6 WARRIORS
Un auténtico soldado.
Pasaron tres días desde que se tuvo noticia de la caída de la banda de la Guadaña. Lo que no se sabía era quiénes (porque se consideraba que debían haber sido bastantes…) habían derrotado a aquellos tipos tan peligrosos… Solo una persona lo sabía: el camarero de la fonda no diría nada (aunque no le faltaban ganas y motivos para ello) sobre la identidad del que había conseguido librarles de aquellos extorsionadores; sabía que Bo podría tener problemas con las autoridades…
Eso sí… lo que no echaría de menos era el pozo sin fondo que tenía por estómago…
Bo siguió su camino.
En la escuela Heilong las cosas se habían normalizado bastante. Huei ya no estaba tan taciturno; incluso se le había visto hablar bastante con Xin…
Lo que sí que parecía ir a más era la actitud de Yi con Gavin. Este no sabía ya qué pensar… Ahora le daba la sensación de que ella le evitaba… Y, por supuesto, no le dirigía prácticamente la palabra, pese a que Gavin estaba seguro de que no le había dado motivos para ello…
Hacía rato que habían terminado de comer. La luz del día indicaba que la tarde no tardaría mucho en comenzar a llegar. Yun había traído algunas cosas de la fonda para compartir con los demás. En ese momento comenzaban a ir cada uno por su lado: Huei se había subido a una de las ramas del manzano; solía hacerlo a menudo y pasaba horas en silencio, pensando… Yun y Gavin comentaban recuerdos de cuando estaban en aquella misma escuela tiempo atrás mientras ayudaban a Yi y Xin a recogerlo todo. Esta última lavaba los cubiertos con las mangas arremangadas.
Entonces, al pasar unos instantes, alguien comenzó a golpear el doble portón de entrada de la escuela. Todos lo escucharon de inmediato y dejaron de hacer lo que estaban haciendo. Al principio nadie dijo nada… Volvieron a oírse varios golpes más.
-¡Eeeyyy! ¡¿Hay alguien ahí?!- Preguntó una voz de un joven.
Gavin y Yun se miraron un momento interrogándose con la mirada sobre qué debían hacer…
-¡Hooolaaa! ¡Estoy buscando un maestro del palo largo!- Insistió el joven desconocido.
Gavin asintió dirigiéndose a Yun que le respondió de la misma manera y fue corriendo hacia la puerta ahora parapetada.
Y entonces ocurrió algo que les alarmó. Yun se frenó en seco…
Varios de los tablones clavados que formaban el parapeto comenzaron a moverse ligeramente mientras aquel que estaba detrás de la puerta intentaba abrirla… Incluso varios de los troncos que sujetaban la doble puerta llegaron a vibrar ligeramente…
Yi y Xin habían llegado con los demás. Yun se giró un momento para buscar que alguien dijera algo sobre lo que deberían hacer. ¿Quién era el que estaba ahí fuera?
-¡Eeyyy! ¡Hoolaaa!- Seguía insistiendo el joven.
La doble puerta recibió una embestida, dejando a todos sorprendidos; pero no llegó a ceder…
Entonces Yun decidió ir a ver de una vez de quién se trataba. Tendría cuidado de no ser visto…
Se acercó al muro y saltó ágilmente sobre el mismo a unos metros de la puerta doble. Entonces se fijó bien en el visitante. Era Bo.
Estaba a punto de irse, cuando Yun decidió que aquel tipo no parecía peligroso; pese a la demostración de fuerza que había mostrado…
-¡Eh! ¡Aquí!- Le llamó la atención.
Bo se giró mirando a su alrededor hasta que vio a Yun subido en lo alto del muro.
-¡Hola! ¡Me llamo Bo! ¡Creía que no había nadie!- Decía con una sonrisa jovial.
-¡Hola! Mi nombre es Yun. ¿Querías algo?- Le hablaba con amabilidad.
Bo miró hacia el cartel de la escuela.
-Me enteré de la existencia de esta escuela y venía buscando a un maestro que me pueda enseñar a manejar el palo largo.
Yun se fijó en el palo largo de bambú que Bo llevaba a la espalda.
