El Jinete Olvidado
La Torre (1ª parte).
Pasaron muchos días. Atrás habían quedado los bosques, los ríos, las aldeas… Apenas se podían ver ya las montañas en la lejanía, ocultas por espesas brumas… El cielo ya no era azul, ni blanco, ni gris… Era de una mezcla de negro y violeta oscuro que mutaba continuamente… El terreno era llano, pero estaba totalmente muerto… Grietas de diversos tamaños surcaban el árido y oscurecido terreno que atravesaban… No había plantas ni animales; ni siquiera había visto aves desde hacía varios kilómetros… El viento soplaba, en ocasiones con una fuerza descomunal, como si les atacara, y su sonido era más grave y amenazador…
Habían llegado a los confines del este del reino. Nadie sabía qué había más allá… porque nadie había pasado de aquel lugar.
El suelo parecía desmenuzarse, levantando nubes de polvo que se las llevaba el viento, como ceniza, cuando Hildergart pisaba sobre aquella tierra agrietada y sin vida… Montado sobre el magnífico corcel negro, iba Ethant, el jinete. Su aspecto había cambiado ligeramente. Había tardado en llegar hasta aquel lugar debido a que había pasado bastantes días entrenándose. Había llegado hasta el límite de su cuerpo. Su mirada, decidida, reflejaba este cambio…
Colgado boca abajo de un enorme árbol, con una cuerda atada a los pies, había hecho cientos de abdominales, notando la rugosa corteza en la espalda descubierta cuando ya no podía más… Cientos de flexiones sobre una mano… y luego con la otra… Y, cargado con troncos a la espalda, había recorrido kilómetros de terreno montañoso y agreste… corriendo…
Ya había oído hablar de la Torre. Se dice que es un punto de control, tanto para los que quieren salir del reino por el este, como para los que quieren entrar desde las tierras ignotas… Aunque nunca nadie ha venido del otro lado. Ni siquiera se sabe qué hay y si hay seres más allá… Hace varios siglos, un rey conocido por su espíritu belicoso y su crueldad, ordenó construir dicha torre para proteger al reino de un eventual ataque. Y, para custodiarla, se designaba a un guardián, el Guardián de la Torre, el cual debía superar unas pruebas terribles, en las que muchos morían, para ostentar tal título. Como recompensa, periódicamente, el rey enviaba súbditos que le llevaban cargamentos de comida, licores, mujeres… El Guardián de la Torre no debe abandonarla nunca. Si alguien lo intentara, debería enfrentarse a un castigo… Ethant no sabía hasta qué punto esta historia era real. La torre debía estar abandonada desde hacía cientos de años… Se decía que el aspirante a nuevo Guardián debía ir a la Torre y retar al actual… Si le vencía, él era nombrado el nuevo Guardián de la Torre, y dispondría de los ilimitados favores del rey. Pero, tras la muerte del rey, llegó un momento en que ser nombrado el Guardián de la Torre adquirió un nuevo significado: quién era elegido, era considerado el hombre más fuerte del reino… y de los circundantes, pues muchos venían de los reinos adyacentes para probar fortuna y demostrar que eran los más poderosos… Hasta que llegó un día en que aquel que conseguía el título de Guardián era considerado el hombre más fuerte del mundo… Y eso era lo que únicamente perseguían los nuevos aspirantes… Pero la regla de no abandonar la torre se mantenía. Una sociedad secreta se encargaba de proporcionar al Guardián todo aquello que antes procuraba el rey… Se dice que aquella sociedad permanecería mientras aquella torre siguiese erguida…
Tal vez sus miembros se encargaban de perseguir y matar al que abandonaba la Torre y ese era el castigo del que hablan las historias, pensó Ethant. La verdad es que nadie sabe esto, ya que nadie ha regresado para contarlo…
Lo que no se imaginaba Ethant era que Jezabelt hubiera logrado ser nombrado Guardián de la Torre… Eso significaba que se había vuelto mucho más peligroso de lo que ya era… El más peligroso…
Por eso, el joven jinete había decidido entrenarse duramente…
Ya no sabía si era mañana, tarde o noche, ya que el cielo no variaba en ningún momento. La atmósfera era opresiva en aquella llanura interminable…
Entonces, algo se comenzaba a distinguir más adelante. Ethant esperó a verlo más claramente para confirmarlo.
