sábado, 10 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 18

DETECTIVE NIGHT

Hiro vs. “El Rastreador”.


Pero Hiro no estaba dispuesto a rendirse.
“El Rastreador” prácticamente “se paseaba”, seguro de su éxito… La verdad es que aquello le encantaba… Sabía perfectamente que podía haberse deshecho de aquel detective entrometido antes… pero no hubiera sido tan divertido… Se aproximaba al callejón… ya comenzaba a ver el interior…
Cuando cruzó el recodo y se internó en la callejuela sin salida, se detuvo. Se encontraba de pie, en medio de la entrada, obstaculizando el paso de la poca luz que había en la calle de la que provenía, favoreciendo que aquel lugar fuera más oscuro si cabía… Miraba atentamente. Pero no vio ni rastro de Hiro.
-“Debe estar escondido y muerto de miedo…”- Pensó “El Rastreador” con satisfacción.
Comenzó a internarse, lentamente, en el callejón. Tarde o temprano vería algo moverse… el movimiento producto del miedo…
Y algo se movió allá al fondo. “El Rastreador” apuntó de inmediato; había llegado la hora de finalizar la tarea que le habían encomendado… Se disponía a apretar el gatillo… Hasta que un fugaz halo de luz proveniente de la luna, que acababa de aparecer en la estrecha obertura que daba al cielo de la noche, iluminó un gato que aparecía de un intenso azul oscuro, y que lo miró con unos ojos negros que destellaron con la misma luz que la esfera nocturna. Por algún motivo que no supo explicar, aquella visión le impresionó…
Y entonces notó que algo se precipitaba sobre él desde una de las pequeñas terrazas que daban al callejón… Apenas tuvo tiempo de elevar la vista para ver que se trataba de Hiro, que caía a toda velocidad golpeándole contundentemente con una patada descendente en la cara. “El Rastreador”, que no le había esperado, caía hacia el suelo, mientras notaba que el arma se le deslizaba de su enguantada mano y caía lejos de él… Llevándose una temblorosa mano a la zona golpeada, y con una expresión desencajada, comenzó a girarse lentamente hacia aquel tipo que lo había sorprendido: estaba de pie, frente a él, iluminado por la luz de la luna, con las manos metidas en los bolsillos de su gabardina y una mirada llena de decisión.
-¿Quién eres y qué es lo que quieres…?- Preguntó Hiro sabiendo perfectamente que aquel tipo no diría nada…
El tipo de la gabardina, a medio incorporar, aún en el suelo, lo miraba sin poder borrar la expresión de sorpresa de su rostro, con los ojos muy abiertos… No contestó. Y al cabo de unos segundos, le cambiaron la expresión y la mirada y sonrió con malicia…
-Je, je, je…- Fue su única respuesta…
Hiro se puso serio.
-Verás qué rápido dejas de reír…- Advirtió el detective al tipo que permanecía en el suelo, sonriendo…
Entonces, ante la sorpresa de Hiro, “El Rastreador”, con un rápido movimiento, se incorporó de inmediato lo suficiente para lanzarse casi a ras de suelo hacia donde se encontraba su arma… Al mismo tiempo, el joven sacó las manos de los bolsillos de su gabardina y rápidamente buscó la suya en el interior de la misma… El tipo de la gabardina recogió su pistola al tiempo que rodaba para girarse y apuntó de inmediato hacia el detective… Pero Hiro ya se encontraba apuntándole con su arma.
“El Rastreador” comprendió entonces que había cometido un grave error: había subestimado a su “objetivo”; cuando le vio por la calle comiendo bollos, pensó que sería alguien inofensivo, y ni siquiera se había tomado la molestia de investigar más a fondo sobre su identidad… Definitivamente, no parecía casualidad que aquel detective estuviese detrás de la caída de Midrah…
-Ahora me acompañarás a comisaría…- Dijo Hiro, muy serio.
Al oír aquellas palabras, “El Rastreador” sabía que debía actuar… Si caía en manos de la policía, tarde o temprano acabaría abatido por algún francotirador contratado por la organización…
En ese momento, un coche pasó por la calle del exterior a gran velocidad, iluminando momentáneamente a ambos… Entonces, el tipo de la gabardina vio un bidón no muy lejos de Hiro, a su espalda y un par de metros a la derecha, del que parecía llegar un fuerte olor a aceite… Sabía que era su única salida… Apuntó hacia el mismo, ante la alarma de Hiro, que no entendió al principio lo que estaba haciendo, y disparó.
El bidón prendió con una llamarada, que provocó que Hiro desviara momentáneamente la atención… “El rastreador” aprovechó el momento de distracción para comenzar a correr, intentando abatir al detective en la huída… Pero Hiro, reaccionando a tiempo, apuntó hacia “El Rastreador”, que dejó de apuntarle y se centró en huir… Las llamas comenzaron a molestar a Hiro, que debía cubrirse la cara con un brazo, propiciando que aquel tipo pudiera escapar al no poder el detective apuntar correctamente…
Pero Hiro no estaba dispuesto a permitir que aquel enviado por O.C.O. escapara. Sí o sí debía atraparle. Y salió corriendo en su busca.