-Ninguno de nosotros es maestro… Lo siento…
Bo no pudo ocultar la decepción que comenzaba a aparecer en su rostro…
-…Pero todos sabemos manejar el palo largo… Creo que algo se podrá hacer- Dijo Yun sonriendo.
A Bo le volvió a cambiar la cara.
-¿Ves aquel árbol…?- Le dijo Yun señalándole el árbol donde se encontraba la entrada secreta.
Bo asintió.
-Ve y verás en el suelo una trampilla.
Bo se quedó mirando la puerta doble de entrada de la escuela.
-¿Y la puerta?- Preguntó extrañado.
Yun asintió comprendiendo su extrañeza.
-Entra por la trampilla y ya lo verás.
Bo accedió al interior. Huei no le quitaba la vista de encima; por si acaso… Los demás parecieron tranquilizarse al verle... No le consideraban una amenaza.
-¡Hola, soy Bo!- Dijo alegremente poniéndose en jarras.
Todos menos Huei llegaron a su altura.
-Hola, yo soy Gavin.
-Yo soy Yi.
-Yo me llamo Xin.
-Y aquel del árbol es Huei- aclaró Yun.
Huei frunció ligeramente el ceño, con cierto fastidio…
Me alegro de conoceros… ¡Oh! Vaya…- Exclamó al ver el montón de tablones y los troncos que formaban el parapeto-¿Qué es lo que ocurrió aquí?
Gavin, Yi, Xin y Yun no dijeron nada mientras se intercambiaban miradas…
-Es una larga historia…- Resolvió Yun.
En uno de los barrios más peligrosos de Changshia, no muy lejos del centro de la ciudad, un soldado imperial caminaba por sus calles. Era un joven de dieciocho años, con el pelo bastante largo y algo rebelde, de color verde y ojos azul oscuro; vestía con la armadura del ejército imperial: grisácea con los guanteletes, grebas, hombreras, peto y volante de color rojizo; a un lado de la cintura llevaba un sable largo; no llevaba casco.
Caminaba mirando a su alrededor, con una expresión seria… Los que se cruzaban con él, gente miserable en su mayoría, lo miraba con temor más que respeto…
Llegó a las puertas de una taberna. El cielo se había cubierto con nubes oscuras y parecía más tarde de lo que realmente era. A un lado de la puerta, el soldado se fijó en que había un chaval, de unos quince años, sentado en el suelo; tenía la mirada perdida, la boca abierta y una mano extendida apoyada en el suelo con la palma hacia arriba, esperando que alguien le diera alguna moneda…
El joven soldado sabía qué es lo que haría aquel chaval con lo que consiguiera sacar… Su expresión se endureció.
Miró hacia la puerta de entrada y se dirigió de inmediato al interior.
En el interior no había clientes. La taberna era una tapadera para la verdadera ocupación de los que estaban ahí dentro… La estancia era sucia y oscura. Había cinco tipos, aparentemente sin nada que hacer, ocupando varias mesas… Entonces uno de ellos, al ver al soldado, se levantó de inmediato y se dirigió a su encuentro.
-Vaya, vaya…- Comenzó a decir con una sonrisa malévola mientras se frotaba las manos-No esperábamos que vinieran hasta mañana… Aún no tenemos la recaudación completa.
El joven soldado permaneció de pie, quieto y callado, sin cambiar de expresión.
-El negocio va mejor que nunca, je, je, je… Sus superiores no se podrán quejar…
Al soldado parecía habérsele endurecido aún más la expresión…
-¿Se ha fijado en el desgraciado de ahí fuera? Es uno de nuestros mejores clientes… Creo que ha dejado de comer para reunir antes lo que vale su dosis… ¡Ahora solo come lo que nosotros le damos, jua, ja, ja, ja, ja…!
El joven ya no pudo más. Algo en su interior estalló. Su mirada cambió y es lo que vio, sorprendido, el tipo que acababa de parar súbitamente de reír justo antes de que el soldado le diera un brutal puñetazo en la cara que lo mandó contra la barra. Cayó boca abajo al suelo.