En medio de aquella tierra devastada por la desolación, apuntando hacia el cielo oscuro, se elevaba una torre de estructura retorcida, como si fuera un organismo vivo…
A medida que se aproximaban, la estructura presentaba más claramente sus rasgos… Parecía que fuera una extensión de la tierra que hubiera surgido de las profundidades, enredada aún en las raíces gigantescas de un ser ya muerto…
Cuando se encontraba a suficiente distancia, Ethant pudo distinguir que un foso rodeaba la Torre. Estaba vacío; no había visto agua en ninguna parte desde hacía días… El foso conectaba con un cauce a la izquierda que se perdía de vista. Observó que, para acceder a la Torre, había un puente levadizo… pero en aquel momento estaba medio levantado. No podían acceder por ahí.
Llegaron al límite del foso y el joven jinete miró hacia abajo. Justo debajo del puente, había una entrada, no muy grande, por la que podía caber alguien de su tamaño… El terreno descendía en cuesta, de modo que, no sin dificultad, descendieron hasta el fondo.
Una vez abajo, Ethant descabalgó de Hildergart y se aproximó a la entrada. Quedaba un poco elevada, como si fuera una ventana. Desde donde se encontraba, no podía ver nada del otro lado, solo oscuridad.
Entonces el suelo comenzó a vibrar. Hildergart se movía inquieto. Ethant se adelantó unos pasos para escuchar mejor. Un rumor cada vez menos lejano se podía escuchar rápidamente con más claridad…
Entonces, inesperadamente, del recodo de la torre, apareció una masa de agua furiosa que lo estaba inundando todo… Al hostil sonido del agua chocando lo acompañaba el ruido que provocaban multitud de estacas del tamaño de árboles, acabadas en punta, que iban colisionando contra todo lo que encontraban…
-¡Hildergart, vete!- Gritó a su amigo girándose, llevando una mano hacia su corcel, sin dejar de encarar la ola…
Pero Hildergart no estaba dispuesto a abandonar a Ethant y emprendió el galope en dirección a su amigo…
Todo sucedió muy rápido. La ola engulló a Ethant que chocó contra la fría piedra, aunque consiguió agarrarse con una mano a la obertura, por la que comenzaba a entrar el agua… Y, a continuación, ante los ojos del joven, se llevó por delante a Hildergart.
-¡Hildergart! ¡Nooo!- Gritaba, desesperado, mientras veía impotente cómo el agua embravecida se llevaba a Hildergart, que relinchaba luchando en vano por librarse de aquella fuerza imparable… Hasta que quedó sumergido y varias estacas cayeron justo donde un momento antes estaba su fiel corcel…
Fue como si el tiempo se detuviese. Todo se volvió bicolor. Ethant notó como algo le traspasaba dolorosamente su interior… Se quedó sin habla, con la boca abierta y los ojos reflejando su incontenible desesperación, saltándosele las lágrimas que se unían a las aguas embravecidas que seguían empujándolo…
Durante un instante estuvo tentado de soltarse e ir en busca de su amigo… que había desaparecido… El agua cada vez lo empujaba con más fuerza y no resistiría agarrado mucho más… Algunas estacas iban golpeando cerca de él… y, en un momento determinado, una de las mismas, por la parte puntiaguda, chocó contra la piedra, muy cerca de su cabeza…
El agua, a su vez, subía y subía, hasta que Ethant quedó sumergido, perdiendo de vista definitivamente la dirección en la que había visto desaparecer a Hildergart…
