DETECTIVE NIGHT
El final del duelo.
Las nubes no podían ocultar del todo la luz de la luna. La solitaria calle estaba apenas iluminada por un par de viejas farolas situadas a considerable distancia entre si. La música de la discoteca sonaba ahora como si estuviera muy lejos de allí. Hiro permanecía apoyado en la pared, sin dejar de apuntar con su arma hacia el recodo por el que había visto desaparecer al tipo de la gabardina. Este, a su vez, pensaba cuál debía ser la siguiente acción a llevar a cabo… Todo podría decidirse en aquel lugar y en aquel momento…
Entonces, se escuchó una lejana sirena de policía que parecía aproximarse. “El Rastreador” sabía que había llegado la hora de actuar… Con un súbito movimiento, apareció ante la vista de Hiro, sacando el cuerpo lo suficiente para disparar sin apuntar de forma precisa… Hiro se agachó instintivamente, pero ya veía desde prácticamente el primer momento que el cañón del arma de su adversario no le llegaba a apuntar directamente… El detective respondió con otro disparo, este sí más preciso, aunque el tipo de la gabardina ya no estaba y, en esta ocasión, podía escuchar los pasos alejarse a toda velocidad…
-“¡Ya estamos…!”- El joven detective frunció el ceño momentáneamente y comenzó a correr en busca del tipo de la gabardina.
Hiro se sorprendía de lo rápido (más bien huidizo) que podía ser aquel enviado de la organización… El detective avanzaba a toda velocidad por oscuros y solitarios callejones, acompañado tan solo por el sonido de sus pasos sobre el suelo irregular… Hacía rato que le había perdido de vista; y tampoco escuchaba nada… Entonces, no muy lejos de allí, escuchó la voz de una mujer protestar, seguida de la de un hombre que increpaba a alguien… Hiro tomó uno de los múltiples y estrechos atajos de aquella zona laberíntica y podía oír claramente como se aproximaba a aquellas voces que acababan de llegar a sus oídos…
-¿Estás bien… cariño…?- Oyó Hiro antes de salir del callejón anterior a la calle en la que se encontraban aquellas dos personas.
Entonces salió del oscuro pasillo y les vió: una pareja, ambos de entre treinta y cuarenta años, se encontraban uno frente al otro, muy quietos… Hiro se aproximó a ellos de unas zancadas.
-Hola. ¿Se encuentran bien?- Se interesó el joven.
Cuando ambos se giraron, Hiro se sobresaltó al ver el terror en sus expresiones… No entendía qué les pasaba… Imaginó que les sobrecogió mirar a aquel tipo a los ojos…
-Sí, sí… Estamos bien, gracias…- Dijo el hombre, como quitándole importancia a aquello que les ocurría…
Hiro se los quedó mirando. La mujer no decía nada; solo temblaba…
-¿Han visto pasar a un tipo muy extraño con una gabardina y un sombrero?- Al preguntar Hiro esto, notó como ambos se estremecían… Definitivamente, sí le habían visto.
El detective vio como el hombre parecía pensar muy bien lo que iba a decir antes de contestar…
-Sí… La verdad es que sí… De hecho, se ha chocado con nosotros… Pero se ha ido enseguida- se apresuró en concluir.
A Hiro había algo en todo aquello que le daba mala espina.
-Ya… ¿Y podrían decirme adónde ha ido?- Preguntó, consciente de la prisa que tenían en que se fuera.
La mujer seguía sin hablar, temblando cada vez más violentamente. A Hiro, en la pobre iluminación de aquel lugar, le parecieron distinguir dos finas lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas… El hombre se percató del estado de su mujer y señaló de inmediato hacia la dirección que quedaba a espaldas de Hiro.
-Por allí… Se fue corriendo por allí… Ya debe estar lejos… Si nos disculpa…- El hombre apartó la mirada de la del detective y fue a arropar a su mujer, que estaba peor por momentos…
Entonces, Hiro observó como la mujer, sin poder contener ya un silencioso llanto, miró de reojo hacia atrás, donde estaba situado un amplio contenedor de basura…
Ahora el detective lo entendía todo. ¿Cómo no se había dado cuenta desde el primer momento?
