martes, 27 de agosto de 2013

El guardián del cementerio

El guardián del cementerio



Jack era un chaval de doce años; era de altura y constitución media, tenía el pelo algo largo y negro, cuyo flequillo casi le tapaba los ojos, y los mismos de color castaño. Vestía con vaqueros azules y gastados, deportivas blancas, sudadera gris y una chaqueta azul marino. Era bastante tímido y retraído. Pero, sobretodo, era muy asustadizo…
Y allí se encontraba. Delante de la puerta del cementerio municipal… Era un viernes por la noche; lo normal, para cualquier chaval de su edad, era estar por ahí con sus amigos, dando vueltas por las calles de la pequeña localidad en que vivían, Paraville, escuchando música e incluso bebiendo un poco (o no tan poco)… Pero Jack no era así. Para él, ir sin rumbo por la calle medio mareado no era precisamente sinónimo de diversión…
De todos modos, en aquel preciso instante, tampoco se estaba divirtiendo mucho precisamente… A su espalda, portaba una mochila con todo lo necesario para sobrevivir una noche: agua, vendas, alcohol, una navaja suiza, chocolate…
Y, sujeto bajo el brazo, un libro. Un libro muy antiguo.
Ante él se encontraba la puerta de reja del cementerio. Por supuesto, a aquellas horas el candado ya estaba echado. Pero él conocía una manera de entrar no muy lejos de allí… A pesar del miedo que le daba estar en aquel lugar (incluso cuando era de día), estaba al mismo tiempo emocionado…
Todo había comenzado aquella misma mañana…

Tras huir de los matones de todos los días, Jack había conseguido llegar hasta la biblioteca; estaba seguro de que hasta allí no llegarían… No podía evitar esbozar una sonrisa al pensar que a aquellos tres energúmenos les explotaría la cabeza sin remedio al verse de pronto rodeados de tantos libros y conocimiento… Aquel era como su refugio; en todos los sentidos… Y nunca había nadie, a excepción del señor Gold, un hombre mayor que cualquier día se iba a jubilar, muy amable, con el pelo que le rodeaba la calva ya de color totalmente blanco, al igual que el frondoso bigote, y unos pequeños ojos oscuros tras unas gafas de amplias lentes con un cordel que le caía por detrás. Aquel hombre debía tener el trabajo más tranquilo del mundo, pensaba Jack.
Ah, y también estaba ella. Solo conocía su nombre porque una vez se dirigía a ella el señor Gold: Liza. Era una chica de la misma edad que Jack. Algo más bajita que él y más delgada (lo normal para una chica de su curso); de piel ni muy blanca ni muy oscura, tenía el pelo castaño claro recogido en una cola, los ojos azules y usaba gafas para leer. Y es que, siempre que iba a la biblioteca y la veía (lo cual era casi siempre), ella estaba leyendo; jamás levantaba la vista, jamás le había mirado (estaba seguro)…
Bueno… excepto una vez que, con su torpeza habitual, se le había caído un libro y, al levantar la vista desde el suelo hacia ella, le había dado la ligera impresión de que lo estaba mirando… Tonterías… Es que aquel libro hizo mucho ruido…
Y aquel día, también estaba allí: sentada y leyendo. Jack se puso nervioso (como le pasaba siempre que la veía cerca) y trató de caminar lo más dignamente que pudo hasta internarse entre las estanterías bajo aquella luz tenue… Más tranquilo al no poder ella verle, comenzó a indagar por enésima vez entre aquellos títulos que iba camino de saberse de memoria…
Aunque esta vez hubo un volumen que le llamó la atención de forma poderosa. Era de considerable tamaño y antigüedad. Y, lo más extraño, es que estaba escrito en una lengua que no le sonaba en absoluto… Jack era muy buen estudiante y, además, le encantaban las lenguas. Era a lo que le gustaría dedicarse de mayor: un estudioso de las lenguas. Pero esta no había manera de identificarla…
Al fondo del pasillo, había una mesa individual con una luz encendida y una silla. Hasta allí se dirigió Jack de inmediato y posó el pesado libro encima de la superficie de madera. En la portada del volumen se distinguía una población: estaba casi seguro de que se trataba de Paraville, su ciudad… Pero la ilustración debía tener como poco unos cien años…
Abrió el libro.