Entonces, bajo el agua, viendo llegar las estacas, algunas como lanzas, otras girando sobre si mismas, reaccionó… No podía abandonar ahora… Si no, lo que le había ocurrido a Hildergart…
Se agarró con las dos manos a la obertura y, con gran esfuerzo, luchando contra la incesante corriente, consiguió introducirse en la entrada… Atravesaba el túnel que se extendía ante él lo más rápido que podía, inmerso en la más absoluta oscuridad… El ruido del agua y las estacas chocando cada vez sonaba más lejano…
Ethant nadaba bajo el agua, ayudándose en ocasiones con las manos para impulsarse utilizando las paredes, cada vez más estrechas… pero el túnel parecía no tener fin… El joven seguía avanzando, urgentemente, pero no veía el final… El aire comenzaba a agotarse en sus pulmones…
Cuando creía que ya no podría aguantar más… Chocó contra un muro. El aire ya se le había acabado. Su pensamiento, aún aturdido, se nubló y pensó que había llegado el final… Pero, entonces, percibió una luz lejana y apagada que provenía de arriba… Era una salida… Pero a Ethant ya no le quedaban fuerzas… Dio un último impulso hacia arriba… y perdió el conocimiento…
-“¿Cómo lo has hecho, muchacho?” Preguntaba una voz que no había oído desde hacía muchos años... –“Ese caballo es un auténtico indomable… Nadie jamás había siquiera conseguido acercarse a él… Y ahora tú eres su dueño…”
-“No soy su dueño… Soy su amigo…” Respondió.
-“¿Amigos? No había oído tal cosa en mi vida… Pero, el caso, es que ahora puedes ponerle un nombre… ¿Cómo lo llamarás?”
Guardó silencio un instante.
-“Hildergart”.
El sonido de su propia voz en su cabeza lo despertó. Se encontraba en una sala de piedra verdecida por el moho. Estaba casi sumergido en el agua, recostado sobre los restos de lo que había sido una columna. La sala estaba inundada; el agua le llegaba seguramente a la altura de las rodillas… No recordaba cómo había llegado hasta allí, ya que, con la mirada, buscó la obertura por la que había pasado ya inconsciente, y la encontró a unos metros de allí… Debía haber vuelto a perder la consciencia tras “despertar” levemente y caminar hasta donde estaba…
Comenzó a incorporarse y miró a su alrededor. La débil luz, que no estaba muy seguro de dónde provenía, dejaba ver una sala lóbrega. Podían verse varias cadenas a lo largo de las paredes; una única cadena con el extremo cerrado… Aquel lugar hedía… a agua estancada y a algo más…
Entonces le vino al pensamiento lo que acababa de suceder… Aún su mente no había vuelto a acudir a ello… hasta aquel momento. Ethant apretó los puños y los dientes… No pudo contener las lágrimas… Ahora se encontraba solo… Abrió los ojos y vio, al fondo, unas escaleras que ascendían… A pesar de todo, debía seguir adelante.
Se pasó con rabia la mano enguantada por los ojos, limpiándose las lágrimas, y comenzó a caminar. Cuando hubo dado dos pasos, percibió movimiento… Miró a su derredor pero no vio nada… Aunque notaba algo que no le gustaba nada…
Siguió caminando. Y ahora notó algo que le rozó la pierna… En ese momento, se percató de que, en algunas de las cadenas, en el extremo, se encontraba aprisionado algún brazo esquelético… En algunas incluso se veía más… incluso calaveras casi sumergidas…
Ethant desenvainó su espada de inmediato… pero algo muy grande surgió de pronto del agua oscura y le golpeó en la mano que sostenía la empuñadura del arma…
La espada cayó al agua.
