domingo, 25 de noviembre de 2012

Detective Night - Capítulo 20

DETECTIVE NIGHT

La decisión de Aki.


El grito de desesperación de Hiro atravesó el cielo nocturno de forma desgarradora.
-¡Aki! ¡Despierta, por favor!- El joven estaba inconsolable…
En ese instante, las puertas de la azotea se abrieron de par en par y se escucharon pasos que se aproximaban corriendo…
-¡Hiro! ¿Qué ha pasad…? ¡Aki!- Exclamó Izo.
Acto seguido, el subinspector sacó su intercomunicador y llamó de inmediato.
-¡Soy el subinspector Brown! ¡Agente herida! ¡Se trata de la inspectora Wind! ¡Estamos en lo alto de la azotea! ¡¡Suban de inmediato!!- Iba comunicando, tratando de controlarse…
Hiro sabía que había llegado su amigo, pero no podía apartar la mirada de la joven, que aún sostenía en sus brazos…
-Sangra mucho…- Decía el joven, como yéndose…
Izo se acuclilló ante ambos y miró atentamente a Aki, observando la herida del hombro, que sangraba abundantemente a pesar de la presión que ejercía Hiro con la mano… Luego, vio el impacto que había rozado en la pierna del detective y reparó en la presencia del cuerpo inerte de “El Rastreador”, que había visto nada más llegar, pero que se le había ido de la cabeza al ver a Aki…
-Hiro… Estás herido…
El joven detective negó con la cabeza sin dejar de mirar a la joven.
-No es nada… Solo me ha rozado.
Izo volvió a mirar hacia el tipo de la gabardina.
-Hiro… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué no nos has avisado?- Izo no se atrevía a “reprender” demasiado a su afectado amigo…
Hiro, como era previsible, no contestó…
Entonces se escucharon voces y pasos pertenecientes a varias personas acercarse apresuradamente. Aparecieron varios agentes, precediendo a los sanitarios, que se acercaron de inmediato a Aki para examinarla.
-Por favor…- Rogaba Hiro a los dos miembros del personal médico, una mujer joven y un hombre, que estaban examinando atentamente a la joven…
-¡Traigan la camilla! ¡Ha perdido mucha sangre!- Urgía el hombre a un tercer sanitario que acababa de montar una camilla y se acercaba corriendo.
-Tranquilo- le dijo suavemente y de forma tranquilizadora la mujer joven a Hiro, posando una reconfortante mano en el brazo del joven, para que lo retirara.
Hiro apartó lentamente la mano con la que había estado haciendo presión en la herida de la joven, temblando, sin dejar de mirarla con expresión asustada…
-Aki…- Izo nunca había visto antes a su amigo de aquella manera…
Entre los dos hombres subieron con cuidado a la joven inspectora en la camilla y le inyectaron de inmediato una aguja conectada por un tubo a una bolsa de sangre; a continuación se la llevaron. Hiro intentó levantarse para seguirles… pero nuevamente la mujer joven le retuvo apoyando ambas manos en el pecho tembloroso del joven cuando este se hubo incorporado.
-Se pondrá bien… Luego podrás verla- le dijo con esa amabilidad reconfortante que era lo único que conseguía llegar a tranquilizar algo a Hiro…
Este se detuvo, asintiendo lentamente mirando hacia los ojos amables y tranquilizadores de aquella mujer. Esta le dirigió una última sonrisa antes de encaminarse tras los otros sanitarios que llevaban a Aki.
En aquellos momentos, a Hiro le dio la desoladora sensación de que se encontraba solo en aquel lugar… Miró la mano con la que había estado presionando la herida de Aki… En la misma tenía la sangre de la joven… No pudo evitar temblar más y estar a punto de gritar…
-Hiro…- Izo le sacó de sus oscuros pensamientos.
El joven detective se giró a su amigo, sin decir nada, con los ojos humedecidos. Izo continuó hablando.
-Hiro… Cuando te encuentres mejor, y después de que te hagan una revisión en la enfermería, tienes que venir a la comisaría y explicar todo lo que ha pasado…- Izo hablaba con cautela intentando no alterar más a su amigo.
Hiro asintió casi imperceptiblemente, mientras miraba por última vez, en aquella noche en la que la luna había vuelto a surgir en el cielo apenas despejado, el cuerpo sin vida de “El Rastreador”.

