lunes, 4 de agosto de 2014

6 Warriors - Capítulo 36

6 WARRIORS

La fuerza de Taisho.


Xin y Bo estaban con la boca abierta; no podían –no querían- creer lo que acababan de oír…
-¿Qué dice…? ¿Que ahora irá en serio? ¿No lo iba ya…?- Bo comenzaba a sentir que todo aquello le venía grande…
Xin, a su lado, no contestó, también pensando lo mismo que había dicho aquel…
-“Han…”- no fue capaz de verbalizar la chica, preocupada…
Han, sin moverse un milímetro, no había podido evitar que sus ojos se abriesen más debido a la sorpresa; la cual, acto seguido, dio paso a comprender lo que había pasado…
-“Maldita sea. Debería habérmelo imaginado. Estaba siendo demasiado fácil…”- Se reprochaba.
El General, Taisho, se encontraba en semiposición de guardia, satisfecho por el efecto causado por sus palabras en el confiado del traidor…
-¿Y bien? ¿Me vas a atacar o qué?- Le provocaba…- Tengo cosas que hacer… esta misma noche…- Decía, mientras sonreía malévolamente…
Bo y Xin apretaron los dientes y se pusieron a temblar de rabia, a pesar de lo asustados que estaban… Han también reaccionó, adquiriendo su rostro gravedad; no le quedaba más remedio que atacar a aquel maldito…
Han adoptó la posición de guardia, preparado con su sable largo; el General, al verlo, dejó entrever cierta expresión de sorpresa al ver que estaba dispuesto a continuar, a pesar de todo… Este también adoptó del todo su posición de guardia, mostrando su gran sable. Permanecieron uno frente al otro, sin moverse, durante largos segundos… Bo y Xin no se atrevían casi ni a respirar… la tensión podía cortarse…
-¡No te dejaré, maldito…!- Exclamó Han al tiempo que saltaba hacia delante, en dirección recta hacia su contrincante, blandiendo el sable para cortar oblicuamente…
Pero ahora Taisho estaba totalmente concentrado y preparado; no volvería a cometer el error de subestimar a Han…
-¡Está hecho, Han…!- Le contestó, esperándole en su posición…
Cuando Han le atacó, rápida y fuertemente, Taisho solo tuvo que mover levemente su arma para detener el golpe, que resonó metálicamente de forma sobrecogedora… Han, una vez tuvo los pies en el suelo, volvió a atacar de inmediato, de igual manera pero por el otro lado…
Pero el General lo detuvo, como antes pero por el lado contrario. Han se alarmó…
Xin y Bo veían con preocupación cómo aquellos dos ataques tan potentes no habían tenido el más mínimo efecto en el impertérrito gigante…
Pero Han no estaba dispuesto a dejarlo estar. Recuperándose de inmediato retrasó el arma y se dispuso a acometer a su contrario…
-¡Haaaaaa!- Exclamaba, prácticamente convencido de que aquel hombre tan corpulento no tendría tiempo de desviar ni esquivar su ataque…
Pero Han se equivocaba. Y en ambas cosas… A la vez que retrasaba su posición, apartándose lo suficiente para quedar fuera del alcance del sable de Han, el General trazaba un círculo con su arma que desvió la del ex soldado…
-“¡No puede ser…!”- Se alarmaba mientras sentía como su arma era desviada, sin poderlo evitar, y su defensa se veía claramente comprometida…
Taisho, al percatarse de esto, consciente de que lo tenía donde quería, supo que le tocaba a él.
-¡Uaaaaaah!- Bramó, como una bestia salvaje, abalanzándose sobre el vulnerable aprendiz que tenía delante…
Han veía cómo se le echaba encima una inmensa mole, veloz, armada con un arma metálica cortante de grandes dimensiones que proyectaba reflejos hacia él…
-“¡No!”- Han estaba en serios apuros…
-¡Oh, no!- Exclamó Xin, viendo cómo estaba a punto de ocurrir lo inevitable…
Bo, previamente espantado, sintió de pronto como si algo cambiara en su interior.
El enorme sable de Taisho iba a partir por la mitad, oblicuamente, el tronco expuesto de Han… el General ya lo daba por hecho…
Pero Han, sacando fuerzas de no sabía dónde, consiguió impulsarse hacia atrás, llevando el sable lo suficientemente cerca de su cuerpo como para detener el salvaje ataque de Taisho, que impactó muy cerca de la empuñadura del sable del ex soldado…
-¿Eh?- Se contrarió ligeramente el General -aún inmerso en el ataque- al ver que aquello no le había salido como esperaba…
Pero no perdió un instante y volvió a tirarse sobre aquel pobre diablo de Han.
-¡No te preocupes! ¡No pararé hasta destrozarte!- Lo amenazó, llevando el gran sable sobre su cabeza, con la intención de cortar en dos -en esta ocasión verticalmente- al escurridizo traidor…
Han, que ahora se veía con más margen -y con la inercia inesperada al detener la anterior embestida-, pudo impulsarse con el otro pie todo lo atrás que pudo, intentando evitar a toda costa aquel filo que ocultaba la expresión asesina de su portador…
El gigantesco sable se estrelló en el suelo de madera, haciendo que los tablones se levantaran y saltasen astillas, mientras Han aún se desplazaba hacia la retaguardia… Cuando cayó al suelo, jadeaba por la impresión; por lo cerca que había estado… Taisho permanecía inmóvil, oculto el rostro, tal como había quedado al destrozar el suelo donde debía haber estado Han… Xin seguía con la boca abierta… y Bo, a su lado, no se movía. Xin se dio cuenta de esto, dirigiendo la mirada hacia su compañero.
Cuando terminaron de caer virutas de madera al suelo, Taisho se irguió, sonando su sable como el metal pesado que era al llevarlo a un lado… los ojos que se ocultaban en su faz en sombras eran más propios de un demonio que de un hombre…
-¿Sabes? Ya me he cansado de jugar- dijo el General, levantando la mirada y dirigiéndola a Han…
Todo sucedió muy rápido. Han no se lo esperaba cuando vio cómo aquel hombre de tal tamaño casi “volaba” hacia él, pillándolo desprevenido.
A duras penas consiguió bloquear el tajo oblicuo que le venía desde arriba, por la izquierda, teniendo que utilizar -excepcionalmente- ambas manos para contener semejante embiste; y entonces el General aprovechó para darle un tremendo puñetazo en el estómago que lo levantó del suelo…
-¡Uuuurg!- Emitió Han, que notaba cómo se quedaba sin aire y sus manos se aflojaban de la empuñadura…
-¡Han!- Gritó Xin, horrorizada por la fuerza del golpe que casi pudo sentir ella misma…
Han “aterrizó”, flexionando las rodillas y llevándose una mano al dolorido estómago… aún sostenía su arma, comprobó con alivio… Pero hacía rato que a Taisho le había cambiado la mirada. Y volvió a atacar.
-¡Cuidado, Han!- Le avisó Xin, sin poderlo evitar a pesar de saber que no era necesario…
Han le veía venir y notaba las vibraciones producidas por aquel imponente individuo corriendo hacia él y blandiendo un arma más larga incluso que la altura de su propietario… Aún no se sentía recuperado del todo… no había podido casi ni respirar…
-¡Desaparece!- Le espetó Taisho, lanzando un corte horizontal, paralelo al suelo, cerca del cual Han aún se encontraba…
Como hiciera antes, este volvió a saltar, pero menos… Y entonces -sintiéndose ligeramente recuperado- atacó él, con ambas manos y a su cuello…
Entonces ocurrió algo increíble. Han abrió los ojos de par en par, sin podérselo explicar. Xin se quedó anonadada…
Taisho, el General, había detenido la hoja del sable de Han… con una mano. Un hilillo de sangre le corría por el cuello, del rasguño que le había conseguido hacer… Pero el tipo, sin variar su expresión, llegó a sonreír…
-Ahora que estás perdido- sentenció.

