El Jinete Olvidado
La Torre (2ª parte).
Ethant guardó silencio.
Jezabelt estaba visiblemente más envejecido, aunque conservaba su majestuosidad… y su aspecto feroz y peligroso. Sus músculos aparecían más hinchados y retorcidos. Ethant se fijó en una terrible cicatriz que le cruzaba desde encima de un ojo, pasando por el párpado del mismo y siguiendo por el otro lado de la cara hacia abajo, se interrumpía, y volvía a aparecer detrás del cuello hasta perderse bajo la armadura.
-Y dime… ¿qué ha sido de ti todo este tiempo?- Preguntó Jezabelt esbozando una sonrisa levemente socarrona.
Ethant no contestó. Permanecía de pie, mirándole con los ojos llenos de ira…
A Jezabelt se le borró la sonrisa del rostro.
-Ya… Ya veo- dijo cerrando los ojos con resignación.
Sacudió la ancha espada a un lado, salpicando el suelo con la sangre de sus víctimas recientes. Comenzó a caminar hacia la parte central de la amplia y vacía estancia. El viento soplaba con fuerza en aquel momento, haciendo que su capa se agitara; pero parecía incapaz de perturbar lo más mínimo a Jezabelt…
Se detuvo al llegar.
-Supongo que has venido a retarme… Parece que ya has recuperado la memoria…- Iba sacando conclusiones.
-Así es...- Dijo Ethant, con una desmesurada rabia controlada…
Jezabelt le miró atentamente durante unos instantes.
-Imagino que te encontraste con Athlas y Amadheus…- Quiso saber.
El silencio y la mirada del joven confirmaron sus conjeturas. Jezabelt siguió hablando.
-Sabía que eras diferente… Por eso quise ofrecerte un futuro…- Hablaba, “justificándose”…
Ethant iba apretando los puños y dientes, cada vez más visibles, de rabia. Su mirada era de furia.
-¡Cállate!- Le exhortó el joven.
Jezabelt dejó de hablar, quedando sorprendido.
-Muy bien- dijo poniéndose serio- Has venido a vengarte…
Ethant recuperó la compostura… la serenidad marcial…
-Exacto- sentenció.
El joven llevó la mano a la empuñadura de su espada y la desenvainó. Jezabelt, sin apartar la mirada de Ethant, comenzaba a adoptar posición de combate.
Ambos se quedaron en guardia, a distancia, vigilándose con la mirada, la cual mantenían sostenida… Pasaron largos segundos que parecían eternos…
-¡Aquí te espero!- Bramó Jezabelt encendiéndosele la mirada.
-¡Haaaaaa!- Ethant salió corriendo en dirección a su objetivo.
Ambos atacaron al unísono y las espadas chocaron resonando en la sala y en la distancia… Ambos se detuvieron durante un instante… Entonces Ethant volvió a atacar… y Jezabelt bloqueó el tajo horizontal no con facilidad… Empujó con su arma para alejar al joven y recuperó la guardia… Ethant volvió a atacar, pero esta vez verticalmente… Jezabelt detuvo el ataque, ahora más dificultosamente que antes, tal y como reflejaba su rostro, con una expresión de sorpresa y un atisbo de preocupación… Ethant presionaba con su arma y su contrario intentaba contener la presión…
-¡Huom!- Jezabelt se deshizo del ataque e hizo retroceder a Ethant, que estaba preparado para volver a la carga…
Entonces, en medio de su creciente estupor, Jezabelt sonrió con maléfica satisfacción. Esto llamó la atención de Ethant.
-Veo que no me equivocaba contigo… Je, je, je…- Reía entre dientes, provocando la desconfianza del joven…
En ese momento, el suelo vibró fuertemente, y el sonido de las enormes cadenas deslizándose volvió a sonar… hasta tensarse de forma abrupta. Al hacerlo, Ethant comprobó que el extremo de dicha cadena se encontraba al lado del trono, proveniente del suelo, del piso inferior… Jezabelt, al ver que el joven se había percatado de esto, sonrió, malévolamente divertido…
-Je, je… ¿Te preguntas qué es eso? Tranquilo… Lo sabrás a su tiempo- concluyó poniéndose en guardia.