Tras rehusar Hiro, a pesar de la insistencia de Izo, ir a la enfermería, ambos se dirigieron a la comisaría. Allí les esperaba el comisario, con el que estuvieron largo rato. Hiro explicó todo lo que sabía, y lo rápido que había sucedido todo… Tras esto, los tres se dirigieron a ver a Aki. Una vez allí no se les permitió el paso, y Hiro solo pudo ver de lejos a la joven, que tenía el hombro vendado y descubierto y una mascarilla de oxígeno puesta; su respiración era tranquila y acompasada. Ahora parecía que dormía.
Al pasar unos días, Hiro fue a visitarla varias veces al hospital. Por algún motivo, sentía cierto temor a reencontrarse con la joven… Pero aquello no llegó a ocurrir, ya que, cada vez que iba, le decían que la paciente necesitaba descansar. A Hiro le dio la impresión de que Aki no quería verle… Después de algún intento más, desistió.

Había pasado un mes. Por lo que le había dicho Izo, Aki tenía que volver a la comisaría aquel día. Y, a pesar de que aún sentía aquel temor, Hiro decidió que iría allí para reencontrarse con la joven.
Era cerca de las dos de la tarde cuando el joven llegó con su coche gris a la comisaría de policía de Blue City. Los nervios que lo habían acompañado desde el día anterior no habían hecho más que ir en aumento a medida que pasaban las horas y se aproximaba el momento… Tras respirar hondo, bajó del vehículo y decidió no pensárselo más e ir directo hacia el interior del edificio.
Hacía tiempo que no iba por allí. Aunque no acababa de entender porqué, temía encontrarse con la joven en cualquier momento… Pero a eso había ido…
La comisaría presentaba la actividad de costumbre. A lo mejor en aquellos momentos no se encontraba en el edificio… Esto lo llegó casi a desear, ya que los nervios eran a aquellas alturas casi insoportables… Hiro avanzaba hacia la sala donde los agentes tenían sus puestos, mirando en todas direcciones; le daba la impresión de que en cualquier momento la vería… y entonces pensaba que no sabía como reaccionaría él… ni ella…
Pero Hiro efectuó el recorrido hasta la amplia sala, a aquellas horas abarrotada, y aún no la vio. Entonces, debería estar en su mesa, pensó.
Pero en su mesa no estaba. Miró bien en todas direcciones, escudriñando atentamente la sala. En un momento determinado, se cruzó con la mirada de Roy, que no pareció alegrarse de ver al detective; de hecho, le pareció que lo “acusaba” con la mirada, por algún motivo… Acto seguido, el agente se giró, negando casi imperceptiblemente con la cabeza mientras volvía a concentrarse en un informe que tenía en las manos. Definitivamente, aquel tipo no le caía nada bien a Hiro. Y, por lo que ya había visto, era algo mutuo.
Siguió buscando con la mirada… y se encontró esta vez con la de la amiga de Aki, que lo miraba fijamente, cuando volvía a su mesa tomando un café; aquella la desvió de inmediato y se hizo la despistada. Hiro empezaba a notar algo raro en todo aquello… en aquellas miradas y actitudes…
En ese instante alguien se detuvo a su lado.
-¡Hola, señor Red! ¿Cómo se encuentra?- Preguntó jovialmente un joven agente que Hiro ya conocía.
-¡Hola Seitei! Me alegro de verte. Y tú, ¿cómo estás?- Le preguntó, alegrándose de veras por ver al agente.
El joven agente de policía hizo un gesto con la mano señalando a su alrededor.
-Ya ve… Estamos muy liados últimamente… Y encima, ahora que somos menos…- Aquí Seitei se detuvo súbitamente, sospechando que había hablado demasiado…
Hiro se temía la respuesta a la pregunta que iba a hacer.
-¿Qué sois menos? ¿Qué quieres decir?- Preguntó, intentando disimular su alteración interior…
Seitei sabía que ya no podía recular… debía salir de donde se había metido…
-Es que… la inspectora Wind… parece que se ha tomado un tiempo… Pero el que sabe los detalles es el comisario, seguramente- trató de terminar, intentando que no se notara que sabía más de lo que decía.
En ese instante, los nervios de Hiro se convirtieron en ansiedad.
-Bueno, Seitei. Tengo que ir a ver al comisario; por un caso, ya sabes…- Lo cual era cierto, pero el verdadero motivo era el que le hacía estar a punto de salir disparado hacia el despacho de Maze en ese mismo instante, y para lo que tenía que controlarse para no hacerlo…