-¡Señor! ¡Traemos a esta alimaña para encerrarla en los calabozos!- Hablaba –con la voz alzada y lleno de orgullo propio- el soldado que, junto con otros dos, llevaban apresado a un jovenzuelo de catorce años, el cual era sujetado por estos últimos…
El General, ataviado con su armadura completa, observaba a aquel muchacho sucio y que hacía como que “pasaba” de él, con expresión ceñuda, mientras caminaba escrutador de un lado a otro -en el enorme patio del cuartel- con las manos cruzadas detrás, observándole…
El joven se sentía muy incómodo en aquella situación; finalmente le lanzó una mirada desafiante a aquel tipo altivo que no pudo evitar verse ligeramente sorprendido por ello.
-¿Y de qué se le acusa?- Quiso saber el General.
Tras unas dudas iniciales, acabó contestando uno de los dos soldados que mantenían agarrado al prisionero… seguramente debido a que el primero que había hablado -a pesar de querer aparentarlo-, no había tenido nada que ver en la captura del joven de pelo verde…
-Le hemos pillado robando una barra de pan.
Aquí el joven se indignó.
-¡Nos robáis nuestro dinero con vuestros impuestos y no nos queda casi ni para comer…!- Gritó, en tono acusador, al General, que lo observaba inmóvil…
Entonces el muchacho notó cómo, a pesar de ser un día de calor abrasador, algo tapaba el sol de pronto a medida que unos pasos enérgicos se dirigían hacia él…
Recibió un fuerte golpe en la cara con el puño metálico del soldado que había hablado en primer lugar…
-¡Cómo te atreves a faltarle el respeto a nuestro gran General! ¡Vosotros los rateros siempre esgrimís las mismas excusas para hacer vuestras fechorías…!- Le vociferaba al oído, escupiéndole mientras lanzaba aquella perorata -sabiéndose observado por su superior-…
El General -al que no se le veía bien el rostro, ensombrecido por la intensa luz que caía del cielo- torció el gesto.
-¡Basta! Soltadle ahora mismo y dejadle aquí. Quiero hablar con él- dijo, tranquilizando el tono progresivamente…
Los soldados -sobretodo el primero- no entendían nada; pero, aunque muy sorprendidos, obedecieron sin rechistar y se retiraron, con una reverencia final -y de más- por parte del soldado, que veía alejar sus posibilidades de ascenso inmediato…
El joven, viéndose de pronto libre de la presa ejercida por aquellos dos matones -y las abominables maneras del que quería parecer su líder-, se sintió desprotegido ante aquel individuo tan alto y corpulento, el cual, sin duda, le imponía…
-¿De modo que ese es el concepto que tienes de nosotros, eh muchacho?- Le preguntaba, condescendientemente, el General.
Aquel, que no sabía qué era lo que quería de él, no sabía cómo responder…
Pero el General no esperaba respuesta alguna. Se giró hacia la extensión del patio y señaló en sentido amplio hacia los soldados que entrenaban en el mismo…
-Mira. Observa bien a tu alrededor. ¿Sabes la diferencia entre ellos y tú?- Le preguntó, dirigiéndole una mirada inquisitiva que hizo dar al joven un par de pasos atrás…
Este, sintiéndose absolutamente fuera de lugar, negó torpemente con la cabeza… El General le dedicó una sonrisa sospechosa.
-Futuro. Ellos tienen un futuro- hizo una pausa.- Y tú, si quieres, también puedes tener un futuro…- Le tentó.
Entonces el joven abrió mucho los ojos. Pensó en las penalidades que estaba pasando su familia y en las cosas que él se veía obligado a hacer para conseguir comida o medicinas…
No tardó en tomar una decisión. Miró al tipo y -a pesar de que no confiaba totalmente en él- asintió, decidido.
Pero no hubiera hecho falta: el jefe absoluto de los soldados ya había visto la decisión en su mirada… Y sonrió, satisfecho.
-Muy bien, muchacho. ¿Cómo te llamas?- Quiso saber.
El joven sabía que ya no había vuelta atrás.
-Han.