En la comisaría de policía la actividad había bajado notablemente. Aquello era normal a aquellas horas. Aki se encontraba en su mesa terminando unos informes; parecía que no se acabarían nunca… Desde la última vez que había visto a Hiro (en compañía de aquella descarada) había decidido no volver a pensar en ello; había decidido centrarse, sobretodo, en su trabajo. Pero aquellos informes… Cada vez que se ponía con uno se le hacía más cuesta arriba que el anterior… Y no era porque estuviera cansada; era porque había algo que la “llamaba” insistentemente… De todos modos, continuaría de aquella manera hasta que “aquello” cesase…
Al cabo de un rato, tuvo que parar. Por mucho que lo intentaba, no podía concentrarse… Decidió que iría un momento a tomar un café de la máquina antes de continuar; e intentaría centrarse… Y dejar de pensar en qué estaría haciendo él en aquel momento…

Hiro había perdido de vista a aquel tipo justo cuando había salido del callejón. Pero le había dado tiempo a escuchar como sus pasos se alejaban corriendo hacia la izquierda, hacia una calle peatonal muy iluminada por la luz de las farolas que inundaban la avenida con tonos azulados, entre puntuales luces de neón, y concurrida a aquellas horas: era viernes por la noche y mucha gente había salido para divertirse; y en aquella zona había varios locales y centros de ocio muy conocidos de la ciudad. Llegó corriendo a dicha calle y se detuvo en seco mirando hacia ambas direcciones… Hacia la derecha veía llegar varias personas, en su mayoría parejas, que, sin dejar de caminar tranquilamente, miraban hacia atrás mientras comentaban algo… Hiro sabía que aquel tipo de la gabardina y el sombrero de ala había tomado esa dirección… Comenzó a aumentar progresivamente el paso, pasando a través de la marea humana que le dificultaba el avance: parecía que él era el único que iba en dirección contraria…
Y entonces le vio. A lo lejos, distinguió el sombrero; caminaba más despacio para no llamar la atención… Hiro comenzó a correr, ante las miradas y protestas de la gente con la que irremediablemente se chocaba al intentar pasar… Más adelante, el murmullo de dichas protestas comenzó a llegar a los oídos de “El Rastreador”, que se giró un instante y, al ver al detective dirigiéndose hacia donde se encontraba, volvió a correr para emprender la huída…
-¡Dejen pasar, por favor! ¡Lo siento! ¡Perdone, señorita!- Decía sin cesar Hiro, intentando avanzar lo más rápido que podía…
Entonces se percató de que aquel tipo se estaba alejando de nuevo a toda velocidad.
-“¡Maldita sea! ¡No puedo llegar…!”- Hiro apretaba los dientes de rabia…
Entonces, avanzando como podía entre las miradas de extrañeza de los múltiples viandantes con los que se cruzaba, poco a poco, comenzaba a salir de la “marea”… Cuando por fin se sentía libre para acelerar el paso, siguió corriendo… pero aquel tipo había desaparecido.
Hiro continuó corriendo varios minutos, ante las continuas miradas de otros, que reaccionaban con sorpresa unos, y con indiferencia otros… Llegó un momento en que podía oír sus veloces pasos resonando contra el suelo que pisaba… Y, poco a poco, comenzó a bajar el ritmo, comenzando a dar por perdido al que inicialmente había sido su perseguidor…
Hiro se detuvo, sudando y jadeando.
-¡Mierda!- Gritó cerrando los ojos con fuerza, asustando a una joven pareja que pasaba tranquilamente a su lado…
Entonces, en aquella parte más oscura y silenciosa de la interminable calle, comenzó a notar una vibración cercana; y música lejana. Pero, lo que de verdad le hizo reaccionar, fue la conversación que tenía lugar más adelante…
-…Ese bastardo… ¡Hay que ir adentro a buscarle!- Decía uno, notándosele dolorido…
-¿Cómo te ha podido tumbar?- Preguntaba otro.
-¿Cómo es? ¿Cómo va vestido?- Preguntó un tercero.
El primero tardó un poco en contestar.
-No sé… No le he podido ver bien la cara… Llevaba una especie de sombrero… y una gabardina…