Señalando hacia el callejón por el que había llegado, les hizo señas a ambos para que se dirigieran rápidamente hacia allí, sin dejar el detective en ningún momento de mirar hacia la parte posterior del contenedor… El hombre ayudó a caminar a su mujer, que estaba paralizada por el miedo; y cuando Hiro se aseguró de que estaban a salvo, se llevó la mano a su arma.
-Vale, pues… muchas gracias. Tengan cuidado- decía el detective en voz alta.
Entonces, algo se movió en la oscuridad desde detrás del contenedor. Hiro reaccionó a tiempo y saltó rodando a un lado, hacia el callejón por el que ya no se veía a aquella pareja que se había alejado de allí, al tiempo que un disparo pasó muy cerca del detective… Cuando Hiro hubo recuperado la estabilidad, con una rodilla apoyada en el suelo, se asomó, apuntó y disparó en la dirección donde se encontraba escondido el tipo de la gabardina… Un nuevo disparo sonó a continuación impactando en la pared que protegía al joven detective, haciendo que este tuviera que protegerse echando la cabeza hacia atrás. Nuevamente se escucharon los veloces pasos de aquel tipo alejándose de allí.
-¡Ah, no…! ¡No te vas a escapar!- Exclamó Hiro incorporándose y saliendo en su busca.
Cuando el detective salió de la calle, se encontró en un espacio abierto y solitario a aquellas horas. Una amplia calle, sin circulación, lo separaba de un amplio centro comercial de varios pisos de altura. Miraba en todas direcciones, pero no veía a aquel tipo por ninguna parte… Quizá ahora sí que le había perdido…
Pero un sonido de cristales rotos le devolvió a la realidad. Provenía del centro comercial que tenía delante. Ahora sabía donde estaba aquel tipo al que buscaba. Pero también sabía que aquello era una nueva trampa… Revisó su arma: le quedaban pocas balas; llevaba algunas más, pero no bastaron para llenar por completo el cargador. Tendrían que ser suficientes. Hiro guardó momentáneamente su arma y se encaminó a paso ligero hacia la entrada de aquel centro comercial que se alzaba hacia el cielo oscuro de la noche.
Atravesó rápidamente el aparcamiento vacío que había frente a la entrada. Hiro vio que una de las puertas tenía una obertura en el cristal, y el suelo, tanto de uno como de otro lado estaba lleno de cristales rotos… Hiro atravesó la puerta con cuidado.
Cuando se encontró dentro, miró a su alrededor: allí no había nadie. Entonces, al dar dos pasos, observó que había algo en el suelo a pocos metros. Se aproximó con cautela para ver mejor de qué se trataba: era una clase de dispositivo de tamaño similar a un pequeño bote de pintura, en un extremo del cual parpadeaba un pequeño piloto de color rojo. Hiro creía saber de qué se trataba: era un inhibidor de alarmas. Ya le había extrañado que, tanto aquel tipo como él, hubiesen entrado y no se hubieran disparado los sensores de seguridad o hubiese venido algún vigilante…
En aquel lugar, los pasos del detective resonaban de forma contundente; demasiado para su gusto… Todo estaba oscuro; tan solo la luz que se filtraba por las opacas cristaleras superiores del alto techo iluminaba la amplia estancia llena de secciones, estantes y productos de todo tipo. Hiro iba mirando con atención en todas direcciones, pero estaba bastante convencido de que aquel tipo no se encontraba en aquella planta… Por lo que decidió encaminarse hacia las escaleras mecánicas, ahora paradas.
Justo cuando las había localizado y había acelerado el paso para subir por ellas, un disparo impactó a los pies del detective, que se lanzó de inmediato a cubrirse tras un estante cercano y sacar su arma del interior de la gabardina… Desde aquel lugar, asomándose lo suficiente, pudo ver en la planta inmediatamente superior una figura oculta en las sombras que parecía escudriñar en la oscuridad hacia donde se encontraba el joven detective… Entonces, durante un instante, la luz que llegaba del exterior se intensificó lo suficiente para que Hiro pudiera encontrarse con la mirada implacable de aquel tipo, que se puso a sonreír una vez más de aquella forma… Acto seguido, “El Rastreador” salió corriendo, desapareciendo… Inmediatamente, Hiro se incorporó y se dirigió a toda prisa hacia las escaleras, subiéndolas todo lo deprisa que pudo.