Han trataba de recuperar su arma… pero, inexplicablemente, aquel ser abyecto era extraordinariamente fuerte con tan solo dos dedos…
-Es una lástima Han…- Comenzó a hablar el General, mientras mantenía el forcejeo…- Yo vi algo en ti. Pero tú nunca te dejaste doblegar… Insististe en mantener tus ideas propias… Y mira cómo has acabado.
Han, durante un segundo, casi se lo cree.
-En eso siempre has sido el mejor, Taisho… A cuántos como yo les irías con el mismo cuento…- Le acusaba, apretando los dientes por el esfuerzo…
Al General se le borró la sonrisa del todo del rostro. Nadie se atrevía a llamarlo por su nombre… y estaba demasiado acostumbrado a ello…
-Veo que ya no tienes remedio- resolvió…
Ahora fue Han el que llegó a sonreír…
-Ya iba siendo hora de que te dieses cuenta… ¡Taisho!- Dijo esto último con intención clara de fastidiar -y distraerle- al tiempo que recuperaba el sable de un tirón…
Pero comprobó, no sin inquietud, que el General ahora estaba enfadado…
-Basta de tonterías. Has perdido tu oportunidad. Y yo mi paciencia…- Dijo esto último arrastrando las palabras, a medida que se enfurecía más y más…
Xin se llevaba las manos entrelazadas y cerradas a la boca; Han se preparaba para el inminente ataque… más fuerte que nunca… Al General se le ensombrecieron los ojos…
Y casi hubiera sido preferible no verlos.
-¡¡¡Muere!!!- Gritó, con una potencia pulmonar inusitada, haciendo que Han llegara a sentir miedo… mientras se tiraba hacia él…
El gigante volvía a blandir el arma, con intención evidente de destrozar a Han de una vez por todas… se preparaba para dar un tajo oblicuo descendente…
Pero Han se sentía recuperado.
Saltó lo más alto que pudo, apartándose al máximo de la veloz y letal hoja que desgarraba el aire… Y entonces el golpe dio en el suelo.
Han no se lo podía creer. El brutal sablazo de su oponente creó una enorme grieta en la superficie que llegó hasta la pared más cercana, destruyendo otra de las armaduras completas de paso, y cortando el tapiz colocado en la pared superior… Xin se echó hacia delante, incrédula…
-No… No es posible… Es un monstruo temible…- Decía Han, anonadado, aún en el aire, contemplando la hendidura en el suelo de varios metros de longitud…
Entonces Taisho miró hacia arriba… Tenía al traidor a tiro… Han se dio cuenta de esto: estaba vendido.
Antes de saltar, el General esbozó una sonrisa triunfal.
-¡¡Nooo!!- Exclamó Xin, desesperada…
Taisho, de forma inexplicable, “voló” hasta encontrarse frente a frente con Han, a punto de cortarle en dos por la mitad…
-¡Se acabó!- Anunció, lanzando su ataque, ante un indefenso Han que no podía hacer más que ver cómo se acercaba a toda velocidad el frío filo de aquel gran sable…

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