Hiro abrió mucho los ojos y salió disparado hacia un local que había más adelante, a unos metros, en el lado derecho de la calle, grande y de dos pisos: una discoteca. A la entrada encontró a dos hombres de pie ante un tercero que estaba sentado en el suelo apoyado contra la pared. El joven detective entró en el local como una exhalación ante la asombrada mirada de aquellos tres.
-¡Eh!- Exclamó el que estaba más cerca de él.
Pero su voz quedó inmediatamente ahogada al entrar Hiro en la discoteca. La música era absolutamente ensordecedora. El suelo vibraba con insistencia y olía bastante a humo. Apenas podían escucharse las voces de la multitud que había dentro. Hiro avanzó poco a poco. Como ya se estaba acostumbrando a que le pasara aquella noche, la gente se lo quedaba mirando con cara de extrañeza, sabiendo el joven detective perfectamente que constituía el elemento discordante en aquel lugar… Hiro siguió avanzando hasta que llegó al pie de la pista de baile, donde apenas podía distinguir claramente un montón de cuerpos bailando frenéticamente al ritmo de una música insistente y atronadora… El detective miraba concentrado en todas direcciones.
Y entonces le vio. Más adelante, junto a la puerta de salida de atrás, aquel tipo lo miraba fijamente; parecía que acababa de percatarse de la presencia del joven detective… Y, en ese momento, Hiro abrió más los ojos al ver que aquel tipo mostraba una amplia sonrisa llena de malicia, mostrando los dientes, tras la oscuridad que apenas dejaba ver sus ojos brillando con una especie de insana satisfacción… Un “mar” de personas bailando sin descanso se interponía entre ellos… Ambos, mirándose uno al otro, quedaban iluminados por las luces parpadeantes que no paraban de cambiar de color, provocando la ilusión de que todo estaba compuesto por escenas intermitentes que se sucedían a un ritmo endiablado… Entonces, “El Rastreador” sacó su arma ante la consternación de Hiro y aquel apuntó hacia el detective…
-¡Al suelo!- Hiro gritó con toda la fuerza que pudo extendiendo una mano y sacando su arma con la otra…
Las personas que estaban cerca de él, al ver la pistola, se asustaron y se agacharon, algunos hasta llegar al suelo; los gritos y exclamaciones se extendían por doquier, provocándose el caos. Hiro percibió algo y se giró un momento: dos de los tipos de la puerta entraban corriendo al oír el jaleo que se había formado… Hiro volvió a mirar hacia la puerta: aquel maldito ya no estaba. Aprovechando que había quedado “vía libre”, el detective se dirigió de inmediato hacia la puerta de salida de atrás… Mientras tanto, progresivamente, comenzaba a volver la normalidad a su alrededor…
-¡Oye tú! ¡¿Qué te has creído?!- Le increpó inesperadamente una joven desde un lado, con el pelo leonino teñido de rosa, muy maquillada, con una mínima falda de lentejuelas plateadas y un escote casi irreal…
-¡Lo siento! ¡Lo siento!- Se disculpaba mientras trataba de avanzar entre aquel numeroso grupo que se enfurecía por momentos, peligrosamente…
Mientras tanto oía los gritos que lo exhortaban a detenerse provenientes de aquellos tipos que venían de atrás… Hiro ya estaba cerca de la puerta…
Entonces, para alivio del detective, la música, que había quedado momentáneamente detenida, regresó con fuerza y aquellos que amenazaban con lincharle parecieron olvidarse de él, volviendo a sumergirse en aquel baile frenético… provocando, a su vez, que los dos vigilantes de seguridad del local quedaran “atrapados” entre aquellos “autómatas”, propiciando la escapada de Hiro…
Cuando el detective salió por la puerta, que había quedado abierta, se detuvo de inmediato, echándose instintivamente hacia atrás, al escuchar un disparo que impactó en la pared, muy cerca de donde se encontraba… Inmediatamente, Hiro apuntó hacia la izquierda, hacia la dirección desde donde provenía el disparo, y disparó dos veces al ver fugazmente al tipo de la gabardina huir y desaparecer tras un recodo…
El joven detective se quedó pegado a la pared, vigilando atentamente aquella esquina, con el arma a punto…