Ethant también afianzó su guardia. Pero esta vez le llamó la atención el cambio en la mirada de Jezabelt, que dejó de sonreír…
El alto y corpulento hombre cargó contra el joven y este tuvo que esquivar el tajo descendente que llegó hasta el suelo, agrietándolo… Volvió a atacar y esta vez Ethant intentó bloquearlo… Pero Jezabelt era tremendamente fuerte y su arma muy poderosa, y el joven salió despedido varios metros hacia atrás, cayendo al suelo… Ahora Jezabelt luchaba en serio.
Ethant, apretando los dientes de rabia, se incorporó. La figura imponente de su enemigo se erguía ante él… Entonces, poco a poco, comenzó a perder la confianza en si mismo…
Jezabelt salió corriendo al ataque.
-¡Lo siento de veras, Ethant! ¡Pero debo matarte!- Se disculpaba cínicamente Jezabelt mientras se aproximaba a toda velocidad…
Ethant, con dudas en su interior, se preparó para la carga…
Jezabelt le atacó horizontalmente, aunque Ethant consiguió saltar lo suficiente para evitar la ancha hoja de la espada… pero, cuando el joven estaba en el aire, Jezabelt le volvió a atacar, y aunque Ethant lo bloqueó, con dificultad, salió nuevamente despedido hacia el suelo... Al caer boca abajo, la espada cayó a un lado…
El joven, intentando recuperarse, podía oír los pasos de Jezabelt acercarse… Estaba perdido… Se encontraba desarmado e incapacitado para seguir luchando… Los pasos se detuvieron justo delante de él, que no alzó la cabeza…
-Lo has hecho muy bien… pero se acabó- decía de forma sincera el hombre que se despedía de él- Ahora podrás reunirte con ese caballo al que quieres tanto...
Algo atravesó el interior de Ethant, como un rayo de luz. Jezabelt comenzó a elevar su temible espada, dispuesto a acabar con el duelo…
Pero Ethant había despertado.
-¡Adios, Ethant!- Exclamó Jezabelt bajando la espada a toda velocidad en dirección al cuello del joven…
Ethant se incorporó lo suficiente para saltar rápidamente a un lado, con ambas manos apoyadas en el suelo, y recuperar su arma de inmediato en el mismo momento que el arma de Jezabelt se estrellaba de forma contundente en el suelo haciendo saltar pedazos…
Cuando, sorprendido, Jezabelt se giró, vio a Ethant en guardia y totalmente recuperado. Y vio algo en su mirada. Era una mirada combativa… decidida… Jezabelt lo miraba con los ojos abiertos sin decir nada, con expresión desconcertada… Recuperó la guardia de inmediato.
Entonces, Ethant atacó.
-¡Haaaa!- Exclamó el joven atacando verticalmente a Jezabelt… Este detuvo el ataque, pero con inesperada dificultad… Algo había cambiado en el joven… Ahora Ethant le atacó horizontalmente… y Jezabelt lo detuvo… pero tuvo que usar ambas manos para contener el ataque… No iba a permitir ser vencido por aquel muchacho…
-¡Huuuooom!- Bramó Jezabelt con furia mientras le atacaba oblicuamente con la enorme espada… Con todas sus fuerzas.
Y entonces, Ethant, para contrarrestar el ataque, atacó al mismo tiempo hacia el arma de Jezabelt… Las dos espadas chocaron resonando metálicamente en la lejanía… pero, ante la incredulidad de Jezabelt, veía como su propio brazo cedía ante el impacto del ataque de Ethant…
-¡No puede ser!- Exclamó consternado…
En ese instante, Jezabelt estaba desprotegido… expuesto… Ethant retrasó su arma, apoyó la otra mano en el extremo de la empuñadura… y clavó la espada en el cuerpo de Jezabelt… cerca del corazón, atravesando la negra armadura y saliendo la hoja por la espalda, haciendo elevarse la capa que quedó ondeando…
Jezabelt tenía los ojos muy abiertos… No se lo podía creer… Ethant mantenía la espada clavada, sin cambiar su expresión guerrera…
Finalmente, el joven extrajo el arma del cuerpo de Jezabelt… La herida del pecho sangraba abundantemente, deslizándose la sangre sobre la negra armadura hasta llegar al suelo; de igual modo le manaba de la boca un hilo cada vez más grueso de color rojo…
Jezabelt se llevó una mano a la herida y luego se la contempló… ensangrentada… como si aún no se lo creyera…
-Uugh… Lo has hecho… Me has derrotado…- Decía ante un estático Ethant que lo miraba atentamente- Ahora tú eres el Guardián de la Torre… Ahora tú eres el más fuerte del mundo…- Sentenció, doloriéndose…
Ethant adoptó una expresión desdeñosa al oír estas palabras.