Ethant pudo ver una enorme serpiente acuática que se erguía y se le encaraba, abriendo la boca repleta de colmillos, mostrando su rojiza lengua bífida y mirándolo con sus enormes e hipnóticos ojos de reptil, emitiendo un horripilante sonido sibilante que resonaba en la amplia y hueca estancia…
Ethant apretó el puño con rabia, sabiendo que no podía coger su espada... mientras aquel ser le mantenía la mirada, dispuesto a atacar en cualquier momento…
Y lo hizo. Se abalanzó furiosamente hacia su presa y el joven consiguió saltar a un lado… La enorme serpiente chocó contra el agua salpicando violentamente en todas direcciones… Se giró, sinuosa, y miró de nuevo a Ethant… y de nuevo se lanzó hacia él… Ethant volvió a esquivarla… pero el cuerpo alargado de la serpiente permanecía a su lado… y comenzaba a envolverlo… a enrollarse sobre él…
-¡Aagh!- Exclamó, dolorido, al notar cómo aquel ser apretaba súbitamente... y lo miraba, como si sonriera ansiosa y malévolamente… y apretaba cada vez más, y más…
Ethant notaba que el dolor era tan intenso que iba a perder la consciencia una vez más… Su cuerpo no lo resistiría…
Entonces… recordó algo… algo que volvió a olvidar inmediatamente… pero que le dio lo que necesitaba más que ninguna otra cosa para seguir adelante… La voluntad de seguir luchando.
Afianzó su posición, con la mirada decidida… Apretó los puños y los dientes… Y comenzó a luchar por liberarse de la presa de la serpiente… La bestia ya no “sonreía”; se agitaba desconcertada y nerviosa… La presa que ejercía sobre el joven comenzaba a ceder… Ethant, con un esfuerzo tremendo, estaba logrando separar a la serpiente de su cuerpo…
-¡Haaaaaaaaa!- Bramó el joven, con un último e inaudito esfuerzo, y se quitó de encima a la serpiente de una vez por todas…
Aquel ser, dolorido y confundido, se alejó momentáneamente, mientras Ethant se recuperaba, jadeando… Sabía que volvería enseguida…
Miró hacia donde había caído su espada. No la veía pero estaba prácticamente seguro que estaba allí. La serpiente volvía… a toda velocidad… Ethant se aproximó al lugar… La bestia estaba casi encima… Emitía un sonido gutural y amenazante, haciendo vibrar la lengua mientras mostraba los colmillos… Sus ojos brillaban rojos en la oscuridad… Ethant se agachó y llevó la mano al fondo…
La tenía.
Cuando estaba a punto de ser devorado por sus fauces, Ethant sacó la mano del agua, empuñando su espada, y se la clavó, ayudándose con la otra mano, en la parte superior de la boca en el último momento, atravesándola por la cabeza…
La serpiente, inerte, cayó encima del joven, que también cayó sentado al agua, sin soltar la espada y empujando, con esfuerzo, el pesado cuerpo del ser a un lado…
Extrajo la espada. Se incorporó. Miró unos instantes a la serpiente, comprobando que ya no se movería… y comenzó a caminar por el suelo inundado hacia las escaleras.
Ascendió por las escaleras, dejando atrás el agua y aquella sala hedionda. Al llegar arriba, se encontró con una puerta de barrotes de metal. No se abría.
Ethant comprobó que las paredes que bordeaban la puerta estaban muy gastadas. Se quedó quieto ante la puerta durante unos instantes… Sus ojos quedaban ocultos bajo el cabello aún húmedo…
Dio una tremenda patada en la cerradura y la puerta cedió y se abrió. Cruzó al otro lado.
Mientras atravesaba un pasillo, comprobó que cada vez había más luz; luz natural, si es que se la podía llamar así…
Giró un recodo y llegó al amplio vestíbulo de la Torre. Las puertas estaban entreabiertas. A través del hueco se veía el exterior, desolador… Y el puente, que ahora estaba bajado.
Ethant se giró y vio que unas escaleras ascendían en espiral. Se acercó y miró hacia arriba. La Torre era considerablemente alta…
Comenzó el ascenso.