Los demás se levantaron, mirándose los unos a los otros entre extrañados y asustados…
El joven se dirigió a los dos que tenía más cerca y a uno le dio un puñetazo en la cara que lo dejó inconsciente y al otro un codazo con el mismo brazo que le partió la nariz, el cual cayó al suelo dejando tras de si un chorro de sangre…
Los otros dos intentaron salir corriendo de la taberna… pero el soldado interceptó al primero propinándole un terrible rodillazo en el estómago que lo dejó sin respiración, y agarró con una mano por la cabeza al segundo, estrellándosela contra la mesa más cercana destrozándola…
El silencio se hizo durante unos instantes en la estancia. Entonces el joven se percató de que el primero al que había golpeado aún se movía…
-Uu… Uuugh… ¿Qué es lo que haces…? Tú deberías protegernos…- Comenzó a decir con la boca ensangrentada.
El joven soldado comenzó a caminar hacia la puerta.
-Ugh… Cuando se enteren estarás perdido…
El joven se detuvo, quedando de espaldas al tipo que se dolía en el suelo…
-Ya lo sé- dijo mientras desenvainaba el sable ante la mirada de terror de aquel, que permanecía en el suelo abriendo totalmente los ojos…
Al cabo de un rato, el joven soldado salió al exterior al tiempo que envainaba su sable.
Se detuvo en medio de la desierta y oscurecida calle. Entonces, del lado contrario, de entre las sombras, apareció una figura.
-Han, ¿qué haces aquí?- Preguntó una voz femenina.
El joven se giró y vio llegar a una joven soldado como él del ejército imperial, de diecisiete años, con una larga melena violeta, con volumen, recogida en una cola y los ojos del mismo color; la armadura que portaba no podía disimular sus pronunciadas curvas y a un lado de la cintura llevaba una espada.
-Feng…- Dijo, algo desconcertado de encontrarla allí.
Feng se lo quedó mirando; luego miró hacia la taberna y le pareció vislumbrar algo desde donde se encontraba a través de la puerta de entrada… No dijo nada y se dirigió al interior. Han se quedó en el mismo sitio.
Al pasar unos minutos, Feng salió de la taberna, con la expresión imperturbable.
-Ya lo has vuelto a hacer…- Le dijo a Han con un tono que no consiguió llegar a ser de reproche.
Han no contestó. Feng llegó a su altura, situándose a su lado dirigida hacia la misma dirección que Han, cerrando los ojos con leve resignación.
-Espero que entiendas de donde sale la financiación del ejército del Emperador…
Al principio Han no contestó.
-Yo no me hice soldado para esto…- dijo al fin.
Ahora fue Feng la que no contestó. Y comenzó a dirigirse por donde había venido Han.
-Delátame si quieres…- Le dijo el joven.
Feng no se detuvo.
-Ya te delatarás tú solo- le dijo Feng alejándose sin cambiar su expresión y actitud altiva.
Cuando Feng se hubo perdido de vista, Han se giró hacia el chaval que había visto antes. Estaba tirado en el suelo, con los ojos en blanco y la boca totalmente abierta, aún con la mano extendida… Probablemente estaba muerto.
Han se lo quedó mirando unos instantes, sin cambiar su expresión, y se encaminó por donde había venido Feng.
En una de las bulliciosas calles de Changshia, la gente iba de aquí para allá; no faltaba mucho para que comenzaran a regresar a sus hogares. Unos cuantos niños jugaban con una pelota. Uno de ellos la lanzó demasiado fuerte de una patada ante las protestas de otro que salió corriendo a buscarla. La pelota chocó contra una figura totalmente envuelta en una especie de lona gris raída y sucia.
-¡Perdone señor!- Se disculpó el niño al recoger la pelota, la cual regresó a sus manos.
Entonces, la figura se giró hacia el niño y este vio un rostro con expresión dura, ojos blancos con el ceño fruncido, una nariz grande y puntiaguda y un pañuelo color gris más oscuro que le cubría la boca y gran parte de la cara.
El niño, abrió los ojos y la boca con los dientes apretados emitiendo un sonido de sorpresa mientras salía corriendo presa del miedo.
