El Astronauta
La base.
Un silencio tenso se hizo en toda la sala.
-¿Alguna pregunta?- Preguntó la voz proveniente de la pantalla.
Nadie habló. Al cabo de unos segundos de espera, el director de la base de Nevada volvió a hablar.
-Una cosa más. El sargento Ivanov pasa a formar parte desde este mismo momento del equipo encargado de la misión. El sargento posee conocimientos en mecánica que pueden serles muy útil allá abajo. Todos los detalles relativos a la misión los encontrarán debidamente expuestos en la documentación que se les ha facilitado. La misión dará comienzo dentro de 12 horas, cuando se dirigirán a la base lunar. En cuanto lleguen, deberán comunicar un informe preliminar de la situación- la voz se detuvo unos instantes, como dejando que sus palabras se asentaran- Buena suerte.
La pantalla quedó en negro momentáneamente y, acto seguido, apareció un nuevo símbolo que la ocupaba en su totalidad, el perteneciente a la Estación Orbital, en la cual se encontraban.
El grupo permaneció varios minutos sin decir nada, asimilando la información que acababan de escuchar y ojeando el interior de las carpetas.
-No me extraña que quisieran esperar a que estuviésemos aquí arriba para decirnos en que consistía la misión… ¿Acaso alguno de nosotros la habría aceptado?- Habló, con su característico tono irónico, Maxwell.
Ninguno de los otros le contestó. Aunque John era el único que hubiera respondido de forma diferente a los demás…
-Ivanov, ¿usted tenía conocimiento de los términos de la misión?- Preguntó Anderson a Alexei.
Este negó con la cabeza con expresión seria.
-Se me ordenó que no accediera a la documentación hasta que no estuviéramos aquí reunidos.
-Deberíamos haber supuesto lo que nos esperaba- continuó Maxwell, sin poder contener un deje de fastidio- Un piloto experto en vehículos de combate, un ingeniero de sistemas, un marine, un mecánico ruso, una bióloga…
-Astrobióloga- lo corrigió Sarah.
-Mejor me lo pones…- Concluyó Maxwell.
-Tres de nosotros somos militares… o lo hemos sido- se corrigió Anderson. Todos habían tenido que dejar el ejército para formar parte de la misión- Imagino que antes de irnos deberemos hacer una visita al arsenal…
Alexei asintió lentamente, mirando hacia delante, distraído.
John no sentía inquietud. Tampoco tenía ningún reproche que hacerle a la agencia. Estaba dispuesto a cumplir las órdenes, sencillamente. Como había hecho siempre.
Tras unos instantes en los que el silencio se volvió a hacer dueño de la situación, y cuando parecía que todos habían revisado en gran medida la documentación relativa a la misión, Alexei se dirigió a sus nuevos compañeros.
-Les acompañaré a la sala común. Podrán ir a descansar a las habitaciones contiguas. Tenemos tiempo.
Todos se comenzaron a levantar de sus sillas, dejando claro que estaban de acuerdo.
Cruzaron la puerta que había permanecido cerrada en todo momento mientras habían estado en la sala. Se presentó una estancia estrecha y alargada, y bien iluminada, llena de archivadores de metal que iban del suelo al techo, ocupando completamente ambas paredes. Salieron de la sala y volvieron a internarse en un laberinto de pasillos y escaleras.
Mientras avanzaban, no se llegaron a encontrar con nadie en ningún momento.
-Oye, Alexei- comenzó a decir Maxwell con unas confianzas quizá aún no ganadas…- ¿Se puede saber dónde está todo el mundo?
Los demás esperaron atentos la respuesta.
-La estación es muy grande e intrincada. A veces uno tarda meses en volver a ver a alguien en concreto. Nos dedicamos casi exclusivamente a nuestras tareas y a descansar. Además… yo aquí solo soy un mecánico. Nadie me dice lo que hace o deja de hacer- Dijo con evidente frustración.
John ya había oído hablar de cómo funcionaban este tipo de estaciones. Había quién decía que era mejor así, ya que, en aquel lugar aislado, no era muy recomendable estar viendo las mismas caras continuamente…
Al cabo de un rato llegaron a una amplia estancia circular. Las paredes y el techo abovedado eran blancos, favoreciendo la intensa y blanquecina iluminación. En el centro de la estancia había varios sofás del mismo color, mesas, una mesa de billar, una nevera, un minibar… Cerca de las paredes había máquinas de gimnasio. Y en una zona apartada habían construido una mini-bolera. Una hilera de puertas daba a las habitaciones individuales; había una decena.
-Aprovechen bien la estancia. Nos reuniremos en aquella sala dentro de 8 horas- les dijo Alexei señalando una puerta apartada de las demás.
