieron con un ligero chirrido de los goznes; no se veía con claridad lo que había en el interior de aquella estancia… Han soltó la superficie de madera de las puertas, que seguían por el impulso, hasta que estas se detuvieron… Sin perder un segundo, el ex soldado dio unos pasos, traspasando el umbral… Gavin –que iba justo detrás-, Yi, Huei, Yun, Bo y Xin, comenzaron a ocupar lentamente el hueco dejado por Han a su espalda para permitirles la entrada…
A medida que sus ojos se acostumbraban a la menor iluminación de aquella estancia –a pesar de que había varias antorchas encendidas- podían apreciar mejor los detalles: era un lugar amplio, de dos niveles de suelo, que bajaba a unos pocos metros por una especie de escalón que rodeaba toda la habitación, de forma rectangular y techo muy alto; poco a poco, iban definiéndose los tapices de las paredes, las armaduras completas en sus soportes, la amplia colección de armas que se exponía a través de toda la sala, e incluso libros, en gran número, que ocupaban algunas de las estanterías…
-¿Quién es?- Rompió el silencio un vozarrón proveniente de algún lugar del salón…
Todos se estremecieron al oír aquella voz que parecía llegar aumentada de algún modo… Han sabía que se trataba de la reverberación de aquella estancia… aunque no era lo único…
Finalmente comenzó a definirse, entre las sombras que lo envolvían, la figura de un individuo de gran envergadura en el otro extremo de la sala, delante de lo que parecía una especie de trono sin ninguna decoración, y contemplando -con las manos cruzadas detrás- una gran tela amarillenta situada sobre el mismo, conteniendo las normas de conducta de todo buen soldado en una caligrafía exquisita… El hombre se extrañó al no obtener respuesta.
-¿Que quién es? ¿Por qué no contestas?- A pesar de que aún estaba tranquilo, su tono hacía parecer que se estuviera enfureciendo.
El grupo al completo, con Han delante, estaba preparado, con las manos en las armas -aunque aún sin sacarlas- y sin decir una palabra…
El tipo, ya molesto, se giró y avanzó al frente.
-¡¿Se puede saber quién es?!- Dijo, alzando la voz, de forma intimidante y ya no tan tranquilo…
Ahora incluso Han notó un escalofrío. Ya le podían ver con claridad: llevaba solo la parte de cintura para abajo de la armadura, dejando al descubierto una túnica ancha -gris- de manga media, y la faja ancha negra; su enorme sable, permanecía apoyado sobre la silla hecha a su medida… En aquel momento, los compañeros de Han pudieron ver por fin cómo era su enemigo…
Este se sorprendió al ver lo que se encontró: un grupo de niños, liderados por…
-¡Han! ¡¿Qué haces aquí?!- Fue su reacción inicial.
Han lo miraba fijamente, en alerta. No pronunciaba una palabra.
Entonces el General se dio cuenta de algo.
-Un momento… ¿Cómo habéis pasado? ¿Y el guardia apostado en la puerta?
El tipo no daba crédito…
-Debió acercarse a la cocina después de ir al baño…- Conjeturó Bo, que no se esperaba que se le oyera tan bien en aquel enorme lugar…
La atención de los demás había ido hacia este; incluyendo la del General…
-¿Cómo dices? Dime, Han, ¿quiénes son estos? ¿Has venido a entregarte y te has traído a tus amigos para despedirte de ellos?- Le preguntaba, con un inquietante tono irónico, antes de dirigir una nueva mirada a los acompañantes de aquel desertor, cuya falta constituía un delito imperdonable…
Y el General los vio. Se fijó mejor en Gavin y en Huei. Estaba seguro: ya les había visto antes… y ahora recordaba dónde…
-No he venido a entregarme- contestó Han, desafiante.
Pero ahora la atención del General se había desviado por completo.
-¿Qué es lo que habéis venido a hacer aquí?- Exigió saber, endureciendo su expresión.
Los demás eran conscientes de que aquel individuo se había percatado de una vez por todas de sus intenciones…
-¡Sabemos cuáles son tus planes, maldito!- No se pudo contener Gavin, ante la sorpresa general…
Han pensó, incluso, que a Gavin se le había ido la mano -al igual que los demás-… El General se había quedado con la misma expresión, pero los ojos muy abiertos… Entonces los cerró, esbozando una sonrisa en aquel duro rostro percutido.
-Ya. Ya veo. ¿De modo que por eso habéis venido? Muy bien…- Tras decir esto último se dio la vuelta.
Pudieron ver cómo cogía su imponente arma y se la sujetaba al cinto, preparándose para hablar una vez más.
-Soy Taisho, el General del Cuartel del Distrito Este de esta ciudad. Y ni vosotros ni nadie se interpondrá en el cumplimiento de mis órdenes.

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