-Yo no soy ningún “Guardián” de nada… Ya he hecho lo que tenía que hacer aquí…- Decía, aún con rabia…
Jezabelt se quedó en silencio unos segundos. Luego, sonriendo con su expresión maligna, se dio media vuelta, sujetándose la herida sangrante, y comenzó a caminar en dirección al trono, arrastrando la enorme espada por el suelo con un sonido chirriante…
Ethant lo seguía con la mirada; no podía imaginarse lo que haría ahora…
De vez en cuando, Jezabelt debía pararse ante un repentino ataque de tos en el cual abundante sangre quedaba en el suelo formando un charco rojo… Finalmente llegó al trono… y se situó al lado de la cadena.
-Si no cumples tu deber de Guardián… tendrás que asumir el castigo…- Dijo, irguiéndose lo máximo posible con un terrible esfuerzo…
Jezabelt se giró hacia la cadena, cuyos eslabones eran de gran tamaño, y, sorprendentemente, elevó su arma a pesar de la herida… Entonces, ante la extrañeza de Ethant, Jezabelt hizo descender con fuerza la espada hacia uno de los lados de un eslabón… y lo rompió por la mitad. A continuación, con más esfuerzo que antes, volvió a elevar la gran espada por encima de su cabeza y partió el otro lado del eslabón…
La cadena se deslizó por el hueco del suelo… y se la escuchó deslizarse durante varios segundos… hasta que se detuvo, amontonándose, en algún lugar que parecía muy lejano…
Jezabelt se giró y se dejó caer sobre la pared, de espaldas, dejándose deslizar hasta el suelo… Su expresión era de agotamiento; intentaba hablar, manteniendo la boca abierta…
-He… cumplido mi… deber… como Guardián… Siento hacerte esto, Ethant… Yo solo quería un futuro para ti… Ugh- Al tiempo que un último estertor hacía que la sangre le saltara de la herida del pecho y de la boca, también lo hicieron unas últimas lágrimas…
Jezabelt había muerto.
Ethant nunca llegó a comprender la mente y el corazón de aquel hombre… Solo en aquel momento comprendió algo… Pero, aún así… era inaceptable.
Se quedó en silencio durante un rato. Envainó su espada y comenzó a caminar rodeando la estancia. Se acercó a uno de los miradores. El cielo amenazador y el paisaje desolado seguían ahí afuera… Nada había cambiado.
No sucedía nada. Parecía que lo del “castigo” era tan solo una leyenda… Ethant decidió que había llegado el momento de irse.
Entonces el suelo se estremeció. Una nueva sacudida hizo temblar además las paredes, las columnas y el techo…
Un tremendo golpe volvió a sacudir el suelo, haciendo que este se agrietara… Ethant creía saber lo que iba a pasar a continuación…
Y entonces, del suelo del centro de la sala, que comenzaba a hundirse, con un brutal estruendo, surgió repentinamente una criatura inmensa.
Era un dragón.
Ethant, intentando protegerse con los brazos de la caída de escombros, observó que aún llevaba la cadena cerrada alrededor de una de las patas traseras. El dragón rugió con un sonido ensordecedor; el rugido se escuchó a varios kilómetros de distancia… Era un dragón cobrizo, con varios cuernos en la cabeza y una cresta ósea y puntiaguda que llegaba y le recorría el lomo. La bestia intentaba sacar las patas a través del suelo que iba despareciendo…
Ethant tenía que retroceder… pero detrás de él se encontraba el vacío… El techo comenzaba a caerse… El cuerpo sin vida de Jezabelt quedó sepultado y despareció… Todo se venía abajo.
Entonces, súbitamente, el dragón consiguió sacar la mayor parte del cuerpo, chocando contra el techo que se derrumbaba y que, en consecuencia, terminó de venirse abajo… Una gran piedra que formaba parte de una de las columnas cayó justo al lado del joven, que miraba a su alrededor buscando una salida… Entonces el dragón rugió de nuevo.