Estaba íntegramente escrito en aquella lengua ininteligible para él. Ante sus ojos iban desfilando diferentes edificios que habían sido importantes para Paraville; en algunos casos le parecía que se describían objetos extraños que se hallaban en algunos de estos edificios, uno por cada… Lo que ocurría era que ninguno de aquellos edificios permanecía ya en pie; estaba seguro… Seguramente habían construido encima de la mayoría, pero era imposible identificarlos a partir de la información que podía extraer de aquel libro… Todos menos uno: el cementerio. Era el único lugar que había permanecido prácticamente inalterable desde su construcción… Y, según el libro, allí había un objeto; uno de aquellos extraños artefactos…
-Hola- le sobresaltó una voz femenina detrás de él.
Jack se giró y abrió la boca por la sorpresa.
-Ho… Hola- no se lo podía creer: era Liza.
Jack se fijó en cómo iba vestida: Vaqueros grises, botas marrones, un suéter blanco y una chaqueta deportiva azul claro. La chica tenía las manos cruzadas detrás y se asomaba con interés hacia el libro que Jack tenía abierto delante de él…
-¿Qué haces? ¿De qué trata ese libro?- La chica preguntaba de la forma más natural…
Jack, todavía aturdido, no estaba seguro de qué contestar… Si se lo decía, a lo mejor la espantaba… Y para una vez que se encontraba hablando con ella, no quería que aquello terminase tan pronto…
-Se trata de un libro… antiguo- se le ocurrió decir…
Liza volvió a dirigir la mirada curiosa hacia la página en la que había una ilustración del cementerio de Paraville.
-Ya. Eso se ve. ¿Es ese el cementerio?- Quiso saber.
A Jack le pareció que no sería una de esas chicas que salen huyendo a la que detectan alguna “rareza” en él… Así que se dispuso a compartir su descubrimiento…
-Al parecer, en alguna parte del cementerio de nuestra ciudad, hay un objeto escondido… Aquí se describen sus propiedades… pero está escrito en una lengua que no conozco…
Al decir esto último, Liza se acercó de inmediato hacia el libro, quedando a escasos centímetros de distancia de Jack. Este no podía quitarle la vista de encima. No sabía qué hacer…
-¡Ajá!- Exclamó Liza, sobresaltando otra vez a Jack, que intentaba disimular…
El chaval veía la expresión de triunfo en el rostro de la chica.
-¿Qué pasa?- Preguntó al fin.
Liza volvió a mirar algo más antes de volver a incorporarse y dirigirse a Jack.
-No hay duda. Se encuentra en la parte antigua del cementerio. Y creo saber exactamente dónde está....- Dijo, muy segura de si misma…
Jack estaba realmente asombrado. Era como si hubiera encontrado a alguien como él…
-Lo de que estaba en la parte antigua ya lo había supuesto- dijo, con cierto tono “competitivo”- Pero aún no estaba seguro del punto exacto…- Reconoció…
Entonces a Liza pareció ocurrírsele algo.
-¿Qué te parece si vamos? Esta noche- le propuso la chica, a un Jack que se quedó patidifuso…
Ir con Liza… al cementerio… Sus emociones no podían estar más encontradas…
-Vale- dijo, prácticamente sin pensar…
Liza sonrió, quitándose las gafas y dejando al descubierto sus luminosos ojos azules…
-Muy bien- convino, satisfecha.

Jack miraba nervioso su reloj. Liza se retrasaba. Vale que se lo había avisado… pero eso no lo tranquilizaba en absoluto; y menos teniendo en cuenta donde se encontraba ahora…
-¡Hola!- Exclamó Liza desde detrás de Jack…
-¡Uaaaaah!- Vociferó este sintiendo como el corazón casi se le salía por la boca…
-¡Ja, ja, ja, ja, ja!- Liza no podía parar, haciendo esfuerzos por no caer al suelo…
Jack la miró con una expresión muy severa…
-¡¿Qué haces?! ¡Casi me matas…!- Se quejó, quitándosele, de pronto, cualquier traba para hablar con ella…
La chica se secaba las lágrimas…
-Hala… exagerado…
Guardaron unos segundos de silencio, tratando de recuperar la compostura… Entonces Liza habló.