Al subir, oía sus pasos formar eco en aquellas paredes de piedra oscura. A través de numerosas grietas, se filtraba el fuerte viento del exterior, que ascendía y descendía por el gigantesco espacio formado en el centro, con un sonido ensordecedor…
Cuando llegó al final de las escaleras, ante una puerta de metal oscuro, miró una vez hacia abajo… El suelo estaba a mucha distancia, a distancia de vértigo…
Antes de intentar forzar la puerta intentó abrirla. Esta vez se abrió. Ethant, ante esto, y recordando que la puerta doble de abajo estaba entreabierta y el puente levadizo bajado, comenzaba a pensar que alguien había llegado a la Torre y relajado las precauciones a su paso…
Cruzó la puerta y se encontró ante un pasillo estrecho circular. Por lo que Ethant alcanzaba a ver, el pasillo parecía rodear la Torre. Lo siguió. Era un pasillo oscuro.
Cuando llevaba caminado unos pasos, comenzó a oír algo muy cerca… Un sonido de cadenas, enormes, deslizándose, se escuchaba desde detrás de las paredes… de todas las paredes… y del techo. El sonido era cada vez más fuerte y sobrecogedor… Se aceleraba… Y entonces se oían las cadenas tensándose de forma brutal…
Ethant se detuvo un momento al oír esto… Nuevamente las cadenas comenzaron a deslizarse… Algo parecía moverse al otro lado de la pared a su izquierda… Algo muy grande…
El joven siguió avanzando… Y las cadenas volvieron a tensarse brutalmente… Nuevamente el deslizamiento…
Al cabo de un rato, llegó a una nueva puerta, abierta. Tras la misma se veían unas escaleras que ascendían por un paso estrecho. La luz del exterior llegaba al umbral.
Cuando Ethant llegó al pie de las escaleras, escuchó voces provenientes de arriba. Subía con cautela los escalones, dejando atrás los estremecedores deslizamientos de cadenas, cuyo sonido atravesaba la piedra… Entonces pudo escuchar claramente la conversación.
-Hemos utilizado el sistema subterráneo de inundación del foso. Hemos acabado con él- decía una voz ronca.
-Eran un jinete y su montura. Una lástima por el animal; era impresionante- dijo el otro, de voz más clara y altiva.
-¿Qué has dicho?- dijo una tercera voz.
Todo el cuerpo de Ethant se tensó de inmediato… Conocía muy bien esa voz...
Se escuchó un largo sonido de una gran espada desenvainándose…
-¡Un momento! ¿¡Qué haces!? ¡Hemos cumplido las órdenes establecidas! ¡No puedes hacer… Uugh!- gimió el primero.
-¡Informaré a los demás miembros! ¡Noo!- Gritó el segundo antes de escucharse el sonido de un arma metálica deslizándose…
Ethant subió corriendo los escalones. Apartó de golpe con el brazo la puerta entreabierta que lo separaba de la estancia siguiente…
Al cruzar el umbral, se encontró con un lugar amplio, abierto al exterior a través de columnas casi orgánicas que formaban parte de una serie de espeluznantes miradores hacia el cielo oscuro y revuelto por los feroces vientos…
Cerca del otro lado de aquel lugar, donde se veía un trono ornamentado del mismo estilo que el resto de la Torre, había una alta figura de espaldas enfundada en una armadura negra… con una larga capa del mismo color… el cabello rosa oscuro, largo, de puntiagudas ondulaciones… Tenía la espada ensangrentada, aún goteando, a un lado apuntando hacia el suelo… En el mismo, dos hombres ataviados con una especie de hábitos con capucha, en sendos charcos de sangre… muertos…
El alto y corpulento individuo de la imponente espada, al percatarse de la presencia del joven, giró levemente el cuerpo con la cintura… Luego se giró algo más…
Al ver a Ethant, al principio se sorprendió… Luego, en medio de una expresión casi maníaca, sonrió…
-Sabía que estabas vivo.
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