El suelo que pisaba Ethant cedió y este cayó hacia atrás… hacia el vacío…
Caía acompañado de montones de escombros, algunos enormes… La Torre había comenzado a desmoronarse… Ethant caía de espaldas a velocidad de vértigo, viendo cada vez más lejos la prácticamente desaparecida parte alta de la Torre…
Ahora sí que estaba todo perdido. Pero había logrado cumplir su objetivo. Sin embargo…
Una vez más, un impulso, que no sabía de dónde provenía, le hacía desear… vivir. Quería seguir viviendo. Por algún motivo… Pero… el fin estaba muy cerca… el suelo ya se aproximaba…
De repente, todo pareció enlentecerse. Ethant seguía cayendo rodeado de una nube de escombros que había formado una espesa cortina de polvo a su alrededor… Y entonces, de la cortina brumosa, surgió una figura que se dirigió como una flecha hacia el joven… Ethant notó una rienda tocándole la palma de la mano y, como si fuera algo natural, la cerró y la agarró con fuerza, montándose, sin pensar, en el animal que había surgido de la bruma y que había llegado escalando ágilmente sobre los escombros descendentes…
Ambos llegaron al suelo.
-¡Hildergart!- Exclamó, exultante, Ethant al reconocer a su fiel corcel, desprovisto en aquel momento de la silla de montar.
Los escombros caían a su alrededor, amenazando con aplastarlos… de modo que Ethant no tuvo que instar a su amigo a que emprendiera el galope para salir de allí inmediatamente…
Hildergart cabalgaba a toda velocidad, como nunca antes había visto Ethant… El tremendo y continuo estruendo de la Torre desmoronándose inundaba el llano…
Mientras continuaban alejándose, Ethant se giró para ver lo que estaba ocurriendo… Y lo que vio lo dejó perplejo.
La Torre estaba cayendo hacia abajo… hundiéndose sobre si misma… desapareciendo…
Una inmensa nube de polvo iba creciendo a medida que la Torre bajaba de altura… Y entonces ya no hubo Torre. El estruendo cesó y ya solo se escuchaban los últimos cascotes caer sobre el montón de piedra en que se había convertido… La nube de polvo se expandía alrededor…
Y entonces, Ethant vio algo en el cielo, justo donde hacía unos instantes se encontraba la sala desde la que había caído…
El dragón extendió sus alas en medio del cielo negro y violeta y rugió de nuevo de forma sobrecogedora.
Ethant hizo detenerse a Hildergart, el cual se irguió sobre sus patas traseras relinchando como si compitiera con el rugido del dragón… Ambos lo encararon.
La nube de polvo comenzaba a disiparse debido a la acción de los fuertes vientos. Ethant veía como el dragón le buscaba con la mirada… Y le encontraba.
Descendió hacia la montaña de escombros y, deteniéndose bruscamente justo antes de estrellarse con la misma, emprendió un vuelo rasante en dirección al joven jinete…
-Muy bien Hildergart… ¿Preparado?- Preguntó con decisión en su voz.
Hildergart movió decidido la cabeza como respuesta afirmativa. El dragón se aproximaba levantando nubes de tierra a ambos lados de donde pasaba… Sus temibles ojos amarillos de pupila vertical no quitaban la vista de encima a su objetivo…
-¡Vamos!- Exclamó el jinete intensificando la mirada y desenvainando la espada, al tiempo que Hildergart comenzaba a cabalgar, más deprisa que nunca, hacia el dragón.
Tanto el dragón como Ethant, a lomos de Hildergart, estaban a punto de coincidir en medio de la llanura…
Entonces Ethant, al ver que el dragón preparaba las garras traseras, una de las cuales iba arrastrando la cadena que iba formando un hondo surco en el suelo, instó a Hildergart a hacerse a un lado en el momento preciso que la bestia dirigía la misma hacia el joven jinete… La pudo esquivar por poco, aunque le rozó la armadura…
Ethant indicó a Hildergart que se detuviera y diera la vuelta. El dragón comenzaba a girar más adelante.
Nuevamente comenzaron a avanzar a toda velocidad uno hacia el otro… Ethant podía ver como la boca del dragón comenzaba a encenderse… las llamas comenzaban a sobresalirle de las mortíferas fauces… Cada vez estaban más cerca… El dragón comenzaba a abrir la boca…
Y, durante un instante, muy breve, Ethant se fijó en la cicatriz que el dragón tenía en la frente, justo entre los ojos… E instó a Hildergart rápidamente a hacerse a un lado en el preciso momento que la criatura lanzaba una inmensa llamarada hacia el jinete, la cual se perdió en el aire recorriendo cientos de metros sobre el desolado llano…
Una vez más Ethant señaló a Hildergart que diese la vuelta. La cadena ya había formado varios surcos en el árido suelo. El dragón se elevaba, daba la vuelta, y descendía hasta volver a recuperar la altura anterior… y volvía a la carga. Esta vez, abría las fauces… Ya se había cansado de aquello.