-Bueno. Vamos a lo nuestro. Tenemos que entrar ahí…- Dijo, señalando con el dedo la puerta cerrada del cementerio…
Al ver que la chica miraba el enorme candado que impedía el acceso al interior del mismo, decidió intervenir…
-Conozco una entrada.
Liza se giró hacia él y lo miró con una expresión que denotaba que aquello no se lo esperaba…
Rodearon el amplio recinto hasta llegar a la zona oeste…
-Aquí es- dijo Jack comenzando a apartar unos matorrales que habían crecido con el tiempo y que cubrían un agujero (no muy ancho) en el muro de la pared…
Liza lo miraba (y a Jack) con evidente admiración…
Entonces Jack observó a la chica; se fijó en la atención que prestaba a todo lo que él hacía… Y pensó en el simple hecho de que ahora mismo estuviera allí con él…
-Oye…- Comenzó a decirle el muchacho a Liza…
Esta lo miró, con los ojos muy abiertos y algo extrañada…
-¿Sí?
Jack dudó un momento antes de hablar.
-¿Tú… Cómo es que te interesan estas cosas? Quiero decir… No es muy normal que una chica como tú…- No sabía cómo decirlo…
Pero Liza le entendió enseguida.
-Ya. Para que lo sepas, me suelo pasar los fines de semana viendo películas de terror en mi casa y leyendo cómics…- Dijo, “sintiéndolo” mucho por si le estaba decepcionando…
Pero nada más lejos de la realidad. Jack jamás se lo hubiera imaginado… Y le parecía fantástico. Pero ahora había llegado la hora de centrarse en lo que habían ido a hacer allí…
-¿Pasas tú o paso yo?- Le preguntó Liza al ver que el muchacho no se decidía…
Este le lanzó una mirada desafiante y (muy a su pesar) atravesó el agujero de la pared…
Ahora estaban dentro. Justo ante ellos ya había una hilera de tumbas vistas desde atrás…
-Vale- comenzó a decir Liza desplegando ante ella un mapa hecho a mano- Es por allí- dijo señalando con el dedo en dirección a la una en punto…
Fueron avanzando lentamente por entre las tumbas; la mayoría solo mostraban un crucifijo (en ocasiones torcido) ante un montón de tierra: estaban en la zona antigua del cementerio…
En un momento determinado, a Jack le pareció ver una figura moverse más allá, a su izquierda, bajo el contorno de la luna…
-¡Espera!- Avisó a Liza en un alto susurro…
Esta se detuvo de golpe.
-¿Qué pasa?- Liza era consciente del mal rato que estaba pasando Jack. Muy en su interior, le sabía mal (pero muy en su interior)…
Jack comprobó la dirección en la que le había parecido ver aquello
-Me ha parecido… quiero decir… Creo que había alguien…- Decía intentando mantener la calma…
Liza miró hacia arriba con cierto hastío.
-No era nada. Aquí todo hace figuras y formas fantasmagóricas… Es muy normal- aseguraba.
Al ver lo tranquila que la chica estaba, Jack se avergonzó un poco y decidió no decir nada más por el momento…
Continuaron avanzando. Liza estaba concentrada en el mapa, el cual consultaba con una mini-linterna, mientras Jack miraba hacia el suelo, sin poder contener su fastidio…
Entonces volvió a pasar. Vio algo desplazarse súbitamente, esta vez a su derecha, a no demasiados metros… Dirigió la mirada de inmediato hacia la concentrada Liza… pero decidió no decir nada; ya había hecho suficiente el ridículo…
Y volvió a ocurrir. Ahora más cerca. Ahora más claro: una figura humana… Jack levantó un dedo.
-Eeeh…- Trató de decir…
Pero Liza no le prestaba atención. Seguía avanzando con Jack detrás, con el dedo levantado y dudando… A este le parecía oír ruidos de pasos provenientes de todas direcciones…
-¡Aquí es!- Exclamó la chica, triunfal…
Una vez más, casi mata a Jack de un susto.