-Sí, sí, claro. Cuídese, señor Red- le dijo con una sonrisa mientras comenzaba a marcharse, sin “juzgar” en ningún momento los motivos por los que Hiro iba a ir al despacho del comisario.
Hiro levantó una mano, sonriéndole afablemente, esperando a que se diera la vuelta para ir de inmediato a ver a Maze…
El joven se dirigió al despacho del comisario situado en aquel mismo piso. Con la cantidad de trabajo que había, el comisario Kaito Maze no podía permitirse ni acercarse al del piso superior. Hiro se detuvo ante la puerta y dio unos golpecitos con la mano (aunque tuvo que controlarse para no aporrear la puerta, con la posibilidad de romper el cristal…). Los pasos del comisario, que el joven reconoció en seguida, no tardaron en aproximarse.
-¡Hiro! ¡Hola! ¿Cómo te encuentras?- Le dijo estrechándole su fuerte mano en el hombro del joven, que perdió ligeramente el equilibrio ante la fuerza de aquella manaza…
-Bien. ¿Y usted?
-Bien, bien. Mucho trabajo. Pero, pasa, pasa- le dijo señalándole con una mano el interior del despacho.
Una vez dentro, Maze le indicó de la misma manera a Hiro que se sentara y, a continuación, el comisario hizo lo propio.
Hiro notaba que Maze parecía un poco preocupado… preocupado por él, ya que no dejaba de lanzarle breves miradas cuando el detective miraba a otro lado…
-Señor…- Comenzó a hablar Hiro, sin poder aguantarse más…
El comisario guardó silencio, aunque ya sabía lo que Hiro iba a preguntarle…
-Aki… ¿Dónde está?- El joven hizo al fin la pregunta.
Maze cerró un momento los ojos, con las manos entrelazadas delante de su mentón y, tras un leve suspiro, comenzó a hablar.
-Aki no está- dijo finalmente.
Hiro abrió mucho los ojos, pero trató por todos los medios de controlarse…
-¿No está…? Pero…
Maze se dispuso a decirlo todo de una vez.
-Tras recuperarse, vino aquí y me dijo que necesitaba tiempo… Pero no me dijo cuanto.
Hiro se quedó con la boca entreabierta, sin palabras.
-Y… ¿no sabe adónde ha ido?- Preguntó, sin esperanzas de obtener la respuesta…
Maze se limitó a negar con la cabeza con los ojos cerrados por el pesar.
Hiro guardó silencio, con la mirada perdida en un punto fijo de la mesa…
-“Se ha ido… Se ha ido…”- Hiro no dejaba de repetirse lo mismo en su cabeza…
Maze observaba al joven, lamentándo no poder hacer nada por él…
-Bueno, Hiro… Ven otro día y hablaremos sobre el caso…- Intentó decir.
“El caso”, reaccionó el joven. Eso era lo que más necesitaba en aquellos momentos.
-No, no, señor comisario… Podemos hablar ahora- hablaba un renacido Hiro.
Maze se sorprendió y se alegró por este cambio. Decidió pues, que había llegado la hora de poner manos a la obra.
-De acuerdo- dijo levantándose de inmediato de su silla y dirigiéndose a encender el proyector y apagar la luz del despacho.
Hiro vio que varias fotografías ocupaban la pantalla que ya estaba desplegada cuando había entrado. Maze habló con su tono habitual, el tono que empleaba cuando estaban inmersos en el caso “O.C.O”…
-El individuo con el que te enfrentaste, por supuesto, no llevaba documentación de ningún tipo- dijo señalando una foto del tipo de la gabardina abatido en la azotea del centro comercial. A continuación, el comisario señaló con una vara extensible de metal el resto de instantáneas tomadas del exterior y el interior del coche que conducía aquel individuo- Y en el coche, lo único que hemos encontrado es un ordenador portátil, cuya información desapareció a los treinta segundos de activarlo… Lo cual nos hace prácticamente confirmar que, en efecto, era un enviado de la organización.
Hiro iba asintiendo levemente mientras escuchaba. Maze continuó, iluminado por la luz del proyector.
-Precisamente, nos había llegado nueva información hacía poco: la información hablaba sobre un tipo que era externo a la organización; un tipo conocido como “El Rastreador”…
Tanto Hiro como Maze sabían perfectamente que aquel individuo debía ser “El Rastreador”… El comisario se dispuso a concluir.
-Pero… al no disponer de más información… queda cerrado el apartado relativo a este miembro de la organización.
Maze y Hiro se quedaron en silencio, en aquel pequeño despacho iluminado por la luz del proyector.