Al llegar arriba, se detuvo y apuntó de inmediato en todas direcciones, intentando distinguir en la oscuridad algo moviéndose… Avanzaba lentamente, con el arma en alto… Entonces, un ruido proveniente de su derecha, a cierta distancia, lo alertó y dirigió el arma hacia aquel lugar… Un nuevo disparo impactó cerca del detective, pero esta vez en un estante cercano… Hiro se cubrió de forma instintiva y disparó de inmediato hacia la dirección donde aún veía moverse una sombra escurridiza… Nuevamente pudo escuchar como los pasos del tipo de la gabardina se alejaban corriendo de allí… Antes de seguir, Hiro no pudo evitar fijarse un instante en el lugar donde había impactado la bala que le había pasado tan cerca: lo que parecía una cámara de fotos bastante cara, ahora estaba destrozada.
-“Espero que nadie me eche la culpa…”- Pensó Hiro mientras se alejaba de allí, para perseguir a aquel tipo… y para alejarse del lugar del “crimen”…
Hiro avanzaba con cuidado, pero todo lo deprisa que podía… Al cabo de un rato, le pareció escuchar sonidos de pasos sobre escalones metálicos; no muy lejos de allí, debía haber otra escalera mecánica…
Y, efectivamente, cuando la tuvo a la vista, pudo ver bastante claramente, gracias a la luz que había aumentado en el exterior, al tipo de la gabardina y el sombrero subiendo los escalones… Este, al percatarse de que el detective le había descubierto, se giró de inmediato y apuntó con la pistola… Hiro reaccionó de la misma manera: apuntándole… Pero ambos sabían que estaban demasiado lejos uno del otro; solo gastarían balas… “El Rastreador” dejó de apuntar y terminó de subir las escaleras… Hiro también bajó el arma y fue corriendo en su busca…
Cuando el joven detective terminó de ascender por las escaleras mecánicas detenidas, pudo oír claramente el sonido de una puerta abriéndose a lo lejos; y luego cerrarse. Hiro atravesó a toda velocidad la planta en la dirección de la que provenía el sonido… Encontró una puerta doble con dos cristales circulares, a través de los cuales no podía verse absolutamente nada: la luz ya no llegaba hasta allí. Abrió una de las puertas con cautela y pasó al interior de un pequeño pasillo en el que se encontraba un ascensor. La puerta se cerró sola lentamente a su espalda, sobresaltándole momentáneamente. A continuación, se percató del sonido de pasos que ascendían por las escaleras: el tipo de la gabardina parecía dirigirse hacia la azotea… Pues allí iría también el detective…
Aún faltaban varias plantas hasta llegar a lo alto del todo; y Hiro tenía que subir con cuidado debido a que solo llegaba levemente la luz de emergencia situada en lugares puntuales.
Al fin llegó ante la puerta de la azotea. Pero, antes de cruzarla, tuvo una sensación extraña proveniente de la puerta de al lado: era la cafetería. Hiro sacó su arma y puso una mano sobre la nueva puerta. La empujó con cuidado.
Una vez dentro, avanzó despacio sujetando el arma con ambas manos. Súbitamente, algo surgió de detrás de la barra y Hiro se apartó a tiempo hacia una de las mesas antes de que le alcanzara un disparo que resonó con estruendo en la amplia estancia. El detective le respondió con otro disparo, pero el tipo de la gabardina ya se había vuelto a ocultar. El silencio regresó a aquel lugar durante largos segundos. Tanto Hiro como “El Rastreador” esperaban pacientemente a que el otro actuara… Pero llegó un momento en que ambos pensaron que podían permanecer así indefinidamente…
“El Rastreador” se cansó de esperar. Emergió de su escondite y comenzó a disparar hacia donde estaba Hiro mientras corría fuera de la barra en dirección a la puerta… El detective permanecía resguardado ante aquellos imprecisos tiros… Cuando cesaron, Hiro se dio cuenta de que aquel tipo había huido de nuevo. Se levantó y salió por la puerta apuntando inmediatamente en todas direcciones… Entonces un nuevo disparo impactó en uno de los cristales circulares de la puerta doble que llevaba a la azotea, pasando muy cerca de la cabeza del detective… Hiro se apoyó rápidamente de espaldas a la pared de al lado de la puerta y esperó… Debía salir y acabar con aquello de una vez por todas…