-Eeh, Liza… creo que…- Trató de decir de nuevo…
La chica le ignoró, intentando abrir una vieja puerta de madera que parecía erguirse solitaria en el ahora más iluminado cementerio, gracias a la luz de la luna…
-Venga, ayúdame…- Hablaba Liza con esfuerzo tratando de abrir la puerta…
Entonces Jack vio lo que pasaba.
-Espera- le dijo mientras buscaba en su mochila…
Liza observaba con interés a Jack. Entonces este extrajo una ganzúa que quedó inmediatamente iluminada por la luz del satélite…
-¡Estupendo! ¡Eso es lo que necesitamos!- Exclamó, entusiasmada.
Jack no podía ocultar el orgullo que sentía en aquellos momentos… Introdujo la ganzúa en la cerradura ya herrumbrosa y comenzó a tantear… Al cabo de unos segundos la cerradura se abrió. Ambos quedaron mirándose unos segundos. Tras asentir casi a la vez, Jack abrió la puerta con cuidado: ante ellos se extendía una escalera estrecha que bajaba por un pasillo iluminado por antorchas… Liza entró en primer lugar y se quedó mirando a Jack; este la miraba muy serio y asentía… Cerró la puerta tras de si, no sin antes volver a parecerle ver algo en el exterior que les acechaba…
Bajaban las escaleras de caracol con extrema cautela; eran conscientes de que si aquel pasillo interminable estaba iluminado con antorchas era porque no estaban solos… Aún así, sentían la inevitable atracción de llegar hasta el final…
Finalmente llegaron a una sala. Una gran sala. También estaba iluminada con antorchas; y en medio, una tumba…
-Ahí está la tumba…- Decía Liza, fascinada…
Jack no podía decir nada… Ahora estaba seguro de que allí arriba había alguien vigilándoles…
Ambos se acercaron a la tumba. Liza fue la primera en poner las manos sobre ella…
-Ayúdame- le pidió a Jack, seria…
Este, ya sin reticencias, apoyó también las manos sobre la tapa de piedra… Y ambos comenzaron a empujar… costaba más de lo que parecía… estaban haciendo un tremendo esfuerzo…
-¡Uuuf!- El sudor comenzaba a aparecer en la frente de Liza…
-¡Aaaah…!- Jack apretaba los dientes y cerraba los ojos con fuerza…
Pero la cubierta de la tumba comenzaba a ceder. Dándose cuenta de esto, Jack y Liza hicieron un último esfuerzo…
Ambos soltaron sendas exclamaciones al terminar de deslizar la tapa hasta el suelo, que cayó con gran estrépito… Ambos se encontraban sentados en el suelo, jadeando y tratando de recuperarse… Cuando ya se encontraban mejor, se dirigieron una elocuente mirada… ¿Qué habría en el interior? Se levantaron casi de un impulso y se asomaron de inmediato al interior de la tumba descubierta… Los dos se quedaron con la boca abierta…
En el interior había una extraña piedra de forma trapezoidal y de color verde. Nada más. Jack y Liza se miraron.
-¿Crees que…?- Comenzó a decir la chica.
-Es el artefacto. Seguro- Dijo Jack, convencido…
Entonces notaron una sombra tras ellos. Se giraron de inmediato y lo vieron: era un tipo extraño, con la cara semejante a la de un esqueleto con piel, esta de color cetrino, con los ojos saltones y negros (con un brillo rojizo en las pupilas), pelo largo y gris de estropajo, las manos con los dedos alargados y las uñas amarillentas, alto y encorvado y embutido en un traje marrón de hacía décadas… Jack y Liza se quedaron mudos. Aquel tipo se los quedó mirando fijamente, con una casi sonrisa que se asemejaba a la expresión de una calavera… Tampoco hablaba. Entonces, lentamente, aquel individuo comenzó a levantar un dedo hacia ellos. Por algún motivo, tanto Jack como Liza comenzaron a sentirse mal… cada vez peor… Entonces llegó un momento en que parecieron perder de vista todo lo que había a su alrededor… todo era oscuro… y notaron como el estómago se les subía como si estuvieran cayendo a toda velocidad…
Al cabo de un rato se les comenzó a aclarar la cabeza… pero la oscuridad permanecía.