En un puente que llevaba a las afueras de Blue City, casi oculto por la oscuridad nocturna, desde el cual podían divisarse los edificios lejanos de la ciudad que se reflejaban en el agua, un coche aparcó cerca de otros dos. Un individuo ataviado con gabardina bajó del mismo y avistó a otros dos tipos vestidos de la misma forma. Se aproximó a ellos, comprobando que nadie pasaba por aquel viejo y abandonado lugar…
-“El Rastreador” también ha caído- dijo el recién llegado con su voz grave al alcanzar la altura de los otros dos…
Los otros dos individuos se giraron de inmediato.
-No puede ser… Se supone que “El Rastreador” era infalible…- Decía uno de ellos, de voz menos grave.
-Pues parece que no lo era tanto- dijo el tercero, con voz más aguda y un tono sarcástico…
-El jefe se está comenzando a impacientar… Quiere que esto se solucione cuanto antes…- Avisó el primero…
-¿Y qué hacemos? No tenemos información… Ese estúpido engreído estaba tan seguro de si mismo que no se molestó en comunicar nada…- Se quejó el segundo.
-Recuerda que es nuestra forma de proceder… No podemos arriesgarnos a que nos sigan el rastro…- Le dijo el primero, con su voz grave…
-Quizá haya llegado la hora de arriesgarnos un poco…- Habló el tercero con su voz más aguda.
Los otros dos se sorprendieron al oír estas palabras.
-¿De qué hablas? ¿Acaso no has…?- intentó decir el segundo…
-Lo único que sabemos es que se trata de alguien relacionado con la policía…- Comenzó a argumentar.
-En realidad es una sospecha- confirmó el primero.
-Bien. Es lo que tenemos. Entonces… hagamos que muerda el anzuelo- dijo, consciente de la expectación que estaba generando en sus oyentes…
-¿Y qué piensas hacer?- Preguntó el segundo, haciendo que el primero prestase igualmente máxima atención para oír la respuesta…
El tercero, oculto su rostro, al igual que los otros dos, en las sombras de aquel lugar en medio de la noche, sonrió con sarcasmo.
-Dejádmelo a mí.

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