En la comisaría de policía, Izo había acabado al fin con los informes que debía completar. No soportaba aquella tarea: era lo peor de su trabajo. ¿Para qué tanto papeleo? Se estiró con fuerza, después de largo rato en la misma posición. Había llegado la hora de regresar a casa. Miró a su alrededor y vio que solo quedaban, aparte de él, Aki y otro agente. Izo comenzaba a preocuparse por Aki: últimamente, hablaba poco y parecía que solo le importara trabajar sin descanso… Incluso se pasaba más tiempo que los demás rellenando aquellos interminables informes, siendo prácticamente la única que siempre los llevaba al día…
En ese momento sonó el teléfono de la mesa del otro policía. Este contestó y tomó nota. Acto seguido, se levantó y se dirigió hacia la mesa de Izo, que estaba reclinado hacia atras con las manos entrelazadas en la nuca. Al ver que el agente se aproximaba, recuperó la postura en su silla.
-Señor- dijo el agente con un respeto que a Izo siempre le parecía innecesario.
-Sí. ¿Qué ocurre?
-Señor, dicen que ha habido un suceso en una discoteca próxima al centro de la ciudad. Al parecer, un tipo con gabardina ha irrumpido en el interior y ha sacado un arma.
Al oír aquello de “tipo con gabardina”, a Izo se le cruzó un pensamiento que no le gustó nada… Aki se detuvo de inmediato y, sin levantar la vista del papel que tenía delante, comenzó a escuchar la conversación con atención…
-Y… ¿Ha habido heridos?- Izo no sabía qué preguntar para evitar respuestas que no quería oír…
-No. Al parecer se marchó de inmediato cuando estaba a punto de ser agredido por la gente que había allí.
Definitivamente, aquello era muy raro. Izo le hizo una seña al agente para que esperara y se levantó de inmediato dirigiéndose hacia el pasillo al tiempo que sacaba su teléfono móvil, seguido por la atenta mirada de Aki…
Izo encontró el número que buscaba y llamó.
Hiro se sobresaltó al oír sonar su teléfono. Con la mano que no sostenía el arma, lo sacó del interior de su gabardina y, al ver quién le llamaba contestó.
-Izo…- Dijo en voz baja.
-Hiro… ¿Qué ocurre? ¿Por qué hablas así?- Preguntó con creciente preocupación.
Aki escuchaba atentamente.
-Izo… Ahora no puedo hablar…- Dijo antes de colgar.
-¿Pero qué…? ¡Hiro! ¡Me ha colgado!- No podía evitar exclamar un indignado Izo.
Aki reaccionó al fin.
El subinspector se quedó pensativo unos instantes. Entonces regresó a su mesa, donde aún aguardaba el agente…
-¿Qué discoteca era esa?- Preguntó con determinación, ante la preocupada mirada de la joven…

Hiro guardó su teléfono en la gabardina.
-“Mira que es inoportuno…”
El joven detective apenas había avanzado pegado a la pared… Sabía que aquel tipo seguía allí detrás… preparado para salir y disparar…
Y así era: “El Rastreador” permanecía pegado de espaldas a la pared, con la mirada hacia atrás, como si pudiera ver a aquel detective que se lo estaba haciendo pasar tan bien… Pero aquel juego debía acabar…

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