Descuidando en gran parte su propia seguridad, abrió la puerta que había recibido el impacto de una patada y salió velozmente al exterior, apuntando con ambas manos hacia el frente… Allí no había nadie, tan solo la oscuridad de la noche y los ruidos lejanos de la ciudad… La luna volvía a quedar oculta… Hiro miraba en todas direcciones sin dejar de apuntar; comenzó a avanzar lentamente, esperando que aquel tipo surgiera de improviso en cualquier momento… La azotea era muy extensa, y casi no había lugares para resguardarse; no debería tardar mucho en encontrarle, pensó Hiro…
Y nuevamente escuchó pasos lejanos. Sabía muy bien de donde venían: más adelante, a la derecha, había una especie de plataforma de varios niveles… Estaba allí. Sin bajar del todo el arma, el detective fue corriendo progresivamente más rápido hacia aquella parte concreta de la azotea… Entonces, para sorpresa de Hiro, aquel tipo descuidó su propia seguridad y salió de detrás de la pared disparando al detective y alcanzándole en el muslo de la pierna derecha… aunque solo le rozó… Hiro disparó de inmediato y le alcanzó en el brazo izquierdo… rozándole también… “El Rastreador” volvió a ocultarse. Hiro sabía que debía actuar de inmediato… Al girar el recodo, el detective apuntó, esperando encontrarse a su rival… pero no le vio. Comenzó a rodear lentamente la plataforma hasta llegar al siguiente recodo… y nada. Se giró para ver si había continuado más allá, hasta el extremo de la azotea, sin hacer ruido… Y entonces, para su consternación, escuchó el chasquido de un arma sobre su cabeza.
“El Rastreador” estaba en lo alto de la plataforma apuntándole a la cabeza, con una sonrisa y mirada exultantes…
-Me lo he pasado muy bien… pero aquí acaba todo- Dijo el tipo de la gabardina, mientras Hiro lo miraba de espaldas, apretando los dientes de rabia…
Ahora sí que estaba perdido. Bueno… de todos modos… tampoco tenía ya nada que perder…
Cuando “El Rastreador” se dispuso a apretar el gatillo, se escuchó un disparo en el sobrevenido silencio nocturno, el cual resonó en la distancia… Hiro había apretado los ojos… pero no sentía nada… los abrió mucho y se giró hacia donde se erguía su enemigo… Este permanecía aún de pie sujetando el arma, que se le iba cayendo, temblando y con la mirada perdida… Entonces se desplomó cayendo hacia el suelo y quedando boca abajo, quieto… Hiro escuchó pasos aproximarse, pasos muy familiares…
-¡Aki!- Hiro no podía creérselo…
La joven avanzaba con cautela comprobando el resultado de su actuación.
-¿Te encuentras bien, Hiro?- Le preguntó, seria.
Hiro adoptó una actitud en consonancia con la de la inspectora y asintió.
-Sí, sí. Gracias, Aki.
Entonces, de forma totalmente inesperada, Hiro vio como Aki se acercaba a Hiro, guardando su arma, y su expresión se relajaba hasta mostrar como se sentía realmente en aquel momento… Parecía estar a punto de llorar…
-Hiro…- Decía casi en un susurro con la voz rota llegando hasta donde se encontraba un Hiro completamente desarmado…
Pero, justo cuando la joven levantaba los brazos hacia Hiro, sonó un nuevo disparo que la hizo detenerse… Una bala había impactado en el hombro de Aki… Esta tenía los ojos muy abiertos, sin dejar de mirar a Hiro, que pensaba que se iba a volver loco de rabia al ver que aquel miserable la apuntaba todavía desde el suelo con una sonrisa maliciosa forzada y un ojo abierto mirando de forma implacable y triunfal… El joven detective sujetó a Aki, que caía hacia adelante y disparó inmediatamente a aquel tipo, alcanzándole en la frente… “El Rastreador” abrió mucho los ojos, con la mirada difuminada, antes de cerrarlos definitivamente y chocar con la cabeza en el suelo.
El joven inmediatamente recuperó la atención hacia Aki.
-¡Aki! ¡¡Aki!!- Gritaba Hiro, desesperado…
El joven comprobó que aún estaba consciente y la apoyó suavemente en el suelo mientras la sujetaba en sus brazos. Sangraba mucho…
-Hiro… Yo…- Trató de decir la joven, mirándole de una forma muy especial, antes de perder la consciencia…
-¡¡Aki, no!! ¡¡¡Akiiiii!!!
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