Ethant, montado sobre Hildergart, aún permanecía en el mismo sitio. Solo se le ocurría una manera… Debía actuar en el momento preciso… Acarició la cabeza de Hildergart, el cual respondió moviéndola a un lado. Entonces Ethant se acercó a su oído.
-Confío en ti- dijo el joven a su amigo. El fiel corcel pateó el suelo, preparándose…
El dragón, arrastrando la cadena, se aproximaba, cada vez con la boca más abierta…
Ethant le dio una palmada a un lado del cuello y Hildergart volvió a erguirse sobre sus patas traseras relinchando con furia. Emprendió el galope una última vez.
El sonido del vuelo rasante de la enorme bestia, y el de la cadena surcando el terreno, competía con el de los poderosos cascos del magnífico caballo negro, levantando nubes de polvo a su paso…
En medio del llano, bajo el cielo oscuro, entre los vientos que parecían haberse detenido momentáneamente para contemplar el desenlace… el dragón… y el jinete sobre su corcel… se dirigían a su encuentro… el encuentro final…
Entonces Ethant, ante la proximidad del dragón, subió de un impulso sobre el lomo de Hildergart, con los pies sobre el mismo y aún con las rodillas flexionadas… A medida que se acercaba el encuentro fatal iba irguiéndose manteniendo el equilibrio, con una mano sujetando la rienda y la otra su espada… Solo faltaban metros…
Y llegó el momento.
-¡Ahora Hildergart!- Exclamó Ethant.
Cuando tenían el enorme cuerpo del dragón justo delante, Hildergart saltó impulsando hacia delante a Ethant, el cual voló hacia el dragón… El corcel intentó evitar la enorme garra del dragón pero chocó contundentemente cayendo a un lado al suelo… Ethant no lo había visto ya que se encontraba pasando por delante de las incandescentes fauces del dragón que parecían a punto de engullirlo… El joven jinete sujetó su espada con ambas manos y la elevó por encima de su cabeza cuando estaba ante los furibundos ojos de aquella brutal criatura… Y entonces vio la cicatriz…
-¡Huaaaaaaaaaaaaaaa!- Exclamaba con todas sus fuerzas al tiempo que hacía descender su espada y la hundía en la antigua herida del dragón.
Este, reaccionó de inmediato y dio un movimiento brusco con la enorme cabeza hacia atrás… al mismo tiempo, la hoja de la espada se partió casi a la altura de la empuñadura… Ethant quedó durante un instante suspendido en el aire con la empuñadura en la mano, hasta que fue golpeado por el hocico del dragón al convulsionarse hacia atrás… El joven jinete caía al suelo desde una altura de varios metros a la vez que el dragón, enfurecido y herido mortalmente comenzaba a perder la consciencia… Ethant cayó bruscamente al suelo y la empuñadura de la espada rota cayó no muy lejos de él… Pero no tenía tiempo de desfallecer… El enorme cuerpo del dragón comenzaba a caer hacia delante… Iba a aplastarlo… Con las últimas fuerzas que le quedaban comenzó a rodar hacia su izquierda sin saber en ningún momento si se encontraba a suficiente distancia… Hasta que el dragón sin vida cayó sobre el suelo, con un colosal estruendo que hizo temblar el suelo como si se tratara de un terremoto y levantando una gran nube de polvo…
Ethant se detuvo… miró a su lado… La cabeza del dragón, con la mirada vacía, yacía a su lado… Estaba a punto de perder el conocimiento… Entonces se acordó de Hildergart. Levantó con dificultad la cabeza y miró hacia delante… al principio no veía con claridad… por la nube de polvo que aún no se había disipado y por las fuerzas que le fallaban…
-Hil… Hildergart…- Intentó llamar con un hilo de voz…
Pero no hubo respuesta y no veía nada… El joven comenzaba a temerse lo peor…
Pero entonces, a través de la espesa nube, comenzó a vislumbrarse una sombra que se aproximaba, acompañando sus pasos un sonido familiar de cascos… Hildergart apareció cuando se comenzó a desvanecer la nube de polvo y agachó la cabeza hacia su amigo justo al llegar a su lado.