Tras decir esto se dirigió a una de las habitaciones individuales y cerró la puerta tras de si.
Los demás se quedaron en el centro de la sala mirando a su alrededor.
-¡Bueno, ¿quién se apunta a una partida al billar?!- Exclamó, entusiasta, Maxwell.
Anderson le dirigió inicialmente una de las fulminantes miradas que le solía dedicar… pero se relajó de inmediato y sonrió mostrando los dientes.
-¿Por qué no? ¿Se apuntan?- Se dirigió a Sarah y John.
Sarah asentía mostrándose de acuerdo mientras se giraba hacia John para ver si él también se incorporaba a la partida improvisada. John, en un primer momento, dudó; pero, finalmente, sonrió levemente, relajándose, y asintió.
El despertador que había sobre la mesita situada a la derecha comenzó a sonar con un volumen ascendente. John abrió los ojos y al principio no reconoció la habitación; durante unos instantes no recordaba donde estaba ni qué era lo que hacía allí… Poco a poco fue recuperando la consciencia y recordó que era la hora de prepararse para ir hacia la base lunar.
Cuando estuvo preparado salió a la sala común y encontró a los demás con cara de no haber dormido muy bien. Alexei aún no estaba.
-Que envidia, Hawke. Veo que tú sí has aprovechado bien estas horas de sueño- le dijo Anderson.
John aún estaba llegando a la altura de los demás.
-Tenía sueño acumulado…- Contestó escuetamente.
De pronto oyeron una puerta cerrarse y vieron que Alexei se dirigía hacia ellos.
-Espero que hayan descansado. Primero pasaremos por la despensa… y luego por el arsenal.
Mientras se dirigían a la despensa, Alexei les comunicó que el resto del material ya se encontraba disponible en la nave (un vehículo más pequeño que el que habían utilizado para llegar a la estación) con la que descenderían sobre la Luna. La sala no se encontraba muy lejos de donde se encontraban. Al entrar vieron numerosas estanterías llenas de productos alimenticios enlatados y empaquetados. Al lado había una puerta que daba a una cámara frigorífica. Alexei buscó en un baúl metálico cinco petates y comenzó a recoger latas y paquetes de aquí y allá. Todo lo iba repartiendo a gran velocidad en los petates. Finalmente, se dirigió a una gran nevera que llegaba hasta el techo y sacó varias botellas que, en varios viajes, terminó de meter en las bolsas.
-Me he permitido seleccionarles el menú- dijo con su marcado acento.
Nadie puso objeción alguna; aunque Maxwell estuvo a punto de hablar, deteniéndose de inmediato al ver que Anderson comenzaba a mirarle de reojo…
-Y ahora al arsenal.
Nuevamente comenzaron a seguir a Alexei, mientras Sarah echaba un vistazo al contenido de su bolsa y ponía cara de incredulidad al ver lo que se suponía que tendría que ingerir…
La sala del arsenal estaba cerca del muelle de la nave. Una sala alargada con multitud de armas colocadas sobre las paredes, como si estuviesen expuestas, y cajas de madera llenas de munición de todo tipo. Aquí Anderson, Alexei y John se sentían como un niño en una juguetería… Si por ellos hubiese sido se lo hubiesen llevado todo. Los tres tenían preferencia por las armas pesadas. Sarah escogió un par de pistolas y abundante munición. Y Maxwell se hizo con una ametralladora ligera y otra pistola (tanto Sarah como Maxwell no habían cogido un arma en su vida hasta que se incorporaron al equipo; como parte de la formación, recibieron instrucción en armas de fuego). Cogieron además granadas y otros explosivos. Cuando consideraron que ya tenían suficiente armamento emprendieron el camino, guiados por Alexei, hasta el muelle de carga donde se encontraba la nave.
El vehículo espacial se encontraba en el interior de una amplia estancia, en la que una única puerta, que ocupaba toda la pared, los separaba del exterior. Por ese motivo no había nada más en la sala. Estuvieron un rato cargando el equipo y revisando que todo estuviese a punto antes de embarcar. Finalmente, se volvieron a colocar los trajes, que llevaban cada uno en una bolsa con el símbolo de la compañía.
Había llegado el momento de irse.
En esta ocasión, era Alexei el encargado de pilotar la nave. La compuerta se abrió ante ellos dejando al descubierto el satélite de la Tierra, que quedaba ante ellos con un aspecto enorme. Cuando la puerta estuvo totalmente abierta, Alexei hizo despegar la nave hacia el espacio, mientras la gran compuerta volvía a cerrarse tras ellos con el mismo ritmo parsimonioso con el que se había abierto.