La figura siguió avanzando, ligeramente encorvada, perdiéndose entre el gentío…
En una calle no muy lejana, caminado ante la atenta mirada de todo aquel que se fijaba en ella, iba una joven, de dieciocho años, muy atractiva, con el pelo azul oscuro en una media melena, ojos negros y la piel muy blanca; iba maquillada; vestía con un vestido rojo oscuro sin mangas y que le quedaba por encima de las rodillas, ajustado pero flexible, marcando de forma evidente sus prominentes encantos, un delgado cinturón marrón oscuro y unas botas altas marrones. Caminaba contoneándose mientras fumaba en una fina pipa.
Entonces, un joven de unos veinte años con un fino bigote mal afeitado se le acercó torpemente sin poder ocultar su ansiedad…
-¡Eh, señorita! ¡¿Le gustaría ir a tomarse algo conmigo?!- Le decía intentando llevar, de espaldas, el acelerado ritmo de la joven.
Esta sonreía de forma burlona.
-Vamos… Aquí cerca…- No pudo terminar de hablar.
En unos segundos notó varias punzadas en diversas partes del cuerpo. Sin saber qué había ocurrido, calló de rodillas, con los ojos muy abiertos, mientras en las zonas donde había notado las punzadas comenzaba a notar un dolor creciente… creciente… Terrible.
-¡Uuuuaaaaaah!- Chillaba, desesperado, aquel joven mientras varias personas se arremolinaban a su alrededor…
La joven se alejaba sin haber disminuido el ritmo en ningún momento, guardándose un abanico plegado en el fino cinturón, a la espalda, mientras se alejaba sonriendo de forma maliciosa.
Ya era de noche en la escuela Heilog. Yun había vuelto a la fonda; Bo se había quedado dormido en su habitación; y Huei y Xin volvían a estar reunidos en la habitación que esta última compartía con Yi.
Yi se encontraba apoyada sobre la barandilla que rodeaba el edificio, contemplando las estrellas titilantes de aquella noche despejada.
Gavin, tras decidirse después de un buen rato, se acercó a ella.
-Eeh… Yi…- Dijo, más nervioso de lo que se esperaba…
Yi se sobresaltó.
-Ah… Hola…- A Gavin le pareció que ella también estaba nerviosa…
Gavin se terminó de acercar.
-Eeeh… Verás… Yo…- la verdad es que no sabía qué debía decir…
Yi volvió a dirigir su mirada hacia el cielo.
-Yi… Lo que quería decirte es que… si hay algo que haya hecho que te haya molestado… pues que lo siento- Consiguió decir al fin.
Yi no contestó.
-No has hecho nada…- Dijo la joven tras unos instantes.
Gavin ya no sabía qué más decirle…
-Bueno… Pues… Buenas noches, Yi…- Le dijo antes de comenzar a alejarse, titubeante.
Cuando Gavin se hubo alejado, Yi suspiró sin dejar de mirar el cielo nocturno.
-Este no se entera de nada…
En una taberna de la ciudad, en la barra, un joven de diecisiete años con el pelo gris, no muy corto y casi de punta, y los ojos del mismo color, con ojeras, acababa de terminar de cenar. El tabernero, al percatarse, se dirigió al joven.
-¿Desea algo más?
El joven dejó los palillos en el plato y se terminó su jarra de zumo de coco.
-No. Por cierto…- Le comenzó a decir mirándole fijamente a los ojos-No le debo nada.
El tabernero se quedó con la mirada fija en los ojos de aquel joven.
-No me debes nada…- Repitió como ausente…
El joven se levantó. Iba ataviado con una capa marrón oscuro con la capucha atrás. Salió al exterior y se quedó quieto unos instantes en medio de la calle. Alguien se acercaba por su derecha.
Apareció el tipo que había asustado al niño y se detuvo cerca del joven. Este sonrió sin variar su mirada llena de malignidad.
Entonces, una figura se acercó contoneándose a su izquierda. Era la joven del vestido rojo oscuro, la cual lo rodeó con los brazos apoyándose en su espalda mientras lo miraba con expresión lujuriosa… Entonces el joven habló.
-Y ahora, veamos si aquel creído hizo bien su trabajo.
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