-¿Qué… Qué ocurre aquí?- Decía una aún aturdida Liza…
Jack también terminaba de volver en si. Y comenzó a entender a qué se refería la chica…
Estaban tumbados, uno junto al otro, pegados, dentro de algo
-Creo que estamos… dentro de una tumba- aventuró Jack, deseando con todas sus fuerzas no tener razón…
Liza estuvo de acuerdo.
-Bueno… Si lo hemos hecho una vez, podemos hacerlo otra…- Dijo, envalentonada…
Y ella sola, comenzó a empujar hacia arriba… Jack notaba como se esforzaba la chica… pero se temía lo peor… Al cabo de un rato, Liza se hartó y golpeó con el puño en la cubierta, haciéndose daño en la mano…
Pero el dolor se le olvidó enseguida que notó cómo le caía tierra encima…
-¿Estás bien?- Le preguntó Jack, sintiéndose culpable por no haberla ayudado en esta ocasión…
El muchacho notó que algo no iba bien (algo más, claro)…
-No estamos en la misma tumba… Estamos enterrados…- Dijo Liza, como ida…
Era lo que Jack se temía. Por primera vez, notó como Liza estaba asustada. Sintió como la chica, poco a poco, lo agarraba del brazo y apoyaba la cara contra su pecho, comenzando a sollozar…
Estaban perdidos. Jack no podía soportar que todo acabara así…
Entonces, para su sorpresa notó como se le deslizaba de un bolsillo de la chaqueta de Liza un objeto pesado que le caía encima del estómago. Jack lo recogió desde su posición y lo tanteó…
-¡Cogiste el artefacto!- Exclamó…
Liza no dijo nada. Ya todo le daba igual…
Jack sujetaba el artefacto con una mano y a Liza la rodeó con la otra… Recordaba algo… una ilustración del libro que encontró en la biblioteca del instituto… referida a este artefacto… se concentró y…
Tras volver a experimentar las sensaciones previas que habían tenido antes de llegar allí, ahora se encontraban en el punto de partida: la entrada de la puerta del cementerio. Jack aún rodeaba con el brazo a una incrédula Liza que miraba a su alrededor… No podía creer que ahora estuviesen allí…
-¿Cómo…?- Trató de preguntar la chica…
Jack recuperó el libro que había guardado hacía rato en la mochila…
-Mira… Según estas ilustraciones, este artefacto parece ser una especie de…
-Teletransportador…- Terminó Liza, aún presa del asombro…- Pero… ¿de dónde viene este artefacto, exactamente?- Quiso saber…
Y como si fuera la respuesta, apareció el tipo extraño de antes… el que les había encerrado en una tumba bajo tierra… Se acercó a los jóvenes, que estuvieron tentados de retroceder, y alargó una mano mostrando la palma… Era evidente lo que quería.
Jack miró el artefacto que aún portaba en la mano y, a pesar de la expresión de desacuerdo de Liza, se lo tendió a aquel tipo…
Entonces este, para asombro de ambos, sonrió de manera extraña, al tiempo que los globos oculares se le tornaban totalmente negros, como si contuviesen algún líquido, y se dio la vuelta con paso extraño, impropio de aquel cuerpo de considerable envergadura, desapareciendo tras la verja que cerró de nuevo tras de si…
Jack y Liza lo miraban alejarse con los ojos muy abiertos. Entonces, elevaron la vista al percibir una estrella fugaz que surcaba el cielo despejado… y se miraron de inmediato.
Pues claro. Eso es…
Estaba claro que ya no tenían nada que hacer allí.
-Bueno… Pues, nada…- Jack no sabía cómo despedirse… No quería despedirse…
Liza también notaba como se le encogía el corazón…
-Oye…Ya sé que no te gustan, pero… no sé… si quieres… podemos quedar en mi casa algún día para ver alguna peli de terror…- Dijo la chica, algo nerviosa (lo que llamó la atención de Jack)…
Pero Jack no dudó.
-Vale. Además… creo que ahora me encantan…- Dijo, sonriendo…
Liza, al oír esto, también sonrió, de una forma que no había visto Jack hasta ese momento…
Y ambos se alejaron juntos de la puerta del cementerio, en donde unos ojos negros en su totalidad permanecían vigilantes bajo el inmenso y desconocido cielo nocturno.



Fin

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