-Me alegro de verte… Gracias, amigo…- Consiguió decir el joven, acariciándole débilmente la cara con la mano ya prácticamente sin fuerzas… y perdió el conocimiento.
Cuando Ethant despertó, vio que Hildergart no se había movido de su lado. Este le dio con el hocico en la cara para terminar de desperezarle. Ethant le puso una afectuosa mano en la mejilla y comenzó a incorporarse, no sin dificultad… Estaba dolorido. Entonces miró hacia el cielo y vio que había cambiado… Las nubes negras y violetas estaban terminando de volverse grises, aún de un tono oscuro; y aquí y allá se veían claros a través de los cuales pasaban los rayos de la luz del sol y podía verse el cielo azul… No soplaba el terrible viento y la atmósfera ya no era tan opresiva… Ethant miró hacia la empuñadura de su espada, ahora rota…
-Lo primero que tengo que hacer es conseguir una nueva espada- dijo antes de subir a lomos de Hildergart y agitar las riendas para emprender la marcha.
Se encontraban en los mismísimos límites del reino de Alenia. No se sabía qué había más allá… Ethant había conseguido recuperar la silla de montar y las alforjas; aunque se habían perdido las provisiones, que habrían de ser repuestas… Pero conservaba el caballo tallado en madera que le había hecho su padre.
Ya había cumplido su objetivo. La venganza había sido consumada. Ahora debía decidir qué hacer… La verdad es que no tenía ni idea. Ante él se presentaba un futuro incierto… Su destino sería ir vagando sin rumbo a donde le llevara el tiempo… Una existencia en el olvido… Ya hacía tiempo que había sido olvidado por el mundo. Ahora desaparecería en las tierras desconocidas que tenía delante para no volver…
Aunque… había algo que intentaba retenerlo… no sabía qué era pero ya lo había sentido antes… De todos modos su rumbo ya estaba decidido.
Prosiguió su camino a lomos de su fiel corcel y amigo.
En la llanura, aún azotada por vientos puntuales, aunque ya no tan fuertes, iba, solitaria, una figura ataviada con una capa de viaje de color blanco que la cubría totalmente; tenía la cara cubierta por encima de la nariz. Iba montada sobre una yegua de un blanco puro, de crin gris claro.
En aquellos momentos, la figura misteriosa, pasaba ante el cuerpo inerte del enorme dragón, con la enorme cadena extendida en el suelo, mirándolo con fuerte impresión con sus ojos verdes… De pronto, sus ojos se abrieron al llamarle algo mucho la atención… Descabalgó de inmediato y se dirigió corriendo a un punto cerca de la cabeza de la enorme criatura… Se agachó doblando las rodillas y recogió algo del suelo… En sus manos de piel clara sostenía la empuñadura de la espada rota de Ethant… Largos mechones rubios le caían en la cara, cuyos ojos brillaban emocionados.
Ethant, a lomos de Hildergart, había llegado a un bosque cercano. Le sorprendía un lugar de tan misteriosa belleza tan próximo al que había dejado atrás. Ahora ya se encontraba fuera de los límites de Alenia. El rumor de un arroyo de agua cristalina le llegaba de más adelante. Los rayos de la luz del sol se filtraban a través de las espesas copas de los árboles. La vegetación mostraba innumerables matices del verde y la luz que llegaba producía efectos sorprendentes aquí y allá. Pequeñas aves emitían sonidos muy agradables que no había oído nunca y aquel lugar se presentaba totalmente vivo.
Entonces, le pareció oír algo proveniente del camino por el que había venido… Primero se giró y no vio nada… Entonces, cuando iba a proseguir, volvió a girarse al escuchar claramente el sonido de lentos cascos de caballo acercarse…
Y, como si fuera un sueño, la vio. Iba cubierta pero sabía que era ella. Iba montada sobre una yegua de un color blanco brillante. La figura misteriosa se quitó la capucha de la cabeza y se descubrió la cara, cayéndole la larga melena rubia a ambos lados de su cara de piel blanca y por delante de los hombros, y mirando intensamente al joven con sus ojos de color verde claro. Era Cyntia.
En aquel momento, mientras ambos jóvenes se miraban en medio de aquel lugar como de otro mundo, Ethant entendió qué era aquello por lo que había querido seguir viviendo.
FIN
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