Tras varias horas ya estaban próximos a su objetivo. En una de las pantallas aparecía una representación gráfica de la zona de aterrizaje: un espaciopuerto en el ala este de la base.
El satélite ya ocupaba ampliamente la totalidad de lo que veían delante y comenzaban a distinguirse cada vez con más claridad cráteres, planicies… y la base construida por SH.
La base consistía en una serie de cúpulas de un material similar al cristal, igualmente transparente, pero muy resistente, que estaban conectadas entre si, albergando los edificios que conformaban el complejo y que de igual modo quedaban interconectados. La nave la dirigía Alexei manualmente (al igual que durante todo el viaje) hacia la parte este.
Cuando ya se veía claramente el espaciopuerto desde donde se encontraban, Alexei activo un pequeño monitor e introdujo un código. Acto seguido, en la pantalla apareció el logotipo de SH. Entonces comenzó a hablar una voz femenina, robótica.
-Sean bienvenidos a la base lunar M1 (Moon 1), perteneciente a la compañía Space Horizon. Por favor, introduzca la contraseña de verificación- dijo la voz pregrabada.
Alexei volvió a teclear una serie de dígitos y confirmó.
-Acceso verificado. Están autorizados para aterrizar. Permanezcan a la espera de la apertura de la entrada superior de la cúpula. Recuerden que disponen de un tiempo limitado para cruzarla y que se cerrará automáticamente una vez estén dentro. Si necesitan más información sobre las instalaciones y/o la compañía, acudan a cualquiera de los terminales distribuidos a lo largo de los módulos. Gracias por venir y disfruten de su estancia- concluyó aquella voz que parecía que no acabaría nunca.
Como había dicho la voz, la parte superior de la cúpula se abrió dejando un agujero en la parte superior. La nave atravesó la obertura verticalmente y comenzó el descenso a velocidad descendente hacia una de las pistas disponibles. La obertura comenzó a cerrarse al poco hasta que la esfera volvió a aparecer completa, como si fuera imposible que hubiera podido aparecer abertura alguna.
La nave se posó relativamente suavemente. No había movimiento en los alrededores. Inmediatamente, todos se ajustaron los trajes y se colocaron los cascos. Era una medida de precaución que debía tomarse en los espaciopuertos. Además, no sabían que iban a encontrarse al salir…
La puerta de la nave se abrió. El primero en bajar fue Alexei, con su arma a la espalda. Iba seguido por Anderson, que llevaba la suya en las manos. Detrás bajó Maxwell, que consultaba un aparato con una pequeña pantalla y una especie de antena.
-Parece que los niveles de oxígeno son normales- comunicó a su superior.
La siguiente en bajar fue Sarah, seguida de John que también llevaba su arma al hombro, agarrando la correa con una mano.
-Aquí hay más naves. Debería haber gente- dijo la bióloga intentando buscar la lógica a aquella situación.
Mientras se dirigían a la puerta principal, miraban a su alrededor intentando descubrir algo extraño… pero todo era silencio y quietud… desconcertante quietud…
Una vez accedieron al interior del edificio, se quitaron los cascos y los dejaron en unos huecos de la pared especiales para ello.
-Maxwell, ¿has cogido las granadas y los explosivos?- Preguntó Anderson con su tono de comandante.
Maxwell señaló bruscamente con el pulgar la mochila que llevaba a la espalda y que, a juzgar por su gesto de seriedad y fastidio, pesaba bastante…
-Como era de esperar, nadie ha venido a recibirnos…- Dijo Anderson en un tono que no consiguió llegar a ser irónico, ignorando el gesto de protesta de Maxwell.
Alexei miraba a su alrededor sin decir nada. John no se hacía preguntas, pero comenzaba a notar una sensación de intranquilidad que no le había asaltado hasta aquel momento…
-Vayamos a mirar- dijo Alexei comenzando a preparar su ametralladora pesada mientras se dirigía a la puerta.
Anderson ya tenía preparada la suya; y Maxwell, nervioso, revisaba su ametralladora ligera. Sarah no tenía ninguna intención de empuñar su arma mientras no quedara demostrado que fuese necesario; y John se limitaba a sostenerla a su espalda sujetándola por la correa.
Alexei abrió uno de los lados de la puerta doble.
Al otro lado todo era silencio... A excepción de un murmullo que ahora era perfectamente audible y que provenía de los enormes ventiladores subterráneos que administraban el oxígeno a toda la base. Sabían que aquel lúgubre y lejano murmullo les acompañaría durante todo el tiempo que estuvieran allí…
Al principio todo parecía normal... Excepto que no había absolutamente nadie. Pero pronto comenzaron a ver cosas que comenzaron a hacer saltar las alarmas…
Objetos tirados: papeles, macetas volcadas, objetos personales… aparecían desperdigados aquí y allá. Varios de los cristales de los tablones de las paredes estaban rotos y los restos por el suelo. Siguieron avanzando lentamente con creciente nerviosismo. John podía percibir que Sarah temblaba ligeramente…
Cruzaron varios de los amplios pasillos y todo a su alrededor era caos… Destrozos por todas partes… Y sangre. Había mucha cantidad de sangre seca en multitud de puntos del suelo y las paredes… Normalmente se presentaba como una mancha provocada por salida súbita y a presión… pero en varias zonas se veían rastros que terminaban abruptamente sin aparecer un cuerpo en el lugar donde debería estar…
Procuraron evitar las salas contiguas. Llevaban un buen rato sin hablar ninguno de ellos. No querían creerse lo que veían…
-¿Qué demonios ha pasado aquí?- Dijo finalmente Anderson.
Alexei oteaba al frente con el arma a punto, sin decir nada.
-Si llego a saber esto…- Comenzó a decir Maxwell.
El único sonido que acompañaba la consternación del grupo continuaba siendo el murmullo continuo de los gigantescos ventiladores…
-Creo que deberíamos ir a la enfermería…- Dijo Sarah, controlando la voz.
Todos se giraron hacia ella.
-¿Por qué?- Preguntó Anderson.
Sarah lo miró con una ligera expresión de asombro.
-Obviamente, si hay sangre es que hay heridos… Si encontramos algún cuerpo en la enfermería podríamos saber qué les ha pasado exactamente…- Argumentó.
Anderson miró a Alexei que asentía dirigiendo la mirada hacia la doctora Archer.
-No está lejos de aquí- dijo el sargento ruso.
El panorama no varió de camino a la enfermería. La luz del pasillo anterior parpadeaba dejando intermitentemente a oscuras los alrededores a excepción del cristal de la puerta que daba a la enfermería y que probaba que había luz al otro lado. Entraron con Alexei a la cabeza.
Lo que encontraron era espantoso.
Todo estaba tirado por el suelo: el instrumental, bolsas de suero, aparatos… y todo tipo de material médico… Varias de las puertas de los armarios estaban rotas o desencajadas… Solo había una camilla en pie, con la ropa colgando hasta el suelo… Y encima de la camilla… por casi todo el suelo… por las paredes… incluso por el techo… ingentes cantidades de sangre, ya oscurecida…
Pero no había solo sangre…
Restos de varios cuerpos… extremidades… vísceras… hasta media cabeza… estaban desparramados por el suelo y otras superficies…
Sarah tuvo que hacer esfuerzos terribles por no vomitar… Pero Maxwell no pudo aguantar y fue hacia una de las paredes… Anderson y Alexei examinaban su alrededor horrorizados… John iba siendo consciente de la gravedad de la situación… aunque aún no preparó su arma…
Sarah se acercó hacia uno de los restos.
-Lo que ocurriera aquí fue hace meses…-Dijo recuperando poco a poco la compostura.
Anderson miró a su alrededor una vez más.
-¿Está segura?
Pero Sarah no contestó. Algo le había llamado la atención. Al otro lado de la sala, una cortina, también manchada de sangre, separaba la estancia en la que se encontraban de otra de menor tamaño. Tuvo una corazonada.
-¡Un momento!- Se adelantó John preparando el arma al ver que la bióloga se dirigía derecha a ver lo que había al otro lado de la cortina.
Anderson y Alexei contemplaban la escena mientras Maxwell parecía que se empezaba a calmar… Sarah y John se miraron fijamente durante un instante y, a continuación, ambos asintieron. Cruzaron la cortina y encontraron otra camilla junto a un soporte retroiluminado para radiografías. La camilla estaba vacía. Pero, a diferencia de la sala contigua, aquí no había apenas sangre ni destrozos. John miraba en todas direcciones ante lo que pudiera suceder… Entonces Sarah se dirigió de inmediato al soporte y tomó una de las radiografías que aún estaban colocadas sobre el mismo. Las miró atentamente y miró a John con una expresión mezcla de asombro e incredulidad…
-¿Qué ocurre?- Preguntó John.
Sarah negó lentamente con la cabeza sin apartar sus ojos de los de John…
-La… La radiografía…- Intentaba decir mientras le temblaba la mano…
John se extrañó.
-¿Qué pasa con la radiografía?
Sarah tragó saliva antes de responder con un sudor frío en la frente.
-No… No pertenece… a un ser humano.
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